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El documento aborda la reflexión filosófica sobre lo religioso, considerando la religión como un fenómeno histórico que puede ser estudiado objetivamente por diversas ciencias humanas. Se cuestiona la definición de religión y su pluralidad, así como la relación entre religión y otros fenómenos como la magia o el nacionalismo. Finalmente, se propone un enfoque multidisciplinar que integre las ciencias de las religiones y la fenomenología, con el objetivo de explicar las razones detrás de los hechos religiosos y evaluar su verdad o falsedad.

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El documento aborda la reflexión filosófica sobre lo religioso, considerando la religión como un fenómeno histórico que puede ser estudiado objetivamente por diversas ciencias humanas. Se cuestiona la definición de religión y su pluralidad, así como la relación entre religión y otros fenómenos como la magia o el nacionalismo. Finalmente, se propone un enfoque multidisciplinar que integre las ciencias de las religiones y la fenomenología, con el objetivo de explicar las razones detrás de los hechos religiosos y evaluar su verdad o falsedad.

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FILOSOFÍA DE LAS RELIGIONES

Antonio González
Introducción

El objetivo de estas páginas es elaborar una reflexión filosófica sobre lo religioso. Desde la
época del positivismo, se habla con cierta frecuencia del “hecho” religioso. Con ello se pretende
decir que las religiones, con independencia de las posiciones ideológicas o teológicas de quien las
estudie, constituyen un fenómeno que está dado en la historia de la humanidad, y que, por tanto,
puede ser estudiado de una manera “objetiva”, tal como se estudian los hechos históricos,
económicos, sociológicos, etc. Al tratarse de un hecho, la religión podría ser estudiada por las
ciencias humanas tales como la historia de las religiones, la psicología de la religión, la sociología
de la religión, la antropología religiosa, etc. Son las llamadas “ciencias de las religiones”.
En el conjunto de estas aproximaciones “científicas” al “hecho” religioso, la filosofía puede
comenzar preguntándose qué es lo que se quiere decir exactamente cuando se habla de un
“hecho”, especialmente en el caso de las ciencias humanas, y más concretamente en el caso del
“hecho” religioso. Ciertamente, los hechos religiosos no son semejantes a los hechos con los que
trata la astronomía. Normalmente se entiende que los hechos son observables por cualquiera.
Cuando se habla de hechos “positivos” se suele entender que, además de algo observable por
cualquiera, estamos ante un “hecho” que está representado dentro del sistema de conceptos
propios de una ciencia. Y es que un mismo fenómeno, observado por cualquiera, como puede ser
la caída de un cuerpo, puede ser categorizado desde el punto de vista de las ciencias físicas
(gravedad), de las ciencias biológicas y médicas (heridas que un cuerpo sufre en su caída), de la
psicología (intento de suicidio), de la sociología, etc.
Si nos dirigimos a las religiones, pronto nos damos cuenta de que en ellas nos encontramos
con “hechos” muy complejos. Piénsese, por ejemplo, en todas las distintas perspectivas desde las
que se puede analizar la realización del más sencillo de los sacrificios, y que nos servirían para
entender los elementos históricos, sociológicos, lingüísticos, psicológicos, antropológicos, etc., que
están implicados en un acto de culto. Por supuesto, cabe hacerse preguntas más radicales, y
considerar, por ejemplo, hasta qué punto lo religioso queda esclarecido si tenemos en cuenta
solamente aquello que, como en todo “hecho”, es observable para cualquiera. ¿No hay en la
religión aspectos que escapan a toda observación, y que, sin embargo, podrían ser esenciales para
entender cualquier acto religioso? Una experiencia religiosa, por ejemplo, ¿no escapa en muchos
aspectos a lo que normalmente se entiende por un “hecho”, observable por cualquiera?
Las preguntas filosóficas no acaban aquí. Porque hemos hablado de los hechos “religiosos”
como si ya, de entrada, supiéramos qué es la religión, de modo que las ciencias positivas no
tendrían que hacer más que dirigirse a esos fenómenos que se pueden considerar como religiosos,
y hacerlos objeto de su estudio. Sin embargo, no es tan fácil decir qué se entiende por “religión”.
En realidad, la idea moderna de la religión como un “sistema de creencias” no se corresponde con
el significado del término latino religio, que más bien se refería al culto a los dioses (cultus
deorum), y no a los contenidos creídos de una fe. Los griegos, por su parte, nos hablarían, por
ejemplo, de “devoción” (εὐσέβεια), de “piedad” (ὁσιότης), de “culto” (θρησκεία) o de algo así como
“superstición” (δεισιδαιμονία), pero no es claro que ninguno de estos términos se corresponda
unívocamente con lo que nosotros llamamos “religión”.
Desde este punto de vista, podríamos preguntarnos también, por ejemplo, si la magia es un
fenómeno religioso, o si es algo distinto de la misma. En el contexto del cristianismo protestante
aparece a veces la contraposición entre “fe” y “religión”. ¿Está justificada esta contraposición? De
hecho, los romanos no consideraban el cristianismo como religión, sino como superstición. ¿Qué
sentido tiene esta distinción? Por otro lado, cabe preguntarse si determinados fenómenos como el
nacionalismo, el “culto a la personalidad”, la aclamación de las estrellas del espectáculo, los
fenómenos ligados a los deportes de masas, tienen o no alguna relación con lo religioso. Para
enfrentar este tipo de preguntas se requiere, obviamente, de una cierta idea de lo que sea la
religión.
Si atendemos a la misma historia de las religiones, resulta llamativa su misma pluralidad y
diversidad. Quien dice que “todas las religiones son iguales” muestra un enorme desconocimiento
de la historia religiosa de la humanidad. Más bien encontramos, de entrada, una llamativa
multiplicidad de prácticas y de creencias, de las cuales no es fácil determinar qué es lo que puedan
tener en común como para ser llamadas, todas ellas, “religiosas”. De hecho, la filosofía tiene que
preguntarse qué es lo que nos permite hablar de “religión”, en lugar de pretender ingenuamente
que ya sabemos en qué consiste, de modo que pudiéramos con facilidad determinar qué
experiencias, prácticas o instituciones han de ser calificadas como “religiosas”. Aclarar esto es una
tarea impostergable de la filosofía de la religión.
Tradicionalmente se distingue entre distintas aproximaciones al hecho religioso. En primer
lugar, tendríamos las consideraciones “positivas” de lo religioso, que serían las propias de las
ciencias de las religiones. La historia, la sociología, la psicología, la antropología, y otras
disciplinas como la neurociencia investigarían los hechos religiosos, mostrando sus elementos
constitutivos y las relaciones que se establecen entre ellos. En segundo lugar, tendríamos la
contribución de la llamada “fenomenología de la religión”, la cual pretendería una indagación
descriptiva, y no explicativa, de la esencia de lo religioso, y que algunos considerarían también
como una ciencia de las religiones. Finalmente, estaría la aproximación propia de la filosofía de la
religión, que trataría de explicar las razones por las que aparece el fenómeno religioso en la
historia de la humanidad, respondiendo así también a la cuestión de su verdad o falsedad.
De hecho, como iremos viendo a lo largo de estas páginas, las fronteras entre unas
aproximaciones y otras no siempre son tan nítidas como pudiera parecer a primera vista. Con
frecuencia, las ciencias de las religiones han tratado de responder, mediante diversas
explicaciones, a la cuestión, últimamente filosófica, sobre la verdad o falsedad de las afirmaciones
hechas por las religiones. Por otra parte, como dijimos, no parece posible hacer ciencia de las
religiones sin una idea de lo que sea la religión, y esta idea normalmente está tomada de la
fenomenología o de la filosofía. La fenomenología y la filosofía de la religión, si quieren hablar de
las religiones realmente existentes, en su riqueza y diversidad, no pueden desatender a los
resultados de las ciencias de las religiones, por más de que ellas dispongan de sus métodos
propios..
En estas páginas trataremos de llevar a cabo un tratamiento multidisciplinar de las
religiones, integrando los resultados de las ciencias de las religiones y de la fenomenología de la
religión, pero sin descuidar una intención últimamente filosófica. Y esto significa una intención de
explicar las razones de los hechos religiosos, y de poder responder, en alguna medida, a la
cuestión de su verdad o falsedad.

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