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Juan

Este trabajo teórico analiza el documental 'Cometas sobre los muros', explorando la educación en contextos de desigualdad social a través de una perspectiva marxista. Se examinan las interacciones entre docentes y estudiantes, destacando la importancia de reconocer las condiciones materiales y emocionales que afectan el aprendizaje. El análisis se apoya en las obras de autores como Freire y Soler, enfatizando la educación como un acto político que puede desafiar y transformar la realidad social.

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Este trabajo teórico analiza el documental 'Cometas sobre los muros', explorando la educación en contextos de desigualdad social a través de una perspectiva marxista. Se examinan las interacciones entre docentes y estudiantes, destacando la importancia de reconocer las condiciones materiales y emocionales que afectan el aprendizaje. El análisis se apoya en las obras de autores como Freire y Soler, enfatizando la educación como un acto político que puede desafiar y transformar la realidad social.

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Introducción

Este trabajo teórico constara de un análisis crítico sobre el documental “Cometas sobre los
muros” publicado el 14 de agosto de 2014 por el comunicador y docente uruguayo Federico
Prisca, analizando el mismo no solo como un recurso audiovisual, sino como una posible
herramienta para comprender la educación desde una perspectiva comprometida con los
sujetos que la componen. El largometraje visibiliza el seguimiento cotidiano de una docente de
literatura y a un grupo de estudiantes de educación media del liceo N°59 Felixberto Hernández,
ubicado en Paso de las Durinas, Montevideo, el documental presenta con sensibilidad y
profundidad, las relaciones, tensiones, rutinas y resistencias que abarcan la experiencia escolar
en contextos marcados por la desigualdad social.

Este análisis será llevado a cabo bajo una perspectiva historiográfica marxista, que entiende a
la educación como un espacio de disputa entre la reproducción del orden social capitalista y la
posibilidad de su transformación. Por ende, la escuela no se analiza como una institución
neutral, sino como parte del Aparato Ideológico del Estado (Althusser L.), atravesada por
relaciones de clase, las condiciones materiales de existencia y las formas de dominación
simbólica. También, se reconoce que en el fondo de la práctica educativa existen múltiples
contradicciones, grietas y potencialidades que permiten formas de resistencia, conciencia y
organización colectiva.

Para desarrollar este enfoque, acudiré a diversos textos del campo pedagógico crítico. El
capítulo 1 de “La educación ayer, hoy y mañana” de Silvina Gvirtz, donde permite historiar los
cambios en las funciones sociales de la escuela y en el rol del docente frente a los procesos de
transformación del capitalismo. En segundo lugar, el capítulo 3 del libro “Pedagogía del
oprimido” de Paulo Freire, donde se desarrollarán los elementos constitutivos de la situación
educativa y se reivindica el lugar del educador como sujeto político, como un sujeto no
únicamente transmisor de conocimientos sino con una pedagogía para la liberación y
transformación. Se incorporarán aportes del educador uruguayo Miguel Soler, su obra
“Reflexiones generales sobre la educación y sus tensiones”, en la cual se analiza la educación
como un campo de lucha ideológica entre proyectos sociales antagónicos. Por último, se
trabajará con el capítulo 1 del libro “Enseñar hoy. Apuntes para la formación” de Andrea Alliaud,
problematizando la situación del trabajo docente desde sus dimensiones éticas, subjetivas e
institucionales.
El análisis tiene como objetivo visibilizar como las condiciones materiales, simbólicas e
institucionales de la educación impactan sobre los estudiantes, quienes en el documental se los
puede observar en algunos casos desmotivados, desinteresados o desvinculados del sentido
de la educación. Lejos de juzgar estas actitudes como un fracaso, se las comprenden como la
consecuencia de un sistema que naturaliza la desigualdad y margina a los sectores populares
incluso dentro de la escuela. Esta presentación busca leer esas ausencias de motivación, esos
silencios o apatías, como expresiones de una violencia estructural reproductora de la exclusión
de clase bajo apariencia de normalidad.

Porque como planteaba Freire, educar es un acto político, y reconocer a los estudiantes como
producto de una historia que los condiciona es el primer paso para transformar esa historia.
(Freire P. 1989).

Análisis de las escenas:

Primera escena (min 19:14 a 24:27)

La escena interpela a Matías, un adolescente que aparece en cámara en diferentes espacios,


primero en su casa, donde queda en evidencia las condiciones materiales precarias en las que
vive, luego en un entrenamiento de futbol y por ultimo en el entorno lineal, donde interactúa con
su profesora de literatura.

Matías es un estudiante que además de tener al futbol como un horizonte de realización, carga
con varios problemas personales. Esta peleado con su madre y enfrenta tensiones
emocionales que claramente afectan su desempeño escolar. En la escena que recibe la nota
de una evaluación, la cual es muy baja, la docente le consulta el por qué de este mal
rendimiento a lo que el le responde con un tono resignado y sincero que tuvo “problemas en la
casa”.

Ante esta respuesta la docente no desestima la explicación, sino que le plantea que en
situaciones de esa índole él puede avisarle antes de la prueba, para así buscar una alternativa
y darla otro día. La actitud de la profesora es abierta, comprensiva y humana. El mensaje es
claro, la escuela no puede ni debe estar ajena a lo que vive el estudiante una vez sale del aula,
y mucho menos sancionar ciegamente al estudiante con una mala nota.
Esta escena me parece interesante relacionarla con el pensamiento de Miguel Soler, haciendo
hincapié en dos de sus reflexiones generales, la tercera, sobre el derecho a la educación, y la
sexta, sobre la escasa autonomía del hecho educativo.

La educación como derecho para todos.

En dicha reflexión, Soler problematiza la idea liberal que predomina en muchos sistemas
educativos, la noción de que al ofrecer lo mismo a todos es sinónimo de justicia. Él insiste en
que una educación democrática debe reconocer y compensar las desigualdades culturales y
materiales de raíz, ya que estas influyen directamente en las posibilidades de aprendizaje del
estudiantado.

“el Estado ha de asegurar a todos éstos las condiciones indispensables para que su
escolaridad y aprendizaje sean normales, compensando toda situación que trabe su derecho a
la educación. Esto quiere decir que se han de brindar alimentos, vestuario, atención médica,
etc., a aquellos alumnos y alumnas que los necesiten.” (Soler M. p.22)

La escena entre Matías y la docente deja en evidencia con claridad esa desigualdad
estructural. El bajo rendimiento del alumno no es resultado meramente de desinterés o
irresponsabilidad, sino de la realidad en la que se encuentra inmerso, una vida atravesada por
carencias, conflictos familiares y la falta de un eterno que facilite el estudio. Matías no fracasa
por sacarse una mala nota en un parcial, el que fracasa aquí es el sistema al no crear
condiciones que contemplen su realidad.

Sin embargo, la profesora escapando de la lógica sancionadora, reconoce en Matías algo mas
que un numero o un concepto académico, reconoce un sujeto. Y en lugar de reforzar el castigo,
le ofrece otra alternativa. Podríamos considerarlo un acto de reparación modesta, pero
significativa al fin, que se enmarca dentro de lo que Soler percibe como una pedagogía del
derecho, es decir, una práctica educativa que no homogeniza, sino que entiende la diferencia
como punto de partida para la igualdad. (Soler M. 2004)

La escasa autonomía del hecho educativo. En esta reflexión, Soler reconoce una verdad
incómoda pero real, el hecho educativo no es completamente autónomo. La escuela está bajo
políticas, reglamentos, planes de estudio y lógicas de control que muchas veces mitigan
cualquier intento de transformación. No obstante, existen ciertas fisuras dentro de ese sistema
de control, pequeños márgenes de maniobra donde los docentes pueden (si así lo deciden),
actuar en favor del alumnado.
“En la soledad del aula, en el contacto directo con el alumno y con sus familiares, en la
confidencia con algún colega, siempre es posible aprovechar para bien la estrecha brecha que
el poder olvidó taponar.”

La profesora de Matías opera exactamente en esa “estrecha brecha” que menciona Soler. Ella
como docente reglamentariamente no esta obligada a darle otra oportunidad, podría limitarse a
aplicar el reglamento, anotar el promedio y seguir sin más. Sin embargo, ella escucha,
comprende, busca otra alternativa más justa para Matías. Aunque mínima que parezca esta
decisión los ojos del sistema, es profundamente política. Es en esos gestos cotidianos, como
tomarse el tiempo para dialogar con los alumnos, donde se ejerce lo que Soler llama una
“resistencia pedagógica”.

Con estas herramientas conceptuales brindadas por Miguel Soler, podemos afirmar como
queda evidenciado la crudeza de la desigualdad estructural como la posible potencia
transformadora de una pedagogía transformadora. La profesora aunque no pueda cambiar las
condiciones de vida de Matías, transforma el modo en que estas condiciones influyen en su
trayectoria escolar. En lugar de indiferencia, hay acto pedagógico.

Segunda escena. (min 14:00 al 16:00)

Esta escena también acontece dentro del aula, la docente invita a los alumnos a reflexionar si
en su opinión, la única vía para lograr un ascenso social es a través del estudio. Esta invitación
no busca obtener una respuesta cerrada, sino a estimular la reflexión colectiva. Un estudiante
responde desde su propia experiencia, plantea que conoce a varias personas que nunca
estudiaron, que les va muy bien trabajando ganando alrededor de quince mil pesos mensuales.
Su argumento deja ver una mezcla de resignación, realismo y confusión acerca de que significa
“ascenso social” en una sociedad desigual.

Esta escena me parece oportuna analizarla bajo la mirada de Paulo Freire, sobre todo
haciendo énfasis en sus conceptos de direccionalidad y apoliticidad de la educación.

Freire sostiene que toda practica educativa posee una direccionalidad y una apoliticidad. La
educación no es neutral según él, se orienta hacia distintos valores y proyectos sociales. En
esta escena la docente no impone una verdad absoluta ni una ideología, pero si genera una
reflexión critica sobre el papel que juega el conocimiento en la vida social. Su pregunta busca
abrir un campo de conciencia.
“No hay situación educativa que no apunte a objetivos que están más allá del aula, que no
tenga que ver con concepciones, maneras de ver el mundo, anhelos, utopías” p.49

En este sentido, la docente no se limita a reproducir saberes académicos, sino que interroga el
sentido del sistema educativo, actuando así como una mediadora de concientización.

Desde una lectura marxista de Freire, esta escena deja ver uno de los grandes dilemas de la
escuela en contextos populares; la diferencia entre las promesas del sistema educativo y la
realidad material de los estudiantes. El alumno que responde lo hace desde su perspectiva,
desde su contexto, observa que el trabajo precario aparece como alternativa frente a la
incertidumbre de su futuro académico, que ofrece muchas veces la misma educación.

Freire no niega esta contradicción, sin embargo, plantea que la escuela misma es la que debe
revelar críticamente las estructuras sociales, no invisibilizarlas ni idealizarlas. Advierte: "que el
tiempo-espacio pedagógico se usa, sobre todo, contra los intereses de los niños populares,
aunque no solamente contra ellos.” p.43. Básicamente, si la escuela no se transforma en un
lugar de cuestionamiento del orden social, al fin y al cabo termina reproduciendo las mismas
condiciones de opresión que dice combatir.

La intervención del joven, aunque limitada a primera vista, es una forma de lectura del mundo.
Está hablando desde su propia experiencia y por ello mismo no debe de ser deslegitimado,
todo lo contrario, el rol del educador en este caso es ayudar a profundizar esa lectura, no a
corregirla con una superioridad moral e intelectual, como bien lo deja claro Freire: “Tenemos la
responsabilidad, no de intentar amoldar a los alumnos, sino de desafiarlos en el sentido de que
ellos participen como sujetos de su propia formación.” p 51

En esta situación, la profesora no juzga al estudiante, de hecho pide silencio a los demás para
poder terminar de escuchar la idea que planteaba el alumno, escucha atentamente su
perspectiva. Esto es fundamental en la pedagogía freire Ana, el conocimiento se construye
entre todos, en dialogo, en tensión con la realidad social concreta.

En definitiva, esta escena abarca gran parte del proyecto educativo de Paulo Freire, no se trata
de enseñar verticalmente, sino de generar las condiciones para que los individuos oprimidos se
piensen a si mismos como sujetos históricos. La docente se presenta como interlocutora, no se
posiciona como una autoridad incuestionable, y el estudiante, aunque con una visión parcial de
la realidad, comenzaría a entender las contradicciones del mundo en el que esta situado.
Tercera escena. (min. 24:40 - 26:16)

En esta ultima escena analizada, se muestra aparentemente una reunión de profesores del
liceo, en la que reflexionan colectivamente sobre su practica como docente, el sistema
educativo y la relación con los estudiantes. Es clara la preocupación por las condiciones
estructurales en las que enseñan y por como estas mismas afectan directamente al vinculo
pedagógico. Se mencionan varios temas tales como; la dicotomía entre la educación ideal y la
realidad social, la ausencia de la pregunta por la felicidad del alumno, el rol del docente mas
allá de un mero transmisor de conocimiento, la importancia de generar relaciones pedagógicas
con los alumnos y se puede observar también la tensión entre los que piensan que es
necesario conversar con el alumno sobre otras cosas y la que no lo cree apropiado.

La escena muestra a docentes discutiendo sobre la complejidad que requiere enseñar en


condiciones estructurales adversas. Se habla de un sistema que “conspira contra la educación”
se cuestiona si alguien le pregunta al estudiante por su situación emocional, se debate el lugar
del afecto, del vinculo humano y del rol que debe tomar el docente mas allá del contenido
curricular. Esto es lo que Andrea Alliaud define como “hacer escuela en contextos complejos”,
no se trata únicamente de falta de recursos materiales o de estudiantes “con problemas”, sino
de que el sentido mismo de la escuela esta en constante disputa.

Los docentes que intervienen en la escena están justamente haciéndose esos


cuestionamientos: ¿Tiene sentido solo venir a enseñar matemática? ¿Es correcto hablar de
temas que estén por fuera del programa? La reunión expone con suma claridad una pedagogía
que se resiste a ser meramente funcional al sistema, y que plantea su tarea como practica
situada, afectiva y ética.

Analizando esta escena bajo la mirada de Gvirtz y Grinberg. Estas autoras plantean que toda
acción educativa se ve atravesada por relaciones de poder y que la escuela puede reproducir o
transformar el orden social existente (pago .21). En esta escena, los profesores expresan una
conciencia aguda de esta cuestión, reconocen que están envueltos en un sistema donde se
atenta contra la educación y que muchas veces excluye emocional y socialmente a los
estudiantes.

La primera intervención de la escena, donde la docente pregunta por la felicidad del estudiante,
refleja una preocupación real sobre el sujeto, no solo como estudiante sino como persona,
rompiendo así con el modelo tradicional de educación. La critica a la competitividad impone una
mirada estructural, los docentes no solo se enfrentan a problemas individuales, sino también a
condiciones que obstaculizan el trabajo pedagógico.

Esta escena es ejemplar para pensar el conflicto existente entre producción y reproducción,
entre estructura e innovación. Las autoras plantean que la educación tiene un potencial
transformador que no niega las condiciones estructurales, sino en disputar sus sentidos desde
la misma practica. La pregunta es ¿que significa educar en un sistema que nos pide resultados,
pero niega emociones? Ahí es donde justamente las autoras invitan a pensar, donde los
docentes, como en esta escena, resisten con preguntas y cuestionamientos.

Reflexión final.

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