DESCRIPCION DEL PROBLEMA
A nivel mundial, los movimientos sísmicos ocurren de manera constante, con
magnitudes que varían de pequeñas a devastadoras. Algunos países, por su
ubicación geográfica, como México, Estados Unidos, Japón y Perú, están más
expuestos debido a que forman parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, donde
se concentra más del 75% de los volcanes activos e inactivos del planeta y se
libera la mayor cantidad de energía sísmica. En Perú, el terremoto más
destructivo en los últimos años fue el de Ica en 2007, que dejó 597 muertos, 7,289
heridos, 41,000 damnificados y 76,000 viviendas destruidas o inhabitables.
Uno de los factores que agrava los efectos de los sismos es la informalidad en la
construcción: según la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco), el 80% de
las viviendas en el país se levantan sin dirección técnica, cifra que alcanza el 90%
en las zonas periféricas, de acuerdo con el Cismid. Este problema se traduce en
edificaciones con deficiencias estructurales y arquitectónicas, aumentando el
riesgo de colapsos y pérdidas humanas.
En el distrito de Lircay, la situación refleja la problemática nacional: gran parte de
las viviendas han sido construidas de manera informal en barrios como Bellavista,
Pueblo Nuevo, Santa Rosa y Pueblo Viejo. Estas edificaciones surgen por dos
modalidades: construcción por autogestión (contratando mano de obra
empírica sin conocimientos técnicos) y autoconstrucción (la propia familia edifica
la vivienda). Ambos casos derivan en prácticas riesgosas como el uso inadecuado
de fierro en columnas, mala calidad de cemento y mezclas, cimientos
defectuosos, deficientes instalaciones eléctricas y sanitarias, construcciones
sobre rellenos o en laderas inestables.
Estas condiciones convierten las viviendas en focos de inseguridad y peligro
latente ante un sismo. Por ello, la investigación busca evaluar la vulnerabilidad
sísmica en Lircay, determinando el nivel de daño que podrían sufrir los
elementos estructurales de viviendas autoconstruidas sin cumplir la Norma E-030
del Reglamento Nacional de Edificaciones. Se plantea también la necesidad de
que las autoridades locales implementen áreas de asesoría y supervisión técnica,
y promuevan una cultura de prevención de desastres, tal como ocurre en otros
países latinoamericanos.