Constantino I el Grande[2 ](Naissus, 27 de febrero de 272 - Ancycrona 22 de mayo
de 337) fue Emperador de los romanos desde su proclamación por sus tropas el
25 de julio de 306, y gobernó un Imperio Romano en constante crecimiento hasta
su muerte.
Legalizador de la religión cristiana por el Edicto de Milán en 313, Constantino es
conocido también por haber refundado la ciudad de Bizancio (actual Estambul, en
Turquía), llamándola «Nueva Roma» o Constantinopla (Constantini-polis; la ciudad
de Constantino). Convocó el Primer Concilio de Nicea en 325, que otorgó
legitimidad legal al cristianismo en el Imperio Romano por primera vez. Se
considera que esto fue esencial para la expansión de esta religión, y los
historiadores, desde Lactancio y Eusebio de Cesarea hasta nuestros días, le
presentan como el primer emperador cristiano, si bien fue bautizado cuando ya se
encontraba en su lecho de muerte.
Seguramente Constantino sea más conocido por ser el primer emperador romano
que permitió el libre culto a los cristianos. Los historiadores cristianos desde
Lactancio se decantan por un Constantino que adopta el cristianismo como
sustituto del paganismo oficial romano. A pesar de las dudas sobre las
convicciones cristianas de Constantino, en la Iglesia Ortodoxa Oriental se le
considera uno de sus principales santos. A pesar de ello, Constantino no fue
bautizado hasta hallarse en su lecho de muerte. Su conversión, de acuerdo con
las fuentes oficiales cristianas, fue el resultado inmediato de un presagio antes de
su victoria en la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre de 312. Tras esta
visión, Constantino instituyó un nuevo estandarte para marchar a la batalla al que
llamaría Lábaro(?). La visión de Constantino se produjo en dos partes: En primer
lugar, mientras marchaba con sus soldados vio la forma de una cruz frente al Sol.
Tras esto, tuvo un sueño en el que se le ordenaba poner un nuevo símbolo en su
estandarte. Se dice que tras estas visiones, Constantino se convirtió de inmediato
al cristianismo.
Se piensa que la influencia de su familia fue en parte la causa de su adopción del
cristianismo. Se dice de Elena que probablemente naciera en una familia cristiana,
aunque no se sabe prácticamente nada de su entorno, exceptuando que su madre
era hija de un mesonero y que su padre fue un exitoso soldado, una carrera que
excluía la práctica abierta del cristianismo. Se sabe sin embargo que Elena realizó
en sus últimos años numerosas peregrinaciones. (Véase: Fiesta de las Cruces)
Constantino, siguiendo una extendida costumbre, no fue bautizado hasta cerca de
su muerte en 337, cuando su elección recayó sobre el obispo arriano Eusebio de
Nicomedia, quien a pesar de ser aliado de Arrio, aún era el obispo de la región.
Eusebio era también amigo íntimo de la hermana de Constantino, lo que
probablemente asegurara su vuelta desde el exilio.
Poco después de la batalla del Puente Milvio, Constantino entregó al papa
Silvestre I un palacio romano que había pertenecido a Diocleciano y anteriormente
a la familia patricia de los Plaucios Lateranos, con el encargo de construir una
basílica de culto cristiano. El nuevo edificio se construyó sobre los cuarteles de la
guardia pretoriana de Majencio, los Equites singulares, convirtiéndose en sede
catedralicia bajo la advocación del Salvador, substituida ésta más tarde por la de
San Juan. Actualmente se la conoce como Basílica de San Juan de Letrán. En
324 el emperador hizo construir otra basílica en Roma, en el lugar donde según la
tradición cristiana martirizaron a San Pedro: la colina del Vaticano, que
actualmente acoge a la Basílica de San Pedro.
El Edicto de Milán, promulgado por Constantino y Licinio en 313, despenalizó la
práctica del cristianismo y se devolvieron las propiedades de la Iglesia.
Anteriormente a este edicto, muchos cristianos habían sido martirizados en las
diferentes persecuciones a las que se habían visto sometidos.
Tras el edicto se abrieron nuevas vías de expansión para los cristianos, incluyendo
el derecho a competir con los paganos en el tradicional «cursus honorum» para
las altas magistraturas del gobierno, así como también ganaron una mayor
aceptación dentro de la sociedad civil en general. Se permitió la construcción de
nuevas iglesias y los líderes cristianos alcanzaron una mayor importancia (como
ejemplo de ello, los obispos cristianos adoptaron unas posturas agresivas en
temas públicos que nunca antes se habían visto en otras religiones)
Aunque el cristianismo no se convertiría en religión oficial del Imperio hasta el final
de aquel siglo (un paso que daría Teodosio en el 380 con el Edicto de Tesalónica),
Constantino dio un gran poder a los cristianos, una buena posición social y
económica a su organización, concedió privilegios e hizo importantes donaciones
a la Iglesia, apoyando la construcción de templos y dando preferencia a los
cristianos como colaboradores personales.
Como resultado de todo esto, las controversias de la Iglesia, que habían existido
entre los cristianos desde mediados del siglo II, eran ahora aventadas en público,
y frecuentemente de una forma violenta. Constantino consideraba que era su
deber como emperador, designado por Dios para ello, calmar los desórdenes
religiosos, y por ello convocó el Primer Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 de
julio de 325) para terminar con algunos de los problemas doctrinales que
infectaban la Iglesia de los primeros siglos, especialmente el arrianismo.
En sus últimos años de vida también ejerció como predicador, dando sus propios
sermones en el palacio ante su corte y los invitados del pueblo. Sus sermones
pregonaban el principio la armonía, aunque gradualmente se volvieron más
intransigentes hacia los viejos modos paganos. Las razones para este cambio de
postura son meras conjeturas. Sin embargo, aun al final de su vida siguió
permitiendo que los paganos recibieran nombramientos públicos. Ejerciendo su
poder absoluto, hizo recitar al ejército sus pregones en latín en un intento de
convertir a la clase militar al cristianismo, cosa que no consiguió. Comenzó un
extenso programa de construcción de iglesias en Tierra Santa, lo que expandió de
forma crucial la fe cristiana y permitió un considerable incremento del poder y la
influencia del clero.
Las leyes de Constantino
Las leyes de Constantino mejoraron en muchas facetas las de sus predecesores,
aunque también son un reflejo de una época más violenta. Algunos ejemplos de
estas leyes son:
Por primera vez, las niñas no podían ser secuestradas.
Se ordenó la pena de muerte para todos aquellos que abusaran de la
recaudación de impuestos recaudando más de lo autorizado.
No se permitía mantener a los prisioneros en completa oscuridad, sino que
era obligatorio que pudieran ver la luz del día.
A un hombre condenado se le podía llevar a morir a la arena, pero no podía
ser marcado en la cara, sino que debía serlo en los pies.
Los padres que permitieran que sus hijas fueran seducidas serían
quemados introduciéndoles plomo fundido por la garganta.
Los juegos de gladiadores fueron eliminados en 325, aunque esta
prohibición tuvo poco efecto.
El propietario de un esclavo tenía sus derechos limitados, aunque aun
podía golpear a éste o matarle.
La crucifixión fue abolida por razones de piedad cristiana, aunque el castigo
fue sustituido por la horca para mostrar que existía la ley romana y la
justicia.
La pascua podía ser celebrada públicamente.
El domingo fue declarado día de reposo el 7 de marzo del 321 sustituyendo
así el sábado por el domingo,4 en el cual los mercados permanecerían
cerrados, así como las oficinas públicas (excepto para el propósito de la
liberación de esclavos). No había restricciones para el trabajo en las
granjas
El Edicto de Milán (313), conocido también como La tolerancia del cristianismo,
fue un edicto promulgado en Milán que estableció la libertad de religión en el
Imperio Romano, dando fin a las persecuciones dirigidas por las autoridades
contra ciertos grupos religiosos, particularmente los cristianos. El edicto fue
firmado por Constantino I y Licinio, dirigentes de los imperios romanos de
Occidente y Oriente, respectivamente.
En el momento de la promulgación del edicto, existían en el Imperio cerca de
1.500 sedes episcopales y al menos de 5 a 7 millones de habitantes de los 50 que
componían al imperio profesaban el cristianismo.[1] Después de la aprobación, se
inició según se conoce por los historiadores cristianos, la Paz de la Iglesia.
Antecedentes
Anteriormente, en el año 311 el emperador Galerio había emitido en la ciudad un
edicto conocido como el "Edicto de Tolerancia de Nicomedia". En él se concedía
indulgencia a los cristianos y se les reconocía su existencia legal y libertad para
celebrar reuniones y construir templos para su Dios por lo que la persecución de
los mismos finalizaría.
"Habiendo recibido esta indulgencia, ellos habrán de orar a su Dios por nuestra
seguridad, por la de la República, y por la propia, que la república continúe intacta,
y para que ellos puedan vivir tranquilamente en sus hogares."[Emperador Galerio]
Desarrollo
En un intento por reintegrar el imperio romano bajo una sola autoridad, Licinio se
armó en contra de Constantino. Como parte de su esfuerzo para ganarse la lealtad
del ejército, Licinio eximió al ejército y los funcionarios públicos de la práctica de la
política de tolerancia que imponía el edicto, permitiéndoles continuar la
persecución de cristianos. Como consecuencia de esta orden, algunos cristianos
perdieron sus propiedades y hasta la vida. De ese entonces sobrevive una
leyenda, que cuenta de 40 cristianos en Sevaste, al negarse a ofrendar vino a los
dioses paganos, fueron torturados y encarcelados. Al rehusar aún participar en el
rito, fueron obligados a mantenerse de pie desnudos sobre el hielo del invierno
hasta la congelación. Unos cuantos cedieron y aceptaron renunciar al cristianismo
con tal de acompañar a los soldados en las fogatas, al mismo tiempo que un
número igual de soldados decidieron confesar su hasta entonces secreta devoción
al cristianismo y se unieron a aquellos en el hielo. Cuenta la tradición que
descendieron del cielo ángeles, quienes colocaron coronas en las cabezas de los
mártires.
En el año 324 se reanuda la guerra entre ambos imperios. Constantino logra
vencer el 3 de julio de ese año al ejército de Licinio en la Batalla de Adrianópolis
cercándolo dentro de las murallas de Bizancio. Por otro lado, gracias a la victoria
que consigue el primogénito de Constantino, Flavio Julio Crispo, sobre la flota de
Licinio, obliga a este a retirarse a Bitinia donde pierde su último puesto el 18 de
septiembre durante la Batalla de Crisópolis. Constantino entonces ganó la sola
posesión del imperio, y ordenó que Licinio fuera internado en Tesalónica, donde
intentó alzarse en armas y fue ejecutado por traición.
Características
El edicto o constitución imperial fue aprobado entre otra serie de medidas tomadas
en conjunto por los emperadores romanos de oriente y occidente en junio del año
[Link] el mismo se establecía lo siguiente:
"Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad
de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual se ejercite
en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que,
tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su
secta y religión... que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre
facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere
el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven
bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo
criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia
de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien sea lícito a cada
uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle".
Copias de las constituciones imperiales de Constantino y Licinio, traducidas del
latín al griego
Consecuencias
El edicto de Milán no sólo significó el reconocimiento oficial de los cristianos sino
que trajo como consecuencia profundos cambios dentro del Imperio Romano, así
como el comienzo de la expansión de la Iglesia. El ejercicio del edicto devolvió a
los cristianos sus antiguos lugares de reunión y culto, así como otras propiedades,
que habían sido confiscadas por las autoridades romanas y vendidas a
particulares: “las propiedades habrán de ser devueltas a los cristianos sin exigir
pago o recompensa de ningún tipo, y sin admitir ningún tipo de fraude o engaño”.
Esto le brindó al cristianismo (y a cualquier otra religión) un estatus de legitimidad
junto con el paganismo, y en efecto, depuso al paganismo como la religión oficial
del imperio romano y de sus ejércitos.
Todavía no se han recuperado registros en piedra del edicto. Las citas que se le
conocen provienen de los capítulos 35 y 48 del documento histórico De mortibus
persecutorum (latín: “Sobre la muerte de los perseguidores”), escrito por el
sacerdote católico Lactancio.
CONCILIO DE NICEA
El primer Concilio ecuménico se celebró en el año 325 en Nicea (actualmente
Iznik), ciudad de Asia Menor en Turquía y fue convocado por el Emperador
Constantino I el Grande, por consejo del obispo San Osio de Córdoba
El objetivo de Constantino era mantener unido el Imperio romano, en grave riesgo
de división, unificando a las diversas facciones religiosas que en ese momento se
enfrentaban por distintas creencias. Existían tres corrientes cristológicas del
cristianismo en siglo IV, que básicamente disentían en la relación y naturaleza del
Hijo respecto al Padre:
La primera era el arrianismo, comandado por el presbítero Arrio de
Alejandría y Eusebio de Nicomedia, quien sostenía que el Hijo, que
se había encarnado en Jesús de Nazaret, era el unigénito de Dios y
que por lo tanto tenía un origen temporal, la primera de las criaturas
creadas, y por ello no era coeterno con su Padre, tal como ya habían
defendido el obispo protegido por la reina Zenobia, Pablo de
Samosata.
La segunda corriente, opuesta a la anterior, sostenía que el Hijo de
Dios era ontológicamente igual al Padre, ambos el mismo Dios, pues
Padre e Hijo tenían la misma substancia
(ομοουσιος):consustancialidad. El obispo Alejandro de Alejandría, y
su diácono Atanasio, defendían esta postura.
Posteriormente se desarrolló una tercera posición, intermedia entre
las dos anteriores, cuyos seguidores son generalmente conocidos
como semiarrianos. Eusebio de Cesarea fue uno de sus principales
representantes. Los semiarrianos afirmaban que el Hijo no tenía un
inicio temporal, pero debía considerarse al Padre como
precediéndolo en existencia. Los semiarrianos afirmaban que el Hijo
era de una substancia similar (ομοιουσιος) pero no igual a la del
Padre.
Tras la victoria del bando que defendía la consustancialidad, Arrio fue considerado
hereje, por negarse a aceptar la declaración final del Concilio, y excomulgado
junto a otros dos obispos.
Asistieron al Concilio más de trescientos obispos. El Emperador designó a Osio de
Córdoba para que hablara en su nombre, y el Papa San Silvestre I envió dos
sacerdotes romanos: Víctor y Vicentius para que le representasen. Casi todos los
padres conciliares condenaron la doctrina de Arrio, que afirmaba que el Hijo era
una creación de Dios. Sin embargo, los semiarrianos, que eran la gran mayoría en
el Concilio, se opusieron a la palabra ομοουσιος (consustancial), propuesta por
Atanasio, debido a que ésta sugería que el Padre y el Hijo eran lo mismo.
Finalmente se decidieron en favor de Atanasio, proclamando que Jesús era
consustancial con el Padre (ομοουσιον τω πατρι). Con esta fórmula como base, se
compuso el Credo Niceno en el que se resumía la doctrina cristiana,
particularmente en lo que se refiere al Logos. Este símbolo o credo se propuso
inmediatamente en la asamblea. Su frase fundamental era: engendrado, no hecho,
consustancial con el Padre.
El emperador Constantino declaró que aquellos que no aceptasen este símbolo
serían desterrados. Arrio y Eusebio de Nicomedia no firmaron el credo y por lo
tanto fueron condenados al exilio y la quema de todos sus libros. Sin embargo,
Constantino fue finalmente bautizado por Eusebio de Nicomedia, que seguía
siendo el ordinario y al que se le habían mantenido sus dignidades eclesiásticas.
Posteriormente se levantó la condena civil a la doctrina arriana y Arrio fue
perdonado, aunque murió repentinamente en circunstancias extrañas cuando iba a
ser investido de nuevo con sus privilegios eclesiásticos.
Eusebio de Cesarea en su obra "Vida de Constantino", presenta al Emperador
participando e influyendo activamente en el desarrollo del Concilio. Sin embargo,
el autor J. M. Sansterre , en su obra “Eusebio de Cesarea y el nacimiento de la
teoría cesaropapista”, ha rebatido esta posición, señalando que la actuación de
Constantino fue respetuosa de los temas que eran de estricta competencia de los
Padres Conciliares.
Una de las decisiones del primer Concilio de Nicea que tendría más
consecuencias prácticas fue la determinación de las normas para el cálculo de la
fecha de la Pascua. El seguimiento de dichas normas acabó dando lugar a la
reforma gregoriana del calendario en 1582. Por el tema de rechazar la teoría de
Arrio se trató también el tema de la Filiación Divina de Jesucristo y se aceptó la
Doctrina de Atanasio por la que la Trinidad y la naturaleza de Jesús se
establecieron en un lenguaje comprensible y didáctico.