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ALEGORÍA

La alegoría, del griego ἀλληγορία (allegoría) «figuradamente», es una figura literaria o tema
artístico, que busca representar una idea valiéndose de formas humanas, de animales u
objetos cotidianos.

La alegoría pretende dar una imagen a lo que no tiene imagen, para que pueda ser mejor
entendido por la generalidad. Dibujar lo abstracto, hacer «visible» lo que solo es conceptual,
obedece a una intención didáctica. Así, una mujer ciega con una balanza es alegoría de la
justicia, y un esqueleto que porta una guadaña es alegoría de la muerte. El creador de
alegorías suele esforzarse en explicarlas para que todos puedan comprenderlas. Por su
carácter evocador, se empleó profusamente como recurso en temas religiosos y profanos. Fue
utilizada desde la Antigüedad, en la época del Egipto faraónico, la Antigua Grecia, Roma, la
Edad Media y el Barroco, aunque el uso del término "alegoría" en gramática y retórica
comienza en el siglo I a. C. con Cicerón y Quintiliano como principales sistematizadores.1

Una alegoría puede entenderse como una temática artística o una figura literaria utilizada para
simbolizar una idea abstracta a partir de recursos que permitan representarla, ya sea apelando
a individuos, animales u objetos. Por citar un ejemplo: la imagen de una calavera con dos
huesos cruzados constituye una alegoría de la piratería.

«… contra la desafortunada confusión entre símbolo y alegoría. La alegoría es una


representación más o menos artificial de generalidades y abstracciones perfectamente
cognoscibles y expresables por otras vías. El símbolo es la única expresión posible de lo
simbolizado, es decir, del significado con aquello que simboliza. Nunca se descifra por
completo. La percepción simbólica opera una transmutación de los datos inmediatos (sensible,
literales), los vuelve transparentes. Sin esta transparencia resulta imposible pasar de un plano
al otro. Recíprocamente sin una pluralidad de sentidos escalonados en perspectiva ascendente,
la exégesis simbólica desaparece, carente de función y de sentido».

Henry Corbin

También se denomina alegoría a un procedimiento retórico de más amplio alcance, en tanto


que por él se crea un sistema extenso y subdividido de imágenes metafóricas que representa
un pensamiento más complejo o una experiencia humana real, y en ese sentido puede
constituir obras enteras, como el Roman de la Rose de Jean de Meung; la alegoría se
transforma entonces en un instrumento cognoscitivo y se asocia al razonamiento por analogías
o analógico.

Tzvetan Todorov dice que una alegoría implica la existencia de, por lo menos, dos sentidos
para las mismas palabras; se nos dice a veces que el sentido primero debe desaparecer, y otras
que ambos deben estar juntos. En segundo lugar, este doble sentido está indicado en la obra
explícitamente y no depende de la interpretación. La imposibilidad de atribuir un sentido
alegórico a los elementos sobrenaturales del cuento, nos remite al sentido literal.

Los escritores y oradores suelen utilizar alegorías para transmitir significados (semi) ocultos
o complejos a través de figuras, acciones, imágenes o acontecimientos simbólicos, que en
conjunto crean el significado moral, espiritual o político que el autor desea
transmitir.Muchas alegorías utilizan la personificación de conceptos abstractos.
Etimología
Atestiguada por primera vez en inglés en 1382, la palabra alegoría procede del latín
allegoria, latinización del griego ἀλληγορία (alegoría), "lenguaje velado, figurado", que
a su vez procede tanto de ἄλλος (allos), "otro, diferente" como de ἀγορεύω (agoreuo),
"arengar, hablar en la asamblea", que procede de ἀγορά (agora), "asamblea".
Alegoría literaria
Por ejemplo, Omar Khayyam afirma que la vida humana es como una partida de
ajedrez, en la cual las casillas negras representan las noches y las blancas los días; en
ella, el jugador es una pieza más en el tablero. Jorge Manrique, por otra parte, afirma,
tomándolo del Eclesiastés, que nuestras vidas son ríos y como ellos solo parecen
diferentes en su curso y caudal, pero no en su final, que es el mar/la muerte: el final ha
sido ya escrito, pero no el transcurso de la vida. Y Bernardo de Chartres enseñaba que
somos «enanos a hombros de gigantes», porque por nosotros mismos no podemos ver
muy lejos, pero subidos a hombros del saber antiguo podemos ver incluso más de lo
que vieron los grandes hombres del pasado.
El significado alegórico es también uno de los cuatro que es posible extraerle a la
Sagrada Escritura según los teólogos. Por otra parte, se conoce como Escuela
alegórico-dantesca la poesía alegórica española del siglo XV influenciada por la Divina
Comedia de Dante Alighieri. Podemos ver en la Divina Comedia de Dante que la loba es
alegoría de la traición y el león es alegoría de soberbia. Los principales representantes
fueron don Íñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana y Juan de Mena.
El dramaturgo barroco Pedro Calderón de la Barca llevó a su perfección el subgénero
dramático alegórico en un acto de tema eucarístico denominado auto sacramental,
donde los personajes son en realidad alegorías de conceptos abstractos. En El
verdadero dios Pan, define así la alegoría:
La alegoría no es más, que un espejo que traslada,
lo que es con lo que no es, y está toda su elegancia
en que salga parecida, tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una piense que está viendo a entrambas.
Un buen ejemplo de alegoría son los siguientes versos de Jorge Manrique:
Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar.
mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar.
Partimos cuando nacemos andamos, mientras vivimos,
y llegamos al tiempo que fallecemos
así que cuando morimos descansamos.
(Coplas a la muerte de su padre)
O estas frases de Cervantes:
«Dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes,
emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el
rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el soldado, otro el simple discreto,
otro el enamorado simple; y, acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della,
quedan todos los recitantes iguales.
-Sí he visto —respondió Sancho.
-Pues lo mismo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato de este mundo,
donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, finalmente, todas cuantas
figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en llegando al fin, que es cuando se
acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan
iguales en la sepultura.
-¡Brava comparación! —dijo Sancho—, aunque no tan nueva que yo no la haya oído
muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que, mientras dura el
juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en acabándose el juego, todas se
mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en
la sepultura.

-Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más discreto».
Quijote, II.

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