Seminario Mayor “La Anunciación”
Diócesis de Ciudad Altamirano
Asignatura: Teología Fundamental 1
Alumno: Felipe de Jesús Mendoza Higuera
2. EL FENÓMENO RELIGIOSO DE LA HUMANIDAD.
2.1. El hecho religioso presente en el ser humano.
El hombre como ser religioso.
El hombre es por naturaleza un ser pluralista que atiende simultáneamente a las
diferentes dimensiones de su constitución somático-espiritual, tal como es vivida y
desarrollada en el mundo. Es un ser corpóreo-espiritual, que debe ser entendido como una
unidad radical con dos vertientes. Él es la cúspide del mundo animal, se enlazan
intrínsecamente la dimensión material del universo y el espíritu que vivifica y anima la
materia.
Cuando decimos que el hombre y la mujer son personas los calificamos del modo
más elevado posible. Ser persona significa que el hombre posee una capacidad innata de
autotrascendencia. El ser humano es un ser religioso por naturaleza. Lo religioso es
entonces un aspecto constitutivo del hombre, como demuestran innumerables y constantes
datos sobre la humanidad histórica.
El ser religioso se refleja en todas las dimensiones del hombre (racional, técnica,
social, cultural, histórica, etc.), porque es algo que brota de su condición natural creada. El
carácter comunitario de la religión tiene que ver directamente con la dimensión social de la
persona. Es así que decimos que por ser el hombre también un ser de naturaleza social, está
abierto a la relación con lo divino.
El hombre y la mujer tienden por naturaleza al reconocimiento de lo divino, aunque
este reconocimiento puede oscurecerse o debilitarse en épocas determinadas, por motivos
culturales, afectivos o intelectuales. Existen disciplinas propias que se encargan del estudio
de la dimensión religiosa del hombre, tal es el caso de la filosofía de la religión quien pone
de manifiesto el por qué se considera al hombre como un ser religioso. Esta dimensión es
expresada en diferentes prácticas que llamamos hechos o fenómenos religiosos y estos a su
vez son estudiados por la fenomenología de la religión.
¿Qué se entiende por hecho religioso?
Se entiende por hecho religioso a toda aquella manifestación que comprende prácticas
rituales externas e internas (interpretaciones del mundo, credos, confesiones de fe,
experiencia espiritual, oración, cultos colectivos de carácter público y sistemas de valores
como la disciplina moral) con dirección a la inclinación instintiva de la totalidad de la
existencia humana hacia lo que el hombre piensa que le trasciende1.
Sujeto y objeto del hecho religioso.
Como cualquier fenómeno o hecho, el religioso comporta una doble relación entre
un sujeto y un objeto que se encuentran, basada en el carácter intencional indiscutible. En el
caso del hecho religioso, el objeto se identifica con aquello que se considera sagrado, y
se considera como sujeto al hombre creyente. La relación entre ambos se transparenta a
través de unos actos humanos que expresan un sentimiento de dependencia respecto de un
ser extraño, superior y trascendente.
La ciencia (fenomenología de la religión) no capta el objeto directamente, sino sólo a través
de la actividad específica del sujeto, cuyo sentido intenta descifrar.
Proceso de comprensión del hecho religioso.
La observación atenta de los hechos abre el camino a la interpretación comprensiva
sin necesidad de emitir juicio valorativo alguno. En esta comprensión se suceden dos pasos
o momentos para comprender el proceso en el que se manifiesta el hecho religioso:
descripción del hecho e interpretación del mismo.
1
MORALES, José, La filosofía de la Religión, EUNSA, Navarra 2007. Págs. 90-91
Su punto de partida es la observación del hecho que se muestra al
sujeto. Su finalidad es comunicar lo que se muestra, lo dado en la
experiencia, porque, en último término, la explicación no es otra
Descripción cosa que explicitación categorial del hecho experimentado.
Lo que aparece al exterior es la manifestación de una actitud
profunda; responde a una vivencia o experiencia singular. La forma
Interpretación de actuar dependerá en gran medida de la experiencia que el sujeto
tenga de lo divino.
La fenomenología de la religión, quien es la encargada del estudio del hecho
religioso, tiene que apoyarse siempre en hechos concretos localizables en el tiempo y en el
espacio que revisten características especiales por las que se distinguen de cualquier otro
fenómeno humano. Son acontecimientos cuya historicidad está fuera de toda duda
razonable.
Tanto el observador como el autor del hecho son hombres cuyas vivencias
personales sintonizan a pesar de su distancia en el tiempo y el lugar y sus diferencias
ideológicas.
2.2. Noción y origen de la religión
Definición.
El concepto de religión deriva del infinitivo latino religare que significa religar o
atar, su significado es el siguiente: “la religión es el conjunto de creencias, celebraciones y
normas ético-morales por medio de las cuales el ser intelectual reconoce, en clave
simbólica, su vinculación con lo divino en la doble vertiente, a saber, la subjetiva y la
objetivada o exteriorizada mediante diversas formas sociales e individuales”2.
El origen de la religión en el hombre.
2
GUERRA Gómez, Manuel, Historia de las religiones, BAC, Madrid 1999. Pág. 26
La razón básica de la religiosidad es la esencial limitación e indigencia o
contingencia del hombre y, consecuentemente, su dependencia, real o al menos creída,
respecto del Absoluto, de lo Divino. Los seres y cosas, diferentes del hombre, son tan
contingentes o más que el ser humano pero su irracionalidad los incapacita para reconocer
su ser contingente. La religión es una manifestación específica del hombre.
El comienzo y la idea de religión pueden parecer un misterio inescrutable, pero la
religión es un hecho humano delante de nosotros, es un hecho indudable que expresa la
contingencia del hombre. Nos dice José Morales: La religión es ante todo un grito de
auxilio3. Al el hombre un ser dotado de un claro sentido de su contingencia y de finitud, de
la corruptibilidad del cuerpo, de las limitaciones de la razón, de la con ciencia de la culpa,
del poder del mal que habita en él, de la necesidad de una salvación que no puede venir del
hombre mismo, toda religión es un desafío a los aspectos prometeicos.
Las prácticas religiosas.
No es posible el encuentro con lo trascendente, con lo divino, sin hacerlo a través de
mediaciones metafórico/simbólicas en el plano del conocimiento y del lenguaje. El hombre
no puede pensar o hablar consigo mismo ni lógicamente dialogar o hablar con los demás
sobre lo metafísico, espiritual, divino —o sea, lo religioso— sin símbolos, sin metáforas.
La actitud religiosa se hace consciente y se expresa exterior e interiormente mediante
símbolos. La única vía de acceso racional a lo divino y de expresión de lo mismo se nos
abre gracias a los símbolos, producto de la analogía.
La religión comporta un doble elemento constitutivo, subjetivo y objetivo. El
subjetivo está representado por la actitud humana de dependencia. El objetivo se refiere a
un ser superior del cual se depende (Dios). Esta conciencia de dependencia se manifiesta a
través de hechos peculiares e irreductibles: creencias, ritos, ofrendas, oraciones y
sacrificios.
Lo religioso y lo sagrado.
Por sagrado se en tiende una realidad o un marco ontológico especial, un nivel que
lo abarca todo, mientras que religioso significa una conducta peculiar del ser humano o
3
MORALES, José, La filosofía de la Religión, EUNSA, Navarra 2007. Pág. 106
forma concreta de asumir la existencia en una perspectiva nueva impuesta precisamente por
lo sagrado.
Lo sagrado, representa lo otro, lo extraño y lo prohibido; aquello ante lo cual el
nombre experimenta su pequeñez y se siente desarmado; pero es también la fuente del
poder, del éxito y de la eficacia. Por eso suscita sentimientos ambivalentes como
estremecimiento y pavor, admiración y atracción, terror y amor.