Epi Logo
Epi Logo
EPÍLOGO
La Merindad de Durango, la torre de Tavira del Conde de Durango, Sta. María de Tavira,
Villa de Tavira de Durango, Villanueva de Tavira de Durango, Durango, S. Vicente de Miquel-
di y Yurreta son parte de los topónimos relevantes de la historia que se ha desarrollado en el
duranguesado en torno a una escultura de piedra con forma de jabalí. La interpretación de los
objetos del pasado, en lo que se refiere a su uso, es muchas veces arduo y otras imposible. Es aún
más complejo y laborioso atravesar la frontera de lo funcional e introducirse en el mundo de las
creencias, los usos, tradiciones y costumbres para obtener información de los ritos y rituales, de los
sentimientos, los miedos y las prevenciones o sobre las claves con las que llegar al poder y asentar-
se en la escala que domina una sociedad.
Este libro tiene dos finalidades, entender la parte física y formal del “convidado de piedra”
que es la escultura de Miqueldi y, la segunda, comprender por qué, por quién, para qué y cuándo
se decidió labrarla. Esta última es la más importante a nuestro juicio. Son dos metas esenciales
que, una vez alcanzadas, permiten mirar a la sociedad responsable de su existencia y comprender
algunos aspectos de un tiempo muy lejano, sin ser arrastrados a caer en el error de hacer juicios
de valor anacrónicos, basados en la mentalidad y convencionalismos de nuestra época. Aunque es
grande la distancia que nos separa de la Edad del Hierro, son muchos los restos de aquel tiempo
que nos rodean, tanto materiales como inmateriales.
La Historia es neutral en la secuencia continua de cuanto sucede, lo que no quiere decir que
cuanto acaece sea justo o exista equidad con una parte de los actores presentes en ese momento,
ni tampoco que los acontecimientos sean inocuos, ni en aquel presente que examinamos, ni en
los subsiguientes futuros que les seguirán décadas o siglos después. En esencia, tratamos de actos
de humanos que remodelan en permanencia sus existencias con su actitud y actividad, aportan-
do lo que se llama evolución positiva. Proceso encaminado hacia sucesivas micro extinciones de:
pueblos, creencias, dioses, demonios y sociedades, de donde surgen cambios y mutaciones tanto
en las conductas como en las necesidades. Muchas de esas circunstancias no llegan a identificarse,
aunque haya consecuencias puntuales.
Marco Tulio Cicerón291, uno de los más preclaros romanos, instruido por los grandes pensado-
res y filósofos de su tiempo, tuvo una visión de su época que, en alguna forma, vista desde nuestro
291 Nace en la península Itálica en enero del año 106 a. C. en Arpino y muere en Formias en diciembre del 43 a. C. Su
cabeza y sus manos fueron expuestas en el Foro de Roma por haber escrito Filípicas en contra de Marco Antonio.
248 L. VALDÉS · I. ARENAL · M. ALMAGRO-GORBEA · A. ALDECOA RUIZ
tiempo, le hace visionario del futuro. Queda patente porque muchos de sus escritos tienen absolu-
ta vigencia veinte siglos más tarde. En su obra De Oratore292, en el diálogo con Cátulo pone en boca
de Antonio: “¿Pues quién ignora que la primera ley de la historia es que el escritor no diga nada falso, que
no oculte nada verdadero, que no haya sospecha de pasión y de aborrecimiento? Estos son los fundamentos co-
nocidos de todos; pero el edificio estriba en las cosas y en las palabras. La narración pide orden en los tiempos,
descripción de las regiones; y como en los grandes sucesos lo primero que se ha de considerar es el propósito, lo
segundo el hecho, y lo postrero el resultado, necesario es que indique el historiador, no solo lo que se hizo y dijo,
sino el fin y el modo como se hizo, y las causas todas, dando a la fortuna, a la prudencia o a la temeridad la
parte que respectivamente tuvieron; y no ha de limitarse a estas acciones, sino retratar la vida y las costumbres
de todos los que en fama y buen nombre sobresalieron”.
Hemos perseguido en este texto mantener una coherencia con la propuesta de Cicerón, aún
en los pasajes que han requerido que se expusiesen simplemente las palabras y los hechos como
sucedieron. Somos sabedores de que van a causar malestar, aunque lo que se dice sea asunto co-
nocido en los círculos con formación. Somos conscientes de que dudar de la realidad del pasado es
más fácil, cómodo y ventajoso a los intereses particulares que examinar, investigar y comprender
qué y cómo sucedió, para, a partir de ese punto, reconstruir la imagen de la antigüedad que nos
aleje del abismo de la mediocridad, desenmascarando el pasado de fabulaciones interesadas que
nos impiden ver el horizonte del futuro. Ignorar una parte de la antigüedad, buscar y admirar
solo lo que es conveniente para tomarlo como muestra del linaje ancestral, es tan imprudente
como osado, solo es una débil apariencia de verdadero.
En este libro hemos abordado el análisis de la escultura de un suido que permaneció expuesta
por siglos en el Duranguesado, cerca del río Ibaizabal, junto al camino que permitía transitar entre
la Meseta y los Puertos del Cantábrico y los de la ría del Oka. Tratamos de una figura formalmente
destacada en el conjunto de las esculturas zoomorfas de la Hispania céltica. Su estudio ha necesitado
de la contextualización del espécimen y de la comprensión del contexto en el que se dio a conocer su
existencia fuera de Vizcaya en el siglo XVII. Esa parte nos ha llevado a profundizar en los personajes
que debaten en su derredor sobre su significado, pro y contra, con la mentalidad de su tiempo que ni
es el nuestro ni tampoco es el del primer escrito. Un proceso interesante por las luces y las sombras
que sus opiniones han proyectado sobre el escenario que interesa a este estudio y, por extensión,
sobre la historia del Señorío de Vizcaya. Con el resultado del retrato de sus opiniones que no de sus
personalidades, creemos haber dado cumplimiento a la obligación de enumerar a “todos los que en bue-
na fama y nombre sobresalieron”, como propone Cicerón. Gran parte de ellos nos han arrastrado frente
a un personaje que en principio no tenía asignado ningún protagonismo, el autor de 1634, pero que
se ha tornado atractivo a medida que hemos encontrado respuestas a simples preguntas sobre su
persona y actividad. En el proceso de su descubrimiento se ha desvelado que tuvo mayor relevancia
que la considerada por sus múltiples detractores, antiguos y también del siglo XXI293, aunque pueda
292 CICERON, De Oratore, en Obras completas de Marco Tulio Cicerón traducidas por Marcelino Menéndez Pidal,
T II, Madrid 1880, pág. 88
293 ITURRALDE GARAY, J., 2010, El escudo de Durango.
[Link] “…Claro ejemplo del afán por la
historia localista, identifica totalmente la historia de Durango con la del Señorío y cae en múltiples patrañas y falsedades, pero
desde el punto de vista de descripción geográfica es muy completa...”.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 249
parecer increíble. Hemos podido comprobar que ha sido, a nuestro juicio, injustamente vilipen-
diado durante décadas. Don Gonzalo de Otálora y Guissassa, señor de Olabarria, autor del texto
que, entre innumerables otras noticias, desveló discretamente al mundo (de aquel entonces) la
existencia de una singular escultura, ha sido tratado por los apologetas, como un reo de la In-
quisición. Hablamos de un tiempo en el que hacer de narrador de acontecimientos históricos no
estaba sometido a tener que decir la verdad o a conocer documentos que sirviesen de testigos de
lo que se decía o escribía; y lo practican. Pero no podemos dudar que sirven a causas distintas de
la construcción histórica. Lo que se desconoce puede ser inventado, al fin y al cabo queda justifi-
cado porque todos lo hacen. Se escribe para consumo y uso de una clase dirigente y sus propios
intereses; a veces disfrazados de País.
Los siglos que anteceden a la Edad Media son grises en información histórica, poco definidos.
La sociedad es profundamente rural y su vida está escasamente documentada. El territorio se en-
cuentra bajo una gobernanza que ha pasado de ser la organización bajo el poder de los Señores
carietes del oppidum de Marueleza, a estar romanizada bajo el control y orden de Roma desde su
centro de poder establecido en el Convento Jurídico de la Colonia Clunia Sulpicia294, a la descom-
posición del sistema y paso hacia el mundo feudal del medievo. La tierra vizcaína es un mosaico
de pequeños territorios dominados por familias linajudas que se encontrarán, por efecto de sus
escasos recursos, sometidos a poderes militares y económicos periféricos. Visigodos, francos, as-
tur-leoneses, navarros, y castellanos se sucederán en el control parcial o total de esta tierra. La
294 Hoy se encuentra en el Municipio pedáneo de Peñalba de Castro, Huerta de Rey, Burgos.
250 L. VALDÉS · I. ARENAL · M. ALMAGRO-GORBEA · A. ALDECOA RUIZ
relación con las Casas reinantes de su periferia se verá tamizada con la obtención de privilegios y
fueros, hasta la vinculación definitiva con la corona de Castilla.
Algo similar, pero no paralelo, a lo que sucede en Álava y Guipúzcoa que viven su propia his-
toria, conflictos y alianzas. Como vecinos que son, los tres territorios se afectarán mutuamente. Es
importante no olvidar y asumir que los tres que hoy son una comunidad administrativa, fueron
tres entidades desligadas durante la mayor parte de su historia. No existían, como es evidente, du-
rante la Edad del Hierro cuando estas tierras desde el Cantábrico hasta la Meseta, están ocupadas
por los autrigones, los carietes y los várdulos. Este territorio está descrito de esta forma dentro del
Convento Jurídico Cluniense por Claudio Ptolomeo en el siglo II d. C., su descomposición se pro-
ducirá con posterioridad al siglo IV d. C. Es en el medievo cuando está configurado como un mo-
saico de pequeños señores, condes designados por los reinos que se han formado en su periferia.
Este libro trata someramente de algo que acontece en uno de esos pequeños condados, de
sus condes y sus alianzas, de su cosmogonía y de su búsqueda de la identidad. Pero este complejo
asunto no es la finalidad de este libro, ha sido necesario para presentar el escenario que concierne
a un convidado de piedra al que se llamó exactamente “ídolo antiguo”, desde 1634, situando cerca
de la figura la iglesia de S. Vicente de Miqueldi. Señores, condes y alianzas, fantasías heroicas
con fundadores de linajes semidivinos, hasta donde la iglesia cristiana lo permitía, son el marco
de desarrollo necesario, porque así lo han construido cuantos han escrito de la Merindad y del
Ídolo, entre el s. XVII y el XIX. El objetivo de estas páginas es demostrar que el llamado Ídolo de
Miqueldi295, es una reliquia de alto valor histórico y merecido reconocimiento patrimonial, y, esto
es lo esencial, la obra de los ancestros de este pueblo vizcaíno. Estos antiguos habitantes en nada
son producto de la fantasía, pero son general y voluntariamente silenciados. El examen minucioso
y científico de la escultura permite concluir que este elemento procede intelectualmente de un
sustrato cultural común céltico peninsular. En su consecución hemos usado cuantas fuentes de in-
formación están disponibles y de cuantos paralelos nos brinda la Edad del Hierro de la Península
y de Europa, tanto la mediterránea como la nórdica.
Podemos lamentarnos de la escasa información que nos aportó don Gonzalo de Otálora. Sin
ser consciente de lo que supondrían unas escasas líneas, tuvo la osadía de meter esta piedra en el
zapato del público conocimiento. Dio pie a que se atentase contra el principio de la antigüedad
inmemorial y las historias míticas legalizadoras, no por lo que había escrito, sino por lo que otros
intuían que significaba. Durante un largo tiempo, no atacar al objeto de disgusto y contrariedad
y al escritor despertaría las sospechas de la Corte de Castilla sobre la veracidad del origen de los
vizcaínos y podría acarrear cambios importantes en las relaciones económicas, políticas y jurídicas.
Un asunto grave que hará que periódicamente se busquen explicaciones, incluso peregrinas, a la
existencia de la escultura y se denigre al autor. El estatus de relación con la corona, el manteni-
miento y renovación de los fueros es el objetivo de la máxima prioridad.
Las tesis y teorías fueristas expuestas por personas con prestigio, por su posición eclesiástica o
por su posición política, son escritas en un intento de minimizar ese riesgo. No encontramos la pre-
295 Título del que ha sido desposeído para pasar al descontextualizado y simplificado en “El Miqueldi”.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 251
sencia de las principales familias entre esos nombres dedicados al desprestigio. Podría parecer que
están al margen pues son otros los que realizan el trabajo, personajes afines al ideario, sin que im-
porte mucho la verosimilitud de los argumentos. Es beneficioso sostener la fantasía que mantiene a
las familias linajudas y, en esa línea, nunca se olvidan los apologetas de denigrar al escritor Otálora.
Figura 151b - Firma de Otálora. Biblioteca de la Real Academia Española, manuscrito anterior a 1634, fol. II (vol)
El resto del escrito, la lista de villas y anteiglesias, de caseríos y ferrerías, seles, límites y bon-
dades de la Merindad en general no son suficiente causa belli, a nuestro parecer, para desatar el
encono de siglos, que llega hasta el 2020296. El patrimonio religioso y las antigüedades en general
296 ITURRALDE, 2020, op. cit. pág. 45 cita como fuente a Irazabal Agirre, Apuntes sobre la bandera de la Villa de Durango, dice:
“… sin duda Gonzalo de Otálora fue el diseñador de dicho escudo”. Es evidentemente un error de juicio, no documentado.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 253
Figura 151c - Firma de Otálora. Biblioteca de la Real Academia Española, manuscrito anterior a 1634, último folio
Cuando comenzamos a escribir este libro, Otálora, no iba a ser parte del mismo en la medida
en que finalmente ha resultado protagonista. Por el contrario ha sido continuo el encuentro de
datos mal interpretados, desconocidos u olvidados lo que nos ha llevado a buscar respuestas a
cuestiones que no estaban planteadas y que si lo habían sido han pasado al olvido sin trascender.
Hemos perfilado la figura del autor, descubierto el sentido de lo que escribe y el para qué, lo
que nos ha servido para aclarar la valía de lo escrito, tapado por la polvareda de tanta acritud y
falacia.
Así, el escudo de Tavira, impuesto por un consistorio en 1598 o 1599, fecha que ha sido calcu-
lada a partir del contenido del acta de 1623, nos aporta la información indirecta más antigua cono-
cida del Ídolo, que no es otra que la de haber sido incluido como figura heráldica en las armas de
la Villa. Un escudo que será retirado en un año en que Gonzalo de Otálora es alcalde por cuarta
vez. En la descripción, que de las armas se hace en el acta municipal, se dice que junto a tres mar-
tillos y un lobo se encuentra un toro que tiene un globo debajo. Si esa no es la descripción sintética
del Ídolo es difícil encontrar cuál es la fantástica motivación para inventar una figura similar en
heráldica. Esa será también la forma que Otálora usa para describirla años más tarde, pero titula-
da como abbada. No vemos dificultad en aceptar la composición ordenada del armero como sigue:
lobo, martillos y toro con el globo debajo. Sí intuimos que debió haber oposición a su uso, no solo
por retirar el escudo que tendría poco más de 150 años, sino por el significado que tiene su diseño.
La inclusión de un elemento con el que se convive, conocido, respetado y común, del que se tienen
referencias y seguramente circulan leyendas, declara su mayor antigüedad. Otálora lo refrenda en
su escrito de 1634. Cabe la interpretación del lobo como la representación del Señorío. Es posible,
pero no hay un estudio heráldico acreditado sobre los lacónicos datos disponibles, ni conocemos
que se conserve ninguna representación del escudo. Quizá pueda preservarse alguno pintado bajo
otro más moderno en algún punto del interior de la iglesia de Sta. María de Uribarri.
297 TRELLES VILLADEMOROS, J.M., 1739, Asturias ilustrada: origen de la nobleza de España, su antigüedad, y diferencias:
dividida en tres tomos. Madrid. T II, pág. 66. [Link]
[Link]
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 255
Tabira, noble goda de ilustre linaje, tiene un doble parentesco real. Por línea directa es la
madre de un rey, Ervigio, y por su matrimonio con el Conde Froyla Ferrandez con Chisdasvinto
(564-653), al que sucederá Recesvinto, al que sucede Wamba en el 680. Este nombre de mujer de
la más alta nobleza, es la referencia más antigua con la que contamos. Es difícil encontrar el nexo
con Durango, nada establece la relación directa entre Tabira Clasiunta del s. VII y la Torre del
Conde cuya fecha de fundación es, por desgacia, desconocida. Que la torre del Conde de Durango
reciba el nombre de Tavira, llama la atención, pero no solo por la función de control-defensa si
se tiene en cuenta que está emplazada junto al camino a la Meseta que recuerda a la portuguesa,
sino por la pregunta que suscita sobre la vía, el motivo y el tiempo el que pudo llegar el topónimo
al Condado de Durango desde el Reino de Toledo o el Al-Ándalus.
En la actualidad el nombre perdura ligado a la iglesia, que fue parte del complejo residencial
de la torre donde reside el Conde, como expone Otálora “…S. Pedro cuya Iglesia era entonces en
edificio pequeña (como lo eran todas) y lo muestra la puerta que cae al lado, y con el tiempo se alargo y en-
sancho mas: la torre y casa frontera era el Palacio y habitaciones de los Señores, y su nombre Tavira”. Que
entorno a la torre, al servicio de la Casa, se hubiese asentado y consolidado un ambiente artesanal
y de paisanos dedicados a las propiedades del Señor, al uso en Europa, pudo ser el origen de la
idea de establecer un lugar refugio cercado, de captación de impuestos y producción de bienes
que recortase el poder de monasterios y anteiglesias. Este núcleo nace con el nombre de Tavira
de Durango, en fecha que podría remontarse al ¿[Link]?, pero es desconocida a pesar de lo mucho
que se ha especulado. Quedan fuera de este espacio la torre y la iglesia de S. Pedro, terrenos que
evidentemente no son comprados, como sí sucede con el que se amuralla, perteneciente, en ori-
gen, a la anteiglesia de Yurreta.
Nuestro empeño inicial se ha centrado en la escultura y en los datos que pudiesen dar la luz
definitiva a su clasificación cultural, tipológica y cronológica, así como a su comprensión funcional
y a su valor territorial en la época en la que fue labrada. Sin embargo, no pudimos sustraernos a
revisar la historiografía y poner en orden los datos relevantes que afectan a la comprensión del
simbólico elemento que es el Ídolo. Esta relectura de los clásicos detractores ya ha sido expuesta y
comentada, por lo que no merece nueva atención.
La parte final de ese tiempo de la Humanidad, sensiblemente más corto en su duración, está
marcado por la aparición de una tecnología más ejecutiva y poderosa, la escritura. Es un tiempo de
desigual capacitación, ya que ni todos los pueblos la adquieren a la vez, ni se conservan muestras
suficientes de todas las culturas. En ocasiones, es tan poco lo que queda que no resulta fácil llegar
a desvelar su contenido, caso de la cultura Rapanui de la isla de Pascua y la destrucción voluntaria
de la práctica totalidad de sus documentos Rongo-rongo, empujados por el integrismo religioso, en
el s. XIX. Durante este periodo con escritura, de cerca de 4000 años, no se ha abandonado por
completo la transmisión de ideas y conocimientos mediante símbolos. Bien porque carecen aún
de ella, bien por que mantienen antiguas tradiciones en las que el componente mágico esotérico
lo considera necesario. Este periodo mixto mantiene formas de expresión combinada en las que la
transmisión de pensamiento entre individuos y colectivos requiere, no solo del conocimiento de la
lengua y de su expresión escrita, sino también, de la participación en la comunidad y cultura co-
mún de símbolos. Un buen ejemplo es el que proporcionan las monedas galas, donde las imágenes
principales y la disposición de los símbolos flotantes sirven para identificar al emisor. Con la poste-
rior inclusión de leyendas en alfabeto latino se amplía el rango de cuantos pueden comprender su
contenido informativo, aunque desconozcan las claves simbólicas del periodo anepigráfico. Pero
298 CAMPOS LÓPEZ, T. y BENGOETXEA REMENTERIA, B., 2014, San Pedro de Tabira de Durango (Bizkaia). Evolu-
ción constructiva de su espacio y arquitectura. Rev Kobie nº 33, pág. 98 y ss.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 257
esta fórmula mixta con preeminencia de la comunicación alfabética sobre la simbólica está siendo
modificada en el mundo actual. Estamos viviendo el éxito del lenguaje de emoticonos (emojis)
frente a la escritura en las relaciones comunes, una tendencia en aumento, lo que ha generado el
órgano que está intentado mantener regulados esos ideogramas; decide sobre ellos el Consorcio
Unicode.
El gran salto que la transmisión de conocimiento escrito supuso para la humanidad fue di-
simétrico durante varios milenios. Aunque símbolos y palabras sirven para transmitir ideas, son
desiguales en su capacidad de trasladar conceptos abstractos. En este cometido el elemento de
fuerza inmemorial es la transmisión oral, al que se sumó el complemento del lenguaje de símbolos,
responsable de que una parte de los conocimientos pudiesen pasar a ser escritos, siglos más tarde.
Todo lo que las distintas sociedades antiguas han desarrollado, aprendido, descubierto, creído y
contado ha pasado por la oralidad antes de convertirse en una imagen, en un símbolo y con pos-
terioridad, en un texto escrito.
Frente al Ídolo de Miqueldi tenemos el convencimiento de que nunca fue solamente una escul-
tura. No fue un elemento banal en el sentido de carecer de un cometido, de ser solo estética. Emite
el efecto de ser mucho más que un objeto grande. Es el motivo por el que su estudio ha resultado
tan apasionante. Dejando aparte las interpretaciones erradas, tanto antiguas como actuales, el
primer paso ha sido reconocer que es un simbólico artefacto que contiene un relato importante.
El segundo, es admitir que resulta ser la expresión concentrada de ideas complejas que se trans-
mitían por vía oral, ideas que son reflejo del imaginario y la visión del mundo de los que labraron
la escultura. El tercero es que es posible acceder a una parte de su contenido a través del examen
de la mitología y de la literatura comparada, sumadas ambas a los datos arqueológicos. ¿Por qué
afirmar que es importante si está aislado y carece de los signos del trabajo “perfecto” de las obras
de arte de Asiria o Grecia, entre otras? Es difícil dar una respuesta corta por cuanto ha pesado
en su contra. Por un lado, la cronología propuesta para su labra, es un periodo poco conocido en
Vizcaya, lo que no facilita las cosas. Por otro, y en su contra ha obrado que permanentemente se
ha puesto en duda su valor por la erudición local. En consecuencia ha sido una escultura margina-
da por los investigadores de elementos semejantes de la Hispania céltica. Tibiamente, al final del
siglo XIX, se aceptó tratarlo como un valioso y antiguo elemento de interés arqueológico, pero sin
profundizar en su estudio. Es valorado, pero sin concederle mayor significación.
Vamos a fijar dos motivos por los que su existencia es importante, no solo para la Historia de
nuestra pequeña tierra vizcaína sino para la del entendimiento y el comportamiento humano.
Pero antes conviene establecer una realidad, la de la transmisión y propagación por contacto.
Por principio, todo lo que suceda en el territorio de un grupo humano tiene repercusión en sus
vecinos, en un tiempo más o menos largo. Esto quiere decir que hablamos de efectos en cadena,
de signo positivo o negativo e intensidad variable. Un ejemplo de gran actualidad es la guerra. En
donde estalla tiene graves efectos negativos: caída de la producción de productos básicos, secues-
tro de los excedentes almacenados, endeudamiento externo tras el agotamiento de las reservas,
gran mortandad, etc. En consecuencia, para los vecinos existe la posibilidad de verse involucrados
en la contienda, de un aumento de la tensión en las fronteras, de incremento de la presión migra-
toria por desplazamiento de la población en busca de refugio fuera de sus fronteras y el posible
crecimiento de las tensiones sociales internas, entre otras circunstancias. Con pocos cambios estas
258 L. VALDÉS · I. ARENAL · M. ALMAGRO-GORBEA · A. ALDECOA RUIZ
líneas pueden ser trasladadas a cualquier tiempo de la Historia y a cualquier lugar del mundo. Así
que hemos de considerar que el aislamiento hermético no es un argumento sólido para ninguna
región.
El primer motivo que encontramos para defender la relevancia histórico cultural del Ídolo,
dimana directamente de su concepción intelectual. Su compleja originalidad es el argumento.
Siendo un claro integrante de los zoomorfos célticos, del grupo de los suidos, encontramos que es
más complejo y rico el relato que hay tras su diseño en comparación con el resto. Es decir, al unir
en una única escultura dos elementos formales de clara simbología individual, un disco y un jabalí,
se amplía el decurso narrativo, la información que contiene y se incrementa el valor que le otorga
la sociedad que lo labra. El segundo motivo es la pertenencia a un sustrato común mitológico que
se remonta a la tradición indoeuropea y que es reconocido en los países ribereños del Atlántico y
en Centroeuropa, así como en los de Escandinavia y el Báltico.
Localmente su importancia es clara, aunque genera tensión entre la historia real, la fantasía
y la historia añorada en algunos círculos. Repetidamente hemos dicho que el conocimiento de la
Edad del Hierro de Vizcaya tiene aún un largo camino por recorrer para que podamos considerar
que se encuentra al nivel de los territorios vecinos de la Meseta y de Europa. Ese camino es doble
y debe recorrerse por las dos sendas: el trabajo arqueológico con medios adecuados y por los des-
pachos y pasillos de las administraciones responsables. Un gran periodo de tiempo histórico está
huérfano de una actividad suficiente y de un merecido reconocimiento. La actividad de campo ha
retrocedido hasta niveles claramente de colapso, de parálisis, con pequeños impulsos a cargo de
iniciativas privadas y voluntariado, que poco pueden hacer para invertir la tendencia.
por cuentos mágicos de tesoros ocultos en su interior como sucedió con el Toro del Tesoro de
Plasencia, el del Monte de Ahigal y el que sufrió la “amputación de las turmas” porque en ellas
había escondido un tesoro de oro, sucesos que son narrados en tierra de Cáceres, pero no son
exclusivos.
El Ídolo, por razones que aún no llegamos a comprender en toda su dimensión, se salvó del
desastre cuando la opinión erudita local estaba en su contra y eran tiempos en los que nadie ha-
bría reclamado “daños al patrimonio”. Podemos intentar comprender el porqué, suponiendo la
existencia de un sustrato remanente de creencias paganas transformadas pero no completamente
desvirtuadas por la iglesia. Algunos valores prerromanos no fueron desactivados, sino que se reuti-
lizaron traspuestos a sus propios seres del ideario cristiano. Quizá el poder de las mismas leyendas
y cuentos que hablaban de la magia de su función pasada como ídolo, le otorgaron protección por
prevención y cierta reticencia a emprender su destrucción. ¿Qué quedaba en la memoria colectiva
de su historia, deformada o no? Nada nos ha sido legado escrito ni narrado, solo que se le tenía por
ídolo antiguo al inicio del siglo XVII. Hoy en día, más de 2000 años después, se le sigue conociendo
como el Ídolo de Miqueldi aunque la propuesta de vulgarización por “El Miqueldi” signifique un
intento, quizá inconsciente, de anular su valor histórico.
El tosco tramo de la base que es desde donde surge el disco, supone una representación sim-
ple de la imaginada residencia de los espíritus, es la metáfora del inframundo, que Tácito deja
260 L. VALDÉS · I. ARENAL · M. ALMAGRO-GORBEA · A. ALDECOA RUIZ
documentada299. En esta concepción simbólica, la espiga podría haber tenido una significación en
el sentido de las raíces del Árbol de la Vida o del Mundo, que hemos señalado en la placa de la
comitiva de los guerreros del caldero de Gundestrup. En la mitología nórdica lo encontramos en
Yggdrasil, o Fresno del Universo, y en la germánica con Irminsul, entre muchas otras. Es un motivo
indoeuropeo muy extendido en la mitología euroasiática.
En la escultura, el plano por encima del Horizonte ideal está polarizado por la figura animal, el
avatar asociado de la divinidad máxima que comparte con la presencia del disco. Este recurso es uti-
lizado para expresar conceptos animistas, aspectos abstractos trasladados mediante el zoomorfo con
el que se asegura la percepción de las características esenciales, incluyendo los rasgos de la peculiar
personalidad que individualiza y compendia la divinidad representada. El hecho de cabalgar sobre el
disco solar-lunar lleva a considerarlo la representación de la máxima divinidad del panteón local en
su avatar zoomorfo jabalí. Está dentro de la línea de los relatos y características de divinidades solares
como Lug-Lugus, Teutates, Freyr, Freja, etc. Esta figura animal condensa ideas relacionadas con
el ciclo anual de fertilización, protección de la tribu y conductor de los espíritus, por lo que resulta
una figura mítica sumamente compleja. Tras el análisis todo indica que el Ídolo está representando
la divinidad local o numen loci. Esta divinidad atiende a los tres niveles de la organización y función
de la sociedad indoeuropea: la real-sacerdotal, la guerrera-protección y la productora y artesanal. El
conjunto muestra el amplio significado mitológico del jabalí, documentado ya en Mesopotamia en el
III milenio a. C., aunque su mayor desarrollo se constata en el mundo indoeuropeo.
Desconocemos cuál fue el nombre del numen asociado pero conocemos divinidades hispanas y
celtas que tienen al jabalí como animal asociado, por ejemplo Lug-Lugus o Endovélico. Más tar-
dío y al norte de Los Pirineos, en Tardets, fue descubierto un altar dedicado a Herauscorritse o
Jabalí rojo. No debemos extrapolar este nombre, ni la lengua en la que se le nombra, pero si dejar
constancia de la importancia que tiene al interpretar el Ídolo de Miqueldi como divinidad protec-
tora del territorio cariete del oppidum de Marueleza. Este numen loci, como era frecuente entre los
pueblos célticos, sería considerado el ancestro y fundador de la población, creencia relativamente
habitual entre griegos, itálicos, germanos y celtas. En contexto mitológico puede considerarse que
el Ídolo sería un numen Padre, Patrono y Protector de la comunidad, de su territorio y el garante
de sus riquezas y de su bienestar.
¡Ídolo!, inoportuno determinante para intereses espurios ya tratados. ¡Ídolo!, expresado por
Otálora como consecuencia de una función religiosa antigua. ¡Ídolo!, advocación relicta que des-
vela la protección emanante desde la divinidad. ¡Ídolo!, reliquia de creencias arraigadas de un
pasado lejano. ¡Ídolo!, a pesar de la estricta persecución de la heterodoxia de los inquisidores del
Santo Oficio y su presencia en esa época en Durango. ¡Ídolo!, así será denominado durante los
siguientes 400 años. ¡Ídolo!, presente en las fichas de catalogación del Gobierno Vasco, depar-
tamento de Cultura y del Euskal Museoa de Bilbao. ¡Ídolo!, término en regresión víctima de la
simplificación del lenguaje.
299 TÁCITO, op. cit. 45 “Más allá de los suyones hay otro mar perezoso y casi inmóvil; se cree que es el que cerca y ciñe la redondez
de la tierra, porque después de puesto el sol se ve siempre aquel resplandor que deja hasta que vuelve a nacer, de manera que
oscurece las estrellas. Y también hay opinión que se oye el ruido que el sol hace al emerger del Océano, y que se ven las figuras de
los caballos y los rayos de la cabeza; y es la fama que hay y verdadera, que hasta allí y no más llega la naturaleza”.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 261
La tradición asignaba ese trato en 1600 y, poco antes, había sido incluido en un renovado
escudo de armas que fracasará. Otro zoomorfo céltico de su género y de similar cronología tiene
esa consideración. Se trata del Ídolo de Paderne, en el concejo de Melgaço, en Portugal, hoy en
paradero desconocido. Se trataba de una cabeza de suido labrada para ser expuesta embutida en
la mampostería de una habitación circular. Quizá un santuario urbano del poblado A Cividade.
Son pocos los ejemplos que se conservan, pero interesantes, pues han retenido en el tiempo la
conciencia de que fueron representantes de la conexión con el Más Allá.
Una peculiaridad más es citada por Otálora y son los caracteres notables grabados no en-
tendibles que se exhibían en el disco. Ya lo hemos expresado, pero es una pena que no hubiese
dibujado lo que veía. Ciertamente especulamos al escribir esto, ya que no hay constancia de que
no lo hiciese. En la época no era habitual añadir grabados en los libros. Sin embargo, la tajan-
te afirmación de que no son entendibles nos afronta a la que será la batalla más cruenta en su
contra. Hemos de dar por entendido que no es ni griego ni latín, ambos alfabetos habrían sido
reconocidos. Otros posibles no causarían ese efecto y hemos contemplado esa posibilidad a partir
de la información publicada por Pierre Paris y Carmelo Echegaray. La generosidad del investi-
gador francés, Grégory Reymond, nos ha permitido conocer en que se basó P. Paris (anexo 6) y
no sabemos si Echegaray usa la misma fuente o interpreta a partir de lo que ha sido publicado
en Francia.
Los caracteres que Bernaola reproduce del disco del lado derecho de la figura no son
exactamente lo que P. Paris publica, pero mucho menos lo que propone Echegaray. Obser-
vando el dibujo tenemos dificultad para encontrar el alfabeto que detalle caracteres coinci-
dentes con esos trazos, aunque sea en parte. Es interesante y muy importante que Bernaola
siguiese interesado en comprobar la existencia de lo citado por Otálora. Pero aún lo es más
que lo que llega a ver lo plasmase en un esquema. En este caso que nos ocupa, la lectura de
los rasgos grabados debió requerir de mucha atención y de que coincidiese una iluminación
adecuada. Sobre la lectura de epígrafes mal conservados, debido a la calidad de la roca o por
agresiones, sean intencionadas o no, es habitual encontrar más de una interpretación de los
caracteres peor preservados. Este puede ser el caso, pero no podemos saberlo y difícilmente
comprobarlo. Las múltiples acciones de limpieza inconscientemente agresivas que la escultura
ha recibido en el siglo XX, sumadas a acciones pretéritas que pudieron hacerse en contra de
esos caracteres, y no sostenemos que se hiciesen, pueden ser determinantes para que no se
alcance un dictamen que resuelva esta incógnita. No nos referimos solamente a la existencia
de caracteres grabados, ya que contamos con el desconocido documento de Bernaola, sino a
un tema de un gran calado. Estos trazos residuales de escritura son los más antiguos con los
que podríamos contar, ya que se remontan al momento en que se labra la escultura, siglo III
quizá inicio del II a. C. Con su pérdida puede haberse frustrado la ocasión de recuperar in-
formación de alto valor. Este sería el primer documento y, por el momento, único del alfabeto
usado y la lengua que se hablaba en estas tierras siglos antes del cambio de Era. Podría ser
que fuesen rasgos del signario celtibérico o del ibérico. Pero esto último es una reflexión, una
hipótesis que, con los escasos trazos documentados por Bernaola, tiene pocas evidencias en las
que apoyarse. Esperamos que el futuro inmediato permita, con la ayuda de la técnica análisis
de imagen actual, comprobar que aún queda suficiente información y aporte luz al signario y,
aunque más difícil, a la lengua.
262 L. VALDÉS · I. ARENAL · M. ALMAGRO-GORBEA · A. ALDECOA RUIZ
Pero también hay que considerar otras opciones. Y ¿si para Otálora decir caracteres notables
no entendidos fuese también una referencia a símbolos, a restos de una decoración que ocupase el
disco? Los rasgos copiados por Bernaola no dan pautas para entender que hubiese una distribu-
ción ordenada y repetitiva, como sería de esperar en un diseño no figurativo. También podríamos
considerar que fuese el vestigio mínimo de una escena figurada. Esta es otra probabilidad, pero
tiene varios inconvenientes y el principal es que es muy poco lo que se ha conservado anotado. Es
importante en este punto volver a analizar qué y cómo se expresa Otálora en el texto. Escribe que
no solo ha encontrado caracteres notables en el ídolo, sino que también están en otra serie de luga-
res de la Merindad y añade que también ha visto “…señales no entendidas, de diferentes formas y hechu-
ras…”. Podemos pensar que no hay motivo para desconfiar de su capacidad, pero también que se
confunde al escribir caracteres por símbolos. Es un hombre culto y no parece dado a confusiones
tan simples. Lo deducimos del texto en que cita a S. Bartolomé de Miota. Dice que hay caracteres
que son “lo mismo” que las letras talladas en Irure y en muchos otros lugares y sepulcros. Por tanto,
nos decantamos por aceptar que cuando se refiere a caracteres, en concreto, los vistos en el disco
del ídolo los considera equivalentes a letras, pero de un signario o alfabeto que él no conoce ni lee.
Del examen del Ídolo bajo los criterios y datos expuestos en los capítulos anteriores, dimana
la representación de una divinidad, un numen de carácter protector e informativo en los niveles
uno y tres de Dumézil, que concierne a la realeza-sacerdocio y a los estamentos de producción de
bienes. La función guerrera de protección del pueblo no la hemos podido documentar fehaciente-
mente. No hay restos arqueológicos con los que iniciar un estudio. No desechamos esa posibilidad,
porque las murallas de Marueleza hablan claramente del prestigio pero también de la defensa. Sin
embargo, nos resulta insuficiente para avanzar por esa vía. Tampoco consideramos adecuado ex-
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 263
trapolar los datos provenientes de lugares próximos donde se han hallado necrópolis con tumbas
de guerreros. Dejamos la vía en reserva hasta que sea posible respaldarla con evidencias locales.
El numen protector es expuesto en un punto de paso, de entrada a los dominios de un oppidum. Su
presencia acredita a la élite, advierte de su poder y del respaldo del Más Allá con el que cuenta.
¿Puede tomarse como un indicio del segundo orden?, podríamos considerarlo así, pero necesita-
mos algo material propio del guerrero iniciado antes de darlo por sentado.
El jabalí, representado con un tamaño semejante a los grandes machos de la especie europea,
es una muestra de la consideración que se tiene por ese animal vivo e intuimos que por su caza. Su
presencia vinculada repetidamente con el Más Allá es común a toda la narrativa céltica europea.
La mitología celta, tanto continental como insular, proporciona el material de comparación nece-
sario para comprender la relación con el sustrato cultural común céltico. Esta precisa coincidencia
entre los numerosos paralelos míticos del jabalí, indica que estas figuras eran el símbolo de la di-
vinidad solar de la fecundidad y del Otro Mundo y que serían consideradas como la encarnación
visible y mágica del numen loci que proporciona la fecundidad y la riqueza, como confirmarían
las repetidas leyendas populares de tesoros de oro encerrados en estas esculturas. En Vizcaya, en
una leyenda muy localizada y poco extendida, el tesoro está escondido en un pellejo de toro en el
entorno del oppidum de Marueleza.
la voluntad de las divinidades. La narrativa Hispana conserva otros ejemplos de esa función. Las
más conocidas son la del Conde Fernán González, o las del Barón de Artal de Mur y la del Conde
Galindo en la Bal de Acumuer. La función de guía hacia situaciones de alto prestigio es la que se
esconde en los repliegues de estas narraciones.
La escultura conocida como Ídolo de Miqueldi es una rara excepción en el panorama de la ex-
presión y de la representación de las divinidades protectoras de la Hispania céltica. Figura denosta-
da y abandonada, fue rescatada por la iniciativa particular y cedida en depósito para su exposición
al Museo Arqueológico de Bilbao en 1919. Nuestro objetivo ha sido leer la piedra y comprender en
lo posible lo que pudo ser o representar en la época en la que fue labrada. El paraje en el que se
expuso en la Edad del Hierro ha sido profundamente modificado en los últimos 150 años. Desco-
nocemos como fue, pero hay particularidades que por su utilidad no se han perdido durante siglos
y aún hay memoria de ellas, el vado llamado Ebro y Pontones en el río Ibaizabal, así como el viejo
camino que permitía circular mercancías entre los puertos de mar y la Llanada alavesa.
Hemos recurrido a cuantos paralelos han sido accesibles y a cuantas fuentes pudiesen informar
sobre las tradiciones que envuelven la imagen de un animal que, sin la elegancia del ciervo, es un
objetivo de caza prestigioso que le supera en riesgo. Con todo, quizá lo más sorprendente ha sido
la facilidad con la que hemos podido encontrar documentos reales que daban luz a la escultura y
sobre quién la puso ante el foco, suscitando el temor y consecuente reacción de permanente inten-
to de desprestigio. Hemos puesto rasgos reales a algunos personajes concernidos sobre los que se
ha arrojado oscuridad por siglos. Nos ha sorprendido que a finales del s. XIX alguien encontrase
los “caracteres notables” que siguen siendo un dato complejo. Más de 2000 años después de que
fuesen grabados han regresado a la actualidad de la mano de una pequeña nota. Son los rastros
que establecen otra diferencia adicional y sustancial con los restantes zoomorfos de la Hispania
céltica, caracteres distintos a los epígrafes latinos grabados en bóvidos y suidos de tierras vettonas.
De ser coetáneos a la labra del jabalí hacen de este Ídolo un solitario, un unicum. Marcado como
Ídolo, vestigio de creencias religiosas precristianas, ha tenido un significado remanente que ha
impedido su destrucción, pero no su abandono y entierro. Ha llegado hasta nosotros desprovisto
de parte de su historia por la constante acción de depreciación, por el establecimiento de la duda,
por la vulgarización de su imagen, por la falta de contextualización y de estudio. A pesar de tal
acumulación de negaciones su imagen como enseña de comercio, de producto, de premio de cine,
etc., ha mantenido el atractivo y el interés, aunque su singularidad no ha podido protegerlo de la
acción de las inundaciones, la lluvia ácida o el agua a presión.
LUMINOSO ÍDOLO OSCURO - MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO 265
El método de análisis del Ídolo, aplicado para recomponer la parte posible del significado y
de su valor social, político y religioso, ha sido viable al establecer un novedoso enfoque sobre su
existencia a través de: interrelacionar y comparar sus características con el sustrato indoeuropeo y
céltico; de examinar al animal representado junto a otros semejantes y las funciones que la inves-
tigación ha descubierto; de analizar la razón de ser del disco; de observar el contenido inmaterial
que emana de la forma material; de realizar una lectura iconográfica combinada con la mitología
para descifrar el lenguaje simbólico. Finalmente, nos hemos aproximado al proceso intelectual
que llevó a atribuir las características sobresalientes del animal a las divinidades. Hemos podido
comprender que esta escultura forma parte de la mentalidad de esa sociedad y de la cultura que
les permite aceptar y explicar el mundo y las circunstancias naturales entre las que viven y mue-
ren. Es la representación de su numen loci, relacionado con el Otro Mundo y al mismo tiempo con
la Luna y el Sol que trae la luz y la fecundidad, por lo que sería considerado el Padre, Patrono y
Protector del lugar y del territorio, del linaje de su gente y élite, de las posesiones y riquezas de
toda la comunidad.
Terminamos con la constatación de que Otálora acertaba al decir que “se le tiene por Ídolo anti-
guo”. Ciertamente es el numen loci representado por su atributo solar, el disco, y por su forma ani-
mal, el jabalí. Aún no se habría iniciado el tiempo de las representaciones bajo forma humana. El
teónimo ya no significaba nada para la sociedad duranguesa del año 1600, no así la escultura. De
alguna forma intuimos que se celebraba algún ritual festivo y tolerado en su entorno, sustituto de
viejas tradiciones reorientadas hacia la nueva doctrina centrada en la iglesia aledaña, sus festivida-
des y su valor como juradera, como guardiana de la palabra, de los votos y acuerdos. Así se perdió
la memoria antigua y se le adjudicó el nombre por el que hoy se le conoce: el Ídolo de Miqueldi.
No sabemos si Otálora conocía más cuentos y leyendas sobre esa figura monstruosa que lo que
dejó escrito, pero ese asunto queda entre la escultura y él.
CUADROS TEMÁTICOS