IES Renacimiento. Historia de la FIlosofía.
Filosofía Contemporánea
F. NIETZSCHE (1844-1900)
* INTRODUCCIÓN: LA CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL
Nietzsche es un pensador alemán de la época contemporánea, en concreto del siglo
XIX, que no pretende desarrollar una filosofía sistemática y en ocasiones emplea un estilo
aforístico que recuerda a Heráclito el Oscuro. Elabora una crítica a la cultura occidental en
todas sus vertientes (moral, arte, religión, filosofía…) y utiliza el método genealógico para
investigar el origen de los valores de esa cultura decadente y en crisis. Además, defiende una
filosofía vitalista, que reivindica la vida como valor fundamental, absoluto.
1. CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD: VITALISMO
LO APOLÍNEO Y LO DIONISÍACO.
La filosofía de Nietzsche gira en torno a la vida y supone una exaltación de esta, punto
de vista que contrasta con la cultura predominante en occidente, defensora de una visión
equivocada de la realidad, a juicio del autor. Desde sus inicios con Sócrates, Platón y la
religión judeocristiana, esta tradición cultural proclama que la razón debe dominar las
pasiones, contrapone la razón a la vida e inventa un mundo ideal trascendente. En
contraposición, la época de los presocráticos es valorada positivamente por el autor, ya que
refleja con más fidelidad lo que verdaderamente es la vida: pura contradicción, la razón y el
orden en síntesis con los instintos y el desorden. Es esta contradicción la que aparece
reflejada en la tragedia griega (cfr. El nacimiento de la tragedia), capaz de conjugar dos
elementos opuestos simbolizados en las figuras de Apolo y Dionisio:
- Apolo representa la luz, la razón, el orden, la medida, la contención, la moderación y
la calma. Es el dios de la pintura, la escultura y la arquitectura; de la bella apariencia (engaño)
y del principio de individuación. Lo apolíneo ha sido priorizado por la cultura occidental
olvidando lo dionisíaco.
- Por su parte, Dionisio simboliza las tinieblas, la oscuridad, lo irracional (pasiones,
instintos, sentidos); el desorden, la desmesura, el placer, la embriaguez, el olvido de sí, la
unidad de todo lo que existe y que se expresa en la música y la danza.
LA VOLUNTAD DE PODER Y DOMINIO.
Según el vitalismo de Nietzsche, la realidad es la vida, que posee un valor absoluto y
supremo por encima del bien y del mal. Siguiendo a Schopenhauer, Nietzsche afirma que solo
hay un mundo y una vida, la terrenal. Esta carece de sentido, pues en ella reina el azar (la
vida es un juego); hay mal (el mal no es ausencia de bien), desorden, contradicción y está en
devenir (cfr. Heráclito). Voluble, burlona, seductora y atractiva, es un abismo insondable,
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imposible de concebir mediante la razón -pues es irracional- y escapa a la categorización de
los conceptos. Lo único que puede conocerse de ella es su manifestación, es decir, la voluntad
de poder y dominio.
La voluntad de poder y dominio es la expresión o manifestación de la vida. Un instinto
común a todo lo que existe (no una ley, principio o sustancia): “donde hay vida, hay voluntad
de poder”. Es vital, orgánica, biológica, dinámica: un “ir más allá”, una fuerza creadora de cada
ser viviente que impulsa a afirmar la vida. En la naturaleza, la vida se manifiesta como un
proceso en el que unos dominan a otros, donde se revela el instinto y la agresividad. A pesar
de esta dimensión trágica de la existencia, Nietzsche es un filósofo vitalista e invita a dar un
“sí” consciente a la vida con todas sus consecuencias 1. De este modo, su vitalismo se opone
no solo al nihilismo de Schopenhauer, sino también al nihilismo de la cultura occidental, que
ha pretendido ocultar el auténtico valor de la existencia al defender una ontología dualista -
según la cual el mundo más allá, trascendente, es superior a este- y que ha optado por la
razón frente a la vida.
2. EL CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD: PERSPECTIVISMO
CRÍTICA A LA RAZÓN Y A LA NOCIÓN TRADICIONAL DE “VERDAD”.
Dado que la realidad es irracional, Nietzsche denuncia que la razón no puede ser el
instrumento adecuado para el conocimiento, mientras que revaloriza los sentidos, las
intuiciones y el cuerpo. Asimismo, rechaza el racionalismo, aliado de la teología, y su
optimismo lógico (creencia en que es posible conocer la verdad mediante la razón). Como es
habitual en él, este pensador invierte el punto de vista tradicional y afirma que la razón engaña
sobre la existencia con la finalidad de conservar a los individuos 2. Por ello oculta el mal con
su visión apolínea, ordena el mundo (que es caótico) con sus conceptos inventados y “mata”
la vida que está en devenir, al presentarla como lo que no es: algo fijo e inerte (ser).
Frente a la voluntad de verdad que ha acompañado a la cultura occidental, el pensador
alemán propone la voluntad de poder. Rechaza la noción tradicional de verdad, entendida
como adecuación entre el pensamiento, el lenguaje y la realidad, es decir, entre la realidad y
el sujeto que la conoce. Critica también la visión de la realidad que se desprende de esa teoría
del conocimiento, según la cual la realidad auténtica sería racional (lógica, ordenada) y, por
supuesto, eterna, inmutable, universal y necesaria (recuérdese a Platón, p. ej.). La crítica de
Nietzsche alcanza no solo a la filosofía, sino también a la ciencia, asimismo convencida de la
posibilidad de hallar la verdad objetiva y absoluta mediante el uso de la razón. El autor niega
que se busque la verdad desinteresadamente, pero también que sea más útil la verdad que
1
“El decir sí a la vida misma, aun a sus problemas más extraños y duros; la voluntad de vida gozándose en su
propia inagotabilidad al sacrificar sus tipos más elevados, a esto lo llamé dionisíaco.” (Ecce homo).
2
Recordemos que Schopenhauer había defendido una opinión similar respecto a la función del intelecto.
2
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la mentira; la confianza absoluta que la desconfianza absoluta, y descubre que tras esa
presunta búsqueda de la verdad se esconde una valoración moral y religiosa: la verdad es
buena, la mentira es mala. Sin embargo, la realidad, la vida, está más allá del bien y del mal;
esto es, escapa a toda valoración moral: la vida y sus manifestaciones (la naturaleza, la
historia) son inmorales e irracionales.
Según Nietzsche, la verdad, de origen social y convencional, surge de la “obligación
de mentir borreguilmente”. La verdad no es sino una ficción creada por los filósofos -
vinculados a la teología-; filósofos llenos de soberbia que enaltecen la razón humana y los
conceptos que ella es capaz de fabricar. En último término, la fe en la verdad descansa sobre
la fe en Dios, quedando identificados los términos Verdad, Dios y Bien.
En cuanto al proceso de formación de la “verdad”, en Verdad y mentira en sentido
extramoral queda explicado de este modo: primeramente, se produce una intuición 3
(empírica), esto es, una impresión o impulso nervioso que es siempre individual. A esta
intuición le sigue una primera metáfora, imagen inventada arbitrariamente por el hombre y que
falsea la intuición inicial: así se forma la palabra. En un segundo momento, la palabra se
convierte en una metáfora socialmente aceptada y se termina formando el concepto (segunda
metáfora). El concepto (“necrópolis de intuiciones”) prescinde de las diferencias individuales,
es abstracto, no varía (“petrifica la vida”) y ofrece una visión apolínea del mundo que, a juicio
del autor, es falsa, pues la realidad es concreta y cambiante. Lo considerado tradicionalmente
verdad, por tanto, no es sino mentira. La verdad se revela como “una hueste en movimiento
de metáforas, metonimias y antropomorfismos”, solo que hemos olvidado que lo son, esto es,
hemos olvidado el origen convencional y social de la verdad.
1º falseamiento
a) INTUICIÓN (conocimiento sensible, b) 1ª METÁFORA (invención de la palabra
individual). arbitrariamente).
Ej. Ver una flor azul. Ej. Se crea la palabra “azul”.
c) La 1ª METÁFORA se acepta socialmente. d) 2ª METÁFORA (creación del concepto
que olvida las diferencias individuales).
Ej. Los miembros de la sociedad utilizan la
palabra “azul”. Ej. Concepto de “azul”.
2º falseamiento
3
La forma más básica del conocimiento es la intuición, lo que se percibe mediante los sentidos, capaces de captar
la vida, al contrario de lo que sucede con la razón.
3
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EL PERSPECTIVISMO Y EL RECHAZO A LA DISTINCIÓN A LA DISTINCIÓN KANTIANA ENTRE
FENÓMENO Y COSA EN SÍ.
La teoría del conocimiento kantiana también queda rebatida: no es posible el
conocimiento de las esencias o cosas en sí, simplemente porque no existen tales esencias,
porque no hay una realidad más allá oculta a nosotros, por lo que no tiene sentido la
diferenciación entre fenómeno y noumeno: ni hay noumeno (cosa en sí), ni hay fenómenos
(manifestaciones de la realidad auténtica). En sintonía con su concepción de la realidad,
Nietzsche defiende que solo existen individuos concretos que conocen lo que ellos mismos
ponen en las cosas, pero eso no significa que exista una verdad escondida, sino diversas
maneras de ver la realidad, lo que conduce al perspectivismo. Según esta teoría, únicamente
hay múltiples perspectivas y no tiene sentido preguntarse cuál sea la verdadera, porque cada
sujeto tiene su propia interpretación, es incapaz de adoptar las ajenas y, por tanto,
compararlas entre sí. La perspectiva correcta sería la de Dios (el punto de vista de la
eternidad, como afirmara el racionalista Spinoza), pero Nietzsche niega tanto que podamos
contemplar las cosas sub specie aeterni, como la existencia de un ser supremo.
3. PROBLEMA DE LA MORAL, DEL SER HUMANO Y DE DIOS
MORAL DE DÉBILES Y DE SEÑORES
Desde el punto de vista nietzscheano es necesario realizar una genealogía de la moral,
una historia que ahonde en los orígenes de las creencias y principios éticos de forma crítica y
que ponga de relieve la valoración moral que se oculta incluso en la búsqueda del
conocimiento. Con semejante análisis, el autor diferencia dos tipos de moral, correspondientes
a dos tipos de seres humanos:
- La moral de esclavos o débiles, propia de lo apolíneo, es producto de la rebelión de
los esclavos y de su resentimiento hacia la vida. Se basa en la culpa, la compasión, la
sumisión, la igualdad, la humildad, la resignación, el menosprecio de lo material, el dominio
de las pasiones y otras aportaciones del cristianismo y de la filosofía de Sócrates, Platón, el
estoicismo… Los esclavos (débiles y cobardes) degradan la vida y representan la obediencia
ciega a la autoridad (Dios) y el sometimiento al deber. No poseen pensamiento propio 4 y su
conducta es conducta de rebaño. Esta ética está realizada a medida de los hombres, que se
dejan engañar por su intelecto o razón, para soportar mejor la vida, según la concepción
antropológica del autor.
4
El autor critica la falta de personalidad propia de su tiempo y que se aprecia incluso en los profesores de la
universidad alemana: “En el fondo cada cual sabe muy bien que es un ser rigurosamente único y que ningún azar
logra concertar tan extrañamente abigarrada multiplicidad en una unidad como es el individuo: lo sabe, pero lo
oculta como si tuviese la conciencia turbada. ¿Por qué? Por temor al vecino que exige la conformidad a lo
convencional y se esconde tras ello.” (Tercera Intempestiva).
4
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- La moral de señores (héroes o nobles) fue sustituida por la anterior al tiempo que se
extiende el cristianismo. Es vitalista y elitista. Defiende los ideales aristocráticos de la Grecia
presocrática: fuerza, valor, orgullo, poder… El señor (hombre dionisíaco) encuentra la felicidad
en sí y en sus actos, no busca la aprobación externa y es capaz de afirmar la vida y crear sus
propios valores sin someterse a ninguna otra autoridad. 5
Ha llegado el momento de invertir los valores falsos de la tradición cultural sustentada
en una moral de débiles y recuperar la moral de señores. Pero transmutar los valores pasa
necesariamente por la pérdida de la fe religiosa.
LA MUERTE DE DIOS Y LA LLEGADA DEL SUPERHOMBRE
Nietzsche asiste a la crisis de los grandes valores de la religión y constata “el más
grande de los acontecimientos recientes”, la “muerte de Dios”, que se traduce en la
desaparición de la autoridad moral y el consiguiente vacío de valores (nihilismo). Con esta
metáfora se refiere a “el hecho de que se haya quebrantado la fe en el Dios cristiano”. El autor
critica duramente el concepto de Dios, en su opinión el más vacío y hueco de todos los
inventados por los filósofos. Si Dios no existe, si se descubre que la fe en él es una gran
mentira prolongada en el tiempo, no solo se desmoronan los valores religiosos y morales
hasta entonces vigentes, sino muchas otras creencias mantenidas a lo largo de los siglos,
como es el caso de la fe en otro mundo o en la verdad absoluta y divina -defendida por la
filosofía y la ciencia-. Sin embargo, lejos de producir temor, este suceso debe tomarse como
un síntoma de libertad para los auténticos filósofos o espíritus libres, pues permite crear
individualmente valores nuevos, tarea que compete solo al SUPERHOMBRE (Übermensch:
ultrahombre) 6, la humanidad del porvenir.
El hombre es débil, racional, dominado por la voluntad de verdad, un puente entre el
animal y el superhombre, por lo que debe ser superado. Por su parte, el superhombre u
hombre dionisíaco, situado “más allá del bien y del mal”, es el único capaz de dar (inventar) a
la vida un sentido del que a priori carece. Si en el pasado la humanidad se arrodillaba ante los
valores de la moral de débiles como un camello en espera de su carga (el deber), en el
presente debe sacudirse el peso de esos valores impuestos y terminar con la autoridad moral
5
En definitiva, el “débil” representa la heteronomía, mientras que el “señor” constituye la expresión de una
autonomía ilimitada. La especie aristocrática de ser humano determina sus propios valores, pues su moral es su
autoglorificación: “lo que es perjudicial a mí, es perjudicial en sí”. Solo frente a los iguales a ellos tienen deberes,
no frente a los de rango inferior. En El caso Wagner el autor escribe: “La moral de señores dice ¡sí! tan
instintivamente como la cristiana dice ¡no! –Dios, “más allá”, “anulación del propio ser”, se trata sin excepción de
negaciones.- Aquella lleva su propia plenitud a las cosas: transfigura y embellece el mundo y le confiere razón,
esta depaupera, destiñe y afea el valor de las cosas, dice ¡no! al mundo.”
6
“Yo os enseño al superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. (…) ¡Yo os conjuro, hermanos míos,
permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! (…) El hombre es una
cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo. (…) La grandeza del hombre está
en ser un puente y no una meta; lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y no un ocaso.” (Así habló
Zaratustra).
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(“muerte de Dios”), con la valentía de un león. En cuanto al futuro, el hombre debe ser
superado por el superhombre, simbolizado en la imagen de un “niño” en quien la voluntad de
poder se expresa con toda su intensidad. Ese niño, símbolo de inocencia y creatividad
(artista), toma la vida como un juego al que se entrega de lleno, aunque no ignore su aspecto
trágico. Crea y destruye, ríe y baila (“espíritu ligero”); no teme a la muerte ni se deja abatir por
la melancolía. Solo él puede afirmar y amar la vida libre de prejuicios, incondicionalmente, al
reconocer el valor que ella posee en sí misma y aun sabiendo que carece de sentido, que la
Historia de la humanidad no se dirige a ningún fin, pues no hay destino último 7. Siguiendo a
Schopenhauer, Nietzsche niega la concepción lineal del tiempo y defiende el eterno retorno
de lo mismo: no hay sino una sucesión de instantes 8, cada uno de los cuales se ha repetido
y se repetirá incesantemente. Todo lo que ya ha sido volverá a ocurrir una y otra vez; cada
detalle de la vida, cada dolor, cada placer. El superhombre, hombre dionisíaco, intuitivo,
vitalista y pleno de libertad, asume el eterno retorno, por lo que protagoniza la máxima
afirmación de la vida, consciente del mar de infinitas posibilidades que se abren ante él.
---
7
“Quien siquiera medianamente haya alcanzado la libertad de la razón, no puede sentirse sobre la tierra más que
como un caminante, bien que no uno que se dirige a un destino último, que no hay tal destino último. (…) debe
haber en él algo de caminante complacido con lo mudable y perecedero.” (Humano, demasiado humano).
“¿Y a dónde nos encaminamos? ¿Es que queremos cruzar el mar? ¿A dónde nos arrastra este poderoso afán que
anteponemos a cualquier goce? (…) ¿Se dirá acaso algún día que también nosotros, tomando rumbo al oeste,
esperábamos llegar a una India, pero que nos tocó naufragar en lo infinito? (Aurora).
8
“Quien no es capaz de tenderse, olvidado de todo pasado, en el umbral del instante, quien no sabe estar ahí de
pie en un punto sin vértigo ni miedo, nunca sabrá lo que es la felicidad, y lo que es aún peor: nunca hará nada
susceptible de proporcionarla a otros.” (Segunda Intempestiva).
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ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFÍA DE NIETZSCHE(1844-1900)
* METAFÍSICA: CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD
Nietzsche es un pensador alemán de la época contemporánea-concretamente de
finales del siglo XIX- cuya filosofía no sistemática gira en torno a la vida y su afirmación.
Utilizando el método genealógico, critica la cultura occidental, a la que considera decadente y
en crisis desde sus inicios con Sócrates, Platón y la religión judeocristiana. Semejante
tradición cultural proclama que la razón debe dominar las pasiones e inventa un mundo ideal
trascendente. Por el contrario, la época presocrática supo reflejar en las tragedias griegas lo
que verdaderamente es la vida: pura contradicción, la razón y el orden en síntesis con los
instintos y el desorden. Es decir, los aspectos apolíneo y dionisíaco de la vida. Lo apolíneo
representa la razón, el orden, la moderación, la bella apariencia (engaño) y el principio de
individuación. Lo dionisíaco simboliza lo irracional, el desorden, la desmesura, el placer, el
olvido de sí, la unidad de todo lo que existe, es decir, la voluntad de poder y dominio.
La cultura occidental ha destacado lo apolíneo olvidando lo dionisíaco y ha mantenido
una concepción falsa de la realidad. Nietzsche rechaza el dualismo ontológico y considera
que la única realidad es la vida (terrenal). La vida está en devenir, es contradictoria y carece
de sentido a priori. Existe el mal, el desorden y el azar. La vida es insondable e irracional,
solo se capta de ella su manifestación, la voluntad de poder y dominio. Esta es un instinto
común a todo lo existente que empuja a “ir más allá”; una fuerza creadora de cada ser vivo
que impulsa a afirmar la vida. En conclusión, Nietzsche defiende el VITALISMO, corriente
filosófica que declara la vida como el valor absoluto por encima del bien y del mal e invita a
dar un “sí” consciente a la vida con todas sus consecuencias. De este modo, opone el vitalismo
al nihilismo de la cultura occidental, que degrada este mundo y ensalza otro inventado e
inexistente.
* PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO:
En cuanto al conocimiento, Nietzsche critica la razón o intelecto porque es incapaz de
conocer la vida -irracional por definición-, y concede mayor importancia a los sentidos, las
intuiciones y el cuerpo. Se opone al racionalismo y afirma que la razón engaña sobre la
existencia, con la finalidad de conservar a los individuos. Por ello oculta el mal y usa sus
conceptos para “matar” la vida presentándola como algo abstracto, fijo e inerte (ser), cuando
de hecho está en devenir. Frente a la voluntad de verdad que ha acompañado a la cultura
occidental, el pensador alemán propone la voluntad de poder. Rechaza la noción tradicional
de verdad -adecuación entre el pensamiento y la realidad- y niega que se busque el
conocimiento desinteresadamente, pero también que sea más útil la verdad que la mentira.
Descubre que tras la búsqueda de la verdad se esconde una valoración moral y religiosa: en
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último término, la fe en la verdad descansa sobre la fe en Dios, quedando identificados los
conceptos Verdad, Dios y Bien: la verdad es buena, la mentira es mala. Pero la realidad, la
vida, escapa a toda valoración moral, pues se manifiesta ella misma inmoral e irracional. El
auténtico origen de la verdad es social y convencional, surge de la “obligación de mentir
borreguilmente”, como se revela en el proceso de formación de la “verdad”: tras una intuición
o impresión, se crea una primera metáfora, la palabra, que más tarde es aceptada socialmente
hasta terminar inventando una segunda metáfora, el concepto, “necrópolis de intuiciones” que
prescinde de las diferencias individuales. Es abstracto, no varía (“petrifica la vida”) y ofrece
una visión apolínea del mundo y, por consiguiente, falsa y engañosa. Por tanto, lo considerado
tradicionalmente verdad no es sino mentira, “una hueste en movimiento de metáforas,
metonimias y antropomorfismos”, solo que hemos olvidado que lo son, esto es, su origen.
Nietzsche tampoco acepta la distinción kantiana entre fenómeno y cosa en sí y
defiende una teoría del conocimiento perspectivista: no hay una verdad escondida, sino
múltiples perspectivas y no tiene sentido preguntarse cuál sea la verdadera, pues únicamente
Dios podría saberlo. Sin embargo, Dios es solo una gran mentira inventada por la cultura
occidental.
* PROBLEMA MORAL, DEL SER HUMANO Y DE DIOS (ÉTICO, ANTROPOLÓGICO Y
TEOLÓGICO)
Es necesario realizar una genealogía que investigue críticamente los orígenes de los
valores morales, pues incluso en la búsqueda del conocimiento se oculta una valoración
moral. El análisis que hace Nietzsche pone de relieve los dos tipos de moral que han existido:
la moral de esclavos o débiles, resentidos hacia la vida, es la dominante tras la rebelión de
los esclavos -cristianismo-. Se basa en la culpa, la compasión, el deber, la sumisión, la
igualdad, la humildad, la resignación, el dominio de las pasiones y otras aportaciones del
cristianismo y de la filosofía (Sócrates, Platón…). Esta ética está realizada a medida de los
hombres, que se dejan engañar por su intelecto o razón, para soportar mejor la vida, según la
concepción antropológica del autor.
En cambio, la moral de señores (héroes o nobles) es elitista y defiende los ideales
aristocráticos de la Grecia presocrática: fuerza, valor, orgullo, poder… El señor encuentra la
felicidad en sí y en sus actos, no busca la aprobación externa y es capaz afirmar la vida y de
crear sus propios valores sin someterse a ninguna autoridad.
Nietzsche anuncia que ha llegado el momento de invertir los valores falsos de la
tradición cultural sustentada en una moral de débiles y recuperar la moral de señores. Pero
transmutar los valores pasa necesariamente por la pérdida de la fe religiosa, la “muerte de
Dios”. Es este “el más grande de los acontecimientos recientes” y significa la desaparición de
la autoridad moral y el consiguiente vacío de valores (nihilismo). Si Dios no existe, no solo se
desmoronan los valores religiosos y morales hasta entonces vigentes, sino muchas otras
creencias mantenidas a lo largo de los siglos, como es el caso de la fe en otro mundo o en la
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verdad absoluta y divina -mantenida por la filosofía y la ciencia-. Lejos de producir temor, este
suceso debe tomarse como un síntoma de libertad para los “espíritus libres”. Por ello,
Nietzsche propone la creación individual y constante de valores nuevos, tarea que compete
al SUPERHOMBRE (Übermensch: ultrahombre), la humanidad del porvenir.
El hombre es débil, racional, dominado por la voluntad de verdad, un puente entre el
animal y el superhombre, por lo que debe ser superado. Por su parte, el superhombre es
simbolizado por la figura de un niño inocente y libre de prejuicios que no teme a la muerte ni
se deja abatir por la melancolía. Lleno de voluntad de poder, solo él puede amar la vida de
forma incondicional, al reconocer el valor que posee en sí misma y aun sabiendo su carácter
trágico. Es capaz de afirmar la existencia, aunque esta carece de sentido, ya que la Historia
de la humanidad no se dirige a ningún fin determinado, pues no hay destino último: no hay
trascendencia. Siguiendo a Schopenhauer, Nietzsche niega la concepción lineal del tiempo y
defiende el eterno retorno de lo mismo: no hay sino una sucesión de instantes, cada uno de
los cuales se ha repetido y se repetirá incesantemente. El superhombre, hombre dionisíaco,
intuitivo y vitalista, asume el eterno retorno y, consciente del mar de infinitas posibilidades que
se abren ante él, se hará cargo de su libertad.
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Nietzsche. El conocimiento.
LA VERDAD
* SEGÚN LA CULTURA OCCIDENTAL: * SEGÚN NIETZSCHE:
necesidad contingencia
- Tiene rasgos de universalidad - Tiene rasgos de validez social
sujeto
(pensamiento, lenguaje)
- Es la adecuación de - No hay tal adecuación. No podemos conocer la esencia
objeto porque… ¡no hay esencia o cosa en sí. (¡No hay
(cosas en sí, esencias) fenómeno porque no hay noumeno!)
- Ha de haber una verdad: verdad en sí o conocimiento - No hay una verdad, sólo perspectivas.
de la cosa en sí, que se capta mediante los conceptos. - La verdad es fruto de una convención o pacto social.
- Las verdades son ilusiones, metáforas olvidadas.
- Los conceptos (metáforas) abstraen y fijan la vida, la
ordenan.
- Los conceptos son invenciones (y el concepto más
vacío de todos el de “Dios”). Los conceptos presentan
una visión apolínea del mundo.
- “Todo lo real es racional” (presupuesto racionalista): - Es el hombre el que ordena la realidad que está
la realidad es lógica, racional, ordenada. desordenada, es irracional y contradictoria.
- La verdad descansa en el principio de identidad - Lo real es la contradicción (A ˄ ¬ A).
(A=A).
- La razón puede conocer la verdad. - La razón engaña al hombre sobre el valor de la vida.
- Solo la razón capta la realidad, el ser (eterno, - Sólo los sentidos (cuerpo, intuición) captan la vida, que
universal, necesario, inmóvil…) no es “ser” sino devenir (contingente, variada,
dinámica…)
- La Verdad se identifica con el Bien y con Dios. - Crítica a la valoración moral de la verdad y a la fe en
Valoración moral de la verdad: la verdad es buena, la la verdad (en definitiva, fe en Dios) común a la filosofía
mentira es mala. y la ciencia.
- Voluntad de verdad. - Voluntad de poder.
- Según Nietzsche, se trata de una falsa verdad que afirma una realidad trascendente (más allá) mientras degrada
este mundo pero...
… no hay un mundo trascendente. Solo hay una vida, terrenal, que afirmar.
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CULTURA OCCIDENTAL, en decadencia. PENSAMIENTO DE NIETZSCHE
(Origen: Sócrates, Platón y la religión judeocristiana)
* LA REALIDAD
- Dualismo. Dos mundos: - Negación del dualismo
• Mundo inteligible: el mundo del ser (no está en devenir), mundo de la • Solo hay un mundo, el terrenal. La realidad es la VIDA, está en devenir y
verdadera realidad o de las cosas en sí. Trascendente. es pura contradicción. El ser no es nada (solo una ficción).
Más allá, ideal, eterno. • Esta contradicción se reflejaba en la tragedia griega, que une:
Mundo apolíneo, racional. * Lo apolíneo (la bella apariencia, la razón…) y
Superior al terrenal. * Lo dionisiaco (lo irracional)
El mundo ideal es el que posee auténtico valor. • La vida posee un valor absoluto más allá del bien y del mal.
• En la vida hay mal, desorden, azar.
• Mundo sensible, terrenal, aparente. • La vida es irracional (no se puede concebir), es un “abismo insondable”.
Inferior al mundo ideal: la vida queda devaluada. Ώ • Se manifiesta en la voluntad de poder, asimismo irracional.
- Concepción del tiempo: lineal. - Concepción del tiempo: circular.
Historia: en progreso. Creencia en el destino. No hay destino. Eterno retorno de lo mismo.
α
* EL CONOCIMIENTO
• Conocimiento racional superior al sensible • Conocimiento sensible superior al racional.
• Racionalismo • Perspectivismo: no existe una verdad, solo perspectivas.
• La razón busca la Verdad desinteresadamente. • La razón engaña sobre el valor de la realidad.
• Verdad= adecuación del sujeto con el objeto. Se identifica con el bien. • “Verdad” = conjunto de metáforas socialmente aceptadas.
• La razón usa conceptos. • Los conceptos no captan la vida (imposible de concebir y en devenir).
* LA MORAL
- Moral de esclavos y débiles: - Moral de señores, aristocrática.
• Niega la vida: nihilista. • Afirma la vida: vitalista.
• Basada en el deber, el autodominio, la culpa... • Basada en el querer, en la virtud (entendida como areté) y en la libertad.
• Propia de la filosofía de Sócrates y Platón, así como de la religión
judeo-cristiana.
* EL HOMBRE
- Dualismo. Hombre = compuesto de alma y cuerpo. - Negación del dualismo.
El alma es superior al cuerpo.
- Hombre apolíneo, racional, estoico. “Hombre” - Hombre dionisíaco, intuitivo. Artista trágico, creador. “Superhombre”.
- Metáforas usadas por Nietzsche: cordero manso, camello. - Metáforas: - león (ejemplifica la libertad y protagoniza la muerte de Dios)
- niño (inocencia, creatividad)
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