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En torno a la maternidad

Book · January 2024

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Tanya Méndez Luévano Orlando Reynoso Orozco


University of Guadalajara Universidad de G
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En torno a la maternidad
Aproximaciones de género
socio-históricas y literarias
En torno a la maternidad
Aproximaciones de género
socio-históricas y literarias

Adriana Sáenz Valadez


Olga Martha Peña Doria
Cándida Elizabeth Vivero Marín
(Coordinadoras)

UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA
2015
Primera edición, 2015

D.R. © 2015, UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA


Centro Universitario de
Ciencias Sociales y Humanidades
Coordinación Editorial
Juan Manuel 130
Zona Centro, C. P. 44100
Guadalajara, Jalisco, México
Consulte nuestro catálogo en: www.cucsh.udg.mx

Obra completa ISBN: 978-607-450-405-7


Noveno volumen ISBN: 978-607-742-299-0

Impreso y hecho en México


PROGRAMA INTEGRAL DE FORTALECIMIENTO INSTITUCIONAL
Printed and made in Mexico
Esta edición fue financiada con recursos del Programa
Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI) 2009, a
cargo de la Secretaría de Educación Pública.
Este programa es público y queda prohibido su uso
con fines partidistas o de promoción personal.
Índice

Presentación ...................................................................................................9

Introducción. La maternidad en continua construcción ........................ 11

El punto de vista social

Maternidad y empleo de mujeres profesionistas


y jefas de familia en Jalisco ........................................................................ 21
Beatriz Adriana Bustos Torres
Ana Araceli Navarro Becerra

La marentalidad: estudio comparativo de redes de apoyo social


y estilos de crianza en madres solteras y casadas .................................... 47
Tanya Elizabeth Méndez Luévano
Orlando Reynoso Orozco

La vida en el coto: familia «a la vintage», mujer multifuncional


y maternidad agendada .............................................................................. 69
Manuela Camus Bergareche

El punto de vista literario

La maternidad anulada o cómo José Joaquín Fernández de Lizardi


reelabora los cautiverios de la mujer/madre
en La Quijotita y su prima ......................................................................... 101
Ariadna Alvarado López
8 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Maternidad a contraluz: visiones y rostros


en la poesía mexicana del siglo XX .......................................................... 129
Gloria Vergara
Ada Aurora Sánchez Peña

Cuestionamiento al ideal femenino de la madresposa


en el teatro mexicano escrito por mujeres
durante los años veinte y treinta ............................................................. 155
Olga Martha Peña Doria

La madre, pilar de la familia en Bajo el mismo techo


de Amalia de Castillo Ledón .................................................................... 175
Rosa Ma. Gutiérrez García

La concepción patriarcal de la maternidad y


dos cuentos de Inés Arredondo ............................................................... 193
Adriana Sáenz Valadez

Literatura, discurso y maternidades:


la representación de la madre
en dos escritoras mexicanas recientes .................................................... 217
Cándida Elizabeth Vivero Marín
INTRODUCCIÓN 9

Presentación

Esta publicación forma parte de la Colección del Centro de Estudios de


Género, un proyecto que fomenta la difusión de trabajos académicos que
se están produciendo en la Universidad de Guadalajara con el análisis de la
perspectiva de género.
Este esfuerzo fue posible gracias a la confianza que tuvo la Secretaría
de Educación, a través de los recursos PIFI, para apoyar en el Centro el
proyecto denominado La transversalización de la perspectiva de género en la
Universidad de Guadalajara.
El objetivo y reto de esta colección es dar a conocer las investigaciones
que recogen la preocupación por la desigualdad estructural e histórica que
se produce entre mujeres y hombres, y dirigirse, de manera simultánea, a
un público amplio y específico. Esperamos que la comunidad universitaria
de Jalisco y de México reconozca, valore y discuta estos productos de in-
vestigación para sumarlos críticamente a sus procesos de conocimiento.

DRA. CÁNDIDA ELIZABETH VIVERO MARÍN


Centro de Estudios de Género
Universidad de Guadalajara

[9]
Introducción. La maternidad
en continua construcción

Adriana Sáenz Valadez


Cándida Elizabeth Vivero Marín
Olga Martha Peña Doria

L
a maternidad es un tema que ha sido abordado desde múltiples dis-
ciplinas y con variados enfoques. Desde el aspecto médico y bioló-
gico, hasta el punto de vista filosófico, la maternidad ha supuesto
una serie de reflexiones que llevan a entenderla más allá de una simple
visión esencialista o como hecho natural en la vida de las mujeres. Entendi-
da entonces en una esfera mucho más amplia que abarca la tarea social,
ética, simbólica y humana, la maternidad se concibe como un conjunto de
discursos que establecen ciertas características que marcan y condicionan
las pautas a seguir en el ejercicio de la misma. De ahí que se señale que la
maternidad no se limita al hecho de dar vida a un nuevo ser humano, sino
que implica una serie de acciones que tienen que ver con el cuidado, la
atención y la educación. El maternaje o maternazgo se refiere así al trabajo
socialmente necesario que implica esas tres esferas y que, por ende, puede
ser ejercido por cualquier persona con independencia de su sexo y de la
consanguinidad o no con los infantes (cfr. Palomar Verea, 2007: 52).
De esta distinción, se abre un amplio abanico de estudio y análisis que
nos permite ahondar en la discusión en torno al tema y también en los
procesos de construcción social y simbólica que se dan alrededor de lo que
significa ser madre, ejercer la maternidad y el maternaje. A partir de este
objeto de estudio, se invitó a un grupo de especialistas a reflexionar acerca
de las implicaciones que existen en torno al tema a partir de dos grandes
perspectivas: la histórico-social y la literaria. El carácter multi e interdisci-

[11]
12 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

plinario de los trabajos aquí reunidos hizo posible la conformación de este


volumen que aborda la maternidad desde una perspectiva sociológica,
antropológica y literaria. Algunos de los artículos tienen incluso posturas
encontradas, pero en ello descubrimos riqueza al presentar diferentes pos-
turas teóricas en cuanto al fenómeno de la maternidad.
La primera parte del libro, titulada «El punto de vista social», está
formada por cuatro capítulos que se acercan a la maternidad justamente
desde la dimensión sociológica y antropológica. Así, «Maternidad y em-
pleo de mujeres profesionistas y jefas de familia en Jalisco» de Beatriz A.
Bustos Torres y A. Araceli Navarro Becerra analiza, desde la antropología
social y la sociología del trabajo, la manera en que la idea de la maternidad,
en el imaginario social, transmuta conforme la mujer se involucra en roles
no tradicionales de su género. Partiendo de los datos del Censo de Pobla-
ción y Vivienda 2010 y de la publicación Jefas de Familia en el Estado de
Jalisco, las autoras muestran datos puntuales acerca de la participación fe-
menina en el ingreso familiar a partir de su incursión en el trabajo remune-
rado y el ejercicio de la jefatura de la familia, actividades que combinan con
la maternidad. Asimismo, ponen de manifiesto cómo los eventos de vida, el
matrimonio y dar a luz a los hijos, inciden directamente en que las mujeres
abandonen su profesión, se retiren un tiempo de la ésta para dedicarse a
labores domésticas o bien sean un factor fundamental al momento de ele-
gir entre desarrollo profesional y la atención y cuidado a las labores do-
mésticas. Las mujeres profesionistas cuentan con mejores recursos para
desarrollar su rol de jefas de familia, además de representar un ingreso
importante a la economía familiar y un modelo no tradicional a seguir por
los miembros de la familia.
En el segundo capítulo, titulado «La marentalidad estudio comparati-
vo de redes de apoyo social y estilos de crianza en madres solteras y casa-
das» de Tanya Elizabeth Méndez Luévano y O. Reynoso Orozco, se estudia
la relación entre las redes de apoyo social y los estilos de crianza entre dos
grupos de madres, a saber: las mujeres casadas con pareja y divorciadas, y
INTRODUCCIÓN 13

las madres solteras. De ahí que, mediante un estudio antropológico, se


llegue a apreciar que las pautas de vinculación de las madres con su familia
de origen confirman que existen diferencias significativas entre los estilos
de crianza. De igual forma, las autoras señalan que se cambia el estilo de
crianza cuando la familia rompe con una estructura tradicionalista, pues la
ideología que pesa a partir de la ausencia de unos de los cónyuges es de
quien se queda a cargo de la crianza. Si la madre asume la responsabilidad,
el estilo de crianza será matrifocal, pues sus ideas serán las que determinen
la educación de sus hijos. No obstante, las autoras advierten que los estilos
de crianza varían si es una madre soltera quien encabeza la familia, en cuyo
caso se observan expectativas inapropiadas con sus hijos; si es una madre
casada, presenta una menor empatía con sus hijos. En ambos casos, sin
embargo, se da un valor significativo al castigo físico. Igualmente, las au-
toras indican en su estudio que existe una diferencia en el apoyo social
hacia las madres casadas y las condiciones para otorgarlo a las madres
solteras, por lo que llaman a una profunda revaloración de estas condicio-
nes con el fin de seguir evitando la repetición de roles desequilibrados.
En el capítulo tres, titulado «La vida en el coto: familia «a la vintage»,
mujer multifuncional y maternidad agendada», de Manuela Camus
Bergareche, se estudia desde la antropología la maternidad ejercida por las
mujeres que habitan los condominios cerrados de la clase media alta y alta
de la ciudad de Guadalajara. A partir de los datos y las entrevistas recaba-
das, la autora señala una transición entre la «madresposa» dedicada al ho-
gar y a la crianza de los hijos, a la «gestora» que se identifica como más
autónoma y que se traduce en una maternidad agendada o planificada día a
día. Aspectos que traen aparejados la concepción de una familia tradicio-
nal-moderna donde se reproducen los roles de género aunque con mayores
responsabilidades para las mujeres, pues éstas no sólo deben seguir los
patrones del madresposismo sino que también deben estar al día en distin-
tos aspectos como la moda y los hijos, además de verse presentables hacia
el mundo público. Por ello, sostiene la autora, las mujeres de estas élites
14 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

siguen representando el estatus del esposo y de la familia patriarcal como


conjunto, son el estandarte del honor familiar y por tal razón sufren un
control-presión social que les genera una mayor responsabilidad.
La segunda parte del libro, que lleva por título «El punto de vista lite-
rario», está conformada por siete trabajos que analizan, a partir de la lite-
ratura, la representación de la madre y la maternidad. El recorrido se inicia
en el siglo XIX , con la obra de José Joaquín Fernández Lizardi, para
continuarse en el siglo XX a través de diversas décadas y géneros literarios,
y concluir en el siglo XXI con el análisis de dos obras de igual número de
autoras jóvenes.
El trabajo que presenta Ariadna Alvarado López, «La maternidad anu-
lada o cómo José Joaquín Fernández de Lizardi reelabora los cautiverios de
la mujer/madre en La Quijotita y su prima» utiliza como corpus de análisis El
periquillo Sarniento y La Quijotita y su prima de Fernández de Lizardi. En él
reflexiona respecto a la discusión de la maternidad, vista desde dos enfo-
ques, la propuesta que la autora llama maternidad moderna y la maternidad
tradicional. A partir del término que la autora configura como maternidad
anulada lleva a cabo un estudio descriptivo de dos personajes y sus represen-
taciones simbólicas, donde la autora propone que la maternidad es natural y
se anula cuando se cultiva a las madres para que la ejerzan desde una postura
moderna. Pomposa Langarutu y Pudenciana Linarte y sus madres Eufrosina
y Matilde Contreras son en apariencia madres que en su cumplimento y
ratificación de los roles tradicionales deben ser sancionadas o premiadas,
pero en el análisis discursivo se expone, que en el sentido didáctico de la
obra, todas son anuladas, en tanto no se asumen como modernas.
El trabajo «Maternidad a contraluz: visiones y rostros en la poesía
mexicana del siglo XX», de Gloria Vergara y Ada Aurora Sánchez, lleva a
cabo un recorrido cronológico por algunos poemas de Rosario Castella-
nos, Enriqueta Ochoa, Cristina Rivera Garza y Nadia Contreras. La me-
moria en las cuatro propuestas aparece como leit motive que hilvana los
poemas, la escritura como diálogo y conformación del ser y del decir. Las
INTRODUCCIÓN 15

escritoras, discordantes en su postura en cuanto a la maternidad, se amal-


gaman ante la posibilidad de construirse en la memoria que les permite la
escritura y la reflexión de la maternidad. Rosario Castellanos es crítica
ante la concepción patriarcal de la maternidad; Enriqueta Ochoa es deve-
nir entre el ejercicio sublime y doliente; perdón por el pecado y crítica ante
el deber ser del prototipo tradicional de la madre. Cristina Rivera Garza, a
través de la voz enunciativa intimista del yo, se asume rechazada por pare-
cerse más al padre que a la madre y, a su vez, se presenta como la madre de
su madre ya vieja. En este entorno de modificaciones las preguntas surgen,
¿será que la voz lírica se convierte al final del poema en la madre que anhe-
ló? y en este devenir de ilusiones ¿ninguna fue para la otra lo que la otra
anheló? Nadia Contreras presenta un esquema de materno que no en mu-
chos textos se aborda: la madre violada, prostituta, huérfana y, a la vez,
aquélla que la abandonó. La voz lírica a través de la memoria busca alivio,
la doble condición, la nostalgia y el reclamo, la orfandad y el anhelo. Final-
mente en la escritura da a luz y encuentra una forma de maternidad simbó-
lica que no mira al futuro, sino apunta al pasado.
El texto que presenta Olga Martha Peña Doria: «Cuestionamiento al
ideal femenino de la madresposa en el teatro mexicano escrito por mujeres
durante los años veinte y treinta», lleva a cabo un estudio importante acer-
ca de obras de teatro poco conocidas, algunas en el lamentable olvido y
otras que en su acuciosa labor ha logrado recopilar a pesar de que éstas no
se publicaron. La autora analiza siete obras dramáticas de cinco autoras:
¡Esos hombres¡, Maternidad y El pecado de la mujeres de Catalina D´Erzell; El
tercer personaje de Conchita Sada; Cuando Eva se vuelve Adán de Magdalena
Mondragón; La virgen fuerte y La casa en ruinas de María Luisa Ocampo y
Bajo el mismo techo de Amalia Castillo Ledón. Se estudia a los personajes
femeninos a partir de tres prototipos del ser mujer: las mujeres liberadas,
las profesionistas y las madres. En el primer caso explica que son mujeres
abiertamente presentadas como mujeres fuera de la norma patriarcal. Ante
lo que estas mujeres, conscientes de su exclusión, provocan un cambio y el
16 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

giro dramático a partir del discurso del silencio. Las profesionistas que, a
causa de su independencia y ruptura con el rol patriarcal viven la mayor
desigualdad genérica, asumen el silencio de la resistencia como una forma
de vivir ante la violencia. Las madres, como lo dice la autora: «nunca tuvie-
ron el concepto de cuerpo por el mismo silencio que habían vivido y se
dedicaron a convertirse en madres únicamente hasta perder su identidad»
(Peña Doria), en tanto sufrían, perdonaban, lloraban y volvían a la repeti-
ción que el rol patriarcal les implicaba.
Por otra parte y también dentro del ámbito teatral, Rosa María Gutiérrez
presenta un estudio acerca de la maternidad y la ideología al que tituló «La
madre, pilar de la familia en Bajo el mismo techo de Amalia de Castillo Ledón».
En este capítulo estudia la relación de una familia de la clase media mexica-
na que vive un difícil conflicto al ser la madre una mujer profesionista que
trabaja. Esto se sale de los cánones sociales de la época y una fiesta en
honor de la madre termina con un conflicto familiar en donde salen a flote
los rencores que tenían guardados el esposo y los hijos. La autora utiliza
artículos que la dramaturga escribió, así como el texto dramático con el fin
de hacer un estudio comparativo entre la maternidad y la ideología de la
escritora y con ello analizar la situación materno-ideológica de los años
veinte y treinta del siglo XX.
El capítulo titulado «La concepción patriarcal de la maternidad y dos
cuentos de Inés Arredondo» de Adriana Sáenz Valadez es un estudio con-
cienzudo respecto a la transformación del ser madre desde la esfera elíptica
del poder patriarcal. Para demostrar esta propuesta utiliza dos cuentos de
Inés Arredondo, los cuales permiten que el lector vea desde otro punto de
vista el abordaje que hace la autora de este capítulo para analizar a la mujer-
madre-cuerpo en lo patriarcal. Sáenz Valadez se remonta a los años cincuen-
ta, período en que fueron escritos estos cuentos, con el fin de observar a
través de diversas teorías el proceso de la madre como ser no-cuerpo para
concebirla solamente como mujer-madre y con ello abordar el concepto de la
maternidad patriarcal desde el ámbito social hasta el teológico.
INTRODUCCIÓN 17

El último capítulo que conforma este libro se titula «Literatura, discurso


y maternidades: la representación de la madre en dos escritoras mexicanas»
de Cándida Elizabeth Vivero Marín quien analiza la escritura reciente de dos
jóvenes escritoras. La investigadora aborda la representación de la madre
como un figura nueva, diferente, que no corresponde con la que se ha visto
en la literatura escrita anteriormente. Para demostrar su propuesta la autora
recurre a la teoría literaria feminista y a los estudios de género. En este capí-
tulo la autora observa la diferencia de discurso y de la maternidad en una
novela y en un libro de cuentos, y afirma que estas nuevas escritoras presen-
tan a la figura materna con una visión más crítica y ácida.
En la novela de Cecilia Eudave la investigadora comenta que la autora
presenta a una madre que trabaja pero la narradora la ve bajo una visión
negativa hasta llegar a observarla como un ser perverso y seductor; es de-
cir, no asume el rol tradicional de la madre y eso le provoca la desestabili-
zación del hogar. Vivero afirma que la novela es una denuncia ante los
cambios que han venido experimentando los jóvenes. Por otra parte com-
para su investigación con un libro de cuentos de Itzel Guevara del Ángel
quien también pertenece a esta nueva generación de narradoras. La inves-
tigadora utiliza para su estudio dos cuentos en donde aborda acerca del
ejercicio de la sexualidad por parte de las madres. En los cuentos, Vivero
observa que la madre solamente obtiene satisfactores con el reconocimien-
to público pero no con el privado afectando con ello la vida familiar. Se
concluye que en los textos narrativos hay una interrelación entre madres e
hijos pero con una forma distinta de asumir la maternidad y, por ende,
cumplir con los roles tradicionalmente asignados y atribuidos a las mujeres
en su papel de madres.
Todos estos capítulos fueron vistos bajo la mirada de la maternidad y a
su vez cada una de las participantes utilizó diversas herramientas con el fin
de demostrar el papel de la mujer dentro de una las funciones sustantivas
como es la maternidad. De manera especial, agradecemos a Manuel y
Emmanuell por la fotografía que ilustra la portada de este libro.
18 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO
INTRODUCCIÓN 19

El punto de vista social


20 POR LA PALABRA MATRIMONIO. EL RAPTO EN GUADALAJARA (1885-1933)
Maternidad y empleo de mujeres profesionistas
y jefas de familia en Jalisco

Beatriz A. Bustos Torres1


Ana Araceli Navarro Becerra2

INTRODUCCIÓN

L
a maternidad es un hecho inherente a ser mujer, tal vez es la condi-
ción más asociada a las mujeres. Respecto al rol de madre se ha
entretejido un grueso entramado de ideas, mitos, creencias, supues-
tos. La forma como se desarrollan las condiciones sociales, culturales, eco-
nómicas, para el acto de la maternidad, difiere entre países, culturas, grupos,
y entre individuos. La vivencia de la maternidad es un hecho individual,
pues además de las condiciones culturales y estructurales que la revisten,
cada mujer vive su historia, casi siempre irrepetible, diferente. De aquí el
reto y la complejidad que representa abordar el tema de la maternidad. Aún
más compleja resulta la tarea al tratar de mostrar la maternidad en dos
grupos de mujeres que no se adhieren a roles tradicionales de mujer.
Los sujetos de análisis en esta investigación son mujeres que ocupan
roles no tradicionales de jefas de familia y profesionistas. El análisis se cen-
trará en el estado de Jalisco, ubicado en la región centro occidente de Méxi-
co. El objetivo de este trabajo es explorar las dimensiones que se involucran
en la maternidad con el desempeño de roles no tradicionales (jefatura feme-
nina y profesionista) de mujeres en el estado de Jalisco, México.

1 Doctora en Antropología Social. Profesora Investigadora de la Universidad de Guadalajara,


[email protected]
2 Maestra de la Maestría en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara, [email protected]

[21]
22 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

SOBRE LA MATERNIDAD

La maternidad ha sido estudiada desde diferentes disciplinas y bajo diver-


sos enfoques. Entre los más recurrentes están aquéllos dedicados a los as-
pectos de salud durante el embarazo y salud reproductiva. Dichos estudios
abordan diversos aspectos y problemáticas inherentes a la salud de la mu-
jer en gestación o en edad reproductiva. Otros se enfocan en la condición
psicológica de las mujeres en relación con la maternidad, en efectos colate-
rales en la personalidad como la depresión posparto, desórdenes afectivos
a partir de la maternidad.
Otro bloque de estudios acerca de la maternidad se ha centrado en el
análisis social y cultural. En dichos trabajos se abordan las características,
condiciones y significados de la maternidad en diferentes grupos de edad
(adolescentes, edad media, edad tardía o madres añosas) y en diversas con-
diciones (la maternidad con pareja y sin pareja, la maternidad entre perso-
nas del mismo sexo).
El análisis que aquí realizaremos se inscribe dentro de la antropología
social y la sociología del trabajo. Utilizamos datos provenientes del Censo
de Población y Vivienda (INEGI, 2010); también revisamos la publicación
Jefas de Familia en el Estado de Jalisco (2010), coedición entre el Instituto
Jalisciense de las Mujeres, el DIF Jalisco y el Gobierno de Jalisco.
Partimos de la idea que la maternidad como imaginario social se trans-
forma conforme la mujer se involucra en roles no tradicionales de su gé-
nero. Es decir, la idea de la mujer madre como un sujeto doméstico, dedicada
al cuidado de la familia, y sin participación económica al ingreso familiar
se va transformando, para dar lugar a mujeres dinámicas de roles múlti-
ples que combinan la maternidad con el trabajo remunerado y la jefatura
de la familia, roles tradicionalmente masculinos. Así es como un conjunto
de representaciones, creencias y deseos colectivos ordenan la valoración
social de la maternidad en un momento histórico dado y conforman los
márgenes de lo posible de ser deseado, sentido, imaginado, actuado y
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 23

pensado por las mujeres (y los hombres) en el ejercicio de la maternidad-


paternidad.

LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO

Asociados a la capacidad física de reproducción, históricamente se han atri-


buido roles a mujeres y hom-bres, lo cual ha dado como resultado condi-
ciones de bienestar y de desarrollo desigual entre unos y otras. Por división
sexual del trabajo se entiende: «el seccionamiento del trabajo en fragmen-
tos desiguales, asignados a los miembros de la sociedad bajo los indicadores
de edad, sexo, jerarquía social y ubicación geográfica. Estos aspectos se
ordenan bajo un sistema económico y un sistema de integración social»
(Bustos Torres, 2011: 115). La encomienda principal de esta desigualdad
es que sea asumida como «natural» mediante características pre-fabrica-
das y legitimadas socialmente por medio del género, entendido éste como
«un conjunto de relaciones sociales que, basadas en las características bio-
lógicas, regula, establece y reproduce diferencias y desigualdades entre
hombres y mujeres» (Jiménez Guzmán, 2007: 100). Así se produce y se
acepta la reproducción de lo femenino y lo masculino.
El análisis de la división sexual del trabajo en la sociedad abarca al trabajo
considerado económico o remunerado y al trabajo necesario para la repro-
ducción social o trabajo no remunerado, el cual se realiza, por lo general,
separado del trabajo remunerado. Esta visión del trabajo más amplia permite
reconocer la suma del esfuerzo de la humanidad, hombres y mujeres, por la
subsistencia y reproducción de la especie. Del mismo modo permite distin-
guir la condición de desigualdad entre hombres y mujeres. Una particulari-
dad de estos lineamientos radica en que las actividades a realizar para cada
sexo están bien delimitadas, la mujer realiza tareas vinculadas con la atención
y cuidado doméstico, mientras que el hombre tiene la encomienda de ser el
proveedor principal y satisfactor de las necesidades básicas como alimentos,
vivienda y vestido (Capella Rodríguez, 2007). Estas actividades enmarcan un
24 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

sistema de organización social determinado por el género y la reproducción


de la división sexual del trabajo. Esta segmentación indica la función social
que hombres y mujeres están destinados a cumplir para la reproducción del
sistema patriarcal y capitalista (Cruz, 2007).
También vale decir que no hay una sola idea de femineidad y masculini-
dad sino que presentan diferentes significados en función de otros elemen-
tos como: la clase social, la edad, la raza y/o la etnia (Jiménez Guzmán,
2007). Ante estas consideraciones, el género depende del contexto históri-
co-social en el que tiene lugar, por lo tanto, puede haber diversas situacio-
nes por las cuales se produzcan modificaciones a los estereotipos socialmente
asignados para hombres y mujeres.
El masivo ingreso de las mujeres a la fuerza de trabajo ha tenido efec-
tos importantes en la generación de riqueza de los países, el bienestar de
los hogares, la disminución de la pobreza. La participación de las mujeres
en el medio económico y laboral ha generado dinámicas favorecedoras al
desarrollo de ellas mismas y de su entorno, sea éste la familia, la empresa o
la sociedad. Las mujeres han pasado de ser sujetos casi invisibles en la
historia a ser protagonistas de los cambios sociales y económicos que más
han impactado a la sociedad.
Frente a los movimientos implicados por el nuevo escenario económi-
co y la llamada globalización, la igualdad de género es indispensable para
alcanzar el desarrollo económico, social y humano de cualquier país, esta-
do o municipio. Dado el escenario de libre mercado que nos rodea, el tra-
bajo remunerado es la principal vía por la cual las personas pueden obtener
recursos y con ello autonomía económica, de ahí la relevancia de un am-
biente laboral que garantice la equidad entre hombres y mujeres.
La feminización de los mercados laborales ha coincidido con una radi-
cal transformación en la organización del trabajo y la producción. La cre-
ciente integración de los mercados mundiales, en materia de comercio,
finanzas e información, ha abierto oportunidades para el desarrollo, ha
ampliado las fronteras de intercambio de bienes y servicios y ha mejorado
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 25

la competitividad de las empresas. Pero los efectos en desarrollo humano


de este proceso han sido poco satisfactorios y muy desiguales entre países
y al interior de éstos. Se ha intensificado la exclusión social y ha aumentado
la distancia entre la economía global formal y la economía local informal.
La precariedad, la movilidad de la mano de obra y el déficit de trabajo
decente son algunos de los rasgos que caracterizan este proceso. En ese
contexto, las mujeres en efecto están accediendo a más empleos, pero no
de mejor calidad.
La segmentación sexual de los mercados laborales sigue tendencias si-
milares en contextos globales similares; no se encontraron diferencias sig-
nificativas respecto a la participación por sectores económicos de los
hombres y mujeres en la región centro occidente de México, al igual que en
Jalisco. La distribución de la Población Económicamente Activa (PEA) en
esta región sigue los patrones del resto del país en tanto su distribución
entre los sectores económicos, como en su composición por sexo. El sector
primario o agrícola, es el menos nutrido en la PEA, y continúa con vocación
masculina en su composición sexual. En el sector secundario o industrial la
distribución sexual de la PEA muestra una inclinación a favor de la PEA
masculina con una diferencia bastante alta. Por otra parte el sector tercia-
rio o de servicios muestra ser el predominante en la economía de la región.
La distribución por sexo en los servicios es casi equitativa entre hombres y
mujeres, lo que no significa una ventaja para las mujeres, pues la segmen-
tación del empleo femenino no permite la distribución equitativa del em-
pleo calificado o bien remunerado.
El estado de Jalisco ha sido históricamente una economía enfocada hacia
el sector terciario (Bustos Torres, 2011; Hernández y Morales, 2009) don-
de se desarrollan actividades de comercio, servicios financieros y guberna-
mentales. El segundo sector que caracteriza a este estado es el secundario
–incluye a la industria de transformación como la manufacturera, electrici-
dad, agua y construcción–. En un tiempo, Jalisco se había dedicado con
mayor énfasis a las actividades del sector textil, zapatero y del vestido ade-
26 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

más de dedicarse a minerales no metálicos y de la industria metálica básica


(Barba y Hernández, 1996). Sin embargo, el sector secundario tuvo mayor
auge a partir de los años 80 con la llegada de nuevas empresas a la ciudad,
como las maquiladoras del ramo electrónico (Hernández Águila y Mora-
les, 2009). A partir de 1994 comienzan a modificarse las necesidades ocu-
pacionales en los sectores productivos, en este periodo el estado apostó a
la inversión en bienes industriales de alta tecnología (Barba y Hernández
Águila, 1996), aunque la prominencia del sector terciario aún se mantiene.
En lo que respecta a las características sociodemográficas de la PEA,
las cifras del INEGI (2010) muestran que 62.2% se ocupó en el sector ter-
ciario. Sobresale que 80% de las mujeres que laboran se emplea en este
rubro, mientras que los hombres representan 51.6%. En el sector terciario
se realizan actividades de comercio, sobre todo transporte y servicios. Es-
tas cifras confirman las actividades relacionadas con servicios y comercio
que desarrollan las mujeres, situación que va de la mano con la terciarización
del trabajo femenino y se relaciona con la asignación social de atención y
servicio a los demás (Dombois, 2002).
En las últimas décadas es notable el incremento de mujeres profesio-
nistas, así lo demuestran algunos estudios como los realizados por Etienne
Loubet (2009), Mercado y Planas (2004) y Martín Montoro y Ángel Herrera
(1988). El estado de Jalisco no es la excepción. Según las cifras de INEGI en
el año 2005, Jalisco registró una población profesional de 659, 485 de los
cuales 40.5% estaba conformado por mujeres con nivel licenciatura.
El aumento de escolaridad en las mujeres ha sido acompañado, en gran
medida, de un mayor ingreso a los mercados de trabajo (Mercado y Planas,
2004). Así, las profesionistas están más preparadas para el desempeño de
diversas actividades laborales, sean profesionales o no, ya que un porcen-
taje de egresadas universitarias no siempre se ocupa en tareas relacionadas
con su formación, sino que su presencia en los mercados de trabajo se
encuentra dispersa, en diferente proporción, entre las distintas actividades
económicas (Bustos Torres, 2011; Navarro Becerra, 2012).
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 27

Cabe señalar que, al concluir la carrera no todas las egresadas se inte-


gran a los mercados de trabajo o bien, dejan de trabajar ante la presencia
de algunos eventos. Según el INEGI (2010), el matrimonio y el nacimiento
de los hijos ocupan el segundo lugar entre los motivos por los cuales las
profesionistas no ingresan a los mercados de trabajo o abandonan el em-
pleo. Por lo tanto, la asignación social incide en las decisiones laborales de
las egresadas universitarias y ésta, en ocasiones, puede ser más importante
que el propio desarrollo profesional.
Esta situación depende también del contexto. En Jalisco predomina
una ideología patriarcal, el hombre es asignado como proveedor económi-
co y la mujer encargada de la unidad doméstica (Bustos Torres, 2011).
Este modelo ideológico está arraigado en la sociedad occidental, por esta
razón, es común que las mujeres prioricen el cumplimiento de las tareas
asignadas con el mayor apego posible. Es decir, eventos como el matrimo-
nio y la maternidad son considerados como parte de su femineidad, inclu-
so, llegan a ser más importantes que otras aspiraciones, o bien, pueden
combinarlas, en este caso, con las de orden profesional (Wainerman, 2007;
Preciado Cortés, 2006).
El nacimiento de los hijos es, en especial, un evento que define en gran
medida la posición de las mujeres en la estructura social. El cumplimiento
de esta asignación es considerada como natural, en parte por la condición
biológica, sin embargo, para un gran porcentaje de mujeres, sean profesio-
nistas o no, el nacimiento de los hijos resulta de suma importancia, al grado
de provocar miedo y angustia el hecho de no ser madre (Hidalgo Salazar y
Mendoza Téllez Girón, 2004). Incluso, para algunas egresadas universita-
rias ser madres biológicas es importante en el curso de vida y hay quienes
no perciben el trabajo remunerado como obligatorio, a excepción de quie-
nes son el único sustento económico (Didou Aupetit, 2001).
En las mujeres con grado universitario, la combinación entre el ejercicio
de la profesión y el cuidado de los hijos no siempre resulta positiva en térmi-
nos laborales, puesto que, las egresadas no se liberan de la atención y cuidado
28 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

doméstico y esta situación, con frecuencia, provoca conflicto en la elección


entre el trabajo remunerado y la atención a los hijos (Braig, 1986; Navarro
Becerra, 2012). Por ende, algunas egresadas universitarias, quienes priorizan
el cuidado doméstico, se emplean en actividades donde aspectos como la jor-
nada laboral, la cercanía entre el lugar de trabajo y el hogar, y la seguridad
social resultan más importantes que el ejercicio de la profesión. Esta premisa
pone de manifiesto que las egresadas universitarias al momento de emplearse
en una actividad específica lo hacen considerando el ámbito doméstico, el
grupo social al que pertenece y al cumplimiento de la asignación de lo feme-
nino (Bustos Torres, 2011; Navarro Becerra, 2012).
Estos factores permiten suponer que las profesionistas no ingresan con
las mismas oportunidades al mundo laboral. La edad, el origen social, la raza,
la etnia, las capacidades diferentes, la carrera de egreso, la continuación de
estudios, la asignación de ser proveedoras económicas y encargadas de la
atención y cuidado doméstico, tal es el caso de las jefas de familia, para quie-
nes la doble jornada es una condición permanente. Este último grupo de pro-
fesionistas presenta un incremento en los últimos tiempos. Así lo muestran
las cifras del INEGI en el año 2010 (Cuadro 1) donde se registra un incremen-
to de jefatura familiar tanto en mujeres como en hombres con respecto al
2005. No obstante, es notorio el cambio en la distribución entre uno y otro
sexo. Se observa que en la línea de las mujeres profesionistas, en el 2005, el
porcentaje fue de 13.5%, la cifra aumentó para el 2010 para ubicarse en
17.6%, este dato es inversamente proporcional en el caso de los hombres.

Cuadro 1
Profesionistas jefes de familia en el estado de Jalisco por sexo, 2005 y 2010

Sexo del jefe 2005 2010

Total 212,981 311,698

Hombre 86.5% 82.4%


Mujer 13.5% 17.6%

Fuente: INEGI, Censo de Población y Vivienda, 2010. ENOE, Encuesta a hogares, 2005.
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 29

Las cifras muestran que en Jalisco predomina el rol tradicional de hom-


bre proveedor, de ahí que ellos agrupen más de 80% de la jefatura familiar.
No obstante, es relevante el aumento de 4 unidades porcentuales en las
profesionistas jefas de familia quienes cuentan con la doble encomienda
social: ser proveedoras económicas y encargadas del cuidado y atención de
los dependientes de la familia (niños, ancianos, enfermos o discapacitados).
Cabe señalar que las jefas de familia presentan matices según su condición
de separadas, divorciadas o viudas. En esta línea, es importante añadir que
aun con la doble asignación, no todas las profesionistas jefas de familia se
integran a los mercados de trabajo.

Cuadro 2
Profesionistas jefas de familia por condición: separada, divorciada, viuda, y por condición
de actividad económica en Jalisco y a nivel nacional, 2010

0.3%
No especificado 0.2%
0.3%

52.7%
Jalisco

NPEA 17.5%
19.7%
47.0%
PEA 82.3% Viuda
80.0%
Divorciada
0.36%
No especificado 0.19% Separada
0.21%
Nacional

53.2%
NPEA 18.2%
20.1%
46.4%
PEA 81.5%
79.6%

Fuente: INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010.

El cuadro 2 muestra que, a nivel nacional, cerca de 80% de las egresadas


universitarias separadas o divorciadas realizan alguna actividad económi-
ca. Este porcentaje se presenta de manera similar en el estado de Jalisco, el
cual se muestra ligeramente por encima. A nivel nacional y estatal, poco
menos de 50% de las profesionistas en condición de viudez se ubica en los
mercados de trabajo. En el caso de las profesionistas con jefatura familiar
30 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

que no se integran al ámbito laboral, se observa un porcentaje similar entre


las separadas y las divorciadas, el cual oscila entre 18 y 20% a nivel estatal
y poco menos porcentaje en el estado de Jalisco. Asimismo, más de la mitad
de las viudas (53.2% a nivel nacional y 52.7% en Jalisco) no se emplean en
actividades remuneradas.
El siguiente cuadro (3) se refiere al estado de Jalisco, en él se observa que
casi tres cuartas partes (74%) de las profesionistas se encuentra en el merca-
do laboral (PEA). Se aprecia también que las egresadas universitarias más
jóvenes, son quienes, en su mayoría, se integran al trabajo remunerado. De
manera que de las profesionistas jefas de familia, que se encuentran en una
edad de 25 años a 49 años, casi 90% participa en actividades remuneradas.

Cuadro 3
Profesionistas jefas de familia por condición de actividad económica:
PEA, NPEA, por quinquenio de edad, en Jalisco, 2010.

Educación Superior Jefa mujer PEA NPEA

Jalisco 71,127 52,673 18,317


25 a 29 7,705 6,637 1,058
30 a 34 8,232 7,390 829
35 a 39 8,642 7,759 868
40 a 44 8,845 7,996 839
45 a 49 9,291 8,091 1,182
50 a 54 8,204 6,045 2,148
55 a 59 5,707 3,445 2,252
60 a 64 4,080 1,720 2,346
65 a 69 2,376 671 1,693
70 a 74 1,542 304 1,233
75 a 79 865 110 751
80 a 84 513 42 463
85 y más 365 29 333
No especificado 4,760 2,434 2,322
Fuente: INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010.

Las cifras de las jefas que no se ubican en el mercado laboral aumentan


conforme se incrementa la edad de las profesionistas. En este sentido, ellas
pueden estar jubiladas o bien compartir con otros miembros de la familia la
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 31

reunión del ingreso familiar. En contraste, el hecho de que sean las egresadas
universitarias más jóvenes quienes en mayor porcentaje permanecen en el
mercado laboral muestra que tal vez sean las principales proveedoras del
sustento. Por otra parte, su presencia en el ámbito laboral se asocia a un
proyecto de vida no tradicional, puesto que combina el rol de jefa y madre
con el de profesionista. Para la mujer profesionista, que ha invertido en su
capital humano, el número de hijos puede hacer la diferencia en su trayec-
toria laboral.

MUJERES PROFESIONISTAS JEFAS DE FAMILIA


POR NÚMERO DE HIJOS

En relación con las jefas de familia, entre los elementos que intervienen en
la decisión de ocuparse en determinada actividad debieran considerarse
aspectos objetivos y subjetivos (Safa cit. en Bustos Torres, 1994). En este
caso, entre los elementos objetivos están el contexto urbano o rural, las
opciones de trabajo y las condiciones laborales; mientras que, entre los
factores subjetivos se encuentra el sentir de las mujeres, su apego a la en-
comienda socialmente asignada, la presencia de algunos eventos del mun-
do de vida.3 En especial, el nacimiento de los hijos es un factor que incide
en las profesionistas jefas de familia en el momento de integrarse a los
mercados de trabajo. En esta línea de pensamiento, el número de hijos es
un factor que determina su ingreso al empleo.
El siguiente cuadro (4) muestra que de las profesionistas jefas de fami-
lia que están separadas de su pareja y se encuentran entre los 25 y 29 años
de edad, la mayoría (91.1%) tiene entre uno y dos hijos, este mismo núme-
ro de descendientes se presenta entre las edades de 30 a 34 años, aunque
con menos porcentaje (83%). La cifra porcentual se modifica (70 y 80%) a
partir de los 40 años y hasta los 50 años de edad, donde se marca una
3 Entre los eventos del mundo de vida se encuentran: el matrimonio, el nacimiento de los hijos y la
presencia de una enfermedad propia o de algún familiar.
32 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

tendencia en las profesionistas separadas a tener dos y tres hijos. Entre


quienes tienen cuatro descendientes el porcentaje es bajo (máximo 10%) y
se registra sobre todo en egresadas de 40 a 44 años de edad.
Cuadro 4
PEA de profesionistas jefas de familia según su condición: separada, divorciada,
viuda por quinquenio de edad, según el número de hijos, en Jalisco, 2010

Condición de jefa Un hijo Dos hijos Tres hijos Cuatro hijos


de familia

Separada 25 a 29 63.1% 28.0% 5.5% 3.4%


Separada 30 a 34 45.0% 38.0% 11.4% 5.6%
Separada 35 a 39 30.9% 40.6% 20.4% 8.1%
Separada 40 a 44 21.6% 40.8% 27.0% 10.6%
Separada 45 a 49 19.3% 38.4% 32.7% 9.5%
Separada 50 a 54 21.0% 40.8% 31.4% 6.9%
Separada 55 a 59 14.0% 38.9% 38.1% 9.0%
Divorciada 25 a 29 69.3% 26.3% 3.9% 0.5%
Divorciada 30 a 34 49.7% 37.2% 11.3% 1.9%
Divorciada 35 a 39 37.4% 41.1% 17.2% 4.4%
Divorciada 40 a 44 25.5% 45.0% 23.2% 6.3%
Divorciada 45 a 49 21.3% 42.2% 27.9% 8.5%
Divorciada 50 a 54 22.4% 27.6% 38.4% 11.7%
Divorciada 55 a 59 19.4% 35.6% 33.5% 11.5%
Viuda 25 a 29 57.1% 35.2% 7.7% 0.0%
Viuda 30 a 34 47.9% 34.1% 17.4% 0.6%
Viuda 35 a 39 27.8% 42.3% 23.5% 6.5%
Viuda 40 a 44 21.7% 43.0% 25.7% 9.6%
Viuda 45 a 49 17.0% 41.3% 31.0% 10.7%
Viuda 50 a 54 18.0% 35.8% 30.8% 15.4%
Viuda 55 a 59 16.4% 36.8% 33.0% 13.8%
Fuente: INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010.

Las egresadas universitarias en condición de divorcio presentan una


situación parecida a las separadas, las más jóvenes tienen menos descen-
dencia. Entre las edades de 25 a 29 años se concentra 95% de mujeres que
tienen entre uno y dos hijos; mientras que, entre los 30 y 34 años de edad se
agrupa 87% de quienes tienen como máximo dos hijos. Por el contrario,
los datos muestran que a partir de los 40 años de edad se presenta una
recomposición, las profesionistas tienen hasta tres o cuatro hijos.
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 33

En el rubro de profesionistas, tanto en separadas como en divorciadas,


se observa que a menor edad, menos hijos; y por el contrario, a mayor
edad, más hijos. Una posible respuesta se vincula, entre las más jóvenes, a
limitar el número de hijos en pos del ejercicio de la profesión. Este hecho
se relaciona también con la tendencia generalizada, desde la década de los
80, a disminuir las tasas de natalidad por decisión de las mujeres.
Por el contrario, entre las profesionistas que tienen más edad, se obser-
va una cohorte generacional donde la tendencia de las mujeres era tener un
mayor número de hijos. Aun así, cuatro hijos es un número reducido en
comparación de las mujeres con distinto nivel educativo, el cual llegó a ser
de 6.7 hijos por mujer, en 1970, a nivel nacional (Organización para la
Cooperación y Desarrollo Económicos, 2010). En esta línea, el capital hu-
mano (Becker, 1983) también está presente al no congeniar con la idea de
tener un mayor número de hijos como era la costumbre en décadas ante-
riores. Asimismo, el tener entre tres y cuatro hijos demuestra que las pro-
fesionistas sí comulgaban con la idea de tener una vida en pareja estable.
Situación diferente revelan las profesionistas jefas de familia en condi-
ción de viudez, quienes agrupan 90% en edades de 25 a 34 años, la cuales
tienen uno y dos hijos. En tanto, los porcentajes de profesionistas viudas en
edades de 40 a 59 años, corresponde a las que tienen dos y tres hijos mien-
tras que, entre las edades de 50 y 54 años, 55 y 59 años se observan los
porcentajes más altos de egresadas universitarias con cuatro hijos (15.4%
y 13.8% respectivamente). Estos datos permiten suponer que el bajo nú-
mero de hijos no corresponde por fuerza a una decisión individual, sino
que su condición de viudez les impidió la procreación. En lo que respecta
al plano laboral de este grupo de profesionistas jefas de familia, es proba-
ble que la mayor preocupación se base en mantener el empleo, entre otros
aspectos, por ser la principal fuente económica y porque su ciclo vital pue-
de estar enmarcado por hijos menores de edad. Asimismo, se puede inferir
que las egresadas universitarias en condición de viudez estructuran trayec-
torias laborales continuas y pocas veces interrumpidas por periodos de
34 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

desempleo, pues en su mayoría, al ser el principal sostén de la familia, con-


sideren el derecho a recibir una pensión al momento de su jubilación que
les permita solventar sus necesidades básicas en la vejez.
Lo anterior permite establecer diferencias entre dos cohortes. La pri-
mera corresponde a las más más jóvenes, es decir entre las edades de 25 a 34
años, las cuales tienen entre uno y hasta dos hijos; es posible inferir que este
grupo de edad prioriza el ejercicio de su profesión. Del mismo modo, su
presencia en los mercados de trabajo en edades tempranas, es decir, luego
del egreso universitario, les concede mayores oportunidades en el mundo
laboral al ocuparse en actividades bajo condiciones de relativa estabilidad
laboral, es decir, que dispongan de servicios médicos, aguinaldo, vacaciones,
crédito para vivienda, entre otros. La separación puede responder a que
estas egresadas universitarias no interiorizan la vida en pareja como una
condición inmutable, sino que, al no congeniar los intereses de uno y otro en
el proyecto y estilo de vida, es posible disolver la relación en pareja. En este
contexto, el nivel educativo y la condición laboral de estas profesionistas les
otorgan una mayor autonomía e independencia económica, de tal forma que
ambos aspectos influyen en la decisión de una separación.
La segunda cohorte, de los 40 a los 59 años de edad, se caracteriza en
su mayoría por tener entre dos y hasta tres hijos. Este dato muestra que la
vida en pareja se prioriza por encima del ejercicio profesional. No obstan-
te, el nivel educativo contribuyó a su posición en determinadas actividades
remuneradas, aunque no vinculadas con su profesión. Esta premisa resulta
de considerar el impulso a la educación terciaria a partir de la década de los
años 70, cuando se presenta un incremento en la matrícula de mujeres en
las aulas universitarias (Martín Montoro y Ángel Herrera, 1988).
Es probable que un gran número de egresadas universitarias con jefa-
tura familiar no desarrollen actividades profesionales, y muchas de ellas no
ocupen puestos con toma de decisiones, en parte, por la segmentación del
mercado laboral donde distingue las ocupaciones por género. Es decir, los
hombres, en su mayoría, se encuentran en puestos mejor remunerados y
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 35

con mayor jerarquía que las mujeres. Sin embargo, las profesionistas sí
ocupan puestos con mejores condiciones en relación a sus congéneres de
menor nivel educativo.
El siguiente cuadro (5) muestra que en el rubro de jefas de familia con
nivel profesional, poco más de la mitad (57.5%) se emplea como trabaja-
dora subordinada remunerada y en menor proporción (7%) un sector tra-
baja por cuenta propia. Es importante reconocer que cerca de un tercio de
las mujeres jefas de familia con grado universitario (33%) no está ocupada.
Este último rasgo corrobora el modelo de ideología patriarcal que predo-
mina en la sociedad de Jalisco, en la cual el hombre es quien se encarga del
soporte económico, aunque no esté presente en la unidad doméstica.

Cuadro 5
Posición en la ocupación de mujeres jefas de hogar en Jalisco, por nivel profesional y
estudios diferentes al nivel profesional, 2010

Posición en la ocupación Mujeres con Mujeres con estudios


nivel profesional diferentes al nivel profesional

Total 54,796 326,716


Jefe trabajador subordinado remunerado 57.5% 40.80%
Jefe patrón 2% 2%
Jefe trabajador por su cuenta 7% 2%
Jefe trabajador no remunerado 0.5% 0.5%
Jefe no ocupado 33% 54.70%
Fuente: INEGI 2010. Censo de Población y vivienda 2010. Mujeres jefas de familia en Jalisco.

Las profesionistas jefas de familia, con frecuencia, optan por emplear-


se en actividades remuneradas con determinadas condiciones laborales
como: tener acceso a servicios médicos, crédito para vivienda, aguinaldo,
vacaciones, entre otras; aunque en muchas ocasiones no se trate de tareas
profesionales. Un estudio reciente (Navarro Becerra, 2012) muestra que
un gran porcentaje de mujeres profesionistas en la Zona Metropolitana de
Guadalajara (ZMG) desempeñan actividades que pueden no estar en rela-
ción con su formación pero les proveen seguridad social. En este sentido,
36 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

se observa un desplazamiento de la mano de obra menos calificada por


parte de la población profesional en trabajos que pueden ser repetitivos,
pero con mejores condiciones laborales respecto con la población de me-
nor escolaridad. Así, el grado universitario puede ser un insumo para colo-
carse en puestos con estas características laborales. Esto se debe, en parte,
a que los mercados de trabajo en el estado de Jalisco no requieren profe-
sionales en el mismo número que egresan los universitarios.
El porcentaje de jefas trabajadoras por su cuenta corresponde a 7%; en
contraste, quienes son patronas representan sólo 2%. Esta diferencia mues-
tra que las jefas de familia con grado universitario consideran como opción
el trabajo independiente, pero no como generadoras de empleo, sino que,
en caso de ejercer actividades relacionadas con su profesión, lo hacen por
cuenta propia. En ocasiones, esta condición puede necesitar un lugar esta-
blecido como un consultorio particular o un comercio, donde se requiere
una jornada laboral fija. Pero no es la única opción, en función de la carre-
ra de egreso pueden prestar servicios profesionales donde los contactos y
su calidad pueden proveer empleo a las egresadas, sin necesidad de un
establecimiento. Incluso, pueden tratarse de tareas profesionales pero no
relacionadas con la formación.
Las egresadas que trabajan de manera independiente conforman 9%
(2% patrona y 7% por cuenta propia). Este porcentaje puede responder a
dos aspectos: por un lado, a las pocas o precarias oportunidades laborales
que ofrecen los mercados laborales, y por otro, a la preferencia de una
actividad flexible que les permita cumplir con la atención y cuidado domés-
tico. Es relevante que el grupo de profesionistas jefas de familia que no
están ocupadas conforman 33%, en este caso es posible observar el apego
por la asignación tradicional femenina.
Se observa, en contraste, que entre las jefas de familia con estudios
diferentes al nivel profesional, 40.8% se emplea como asalariada. Quienes
laboran de manera independiente conforman 4% (2% por cuenta propia y
2% como patrón). Éste parece ser un indicio de las pocas opciones para las
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 37

jefas de familia, ya que para la actividad por cuenta propia y de patrón se


requiere, entre otros elementos, contar con capital económico y tiempo
para que el negocio se consolide. Por otro lado, sobresale que más de la
mitad (54.7%) de mujeres jefas de familia con educación distinta a la supe-
rior, no estén ocupadas. Esta situación podría explicarse a partir de las
reducidas oportunidades de empleo en el esquema asalariado o la precarie-
dad de éstos; de tal manera que al sopesar el empleo y el cuidado de la
familia, las jefas de familia opten por este último. Incluso, podrían recibir
ayuda mediante algún programa gubernamental, pensión alimenticia, me-
diante remesas o puede existir una combinación entre los elementos men-
cionados. Del mismo modo, puede ser que ingresen al comercio informal
sólo en temporadas específicas. En cualquier caso, se observa la priorización
del cuidado y la atención doméstica, aunque éste puede ser obligado ante la
precariedad laboral.
Este escenario llama la atención por los efectos de las recurrentes cri-
sis económicas, ante las cuales una de las estrategias utilizadas por parte de
las familias es el ingreso de mujeres y jóvenes a los mercados de trabajo
(Bustos Torres, 2011; Dombois, 2002; De la Garza Toledo, 2011; De
Oliveira y Ariza, 2001). En esta línea, es necesario revisar si el capital hu-
mano, entendido como la inversión en conocimientos que pueden redituar
en mejores condiciones económicas (Becker, 1983), es un insumo para las
profesionistas al momento de desarrollar una actividad económica. El si-
guiente cuadro (6) muestra que más de la mitad (51%) de las profesionistas
con jefatura familiar se ocupa en el área de servicios, en menor proporción
desempeñan actividades vinculadas con el comercio y algunas se emplean
en la industria maquiladora (10.5% y 3.9% respectivamente). Ninguna
profesionista se emplea en el sector agropecuario.
Si bien sólo se muestra el sector en el cual se emplean las jefas de fami-
lia con grado superior, es posible asumir que una proporción se ocupa en
actividades profesionales y están presentes en los diferentes sectores eco-
nómicos, incluso en el comercio. Algunas carreras favorecen el ejercicio
38 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

por cuenta propia, tal es el caso de egresadas de médico veterinario


zootecnista, quienes invierten en una veterinaria, donde proporcionan con-
sultas médicas y la comercialización de medicamentos y artículos propios
de este ramo.

Cuadro 6
Porcentaje de mujeres jefas de familia en Jalisco por sector de actividad,
por nivel profesional y estudios diferentes a nivel profesional, 2010

Sector de actividad Mujeres jefas de familia Mujeres jefas de familia con


del jefe de hogar* con nivel profesional estudios diferentes al nivel profesional

Total 54,796 326,716


Jefe ocupado en la construcción 0.7% 0.1%
Jefe ocupado en la industria
manufacturera 3.9% 8.5%
Jefe ocupado en comercio 10.5% 14.4%
Jefe ocupado en servicios 51% 29%
Jefe ocupado en sector agropecuario 0% 0.3%
Jefe ocupado en otro sector de actividad 0% 0.1%
Jefe ocupado en sector de actividad
no especificado 0.7% 0.1%
Jefe no ocupado 33.2% 47.5%
Fuente: INEGI 2010. Censo de Población y vivienda 2010. Mujeres jefas de familia en Jalisco.
*Jefa o jefe del hogar censal: Persona reconocida como tal por los residentes habituales de la vivienda
(INEGI, 2010a).

Las cifras muestran un reacomodo proporcional distinto entre las jefas


de familia que cuentan con nivel profesional y quienes presentan un nivel
distinto a éste. De tal manera que, de estas últimas, 29% se ocupa en el
sector servicios, 14.4% realiza actividades de comercio y 8.5% se emplea
en la industria manufacturera. Este dato resulta interesante dado que, a
partir de 1994 en el estado de Jalisco, el ingreso de maquiladoras, en espe-
cial las del ramo electrónico, empleaban a un gran número de mujeres en el
área de producción (Barba y Pozos, 2001). Estas maquiladoras se caracte-
rizan por los bajos salarios, pero también por prestar servicio de transpor-
te y de comedor a bajo costo. Sin duda estos factores pueden intervenir en
la decisión de las jefas de familia al momento de emplearse.
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 39

Las jefas de familia profesionistas así como quienes registran un nivel


educativo diferente tienen presencia en el sector servicios, comercio, manu-
factura y construcción. A partir de la información anterior, no es posible
dilucidar con precisión acerca de las condiciones laborales de un grupo u
otro, pues su ubicación en los sectores económicos ofrece sólo un panorama
general. No obstante, la distribución desigual, entre las profesionistas jefas
de familia y quienes cuentan con distinto nivel educativo en los sectores de la
economía, también está presente en los puestos que unas y otras ocupan.
Esta premisa es producto de la consulta de la oferta laboral en periódicos de
circulación, y la feria del empleo que organiza la Secretaría del Trabajo y
Previsión Social (STPS, 24 de octubre de 2012) en el estado de Jalisco. Los
resultados muestran que las vacantes ofertadas para las egresadas universi-
tarias se agrupan en dos rubros: 1) las que requieren una licenciatura en
específico y 2) quienes piden, entre los requisitos, el grado universitario.
Respecto al primero, las ocupaciones vinculadas a la formación, las
opciones son reducidas. Las vacantes a cubrir oscilan entre ingenieras quí-
micas, contadoras, recursos humanos, arquitectas, administración de em-
presas, educación normalista, médicas cirujanas y parteras, e ingenieras
para trabajar en maquiladoras electrónicas como técnicos en diagnóstico
(STPS, 24 de octubre de 2012; Sólo empleos del 13 al 19 de octubre de 2012;
El Informador, 19 de octubre de 2012). Cabe señalar que el número de
vacantes entre los diversos empleadores es de una hasta diez. En relación
con las ocupaciones que requieren licenciatura sin especificar cuál, se trata
de vacantes para los puestos de: inspectora de calidad, supervisora de co-
branza, ejecutivas de ventas para comercializar muebles, nana para trans-
porte escolar, entre otras. El número de empleos en estas áreas también
está en un rango de uno a diez entre los diferentes empleadores (STPS, 24
de octubre de 2012; Sólo empleos del 13 al 19 de octubre de 2012; El Infor-
mador, 19 de octubre de 2012).
Estos datos muestran en principio, la reducida oferta de trabajo para
mujeres profesionistas y en un segundo momento, se aprecia que algunas
40 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ofertas laborales, las cuales requieren licenciatura, no se tratan de activida-


des profesionales. Sin embargo, el capital humano (Becker, 1983) a través
de la inversión en educación escolar sí es un factor a considerar por parte de
los empleadores, ya sea para realizar actividades profesionales o para ocu-
par los puestos vacantes. En esta línea, las diferencias entre ocupaciones
están determinadas por la educación escolar y, a su vez, ésta determina las
condiciones de empleo (Becker, 1983; Piore, 1983). De tal manera que, con
frecuencia, el nivel universitario se relaciona con mejores oportunidades de
trabajo respecto a quienes cuentan con un grado distinto.
Esta idea se comprueba al revisar las vacantes que requieren bachille-
rato, es decir, un nivel inferior al universitario. Entre ellas se encuentran:
promotoras de crédito, cajeras, telemarketing, asesoras financieras, aseso-
ras de telefonía celular, recepcionistas, asesoras telefónicas (STPS, 24 de
octubre de 2012; Sólo empleos del 13 al 19 de octubre de 2012; El Informa-
dor, 19 de octubre de 2012). Sobresale que el número de empleos ofertados
oscila entre 30 y 150 entre los diferentes empleadores. Este dato pone de
relieve el constreñido número de opciones para el empleo profesional. Ante
esta situación, existe una tendencia de las egresadas universitarias a ocupar
puestos en actividades no profesionales.
Las pocas oportunidades de trabajo donde se requiere el grado supe-
rior muestran que los puestos a ocupar se ubican en rangos con mejores
condiciones laborales en relación con los de menor nivel educativo. En esta
línea, también se comprueba que, si bien es cierto que las mujeres se em-
plean en el sector servicios, en actividades de comercio y en la industria
maquiladora, también es cierto que las profesionistas son las más benefi-
ciadas (por tener mejores condiciones laborales) frente a quienes cuentan
con menor nivel educativo, ya sea desempeñando actividades profesionales
o no vinculadas a su profesión. Esto sucede tanto en el esquema asalariado
como en el independiente.
Las jefas de familia con menor grado de escolaridad se enfrentan a un
mercado laboral que ofrece pocas oportunidades de empleo asalariado y en
MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 41

muchas ocasiones, con el signo de la precariedad. Mientras, en el esquema


independiente, algunas se emplean en el comercio: vendiendo cena, ha-
ciendo el aseo o dedicándose a la prostitución (esta última actividad ha
mostrado un incremento en los últimos tiempos).4 Estas actividades ade-
más de mostrar inestabilidad en cuanto a la percepción de ingresos, que-
dan fuera de la seguridad social (Bustos Torres, 2004). De manera que, en
ocasiones, las jefas de familia, recurren a apoyos de programas guberna-
mentales para complementar el ingreso familiar.
Para finalizar, las profesionistas jefas de familia muestran diferencias y
matices en el mundo laboral. Entre los aspectos que sobresalen en el ingre-
so y permanencia en el trabajo se encuentran la edad y el número de hijos.
En específico, la edad es un indicador importante en los mercados de tra-
bajo, contribuye a determinar el acceso a ocupaciones específicas y puede
ser la diferencia entre las actividades profesionales y las tareas no relacio-
nadas con la formación. En estas profesionistas jefas de familia, la edad
está ligada a la maternidad y al número de hijos con su presencia en el
ámbito laboral. La ecuación de menos edad y menos hijos produce como
resultado más oportunidades de empleo. Así lo demostraron los grupos en
los cuales las egresadas universitarias más jóvenes se encuentran en el mer-
cado laboral. En esta línea, las vacantes ofertadas se muestran a favor de
las profesionistas recién egresadas,5 las cuales suelen presentar, en su ma-
yoría, una edad entre los 25 y 29 años de edad. Esta condición de edad y
nivel profesional ayuda a las mujeres a colocarse en puestos donde las con-
diciones laborales se caracterizan por ofrecer prestaciones sociales como

4 Según la investigadora Raquel Partida (cit. en Spiller, 2012) se observa que a la par del incremento
de antros también se presenta un aumento considerable de mujeres que entraron al comercio
sexual, «en particular en los table: los ven como un trabajo informal cualquiera, una opción laboral
para mantenerse ellas y a sus hijos, porque muchas son madres solteras».
5 Esta premisa se observa al revisar la oferta laboral tanto en periódicos de circulación gratuita
como en las ferias del empleo que organiza la STPS. Al respecto, se aprecia que algunas vacantes
prefieren a recién egresadas del área de ingenierías para emplearse como técnicos en diagnóstico,
esta misma condición se observa en la carrera de Contaduría, quienes buscan a recién egresadas
para emplearse como auxiliares contables, sólo por mencionar algunos ejemplos (STPS, 24 de
octubre de 2012).
42 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

servicios médicos, guardería, aguinaldo, vacaciones, entre otras; aunque


algunas actividades no sean profesionales.
Es posible observar la incidencia del capital humano (Becker, 1983) no
sólo en la colocación de las profesionistas jóvenes en determinados puestos
laborales, sino también en la forma como perfilan su proyecto y estilo de
vida, el cual tiende a tomar rumbos no tradicionales al combinar roles no
femeninos tradicionales como el de jefatura de familia y el de profesionista.
La maternidad para las profesionistas se presenta asociada a su condición
de mujer, sin embargo, el número de hijos se ha modificado de forma pro-
porcionalmente inversa a la escolarización de las mujeres. La condición de
profesionistas les proporciona mejores elementos para desarrollar el rol de
jefas de familia, ya que además de representar un ingreso importante a la
economía familiar, representan un modelo no tradicional a seguir por los
miembros de la familia.

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MATERNIDAD Y EMPLEO DE MUJERES PROFESIONISTAS Y JEFAS DE FAMILIA EN JALISCO 47

La marentalidad: estudio comparativo de redes


de apoyo social y estilos de crianza
en madres solteras y casadas

Tanya Elizabeth Méndez Luévano1


Orlando Reynoso Orozco2

INTRODUCCIÓN

E
l presente trabajo se centró en encontrar la relación entre las redes
de apoyo social y los estilos de crianza entre dos grupos de madres:
(a) mujeres casadas y/o con pareja y b) madres solteras y/o divor-
ciadas. De tal manera que observamos que las pautas de vinculación y la
influencia que existe acerca de la percepción del apoyo social con sus redes
más cercanas tanto de las madres solteras y casadas con su familia de origen
son totalmente diferentes, confirmando de ésta manera nuestra hipótesis de
que existen diferencias entre los estilos de crianza y las redes de apoyo en
ambos grupos de madres. Identificamos, por otra parte, elementos que in-
tervienen en las dificultades de comunicación y en la carencia de flexibilidad
que se espera adopten en los roles y funciones familiares ejercidos por estás
madres. De manera constante en la mayoría de las madres que participaron,
se observaron sentimientos negativos, frustraciones y el aislamiento social,
con diferentes matices y necesidades, en los que se encuentran presentes en
el entorno familiar. Sin embargo en las madres solteras, sobresale que las
pautas vinculares con su familia son de particular importancia, además de
los sentimientos de abandono emocional y afectivo, así como su estado civil
como divorciadas o separadas, debido probablemente a que en el plano del
1 Tanya Elizabeth Méndez Luévano. Maestra en Terapia Familiar. Profesora de Tiempo Completo
del Departamento de Historia de la Universidad de Guadalajara, [email protected]
2 Orlando Reynoso Orozco. Maestro en Ciencias. Profesor de Tiempo Completo del Departamen-
to de Comunicación y Psicología Universidad de Guadalajara, [email protected]

[47]
48 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

reconocimiento social aún prevalece la idea de familia nuclear y la marenta-


lidad, mientras que en las madres casadas la necesidad afectiva se ve mani-
festada con mayor intensidad. En los estilos de crianza observamos que las
madres solteras generan expectativas inapropiadas con sus hijos, siempre y
cuando el apoyo social positivo hacía ellas esté ausente, a diferencia de las
madres casadas, donde éstas generan una menor empatía con sus hijos. En
ambos grupos de madres resalta la situación del valor al castigo físico en los
estilos de crianza y el moldeamiento de la conducta. Finalmente discutire-
mos brevemente acerca de las posturas que enfrentan las madres entre su
intimidad y la crianza de sus hijos. En este sentido, uno de los componentes
esenciales para comprender el desarrollo psicológico y social de los niños,
se centra en conocer, en primer lugar, su nivel de socialización y en segun-
do, conocer la naturaleza de las redes de apoyo social con los que cuentan
los progenitores y de cómo funcionan e interaccionan para la resolución de
los problemas relacionados con la crianza.
En la sociedad actual, se han producido profundos cambios que
impactan en el tejido social y por lo tanto al núcleo fundamental de ésta: la
familia. Es precisamente el contorno familiar el que determina a una perso-
na: ahí se nace, se crece, se vive y se conforma la identidad del individuo,
mediante las pautas de interacción interpersonal. La familia es considerada
la primera institución de intercambio para el espacio educativo y constitu-
ye un ámbito de socialización y de desarrollo (Bordieu, 1997). Ahí se reci-
ben los primeros contactos e intercambios sociales, psicológicos, ideológicos
y afectivos, siendo esta instancia donde se privilegia la protección de la vida
y seguridad de sus miembros; donde comienza la vida social y se construye
la historia y la intimidad: un espacio en donde se adquieren los rasgos de
identidad, confianza y/o desconfianza en sí mismo y en los demás; donde
también se aprenden y se aprehenden las tradiciones, los hábitos y valores
de cada espacio familiar. Actúa como un centro de intimidad y apertura,
pero también de desencuentros con el otro, es decir, un encuentro consigo
mismo/a y los que le rodean, para su desarrollo social.
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 49

Algunos de los factores que más han influido en la transformación de la


estructura familiar se relacionan directamente con la situación social, eco-
nómica e ideológica:

la familia contemporánea se ha encogido y replegado sobre ella misma. Habiendo


dejado de ser un lugar de producción, ya no es más que un motivo para el consumo.
La familia ya no asegura las funciones de asistencia de la que en otros tiempos se
encargaba. Las funciones que conserva, como la socialización de los hijos, son
compartidas por otras instituciones, como las estancias infantiles, escuelas,
guarderías o institutos. En esta representación, la célula familiar parece débil, la
familia ha extendido su función a la diversidad existente fuera de ella (Parkin,
2007).

Si aceptamos la premisa de que la familia es un fenómeno social, cultu-


ral e históricamente específico, entonces difícilmente se puede sostener la
universalidad de la familia nuclear a pesar de su preponderancia. Desde las
teorías feministas se ha cuestionado la universalidad de la familia nuclear y
al mismo tiempo, se ha señalado la importancia del contexto, es decir, de
las estructuras sociales, políticas, económicas y de cómo éstas han influido
en el desarrollo de la familia y viceversa. Respecto a la variación dada en la
familia, se ha mencionado que «(…) la familia tiene una disposición carac-
terística de una época y cultura concretas. Adopta aspectos nuevos en rela-
ción con determinados cambios» (Caparrós, 1973). Hay que señalar que
estos cambios no son lineales, ni tampoco iguales en las distintas regiones
y sectores de las sociedades.
Las principales funciones de la familia nuclear vista desde el enfoque
funcionalista son económicas, sexuales, reproductoras, socializadoras y
educativas. El ejercicio de estas funciones se lleva a cabo mediante la divi-
sión sexual del trabajo, basada fundamentalmente en las diferencias bioló-
gicas entre hombres y mujeres (Christensen, 1964). Aunque también se
señala la importancia de la transmisión de los valores dominantes. El hom-
50 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

bre ejerce la función instrumental (hablando desde un modelo y función


tradicional) es el encargado de proveer a la familia para su bienestar eco-
nómico, es el protector y el que más contacto tiene con el mundo exterior
(Bales & Slater, 1955). La mujer sigue teniendo un rol «expresivo», en
donde se ocupa de cuidar a las hijas/hijos y de proporcionar bienestar emo-
cional y psicológico a toda la familia. Su espacio es el hogar, no el exterior.
Si se parte de estas premisas, se deduce que todas las formas de organiza-
ción familiar distintas a esta estructura, se consideraran desviaciones y, por
lo tanto, negativas para el conjunto de la sociedad.
Desde el punto de vista del funcionalismo estructural más ortodoxo,
las familias monomarentales o monoparentales son ignoradas o son una
desviación de la esperada funcionalidad nuclear, implicando desde esta
postura, una desorganización familiar negativa para sus miembros y para
la sociedad en general (Morcillo, 2002). Las familias monoparentales o
monomarentales son aquellas compuestas por un sólo miembro de la pare-
ja progenitora (varón o mujer), en donde se puede observar que de forma
prolongada se produce una pérdida del contacto afectivo y lúdico de los
hijos no emancipados con uno de los padres (Macklin & Rubin, 1983). En
algunos estudios, por ejemplo, con respecto a las estructuras de la familia,
se argumenta que ser la única progenitora de un hogar constituye una des-
agradable realidad para muchas mujeres, un gratificante modo de vida para
una cantidad creciente de madres y una decisión deliberada para algunas
más (Walters, Carter, Papp & Silverstein, 1996). A partir de lo menciona-
do por los estudios estructuralistas, pareciera entones que si las estructu-
ras familiares no se conforman como la dominante, serán infligidas de
distintas maneras, tanto por leyes, como ha sido el caso de madres solteras,
homosexuales y lesbianas o transgénero, ya sea por su estatus de estigma
social y/o por la falta de apoyo socio-cultural que conlleva en consecuencia
diferentes formas de rechazo.
La conceptualización de la «monomarentalidad» como realidad
terminológica y social ha sido un fenómeno reciente –como término
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 51

«monoparentalidad-monomarentalidad» importado del francés o como


aproximación a la «expresión anglosajona «one-parent family» de hace es-
casamente veinte años– las llamadas familias monoparentales en las que
está al frente una mujer, ahora son designadas con el término de familias
monomarentales. En el caso de «marentalidad», término utilizado por
Barudy entre otros, apunta al conjunto de competencias que fomenten el
bienestar y cuidados entregados a la hija/hijo, dentro de un clima de ternu-
ra activa, atento y continuado, por las madres (Barudy, 2000). Este con-
cepto es congruente y se adecua a la realidad: un altísimo porcentaje de la
crianza de las hijas/hijos desde hace muchos siglos, se encuentra en manos
de las mujeres. Lo grave es, como muchas cosas en relación a las mujeres,
es que sigue existiendo un atraso social para comprender y aceptar lo evi-
dente.
En el caso de las familias monomarentales, las definiciones al uso con-
gelan una realidad que se desconoce, entre otros muchos aspectos: a) las
situaciones que las han originado, b) el tipo de organización doméstica que
adoptan y los roles particulares que asumen sus miembros, c) los potencia-
les integrantes del hogar entendido como un espacio privado de la familia
monomarental, d) la duración o cronología de los trayectos monomarentales,
e) los estilos de crianza que se dan en las pautas de las dinámicas familiares
y finalmente f) la estructura de la identidad de las hijas/hijos criados en
familias monomarentales con madres como jefas de familia fundamental-
mente (Barrón-López, 2009).
De tal manera que los estilos de crianza son clave para el proceso de
socialización de las hijas/hijos, ya que a éste no sólo le corresponde el tras-
paso y apropiación de la cultura y las formas de relacionarse en un deter-
minado entorno social, sino que es el punto de partida para el desarrollo de
un sentido de identidad familiar e individual. Estos estilos son el conjunto
de saberes y supuestos ideológicos que modelan la acción de los sujetos a
nivel de «socialización primaria», cuya realización queda normalmente a
cargo de las familias. Pueden ser las distintas maneras en que las madres y
52 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

los padres orientan la conducta de sus hijas/hijos, incluyendo las reaccio-


nes que presentan cuando éstos últimos transgreden las normas familiares
y sociales. Se puede referir también al entrenamiento y formación de los
infantes por las madres, padres o cuidadores, o por otra parte, como los
conocimientos, actitudes y creencias que las madres y padres asumen en
relación con la salud, la nutrición, la importancia de los ambientes físico y
social y las oportunidades de aprendizaje de sus hijas/hijos en el hogar
(Barudy & Dantagnan, 2006). La crianza del ser humano constituye la pri-
mera historia de amor sobre la que se edifica en gran parte la identidad y se
construye el ser social.
Los estilos de crianza presentan variaciones dependiendo del grado de
control y afecto entregado. A partir de la descripción que se retoma para
esta investigación los estilos educativos, los podemos establecer en cuatro
grandes modalidades de crianza: expectativas inapropiadas, falta de empatía,
valora el castigo e inversión de roles. En las expectativas inapropiadas, los
padres y madres pretenden que las hijas/hijos: «aprendan a hablar antes
del año de edad» o que atiendan las exigencias independientemente de la
edad con la que cuenten. La falta de empatía es la inexistente relación ante
las necesidades y sentimientos de la niña/niño, «deben ser forzados a res-
petar la autoridad de sus padres». El castigo físico, los padres o madres
controlan el comportamiento del infante creyendo que de esta manera es
como aprenderán «el castigo es la única vía de aprendizaje». La inversión
de roles, se caracteriza porque los padres y madres esperan que la niña/
niño les puedan dar consuelo y cuidados (Solís-Cámara & Bavolek, 1995).
Sin lugar a dudas cuando la familia rompe con una estructura tradicionalis-
ta cambia el estilo de crianza: ahora la ideología que pesa a partir de la
ausencia física de uno de los cónyuges, es de quien se queda a cargo de la
crianza. Si la madre asume la responsabilidad, comienza un estilo de crian-
za determinado por el género, es decir, matrifocal, dado que las ideas de
una mujer cabeza de familia son las que determinan la educación de sus
hijos. Estas modificaciones ponen en riesgo la estructura familiar tradicio-
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 53

nal con sus consecuencias a nivel social, provocando la necesidad de


replantearla.
Desde hace algunos años se ha desarrollado un gran interés por estu-
dios relacionados con el apoyo social, las redes de apoyo y los recursos del
entorno, por mencionar algunos. Estos términos principalmente destacan
los recursos que se le proporcionan al individuo desde centros institucionales
(prestación de servicios, instalaciones comunitarias, prestaciones econó-
micas, etc.), como a los que surgen de las relaciones comunitarias (amigos,
vecinos, familiares, etc.) en las que básicamente se encuentra centrada esta
investigación. La red social se define como el mecanismo de supervivencia
que tenemos las personas y que puede incidir negativa o positivamente en
la dinámica de las mismas. Entre las funciones que cumplen los intercam-
bios de la red social destacan tres: la provisión de apoyo emocional, mate-
rial e informacional (Barrón-López, 1996). Función de apoyo emocional,
hace referencia a la disponibilidad del diálogo, incluye aquellas conductas
que fomentan los sentimientos de bienestar afectivo y que provocan que el
sujeto no se sienta aislado de la sociedad y sí: querido, amado, respetado,
reconocido y que sepa que tiene personas a su alrededor. La función de
apoyo material o instrumental se define como acciones o materiales pro-
porcionados por otras personas y que sirven para resolver problemas prác-
ticos y/o facilitan la realización de tareas cotidianas: ayudar a las tareas
domésticas, cuidar niños, prestar dinero, etcétera. La función del apoyo
informacional se refiere al proceso a través del cual las personas reciben
consejo o guía relevante que colabore a comprender el mundo y/o ajustar-
se a los cambios que existen en él (Barrón-López, 1996).
Es necesario destacar que el entorno familiar influye en el desarrollo
psicológico y social del niño, así como en el entendimiento, por parte de los
padres, de las características y particularidades de la edad en la que se
encuentran los infantes (Musitu, Buelva, & Cava, 2001). Discutir sobre los
estilos de crianza marentales en la perspectiva del buen trato, es entender
el proceso que conlleva el desarrollo socio-afectivo del infante, durante los
54 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

primeros años de vida, debido a que los estilos de crianza son considerados
como un período único en el proceso de desarrollo humano, en donde los
padres asumen una importancia capital. Mientras que los padres guían a
sus hijos desde una dependencia total hasta las primeras etapas de autono-
mía, sus estilos de crianza pueden tener efectos, tanto inmediatos como
duraderos, en el funcionamiento donde interactúan los niños, en áreas que
van desde el desarrollo social, como el juego entre pares y el desempeño
académico, entre otros.
Los tipos de familia que se retoman en este estudio son la familia nuclear
y la familia monomarental, haciendo énfasis en la composición estructural,
en los estilos de crianza, en los aspectos socioeconómicos y culturales de la
región, que van conformando los diferentes estilos y prácticas que cada fa-
milia en particular va asumiendo en la práctica cotidiana. Para la constitu-
ción de los estilos de crianza se tomó en consideración a las familias que
tienen su estructura y funcionalidad asignada tradicionalmente, es decir,
aquellas familias en las que prevalece el padre para comparar los estilos de
maternaje en las familias en donde el hombre no está presente. Los objetivos
del presente estudio se refieren al entendimiento de la articulación que exis-
te entre las pautas familiares y los estilos de crianza desde una perspectiva
psicosocial. Por otro lado, es necesario no abstraernos de uno de los fenó-
menos más importantes de la condición humana: la intimidad.

MÉTODO

Participantes
Como primera estrategia metodológica para conseguir participantes en la
investigación se buscó el apoyo de instituciones a las cuáles acudieran mu-
jeres que requirieran orientación y ayuda para participar en la muestra
(Instituto de la Mujer Jamay, Unidad de Atención a la Violencia Intrafamiliar
de Ocotlán y DIF Ocotlán, La Barca). Se extendió la invitación, con el apo-
yo de Radio Universidad de Guadalajara en el programa de divulgación
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 55

«El Quicio», a todas las madres que quisieran participar en el estudio, así
como a estudiantes universitarios que conocieran mujeres interesadas en
colaborar en la investigación. Se logró conseguir la participación de 54
mujeres, 25 casadas y 29 solteras.

Instrumentos y materiales
Se utilizó la entrevista a profundidad con el grupo: a) madres casadas y b)
madres solteras. Se localizaron las diferencias y contradicciones entre los
estilos de crianza, para conocer si la red de apoyo con la que cuentan influ-
ye en la formación de las hijas/hijos.
El Inventario de Paternidad para Adolescentes y Adultos (IPAA) y por
último el cuestionario de apoyo social (MOS).

Procedimientos
Las entrevistas, la aplicación del inventario (IPAA) y el cuestionario (MOS)
se llevaron a cabo en las instituciones mencionadas así como en los hogares
de las entrevistadas.

Resultados
La media de la edad de las 54 participantes en este estudio fue de 21 a 30
años (véase Figura 1)
Figura 1
Edad
51-60 61 en adelante
4%
8% 31-40
15-20 36%
12%

41-50
16%
21-30
24%

Fuente: De elaboración propia.


56 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

La mayoría de las participantes pertenecen al estrato social llamado


clase media baja –6,000 pesos al mes, aproximadamente–, con una escola-
ridad que apenas alcanza el nivel elemental (véase Figura 2).

Figura 2
Escolaridad
Preparatoria
Licenciatura
4%
4%
Primaria
Secundaria 40%
24%

Otra
28%

Fuente: De elaboración propia.

En el análisis de correlación entre el grupo de madres casadas (n=25)


de las dimensiones del Inventario de Paternidad para Adolescentes y Adul-
tos y las variables del cuestionario MOS de apoyo social, encontramos que
la dimensión A de expectativas inapropiadas esta correlacionada significa-
tivamente con la dimensión C de valor de castigo (.662), mientras que la
dimensión B de falta de empatía esta significativamente correlacionada con
la dimensión C de valor de castigo (.509). Por otra parte, en los resultados
del análisis de correlación del cuestionario MOS la variable instrumental
esta correlacionada significativamente con la variable emocional (.849),
con la variable social positiva (.801) y con la variable afectivo (.621). Los
resultados del análisis de correlación entre el Inventario de Paternidad para
adolescentes y adultos IPAA respecto del cuestionario MOS en madres ca-
sadas, la dimensión falta de empatía está correlacionada negativamente con
la variable afectivo (-.420).
En el análisis de correlación entre el grupo de madres solteras (n=29)
de las dimensiones del Inventario de Paternidad para Adolescentes y Adul-
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 57

tos y las variables del cuestionario MOS de apoyo social, encontramos que
la dimensión de expectativas inapropiadas está significativamente
correlacionada con la dimensión de falta de empatía (.750), con la dimen-
sión valor de castigo (.750) y con la dimensión inversión de roles (.541). El
análisis de correlación del cuestionario MOS de apoyo social en mujeres
solteras, únicamente la variable social positiva está correlacionada
significativamente con la variable emocional (.682). Los resultados del aná-
lisis de correlación entre el Inventario de Paternidad para adolescentes y
adultos IPAA respecto del cuestionario MOS en madres solteras, se encon-
tró que la dimensión de expectativas inapropiadas esta correlacionada con
la variable emocional (.378), la dimensión valor de castigo esta
correlacionada con la variable emocional (.427), y la dimensión inversión
de roles está correlacionada con la variable emocional (.401).

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Uno de los aspectos que se han encontrado en la investigación acerca de


los estilos de crianza es que pueden llegar a ser influidos tanto positiva
como negativamente por el contexto en donde se han desarrollado las ma-
dres. Las pautas de relación con su familia de origen, la relación con su
pareja y la socialización que mantengan en su familia, trabajo e incluso
amigos son factores determinantes para la creación de la relación con sus
hijas/hijos. La identificación de las causas que pudieran generar incompe-
tencia en la relación con ellas y ellos tiene que ver en gran medida con la
revelación de sus historias personales, familiares y sociales, que en la ma-
yoría de los casos fueron de maltrato infantil, de medidas de protección
inadecuadas o inexistentes, con poca o demasiada institucionalización, de
pérdidas y rupturas vividas, en algunos casos con antecedentes de enfer-
medades mentales de uno o de los dos padres y en la mayoría de éstas
mujeres de pobreza y exclusión social.
58 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Cuando se logran identificar estos aspectos se pueden entender las con-


secuencias y repercusiones de las insuficiencias marentales en las niñas/
niños, lo que a menudo ha sido conceptualizado como el dolor invisible de
la infancia (Barudy, 2000). Tales daños que pueden llegar a sufrir son: tras-
tornos de apego, estrés traumático de evolución crónica, traumatismos se-
veros así como la alteración de los procesos resilientes y de la socialización
(situación que para algunas madres resulta difícil). Por otra parte, si los
niños no reciben protección oportuna y adecuada para reparar estos daños
pueden existir en la adolescencia conductas de riesgo o vulnerables y que
por lo tanto el sufrimiento pueda expresarse mediante comportamientos
violentos, abusos, delincuencia, embarazos no deseados, uso de drogas y/o
alcohol entre otros aspectos.
El hecho de encontrar que en las madres casadas las dimensiones del
Inventario de Paternidad IPAA de expectativas inapropiada está relacionada
con el valor de castigo y que la falta de empatía lo ésta con el valor de
castigo, lo que está reflejando que las prácticas de crianza que utilizan las
madres casadas se relacionan con estilos de crianza inadecuados, sobre
todo si las hijas/hijos presentan problemas de conducta, de tal manera que
ellas suelen utilizar el castigo para que «aprendan a respetarlas», de tal
manera que el afecto negativo, los castigos físicos (inclusive los no físicos),
el control autoritario y poner un mayor énfasis en los logros personales,
son indicadores y pautas de conducta que reflejan la carencia de empatía
hacia las y los hijos. Concretamente el afecto negativo (falta de empatía), al
igual que el énfasis en el logro (expectativas inapropiadas) y algunos pro-
blemas sociales por parte de los cuidadores, generan factores de riesgo que
prevén una conducta agresiva, problemas de atención y de comportamien-
to del infante como respuesta al control autoritario (valor del castigo, falta
de empatía) y además pueden ser un factor predice síntomas de ansiedad y
depresión. En el cuestionario MOS de las madres casadas encontramos una
relación entre el apoyo emocional, el apoyo instrumental y el social positi-
vo. Estos resultados están reflejando que cuando existen cambios en las
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 59

interacciones de las redes de apoyo se presenta un desajuste emocional en


las madres casadas, como lo puede ser el grado de satisfacción experimen-
tado y el enfrentamiento de los conflictos cotidianos.
En lo que concierne a la relación encontrada entre las expectativas
inapropiadas y apoyo el instrumental, podemos deducir que mientras más
expectativas inapropiadas muestren hacia sus hijos el apoyo instrumental
que perciben de su pareja resulta ser menor. Un apoyo con efecto negativo
en las madres casadas pueden ser provocados por ciertos eventos vitales,
tales como las situaciones de desabasto o problemas económicos. Esta pro-
blemática puede incidir en que aquellas madres que no obtengan el apoyo
emocional y material que necesitan de una red social que les sirva de sopor-
te en el día a día, reflejan una menor satisfacción con su rol materno, sos-
tendrá relaciones fracturadas y en definitiva peores condiciones de
desarrollo con sus hijos (Cotterell, 1996). Se puede entender que los esti-
los marentales se encuentran relacionados con el entorno caracterizado
por el apoyo, el afecto y la comunicación de la madre con su grupo de
apoyo más cercano. Cuando las madres sienten el soporte de otras perso-
nas pueden redefinir situaciones de estrés con menor amenaza. De ahí, que
si los recursos aportados son emocional e instrumentalmente significati-
vos, la madre se percibe fuerte o menos vulnerable ante la capacidad de
hacer frente a su función marental.
En el caso de los resultados analizados en las madres solteras del In-
ventario de Paternidad IPAA, observamos que las expectativas inapropiadas
están relacionados con la falta de empatía, el valor de castigo y la inversión
de roles. Lo que esta reflejando que los estilos de crianza en las madres
solteras se tiende a maltratar físicamente a sus hijos, principalmente por-
que tienen expectativas poco realistas acerca del desarrollo de niña/niño.
Algunas investigaciones recalcan que estas madres suelen responder con
mayor irritación y fastidio ante los estados de ánimo y el comportamiento
de sus hijos, suelen apoyarlos menos, son poco cariñosas, no juegan con
ellos, desatienden sus demandas, son más dominantes y hostiles (Solís-Cá-
60 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

mara & Bavolek, 1995). En el cuestionario MOS en madres solteras obser-


vamos que el apoyo emocional está relacionado con el apoyo social positi-
vo, mientras que el apoyo social positivo lo está con el apoyo afectivo.
Estos resultados pueden reflejar que las dificultades que enfrentan las mu-
jeres durante y después de su ruptura conyugal o de pareja, son factores
generadores de estrés y de problemas emocionales o de salud (depresión,
angustia o miedo). La necesidad de mejorar su apoyo social para poder
enfrentar los problemas generados por la ruptura, la crianza, la situación
económica y de emancipación de su familia, son primordiales para hacer
frente a las dificultades emocionales, afectivas y psicológicas. En principio,
la relación que observamos entre las expectativas inapropiadas y el apoyo
emocional, sugiere que las madres solteras que más expectativas inapro-
piadas tienen hacia sus hijos presentan a su vez una mayor necesidad de
apoyo emocional dentro de su red, es decir que las madres que al no recibir
apoyo emocional tienden a tener expectativas mayores hacia los hijos. Este
resultado conduce a la idea de que las circunstancias con un efecto
moldeador sobre las ideas de las madres están relacionadas con su propia
educación cuando niñas (Ainsworth & Eichberg, 1991). Asimismo, nos re-
mite a la consideración de que las pautas presentadas por las madres expo-
nen sus carencias de comprensión, experimentadas en la infancia, situación
que puede marcar la vida.
En base a estos resultados fue notoria la prevalencia del estatus marital
y la postura en relación a los estereotipos de género con las madres solte-
ras, existe una diferencia en el apoyo social hacia las madres casadas y las
condiciones para otorgarlo a las madres solteras. Las jefas de familia
remarcan una necesidad en percibir sin condicionantes el apoyo tanto emo-
cional como afectivo para el logro de una interacción social positiva. En
función de los objetivos propuestos y del proceso teórico y metodológico
seguido en el presente trabajo de investigación y tras el análisis de los re-
sultados obtenidos, se pueden establecer las siguientes conclusiones:
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 61

1. Las pautas de vinculación de las madres solteras y casadas con su fami-


lia de origen confirman que existe una significativa diferencia entre los
estilos de crianza, así como, de la influencia en ambas familias acerca
de la percepción del apoyo social con sus redes más cercanas para los
estilos de crianza. Las relaciones de poder que se establecen siguen
siendo con el predominio de los varones.
2. Durante el proceso de investigación se observó que las madres solte-
ras, a diferencia de las madres casadas, no jugaron un rol reconocido
dentro de su familia, aunque muchas siguen viviendo en la casa mater-
na. Las madres solteras no han deseado «abiertamente» vivir solas con
sus hijas/hijos, por lo tanto, la permanencia con su familia de origen
les crea la idea de que serán protegidas, reconocidas y ayudadas en la
crianza de sus hijos. Las madres solteras aparecen como hijas de fami-
lia bajo la tutela del padre principalmente, por el poder centrado en la
masculinidad. El padre es, por lo general, quien establece reglas, las
hace obedecer, toma las decisiones y administra todos los ingresos eco-
nómicos, incluyendo los que aportan las madres solteras. Esto trae como
consecuencia que estas mujeres no ejerzan poder ante su descendencia
y aparezcan como hermanas de su progenie. Por otro lado, las hijas/
hijos de las madres solteras están dentro de una dinámica basada en la
diferenciación de géneros, lo cual implica que en un futuro los niños
comiencen a ser preparados para ejercer poder y las niñas para obede-
cer. En las familias de madres solteras que no han logrado emancipar-
se, los hombres tienen mayor autoridad que las mujeres y éstas dudan
de su capacidad para controlar a sus hijas/hijos por sí solas. Cuando
estás madres requieren de apoyo familiar, se reveló una marcada dife-
rencia entre géneros, puesto que las hermanas de las madres solteras
apoyan a éstas en el cuidado de los hijos e hijas, en el cuidado de algu-
no de los miembros cuando está enfermo, y en la realización de las
tareas domésticas; mientras que los hermanos ayudan con aportacio-
nes económicas en casos necesarios o bien, apoyan moralmente a la
62 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

madre soltera para obtener el respeto social. Los conflictos más fre-
cuentes dentro del seno familiar de las madres solteras son al no contar
con un apoyo en el proceso educativo de los hijos e hijas. La encrucija-
da por la que pasan estás mujeres es la constante descalificación que
las hace pagar con trabajo dentro y fuera del hogar, haciendo deberes
de ama de casa sin voz, por el apoyo de tenerlas bajo resguardo junto a
sus hijas/hijos; aun así, no aceptan que cuentan con habilidades que
culturalmente han sido reconocidas solamente del género masculino:
la independencia, la educación, el derecho a tener pareja y vida social.
La capacidad de adaptación de las madres solteras «jefas de familia»
con respecto a la crianza de sus hijos depende de cómo se sienten apo-
yadas por su familia en las decisiones.
3. La intimidad de estas personas se encuentra totalmente trastocada: las
agresiones verbales, silenciosas; las recriminaciones por el fracaso en
la relación de pareja que siempre conducen a juzgar y condenar a la
mujer. La segregación social es otro de los efectos que inciden funda-
mentalmente en la estabilidad emocional de la mujer. La carga emo-
cional y económica de la manutención de ese núcleo familiar fracturado
es otra de las formas. Otro de los efectos se da ante la carencia de un
espacio propio que golpea directamente la intimidad.
4. En ambas familias existe una diferencia notable en las redes de apoyo
que les son más significativas, mientras que para las madres solteras la
necesidad estriba en ser aceptadas socialmente, en las madres casadas
su necesidad afectiva es manifestada con un mayor deseo de acepta-
ción que, en algunos casos, se encuentra aparejada a la sumisión.
5. Las diferencias más significativas en cuanto a la marentalidad son en el
caso de las madres solteras (familias monomarentales) la tendencia a
crear expectativas inapropiadas con sus hijos si no existe apoyo social
positivo. A través de la literatura revisada podemos evidenciar que, si
una madre carece de apoyo social o ayuda para sobrevivir de forma
adecuada y experimenta un déficit afectivo, esto se puede traducir en
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 63

diferentes formas de carencias a nivel biopsicosocial, es decir, están


propensas a padecer enfermedades físicas, debido a la manera inade-
cuada de percibir las frustraciones o problemas planteándolos como
fracasos personales y/o profesionales, así como apreciar las roturas de
parejas o amistades, como si fueran merecedoras de lo que sucede por
estar solas. Por otro lado en pocas ocasiones los padres reconocen
haberse equivocado o haber implementado un castigo inadecuado a
sus hijos (Barudy, 2005).

Así que no es de extrañarse que esta postura haya sido aprendida desde
su familia de origen. ¿Qué lleva a una madre a no ser empática con sus
hijas/hijos? Por lo que se pudo observar, esa cadena de pautas con poco
reconocimiento, es un aspecto de invaluable importancia hacia, no sólo
estás mujeres y su quehacer en la vida, sino a su propia identidad e intimi-
dad. Las posibilidades de contar con una red de apoyo se van trastocando,
cerrando así para muchas la oportunidad de mirarse distintas. Sobre la
base de la teoría del apego, podemos mencionar que si una madre no expe-
rimentó en su infancia un ambiente cálido, íntimo y careció de una relación
continua y de reciprocidad con su madre, en donde ambas encontraran
satisfacción y disfrute por las cosas, es menos probable que ellas pudieran
desarrollar una mentalidad sana hacia sus hijas/hijos, al igual que para ellas
será mucho más complicado pedir apoyo afectivo (Bowlby, 1951).
A su vez es probable que a estas mujeres les sea complicado pedir y
brindar afecto de manera clara debido a que, a lo largo de su vida, no fue
manifestado visiblemente y las hará percibirse con un alto nivel de caren-
cias emocionales correlacionado como se describe en las tablas anteriores,
a valorar el castigo físico. Estás madres menos empáticas y con carencias
afectivas, puede justificar que la educación que dan a sus hijos es la ade-
cuada ya que funcionó con ellas. Ahora bien, es importante destacar, que lo
que presentan las madres casadas al percibir de manera incorrecta las ha-
bilidades y destrezas de sus hijas/hijos, y demandarles una madurez pre-
64 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

matura, puede ser un reflejo de las exigencias realizadas a ellas mismas y


cómo es vivida la incomprensión de la pareja.
En el rotundo olvido y la incapacidad de considerar su individualidad en
la cotidianidad de su vida ha quedado nulificada. La educación tradicional
sigue considerando que el rol fundamental de la mujer es ser madre y esposa
y desaparece de esta manera cualquier otra función y posibilidad, dejando así
con pocas opciones a una gran mayoría de mujeres en este país. Las expecta-
tivas inapropiadas surgen de la inadecuada percepción que tienen de sí mis-
mas; así como del desconocimiento de las capacidades y necesidades de las y
los niños en cada etapa del desarrollo porque tampoco vivieron este proceso
como tal. Mucho de lo que las madres encuentran de malo en sus hijas e
hijos, son las mismas cosas por las que las madres fueron criticadas y castiga-
das cuando eran niñas. De ahí que el castigo conlleva un aura de rectitud y de
aprobación de la autoridad familiar (Curtis, 1963; Steel, 1970).
Las redes de apoyo brindadas a la mayoría de las mujeres casadas son
aportes instrumentales. Estas mujeres aprendieron a echar mano de lo que
tienen dentro de su dinámica familiar y redes de apoyo. Lo que probable-
mente las ayude a recuperarse más fácilmente por los recursos con los que
cuentan, a diferencia de a una madre soltera que tiende a retornar a su
familia de origen. Son precisamente éstas últimas, las que enfrentan la
marentalidad desproporcionadamente, porque han abandonado la idea de
ser entendidas por su red social más cercana. Esta distorsión de las habili-
dades y conductas de las y los hijos es porque esperan la sensibilidad que
les fue negada (Martin, 1985).
Las niñas y niños tienden a adoptar algunas conductas tradicionalmente
asignadas a los padres (Flanzraich & Dunsavage, 1977). Esta inversión de rol
se da cuando la madre actúa como una niña desvalida y necesitada, que ve a
su propia hija/hijo como si fuera un adulto que le brinde ese cuidado y confort
paternos (Steel, 1975). Al mismo tiempo evitan intimar ya que sus primeros
intentos en la niñez resultaron, la mayor parte de las veces, un fracaso. Esto
les sugiere que las relaciones cercanas son peligrosas y están condenadas a
LA MARENTALIDAD: ESTUDIO COMPARATIVO DE REDES DE APOYO SOCIAL 65

producir decepción y amenazas a la autoestima porque no se puede confiar en


la gente (Ackley, 1977). En gran medida, esto también se relaciona con la
maternidad y con la idealización que se hace de la misma. En la cultura
occidental la idealización de la maternidad, la ideología que exalta el tener
hijos y la premisa de que el bienestar de estos es responsabilidad exclusiva de
las madres, son mitos que atrofian el desarrollo de la mujer (Falicov, 1991).
Uno de los aspectos que aparecen en los resultados es que las madres
solteras carecen de la habilidad para ser empáticas de las necesidades de
sus hijos y de responder a esas necesidades de una manera apropiada y
llegan a ignorar y despreocuparse de sus hijos o no ser capaces de entender
la condición del estado mental del niño (Rowen, 1975). Esto puede ocurrir
debido a que sus recursos internos fueron insuficientes por la falta de
estabilidad afectiva, escasez de vínculos seguros, un entorno con riesgo de
maltrato o problemas graves del desarrollo. En las redes de apoyo observa-
das en madres solteras prevaleció una fuerte necesidad de ser aceptadas
socialmente y los consiguientes problemas emocionales. El coste social que
enfrentan estás madres a quienes la historia ha convertido en personas par-
ticularmente sensibles a cualquier problema de desarraigo social, cultural
o ideológico, sufren especialmente ante la menor humillación y complica
su difícil situación. Sin el respaldo afectivo o emocional de una red de apo-
yo significativa la percepción de sí misma se verá afectada tanto en su bien-
estar psicológico, mental y relacional.
Como se ha mostrado en este estudio la transformación de la maren-
talidad requiere de una reflexión profunda de los patrones y pautas
relacionales dentro de la historia interpersonal. Esta reflexión no sólo ata-
ñe a las mujeres entrevistadas sino a la sociedad en su conjunto. La repeti-
ción de esos roles desequilibrados que reproducen formas de dominación y
que establecen una relación inadecuada, misógina, y en algunos casos en-
ferma, es algo que requiere una transformación profunda que busque la
equidad, la razón y el respeto, para evitar las lágrimas calladas de tantas y
tantas mujeres.
66 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

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mujer multifuncional y maternidad agendada1

Manuela Camus Bergareche2

INTRODUCCIÓN

E
ste capítulo se centra en la vida en los condominios cerrados de
clase media alta y alta en la ciudad-metrópolis de Guadalajara. Se
privilegian las voces de mujeres jefas de hogar. A grandes rasgos
identifico un perfil de mujer en transición entre la «madresposa» dedicada
al hogar y a la crianza de los hijos a otra «gestora» que trata de ser e
identificarse más autónoma y que se traduce en una maternidad agendada
o planificada día a día. Al mismo tiempo, combina el mandato de ser madre
con el trabajo, con el hedonismo del mundo actual y con el privilegio del
suburbio amurallado. Todo ello es parte de la puesta en escena de la con-
cepción de una familia tradicional-moderna «a la vintage». Además que
estas mujeres muestran el sello que impone la ciudad de Guadalajara por
su impronta religiosa y una intensa socialidad.3

1 La investigación «Vivir en los cotos: cotidianidad, género y violencias en Guadalajara» fue parte
del Proyecto Integral «Discursos, ideologías y prácticas sociales en las violencias contra las
mujeres» presentado por el Centro de Estudios de Género y aprobado por el Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para el periodo de agosto 2009-agosto 2010, y continúa hasta
ahora.
2 Doctora en Antropología Social. Profesora Investigadora del Centro de Estudios de Género de la
Universidad de Guadalajara, [email protected].
3 Familia, según Jelin es la «organización cuyo eje es la procreación y la socialización de las nuevas
generaciones». Incluye tres dimensiones: la reproducción biológica, la reproducción cotidiana, y
la reproducción social. Con este esquema se relaciona el ámbito microsocial de la cotidianidad
familiar con el mundo del consumo y el trabajo (cit. en Jiménez Hernández, 2010: 14).

[69]
70 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

EL MODELO DE VIDA DE LOS COTOS

Los fraccionamientos cerrados son formas de habitar la ciudad que se han


extendido por todo el globo acompañando la condición de época del proceso
de globalización y neoliberalismo desde la década de los 90 del pasado siglo.
Son el paradigma de la privatización de los espacios urbanos. En la
Guadalajara metropolitana, los fraccionamientos cerrados consisten en vi-
viendas unifamiliares de tipo nuclear que tienden a ubicarse en los suburbios
de la ciudad. Venden el sueño de la calidad de vida junto al aislamiento social
y el «contacto con la naturaleza», normalmente intervenida y domesticada,
algo que se contradice con su alta dependencia del automóvil. Estos espacios
residenciales se caracterizan por el encierro de sus pobladores tras muros
perimetrales y entradas controladas y por compartir áreas y servicios comu-
nes: seguridad, casa club, espacios deportivos y de recreo, áreas verdes. La
administración de tales áreas se instaura por un régimen en condominio en
que los vecinos deben autorganizarse y crear sus propios reglamentos, nor-
mas de convivencia, así como el establecimiento de pagos y cuotas.
Esta opción condominial, cada vez más una regla general, se justifica por
la búsqueda de seguridad que ha sido aprovechada por la especulación in-
mobiliaria y sus discursos mercadotécnicos, los cuales han logrado imponer-
se como una de las formas deseables de hábitat para las élites o clases medias.
Este comportamiento de autosegregación se relaciona con el deseo de con-
tar con ciertas certezas ante el desorden general en términos de la heteroge-
neidad social y la desorganización administrativa metropolitana, y de la
seguridad sobre sus patrimonios y personas (Duhau y Giglia, 2008). Su fór-
mula, que ha fascinado el imaginario de grandes sectores sociales, combina
seguridad y familia en comunidad. La seguridad por encima de la libertad se
ha convertido en un punto vital en la oferta a sus habitantes. Además los
habitantes de cotos de lujo comparten cánones neoconservadores y el ideal
de un espacio donde casi todo se encuentra previsto. En esta forma de hábitat
reproducen su deseada «distinción» y un estilo de vida que quisieran despe-
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 71

gado, cómodo, ajeno al resto, entre el consumo y la sociabilidad, cerca de la


ciudad pero separados. En Guadalajara, el fraccionamiento cerrado tiene
acuñada su palabra propia: «coto», que acentúa el sentido de exclusividad y
de criollismo.
Al comprar en cotos, según las urbanizadoras, se adquiere un estilo de
vida feliz, se obtiene «un espacio destinado a la tranquilidad y a la privacidad
de la vida en familia». Este ideal es además producto y producción de «co-
munidad» al concebirse como un lugar paradisíaco y ejemplar. Con todos
sus servicios y la institucionalización de sus juntas de colonos hay todo un
esfuerzo para generar, alimentar y construir un espíritu común y unas leal-
tades al orden de la «comunidad purificada» (Sennet, cit. en Arizaga, 2005:
105). La población objetivo han sido matrimonios jóvenes que recién ini-
cian ciclo familiar y buscan un espacio de seguridad y calidez para los ni-
ños, un cobijo de hiperprotección para los menores.
Los mejores voceros de esta ideología son sus habitantes, el discurso
positivo es contundente:

se vive muy bien, realmente siento que podemos irnos sin miedo, estar tranquilos, ahí todos
respetan un poco al otro. Estamos de plano en un lugar único, es un lugar bonito, verde,
tranquilo, seguro, con un club muy padre, con un centro cultural, vivimos de lujo. Tiene una
muy buena convivencia, no hay molestias generales entre las personas (empresario resi-
dente en coto de lujo).4

TRANSFORMACIONES DE GÉNERO Y FAMILIA

Después de la Revolución mexicana y en coincidencia con el proceso de


desarrollo capitalista en el país, en términos de género se produce un cre-
ciente empuje de la presencia de las mujeres en los espacios públicos y la
toma de decisiones (Cano, Vaughan y Olcott, 2009). El hombre mexicano
4 Todas las citas que sean extraídas de entrevistas y testimonios aparecerán entre comillas y en letra
cursiva.
72 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

es visto y calificado por las élites como irresponsable, violento, haragán, y


dudan que sobre esta figura pueda constituirse un futuro de desarrollo
económico. La apuesta del futuro de la nación se va a poner sobre los hijos
y sobre sus madres. La nación mexicana se construye con el ideal de un
hogar racional y una familia afectiva a cargo de una mujer que cría sujetos
sanos, leales y productivos: es un proyecto en el que Estado e Iglesia van a
coincidir. Por eso hay un largo proceso de maternización de la sociedad
mexicana desde el Estado y de «domesticación masculina», con discursos,
mensajes, ideologías, prácticas, políticas, dirigidas a ello. La educación sen-
timental va a ser afectada por las canciones, el cine, la radio, la escuela, el
deporte. Esto no se va a traducir en un cambio en las desiguales relaciones
de género patriarcales y violentas en buena parte de los hogares mexica-
nos, pero sí en su matización, más –como veremos– entre las clases medias
altas y altas.
Las familias nucleares tradicionales-modernas a que me referiré se con-
figuran, de acuerdo con Esteinou (2008), por parejas que se unen a una
edad más tardía, con un cortejo más abierto y en una elección no arreglada
del cónyuge. Son relaciones de pareja más íntimas e igualitarias que se
complementan con una autonomía respecto a la parentela y la familia más
amplia fomentándose el individualismo afectivo; suponen también que la
función de la mujer se centra en unos hijos vulnerables que requieren cui-
dado prolongado y protección, lo que implica una crianza más demandante
y unos vínculos emocionales más intensos –también de parte del padre pro-
veedor–.5 Esta fórmula de familia burguesa que florece en el siglo XIX en
Europa y Estados Unidos se llamó «matrimonio de compañerismo» por-
que las mujeres dedicadas a la crianza y al hogar empiezan a ser educadas

5 Las escuelas vocacionales posrevolucionarias favorecen la salida de las mujeres del círculo del
hogar y, de forma ambigua, promueven el trabajo por recursos económicos aunque sea desde
dentro del hogar, al mismo tiempo que una educación «para el hogar» práctica e higienizada
propia de «madres modernas»; por ejemplo con la puericultura, el deporte o trabajos manuales:
adornos, pastelería… (Schell, 2009).
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 73

en las labores domésticas: una nueva domesticidad enfocada a ser compa-


ñeras competentes de sus esposos en el capitalismo industrial.
El contexto actual en México ha sido de fuertes cambios demográficos
por el descenso enorme en la tasa global de fecundidad (entre 1974 y 2000
pasó de 6,1 a 2,4 hijos por mujer) (Esteinou, 2008: 150). El tener familias
planificadas supone mayores grados de control de la mujer sobre su cuerpo
y sus vidas y ocupar menos tiempo de crianza. Al desarrollar otras activida-
des, la intensidad del matrimonio disminuye, se da un aumento de los di-
vorcios y una creciente secularización. Esteinou se refiere a una fase
postindustrial donde se acentúan las tendencias anteriores que llevan a re-
laciones familiares más flexibles en las cuales, con las familias de doble
ingreso, las mujeres se hacen más autónomas con sus propios ingresos y
buscan felicidad y satisfacciones. Los niños, más que nunca, son el centro
del hogar y de la familia, las mujeres se especializan en su educación con
clases, deportes, terapias, entran al mercado de trabajo. La posición social
y la identidad de una persona dependen menos del matrimonio y la familia
y más del trabajo. Los padres son más afectuosos y tienen más contacto
físico con sus hijos. La familia se refuerza como espacio afectivo, de do-
mesticidad e intimidad.
Illouz complementa esto desde una perspectiva global, conecta el amor
y las emociones románticas con la cultura del capitalismo tardío y sus rela-
ciones de clase.

El amor romántico se ha convertido en un elemento íntimo e indispensable del


ideal democrático de la opulencia que acompañó el surgimiento de los mercados
masivos, con lo cual ofrece una utopía colectiva que trasciende y atraviesa todas las
divisiones sociales (2009: 18).

El orden social ha cambiado, ahora se reconoce la libertad, el


autoconocimiento, la autorrealización y la igualdad como se esperaba del
amor romántico. El «tecnocapitalismo» ha convertido el campo del amor
74 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

romántico en un campo cultural en sí mismo, en un bien de consumo. Son


estilos de vida donde se disfruta de la trascendencia de la belleza, la juven-
tud, el glamour, la fama (Illouz, 2009: 34). El tiempo libre se ocupa en
cines, restaurantes, bailes, viajes, que son parte del mercado y la mercado-
tecnia.
Se trata de una supuesta de transgresión con que se vende el consumo
del ocio y de la naturaleza y liga con la dinámica de la distinción. Es signi-
ficativo para el argumento de este texto que las clases altas sean quieren
tienen más oportunidad y posibilidades de alcanzar estas metas de amor
romántico (Illouz, 2009). Safa Barraza y Aceves Lozano (2009) coinciden
en referirse a familias mexicanas contemporáneas de clases medias altas,
las cuales pueden, por un lado, aventurarse a vivir experiencias alternativas
de familia y, por otro, permitirse hacer compatible su proyecto profesional
con el rol de ser madre desde matrimonios más igualitarios.
Para cerrar este escenario de transformación de la institución familiar,
es importante señalar la fundamental influencia de la tecnología en la pla-
nificación-intervención sobre los cuerpos reproductivos de hombres y
mujeres. También son significativas las estrategias de control reproductivo
como la píldora anticonceptiva y la actual «del día después», así como las
formas de procreación no naturales: la asistida, la clonación, las madres
sustitutas, la inseminación artificial con semen de hombres donantes. Con
ello la paternidad aparece como prescindible, pero también puede serlo la
figura de la madre y de la madre biológica. Los presuntos «valores» aban-
derados por el matrimonio y la familia «tradicional» se tambalean, al igual
que las relaciones sexuales heteronormadas y la finalidad reproductiva del
tener sexo. El sistema sexo-género y el poder del patriarcado se encuen-
tran cuestionados. ¿En qué términos se va a construir la sociedad mexicana
identificada con un orden simbólico en profunda transformación?
El planteamiento de este texto tiene que ver con estos modelos de fa-
milia y mujer que se vienen dando y construyendo en México desde el siglo
pasado. Pero, si desde la posrevolución hasta el desarrollismo moderno ya
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 75

se reflejaba un contexto de movilidad, cambio y ascenso social, ahora el


contexto es diferente y los cotos son una excelente muestra de la polariza-
ción social y la deserción de ciertos sectores sociales de un ideal de Estado
de bienestar y redistribución: por eso me refiero a procesos de neoesta-
mentalización y neocolonialismo. Por tal motivo, también me refiero a la
familia «a la vintage», acentuando esa resignificación de una puesta al día
de la familia tradicional como «lo retro», como con esta añoranza por los
tiempos pasados.
Las dimensiones ideológicas conservadoras y católicas del mensaje aso-
ciado a la vida de coto entienden la sociedad desde la jerarquía y la diferen-
cia (no desde la utopía de la igualdad ciudadana), además la interpretan a
partir de las relaciones personales y las individualidades obviando las causas
y procesos históricos de desigualdad y violencia. Les motiva una pretensión
estamental donde esperarían el reconocimiento efectivo de unos privilegios.

La vida en el coto según las mujeres


La mayoría de las entrevistas realizadas fueron con mujeres.6 Las mismas
comparten coordenadas de visión del mundo y de la sociedad, así como
ciertas características que las homogenizan. Son mujeres de entre 40 y 50
años, tienen sus viviendas en propiedad, son co-jefas de hogares de fami-
lias planificadas con unos dos hijos como norma. La planificación familiar
supone el control sobre el cuerpo y la posibilidad de un mayor disfrute de
su sexualidad dentro de un matrimonio heterosexual y monogámico. En su
momento cumplieron el ideal de esta forma de hábitat dedicada a un nú-
cleo conyugal con hijos pequeños y el futuro por delante. Ahora su ciclo
familiar es más maduro, los chicos y chicas están entrando a estudios supe-
riores en universidades privadas y ellas cuentan con mayor autonomía. Es-
tas familias tienden a ser de Guadalajara o de Jalisco en general, las foráneas
suelen ser inmigrantes ya insertas en la cotidianidad y sociabilidad tapatía.

6 Los testimonios masculinos han sido escasos y no permiten la comparación.


76 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Las diferencias surgen con las procedencias socioespaciales y cultura-


les. En los cotos conviven una gama heterogénea de sujetos de difícil clasi-
ficación, ya sea como miembros de la burguesía, académicos, empresarios,
oligarcas tradicionales, élites políticas, clases emergentes transnacionales
o arribistas diversos.

Componentes de la mujer «tradicional tapatía»


La mujer habitante de coto entrevistada se caracteriza por su condición de
madresposa 7 y de católica. Todas refuerzan el sentido de ser mujeres al
servicio de otros –algo que explicitan en sus discursos donde se represen-
tan en este marco y en el de una familia ordenada y feliz, como correspon-
de a esas «clases vitrina» que deben enfatizar su bien hacer y mostrar su
adhesión a los tiempos pasados.
Su activismo católico cristiano de fuerza histórica las permite salir al
«espacio público» en calidad de entrega a los demás con acciones sociales
y de caridad. Manifiestan un orden en el cual articulan «familia», «reli-
gión» y «clase». Estos elementos generan una matriz de sentidos que
cohesiona una sociedad jerárquica patriarcal (Camus, 2012). Se podría decir
que «la cotificación» promueve una mujer tanto sujetada como autónoma,
a quien se suma un hombre proveedor crecientemente domesticado o inte-
grado al ámbito de lo doméstico. La maternidad-paternidad se verá
reconsiderada en este proceso de adaptaciones de la familia y la vida do-
méstica en estos espacios.8 La vida en el coto prioriza los hijos protegidos
por el espacio y por la familia (en ese sentido retro o «a la vintage») y la
comunidad.

7 Marcela Lagarde desarrolla este concepto en el sentido que las mujeres viven en el ser para y de
otros; maternidad y conyugalidad son esferas vitales que «organizan y conforman los modos de
vida femeninos, independientemente de la edad, de la clase social, de la definición nacional,
religiosa o política de las mujeres» (1990: 349).
8 Cómo hombres y mujeres conciben el hecho de ser padres o madres y la educación, cuidado,
apoyo a los hijos e hijas.
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 77

Gestoras del hogar, mercantilización de la vida íntima


y maternidad agendada
Las madresposas entrevistadas se ven renovadas por la contemporaneidad,
que supone la introducción de proyectos de vida sumados al de madresposa.
La planificación familiar facilita el control, a la baja, del número de hijos y
terminar antes con el periodo de crianza, pueden disponer de más tiempo
para sí mismas: su cuerpo no sólo es reproductor, sino que pasa a conside-
rarse para/de ellas mismas. Estas mujeres trabajan, estudian, socializan,
hacen deporte, se disponen a desear y a disfrutar. Esto se potencia con el
hecho de vivir en la periferia cotificada. El nuevo estilo de vida introduce
matices que las transforman de amas de casa a gestoras del hogar, algo que
no es nuevo pero que supone un acento diferente. Al mismo tiempo, el
espacio de coto facilita su ejercicio materno: permite delegar cuidados al
espacio mismo y al vecindario.
El coto «encierra» pero también exige salir a la mujer y le da cierta
autonomía de acción-gestión que antes no tenía. La mujer administradora
de la empresa doméstica se enfrenta a una planificación estricta de la coti-
dianidad por la división de las funciones del espacio urbano actual y la
relativa lejanía y encierro del coto. Salen en vehículo varias veces al día por
todo tipo de necesidades: traídas y llevadas de los hijos, administración y
papeles de la casa, avituallamiento del hogar, cuentas de banco, actividades
múltiples: «me tengo que organizar por el tráfico, por el tiempo que gastas, la
gasolina y lo que tú quieras. Para hacer el súper tengo muy cerquita Soriana. Si
se te olvida la cebolla, ‘¡chin! se me olvidó el tomate’ ¡ay no! tienes que volver a
salir».
Como reforzaré después, lo anterior se complementa con tres aspectos.
Por un lado, estas grandes viviendas con jardín y mascotas exigen ayuda
externa. Tal estilo de vida supone «comprar» los servicios de cuidado perso-
nal y familiar con domésticas, guardias, jardineros, terapeutas o profesores
privados... a los cuales hay que dirigir, es lo denominado como «la
78 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

mercantilización de la vida íntima» (Russell Hochschild, 2008).9 Dicha


mercantilización puede llevar a delegar la educación de los hijos

siempre me ha gustado la actividad pero tenía los ‘hijos de muchacha’, no tenían una
mamá, la mamá estaba siempre trabajando igual que el papá. Luego nació un bebé prema-
turo y descubrí que los hijos necesitan una mamá y el papá necesita también como más apoyo
económico en la casa. No he dejado de trabajar al 100%, como al 70 o al 80, pero ahora estoy
más dedicada a los hijos. Tenemos 4 hijos, dos hijas y dos hijos, una de 23, uno de 20, una de
catorce y uno de diez (mujer residente en coto de lujo).

Aunque esto no es aceptado entre el común de estas mujeres tapatías.


Los cotos se convierten en un peculiar laboratorio social al darse la convi-
vencia-dependencia de dos sectores sociales polares: la «gente bien» y la
«servidumbre».
Por otro lado, la comodidad y seguridad de un coto ofrece facilidades a
la familia hacia el cuidado de los hijos, un informante se refería a que fungía
como «la nana de los hijos». Los niños son un importante pendiente menos
en muchos momentos cotidianos y durante ciertas fases del ciclo de vida
familiar. La mujer de estas clases medias altas y altas puede delegar funcio-
nes tanto al espacio del coto, como al servicio doméstico y otros especiali-
zados: clases, escuelas, clubs, profesionistas… Así ellas son libres de
disfrutar ciertas comodidades: shopping, hobbies, cuidado de su cuerpo,
deportes, empleo desde el hogar.
Y, por último, la estricta planificación cotidiana, la mercantilización de
la vida íntima y la vida en cotos residenciales remiten a una maternidad-
paternidad también «agendada». Paulo Unda (2011) entrevista a Roberto
quien expresa literalmente los extremos de este ejercicio: «me acuerdo que
mis papás se manejaban con un pizarrón donde cada quien tenía sus obli-

9 Esta autora dice que a medida que avanza el mercado «la familia deja de ser una unidad de
producción para transformarse en una unidad de consumo» (Russell Hochschild, 2008: 62). Cada
vez se delegan más funciones a la esfera mercantil, desde la comida que se compra a los cuidados
donde se contrata personal.
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 79

gaciones y horarios. Levantarme a tales horas, ir a la escuela, hacer tarea a


tales horas, salir de tales a tales horas. Yo me acuerdo que me metía a las 8,
y mi hermano más grande a las 9. Hubo un rato que sí funcionó, pero ya
más grandes nos hicimos más rebeldes» (2011: 8-9). La agenda también
tiene una dimensión de futuro respecto a los hijos, por ejemplo a qué es-
cuelas, clubs, universidades les van a destinar, para ello preparan fondos de
ahorro y se disponen de manera estratégica para la reproducción social
entre los «ganadores» de la globalización (Svampa, 2008).
Todas las mujeres de coto maneja su coche, sin él es impensable su
cotidianidad, es todo un fetiche y un símbolo por excelencia de esta vida.
Ellas afirman que «viven en el coche» y se consideran «señoras de camio-
neta», algo que les diferencia de las mujeres «de antes» y que les otorga
distinción. Este carro alto y amplio es parte obligada del estatus y de la
apariencia de seguridad y se combina con el volumen de compras en el
surtir las despensas de privilegiados en la periferia o con el transporte de
los chicos cuando las madres hacen de «choferes». Los testimonios confir-
man que este modelo de vida se asocia al boom del shopping en las múltiples
plazas comerciales o malls. Las señoras conocen al dedillo las característi-
cas y especializaciones de cada centro comercial y los estatus diferenciados
de los supermercados, todos ellos son espacios previsibles donde el com-
prar es controlado y seguro y donde se reduce el contacto social.
El anterior proyecto de vida, por ejemplo el de madres y abuelas, fue
un proyecto de maternidad, y en la actualidad, como señalé al inicio de esta
sección, va dando cabida (relativamente y con tensiones) a proyectos per-
sonales, profesionales y de obtención de recursos económicos. Esto se po-
tencia en las entrevistadas al encontrarse en una fase del ciclo doméstico
más tardío y con hijos más autónomos.
Las madresposas de coto no se zafan de las tareas domésticas, delegan
buena parte de la «obra gris» de la reproducción de la casa al servicio, pero
hay actividades claves como la dirección general del hogar y, en concreto,
el dictado de la nutrición (sumado a veces al cocinar), la crianza y educa-
80 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ción de los hijos –ellas monitorean las actividades extraescolares post ho-
rario escolar relacionadas con: educación, terapias, deportes, hobbies–, el
manejo del gasto y de las compras, que están en sus manos. Para Fernando
Calonge Reíllo se debe hablar del desarrollo de acciones por parte de la
mujer «inspiradora» que incluyen crear todo un ambiente vital de «verda-
dero» hogar, de constituir en la cotidianidad «una unidad social íntima y
duradera. En este sentido es la mujer la que forja el sentido de convivencia
íntima que caracteriza el ideal del tipo de familia que se ha entrevistado»
(2012: 81), ella es quien armoniza las actividades del resto de la familia [y
yo añadiría, del servicio].

Socialidad intensa
Una actividad tradicional reactivada con el coto es la reproducción de las redes
sociales que suponen además reconocimiento y ostentación del estatus. Para
estos sectores en ascenso sus grandes casas, con terrazas y jardines, son cen-
tros neurálgicos de reunión y demostración. Según el círculo al que se dirijan
son lógicas diferentes. Una tiende hacia la familia extensa: disponer del recur-
so de una casa espaciosa matiza ese aspecto individualizante centrado en el
modelo de la familia nuclear, a pesar de la predominancia de este tipo de familia
en la práctica residencial y en el discurso mercadotécnico. En Guadalajara se
puede pensar que el coto permite mantener la centralidad de la familia mexi-
cana en el sentido «premoderno» o «tradicional» como grupo corporativo de
referencia y como generadora de redes económicas y de poder a través de las
celebraciones de rituales civiles y religiosos como cumpleaños, bodas, bauti-
zos, comidas recurrentes (Adler Lomnitz y Pérez Lizaur, 1993).
Lucía Mantilla (2010) señala que en México se produce un sistema
familiar fuerte, donde se priorizan las lealtades y el corporativismo de los
linajes extensos y los clanes familiares y, a pesar de las previsiones, se inte-
gran de modo exitoso a los procesos de globalización. Esto se acentúa en
Guadalajara donde puede hablarse «de una ‘Sociedad de Filiación’ en don-
de el orden social remite a una configuración filial y gregariamente orde-
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 81

nada, tanto en el plano discursivo como en el de los arreglos sociales ‘rea-


les’» (Mantilla, 2010: 498). Los profesionistas se constituyen en familias
nucleares pero sostienen fuertes vínculos con padres y suegros y otros fa-
miliares, están cerca residencial y emocionalmente.
La trascendencia de la familia radica en que es un fenómeno interclasista
que trasciende el círculo familiar. Como sociedad de filiación, los vínculos
personales y familiares se extienden y cobran importancia en una compleja
esfera pública, las formas de interrelación personales, difusas, desideologi-
zadas, trascienden y borran la frontera entre público y privado, permitien-
do la persistencia del clientelismo y afectando el mercado de trabajo, así
como las trayectorias profesionales (Mantilla, 2010). La intensa sociabili-
dad que expresan estas mujeres en sus testimonios confirma cómo la vida
de coto facilita dimensiones de esta familiarización de las élites, recreando
el linaje ancestral del sentido de «familia».
Otro círculo social son las amistades, casi siempre regidas por dinámi-
cas sexistas según se trate de las del hombre cónyuge, la mujer, o hasta los
hijos o los compartidos como son los vecinos o los compañeros de «labores
sociales». Los encuentros grupales suelen estar agendados para determi-
nados días a la semana o al mes y se realizan en las viviendas o en la carto-
grafía ad hoc. En ambos casos, familia o amistades, tales convocatorias
involucran esa actividad de servicio de la madresposa ligada al manteni-
miento de un estatus que se refleja en el escenario de la mansión.

Actividades «por sí mismas»


Casi no hay ninguna mujer que no haya hecho algún esfuerzo por «culti-
varse» en algo. Las hay que ponen el énfasis en la autoformación con estu-
dios en fase adulta o con hobbies como pintar o escribir. Algunas continúan
en estudios universitarios o posgrados por el gusto de terminar lo que ini-
ciaron en algún momento de sus vidas y dejaron al casarse o al dedicarse a
la maternidad. Son decisiones ligadas a una voluntad propia que muestran
cierta autonomía controlada.
82 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

También el trabajo y la búsqueda de ingresos aparece en estas mujeres


con fuerza y marca diferencias significativas respecto a las formas de vida
e ideologías de la madresposa convencional intradoméstica, es decir, esto
tiene un mayor sentido de ruptura. En la fase de crianza, la mayoría dejó
sus empleos u ocupaciones remuneradas, pero en el momento actual mu-
chas han buscado alguna tarea o trabajar.
Habría que diferenciar dos o más experiencias laborales: la más profe-
sionalizada y a tiempo completo; otras que registran ingresos de «comple-
mento» que crean menos tensiones al combinarse con ser ama de casa
matizando su participación laboral; algunas trabajan a tiempo parcial; otras
lo hacen de forma más coyuntural empujadas por «baches» en la economía
doméstica cuando ésta se complica para el hombre proveedor. Hay otras
variantes, pero son actividades que tienden a desarrollarse desde el mismo
hogar o en un entorno de afinidad social.

EQUIPOS MATRIMONIALES

Svampa se refiere a una «mujer postradicional» o «mujer trabajadora in-


tramuros» (2008: 159) que es una versión actualizada del modelo tradicio-
nal-moderno. Como se vaticinó para el sistema burgués y capitalista, ésta
es una buena plataforma si el complemento de un cónyuge proveedor y
responsable coadyuva en la aspiración de bienestar y familia perfecta en el
hábitat perfecto logrando (o aspirando) una vida de estatus y privilegio.
No todos los casos, ni mucho menos, son de este corte, pero quisieran
serlo: cuando no es así muchas mujeres lo viven con frustración y como
fracaso.
Para ilustrar esto voy a exponer algunas experiencias encontradas de
diferentes extracciones sociales pero aspiraciones semejantes. Son como
un caso reiterado y paradigmático desarrollando un discurso que no nece-
sariamente es real. Me centraré además en el manejo educativo, de su ma-
ternidad y la concepción y práctica de familia moderna «a la vintage».
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 83

1.- Sandra
Sandra, una mujer de más de cincuenta años, y Ángel, su cónyuge, han
puesto proa hacia su inserción en un mundo social ajeno infiltrándose en
las redes sociales propicias. Ambos se coordinan en el trabajo y en la casa.
Él es el arquitecto, estudió becado en una universidad privada y fue dibu-
jante en una constructora durante 20 años. Ella, es la administradora, estu-
dió para ser secretaria ejecutiva bilingüe; ya con hijos, hizo administración
de empresas en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA). Sus hijos han
estudiado en los mejores colegios.
Esta mujer sabe posicionarse en el espacio y mimetizarse a través de las
posturas, la ropa, el movimiento, aparecer deportiva, despreocupada, fres-
ca, lista. El club como ámbito de ascenso social u oportunidades es clave
para ellos. «Cuando se independizó mi esposo, dijo, ‘¿y qué voy a hacer?’. Yo le
propuse, ‘por qué no nos vamos al club, desayunamos, y empiezas a relacionarte
con la gente…’. Una estrategia para el trabajo. Y así fue cuando le empezó a caer
trabajo. Fue en el año 86". Tienen una extraordinaria capacidad de adapta-
ción: «vienes de abajo pero con la educación de que te juntas con gente bien para
que tengas deseos de superación. Mi esposo dice, ‘la vida es como el béisbol, tienes
que cachar la pelota donde te la manden’».
Sandra no es un ama de casa normal, reniega de la labor doméstica y al
mismo tiempo no tiene servicio para no cargar con dependencias

pues no paro, pero es parte de mi forma de ser… En la mañana me levanto, le doy una
recogidita, me vengo al club a hacer ejercicio, o me subo en la bicicleta fija, o le doy una buena
caminada, o me meto a nadar, rápido, me baño, me arreglo, desayunamos mi esposo y yo aquí
[en el club] y luego él se va a la obra. Luego si tengo que ir al banco, me voy al banco… hago
de comer para 4 días, para tener tiempo para otras cosas… Al mismo tiempo estoy con la
lavadora, en la cocina, o si tengo algo que hacer en la oficina [en su casa], y me preparo la
clase del catecismo en la computadora. Hay un dicho que dice ando en friega, pero valien-
do…, ¿sí?, como que me hice ordenada para alcanzar a hacer todo lo que tenía que hacer…
84 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

es que si acomodas todo, todo se puede hacer… En las tardes me pongo a hacer tareas o a
hacer las memorias de los clientes, los resúmenes, todo eso…

Su esposo «no es un hombre común, como que iba adelante en la época.


Me ayudaba mucho con los niños, era de cambiarlos, bañarlos, jugar con ellos…
para él era muy importante ir a comer todos los días porque decía que era
donde podía platicar cómo les fue, qué hicieron». Él tampoco comparte los
sexualizados espacios de socialización propios de los matrimonios tapatíos
en sus reuniones.
Como para toda mujer, se produjo tensión entre el trabajar y ser madre

Parece que lo digo muy fácil, pero también me costó…, sobre todo cuando salí de trabajar
para quedarme en casa cuando nació mi hijo. Ese brinco yo seguía acelerada y quería hacer
muchas cosas, y creo que el que la llevó emocionalmente fue mi primer hijo. No me siento
culpable. A mí me costó [aprender a ser madre], y aterricé cuando mi niño el grande tenía
como 3 y 6 años, y no aterricé del todo. En cuanto entraron al Kinder, ya estaba en la mañana
trabajando. Creo que es forma de ser, y es carácter.

Sandra reflexiona acerca de la diferencia generacional con sus dos hi-


jos, ambos egresados del ITESO; piensa que son de otra madera y ella mis-
ma da cuenta de su cierta indolencia frente a la vida, el que los hijos «no
sean tanto como nosotros, en parte [es porque] no les ha costado tanto…». Su
madre utiliza la metáfora de la lotería «Melate» como la filosofía de vida de
su hijo que se mantiene como en la espera de que le caiga el premio.

Pues eso es lo que me pasa que no sé qué quiero’. Le digo… hay que tener metas cortas,
porque mi bohemio unas metas acá pero sin esfuerzo… Ése es el problema que tiene la
juventud, que están acostumbrados a la computadora, que todo es rápido, rápido, rápido, que
quieren que también su vida sea rápido, rápido, rápido... Por eso no aterrizan.
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 85

Sandra es una muy buena expresión de la esencia del madresposismo


reactualizada y del «matrimonio como una mata». Un discurso-práctica en-
tre conservador, conciliador y atrevido.

2.- Juana
Juana y su esposo empresario pertenecen a familias «tradicionales» de
Guadalajara. En la actualidad viven en un exclusivo y apartado fracciona-
miento campestre cerca de la barranca. Como todas, Juana se caracteriza
por el énfasis en mantener una «tradicional» vida familiar y por desarrollar
una cotidianidad de intensa actividad. «Esa es la contradicción, estás en un
lugar muy tranquilo, muy bonito, muy silencio y todo, pero no puedes disfrutarlo
tanto porque nada más llegas en la noche. Bueno, nosotros sí comemos todos los
días en la casa. Yo he peleado mucho por el espacio de comer todos juntos».
Esta mujer decidió entrar a trabajar en un ámbito entre profesional,
académico y de servicio social y religioso cuando pudo combinarlo con sus
actividades maternas. Lograr esta combinación exige un gran esfuerzo,
como ella misma cuenta:

a las 6 de la mañana me levanto, despierto a las niñas, hago el desayuno, les preparo la
lonchera, tienen que salir al 15 para las 7 para llegar a tiempo al colegio, entran a las 7 y
media. Tenemos una ronda, es maravillosa, es de un papá que dijo ‘de todos modos me tengo
que ir a estas horas todos los días’. Ya el regreso me turno con estas amigas de ahí, entonces
a veces las recoge una, a veces otra, a todas. Regreso a mi casa a bañarme con calma,
desayunar junto con mi esposo, organizar mi casa y luego ya salir a trabajar. De regreso llego
y me toca recogerlos… Nos vamos a la casa y vamos a comer a las 3 de la tarde; de 3 a 4 y
media comemos, hace la tarea mi hija, nos organizamos y volvemos a salir porque hay que
llevar al entrenamiento a la otra. Yo ya me acostumbré, traemos buena música en el coche,
oímos buenos programas de radio. El espacio del carro se convierte en la casa móvil. Llegamos
7 y media o, cuando nos entretenemos, 8.
86 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Los tiempos debe delimitarlos con claridad y, siempre, la prioridad son


los hijos, hay que ver cómo combinarlos:

fíjate que un tiempo viví como en conflicto con eso porque como no acababa los pendientes en
el trabajo, me traía cosas a la casa y entonces ni las podía hacer porque acaba con los hijos y que
esto y que lo otro y que la tarea y que la clase, llegaba la noche y me faltaba todavía hacer el
trabajo y yo ya estaba cansada. De repente cuando trabajaba en el instituto decía ‘me voy a ir
una tarde a la oficina’, y dejaba a los hijos en la casa. Toda la tarde me hablaban ‘mamá me
falta una cosa de la tarea, mamá no entiendo esto, mamá me falta una cartita’, dije ‘¿sabes
qué?, nada’. Salgo del trabajo y yo ya me voy a mi otro trabajo, ¿cuál otro trabajo? A mis hijos.
Como le decía a una amiga mía, ¿te parece poca cosa criar hijos sanos, con sus actividades, con
sus amistades, o sea, todo lo que implica administrar el tiempo de los hijos en la tarde? Tiempo
completo: y en qué clase van a estar, a qué horas van a hacer la tarea, con qué amiguitos se van
a juntar, qué actividad van a hacer, el tiempo libre en qué lo van a usar, pues todo eso tienes
que estar administrándolo. Y luego yo por la tarde hago [también] los pendientes de la casa,
las compras, las reparaciones, los pendientes, los doctores, todo eso es en la tarde.

Además Juana es una mujer atlética que se cuida y que disfruta el de-
porte del tenis, algo que realiza con intensidad y sistematicidad, y que sos-
tiene una intensa socialidad hacia su numerosa familia y círculo de amistades.

3.- Elena
Elena es de procedencia social elitista. Estudió arquitectura y su esposo es
empresario de transporte pero se ha introducido con ella en la inversión,
construcción y venta de casas en cotos. Ella se encarga de los diseños y él
de dirigir las obras. De manera que lo del equipo se concibe en el ámbito
laboral, pero ella fortalece en realidad su posición de madresposa al traba-
jar desde el hogar y no abandonar en ningún momento su rol de educadora
de los hijos y reproductora de la vida familiar en el sentido más rancio. Son
una familia-equipo unida y segura de sí misma. Todos acuden a misa y los
hijos han estudiado en escuelas como el Colegio Cervantes o el Instituto
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 87

Tepeyac, y ahora en el ITESO. Ella se ocupa más de seguir a su hija con


quien se ha involucrado en la labor social, y él al hijo universitario a quien
introduce en sus negocios y oficina. Madre e hija: «vamos a una casa hogar
lunes, miércoles y viernes a las 3:30 de la tarde comemos, terminamos y nos vamos
a la casa hogar con los niños, a ayudarlos a apoyarlos en hacer tarea y nos queda-
mos a jugar con ellos como hasta las 6 o 7».
La vida cotidiana de Elena y su familia está enfocada al disfrute en
familia acomodando a esta idea tanto el mundo laboral, como el de los
estudios de los hijos. La familia motiva los esfuerzos de reunirse a almor-
zar o de disfrutar la casa que está diseñada para una convivencia íntima y
«a gusto» gracias a los recursos económicos y al acceso a la tecnología. Es
importante decir que disponen de servicio: una mujer y un varón jóvenes.
Otra faceta importante de Elena es cómo se ha ocupado de sí misma y
su formación, más ahora que ya pasó su fase de «madre chofer». Tiene su
propio estudio en la casa donde se dedica a diseños de arquitectura. Pero
también recibe «clases de pintura, es como una terapia, pintar me relaja, me
motiva, aprovecho el tiempo que tengo en dedicarle a eso, a leer, a hacer lo que no
hacía». Siempre adecua sus ocupaciones con ese ocuparse de la pareja «y
por ejemplo mi esposo a veces se queda cuando viene a comer, ya no se regresa en la
tarde, nos vamos al cine o a veces me voy a la oficina con él. La verdad como que
lo disfruto porque cuando están los niños chicos como que no tienes tiempo de nada
y ahorita tengo tiempo».

4.- Leticia
Leticia es de Saltillo, llegó siguiendo a su marido que fue destinado por el
banco aquí. Tienen dos hijas y un varón. Ella encaja en un modelo más
convencional de «ayuda» al esposo en momentos de crisis de empleo mas-
culino. Lo mismo que a tantas mujeres, le causa confusión considerarlo
trabajo: «yo no trabajo, fíjate que trabajo, digo, vendo eventualmente cosas. Soy
distribuidora de una empresa que es ropa térmica. Ahora que me cambié aquí me
88 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

dicen ‘como que ya no te vemos, ya no trabajas tanto’». Describe cómo estuvo


la situación para requerir la «ayuda»:

cuando la fusión de dos bancas, y luego empezaron a sacar gente. Mi marido anduvo que
tenía que ajustar. Se vinieron unos amigos de Saltillo a vivir, y ella fue la que me invitó a
mover ese tipo de catálogo, ‘inscríbete y vas a ver que de a perdido para tus chicles sacas y así
ayudas’, esperas a que llegue el frío para poder empezar a moverte.
Mi marido es mucho de hacer cosas cuando está en la casa, le gusta mucho hacer el
jardín, tiene su máquina, y es muy de andar haciendo arreglitos, siempre está cuidando qué
se está cayendo para hacerlo. Si llega temprano se pone su short y va a podar el pasto.
Disfruta mucho sacar su asador. Aquí tiene su asadorcito y hace su carne cada semana. Los
norteños somos de carne. Los hombres se encargan más, una hace que la salsita que los
frijolitos o la botanita, pero ahí él ya.

Como en otras familias que acabamos de ver, hacen por reunirse lo más
que pueden en el hogar:

aunque ahorita no comemos todos aquí… el hijo, es el que los dos comemos juntos, porque mi
hija la de en medio estudia y trabaja y no alcanza a venir a comer. Mi marido llega aquí más
o menos a las seis y media, entonces a las siete él cena lo de la comida, pero nosotros todavía
no tenemos hambre, entonces cenamos más tarde… Luego llega mi hija con el novio que casi
siempre asiste y cenamos, y luego el chico ‘¡ay mami! ¿Qué me vas a preparar de cena?’,
entonces como que la cocina se cierra tarde.

5.- Lupe
Lupe es más joven, de hijos aun pequeños incorpora casi todas las facetas
ya expuestas. Conoció a su esposo en el coto donde vivieron de jóvenes y se
constituyeron como compañeros de equipo. Ella cumple todas las activida-
des: labor social en la fundación de un familiar de apoyo a hijos de presas;
correr como deporte; venta de embutidos delicatessen a domicilio; estudios
de teología en marcha; ama de casa: tiene doméstica de entrada por salida.
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 89

Es «gestora», tiene Blackberry para el negocio, su computadora con su co-


rreo, otro celular personal, va a poner página web, su furgoneta para el
negocio…
Desde siempre se dedicó al voluntariado en esa fundación para hijos de
presos, y «tenía un programa de radio, se enfermó mi hija y dejé de trabajar
hasta que mi hijo ya tuvo tres años. O sea, fueron como cinco años en el que estuvo
un hijo enfermo y el otro y el otro y el otro…». Ahora busca trabajar y ganar
ingresos porque el negocio del esposo no es seguro, hablaba con su esposo:
«‘oye pues un ingreso que no tenemos que exprimir tanto acá’, por si pasa algo.
Ahorita como están las cosas no sabemos cómo vaya a estar la emprea… Yo era la
que hacía las programaciones, escogíamos con estudio de mercado… Me metí a
trabajar tomando fotos, fotos para bodas, fotos para primeras comuniones». Y
recientemente tomó el negocio de venta de alimentos a domicilio.. El espo-
so la apoya, «respinga por estar haciendo tanto trabajo. [Pero] le digo ‘oye,
tengo que entregar una charola a las 5 de la tarde’, ‘ah, no te preocupes, yo llevo
a los niños’».
Refiriéndose no sólo a las actividades de maternidad, el agendar es
también un eje en la vida de Lupe:

en la mañana tengo una agenda, me la regaló mi esposo. El teléfono es una maravilla,


entonces tengo lo escrito y tengo en el celular. Me acaban de modernizar, tengo el Blackberry,
es que éste lo tengo para el negocio… Hoy, más con Nextel, que no cuesta tanto, y las señoras
me pueden hablar y es como un número local. Y ya estoy trabajando en la página de Internet.
En la tarde como que no es muy fácil porque son los niños y ya sé cuáles son las clases, las tengo
muy bien dirigidas las clases. Los niños salen a las tres. Una de las ventajas de la escuela
donde están… [es que] pago, como un Club de tarea, soy negada para las tareas con mis
hijos, no se pelean ellos conmigo ni yo con ellos y salen con la tarea hecha. Ya cuando llegamos
aquí en la tarde, ya podemos estar tranquilos y es a lo mejor una clase o dos.

Otra actividad muy significativa en su vida es el deporte:


90 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

yo corro todos los días. Hasta hace un año estaba preparándome para triatlones y todo, pero
me caí y me rompí el hombro izquierdo. Me encanta el deporte, lo he hecho desde chiquita.
Me levanto muy temprano. Y va mi esposo, me ayuda muchísimo, yo no podría hacer todo lo
que hago. Él lleva a los niños a la escuela, y mientras va a dejar a los niños, yo voy a correr.
A las 7:15, me voy al Metropolitano, corro una hora y media. Y ya de ahí, alisto todo [los
pedidos] y ya cuando [el ayudante] se va a repartir es cuando yo me vengo a bañar y a
alistar y todo para recoger a los niños.

Y siempre la práctica religiosa, «somos católicos y todo pero somos de otra


corriente un poquito más renovada, no tan tradicional… Es un tipo de catequesis
que es más por experiencia, más que por aprendizaje».
Una lectura de estas mujeres que conforman «equipos matrimoniales»,
es que son muy activas en diferentes frentes, son multifuncionales. Todas
son buenas madres de unos pocos hijos: su crianza es lo primero y por ella
dejarían –y dejaron– otras posibles ocupaciones laborales o personales;
todas se han introducido en la mercantilización de la vida íntima, cuentan
con servicio doméstico y sus hijos son destinatarios de otros servicios es-
peciales hacia ellos en términos educativos, deportivos o de salud.
Con el tiempo todas se involucran en el ámbito laboral y en obtener
recursos, pero siempre desde el hogar. Muchas retoman estudios, hobbies
y la gran mayoría hacen deporte en instalaciones deportivas privadas como
los clubes; se puede decir que se dedican a sí mismas en un sentido hedo-
nista. Manejan sus camionetas, socializan con sus amigas y familia, conser-
van una dedicación especial tanto a sus creencias religiosas, como a
actividades de labor social asociadas. Mientras sus contrapartes masculi-
nas, sobre las que sabemos a través de ellas, parecen comportarse también
como buenos esposos, dedicados a su trabajo pero sin descuidar su hogar y
su familia donde gustan llegar a almorzar si pueden, dedicarse al jardín, la
barbacoa y al shopping en Home Deppot; todas, aunque sea de discurso,
entienden que entre ambos es como logran hacer sustentable su situación
de privilegio y exclusividad.
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 91

Fernando Calonge Reíllo (2012) trabajando la fuerza de la experiencia


del espacio en la construcción de identidades y de los géneros en estos
mismos fraccionamientos cerrados, coincide en esta presencia de varones
colaboradores más insertados en la domesticidad que apoyan las activida-
des de las mujeres haciéndose cargo de los hijos, de la cocina y de hacer el
aseo de la casa los fines de semana. Un modelo de matrimonio como equi-
po complementado desde el indiscutible núcleo de «la familia», con una
mujer que combina y concilia diferentes facetas: trabajadora intramuros,
imagen y apariencia sugestiva, y una maternidad/paternidad planificada
que hiperprotege a los hijos: «aunque sea Valle Real, yo no voy a dejar que mis
hijos se vayan solitos andando en bici. Creo que lo han hecho una o dos veces a casa
de mi hermana, que no está muy lejos, y le digo ‘¿ya llegó? Por favor dime que ya
llegó’» (Mujer residente en Valle Real). Con todo, no se puede plantear que
las desigualdades y las jerarquías al interior del matrimonio se borren, se
maticen.

HIJOS DEL COTO

La opción por el coto se vincula a una apuesta por «la familia» y por la
educación y vida de los hijos para que tengan una infancia feliz y que dis-
fruten lo que la ciudad ahora no ofrece: seguridad de jugar en las calles, el
ser niños con otros niños. Pero ¿qué pasa con los niños, adolescentes y
jóvenes que crecen en estos espacios? ¿Qué costes tiene esta socialización
encapsulada, el hecho del amurallamiento y miedo al «otro»; y una vida
rutinaria junto al tenerlo todo en términos materiales y, supuestamente,
afectivos?
Se puede decir que en este ambiente y educación de hiperprotección y
de abundancia se producen fuertes paradojas. Los hijos van a socializar de
forma muy íntima con los círculos del coto y a crecer entre amigos del
mismo vecindario en espacios de diversión y esparcimiento relativamente
controlados: «los vecinos son sus amigos de toda la vida, mi hijo sale y sé con
92 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

quién está, en qué casa está, sé quiénes son sus papás y viceversa; conoces a las
personas más cerca porque convives», dice Elsa. Las madres se conocen y se
interrelacionan a través de los hijos, comparten los espacios comunes del
coto y crean «rondas» para turnarse el llevarlos a los colegios. Luisa, una
mujer viuda con una hija, encontró en este espacio fuertes ventajas para
combinar trabajo y maternidad

tenía nueve años y dije ‘va a crecer y prefiero el espacio de Guadalajara, conozco más a la
gente, está la familia’. Sabía que iba a estar mucho tiempo fuera de casa, fue la razón por
la que busqué el coto, no quería que mi hija se quedara sola en 4 paredes. Necesito un coto
donde la niña pueda salir de su casa, pueda tener con quien jugar, con una casa club y
alberca, el espacio, la bicicleta, la compañía… y sabía que la niña iba a estar sola, pero
supervisada, cuidada, y me fue muy bien.

También los cotos facilitan el aislamiento tecnológico de los hijos, como


en el caso del de Leticia, cuando se trasladaron a un coto de mayor lujo
pero más alejado, entonces

le sufrí más cuando me cambié porque mi hijo, el que tiene quince, entonces sus amigos
estaban allá, y venirse aquí a un lugar donde no había nadie a mí era lo que me causaba
mucho conflicto decía ‘pobrecito’. Uno está en una edad en que ya sabes se hacen muy de la
computadora, metidos más en el MSN, el Facebook y no sé qué cosas, pero al final de cuentas
él no salía... Él me decía ‘no pasa nada’ y yo si me angustiaba porque allá iban y venían,
entraban a la casa y salían, era lo que a mí me conflictuaba.

El coto y sus pobladores actúan como «nana», pero los niveles de pro-
tección son más extremos: la paranoia de la inseguridad hace que el nece-
sario transporte se produzca de manera privada y por la madre-chofer. Un
muchacho entrevistado recuerda los niveles de protección de parte de su
madre y las escasas salidas de su coto en la periferia de Tlajomulco, a la
escuela, el Club y poco más y se refiere a «las esferas», donde pueden estar
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 93

dentro de su perímetro con la «correa suelta», y para los trayectos de una


a otra les sujetaban con la misma. La vida queda limitada a ciertos espa-
cios, y dependiente de la madre y el carro. Al mismo tiempo les permiten
manejar desde temprano bicicletas, cuatrimotores, motos y apenas con 16
años iniciarse con el coche. Todos manejan celulares de último modelo
para no perderles la «onda» y hasta donde pueden tratan de que socialicen
dentro de las viviendas y no en la oscura noche metropolitana.
Pero un condominio cerrado propicia que al vaciarse durante el día se
quede como «tierras de nadie o tierra de adolescentes solos», como dice una
entrevistada. El muchacho pasaba el rato con sus colegas por las calles del
Palomar, no tenían «control» y cada vez la «aburrición» les llevaba a ma-
yores atrevimientos: llegaron a quemar una propiedad. El personal de se-
guridad no tiene autoridad para controlar los comportamientos de estos
jóvenes, no se atreven a llamarles la atención por ser «contratados». Como
una señora comenta sobre su propio fraccionamiento de élite:

son hijos de gente influyente, entonces los policías dicen ‘no les podemos decir nada’…
Imagínate esos pleitos con niños que tienen dinero, que traen coche, que sus papás no están
en la casa en toda la tarde y los policías son de seguridad interna, no son municipales. ‘Pero
cómo quiere que le diga al escuincle que pasa en su Mustang del año a toda velocidad, no le
podemos decir nada’.

La tesis de licenciatura de Paulo Unda (2011) sobre la vida en los co-


tos, recoge entrevistas de sujetos de 24 a 27 años para ver cómo reprodu-
cen o no el modelo del «repliegue de lo social». La seguridad, el estilo de
vida, y la diferenciación fueron factores de una búsqueda para los padres
de familia que constituyó un cambio radical en su modo de vida (Unda,
2011). Unda se refiere a que las líneas entre lo público y lo privado son
muy tenues dentro del coto, todo a la vista de los iguales y se refiere a un
«nosotros» sobreprotector: la educación de los hijos, su libertad y sus lími-
tes están a cargo no sólo de los padres, sino de los vecinos y de las autori-
94 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

dades de la urbanización, sólo que «no les vigilaban». Los padres tienen la
certeza de que los padres de los amigos de sus hijos ven las cosas a su
misma manera, de que las autoridades del fraccionamiento estarán tam-
bién ahí, protegiendo a los niños. Así la sensación de libertad desmedida de
los hijos proviene de la sobreprotección disimulada de los padres (Unda,
2011).
El riesgo para Svampa es el aflojamiento del control social y familiar, se
puede llegar a hablar de un «paraíso carcelario» (2008: 182). Esta autora
se refiere tanto a casos de vandalismo adolescente en la búsqueda de la
transgresión y la diversión, como a las regulaciones que se han tenido que
implementar por ello.
Los entrevistados de Unda (2011) narran los lugares de socialización y
reunión en el coto, en especial para los varones. De niños los juegos ocu-
rrían en el centro del fraccionamiento a la vista de todos los iguales. A
medida que alcanzaban la adolescencia, cuentan cómo fueron desafiando y
rompiendo los límites más básicos. Primero fueron explorando «áreas co-
munes ilegítimas, ocultas a la vista tanto de los padres como de las autori-
dades internas» (Unda, 2011: 19). En el espacio temporal de encuentro
con otras clases sociales y estilos de vida que representó la universidad
para Luis y otros hijos de los colonos, encontraron elementos para percibir
las carencias y las implicaciones de la renuncia a la ciudad del estilo de vida
en el que crecieron:

Ése era nuestro lugar de encuentro, la Universidad. Y ya otra vez volvimos a darnos
cuenta que tenemos vidas muy diferentes… Ahora que estoy trabajando ya puedo
viajar de una manera más cómoda, o a zonas turísticas de mayor prestigio o más
bonitas o más caras simplemente, eso es finalmente lo que ya nos separó [de los
compañeros universitarios] (Unda, 2011: 19).

Una vez dieron por terminado el encuentro regresaron sin mayor difi-
cultad al estilo de vida anterior. La experiencia les sirvió, como puede verse
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 95

en el discurso de Luis, para reforzar los mismos valores, creencias y con-


vicciones que les fueron inculcados y que, en su momento, impulsaron a
sus padres a tomar la decisión de huir de la ciudad y replegarse en el coto.
Ellos mismos reproducen la toma de decisión por el privilegio del coto a
partir de los argumentos que sacan de la experiencia.
Para Unda (2011), los individuos que crecen en las urbanizaciones ce-
rradas terminan validando, a nivel personal, la decisión tomada por sus
padres al recurrir a una comunidad cerrada. Además se sienten inclinados
a reproducirla en su propia experiencia, para con sus propios hijos que con
el tiempo conformarán una tercera generación viviendo este estilo de vida.
Dice Paola que ella se ve: «casada, con dos hijos, mi casa, un buen trabajo,
un buen puesto... lo que todo mundo (risas). ¿En dónde vivir? En
Monteverde. Oh, genialidad de lugar» (Unda, 2010: 21). Y como Paola,
también Jesús sueña con vivir «en un coto, como aquí. Anteriormente me
pintaba con familia, hijos... pues es que hay dinero, hay abundancia» (Unda,
2010: 21). Para finalizar Luis expone, «A mí me gustaría que mis hijos
crecieran en un ambiente seguro. En donde las prácticas de la calle no sean
drogarse o andar haciendo cosas que no deben hacerse, cosas que van con-
tra la ley. Me gustaría un lugar bonito, con gente agradable, educada. Que
el hijo de la vecina no sea el que roba tienditas o el que consume thinner…»
(Unda, 2010: 22).

FINAL

En este abanico de reproducciones, innovaciones, adaptaciones, las muje-


res entrevistadas reflejan nuevos estilos de vida, de relaciones sociales, de
condiciones de trabajo, de concepción de su ser madres y de construir «fa-
milia» como la de «siempre», donde cobra sentido la lógica espacial subur-
bana. Manifiestan niveles de decisión propia, de luchas por sus pequeños
espacios o por actividades que hacen para sí mismas. Pero ello no supone
mayores rupturas con el paraguas aún incuestionable del madresposismo
96 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

del que muchas hablan con orgullo. Su visión del mundo social se define
desde ideologías conservadoras y católicas que naturalizan la diferencia
entre hombres y mujeres que es jerárquica y especializada, y esperan que
sus hijos participen de la misma idea de familia «vintage». Estas familias se
conjugan y se parapetan en los cotos con una puesta al día de las aspiracio-
nes y el imaginario de unos sectores burgueses, ahora habitantes en cotos
de lujo de casas grandes unifamiliares, con servicios de ocio y comodidad,
compartiendo los cánones neoconservadores, el ideal de un espacio natural
dentro de la ciudad-civilización, donde casi todo se encuentra domesticado
y previsto.
El modelo de familia feliz nuclear y tradicional-moderna que publicitan
estos enclaves de privilegio neoconservador corresponden a la vitrina cul-
tural de las élites, ya que éstas hegemonizan ideologías, discursos, repre-
sentaciones al jugar un papel de guía civilizatoria hacia el resto social. El
esfuerzo performativo de muchas mujeres de estas clases se hace extensivo
a otros campos de la apariencia y el «como si»: la frescura que puedan
aparentar supone una intensa actividad hacia esta representación de fami-
lia perfecta. Tienen que estar al día en la moda, los hijos y ellas verse
presentables hacia el mundo público, cumplir con eficacia su nivel en con-
sumo, manejar la vida social, las relaciones en el club, la gestión de los
viajes, la nutrición del conjunto, la dirección de la servidumbre. Por ser
mujeres de élite, a pesar de sus «veleidades», siguen representando el estatus
del esposo y de la familia patriarcal como conjunto, son el estandarte del
honor familiar y por ello con seguridad sufren un control-presión social
que las genera una mayor responsabilidad (Veblen, 2005).
Hacerse mujeres en el mundo de hoy desde esta demandante multifun-
cionalidad les implica excesivas responsabilidades y proyectos: tienen que
cumplir la norma histórica de la madresposa –aunque sea desde la lógica de
la gestión/planificación/agenda– integrándola a la perfección corporal y la
perfección sociocultural. Todo este conjunto de estrictas responsabilidades
para la mujer de estatus son parte de la violencia simbólica a la que se ve
LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 97

sometida. ¿En qué términos se va a construir la sociedad mexicana identifi-


cada con un orden simbólico y práctico en profunda transformación? Los
cotos pueden ser un buen espacio para tomar la temperatura de estas reac-
ciones donde las mujeres tienen mucho qué decir.

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LA VIDA EN EL COTO: LA FAMILIA «A LA VINTAGE» 99

El punto de vista literario


100 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO
LA MATERNIDAD ANULADA 101

La maternidad anulada o cómo José Joaquín Fernández


de Lizardi reelabora los cautiverios de la mujer/madre
en La Quijotita y su prima

Ariadna Alvarado López1

E
l lenguaje literario, con su caudal ideológico, posee y permite la
configuración de imágenes artísticas capaces de contener y expre-
sar al hombre en el mundo y, particularmente, el lugar que ocupan en
él la presencia refractada del yo y los otros. De acuerdo con Bajtín, por su
condición de signo ideológico, la palabra artística revela aspectos con los
cuales el escritor, abierta o veladamente, elabora un discurso que reproduce,
confirma, polemiza y/o cuestiona su propia percepción de la realidad al dia-
logar con otros discursos que también proponen imágenes del mundo a partir
de sus propios contenidos filosóficos, religiosos, políticos, culturales. Así,
toda obra literaria contiene y expresa una serie de refracciones artísticas de la
realidad que dialogan sintagmática y paradigmáticamente.
En este ensayo propongo el estudio de las configuraciones que de la
mujer/madre elabora Fernández de Lizardi, a partir de los diálogos que
establece con el pensamiento patriarcal de su época, particularmente con
el discurso de la educación vinculado al deber/ser femenino. Considero
que en la obra de Fernández de Lizardi existen elementos que me permiten
hablar de un proceso de anulación de la maternidad, en términos de dialo-
go crítico con la figura tradicional de la madre y su función natural de
educar y criar a los hijos. Este proceso comienza a delinearse en El Periquillo
Sarniento y se completa en su novela La Quijotita y su prima.
1 Profesora e investigadora adscrita a la Facultad de Lengua y Literaturas Hispánicas, UMSNH ,
[email protected]

[101]
102 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

El concepto de maternidad anulada lo propongo a partir de dos elemen-


tos que parecen primordiales en Fernández de Lizardi y que en ambas nove-
las aparecen estrechamente unidos: la necesidad de una educación liberal
como base para el desarrollo y fortalecimiento de la patria y el combate
contra todo aquello considerado pernicioso para ella. Estos aspectos son la
base del discurso con el que Lizardi polemiza con la presencia de la tradi-
ción conservadora de la educación y con la fuerte reminiscencia de usos y
costumbres que desde la perspectiva del autor, se encontraban más cercanos
a la ignorancia y la superstición que a la racionalidad. Así, considero que
como resultado de tal diálogo crítico, la imagen tradicionalmente conserva-
dora de la mujer/madre es reemplazada por una/otra configuración que
Fernández de Lizardi procura más moderna y vital, pero no por ello menos
patriarcal: la de la mujer/madre formada desde la educación liberal.

LA EDUCACIÓN COMO CAUTIVERIO

La ilustración como postura ideológica, le otorgó al hombre la capacidad


incuestionable de dominar a la naturaleza a través de la razón, confiriéndole
de paso privilegios vitales que se convertirían en la base de la racionalidad
patriarcal que delineó ferozmente una imagen de la mujer como sujeto infe-
rior y, por ello, sometida a la autoridad del varón; así, lo concerniente a su
educación, su instrucción moral, el cultivo de su espíritu y la demarcación
del espacio natural para el desarrollo de sus actividades, quedó establecido
para y desde el pensamiento patriarcal. La reproducción de los roles esta-
blecidos para cada sexo determinó la forma de existencia social y encontró
en el lenguaje el medio más eficaz para su subsistencia y desarrollo.
La instauración del romanticismo mexicano coincidió y colaboró con
la consolidación de un/otro sentido de lo nacional. La naciente nación
mexicana se estaba fraguando en términos de una buscada unidad cultural
cuyos ejes centrales, para lograr imponer una conciencia compartida, fue-
ron la historia, la tradición y el lenguaje como factores capaces de instau-
LA MATERNIDAD ANULADA 103

rar entre la gente un sentido de pertenencia a la sociedad y a la nación. La


construcción de la patria, real y simbólica, comenzó a partir de la sublima-
ción de valores cívicos y morales que encontraron en la literatura un medio
de expresión para el pensamiento de la época, primero en la poesía pero en
particular:

la novela posibilitó una apropiación pragmática de la realidad […] el género pare-


ce haberse consolidado, nutriéndose de los episodios históricos de la época […] así
como de los proyectos de sociedad futura imaginada por pensadores y artistas,
empeñados en difundir valores, enseñar y adoctrinar a la población y combatir
ideológicamente a los considerados enemigos de la nación (Illades, 2005: 21-64).

La cultura patriarcal mexicana, con sus herencias prehispánicas, sus


atavismos virreinales y su intención ilustrada, centró su interés en la edu-
cación como fuerza vital para construir el rostro de la nación y dotarla de
un espíritu organizado socialmente a partir de la definición ideal de los
mexicanos y su deber/ser. En este sentido, la educación moral fue la piedra
angular sobre la que descansó el equilibrio entre lo público y lo privado,
entre el espacio real de los hombres y el sitio simbólico de las mujeres.
Se educaba para ser hombre y para ser mujer por el simple hecho de la
separación de los sexos. Con Rousseau, se determinó que los hombres go-
zaran del privilegio de ser ciudadanos mientras que las mujeres sólo podían
dar a luz, criar y educar a esos ciudadanos. Así, si atendemos a la condición
de sometimiento y subordinación que durante el siglo XIX dejaba a la mu-
jer bajo la autoridad masculina, la educación de los hijos debe ser vista en
tanto obligación de la madre, como un privilegio femenino no conquistado
sino cedido a la mujer en razón de dos circunstancias que la definían: las
actividades propias de su sexo y el espacio íntimo donde las desarrollaba, el
hogar. La autoridad patriarcal dominaba las esferas pública y privada de tal
suerte que aunque muy ángel de su hogar, el sujeto femenino siempre que-
daba sujeto al dominio masculino:
104 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

en la división entre la familia y la ciudad sólo el hombre circula entre ambas. De esta
suerte, puede disociar en sí mismo entre la universalidad de su ciudadanía y la singu-
laridad de su deseo y, en consecuencia, beneficiarse de la realización de una y otra, a
lo que la mujer no tiene acceso. Sólo tiene la universalidad de su situación familiar
(esposa, madre), pero carece de la singularidad de su deseo (Fraisse, 2005: 76).

Tal puede ser la imagen generalizada que encontramos refractada en la


novelística de la época. Por la obra de Fernández de Lizardi transitan per-
sonajes femeninos que a primera vista encarnan y reproducen el deber/ser
otorgado a la mujer por el pensamiento patriarcal del siglo XIX, en tanto:

expone la filosofía del autor sobre la mujer, sus valores esenciales y su papel en la
sociedad. Dicha filosofía se edifica sobre bases estrictamente cristianas: las muje-
res forman la mitad del género humano, redimido por la sangre de Jesucristo, y
están destinadas a la vida eterna. Tanto el hombre como la mujer nacen con pasio-
nes, herencia de la culpa original, pero ambos son regenerables por el ejercicio de
la razón debidamente encauzada [de tal suerte que] todo plan de mejoramiento y
reforma del hombre y de la sociedad debe intentarse necesariamente por interme-
dio de la mujer, puesto que a ella está encomendada la educación de los hijos (Ruiz
Castañeda, 1973: xi).

No obstante, en la aparente reproducción de estos roles social y


culturalmente sancionados, está presente un discurso que reelabora y
resignifica a la mujer y sus funciones, por supuesto, de acuerdo a la época,
a la filiación ideológica del autor y las necesidades didácticas del momento.
La Quijotita y su prima. Historia muy cierta con apariencia de novela2 es, en
palabras del propio autor, la historia de dos mujeres: «una de ellas presenta
todo el fruto de una educación vulgar y maleada, y la otra el de una crianza
moral y purgada de las más comunes preocupaciones» (Fernández de
2 Título original con el que «empezó a anunciarse por la prensa en julio de 1818» (Ruiz Castañeda,
1973: x).
LA MATERNIDAD ANULADA 105

Lizardi, 1973: xxvii). En efecto, en esta novela el autor refracta los vicios y
las virtudes del sujeto femenino, principalmente de la madre en su rol de
educadora y de las hijas como víctimas o felices recipiendarias de éstos y
aquéllos respectivamente, a través de la vida cotidiana de las familias
«Linarte» y «Langaruto».
En el recorrido que ofrece por la vida de Pomposa Langaruto (la
Quijotita) y Pudenciana Linarte (la prima), no deja de lado la configura-
ción crítica de sus madres Eufrosina y Matilde Contreras, ambas herma-
nas; de sus padres Dionisio Langaruto y Rodrigo Linarte, ni el importante
papel que juega la educación en el destino de mujeres y hombres. Aunque
tradicionalmente se considera que en esta novela: «el esquema de la trama
es muy simple y corre sin complicaciones a un desenlace prefijado por la
necesidad moral, dejando poco lugar para la sorpresa: Pomposa debe ser
castigada y Pudenciana premiada» (Ruiz Castañeda, 1973: xix).
En realidad, la ironía con la que se van construyendo los personajes
rebasa su presencia textual como recurso literario productor de imágenes
de carácter didáctico y moralizante, pese a que Fernández de Lizardi haya
señalado que «en el contraste de estas dos educaciones se hallará la mora-
lidad y la sátira, y en el paradero de ambas señoritas el fruto de la lectura,
que será o deberá ser el temor del mal, el escarmiento y el apetito del buen
obrar» (1973: xxvii). La representación del tono emocional y volitivo3 que
define a cada personaje, su tránsito por la historia y el discurso que cada

3 «Todo lo efectivamente vivenciable se vive como dación-planteamiento, se entona, posee un tono


emocional y volitivo, entabla conmigo una relación activa en la unidad del acontecer que nos
abarca. El tono emocional y volitivo es el momento inalienable del acto ético, incluso de un
pensamiento más abstracto, puesto que lo pienso realmente, es decir, puesto que el pensamiento se
realiza efectivamente en el ser, participa en el acontecimiento. Todo aquello con lo que tengo que
ver se me da como un momento del acontecimiento en el cual participo» (Bajtín, 1997: 40-41). De
acuerdo con Bajtín, la conciencia de sí mismo se logra a partir de los otros, de aquéllos de quienes
el ser obtiene palabras, formas y tonalidades con las cuales forma la noción primordial de sí.
Existimos en la medida en la que somos reconocidos por el otro a través del lenguaje; este
reconocimiento de quien y lo que somos es un proceso mutuo y vinculante puesto que el otro nos
hace existir en tanto él mismo es capaz de reconocerse en nosotros. La existencia es imposible fuera
del ámbito de la otredad, del marco de reconocimiento en y de los otros; mi palabra es mía porque
es también ajena, viva, dialógica. El reconocimiento de nosotros y de los otros es un acto ético.
106 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

uno de ellos constituye, posibilitan la riqueza del nivel discursivo4 de la


novela y, con ello, la configuración a través de la crítica, del proceso artís-
tico que he convenido en llamar la maternidad anulada; que no es otra cosa
que la figura crítica de la mujer/madre tradicional y su aniquilación y re-
emplazo por una configuración del empoderamiento de la mujer a partir de
la educación liberal. Si en el plano textual:

la novela procede por antítesis, no sólo entre las principales protagonistas,


Pudenciana y Pomposa, primas entre sí, y fruto, respectivamente, de una correcta y
una equivocada educación, sino entre sus madres y los respectivos cónyuges de
éstas. Se contrastan así dos actitudes vitales y dos sistemas familiares (Ruiz
Castañeda, 1973: xix).

En su nivel discursivo, dichas antítesis y contrastes son la clave para


desvelar tanto la imagen de la educación como cautiverio, como la confi-
guración de la maternidad anulada y el rompimiento de tal prisión simbóli-
ca. La presencia de dos o más conciencias representadas, de dos o más
discursos que las configura, manifiesta la relación vital del reconocimiento
del yo y del otro y, con ello, de la existencia.

4 Si el acto ético al que refiere Bajtín es, también, una postura dialógica que permite la conciencia
de sí al aceptar la existencia de otras conciencias, poseedoras todas ellas de la palabra y su caudal
ideológico; entonces, todo lo que se refiere al ser, su nombre mismo, su lugar en el mundo, llega
a él por las palabras y el tono emocional y volitivo de los otros. Este acto ético «origina al ser en
un nuevo plano valorativo del mundo, aparece un nuevo hombre y un nuevo contexto valorativo:
el plano del pensamiento acerca del mundo de los hombres» (Bajtín, 1982: 167) y en tanto la
novela es el género en el que mejor se advierte la presencia de la proyección ética y estética del
hombre, a partir de la presencia refractada de sus actos de vida y su lugar en el mundo, entonces
la materialidad de esas refracciones se objetiva al comprender el mundo desde la presencia de los
discursos. El nivel discursivo de un texto es, precisamente, ese nuevo plano valorativo del pensa-
miento en el que viven las configuraciones artísticas y dialógicas del nuevo hombre y su nuevo
contexto valorativo del mundo. Para Bajtín el discurso es la única forma de contener al ser en su
condición ontológica y su participación en la historia; así, el discurso registra al ser a partir de su
decir, enunciado con el que el hombre determina su particularidad discursiva al reconocer el decir
de los otros y apropiarse de su palabra. A partir de ahí, el hombre dialoga constantemente con el
mundo en una suerte de interacción epistemológica, en la que el yo y el otro se auto configuran
artísticamente, en cuanto el yo es lo que dice (su palabra) y el otro es quien lo representa.
LA MATERNIDAD ANULADA 107

Por todo lo anterior no me resulta paradójico que uno de los roles


fundamentales de la mujer aparezca cuestionado y negado al extremo de su
anulación, me refiero a la condición natural de la maternidad y la obliga-
ción femenina de educar a los hijos. En un pensamiento tan liberal como el
de Fernández de Lizardi, preocupado por fomentar la idea de la educación
liberal y la crianza de los hijos, se encuentra un discurso que cuestiona el
reducido valor otorgado a la mujer de su época y que le permite adentrarse
en uno de sus cautiverios: la educación.
Los cautiverios son formas simbólicas de la opresión a la que están
sujetas las mujeres por sus costumbres, tradiciones, edades, formas de vida,
etc. como marcas de identidad individual que las diferencia entre ellas aun-
que las iguale a los ojos de los otros (Lagarde, 2003). La maternidad, la
locura, el cuerpo, la sexualidad, el convento, la cárcel, el matrimonio, la
escuela, incluso los deseos más íntimos y el lenguaje con el que se constru-
yen los discursos con que se expresan, son muros que mantienen cautivas a
las mujeres, secuestradas de sí y siempre a merced del otro, de la mirada y
el decir del otro. En este sentido, el espacio doméstico y la educación son la
prisión objetiva y subjetiva de la mujer del siglo XIX, sus cautiverios reales
e imaginarios que gracias a la Ley Natural de la separación de los sexos, la
obligó a la castidad, la modestia, la humildad y la obediencia como atribu-
tos per se de su naturaleza.
En la vida práctica como en el acontecer literario, la educación es un
discurso que contiene las configuraciones del imaginario social y del ideal
artístico que de él se deriva y que se trasladan a las instituciones como la
escuela y la familia. Las circunstancias histórico-culturales que permearon
la obra de Fernández de Lizardi aparecen refractadas en sus novelas, por
cuyo narrador y personajes es posible advertir las ideas del autor con res-
pecto a la educación5 y el papel que los sujetos sociales, masculinos y feme-

5 En el estudio introductorio a la edición de La Quijotita y su prima, de Porrúa, María del Carmen


Ruiz Castañeda señala que esta novela «transporta al mundo femenino el ideal educativo expre-
sado antes en El periquillo sarniento […] Decidido a combatir los errores y preocupaciones más
108 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ninos, desempeñaban o tendrían que realizar como progenitores y respon-


sables de la crianza y formación de los hijos. Así, el discurso del liberal y
escritor mexicano dialoga de manera crítica con los postulados e ideas de
Rousseau6 fuertemente enraizadas en la cultura patriarcal que les otorgó a
los hombres una superioridad intelectual, mediante la cual justificaba su
autoridad moral, civil y legal.
El liberal francés había dejado muy claro que la naturaleza marcaba y
diferenciaba a hombres y mujeres, que el destino de aquéllos era el poder y
el sino de éstas la obediencia, por ello su educación debía comenzar desde la
infancia y encaminarse a agradar y servir al varón, pues era su obligación
hacerse amar y honrar por los hombres, cuidarlos y educarlos cuando niños
y hacerles suave y grata la vida cuando adultos: «el destino especial de la
mujer es agradar al hombre. Si recíprocamente debe agradarle el hombre a
ella, es necesidad menos directa: el mérito del varón consiste en un poder, y
sólo por ser fuerte agrada» (Rousseau, 2007: 362). Con estas palabras se
sepulta por intrascendente la ley del amor porque para Rousseau no es ésta
sino la ley de la naturaleza la que desde tiempos remotos gobierna y origina
el deber/ser femenino y su primigenia y consustancial propensión a ser de-
terminada por el otro en términos de vasallaje. Al mismo tiempo, el amor es
valorado negativamente en tanto se configura como un sentimiento inútil
más próximo a la debilidad femenina y más alejado de la razón masculina.
Así la educación se concretó como un bien simbólico desigual para
seres desiguales y comenzó la construcción de los cautiverios sexuales: la
mujer para su casa, su marido y sus hijos; el hombre para las responsabili-

comunes en la educación femenina de sus días, Lizardi propone fórmulas pedagógicas de carácter
eminentemente práctico y realista, destinada a orientar a los padres de familia sobre tan importan-
te materia» ( 1973: xi).
6 De acuerdo con Ruiz Castañeda, Fernández de Lizardi era «un ilustrado devoto del racionalismo
filosófico, revolucionario y progresista [que] para la integración de una teoría educativa adecuada
a su propio medio social, recurre invariablemente a los pedagogos y moralistas europeos que se
mantienen dentro de los límites de la ortodoxia católica. Las teorías pedagógicas de Rousseau
pasan a su obra por medio de los adaptadores y comentaristas europeos del ginebrino, especial-
mente franceses» (1973: xiii).
LA MATERNIDAD ANULADA 109

dades de la vida pública, el conocimiento y el cultivo de las ciencias. Con


este pensamiento la sociedad patriarcal determinó la racionalidad masculi-
na y la irracionalidad femenina como los sitios desde los cuales la sociedad
sexuada ubicaba a sus miembros en el lugar y con el rol que por su condi-
ción de hombre o mujer les correspondía.

No es propio de las mujeres la investigación de las verdades abstractas y especula-


tivas, de los principios y axiomas en las ciencias; sus estudios se deben referir todos
a la práctica; a ella toca aplicar los principios hallados por el hombre […] Todas las
reflexiones de las mujeres […] deben encaminarse al estudio de los hombres […]
porque las obras de ingenio basto exceden su capacidad; no tiene la atención y el
criterio suficientes para aprovechar en las ciencias exactas (Rousseau, 2007: 396).

Aunque Fernández de Lizardi concuerda en que la mujer debe dedicar-


se al cuidado de la casa, del esposo y de los hijos y no al estudio de las
ciencias, considera que «siendo el alma el receptáculo de la sabiduría y no
careciendo las mujeres de alma, se sigue que tienen la misma aptitud que
los hombres [y] la que tenga una regular capacidad y aplicación podrá apren-
der lo que le enseñaren y hacerse sabia» (1973) Con ello critica la idea
generalizada de que «la mujer vale más como mujer y menos como hombre
[por lo que] deben aprender muchas cosas, pero sólo aquéllas que les con-
viene saber» (Rousseau, 2007: 368-369).

En La Quijotita y su prima, la instrucción a las mujeres se plantea desde


dos perspectivas, una que atañe a los padres y otra a las madres, pues am-
bos son los encargados de poner en práctica la educación liberal. Los pri-
meros reeducando a sus esposas y éstas reproduciendo en sus hijos la
instrucción recibida de los maridos:

si después de haberte señalado la causa de lo que te digo, por la razón y por la


experiencia […] ya no tienes ningún fundamento para dudar de mi opinión, porque la
110 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ves corroborada por la razón, la experiencia y la autoridad. Entonces ya me debes


creer, y abandonar como boberías las máximas de tus venerables tías, reírte de los
refranes vulgares, estar entendida de que ni la letra, ni la labor ni nada entra con rigor,
mejor que con la suavidad y el cariño, del que se debe usar más liberalmente con las
niñas, en atención a su complexión más delicada, a su pudor y timidez. Y descansando
en estos racionales sentimientos, procurarás desde luego educar a Pudenciana según
mi modo, sin sujetarse a otro alguno contrario (Fernández de Lizardi, 1973: 16).

Aunque Fernández de Lizardi configura un nuevo sentido de familia,


representado en la novela por los Linarte, no deja de hacer notar la impor-
tancia del hogar como espacio propicio para la mujer, como el lugar seguro
del que incluso no deben salir los niños a temprana edad para educarse en
la escuela de párvulos o con «la amiga».
Sin embargo, cuando Pudenciana es instruida por su padre en el oficio
de reparar relojes, no sólo la está preparando para la vida pública también
está manifestando discursivamente la autoridad de la mujer en asuntos que
le permitirán acceder a los espacios dedicados a las actividades
preponderantemente masculinas: el trabajo remunerado y la posible manu-
tención de los hijos ante la ausencia paterna.
Una vez comprendido que para Fernández de Lizardi la educación libe-
ral y la familia que la practica son los bastiones del progreso y del triunfo
individual, es evidente que todo aquello que se le opone es configurado en
términos de posturas perniciosas a la sociedad y la patria. No son los bando-
leros, ni los rivales políticos, ni aquéllos que manifestaran su gusto y predi-
lección por la corona y los tiempos virreinales como signatura ideológica; en
la obra de Lizardi los enemigos de la patria están configurados a partir de
aquellos vicios, usos y costumbres que alteraban la buena crianza de los
hijos. Así lo reconoce Matilde Linarte convencida por la retórica del esposo:

La verdad tiene un poder irresistible. Desde hoy escucharé a mis tías y a las que no
sean mis tías con más cuidado; reflexionaré en lo que me cuenten; haré lugar a la
LA MATERNIDAD ANULADA 111

razón con imparcialidad, y si ella se declarase en su contra, despreciaré sus cuentos,


me reiré de ellos, y no los creeré aunque sus autores tengan más canas que cabellos
(Fernández de Lizardi, 1973: 16).

Si la preocupación fundamental de este autor se centraba en la educa-


ción como medio eficaz y único de fortalecer a la familia y a la sociedad,
tres son los grandes males sobre los que discurre y que están presentes en
el discurso que transita tanto por las páginas de El Periquillo Sarniento como
en la historia de La Quijotita y su prima: la falta de cuidados y atenciones
maternas durante los primeros años de vida de los hijos, su mala instruc-
ción a través de supersticiones y creencias paganas, y la pronta separación
del hogar paterno para educarse fuera del hogar. La comunión de tales
despropósitos será, para Fernández de Lizardi, causa común de los males
personales y estarán encarnados en la familia Langaruto: Eufrosina,
Dionisio y Pomposa.
En El Periquillo Sarniento Fernández de Lizardi deja asomar su des-
acuerdo con el uso de nodrizas para criar a los niños, pues considera noci-
vos los resultados que tal práctica acarrea:

Quedé, pues, encomendado al cuidado o descuido de mi chichigua, quien segura-


mente carecía de buen natural, esto es de un espíritu bien formado, porque si es
cierto que los primeros alimentos que nos nutren nos hacen adquirir alguna pro-
piedad de quien nos los ministra, de suerte que el niño a quien ha criado una cabra
no será mucho que salga travieso y saltador, como se ha visto; si es cierto esto, digo:
que mi primera nodriza era de un genio maldito, según que yo salí de mal intencio-
nado, y mucho más cuando no fue una sola la que me dio sus pechos, sino hoy una,
mañana otra, pasado mañana otra, y todas, o las más, a cual peores: porque la que no
era borracha, era golosa; la que no era golosa, estaba gálica, la que no tenía este
mal, tenía otro […] y esto era por lo que toca a las enfermedades del cuerpo, que por
lo que toca a las del espíritu, rara sería la que estaría aliviada (1984: 14).
112 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Las consecuencias perniciosas de imponer nodriza son visibles en la


formación del carácter de los individuos, tan así que es el propio Periquillo
en su lecho de muerte, quien lamenta que el suyo, producto de las más
diversas variedades lácteas, haya resultado mal intencionado y proclive a
conducirlo por las muchas penalidades que atravesó en su vida.
En La Quijotita y su prima, Eufrosina no amamanta a su hija pues «la
entregó al brazo secular de las tías y nodrizas, y no la volvió a ver hasta que
la sacó a misa» (1973: 2); por supuesto, la falta del vital alimento materno
le permitirá al autor configurar el destino previsiblemente trágico de Pom-
posa: una mala crianza y una educación frugal que la conducirán de la
prostitución a la muerte. Tal como Periquillo se queja de su paso de una
nodriza a otra y las marcas que esto provocó en su carácter, el narrador de
La Quijotita y su prima describe las penalidades de Pomposa en su tránsito
por una serie de nanas que, también, adolecían de buenos criterios:

Así pasó esta pobre criatura su primera infancia, llena de achaque y dolencias, hoy
con una pilmama y mañana con otra; y si tan mal le fue en su crianza física al lado
de éstas, ¿qué sería en su educación moral? Sin duda, debía ser conforme era sus
primeras ayas o cuidadoras con quienes estaba continuamente.
Unas eran soberbias, otras desvergonzadas, ésta vengativa, aquella embustera
y todas como se puede considerar. Con esto, de unas aprendió a llorar por cuanto
quería y a enfadarse si no se lo daban pronto; de otras a levantar la mano para
cualquiera; de otras, a pedigüeña; de otras, a remedar a todo el mundo y sacar la
lengüita con mofa […] y de todas a ser, en cuanto su edad lo permitía, la muchacha
más necia, atrevida y malcriada […] Ya en el discurso de esta historia iremos viendo
el fruto de este criminal abandono (1973: 9).

En ambas novelas Fernández de Lizardi construye personajes simila-


res, distintos sólo por su sexo. Periquillo y Pomposa comparten una infan-
cia sin cuidados ni crianza materna, sus nodrizas y nanas carecían de los
atributos necesarios para infundirles los valores requeridos para una vida
LA MATERNIDAD ANULADA 113

tranquila y feliz y a temprana edad salieron de casa para instruirse en la


escuela y en «la amiga». Las coincidencias entre ellos rebasan el límite de
lo textual y allanan el camino hacia el nivel discursivo; desde sus configura-
ciones e historias particulares, ambos se manifiestan como la encarnación
de un yo que se reconoce contrario, distinto y negativo en su enfrenta-
miento con el otro discurso encarnado en la presencia de Pudenciana, ob-
jeto, meta y resultado de la educación liberal propuesta por su creador. La
vida azarosa de ambos y su final desolado, en contraste con el de la hija de
los Linarte, son la conclusión perfecta del diálogo que se establece no sólo
textualmente entre las novelas, más importante aún, entre las dos concep-
ciones de educación que transitan el nivel discursivo de ellas.
Por otra parte, la madre del Periquillo es duramente criticada por no
alimentarlo de su seno, circunstancia por la que se le otorga un valor infe-
rior al de los animales al tiempo que se elabora un discurso que manifiesta
la calidad irracional de la mujer que recurre al servicio de nodrizas, mar-
cando así la presencia de otro discurso que se opone al primero en térmi-
nos de reconocimiento crítico:

es una cosa que escandaliza a la naturaleza que una madre racional haga lo que no
hace una burra, una gata, una perra, ni ninguna hembra puramente animal y desti-
tuida de razón. ¿Cuál de éstas fía el cuidado de sus hijos a otro bruto, ni aun al
hombre mismo? ¿Y el hombre dotado de razón ha de atropellar las leyes de la
naturaleza, y abandonar a sus hijos en los brazos alquilados de cualquier india,
negra o blanca, sana o enferma, de buenas o depravadas costumbres, puesto que en
teniendo leche de nada más se informen los padres, con escándalo de la perra, de la
gata, de la burra y de todas las madres irracionales? (Fernández de Lizardi, 1984:
13-14).

El mismo proceso de señalamiento irónico se presenta en La Quijotita y


su prima:
114 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

entro de sopetón hasta la recámara, y me jalló a la señora Luterina dándole de


mamar a estos dos cachorros, sin tener tantita caridá de un pobre muchachito de
tres meses que estaba tirado a sus pies en una saleyita, dando el pobre angelito unos
gritos que hasta se desmorecía, y croque era de hambre, porque se chupaba las
manitas y se revolcaba como culebra (Fernández de Lizardi, 1973: 3).

En este pasaje el discurso contribuye no sólo a la configuración negati-


va de la madre que no amamanta a sus hijos también a negar su condición
humana. Si ya la naturaleza se había escandalizado con la madre que ponía
a su hijo en brazos de una nodriza, ubicándola en una escala de irraciona-
lidad inferior a la de los animales, aquí Fernández de Lizardi apuesta por
convertirla en un ser repugnante que por no alimentar al hijo prefiere dar
el pecho a dos perros. Al llamarla Luterina, simbólicamente la coloca en el
mismo nivel de crueldad y maldad en el que fue puesto Martín Lutero lue-
go de desafiar a la iglesia católica. Además, este episodio está referido en
voz de Pascual, mayordomo del rancho de los Linarte, quien denota su
condición humilde e iletrada no sólo en su manera de expresarse también
porque es él, en su aparente falta de cultura, quien equivoca el verdadero
nombre de la mujer permitiendo tanto el tono irónico con el que se la con-
figura como el discurso con el que Lizardi la borra del género humano. La
señora en cuestión se llamaba María Liduvina aunque en un primer mo-
mento el mayordomo le dice Lustrina y termina, como ya vimos, converti-
da en una luterana. Este recurso discursivo permite la configuración de
esta mujer en términos de un ser maligno engendradora de culebras, pues-
to que para el autor son abominables los hombres que no nutrieron cuerpo
y alma del pecho de sus madres.
En la misma novela se presentan los discursos que se oponen entre sí,
por un lado el de la mujer no madre, si atendemos a lo que ha venido di-
ciendo Fernández de Lizardi con respecto a la relación maternidad/ama-
mantamiento, y otro que se significa por contraste, o sea, el de la mujer/
madre. El primero representado por la madre del Periquillo, por Luterina
LA MATERNIDAD ANULADA 115

y por Eufrosina Langaruto y el segundo encarnado en Matilde Linarte. El


enfrentamiento entre ambos discursos se materializa en el nivel textual de
la novela a partir de las posiciones vitalmente antagónicas de las familias
Linarte y Langaruto. Mientras que la actitud de Eufrosina es alabada por
sus amistades:

Haces muy bien de no criar a tus hijos. Yo así lo hago, y ya ves que buena salud gozo
después de haber parido ocho muchachos […]Yo pariera veinte y no criara uno;
porque la crianza acaba a las mujeres, y por fin, no es moda, ni se quedan estas cosas
para las personas de nuestra clase, sino de las pobretas y gente ordinaria (Fernández
de Lizardi, 1973: 2).

Su hermana Matilde es víctima de la comidilla por su decisión de ama-


mantar a su hija y reconfortada por las paternales palabras de su marido
que, en todo, dejan ver la constante oposición entre uno y otro discurso:

Hija, no hagas caso de las producciones de esas locas. El ídolo que adoran es su
carita, y con tal que esta no desmerezca, poco cuidado se les da de atropellar las
leyes de Dios y de la naturaleza. Mucho y bien han declamado los sabios contra este
abuso; pero nunca lo bastante para exterminarlo de las sociedades (Fernández de
Lizardi, 1973: 2-3).

Así, el proceso de la maternidad anulada se va desarrollando a partir de


la presencia de ambos discursos al tiempo que se desvela el cautiverio de la
educación. Me parece importante que la anulación de la maternidad se con-
figure en términos de la crianza de los hijos, pues para Fernández de Lizardi
es vital que los niños absorban de sus madres, a través de la lactancia, no
sólo los nutrientes que les proveerán de fortaleza y salud física también los
elementos morales que les permitirán una vida adulta sensata y serena.
Entonces, desde el nivel discursivo, la educación liberal propuesta por
el autor debe ser vista como una unidad indisoluble entre la crianza, la ins-
116 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

trucción y el papel que la mujer y el hombre desempeñan en la familia. En la


voz de Rodrigo Linarte se asoma la importancia que reviste para el futuro
de Pudenciana que sean ambos progenitores los que se ocupen de su ins-
trucción, en este sentido, la posición del padre es significativa para el proce-
so de anulación de la maternidad porque al tiempo que se concentra en la
educación práctica e ideológica de la hija, sus palabras sirven para criticar la
actuación de su cuñada y, de paso, reeducar a su propia esposa; con ello
logra que sus ideas lleguen a la conciencia de la hija a través de dos vías: la
paterna y la materna, asegurando así el triunfo de la educación liberal:

–Tú sí, eres verdadera madre; tú sí, cumples con los deberes de la naturaleza. Ella,
yo y tu hija tenemos en ti el imán de nuestras delicias. La naturaleza humana
reconoce en ti un individuo suyo propio, yo una digna esposa, y tu hija una amante
y verdadera madre, bastante a desempeñar este sagrado título (Fernández de Lizardi,
1973: 7).

El reiterado reconocimiento del esposo a la calidad materna de Matilde,


refuerza en su discurso la imagen negativa de Eufrosina al grado de anular-
la: Matilde sí es una verdadera madre por lo tanto su hermana no lo es y
por ello cabe perfectamente en la colectividad a la que se refiere el autor en
El Periquillo Sarniento:

Mujeres crueles, ¿Por qué tenéis el descaro y la insolencia de llamaros madres?


¿Conoces, acaso, la alta dignidad de una madre? ¿Sabéis las señales que las carac-
terizan? ¿Habéis atendido alguna vez a los afanes que le cuesta a una gallina la
conservación de sus pollitos? ¡Ah! No. Vosotras nos concebisteis por apetito, nos
paristeis por necesidad, nos llamáis hijos por costumbre, nos acariciáis tal cual vez
por cumplimiento, y nos abandonáis por un demasiado amor propio o por una
execrable lujuria […] madres crueles, indignas de tan amable nombre […] apenas
podéis nos arrojáis a los brazos de una extraña, cosa que no hace el bruto más atroz
(Fernández de Lizardi, 1984: 14).
LA MATERNIDAD ANULADA 117

Por otra parte, la presencia pertinaz de supersticiones y creencias fala-


ces es una condición que impacta negativamente la educación de los hijos,
en El periquillo Sarniento, por ejemplo, la madre es caprichosa, manipula-
dora e irracional y se la configura en términos de la ignorancia y la supers-
tición:

Otra candidez tuvo la pobrecita de mi madre, y fue llenarme la fantasía de cocos,


viejos y macacos, con cuyos extravagantes nombres me intimidaba cuando estaba
enojada y yo no quería callar, dormir o cosa semejante [con lo que] me formó un
espíritu cobarde y afeminado, de manera que aún ya de ocho o diez años, yo no
podía oír un ruidito a media noche sin espantarme, ni ver un bulto que no distin-
guiera, ni un entierro, ni entrar en un cuarto oscuro, porque todo me llenaba de
pavor (Fernández de Lizardi, 1984: 15-16).

En La Quijotita y su prima la presencia de la ignorancia y la superstición


es atribuida a las nanas de Pomposa de quienes aprendió «a temer al coco,
al viejo, a la bruja y a los aposentos sin luz» (Fernández de Lizardi, 1973:
9). El traslado de tales supercherías al pensamiento infantil supone, por un
lado, la presencia del discurso con el que Lizardi critica las estrategias
educativas de la mujer no madre, quien además de no serlo por incumplir
con la crianza de su hijo, tampoco lo es por el erróneo camino por el que lo
va formando. La maternidad anulada sigue construyéndose ahora con lo
que respecta a la obligación materna de dotar el entendimiento del hijo de
juicios razonables y un temperamento valiente, situación que indudable-
mente no se cumple en el caso del Periquillo y su madre ni en el de Pompo-
sa Langaruto. Por otro lado, esta visión crítica refuerza el posicionamiento
liberal que la educación debía contener para lograr los resultados óptimos
que Fernández de Lizardi postulaba:

¡Gracias a un puñado de viejas necias que, o ya en clase de criadas o de visitas,


procuraban entretener al niño con cuentos de sus espantos, visiones y apariciones
118 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

intolerables! ¡Ah, que daño me hicieron estas viejas! ¡De cuántas supersticiones
llenaron mi cabeza! […] no permitáis a los vuestros que se familiaricen con estas
viejas supersticiosas […] ni les permitáis tampoco las pláticas y sociedades con
gente idiota, pues lejos de enseñarles alguna cosa de provecho, los imbuirán en mil
errores y necedades (1984: 16).

La superstición y las creencias relacionadas o derivadas de ella, mani-


fiestan una ignorancia que el autor atribuye a las costumbres de crianza
antiguas y por ello nocivas; de ahí que la presencia de las ancianas sea tan
significativa, pues ellas representan y simbolizan el lastre de la reproduc-
ción de modelos y prácticas contrarias a la educación liberal:

mis tías, mis abuelas y otras viejas del antiguo cuño querían amarrarme las manos y
fajarme o liarme como un cohete, alegando que si me las dejaban sueltas, estaba yo
propenso a espantarme o a ser muy manilargo de grande, y por último, y como la
razón de más peso y el argumento más incontrastable, decían que éste era el modo
con que a ellas las habían criado, y que por tanto era el mejor y el que se debía seguir
como más seguro, sin meterse a disputar para nada del asunto, porque los viejos eran
en todo más sabios que los del día y pues ellos amarraban las manos a sus hijos, se
debía seguir su ejemplo a ojos cerrados (Fernández de Lizardi, 1984: 12).

Con estos elementos Fernández de Lizardi elabora un discurso que, en


voz del Periquillo, crítica tales costumbres y explicita la posición del padre
ante ellas:

¡Válgame Dios, cuánto tuvo mi padre que batallar con las preocupaciones de las
benditas viejas! ¿Cuánta saliva no gastó para hacerles ver que era una quimera y un
absurdo pernicioso el liar y atar las manos a las criaturas! ¡Y qué trabajo no le costó
persuadir a estas ancianas inocentes a que el azabache, el hueso, la piedra, ni otros
amuletos como éste ni ninguna clase no tienen virtud alguna contra el aire, rabia,
mal de ojo, y semejantes faramallas! (1984: 13).
LA MATERNIDAD ANULADA 119

Para Fernández de Lizardi las tradiciones que afectan la crianza e


instrucción de los hijos representan no sólo un lastre que afectaba negati-
vamente la vida de la gente también un enemigo que impedía la cabal for-
mación de la razón humana:

¿qué quieres que yo diga, cuando sabes que mis tías son unas señoras muy cristia-
nas, prudentes y sabias, y sobre todo ya tan ancianas, que es fuerza que sepan más
que yo, porque la experiencia y el mundo que tienen las ha enseñado?
–¡Válgate Dios por experiencia!, decía el coronel; ¡válgate Dios por experien-
cia, por mundo y por viejas que te tienen preocupada! Yo conozco que eres dócil;
pero por desgracia sorprendieron esas señoras y otras personas vulgares tu docili-
dad a su favor desde tus tiernos años, y te llenaron la cabeza de mil preocupaciones
e impertinencias, de que no es muy fácil te desprendas (1984: 14).

Asimismo, la temprana educación fuera del hogar aparece como una


actividad reprobable y reprochable; ya en la voz de un personaje, ya en la
del narrador, esta situación lejos de contribuir a la instrucción adecuada de
los hijos les procuraba malos augurios para su vida adulta. En El Periquillo
Sarniento es este personaje el encargado de criticar su salida a la escuela a
instancias de la madre:

Así viví en mi casa los seis primeros años que vi el mundo. Es decir, viví como un
mero animal, sin saber lo que me importaba saber y no ignorando mucho de lo que
me convenía ignorar. Llegó, por fin, el plazo de separarme de casa por algunos
ratos, quiero decir, me pusieron en la escuela, y en ella ni logré saber lo que debía,
y supe, como siempre, lo que nunca había de haber sabido, y todo esto por la
irreflexiva disposición de mi querida madre (Fernández de Lizardi, 1984: 16-17).

En La Quijotita y su prima el narrador es quien refiere el ingreso de


Pomposa a «la amiga»: «apenas cumplió los tres años su niña, cuando a
pretexto de que ya era grandecita y perdía tiempo [Eufrosina] la puso en la
120 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

amiga, y aún procuró persuadir a su hermana Matilde hiciera lo mismo con


Pudenciana» (Fernández de Lizardi, 1973: 11).

A propósito de los intentos persuasivos de su cuñada, el esposo de


Matilde aprovecha para hacerle ver la ineficacia de la instrucción adquirida
en las escuelas; así, continúa este discurso con el que Fernández de Lizardi
refuerza sus ideas educativas siempre en oposición a las practicadas en la
familia de su cuñada:

¡qué engañada estás! ¿Con que piensas que porque tu sobrina está dos o tres años
hace en la amiga antes que tu hija, sabe mucho y lo sabe bien? ¿Crees que nuestra
Pudenciana ha perdido el tiempo y no sabe nada? Pues te engañas […] ya verás que
poco o nada sabe tu sobrina y que ningunas ventajas lleva a tu hija, pues ésta dentro
de un año o menos sabrá leer bien y aquélla jamás, si no olvida antes leer mal, lo que
es tan difícil como doble trabajo (1973: 19).

Con todo lo antes señalado se advierte tanto la importancia que


Fernández de Lizardi otorga a la educación liberal, como los vicios que a
su juicio perjudican la formación de la clase de mexicanos que la nueva
nación merecía. Su crítica, entonces, se extiende hacia todo el sistema so-
cial de su época y en ese sentido aparece el diálogo entre los dos discursos
que por enfrentamiento van delineando, por un lado, la maternidad anula-
da y, por otro, la reelaboración de los cautiverios de la mujer/madre, parti-
cularmente el de su educación. Me parece que la siguiente cita de El
Periquillo Sarniento aclara del todo estos asuntos:

No sólo consiguieron mis padres hacerme un mal genio con su abandono, sino
también enfermizo con su cuidado. Mis nodrizas comenzaron a debilitar mi
salud, y a hacerme resabido, soberbio e impertinente con sus desarreglos y des-
cuidos, y mis padres la acabaron de destruir con su prolijo y mal entendido
cuidado y cariño; porque luego que me quitaron el pecho […] se trató de criarme
LA MATERNIDAD ANULADA 121

demasiado regalón y delicado, pero siempre sin dirección ni tino (Fernández de


Lizardi, 1984: 14).

Es significativo que sean ambos padres los responsables del infortunio


del personaje, porque eso denota la trascendencia de la familia en el futuro
de los hijos; así, el discurso de la maternidad anulada se va fortaleciendo
con la presencia de padres débiles y madres ineptas que el autor configura
como ejemplo de lo que no se debía hacer: usar nodrizas, formar desde la
superstición y educar tempranamente a los hijos fuera del hogar.

EL CAUTIVERIO DE LA MATERNIDAD
Y SU PROCESO DE ANULACIÓN

He señalado antes que la maternidad anulada es resultado de un proceso


dialógico en el nivel discursivo de La Quijotita y su prima y que se fue desa-
rrollando y evidenciando por su relación con El Periquillo Sarniento. Tam-
bién he dicho que tal concepto lo integro a partir de la presencia, en ambas
novelas, del proyecto educativo de Fernández de Lizardi.
Entonces, considero que la figura de la maternidad anulada se anuncia
desde el principio en la primera novela del autor; en ella será la propia voz
del hijo la responsable de evidenciar la ignorancia de su madre en cuanto al
cuidado y la instrucción de sus hijos: «[…] me pervertía más mi madre; y
mi padre tenía que ceder a su impertinente cariño. ¡Qué mal hacen los
hombres que se dejan dominar de sus mujeres, especialmente a cerca de la
crianza o educación de sus hijos!» (Fernández de Lizardi, 1984: l6), al mis-
mo tiempo que desliza la imagen de la debilidad paterna. Esta situación
resulta vital pues de ahí nacen las configuraciones que como discursos en
diálogo, se determinan a sí mismos por la presencia recíproca de su exis-
tencia en La Quijotita y su prima.
Mientras que en El Periquillo Sarniento es un solo personaje, identifica-
ble con la voz autoral, el que expresa las ideas de Lizardi y por ello es el
122 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ejemplo vivo de su propio discurso. En La Quijotita y su prima este peso


queda repartido en varias voces representantes, a su vez, de los dos discur-
sos que transitan la novela. Uno, personificado por Eufrosina, Dionisio y
Pomposa Langaruto, quienes simbolizan el lastre y la nocividad y, en ese
sentido, el pasado. El otro, encarnado por Matilde, Rodrigo y Pudenciana
Linarte, encargados de darle vida a la modernidad y el desarrollo del pen-
samiento y, por ello, del futuro. El elemento que vincula ambas presencias
es el narrador que no gratuitamente lleva el nombre del autor; así, las es-
trategias narrativas de la novela posibilitan la fragmentación de un mismo
discurso expresado con igual fin pero desde distintos actores.
La maternidad anulada está representada por la familia Langaruto. Cada
integrante de ella desempeña un papel fundamental, ya por acción, ya por
omisión, en el fatal destino de la hija. Eufrosina es configurada en términos
de una mujer tradicional, típica, de la clase urbana, superficial y vanidosa,
muy dada a salir de fiesta y organizar convites: «Eufrosina era una petimetra
o curra de las últimas modas, su casa una perfecta sociedad de caballeretes
almidonados y su vida un continuado círculo de diversiones y alegrías»
(Fernández de Lizardi, 1973: 1) por tales razones cede a una serie de cria-
das la crianza física y la formación espiritual de su hija. Es la imagen acaba-
da de la mujer no madre que se anuncia en El Periquillo Sarniento. Presentada
como una mujer hermosa, la madre de Pedro Sarniento es configurada
como una mujer joven, irreflexiva, caprichosa y necia que utiliza su belleza
física y el amor que le profesa el marido para conseguir todos sus capri-
chos, aunque ello condujera a la mala crianza de los hijos:

cuando no le valían sus insinuaciones y sus ruegos para hacer desistir a mi padre de
su intento, apelaba a las lágrimas, y entonces era como milagro que no se saliera
con la suya, porque las lágrimas de una mujer hermosa y amada son eficacísimas
para vencer al hombre más circunspecto (Fernández de Lizardi, 1984: 34-35).
LA MATERNIDAD ANULADA 123

Dionisio es el espejo de su esposa, «semijoven, rico y totalmente dado


al lujo y a lo que dicen gran mundo […] sólo pensaba en el juego, bailes,
tertulias, modas y paseos» (Fernández de Lizardi, 1973: 1) por lo que no se
involucraba en los asuntos hogareños ni en la educación de la hija. Se ase-
meja al padre de Periquillo sólo en la debilidad de carácter que lo llevaba a
ceder ante todos los caprichos de la esposa.
Pomposa, como su madre, es frívola, testaruda, muy dada a las malas
influencias, a la mojigatería, el chisme y las fiestas. La indolencia del padre
terminará de formar su carácter y su destino: «¿Qué clase de mujer casada
hará Pomposita con la educación que le da su madre por culpa de don
Dionisio? Sin duda que será esta mujer una orgullosa, necia y abandonada
en la educación de sus hijos, así como lo fue su madre» (Fernández de
Lizardi, 1973: 29). Adicta a las lecturas de corte religioso y sentimental
que, en un comparativo con el Quijote de Cervantes, le llenan la cabeza de
fantasías y sinrazones que la hacen merecedora de su apodo y que la irán
llevando de la prostitución al aborto hasta su autodestrucción:

las vengo a avisar, allán casa aciocho días que está muy mala, y yo como probe, no
tengo para los remedios, nomás tantito atole le doy a ña Tontosita […] encontra-
mos a la desventurada Pomposita, en una cama que formaban dos petates de tule
rotos, en el suelo, cubierta con asquerosísimos andrajos y hecha un esqueleto [pro-
rrumpió] en un fuerte llanto luego que nos vio, llamando con voz dolorida y pene-
trante a todos y cada uno, pidiendo por amor de Dios que olvidásemos su conducta
y le tuviésemos compasión (Fernández de Lizardi, 1973: 289-290).

Su diálogo con Periquillo se establece por las coincidencias de su crianza


e instrucción y, fundamentalmente, porque próximos a la muerte cobran
conciencia de los errores de su vida, tal como el personaje cervantino reco-
bró la cordura:
124 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

–Aunque ustedes no puedan apreciar la historia de nuestro últimos días, y sin


embargo de que ella no es honrosa ni agradable, para que sirva de ejemplo y escar-
miento a los padres de familia sin prudencia ni juicio y a las jóvenes que con tiempo
no aprovechan lo poco bueno que se les enseña y las lecciones que da el mundo,
pido a Dios me dé aliento para poderla relatar aunque en breve, y a ustedes sufri-
miento para escuchar procederes lamentables y vergonzosos (Fernández de Lizardi,
1973: 290).

Estos tres personajes, su tono emocional y volitivo, son la representa-


ción de la maternidad anulada si atendemos a las condiciones de crianza,
educación y vida que cada uno de ellos muestra. En tanto los vicios de
Eufrosina y Dionisio contribuyeron a la tragedia de su hija, en ambos per-
sonajes se cristalizan los defectos sociales y humanos, que en términos de
enemigos de la patria, provocan la imagen anulada de la maternidad por
ser ésta una responsabilidad mal llevada, definida así por su confrontación
dialógica.
Si en El Periquillo Sarniento se sentencia en tono premonitorio el mal
papel de la madre: «Me quería mucho, es verdad, pero su amor estaba mal
ordenado. Era muy buena y arreglada, mas estaba llena de vulgaridades»
(Fernández de Lizardi, 1984: 28) en La Quijotita y su prima, Fernández de
Lizardi aniquilará la figura de la mujer/madre al proponer la configuración
de la maternidad anulada de Eufrosina y la reelaboración del cautiverio de
la educación en Matilde; será su esposo, el coronel, quien asumirá la crian-
za y educación de Pudenciana y aprovechará la oportunidad para reeducar
a la esposa.
Eufrosina y Matilde eran hermanas, criadas y educadas bajo los mismos
preceptos y creencias, entonces, ¿por qué la conducta de ambas representa
posiciones contrarias?, ¿por qué la primera es concebida como una mujer
vacía, irracional y la segunda en términos completamente distintos? La res-
puesta se encuentra en la reelaboración del cautiverio de la educación como
configuración y resultado del discurso liberal de Fernández de Lizardi.
LA MATERNIDAD ANULADA 125

Matilde, pese a la cercanía con su hermana, tentada las más de las veces
a imitar su conducta, estaba «acostumbrada desde muy niña al reposo de
su marido, se divertía grandemente con el cuidado de éste y de su casa»
(Fernández de Lizardi, 1973: 1) y en razón del nacimiento de su hija co-
mienza el proceso de reeducación con el que el esposo procura hacerla
participar de sus ideas:

–En verdad que estoy por convencerme, decía Matilde; pero mis tías, mi hermana
y las amigas de mis tías me dicen muy al contrario, esto es, que conviene educar a
los niños muy temprano y tratarlos con la mayor severidad, si no se crían los
muchachos malcriados […] respondió el coronel; nada más has hecho que confir-
mar que estás preocupada en la doctrina que te han inspirado tu hermana, tus tías y
otras personas y viejas tan ridículas e idiotas como ellas […] Por la razón debes
convencerte de que los niños racionales no se deben enseñar como si no lo fueran
(Fernández de Lizardi, 1973: 13).

La racionalidad a la que apela el esposo para la educación de los niños se


convertirá en la directriz con la que guiará tanto a su esposa como a su hija;
en ambas, procurará desatar su entendimiento y erradicar las costumbres
que consideraba dañinas, desde el uso de nodrizas hasta la escolarización
temprana. Así, madre e hija se convierten en discípulas del hombre ilustrado:

Sé que habló contigo, que me amas, te merezco buen concepto, y al fin te has de
adherir a mi opinión, por eso me explico con tanta sencillez; pero no quiero que
por amor o por respeto coincidas con mis ideas, sino persuadida por la razón, la
experiencia y la autoridad (Fernández de Lizardi, 1973: 13).

Matilde siempre tras largas explicaciones se convence de los argumen-


tos del esposo y actúa acorde a ellos, así, este personaje representa textual-
mente el elogio con el que el autor enaltece a las madres que crían con su
pecho a sus hijos, los alejan de supersticiones y demás creencias nocivas y
126 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

los mantienen bajo el techo protector de su casa, educándolos en ella hasta


la edad propicia para enviarlos a la escuela.
Rodrigo Linarte contiene todos los atributos y características que al
tiempo que lo distancian de su cuñado, lo van configurando como un hom-
bre ilustrado, ya por la elocuencia de sus palabras, ya por su proceder
paternalista. Siendo un hombre que «frisaba los cuarenta y cinco años de
edad, su fortuna era harto mediana y su carácter serio y cortesano […] se
divertía sin disiparse y se entretenía […] en la lectura de buenos libros»
(Fernández de Lizardi, 1973: 1) con este personaje y el discurso que lo
alimenta y contiene, Fernández de Lizardi evidencia significativos cambios
ideológicos que quedarán plasmados en su hija Pudenciana.
Ella, enseñada por el padre el oficio de relojera, instruida por él en el
conocimiento de las matemáticas, adquiere con su educación la posibilidad
del empoderamiento femenino en términos, insipientes si se quiere, de su
capacidad de solventar su futuro en caso de quedar viuda y con hijos; es
decir, recibe en su casa por intermediación de sus progenitores la autori-
dad necesaria para proveerse a sí misma. Producto de la educación ilustra-
da de su padre, Pudenciana tiene una existencia feliz y sosegada; con ella
Fernández de Lizardi insiste y concreta su idea de que educar en el orden y
el raciocinio resulta en una vida dulce y tranquila.
Esta imagen revela más que la moraleja de siempre, pone de manifiesto
el sentido que el autor pretende darle a la educación femenina, el giro bre-
ve pero concreto mediante el cual reelabora el cautiverio educativo de la
mujer a quien, es verdad, saca de la ignorancia sólo para dejarla cautiva de
una/otra concepción del mundo, ilustrada sí pero irremediablemente pa-
triarcal. Al tiempo que propone la idea de la educación liberal, Fernández
de Lizardi posibilita el proceso de anulación de la maternidad al permitir
que sea el padre el encargado de educar a la esposa en los términos que él
desea para la formación de su hija; así, educación y maternidad son vistas,
revisadas y reconfiguradas desde la noción masculina y, desde ella, se con-
vierten en un discurso autoritario.
LA MATERNIDAD ANULADA 127

BIBLIOGRAFÍA

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128 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO
MATERNIDAD A CONTRALUZ 129

Maternidad a contraluz: visiones y rostros


en la poesía mexicana del siglo xx

Gloria Vergara
Ada Aurora Sánchez Peña1

P
ara hablar de la maternidad en las poetas mexicanas del siglo XX,
deben tomarse en cuenta dos raíces que trazan el arquetipo de la
madre en nuestra cultura. Una, es la visión materna del mundo
prehispánico, y otra, la que se implantó en México a partir de la Conquista
española, con el catolicismo y las costumbres europeas relacionadas con la
educación de la mujer. Esta plataforma social-religiosa ha contribuido a la
veneración que se tiene de la madre mexicana aunque, paradójicamente, se
trate de una cultura de las de mayor arraigo del machismo.
Las contradicciones generadas por los cruces que se presentan entre el
arquetipo de la madre buena y los hábitos y costumbres que envuelven a la
mujer en la vida cotidiana marcan gran parte de esta cultura. Por ello la
imagen de la maternidad no puede verse como una sola. La madre buena,
venerada, inalcanzable, la que es celebrada el diez de mayo, es una cara del
estereotipo, la idealización romántica y más comercial de estos tiempos
globalizados. Pero el estereotipo de la madre, como lo muestran las cultu-
ras antiguas, contiene los dos polos: la madre buena, protectora, divina y la
madre mala, perversa, asesina que puede reconocerse sobre todo en la mi-
tología griega y romana, así como en las manifestaciones de la tradición
oral en la cultura contemporánea.

1 Doctoras en Letras Modernas. Profesoras investigadoras de la Universidad de Colima,


[email protected] / [email protected]

[129]
130 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

En el presente artículo, se verán algunos aspectos fundamentales de


estos estereotipos que subyacen en las visiones diversas y ambivalentes de
la maternidad en poetas mexicanas del siglo XX como Rosario Castellanos,
Enriqueta Ochoa, Cristina Rivera Garza y Nadia Contreras; escritoras,
todas ellas, de sólida trayectoria en quienes, de una manera u otra, la per-
cepción de la maternidad es poco común y se revela a contraluz y contra-
corriente de la cultura y los estereotipos.

DE TONANTZIN GUADALUPE A LA MALINTZIN

El propósito de este trabajo es revisar la maternidad en la sociedad actual,


por lo que no se busca el registro de la madre prehispánica en la poesía
mexicana, sin embargo es importante señalar que, en este cimiento de nuestra
cultura mestiza, aparece la imagen femenina ligada a una de las visiones
más fuertes del pueblo mexicano: el aspecto divino de la madre. Entre los
aztecas, diosas y mujeres incidían en el destino de los pueblos a partir de su
fuerza y poder como madres o abuelas de la tribu.
En el catolicismo, la virgen es la madre de Dios, santa, pura, llena de
gracia, pero también de sufrimiento. En esta imagen de pureza divina coin-
ciden el mundo prehispánico y la tradición europea. Con todo, la relación
del parto con el pecado no aparece entre los nahuas o mayas; no con la
carga con la que, en el Génesis, Eva es condenada a dar a luz con dolor, a
causa de su pecado. Entre los mayas, Ixmucané, la diosa vieja y la diosa O,
y entre los aztecas Cihuacóatl y Yoaltícitl, eran invocadas en los partos
difíciles, tal como San Ramón Nonato es evocado en la religión católica.2
Pero entre los aztecas, las madres que morían en el parto eran considera-
das guerreras y les rendían honores especiales.

2 De la relación entre las culturas prehispánicas y los pueblos de la antigüedad clásica en cuanto a
la imagen de la diosa, es importante revisar el texto Madre terrible, de Blanca Solares, así como el
Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica de Yolotl González Torres.
MATERNIDAD A CONTRALUZ 131

Para los pueblos prehispánicos la fertilidad de la mujer era parte de la


fuerza cósmica del universo, por ello no es gratuito que algunas figuras
sean vistas a la vez como madres de los dioses y de la agricultura o del
maíz, símbolo de la creación. La relación entre la mujer y la tierra aparece
en todas las culturas primitivas: «la Isis egipcia, la Ishtar mesopotámica, la
Démeter griega, la Ceres romana, y la Chicomecóatl prehispánica enseña-
ron a los hombres a plantar el grano (Comisarenco, 2010: 200).
En los mitos también se encuentra la parte trágica y terrible de la ma-
ternidad. Entre los griegos, por ejemplo, Edipo fue enviado a la muerte
para evitar su destino, aunque a fin de cuentas lo terrible se cumple. Ma-
dres que asesinan a sus hijos como Medea, para vengarse del marido, o
madres que tienen hijos monstruosos como ocurre con Pasifae, madre del
minotauro, habitan el imaginario de los pueblos occidentales.
Buena o terrible, amorosa o llena de rencor, todos los seres humanos
llevamos en nuestra conciencia la imagen primordial de la madre. Según
Jung:

el arquetipo materno es consiguientemente una imagen interna propia de la mente


humana que debido a su universalidad e importancia básica se encuentra presente
en innumerables ritos, mitos, símbolos religiosos, sueños, fantasías, y obras artísti-
cas de distinta índole desde la prehistoria hasta la época contemporánea (cit. en
Comisarenco, 2010: 193).

Desde otra perspectiva, la maternidad es vista como «una construcción


cultural cuya base hunde sus raíces en un hecho biológico general y
universalizable» (Moncó, 2009: 359). Por tal motivo no es posible hablar
de una maternidad, sino de múltiples y diversas maternidades, entre las
cuales hay que considerar también las narcisistas, egoístas, crueles, malva-
das y patológicas. Todas se mezclan «haciendo así un conjunto heterogé-
neo donde la maternidad procreadora se funde con la social, con la legal,
con la genética o con la biológica» (Moncó, 2009: 361).
132 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Maternidad tiene que ver con el embarazo, el parto, el hecho de aman-


tar, cuidar y educar, así como con los sentimientos que se muestran. La
maternidad es «algo» que identifica, deja huella tanto en las madres como
en los hijos e hijas (Moncó, 2009). Porque el imaginario está compuesto
por el instinto materno y el amor maternal que se va adquiriendo con la
educación y las normas sociales, como asegura Badinter (cit. en Palomar y
Suárez de Garay, 2007). La mujer es, pues, un ser histórico que tiene la
capacidad de simbolizar su amor maternal. Pero no es el amor lo que deter-
mina que una mujer «cumpla» con sus «deberes maternales», sino la moral
y los valores sociales o religiosos confundidos con el deseo nada transpa-
rente de la madre (Palomar y Suárez de Garay, 2007).
La maternidad, como construcción social, deja ver que «se trata de un
fenómeno multifacético, atravesado por diversas dimensiones conflictivas,
en el que la experiencia subjetiva juega un papel importante» (Palomar y
Suárez de Garay, 2007: 312). Y de esta construcción social existe un mane-
jo profundamente perverso por parte de las instituciones, de tal suerte que
no dejan «alternativas para ser madre de una manera distinta» (Palomar y
Suárez de Garay, 2007: 338) a la que dictan las normas y estereotipos.
Ocurre entonces que el imaginario que se idolatra está alejado de manera
abismal de la realidad y de los contextos donde estas mujeres son y se ha-
cen madres.
Existen, en la cultura mexicana, dos visiones que se cruzan desde el
momento de la Conquista: somos hijos de la virgen de Guadalupe, pero
también de Malintzin, hijos de la chingada, como lo hizo notar Octavio Paz
en El laberinto de la soledad (1984). Nos protege una madre amorosa, divina,
inalcanzable, en la imagen de la virgen. Pero esta imagen sublimada no
siempre guarda relación con la mujer humillada, ultrajada, menospreciada,
ninguneada o –por lo menos– inadvertida, cuyo objetivo más alto es, en no
pocas ocasiones, la necesidad de eternizarse a través de la maternidad, como
decía Rosario Castellanos, porque siguen vigentes «las estructuras del po-
der, antaño exclusivamente masculinas, aquéllas que destinaron a las muje-
MATERNIDAD A CONTRALUZ 133

res sólo al espacio privado restringiéndolas a su papel biológico» (Quezada,


2010).
Más allá de esta cuestión social, podemos preguntarnos cómo la mater-
nidad es abordada por las mujeres artistas, por las poetas; cómo represen-
tan el papel de la madre? En algunas, como Rosario Castellanos, es clara la
visión crítica de y hacia la mujer. Incluso puede verse, en su obra, el atrevi-
miento, la ironía y la lucha por mostrar que la mujer tiene que sentirse libre
para decidir su vida. Otras revelan, en la penumbra, la imagen sumisa de
las madres que perecen en el ámbito de la rutina, de la violencia. Algunas
proyectan el lado amoroso, otras la locura, algunas la soledad; pero en
todas ellas la maternidad es un crisol, un aleph para ver el mundo.

Rosario Castellanos: adiós a las máscaras


Rosario Castellanos (1925-1974) se manifiesta contra la idea del eterno
femenino, es severa en la crítica a la actitud «resignada», «sumisa» de la
mujer-víctima. No tolera esta idea ni con la imagen de su madre. La poeta
recuerda que su mamá, muy enferma de cáncer, se levantaba tambaleante
para llevarle remedios al padre resfriado y él le daba la espalda y la recha-
zaba (Gordon, 1975). Este hecho, junto con el sentimiento de culpa que
vivió Rosario Castellanos por ser la primogénita y por considerar que la
muerte de su hermano la dejaba a ella como una intrusa (ocupaba el lugar
del varón), marcan sin duda la visión de la poeta acerca de la sociedad:

Mi mamá se dedicó a hacer jueguitos de espiritismo con una amiga suya. En uno de
esos juegos la amiga tuvo una revelación que recuerdo muy vivamente, a pesar de
mis ocho años, porque fue para mí determinante. Estábamos descansando en el
comedor, mi hermano de siete años, mi mamá y yo cuando entró despavorida esta
amiga, con el pelo blanco todo parado y sin peinar, como una especie de medusa, y
le dijo a mi mamá que acababa de aparecérsele un espíritu que le avisó que uno de
sus dos hijos iba a morir. Entonces mi mamá se levantó como un resorte y gritó:
«pero no el varón ¿verdad?» (Castellanos, 1985: 16).
134 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Para Rosario Castellanos es terrible ver que la mujer por el simple


hecho de nacer tal se «inferioriza» y adquiere una predisposición a ser
víctima; que se siente culpable de no cumplir con sus «obligaciones» de
esposa, incluso al borde de la muerte. En poemas como «Kinsey Report»,
la poeta revela las apariencias, los engaños, los remordimientos con los
cuales la propia mujer actúa, pues dos lados sólo le muestra el espejo: ser
ridícula e ignorante. Esto, sin duda convierte a la mujer en una carga inútil,
aunque haya cumplido con la única función que la enaltece: ser madre.
Rosario Castellanos ve a la maternidad como la única vía de acceso que
tiene la mujer para alcanzar la trascendencia como ser humano en la cultu-
ra machista del siglo XX, en donde la consideran incapaz de cualquier otra
empresa relacionada con el conocimiento. Por eso su visión es crítica, iró-
nica, cuando habla de la condición femenina y de los valores que rigen la
cosmovisión mexicana. Habla de la abnegación como una virtud loca y
define la imagen de la mujer como una construcción, un mito.
En el imaginario mexicano que critica Rosario, la maternidad es un
valor sublime en tanto que representa para la mujer la manera de perpe-
tuarse: «la mujer en vez de escribir libros, de investigar verdades, de hacer
estatuas, tiene hijos» (Castellanos, cit. en Cano, 1992: 3). Pero según Ro-
sario Castellanos, la maternidad no implica sólo la reproducción biológica,
sino que es equivalente en lo espiritual a la cultura masculina, «es un senti-
miento no sólo consciente, sino también libre, al que se puede dar curso o
evitar» (cit. en Cano, 1992: 3). Ser madre es una opción espiritual que
iguala a la mujer con el hombre en la búsqueda de lo eterno. Pero circuns-
cribir la maternidad como la única opción para entrar al círculo de los
seres espiritualmente satisfechos y plenos equivale a destacar la desigual-
dad entre hombres y mujeres. Esta visión cierra toda entrada y posibilidad
de aporte a la cultura por parte de la mujer. De esta forma, en el mundo
cultural regido por la visión masculina, las mujeres siguen siendo vistas
como inferiores, son consideradas «meros objetos, aparatos (por desgra-
cia, insustituibles) de reproducción o criaturas subordinadas a sus funcio-
MATERNIDAD A CONTRALUZ 135

nes y no personas en el completo uso de sus facultades, de sus potenciali-


dades y de sus derechos» (Castellanos, 1974: 47).
A fin de cuentas, lo que propone Rosario Castellanos es acabar con los
mitos en los cuales la mujer queda enclaustrada en falsas galerías que ven-
den la idea de la maternidad de forma perversa. Las niñas mexicanas son
educadas para la maternidad, pero «¿no sería más honrado y más práctico
reconocer que la maternidad, si es un valor, habrá que determinar dentro
de qué límites y en qué condiciones?» (Castellanos, 1974: 55). Las mujeres
deben convertirse en seres conscientes, deben ser autónomas, «auténticas,
capaces de asumir su libertad y de elegir su existencia» (Castellanos cit. en
Cano, 1992: 7).
Rosario Castellanos ve las contradicciones de la mujer «víctima y culpa-
ble, superflua y frágil, ambivalente ante los deseos de su cuerpo y masoquis-
ta en su visión del matrimonio y del parto» (Vergara, 2007: 55). En «Kinsey
Report» revela los sentimientos profundos que vienen de la maternidad como
el odio o la vergüenza: «No, ya no puedo usar mi vestido de boda./ He
subido de peso con los hijos» (Castellanos, 2001: 362). Ve cómo la idea de la
realización materna no siempre ocurre, pues en realidad la mujer no siem-
pre es feliz como madre.
Las imágenes poéticas de Rosario Castellanos muestran a la mujer que
choca con las normas sociales del recato, pues no puede disfrutar del sexo
aunque debe cumplir con el marido y, además, sabe que la maternidad la
enaltece, pero debe cuidarse para no estar embarazada: «Además, me pre-
ocupa otro embarazo./ Y esos jadeos fuertes y el chirrido/ de los resortes
de la cama pueden/ despertar a los niños que no duermen después» (Caste-
llanos, 2001: 362). En este mundo arquetípico del poema, ninguna mujer
sale ganando con la maternidad. La divorciada debe cuidarse de no ser
rechazada y mantenerse como ejemplo para sus hijas: «Pero tengo que dar
el buen ejemplo/ a mis hijas. No quiero que su suerte/ se parezca a la mía»
(Castellanos, 2001: 363). Las lesbianas parecen las más liberadas, aunque
escandalizan a la sociedad con sus determinaciones: «Cuando nos aburra-
136 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

mos de estar solas/ alguna de las dos irá a agenciarse un hijo./ ¡No, no de
esa manera! En el laboratorio/ de la inseminación artificial» (Castellanos,
2001: 365). En este crisol, se evidencia cómo la jovencita sigue soñando
con el príncipe azul y su afán es la maternidad:

¿Qué importa la pobreza? Y si es borracho


lo quitaré del vicio. Si es un mujeriego
yo voy a mantenerme siempre tan atractiva,
tan atenta a sus gustos, tan buena ama de casa.
Tan prolífica madre
y tan extraordinaria cocinera
que se volverá fiel como premio a mis méritos
entre los que, el mayor, es la paciencia (Castellanos, 2001: 365).

Rosario muestra su idea de la maternidad que no encaja en el imagina-


rio de la idealización. Es una madre mucho más verosímil, la que se asoma
en poemas como «Autorretrato»:

Soy madre de Gabriel: ya usted lo sabe, ese niño


que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo (Castellanos, 2001: 329).

Por eso no acepta como destino el don materno. En el poema «Miste-


rios gozosos» se despide de esta etiqueta y prefiere manifestarse en la hu-
mildad amorosa:

El que llamó a mi cuerpo


para nacer, se calle.
No ponga en mi cintura
la guirnalda de madre.
MATERNIDAD A CONTRALUZ 137

Adiós, adiós los nombres,


las máscaras, la casa.
Yo no soy, yo no soy
más que un pequeño cauce amoroso del agua (Castellanos, 2001: 96).

El papel de la maternidad en Rosario Castellanos tiene, por supuesto,


variados matices. Puede revisarse en ella la imagen de la madre a partir de
la visión lírica de la hija, así como el abanico de reacciones y actitudes que
toma la mujer en sus distintos roles sociales. Pero también es posible notar
que la poeta se mide con la vara del hijo que la juzgará y es consciente que,
en la relación natural madre-hijo, todas las etiquetas salen sobrando y que-
da sólo la posibilidad o por lo menos el deseo del amor filial. Con esto no se
pretende afirmar que Rosario Castellanos nos devuelve la esperanza de la
madre feliz en la maquinaria social que la enviste; más bien nos regresa al
arquetipo ancestral, primitivo, de la madre frente a la naturaleza, donde la
única medida de la maternidad es la condición humana.

Enriqueta Ochoa: la maternidad como mística contradicción


Cercana a la generación de Dolores Castro, Rosario Castellanos, Jaime
Sabines y Rubén Bonifaz Nuño, entre otros escritores, Enriqueta Ochoa
(1928-2008) emerge en el territorio de la poesía mexicana del siglo XX con
una obra poética profundamente intensa y escindida, en que reverberan los
ecos de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. La poesía de Enriqueta
Ochoa hace una mística de la existencia dolorosa. En el tránsito vital que
describe, están –como apunta Esther Hernández en el prólogo a Obra re-
unida, de la poeta coahuilense– «el deseo y la realización del amor, la ma-
ternidad, la obsesión por lo divino, los encuentros con otras culturas, la
muerte de los seres queridos, el desarraigo de la hija, la soledad, la vejez»
(cit. en Ochoa, 2008: 10).
El tema de la maternidad, en Enriqueta Ochoa, es de naturaleza intimista,
entre la ternura y el desgarre, no tanto porque el estereotipo de la mujer-
138 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

madre se cumpla, sino porque la experiencia de dar vida es, también, una
experiencia de contacto con lo divino, con el otro y lo otro, no exenta de
contradicciones.
En el poema «Triple habitación», la voz lírica habla de quien ha tenido
tres hijas y éstas nuevos hijos, de cómo se extiende la descendencia. Las
hijas son un espacio triple, amplio, que se desborda más allá de la madre:

Con mi sangre crecieron,


y yo crecí en sus múltiples sustancias.
Fue nutrición recíproca la nuestra…
pero el muro es el muro y encarcela,
y como brote que revienta el tallo
ellas crecieron más que mi estructura
e iniciando su fuga de gacela,
cerco y muro fundieron sin desmayo.
Sus presencias se hicieron más palpables,
las tres me urgieron sol y privilegios
y me hirieron tan hondo con sus sables,
que muda enloquecí ante sus antojos
y toda yo quedé transfigurada
en la obsidiana lumbre de sus ojos (Ochoa, 2008: 31-32).3

En Enriqueta Ochoa se encuentra el canto de quien otorga y recibe


movimiento en virtud de la maternidad. Esta experiencia se explora, casi
siempre, a partir de mirar crecer a los hijos y observar los vínculos que
todavía se tienen con ellos. Asombra cómo se revela la personalidad, la
pulsación individual y única de los hijos. Su mirar es de júbilo, de homena-
je, como manifiesta en el poema «Alguien forró mi vientre»: «Su presencia

3 Todas las citas a poemas de Enriqueta Ochoa han sido tomadas de Obra reunida (2008), por ello,
en lo sucesivo, sólo se anotarán las páginas de donde ha sido retomado.
MATERNIDAD A CONTRALUZ 139

en mí es surtidor de vida» (24). Siendo contemporáneas, Enriqueta Ochoa


y Rosario Castellanos, puede notarse la diferencia perceptiva con relación
a la maternidad. Esta última, como se ha expuesto, focaliza la mirada en los
bordes ásperos de la maternidad: sus desencantos, su condición de deci-
sión impráctica, cuando se tienen expectativas profesionales o ganas de
encontrar «otro modo de ser mujer», mientras que Enriqueta Ochoa poetiza,
como experiencia sublime y doliente, la vivencia de ver cómo crecen los
hijos.
Los poemas de Enriqueta Ochoa, que se ubican claramente en la temá-
tica de la maternidad, corresponden casi siempre a una especie de visión
distanciada de esta experiencia, es decir, al tiempo en que los hijos ya están
«crecidos» y se reflexiona sobre lo que ellos han significado en la vida de la
poeta. La que escribe ve la diferencia y la semejanza entre ella y la hija,
reaprende su propia historia y memoria cuando observa el desarrollo de su
descendencia:

Alguien forró mi vientre


[…]
En sus labios se hornea el pan
de la palabra justa y de la noble ternura.
Pulcra en su visión,
en su afelpada redondez de durazno,
la primavera viaja aromando su adolescencia.
Miradla aquí, maravillada,
cómo tiembla en el cerco tímido
del primer amor (124).

Pero la maternidad duele también cuando la madre cree que su infelici-


dad se contagia. Duele observar que no se alcanza a estar a la altura de los
hijos como un «gesto de Dios». Por ello la poeta experimenta una especie
de remordimiento, y pide perdón. Perdón por no ocultar sus pesares, por
140 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ver la lluvia caer tras el cristal, por esa soledad suya que no acaba. De este
modo, la voz lírica se torna celebratoria y doliente al mismo tiempo: ambi-
gua, como la experiencia misma de la maternidad. Y como en otros muchos
poemas («El regreso de Electra», por ejemplo) es el canto desgarrado, la
doliente plegaria de quien no acaba de expiar sus culpas, como en «No
cegarán tu lámpara»:

Perdóname este dolor sombrío en que amanezco,


este amor de encallada pesadumbre,
esta humedad de mar que me diluye dentro,
cuando vientos antiguos me derrumban de golpe
con sal en la memoria.
Retén sólo de mí
la hora del incendio celeste
en que se hace diáfano el corazón de mi semilla
y la palabra nace (124-125).

De honda conexión con la tradición católica, la poesía de Enriqueta


Ochoa connota que la maternidad es, a su modo, otro más de los pecados,
y que debe ser perdonado por la primera de las agraviadas: la hija. Esta hija
es, sin embargo, la transparencia, la claridad que abarca a la que escribe y
la rescata. Los hijos son descritos, en este caso, como seres que ponen
entre paréntesis el dolor de la existencia, por ejemplo en el poema «Al-
guien forró mi vientre»:

Cada mañana, para ahuyentar los rastros de la sombra,


suelta su risa cristalina;
abre los días como frutos de luz
y pule la corteza árida de las horas abyectas (124).
MATERNIDAD A CONTRALUZ 141

La maternidad «vista en el retrovisor», en el pasado, es para Enriqueta


Ochoa un acto de gratitud, de reconocimiento, a las mujeres de su casa: a
todas aquéllas que la criaron. Observará en el silencio –ominoso para otras
poetas como Castellanos– una razón de expiación como en el poema «Mi
madre hilaba»: «Ahora sé que su silencio en el quehacer sumiso/ fue flor de
sabiduría,/ el nervio vivo con que se mueve/ el dedo del Amor» (194).
Vista en el cristal del «presente», la maternidad es una vivencia mística,
en tanto es la poeta quien se alimenta de la hija, como del pan y la sangre de
Dios; la vivencia de la maternidad sugiere la experiencia de la comunión.
En el «presente», la maternidad se tiñe, sin embargo, de contradicciones,
de insuficiencias, pues no alcanza a darle a la quien escribe la salvación
eterna.
Esta maternidad de la cual habla Enriqueta Ochoa se vuelca sobre el
producto, sobre la hija, más que sobre el proceso. A la madre le es arrancado
algo de sí misma cuando alumbra, paga una cuota alta de carne y de ser; pero
también impone, en una suerte de paradoja, su existencia al que ha nacido,
pues la maternidad puede ser decisión tomada con libertad (aunque no siem-
pre), pero ser hijo(a) es sin duda una decisión impuesta todas las veces.
Con la maternidad se revive el dolor acumulado, la fisura existencial.
La maternidad no representa, las más de las veces, la vivencia absoluta y
pura, feliz y satisfecha, como se le ha idealizado a lo largo de la historia:
«una vez que se es adolescente no se puede volver a la infancia; una vez en
la menopausia ya no se puede volver a tener hijos; y una vez que se es
madre no se puede volver a ser una sola unidad» (Bibring et al, cit. en
Welldon, 1993: 26). Así, en Enriqueta Ochoa no hay una idealización ni
una denigración de la maternidad, como proceso, hay una exaltación del
producto, de los hijos, como «manifestación de Dios». Más que exaltación
de una «tarea» que se ha cumplido, de un rol consumado, hay testimonio
de asombro en mirar cómo de la muerte interna nace la vida renovada.
Pese a que la visión sobre la maternidad en Enriqueta Ochoa está abra-
zada por lo religioso y no es tan abiertamente transgresora, tampoco es
142 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

tradicional en el sentido decimonónico del término. Su poesía no es una


copla para el recién nacido, ni un canto para celebrar la «realización» de
una mujer en el acatamiento de «sus deberes»; es una poesía en que erotis-
mo y misticismo se dan la mano, y en más de un caso hay un exhorto al
deseo, como sucede en «Las vírgenes terrestres»:

¡Mentira que somos frescas quiebras


cintilando en el agua!,
que un temblor de castidad serena
nos albea la frente;
que los luceros se exprimen en los ojos
y nos embriagan de paz.
¡Mentira! (110).

Con Enriqueta Ochoa atestiguamos una ruptura «sutil», en compara-


ción con otras autoras, de la visión de la maternidad como un estado ideal
y perfecto en que la mujer cumple todas sus expectativas; no es una ruptura
frontal, pero sí alcanza a revelar que la maternidad no calma, por fuerza, a
la madre, no la colma de todo lo que busca.

Cristina Rivera Garza: contra madres como fantasmas


La madre santa, buena, silenciosa, abnegada y perfecta de la cual habla
buena parte de la literatura decimonónica y cuyo estereotipo se reprodujo
con facilidad en el cine de oro mexicano, entra a una etapa de franca pulve-
rización a partir de la segunda mitad del siglo XX.
La posmodernidad, como «desplazamiento de la tradición racionalista
(que siempre busca tener la razón) por la tradición de lo razonable (que se
contenta con entender sus contradicciones)» (Zavala, 1999: 19), alienta la
disolución de metarrelatos fundantes y la emergencia de nuevos discursos
desde los márgenes. Las sucesivas olas del feminismo terminan por situar en
la mesa de los debates la instrumentalización del cuerpo femenino, al tiempo
MATERNIDAD A CONTRALUZ 143

que cuestiona la violencia física y simbólica a la que se someten las mujeres


bajo el argumento biologizante del ser madres para acabar de ser mujeres.
Cristina Rivera Garza (1964), narradora, poeta y doctora en Historia,
recupera con claridad en su discurso académico y creativo su preocupa-
ción por las voces y visiones que se gestan desde los márgenes. Su mirada
está en la fractura, en la complejidad de la existencia, en la realidad de la
locura y en la locura de la realidad. De ahí se comprende que su obra esté
orientada a la exploración del lenguaje en sus juegos deconstructivos, pero
también hacia el cuestionamiento de «verdades fundantes», de límites y
estereotipos preestablecidos.
En el poemario «La más mía» que conforma con otros dos el libro Los
textos del yo, Rivera Garza da forma a un largo poema narrativo de veinti-
siete partes, en que se describe la enfermedad y el dolor, a propósito de
Hilda Garza Bermea (madre de la poeta), que está cayendo, poco a poco,
devastada por un aneurisma. Aunque podría considerarse un poema de
«amor filial», como insiste en denominarlo la crítica, es pertinente obser-
var, además, el carácter contestatario, interpelativo, que tiene el texto, puesto
que la madre a quien se hace mención (alegoría también de la madre mexi-
cana), es vista con piedad, con amor (por algo es «la más mía»), pero no
deja de reclamársele su indolencia, su falta de comprensión ante la necesi-
dad libertaria de la poeta. Todo esto en el marco de un hospital, que, como
en el caso del manicomio, representa un espacio de límites, de fronteras en
perpetuo acomodo: la vida/ la muerte; la razón/ la locura.
La naturaleza agónica del poema, que evoca «La muerte del mayor
Sabines», de Jaime Sabines, apuesta –y esto es una marca distintiva– por la
abierta sinceridad con que, en el lecho de muerte de la madre, la hija re-
cuerda, con escozor, cómo ha visto ser madre a su progenitora. No serán la
muerte y el dolor pretextos para ocultar que «si desmitificamos la expe-
riencia de la maternidad, podemos reconocer que hay madres malas, ma-
dres crueles, madres locas, madres irresponsables, madres indiferentes»
(Coll, cit. en Lamas, 2010: 112).
144 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Rivera Garza consigue con este poema narrativo socavar el estereotipo


de la madre idealizada, la «pone sobre la tierra», con todas sus virtudes y
desencantos, con todas sus batallas perdidas. El siguiente fragmento co-
rresponde a «¿a partir de qué lugar comienza a ser peligroso seguir aleján-
dose?, SAM SHEPARD» e ilustra cómo se comienza a cuestionar a una madre
y a desmitificar su figura:

Hoy quiero hablarte como los árboles: con sombras


en el silencio más negro
quiero ser la estática temeridad del paisaje, el contexto
el verbo permanecer.
Ahora. Por primera vez.
¿Hace cuántos años que no estaba a tu lado
escudriñándote los pies? (Rivera Garza, 2005: 20).4

El poemario avanza describiendo las iridiscencias amargas de múlti-


ples momentos en que se respira la muerte en un hospital, de múltiples
momentos en que la hija hace memoria de las distintas maneras en que su
madre, como una Medea, buscaba asesinarla, constreñirla, anularla, como
en el poema «éste es el momento de hablar»:

Están los días, los muchos días y años atrás, al inicio,


en que no te quise.
Los días en que crecer en mujer era un dictamen
insensato y maligno.
Los días en que tu fuerza de mujer sólo acrecentaba
mi debilidad de mujer (25).

4 Todas las citas a poemas de Rivera Garza están tomadas de Los textos del yo (2005), en virtud de lo
cual sólo se registrará, en lo sucesivo, la página de donde fue retomado.
MATERNIDAD A CONTRALUZ 145

Ser madre de la palabra, de otros horizontes distintos a aquéllos de la


propia progenitora, implicó rebelarse (y revelarse) como una otra. Del
modelo materno, en este caso, sólo se recupera la terquedad, la lucha, no
las mismas formas de ser o prodigarse, como lo ejemplifica en «éste es el
momento de hablar»:

Porque para doblegar a tu mundo sin ángulos,


a tu mundo de marea y de espumas
al mundo en que la sentencia suprema y de por vida
era crecer en mujer
tenía que encontrar el mecanismo pequeñísimo
de la astilla en la palma de la mano
la fractura exacta en el talón de Aquiles y todos
los otros talones de todos tus pies
puño de sal que hace parpadear los ojos a fuerza
de arder (25).

La voz lírica reclama: «Y me parecí al padre y no a la madre y te perdí»


(38). Frente a la madre posesiva, a veces ausente, que insiste de cualquier
modo en reproducir su imagen, en desdoblarse en sus hijas, aparece el
reclamo, como en «you should not mistreat me, baby, because I am young
and wild. Bob Dylan»:

No me maltrates.
Pídeme sólo aquello que tú me diste:
esta dureza que hace menguar la luz a las tres
de la tarde cuando me pongo a llorar por tenerte
y nunca haberte tenido, inabarcable (65).

«Pídeme tu misma falta de piedad» (67), remarca, vengadora, la voz


lírica en ese mismo poema. Se deconstruye la imagen de la hija sumisa, que
146 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

guarda silencio ante la figura omnipotente, sacralizada de la madre, y se


reconfigura a su vez la imagen de la madre toda buena, inocente y protec-
tora como una virgen. Ni la madre ni la hija están libres del odio, del ren-
cor, de la venganza.

En su delirio, la madre habla de una mujer lejana, en «oyendo hablar de


Olga», casi inexistente, que es, paradójicamente, una que madre e hija qui-
sieran ser:

Ella habla de Olga hoy.


[…]
Olga que es la mal pensada, la lagartona, la forajida
de una costa de Colombia
la antropófaga, la dama voraz escupiendo huesos
usados por los dientes
la barbarie en persona
la mismísima hija de la chingada
la mujer esperpento de la que todas nuestras madres
y abuelas y tías nos previnieron
la que todas deseamos ser alguna vez en ciertos juegos
detrás de los espejos, a través de la neblina, dentro
del sexo (54-55).

La fuerza y la tragedia de «La más mía» se acentúan en virtud del


lenguaje astillado de Rivera Garza, que, con sus tecnicismos, como agujas,
nos recuerda el espacio real y simbólico donde se mueve el sentido de los
versos. La misma poeta asienta que «narrar es estar habitado. Narrar pro-
duce una habitación. Un espacio. Un cuerpo» (Rivera Garza, 2007: 15).
Y aunque el poema crece en el encrespamiento, en el reclamo, también
sugiere momentos de reconciliación, de ternura, entre hija y madre, porque,
pese a todo, se le reconoce a ésta como fuente primera de la existencia. A esa
MATERNIDAD A CONTRALUZ 147

madre, se le dirá en «alumbramiento»: «Fórmate dentro de mí/ en el hospi-


tal donde todo se quiebra/ quiero darte a luz a ti» (52). De esta manera, en
medio de la confrontación, aparece el reconocimiento de que madre e hija
comparten, en sus diferencias y contradicciones, algo hondo y profundo que
les asemeja, como en «dudas primeras»: «Dime/ ¿te duelo tanto como me
dueles a mí?/ reconoces esta condena?/ Por favor, contesta» (43).
Las dos últimas partes de «La más mía» cambian de tono radicalmente;
describen la salida de la madre del hospital en que ha estado recluida. Ma-
dre e hija distinguen el paisaje externo: «Vamos montaña arriba, nubes
arriba, arriba del aire/ como hace veinte años» (75); y poco a poco, esta
visión se convierte en un paisaje interno, que sugiere cierta reconciliación,
en el poema «querencia», expresa: «Dices: cuánta paz/ y yo te miro como
a los ídolos sobre las escalinatas/ de copal» (77). La hija ha comenzado a
ser madre protectora y, como el ouroboros, sugiere que toda historia, en su
final, podría volver al principio.

Nadia Contreras: madres que abandonan


Nadia Contreras (1976) registra también el lado amargo de la maternidad,
al igual que Rivera Garza. En su poética, está presente la madre que aban-
dona, que se prostituye, que vive la inmensa soledad. El enfrentamiento
con la madre y la lucha por encontrar sus raíces enmarcan un estallido
personalísimo, íntimo, de su voz lírica que manifiesta a la vez una proble-
mática contundente de la mujer en el contexto contemporáneo. Nadia
Contreras revela lo que la mujer siente, vive, pero que casi siempre queda
inexpresado. Cosas que se dejan en el fondo, para no enturbiar el aparente
bienestar social. En esta poética de las desavenencias, como le hemos lla-
mado en otros estudios sobre la escritora colimense, Nadia Contreras, como
Rosario Castellanos, nos coloca frente a una multiplicidad de imágenes
borrosas de la mujer que no encuentra salida en esta sociedad castrante.
En el libro Cuando el cielo se derrumbe (2007), la poeta describe la orfan-
dad y la necesidad de construir el árbol genealógico a través del recuerdo
148 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

de la infancia. Pero en esta búsqueda sólo encuentra el vacío: el padre muer-


to y la madre que abandona. Luego, en Lo que queda de mí, la poeta hurga
en la imagen de la mujer que enfrenta a la madre: «En qué momento, en-
tonces, dijiste/ Que volvías/ Y era el adiós más prolongado/ De tus 17
años» (Contreras, 2003: 13).5
Desde aquí, el abandono es ya un rasgo identitario que destina a la
soledad, al enclaustramiento: «Y fue como cerrar/ las ventanas a la vida»
(13). La madre y la hija giran como imágenes antagónicas. En la ausencia
aparece la otra: «la mujer que fuerte me abrazó contra su pecho/ Mientras
tú te alejabas» (15). El reclamo llega hasta el origen, cuando la hija pre-
gunta por la hora de su nacimiento. Entonces, las tribulaciones se marcan
por la indefinición, por el desconocimiento del nombre y de la sangre:

Cómo me nombraste:
Luz, Marta, Ángela, Griselda, Estefanía.
Quiero, madre, imaginar que fuiste feliz,
Imaginar que a ti me parezco,
Que tengo tus manos, estos ojos
Que a lo lejos no ven más que sombras (17).

La falta de una identificación física con quien le dio a luz, con quien le
dio el ser, carne de su carne, es la angustia mayor. Aquí la poeta alude a una
falta de identidad que rebasa lo cultural, lo social, y que se inserta en lo más
profundo del ser femenino como un abismo de origen, pues al contrario del
reniego que aparece en Rivera Garza porque la hija se parece al padre y no
a la madre, aquí la mujer no conoce a su madre, no la tiene aunque sea
enferma o loca.
Después de esto, hay algo más que gira alrededor de la sujeto lírica en
la poética de Nadia Contreras: los rumores vinculados a su madre. Éstos

5 El resto de las citas a poemas de Nadia Contreras están tomadas de Lo que queda de mí (2003), por
ello sólo se registrará, en lo sucesivo, la página de donde fueron tomadas.
MATERNIDAD A CONTRALUZ 149

destapan el estigma social: «En torno a ti, madre, hay una versión./ Que
mujer de la calle fuiste» (18). Aunque el punto de vista es indeterminado
respecto a la carga que los demás le dan, pesa la historia cuando la sujeto
lírica habla frente al espejo y se ve reflejada: «pero yo sólo veo/ una adoles-
cente/ que a sí misma se observa» (18). La historia de la madre se entrevera
en el espejo. Aparece la mujer violada, la prostituta, la que abandona, pero
también la madre huérfana que prolonga en espiral el círculo identitario en
los patrones, en los destinos que se repiten. Todo esto configura lo indigno
de ser mujer. Y esa indignación atraviesa generaciones. En ese mundo de-
lineado, la hija es juez y parte. Sufre, casi por extensión, la soledad de su
madre y le reclama: «Por qué, madre, la luz no encendiste/ de tu cuerpo/
por tantos hombres/ deshabitado» (19).
Con la ausencia de la madre viene la ausencia de sí misma. Sólo la
escritura le da la posibilidad de reinventarse: «Rueda el sonido del grafito/
sobre la hoja blanca. […] Pero estoy conmigo,/ dentro de mi cuerpo pos-
trada./ En mi silencio y la memoria/ de tu nombre,/ sobre mi nombre con-
fundido» (43).6 La búsqueda de la identidad empieza entonces con la
búsqueda de la madre, allí está la raíz, allí el nombre: «Más allá, bajo los
recuerdos, te busco,/ En la habitación magnífica/ Del cerebro, […] Y no te
encuentro/ Y yo tampoco me encuentro» (45).
De la ausencia, del desconocimiento del origen, viene el rompimiento
con la madre: «Acaso te hablé/ De lo que es despertar/ Sin el rostro/ Que
todos conocen» (46). Frente al espejo, la hija abandonada no tiene nombre
ni género:

Yo, la que rescataron


De la condena

6 Obsérvese cómo en las cuatro poetas analizadas en este trabajo la escritura representa una
alternativa, un contrapeso a la maternidad ejercida, o percibida, como no satisfactoria en su
totalidad. La escritura es el instrumento por y con el que se confronta a los otros y a las otras
(incluidas las madres); por el que quien escribe busca respuestas, con el que compensa romper
esquemas, moldes y sentirse en situación de exclusión.
150 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Y crecí hombre-mujer,
En dirección contraria al valle
De la dicha (46).

La mujer es excluida de la sociedad «porque al mundo no pertenece,/


ni a esta vida ni a la otra» (47). Se ve frente al vacío y encuentra en el amor
lésbico la imagen materna. Surge entonces la historia de la madre «verda-
dera» que ahora tiene 42 años, frente a los 24 de la hija. Ambas giran en un
círculo que no se cierra; es el círculo de la ciudad más grande del mundo,
lugar de los mil rostros: «Ante tus ojos que son mis ojos/ Se abren calles
infinitas, avenidas/ Como tus piernas hacia el centro del deseo» (63).
En «Primeras líneas sobre Olga Lucía», Nadia Contreras marca la re-
conciliación con la madre, con el pasado, en el encuentro de sí misma en el
espejo, en la locura, en la ciudad, en la palabra. Porque Olga Lucía es
también el encuentro con los otros, con las otras. Olga Lucía, la madre que
abandona es también la niña perdida, la que ha sufrido vejaciones. Olga
Lucía es la noche, lo oscuro; sin embargo representa la libertad porque es
alta «como un edificio./ No tiene perro ni gato que la aguarde» (75). Olga
Lucía es la deseada, la que en sueños se revela, pero es, además, la que
nunca se atrevió a denunciar con su palabra. Por ello, la poeta es quien lo
hace por ella en «Declaración de odio»:

Nunca le dijiste cuánto lo odiabas,


Cuántas veces estuviste a punto de darle
Un tiro en la cabeza.
El cansancio de tu padre era tu condena,
Olga Lucía,
Mirarlo sobre la cama,
Los ojos hinchados, las piernas;
Mientras él sin ternura ni piedad
Hurgaba en tu sexo (86).
MATERNIDAD A CONTRALUZ 151

Olga Lucía es un fantasma, una fotografía en el álbum, una mujer de


vestido verde que desaparece, que de pronto ya no está en el recuerdo,
porque siempre «hay que cambiarnos de casa, deshacernos del pasado, re-
comenzar» (107).
En Presencias, la mujer desea dejar atrás el pasado, el abandono; queda
sólo el recuerdo nostálgico: «Desde mi origen/ escucho tu voz, madre,
abrevada/ en los acordes de la infancia» (2008: 60).
Con este recorrido a través de las imágenes de la madre, Nadia Contreras
muestra cómo siguen vigentes los estereotipos que la sociedad impone;
deja ver los patrones de violencia que se repiten con el abuso sexual y el
sometimiento de la mujer en el seno de la familia, el abandono, las drogas,
la prostitución. Pero también marca un rompimiento al dejar que hable la
hija de los sentimientos hacia la madre.

CONSIDERACIONES FINALES

En Rosario Castellanos y en Enriqueta Ochoa vimos un momento definito-


rio para que la voz femenina se asome con sus remordimientos, odios, iro-
nías hacia las imágenes falsas con que se representa a la mujer y a la madre.
Por su parte, Cristina Rivera y Nadia Contreras nos ponen frente a las
hijas que ven otros rostros del arquetipo en la imagen de la madre loca, que
abandona, que no da la oportunidad de que la mujer construya su propia
identidad en el encuentro consigo misma.
La madre idolatrada, cuya imagen se vende el diez mayo, corresponde
a la madre virgen buena, protectora, que se emparenta con la veneración
religiosa a todas la vírgenes, incluida la virgen de Guadalupe (aunque nin-
guna de nuestras poetas habla de esta última). En todo caso, la virgen te-
rrestre, la que sufre y pide perdón a la hija, es representada en Enriqueta
Ochoa, pero no con el halo de pureza, sino de frente a todos los prejuicios
sociales. Y pese a que se dice que el arte no es la vida en sentido estricto,
152 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

puede señalarse que en estas poéticas se construye un nuevo arquetipo de


la madre mexicana, como en la vida práctica, pero con otro ritmo.
En el espacio del poema como en el devenir cotidiano aparecen los mil
rostros de la madre trágica, la humillada, la golpeada, la pecaminosa, la
soberbia, la que prefiere ser víctima, la asesina, la que se avergüenza de ser
madre, la que pide perdón por sus pensamientos y sus deseos, etcétera. En
realidad, «para la mayoría de las mujeres la maternidad es, al mismo tiem-
po, fuente de poder y de sometimiento, de disfrute y de sufrimiento, de
goce y de trabajo» (Lamas, 2010: 112).
A contraluz, la poesía, como la más subjetiva de las expresiones litera-
rias, confirma, en lo que corresponde a una parte de la lírica mexicana del
siglo XX, que la maternidad, con su investidura cultural e histórica, no se
asume igual en todos los tiempos ni por todas las mujeres. No se es madre,
ni hijo(a) de la misma manera, como tampoco humano en el más amplio
sentido de la palabra. El instinto de ser es más grande que el de madre o el de
padre, si es que éstos existen. Literalmente, la que es madre se llena y se
vacía, pero ¿de qué?, es una respuesta personal que clama ser respetada,
por encima de convencionalismos culturales o religiosos.

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CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 155

Cuestionamiento al ideal femenino de la madresposa


en el teatro mexicano escrito por mujeres durante los
años veinte y treinta

Olga Martha Peña Doria*

Bien, pues aun haciendo caso omiso de lo que


la paternidad signifique para los hombres, yo
pienso que una mujer no goza, no sufre, no
siente, no ama, no vive la verdadera vida, has-
ta que se estremece con el amor maternal.

Catalina D’Erzell

L
a figura de la madre a principios del siglo XX, fue representada en
la dramaturgia escrita por mujeres bajo tres prototipos: 1) como la
mujer liberada, que vive en unión libre y no tiene hijos; 2) como la
mujer profesionista, que se niega a tener hijos; y 3) como la mujer-madre,
que asume su rol desde una posición sufriente y abnegada.
En estas tres situaciones, se pone de manifiesto una crítica a la concep-
ción del cuerpo joven que desde la visión androcéntrica se ha venido for-
mulando. Es decir, mediante los textos dramáticos se observa una crítica
abierta a la forma en la que los varones ven el cuerpo femenino al cuestio-
nar los roles tradicionales de la esposa-madre; de ahí que se privilegie en
los siete textos dramáticos que se analizarán en este estudio la noción de un
cuerpo en potencia, con o sin hijos, en lugar de un cuerpo conquistado,
como es el caso de la mujer-madre. De esta forma se observa la oposición
al ideal de la madresposa ya que se privilegia a la eterna doncella en la
* Olga Martha Peña Doria. Profesora investigadora del Departamento de Letras. Universidad de
Guadalajara.

[155]
156 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

figura de las liberadas y las profesionistas, en contraposición a la madre


sufriente.
Para observar esto, se analizarán siete textos dramáticos desde los es-
tudios de género y cuerpo, así como los arquetipos de feminidad con el fin
de profundizar en el teatro mexicano escrito por mujeres durante los años
20 y 30 del siglo XX, en el cual las dramaturgas transformaron los prototi-
pos de la mujer mexicana que se asumían en el rol de madre y, por ende, en
la pasividad, la abnegación y la sumisión.
Se observa en estas tres líneas las diferencias de concepto de materni-
dad como las rebeldes o liberadas que no piensan en tener hijos; las renuentes,
como las profesionistas, que primero triunfan y se desarrollan en su profe-
sión pero que su ideal no está en ser madre, y por último las madre-esposas
que aceptan la maternidad como parte de su sexo.
En el teatro escrito por este grupo de escritoras se comenzó a romper
los moldes opresivos que siempre se habían presentado. Esta silenciosa
rebelión se llevó a cabo en el período mencionado en donde replantearon la
posición de las protagonistas teatrales quienes manejaban un discurso fe-
menino diferente a lo que se había visto en el teatro mexicano escrito por
varones.
Bergman afirma que «en la crítica feminista de la literatura castellana
de los siglos XVI y XVII se ha señalado la falta de figuras maternales. Están
ausentes casi por completo del teatro y las pocas que aparecen en el esce-
nario señalan una complicación funesta en la trama» (1995: Acta XII). Esta
situación se prolongó durante siglos; sin embargo, en estos textos dramáti-
cos las dramaturgas trasmiten fielmente la ideología patriarcal de la época
y con ello muestran la posición de las mujeres de forma específica. El pro-
blema estribaba en que los escritores tomaban la voz de las mujeres, les
daban un conflicto dramático en el cual su papel se limitaba a ser la madre
abnegada, pasiva, sumisa y obediente.
Para demostrar esta propuesta se utilizarán los siguientes textos dra-
máticos:
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 157

Las protagonistas liberadas que viven en unión libre: ¡Esos hombres!


(1923) y El pecado de las mujeres (1924) de Catalina D´Erzell.
Las protagonistas profesionistas: El tercer personaje (1936) de Conchita
Sada, Cuando Eva se vuelve Adán (1938) de Magdalena Mondragón y La
virgen fuerte (1941) de María Luisa Ocampo.
Las mujeres madre: Bajo el mismo techo (1941) de Amalia de Castillo
Ledón, La casa en ruinas (1934) de María Luisa Ocampo y Maternidad (1936)
de Catalina D´Erzell.

LAS LIBERADAS

En el primer prototipo que son obras de mujeres liberadas, la dramaturga


Catalina D´Erzell (Silao, Gto 1891-1950) pretende construirse utópicamente
como mujer liberal que lucha por su libertad de decisión y esa misma le
lleva a escribir estas obras en donde presenta a mujeres insubordinadas a
través del sexo y la tradición cultural que adoptan normas culturales libe-
rales nunca vistas en el teatro. En ¡Esos hombres! y El pecado de las mujeres
hay una violencia lingüística debido a que ellas aceptaron vivir en la violen-
cia de género. Esto se observa en el discurso masculino cuando se enfren-
tan por defender su integridad y demostrar su machismo. Asimismo se
observa un resquebrajamiento del patriarcado aunque ellas siempre bus-
can protección en la figura masculina. Nacieron engañadas y seguirán igual.
Son obras que plantean una transición en el teatro mexicano al oponerse a
lo que demandaba la sociedad, de ahí que los personajes femeninos son
sujetos marginalizados que viven en un mundo de resistencia y cambio.
En las dos obras se presentan a mujeres apartadas de las leyes de re-
producción, situación que rompe con los cánones que marcaba la sociedad
de los años veinte. Azucena y Magdalena, las protagonistas, no responden
a lo que la sociedad esperaba de ellas. Niegan totalmente la maternidad
debido a que no estaban casadas, solamente vivían por amor con su pareja
y con la conciencia plena de que habían perdido la honra y nunca podrían
158 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

llegar al matrimonio. Los dos protagonistas masculinos construyeron un


cuerpo único femenino dedicado solamente a ellos. En el momento en que
Magdalena le dice que lo engañó, él no lo puede aceptar debido a que ese
cuerpo que él diseñó y que era solamente para él fue compartido con otro.
En cambio Azucena dejó de ser ese cuerpo para convertirse en el cuerpo de
una esposa y no de una mujer apasionada que dejó todo por amor pero ya
no es el cuerpo deseado, por lo que su pareja busca a otra mujer que le
ofrezca lo que él ya no tiene en ese hogar.
La investigadora Alegría afirma que «El culto a la virginidad también
juega una parte importante en los conceptos de las ‘normas’ de conducta
femenina» (1974: 26). Asimismo señala que la actitud predominante de
que la mexicana que ha perdido la virginidad no es una mujer honrada es
una regla dominante en la sociedad como es el caso de estas protagonistas.
De esta forma se puede entender porqué ninguna de las dos se plantea la
idea de tener hijos. Azucena se dedica a educar a Fernando, su pareja, y
prepararlo para su futuro con el fin de que sea un profesionista triunfador;
y una vez terminada su obra podría solucionar su situación de pareja. En el
caso de Magdalena, al darse cuenta de que nunca será la esposa acepta
continuar viviendo al lado de Eduardo, ya no sólo por amor sino por no
tener un lugar en donde refugiarse.
En las protagonistas liberadas se observa a mujeres discriminadas por
la sociedad y por lo tanto carecen de espacio. Aquí hay una crítica femi-
nista como es la delimitación de los espacios femeninos al vivir en un
ambiente diferente al que ellas tenían antes. Eduardo delimita el espacio
de Magdalena quien vivirá solamente en el espacio doméstico sin jamás
poder entrar al espacio público. En cambio Azucena queda delimitada al
espacio de su casa y pierde al invadir el espacio de la casa de Panchito, el
compañero de francachelas de su pareja, así como la oficina de Fernando
que es donde tomará la decisión de suicidarse al verse perdida. En las dos
obras se pueden observar elementos de la tragedia y ambas protagonistas
saben que van a ser rechazadas por la sociedad al tomar la decisión de
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 159

vivir en pareja sin contraer matrimonio, pero ellas luchan por lograr el
amor de un hombre a pesar de todas las consecuencias que les pueda
traer su decisión.
D´Erzell muestra en estas dos obras la situación de la mujer mexicana
que rompe con las reglas marcadas por la sociedad de la época y de esta
forma presenta un final desolador en ambos textos. Azucena, en ¡Esos hom-
bres!, de ser una mujer rica, termina viviendo como indigente y decide sui-
cidarse; Magdalena, en El pecado de las mujeres, decide continuar viviendo
con su pareja a pesar de los continuos engaños por parte de éste y el no
deseo de cambiar por lo que decide ella quedarse con él:

Magdalena.- ¡Tras de caer por despecho, confesar por lealtad! ¡Un error sobre otro
error! ¿Pecamos? Pues a callar, a negar como niegan ellos, ¡más que ellos! Ya que
si todos los pecados alcanzan misericordia, el pecado de las mujeres, ¡un solo
pecado por angustia y por desquite! Por ser un pecado nuestro no tiene perdón, ¡no
puede tener perdón! (D´Erzell, 1924: 66).

Blanco de la Lama (1997) propone en su artículo «El personaje feme-


nino y la teoría feminista» una visión triple del personaje literario; la ima-
gen social de un personaje femenino, que es la que viene determinada por
la repercusión que tiene la mujer y su supremacía o subordinación al varón,
dentro del modelo social que ha diseñado el escritor(a). La imagen humana
de un personaje femenino viene marcada por su naturaleza, dando lugar a
varios y diferentes modelos femeninos como la mujer pasiva, que es infeliz,
silenciosa, callada, está en el plano de la ignorancia, se encuentra sometida
al yugo masculino y no tiene derecho a buscar su felicidad. La sumisa, la
abnegada, la débil, la heroica, la víctima, la caída, que son los prototipos de
estos personajes femeninos. Por otra parte Blanco de la Lama (1997) pre-
senta a la imagen literaria, la que la autora muestra a través de dos modelos
de mujer: la divorciada que vive en unión libre y la soltera sin pasado dra-
mático que repite el mismo modelo. Azucena no es dueña del espacio do-
160 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

méstico. Eduardo le asigna a una pareja de amigos-sirvientes que la cuidan


pero no tiene un lugar como ama de casa.
Los personajes femeninos tienen un papel más significativo que los
masculinos porque debido a la tradición, los varones ocuparán el papel de
traidores y abusadores, en contraposición a los personajes femeninos que
se verán obligadas a asumir su destino.
La imagen humana nos ofrece ese mundo femenino que no tiene capa-
cidad para abandonar su entorno y se quedan detenidas ante la desgracia.
Saben que van a perder su posición como mujeres libres pero se unen al
hombre a pesar de saber que perderán su honra. Ambas protagonistas tie-
nen una crisis genérica de identidad al vivir solamente para su pareja pero
Azucena lo perderá y optará por el suicidio. En cambio Magdalena, se re-
primirá en su mundo y perderá su identidad al saber que ella lo engañó
como él a ella pero vivirá en un espacio de silencios, medias palabras y
falsos entendidos ya que no tiene otro espacio a donde irse.
Dentro de los modelos de protagonistas se puede catalogar a Azucena
como: la Sumisa, la Fiel, la Caída, la Víctima. En cambio a Magdalena se le
puede catalogar como: la Pasiva, la Infiel, la Traidora, la Víctima, la Celo-
sa. Azucena olvidó su «deber ser» amante, que significa la mujer deseada,
liberada y capaz de romper con la sociedad para convertirse en madre de
Fernando al quererlo educar a toda costa para que fuera un hombre de
bien. De esta forma se observa claramente la transformación de ambos
personajes: ella se convirtió en madre y él en un profesionista con un futu-
ro promisorio. Esto lleva a entender el porqué de su enfriamiento en la
relación de pareja. Fernando nunca tomó el papel de patriarca, padre, es-
poso, sino que se quedó en el de amante, mismo que Azucena no supo
conservar debido a que fue perdiendo su autoestima al darse cuenta que
iba perdiendo a su pareja a medida que se acercaba su titulación como
abogado.
En cambio Magdalena vive en un mundo patriarcal a pesar de ser la
amante, nunca la esposa ya que Eduardo no tiene ningún deseo de casarse
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 161

con ella. Solamente le gustan las mujeres que saben ser amantes. El proble-
ma es que Magdalena quiere dejar esa relación para convertirse en esposa
pero se conforma al final con seguir a su lado sin ningún compromiso por
parte de él.
Las dos protagonistas manejan un discurso del silencio. Ambas son
perdedoras y lo asumen, y aceptan que son engañadas. Sin embargo Azu-
cena se deja vencer hasta llegar al suicido y Magdalena recurre al discurso
del silencio y la resistencia. Sin embargo, como afirma Bocchetti, «es el
discurso de la igualdad entre los sexos [es decir las dos parejas] el que
revela la opresión de las mujeres y el que crea la conciencia de esa opre-
sión» (1995: 61). Ellas fueron conscientes de esa opresión pero prefirieron
manejar el discurso del silencio. Asimismo Azucena realizó un cambio ra-
dical en la socialización con un grupo de amistades con el que nunca enca-
jó, de ahí que comienza a perder su identidad hasta convertirse en una
alcohólica incurable. A pesar de todo, ella construyó un lenguaje nuevo
para entenderse con los amigos y con Fernando pero pudo más el lenguaje
patriarcal que su dolor al darse cuenta del abandono. Ella desciende en
todos los campos de socialización para convertirse en un guiñapo social.
Magdalena también vive una crisis genérica de identidad al vivir encerrada
bajo la custodia de los amigos-sirvientes de Eduardo y toma la decisión de
salirse a engañarlo pero deberá de pasar su discurso de mujer celosa por
uno de arrepentimiento y negación de lo que había pasado, aduciendo que
lo dijo por celos. Tanto Azucena como Magdalena perdieron su autoestima,
se les cerraron los caminos y perdieron la capacidad de buscar un nuevo
destino así como el buscar la felicidad personal.

LAS PROFESIONISTAS

En las protagonistas que son mujeres profesionistas se observa en especial


en Cuando Eva se vuelve Adán el silencio de la resistencia. Eloísa es una
médica, es una profesionista triunfadora pero nunca pudo explayar sus éxi-
162 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

tos y ante todo su amor por el esposo debido a que se perdió la comunica-
ción. Ella creció y maduró en su profesión de médica y él se quedó abajo,
de ahí la resistencia de Eloísa a hablar. Ella afirma de su esposo «Él es el
tipo del hombre con excesivo amor propio que considera mi carrera como
rival de su corazón». (Mondragón, 1938: 24).
En Eloísa se observa una resistencia a la maternidad debido a sus triun-
fos profesionales y económicos pero afirma: «soy una mujer que sufre su
angustia, que vive su vida con la dignidad suficiente de saber callar»
(Mondragón, 1938: 46). No está dentro de sus ideales de vida el tener
hijos. Al principio decidieron entre la pareja esperar pero pasaron cinco
años y nunca volvieron a tratar ese tema. El problema de la pareja es que se
rompió el equilibrio entre el mundo profesionista y el personal y no supie-
ron cómo solucionarlo. Asimismo ella dejó de ser el cuerpo del deseo para
convertirse solamente en la profesionista que trabaja y triunfa.
La dramaturga premia al marido sufrido y castiga a la triunfadora has-
ta el punto de escribir en el último acto la escena de la doctora atendiendo
a una paciente embarazada que resulta ser la amante de su marido. Sin
embargo a Eloísa la deja como la mujer de ciencia que olvidó la ciencia de
vivir porque las mujeres pagan muy caro el querer ser Adán; sin embargo,
en lugar de gritar y enojarse al saber que fue engañada se apropia del len-
guaje como un discurso y le confiesa su amor al marido y su deseo de estar
a su lado pero pudo más su orgullo que su pasión:

Eloísa.- Es verdad; mi ambición me llevó demasiado lejos. Pero ¿te acuerdas?


Venías tú por las noches y yo buscaba, cuando dormías, en tus bolsillos. Hubiera
querido encontrar un paquetito de dulces, un juguete, una carta escrita para mí.
Eduardo.- Nunca me di cuenta de tus deseos. Estaba demasiado acostumbrado a la
inaccesible personalidad de la famosa doctora Velarde […]
Eduardo.- ¿Qué podría hacer por ti?
Eloísa.- Ve tú mismo por mi maletín; anda, corre, que los niños son la vida, y la vida
no espera.
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 163

Eduardo.- Creo que estás loca. Ninguna mujer haría lo que tú.
Eloísa.- ¿Muchas han hecho más que yo? ¿No te va a dar ella un hijo?
Eduardo.- ¿Pero no dices nada? ¿No siente nada? Tu orgullo, tu vanidad… ¿No
sientes celos?
Eloísa.- ¡No! Vamos (Mondragón, 1938: 50-52).

En El tercer personaje, Adriana es una médica de 35 años triunfadora


que dedicó su vida a su profesión que nunca pensó en el matrimonio ni los
hijos. Al paso de los años muere su familia y se queda sola. Es cuando
siente que ella «necesita servir para algo. Encontrar una finalidad que jus-
tifique mi vida» (Sada, 1936: 11) y además «quiero tener a alguien para
quien trabajar, a quien dedicar mi vida, mi entusiasmo» (Sada, 1936: 12) y
por lo tanto dice «no quiero amor del que supones. No quiero al hombre
por sí mismo. ¡Oh!... ¡es tan difícil explicarlo…! ¡Quiero… quiero un hijo…!
(Sada, 1936: 13); «necesito un marido y voy a comprarlo» (Sada, 1936:
14). Se observa que la protagonista no busca el amor sino el deseo de lu-
char para alguien. Este deseo es natural en toda mujer como lo afirma
Chodorow «las mujeres poseen un instinto maternal y que, por tanto, es
‘natural’ que ejerzan la maternidad, incluso que deban ejercerla» (1984:
39). Para ella no es importante tener una pareja que ejerza el papel de
padre solamente sino que quiere un marido y lo compra porque desea tener
un hijo. Sin embargo ella se considera como una mujer que no tiene cora-
zón. Pone un anuncio en los periódicos ofreciendo dinero a caballeros que
quieran casarse con una mujer soltera y rica.
Después de muchos candidatos aparece Alfredo, un hombre venido a
menos económicamente que acepta el matrimonio por necesidad pues le
pagó 25,000 pesos por la farsa. Sin embargo nunca se atrevió a decirle que
lo único que quería era comprar un marido y tener un hijo. Esto último se
lo calló y, por supuesto, no se da el matrimonio como tal. Su esposo cum-
plió con pagarle el dinero en un año pero nunca hubo una relación marital
ni comunicación entre ellos. Su decisión se vio truncada por el orgullo y
164 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

dignidad de Alfredo. Este conflicto dramático permite ver que la sociedad


mexicana todavía no aceptaba el triunfo femenino y la hace sufrir hasta que
cumpla con los méritos que él solicita de una mujer. El machismo de Alfredo
no le permitió ver el deseo de Adriana ya que ella era una mujer fría,
profesionista y triunfadora en comparación con él que era un fracasado.
En la escena final rompen el silencio en un momento difícil en el que muere
un paciente de Adriana y es cuando se comienza a debilitar y se provoca la
comunicación.

Alfredo.- (Tratando de buscar su mirada) No todo es satisfacción en su carrera… ¿y


esto, esto…no cuenta para usted? Adriana… Adriana, no puedo marcharme sin
preguntarle algo que hasta ahora no he podido comprender, no he sabido adivinar.
¿Qué la hizo…que la llevó a contraer este matrimonio estúpido?... ¿Qué impulso,
qué razón la hizo unirse a mí, elegirme como un comediante indigno para repre-
sentar la farsa más cruel, más absurda, la más inútil?
Adriana.- ¡Oh! No pude decirlo entonces, no sé si podré decírsela a usted ahora…
yo...estaba sola…mi carrera, en verdad me bastaba a llenar el vacío de mi vida,….
Estaba sola… ¡tanto! Y quería un hijo (Sada, 1936: 74).

Esto da pie para llegar a solucionar el conflicto de una mujer orgullosa


que creía que todos eran títeres a su antojo. El cambio en el discurso, el
saberse un cuerpo deseado provoca que ella se sienta mujer y no solamente
una profesionista triunfadora.
La virgen fuerte de María Luisa Ocampo nos presenta a una joven estu-
diante de medicina que es novia de un chico rico. Ella está profundamente
enamorada de Pedro quien le presenta una realidad inimaginada: le pide
que se vaya con él a estudiar a Estados Unidos pero sin casarse porque sus
padres no la aceptan por ser pobre.
Su vida cambia totalmente hasta convertirse en una mujer con profun-
da vocación médica pero a su vez es tachada de «anormal» y así lo afirma
un pretendiente despechado:
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 165

Fernández.- Le diré que no tome en serio mujeres del tipo de la doctora.


Humberto.- ¿Por qué?
Fernández.- Por sus características… su psicología… vamos.
Humberto.- ¿Quiere decir que son anormales?
Fernández.- Por ahí, por ahí.
Humberto.- No lo creo.
Fernández.- Tal vez, tal vez, sea afecta a su propio sexo… (Ocampo, 1941: 34).

Este es un caso diferente para ser analizado bajo los parámetros de la


maternidad ya que Luisa es soltera al haber sido abandonada por el novio.
Ella permaneció célibe y sin deseos de encontrar un nuevo amor, de ahí que
la apodaban la virgen fuerte. Lo importante de este texto son dos temas
nunca utilizados para el teatro como son el lesbianismo y la eutanasia al
aplicar doble dosis de morfina a una paciente y fallecer a causa de ello. Sin
embargo hay muchas alusiones a la maternidad dentro del texto ya que la
profesionista dedica buena parte de su tiempo en atender a los niños del
hospital donde trabaja. Asimismo su maestro, el doctor Gámez, al conver-
sar con ella afirma:

Gámez.- La maternidad hace a la mujer completa.


Luisa.- Una doctora por vocación tiene tanto sentido humano, como la mujer que
tiene un hijo (Ocampo, 1941: 20-37).

En el caso de las protagonistas profesionistas, en especial Adriana y


Eloísa, se puede observar una mayor desigualdad en relación con su pareja
ya que ninguno de los maridos tiene el mismo nivel académico. Se conside-
ra que estas mujeres pertenecen a otra élite que es la de profesionistas que
trabajan y triunfan, es decir, hay una desigualdad genérica y por lo tanto se
perdió la comunicación entre ellos. De acuerdo a la época en que fueron
escritas esas obras resulta lógico que ellas o pierdan a la pareja o tengan
que luchar por conservarla.
166 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Todo el conflicto dramático que viven estas profesionistas se puede


entender con lo que afirma Bocchettti en su libro Lo que quiere una mujer:

Las mujeres, llamadas ya ahora a entrar para bien o para mal en el mundo llamado
«productivo», actúan aún solas: éxitos y fracasos, fatigas y esfuerzos están aún
marcados por un profundo sentido de soledad. Ese sentido de propiedad hace que
se abandone fácilmente los objetivos propios, hace que fácilmente se desconozca la
capacidad propia, produce desvalor sobre lo que se hace, causa una prudencia
persecutoria. Cada una, en su fuero interno, sabe cuál es la dimensión de esta lucha,
porque se trata sobre todo de una lucha consigo misma (1995: 67).

Aunque ellas están viviendo una situación de crisis genérica de identi-


dad, en el momento del conflicto dramático ellas conservan la fuerza sufi-
ciente para salir adelante y solucionar su crisis. Eloísa se va a un congreso
a Europa, Adriana logra solucionar la crisis matrimonial y Luisa es la que
sufrirá para solucionar su vida pero encuentra un hombro en dónde llorar
debido al amor que le tiene un pretendiente. Es importante observar que
en la primera parte de los textos las tres profesionistas sienten que todo
está perdido pero logran salir adelante sin perder su profesión ya que las
primeras dos médicas continuarán ejerciendo y Luisa tuvo que fracasar
para darse cuenta que la vida no es solamente su profesión sino que tam-
bién necesita de pareja para encontrar su felicidad y tener un hijo.
En estas obras se observan los siguientes modelos de protagonistas:

Eloísa: La Activa, pues es una mujer pensante que toma decisiones; la


Poderosa, por su profesión; la Heróica, por enfrentar el engaño por parte
de Eduardo; y la Consciente, porque trata de recobrarse en busca de sí
misma.
Adriana: se cataloga como la Activa y la Poderosa por su profesión y
riqueza; y la Atrevida al poner el anuncio en el periódico buscando marido.
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 167

Sin embargo la dramaturga le busca un final de vida para que logre combi-
nar la vida profesional con la personal.
Luisa: es la mujer Activa que trabaja sin descanso pero que no se da el
derecho de buscar su felicidad, la Abnegada por dedicar su vida a los pa-
cientes y la Víctima por haber caído en la desesperación al ver sufrir a la
paciente en parte porque estaba embarazada y el producto había muerto;
asimismo porque estaba en agonía y no pudo soportar ver el sufrimiento de
una joven que había sufrido un doloroso accidente automovilístico.

LAS MADRES

«Al amor materno le han sido concedidas pocas palabras, además del silen-
cio» (Bocchetti, 1995: 35). Siempre se ha hablado de la maternidad como
una plenitud en la mujer y en estos tres textos dramáticos nos permite
reflexionar acerca de «la maternidad como vacío, como experiencia de ‘pér-
dida de sí’» (Bocchetti, 1995: 34). Las afirmaciones que en todos los cam-
pos se han hecho acerca de la maternidad como la plenitud de la mujer y la
felicidad, en estos textos se observa que conocen ese vacío debido a su
pérdida de identidad para ser madres abnegadas y sufridas que nunca recu-
peran su yo al haber vivido para los demás; se quedan en el papel que ellas
escogieron, ser madre-esposas y no mujeres con identidad propia.
Las mujeres siempre han llevado en sí mismas ese ser sujeto plural, esa
imposibilidad de escisión entre la propia vida afectiva y la razón social y
cultural, entre el cuerpo y el pensamiento. Entre pasión y ética, han vivido
siempre esa multiplicidad, han encarnado siempre en sí mismas la crisis de
una razón que se quería como única y sin cuerpo y con su silencio históri-
co, han representado siempre una crítica radical implícita a los fundamen-
tos de ese pensamiento que se resolvía poniendo de lado sus contradicciones»
(Bocchetti, 1995: 47), «es precisamente el silencio de las palabras y la ne-
cesidad de superar ese silencio lo que hace que cese el silencio de las muje-
res» (Bocchetti, 1995: 50). Es precisamente ese silencio de las protagonistas
168 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

madres el que se observa en estos tres textos dramáticos. Ellas nunca tu-
vieron el concepto de cuerpo por el mismo silencio que habían vivido y se
dedicaron a convertirse en madres únicamente hasta perder su identidad.
Sufren, lloran por los hijos y no tienen un hombro en donde recargarse.
En Bajo el mismo techo una pequeñez provoca una tragedia a partir de la
cual los hijos varones se enfrentan a la madre y defienden al padre a pesar
de que él decidió gastar los ahorros familiares para arreglar su rancho sin
comentarlo con la esposa. Gabriela es más madre que esposa debido a la
ausencia del marido; sin embargo, existe una relación especial con los hijos
como afirma Lombard:

La mujer-madre ejerce una influencia directa y contradictoria, es decir que no sólo


se limita a transmitir pasivamente las normas del sistema patriarcal, sino que tam-
bién transmite sus conflictos invisibles e interiores con estas normas, creando así
en el ámbito familiar un espacio de contradicciones (1988: 23-24).

El patriarcado continúa a pesar de la ausencia del padre y se provocan


contradicciones en el ámbito familiar. Es una buena madre pero los hijos
varones apelan a la culpabilidad materna al ser una mujer que trabaja como
profesionista. Gabriela mantiene invisible el trabajo doméstico y laboral
para dedicarse a ser la madre buena, bondadosa y conciliadora ante el con-
flicto familiar. Sin embargo hay una desigualdad total de roles ya que
Gabriela siempre está dispuesta a apoyar y dar a los hijos un hogar así
como sustento y sin su salario no podrían hacerlo pero eso no es visto por
los varones. Ellos exigen atención, esmero y perdón pero no están dispues-
tos a darlo aunque continuamente hablan del amor a la madre y de la espo-
sa, de ahí que en ese hogar se observa una desigualdad total de sexos.
En La casa en ruinas, escrita en 1934, Fany es el prototipo perfecto de la
madre-esposa abnegada, temerosa, incapaz de desobedecer y de imponer
su voluntad. Ella vive una maternidad ausente al tener un marido castrante
que se dedica a sus locuras de ser escritor. Además, Fany fue madre sola-
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 169

mente para servir a los hijos pero no para estar a su lado y recibir su cariño;
la prueba es que los hijos se van y ella sigue en el silencio al lado del esposo
con el cual no tiene comunicación. Fany carece de identidad al vivir sujeta
a un hogar y carecer de un mundo propio. Se encerró en ese mundo y
nunca vio por sí misma sino para los demás.
En este texto la autora presenta a una familia de clase media que vive
de la pensión del jefe de familia. Ocampo desarrolla con maestría el mundo
doméstico de Fany, mujer de cincuenta años en el que su única misión es
cuidar del marido, recoger su desorden y guardar sus papeles al igual que a
los hijos. «Puedes revolverlo todo que yo lo pondré después en su lugar. Es
mi misión en esta casa» (Ocampo, 1934: s/p). Ella le apoyó en la creación
de un mundo de fantasía para que fuera feliz debido a que había sido des-
pedido por ser «viejo». Ella es una mujer pequeñita como esposa pero que
crece con tal de defender a sus hijos al ser la abnegada y sufrida madre.
Afirma que fue feliz al lado de Alberto, pero sólo vivió una vida pequeña,
escondida en un hogar asfixiante y sin salida.

Fany.-... yo traté hasta donde pude de evitarte molestias, de vivir a tu lado sin hacer
ruido, sin que te dieras cuenta de mi presencia.... No soy una gran mujer. Apenas me
doy cuenta de lo que a ti te parece sencillo y accesible, pero creía darte la felicidad
trabajando, economizando, evitando disgustos... Nunca había llegado a esto, nunca
te hubiera pedido que hicieras a un lado tu amor propio, si se tratara de mí: pero es
Jacobo... tu carne... nuestra carne (Ocampo, 1934)

Fany se minimiza como mujer y como esposa sin importarle no haber


logrado su felicidad y se considera «…una ruina que se sostiene erguida,
nada más. No hay que pedirle al tiempo lo que no puede dar» (Ocampo,
1934) La autora permite que el lector pueda hacer un análisis de las posibi-
lidades vitales de la protagonista y la capacidad de acción por lo que se
puede observar que todo lo que hace es por obligación como madre y espo-
sa pero nunca como mujer al haber aprendido a vivir bajo la autoridad
170 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

jerárquica del marido y sin posibilidad de buscar otra forma de vida. «Nunca
esperé hacer nada, sino que esperé a recibir lo que la existencia quiso traer-
me» (Ocampo, 1934) y lo que los hijos y el marido le quisieron dar.
En Maternidad, Rosario, la protagonista, decidió ser solamente madre
al haber sido abandonada por el marido y luego ser viuda. Se dedicó a
trabajar en el hogar cosiendo ropa y viviendo para sus hijos sin aceptar a un
pretendiente por el temor a perderlos. Sin embargo, ellos crecieron y cada
quien hizo su vida y no se preocuparon por la mujer ya vieja que había dado
la vida por ellos. El varón mayor estudió medicina y sin avisar se casó y se
fue al extranjero para hacer un posgrado y trabajar. La hija, se casó por
capricho y sin la aceptación de la madre y el menor fue un vago drogadicto
y alcohólico que cometió un crimen y estuvo en la cárcel, misma que su
madre visitaba continuamente a pesar de la vida de sufrimiento que había
tenido con él. Rosario es el prototipo de la madre perdonadora que sufre
cuando la abandonan pero perdona de inmediato con tal de recuperarlos.
Ella negó su ser mujer-cuerpo para convertirse en madre.
La dramaturga presenta dos prototipos de mujer en este texto dramá-
tico: Rosario, la madre buena y abnegada con tres hijos y el deseo de adop-
tar a otro; y Aurelia, la prima rica que decidió gozar la vida con el marido y
evitar los hijos. En una conversación entre las dos es donde Rosario le hace
ver la falta de hijos:

Aurelia.- ¡Pscht! Todo es cuestión de puntos de vista. A mí me impacientan las


criaturas.
Rosario.- Hasta el día que tengas un hijo de tu carne en los brazos.
Aurelia.- No lo tendré, te lo aseguro (levantándose)
Rosario.- No asegures, que si Dios te lo da...
Aurelia.- Se lo devolveré. Lo he hecho ya...
Rosario.- ¡Qué dices!
Aurelia.- Sí. (Dice algo en secreto a Rosario)
Rosario.- ¡Aurelia!, ¡pero eso es un crimen!
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 171

Aurelia.- ¡Oh, no está bien, claro está! Pero eso de crimen...


Rosario.- Lo es todo aquello que va contra la naturaleza. Aurelia, estoy segura de
que algún día te arrepentirás.
Aurelia.- Y yo lo estoy de que vas a arrepentirte tú del total sacrificio de tu vida,
cuando tus hijos lleguen a hombres y sean ingratos (D´Erzell, 1936: s.p.).

Rosario no tiene un yo, es solamente la madre de tres hijos. Ella al igual


que Fany y Gabriela forman el prototipo de la mujer abnegada y que en
palabras de Alegría es «aquélla que sabe soportar con resignación enfermi-
za las adversidades de la vida, es decir, la que no protesta, la que nunca se
rebela ni exige, la que se olvida de sí misma a favor de los intereses de los
otros, en resumen la que se nulifica» (1974: 145).
Los modelos de protagonistas en las madres sufridas son:

Gabriela: la Sufrida, que se dedica a los hijos sin ninguna queja; la Fiel
al marido, a pesar de que vive fuera de la ciudad; la Víctima, debido a que
es la que lleva la parte más difícil de la obra, pues debe luchar por su deseo
de tener un hogar pero el marido se gasta el dinero y es la mediadora entre
los hijos y el padre; la Luchadora, porque no se detiene para defender y
apoyar a los hijos.
Fany: es la Pasiva, pues vive en el plano de la ignorancia y no tiene
derecho de buscar su felicidad; la Sumisa, la Abnegada y la Débil por ser
una mujer castrada por el marido.
Rosario: es la típica viuda, es la Sufrida y Abnegada, incapaz de buscar
la felicidad fuera del ámbito filial; la Madre perdonadora, a pesar de que
los hijos no fueron buenos con ella, quien hizo a un lado el amor, la juven-
tud y la alegría.

Como se observó en los textos dramáticos, el silencio es un elemento


que imperó en las protagonistas aunque sean liberadas, profesionistas o
madres debido a que estaba presente en la cultura mexicana y en todos los
172 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ámbitos sociales. Ninguna se atrevía a romperlo. Azucena en ¡Esos hombres!


le refuta a Fernando su abandono pero no fue capaz de retenerlo y aun
cuando fue a enfrentarlo en el tercer acto, guardó silencio ante la presencia
de la nueva esposa. Esto confirma lo que Bocchetti afirma: «paradójica-
mente es precisamente el silencio lo que hace que cese el silencio de las
mujeres» (1995: 50). Cesó el silencio de Azucena al refutarle a Fernando
pero desafortunadamente esto la llevó al suicidio. Asimismo también se
observa el silencio de los varones ya que ellos en ninguna de las obras
establecen un proceso de comunicación con su pareja. Las autoras presen-
tan el comportamiento masculino de la época con mucha fidelidad.
Las dramaturgas de esa época logran hacer un retrato muy claro de la
sociedad mexicana de los años veinte y treinta, período en que comienza el
despertar de la mujer y fueron las escritoras las que ayudaron en gran me-
dida a forjar el destino de las mujeres de nuestro país. Las dramaturgas
presentan en estos textos la pérdida de libertad en las protagonistas y po-
nen en un dilema a los tres tipos de protagonistas. Las liberadas quedan
destruidas, una se suicida y la otra vivirá guardando una mentira que le
hará sufrir siempre pero toma la decisión de seguir y así lo afirma «Calla,
Concha. Calla y ayúdame, ¡que es precisamente ahora cuando tengo que
aprender a ser una gran actriz»(67). Las profesionistas se quedan solas así
como las madres sufrientes debido a que fueron expropiadas de su cuerpo
así como de su sexualidad como se ha visto en los textos dramáticos.
Las siete obras estudiadas son presentadas en un entorno urbano de
clase media, el cual es descrito por las dramaturgas de una forma precisa,
de tal manera que nos permite conocer el mobiliario y los objetos existen-
tes en el hogar así como el vestuario que utilizan los personajes. Otro ele-
mento importante que se observa es el manejo del lenguaje de las y los
protagonistas al diferenciarse notoriamente el discurso autoritario mascu-
lino y el contradiscurso de las mujeres quienes, en las obras de las liberadas
y las profesionistas, refutan y piden sus derechos de atención.
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 173

El teatro es el género que trasmite con mayor inmediatez y transparen-


cia los códigos de valores, mentalidades, hábitos sociales y gustos estéticos
de una época como fue los años veinte y treinta, en que estuvo protagoni-
zada por mujeres que despertaron después de la Revolución mexicana y
tuvieron mucho éxito en la recepción de las obras. Un dato importante es
que también existían varias compañías teatrales manejadas por mujeres que
creyeron en estos textos y fueron las que montaron sus obras teatrales
como Virginia Fábregas, María Teresa Montoya, las hermanas Blanch, Mimí
Derba y otras más. Ellas, a su vez, eran actrices y empresarias con una
visión clara del éxito que podían tener estas obras dramáticas, de ahí que
las dramaturgas siempre recurrieron a ellas para ver montado su teatro.

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Sociedad General de Autores de México (Colección Teatro mexicano,
núm. 23).
CUESTIONAMIENTO AL IDEAL FEMENINO DE LA MADRESPOSA EN EL TEATRO MEXICANO 175

La madre, pilar de la familia en Bajo el mismo techo


de Amalia de Castillo Ledón

Rosa Ma. Gutiérrez García1

Establecidas ya las igualdades legales para la


mujer [...] hay que llevar al dominio de las
realidades prácticas las igualdades teóricas.
La pasión del feminismo se encendió en
el mundo.
Amalia de Castillo Ledón

A
malia González Caballero nació en Santander Jiménez, Tamaulipas,
el 18 de agosto de 1898 y murió en la ciudad de México el 3 de
junio de 1986. Los movimientos armados de la Revolución mexica-
na la obligaron, en 1913, a emigrar junto con su madre a la capital del país,
ciudad donde termina su educación. Se inscribe en el Conservatorio Na-
cional de Música y posteriormente ingresa a la escuela de Filosofía y Le-
tras de la Universidad Nacional. El haber contraído matrimonio con el
historiador Luis Castillo Ledón le permite entrar en el mundo intelectual y
cultural de México, circunstancia que le brinda la oportunidad para cola-
borar con el presidente de la república el Lic. Emilio Portes Gil en activi-
dades al servicio de la comunidad. Además era la encargada del protocolo
del presidente. Así entra en la esfera de la política y de la cultura nacional.
Por esa época presentó su primer drama Cuando las hojas caen (1929). De su
marido adoptará el apellido que la identificaría como artista: Amalia de
Castillo Ledón.

1 Rosa Ma. Gutiérrez García. Doctora en Humanidades y Artes por la UAZ. Docente de licencia-
tura y Posgrado en Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León.

[175]
176 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Amalia de Castillo Ledón es una de las mujeres más importantes que


hemos tenido en México en el siglo XX porque hace historia. En 1929 fundó
la Asociación Mexicana de Mujeres Trabajadoras Intelectuales, en 1934
fundó y presidió por doce años El Ateneo Mexicano de Mujeres, en 1940
fundó el Comité Femenil Interamericano pro democracia, en 1944 fue
Vicepresidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres, y logró que se
uniera dicha comisión a la Unión Panamericana, organismo internacional.
En 1948 es nombrada Presidenta de la Comisión del Status de la Mujer de
las Naciones Unidas con sede en New York, y nuestro país la nombra Dele-
gada de la Comisión Interamericana por tener experiencia en los asuntos de
la mujer y de luchar por los derechos de éstas (Peña Doria, 2005: 19-22).
Otro de sus logros en el ámbito de la política es que fue la primera
mujer con nombramiento de embajadora en Suecia y Finlandia en 1956,
asimismo fue la cuarta mujer embajadora a nivel mundial. En 1958 el Pre-
sidente Adolfo López Mateos la nombra Subsecretaria de Asuntos Cultu-
rales en la Secretaría de Educación Pública, convirtiéndose así en la primera
mujer que formara parte de un gabinete presidencial en el país. Sin embar-
go, no podemos hacer a un lado su activismo político como sufragista en
pro del voto y por los derechos de las mujeres, labor que culmina en 1952.
Para este evento trascendental pasaron muchos años en los que Amalia de
Castillo Ledón:

trabajó sin descanso para que la mujer mexicana tuviera los mismos derechos que
el hombre. Formó grupos de mujeres intelectuales obreras, campesinas, emplea-
das, amas de casa, para que juntas lucharan por la igualdad. Desafortunadamente el
poder legislativo se mostraba renuente al cambio y poco interés mostraban para
legislar. Sin embargo en 1952 y ante la demanda persistente, se vieron obligados a
votar dos leyes que cambiarían el curso del país; el voto femenino y los derechos
humanos (Peña Doria, 2005: 22).
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 177

Estos afanes a favor de los derechos de las mujeres impactan en su


producción dramática. Entre sus textos encontramos: Cuando las hojas caen
(1929), Cubos de noria (1934), Coqueta (1941), Bajo el mismo techo (1941) y
Peligro deshielo (1963). De las cinco obras particularmente me enfocaré en
Bajo el mismo techo. Aunque el texto sigue una estructura dramática tradi-
cional, y aparentemente no se enfrenta con la ideología machista de la épo-
ca, se puede observar en su discurso suficientes elementos que evidencian
la rebelión femenina a los cánones establecidos por el sistema patriarcal.
Por tal razón y al punto, es importante descubrir cómo son expresadas las
ideologías y cómo funciona el pensamiento sexista en la obra. En ese senti-
do es necesario detectar en el discurso las manifestaciones ideológicas de
género, para esto se tomarán de Van Dijk (2000) las relaciones entre ideo-
logías y valores, porque son aspectos que detecté y apoyan mi análisis.
La trama de Bajo el mismo techo gira en torno a la exaltación de la fami-
lia, y la madre como su centro. La acción inicia con los preparativos que los
hijos hacen para un festejo sorpresa del cumpleaños de Gabriela, la madre:

Gabriela: (Conmovida) ¡Qué primor! ¡Qué maravilla! Todos lo hicieron entre to-
dos, ¿verdad? (Ellos asienten con la cabeza) ¡Arturo, qué sorpresa tan agradable! Gra-
cias, gracias a todos. ¡Mis chiquitos adorados! Estos hijos míos son perfectos, se
quieren, se ayudan, se completan. Son como los cuatro mosqueteros: «Todos para
uno y uno para todos.»
Ernesto: En realidad es un caso excepcional el de este hogar. En mi vida he visto tal
espíritu de cooperación familiar.
Gabriela: Más que un mérito es una gracia. Hemos descubierto que nos comple-
mentamos unos con otros. Hacemos una familia alegre, cómoda y cariñosa. Lo
más interesante es que todos se siguen unos a otros en sus diferentes aficiones. Así
vemos a veces al mecánico escribiendo cuentos, a la literata construyendo radios, a
la pequeña ávida de todo. Tienen actividades, aficiones y estudios por ciclos. Así,
yo los observo y que los dejo obrar libremente digo: la familia estudia electricidad,
178 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

la familia aprende guitarra, la familia lee a los clásicos, la familia baila, la familia
entra en actividad social... (Castillo Ledón, 2005: 292-293)2

El diálogo es un ejemplo del ideal de la clase media, la madre es el alma


de la familia mexicana; ella es el eje de la familia como célula social. Es un
modelo que se ha promocionado en las primeras décadas del siglo XX –en
cierta forma continúa ese ideal circulando–.
El texto tiene la estructura de una pieza; es el retrato de una familia de
tantas, de clase media mexicana, en la que aparentemente no pasa nada. En
él, la dramaturga diseña los personajes con base en tipos que representan
las diferentes ideologías con sus correspondientes creencias y perjuicios,
por ejemplo:

Abuelita: Por lo que nunca les da es por los quehaceres de hogar. Estas niñas
deberían estudiar menos biología y raíces latinas y aprender a coser y a cocinar.
María Elena: Eso dice mi mamá, que a ella no le interesan las niñas sin educación
científica, ni artística, sino que sepan ser amas de casa.
Abuelita: Muy bien dicho ese debe ser el lema eterno de toda mujer bien nacida.
Gabriela: Una verdadera mujer debe saber de todo. Tener cultura superior y ser
mujer de su hogar. [...]
Josefina: Esa eres tú Nena, están pintando un autorretrato (293).

Estos diálogos dan el primer indicio de un problema latente en la fami-


lia. La madre trabaja como maestra y contribuye al gasto familiar, y las
hijas estudian y se preparan igual que los hombres. El parlamento de la
madre dice: «Una verdadera mujer debe saber de todo. Tener cultura su-
perior y ser mujer de su hogar» (293). Esta respuesta sintetiza la propuesta
de la dramaturga para la mujer, pues es uno de sus postulados que resume
su ideología feminista. El antecedente de lo que se supone es la prepara-
2 Todas las citas referentes a Bajo un mismo techo, son tomadas de Castillo Ledón, 2005, consignado
en la bibliografía, por lo que posteriormente sólo señalaré el número de página.
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 179

ción de una entrevista que le harían, lo encontró la investigadora Peña


Doria (2005) en unos documentos de la autora:

Yo como apasionada feminista, feminista en el buen sentido de la palabra, he soña-


do en un tipo mexicano de mujer moderna, que puede ser perfecto. La mujer mo-
derna debe aprovecharse de las facilidades que ahora tiene para estudiar y para
trabajar, y así puede llegar a ser una mujer completa. Apoyadora de cultura, apta
para el trabajo, servidora heroica en el trabajo social, que es su campo de acción
más adecuado y por el que siente una natural inclinación, decorosa en la vida
cívica, y por añadidura, espiritual y bondadosa, como todas las mujeres de México.
¿Qué concepto tiene de los hombres?
Magnífico. (Peña Doria, 2005: 35).

Se puede observar que es cuidadosa al expresar su idea porque cuando


escribió la obra, aún el gobierno de México no le reconoce a la mujer sus
derechos políticos. Tocante a esto se puede apuntar que en la emisión y
producción del discurso participan factores del contexto social que lo de-
terminan. Al respecto Foucault señala «que toda sociedad fiscaliza la pro-
ducción del discurso, lo selecciona, lo decreta con la intención de preservar
el control y dominio del poder sobre sus miembros. Así que no todo puede
ser dicho en cualquier época» (Gutiérrez, 2012: 114). Por tal razón, Amalia
de Castillo Ledón dice lo que puede y debe ser dicho, en una coyuntura
dada, y como ella es una decidida activista en el movimiento feminista,
tiene que dejar claro que el feminismo por el que aboga, no es una pugna
contra el hombre en la organización conyugal, sino en el carácter político
en el que se mueve el mundo. La base fundamental para demandar la igual-
dad para las mujeres, está en el derecho natural del ser humano, por prin-
cipio moral, por principio político inherente a la democracia.
El conflicto central de Bajo el mismo techo es el trauma que viven los
varones de la casa. El marido se siente poco viril por no poder solo con la
manutención de la familia; por ejemplo, en el siguiente fragmento:
180 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Arturo: Tú me has ayudado durante quince años a llevar la carga del sostenimiento
de esta casa. Yo en el rancho, dirigiendo las tareas de la siembra. Tú aquí trabajando
como maestra y formando a los muchachos. Entre los dos hemos mantenido
decorosamente este edificio familiar que va saliendo bien. [...]
Arturo: [...] Sufro con la pobreza, con la ausencia casi constante de ustedes y con
pensar que tú trabajas fuera de casa. Esta idea se me ha hecho obsesión. [...] Y te
evoco con tal realidad, creo verte cerca, que me dan ganas de gritarte: Nena, no
vayas más, devuélvete a tu casa y quédate ahí para siempre...pero no me oirías y no
he estado en posibilidad de decírtelo de ningún modo.
Gabriela: No me mortifiques así, a mí me gustan mis actividades. Si vieras qué
interesante es asistir al... (296-297).

Se puede observar que el discurso del marido refleja el pensamiento


masculino acorde a la ideología del sistema patriarcal; él sólo ve la contri-
bución de ella como «ayuda» y, como hombre, sufre la presión social que le
exige el contexto. El mandato de ser el sostén de la familia le va minando
emocionalmente, bajándole su autoestima por su incapacidad para emprender
exitosamente grandes empresas –en realidad sí lo es, según las acciones él
que realiza en la trama–, un ejemplo de ello es la poca habilidad que mues-
tra para hacer prosperar el rancho que poseen; además, en su aprensión,
toma una decisión apresurada disponiendo sin consultar, de los ahorros
que tenían para comprar una casa, cuya aportación ha sido mayor por de
parte de ella. Dicha acción desalienta con justa razón a su esposa Gabriela
y desata el enfrentamiento entre los cónyuges (agresiva por parte del mari-
do) y también provoca la intervención de los hijos:

Arturo: [...] Las mujeres sólo saben hacer una inversión: comprar casas. Hasta para
los negocios tienen un espíritu hogareño, son conservadoras, retrasadas, con ro-
manticismo retrógrado. ¡Las limitaciones femeninas! ¡Terrible cosa! ¡Cuánto áni-
mo me das para proseguir mis negocios! Nunca pensé que tú fueras como todas
que no saben pensar más que en cosas comunes. Eso es tonto y cobarde. (Ha ido
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 181

subiendo el tono de la voz, airada, y vuelven del comedor Ernesto, Josefina y Miguel.
Bernardo entra después) [...]
Gabriela: Es que han ido ahí los ahorros de toda nuestra vida. 20 años de privacio-
nes que a mí me parecían leves, porque anhelaba una casa mía, cuatro paredes
propias, en las cuales refugiarme con mis hijos. Las mujeres somos así, buscamos
siempre, casi instintivamente, un rincón que sea nuestro, y yo no soy más que una
mujer. [...]
Arturo: Gabriela, me irrita que no comprendas. Te he explicado claramente la
situación y tú pareces sorda o tonta. Las mujeres son tercas y cuando creen ser
cultas, son pedantes, intolerables [...]
Josefina: Mamá tiene razón. Todos soñábamos con nuestra casa. [...]
Miguel: (Indignado) No se hable más de esto, es grotesca la incomprensión de
ustedes. Si papá ha emprendido estas obras es que es lo conveniente, lo próspero, lo
inteligente. Están tratando de humillar a papá delante de todo el mundo. Las mu-
jeres son inconscientes y estúpidas en estos menesteres y se inmiscuyen en lo que no
les concierne.
Bernardo: Cuida tus palabras, Miguel. Una de estas mujeres es tu madre.
Miguel: Es lo mismo ella, es igual a todas. No entiende de negocios y pretende
maniatar a mi padre. Todo porque ayuda un poco... (298-300).

La discusión rompe «la unión familiar» dividiéndola en dos bandos.


Por un lado, la hija entiende y apoya a su madre; por el otro, los hijos viven
con la vergüenza de tener una madre que trabaja, y sienten que están al filo
de las familias honorables y decentes, según el modelo de familia tradicio-
nal mexicana en las primeras décadas del siglo XX.
La ideología se expresa por medio del lenguaje y mediante éste se legi-
tima la violencia, haciéndola aparecer como derecho, como es el discurso
del padre y de los hijos. Miguel y más adelante Bernardo, se permiten agre-
dir verbalmente a la madre. En este sentido podemos apuntar que «la ideo-
logía funciona como código sobrentendido en una sociedad, el cual le
permite manifestar sus experiencias, justificar sus acciones y sus conflic-
182 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

tos, en fin, una visión del mundo propia de una sociedad, de una cultura»
(Gutiérrez, 2012: 126-127). Además, este fragmento nos muestra que el
hogar es el ámbito de la mujer, una idea culturalmente aceptada, incluso
por ellas mismas, como se presenta en el siguiente diálogo de las mujeres
jóvenes:

Lena: Son esos estudios de biología, de química y todos son rompecabezas que no
son para las mujeres. Mi mamá me dice que una señorita no debe trabajar fuera de
su casa ni estudiar cosas de marimachos.
Josefina: Lena, yo estudio para no llevar la vida estúpida que hace la gente de tu
clase, y mi madre trabaja para que comamos todos nosotros.
Bernardo: Estás mintiendo, Josefina. Mi madre trabaja por capricho, por vanidad,
por ambición. Mi padre da para todo, tiene suficiente capital [...]
Bernardo: ¡Envidiosa! Quieres separarnos a Lena y a mí, quieres que ella desprecie
a mi familia.
Josefina: Si nos desprecia ya, profundamente. ¿Quieres verlo? Lena, ¿cuál es tu
criterio moral sobre esta casa que está sostenida a medias por una mujer?
Lena: ¿Para qué me preguntas? Para nosotros el lugar de la mujer es el hogar
solamente. Ya sabes que ni yo ni mi familia, aprobamos esta situación, me parece
indigna.
Josefina: (A Bernardo) ¿Ya oíste? A mí por mi parte, no me interesa la opinión de tu
familia.
Bernardo: Pues a mí sí [...]
Bernardo: (Interrumpiéndola con voz violenta) Las dos son unas libertinas que con el
pretexto de estudiar se pasan la vida en las calles y en las bibliotecas, chacoteando
con los hombres. Ustedes y mi madre deberían ser como la familia de Lena: distin-
guida, decorosa, quedarse en casa, como lo hace la gente decente (327-328).

Van Dijk piensa que el uso lenguaje o el discurso expresan creencias, y a


la vez son formas de acción e interacción; igualmente, son propiedades que
influyen en la construcción de las oraciones que describen estos diálogos:
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 183

contenidos y estructuras de las ideológicas de la cultura patriarcal imperante


en esta época (Gutiérrez, 2012: 58). Asimismo, en esta muestra selecciona-
da de parlamentos se enfrentan dos ideologías, una que aboga por la familia
tradicional, Lena; y la otra, Josefina, una joven con mentalidad nueva que
lucha por un cambio, con más oportunidades para las mujeres. Josefina jun-
to con su madre concretan el pensamiento ideológico de Amalia de Castillo
Ledón, para quien, la mujer debe ser «un ser nuevo, actora del drama de los
tiempos, testigo y víctima, que demanda responsabilidades paralelas en el
mundo dinámico del presente» (Castillo Ledón: 493).
La confrontación entre los padres ha provocado en los demás miem-
bros el desconcierto y, en cierta forma, la huida de algunos de ellos o al
menos el deseo de hacerlo. En una de esas abruptas salidas, Miguel, el que
fue más agresivo con la madre, tiene un accidente automovilístico, y se
encuentra convaleciente, en silla de ruedas, por lo que ahora tiene tiempo
para recapacitar y revalorar a su madre:

Miguel: Hay aquí dentro una especie de caos. ¿Sabes? Una atmósfera violenta,
agresiva, desintegrada, a la que nadie se empeña en ponerle remedio, ni tú misma.
Yo eso lo veo mejor que ustedes, porque estoy aquí, sin tener otra cosa qué hacer,
más que observar y sentir.
Gabriela: Ya lo sé, lo sé muy bien. Tu padre entra y sale sin rumbo ni programa.
Bernardo, reprobándolo todo, quiere irse a Estados Unidos con Enrique. Josefina
rondando como una sombra. Julieta, como no tiene problemas aparentes, la tene-
mos abandonada.
Miguel: Los cuidados los acaparamos los demás, los complicados.
Gabriela: Esta tormenta que me ha caído encima de pronto, este desbarajuste, el
despego de todos, me ha hecho cobarde. Yo siento que ya no puedo hacer nada por
esta pobre gente.
Miguel: ¡Shist! No digas eso, baja la voz. Tú eres valiente, tienes un gran espíritu,
estás obligada a enderezar estos escombros. Que no te oigan los demás. Debes
volver a ser tú misma, la valiente.
184 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Gabriela: ¡Valiente yo! Este pobre ser empobrecido, casi avergonzado de las penas
de todos.
Miguel: Yo no tengo la potencia que siempre he admirado en ti, pero ahora he
sufrido y sé que eso da fuerza y valor para embestir en la vida. Mi padre, Bernardo,
las niñas y yo, hasta Lupe, todos necesitamos tu ayuda (322).

La reflexión de Miguel nos muestra un cuadro de familia y lo que re-


presenta la figura de la madre en ella. El joven reconoce en su madre con-
diciones como poder establecer el orden, el valor y fuerza de carácter,
características tradicionalmente consideradas como masculinas; en este sen-
tido, es una mujer que cumple y rompe su papel de madre. Y respecto a lo
que la madre representa en la familia, los demás miembros aportan tam-
bién su percepción de esta figura, por ejemplo, en la siguiente selección de
parlamentos:

Abuelita: Si creo que hasta yo le doy mortificaciones. Pero es que me sucede algo
curioso. A veces siento como si ella fuera la madre mía.
Julieta: Es que es madre de todos nosotros, como la Salve. «Dios te salve, reina y
madre...»
Josefina: Todos y cada uno parece como si nos hubiéramos esmerado en darle una
pena diferente. A esta pobre casa nuestra todos traemos un matiz de dolor, y la
Nena los recibe, los rechaza a veces, los transforma y calla. Calla y sonríe, como si
ninguna pena pudiera traspasar su fuerza espiritual [...]
Arturo: Esta noche, mientras indagaba [...] pensaba constantemente en su compli-
cada psicología, tan firme como infantil. Enérgica y serena en las situaciones difí-
ciles y aturdida, olvidadiza, tierna, niña, en muchos momentos (332-333).

Cada uno de los miembros de la familia describe puntualmente el mo-


delo de madre abnegada, sumisa. Estas características encajan en lo que
Marcela Lagarde llama «madre esposa», en dicha categoría la define como:
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 185

Ser madre y ser esposa consiste para las mujeres en vivir de acuerdo con las normas
que expresan su ser –para y de– otros, realizar actividades de reproducción y tener
relaciones de servidumbre voluntaria, tanto con el deber encarnado en los otros,
como con el poder en sus más variadas manifestaciones (2001: 363).

Este papel lo asume y lo acepta Gabriela –la Nena–, ya que es capaz de


sacrificar sus deseos individuales para que el marido no sienta que pierde
valor ante los hijos y le da el puesto dominante en la familia. También está
dispuesta a relegar sus deseos personales para la tranquilidad de los demás,
en este caso el marido y los hijos.
El conflicto entre las dos ideologías en pugna en Bajo el mismo techo lo
podemos ver reflejado en la conversación de la madre y su hijo Bernardo;
en ella queda claro que lo que se pide a la madre es que no deje de ser el
pilar de la casa. La vergüenza que sienten los varones de la familia se debe
a que es una mujer que trabaja fuera de casa:

Gabriela: Es un viejo pensamiento, sólo que no te dabas cuenta con precisión, de lo


que pensabas, o más bien de lo que sentías. Ustedes los hombres de esta casa, me
tienen un especio de rencor, porque trabajo. Les defrauda este tipo de madre fuerte
que se enfrenta a la necesidad.
Bernardo: ¿Defraudarnos tú? ¡Si te debemos tanto!
Gabriela: Las deudas son molestas, especialmente cuando un hombre le debe a una
mujer. Yo te comprendo. Tú te has sentido «muy hombre» para permitir que tu
madre trabaje para el sostenimiento y sientes por ello disgusto y vergüenza, pero no
sabes que es por ti mismo o por tu madre ¿no es así? […]
Bernardo: Yo siento bochorno de que tú, una mujer trabaje para nosotros. Y como ése
es mi sentimiento, me resisto a aclarar la realidad y la niego, la niego siempre ante
todo el mundo, con eso niego tu mérito ante los demás. Ésta es otra culpa que yo tenía
que confesarte. Quizás hago mal, pero la situación es tan deprimente para mí... todos
mis amigos dicen «mi papá hizo, mi papá realizó tal o cual cosa, fui con mi papá...»
y aquí en nuestra casa, papá siempre ausente. ¿Cómo voy a declarar que tú compartes
186 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

con él el trabajo, que nos das dinero y que yo lo admito? Yo tengo que hablar con
ellos. ¿Comprendes? Yo sé que te traiciono al no reconocer tu nobleza ante los
demás, pero es mejor así, porque así nuestra casa es como todas las casas [...]
Gabriela: Hay muchos modos de decir las cosas. Que si yo sé hacer esto y lo otro,
que si no es femenino ni honesto estudiar y trabajar fuera de casa; que si a ti te
gustaría que ella lo hiciera desatendiéndose del hogar y sosteniendo trato con
hombres... claro, a la larga todo eso forma una nueva conciencia y consideras a tus
hermanas y a tu madre indignas, vulgares, inferiores.
Bernardo: No, eso no, ¿Tú puedes pensar eso, mamá?
Gabriela: A mí me tocaba parte muy directa de tu reproche de esta tarde y te
comprendí. En un momento abarqué la situación. Nuestro régimen familiar choca
al de la familia de Lena, tan burgués, tan acomodado y lo que más te disgusta es no
poder deslumbrarla con una situación superior. Pero... ¿qué culpa tenemos de todo
esto, mi vida? Y ¿qué puedo hacer para remediarla?
Bernardo: (Conmovido) ¡Mamá! ¡Mírame! Mamá, ¿me crees capaz de censurarte
algo? Si para mí tú eres perfecta y nuestro hogar es sagrado. Tan sufrido, tan
honrado, tan laborioso. Me siento orgulloso de pertenecer a él. Ahora lo veo todo
tan claro, pero tú necesitas creerme (341-343).

Se pude observar que la reflexión de Bernardo concentra el sentir de


los hombres de la casa –y la de muchos varones de la época–, que rechazan
la idea de que la mujer salga del hogar, aun por necesidad, a trabajar, pues
consideran que desatiende el hogar, y es indecente que sostenga trato con
otros hombres; con esto se puede decir que el joven considera a sus herma-
nas y a su madre «indignas, vulgares, inferiores». De ahí parte el tormento
del esposo y la insistencia de los hijos de que sea perfecta, el ángel del
hogar. El problema radica en que los hombres, como miembros de una
sociedad que ve mal que las mujeres invadan los espacios públicos, tienen
que enfrentar la crítica de esa sociedad por tener una madre que trabaja
fuera de casa y que aporta económicamente al gasto de la casa, de pertene-
cer a una familia que rompe esquemas.
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 187

Y como Bajo el mismo techo es un melodrama, da material para que ese


detalle de la «madre que trabaja», desate los arrebatos emocionales de los
miembros del clan: Miguel abandona furioso la discusión y tiene un acci-
dente que lo deja temporalmente inválido; Josefina huye ofendida por la
agresión de su hermano Bernardo; Gabriela, mortificada por su hija, sale a
buscarla; en el ínter, el padre apresuradamente vende el rancho sin consul-
tarlo –nuevo problema–; todos se angustian porque la madre no regresa.
Cuando lo hace, todos le piden perdón, pero la madre conciliadora, une
nuevamente a la familia:

Gabriela: (...) Hemos tenido en casa una efervescencia, parecíamos contagiados


por el volcán. ¡Son todos tan pequeños, tan tiernos! Les nacieron las pasiones
temprano y se desbordan tirando cada uno por su lado. Todos quisieron irse lejos
del hogar, dispersarse. Nos apoyábamos antes uno en los otros y así vivíamos en paz
y con fe. Podemos volver a ser otra vez nosotros mismos unidos y fuertes bajo el
mismo techo. Hay que rehacer la casa nuestra, la íntima, la interior.
Josefina: Tú eres el hogar nuestro.
Gabriela: El hogar se hace entre todos. Cada uno de nosotros es como una cifra
mágica que lo sostiene y lo adorna con diverso matiz. Aquí dentro, las culpas de
todos se perdonan y se transforman en fuerza [...] (352-353).

Esta declaración esperanzadora de Gabriela –digna de un melodrama–,


la vemos plasmada en el final de la obra, que a continuación transcribo
–imaginen la escena, baja la iluminación general; la luz se centra en el venta-
nal al fondo del escenario, donde está la protagonista–:

Gabriela: Lo que ahora nos hace falta es que entre otra vez la luz bajo nuestro techo.
(Va hacia la ventana y descorre la cortina por donde penetra la claridad del amanecer. Después
vuelta de espaldas a la ventana, su figura se ve como iluminada por un halo luminoso y
exclama) ¡Miren, ya hay luz de amanecer! La mañana tiene que estar en todos, como
en la naturaleza. Hay que empezar de nuevo. ¡Vengan, aquí está el sol del nuevo día!
188 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Bernardo: (Levanta la cabeza agobiada y al advertir el resplandor que presta la luz a la


cabeza de Gabriela, exclama con expresión de asombro) ¡Madre veo la luz del alba en ti!
(353).

Así es como Amalia de Castillo Ledón vislumbraba el futuro para la


mujer en México. Al respecto hay mujeres y hombres trabajando en esa
idea para que se logre una justa igualdad y equidad de las personas sin
importar su condición de género.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

En Bajo el mismo techo se muestra dos ideologías en conflicto. Por una par-
te, los hombres –y algunas mujeres como la abuela y Lena, la novia bur-
guesa del hijo mayor– que comulgan con las ideas patriarcales. Ellas
conciben a la familia nuclear tradicional, en donde la madre debe ser el eje
medular de ella y el padre debe ser quien ostente el poder, en tanto es la
máxima autoridad –aunque esté ausente–; es un modelo de familia que pre-
domina en las primeras décadas del siglo XX. Por otra parte, el naciente
movimiento feminista, una nueva mentalidad en las mujeres, que luchan
por un régimen familiar diferente. En él, la madre continúa con el rol de
ser el pilar de la familia; el marido sigue siendo la autoridad máxima, pero
más o menos acepta que las mujeres están cambiando, que se deben prepa-
rar y que pueden trabajar fuera del hogar. Estas últimas concretan el pen-
samiento ideológico de Amalia de Castillo Ledón, para quien la mujer debe
ser una persona con responsabilidad participativa no sólo en la casa sino
también en la sociedad.
Amalia de Castillo Ledón, en el discurso La responsabilidad de la mujer
mexicana ante el derecho ciudadano, pronunciado en 1952, enfatiza que la
participación de la mujer debe ser en todos los ámbitos, principalmente el
que concierne a familia, y que conseguir el derecho político es una respon-
sabilidad que se debe tomar como un medio para cooperar en beneficio de
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 189

la colectividad y no como un fin de beneficio personal. De aquí la insisten-


cia de la dramaturga en destacar en su obra a una madre que no sólo quiere
ser el pilar del hogar sino que desea una cooperación solidaria de todos los
miembros de la familia.
El pensamiento de Amalia de Castillo Ledón respecto al papel de la
mujer en la sociedad va cambiando. Al principio suaviza su discurso, repite
el patrón de que las mujeres deben ser abnegadas, y que su prioridad debe
ser el hogar. Poco a poco las va involucrando en los deberes sociales –
como es el caso de Gabriela, que es maestra y trabaja fuera de casa, y las
hija Josefina y Julieta son estudiantes–; pero, insiste mucho que jamás debe
perder su «feminidad» –palabra que destaca Gabriela en la conversación
son su hijo Bernardo–. Este concepto de «feminidad» aparece en muchos
de sus discursos y es una idea muy recurrente en la obra Bajo el mismo techo.
El pensamiento de nuestra autora es que la mujer debe incursionar en
los diferentes ámbitos de la vida, es decir, la social, la política y la intelec-
tual. Hay una conferencia pronunciada en 1933 que en general sintetiza
toda su ideología, La mujer en la política, en donde manifiesta su interés por
que la mujer ocupe un lugar dentro de la sociedad: «¡Trascendental debe
ser su presencia cuando tanto preocupa a los hombres!» (441) señala Amalia
de Castillo Ledón. Además considera que la mujer debe preocuparse por
los asuntos de política, ya que la buena o mala elección de un gobernante
afectará a toda la familia. Sin embargo, ella debe hacerlo desde su condi-
ción de mujer, es decir: «influenciando, sugiriendo, sin obrar directamente
ni exigir jamás, ya que perderíamos entonces la fuerza de la feminidad.»
(Peña Doria, 2005: 444, vol. II). Perder la «feminidad» es un argumento
que siempre estará presente en casi todos sus discursos así como en el
drama Bajo el mismo techo.
Tal vez la forma discursiva empleada por Castillo Ledón parezca tibia
y temerosa. No obstante, como señala Foucault, en la emisión y produc-
ción de un discurso participan múltiples factores del contexto social que lo
determinan. Toda sociedad fiscaliza la producción del discurso, lo selec-
190 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ciona, lo decreta con la intención de preservar el control y dominio del


poder sobre sus miembros. En ese sentido, la dramaturga controla el dis-
curso de sus personajes femeninos, los cuales rompen esquemas sociales,
pero señalan que respetan las cualidades de feminidad y el rol de madres en
las mujeres, esto es, liberarse sin descuidar el hogar. La intención parece
ser calmar el nerviosismo varonil para que apoyen la intervención de la
mujer en la vida pública.
Al respecto, Pêcheux (1978) apunta que lo discursivo se debe concebir
como uno de los aspectos de la materialidad ideológica. Esto indica que las
formaciones ideológicas contienen necesariamente una o más formas
discursivas ligadas entre sí, y que determinan lo que puede y debe ser di-
cho, en una coyuntura dada; es decir, que toda formación discursiva de-
pende de condiciones de producción específicas. El concepto es entendido como
producción de conocimiento, en el sentido epistemológico; en su uso
psicolingüístico, como producción del mensaje, además de la significación
que recibe en la expresión «producción de un efecto» (Pêcheux, 1978).
En esa dirección, debemos tomar en cuenta que Amalia de Castillo
Ledón inteligentemente considera: «lo que puede y debe ser dicho, en una
coyuntura dada»; es decir, toma en cuenta la inquietud que provocaban sus
disertaciones en los hombres, que temerosos ejercían presión sobre ella.
Además, reconoce que «existe el viejo prejuicio de que la mujer, al salir de
su hogar y enfrentarse con esta clase de luchas, pierde su sexo y su decoro»
(Peña Doria, 2005: 442, vol. II) y que la situación política y la mentalidad
de la época requerían que tuviera prudencia al emitir sus juicios, en pocas
palabras, diplomacia política. Ella expresaba: «¿Por qué imponernos por la
fuerza si podemos hacerlo con una mirada?» (Peña Doria, 2005: 443, vol.
II). Con esta frase evita la confrontación y asegura, en parte, la tranquili-
dad de los varones.
Para finalizar, se debe resaltar la trascendencia del pensamiento de
nuestra dramaturga como feminista que, por una parte, cree que las muje-
res deben cooperar política y socialmente con todas sus «capacidades re-
LA MADRE, PILAR DE LA FAMILIA EN BAJO EL MISMO TECHO 191

conocidas y consagradas que nos hagan honor y que acabe de una vez por
todas, con el juicio injusto pero generalizado, de que para que la mujer
cumpla con una elevada función social y política, es indispensable que se
desentienda del hogar» (Peña Doria, 2005: 457, vol. II). Esto es, el hogar
debe ser la prioridad femenina, pero no le niega la posibilidad de desarro-
llarse intelectualmente en beneficio de la familia, y en consecuencia,
impactará benéficamente a la sociedad –como una extensión de la familia–.
En relación con esta idea, puedo cerrar con la última exclamación del hijo
a su madre, Gabriela: ¡Madre veo la luz del alba en ti! o parafraseando y
aplicándolo como deseo de Amalia de Castillo Ledón para todas las
mexicanas: ¡Mujer veo la luz del alba en ti!

BIBLIOGRAFÍA

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Martha Peña Doria, Amalia de Castillo Ledón. Sufragista, feminista, escri-
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LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 193

La concepción patriarcal de la maternidad


y dos cuentos de Inés Arredondo

Adriana Sáen Valadez1


Para Elsa Sáenz, por su valentía y coraje
Para Loredana, que renació en la viudez

La familia justamente constituida sería la verdadera escuela donde


impartir las virtudes de la libertad.
Es indudable que la familia es escuela
suficiente de todo lo demás.
Siempre será una escuela de obediencia para los hijos y una escuela
de mando para los padres.
Lo que se necesita es que sea también una escuela de comprensión
mutua en la igualdad de la convivencia en el amor, sin que el poder
caiga de un lado y la obediencia de otro.

John Stuart Mill

L
a crítica literaria feminista y ahora de género ha estudiado a la ma-
ternidad como una forma simbólica donde las explicaciones se han
dividido. Se ubica, por un lado, la representación de la madresposa2
que asume el rol como forma de existencia, y por el otro, la figura simbólica
que asume la renuncia a la vida del ser para sí, que implica la supresión de
los anhelos y deseos y, con ello, es simbolizada como la «santa» mujer
salvadora de la humanidad, también (como Hierro la postula) la madre trans-
misora del conocimiento femenino.3 Irigaray (1992) hace un análisis en el
que asume la posibilidad de crear un nuevo modelo de relación entre madre
e hija, donde lo femenino en sí mismo tenga la posibilidad de ser escuchado.

1 Doctora en Humanidades. Profesora investigadora de la Facultad de Filosofía de la Universidad


Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
2 Término acuñado por Marcela Lagarde (2003).
3 Véase a Graciela Hierro (1993) y la excelente crítica-homenaje que hace a la propuesta de Hierro
una de sus alumnas. Gutiérrez, Edith. (2011).

[193]
194 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

Ahora propongo seguir con los trabajos anteriores y estudiarla, desde rol de
madre frente al poder, con énfasis en la perspectiva del ser-cuerpo.4
En este trabajo se analiza la transformación del ser madre, desde la
esfera elíptica del poder patriarcal,5 donde la maternidad, si bien es una
forma metafórica de asumir la vida frente a los otros, también, en esta
representación, es un prototipo que asume y valora principios de lo teleo-
lógico, los cuales a su vez mutan con la edad, con el tiempo y por lo tanto el
sujeto se transforma; lo que involucra que la representación simbólica cam-
bia. En este sentido el deber ser enmascara y recrea conductas que, al
asumirse como naturales aun y cuando son sociales, se convierten en legí-
timas, aspectos con los cuales se delimitan las características de deber ser,
en tanto se configuran como las perfectas representaciones de los roles, en
este caso: el deber ser de madre en tanto deseo negado.
Analizaré la concepción de la mujer-madre-cuerpo en lo patriarcal y
haré una breve aplicación de estas concepciones en dos cuentos de Inés
Arredondo, con la pretensión de ejemplificar cómo estas comprensiones
están inmersas en los productos culturales. Se estudiarán en «Estío» (2002)
y «Canción de cuna» (2002) las representaciones de la maternidad, para
comprender la relación entre madre y cuerpo.

DEVENIRES DE LA MADRE

La maternidad ha sido un sustrato que se ha establecido, analizado y


explicitado desde diversos enfoques, donde la prioridad la ha tenido la fi-
gura de la madre. En México, como en muchos países liberales, ha sido una
de las concepciones ideológicas leída desde diversos enfoques. De manera
más o menos generalizada, la madre ha sido: cuerpo generador de hijos;
figura santificada en tanto divinizada, que todo lo entrega, todo lo perdona

4 Para conocer el resumen de las principales propuestas en cuanto a la maternidad desde el feminis-
mo véase a Lorena Saletti (2008).
5 Para el estudio de la racionalidad patriarcal véase a Celia Amorós (1991).
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 195

y todo lo comprende. Se ha comprendido como ser que vive a partir de la


aparente negación a su ser para sí y se asume como la nulidad. Ha sido,
también, la madre que bajo la aparente cesión de su vida, en la vejez chan-
tajea a los hijos: la entrega que ella tuvo le otorga poder en le vejez. Todo
esto sucede bajo el supuesto de que ella se ha negado, se ha brindado y
todo lo ha dado, por lo tanto merece renacer en la sumisión, alabanza y
deificación de los hijos.
La madre como ejercicio de poder ha sido también aquel ser que, en su
ausencia de ser para sí, fundamenta toda su existencia en el ejercicio del ser
para otro y asume que la maternidad es el anclaje de los otros, figuras
satélites de su vida. Estas madres generan dependencia y sumisión. A partir
de una máscara de atención, fomentan al ser enajenado e impiden la inde-
pendencia y la formación del ser consciente de sí.
La madre fue la «chingada» (Paz, 1999: 83), comprendida como ser
para otro, mujer divina, olvidada y chingada en la sexualidad y en el devenir
diario, donde es evidente que también se le negaba su propio placer, su com-
prensión en tanto ser que es ontológicamente cuerpo y por lo tanto sexo.
Para suma de las concepciones anteriores, la madre se ha comprendido
como el ser que es cuerpo en tanto puede procrear, pero la comprensión y
el encuentro con su cuerpo en tanto ser deseante, ser que se encuentra
frente a sí y con el mundo, se ha negado. En los años cincuenta, tiempo en
que Arredondo publicó los cuentos analizados en este capítulo y tiempo
diegético de las obras, a la madre se le había asumido y se le enseñaba a
pensarse como en varias de las explicitaciones ya dichas, todas parten de
pensarla como ser no-cuerpo. El cuerpo era sólo en términos de procrea-
ción y como una epifanía del ser, no el ser en el mundo y, por esa razón, el
cuerpo, en tanto sensualidad, sexualidad y existencia se negaba y se pensa-
ba como no-cuerpo, por eso la maternidad y el cuerpo eran epifenómenos
del ser mujer.
Desde lo patriarcal la maternidad se ha establecido como la labor del
ser madre, donde la comprensión Ilustrada ha permeado sus categorías del
196 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ser y sobre todo del deber ser. Desde esta perspectiva se ha establecido que
la maternidad es una labor natural, la mujer desea esta actividad porque en
sus genes está el querer hacerlo, concepción que el siglo XIX, en su sentir
positivista y en sus concepciones naturalistas en mucho, ratificó y el XX, en
sus aplicaciones en muchas ocasiones incipientes, asumió. Si bien este pen-
sar que se ha dado como lo natural, en tanto «todos lo piensan»; no implica
que sea así. La maternidad es una actividad cultural, de ahí sus potencias
para ser estudiadas desde los análisis de las ciencias sociales, donde pre-
guntarse los devenires, los mecanismos, las fuentes y los sentidos, diversos,
de este fenómeno social, provoca muchas preguntas, cuestionamientos que
en su intrínseco sentido de cercanía con la vida que vivimos, nos llevará a
preguntarnos acerca de nuestras propias prácticas, preconceptos y senti-
dos de anclaje en el mundo.
Si el cuerpo ha sido el gran ausente de los estudios de las ciencias so-
ciales, «el cuerpo está ausente en la teoría, pero se encuentra en todas
partes encarnado» (Turner, 1989: 31), puede decirse que las comprensio-
nes de la maternidad están a su vez íntimamente relacionadas con las com-
prensiones del cuerpo, con las no-existencias y con los devenires que se
han asumido como naturales en las acepciones del ser en tanto cuerpo. La
maternidad está ligada a los prototipos asumidos desde el poder, a las for-
mas morales del paradigma patriarcal establecido como válido.
En el ejercicio de repensar la maternidad desde la visión de estudiarla
como ser-cuerpo, en tanto asumir que todo ejercicio de pensamiento y de
planteamiento del cuerpo es una construcción social (Turner, 1989), puede
afirmarse que los supuestos en cuanto al cuerpo-madre no son naturales y
que todos los supuesto expuestos se pueden deconstruir y, por ello, este
ejercicio donde se asume que toda discusión del cuerpo es una discusión
del control social (Turner, 1989).
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 197

«Ella es mi madre y no estaba acostumbra a verle


esos pequeños signos de felicidad»
(Arredondo, 1988: 49).

La maternidad sustrato del no-cuerpo


La racionalidad patriarcal ilustrada borró el cuerpo del ser mujer-madre.
Lo delimitó en términos de reproducción, lo restringió a ciertos ámbitos y
estableció sus representaciones. Para que estas construcciones se institu-
yeran como parte del deber ser mujer-madre y construcciones ontológicas
del pensar a la madre patriarcal, tuvieron que asumirse elementos cimenta-
dos en la racionalidad teológica pero, en la sincrética representación, fue
difícil tamizar y cuestionar.
Uno de los sustratos que sostiene al patriarcado ha sido la regulación
de la sexualidad femenina, por tal razón, una y otra vez más, los necesarios
cuestionamientos de estos constructos para develar los mecanismos y los
devenires que han sustentado el cristal que nubla la visión del ser mujer
con su cuerpo. Al regular la sexualidad femenina se regula la población, se
establecen escalas de poder, de deberes ser y de posibilidad ante las activi-
dades sociales, pero sobre todo se establecen mecanismos de control del
ser mujer-madre.
Para llevar a cabo estas regulaciones fue necesario establecer axiomas
de valor de la sexualidad. La Ilustración y la Modernidad, en su intrínseca
necesidad regulatoria, fijaron categorías que permitieran las interacciones,
precisaron muchos de los estatutos que sustentan a las instituciones con-
temporáneas, pero en estos constructos, se fundaron ethos arraigados en la
racionalidad teológica. El cuerpo, el sufrimiento, lo bueno y lo malo, lo
enfermo, la familia, la sexualidad, la maternidad fueron elementos ideoló-
gicos establecidos desde esta razón, por eso sus comprensiones, más que
«liberales», son teológicas.
El cuerpo es el símbolo más importante del mundo profano (Turner,
1989), de ahí que durante el cristianismo se haya tenido la necesidad de
198 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

comprenderlo y ocultarlo. En la Edad Media, se llevaron a cabo estudios


acerca de él y se postularon regulaciones en cuanto a su actuar y configu-
raciones en tanto su comprensión, pero estos estudios estuvieron permeados
por la concepción «prohibición» teológica de él. Por tal motivo, el cuerpo
se vislumbró como uno de los elementos de prohibición en el patriarcado.
A manera de exclusión se estructuró su comprensión y se establecieron
conceptos de él, a partir de lo bueno, lo debido y lo incorrecto.
La abstinencia sexual fue un componente del cristianismo (Turner, 1989)
establecido por el puritanismo y el capitalismo como parte del deber ser y
parte ideológica de la conducta de los integrantes de la familia (Weber,
2008). Las teologías (católica y protestante) asumieron penalizar al cuer-
po-sexo y el cuerpo-deseo. Estas regulaciones permitieron controlar el
matrimonio, la natalidad y especificaron al deseo como un mecanismo de
gratificación, un logro, viable para la mujer sólo mediante el matrimonio y
antes de la maternidad. Para los hombres se postuló como parte de su ser
varón y se les permitió a lo largo de la vida. Durante la Revolución indus-
trial y a consecuencia del espíritu de orden de la Modernidad, el deseo se
sustituyó por trabajo. Para la familia se reguló el sexo a la alcoba, al matri-
monio y a la vida antes de los hijos, una vez determinada la prole, el sexo,
por diversión y sus otras concepciones fue únicamente privilegio que la
doble moral le concedió al varón.
La regulación de la sexualidad femenina por conducto del sistema del
poder patriarcal convocó varios niveles de interacción: el nivel individual y
el institucional. En el nivel individual la postergación de la gratificación
sexual implicó volver esa fuerza, voluntad e impulso hacia el trabajo. Me-
diante el mecanismo de la gratificación se estableció el control y se banalizó
el deseo al instaurarlo como recompensa, una recompensa a la abstinencia
y a la conyugalidad que, como se sabe, no se postuló con igual carga volitiva
y moral para ambos sexos.
A nivel institucional, mediante la delimitación del goce del cuerpo y del
deseo, se propuso fomentar el control de la fertilidad (Turner, 1989), idea
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 199

asumida desde la Modernidad como una forma de regular las relaciones


filiales entre los individuos y de constituir a la familia como el único víncu-
lo válido de pertenencia y de iniciación a la relación social.
En este sentido de regulación, el cuerpo supuso dos ámbitos: el interior
y el exterior (Tuner, 1989). Mediante el interior se implantó el género como
una forma de asumir el sexo, ignorando las diferencias culturales y sustan-
ciales entre ambos conceptos, que se asumieron como sinónimos. Recien-
temente (en los años 90) se han realizado estudios pertinentes y necesarios
en cuanto al género (véase a Butler, 1999) y en específico al travestismo
como una representación del sexo que se desea representar (ser a nivel
simbólico), no como la conversión quirúrgica que implicara un cambio
transgenérico, ni como la nueva sexualidad a partir del cambio quirúrgico
y físico, sino sólo a nivel de representación. Es decir, el travestismo enten-
dido como el cambio fenomenológico de la representación de sí, para vol-
ver a otra o para asumir varias representaciones de sí mismo, sin que implique
una variación biológica.6
En cuanto al cuerpo exterior, lo que aquí me ocupa, es el medio a través
del cual el individuo representa el yo público. Mediante el cuerpo (exte-
rior), máscara del género y del sexo, se habita el mundo en la norma hete-
rosexual y patriarcal. La visión que se tiene del ser es a partir del respeto a
la normatividad (Butler, 2006), incluso con la consciencia de su irracional
exigencia.
Regular el deseo y vivirlo como un premio, cuya condición sin ecuanón
para las mujeres es el vínculo conyugal, establece que el conocimiento del
cuerpo y el discernimiento del deseo conlleva obedecer las normas patriar-
cales. Esto implica vivir la consciencia del cuerpo en el espacio privado (la
casa y el cuarto), con el marido y antes de la maternidad. Incluso si se
ejerce fuera de esta regulación la sexoglosia la castiga y la estigmatiza como
madre soltera (Buxó, 1988).

6 Para el tema del travestismo se sugiere ver a María del Carmen Tinajero (1994).
200 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

En cuanto a la maternidad, la regulación de la asexualidad permite que


se lleve a cabo el círculo de la representación de la madre. La mujer en el
matrimonio puede y, sobre todo, debe llevar a cabo la reproducción de la
especie. Es necesario que garantice que cada hijo es el fruto del vínculo, de
ahí la restricción del cuerpo-sexo antes del vínculo y la regulación de vivirlo
únicamente con el marido, quién después, al desaparecer la sexualidad del
matrimonio, se convertirá en un padre simbólico del matrimonio y asumiría
a todos como hijos, al igual que la madre. Con estos mecanismos se garanti-
za que el cuerpo exterior sea vivido como se debe, una madre dedicada sólo
al ejercicio y representación perfecta del ser para otro, olvidando las carac-
terísticas ontológicas de sus ser, en tanto ser cuerpo-sexo y ser deseo.
Mediante los estatutos se asumieron los postulados de la teología, el
cuerpo y su goce se volvieron una forma de asumir el orden. Se regularon
los espacios, los lugares simbólicos para la vida sexual, se estableció el
prototipo de la madre que ejerce con excelencia la maternidad, lo que
involucra, por supuesto, el olvido de su ser, de sus deseos y devenires, una
entrega incondicional, cual cordero al matadero. Se asume a la maternidad
como aquel ejercicio del rol que le implicó renuncias a su ser y a su cuerpo.
La maternidad se instauró como la prioridad del ser mujer, se asumió
como natural la represión del deseo y el olvido del conocimiento del cuer-
po. La madre fue fuente de alimento y matriz de procreación. La vida del
ser mujer en el matrimonio se asumió a partir de este deber ser convertido
en prototipo, y se dictaminó como lo anhelado del ser mujer. A partir de
estas leyes culturales y políticas, los productos culturales enseñaron este
deber y lo representaron en juguetes, cuentos y formas discursivas (refra-
nes, cuentos, novelas, regaños, entre otros) para posicionar este sentido
cultural y patriarcal como una forma natural del ser mujer. Con esto se
olvidó pensar en la mujer-madre cuerpo.
Quienes criticaron esta racionalidad, fueron aporías a la razón y fue-
ron estigmatizadas, negadas y denigradas. Se les catalogó como mujeres
malas, brujas o putas. Al no caber en los moldes que cautivan el pensa-
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 201

miento, se les negaron posibilidades, se les invisibilizó, se les excluyó del


ámbito de reconocimiento, se les estigmatizó.7
En la medida que la mujer-madre se asume como la representante del
rol, debe por igual renunciar a la sexualidad, lo que le garantiza el recono-
cimiento de la excelencia en el cumplimiento del deber. La madre, una vez
que se asume ser-no cuerpo, es una excelente mujer-madre con lo cual
garantiza que su ser se convierta en ser para otros, ser que cuidar, ser que
inmola su cuerpo y su deseo en aras de un bienestar futuro. La madre debe
negar su ser mujer-cuerpo y convertirse en una figura simbólica asexuada,
la representación de la mujer-virgen que habiendo procreado obtiene una
nueva condición de ser-divino. En la concepción de la madre, el reconoci-
miento del cuerpo y del deseo fue una aporía que contrasta al patriarcado.
La paternidad, en contraposición no le implica al varón negar su cuerpo y
su ser sexuado y su ser varón, sino que se puede ejercer una vida sexual y el
ejercicio de su ser sensual, sin que ello menoscabe su carácter de padre, pa-
triarca o autoridad; por el contario, incluso sirve para ratificar su rol. El cum-
plimento de la procreación le otorga reconocimiento, autoridad, poder.

PAZ, LA MADRE «CHINGADA»

Octavio Paz (1999) en El laberinto de la soledad apoya la concepción de la


mujer-madre asexuada. Postula a la madre chingada como un ser que ha
sufrido violencia en su cuerpo, un acto masculino que la obliga, le quita la
capacidad de decidir, de adueñarse de su cuerpo y de su ser. El filósofo no
está asumiendo que este acto implique todo acto sexual, sino aquéllos que
están inmersos en la comprensión patriarcal que en sí misma se adueña del
cuerpo y pretende, mediante la fuerza, del ser del otro. El poder ejercido

7 En México el cine mexicano de la llamada Época de Oro estableció prototipos del deber ser. Se
filmaron y proyectaron muchas películas, donde la mujer «prostituta» negaba su profesión y se
presentaba ante los hijos como trabajadora en otro servicio; esto con la finalidad patriarcal de que
no callera sobre los hijos la ignominia de la madre. Con estos ejemplos se explica cómo la moral
patriarcal niega la posibilidad de la existencia de la mujer-madre-cuerpo-deseo (Tuñón, 1998).
202 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

por medio de la violencia y el miedo son los mecanismos que permite chin-
gar a la madre simbólica, con esto, el cuerpo de la esposa patriarcal es
chingado en tanto es obligada a mercadear su ser sexuado en vías de la vida
conyugal y es chingada porque «debe», una vez que es madre, silenciar su
ser en tanto deseo. La madresposa patriarcal es doblemente chingada.
¿Quién es la Chingada? Ante todo, la Madre. No una Madre de carne y
hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones
mexicanas de la Maternidad, como la Llorona la «sufrida madre mexicana»
que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido
metafórica o realmente, la acción corrosiva e infame implícita en el verbo
que le da nombre: «el verbo denota violencia, salir de sí mismo y penetrar
por la fuerza en otro. Y también, herir, rasgar, violar –cuerpos, almas, ob-
jetos–, destruir» (Paz, 1999: 85).
En el sentido de la madre patriarcal, el acto de chingarla tiene una
connotación sexual en términos de la obligación que asume a partir del
contrato sexual del matrimonio, y en el requisito de la fidelidad femenina
obligada, vía la legalidad. Pero el acto masculino, según Paz, es chingar a la
madre simbólica, un acto de disminución desde lo sexual pero no sólo en
términos de la connotación explicitada, sino en la doble acepción de lo
sexual para lo patriarcal.
A la mujer madre, se le «chinga» con el contrato sexual-matrimonio
que implica la obligatoriedad de la vida sexual, aun sin su consentimiento,
sin el derecho a su cuerpo y su deseo, sino que en términos del deber ser,
debe hacer una entrega de sí, de su cuerpo y de su deseo, porque a partir de
la firma con convenio de compra venta, así se le explicitó, lo comprendió y
aceptó. La elección, la apropiación del cuerpo y del deseo pasan a ser pro-
piedad del varón. El doble sentido, del acto de chingar, está en la renuncia
a la vida sexual que la madre debe hacer; «debe olvidar» (Paz, 1999: 85) su
cuerpo y su deseo y, en aras de la maternidad «perfecta», asumirse asexuada,
muñeca sin cuerpo, sin deseo y con un inacabable gusto por la entrega de
su ser-cuerpo a los demás.
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 203

La violencia como dice Paz es simbólica y es a la madre simbólica, por


ello pasó a formar parte del deber ser madresposa patriarcal y en su intrín-
seco sentido de silenciamiento, de pacto explicitado y callado, se convirtió
en un prototipo patriarcal que se puede representar de varias maneras.

«ESTÍO»:8 MUJER-MADRE-CUERPO

La obra de Inés Arredondo se desarrolla a partir de cuestionamientos, re-


tratos y/o crítica a la familia con especial énfasis en aquéllas que asumen
como una forma de ser la doble moral que la racionalidad patriarcal propo-
ne, por ese motivo en este trabajo analizo dos cuentos, polémicos, como
muchos de Arredondo, para ejemplificar cómo las concepciones morales
propuestos en México, por la racionalidad patriarcal durante el siglo XX y
parte del XXI, se asumen, enseñan y explicitan en la ficción. Para llevar a
cabo este camino hermenéutico fue necesario abrevar de varios trabajos
previos, sobre todo de aquéllos que analizan el cuerpo y la transgresión.9
A partir de la recepción que tuvo el texto de Paz es posible que Arredondo
estuviera al tanto de la discusión que sostenía el filósofo. La congruencia
en los años de publicación y los estudios de Filosofía que Arredondo llevó
a cabo en la UNAM (Albarrán, 2009a) son elementos que nos permiten infe-
rir que conocía la propuesta de Paz, pero, más allá de esto, el ensayo de Paz
y los cuentos de Arredondo mantienen confluencias temáticas y compren-
siones idiomáticas que valen la pena ser comparadas y estudiadas.

8 «Estío» es un cuento que se publicó en 1965, para efectos de este artículo las citas las tomé de
Arredondo (1988).
9 La obra de Arredondo ha sido objeto de diversos estudios, donde generalmente se realza la
relación con lo gótico, lo divino, lo prohibido, la mirada, la transgresión y el cuerpo como objeto
prohibido, véase Bradú (1988), Arenas (1988), Corral (1988), von der Walde (1991), Zamudio
(2005), Ruano (2009), Claudia Albarrán (2009b). Este trabajo reconoce y retoma aspectos de las
investigaciones anteriormente mencionadas y se separa, de ellas en términos de la delimitación del
objeto de estudio y de la metodología. En este capítulo el objeto de estudio es la maternidad, en
tanto madre-cuerpo y su relación con los estudios del cuerpo y de la madre simbólica de Octavio
Paz. La metodología para el análisis es transdisciplinar con énfasis en las herramientas que
abrevan de la filosofía y de los estudios culturales de género.
204 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

El cuento «Estío» es el texto que abre la antología La señal. A partir del


narrador personaje y de las enunciaciones directas se tienen varias referen-
cias al cuerpo, donde este sustrato se va convirtiendo en uno de los perso-
najes. Desde un entorno que envuelve al lector, las construcciones poéticas
se le van explicitando al narratario, figura ficcional que, absorto ante el
deleite del clima, de la comida y del devenir de las interacciones de una
familia no convencional, observa el devenir de la mímesis.
La historia está narrada por la madre que vive con su hijo Román y con
Julio el amigo del hijo que, ante el desmejoramiento económico de su fami-
lia, se refugia en la casa de Román para poder seguir estudiando.
El espacio de la narración es una casa de campo, ubicada en un lugar
muy caluroso, situación que provoca se bañen en el río, coman fruta senta-
dos en las escaleras y jueguen deporte en el jardín frente a la casa. La convi-
vencia entre los jóvenes y la madre, es afectuosa y dialogante, la función de
proveedora y autoridad la asume la madre quien, al inicio, se presenta sin
contarnos explícitamente su deseo y reconocimiento de su ser cuerpo.
Las explicitaciones poéticas del cuerpo inician cuando venciendo sus
propias limitantes. La madre acepta ir a nadar al río con los dos jóvenes:
«Nunca se me hubiera ocurrido bajar a bañarme al río, aunque mi propia
huerta era un pedazo de margen» (Arredondo, 1988: 12). Al regresar del
río, las incursiones discursivas al cuerpo se van presentando al narratario,
en la medida en que se describe la ingesta de un mango, con las implicaciones
metafóricas, que en México implica el acto de «comer» y en específico un
«mango».

Más tarde me levante me eché encima una bata corta, y sin calzarme ni recogerme
el pelo fui a la concina, abrí el refrigerador y saqué tres mangos gordos, duros. Me
senté a comerlos en las gradas que están al fondo de la casa, de cara a la huerta. Cogí
uno y lo pelé con los dientes, luego lo mordí con toda la boca, hasta el hueso;
arranqué un trozo grande, que apenas me cabía y sentí la pulpa aplastarse y al jugo
correr por mi garganta, por las comisuras de la boca, por mi barbilla, después por
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 205

entre los dedos y a lo largo de los antebrazos. Con impaciencia pelé el segundo. Y
más calmada, casi satisfecha ya empecé a comer el tercero (Arredondo, 1988: 14).

En este párrafo a nivel denotativo se expresa el pensamiento de una


madre que asume el placer de comer y vive el intercambio entre lo que
come y su cuerpo, como una experiencia gozosa. En cuanto a lo connotativo,
las referencias textuales al cuerpo, el goce libre de comer en las gradas, de
tener una bata corta que facilita el sentado y el deleite de los jugos, la
libertad de romper la compostura y, en pleno ejercicio lúdico, ingerir cuán-
to y cómo se desea el primer mango, introducen al lector en un ámbito
gozoso y erótico; mecanismos ficcionales mediante los cuales se transfor-
ma la narración y se ubica en un contexto íntimo y sensual.
En el acto de comer se rompen y se convoca al disfrute y la satisfacción de
la ingesta de tres mangos, después del goce recreativo de haber roto sus
propios límites y de la inmersión a lo sancionado, con todo y que hasta este
momento narrativo no se han roto reglas más allá de lo correcto o lo bien visto.
Al continuar la narración, que si bien tiene elementos de lo erótico (el
cuerpo, los supuestos, los jugos, el goce) puede ser también una narración
que sólo esté creando un ambiente que lleve a un final que no necesaria-
mente es de un discurso erótico. Al término de la ficción, la madre está en
su cuarto y desde ahí escucha que los jóvenes han llegado a la casa y en su
complicidad de mujer-deseo, asume lo porvenir.

Luego puso sus manos en mi espalda y se estremeció. Lentamente me atrajo hacia


él y me envolvió en su gran ansiedad refrenada. Me empezó a besar, primero ape-
nas, como distraído, y luego su beso se fue haciendo uno solo. Lo abracé con todas
mis fuerzas, y fue entonces cuando sentí contra mis brazos y en mis manos latir los
flancos, estremecerse la espalda. En medio de aquel beso único en mi soledad, de
aquel vértigo blando, mis dedos tantearon el torso como árbol, y aquel cuerpo
joven me pareció un río fluyendo igualmente secreto bajo el solo dorado y en la
ceguera de la noche. Y pronuncié el nombre sagrado (Arredondo, 1988: 17-18).
206 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

El final es claro, el amigo del hijo la repudia porque se siente con el


derecho de asumirse despechado, ya que la madre no desea a Julio sino a
Román. Con la autoridad de varón engañado la rechaza y se siente humi-
llado. Ella se auto-castiga por su deseo prohibido que, en el devenir del
reconocimiento de su cuerpo, no supo, no pudo o no quiso, no se sabe,
ocultar. El hijo que es el tercero en esta historia de deseo asume la autori-
dad de la madre y se va a estudiar a México.
El cuento es evidentemente una mímesis de incesto, pero a pesar de
que llevar a cabo un acto de incesto es un delito y no es propósito de este
trabajo defender una idea distinta, sí analizar las posibilidades simbólicas y
morales del deseo de la mujer madre-cuerpo. Al finalizar la historia la mu-
jer-madre que es la única en la historia que no es nombrada con un sustan-
tivo propio, sólo la conocemos por el rol de madre, afirma:

–Lo nuestro era mentira porque aunque se hubiera realizado estaríamos separa-
dos. Y sin embargo, en medio de la angustia y del vacío, siento una gran alegría: me
alegro de que sea yo la culpable y de que lo seas tú. Me alegra que tú pagues la
inocencia de mi hijo aunque eso sea injusto (Arredondo, 1988: 18).

La madre asume la culpa del deseo, del apetito del amigo del hijo, de
ser una mujer cuerpo que todavía puede ser vista y deseada y no sólo percibida
como madre sin cuerpo. Es culpable de haber roto la inocencia del hijo y de
verse obligada a volver al lugar del rol de madre y, desde esa postura de
autoridad, exiliar al hijo.
Si bien no hubo una infracción legal, sí se dio una ruptura en el ámbito
de la moral patriarcal. La madre-cuerpo se posiciona desde ese nivel y
provoca deseo en el joven. En el cuento no se sabe si es intencional o for-
tuito, si el destinatario del deseo era el hijo o el amigo, sólo se sabe que
aquella noche ella desea a su hijo y no al amigo.
En esta diégesis de deseo y de pretendidas infracciones, la madre
irrumpe porque, si hubiera cumplido con el deber ser de ser mujer asexuada,
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 207

ninguno de estos conflictos se hubieran dato, si ella, a pesar de las eviden-


cias de su sentir, hubiera callado, como lo patriarcal demanda, su deseo,
tampoco hubiera sido avergonzada. En definitiva, desde lo patriarcal, como
ella asume, es la culpable.
En «Estío» se explicita cómo los productos morales están permeados e
inmersos de los sentidos morales que la racionalidad patriarcal postuló y a
pesar de no ser un cuento que se haga evidente como educador moral, lo
es, en tanto lleva una lección moralizante en la cual ella se asume como la
«culpable».
En esta lección moral los sexos de los personajes son importantes, ya
que si los actores hubieran sido un padre, una hija y una amiga de la hija,
las reprimendas morales a los mismos actos no serían los mimos. El incesto
es sancionado en ambos, pero el deseo no. El ser padre-cuerpo implica la
virilidad y sólo se debe encausar en un sujeto de deseo correcto, en las
mujeres, el deseo y el cuerpo se deben borrar.
Al amigo se le puede criticar, pero a la vez se le admira por su capacidad
sexual, su poder, por eso se le extasía y no se le sanciona tan severo como a la
madre. Para la mujer los castigos se dividen en los auto-infringidos y los
sociales. En cuanto a lo público está el repudio, la vergüenza y el juicio a
pesar de que ambos cometieron el mismo delito. Los autoinfringidos es el
autocastigo y la vergüenza del deseo, de ahí el auto exilio, el destierro del hijo
y del amigo. La marginación social es una forma de expiación de su «peca-
do» y la consecuencia patriarcal moralizante de ser una madre-cuerpo.

«Canción de cuna»:10 la maternidad en la vejez


«Canción de cuna» es una narración muy bien lograda donde varios narra-
dores testigos y uno personaje llevan la diégesis y la mímesis de la historia.
El relato inicia cuando una abuela de 51 años les cuenta a sus hijos, ya
padres, que está embarazada. Ante esta declaración las respuestas se dejan
10 «Canción de cuna» es un cuento que se publicó en 1965, para efectos de este artículo las citas las
tomé de Arredondo (1988).
208 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ver y se dividen. Están los que se «sorprenden» porque consideran que no


es correcto, porque «la abuela» no comparte «oficialmente» el lecho con
ningún varón y a quienes les parece que es «raro» como una forma «co-
rrecta» de decir impropio.

–Pero, mamá –tartajeó Pepe trabajosamente–, perdóname…. No sé qué pensar…


qué decirte… a tu edad parece raro… eso es, raro… –Aunque fuera el mayor no
había razón para que Pepe se viera tan viejo, grotescamente viejo, delante de esa
mujer joven y desafiante. Esa mujer había dejado de ser nuestra madre, de tener la
edad, la historia, todo lo que hasta entonces había sido ella (Arredondo, 1988: 50).

La «abuela de 12 nietos» (Arredondo, 1988: 50) ahora se reconoce


mujer cuerpo y asume que este bebé no necesita padre, cuenta con ella y
con eso basta. Las transgresiones que el inicio del cuento plantea son mu-
chas. Una abuela que no sólo no renunció a la vida del cuerpo-sexo en la
maternidad, sino que en el abuelaje lo sigue ejerciendo y lo vive más allá del
ámbito conyugal, que en su caso además no existe. En este reconocimiento
del cuerpo, se percibe joven, bella y radiante. La maternidad la rejuvenece
y la hermosea, contrario a la construcción que del embarazo ha llevado lo
patriarcal, donde la asexualidad inicia desde el momento de la concepción
y se recupera parcialmente hasta que se desteta al bebé.

Llevaba un vestido de seda opaca, gris, casi blanco, de pliegues suaves, y un largo
collar de perlas. Estaba radiante, hermosa, animada por una excitación juvenil,
como si en secreto esperara la hora de la cita. Bromeaba yendo de uno a otro, y un
momento después se abandonaba en un sillón y, olvidada de nosotros, se sonreía a
sí misma. Puse atención en la manera como se paraba, se sentaba, o se deba vuelta,
fingiendo creer que la llamaban, únicamente para que los pliegues de su vestido se
hincharan, le rozaran las piernas, y, entonces, hundir los dedos en ellos y alisarlos
morosamente. También la sorprendí mirando una copa al trasluz como el júbilo
callado con que los niños descubren las maravillas de la tierra. Pero estas cosas las
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 209

notaba yo porque ella es mi madre, y no estaba acostumbrada a verle esos pequeños


signos de felicidad (Arredondo, 1988: 49).

Esta mujer abuela, es cuerpo, se alegra y reconoce en él. La postura de


la autora en cuanto al cuerpo es tal, que los hijos que representan las per-
fectas formas de vivir los roles de padre y madres, se sorprenden y exhor-
tan a la madre para que se deshaga del producto. En este sentir asumimos
que si la madre está doblemente chingada, la abuela permanece en ese lu-
gar moral. No debió vivir la sexualidad más allá de la conyugalidad, debió
olvidar su ser cuerpo en la maternidad y en la vejez, en la vida de la abuela,
debe sólo soñar con las bondades que todas estas negaciones (formas de
chingar) le proporcionan.
El desenlace de la historia sorprende al lector, la abuela no está emba-
razada, sino es un tumor que se extirpa con una operación. Pero el desen-
lace simbólico es aún más profundo y da pie para otros cuestionamientos
morales, son un sello distintivo de la obra de Arredondo. En este final in-
esperado, critica varios aspectos de lo patriarcal. Se hace mención al silen-
cio del padre, al lenguaje ajeno del padre-abuelo. A la maternidad negada y
a la vida del deber ser, a pesar de que se rompan lazos y se asuman deberes
que no necesariamente implican felicidad.
En la historia del embarazo-tumor está recreando su propio nacimien-
to, la negación de su madre hizo de ella y la consciencia de las implicaciones
y los candados que la doble moral patriarcal exige. Así, una vez abuela,
puede revivir su llegada al mundo y comprender-resurgir su propio naci-
miento.
En síntesis la madre en «Canción de cuna» rompe con los esquemas del
ser mujer madre-abuela y se presenta ente el narratario como una abuela
embarazada. A partir de la mímesis y en la trama que teje la diégesis se van
dilucidando aspectos que tienen más relación con la autoconstrucción de
su propia existencia y de los juicios morales que cubrieron, cual velo, su
infancia.
210 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

La abuela, gozosa de su embarazo, cuestiona no sólo la noción de ma-


dre no cuerpo, sino el sustrato de la vejez. Además de ser madre es una
vieja que, en el estricto cumplimiento del deber ser, rompe con lo delimita-
do para el prototipo abuela y se embaraza y sin culpa, goza de ello. La
abuela embarazada no sólo no renuncia al placer, sino que en él rejuvenece
y se otorga una posibilidad creadora. Aunado a esto, no existe padre y se
niega su nombre y sentido, porque en el proyecto que ella se plantea, como
abierto cuestionamiento a lo patriarcal, no es necesario. La propuesta es
una madre-abuela-cuerpo que en el embarazo se renace y se asume como
ser en el mundo, a pesar de las reglas morales que encubrieron su venida al
mundo y su existencia como abuela-cuerpo.

A MANERA DE CONCLUSIONES: «LAS PALABRAS SILENCIOSAS»11

La esposa casta y madre seria sólo debe considerar su poder para agradar
como un barniz sus virtudes, y el afecto de su marido como una de las
comodidades que hace su tarea menos difícil y su vida más feliz. Pero, sea
amada o abandonada, su primer deseo deber ser hacerse respetar, y no
confiar toda su felicidad en un ser sujeto a sus mismas debilidades.

Mary Wollstonecraft
La madre patriarcal que ha permeado las representaciones del poder fami-
liar en México, es aquella mujer abnegada que «auto renuncia a la indepen-
dencia» y con ello obtienen ganancias simbólicas. Dicho sea, esta renuncia
le implica ser la madre en su doble acepción del ser «chingada», concepto

11 «Las palabras silenciosas» es un cuento que se publicó en 1979, para efectos de este artículo las
citas las tomé de Arredondo (1988). Elegí titular así el apartado que funge a manera de conclu-
sión, ya que si se hiciera un resumen de los leit motive que están presentes en la obra de Arredondo,
puede decirse que las palabras silenciosas son una posibilidad que tiene la potencia de decir, pero
que en el devenir del querer en ocasiones no se enuncia lo deseado o se calla, por respeto al deber
ser. En este sentido las palabras silenciosas son a manera de epíteto metafórico, la explicitación de
las posibilidades irradiantes que tienen los muchos sentidos del decir en las palabras y del no decir
en ellas.
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 211

que a pesar de muchas estudiosos pervive en el inconsciente colectivo ac-


tual. Esta mujer-madre debe dejarse chingar con el cuchillo de doble filo
de la doble moral patriarcal. Debe, en el devenir de un contrato, vender su
deseo y cuerpo, obtener protección y vida pseudo acompañada; pero en la
vejez revierte la apropiación de la venta y surge el poder de ser la abuela,
que todo lo dio y que por todos se «sacrificó», ante lo que deviene la pre-
gunta: ¿hubo tal sacrificio?
En el otro sentido debe olvidar su deseo y su cuerpo, «la chingan»,
porque olvidar el sentido del ser y asumir el cuerpo-sexo como epifenómeno
del ser, implica una muerte del ser para sí. La mujer-madre en obediencia a
la concepción de la razón teológica, moderna, ilustrada y patriarcal, debe
asumir que sólo es mujer cuerpo en la vida previa a la conyugalidad; que el
cuerpo es su bien de cambio y que una vez dado al comprador, debe renun-
ciar a aquello que en la conyugalidad en sentido estricto no le pertenece.
La mujer es cuerpo, sólo para el otro, nunca para sí. En estas posibilidades
puede ser cuerpo-matriz, cuerpo-alimento, cuerpo-para otro, pero no cuer-
po que se auto reconoce, auto satisface y auto testifica en el mundo.
Los mecanismos que sostienen esos prototipos patriarcales del ser madre
están sustentados, entre otros elementos, en la culpa como mecanismo del
poder, que sostiene que estos esquemas son únicos, los verdaderos, los
naturales y los correctos, quienes infrinja tales sentidos serán acreedores a
castigos, exilios («Estío») o criticas («Canción de cuna»).
En el caso de que los hombres y las mujeres infrinjan estos deberes ser
los castigos ante el delito moral serán diferenciados, como se ejemplificó
en «Estío». Para ella es la vergüenza, el autoexilio, la represión y la sole-
dad; para él, es la pérdida, el cambio y un nuevo inicio.
En «Canción de Cuna» el proyecto critico tiene varios niveles. La be-
lleza de la mujer embarazada y la posibilidad de la mujer cuerpo, aún en le
vejez. El goce de la resignificación de la llegada al mundo, donde el renacer
es una ejercicio simbólico de crítica al lenguaje del padre-patriarca que la
negó, protestando darle legitimidad en un mundo, razón moral donde sólo
212 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

se puede existir si se cumplen determinadas concepciones del deber ser.


Como se ha analizado los prototipos del ser mujer-madre implican la
negación del cuerpo, como auto posibilidad, sentido de sí, lo que contrapo-
ne el pensar el cuerpo de la mujer madre como el patriarcado ha delimita-
do, negación, potencia para otro y posibilidad de alimento.
Los modelos que en este libro se han analizado cumplen varios proto-
tipos patriarcales del deber ser, en tanto mujer madre cuerpo. Uno es el de
aquella mujer-madre que rompe el modelo patriarcal de mujer-madre
asexuada y por tal motivo es juzgada, reprimida o considerada culpable del
mal y la frustración familiar, tal y como la analizan Elizabeth Vivero y Olga
Martha Peña Doria. Otra es la madre que al ser cuerpo se la niega la mater-
nidad, porque sólo puede ser cuerpo como alimento, no placer, no sensua-
lidad y no reconocimiento de sí, como lo menciona Ariadna Alvarado, otra
es la madre que bajo la ilusión de la vida comunitaria, atiende su cuerpo en
tanto configuración de deseo para otro. Se arregla, atiende al gimnasio,
todo por seguir gustándole al marido; en este debate surge el cuestiona-
miento: ¿Debe seguir esperando el reconocimiento de la mujer-madre-cuer-
po, como ser para sí, para su disfrute y pertenencia, sin tener que pensar en
el otro/a, sino con el propósito de construirse a partir de sí y su existencia?
Después del devenir realizado y el surgimiento de las preguntas, puede
concluirse que la maternidad es un tema que los estudios feministas están
abordando, por lo tanto es importante que la teoría de género retome estos
cuestionamientos. Las posturas esencialistas deben ser abandonadas para
asumir que la maternidad es un rol elegido y simbólico. A partir de los
nuevos esquemas de convivencia conyugal debe evitarse repetir roles y de-
beres ser, que como se analizó ya están muy desgastados. De este modo se
abren nuevas posibilidades para todos aquéllos o todas aquéllas que deseen
ejercer este rol. Aquí se asume que el acto de «desmadrarse» (liberase de la
concepción de madre patriarcal) es una forma de vivir haciendo crítica al
prototipo patriarcal del ser madre. En este sentido la crítica propone
priorizar el concepto de madre, en el pensamiento de aquel ser que quiere
LA CONCEPCIÓN PATRIARCAL DE LA MATERNIDAD 213

existir, sin tener que acudir y vivir en la negación del cuerpo, del deseo y la
autoconstrucción de su self, lo que implica una forma de vivir en el mundo
que abre nuevos horizontes de comprensión y existencia, donde el cuestio-
namiento del ser mujer-madre-cuerpo está en la tinta.

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216 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 217

Literatura, discurso y maternidades: la representación


de la madre en dos escritoras mexicanas recientes

Cándida Elizabeth Vivero Marín

L
a narrativa mexicana escrita por mujeres jóvenes puede agruparse
en dos grandes tendencias: la de corte neofantástico y la de corte
realista. En ambas tendencias, la imagen de la madre no se ajusta ya
al ideal de bondad, espera y abnegación sino que, por el contrario, se ha
comenzado a plantear una representación distinta que poco se ajusta a los
parámetros tradicionales en torno al ideal de la buena madre.
Textos como Bestiaria vida, de Cecilia Eudave (1968) y Santas Madreci-
tas, de Itzel Guevara del Ángel (1976), abordan el tema desde una visión
ácida y conciliatoria, respectivamente, teniendo como punto de coinciden-
cia el planteamiento de una maternidad que escapa al estereotipo. Así, es-
tamos ante la modificación del discurso en torno a la maternidad, pues se
han comenzado a construir nuevas imágenes de madre que nada tienen que
ver con la visión de entrega y donación constante hacia el otro.
Por ello, el objetivo de este trabajo es analizar la forma en la que en la
novela y el libro de cuentos antes señalados se plantea un discurso diferen-
te respecto a la maternidad y la familia. Para el análisis se emplearán la
teoría literaria feminista y los estudios de género. Con este trabajo se espe-
ra contribuir al estudio de las nuevas propuestas literarias llevadas a cabo
por escritoras recientes en América Latina.

[217]
218 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

LA MATERNIDAD EN LA LITERATURA:
ALGUNAS CONSIDERACIONES GENERALES Y PARTICULARES

La figura de la madre, tan socorrida en las últimas décadas por las escrito-
ras, aparece con poca frecuencia en el panorama de la literatura occidental
en términos generales. De acuerdo con Cruz, dicha figura se encuentra
ausente en la literatura española como consecuencia del discurso falocéntrico
que ponderaba la relación padre-hijo. De ahí que, desde el Medioevo hasta
bien entrado el Siglo de Oro, la referencia a la madre no aparece o queda
mencionada en términos negativos:

[…] en los diversos géneros literarios (sea la poesía lírica, la comedia o las obras en
prosa tales como las novelas de caballerías y las picarescas) las madres quedan
excluidas totalmente o si acaso se mencionan, se les atribuye un valor negativo,
extrínseco a su función materna y sin subjetividad propia. El acercamiento psicoa-
nalítico nos ayuda a comprender cómo y por qué los discursos literarios y
extraliterarios de autoría masculina conspiran contra la pareja madre-hijo al
escindirla y suplantarla con la posición fálica del padre. Asimismo, nos permiten
reconstruir el elemento femenino en los textos escritos por mujeres en los cuales se
intenta recuperar a la madre de la ley falocéntrica que simultáneamente huye de
ella y la margina (Cruz, 1995: 139).

Asimismo, Bergmann sostiene que durante los siglos XVI y XVII, en la


literatura castellana, se evidencia la falta de figuras maternas. El rechazo a
lo maternal corresponde, continúa Bergmann, al hecho de que se pone
énfasis en la autonomía como base de la identidad masculina moderna (Cfr.
Bergmann, 1995: 34). Dicho valor, el de la autonomía, se constituye en uno
de los pilares de la Modernidad:

La época moderna se encuentra sobre todo bajo el signo de la libertad subjetiva.


Ésta se realiza en la sociedad como ámbito asegurado en términos de derecho
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 219

privado para la persecución racional de los propios intereses, y en el Estado como


participación, a la que todos en principio tienen igual derecho, en la formación
política de la voluntad colectiva. En la esfera de la vida privada como autonomía y
autorrealización ética y, finalmente, en la esfera de vida pública referida a, y rela-
cionada con, esa esfera de la vida privada, como proceso de formación que se
cumple a través de la apropiación de una cultura que se ha tornado reflexiva
(Habermas, 2008: 99).

Se colige que, puesto que la madre crea un vínculo de dependencia


entre ella y el infante, el discurso falocéntrico debía privilegiar la relación
con el padre pues éste, en tanto depositario de la Ley y el orden, se encuen-
tra ligado a la libertad ya que se constituye sujeto con capacidad de agencia
y de enunciación. La figura de la madre tenía que ser, en consecuencia,
relegada frente a la autoridad y soberanía del padre si se deseaba formar a
auténticos ciudadanos libres y emancipados gracias a la razón: «el amor
materno puede representarse también como exceso, un exceso inherente a
la naturaleza femenina, que amenazaba la crianza de jóvenes bien forma-
dos, capaces de integrarse en el servicio del estado moderno» (Bergmann,
1995: 35).
La ausencia de la madre en la representación literaria indica, en última
instancia de acuerdo con Bergmann, un rechazo a la naturaleza femenina,
la cual es vista en términos negativos, y disminuida en capacidades racio-
nales frente a la naturaleza varonil. Así, «la iniciación al discurso dominan-
te del poder es un proceso de olvido y de rechazo de lo maternal»
(Bergmann, 1995: 36).
Para el siglo XIX, debido a la construcción de un discurso nacionalista
que equiparaba la noción de Patria con la Madre nutricia, fecunda y pro-
tectora, comienzan a aparecer figuras maternas tanto en la literatura espa-
ñola como en la latinoamericana. En Argentina, por ejemplo, la madre no
aparece referida sino sólo de forma escasa y aprisionada en el estereotipo
hasta bien entrado el siglo XX, cuando comienzan a aparecer cuentos y
220 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

novelas que les otorgan una voz propia a las mismas. De esta manera, sos-
tiene Domínguez:

[…] en general las madres no tienen voz y cuando alguien habla por ellas, se trata de
sus hijos. Las madres parecen no tener una historia anterior. El momento de pasaje
de convertirse en madre es silencioso. En la mayoría de los relatos de la literatura
argentina, la madre nace como madre. En el camino perdió el nombre y será
nombrada como mi madre o la madre de. Parece que las madres no tienen un yo
autónomo, sino que únicamente tienen un hijo. Su pasado se borra y se transforma
en esa mujer que cumplió con su destino correcto de tener un hijo, y de ahí en más
se dedicó a construir la única sociedad en la que tiene algún peso: la que se arma
entre ella y su hijo […]. El siglo XX tiene su propio mito fundante de madre, que es
Eva Perón, que aun cuando no tiene hijos se transforma en la madre espiritual de
una nación (1998: 1).

En México, la madre comienza a aparecer también ligada a la Patria y,


conforme avanza el siglo XX, se perfila un velado matriarcalismo que va
desplazando la figura del padre a una función secundaria. De ahí que, se-
gún señala Matamoro, «México ha dado ese denso y fantasmal canto
matriarcalista que es Pedro Páramo. La madre matriarcal […] es la que fija
el hombre al lugar, al parentesco y a la (materna) lengua. Se es alguien
como hijo de la madre. El padre importa menos, es fungible o desconoci-
do» (2009: 2). Este desplazamiento, que comienza a gestarse en la literatu-
ra mexicana a principios del siglo XX, estará ligado a lo que López González
señala con respecto a que en México se adolece de padre, como más ade-
lante se refiere en este mismo trabajo. Por el momento, baste comentar
que la figura de la madre en la literatura mexicana comienza a cobrar im-
portancia a partir de este siglo.
Por otro lado, en la literatura chicana, se representa a la madre en una
situación conflictiva ya que, por un lado, se le exhibe como una mujer en-
tregada al trabajo para sostener a la familia, por lo cual se le admira; mien-
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 221

tras que, por otro lado, se le personifica como una madre distante que
prefiere mantener los patrones culturales tradicionales antes de apoyar a
sus hijas en la búsqueda de su autonomía (Cfr. Tabuenca Córdoba, 2005:
1). En la literatura magrebí, este reclamo también se hace presente pues,
como sostiene Bueno Alonso, en la literatura escrita por las mujeres del
Magreb (la cual, dicho sea de paso, comienza a tener auge en los años 80),
se pueden observar tres tendencias en torno a la representación de la ma-
ternidad: 1) como condición inseparable de la identidad femenina; 2) au-
sencia de la voz maternal y de la relación madre-hija, muy posiblemente
como reflejo de que la madre no es un ejemplo a seguir para las jóvenes
escritoras; y 3) el reclamo a la madre por ser ella la transmisora de una
pesada carga tradicional hacia las hijas (Cfr. Bueno Alonso, consulta vir-
tual: 4-6).
Observamos entonces una clara tendencia a la no-representación de la
figura materna a lo largo de la historia literaria y, en contraposición, un
despunte en la representación de dicha figura a partir de mediados del
siglo XIX y a lo largo del XX. Por supuesto, la mayoría de las referencias se
realizan con base en la literatura escrita por varones en tanto que la mujer-
escritora no aparece de lleno en el plano creativo sino justo hacia finales
del siglo XIX y principios del XX. Por ello, es interesante analizar la manera
en la que las mujeres han ido subsanando dicha ausencia a través de sus
obras, ya sea para reafirmar el discurso femenino, ya para reivindicar y
darle voz a esta figura largamente silenciada. A continuación, se plantean
algunos aspectos que se presentan en la literatura mexicana.

La maternidad y las escritoras mexicanas


Los temas de la madre y de la infancia, en la literatura mexicana, son algu-
nas de las líneas más trabajadas por las autoras. Ligados a la inocencia, la
perfección en las virtudes y la nobleza de espíritu, ambos se encuentran
íntimamente relacionados a nivel de la representación donde suele ubicár-
seles lado a lado. Igualmente, de ambos suele recrearse un ideal que, sólo
222 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

en contadas ocasiones, es cuestionado al conferírseles un matiz de perver-


sión o de melancolía.
En cuanto al tema de la madre, encontramos en la literatura mexicana
algunos ejemplos significativos creados por las autoras, entre ellos se en-
cuentran: Cartucho y Las manos de mamá de Nelli Campobello y «Cabecita
blanca» de Rosario Castellanos, textos que han sido emblemáticos de esta
línea tan socorrida de manera especial por las escritoras mexicanas.
Surgidas, por lo tanto, de una larga tradición, algunas escritoras
mexicanas recientes, nacidas entre los años 1968 y 1978, posan de nueva
cuenta su mirada en ella pero desde una perspectiva crítica a través de una
visión realista (como sucede en la mayoría de los casos) o bien por medio
de una visión neofantástica. En estos textos, como en general sucede con la
mayoría de la literatura escrita por mujeres, aparece una estrecha relación
entre la figura de la madre y las hijas que, de acuerdo con Oyarzún, se
presenta o bien como una relación armónica, o bien se sitúa a nivel de un
conflicto que confronta a los personajes femeninos en una lucha continua
de ejercer el poder (en el caso de las madres) y de liberarse de él (en el caso
de las hijas). Esto último obedecería a que:

Durante el siglo XX, pese a que la vanguardia abre nuevos terrenos en la relación
entre escritura y locura, el semantema de la madre continúa situado en el «conti-
nente negro» de la literatura. Lo cierto es que en la organización occidental de la
cultura, la madre y su deseo constituyen la «noche indiferenciada» y satanizada; la
civilización, por tanto, se funda sobre la base del matricidio simbólico. Orestes
mata a su madre siguiendo los designios del Dios Padre, quien a su vez se ha
apropiado de los arcaicos poderes de la Tierra Madre […].
El matricidio adquiere en muchos textos masculinos de la vanguardia un valor
liberador, transgresor (Oyarzún, 1995: 52).

El personaje de la madre, en algunos casos, aparece entonces referido


como una figura con la que se sostiene un conflicto continuo. De tal suerte
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 223

que en estos textos se rompe con el sentido del «espejo jubiloso de la escri-
tura materna» como sostiene Oyarzún que suele suceder con la escritura
femenina (cfr. Oyarzún, 1995: 56). Y es que:

el proceso de la diferenciación individual de la mujer en el patriarcado, sólo es


posible a partir de la negación de la propia diferencia genérico-sexual. En la niña,
la fobia hacia la madre se traduce en la internacionalización de la misoginia. O soy
yo (entre vacío en la constelación genérico-sexual) o soy mujer (es decir, sigo afilia-
da a la madre, al incesto, a la homosexualidad, a la locura). La individuación del
sujeto hombre como hombre deviene la norma. Por su parte, la mera individuación
de la mujer como mujer constituye una transgresión. Se puede ser hombre y ser
persona, pero en este orden de cosas, ser mujer y ser persona implica un cortocir-
cuito sistemático (Oyarzún, 1995: 58).

No obstante lo anterior, en la narrativa mexicana, particularmente en


aquélla escrita por mujeres, la madre pocas veces aparece representada de
forma abierta en esta relación tensiva o conflictuada, pues por lo general se
proyecta en torno a ella la imagen de una figura abnegada y entregada al
servicio de su familia. Esta tendencia, criticada por Rosario Castellanos en
«Cabecita blanca», ha comenzado a ser subvertida en los textos de las nue-
vas narradoras (aquéllas nacidas hacia finales de la década de los sesenta y
a lo largo de los setenta). En las novelas y cuentos de este grupo de escrito-
ras, la madre y la maternidad generalmente no aparecen y, cuando lo ha-
cen, se presentan con características distintas a las tradicionalmente
atribuidas: en estas nuevas representaciones, la madre no asume un papel
abnegado sino que, por el contrario, se apropia o bien de una posición
activa y conflictiva con sus hijos y familia; o bien de una sexualidad que se
ejerce abiertamente incluso con las parejas sentimentales de las hijas. De
ahí que estemos frente a una representación distinta en torno a esta figura
que, en último caso, podría estar reflejando un cambio social que transfor-
ma la noción de maternidad y de familia.
224 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

En efecto, a nivel social se ha comenzado a gestar una transformación


de su estructura que hasta hace unas décadas se fundaba en una organiza-
ción familiar centrada en la madre. Y es que, como sostiene López González
(1995), el apelativo de «Señora» se encontraba asociado a la función ma-
terna, creándose así mitos sociales en torno a la mujer que, en su momento,
vuelve a criticar Rosario Castellanos en su libro Mujer que sabe latín…En
México, la sexualidad era encubierta por la situación social que la legitima-
ba por medio del matrimonio y la figura de la madre era y sigue siendo
reforzada continuamente por festividades (tanto religiosas como civiles),
por los discursos, los medios de comunicación y, en general, por el entor-
no. De ahí que, citando a Santiago Ramírez, López González (1995) men-
ciona que la estructura familiar mexicana se caracteriza por el exceso de
madre y la ausencia de padre. Ramírez, continúa López González, señala
que se trata de una cultura donde la relación más importante es la relación
con la madre:

A este tipo de cultura se le llama uterina, y dice [Ramírez]: «Hay familias, las
uterinas, en las que la relación madre-hijo es particularmente intensa. En México,
por lo menos en las áreas rurales y en las urbanas de clase media la familia tiene
estas características. Esto se corresponde perfectamente con la importancia conce-
dida al día de las madres en México, y al desbordamiento «amoroso» que lo carac-
teriza. «Cabecita blanca» es una denominación cariñosa de uso común en el país
para aludir a la madre. Destaca la vejez, o sea, un aspecto del ciclo de vida humano
en la cual la sexualidad se suprime o deja de ser relevante. Así, la condición de
madre desplaza y oculta la sexualidad femenina» (López González, 1995: 205).

Esta fuerte relación y vínculo, que vuelca sobre la madre la afectividad


y organización familiar, ha ido perdiendo fuerza tanto a nivel social como
de representación, ya que en la narrativa escrita por mujeres jóvenes, dicha
concepción da un vuelco para ser asociada ya no con el ideal de pureza y
santidad con la que habitualmente se le rodea, sino con una visión mucho
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 225

más crítica y ácida. De tal forma que se ha ido diluyendo la imagen que se
insistió en construir alrededor de la mujer en su faceta de madre por medio
del discurso oficialista liberal que encontró en la literatura un lugar privile-
giado para difundir sus ideas.
Los textos publicados entre 1816 y 1902, comenta Domenella, presen-
taron una constante en la caracterización de los personajes femeninos por
medio de las virtudes:

que hacen de la mujer decimonónica un modelo de la buena hija, la buena esposa,


la buena madre, la buena soltera y la buena solterona, es decir, la mujer hermosa,
sincera, generosa, humilde, callada, obediente, recatada, doméstica, pudorosa, fiel,
religiosa, fuerte mas no briosa, bella pero no despampanante; en suma, el ejemplo
de la mujer siempre vinculada con la vida familiar y dispuesta a cualquier sacrificio
por defender su honor, su buen nombre y la felicidad de los suyos, que son los
«otros» en sus relaciones de familia (1991: 122-123).

Alejadas de esta visión que impregnó la literatura del siglo XIX y XX


casi hasta su término, las autoras mexicanas más recientes dejan de plan-
tear la figura de la madre como un ángel o ser sublimado que da la vida por
sus hijos, para convertirse en un ser con necesidades afectivas y sexuales
que compite con las hijas tanto por el cariño y atención de su padre como
por alcanzar una posición social. Los personajes maternos ya no ven satis-
fechas sus metas personales en el cuidado y atención a la familia, por lo que
la frustración es volcada en el trato hacia los hijos. De ahí que en los textos
Bestiaria vida de Cecilia Eudave, y Santas Madrecitas, de Itzel Guevara del
Ángel, observamos una nueva manera de interrelación entre madres e hi-
jos, la cual nos señala, asimismo, una forma distinta de asumir la materni-
dad y, por ende, cumplir con los roles tradicionalmente asignados y atribuidos
a las mujeres en su papel de madres.
En el caso de Bestiaria vida la figura materna aparece referida como
una figura con la que se sostiene un conflicto continuo y a la que incluso se
226 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

le concibe como una basilisco, es decir, un ser que de acuerdo con la mito-
logía griega es capaz de matar con la mirada. En Santas Madrecitas, la figu-
ra de la madre es central tanto para el condicionamiento del actuar de los
personajes como para la complicidad entre madre e hija, ya sea en el com-
partir una misma pareja sexual, ya sea para sostener la aventura amorosa
con un hombre casado.
De esta manera, las transformaciones que se hacen presentes en este
grupo de textos refleja, en última instancia, un cambio profundo y paulati-
no en torno al ideal de maternidad y nos habla de un nuevo discurso que lo
cuestiona con fuerza al representarla por medio de personajes con fuertes
conflictos interiores, convirtiéndolos en entes más reales y, por ende, más
humanos.

La vida y las bestias


Cecilia Eudave es una de las escritoras jóvenes que ha comenzado a conso-
lidar su trabajo literario no sólo a nivel nacional sino también internacio-
nal. Algunos de sus cuentos infantiles han sido traducidos al chino y al
japonés, y sus novelas de corte juvenil han sido ampliamente aceptadas por
el público. Como ensayista, Eudave recibió mención honorífica en el 12th
Annual International Latino Book Awards por el libro Sobre lo fantástico
mexicano, que se organiza en el marco de la Book Expo America, en Nueva
York (2010).1 Su novela, Bestiaria vida (2008), recibió el Premio nacional

1 Cecilia Eudave nació en Guadalajara Jalisco en 1968. Es doctora en Lenguas Romances


(Montpellier, Francia). Ha recibido, entre otros reconocimientos, la Beca Nacional Salvador
Novo, en narrativa, que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, El Colegio de México y el
Centro Mexicano de Escritores en el periodo 1990-1991. También fue becaria del Fondo Estatal
para la Cultura y las Artes de Jalisco, en 1997, en la categoría de Jóvenes Creadores y obtuvo
mención honorífica en el Certamen Nacional de Poesía Alfonso Reyes, así como otra mención
honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Juan Rulfo.
Es autora de los libros: Hacia un concepto de poesía. Antología de poesía española contemporánea
(1995), Técnicamente humanos (cuentos, 1996), Invenciones enfermas (cuentos, 1997), Registro de
Imposibles (cuentos, 2000) Países inexistentes (cuentos, 2004), Aproximaciones, afinidades, reflexiones y
análisis sobre textos culturales contemporáneos (ensayos, 2004). Ha sido antologada en varios libros de
cuentistas mexicanos, entre los que destacan: Erótica (México, 1997), Extremos, Cuento último de
Guadalajara (1998), Incontro con gli scrittorim messicanni di oggi (Italia, 2002), Enciclopedia temática de
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 227

de novela corta «Juan García Ponce» en la bienal de literatura de Yucatán


(2006-2007).
En esta novela, Eudave reconstruye la historia de una familia a través de
la analogía de los miembros de la familia con seres mitológicos de la tradi-
ción europea. De esta manera, cada miembro será comparado con un ser
fantástico e incluso con alguna forma demoníaca, tal como sucede con la
hermana a quien se le atribuyen las características y cualidades de una
súcubo: demonio con forma de mujer que atrae y seduce a los hombres (en
este caso, la hermana actúa como una gran seductora que atrapa a la familia
en su juego macabro y perverso de inocencia). El padre será asociado con un
licántropo u hombre lobo; el abuelo, con el cancerbero y el búfalo; la tía, con
una suerte de ser innombrable, de criatura prohibida debido a sus ideas
hippies; y la madre, la figura central que nos interesa analizar en esta oca-
sión, con una basilisco: un ser de la mitología griega descrita como una ser-
piente cargada de veneno letal, capaz de matar a alguien con la mirada.
Ahora bien, todas estas descripciones y comparaciones las lleva a cabo
la protagonista que funge como narradora de la historia, por lo que se
puede observar una carga subjetiva en tanto que por medio de este tipo de
narrador se pretenden contar las experiencias vividas por el propio perso-
naje central. La visión que se tiene del entorno familiar, en el caso de Bestiaria

Jalisco, sección creadores (tomo XIV, 1999), y en el Diccionario de escritoras en Guadalajara (2002), El
Libro monero. Crónica del birote y su arrimón a las letras (Guadalajara, 2004). Se han traducido al
japonés algunos de sus cuentos en la revista de ciencia ficción Lunatic 23. Forma parte del Sistema
Nacional de Investigadores. Actualmente es profesora e Investigadora en la Universidad de
Guadalajara.
En su novela, Bestiaria vida, se plantea, a través de una narradora autodiegética, la historia de
una familia con características muy singulares pues, a la manera de La metamorfosis de Kafka, se nos
ofrece un pacto de lectura con el mundo de los hombres lobos, los demonios y otros seres
emanados de la mitología y las leyendas tanto bíblicas como paganas. De esta manera, el lector
debe asumir la existencia real y verdadera, dentro del mundo ficcionalizado, de un núcleo familiar
muy particular en tanto que la protagonista y narradora de su propia historia ha nacido enrollada
como un caracol, su hermana es una súcubo, su madre una basilisco, su padre un licántropo, su
abuelo el cancerbero que cuidaba la entrada del infierno y la tía, la única humana que, por
desgracia de la familia entera, se convierte en hippie y vuelve después de abandonar el hogar
hablando en lenguas. De esta tía-humana sabemos que se llama Irene y, pese al nombre, la
protagonista se refiere a ella como «la innombrable».
228 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

vida, resulta impresionista y de primera mano, por lo que implica que la


propia actriz de la historia cuente sus vivencias. De ahí que la carga emo-
cional, subjetiva y parcial se da desde las primeras páginas al relatársenos:

Cuando uno recuerda está más próximo a la melancolía que a la tristeza. Quizá he
caído en una especie de laberinto, cuyo centro me aguarda a mí, a nadie más,
porque yo fui y soy su arquitecto. En él debe andar, deambulando, un Minotauro,
resguardándome, pues quiere encontrarme, instruirme y dejarme en su lugar […].
Sí, así veo a mi familia, como un minotauro, como un laberinto, como a bestias
que resguardan su centro, y yo debo vencerlas para salir, para olvidar, para vivir
(Eudave, 2008: 15)

Tenemos un conflicto no resuelto que se enuncia abiertamente por el


sintagma: «Sí, así veo a mi familia, como un minotauro». Con el verbo
«ver», se alude no sólo al acto de percibir: «veo a mi familia» sino a la
percepción subjetiva que se tiene de ella: «como un minotauro». Asimis-
mo, la palabra «minotauro» ha sido ya enunciada con anterioridad para
ubicar el contexto emocional en el cual se ubica la protagonista: «está más
próximo a la melancolía que a la tristeza», con lo cual se nos infiere el
sentido de encierro y de persecución sufridos por ésta: «he caído en una
especie de laberinto […]. En él debe andar, deambulando, el Minotauro
[para] dejarme en su lugar». A esto se añade un estado casi permanente de
estar a la defensiva de un ataque imprevisto al sostener: «como a bestias
que resguardan su centro». Por lo que encontramos una «presentación
temático/visual que orienta la lectura y proporciona un grado de legibilidad
aceptable» (Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls, 1999: 96).
No es de extrañar, por lo tanto, que se vaya perfilando en estos párrafos
la relación conflictiva y tensa entre la protagonista y su familia, en general, y
con la madre, en particular. Así, en las siguientes unidades supraoracionales,
se describe la relación materno-filial en términos negativos, ya que se le cla-
sifica a ésta de «fiera malvada» y «especie de ser monstruoso»:
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 229

Mi madre fue mutando varias veces hasta que se me reveló su verdadera personali-
dad. Pero, por ese entonces, cuando yo era una niña, ella oscilaba entre «Fiera
malvada», una especie de ser monstruoso y fantástico sin aspecto fijo –además,
como viajaba mucho por cuestiones de trabajo, la veía muy poco–, y una basilisco
por su extraordinario poder de matar con la mirada. Cómo miraba mi madre.
Debía cuidarse mucho al pasar frente a los espejos. Si ella llegaba a verse a sí misma
como nos miraba a nosotros, seguro ahora estaría muerta y no en ese mutismo en el
cual se ha encerrado, inmersa en sí y sólo para sí (Eudave, 2008: 15-16).

Cabe hacer mención que esta primera parte donde se describe a la


madre, se menciona un rasgo que, párrafos más adelante, acentuará el ca-
rácter malévolo y homicida de la madre: el hecho de viajar mucho por cues-
tiones de trabajo. La profesionalización de la madre se percibe entonces
como una característica negativa, alejada de la naturaleza o de la esencia
materna, ya que esa posición activa, social y laboralmente hablando, trans-
forma a la figura materna en un ser perverso y destructor tanto en las
relaciones que entabla con los subordinados en el trabajo como en el ho-
gar. La protagonista culpabiliza a la madre por la estaticidad que manifies-
ta el padre al no poder ascender en la esfera pública y verse disminuido en
autoridad, en la privada. Poder, autoridad, capacidad de decisión, activi-
dad, parecen cualidades inadecuadas al ideal de maternidad construido por
los discursos social y religioso.
El personaje de la madre, en la novela, no asume su rol tradicional de
abnegación, entrega y donación, y esta ruptura con los patrones de con-
ducta establecidos, provoca la fractura familiar, la falta de seguridad y
autoestima de la protagonista, y un clima de violencia manifestado en las
relaciones conflictivas que la madre entabla con la gente que la rodea o que
está a su servicio. El padre, al verse desplazado de su papel de proveedor y
como figura de autoridad en el hogar, no sólo se sienta opacado por el éxito
de su pareja sino incluso frustrado:
230 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

[…] era trabajadora, organizada y, por si fuera poco, triunfadora. Ganó dinero a
manos llenas y hasta ahora no sabemos qué fue de ese dinero.
Le tuve miedo siempre. De noche, cuando se acercaba a mi cama, yo me cubría
la cabeza con las sábanas […] y fingía dormir.
[…] Era bien sabido que mi madre con sólo hablarle a quien sea, lo dejaba
fuera de sí, deprimido y abatido. No hubo sirvienta que soportara su presencia, ni
jardinero, ni cocinera. En su trabajo tenía fama de cambiar su personal cada año. Y
yo no quería secarme, pues pensaba, ilusamente, que habría un futuro para mí.
Tal vez él tenía que irse porque no había un solo sitio en la casa que le pertene-
ciera; estaba copada; hasta el jardín, que era mío […]. Me daba un poco de tristeza
observar cómo iba de un lado a otro buscando en donde leer el periódico […]
recorría la casa como si fuera un leproso (Eudave, 2008: 16-19).

¿Estamos ante una crítica al papel activo que ha asumido la mujer en la


sociedad actualmente?, ¿se cuestiona la apropiación del espacio privado y
público por parte de las mujeres y, por ende, se reprocha la llamada
«feminización de la cultura»? Al parecer sí, ya que se responsabiliza a la
figura femenina empoderada del fracaso del padre y, en consecuencia, de
todo lo que él representa: los discursos que estructuran y dan orden a la
sociedad. La novela de Eudave, por ende, plantea como origen del males-
tar familiar y social la subversión de los roles tradicionales: «y por si fuera
poco, triunfadora. Ganó dinero a manos llenas»; «En el estudio no porque
tengo esos papeles y urge entregarlos, decía la Basil». Esta nueva identidad
de género (la madre trabajadora y triunfadora) provoca desestabilización,2
no por el hecho mismo de salir de casa, sino porque se asumen las caracte-

2 A lo largo de la narrativa de Eudave, resulta significativo el hecho de que, a nivel de la represen-


tación, las figuras materna y paterna suelen asumir siempre los roles tradicionales: ama de casa y
cuidadora de los hijos, ella; proveedor y con autoridad, él. El hecho de que, hasta el momento, la
novela donde se recrea esta situación de frustración, fracaso, angustia y baja autoestima, sea justo
en la que los roles están invertidos y la figura femenina adquiera un papel activo mucho más
evidente y amplio pareciera indicar que, para Eudave, todo lo que escape o quiebre la estructura
familiar tradicional, provoca malestar y sufrimiento tanto a nivel psíquico como emocional.
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 231

rísticas masculinas: frialdad afectiva hacia con los hijos, escasa capacidad
de comunicación, ejercicio del poder y del control de manera autoritaria.
La madre, en Bestiaria vida, se representa como un ser travestido que
ocupa la posición del padre, mismo que, al sentirse desplazado, sale huyen-
do de casa hasta terminar abandonando a la familia sin explicación alguna:

[…] mi madre comenzaba a mutar, pero nadie quería darse cuenta. Ni mi padre,
quien en una noche oscura, terriblemente oscura, se marchó. Se fue para siempre.
Yo lo presentí, lo vi en sus ojos cuando fue a despedirse sin despedirse, cuando dijo:
«Hasta mañana». Yo supe allí mismo, bajo esas palabras, que no volvería. Sin
embargo, todas las noches oscuras, terriblemente oscuras, estoy atenta a cualquier
ruido, a cualquier signo que anuncie su regreso (Eudave, 2008: 21).

El padre huye, por culpa de la madre que se queda en su lugar y, la hija,


que no ha superado el Edipo,3 queda eternamente enamorada de éste y,
cual Penélope, está esperando con paciencia el retorno del mismo. La ma-
dre ha matado al padre y, como refiere López González, se provoca en la
familia un exceso de madre y una ausencia de padre, por lo que estaríamos
ante una novela de carácter metonímico en tanto que a partir de lo particu-
lar (la familia) se alude a un contexto general (la sociedad mexicana). ¿Se
propondría el retorno a los roles tradicionales como solución a los conflic-
tos? En primera instancia, se podría pensar que ésta es la propuesta de
Eudave; sin embargo, en una segunda instancia, se observa que tampoco es
la respuesta, ya que la propia protagonista se niega a asumir dicho rol («Yo
deseaba ser vagabunda»). Por lo tanto, considero que estamos sólo ante
una suerte de denuncia ante los cambios y las transformaciones que le pro-
vocan angustia al ser humano. Ante el pasado irrecuperable, sólo resta la
añoranza, el recuerdo y la nostalgia por aliviar la pérdida. En este sentido,

3 Carl Gustav Jung propone el término «Complejo de Electra», para referirse a la contraparte del
«Complejo de Edipo» enunciado por Sigmund Freud. De ahí que, en términos jungianos,
podríamos decir que la protagonista de Bestiaria vida no ha superado el complejo de Electra.
232 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

a la novela se le añade el carácter melancólico en tanto que se aprecia un


sentimiento de duelo no superado: la muerte de la madre inaugura así lo
que se podría catalogar como la época del padre disminuido, o bien, de la
madre travestida.
Por todo lo anterior, el título Bestiaria vida resume el significado que se
va construyendo al interior del texto, puesto que, en efecto, se asocia con
lo monstruoso que resulta la vida cuando se han roto los esquemas tradi-
cionales y no se tiene aún ningún modelo a seguir sólidamente construido.
La rudeza y crueldad se presentan a raíz de las mutaciones en los roles
asignados, por lo que el vivir mismo se desarrolla en medio de la anomalía,
de lo «inhumano» pues la madre, quien debía fungir como la encargada de
propiciar la cohesión y unión familiar, irrumpe de manera violenta con su
travestismo. Si bien es verdad que, pese a todo, no deja de ser la piedra
angular sobre la que se construye y agrupa la familia, también es cierto que
su mutación suscita la serie de acontecimientos tormentosos y dolorosos
que marcan el desarrollo psíquico y emocional de sus miembros. Así, texto
y paratexto en este caso coinciden, ya que una vida de esta manera variada
resulta una vida hiriente por el sufrimiento que se causa.

LAS MADRECITAS NON-SANCTAS

El segundo texto a analizar es el volumen de cuentos titulado Santas Ma-


drecitas, de la escritora Itzel Guevara del Ángel. De este volumen, se hace
referencia en particular a dos cuentos: «Bambi» y «Emperatrices». La fi-
gura de la madre estructura y da coherencia a los relatos; sin embargo, en
los textos señalados, ésta cobra una significación distinta al referirla como
un ser con necesidades afectivas y sexuales. En el resto de los textos, la
madre se presenta de distintas maneras: como un ser cruel que ignora el
asesinato de sus hijas a manos de su otro hijo; como una persona con de-
seos de reconocimiento capaz de relegar al hijo enfermo en una habitación
al convertirse ella en el centro de atención; como la madre entrometida que
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 233

termina siendo asesinada por la nuera ante las continuas presiones de aqué-
lla. En todos, se observa la figura materna con connotaciones distintas al
modelo la buena madre,4 pero considero que en «Bambi» y «Emperatri-
ces» la relación materno-filial se recrea un aspecto poco abordado, o trata-
do de manera soslayada, en la narrativa mexicana: el ejercicio de la
sexualidad por parte de las madres.5
Así, en Santas Madrecitas, Itzel Guevara del Ángel representa la figura
de la madre como un ser con carencias que no obtiene satisfactores en los
hijos mismos, sino en el reconocimiento público o por medio de otros per-
sonajes que no tienen qué ver con su entorno familiar directamente.6 En el
caso particular del cuento «Bambi», se nos describe, por medio de un na-
rrador extradiegético, a una joven de clase media alta cuya vida transcurre
apaciblemente entre sus actividades sociales y su noviazgo con Juanjo.
Madre, apelativo por el que conocemos efectivamente a la madre de la
protagonista, sostiene relaciones sexuales con Juanjo quien, al verse des-
cubierto por Bambi, cree que ésta le reprochará algo. Sin embargo, Bambi
acepta la situación y, al final, se nos da a conocer que ambas, madre e hija,

4 De acuerdo con Swigart (1991), con el término Buena Madre, se alude a la «mujer que sólo quiere
lo mejor para sus hijos, cuyas necesidades intuye sin ningún esfuerzo. Adora a sus retoños y los
encuentra fascinantes. Esta madre se adapta exquisitamente a sus hijos y posee tantos recursos
que es inmune al aburrimiento. Ocuparse de sus hijos le resulta tan natural como respirar, y la
crianza es una fuente de placer que no requiere disciplina o autosacrificio» (Swigart cit. en Bernis
et al, 2009: 11).
5 Rosario Castellanos, en la obra de teatro El eterno femenino y en los cuentos «Cabecita blanca» y
«Lección de cocina», critica abiertamente la anulación de la sexualidad femenina en la sociedad
mexicana una vez que ésta se ha convertido en madre. Carlos Fuentes, por su parte, en el cuento
«Las dos Elenas», sí aborda el tema al representar el adulterio cometido por el esposo de Elena
chica con la propia madre de ésta. Sin embargo, esta relación se mantiene callada y clandestina,
pues la madre nunca se lo dice a la hija y ésta, por supuesto, lo ignora; situación que no sucede con
los cuentos de Guevara del Ángel.
6 Itzel Guevara del Ángel nació en Xalapa, Veracruz en 1976. Egresada de la Universidad
Veracruzana, trabaja en la promoción de la lectura con niños y jóvenes. Ha publicado en diversos
periódicos, revistas literarias y suplementos como «La Valquiria» del Diario de Xalapa; Imagen de
Veracruz y Tierra Adentro. En 2007 obtuvo la beca Jóvenes Creadores en el área de Cuento,
otorgada por el Instituto Veracruzano de Cultura. Participó en el primer Encuentro de Jóvenes
Escritores del Surtes y en 2008 ganó el segundo lugar en el Concurso Nacional de Cuento
Mujeres en vida, convocada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Su primer libro
de cuentos, Santas Madrecitas, fue publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2008.
234 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

comparten a Juanjo y a Padre, concluyendo el cuento con el descubrimien-


to de esta relación incestuosa.
Así, con el primer sintagma del cuento: «Bambi ama las fiestas tanto
como su desnudez» (Guevara del Ángel, 2008: 41), se anuncia la desinhibi-
ción de la protagonista, perfilando así la hipertema del ejercicio libre de la
sexualidad. Los siguientes sintagmas: «Desde niña duerme boca abajo, sin
pijama [y] De mañana anda desnuda por la casa» (Guevara del Ángel, 2008:
41), refuerzan la temática. Asimismo, encontramos enunciada la complici-
dad de la madre como rema que posteriormente se convertirá en subtema:
«Madre y las mujeres de limpieza están habituadas a verla así […] Madre
da órdenes expresas de que no haya hombres cerca» (Guevara del Ángel,
2008: 41). Se podría decir entonces que con estas marcas textuales se va
perfilando el rema compartir las parejas sexuales:

Juanjo quiere agradecer a Madre, Madre acepta su agradecimiento; se deja succio-


nar por una boca y una lengua impacientes con sabor a ron, permite que le desabo-
tone la blusa, que le apriete los muslos, que trace con sus manos un camino entre el
cuello y su ombligo. Madre […] se da tiempo para cambiar el incómodo sofá del
recibidor por la desperdiciada cama King size de su habitación […] (Guevara del
Ángel, 2008: 43).

Por último, en este aspecto temático, el cuento cierra con otro rema
que alude no sólo a la perversión sino a un delito: el incesto: «Bambi ama
profundamente a Madre, la comprende; no le importa compartir a Juanjo,
como a Madre no le importar compartir a Padre cuando llega a visitarlas»
(Guevara del Ángel, 2008: 45). De esta manera, el hipertema del ejercicio
libre de la sexualidad, se va derivando en otros subtemas hasta terminar
con un final abierto e inesperado.
Con respecto a la figura de la Madre, a lo largo del cuento se hace
alusión a la complicidad que ésta mantiene con la hija tanto para que Bambi
se pasee desnuda por la casa, como para asegurar el statu quo dentro de la
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 235

alta sociedad veracruzana ya que ambas, madre e hija, se acompañan a los


eventos sociales que les exige su condición de mujeres burguesas: «Bambi
y Madre tienen una agenda apretada. La alta sociedad veracruzana se los
exige: cenas de caridad, inauguraciones, misas de domingo, sin dejar de
lado los eventos culturales» (Guevara del Ángel, 2008: 42). La madre asu-
me el rol de personaje principal, aunque cede el protagonismo a su hija,
Bambi. Por tal motivo, no existe una oposición franca entre ellas ni por el
ejercicio del poder (cada una asume su rol sin problemas), ni por los celos
que pudiera sentir la madre hacia la hija por su juventud y belleza (Madre
admira la firmeza del cuerpo de Bambi).
La figura de la madre entabla una amistad con la hija y no una posición
jerárquica, lo cual permite que se dé un mutuo entendimiento. Por otro
lado, el tema del incesto tampoco entra en conflicto pues se sostiene que
Bambi ama a su madre al grado de comprender sus necesidades afectivas y
sexuales. Asimismo, al no condenarse el acto, se infiere que Bambi no ha
superado el Edipo, ya que parece estar en deuda con la madre por permitir-
le compartir al padre: «no le importa compartir a Juanjo, como a Madre no
le importa compartir a Padre» (Guevara del Ángel, 2008: 45). El amor
referido hacia la madre explicaría, en última instancia, el porqué se mantie-
ne una relación cordial y amigable con ella, a pesar de la no superación del
Edipo. De esta manera, mientras que en el texto Eudave la protagonista
rechaza a la madre y aun entabla una confrontación con ésta por no asumir
su rol tradicional; en este cuento de Guevara del Ángel, ambas, madre e
hija, dependen totalmente del padre para su sobrevivencia: «Padre vive
lejos, se la pasa haciendo negocios y cuidando el patrimonio para que Bambi
y Madre la pasen bien» (Guevara del Ángel, 2008: 42).
Desde el punto de vista de los estudios de género, estaríamos ante la
representación de los roles tradicionales que, al ser asumidos por la madre,
atenuaría el conflicto originado por el Edipo no superado. En esta misma
línea, ¿las autoras estarían proponiendo que sólo en una relación familiar
basada en el modelo tradicional se pueden recrear relaciones de conviven-
236 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

cia armónica entre madres e hijas? Resulta aventurado dar una respuesta,
sin embargo, habrá que reflexionar si las jóvenes escritoras siguen repro-
duciendo en sus obras el discurso tradicional en cuanto a los géneros. Por
el momento, baste con hacer la observación para dar paso al siguiente cuen-
to que nos ocupa: «Emperatrices».
En dicho texto, se narra la historia de Emperatriz hija, cuya vida monó-
tona y aburrida como oficinista todas las noches da un vuelco al mantener
una relación amorosa con un hombre casado de nombre Roberto. Su ma-
dre, también de nombre Emperatriz, la acompaña cada mañana a tomar el
camión y la espera a su regreso en la sala del departamento donde viven.
Doña Emperatriz sabe muy bien por qué causa su hija se demora en subir
cada viernes, pues es justo ése el día en que Roberto pasa a recogerla del
trabajo para tener luego sexo en el carro. Ambas, madre e hija, se dan
cuenta que comparten ese «secreto» pero las dos se quedan calladas.
De este modo, tal como sucediera con el cuento «Bambi», por medio
del primer sintagma con el que inicia el relato se va perfilando el hipertema
de la complicidad, pues se dice: «A oscuras, en la recámara que comparte
con su madre, Emperatriz Vargas se ajusta cuidadosamente las medias co-
lor champagne» (Guevara del Ángel, 2008: 61). Tenemos de entrada varios
elementos que se irán reiterando como remas a lo largo de la historia: la
oscuridad («A oscuras»); el compartir la intimidad con la madre («en la
recámara que comparte»); y la ropa que actuará como detonante del feti-
chismo y voyeurismo de ambas («las medias color champagne»).
Tras este primer sintagma, se lleva a cabo una larga descripción de la
rutina diaria que ambas mujeres realizan: mientras Emperatriz hija se aci-
cala, arregla y maquilla para irse al trabajo, Emperatriz madre le prepara el
desayuno, la espera con paciencia para acompañarla hasta la parada del
camión y admira en silencio la belleza de la hija. De nuevo observamos que,
como sucede con el cuento anterior, las madres admiran la lozanía, firmeza
y juventud del cuerpo grácil de las hijas, éstas se autocomplacen cuidando
de él, sabiéndose contempladas por los ojos maternos y deseadas por los
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 237

hombres. De tal suerte que el conflicto generacional se resuelve con el


hecho de que unas han aceptado su decrepitud (acentuada por medio de
descripciones físicas y emocionales que las muestran avejentadas y desani-
madas), en tanto que las otras asumen orgullosamente su papel de seres
deseados. A la decadencia de las madres se opone el apogeo corporal de las
hijas:

[…] Emperatriz se retoca el maquillaje. El cuarto de baño se va llenando del olor a


medicamentos expulsados en la orina [por Doña Emperatriz]. Doña Emperatriz
arrastra sus pequeños pies, se detiene en el umbral de la puerta, ¿estás lista, nena?,
pregunta con ternura, con admiración, con un hilo de voz para no perturbar la
belleza de su hija […]
[Bambi] toma dos tazas de café negro por desayuno sentada sobre el banquillo
de la cocina, y exige con voz mimada la sección de sociales. Además del periódico,
recibe un beso de Madre en la frente, quien no puede evitar maravillarse ante sus
senos firmes (Guevara del Ángel, 2008: 62-41).

El cuerpo joven, lozano y fuerte, se exhibe entonces abiertamente ante


los ojos de las madres que se saben decrépitas y que transfieren su realiza-
ción sexual en las relaciones de las hijas. En el caso del personaje Madre,
ésta realiza su deseo con Juanjo mientras que Doña Emperatriz, satisface
su pulsión libidinal oliendo las prendas íntimas usadas por su hija en los
encuentros amorosos y observando desde atrás de las cortinas el acto sexual.
De esta manera, a la complicidad materna se añade el voyeurismo y el feti-
chismo ya mencionados, por lo que, al ser considerados ambos como des-
viaciones sexuales, tengan que mantenerse en la oscuridad. De ahí que se
pueda decir que el cronotopo en la novela se liga ineludiblemente con la
perversión sexual materno-filial, ya que todas las actividades que aluden,
refieren o hacen explícita la sexualidad y sus desviaciones, acontecen en
lugares cerrados y a oscuras: «A oscuras, en la recámara que comparte con
su madre […]. Una luminosidad exasperante que contrasta cada vez más
238 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

con la negrura del exterior […].El auto […] protegido por la noche sin
luna, noche nublada […], entra a la habitación y comienza a desnudarse en
silencio, entre sombras» (Guevara del Ángel, 2008: 61-68).
La complicidad se mantiene, además, tanto en la permisibilidad de la
madre a la relación de adulterio en la que se encuentra su hija, como en la
permisibilidad de la hija a la observancia de la madre del acto sexual desde
la ventana de la sala y de la satisfacción alcanzada por ésta al olfatear su
ropa interior:

Doña Emperatriz, escondida tras las cortinas de la sala, ha visto el coche estaciona-
do, ha intuido la música en el interior acompañando caricias apresuradas, las me-
dias bajadas, la falda subida, incluso el crujir de las costuras de la falda al abrir las
piernas, la respiración agitada de Roberto, su sexo palpitante, amenazador, su sexo
húmedo. Le parece que el departamento entero despide un olor a cuero combinado
con ese otro que conoce tan bien, el que busca por las mañanas, trasegando el cesto
de la ropa sucia, en las pantaletas de Emperatriz. Exhausta, se retira a su habitación,
se recuesta en la cama y cierra los ojos.
[…] Sabe que su madre finge estar dormida y ella a su vez finge que lo cree,
pero eso también forma parte de la rutina, una rutina de años (Guevara del Ángel,
2008: 67-68).

Obsérvese nuevamente la coincidencia entre ambos cuentos: un final


abierto e inesperado, la alusión a que la situación narrada se ha suscitado a
lo largo de años y un fingimiento por parte de madres e hijas de desconocer
mutuamente lo que hace la otra. Hijas y madres se vuelven cómplices, ya
que las primeras aceptan y comprenden las necesidades sexuales de sus
progenitoras, mientras que las segundas permiten el libre ejercicio de la
sexualidad de sus hijas.
¿Estamos, pues, ante un nuevo paradigma discursivo en torno a la ma-
dre y a la maternidad?, ¿se puede hablar de una transformación en las rela-
ciones materno-filiares que permita vislumbrar el ejercicio de la autoridad
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 239

de manera más horizontal y no vertical y autoritaria como antaño? Consi-


dero que, pese a que se presenta en estos dos cuentos un sentido de amis-
tad y de confidencia entre madres e hijas, la base de donde parte dicho
cambio permanece dentro de los cánones normativos, a saber: a) las rela-
ciones representadas en ambos textos parten de la aceptación de decrepi-
tud por parte de las madres y de su admiración por el cuerpo joven de las
hijas, por lo que no se da ninguna competencia entre ellas por atraer las
miradas de los hombres o de mostrar su sensualidad; b) en ambos textos,
las madres ejercen los roles tradicionales de cuidado y atención desmedida
hacia las hijas, asumiendo éstas su condición de hijas mimadas; c) en nin-
guno de los dos casos existe un conflicto por el control y poder ya que en
«Bambi» ambos personajes femeninos dependen económicamente del pa-
dre, el proveedor por excelencia, mientras que en el caso de Emperatriz,
ésta asume el rol de proveedora ya que la madre no trabaja; y d) en los dos
cuentos, las hijas muestran una actitud de comprensión hacia la evidente
decadencia materna.
Por lo anterior, difícilmente se podría hablar de un verdadero cambio,
ya que las dicotomías que configuran el discurso occidental en torno a la
belleza corporal y las cualidades deseables en los sujetos (desde una visión
androcéntrica) se mantienen sin variación: fuerte/débil, joven/viejo, bello/
feo. La representación de la madre en estos cuentos es distinta, ya que la
imagen materna es referida en términos menos idílicos al mostrarla como
un ser con necesidades; sin embargo, pareciera que su figura sigue subyu-
gada al discurso androcéntrico ya que no logra escapar a la subordinación
de los ideales masculinos retomados por el culto al cuerpo joven.7 Las
madres no entran en crisis o conflicto con las hijas pues saben ocupar,
literalmente, su lugar en el mundo, dejando que las hijas se posicionen en el
terreno de la sexualidad como los cuerpos deseados y deseadores que en-
gendrarán nuevos sujetos. Las madres son, por lo tanto, cómplices y artífi-

7 Acerca de este punto, véase Linda McDowell (2000).


240 EN TORNO A LA MATERNIDAD. APROXIMACIONES DE GÉNERO

ces de un destino compartido pues sus hijas, en un futuro, estarán en el


lugar de ellas.

CONCLUSIÓN

A lo largo de este trabajo se ha mencionado que la figura de la madre y el


discurso de la maternidad han comenzado a adquirir otras connotaciones
distintas a las tradicionales. Alejadas por completo de su rol protector y
nutricio, la madre representada en la novela Bestiaria vida entra en conflicto
continuo y permanente con la hija quien la ve como un ser amenazante y
castrador, ya que asume una condición masculina que no le corresponde en
términos tradicionales. Lo monstruoso de la madre se da a partir de un
travestismo simbólico pues si bien es cierto que el personaje no se viste con
ropa de hombre, también es verdad que actúa y se dirige hacia los demás con
actitudes masculinas (con fuerza, con poder y con control de la situación).
Esto deriva entonces en una crítica a la transformación de los roles tradicio-
nales y evidencia una melancolía por la pérdida sufrida en ese cambio; aun-
que no se propone alguna alternativa a esta disyuntiva y tampoco se plantea
el retorno al modelo familiar tradicional como panacea que resuelva el con-
flicto personal y social derivado del empoderamiento femenino.
Por su parte, en los cuentos «Bambi» y «Emperatrices», se reconfigura
la relación madre e hija en términos aparentemente positivos en tanto que
éstas entablan una complicidad y una amistad que les permite intercambiar
o compartir experiencias o compañeros sexuales. No obstante la supuesta
apertura y transformación, la base de dicho cambio estriba en el manteni-
miento de la subordinación de la figura materna a determinados ideales
androcéntricos que ven en el cuerpo que ha gestado y parido las señales de
la decadencia.
Las hijas, jóvenes y bellas, pasan así a ocupar el lugar privilegiado,
relegando a la madre a una condición de inferioridad que compadecen y
que, a la vez, será ineludiblemente el destino que les espere. Representadas
LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 241

como seres sexuales, las madres parecen seguir dependiendo de los otros
(las hijas) para la satisfacción de sus impulsos libidinosos.
De esta manera, aun cuando se comiencen a gestar algunas transfor-
maciones en el discurso creado en torno a la madre y a la maternidad, en el
fondo subyace la impronta andocéntrica que difícilmente será subvertida,
aunque ya se han comenzado a dar las primeras rupturas que, tarde o tem-
prano, comenzarán a transformarlo realmente.

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LITERATURA, DISCURSO Y MATERNIDADES 243

En torno a la maternidad.
Aproximaciones de género socio-históricas y literarias
se terminó de imprimir en octubre de 2015
en los talleres gráficos de Ayder, Madero 979,
Col. Americana, Guadalajara, Jalisco, México.

La edición consta de 500 ejemplares


más sobrantes para su reposición.

Diagramación: Gilberto López Aguiar


Portada: Elba Leticia Padilla

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