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Avila-Kirby - Vila-Cap I - II-III Algo Habran Hecho

El documento analiza la violencia de género en San Juan, Argentina, en un contexto de exclusión social y patriarcado, destacando la necesidad de un acceso efectivo a la justicia para las mujeres víctimas. A pesar de los cambios legislativos desde la reforma constitucional de 1994, las prácticas institucionales siguen fallando en proteger a las mujeres, especialmente a las más vulnerables. Se enfatiza que la violencia de género es un fenómeno estructural que perpetúa la desigualdad y requiere un enfoque integral que incluya la participación activa del Estado y la sociedad en la protección de los derechos humanos.

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Avila-Kirby - Vila-Cap I - II-III Algo Habran Hecho

El documento analiza la violencia de género en San Juan, Argentina, en un contexto de exclusión social y patriarcado, destacando la necesidad de un acceso efectivo a la justicia para las mujeres víctimas. A pesar de los cambios legislativos desde la reforma constitucional de 1994, las prácticas institucionales siguen fallando en proteger a las mujeres, especialmente a las más vulnerables. Se enfatiza que la violencia de género es un fenómeno estructural que perpetúa la desigualdad y requiere un enfoque integral que incluya la participación activa del Estado y la sociedad en la protección de los derechos humanos.

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¿ALGO HABRAN HECHO?

UNA MIRADA CRÍTICA DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN SAN JUAN.1

1
En un contexto de exclusión social, discriminación y deshumanización, atravesados por la violencia, la
precariedad/riesgo/vulnerabilidad, aumentan las víctimas de múltiples criminalidades, la contaminación ambiental y/o
alimentaria, los genocidios y terrorismos de Estado, la discriminación étnica, la violencia en todas sus expresiones y
particularmente la violencia género.
La problemática de la violencia de género se incorpora a la agenda de los Organismos Internacionales, de los
Estados, de las Instituciones Académicas, y se crean ONGS de Mujeres especialmente en dicha temática, a partir de la
acción de los grupos feministas del ’60, que visibilizan la extensión de este fenómeno y al mismo tiempo conceptualizan
al patriarcado como modelo explicativo de la violencia de género, bajo el slogan de que lo “personal es político”,
develando no solo la violencia pública sino la privada.
En nuestro país la reforma Constitucional de 1994 incorpora derechos internacionales referidos a la problemática de
género, produciendo algunos cambios en las Políticas Públicas, en materia de Justicia, de Seguridad y Salud. No
obstante, los procesos de interiorización y comprensión de dichas modificaciones no se reflejan en forma inmediata en
las prácticas de las instituciones encargadas de impartir justicia y derechos amenazando la integridad, la vida y la paz
social especialmente de las mujeres pobres.
El libro sintetiza los resultados del proyecto de investigación “La violencia de género en el ámbito público y privado y
el acceso a la justicia en la provincia de San Juan”, realizado en el marco de la convocatoria de proyectos del
C.I.C.I.T.C.A., financiados por la Universidad Nacional de San Juan los entre los años 2011 y 2013. (En Introducción, Pp.
4-5)

1
Capítulo I

ACCESO A LA JUSTICIA DE MUJERES SANJUANINAS VICTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO2

Autora: Mag. Laura Ávila

INTRODUCCION

En este capítulo se describe el proceso de acceso a la justicia3, de mujeres que atraviesan situaciones
de vulnerabilidad extrema cuando son víctimas de violencia explicita, luego de la descalificación, insulto,
vejación y golpe, situación que las lleva acudir a la justicia para ser reparadas y protegidas de un daño
mayor que a menudo culmina en femicidio. El artículo aborda a víctimas mujeres de diferentes sectores
sociales de la provincia de San Juan, Argentina, durante el período de 2011-2013, quienes pretenden
acceder a los recursos materiales y simbólicos que posee el Estado en el Poder Judicial y en Instituciones de
Seguridad, a través de las políticas o las no políticas que re-victimizan y obstaculizan la accesibilidad a la
justicia4, partiendo para este estudio de la doctrina de la Seguridad Humana y la Teoría de Género.

2
Birgin Haydee, Derechos universales, realidades particulares Unicef, Bs As 2003. “El acceso a justicia es un derecho
humano para garantizar los derechos a todos por igual cuando otros derechos son violados, reclamando su
cumplimiento ante tribunales, para garantizar la igualdad ante la ley”.
3
Torti, Sonia: “Justicia Penal Juvenil. Algunas respuestas desde la Teoría del Derecho”. Revista Interferencia. Derechos y
Seguridad Humana. Juventudes, medios y conflictividad. Vol. 1, Nº 2, Año 2011:. “Los derechos existen como un
conjunto de metas axiológicas, luego se positivizan en una norma concreta, y más tarde para que sean algo más que
pura letra de la ley deben existir una serie de vías que los garanticen, que permitan su viabilidad en la realidad.(…), el
acceso a la justicia constituye en primer lugar un instrumento para poder alcanzar el efectivo ejercicio de los demás
derechos. En segundo lugar su consecución establece y consagra plenamente el derecho de igualdad. Desde una mirada
política, el derecho es la cara del Estado que nos muestra de qué modo los ciudadanos han sido incluidos en la
sociedad. Al analizar las condiciones de esta inclusión, quedan al descubierto profundas situaciones de desigualdad que
pueden ser revertidas si el acceso a la justicia como derecho dinámico también está al alcance de todos los
ciudadanos”.
4
La Seguridad Humana4 instituida para lograr un mundo “libre de necesidad y libre de miedo” se promulga a partir de la
creación de la Comisión de Seguridad Humana en enero de 2001, como respuesta al llamamiento realizado por el
Secretario General de la ONU en la Cumbre del Milenio de 2000. La necesidad de un nuevo paradigma de seguridad
está relacionado con dos conjuntos de dinámicas: En primer lugar, la seguridad humana es fundamental a la hora de
responder a la complejidad y la interrelación de las amenazas para la seguridad, tanto conocidas como nuevas, que van
desde la pobreza crónica y persistente hasta la violencia étnica, pasando por el tráfico de personas, el cambio climático,
las pandemias, el terrorismo internacional y el empeoramiento repentino de la situación económica y financiera. Dichas
amenazas tienden a adquirir dimensiones transnacionales y trascienden las nociones tradicionales de seguridad, que se
centran exclusivamente en las agresiones militares externas. En segundo lugar, la seguridad humana es necesaria como
un enfoque integral que utiliza el amplio espectro de nuevas oportunidades para hacer frente a dichas amenazas de

2
La Seguridad –desde una perspectiva integral y transdisciplinaria- asociada a la “Seguridad Humana,5 a
la “Política Integral y a la Protección de Derechos Humanos y Fundamentales”, se incorpora para interpretar
los derechos fundamentales poniendo el acento en las personas, evitando de este modo considerar a la
Seguridad del Estado como un objetivo superior por encima de la seguridad de las partes, seguridad que se
aplica no solo para el control de la criminalidad, sino como fundamento irrestricto para garantizar los
Derechos Humanos de todos los habitantes de un país. A partir de esta conceptualización se concretan
“derechos y se posibilita la accesibilidad a la justicia”, ya que a menudo éstos se promulgan y se fijan en letra
pura, tornándose abstractos e ineficientes para los sectores más vulnerables de la sociedad, en nuestro caso
particular las mujeres de diferentes clases sociales, edades, religiones y etnias.
Interrupciones militares y antidemocráticas en diferentes estados africanos, latinoamericanos y
asiáticos en los 70´, junto con el desmonte del estado de bienestar coadyuvaron a aumentar la tasa de
desempleo, la fragmentación social, la discriminación y violencia étnica, generacional y de género, afectando
la consolidación de democracias independientes, el acceso a justicia y el cumplimiento de los derechos
humanos.
En este contexto, nuevos acuerdos internacionales en materia de derecho, justicia y seguridad se
concretarán en la doctrina de la “seguridad humana” cuya “ centralidad es el hombre como sujeto de
derechos, a quien el Estado debe proteger y la sociedad, un escenario en el que emergen conflictos y a la que
se debe incorporar con nuevos protagonismos y en co-responsabilidad con los agentes del estado como los de
la policía, los de justicia, salud, educación, etc. para enfrentar los problemas de su seguridad. Estado y
Sociedad se complementan para generar respuestas democráticas y acordes a las necesidades sociales de la
actualidad, dentro del marco normativo específico del Estado de Derecho” 6.
Para Naciones Unidas la “Seguridad Humana” permite ampliar las opciones de las personas, satisfacer
las necesidades básicas y realizar la dignidad personal. Ejercer estas opciones es promover los DDHH y según
el Documento del Comité de Expertos de Naciones Unidas sobre Drogas y Violencia, San José de Costa Rica,
1999, avalar de manera consecuente el imperio de la ley para lograr la reducción de la criminalidad; la
democratización de las relaciones; la gobernabilidad y la solución pacífica de los conflictos.
A nivel nacional, la Constitución Nacional de 1994, incorpora en el Art. 75- inciso 22; Declaraciones,
Convenciones, y Pactos complementarios de derechos y garantías, inspirados en los derechos humanos a

una forma integrada. Las amenazas para la seguridad humana no pueden tratarse sólo a través de mecanismos
convencionales. Al contrario, es necesario un nuevo consenso que reconozca los vínculos y las interdependencias entre
desarrollo, derechos humanos y seguridad nacional. La CSH, en su informe final Human Security Now, define la
seguridad humana como:“…protección del núcleo vital de todas las vidas humanas de forma que se mejoren las
libertades humanas y la realización de las personas. (CSH: 2003: 4)

6
Zaffaroni, Raúl Eugenio “En busca de las penas perdidas. Deslegitimación y Dogmática Jurídico Penal”. Ed. Ediar, Bs. As.
1989

3
través de tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales y los
concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes. A posteriori
se Implementarán nuevas políticas públicas y rediseños institucionales acordes, que coexisten con leyes
penales, reglamentos y dispositivos de control penal de marcado corte autoritario en los agentes encargados
de impartir justicia. Esta situación genera tensiones que impactan en las dinámicas socio-institucionales y en
las representaciones sociales de los operadores sociales y jurídicos encargados de administrar y ejecutar
justicia y de atender las situaciones de victimización y de prevención de la violencia.
En este sentido, es importante conocer el impacto del nuevo paradigma de DDHH en las instituciones
y en las prácticas de dichos responsables ya que el acceso a la justicia no se circunscribe sólo a la existencia
formal de recursos judiciales, leyes, y programas específicos de atención sino también a que éstos sean
idóneos para investigar, sancionar y reparar las violaciones denunciadas, y sobre todo preservar de mayor
daño.
En el caso de las mujeres víctimas de violencia el “acceso a justicia” comprende la obligación de
proveer recursos judiciales sencillos, rápidos, idóneos e imparciales de manera no discriminatoria, para
investigar, sancionar y reparar estos actos, y prevenir de esta manera la impunidad (Informe sobre Violencia,
CIDH, 2007).

Género, Derecho, Justicia.

La violencia contra la mujer no es igual a todas las violencias, desde la teoría de género se profundizan
estos estudios a partir de la segunda mitad de la década del ochenta, develando que la base de dicha
violencia se encuentra en la desigual distribución de poder entre los géneros. La categoría género aboga por
la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres y por el respeto de los derechos de la mujer para lograr
la equidad de género.
El "sistema sexo/género", es el conjunto de arreglos por medio de los cuales una sociedad transforma
la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y dentro de los cuales estas necesidades
sexuales transformadas son satisfechas como producto de construcciones históricas.
El Contrato social que da lugar al surgimiento del Estado-nación en la modernidad, legitima la
existencia del orden burgués y el orden patriarcal en forma simultánea. Este período se desarrolla según
Federici, como "uno de los períodos más sangrientos de la historia de Europa, al coincidir la caza de brujas, el
inicio del tráfico y comercio de esclavos y la colonización de América, para aumentar a cualquier precio los
ejércitos de reserva”7. El Capitalismo se entrelaza y articula con el patriarcado a través de la división sexual

5 Federici Silvia (2004) Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria- Ed Traficantes de Sueños- Madrid.
6 El Código Civil de Napoleón (1804). Las mujeres quedan nuevamente bajo la patria potestad o bajo el poder del
marido. Art. 213: “el marido debe protección a su mujer, la mujer obediencia a su marido. Art. 214:”la mujer está
obligada a habitar con su marido y debe seguirle adonde él estime conveniente deberán vivir”. Art. 215: “La mujer no

4
del trabajo, que asigna el trabajo reproductivo al ámbito privado del hogar llevado a cabo por las mujeres y
por otra parte fija la exclusividad del trabajo productivo a los varones en el ámbito público.
En la temprana modernidad estas diferencias se normativizan y legalizan a través del discurso del
“Código de Napoleón”8 el que posteriormente será incorporado en todas las constituciones americanas,
sustentadas por la concepción de inferioridad y predisposición natural de las mujeres que deben obediencia
al marido.
El feminismo y la teoría de género como teoría y práctica política impulsan a posteriori una
deslegitimación de la discriminación contra las mujeres como sujetos de derechos para reafirmar la lucha
por la igualdad entre los dos sexos, desmontando la visión patriarcal de la realidad, y la resignación con que
las mujeres aceptan en la mayor parte del mundo una subordinación que se hace pasar por su “destino”.
Luego de la primera y segunda ola del feminismo y comienzos de la tercera ola, nuevos interrogantes
y reflexiones se abren para comprender la desigualdad sexual en toda su extensión. Ana de Miguel Álvarez,
2007, dilucida una de las problemáticas más naturalizadas en el mundo doméstico como es la violencia de
género, la que a partir de la última década ha experimentado un cambio de interpretación, sale de la esfera
personal, privada, para hacerse visible en la esfera pública, y desde allí visibiliza la relación estructural que
posee con el sistema de dominación patriarcal que la produce.
Esta visibilización es producto de los años de agitación política y de cambios sociales y culturales de
los 60´, años en que bajo el eslogan “lo personal es político” cambia el propio concepto de lo político, ya que
los movimientos sociales se erigen en protagonistas de la lucha contra un sistema total que se legitima en la
universalidad de sus principios. En este contexto se desarrolla un marco estructural para explicar el sentido y
el alcance de la violencia contra las mujeres a través del concepto de patriarcado, mostrando formas de
opresión y legitimación propias y distintas, no sólo relacionadas con la desigualdad en la esfera de lo público
sino muy fundamentalmente en las prácticas de la esfera de lo privado.
En su obra Política sexual, Kate Millett, 1975, explicita que el patriarcado ejerce su dominación, no
sólo con fuerza, sino a través de un sistema de valores, conceptos, significantes, símbolos, mitos, estereotipos
tan sólidos que los aceptamos como naturales, de manera tan firme, universales y prolongados que no
necesitamos afianzarlos con violencia. Sin embargo, como toda imposición dominante, como el racismo y el
colonialismo, la sociedad patriarcal ejerce su coacción eficazmente a través de la fuerza, instrumento de
intimidación constante”. Continúa explicitando que la violencia contra las mujeres deja de ser un suceso, un

puede estar en juicio sin la autorización del marido. La mujer, aunque los bienes sean comunes o separados, no puede
donar, vender, hipotecar, adquirir, a título gratuito u oneroso, sin la autorización de su marido en el acto o su
autorización por escrito". Art. 226: "La mujer puede testar sin la autorización de su marido".

5
problema personal entre agresor y víctima para definirse como violencia estructural sobre el colectivo
femenino.
Esta nueva mirada que nos propone la autora, es un aporte para deslegitimar un hecho que en
general por naturalizado pasa inadvertido para el “colectivo” de las mujeres. Se justifica en el hecho de que
siempre existió, solo que hoy se conoce más porque hay más ámbitos de denuncias. Este argumento implica
una actitud de conformismo y connivencia ante un hecho que demuestra en su base una ideología sexista
que se repite en el refrán popular sanjuanino de que “por algo será o “algo habrán hecho”.
La violencia de género como sistema estructural tiene una función de refuerzo y reproducción del
sistema de desigualdad sexual. Su existencia doblega la voluntad de las mujeres, cercena sus deseos de
libertad, existe cuando hay una asimetría en las relaciones de poder entre varones y mujeres, que perpetúa la
subordinación y desvalorización de lo femenino. Esta necesidad estructural de violencia que legitima al
patriarcado es quizás la norma más invisibilizada de reconocer en aquellas sociedades en las que se han
naturalizado otras dominaciones (racista, coloniales, económicas), la violencia reside en este caso en que el
factor de riesgo es el sólo hecho de ser mujer, M.A. Banchs, (2001).
La estructura que subordina lo femenino a lo masculino se legitima con el paradigma patriarcal del
orden; parte del Derecho como aquel discurso que impone reglas de conducta y organización y las regula
desde un modelo de orden donde todos aquellos que atenten contra el mismo son considerados peligrosos
para la sociedad y deben ser sometidos a sanción y castigo. Ese orden social se organiza a partir de personas
que desempeñan, cada una de ellas un rol y cumplen una función de cohesión y coerción moral en la
sociedad. Todo aquello que prorrumpa esas estructuras será considerado disfuncional o desviado. En
nuestras sociedades esta estructura se organiza desde la oposición hombre-mujer y masculino-femenino y
en donde los primeros elementos de cada par son los de una posición jerárquica superior, racional y
productiva, fijando los roles y funciones femeninas en las tareas reproductivas del hogar. A la estructura que
se regula desde esta oposición jerárquica, relacional y de dominio, de lo masculino sobre lo femenino, se la
denomina sociedad patriarcal, legalizada y legitimada por el discurso jurídico. Si el género es una variable de
poder transversal a las sociedades, entonces el discurso jurídico9 reproduce las relaciones de poder. Si las
mujeres han sido históricamente relegadas a una posición subordinada en la humanidad, entonces el
discurso del Derecho moderno reproduce la desigualdad sexual y genérica legitimando moralmente el orden
de la sociedad patriarcal.

9
Ruiz, Alicia. La construcción jurídica de la subjetividad no es ajena a las mujeres, en Birgin H. Compil. “El derecho en el
género y el género en el derecho.” Ed. Biblos Bs. AS.2000 “El discurso jurídico es un discurso social y como tal dota de
sentido a la conducta de los seres humanos y los convierte en sujetos, su función es legitimar el poder, que habla,
convence y seduce a través de la ley.

6
La relación entre la sociedad patriarcal y la victimización de las mujeres que sufren violencia, pone en
debate la eficacia del paradigma del orden y el uso del derecho penal como instrumento de clase al servicio
del poder, desde una perspectiva de cambio social progresista y feminista. Este debate tiene su
particularidad en torno al “acceso a la justicia” de las mujeres que sufren violencia y que han logrado
judicializar las agresiones de las que son víctimas. Hay consenso sobre la necesidad de ampliar y endurecer
los tipos penales y exigir la aplicación de la ley, por el ejemplar valor simbólico del castigo, ya que aquellas
conductas que no están penadas o reconocidas como violaciones y delitos; se silencian, se ocultan, se
patologizan, porque no parecen especialmente graves, siendo un comportamiento “representativo” que se
observa por parte de las agencias encargadas de “impartir justicia” al momento de tratar hechos de violencia
de género.

2. Las Construcciones Socio-culturales: Reglamentaciones, Instituciones y Discursos sobre la Violencia de


Género.
Marco Regulatorio

El acceso a la justicia es un derecho humano plasmado normativamente a partir de la Declaración


Universal de los Derechos Humanos. En su art.8 expresa: “Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo
ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos
fundamentales reconocidos por la constitución o la ley”.
En nuestro país, la Constitución Nacional y sus diferentes reformas, vigente muchos años antes que
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, (1948) en su art. 43, establece que: “Toda persona
puede interponer acción expedita y rápida de amparo,…contra todo acto u omisión de autoridades públicas o
de particulares, que en forma actual o inminente, LESIONE, RESTRINJA, ALTERE O AMENACE, con
arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o
una ley….” . Es así que el acceso a la Justicia, no es una declaración de posibilidad sino una obligación del
Estado que desde el poder público estatal, se extiende a todos sin discriminar por sexo, raza, religión, etc.
Desde la Convención contra Todas la Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW) en 1975, se
promueve la protección de derechos universales, pero es recién en la Declaración de los Derechos Humanos
de Viena, 1993, donde es reconocida la violencia contra la mujer como una vulneración de los derechos
humanos. En la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing, se fija la obligación de los gobiernos de
establecer medidas para eliminar o por lo menos limitar la violencia contra la mujer haciendo hincapié en
tareas que garanticen la legislación, capacitación y orientación al personal judicial y policial, y a médicos,
enfermeras y trabajadores sociales para detectar los maltratos perpetrados contra las mujeres, y apoyar los
centros de acogida que brindan protección.

7
Estos acuerdos internacionales se difunden y se avalan en la mayoría de los países de América Latina,
se ratifica la Convención de la CEDAW; la Convención de Belem do Pará y la aprobación por parte de la
CEPAL de un Plan de Acción Regional sobre la integración de la mujer en el desarrollo económico y social de
América Latina, que se refleja en el avance de la legislación y el estudio doctrinario respecto del status
jurídico de las mujeres latinoamericanas, como fundamento jurídico para erradicar la desigualdad y
discriminación contra las mujeres”10, y por ende la violencia contra la mujer.
Respecto el tema que nos ocupa, la Argentina incorporó al texto legal de la Constitución Nacional
1994, los tratados internacionales mencionados como el referido CEDAW y a partir de ese momento se
sancionaron la gran mayoría de leyes provinciales de Violencia Familiar, se modificó la legislación penal en el
año 1999 y se dictaron distintas disposiciones administrativas. En diciembre de 1994, se sanciona la Ley N°
24.417 de Protección contra la Violencia Familiar, reglamentada en marzo de 1996 por Decreto 235/96. Con
relación al marco legislativo y, teniendo presente la organización federal del Estado Argentino su ámbito de
aplicación es la Ciudad de Buenos Aires, por lo que las jurisdicciones provinciales son invitadas a adherir a la
misma. En 22 provincias sobre un total de 23, las legislaturas respectivas han sancionado leyes de violencia
familiar, la mayor parte ellas luego de la ratificación de la Convención.
Posteriormente se avanza con la aprobación específica de la Ley Nº26.485/09 de Violencia de Género
para su aplicación en el ámbito público y privado. Esta ley que tiene rango constitucional se coloca en el nivel
de jerarquía normativa más alto en el país. Esto significa que, a la hora de fundar normativamente
la sentencia en un caso concreto de violencia de género, el juez debe mirar en primer lugar las normas de
mayor jerarquía de la Constitución Nacional que bajo ninguna circunstancia escudan la existencia de un vacío
legal a nivel regional o provincial. Sin embargo, a pesar de ser un derecho incorporado en nuestro país, se
observan deficiencias en la aplicación de la norma, en la provisión de servicios y en el acceso a la justicia por
parte de las víctimas de violencia de género11.
El estudio en profundidad por parte del Secretario de las Naciones Unidas y los últimos informes de
CEPAL reconocen los esfuerzos realizados hasta la fecha, pero también señalan la carencia de recursos
destinados a la prevención, sanción y erradicación de todas las formas de violencia contra la mujer y la
arbitrariedad en el ámbito judicial y policial, donde a menudo las víctimas no encuentran ni la oportuna
sanción a los perpetradores, ni la adecuada protección.

10
Avila, L; Kirby, S; López, E.; Prolongo, S. ; Meglioli, V.; Candelero, M.E; Córdoba, Dolores; Dominguez, Marcos;
Alumnas Avanzadas: Tejada G. y Bonilla, N.: Políticas Públicas y Acceso a la Justicia de Víctimas de Violencia de Género
en la Provincia de San Juan. 6To. Encuentro de Investigaciones de Ciencias Sociales de la región Centro –Oeste y 3º
Binacional con la IV Región de la República de Chile.
11
Ibidem

8
Para la CEPAL existe un gran déficit en la prevención que explica la mayor visibilidad de la violencia en
la esfera policial y penal, hasta donde llegan los casos que no se pudieron evitar y donde suelen permanecer
porque no se encuentra justicia oportunamente. Sin embargo, la existencia y reconocimiento de los
organismos supranacionales garantizan el comportamiento y cumplimiento de los derechos humanos de los
gobiernos locales, se amplía la jurisdicción nacional para traspasar las fronteras y el poder de reclamar ante
estos órganos como por ejemplo la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El último informe de la
ONU expresa que: que las normas, el Derecho, no siempre se adecuan a los valores imperantes y a la
realidad de la sociedad y del Estado donde van a tener vigencia las mismas. No es suficiente contar con una
ley, ésta debe ser aplicada.

3. La Acción Jurídica en la Provincia de San Juan; Argentina: Precursora en Derechos contra la Violencia de
Género y su Sustitución por la Ley de Violencia Familiar

Formalmente los procesos de asignación de DDHH en los diferentes territorios del país y
latinoamericanos van ampliando y reparando las brechas de acceso a derechos de las personas, conforme el
aporte de los tratados internacionales. Sin embargo, en nuestra provincia las leyes y normativas a partir del
2008 en el tema de violencia de género, son contrarias a las convenciones internacionales, mostrando un
retroceso normativo. La demostración de esta situación es la sanción de la nueva ley de violencia familiar,
Ley Nº7943, que deroga en su artículo 63 la anterior ley Nº 6.542/96 de Prevención de Violencia contra la
Mujer y sus modificaciones.
La ley 6542/96, fue precursora en este tema, e incorporada en la provincia siguiendo la
implementación de las disposiciones de la Convención de Belem do Pará, a tres meses de la realización de
ésta, en ese sentido dicha Ley (6542/96), derogada a posteriori, también fue precursora de la ley nacional
25485/09, ya que planteaba en su art. 1, desde una perspectiva innovadora, la noción de violencia de
género, haciendo hincapié en la integridad física y psíquica de la mujer, con el fin de “prevenir, erradicar y
sancionar todo tipo de violencia contra la mujer en el ámbito provincial”, reconociendo la autonomía de la
mujer con independencia del grupo familiar y en un pie de igualdad con el varón.

3.1 Retroceso Normativo en Materia de Derechos de Mujeres

A partir de la nueva ley de violencia, ley Nª 7943 en su art 1º. Explicita el objeto: (…) a) La prevención y
sanción de la violencia en el ámbito de las relaciones familiares. Priorizando respecto de los niños, niñas,
adolescentes, las mujeres, los adultos mayores, las personas con capacidades especiales y demás miembros.
b) La asistencia integral de los integrantes de las familias involucradas en situaciones de violencia. c)
Resguardar la institución familiar, como célula social básica y fundamental de toda la comunidad, en pos de
una sociedad sana y justa.- En su art. 4: Define la “violencia familiar” como toda acción, omisión, abuso o

9
maltrato dirigido a dominar, someter, controlar o agredir la integridad física, psíquica, moral,
psicoemocional, económica, sexual y/o la libertad de una persona que tenga lugar dentro de la familia o
unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, ya sea que el agresor haya o no compartido el
mismo domicilio que la víctima.
A partir de estos artículos queda demostrado que la prioridad de derechos y garantías de la legislación
provincial es la familia, célula básica de la sociedad, porque (la familia) es un bien inviolable, de orden
superior, que no deben alterarse por la voluntad de los particulares, en nuestro caso, la mujer víctima de
violencia de género.

4. Los Discursos Jurídicos


“La prioridad es la familia”

El cambio de normativa (Ley 7943/08) está presente en los discursos de los referentes representativos
del Poder Judicial. Ninguno de los magistrados, bajo ninguna circunstancia de violencia de género, se aparta
de la ley provincial de violencia familiar y ninguno apela a la ley nacional de violencia contra la mujer en caso
de mayor daño.
Un Juez de Familia, explicita respecto a esta nueva ley: “San Juan fue de las primeras provincias en el
orden nacional que tuvieron una ley de violencia contra la mujer, la ley Nº 6542/96, esa ley luego se modificó
para que no sea contra la mujer sino violencia familiar, niños, ancianos, cambió el enfoque…”, lo mismo dice
la Defensora Oficial de Pobres y Ausentes “…en la nueva ley provincial no se protege contra la violencia de
género porque da prioridad a la familia, es una mirada más abarcadora que resguarda a todos los
integrantes de las relaciones familiares…”.
Esto significa que el nuevo enfoque familiar diluyó la protección específica a la mujer, regulando
diversos procedimientos de los organismos que intervienen en materia de violencia familiar en el estado
provincial. La nueva ley significó una vuelta al paradigma del orden patriarcal cercenando derechos
específicos de las mujeres invisibilizando la inequidad de género, contrario al paradigma de la seguridad
humana, por el cual nuevos derechos humanos entrarían en vigencia desde 1996. Este retroceso se
produce a partir del 2008 y que es justificada por sus autores contradictoriamente “… para mejorar, agilizar
no la problemática de la mujer violentada sino la violencia familiar, (…) esa ley luego se modificó para que no
sea contra la mujer sino violencia familiar, niños, ancianos, cambió el enfoque, ya que el tema violencia
contra la mujer aquí llegaba normalmente vía incidentes dentro del juicio de divorcio, separación, como
procedimiento judicial, era un procedimiento ágil, era más rápido que una cautelar, un procedimiento que
era prácticamente una autosatisfactiva, no había contradictorio, era la amplitud de la prueba, se lo trataba
como cautelar, era un procedimiento muy ágil y que era práctico para trabajarlo acá, cuando quisieron
cambiar yo les dije,¡ cómo! aquí tenemos una ley que funciona...”.

10
Los jueces en su mayoría consideran que la nueva ley significó un salto cualitativo, “… porque suplió lo
que faltaba, qué fallaba, qué podíamos mejorar, ya que no teníamos elementos suficientes para trabajar la
violencia, porque necesitábamos la interdisciplina, primer problema y no teníamos como trabajarla, (…)
pedíamos a las comisarías para que hicieran la exclusión, siempre colgados de las herramientas y del
personal del poder ejecutivo y segundo, siempre llegábamos tarde”. Por último, dice “…y quién hace la
denuncia por el anciano, por el niño, están años antes de que lleguen a nosotros…”. A través de estas
expresiones se demuestra que otros miembros de la familia se consideran más vulnerables que la mujer, si
bien su problemática es de menor valía cuantitativa ya que la violencia contra la mujer representa más del
90% de casos denunciados de violencia. 12
La ley crea el instituto de la Solicitud de Protección13, petición que puede efectuar la víctima de
violencia familiar ante los organismos receptores establecidos por la ley a los fines de activar los
instrumentos de protección social. Así en caso de ser necesario las víctimas podrán obtener rápidamente
una acción cautelar que tramitará vía administrativa o jurisdiccional. La solicitud de protección se plasma en
formularios pre- impresos denominados Anexos, los cuales posibilitarán el recorrido a través de los
diferentes organismos, brindándoles de este modo a las víctimas la contención adecuada. Es un elemento
innovador de la ley a los efectos de unificar los instrumentos de amparo; habilitando rápidamente los
mecanismos de protección a través de los procedimientos de cada organismo facultado para su confección y
ampliando, posibilitando la denuncia a los/las agentes, profesionales, técnicos/as y funcionarios/as de la
administración pública y los pertenecientes a las áreas de salud y educación que presten servicios en
establecimientos públicos.
Sin embargo, la Solicitud de Protección, un formulario de ocho hojas, cuyo llenado tarda unos 45
minutos, se torna en un procedimiento mucho más largo, engorroso y lento. La idea era evitar la
judicialización y hacer más eficaz el procedimiento de atención a las víctimas, sin embargo, la Solicitud de
Protección no funcionó en ninguna de las instituciones públicas, “… pensamos que en el ámbito de las
escuelas era donde más iba a funcionar, y no fue así, por qué, porque no ha habido apoyo del Ministerio de
Educación, en los centros de salud, nos encontramos con el prurito del secreto profesional que a mi criterio no
existe…, en la Policía, es donde mejor ha funcionado…”.

12
Porcentajes expresados en todos los casos entrevistados del poder judicial, insistiendo que no existen estadísticas
consistentes para expresar esta realidad en ningún organismo del estado.
13
Ley 7.943 Art. 13: La solicitud de protección, a las víctimas de la violencia familiar, unifica los distintos instrumentos de
amparo y tutela a las víctimas de estos actos y faltas; mediante un régimen integral de protección que concentra una
acción cautelar de naturaleza administrativa y jurisdiccional. A partir de su impulso las distintas administraciones
públicas de gestión estatal, activarán inmediatamente los instrumentos de protección social establecidos en sus
respectivos sistemas. A su vez, de forma coordinada y en caso de ser necesario, mediante un rápido y sencillo
procedimiento podrá obtener la víctima una acción cautelar de naturaleza jurisdiccional.

11
Observamos que con la implementación de la “Solicitud de Protección”, se lograría desjudicializar el
problema, sacarlo del ámbito judicial y llevarlo al Poder ejecutivo, y a través del Ministerio de Desarrollo
Humano y de sus dependencias, se habilitarían rápidamente medios para procurar asistencia económica,
refugio y contención a la víctima y tratamiento psicológico de víctima y victimario y al mismo tiempo
ampliaría a otros hechos de violencia que a diario se presentan en escuelas, centros de salud y comisarias. Se
propuso el llenado de la Solicitud de Protección para prevenir la lesión o el golpe y “… para llegar antes…” (…)
lo importante era desjudicializar y por eso surgió esto de la solicitud de protección, que es obligación para el
funcionario público, o sea para la maestra es obligación, para el médico es obligación y para el policía es
obligación…”.
Las prácticas jurídicas se ponen en funcionamiento sólo cuando hay niños de por medio, de todos
modos, los funcionarios expresan preocupación por la problemática de la violencia que culmina en femicidio,
a pesar de la “…acción eficaz y preventiva de la ley de violencia familiar…”.
La Asesora del Menor manifiesta hacer uso frecuente de la ley Nº7643 y de la solicitud de protección
“…en nuestro juzgado hacemos uso y aplicamos muchísimo la Ley provincial de Violencia Familiar y llenamos
las Solicitudes de Protección, intervenimos en los casos de violencia solo si hay menores de por medio (…) la
intervención de este juzgado es inmediata, siempre que hayan chicos se interviene inmediatamente, (…) los
dictámenes judiciales se envían a la policía para que se apliquen en forma inmediata, porque cuando se va a
la policía directamente el caso es considerado como contravención y el procedimiento toma otros carriles
que lo frenan, es más lento, pasa el tiempo, no se acude en el auxilio de la víctima, se buscan las pruebas de
la denuncia de maltrato, y la situación se va agravando de tal forma hasta que aparecen muertas…”.
Para cumplir con los objetivos de la ley 7943, que es “resguardar la institución familiar”, “…se busca
acercar a las partes para que reanuden la convivencia, mantener la unión de la familia porque se considera
que es lo mejor para los hijos, por eso la Jueza dice “…la mujer tiene que hacer renuncias, no se puede dejar
de lado la función de la mujer en lo que nos toca…”.
Otra Jueza entrevistada de un Dpto. rural de la provincia de San Juan, aduce que la violencia contra la
mujer se debe a la ingesta de alcohol y desliza una crítica velada a las mujeres que denuncian la violencia, “…
mire yo creo es cuestión de que se animan y están más liberadas ahora, entonces ya cualquiera, o sea no
tolera, yo creo que antes la mujer toleraba más, y el borracho que venía, decía ya se le va a pasar, y cuando
está sano es bueno y así entonces pasaba…”.
Otra Jueza de Paz actúa con las competencias del código de Faltas y la ley de violencia familiar, “…la
competencia de falta tiene el artículo 109, el código de falta, mire yo acá directamente he unido los dos
códigos el código de falta y la ley de violencia familiar, consulto uno y ahí no más paso al otro, el artículo
109 es el que establece el hostigamiento, el maltrato a la mujer, que dice que el que hostigue, maltrate física,
psicológica y moralmente, golpee, amenaza o ejerce sobre otra persona violencia siempre que no cause
lesiones, bueno y ese es el tema, viene el borracho insulta y la empuja sin causarle una lesión…”. Si no hay

12
lesiones el procedimiento es la mediación para que se arreglen y garantizar el sostén a los niños. “… y cito a
la mujer y la escucho y fijo una audiencia conciliatoria, es el hecho de que discutan acá la situación, vamos a
enmendar la situación, si no se arreglan, yo puedo dictar medidas precautorias, son medidas urgentes…”.
Precisamente cuando no hay lesiones se aplica la mediación, la cual no está recomendada
jurídicamente, porque la mediación es un acuerdo entre partes que no se da cuando existe una relación
desigual sexual de poder. Por eso mismo estos arreglos son lábiles, transitorios y continúan con mayor
recrudecimiento de la violencia, “…hay muchos casos de reincidencia, y bueno no es función de los jueces
arreglar familias, esa tarea es de los trabajadores sociales…”.
Para los jueces la violencia se profundiza por las limitaciones que genera la pobreza, que a su vez
obstaculiza “el acceso a la justicia”, ya que en las clases medias el problema se enfrenta con recursos
familiares, económicos y judiciales, “… la violencia doméstica se da en todas las clases sociales, pero las
mujeres de clase media denuncian menos, se separan, tienen medios para mantenerse o mayor contención
en su entorno familiar, son muchos los casos de denuncia de mujeres pobres…totalmente desprotegidas,
aguantan los maltratos porque no tiene a donde ir o como mantenerse ellas y a sus hijos, no poseen un
entorno familiar (parientes) que puedan contenerlas porque también ellos son pobres y no pueden
mantenerlas…”.
Para los magistrados la violencia va en aumento y se da junto con droga, alcohol, enfermedades,
menores y pobreza, la influencia de los medios de comunicación y mayor predisposición a la denuncia
desconociendo el enfoque estructural (patriarcado) que genera violencia de género, por eso casi todos los
entrevistados opinan “…que la violencia contra la mujer por parte del hombre se origina en factores como el
alcoholismo, la drogadicción; las enfermedades psicológicas, la pobreza, estos casos de violencia se han
incrementado muchísimo en estos últimos años, en los más pobres, son la drogadicción y el alcoholismo, a
los 15 años o antes por eso la cantidad de mujeres menores golpeadas, tiene mucho que ver la violencia de
los medios de comunicación, especialmente en las noticias de la TV, en este incremento, no lo veíamos 20
años atrás. También ahora las mujeres se atreven a denunciar más…”.
Otra funcionaria acuerda con la ley de violencia familiar porque las mujeres también causan violencia
y debe preservarse siempre la armonía y unidad familiar para sostener el desarrollo infantil, “… la ley ahora
habla de la familia, el desarrollo psicoemocional del grupo familiar, por que las mujeres causan violencia
también, o sea no es la mujer la única desprotegida, que quede la situación más armónica posible para que el
niño no sufra, y se lo recalco y se lo vuelvo a recalcar…”.
La Asesora del Primer Juzgado de Pobres y Ausentes dice “…la defensoría oficial es patrocinante en los
juicios donde intervienen mayores de edad (de escasos recursos), dándole prioridad a la familia, (…) “…la
violencia más frecuente son los golpes, muchas agresiones verbales y físicas, y hay muchas amenazas, que las
van a matar, hay muchísimos casos, muchísimos, el problema de la violencia familiar es multicausado, la falta
de ingresos. Si no hay ingresos suficientes se genera el conflicto de violencia contra la mujer, se genera

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conflictos en la familia, se genera el caso de abuso de poder del hombre sobre la mujer, se genera la violencia
económico- financiera…”.
Para la magistrada hoy la familia y el matrimonio están en crisis, “… porque hoy se constituye una
familia por fuera de los valores tradicionales respaldados por el Estado, y (…) cualquiera puede ser familia,
se ha destruido la institución familiar y matrimonial, el principio de autonomía de la voluntad, hoy me caso,
mañana no quiero estar casado, y voy y pido el divorcio y repercute en la violencia familiar, en este desorden
los más perjudicados son los hijos, se genera la violencia y el conflicto…”.
Sin embargo, algunos jueces admiten que la mayor cantidad de casos de violencia es contra la mujer,
“…el hecho de que siga en aumento el número de mujeres víctimas de violencia de género significa que la
problemática de la violencia de género no ha sido afrontada aún por las autoridades de San Juan, y que la ley
7643 es insuficiente, no alcanza a cubrir la problemática específica de la mujer...”.

5. SEGURIDAD
“Que habrá hecho Ud. Pa´ que le peguen”

El principal receptor de las denuncias de violencia de género y posterior judicialización en nuestra


provincia es el sector de seguridad (La institución policial). En esta institución como en las anteriores, se
combina la violencia subterránea sobre la cual se apoya el reparto desigual del poder, es decir del acceso y
control de recursos, la que a veces no suele ser percibida como violencia con la violencia explícita, reco-
nocida como tal, pero frecuentemente mitificada por desconocimiento, indiferencia, ocultamiento,
justificación o culpabilización de las víctimas.
En este sentido un comisario de una comisaría del Gran San Juan, en la entrevista realizada a fines del
2011, expone “…escuché a compañeros decirle a la mina, señora que habrá hecho usted pa¨ que su pareja le
pegue…y no es porque no conozca el milico la ley´, o el formulario, es que directamente no le calienta, no le
pasa pelota y a eso hay que agregarle que las que denuncian se arrepienten, por los hijos, la guita o porque
están enfermas como los tipos. La mayoría solo quieren dejar la constancia, y ahí, no se le da más pelota, (…)
en la mayoría de los casos la denuncia se toma como una cosa menor, como una falta leve, hasta que no hay
una denuncia porque la mujer ya está muy mal físicamente, con lesiones graves, no le dan la importancia
debida y no le brindan protección, y no es por desconocimiento, porque existe capacitación al respecto…”.
La cultura institucionalizada en los agentes de la policía, los ampara en un desconocimiento acerca de
la violencia de género percibiéndola como una cuestión privada, que nada tiene que ver con el cumplimiento
de la ley y el acceso a justicia.
Otro agente dice que “…muchas vienen y solo quieren hacer una exposición solo para asustarlo al tipo,
otras vienen hechas pelota y cuando le decís que tienen que llenar la solicitud de protección, no quieren, se

14
asustan con los datos, otras las completan y cuando les decimos que eso se manda al centro de violencia, al
juzgado y demás no continúan con el circuito. Hay de todo, el total de mujeres con golpes o maltrato,
solamente hay un 30% que la completa, el resto o se va o solo hace una exposición que no prospera…”.
Estos comentarios que propician el abandono de la causa, porque se plantea desde la responsabilidad
personal de la víctima, no desde la responsabilidad pública del agente que tiene que garantizar derechos,
provoca el primer peldaño a la revictimización institucional que sufren las mujeres violentadas.
Es preocupante del registro espontáneo que se lleva, de mirar las solicitudes, la evidencia de una
problemática acuciante: “…te digo más, yo antes de venir, estuve viendo cuantas solicitudes que recibió la
comisaría en el 2011 fueron 65 casos, que llenaron el formulario, una pequeña parte de lo que se denuncia,
en las comisarías de Chimbas, son 200 solicitudes que se toman sin contar lo demás…”.
En los departamentos rurales de la Provincia de San Juan, se dice que no hay denuncias de ningún
tipo, un comentario fuera de grabación explica la inexistencia de las denuncias “…antes de que la mujer
llegue a la comisaría, el hombre se entera porque la comunidad es muy chiquita y todos saben la vida de
todos, y llega primero que ella y vuelve a escarmentarla…”.
Otro testimonio de una mujer policía de un Departamento que colinda con el Departamento de
Capital, últimamente urbanizado con sectores de clase media, countrys, consorcios privados, etc., dice que la
institución interviene en casos de violencia contra mujeres. “… bastante, diariamente o máximo tres o cuatro
veces por semana siempre viene una mujer a que se le llene una solicitud de violencia familiar, y solamente se
llena el formulario, se le van leyendo las preguntas, y se le dice a la persona que del Juzgado después la van a
llamar o los van a citar, a veces pasa el tiempo...”.
Otros testimonios dan muestras de que “…La ley poco la conozco, sé que hay una ley, pero no la
conozco bien (año 2012), trabajamos con la SP se llena, una copia queda acá, otra va al juzgado.” La agente
entrevistada sobre el tema propone agilizar y solucionar de manera más eficiente esta problemática en la
que existen permanentes reincidencias. “…lo mejor sería que nos capaciten, que se capacite a todo el
personal, no solamente a nosotros, a todo el personal…”.
Respecto al acceso a justicia ella entiende que: “… entiendo que la persona que es maltratada se la
recompense, por alguna manera decir, de que el agresor sea detenido, que se le haga cumplir con los deberes
de padre y que a la vez cumpla la pena, y si, tienen acceso, pero me parece que a veces no son escuchados
por las personas que trabajan en ese sector, me parece, o que no le dan la importancia que debería tener el
caso...”.

15
6. LAS VICTIMAS
“todas somos víctimas”

Las víctimas entrevistadas a fines del 2012, son mujeres de clase media, que fueron golpeadas por sus
parejas y pretendieron acceder a la “justicia” para ser protegidas y amparadas de un perjuicio mayor. Sin
embargo, este camino de acceso a la Justicia que tiene como responsable al Estado, se mostró como un
laberinto de idas y venidas, a través de actitudes de desaliento, escasa contención e intimidación por parte
de los agentes de seguridad y justicia, que induce a que la resolución de esta situación se canalice
privadamente a través de abogados y de un largo recorrido de judicialización.

Aún a veces asesoradas por personas idóneas en el conocimiento de la ley sobre violencia familiar, las
víctimas deben comenzar por “…hacer la exposición ante una comisaría, o ante cualquier institución pública
llenando la solicitud de protección y denunciar, sobre todo si hay violencia física y hay menores…”, luego
llamar al 102, o concurrir a la comisaria correspondiente, aclarando que existen comisarías en que es mejor
no ir, ya que no atienden, lo que queda explícito en el agente cuando dice “…no se gasten con la comisaría
2da.…”.
El 102 hacia fines del 2012, actuaba especialmente para recibir denuncias de violencia contra
menores, las víctimas mujeres deben concurrir a la Dirección de la Mujer, comunicarse con el 0800-666-351,
para ser atendidas allí por una profesional psicóloga. Sin embargo, en dicha Dirección, no se encuentra la
profesional psicóloga, y entonces se recomienda “… buscar la protección familiar, la casa de la madre,
porque no hay psicólogos, solo “grupos de autoayuda”, y ya está por finalizar el año, no queda nada, y las
actividades se retoman en marzo del próximo año…”.
Si la violencia física deja marcas contundentes de golpes en el cuerpo de las víctimas, se debe hacer la
denuncia en la Central de Policía para que el médico legista haga el informe correspondiente, que garantiza
un camino más rápido.
No obstante, las víctimas siempre se sienten intimidadas de hacer la denuncia porque las
consecuencias que sufren a posteriori suelen ser peores y culminan con mayor sufrimiento. Las que
denuncian a menudo se encuentran con escasas medidas de asistencia y acompañamiento, al contrario, los
agentes encargados de llenar la solicitud de protección las azuzan diciendo que en las instituciones
carcelarias no hay garantías ya que “…solo lo dejan preso dos o tres días, no toda la vida, porque no le van a
poner un milico para ud. sola, cuando salen, si nada los contiene afuera y quieren causar más daño lo
hacen”. Obviamente que estas expresiones generan más temor en las víctimas, y actúa de manera
ejemplarizadora en víctimas y no víctimas de violencia explícita, extendiendo la advertencia a todo el
colectivo de mujeres, ya que “todas somos víctimas”, evitando de ese modo que se realicen las denuncias

16
correspondientes a través de la solicitud de protección y realizando meras exposiciones policiales sin ningún
valor jurídico.
No sólo se desalienta la denuncia, sino que los profesionales que debían atender este tema, el médico
legista, la psicóloga, la trabajadora social, generalmente no se encuentran en el momento que las víctimas
hacían la denuncia. Esto ocurre porque los equipos interdisciplinarios de los que habla la ley, no son
permanentes, son insuficientes, y carentes de capacitación en el espíritu del “paradigma de la seguridad
humana”, y en la ley nacional de prevención de violencia contra la mujer, ley 26485/09, ya que ésta ley que
no la que se aplica en la provincia.
Las instituciones no incorporaron la problemática de la violencia de género, porque son instituciones
que se han instituido bajo una ley de violencia familiar, resguardando el paradigma del orden y, castigando
con silenciamientos e indiferencias la violencia contra la mujer, o culpando a las víctimas mujeres por
desempeñar conductas disfuncionales que alteran dicho orden, por eso dicen “…y bueno señora que habrá
hecho usted pa´ que su pareja le pegue…”.
Las instituciones de justicia y seguridad, callan, toleran y ocultan la violencia de género, asimilando y
consensuando las prácticas del orden patriarcal. Existe en el imaginario de los magistrados y del personal de
seguridad la idea de que “...el tema de violencia de género no es la violencia de un hombre sobre una mujer,
o del concubino de la conviviente, no, no, es otra cosa, se mezcla con política, poder, dinero, sexo, etc. es otra
problemática…”. Relacionar la violencia de género con el poder, sexo y droga, patologías sociales de riesgo,
es criminalizar indiferenciadamente ocultando al agresor varón y al sistema cultural que lo protege.

7. Reflexiones Finales

Rescatamos a través de todas las expresiones percibidas, que estos discursos forman parte del
sistema simbólico patriarcal, como un conjunto de valores y normas, una manera de pensar, un modo de
aprehensión del mundo”, (…) “una armadura estructural que se cristaliza en cierta cultura, asignando roles y
funciones y, desarrolla un proceso de formación y socialización a fin de que cada miembro pueda definirse en
relación a un ideal propuesto. Este sistema simbólico cultural es constitutivo del Paradigma del Orden
Patriarcal, y ambos instituyen el significado de “qué es violencia y qué no lo es y cuándo esa violencia accede
a la justicia y cuándo pasa inadvertida para la mujer víctima, relegada por una ley de violencia familiar que
prefiere hacer más visible la violencia contra el niño, el anciano y cualquier adulto mayor.
Por ello se expresa que “… La violencia es una, la violencia es la misma, porque la situación de
violencia de género, de violencia familiar y demás, es una enfermedad que corroe la sociedad que no la va a
solucionar el Poder Judicial”. Decir que la violencia es “una y la misma”, es indiferenciar el problema
específico de la violencia de género, y asimilarla a la violencia contra la familia, victimizando a la mujer solo
como madre, esposa, hija, como emergente de la violencia familiar, sin considerarla sujeto de derechos.

17
Estos discursos forman parte del Paradigma patriarcal del Orden y se representan como un conjunto
de valores y normas, una manera de pensar, un modo de percibir el mundo, una armadura estructural que
cristaliza en la cultura, asignando roles y funciones a través de un proceso de formación y socialización a fin
de que cada miembro pueda definirse en relación a un ideal propuesto. Por ello este paradigma instituye el
significado de “qué es violencia y qué no lo es y cuándo esa violencia accede a la justicia y cuándo pasa
inadvertida para la mujer, relegada por una ley de violencia familiar que prefiere hacer más visible la
violencia contra el niño, el anciano y cualquier otro adulto mayor.
Dice el Juez “… La violencia es una, la violencia es la misma, porque la situación de violencia de género,
de violencia familiar y demás, es una enfermedad que corroe la sociedad que no la va a solucionar el Poder
Judicial. Decir que la violencia es “una y la misma”, es indiferenciar el problema específico de la violencia de
género, y asimilarla a la violencia contra la familia, victimizando a la mujer solo como madre, esposa, hija, es
decir solamente como emergente de la violencia familiar.
El Sistema Simbólico Patriarcal del Paradigma del Orden, se mantiene en la provincia de San Juan,
aunque la Constitución Nacional de Argentina haya adherido a las Convenciones Internacionales que
focalizan la violencia de género desde el paradigma de la Seguridad Humana, e inscribe los discursos sobre la
“violencia en general” en todas las instituciones de la sociedad y del Estado. En este caso particular se
analizó el comportamiento de las instituciones judiciales y de seguridad. Su aplicación no presenta
contradicciones y por eso las instituciones implosionan ante el aumento de la violencia de género, porque
son incapaces de permear los cambios culturales de la mujer, la familia y el matrimonio. De este modo
vulneran la eficacia simbólica y material del “acceso a la justicia”, reproduciendo nuevas maneras de
discriminación, silenciamientos y malos tratos a través de sus dispositivos y prácticas.

8. Bibliografía

Avila, Laura; Kirby, Sandra y otras, “Políticas Públicas y Acceso a la Justicia de Víctimas de Violencia de Género
en la Provincia de San Juan. 6To. Encuentro de Investigaciones de Ciencias Sociales de la región Centro –
Oeste y 3º Binacional con la IV Región de la República de Chile.
Banchs, María, (1991a), La violación y sus actores ante la justicia, Trabajo de Ascenso para ascender a la
categoría de Agregado, Escuela cíe Psicología, UCV, Caracas.
Birgin, Haydée (2000), El derecho en el género y el género en el derecho, ed. Biblos Bs. AS.
(CEPAL, 2000) Equidad, desarrollo y ciudadanía, LC/G.2071/Rev.1-P/E, Santiago de Chile.
(CEPAL, 1999) El desafío de la equidad de género y de los derechos humanos en los albores del sigloXXI,
documento presentado a la 8a. Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe,
LC/L.1295(CRM.8/3) Santiago de Chile. 2009.
De Miguel Álvarez, Ana. Revista Daimon 42, 2007 Pp; 71-82

18
Celia Amorós y Ana De Miguel: Teoría Feminista, de la Ilustración a la Globalización. Vol 1, Madrid.
Minerva,2005
Salanueva, Olga y González, Manuela (compiladoras) “Los pobres y el acceso a la justicia”. Edulp Editorial de
la Universidad de La Plata. Bs. As, 2011.
Sanz, Susana “La Mujer y la Violencia en la República Argentina. Convenciones Internacionales. Legislación
Nacional y Provincial. Desafíos.”.Programa Regional Piloto Contra la Violencia Intrafamiliar Ministerio de
Salud de la Nación Cooperación Técnico Financiera BID ATN - SF - 5422 –RG. Consejo Nacional de la Mujer,
Buenos Aires, 2002

19
Capitulo Nº 2

LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO


AUTORAS: Mag. Lic. ANA SANDRA KIRBY y Prof. SILVIA PROLONGO

“Frente a las atrocidades se ha de ser beligerante, porque la


neutralidad favorece invariablemente al opresor, no al oprimido; el silencio
estimula al verdugo, no a la víctima. Todo cuidado que se tenga en ese
sentido será siempre escaso, principalmente por parte de aquellos a quienes
se les está encomendada la función de juzgar y reprimir el mal. Abundan
desgraciadamente los casos en los que se descuida gravemente aquella
cautela y se incurre en la indiferencia de la neutralidad, cuando no en una
excesiva benevolencia para con el culpable”.
Elie Wiesel (Premio Nobel 1983)

Introducción
En Argentina, la reforma Constitucional de 1994 incorporó instrumentos internacionales en materia
de Derechos Humanos referidos a la problemática de género, esto condujo a cambios en materia de Justicia
y de Seguridad. Sin embargo, los procesos de interiorización y comprensión de dichas modificaciones no se
reflejan en las prácticas de las instituciones. Esto hace que persistan situaciones de violencia, reclamos y
demandas de mujeres víctimas de violencia de género.
La “discriminación, estigmatización, prejuicio”, siguen presentes en el lenguaje cotidiano, en la
opinión pública, y en los discursos de los políticos y funcionarios amenazando la integridad, la vida, y la paz
social sobre todo en la población de las mujeres.
El capítulo aborda datos, entrevistas y testimonios que expresan la necesidad de incorporar la
perspectiva de género en políticas y decisiones en materia socioeconómica, para superar la desigualdad de
las mujeres respecto de hombres, derivada de la persistencia de marcos culturales y prácticas económicas y
sociales discriminatorias.

La perspectiva de género
La perspectiva de género14 ha permitido develar la problemática de violencia de género. A través de
ella es que se hizo explícito el desbalance de poder en las relaciones entre hombres y mujeres como la causa
más importante de la violencia que se comete contra las mujeres.

14
El género se define como "el producto de una estructura histórico-cultural jerarquizada, que coloca a la mujer en una
posición de inferioridad y subordinación en relación con la superioridad y dominación del varón", Serie Mujer y

20
Se trata de una desigualdad de poder, de relaciones asimétricas, que no se originan en un orden
natural, es decir, no es inherente a una herencia biológica, como tradicionalmente se ha pretendido explicar.
(Expósito, 2011)
El poder es una construcción social y en el contexto de una sociedad ideológicamente patriarcal, el
poder de dominio y control les fue atribuido a los hombres, creándose una jerarquía con rangos de
superioridad o inferioridad según el sexo.
El ordenamiento social y desigual constituido es naturalizado, a través del uso de múltiples
mecanismos que operan en la cotidianidad, precisamente para que se pueda perpetuar esa inequidad de
poder, que es la que permite el mantenimiento del dominio patriarcal. 15
La desigualdad y la subordinación en las relaciones entre las personas son aprendidas, aceptadas y
legitimadas cultural e históricamente, incluso con el uso de la violencia.
Hombres y mujeres estamos expuestos a violencia, desde que nacemos somos destinatarios de lo
que la mayoría de los autores denominan Violencia Simbólica. Sostiene Bourdieu que se debe partir de lo
que él llama Poder Simbólico, siendo éste un poder de construcción de la realidad que tiende a establecer un
orden gnoseológico: el sentido inmediato del mundo (y, en particular, del mundo social)16 que se define en y
por una relación determinada entre los que ejercen el poder y los que los sufren.
También, está la violencia estructural (social, política y económica) que se refleja en la familia y en
las relaciones de género.
La agresión y el maltrato no son, por lo tanto, actos aislados, sino que forman parte de un proceso
de interacción potenciado por valores vinculados a la relación de dominación y sumisión y a la desigualdad
entre los sexos, que deben ser identificados y erradicados. (Banchs, 1996, Cepal 1996)
Uno de los mecanismos usados es a través de la violencia que se comete contra las mujeres, cuyo
objetivo es mantener al género femenino en condiciones de subordinación y opresión respecto al género
masculino.17

Desarrollo Nº 13:” Desarrollo y equidad de género: Una tarea pendiente”, 1993, pág. 8-9. Santiago de Chile Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
15
Ver: Carcedo, A. “La violencia contra las mujeres “tiene su base en la sociedad patriarcal, dado que es un sistema
social, ideológico y político que privilegia lo masculino, mediante el cual los hombres tienen el dominio y control de los
bienes y de las personas, usando la presión directa o por medio de símbolos, ritos, tradiciones, leyes, educación, el
inconsciente colectivo, la maternidad forzada, la división sexual del trabajo”.
16
Para ampliar ver “Sobre el poder simbólico”, Pierre Bourdieu “El poder simbólico como poder de constituir lo dado
por la enunciación, de hacer ver y de hacer creer, de confirmar o de transformar la visión del mundo, por lo tanto el
mundo; poder casi mágico que permite obtener el equivalente de lo que es obtenido por la fuerza (física o económica),
gracias al efecto específico de movilización, no se ejerce sino es él reconocido, es decir, desconocido como arbitrario.
Esto significa que el poder simbólico no reside en los “sistemas simbólicos” bajo la firma de una “illocutionary force”,
sino que se define en y por una relación determinada entre los que ejercen el poder y los que los sufren, es decir, en la
estructura misma del campo donde se produce y se reproduce la creencia”. Pág. 69.
17
Ver: Lagarde, M. “Identidad de género y derechos humanos la construcción de las humanas”, Pág. 13 “La violencia de
género contra las mujeres es económica, jurídica, política, ideológica, moral, psicológica, sexual y corporal. Los hechos

21
Al respecto la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de las Naciones
Unidas, entiende la violencia contra la mujer de a “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo
femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la
mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se
producen en la vida pública como en la vida privada” (Naciones Unidas, Resolución de la Asamblea General,
48/104 del 20 de diciembre de 1993)18.
En la Argentina la sanción de la Ley 26.485, en marzo del 2009 aporta nuevas dimensiones al definir
la violencia contra la mujer como "toda conducta, acción u omisión, que, de manera directa o indirecta, tanto
en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad,
dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad
personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia
indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción u omisión, disposición, criterio o práctica
discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón".
Por otro lado, el ejercicio del poder sobre la víctima y la vinculación con el delito permite clasificar,
según las “siguientes categorías: violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones
de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra las mujeres
desarraigadas, tráfico de mujeres y violencia doméstica”. (Rico, 1996)
En San Juan, se halla vigente la Ley Nº 7.943 sobre violencia familiar que vino a reemplazar a la Ley
Nº 6.918 y su modificatoria Ley Nº 6.542 de “Violencia de género” que tenía por objetivo “Prevenir, erradicar
y sancionar todo tipo de violencia contra la mujer en el ámbito provincial”. Con esto se resignifica la posición
de la mujer en contexto de violencia, con el claro objetivo de mantener la unidad familiar.

Será necesario avanzar en la toma de conciencia de quienes ejercen las funciones públicas a fin de
lograr una justicia libre de violencia de género.

Los datos del femicidio en Argentina


La forma extrema que expresa la violencia por el sólo hecho de ser mujer, es el
femicidio19/feminicidio20. Al respecto, es necesario distinguir y precisar los términos.

violentos contra las mujeres recorren una gama que va del grito, la mirada y el golpe, al acoso, el abandono, el olvido, la
invisibilidad y la negación de los mínimos derechos, hasta el uso de armas mortales en su contra”.
18
Abarca los siguientes actos: a) La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los
malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la
mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por
otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación; b) La violencia física, sexual y sicológica
perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales
en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada; y c) La
violencia física, sexual y sicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra”.
19
Femicidio, según diversa literatura, comienza “a utilizarse en los años 60 a consecuencia del brutal asesinato, el día
25 de noviembre, de 3 mujeres dominicanas (las hermanas Mirabal, Patricia, Minerva y Mª Teresa) por el Servicio de

22
Diana Russell junto a Jane Caputi, definieron el femicidio como "el asesinato de mujeres realizado
por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres". Más tarde, en
1992, Russell con Hill Radford, se refirieron al femicidio como "el asesinato misógino de mujeres cometido
por hombres".
Hacia 1994, la antropóloga Marcela Lagarde, ahonda en las razones de carácter político (omisiones,
inercia, negligencia, ineficacia) de las autoridades de los Estados, adoptando el término “feminicidio”,
porque con ese accionar se contribuye a perpetuar el contexto de violencia contra la mujer.
En síntesis, se trata de términos complementarios siendo el Femicidio, el homicidio o asesinato de la
mujer por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino y Feminicidio, el conjunto de femicidios, en una
situación de absoluta o patente inactividad de los Estados para prevenir y evitar tales crímenes.
A este último concepto se están refiriendo las diferentes Organizaciones internacionales cuando al
definir la violencia de género se refieren a la violencia tolerada o perpetrada por el Estado y sus agentes.
En Argentina, existen organizaciones no gubernamentales que se ocupan de analizar y registrar los
hechos de violencia hacia las mujeres: Observatorio de femicidio, Observatorio de Género y equidad,
Unifem (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer), Indeso (Instituto de Estudios Jurídico
Sociales de la Mujer), La casa del encuentro, entre otras. Por lo general, dichos organismos se basan en
información periodística, por lo cual existe subregistro de la información, por situaciones no declaradas,
encubiertas, además no aparecen casos que aun no están resueltos como por ejemplo las mujeres
desaparecidas.

Inteligencia Militar de su país, pero quien lo utilizó públicamente por primera vez, ante una organización feminista que
fue denominada Tribunal de Crímenes contra la Mujer y que se celebró en Bruselas, en 1976 fue Diana Russell; en esta
conferencia, inaugurada por Simone de Beauvoir, alrededor de 2000 mujeres de 40 países diferentes dieron su
testimonio y refirieron las múltiples formas en que se manifiesta la violencia sobre la mujer. En su discurso, la propia
Russell reconoció que el término femicidio ya existía, pues había sido utilizado en la obra "A Satirical View of London"
de J. Corry en 1801”. En: [Link]
20
El concepto Femicidio fue desarrollado por la escritora estadounidense Carol Orlock en 1974. En “La invención de la
categoría feminicidio”, Lagarde, M. (2011), expone: “La categoría feminicidio es parte del bagaje teórico feminista. La
desarrollé a partir del trabajo de Diana Russell y Jill Radford, expuesto en su texto Femicide. The politics of woman
killing (1992). La traducción de femicide es femicidio. Transité de femicide a feminicidio, porque en castellano femicidio
es una voz homóloga a homicidio y sólo significa asesinato de mujeres. Nuestras autoras definen al femicidio como
crimen de odio contra las mujeres, como el conjunto de formas de violencia que, en ocasiones, concluyen en asesinatos e
incluso en suicidios. Identifico un asunto más para que crímenes de este tipo se extiendan en el tiempo: es la inexistencia
o debilidad del estado de derecho, en la cual se reproducen la violencia sin límite y los asesinatos sin castigo. Por eso,
para diferenciar los términos, preferí ́ la voz feminicidio y asi ́ denominar el conjunto de delitos de lesa humanidad que
contienen los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niños y mujeres en un cuadro de colapso institucional. Se
trata de una fractura del estado de derecho que favorece la impunidad. Por ello afirmo que el feminicidio es un crimen
de Estado. Es preciso aclarar que hay feminicidio en condiciones de guerra y de paz.” En
[Link]

23
Total de femicidios en Argentina, entre 2008 y 2013.
Año 2008 = 208
Año 2009 = 231
Año 2010 = 260
Año 2011 = 282
Año 2012 = 255
Año 2013 = 295
El cuadro Nº 1, muestra que de 1531 femicidios registrados en la Argentina entre 2008 y 2013, los
porcentajes más altos se dan en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Cuadro Nº 1: Cantidad de Femicidios por Provincia. 2008 a 2013

Ciudad Cantidad %
Buenos Aires 473 30,89
Santa Fe 138 9,014
Córdoba 131 8,556
Salta 77 5,029
Misiones 70 4,572
CABA 65 4,246
Santiago del
Estero 64 4,18
Mendoza 58 3,788
Entre Ríos 59 3,854
Tucumán 57 3,723
Corrientes 43 2,809
Chaco 48 3,135
Jujuy 39 2,547
Río Negro 32 2,09
Formosa 25 1,633
Neuquén 20 1,306
Catamarca 20 1,306
La Pampa 16 1,045
San Juan 20 1,306
Santa Cruz 15 0,98
Chubut 18 1,176
San Luis 17 1,11
La Rioja 9 0,588
Tierra del Fuego 4 0,261
Sin datos 13 0,849
Total 1531 100

Fuente: Los datos corresponden al informe de Investigación de Femicidios en Argentina, que abarca el
período 1º de Enero al 31 de diciembre de 2013. Observatorio de femicidios en Argentina “Adriana Marisel
Zambrano"

24
En 2013, Buenos Aires sigue liderando en la cantidad de femicidios en la Argentina con más del 30%, le sigue
Córdoba con el 10,5 %.

Cuadro Nº 2: Cantidad de Femicidios por Provincia. 2013

PROVINCIA Cantidad %
Buenos Aires
89 30,2
Córdoba 31 10,5
Santa Fe 28 9,49
Salta 16 5,42
Chaco 16 5,42
Entre Ríos 13 4,41
Tucumán 12 4,07
Santiago del Estero 11 3,73
Misiones 11 3,73
CABA 10 3,39
Catamarca 9 3,05
Corrientes 8 2,71
Jujuy 8 2,71
Mendoza 6 2,03
San Juan 5 1,69
Río Negro 5 1,69
San Luis 5 1,69
Chubut 4 1,36
Neuquén 3 1,02
Formosa 3 1,02
La Rioja 1 0,34
Tierra del Fuego 1 0,34
Santa Cruz 0 0
La Pampa 0 0
Total 295 100

Fuente: Los datos corresponden al informe de Investigación de Femicidios en Argentina, que abarca el
período 1º de Enero al 31 de diciembre de 2013. Casa del Encuentro.

En el año 2013 se registraron 295 casos de femicidios21 en Argentina, los datos presentados por
Asociación Civil La Casa del Encuentro indican que un 63 % de los asesinos eran Esposo/pareja/novio/amante
o Ex esposo/pareja/novio, y un 53 % fueron cometidos en la vivienda compartida o propiedad de la víctima.

21
Datos: Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano” dirigido por la Asociación Civil La Casa
del Encuentro. Enero a septiembre de 2013.

25
El Observatorio22 detectó que entre 2012 y 2013 se duplicaron los femicidios de mujeres mayores de 60
años. Mientras que el 2012 fueron ocho en 2013 el número llegó a 22 en las mayores de 66 años.

Cuadro Nº 3: Edad de la víctima de femicidio. %. 2013

Edad de la víctima Cantidad %


0 a 1 año 1 0,34
2 a 12 años 13 4,41
13 a 18 años 19 6,44
19 a 30 años 112 38
31 a 50 años 94 31,9
51 a 65 años 29 9,83
66 a 90 años 22 7,46
Sin edad Registrada 5 1,69
Total 295 100

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

Los ataques a mujeres son por lo general a jóvenes, esto se infiere del cuadro Nº 3 que indica que el
38% tenía entre 19 y 30 años. Si a ello sumamos las víctimas que se hallan en segundo término (31 a 50
años) totalizan casi el 70% en estos dos grupos de edad, durante el año 2013 en Argentina.

Cuadro Nº 4: Tipo de vínculo con la víctima de femicidio. %. Año 2013.


Tipo de vínculo Cantidad %
Esposo/pareja/novio/amante 114 39
Ex esposo/pareja/novio 72 24
Padre/padrastro 7 2,4
Otros familiares 22 7,5
Vecino/conocidos 15 5,1
Hijos 8 2,7
Sin vínculo 57 19
Total 295 100

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

22
Recientemente se presentó el libro “Por Ellas... 5 años de Informes de Femicidios Observatorio de Femicidios en
Argentina“ Adriana Marisel Zambrano” de La Asociación Civil La Casa del Encuentro / Ada Beatriz Rico, Fabiana Tuñez
[[Link]] 1era edición Buenos Aires: La Casa del Encuentro que analiza los casos ocurridos entre 2008 y 2012. en:
[Link]

26
El femicida suele ser alguien de vínculo cercano. Por lo general resulta ser esposo, pareja, novio o amante
(39 %), le sigue en representación el ex esposo, la ex pareja o el ex novio (24 %).

Cuadro Nº 5: Modalidad del femicida. % . Año 2013.

Modalidad: Cantidad %
Baleada 83 28,1
Apuñalada 64 21,7
Golpeada 37 12,5
Estrangulada 28 9,49
Incinerada 17 5,76
Degollada 13 4,41
Asfixiada 13 4,41
Ahorcada 9 3,05
Ahogada 3 1,02
Descuartizada 6 2,03
Empalada 3 1,02
Causa
desconocida 19 6,44
Total 295 100

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

En cuanto al método o modalidad, es frecuente el uso de armas (28,1 %), le siguen el apuñalamiento (21,7
%), los golpes (12,5 %) y el estrangulamiento (9,4 %).

Cuadro Nº 6: Edad del femicida. %. 2013.

Edad del femicida Cantidad %


13 a 18 años 10 3,39
19 a 30 años 67 22,7
31 a 50 años 113 38,3
51 a 65 años 32 10,8
66 a 90 años 14 4,75
Sin edad Registrada 59 20
Total 295 100

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

La mayor proporción (38,8 %) de femicidas tienen para el año 2013 entre 31 y 50 años, le siguen los de 19 a
30 años (22 %), se puede decir que el 50 % de los femicidas tienen ente 19 y 50 años.

Cuadro Nº 7: Lugar donde se registró el femicidio. %. 2013.

27
Lugar del hecho Cantidad %
Vivienda compartida con el femicida 79 26,78
Vivienda de la víctima 79 26,78
Otra vivienda 20 6,78
Vivienda del femicida 10 3,39
Vía Pública 17 5,763
Lugar de trabajo 5 1,695
Vehículo 8 2,712
Descampado 30 10,17
Vera de las rutas 2 0,678
Río, Lago, Dique, Arroyo, Canal 10 3,39
Campo, Camino, Monte, Bosque 5 1,695
Zanja 1 0,339
Hotel 3 1,017
Local 6 2,034
Cárcel 1 0,339
Pozo, Aljibe 7 2,373
No se registran datos 12 4,068
Total 295 100

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

El hogar de la víctima, sea compartido con el femicida o no, es un lugar inseguro ya que el 53,4 % fue
cometido en la vivienda donde moraba la víctima. En el 2013 cada 35 horas una mujer fue asesinada por
violencia sexista en nuestro país.

Cuadro Nº 8: Información adicional. %. 2013.

Informaciones adicionales Cantidad %


Con denuncias 32 16,4
Con exclusión del hogar o prohibición 14 7,18
Pertenecientes o ex Fuerzas de
Seguridad 15 7,69
Embarazadas 11 5,64
En presunción de prostitución o trata 6 3,08
Indicios de Abuso Sexual 27 13,8
Trans 2 1,03
Pueblos originarios 4 2,05

Fuente: Casa del Encuentro. Informe de 2013.

Otros datos aportados por el informe sobre los 295 casos de femicidios en el 2013 se detallan en el
cuadro Nº 8, que señala que el 16,4 % de las víctimas habían realizado denuncias, y más del 7 % el victimario
tenía exclusión o prohibición domiciliaria.
También se menciona que el 13,8 % hubo indicios de abuso sexual sobre las mujeres víctimas de
femicidio.

28
La violencia en el seno familiar
Abordar la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico, implica entenderlo como un
fenómeno vinculado a un contexto social que refuerza y reproduce concepciones sexistas y un orden social
discriminatorio basado en la producción y reproducción históricas del sistema de género, y que tiene efectos
negativos directos en la vida de las mujeres.
Este tipo de violencia no sólo es complejo, sino que tiene múltiples causas. Entre las que destacan las
condiciones socio-culturales que la generan, la división sexual del trabajo y, aspectos ideológico-culturales.
El proceso de socialización diferencial cotidiano, de los roles y atributos psíquicos estereotipados que
se otorgan a varones y mujeres, es el mecanismo de introyección (a través de procesos de aculturación y
endoculturación23) de las identidades que contribuyen a la violencia. (Giberti y Fernandez, 1989).

La familia patriarcal
La violencia contra las mujeres se sostiene con la sociedad patriarcal, que es un sistema social,
ideológico y político que privilegia lo masculino, mediante el cual los hombres tienen el dominio y control de
los bienes y de las personas, usando la presión directa o por medio de símbolos, ritos, tradiciones, leyes,
educación, el inconsciente colectivo, la maternidad forzada, la división sexual del trabajo. Las mujeres, por el
contrario, son subordinadas a ellos. “...Es este desbalance de poder lo que permite y facilita el aprendizaje y
la práctica de la violencia de los hombres hacia las mujeres” (Carcedo, 2001).
La violencia doméstica ha sido definida por la literatura especializada como cualquier acto que se
realice con el fin de someter a una persona a la voluntad de otra, en el contexto de una relación afectiva.
Puede tratarse de actos de agresión física, sexual y/o emocional, también puede incluir comportamientos y
actitudes controladoras, ejerciendo coerción y/o manipulación contra la esposa, puede extenderse a los hijos
e hijas (Bancroft, L. 1992) (Walter, L. 1980)
Los términos violencia doméstica y violencia intrafamiliar han sido utilizados como sinónimos.
En las familias, indica Batres (1996), existe una jerarquía de poder basada en el sexo, edad y
distribución de recursos económicos y personales. Generalmente quien tiene esos recursos y atributos es el
hombre adulto. Esta posición de los hombres como jefes de familia ha sido legitimada por el esquema de la
familia patriarcal y todas las instituciones sociales han apoyado y reconocido este poder. A su vez pone en
evidencia el androcentrismo implícito en el modelo de lo humano, que excluye e invisibiliza a la mujer.24

23
Lagarde, M., Ibidem Pág 7. También Giberti y Fernandez, se refiere a los procesos invisibles.
24
Ver: Simone de Beauvoir, en “El Segundo sexo” desarrolla que fue la reproducción y la maternidad las que
condicionaron la función sociológica de la mujer en los inicios de la historia.

29
El determinismo biológico condicionó la asignación de roles diferenciados: asignando a la mujer el
papel de única responsable del cuidado del hogar y las múltiples tareas que conlleva, segregada al ámbito
privado y doméstico.
El maltrato hacia las mujeres se ve favorecido por la falta de independencia como persona, porque a
pesar de que tenga recursos económicos propios, la mayoría de las mujeres por esa construcción social no
logran tener autonomía personal25.
Siguiendo a Lagarde, indica que “las formas más relevantes de sexismo son el machismo, la misoginia
y la homofobia. Y una característica común a todas ellas es que son la expresión de formas acendradas de
dominio masculino patriarcal”. Veamos de qué se trata:
El sexismo patriarcal se basa en el androcentrismo. La mentalidad androcéntrica “permite considerar
valorativamente y apoyar socialmente que los hombres y lo masculino son superiores, mejores, más
adecuados, más capaces y más útiles que las mujeres. Por ello es legítimo que tengan el monopolio del poder
de dominio y de violencia”. El androcentrismo se entrelaza y completa con la misoginia. Tras la
sobrevaloración de los hombres y lo masculino se interioriza y subvalora a las mujeres y a lo femenino.
La dominación patriarcal pone en condiciones sociales de subordinación a las mujeres, y las hace
invisibles, simbólica e imaginariamente: no obstante, la presencia de las mujeres, no son vistas, o no son
identificadas ni reconocidas algunas de sus características.
La invisibilización de las mujeres es producto de un fenómeno cultural masivo: la negación y la
anulación de aquello que la cultura patriarcal no incluye como atributo de las mujeres o de lo femenino, a
pesar de que ellas lo posean y que los hechos negados ocurran.
La misoginia se produce cuando se cree que la inferioridad de las mujeres, en comparación con los
hombres y por sí misma, es natural. Sostiene que las mujeres son impotentes por incapacidad propia y, de
manera central, cuando se hostiliza, se agrede y se somete a las mujeres haciendo uso de la legitimidad
patriarcal. (Lagarde, 2011)
Por su parte el Estado, aunque posee capacidad para regular la relación de poder entre los géneros
en el ámbito privado, cuando se trata de la violencia marital es conocida la reticencia de los policías a
intervenir en “disputas domésticas” y considera que se trata de personas violentas por problemas (drogas,
alcohol, celos, laborales, etc.) desviando la atención del matrimonio como una institución generadora de
violencia, con ello se hace partícipe de revictimización de la mujer y consecuentemente causal de posible
femicidio.

25
La autonomía en las mujeres no depende sólo de la independencia económica, sino también hay que poder sentirse
con derecho a poseerlo y libre de culpas por administrarlo y tomar decisiones según los propios criterios.

30
La asistencia a la mujer
En base a entrevistas y datos proporcionados en 201126 a funcionarias de la Dirección de la Mujer de
la Provincia de San Juan y del Centro de Tratamiento Integral de la Violencia Familiar, dependencias del
Ministerio de Desarrollo Humano y Promoción Social, pudimos constatar que las actuaciones son producto
de la improvisación, la falta de capacitación y registros en temas específicos en los altos niveles y el
voluntarismo que en definitiva son condiciones que favorecen la revictimización de las mujeres y el
ocultamiento del problema.

Cuadro Nº 9: Cantidad de denuncias violencia por Departamento de San Juan, 2011.


Departamento Cantidad %
ZONDA 6 0,11
RAWSON 1428 26
ULLUM 8 0,15
CHIMBAS 716 13,1
VALLE FERTIL 23 0,42
POCITO 709 12,9
SAN MARTÍN 35 0,64
CAPITAL 660 12
IGLESIA 38 0,69
RIVADAVIA 452 8,25
9 DE JULIO 46 0,84
SANTA LUCÍA 404 7,37
ANGACO 47 0,86
SARMIENTO 368 6,71
25 DE MAYO 72 1,31
CAUCETE 183 3,34
CALINGASTA 78 1,42
ALBARDÓN 130 2,37
JÁCHAL 79 1,44
Total 5482 100

Fuente: Centro de Violencia Familiar. 2011

El cuadro Nº 9, indica un registro importante de denuncias, sin embargo, cabe acotar que no tenía la
Dirección de Violencia Familiar la discriminación por sexo, esto es que trata de varones y mujeres. Se
muestra igualmente que los Departamentos de Pocito y Capital poseen los registros de denuncia más altos.
Nos preguntamos si en los Departamentos que hay menos denuncias, es que hay menos violencia, o es que
falta concientización, información y agentes capacitados para detectar la violencia sobre las mujeres.

26
Recién en 2012 se regularizó la situación de la Dirección de la mujer, y actualmente en 2013 se produjeron cambios
con la llegada de las Áreas de la mujer a los municipios.

31
Cuadro Nº 10: Causa de denuncia San Juan, 2011.
Causa Cantidad %
Abuso sexual infantil 13 0,22
Física 4086 68,2
Contra la libertad 18 0,3
Psicológica 925 15,4
Económica 82 1,37
Sexual 773 12,9
Otros 97 1,62
Total 5994 100
Fuente: Centro de Violencia Familiar. 2011

Del cuadro Nº 10 se constata que la violencia física es la de mayor representación (68,2%), siguiendo
con el 12,9 % la de índole sexual (a la que hay que agregar abuso sexual infantil (0,22 %)). La falta de acceso a
una buena estadística también es un factor que incide en la eficacia de políticas y asistencia.
La Directora de la Dirección de la Mujer María Angélica Cámpora nos relata en agosto de 2011 sobre
su falta de formación al momento de asunción al cargo:
“En general yo llevo en el Ministerio de Desarrollo Humano 8 años y 4 en esta función.
Específicamente sobre violencia a la mujer no he tenido formación, si tenía formación en
la temática social. De todas formas, los cargos políticos no son concursados o sea que
generalmente cuando entramos es obligación de cada funcionario ponerse a estudiar y
aprender sobre la temática”.
En cuanto a la demanda de atención por problemas de violencia comentó que recibe:
“…aproximadamente entre el Centro Teresa de Calcuta que es otro lugar que recibe
consultas y la Dirección de la Mujer, cerca de 200 casos por semana. Yo cuando asumí
estábamos aproximadamente entre los 800 y los mil casos por año, o sea que los
números han aumentado notablemente. Lo que para mí no es una visión mala, sino que
significa que las mujeres se están animando, que las mujeres se están dando cuenta.
Nosotros enfocamos mucho el trabajo en lo que es prevención, básicamente talleres de
prevención. A la gente le despierta inquietud y despierta, el “conozco una vecina”
“conozco alguien” nos ha favorecido mucho. Y lo otro que nos ha favorecido es salir
terreno en lugares alejados”.
La estadística proporcionada dio cuenta en 2011 de 5482 denuncias y 18 femicidios, si hubiera
conocimiento y articulación los datos debieran ser coincidentes.
La exposición del tema en los medios y la acción de los allegados, familiares y amigos son factores
fundamentales para la concientización y la sensibilización frente a la violencia, a fin de acercar las víctimas a
los centros de ayuda. De ahí la importancia de buenas campañas de información y educación, pero a la vez

32
es necesaria, a fin de resolver la violencia contra la mujer, que quienes atienden en las instituciones lo
realicen con idoneidad y no con improvisación.
En cuanto a la ley vigente la misma Directora dijo:
“La provincia cuenta “con legislación provincial que es sobre violencia de la mujer en el
ámbito familiar además de la ley nacional, que a mi criterio es realmente muy buena,
que son complementarias. O sea, una no quita la posibilidad de la otra. Pero bueno, yo
ya he iniciado el expediente para que el ministro me adhiera a la ley. Ya no corre por mi
voluntad. Esa ley está muy buena porque realmente contempla todos los otros tipos de
violencia que puede sufrir la mujer, como la violencia mediática, como la económica”.
A la fecha de hoy 2014 el estado provincial no ha suscripto a la Ley 26.485, esto simplemente
muestra la connivencia de autoridades entre sí, y la falta de compromiso con el problema.
En el mes de diciembre de 2011 la Dirección de la Mujer quedó sin autoridad, un miembro del
equipo de atención (Psicóloga) se hizo cargo.
La Licenciada, a cargo de la Dirección de la Mujer nos comentó sobre las formas institucionales
desde donde llegan muchas mujeres:
“La mujer que es víctima de violencia, puede llegar a la Dirección de la Mujer por
distintas vías, una de ellas es por conocimiento de la institución, de alguien que le haya
dado el dato y concurrir en forma espontánea, en la Dirección se le llama una “demanda
espontánea”; otra forma es cuando un vecino/a que está en conocimiento de su
situación, de violencia de género y pide asesoramiento psicológico, social, legal. Puede
llegar la víctima también por un oficio judicial, para que haga tratamiento en los Grupos
de Ayuda Mutua de la Dirección. O también derivada de otra institución, hospital, centro
de salud pública, de cualquiera de las seccionales de la policía de San Juan,
específicamente de la Brigada Femenina (donde hay personal entrenado), con las que
trabajan a diario, pidiéndole ayuda por un tema de seguridad. Otra vía es de distintos
organismos del Poder Judicial, de algún Juzgado Penal, de algún Juzgado de Instrucción,
de algún Juzgado de Paz que haya tomado conocimiento de una denuncia de una
situación de violencia de género, derivan a la mujer para que Dirección trabaje con ella”.
Se advierte un mayor conocimiento en cuanto a la forma de arribo de las mujeres a la institución, en
comparación con la ex Directora. Se infiere que cuando llegan al Centro de Violencia para la atención, hay
casos que han pasado por la comisaría, hospital y/o jueces, que ya ha transcurrido el tiempo, que han debido
dar cuenta y revivir los traumas. Sin embargo, no se advierte que no es una cuestión de violencia por
cuestiones domésticas, sino que es por cuestiones de género en el ámbito doméstico, cuyo objetivo es el
sometimiento de la mujer.

33
La revictimización institucional, es un mecanismo: ir apaciguando y ablandando en cada institución a
la mujer, con el objetivo de volverla a su hogar y lograr la unidad familiar.
En el Centro de Violencia: a la mujer víctima la aborda un profesional ya sea psicólogo o asistente
social:
“Lo primero que se realiza es darle contención, porque la víctima viene de una situación
traumática, desbordada, de una situación de mucha angustia, estrés. Las primeras
entrevistas suelen ser muy largas porque quieren contar muchas situaciones actuales y
pasadas, a la par que se le da contención, se le brinda información, haciendo conciencia
de la gravedad del tema, dándole distintas alternativas de solución, para que la mujer
decida”.
Finalmente, cuando son asistidas se sienten doblegadas por el sistema que las ha culpabilizado y
humillado, entonces agotada y casi vencida es convencida de volver a su casa aún a riesgo de mayor
violencia de parte del maltratador en venganza por haber sido expuesto.
La Psicóloga nos dice que, frente a situaciones de mayor indefensión de la mujer, recurren a un Plan
de Emergencia:
“Cuando observamos que no está en condiciones de tomar ninguna decisión de vida, se
realiza un plan de emergencia, hasta que recobra la posibilidad de tomar decisiones. Si
perciben que sufre un trastorno, psicológico o psiquiátrico, se la deriva a un Centro de
Salud Pública, tienen una Guía de Recursos Institucionales en Salud Mental, se ponen en
contacto con algún profesional de esos centros, para que la mujer vaya con un turno, con
algún referente que la espera para allanarle ese camino que no es fácil”.
Los abordajes profesionales, apaciguan los temores de las víctimas e inducen con su accionar al
reencuentro familiar, el diagnóstico carente de una visión sobre el maltratador con perspectiva de género
expone a la mujer coexistir con la violencia y naturalizarla.
Una dependencia también del Ministerio de Desarrollo Humano y Promoción Social, es el Centro
Integral de Violencia Familiar “Madre Teresa de Calcuta” es para:
“La mujer que necesita un albergue transitorio porque está en una situación de riesgo, en
el centro también se atienden consultas, se trabaja más que nada el tema del abordaje,
desempeñado por un equipo interdisciplinario. Realizan su labor con una población más
variada en comparación de la Dirección de la Mujer, atienden a la familia completa
(adultos y adultos mayores), cuentan con el apoyo de cámaras Gesell, con equipos de
ayuda mutua, como la Dirección, también realizan capacitación en diversos sectores”.
Cuando llega una mujer con signos claros de violencia física ocasionada por golpes:
“Su necesidad primera es la de albergue, ya sea porque tuvo que salir de urgencia de su
casa, o también han existido casos de mujeres que son de otra provincia, que han llegado

34
a San Juan por razones de trabajo acompañando a sus parejas, que no tienen familia en
la Provincia de San Juan. En esas situaciones existe a su disposición una institución que se
llama “Casa Hogar Aurora”, que depende de esta dirección y es justamente para esos
casos. También es para la mujer que se encuentra en una grave situación de riesgo
donde se ha constatado la situación de violencia, mediante una denuncia se la alberga
transitoriamente quince días, algunas veces se han realizado extensiones en virtud de la
gravedad del caso, en ese hogar también hay un equipo interdisciplinario de
profesionales, en el tiempo que están allí trabajan con ellas y si tienen hijos también con
ellos”.
El abordaje profesional, contiene y asesora a la mujer:
“Tratando de hacer conciencia de la situación de riesgo en la que se ha visto envuelta,
asesorando a las víctimas y viendo las posibles alternativas de solución, reconectándola
con su familia, si no hay familia buscar un lugar, si el problema es que no tiene trabajo se
le trata de conseguir. También allí trabajan Grupos de Ayuda Mutua, para reforzar sus
capacidades volver a encontrarse con ellas mismas y ponerse como meta de vida no
entablar más relaciones violentas ni con una pareja ni en ningún tipo de relación”.
Los casos extremos de violencia, se recomienda salir de su casa por resguardo de su integridad física.
En estos casos, la mujer es atendida y alojada en el “Hogar Aurora”. Consiste en una casa con varias
dependencias para alojar no más de 20 personas.
Se trata de un lugar de aislamiento para niños/as y sus madres, que llegan traumatizados, tienen
estrés postraumático, trastornos ansiosos, sentimiento de inseguridad, pesadillas, presentan fatiga, ellas
están agotadas por el sufrimiento. Ante el crecientes requerimiento, el presupuesto y los recursos humanos
son escasos, razón por la cual no pueden permanecer mucho tiempo.
Luego de la primera entrevista, “se realiza un seguimiento en la dirección, hay mujeres que
concurrieron una sola vez y después se las rastrea por teléfono o mediante una visita domiciliaria, y otras
siguen concurrieron informando como está el proceso”.
Hay mujeres que “están en condiciones de trabajar en lo que es su recuperación anímica personal, en
forma individual, otras lo pueden hacer en forma grupal, a estas mujeres que tienen la capacidad de tratar
sus aspectos personales en grupo, se las invita al Grupo de Ayuda Mutua, en la dirección funcionan dos y en
la “Casa Hogar Aurora” otros dos”. Por falta de recursos, las mujeres son enviadas a los puestos sanitarios de
su zona en busca de psicólogos que las atiendan.
Otra forma de contacto con la Dirección de la Mujer es mediante “la Línea es el 0800-666-6351 es un
servicio de llamadas gratuitas, dentro de la Provincia de San Juan y su función es brindar información y
contención, generalmente llaman cuando acaba de suceder un hecho violento, muchas veces han tenido que

35
llamar a la policía para que vaya a un domicilio particular, o ir a buscar a una mujer a su domicilio y llevarla a
la “Casa Hogar Aurora”, depende de cada caso en particular”.
El trabajo es articulado con distintos entes dentro del mismo Ministerio de Desarrollo Humano y
Promoción Social:
“Ya que suelen presentarse casos complejos por la existencia de múltiples factores de
riesgo, por ejemplo, en una situación de violencia intrafamiliar también existe una
situación de pobreza, entonces tratan de conseguir recursos o beneficios sociales,
medicamentos, ayuda alimentaría, actualmente lo que se pide mucho es el subsidio de
alquiler, que lo dan por tres meses en principio, hasta que la mujer pueda rearmarse un
poco y mejorar su situación”.
La política asistencial ahonda la humillación de mujeres pobres, que exponen, lo silenciado y
ocultado que año tras año han padecido como víctimas de violencia psicológica y física, a autoridades y
profesionales (psicólogos, asistentes sociales, asesores legales) cuando lo que necesitan es recobrar su
dignidad como sujeto de derecho. Ellas por fin dijeron “basta” y acuden al Estado que (carente de toda
comprensión del problema de las víctimas de violencia de género) es ineficaz con su tratamiento.
También trabajan en forma coordinada:
“Con el Poder Judicial, Juzgados de Paz, Juzgados de Familia, de Menores, Defensoría de
Pobres y Ausentes, Defensorías de Menores y Juzgados Penales, también con las
Seccionales de Policía, en especial con la Brigada Femenina, con la Central de Policía,
con la Oficina de Seguridad Personal, en aquellas situaciones cuando una víctima en una
Comisaría no ha recibido el trato que correspondía o no se le ha recibido la denuncia, o
se perdió la denuncia o exposición”.
Lo que sucede en las Comisarías, es un capítulo aparte: las atienden hombres que se burlan o hacen
comentarios sarcásticos y se resisten a recibir la denuncia e investigar (en los departamentos alejados es
mayor el problema).
Los municipios:
“También trabajan en el tema, con distintas referentes municipales que derivan casos,
igual que las ONG, como el “Movimiento de Mujeres Sanjuaninas”, trabajan con mujeres
de bajos recursos y ellas detectan muchos casos y los derivan, sobre todo provenientes
de zonas alejadas”.
Recién en 201327 se están organizando las Áreas de la mujer y se están capacitando. Anteriormente
sólo se asesoraba dando las direcciones hacia dónde dirigirse.

27
En 2013 está a cargo del Área Mujer Provincial: Dirección de la Mujer del Ministerio de Desarrollo Humano y
Promoción Social como responsable la Sra. Hilda Aciar de Sanz. El Diario Tiempo de San Juan daba cuenta en 2012 que

36
La Dirección de la Mujer, “Es un organismo de recepción de solicitudes de protección, y
estamos obligados cada vez que se presenta una persona denunciando un hecho de
violencia de género atender el reclamo. Una vez recepcionado es derivada al Centro de
Atención de Violencia Familiar, lugar que concentra todo lo que se refiere a estadísticas
de la provincia”.
¿Puede verbalizarse lo que se vive en situación de violencia de género? Son 8 hojas de tedioso
llenado, y para personas analfabetas o con dificultades de expresión es inaccesible, a lo sumo refieren “me
insulta” y “me pega”.
El estado emocional, la desazón por los tormentos vividos disuade a formalizar en ocasiones la
solicitud, sobre todo cuando llegan solas a la institución, sin embargo, es de llenado obligatorio previo a ser
atendidas, siempre que haya disponibilidad de recursos humanos y lugar en el albergue.
Una particularidad que observamos es la atención centrada en la mujer como madre. Nada se
menciona del victimario, quien no es obligado a atención preventiva, ni psicológica por ningún organismo de
la provincia.
Las estrategias de la institución es el modelo de protección asistencial, las victimas mediante el
proceso: de exposición y tratamiento, son revictimizadas y pasan a ocupar una posición pasiva y victimaria
que refuerza el ideario, que “ella es la que rompe la familia”. No solo su autoestima es dañada por el agresor,
sino que su posibilidad de empoderamiento se ve debilitada.

El femicidio en San Juan 2012 y 2013


Las mujeres muertas son la contracara de la inacción de instituciones que debieran advertir la
diferencia entre disputa ocasional familiar y la violencia de género.
El caso de María Cristina Olivares de 26 años, asesinada de 139 puñaladas el 7 de julio de 2012. Su
muerte fue planeada por su ex esposo Miguel Palma y ejecutada en manos de la amante. Él, ya había sido
detenido en dos oportunidades por denuncias efectuadas por Cristina.
Otro caso fue el ocurrido un mes después, el 13 de agosto de 2012, contra Carina Baginay de 35
años, asesinada por René Robledo, con tres puñaladas. Era ex pareja de Carina, sufrió violencia y hacía un
año se había ido a la casa de sus padres, su amiga comento en un periódico local que "La vivía cortando, ella

“Desde hace seis meses, la Dirección de la Mujer está acéfala. La persona que fue elegida por el gobernador José Luis
Gioja para el cargo informó que renunció el mismo día que fue nombrada (domingo, 17 de junio de 2012). Desde que
Molina asumió como Ministro de Desarrollo Humano, pasaron por la Dirección de la Mujer, Beatriz Muñoz de Chica
(ahora a cargo de la Dirección de Talleres Comunitarios) y María Angélica Cámpora (actualmente en Desarrollo
Sustentable de Minería). [Link]
[Link]

37
no quería estar más con él. La había amenazado con quemarle la casa y matar a sus hijos. Ya le había
quemado la ropa"28.
También en San Juan el 25 de mayo de 2013, Estela del Valle Bustos de 34 años fue asesinada por
Cristian Fretes, de 37 años. La mató a golpes a su esposa, quien estaba embarazada de seis meses, y obligó a
su hijo a que limpiara la sangre y a la vez lo amenazó para que dijera que entraron ladrones que asesinaron a
la mujer.
La pregunta que sobrevuela es ¿Cuántas muertes más son necesarias para entender la violencia de
género?
Las instituciones deberían trabajar en torno al patriarcado imperante en la estructura familiar. Sin la
familia patriarcal, esta forma de estructura familiar quedaría desenmascarada como una dominación injusta
y acabaría siendo derribada.

El género de la violencia doméstica en San Juan


En el contexto más arriba planteado la violencia afecta a todas las mujeres, dado el sentido sexista
de la organización social que ha impuesto que en el hogar las acciones son propias de la idiosincrasia
femenina. Entre ellas se encuentra el trabajo gratuito de la mujer que beneficia al marido, los hijos y la
sociedad en general.29
Los mandatos sociales le señalan como objetivos de su vida: el matrimonio y la maternidad, desde
niñas se enseña a ser dóciles y sumisas, en lugar de autónomas. El llamado “techo de cristal”30 limita la vida
pública de la mujer.
Cuando se piensa la violencia, se piensa en un golpe o insulto directo, que son, sin embargo, la
forma más obvia de la misma. Existen muchas formas de violencia que son invisibilizadas por las personas,
por no ser conscientes de ello quien lo hace, ni tampoco quien la recibe.

La voz de las víctimas


A continuación, se analizan tres testimonios de mujeres víctimas de violencia doméstica.

28
Diario Tiempo de San Juan [Link]
[Link]
29
Ver “Con los minutos contados” Avila, L.; Kirby, S. y otras. Describe el uso del tiempo en mujeres y hombres en San
Juan.
30
El techo de cristal es, según una definición de Mabel Burin “Una superficie superior invisible en la carrera laboral de
las mujeres, difícil de traspasar, que nos impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho
de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante
limitación, sino que está construído sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar.”
([Link] ).

38
1- El caso de Rosa, es un reflejo de una vida matrimonial que se fue tiñendo de violencia aún sin ella
asumirlo como tal:
Rosa actualmente tiene 42 años, trabaja en tareas domésticas por hora, tiene secundario incompleto
y tres hijas, estuvo casada 15 años con Carlos, hasta que decidió separarse después de descubrir que la
engañaba con otra mujer y que consumía drogas:
“Yo me separé cuando lo internaron por un problema del corazón a mi marido, yo no
sabía que pasaba y yo ya no le creo nada decía yo, decían, pero no ves que es por las
drogas, y yo no sabía que tomaba drogas. A mi hermana le preguntaron en el hospital si
sabía por qué estaba él así, y dijo no que no sabía y le dijeron que había consumido
drogas, y ella me dice uh... lo que pase ahí. Y yo le dije viste que consumía drogas, no
quería ir porque iba a pasar vergüenza si yo no sabía que tomaba drogas. Bueno y ahí
empezamos porque yo no tomaba ni vino. Y mi eso me parecía mal, y mal ejemplo para
las niñitas, y siempre peleábamos por eso”.
Una característica de la sociedad occidental es la monogamia frente a ella la infidelidad es
considerado la principal causa de peleas, separaciones y divorcios: así Rosa cuenta:
“Cuando sale del hospital, ahí nomás me entero que estaba con una mujer, y yo vi la
moto en la casa de ella, a pocas cuadras de la mía, y fui y me atendió ella, le dije quiero
hablar con Carlos y me dijo que no estaba ahí, le dije cómo que no, si acá esta la moto, y
ella decía sí, pero no está aquí. Pero él estaba ahí, entonces cuando se arrima llega la
policía, y me hizo sacar… Y me sacan del brazo porque él decía que le iba a pegar a la
mujer. Y dijo como que yo quería entrar a la casa, y yo solo estaba afuera yo no me
quería meter a la casa. La policía me dijo que no me podía arrimar ahí. Él dijo que tenía
miedo que le pegue a la mujer, y yo le dije que porque me decía eso si yo nunca había
pegado, que hacía 20 años que estábamos juntos y que no me conociste que como me
iba a decir eso. Y yo que no había hecho nada me sentí muy mal y le dije que yo solo
quería hablar”.
El circuito pareciera que termina con la separación, sin embargo, comienza la intervención de
instituciones a las que nunca asistió el marido:
“Ahí empezó todo, porque yo iba a empezar con el divorcio con la Defensora de
Pobres, y ahí fui y averigüe tuve que llevar testigos que comprobaban como era, como el
siempre gritaba creían que me pegaba y decían usted no sabe como la trataba porque
era un hijo de puta. Y ahí me empezaron a investigar y me empezaron a hacer un
tratamiento psicológico porque como decían que me pegaba, y que como yo no quería
hablar era como si yo no decía nada. Y me pusieron esa atención psicológica porque
decían que yo no quería reconocer que me pegaba, duró un año y me decían que yo tenía

39
que cambiar el carácter porque tenía que hacer frente a él porque poder decir que no
entrara a la casa porque cuando él venía siempre se ponía todo mal, quería que las niñas
estuvieran calladas, y el poder ver televisión”.
Cuando preguntamos sobre cómo era su vida con Carlos, observamos que fue una vida dura, ella
resignada a su destino de trabajadora y cuidadora de sus hijas.
Como muchas mujeres pobres que no sólo trabajan en casa, las mujeres salen a trabajar y cumplen
con una triple jornada de trabajo, y a veces son el único sostén de la familia.
El marido de Rosa no tenía trabajo, a veces se dedicaba a trabajos relacionados con la criminalidad:
“Yo salía todos los días a trabajar, y lo poco que se podía tener de plata, se lo consumía
él en esas cosas. Después tuvimos muchos problemas. Él se separó, porque yo le dije que
andaba con una mujer, él decía que no. Entonces fui a hacer una exposición para que no
fuera a mi casa porque él me dijo que se iba con la mujer”.
Banchs31 habla de violencia subterránea sobre la cual se apoya el reparto desigual del poder, es decir
del acceso y control de recursos. Se llama subterránea porque no suele ser percibida como violencia.
Rosa expone su relato como si fuera una extraña en la familia del esposo, nunca supo que pasó con
su marido, que un día perdió sus bienes y herramientas de trabajo:
“Mi marido trabajaba en la carnicería del padre en la calle 6 y San Miguel, cuando se
muere el padre todos quisieron vender las herramientas todo, y se empezaron a pelear
por los seguros de vida. Y la madrastra se quedó con todo eso, la casa, las herramientas,
los seguros dijo que le correspondía. El abogado de ella dijo que las cosas les
correspondían a los hijos solteros y a ella, y así fue. Vendieron todo y no sé si le dieron
algo, yo nunca supe de lo que él tenía, comíamos con lo que yo traía, él nunca me daba
plata”.
Es una manifestación de la violencia económica que vivió Rosa. Se trató de acciones y conductas del
marido que restringieron el acceso o administración de bienes e ingresos, así como la falta de cumplimiento
adecuado de los deberes alimentarios, en las que él incurrió.
La violencia psicológica puede implicar humillaciones, como insultos delante de otros/as con el
objetivo de provocar una ruptura de la identidad. Esto afecta directamente a la autoestima de la persona
que dejará de sentirse digna de ser amada, Rosa dice:

31
Banchs, María, (1991a), La violación y sus actores ante la justicia, Trabajo de Ascenso para ascender a la categoría de
Agregado, Escuela cíe Psicología, UCV, Caracas.

40
“Siempre que salía con él tomaba y terminaba con peleas, insultos, así es que yo nunca
quería salir”, “yo le hablaba, y me decía vos no sabes nada, dejame de joder”, “todo lo
que hacía, me decía que lo hacía mal”.
También consiste de actos de intimidación como romper objetos para manifestar el mal humor. Se
trata de una violencia indirecta el mensaje es suscitar miedo en el otro: “rompía vasos contra la pared, pero
era que había tomado, también era muy gritón”. La exposición a gente extraña también eran actos de
intimidación: “Yo no quería que viniera esa gente que no me gustaba eran de Buenos Aires, Chile…, pero él
decía yo hago lo que quiera ésta es también mi casa…”
La violencia silenciada, es esa forma que adquiere en la vida cotidiana, el acallamiento, la falta de
cariño, el maltrato. Respecto a la victima se suele pensar que “algo hizo aquella mujer para recibir tal
maltrato”, y ellas por lo general se muestran comprensivas, pero en realidad están con miedo, inseguras,
abatidas, siguen tragando como si todo fuera a cambiar.
Rosa es conciliadora y comprensiva frente a la adversidad y a los ocultamientos de su marido cuando
relata que:
“… a mí no me pegaba, solo una vez me pegó y me rompió toda la boca, pero de ahí
nunca más, eso fue cuando la Almendra tenía 2 años y la Romina 5 y fue porque apareció
una nena que era hija extramatrimonial de él y yo no sabía nada y yo le dije que la tenía
que reconocer, que me tendría que haber dicho, que a mi no me molestaba, y mis nenas
lloraban, vos no sabes nada, y ahí me puso una piña, y de ahí la gente creía que siempre
me pegaba”. “…nunca fue cariñoso, él venía y se tiraba a la cama, y nada…”.
Un rasgo característico de la sociedad patriarcal es el sostenimiento de la familia como centro de la
vida social. Por ello cuando la mujer decide irse del hogar a la casa de familiares por cuestiones de
desavenencias, en un principio son contenidas, pero por lo general se cuestiona su decisión y se ven
obligadas a volver por presión familiar a la misma situación de la que partieron.
“Cuando andábamos mal, me fui a la casa de mi hermano, para despejarme la mente un
poquito, pasé como 15 días, ahí como uno no conoce nada y estaba con los niños, me
vine a mi casa. Y después me fui a Mendoza estuve como 5 meses entre a trabajar en
una fábrica de conservas, pero ahí no duro un poquito y me volví porque tenía que dejar
a las niñitas con otras personas. Estuve en la casa de la suegra de mi esposo”.
“También cuando me pegó, yo me fui de la casa a San Martín Angaco, y la Señora
Alicia (empleadora) me dijo vos no te tienes que ir de tu casa es él el que se tiene que ir
vos volvéte porque estás actuando mal, y ahí a la semana yo volví a la casa y le dije vos
andáte porque sos vos el que se tiene que ir y esta es mi casa y las niñitas no se pueden
quedar afuera de la casa”.

41
La separación se decide en pos de resguardar a los hijos/as frente a posibles agresiones o maltrato
de parte del padre o concubino, en el caso de Rosa su temor era frente al modo de vida que estaba llevando
su marido con “malas juntas y drogas”:
“El siempre andaba con Almendra (hija) cuando se iba, él decía me voy a la casa de mi
viejo, y se la llevaba, y yo no sabía si era cierto, pero yo digo que las cosas que hacía él la
Almendra las veía. Ella empezó a decir yo soy del ambiente decía porque estaba porque
consumía, y estaban en cosas que no tenían que estar. Me decía porque usted no sabe
nada yo soy del ambiente. Y se lo dijo al psicólogo porque ella también tuvo que estar en
tratamiento psicológico, pero no lo terminó fue un mes nada mas que fue lo que fue,
nunca le dieron el alta porque no fue”.
El “sentimiento de culpa” de la mujer, después de haber expuesto ante las instituciones lo paga con
la renuncia a su reclamo de divorcio.
“Después de la separación en el 2012, un día fue él a retirar a mis hijas a la escuela y yo
le dije a la policía que él no tenía autoridad para retirar a las niñitas. Porque fui a
buscarla a la escuela y las niñitas no estaban en la escuela tardo como dos horas en traer
las niñitas a la casa y le pusieron como secuestro y ahí le hicieron restricción de casa
hasta que él firmara el divorcio, pero él no quería firmar el divorcio, así que me dijo la
mujer del juzgado que podíamos hacer tres llamados y ahí si no se presentaba ya
quedaba divorciaba, y si no iba quedaba como en desacato me decía la abogada porque
él tenía que ir por el juzgado y si no iba él a la tercera quedaba en desacato. Yo lo
suspendí hasta que él se presentara, porque yo quería que fuera un divorcio por mutuo
acuerdo que no quería nada de él, pero quería que estuviera todo bien, estar tranquila,
sino tenía con que comer tomarme un mate sino tengo nada, pero estar tranquila.
Entonces siempre está con que va a volver, y que se yo ahí está siempre en eso. Yo no sé
que va ha hacer, me tiene así siempre diciendo lo mismo, pero no entra a la casa”.
Rosa todavía piensa que quizás todo pueda cambiar, “él curarse y trabajar” y así volver a casa. Pero
no es así, hoy se constata que las abandonó y las maltrató a ella y a sus hijas y quizás abusó de Almendra.
Luego de la separación, Almendra sufrió un intento de suicidio,
“En el 2008, todo empezó con ella yo me había separado (Almendra, la hija más
grande), cuando empezó a salir, yo trabajaba en la noche, y cuando venía ella no estaba.
Ella salía en la noche y yo tenía que salir a buscarla. Un día la encontré justo a tiempo, se
había cortado las venas…”.
La ausencia del padre y la crisis en los menores y adolescentes cuando hay fuertes vínculos pueden llegar
hasta el suicidio.

42
2- El segundo testimonio lo brinda, María del Carmen ella tenía 40 años en 2011 cuando se realizó la
entrevista, vivió 15 años junto a su marido e hijos en un hogar plagado de agresiones y maltratos tanto
físicos como morales y psicológicos.
Cuenta que muchas veces la amenazó con matar a sus hijos y a ella, luego se suicidaría. Hace dos
años que asiste a tratamiento en la Dirección de la Mujer, en los equipos de atención, para superar esa etapa
de su vida junto con otras mujeres que han pasado por lo mismo.
Su vida no fue fácil, convivió con esta situación durante 15 años, fue una madre joven, y sufrió todo
por sus hijos, ya que no tenía medios económicos, ni familia que la sustentara.
Su marido tenía celos irracionales, vivía acusándola de serle infiel, de no hacer nada o simplemente
estaba molesto con algo y la culpa recaía siempre en ella, cualquier excusa era válida para golpearla y abusar
de ella. Los celos patológicos, son manifestaciones de la microviolencia psicológica32, el comportamiento es
de sospecha constante. Lo que no soporta el otro es la alteridad de la mujer, la posibilidad de una identidad
como -sujeto-activo-pensante. Quiere poseerla totalmente y le exige una presencia continua y exclusiva. No
proviene de una realidad como las infidelidades, sino de una tensión interna que trata de aplacar, aunque no
salga su mujer siempre sentirá insatisfacción a partir de la propia desvalorización.
Padeció múltiples golpizas, pero nada como la última, el 13 de agosto de 2009:
“Lo recuerdo como si fuera hoy, era un día jueves, mi marido se levantó de dormir la
siesta pasadas las 6 (seis) de la tarde, y se fue a la esquina para juntarse con sus amigos
y allí estuvo hasta aproximadamente las 10 de la noche, tomando vino o cerveza creo.
Volvió a la casa muy ebrio, gritando y golpeando puertas, encerré a mis hijos en una
habitación porque ya había pasado esto antes, no me acuerdo cuales fueron sus
palabras exactas, algo como: ¿Y mi comida? ¿Qué estuviste haciendo toda la tarde? ¿El
tipo con el que andás no te da tiempo ni para cocinarle a tu marido?
Y así sin más empezó a golpearme, una y otra vez con piñas, y yo tratando de
defenderme, una vez en el piso empezó a darme puntapiés, gritando “Te voy a matar
puta…te voy a matar.”
“Mis vecinos escucharon todo el griterío y llamaron a la policía, no sé bien cuanto
tiempo trascurrió porque me desmaye, recuerdo estar en el hospital y una médica creo,
me explicó lo que había pasado y me interrogaron y ya no pude más, por fin pude juntar
valor y lo denuncié.
Nunca había sido tan feroz como esa vez, la próxima iba a matarme”.

32
Hirigoyen, Marie France. Mujeres Maltratadas: los mecanismos de la violencia en la pareja. Buenos Aires. PAIDOS,
2008.

43
María del Carmen, sufría violencia psicológica y física, la desconfianza, el insulto iban preparando el
terreno en escalada hasta el feroz ataque que sufrió. Nos cuenta:
“No pensé que me podía pasar eso, ya me había acostumbrado a sus ruegos, a que me
pida perdón y que nunca más lo iba hacer, pero el último tiempo que estuve con él, ya ni
eso, me amenazaba con matar a mis hijos y a mí, luego que se iba a matar”.
Las amenazas según Hirigoyen33, como conducta anticipatoria de un golpe, provocan tanto daño en
el psiquismo como el golpe que se asesta de verdad.
Las consecuencias son: incertidumbre, miedo, inseguridad, retraimiento, y depresión.
Todas las maniobras psicológicas o microviolencias, consideradas de forma independientes `podrían
enmarcarse en una disputa de pareja clásica, pero lo que constituye la violencia es la repetición y la duración
en el tiempo, así como la asimetría en los intercambios.
“Gracias a Dios tomé conciencia, gracias a los profesionales que me atendieron. No
es fácil, todavía me deprimo, pero el concurrir al Grupo de Ayuda Mutua, me ayuda a
superar lo que viví junto con otras mujeres que han pasado lo mismo que yo. Es tratar de
vivir el día a día y decir nunca más a la violencia.”
3- El tercer testimonio, describe a través de la entrevista el proceso de la violencia psicológica, que
comienza con el control sistemático del otro; luego llegan los celos y el acoso para acabar finalmente con
humillaciones y denigraciones. Todo esto para advertir a la mujer el poder que se tiene. En ocasiones,
pueden inducir a la persona al suicidio. Las amenazas y los actos aterrorizantes constituyen la última etapa
antes de la agresión física.
Victoria es una joven sanjuanina, de 23 años, con estudios secundarios completos. Tiene un hijo
pequeño de una relación anterior. Trabaja como empleada de comercio. Fue víctima de violencia física por
parte de su pareja, Diego, unos años mayor que ella, desempleado, con educación secundaria incompleta y
adicto al uso de drogas, con quien tuvo su segunda hija de Victoria.
Diego aparece en la vida de Victoria, cuando su hijo tenía menos de un año, recientemente se había
separado. El viene a cumplir en ese momento con la imagen de hombre protector y proveedor, en palabras
de Victoria:
“Se hacia el bueno en muchas cosas, con el tema del Juani, con lo económico, con el
tema del departamento, con todo”.
Las primeras manifestaciones de violencia ella las advierte a partir de que queda embarazada, y no
está segura de querer llevar a término ese embarazo:

33
Ibidem.

44
“yo creo que eso fue lo que a él le empezó a hacer como…. que ahí el empezó a cambiar
un poco porque yo no sabía si iba a tener o no a la Almita, que estaba entre que sí, que
no, que si que no, que no sabía”.
Diego le manifestaba que la decisión era de ella, que él iba a apoyarla en cualquier decisión, pero:
“Que a él no le gustaría que matara a un hijo de él”.
El efecto era presionar para que ella tuviera ese hijo. Para Hirigoyen (2008:40) obligar a una mujer a
tener un hijo es un modo de violencia sexual, a sabiendas de que la llegada de un hijo puede constituir una
manera adicional de controlarla.
Victoria identifica como causa de las reacciones violentas de su pareja los celos, por diferentes
motivos:
Cuando viene el padre de Juani:
“Desde que empezó a aparecer el papá del Juani ahí fue cuando aparecieron los celos,
las discusiones.”
O celos del pasado:
“También eso le molestaba yo creo que cada vez que él sabía que yo había estado, que
yo había tenido algo en el pasado era como que él no podía en el presente o si estaba
con él, porque él tenía miedo que yo recordara momentos del pasado o que lo dejara no
se qué…”.
En el relato aparecen los celos patológicos que provienen de la propia desvalorización, la
microviolencia que quiere imponerse hasta en el pensamiento. En palabras de Victoria:
“Noté por ejemplo que él siempre fue un hombre muy inseguro de él mismo, pero muy
inseguro que no puede superar un montón de cosas, pero de él, de él mismo y como que
todo eso me lo trasladaba a mí.”
Estas palabras, gestos son actitudes que tienen por objetivo desestabilizar o herir al otro, Victoria
advertía esto a través de las miradas de Diego,
“Me daba cuenta por ejemplo en las miradas nomás, en las caras que ponía. Por
ejemplo, cada vez que venía el padre del Juani yo lo veía con cara de orto, le decía que te
pasa, y no, no, nada, nada, pero me daba cuenta por la cara nomás que ya…”.
Para Hirigoyen, incomodar a la otra persona o crear tensión es una forma de aterrar para demostrar
el poder que se tiene. También es una forma solapada de desestabilizar a la mujer.
“…porque él, a su manera, así muy buenito, muy buenito me decía las cosas. Y yo por
ahí, cuando venia el padre del Juani decía -ay que embole. Después por ahí me decía -
¿qué te pasa? No, está bien que el padre lo venga a buscar-. Así todo, haciéndose el más
bueno y después – si, que vos lo tenés que llamar al padre para que lo venga a ver
porque es su hijo- y después cuando venía le molestaba. Eso era una manera de

45
manipularme, se hacia el que pensaba en el Juani y después cuando venia se ponía
celoso, ponía cara de c.., y después decía – no si no pasaba nada, estaba idiota por eso,
al contrario, a mí me parece perfecto que el padre lo venga a buscar”.
La violencia psicológica tiene como particularidad que al ser más sutil es más fácil de invisibilizar y
naturalizar aún ante los ojos de quien la padece.
La manipulación, es otra técnica de violencia psicológica:
“…Pero yo creo que igual todo fue manipulación, que estudió muy bien toda la situación
y sabía en que podía ceder yo, y en qué manera me podía manipular y en qué otras no. Y
después el tema de la agresión, yo no considero que haya sido una persona agresiva, de
verdad te digo, hasta que sí pasó que se subió por el balcón que yo creo que ahí estaba
muy drogado, pero yo creo que en nuestra relación o él hacia las cosas muy bien y yo no
me daba cuenta, o me manipulaba, por ejemplo de insultos y de golpes no hubieron
otras situaciones, fue esa sola vez.”
Esta violencia que comienza siendo sutil va incrementándose, según la narración de Victoria se
agudiza en los últimos meses del embarazo:
“Como no teníamos relaciones sexuales, ahí si ya se puso más hincha pelotas, decía que
yo seguramente ya estaba con otro, que quería estar con otro, que no quería estar con
él. Que yo a él no lo amaba como él me amaba a mí, y cosas que te dicen para estar
nada más. Y no sé, tampoco en realidad eran insultos, pero si, para mi, insultos son
todos…”
La violencia sexual, es una manera del hombre de demostrar posesión, es un medio más para
dominar y someter al otro/a. Es una de las formas más comunes de violencia, la más silenciada por las
mujeres y la más difícil de distinguir, ya que muchas mujeres acaban cediendo a las presiones de sus parejas
como un modo de calmar una situación de violencia.
El lavado de cerebro o persuasión coercitiva, consiste en técnicas de aislamiento y técnicas de tipo
emocional (manipulación verbal y chantaje), se manifestó en la relación de Victoria luego de tener a su hija y
cumplido el plazo de licencia por maternidad al volver a trabajar:
“Cuando yo empecé a trabajar también (luego de la licencia por maternidad) decía que,
alguno me iba a mirar o que yo iba mirar a otros, que lo iba a dejar, que iba a conseguir
alguien mejor que él, que tuviera un titulo que tuviera plata que me pudiera ayudar
económicamente, que fuera mejor persona.”
Vemos en ello un intento de Carlos de aislar a Victoria, procurando que su vida se centre únicamente
en él.
“Cuando íbamos a la finca (donde vive su madre) cada vez que íbamos a la finca era
una cara de culo todo el tiempo, las dos o tres veces que habremos ido, todo el tiempo yo

46
me tenía que hacer la buenita ahí con él para que no esté mal, para que no esté idiota,
todo el tiempo cada vez que íbamos a la finca…”,
Se advierte el intento de aislamiento, no solo en lo laboral sino también intenta aislar a la mujer de
su familia, amigos, etc.
Muchas veces mediante insinuaciones y mentiras se intenta poner a la mujer en contra de sus
allegados:
“Nunca me habló mal de mi familia, tampoco me habló bien. Las veces que me hablaba
era no que no vamos a ir que no me quieren que tu hermano me mira mal, que ya tu
hermano habrá hablado no sé cuantas cosas, que para que vamos a ir a la finca. De no
querer ir tampoco. Tampoco a mí me decía que no vaya, pero una vez que fui sola
también, cara de culo, que con quien has estado, quién estuvo, quién no estuvo…”.
Con la necesidad de lograr la paz conyugal, Victoria comienza a modificar sus actitudes, llegando
incluso a aceptar el aislamiento como un modo de evitar las situaciones de maltrato.
“Yo mentía que no había otro hombre para que no me secara la mente, y sí había. De
tener uno que terminar mintiendo para que no se enoje…”, “…, o no poder ir a la finca de
mi mamá porque él se enojaba, se ponía celoso, todo era la familia de él y mi familia
nada…”
La relación fue reproduciendo el espiral de violencia que describe Hirigoyen:
 Una fase de tensión: durante ésta la violencia no se expresa de modo directo sino a través de la
gestualidad, las actitudes, el timbre de voz:
“Una vez que sin querer me acuerdo que, no se por qué le dije H (el nombre de su pareja
anterior) no me habló como por dos días más o menos…”
 Una fase de disculpas: donde el hombre trata de minimizar su comportamiento. Lo más fácil es
responsabilizar a su compañera: ella lo ha provocado, y refleja la culpa:
“Y después me mandaba mensajes que sin nosotros no era nada, que se le había ido la
vida, que se iba a matar, a suicidar, que todo lo que él había hecho y había cambiado
que yo no valoraba nada.”
 Una fase de reconciliación, también llamada de “luna de miel”: donde el hombre adopta una actitud
agradable y, de repente, se muestra atento y dispuesto.
Luego de un episodio de violencia física Victoria cuenta que su pareja:
“Después vino acá y se puso a llorar y me dijo que yo tenía razón, que él en realidad era
muy inseguro de él, que iba a hacer tratamiento, que iba a cambiar, que era por todas
las situaciones que había vivido él en su familia, de violencia y que la madre le había
pegado de chico.”

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El episodio de violencia física más grave se produce cuando decide terminar la relación producto de
la violencia psicológica que estaba padeciendo.
Luego de comunicar su decisión a Diego, él se fue de la casa que compartían. Esa noche volvió, entró
al departamento a la fuerza, golpeó a Victoria, la amenazó, y por la intervención de un vecino se fue. Ella se
fue a la casa de su madre con sus hijos.
Se encontraba aterrorizada, golpeada. No quería volver a su casa, ni ir a trabajar ya que temía que él
la buscara en el trayecto al trabajo.
Luego, por consejo de su familia intentó hacer la denuncia, pero no se la recibieron. Debió costearse
por sí misma tratamientos psicológicos. Actualmente, continúa trabajando y cría sola a sus dos hijos.
¿Cómo es que se soporta tanta violencia, y por tanto tiempo?, Hirigoyen señala que las mujeres
aceptan sufrir tales comportamientos, porque son introducidas como microviolencias, palabras
descalificantes, ataques verbales o no, que se transforman en ataque moral, que merman su resistencia y les
impide reaccionar. Poco a poco perderán todo espíritu crítico y se “acostumbrarán”. Su compañero pasará
de gestos y actitudes a una violencia identificable, la mujer lo pasará a considerar como hábito. La violencia
así, es aceptada y es naturalizada, se arraiga en lo doméstico y se consolida en el amparo del patriarcado.
En todos los casos las redes de contención (familiares, amigos/as, vecinos, organismos) han cumplido
un papel importante en detectar, interrumpir y acompañar en el proceso de emancipación de relaciones
violentas.

A modo de reflexión:
Se ha abordado la violencia de género en general, y la violencia doméstica, a través de testimonios
que narran las circunstancias que vivenciaron tres mujeres como víctimas de sus maridos, ellas pudieron salir
de esa situación y contarlo. Otras, las víctimas de femicidio son números en las estadísticas, aunque no
quedaran en el olvido porque sus muertes hoy son materia de discusión para la toma de conciencia.
Las mujeres, en general, también somos víctimas de violencia cotidiana, cuando en el ambiente
público se nos cosifica, descalifica, agravia por ser sólo mujer.
Hay que recurrir a la prevención temprana de la violencia de género, a través del sistema educativo,
si se entiende que la educación es una construcción social promovida por y para el desarrollo de la sociedad.
Concebida la educación como un proceso de conformación de actitudes y valores. La sensibilización y la
prevención debieran ser hoy objetivos específicos en el fomento de valores igualitarios y no discriminatorios
por razón de sexo/género en los diferentes niveles del sistema educativo.
Por consiguiente, es una responsabilidad ética y moral para quienes somos parte de organismos
educativos acentuar la responsabilidad brindar una educación con valores y prácticas basados en relaciones
de igualdad y confianza.

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Actualmente, la visibilización de la violencia de género es un mérito aportado desde la perspectiva
de género. Pero no alcanza con eso, es imperioso educar con valores que trasciendan los estereotipos
culturales del patriarcado.
Es necesario incorporar la perspectiva de género desde el nivel más alto de planificación del
desarrollo, en las políticas y las decisiones en materia social y económica, para superar la desigualdad en las
relaciones entre mujeres y hombres.
La violencia contra las mujeres constituye una violación a los derechos humanos, inaceptable y que
debe ser sancionada y erradicada.
Estos son requisitos indispensables para crear una sociedad más justa y equitativa y lograr un
verdadero desarrollo en paz.

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Argentina Adriana Marisel Zambrano”, Asociación Civil La Casa del Encuentro, 1era edición Buenos Aires.
2013.

50
CAPÍTULO 3

ANÁLISIS DE LA LEGISLACIÓN VIGENTE DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Autora: Abog. Graciela Vila

“La violencia contra la mujer es un problema que afecta la paz social y viola los
derechos humanos de las mujeres”.

Desde 1975, año en que se concertara la “Convención contra Todas la Formas de Discriminación de la
Mujer” (CEDAW), se promueve la protección de derechos universales de las mujeres. Sin embargo, recién en
1993 la Organización de Naciones Unidas proclamó la “Declaración sobre la eliminación de toda forma de
violencia contra la mujer” que entre sus considerandos establece que la violencia contra la mujer constituye
una violación de los derechos y libertades fundamentales de la mujer y una manifestación de relaciones de
poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer que ha conducido a su dominación y que fuerza
su subordinación respecto del hombre.
El art.1º de la Declaración define la violencia contra la mujer como todo acto violento basado en la
pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico sexual o
sicológico para la mujer, (…) sea que se cometan tanto en la vida pública como en la privada.
A continuación, el art.2º establece que la violencia contra la mujer puede tener lugar en la familia, en
la comunidad o ser perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.
Esta Declaración también considera que se requiere un compromiso de los Estados de eliminar la
violencia, para lo cual deberán prevenir, investigar y castigar todo acto de violencia contra la mujer, se haya
perpetrado por los particulares o por el Estado y de establecer en la legislación nacional sanciones penales,
civiles laborales y administrativas para castigar y reparar los agravios.
En 1994, la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la
mujer, conocida como Convención de Belem do Pará suscripta y aprobada en nuestro país en 1996, en su
art. 1 define la discriminación contra la mujer “Cualquier distinción, exclusión o restricción hecha en base al
sexo que tenga el efecto o propósito de disminuir o nulificar el reconocimiento, goce y ejercicio por parte de
las mujeres, independientemente de su estado civil, sobre la base de igualdad del hombre y la mujer, de los
derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural, civil o en
cualquier otra esfera”.

51
Con estos antecedentes San Juan, en 1996 la Legislatura de la provincia la Ley 6.542 denominada de
“Ley de violencia contra la mujer” con el objeto de “prevenir, erradicar y sancionar todo tipo de violencia
contra la mujer en el ámbito provincial.
La ley sanjuanina de violencia contra la mujer tuvo una vida efímera ya que el 22 de noviembre de
2008, la Legislatura provincial sancionó la Ley 7.943 de Violencia Familiar, una iniciativa de la legisladora
justicialista Clarisa Botto, que derogó la Ley 6.542 (Ley de violencia contra la mujer).
Meses más tarde, el 11 de marzo de 2009, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó la Ley 26.485
denominada “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres
en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, una iniciativa de la senadora Marita
Perceval (P.J.) que ya tenía media sanción del Senado.
Intentaremos comparar ambas normativas, estableciendo sus semejanzas y diferencias y su
concordancia o discrepancia con los tratados internacionales suscriptos por nuestro país que integran la
Constitución Nacional y que, como ella, son ley suprema de la Nación por lo que las leyes que se dicten
deben necesariamente ajustarse a sus preceptos.

Caracteres de la Ley 26.485/09

1) es una ley de orden público, es decir que es imperativa e irrenunciable, no puede dejar de aplicarse por
acuerdo de las partes involucradas;
2) es una ley de derechos humanos como son los tratados y convenciones internacionales en cuya
consecuencia se dictó;
3) es una ley transversal ya que atañe a todas las ramas del derecho, ya que contiene normas de derecho
civil, laboral, administrativo, penal, procesal y constitucional y todos los poderes del Estado están obligados a
aplicarla en el marco de sus respectivas competencias,
4) es aplicable en toda la Nación por el principio jerárquico consagrado en el art.31de la Constitución
Nacional que dispone que “esta Constitución, las leyes que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los
tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la Nación y las autoridades de cada provincia
están obligadas a conformarse a ella no obstante cualquier disposición en contrario que contengan las leyes o
constituciones provinciales”. Por lo tanto, las leyes sancionadas por el Congreso Nacional se aplican en todo
el país salvo lo relativo a los procedimientos administrativos o judiciales que requieren la adhesión de las
provincias ya que en Argentina las leyes de fondo -leyes de derecho civil, penal, laboral, etc., es decir
aquellas que regulan las relaciones y derechos interpersonales- son privativas de la Nación y las leyes de
forma o procedimiento (códigos de procedimientos civiles, laborales y penales) están reservadas a las
provincias. Por ello, una ley nacional que contenga normas procedimentales necesita la adhesión de las
provincias ya que legisla sobre una materia reservada por la Constitución Nacional a las provincias.

52
5) por tratarse de una ley que protege derechos humanos es directamente operativa, sin requerir
reglamentación previa.

Caracteres de La ley 7.943

1) Es de orden público y por tanto es indisponible, no puede dejarse de lado por las autoridades encargadas
de aplicarla no obstante la voluntad en contrario expresada por las personas a quienes pretende proteger. El
juez o funcionario administrativo que deba entender en un caso de violencia de género está obligado a
resolverlo conforme las normas y pautas contenidas en la ley, no puede aplicar otra ley u obviar las
disposiciones de la misma.
2) Su ámbito de aplicación se limita a la Provincia de San Juan, en la que por lo tanto, rigen ambas leyes, la
nacional y la provincial y las personas afectadas pueden reclamar la aplicación de ambas leyes en la
resolución del conflicto de violencia que las afecte.
3) Es una ley de derecho público y privado porque si bien regula relaciones personales de los individuos
involucrados, también determina las acciones que debe tomar el Estado en el ámbito de la Administración y
de la Justicia.
4) Es también a la vez una ley de fondo y una ley procesal ya que no sólo establece derechos y obligaciones
para las personas protegidas y sus victimarios, sino que también impone normas de procedimiento
administrativo y judicial.

Sujetos Protegidos

La ley nacional se define desde su título como ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia
contra las mujeres. Es decir que el sujeto que pretende proteger es la mujer, cualquiera sea su edad, estado
civil, clase o condición.
Por su parte, la ley provincial pretende proteger a los miembros de una familia, cualquiera que sean:
niñas, niños, mujeres y hombres adultos o ancianos y en tanto que integrantes de una familia. Llama la
atención que en esta Ley la protección de la mujer contra la violencia queda subsumida como especie de la
más genérica “violencia familiar”. Así, a la violencia de género se la desdibuja o se la pretende ocultar,
cuando la realidad estadística da cuenta de que la mayoría de las víctimas de violencia son las mujeres.
También resulta curiosa la redacción del segundo párrafo del art.1º de la Ley 7.943 que expresa
“Priorizando respecto de los niños, niñas, adolescentes, las mujeres, los adultos mayores, las personas con
capacidades especiales y demás miembros” Es paradójica y contradictoria la redacción porque el gerundio
priorizando da a entender que se privilegia, prefiere o destaca la protección de unas víctimas sobre el resto.
Pero luego de la enumeración surge que se equipara a todos los miembros de la familia sin preferir a
ninguno ellos. Esto es así porque si a las “niñas y niños, adolescentes, mujeres, adultos mayores y personas
con capacidades especiales”, se le suman los “demás miembros” (léase hombres adultos plenamente

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capaces) quedan comprendidos todos los integrantes de la familia. Es decir, que en caso de necesitar ayuda
no se privilegia a ninguno sea niña/o mujer u hombre. Lo cual no sabemos si es bueno o malo, ya que
cualquier víctima de violencia merece ser protegida y si ese es el objetivo de la ley está bien que lo sea.
También, llegado el caso de violencia recíproca entre los sujetos protegidos en el seno una misma
familia y ante la escasez de recursos con que cuenta el Estado para estas contingencias, habría que ver cómo
resuelven la disyuntiva y a quién priorizan como destinatario de la ayuda o asistencia estatal.
Otra interpretación –que descartamos- sería entender esa prioridad como estableciendo un orden de
preferencia, con lo cual los privilegiados serían las niñas y niños, quedando para el último lugar los ancianos,
las personas con discapacidad y los varones. Esta interpretación es insostenible por discriminatoria por lo
cual entendemos que la ley está mal redactada y que debería eliminarse este artículo y sustituirse por uno
que priorice la protección de las mujeres y niñas víctimas de violencia.

Objeto

La Ley de San Juan 7.943 en su art.1º declara a la ley como de orden público y de interés social y
establece como objeto de la misma “la prevención y sanción de la violencia en el ámbito de las relaciones
familiares”. Adviértase que en el texto de esta nueva ley se ha eliminado la finalidad de erradicar la violencia
quizás en reconocimiento de que para lograrlo es necesario eliminar en el ámbito público y privado toda
forma de discriminación contra la mujer y remover los patrones culturales que perpetúan el sometimiento
de la mujer hacia el varón y la mantienen en un lugar subordinado a aquél en los ámbitos familiares,
laborales y políticos. También puede ser una tácita confesión de su conformidad con el statu quo y de su
falta de voluntad para cambiar la cultura patriarcal imperante en la provincia.
Nos basta con mirar cómo están integrados los poderes del Estado en San Juan, para apreciar cuál es la
participación y la importancia que las mujeres tienen para el gobierno de la provincia. De los 26 legisladores
del partido justicialista sólo 7 son mujeres. De los 19 intendentes hay una sola mujer, María López de
Herrera, en el Departamento de Rivadavia. De los 9 ministerios, sólo uno está a cargo de una mujer, el de
Educación cuya ministra es Cristina Díaz. La Corte de Justicia de San Juan nunca estuvo integrada por
ninguna mujer. En las Cámaras de Apelaciones sucede algo similar. La Cámara de Apelaciones en lo Civil la
integran doce jueces, pero sólo tres son mujeres. La Cámara de Apelaciones en lo Penal está compuesta por
nueve jueces de los cuales sólo es mujer la Dra. Silvia Peña de Ruiz. De los 10 juzgados de 1º instancia -en lo
civil y familia, menores y contencioso administrativo- sólo 4 están presididos por mujeres. De los 10 juzgados
en lo penal y correccional en sólo 4 están al frente, mujeres.
Todo esto ocurre en una provincia donde las mujeres constituyen más de la mitad de la población y de los
profesionales y donde las abogadas son más que los abogados conforme informa el Foro de Abogados sin
poder aportar estadísticas porque no las han confeccionado hasta el día de hoy.

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Con respecto al objeto la Ley Nacional 26.485, su artículo 2º señala que es “a)promover y garantizar la
eliminación de la discriminación entre mujeres y hombres en todos los órdenes de la vida; 2)el derecho de las
mujeres a vivir una vida sin violencia, 3) crear las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y
erradicar la discriminación y la violencia contra la mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y en todos
sus ámbitos, 4) el desarrollo de políticas públicas sobre violencia contra las mujeres, 5) la remoción de
patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre
las mujeres, el acceso a la justicia de las mujeres que padecen violencia y la asistencia integral de la misma”.
Los objetivos que se propone la ley nacional podemos clasificarlos en generales - de largo plazo- y objetivos
inmediatos

Objetivos generales: erradicar la violencia contra las mujeres; garantizar el derecho de las mujeres de vivir
una vida sin violencia; la remoción de los patrones culturales patriarcales que mantienen a la mujer en
posición subordinada respecto del varón; y eliminar la discriminación.

Objetivos inmediatos: sensibilización de la población sobre la existencia de la violencia contra la mujer y la


necesidad de erradicarla; la prevención y sanción de la violencia contra la mujer, asegurar a las mujeres
víctimas de violencia el acceso a la justicia y la asistencia integral; el desarrollo de políticas públicas

Los objetivos generales actúan como pautas para evaluar la consecución de los objetivos inmediatos ya que
son la finalidad misma del dictado de la ley.
La ley nacional es una ley integral que no sólo aspira a eliminar la violencia contra las mujeres en
cualquiera de los ámbitos en que se manifieste, sean ellos privados o públicos, sino que impone al Estado un
rol activo como promotor de políticas públicas que procuren la igualdad entre las mujeres, eviten la
discriminación e intenten cambiar los patrones culturales que mantienen sometida a la mujer en la nuestra
sociedad.
La ley sanjuanina no declara entre sus fines eliminar la discriminación contra la mujer ni se impone como
meta alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres. Esta ley se queda a mitad del camino ya que no basta
con sancionar al agresor y poner por un tiempo a resguardo a la víctima. Es necesario que el Estado se
proponga como un objetivo ineludible e inmediato eliminar definitivamente la violencia de género y no
conformarse con actuaciones ex post, cuando la violencia ya se ha consumado. Esto se logra con
información, con educación, cambiando las pautas culturales que consideran a la mujer como un ser inferior
al hombre, subordinada a él y relegada al ámbito doméstico. Mientras no se considere a la mujer como un
ser pleno, en paridad de condiciones, derechos y obligaciones con el hombre, digna de respeto y protección
por ser valiosa como tal, en sí misma y no sólo en su rol de madre o esposa, estará condenada a seguir
tolerando la violencia que se ejerce sobre ella.

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Continuando la lectura del art.1º de la Ley 7.943 enumeran también como objetivos “2) la asistencia
integral de los integrantes de las familias involucradas en situaciones de violencia”; 3) resguardar la
institución familiar como célula social básica y fundamental de toda la comunidad, en pos de una sociedad
sana y justa”. Aquí se advierte claramente cómo el objetivo de la ley no es proteger la vida y la integridad
física de la mujer sino preservar la unidad familiar considerada la célula de la sociedad.
Nuestros legisladores deben entender que no se logrará la unidad familiar ni la paz social si a la mujer se
la sigue considerando un apéndice del hombre, si sólo se la valora como esposa o madre y no se le reconoce
su autonomía e independencia, si no se la ve como un ser pleno, total, completo en sí mismo; y no
necesitada de un complemento masculino para obtener la consideración social o la protección jurídica.
En noviembre de 2008, días después de sancionada la ley 7.943, el gobernador José Luis Gioja señaló
que ‘con esta ley de prevención de la violencia familiar, estamos transitando el camino de proteger aquello
que más queremos en nuestra sociedad, que es el niño, el adolescente y su familia. Estoy seguro de que, en
este problema, que hace a la seguridad, que está vinculado a la desintegración familiar, se ha avanzado
mucho para erradicar, combatir estas cosas, reivindicar a la familia. Cuando se legisla para proteger a la
familia, estamos acompañando una tarea fundamental de todos los organismos del Estado, que es el de
protección contra la violencia en el hogar” (Diario La Séptima, versión electrónica).
Está claro que, al gobernador, de cuyo partido es representante la legisladora autora del proyecto de
reforma, está interesado en proteger a los niños de la familia y la unidad familiar pero no le preocupa la
violencia de género ya que a la mujer ni siquiera la nombra en su discurso.

Concepto de violencia

El art.4 de la Ley 26.485 define la violencia contra la mujer como “toda conducta, acción u omisión,
directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, que basada en una relación desigual de
poder, afecta su vida, su libertad, su dignidad, su integridad física, psicológica, sexual, económica o
patrimonial o su seguridad personal”, aclara que quedan comprendidas las acciones perpetradas por el
Estado o sus agentes.
Define también la violencia indirecta como “toda conducta, acción u omisión, disposición, crítica o
práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja respecto del varón”. Es decir que toda
discriminación es violencia indirecta ejercida contra la mujer.
La ley sanjuanina define como violencia familiar “toda acción, omisión, abuso o maltrato dirigido a
dominar, someter, controlar o agredir la integridad física, psíquica, moral, psico-emocional, económica,
sexual y/o libertad de una persona que tenga lugar en la familia o unidad doméstica o en cualquier otra
relación interpersonal, ya sea que el agresor haya compartido o no el mismo domicilio que la víctima.”

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La ley de San Juan no contempla la violencia ejercida por el Estado o sus agentes y tampoco la violencia
ejercida fuera del ámbito familiar, es decir en el trabajo, en instituciones educativas o en instituciones
públicas o privadas.
Queda claro entonces, que para los legisladores sanjuaninos sólo interesa proteger contra la violencia a
los miembros de una familia y siempre y cuando ella se perpetre en el marco de las relaciones familiares.

Tipos de violencia

Para la ley de San Juan la violencia puede ser física, psicológica o emocional, sexual y económica.
Para la ley nacional los tipos de violencia son física, psicológica, sexual, económica y además la violencia
simbólica (la que, a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos trasmita o
reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la
subordinación de la mujer en la sociedad).
No debe ser un olvido ni una omisión involuntaria de los legisladores sanjuaninos la ausencia de la
violencia simbólica en la tipología elaborada. Esta es la violencia que permea todas las conciencias y que
naturaliza la inferioridad de la mujer y su sometimiento al varón en todos los ámbitos, no sólo familiares sino
también laborales o institucionales.
Esta “natural” subordinación de la mujer respecto del varón es entendida como una garantía de orden y
de continuidad de la familia y la sociedad tradicional, que son valoradas positivamente por el legislador por
lo cual cualquier cambio es considerado peligroso y disolvente de los lazos familiares.
Por otra parte, la ley nacional incluye las modalidades de violencia, que son las formas en que se
manifiestan los tipos de violencia. Esas modalidades son: violencia doméstica, institucional, laboral, contra la
libertad reproductiva, mediática y obstétrica.
Repetimos que la ley sanjuanina sólo aborda la violencia familiar por lo cual quedan fuera de su ámbito
todas las otras modalidades de violencia.
Con relación a la violencia contra la libertad reproductiva, la ley nacional la define como “toda acción u
omisión proveniente del personal de instituciones públicas o privadas de atención de la salud que vulnere el
derecho de las mujeres a decidir libre y responsablemente si desea o no tener hijos, el número de embarazos
y el intervalo entre los nacimientos” y a la vez establece que incurren en ella “los profesionales de la salud
que no brindan el asesoramiento necesario o la provisión de todos los medios anticonceptivos como así
también los/as que se niegan a realizar prácticas lícitas atinentes a la salud reproductiva” conforme lo regula
la Ley 25.673. Recordemos que esta última ley prevé la educación de las niñas, niños y adolescentes en
materia de salud sexual y reproductiva.
A pesar de ello en San Juan, rige una ley no escrita que impide que se imparta educación sexual en las
escuelas públicas y que se apliquen el Plan Mujer implementado por la Ley 25.673 y el Programa Provincial
Integral de Salud Reproductiva creado por el decreto 127/2003 que en su art.2° inc.2 establece la obligación

57
de los “agentes de Salud, Educación y Acción Social de informar y asesorar en temas de sexualidad y
procreación responsable”.
Si leemos la definición de violencia institucional que contiene la ley 26.485, vemos que dice que es
aquella “realizada por funcionarios, profesionales o agentes de cualquier institución pública que tenga por
fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los
derechos previstos en esta ley”. Conforme esta previsión legal es evidente que el gobierno de nuestra
provincia ejerce claramente violencia institucional contra las mujeres y niñas sanjuaninas ya que obstaculiza
y/o impide la plena aplicación de la ley nacional de salud sexual y reproductiva y del programa provincial que
la implementa en San Juan

Políticas públicas

La ley nacional compromete al Estado nacional y a las provincias a la adopción de medidas contra la
violencia y les exige en la toma de decisiones “el respeto irrestricto del derecho constitucional a la igualdad
entre mujeres y hombres”.
La provincia no ha adherido a la ley nacional, aunque tal omisión no la exime de respetar su normativa,
conforme al orden jerárquico establecido en el art.31 de la Constitución Nacional y corresponde a los
ciudadanos denunciar las desigualdades y exigir a los poderes estatales una actuación concreta que las
elimine y asegure la paridad entre hombres y mujeres en igualdad de condiciones.
La ley nacional también establece una serie de directivas para los ministerios nacionales a fin de lograr
una acción combinada y coherente en la prevención y erradicación de la violencia contra la mujer. Lo
interesante es que se establecen pautas de actuación para la jefatura de gabinete y los ministerios de
Desarrollo social, Salud, Educación, Trabajo, Defensa y Justicia para una actuación conjunta en la
erradicación de las desigualdades de género y la lucha contra la violencia. Aunque no se dan directivas al
Ministerio de Economía, hacienda y finanzas para que asegure el financiamiento, en el art.43 se especifica
que “las partidas que resulten necesarias para el cumplimiento de la presente ley serán previstas
anualmente en la Ley de Presupuesto Gral. de la Administración Nacional”. De todos modos, observando el
presupuesto para Desarrollo social, vemos que en 2013 se aumentó en 138 millones de pesos respecto de la
partida de 2012 y en 2014 el aumento respecto del año anterior fue de 90 millones de pesos, lo que importa
un 13% más de dinero que en 2013 y teniendo en cuenta que la inflación del año que pasó fue superior al
30%, tenemos que en términos reales se destina menos dinero que el año anterior, y comparando los
aumentos de 2013 y 2014 hay una disminución del gasto en desarrollo social de más del 20%.
La ley provincial contiene referencia a las políticas públicas, las directivas son importantes y es
necesario exigir el cumplimiento de las medidas urgentes como campañas de educación para prevenir y
erradicar la violencia, asistencia y patrocinio jurídico gratuito para las víctimas, programas de asistencia

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económica para el autovalimiento de las mujeres y programas de reeducación para los hombres que ejercen
violencia.

La solicitud de protección:

La ley 7.943 contiene un instituto no previsto en la ley nacional, la solicitud de protección, un


formulario que pretende centralizar la denuncia y tomar conocimiento de la situación económica de la
víctima y de sus redes vinculares de protección a fin de servir como guía al Ministerio de Desarrollo Humano
respecto de las medidas urgentes que se deben tomar para ponerla a resguardo y evitar nuevas agresiones.
Entre los objetivos que enumera la ley encontramos “brindar contención a la víctima en refugios estatales” y
“lograr la rehabilitación psicosocial de la víctima y de los agresores”. El primero siempre es transitorio y
según la previsión legal, no puede exceder de treinta días y si bien nos parece imprescindible ponerla a
resguardo del agresor, esa limitación temporal puede desbaratar la ayuda estatal y exponer nuevamente a la
víctima a enfrentarse con su agresor sin revertir las condiciones que dieron lugar a la violencia. Con relación
al segundo objetivo, también su logro está condicionado por la voluntad de rehabilitación de víctimas y
victimarios y por el déficit de seguimiento y control de las autoridades que las ordenan.
Esta solicitud está ideada para facilitar la tarea del órgano de aplicación de la ley, pero es tan extensa y
engorrosa que resulta difícil de completar tanto para los funcionarios actuantes como para las denunciantes.
Esta complicación muchas veces tiene un efecto disuasorio porque es tan minuciosa e indaga en cuestiones
tan íntimas o privadas de la denunciante que ésta a veces se desalienta y termina buscando ayuda en otra
parte para no tener que hablar sobre la vida o la situación económica suya o la de sus parientes.
Este trámite no es ineludible, puede ser obviado si se efectúa la denuncia directamente en dependencias
del Poder Judicial.
Teóricamente todas las dependencias públicas de carácter asistencial, sanitario, educativo o de seguridad
deben contar con los formularios correspondientes para que toda víctima de violencia y todo funcionario
que tenga conocimiento de actos de violencia familiar, formule las correspondientes denuncia y solicitud de
protección, pero en la práctica sólo se encuentra en las comisarías porque no se ha capacitado al personal
del resto de las reparticiones en su llenado ni en el modo de actuación en los casos de violencia.
Luego de una lectura detenida de los ítems y preguntas que contiene la solicitud de protección
concluimos que su finalidad no es ordenar ni facilitar la intervención administrativa y judicial ante los casos
de violencia sino indagar en la situación económica de la familia de la víctima y en la suya propia (ingresos,
situación laboral, propiedades) para economizar gastos y esfuerzos y si es posible, evitarlos, derivando a la
víctima al cuidado de algún familiar que según la ley esté obligado a brindarle asistencia. Esto desnuda los
verdaderos objetivos de la solicitud de protección en el orden público, que son no hacerse cargo del
problema o, por lo menos que la asistencia estatal sea el último recurso y procurar que los casos de violencia
de género no salgan a la luz y permanezcan ocultos en el seno familiar.

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Procedimiento judicial

Tanto la ley nacional como la provincial contienen normas procesales que regulan el procedimiento
judicial que debe seguirse en casos de violencia contra la mujer o violencia familiar, respectivamente. Los
procedimientos son similares en relación a la simplificación de los mismos, la celeridad y prioridad que se
impone al tratamiento de la violencia y en las garantías que se prevén para la protección de las víctimas.
Los pasos en ambos son similares: comienza el proceso por la denuncia efectuada por la víctima, su
representante o cualquier persona que haya presenciado los actos de violencia o esté obligada por su
función a interponerla (funcionarios y empleados públicos).
En ambas leyes se prevé la gratuidad de los procedimientos, lo que significa que el denunciante no
deberá abonar gastos en concepto de impuestos y tasas de justicia. La gratuidad empero no implica que
todo denunciante esté exento de gastos ya que, si en vez de solicitar la actuación de la Defensoría de pobres
y ausentes se hace representar por un abogado particular, le deberá pagar a éste los honorarios que
correspondan por su actuación, o, en el caso en que se compruebe que la violencia no existió puede ser
condenada en costas y cargar con los honorarios de los abogados de ambas partes.

Una vez que se denuncia el caso, el juez está habilitado a tomar medidas urgentes en protección de la
víctima y sus hijos. La ley nacional es más explícita y otorga amplias facultades a los jueces en orden a
defender la persona y los bienes de la víctima ya que contempla la posibilidad de proveerle asistencia médica
y sicológica, prohibir al presunto agresor la compra o tenencia de armas, ordenar al victimario interferir en
la crianza de los hijos de la víctima, prohibirle la venta de bienes gananciales o comunes, ordenar la exclusión
del agresor del lugar de residencia -independientemente de quien sea el titular del inmueble- y otorgar el
uso exclusivo del mobiliario.
Las medidas enumeradas no están previstas en la ley de San Juan, pero pueden decidirla los jueces
intervinientes resguardándose en la norma que los autoriza a tomar “toda medida que se estime pertinente
de acuerdo a las circunstancias del caso” (art.38).
La ley provincial no obstante, faculta al juez interviniente a decretar inmediatamente, inaudita parte (es
decir sin que se notifique previamente la medida al demandado) las siguientes medidas: atribuir la vivienda a
la denunciante, excluir al agresor de la vivienda y prohibirle acercarse al hogar, lugar de trabajo o estudio
de la víctima, fijar alimentos, decidir sobre la tenencia y régimen de visitas de los hijos y obligar al agresor,
su víctima y al grupo familiar a asistir a programas de abordaje terapéutico o rehabilitación.
Dependerá de las circunstancias del caso las medidas más apropiadas a dictarse. El juez puede tomar
varias de ellas a la vez y posteriormente sustituirlas o agregar otras si fuere necesario. La denunciante puede
solicitar la aplicación de las medidas previstas en la ley nacional y es facultativa para el juez la decisión de
cuáles ordenar, pero en caso de denegación podrá apelar la resolución ante los tribunales superiores. Pero
también el denunciado podrá objetar las medidas y el plazo de imposición. La ley prevé la provisoriedad de

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tales medidas precautorias pero la prudencia puede aconsejar la reiteración de las mismas y/o la prórroga
del plazo a fin de no exponer a la víctima a nuevas situaciones de violencia.
Una vez cesada la violencia y puesta a resguardo la víctima, se debe notificar al presunto agresor para
que se defienda. En ambas normativas se prevé una audiencia del juez con el denunciado. La diferencia está
en que para la ley sanjuanina esta audiencia es facultativa para el juez y lo grave es que, no sólo prevé la
comparecencia del presunto agresor sino también la de la/s de la víctima/s, lo que puede ser peligroso para
éstas ante la posibilidad de que se reiteren las agresiones. Aquí también es facultativo para el juez la citación
por separado. Y ahí la gran e importante diferencia con la ley nacional que no sólo contempla la
obligatoriedad de escuchar a las partes en dicha audiencia -que debe realizarse dentro del plazo de 48 horas
de recibida la denuncia-, sino que también contiene dos mandatos ineludibles para el magistrado: la primera,
de escuchar por separado a las partes, bajo pena de nulidad y la segunda, la prohibición de celebrar
audiencias de mediación o de conciliación. El juez no debe intentar conciliar a las partes, no es un mediador,
debe impartir justicia. Debe investigar un hecho de violencia, descubrir su existencia y sus características,
disponer la asistencia y resguardo de la víctima, imponer una sanción al agresor y evitar en lo posible futuras
agresiones. Pero no es su función acercar a las partes porque lo que está en juego es la integridad física y
psíquica de un ser humano y no la unidad familiar. Lo que debe preservar el juez es el derecho a vivir una
vida sin violencia y esto puede implicar la ruptura de un matrimonio o la desintegración de una familia.
Una mujer con sus hijos también conforma una familia. Pero en San Juan los jueces que intervienen en
casos de violencia familiar muchas veces subordinan la integridad de la mujer en aras de conservar la
“familia unida”, piensan que la mujer debe tolerar, callar o sufrir las agresiones de su marido, relegarse y
negarse a sí misma para que “el hogar” pueda seguir teniendo en su seno al varón como garantía de orden y
disciplina familiar. No es justo ni deseable buscar la unión familiar a costa de la vida, la salud o la tranquilidad
de sus miembros más débiles e indefensos.
Por eso también criticamos la previsión de la ley sanjuanina de “disponer la asistencia obligatoria del
agresor, víctima y grupo familiar” a programas de abordaje terapéutico o rehabilitación. Este tratamiento en
conjunto de víctimas y victimario nos parece inconveniente y peligroso y trasunta la intención de restar
importancia a la violencia y procurar la reconstitución familiar como objetivo primordial de la ley.
Con relación a la resolución a dictarse en el proceso, la ley nacional prevé que debe disponer medidas
para proteger a la víctima de posibles futuras agresiones. La ley sanjuanina debe contener la medida de
protección pertinente que quedará a cargo del Ministerio de Desarrollo Humano. A continuación, la ley
prevé que dicha medida será levantada inmediatamente cuando hayan desaparecido los motivos que le
dieron origen.
Las resoluciones que se dicten serán apelables por las personas afectadas en el término de tres días de
ser notificadas y pueden ser modificadas o renovadas a pedido de los interesados o de oficio. Estas
disposiciones son semejantes en ambas leyes.

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Una diferencia importante entre ambos cuerpos normativos es la inexistencia en la ley nacional de una
norma que prevea sanciones para el agresor para el caso de incumplimiento de la sentencia. Esto es lo que
marca la insuficiencia de la ley 26.485 para evitar la repetición de los actos de violencia ya que, al no prever
sanciones, los condenados se sienten impunes y reinciden en la violencia. En San Juan, no obstante, las
severas deficiencias anotadas, la ley prevé sanciones para quien incumpla las medidas ordenadas y aunque
bastante lenitivas, no dejan de ser importantes: multa de hasta 10 salarios mínimos vitales y móviles, arresto
de hasta 5 días y prestación de trabajos comunitarios. De todos modos, estamos hablando de sanciones
civiles pues en caso de haberse cometido un delito como lesiones o amenazas, privación de la libertad u
otros, entenderá la justicia penal que sí está habilitada para aplicar sanciones más severas como prisión o
reclusión del victimario.
Con relación a los resultados de la aplicación en San Juan de la ley de violencia familiar, nos enteramos
de que los tribunales de la provincia se han visto desbordados por la cantidad de denuncias de violencia
familiar, a tal punto que el Fiscal General de la Corte de Justicia, Eduardo Quattropani, reclama la creación
de Fiscalías temáticas en violencia de género y de Juzgados especializados en la materia “a fin de dar al tema
la verdadera naturaleza de política de Estado” y sostiene que “con discursos, oficinas fantasmas, organismos
instalados en ámbitos inapropiados, no se enfrenta en serio la violencia de género, sólo se la favorece, o por
lo menos, no se la combate como debiera. Así es, aunque duela” (De la violencia de género, El nuevo diario,
23 de agosto de 2013, pág.22).

Observatorio de la violencia y organismo coordinador

El art.12 de la Ley 26.485 crea el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres en el ámbito del
Consejo Nacional de la Mujer destinado a recabar información sobre violencia de género que sea de utilidad
para el diseño e implementación de políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia.
A su vez, la ley sanjuanina en el art.54 crea un órgano coordinador provincial de seguimiento, evaluación
y prevención de la problemática de la violencia familiar que, a la fecha, 6 años después de sancionada la ley,
aun no está en funciones y no se puede saber con datos ciertos qué resultados se obtuvieron en relación con
los objetivos que se buscaba obtener con la nueva legislación.
De todos modos, en el ámbito nacional se conocen los resultados de los estudios realizados sobre el tema
por la Casa del Encuentro que dan cuenta de que en los primeros nueve meses de 2012 se registraron 209
muertes de mujeres por violencia de género, esto es, un femicidio cada 35 horas y que en todo el año 2013
se cometieron 295 asesinatos de mujeres, lo que da un promedio de una muerte cada 30 horas. Es decir,
que contrariamente a lo esperado, la violencia contra la mujer en lugar de disminuir luego del dictado de la
ley, ha aumentado.

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Conclusión

Aunque celebramos que la mujer cuente con instrumentos legales para solicitar ayuda en caso de sufrir
violencia, sostenemos que no es con leyes que vamos a producir cambios sociales o culturales. Necesitamos
políticas activas para equiparar en los hechos a hombres y mujeres no sólo en la letra de la ley- mayor acceso
a los cargos públicos, más presencia femenina en los centros de poder, en las empresas, en puestos
jerárquicos, en la toma de decisiones y el respeto de la garantía constitucional de igualdad de remuneración
por iguales trabajos. Es imprescindible educar en la igualdad a hombres y mujeres para que no se crea que
superioridad de fuerza es superioridad ontológica.
La ley ha sido útil para movilizar mecanismos estatales de protección de las mujeres contra la violencia,
para que las mujeres tomen la iniciativa de denunciar las agresiones de que son víctimas, pero no ha
cambiado la conciencia de los hombres, quienes en su mayoría continúan creyéndose dueños de sus mujeres
y, por lo tanto, con derecho a someterlas. Pero no sólo la violencia de género ha aumentado, vivimos en una
sociedad más violenta. Y en esto el Estado no es inocente porque es violencia la desigualdad, la pobreza y la
ignorancia. Mientras subsistan la discriminación y la impunidad, las mujeres seguiremos padeciendo la
violencia.

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