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Dimensión Técnico Instrumental y Ético Político

El documento aborda la tensión entre las dimensiones técnico-instrumental y ético-política en la práctica del Trabajo Social, enfatizando la necesidad de una reflexión crítica sobre la intervención profesional. Se destaca la importancia de fundamentar las acciones en un marco teórico y ético que promueva el respeto a los derechos humanos y la autonomía de los sujetos involucrados. Además, se identifican diversas tensiones en la práctica profesional que requieren un debate amplio para mejorar la intervención social y su impacto.

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Dimensión Técnico Instrumental y Ético Político

El documento aborda la tensión entre las dimensiones técnico-instrumental y ético-política en la práctica del Trabajo Social, enfatizando la necesidad de una reflexión crítica sobre la intervención profesional. Se destaca la importancia de fundamentar las acciones en un marco teórico y ético que promueva el respeto a los derechos humanos y la autonomía de los sujetos involucrados. Además, se identifican diversas tensiones en la práctica profesional que requieren un debate amplio para mejorar la intervención social y su impacto.

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Dimensión técnico instrumental y ético político.

Su
tensión en la práctica profesional del TRABAJADOR
SOCIAL
Tribunal de Disciplina

Documento trabajado por la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales de Servicio


Social (F.A.A.P.S.S.) en la reunión realizada en la provincia de Chaco el 1° de Julio del corriente
año.

“Cualquier disciplina requiere una reflexión epistemológica a partir de sus desarrollos y


práctica. Cada vez que nos planteamos interrogantes acerca de las características del objeto o los
hechos, acerca del cómo aprehenderlos y transformarlos o lecturas críticas de determinados
aspectos, estamos haciendo reflexión epistemológica.”

(Natalio Kisnerman, 95)

La necesidad de reflexionar esta temática surge a raíz de consultas puntuales de colegas,


instituciones, como así también de los informes de provincias dentro de la Comisión Nacional de
Ética de la FAAPSS, y refiere a la utilización de técnicas o instrumentos para conocer e informar
situaciones problemáticas, ya no desde la mirada de eficacia y eficiencia, sino en relación a la
cuestión ética.

Por lo tanto el presente trabajo es el resultado de una síntesis de los aportes colectivos, teórico
metodológico y ético-político, realizados por las provincias en el último año.

Consideramos un importante avance para fundamentar y argumentar “¿Qué debemos hacer?”


“¿Por qué? “ dando sentido al como lo hago? para identificar, investigar y dar cuenta desde la
teoría y práctica, los problemas sociales con una actitud ética, que implica la responsabilidad de un
posicionamiento desde los derechos humanos en relación a la acción y a los sujetos involucrados.
A diario nos encontramos con ésta disyuntiva, dado el carácter interventivo de nuestra profesión
que nos desafía e interpela permanentemente en ésta dirección. Al tomar decisiones estamos
poniendo en juego la dimensión ética, como expresa Susana Cazzaniga (2007) “Cada alternativa
implica consecuencias respecto de otros, sus derechos, autonomías y libertades, y supone un
“responder” por tales decisiones por parte del profesional”.

En esta búsqueda está la fundamentación y la concepción de sujeto que sustentamos, si bien,


puede haber diferentes perspectivas, hay acuerdos fundantes, que son innegociables que nos
otorgan identidad, entidad y pertenencia. Estos lineamientos básicos están expresados en los
documentos y normativas que el colectivo profesional ha ido elaborando ya sea a nivel provincial,
nacional, regional e internacional, y son el resultado de mediaciones entre teoría y práctica, como
así también del ejercicio democrático de nuestras instituciones.

Como lo expresara Nora Aquín la intervención social implica dimensiones que se retroalimentan
desde lo ideológico, la teoría y la acción, según cual presida, será el carácter de nuestras
intervenciones.

1
Hace unos años se consideraba que “Las construcciones conceptuales en torno al `objeto´ de
Trabajo Social han privilegiado el reconocimiento del quehacer como hilo conductor de su
desarrollo, en desmedro de la construcción de saberes, uno de los elementos constitutivos de
cualquier profesión.

El trabajador social es un profesional con capacidad de aportar a la resolución de problemáticas


que aquejan a los seres humanos y limitan el desarrollo social es posible pensar que de la reflexión
sobre su práctica puedan emerger conceptualizaciones o teorías que trasciendan el mero hacer. Es
así que “las acciones dirigidas a la producción de conocimientos, constituyen un recurso
insustituible para gestar proyectos de desarrollo humano y social, producir procesos de
seguimiento y conocer su impacto mediante la comprensión de las interacciones humanas y
explicación de procesos sociales. En la actualidad es impensable la pertinencia e impacto
de la gestión social al margen de los procesos investigativos.” (Cifuentes Patiño,1999)[1]
Por su parte Bibiana Travi nos dice: “asimismo en tanto profesión y practica especializada, el
Trabajo Social requiere del despliegue de una serie de técnicas e instrumentos que permitan pasar
de la “idea a la acción“ a la vez que cada decisión y elección de procedimientos a realizar están
indisolublemente vinculados con los valores principios y una concepción acerca de los sujetos y del
rol político que el Trabajo Social debería asumir en la sociedad actual.

Aun así, es necesario “aclarar que hacer hincapié en esta dimensión, sin la cual la profesión no
puede realizarse en el sentido de desplegar su intencionalidad interventiva, no significa “aislarla”,
“fragmentarla” ò “desvincularla” de las dimensiones epistemológicas, teórica metodológica y ético
política, y ello por dos razones:

En primer lugar por la tendencia en algún sector del colectivo profesional de buscar o recurrir a las
técnicas e instrumentos como meras herramientas “neutras”, aplicables indistintamente y en forma
sistemática a diversas situaciones, despojadas de lo supuestos epistemológicos, fundamentos y
marcos teóricos en las que fueron concebidas.

En segundo lugar, debido a ciertas posturas diametralmente opuestas a la anterior, que manifiestan
una gran resistencia a todo lo vinculado con la construcción de metodologías, desarrollo de
estrategias de intervención, técnicas e instrumentos, por el peligro de caer en el “metodologismo” o
en la aplicación de métodos y técnicas diseñados “a priori”, con independencia de los objetos a
abordar. Esto es preocupante, porque aquello que no está unido en el pensamiento no puede estar
unido en la acción” (Travi, B., 2006:16-17).

En síntesis, afirmamos que toda intervención requiere estar fundada y argumentada desde un
marco teórico y epistemológico para darle a la misma pertinencia y significación, como también
reconocer la importancia de la revisión crítica y constante del quehacer profesional.

El desafío del Trabajo Social hoy es el de desmitificar la autonomía de las técnicas estableciendo
una alianza sólida entre saber y hacer, apelando a la razón crítica y a la investigación como guías
de la acción.

2
La intervención de Trabajo Social se puede entender como una forma de acción social, consciente
y deliberada, que se realiza de manera expresa, integra supuestos ideológicos, políticos,
filosóficos, con propuestas metodológicas.

Supone un proceso que parte del conocimiento de problemáticas: identificar actores, situaciones y
circunstancias para promover su desarrollo humano, reconocer diferentes realidades subjetivas,
desde distintas perspectivas; se apoya en teorías sociales que juegan un papel explicativo y guían
el conocimiento, proceso y resultados (Corvalán, 1996)[2].
Toda intervención en Trabajo Social implica desafíos insoslayables que se generan del encuentro
entre las utopías y objetivos personales, y las funciones sociales asignadas que son propias de la
profesión. Como así también de las circunstancias concretas en las que los y las profesionales se
encuentran cotidianamente en sus prácticas.

No podemos desconocer, al decir de Norma Fóscolo: “la copresencia, en la práctica y en las


instituciones de diferentes paradigmas éticos y, en consecuencia, las contradicciones entre
diversos modos de intervención en lo social que perviven en la práctica profesional hoy.” (Fóscolo,
N., 2006: 201)

Compartimos con Rosa María Cifuentes Gil (2004) que la intervención del Trabajo Social como
ejercicio profesional expresa un saber hacer especializado. Se puede comprender a partir de
cuatro tipos de conceptos materializados en la intervención, posicionamiento, reconocimiento e
identidad:

v Los que constituyen el punto de partida que enmarca Trabajo Social como profesión, acción y
práctica social.

v Los estructurales o esenciales: sujetos, objetos, intencionalidades, metodología y métodos,


para cada uno de los cuales, se requiere una lectura y comprensión específica, compleja,
relacional. Leer la intervención implica comprender contextual, conceptual, teórica y
metodológicamente, los cinco componentes.

v Los condicionantes que imprimen sellos particulares e influyen a la intervención, le imprimen


una direccionalidad determinada.

v Los efectos consecuentes que dan cuenta de la materialización del ejercicio, que se va
construyendo en la medida que se configura la memoria histórica, individual y social; se reconoce
la identidad que posibilita desempeñar un papel en la sociedad; se va enriqueciendo y modificando
en la medida que recibe nuevas demandas sociales, accede a nuevos roles, aumenta su caudal de
conocimiento y profundiza la reflexión sobre su práctica”. (Cifuentes Gil, 2004:5)

La ética constituye una dimensión del ejercicio profesional articulada con las dimensiones políticas,
teóricas y prácticas. Según señala Barroco (2003:238)[3] la ética profesional tiene que ser
analizada en sus particularidades que abarcan tres esferas constitutivas. La esfera teórica que
implica las orientaciones filosóficas y teórico-metodológicas que fundamentan las concepciones
éticas, es decir, los valores, los principios, la visión de hombre y sociedad. La esfera moral

3
práctica constituida por el comportamiento práctico-individual de los profesionales en sus acciones
en cuanto a juicios de valor, responsabilidad, compromiso social, autonomía y conciencia frente a
las opciones; asimismo, las acciones colectivamente llevadas a cabo por profesionales a través de
sus organizaciones en cuanto a la realización de determinados proyectos con sus valores y
principios éticos. Y por último, la esfera normativa que se expresa en un código de ética
profesional, que determina deberes, normas, derechos y sanciones para los profesionales y que
busca una determinada direccionalidad social.
Además debemos pensar que el trabajador social construye su intervención como un sujeto en
relación con otros sujetos, lo cual suma una contradicción y tensión más a la práctica profesional.
En consecuencia, podemos identificar algunas tensiones (lo cual no quiere decir que son las
únicas) en la práctica del trabajador social:

●​ La primera radica en las representaciones, sobre todo luego de la dictadura


cívico-militar, de que todo lo político es malo, corrupto y sólo tiene una implicancia
partidaria. Esa situación niega el papel político que le toca al Trabajo Social, ya
que el aspecto ético de la profesión es político en el sentido de que el ejercicio
profesional puede ocultar o hacer visible la parte que no tiene parte en el todo
social. Es decir, puede hacer visible o no aquello que no se ha tenido en cuenta en
la distribución de lo colectivo.
●​ Otra tensión estaría asentada en que la intervención del Trabajo Social se realiza
como una práctica en el marco de la urgencia, de la emergencia y de las
demandas institucionales y sociales de resolución inmediata. Esta situación facilita
el desarrollo de prácticas profesionales sin reflexión sobre lo realizado, donde no
se visualiza esa mirada crítica como un aspecto sustancial de la intervención.
●​ Una tercera tensión está dada por la dificultad de reconocer, que el sólo hecho de
“hacer” no necesariamente “ayuda” al otro. En ocasiones, esta mirada refuerza la
idea de que no es necesaria una formación permanente para la intervención
profesional.
●​ Así nos encontramos también con una cuarta tensión: dejarse interpelar, lograr un
encuentro con el otro. Ese otro como sujeto capaz de decidir sobre sí mismo,
apostando a su autonomía y potenciación. Se bucea en la demanda, no solo se da
respuesta a lo concreto.
●​ La quinta tensión radica en la dispersión geográfica de los colegas lo que hace
difícil articular información, orientación, capacitación, supervisión.
●​ Generar reflexiones sobre la tensión en la práctica de las dimensiones teórico
instrumental y ético-política de la profesión implica no desconocer que tanto las
demandas contemporáneas que exigen el modelo de políticas sociales, como la
situación del mercado laboral de los trabajadores sociales impactan en el ejercicio
profesional cotidiano. Por lo tanto, requiere de un amplio debate para analizar
posibilidades y limitaciones en la práctica.
●​ Finalmente, el Trabajo Social se inserta en la delicada tensión entre el cómo y el
porqué. La intervención es el horizonte donde se juegan las miradas
epistemológicas y de la teoría social. Ellas están direccionando nuestra
interpretación del fenómeno y, según como lo interpretemos, los caminos serán
diferentes y por ende las estrategias de intervención.
A pesar del carácter legitimado de la categoría INTERVENCIÓN PROFESIONAL en Trabajo Social,
es conveniente avanzar sobre nuevos conceptos más acordes con desarrollos teóricos y
conceptuales, con propuestas democráticas para la construcción social. Requerimos plantear
críticamente nuestros paradigmas para posicionarnos estratégicamente de cara a las nuevas
realidades, aportar a su comprensión y transformación.

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Lo expresamos en nuestros códigos, en sus fundamentaciones, la ética como compromiso con la
libertad, en relación a los distintos sujetos sociales con los que intervenimos, entre los cuales nos
debemos incluir. De allí, que un trabajo social fundamentado y responsable se traducirá en
intervenciones significativas aportando al proceso de emancipación individual y social de los
distintos actores implicados en la intervención.

El ejercicio profesional está soportado en un conjunto de técnicas e instrumentos que operan como
dispositivos metodológicos de la acción social y su uso no puede aislarse de los contextos donde
se aplican, ni de los postulados teóricos o metodológicos que los fundamentan. Cuando el
instrumental se coloca en el terreno de la formalidad burocrática sin permitir la comprensión o
explicación reflexiva de la realidad, invocando la cuestionada “neutralidad” del profesional y el
poder omnipotente de los instrumentos que utiliza, pierde su capacidad potenciadora.

El alcance y proyección de dicho instrumental depende en gran medida de la postura crítica y de la


creatividad de los sujetos profesionales e institucionales que lo implementan.

Resistencia, Chaco – 1 de Julio de 2012

Referencias Bibliográficas

Aguayo Cuevas, Cecilia; López Vázquez, Teresa y Quiróz Martin, Teresa. (2007) Ética y Trabajo
Social en las voces de sus actores: Un estudio desde la práctica profesional. Chile, Colegio de
Asistentes Sociales de Chile.

Cazzaniga, Susana. (2007). Hilos y Nudos, la formación, la intervención y lo político en el Trabajo


Social. Buenos Aires, Ed. Alfagrama.

Cifuentes Gil, Rosa María. (2004) “Aportes para “leer” la intervención de Trabajo Social”. En XVIII
Seminario Latinoamericano de Escuelas de Trabajo Social. La cuestión Social y la formación
profesional en Trabajo Social en el contexto de las nuevas relaciones de poder y la diversidad
latinoamericana. San José, Costa Rica, 2004.

Fóscolo, Norma (Coordinadora). (2006) Desafíos éticos del Trabajo Social latinoamericano.
Paradigmas, necesidades, valores, derechos. Buenos Aires, Espacio.

Parra, Gustavo y Basta, Roxana (2005). “Acerca de la ética profesional: una propuesta de análisis
desde fundamentos ontológicos”. En XXIII Congreso Nacional de Trabajo Social, Jujuy.

Síntesis con elaboraciones teóricas realizadas de Tribunales de Éticas de Provincias: CABA,


Chubut, Tucumán, Santa Fe, Mendoza, Salta.

5
Travi, Bibiana. (2006). La dimensión técnico – instrumental en Trabajo Social. Reflexiones y
propuestas acerca de la entrevista, la observación, el registro y el informe social. Buenos Aires,
Espacio.
Vélez Restrepo, Olga. (2003). Reconfigurando el Trabajo Social. Buenos Aires, Espacio.

[1] Cifuentes Patiño, Rocío (1999) “La práctica investigativa en Trabajo Social”
Revista Eleutheria. Departamento de Desarrollo Humano, Facultad de Ciencias Jurídicas y
Sociales, Universidad de Caldas, Manizales. En Cifuentes Gil, Rosa María (2004)
[2] En Cifuentes [Link]
[3] En Parra, Gustavo y Basta, Roxana (2005)

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