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HOMERO

Homero Manzi, destacado letrista de tango, es reconocido por su habilidad para combinar historia, poesía y atmósfera en sus obras. A lo largo de su vida, Manzi exploró temas de memoria y nostalgia, utilizando un lenguaje literario que se aleja del lunfardo típico del tango. Su legado incluye canciones emblemáticas como 'Fruta amarga' y 'Viejo ciego', que reflejan su profunda conexión con la cultura del arrabal porteño.
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HOMERO

Homero Manzi, destacado letrista de tango, es reconocido por su habilidad para combinar historia, poesía y atmósfera en sus obras. A lo largo de su vida, Manzi exploró temas de memoria y nostalgia, utilizando un lenguaje literario que se aleja del lunfardo típico del tango. Su legado incluye canciones emblemáticas como 'Fruta amarga' y 'Viejo ciego', que reflejan su profunda conexión con la cultura del arrabal porteño.
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HOMERO, Y TODO EL CIELO…

Ningún letrista de tango dominó como Manzi la armonía entre historia, giro poético y atmósfera
 POR MATÍAS MAURICIO
 ENERO 17, 2021
 HTTPS://WWW.ELCOHETEALALUNA.COM/HOMERO-Y-TODO-EL-CIELO/

Hablo de Manzi, el que tenía la carita como dos lunas, el que trepó la
calle Monasterio junto a Julián Centeya, y de pronto lo miró hondo y le
dijo: “Estar en el misterio Julián; estar en el misterio”. De él te hablo, del
que a cada golpe de párpado se me escapa.
Si me dejo llevar por las convenciones biográficas podría comenzar por
el Homero Nicolás Manzione de Añatuya, continuar por su pupilaje en
el Colegio Luppi del barrio de Pompeya, o detenerme en sus primeras batallas políticas
(militancia, toma y expulsión de la Facultad de Derecho, estadía en la cárcel, fundación de
FORJA, salto al peronismo). Podría recorrer su veta periodística, el paso por SADAIC, su oficio de
guionista en la apuesta de un cine de raíz nacional, zambullirme en los amoríos o entristecerme
con el final de sus años tocados por la enfermedad. Mejor el silencio, hay libros de excelencia que
dan cuenta de toda esa vida que se apagó a los 47 años de edad. Si te interesa, podés armar tu
rompecabezas: Homero Manzi, Aníbal Ford (1971); Homero Manzi y su tiempo, Horacio Salas
(2001); el breve y preciso ensayo Homero Manzi: una poética de la integración cultural, Daniel
Antoniotti (2003); Homero Manzi va al cine, Pablo Ansolabehere (2018); sin olvidar Sur, barrio de
tango (2000) y Poemas, prosas y cuentos cortos (2007), textos del poeta compilados por su hijo,
Acho Manzi.

El Homero Manzione de Añatuya.

Te voy a proponer quedarnos a vivir una temporada en su


tango Fruta amarga (1945); pero antes, rocemos siquiera una de
sus explosiones poéticas, su primera letra importante: Viejo
ciego (1926).

Con un lazarillo llegás por las noches


trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo parece un fantoche
tu rara silueta de flaco rocín.

Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,


al ir destrenzando tu eterna canción
ponés en las almas recuerdos añejos,
y un poco de pena mezclás al alcohol (…)

Siempre me aguijonean los mismos interrogantes: ¿qué brujo le sopló el corazón para escribir con
18, 19 años de edad una letra tan llena de misterio? A medida que la iba urdiendo, ¿presintió que
entre manos tenía lo que a posteriori sería “el tono” de su cuerda poética? ¿Por qué Gardel —que
todo lo sabía– no se atrevió a cantarla?, ¿no la entendió?, ¿demasiado para al cantor? La
invitación es oírla en la voz de Fiorentino junto a la primera orquesta de Piazzolla (1946). No sé
qué pensarás al terminar de escucharla, pero es indudable que Fiore nos engañó. No es cierto
que la cantó: yo diría que la lloró, la sangró.

Viejo ciego (el ciego del violín) de Manzi, Piana y Castillo.

Si volvés sobre este tango oirás entre líneas las voces de Carriego, Olivari, el primer Borges,
algún giro visitado por las vanguardias literarias de la época. Pero hasta ese momento nadie
había dado el zarpazo de la canción popular con tanta excelencia: eso sí, rompo una lanza por
José González Castillo, semilla de toda esa atmosfera suburbana que dejó su marca de fuego en
el autor de Sur. Se advierten otras huellas: Nervo, Neruda y la innegable del poeta andaluz. En
efecto, al terminar la letra de Milonga triste le confesó a Sebastián Piana: “Mirá, me parece que yo
he hecho una cosa a la manera de García Lorca”. ¡Y cómo no dejarse salpicar por Federico!
¿Acaso Rembrandt no recibió el soplo de Rubens, de Caravaggio? ¿Debussy no es un
desprendimiento de Chopin y del influjo de Baudelaire que alteró desde su artillería poética y
ensayística las composiciones del músico?
Sin embargo, lxs investigadores no reparan en la fuerte impregnación del payador José Betinotti
en la obra de Manzi, a quien él llamó “el pequeño muchacho zapatero que inventó la primera
canción ciudadana”. Su admiración no sólo lo llevó a escribir la milonga que porta su nombre, hay
también una bella semblanza, la co-dirección y guion de la película El último payador (1950); sin
olvidar que, en su adolescencia, ya jugaba a emularlo con el tópico del encantamiento materno al
escribir el vals A su memoria —no te olvides que a Betinotti se lo llamó el “Payador de las
madres” por sus canciones ¡Pobre mi madre querida! y Como quiere la madre a sus hijos. ¿Y si
además le afiló los ojos, las convicciones políticas, las posibilidades que da la canción al
encontrarse con las décimas de Unión Cívica Radical (1913)? ¿Y si sus pinceladas de
neocriollismo vienen del payador? Por tanto, me atrevo a decir que todos los valses y una ración
de las milongas de Manzi son un Betinotti perfeccionado. Incluso apuesto a ir más lejos: el
manejo de la comunicación, los filamentos que emplea Manzi en sus letras son betinotianos. Para
descubrir esta filiación sólo hay que animarse a leer con el oído.
Betinotti, junto al madero de seis cuerdas
(1910).

José Gobello, que en asuntos de


investigación de tango veía hasta lo
invisible, dijo una vez: “No aportó nada
nuevo. Todos los temas de Manzi,
inclusive el del bandoneón, ya estaban en
Contursi, en González Castillo, en Tagle
Lara. El asunto de Ninguna, bellísimo
tango, es el mismo de Martirio, desolado
tango de Discépolo. El tono acompadrado
de sus milongas era el tono de Villoldo. La
elegía tanguística no es invento de Manzi.
Sin embargo, ninguno de los letristas de
tango, ni los que lo aventajaron en
originalidad, como Discépolo, ni los que lo
aventajaron en porteñidad, como
Celedonio Flores, dominó, como Manzi,
ese arte”. ¿A qué se refiere? A la
consustancial armonía que debe cultivar
todx letrista entre historia, giro poético y
atmósfera —el “duende”, el misterio que
toda canción de corte popular exige para
tocar el alma del oyente. Y algo más: todo debe hacerse sin ceder a las tentaciones de la
imitación.
Ahora bien, lo cierto es que, si tuviera que definir rápidamente su escritura la llamaría “cíclope”,
de foco limitado, pero a la vez, inmenso: el paso del tiempo, la memoria, los recuerdos —
recordari: volver a pasar por el corazón. Pienso que, acaso sin saberlo, Homero hizo suya la frase
de Yorgos Seferis: “La memoria, donde se la toca, duele”. Así trazó sus canciones: bajo el barniz
melanco de lo perdido pero recuperado, aquello que busca perpetuarse, y ser, definitivamente, un
presente continuo. Incluso utilizó la nostalgia vicaria —como lo hace notar Antoniotti– es decir:
“Nostalgia por lo no vivido pero sentido como algo propio por una ligazón espiritual con la
historia”.
Inauguración
de la Plaza Homero Manzi, Pompeya (1971).

Fruta amarga, y el manejo de la preceptiva literaria


Manzi fue un especialista en la elección de sus títulos de canciones: Sur, Barrio de
tango, Fuimos, De barro, Una lágrima tuya… ¡Ay, el título!, la cabeza del fauno, tan importante
como el cuerpo textual. En él se puede sugerir, cifrar una escena o el enigma de la trama como
es el caso de Fruta amarga, anticipándonos que algo no prospera, algo sabe muerte.
El canto se inicia con la palabra “corazón”: Homero la utiliza como anáfora (repetición de una o
más palabras al comienzo de un verso) buscando dar fuerza expresiva como forma de invocación
o plegaria. Luego nos ametralla con expresiones hiperbólicas (extrema exageración) —la
oscuridad es interminable, la soledad se agiganta– y en la pérdida total de ese amor el autor
apela a la pregunta existencial, al tópico del ubi sunt y lo hace en un juego de rimas —cielo-vuelo-
consuelo.

¡Corazón!
en aquella noche larga
maduró la fruta amarga
de esta enorme soledad.
¡Corazón!
¿en las nubes de qué cielo
la tristeza de tu vuelo
sin consuelo vagará?

Estamos encantados con la frase melódica, presentimos que vuelve la palabra “corazón”, pero no,
Manzi nos hace un corte de manga y elije “bien lo sé”, rompiendo la anáfora, produciendo a la vez
un hipérbaton (la inversión gramatical del verso). Él sabe que fonéticamente, estéticamente, “bien
lo sé” es superior a “lo sé bien”. Continúa hiperbolizando con la apoyatura de una preposición
poética “viento de locura” (dos sustantivos cruzados por la preposición “de”), y en una escalonada
enumeración de su derrotero amoroso nos prepara para el cierre del primer bloque de la canción.
Las últimas palabras cortan el aire con frío de navaja: grito enronquecido-amor enloquecido-dolor.

Bien lo sé...
¡aquel frío alucinante!
de un instante, me cegó.
Fue en un viento de locura
sin ternura, sin perdón.
Fue en el grito enronquecido
de un amor enloquecido
de dolor.

Veníamos inmersos en una atmosfera dramática, pero Homero da un giro en el aire. Es la llegada
del estribillo, y todo se abre, todo renace, todo se ilumina, todo es una bocanada de aire por
medio de la evocación diáfana —párrafo aparte merece la melodía de Hugo Gutiérrez: hay que
estudiar la dupla Manzi-Gutiérrez que dio entre otros tangos Después, Torrente, Tapera. El
estribillo se construye a pura metáfora: ella era la luz de sol, y la canción feliz…, regalándonos un
verso de pureza extrema que se suele pasar por alto: “eras mañana”. ¿Se puede condensar en
tan sólo dos palabras un anhelo de vida? Se puede: Manzi lo hizo.

Eras la luz del sol


y la canción feliz
y la llovizna gris
en mi ventana,
eras remanso fiel
y duende soñador
y jazminero en flor,
eras mañana.

Si volvés sobre el estribillo verás que las “y” ya están demás, cansan, aburren: por eso Manzi
elimina sobrantes y nos arroja frases limpias.

Suave murmullo...
viento de loma...
cálido arrullo
de la paloma.

Llega el desenlace del estribillo, que pudo ser —si Homero se lo proponía– el cierre de la canción.
Todo está dicho: la perdió para siempre. Lo declara al trazar la sinécdoque (la parte por el todo)
donde la protagonista sólo será la voz que una y otra vez volverá llenándolo de culpas, sello fatal
en toda su escritura.

Ya no serás jamás
aroma de rosal
frescor de manantial
en mi destino.
Sólo serás la voz
que me haga recordar
que en un instante atroz
te hice llorar.

Fruta amarga alberga más juegos retóricos que obvié en el análisis, como obvié también la parte
bis de la canción. Dejar una hendija de luz alimenta la curiosidad, aunque sospecho que andarás
cuestionándome: ¿este se piensa que Manzi escribía con el diccionario de retórica en la mesita
de luz, o que Homero decía: ‘¡Pero mirá vos!, ¿cómo se me vino a escapar la metonimia?, ¿cómo
no me avivé de colocar una paranomasia en este verso? No, compañerx, nada de eso pienso:
“los verdaderos poetas son de repente” como decía Gonzalo Rojas.

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Poeta del tango

Biografía

Homero Nicolás Manzione nació en Añatuya, Santiago del Estero (Argentina) el 1 de noviembre de 1907.
Fue el sexto de ocho hijos de Luis Manzione un discreto hacendado rural que se había afincado en la
provincia del noroeste argentino para cultivar algodón y maíz y Ángela Prestera, entrerriana de Concepción
del Uruguay.

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Cuando tenía 7 años se trasladó con su madre a Buenos Aires y pasó a estar al cuidado de su hermano Luis.
Estudió primaria en el Colegio Luppi del barrio de Pompeya y entre éste y el barrio de Boedo, un suburbio
de la ciudad que crecía rápidamente por la inmigración, va a transcurrir su vida juvenil y nacerá su
familiaridad con la cultura del arrabal porteño, lugares y personajes que plasmará en su obra, amasando su
mitología y aristocracia arrabalera muy patentes en algunos de sus tangos como “Sur” y “Barrio de tango”.

En Buenos Aires estableció amistad con Cátulo Castillo, que será otro destacado letrista de tango. Por
influencia de Cátulo y sobre todo de su padre José González Castillo, un escritor, director y dramaturgo
anarquista, se dedicó a la literatura.

HOMERO MANZI - Poesia Online

Manzi diría “Tengo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres” refiriéndose a su
preferencia por el tango y la canción como forma de transmisión de la poesía. Y aunque trabajó la
metáfora, incluso la surrealista, optó por formas de expresión más populares. Detalla Aníbal Ford en la
biografía Homero Manzi: «El lenguaje mismo que utiliza es insólito en el tango. No sólo elude el lunfardo.
Maneja un vocabulario culto, literario: lazarillo, añejos, rocín, parroquiano, portal, bardos», influido por sus
lecturas de Evaristo Carriego y del Jorge Luís Borges ultraísta.

De adolescente se introdujo en el teatro, escribió, dirigió y actuó en producciones locales.

Su primera letra de canciones la escribe en 1922, un vals al que llamó “¿Por qué no me besas?”, grabada
por Ignacio Corsini en 1926. Por esa época escribió el tango “Viejo ciego” (1926) que presentó al concurso
de la revista “El alma que canta”.

Se licenció como profesor de castellano y Literatura y comenzó a dar clases. El golpe de 1930 lo encontró
como profesor de literatura de colegios nacionales y defendiendo la causa yrigoyenista. Por este mismo
motivo fue expulsado de la facultad de Derecho a la que ingresó con 19 años y se le impidió ejercer como
docente en sus cátedras en los colegios Sarmiento y Moreno.

Visitó a Hipólito Yrigoyen, al que admiró a lo largo de toda su vida y de ese encuentro diría: «Ese día mi
asombrada adolescencia realizó la síntesis de su pensamiento nacional, pero no nacionalista; y universal,
pero no universalista».

De izquierda a derecha Cátulo Castillo Homero Manzi Sebastián Piana y Pedro Maffia - Poesia Online

De izquierda a derecha Cátulo Castillo, Homero Manzi, Sebastián Piana y Pedro Maffia

Yrigoyen fue el primer presidente argentino en ser elegido democráticamente mediante sufragio secreto y
obligatorio masculino en 1916, abriendo el periodo de lo que se conoce como “primeras presidencias
radicales”, que se irán derrocando sucesivamente hasta 1983 por una serie de golpes de estado para
impedir consolidar la democracia en Argentina.

Manzi fue uno de los fundadores de FORJA, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, una
agrupación política argentina que actuaba dentro de la esfera de influencia de la Unión Cívica Radical y que
fue creada dos años después de la muerte de Yrigoyen con el fin de mantener su postura política
realizando una dura crítica a los gobiernos que asumieron el poder a partir del golpe de estado del 6 de
septiembre de 1930 que se conoció como “la década infame”. FORJA realizaba investigaciones político
sociales que se publicaban mediante “cuadernos”, conferencias, debates y actos callejeros. Manzi participó
de actos y escribió algunos documentos de la agrupación. Desde la tribuna de FORJA se planta como un
pensador nacional y lanza fuertes denuncias contra el proceso de dominación: «Hay que hacer llegar al
pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira
de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto».

Homero Manzi en Añatuya en la estancia de su padre acompañado por Charlo - Poesia Online

Homero Manzi en Añatuya en la estancia de su padre acompañado por Charlo

Tras una breve estancia en la cárcel, Manzi vuelve al barrio y desata su pasión por el tango. Su primer
tango se llamó “Memorias a Taborda”. Era un habitual de cafés y milongas donde entabló relación con
Enrique Santos Discépolo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Arlt, Anibal Troilo, Lucio Demare,
Cátulo Castillo y Sebastián Piana entre muchos otros, con quienes compartió conversaciones o para los que
escribió letras. Pronto se convertiría en uno de los poetas, letristas más reconocidos de Argentina como
compositor de tangos, valses, candombes y milongas.

Mientras crece su intransigencia política, diversifica sus actividades para poder sobrevivir. Genera una
catarata descomunal de proyectos. Ejerce el periodismo, se aboca a la crítica de espectáculos, aborda
letras sobre temática rural, construye una relación intensa y fructífera con el cine, particularmente desde
las adaptaciones y guiones (Nobleza gaucha, Pampa bárbara, La guerra gaucha), y, como un modo de
oposición a las grandes productoras que monopolizan el circuito de cine, crea junto a varios actores
Artistas Argentinos Asociados (AAA). Imparable, Manzi trabaja con rapidez, «una mañana, entre llamada y
llamada de teléfono, llamó a la sirvienta y le dictó un argumento cinematográfico», contaría su esposa.

Homero Manzi y Ulises Petit de Murat - Poesia Online

Homero Manzi y Ulises Petit de Murat

Homero Manzi fue un protagonista clave de la cultura popular de los años 30, 40. Se le puede pensar como
una figura integral que peleó por una redefinición de la cultura popular en tiempos de arduas luchas
políticas. Durante los años 40 sus letras alcanzan la plenitud y su mayor profundidad poética. Capitanea a
un grupo de apellidos de la edad de oro del tango: Discépolo, Expósito, Castillo, Cadícamo y Contursi entre
otros. En ese contexto Manzi conoce a Aníbal Troilo y juntos componen el vals Romance de barrio y los
tangos, Sur, Barrio de tango, Che, bandoneón y Discepolín que les catapulta como símbolo perfecto del
binomio creativo.

Sus letras apelan a la nostalgia por el barrio que se moderniza, a suaves caricias de los personajes perdidos.
En los años 40 se mimetizó con la tendencia romántica a la que legó piezas de extraordinario valor. Enrique
Santos Discépolo lo definió como “el poeta de las cosas que se fueron”. Se dice que de su romance secreto
con Nelly Omar quedan huellas en muchos tangos «Me escribió muchos: Fuimos, Solamente ella, Después,
Torrente y otros», le confesará la cantante y actriz a Horacio Salas en su libro Homero Manzi y su tiempo.
Se cree que ella fue la figura inspiradora de Malena.

Siendo uno de los mayores poetas del tango, incluido en la antología de la poesía argentina de Raúl
Gustavo Aguirre, gozó de gran popularidad sin renunciar a sus convicciones de poeta. No publicó ningún
libro de poesía, pero tampoco se cobijó solo en el tango pues las producciones de su trabajo son extensas e
intensas en cuanto dejarán una profunda huella en el pueblo.

En ocasiones, firmó con el seudónimo Arauco que en quichua significa “rebelde” para enfatizar su
identidad santiagueña. Con el binomio que compone con Sebastián Piana enriquecen la tradición rural -
apegada a la figura del payador- hasta tal punto que la convierten en urbana con tangos excepcionales
como “El pescante”, el vals “Esquinas porteñas” y una saga de milongas en cuyo remozamiento y
jerarquización fue muy importante su participación, siendo pioneros en la milonga candombe. Algunas de
sus creaciones son “Milonga Sentimental”, “Bettinoti”, “Milonga de Puente Alsina”, “Carnavalera”,
“Milonga del Novecientos, “Milonga triste” y otras. Carlos Gardel elige y graba Milonga sentimental y
Milonga del Novecientos.

Homero Manzi segundo desde la izquierda Luis César Amadori Jacinto Benavente y Lucas Demare entre
otros. - Poesia Online

Homero Manzi (segundo desde la izquierda), Luis César Amadori, Jacinto Benavente y Lucas Demare, entre
otros.
Sus tangos han quedado inmortalizados como creaciones universales, “El último organito”, “Ninguna”,
“Mañana zarpa un barco”, y ya hemos mencionado “Malena”, “Barrio de tango”, “Discepolín”, “Sur” y “Ché
bandoneón”.

Se rodeó de músicos de gran calidad como compañeros de creación: Francisco Pracánico, Pedro Maffia,
Lucio Demare, Osvaldo Pugliese, Héctor María Artola, Charlo, Antonio De Bassi, Anibal Troilo y su hijo
Acho. Sus amigos lo llamaban “barbeta”.

También fue periodista, libretista, director de cine y guionista y escribió sketches para radio. Destaca su
adaptación de la novela de Leopoldo Lugones La guerra gaucha.

Dirigió dos películas “Pobre mi madre querida” en 1948 y “El último payador” de 1950. Escribió multitud de
guiones. Y compuso la música de varias películas en las décadas del 30 y 40.

Homero Manzi en Mexico en 1946 con Cantinflas Discepolo y Benard - Poesia Online

Homero Manzi en Mexico en 1946, con Cantinflas, Discepolo y Benard

En 1945 FORJA se disuelve para ingresar al peronismo y aunque Manzi en un primer momento retorna al
radicalismo, en 1947 se acerca al peronismo lo que motivó su expulsión del radicalismo. Manzi pronunció
un discurso por Radio Belgrano en el que dijo «Perón, es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen”.

Era un gran aficionado de las carreras de caballos, y una anécdota tragicómica cuenta que Manzi atrasa su
última operación porque tiene el dato de una carrera en San Isidro.

Francisco Canaro Evita y Homero Manzi - Poesia Online

Francisco Canaro, Evita y Homero Manzi

Murió en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951 a los 43 años de cáncer de hígado. Troilo lloró su muerte con
“Responso” un conmovedor tango instrumental. Ambos habían rendido a su vez homenaje a otro poeta del
tango Enrique Santos Discépolo después de su muerte con el tango “Discepolín”. Su velatorio aglutinó un
vasto elenco de personajes del cine, del tango, de la política, del teatro y del periodismo.

Dicen Horacio Ferrer y Alejandro Saenz Germain que cuando ya su cáncer lo había sentenciado a muerte –y
él lo supo- Homero Manzi hizo con esa muerte lo que siempre había hecho con su vida; no lloró, no gritó,
no dijo palabras tremendas. Fue a su casa, se miró en el espejo y murmuró: “Pensar que te vas a morir,
gordo”. Después acomodó una hoja de papel sobre la mesa. Y con la misma precisión romántica de poeta
verdadero con que había pergeñado su primer valsecito, se arrancó este último poema en abril de 1951:

Puedo cerrar los ojos

Lejos de las pequeñas sonrisas que conozco.


Escuchando estos ruidos recién llegados.

Viendo estas caras nuevas.

Como si de pronto los mil lentes de la locura

Me trasladaran a un planeta ignorado.

Estoy lleno de voces y de colores

Que juraron acompañarme hasta la muerte.

Como amantes resignadas

Al breve paso de mi eternidad.

Sé que hay recuerdos que querrán abandonarme

Sólo cuando mi cuerpo hinche un hormiguero sobre la tierra.

Sé que hay lágrimas largamente preparadas para mi ausencia.

Sé que mi nombre sonará en oídos queridos

Con la perfección de una imagen.

Y también sé que a veces dejará de ser un nombre

Y será sólo un par de palabras sin sentido.

Estoy lleno de voces y de colores. Unas veces

Recogidos en el sonambulismo de la marcha.

Otras, inventadas tras mi propia soledad.

Con ello se integra un cortejo final de despedida.

Se cambiarán en lágrimas y palabras piadosas.

Pero hoy, en medio de lo que todavía no he podido amar,

Evoco a los marinos encerrados en las paredes altas de la tormenta;

A los soldados caídos sobre hierbas lejanas;

A los peregrinos que duermen bajo la sombra de árboles innominados;

A los niños que yacen contemplando el yeso de los hospitales

Y a los desesperados, que entregan el último gesto

Frente al paisaje final e instantáneo de la demencia.

Páginas web consultadas:

https://www.ecured.cu/Homero_Manzi#Biograf.C3.ADawww.todotango.comhttp://leiaa-
lacasadelospoetas.blogspot.com/2010/05/homero-manzi.htmlhttps://www.clarin.com/espectaculos/
recuerdo-vuelvo-ver_0_r1wQBGyJ0Ke.html
POEMAS

Sur

Tango 1948

Música: Aníbal Troilo

Letra: Homero Manzi

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,

Pompeya y más allá la inundación.

Tu melena de novia en el recuerdo

y tu nombre florando en el adiós.

La esquina del herrero, barro y pampa,

tu casa, tu vereda y el zanjón,

y un perfume de yuyos y de alfalfa

que me llena de nuevo el corazón.

Sur,

paredón y después…

Sur,

una luz de almacén…

Ya nunca me verás como me vieras,

recostado en la vidriera

y esperándote.

Ya nunca alumbraré con las estrellas

nuestra marcha sin querellas

por las noches de Pompeya…

Las calles y las lunas suburbanas,

y mi amor y tu ventana

todo ha muerto, ya lo sé…


San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,

Pompeya y al llegar al terraplén,

tus veinte años temblando de cariño

bajo el beso que entonces te robé.

Nostalgias de las cosas que han pasado,

arena que la vida se llevó

pesadumbre de barrios que han cambiado

y amargura del sueño que murió.

Barrio de tango

Tango 1942

Música: Aníbal Troilo

Letra: Homero Manzi

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,

durmiéndose al costado del terraplén.

Un farol balanceando en la barrera

y el misterio de adiós que siembra el tren.

Un ladrido de perros a la luna.

El amor escondido en un portón.

Y los sapos redoblando en la laguna

y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio,

calles lejanas, ¡cómo estarán!

Viejos amigos que hoy ni recuerdo,

¡qué se habrán hecho, dónde estarán!

Barrio de tango, qué fue de aquella,

Juana, la rubia, que tanto amé.

¡Sabrá que sufro, pensando en ella,

desde la tarde que la dejé!


Barrio de tango, luna y misterio,

¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos allá en la esquina.

El codillo llenando el almacén.

Y el dramón de la pálida vecina

que ya nunca salió a mirar el tren.

Así evoco tus noches, barrio ‘e tango,

con las chatas entrando al corralón

y la luna chapaleando sobre el fango

y a lo lejos la voz del bandoneón.

Buenos Aires colina chata

Tango

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Sobre una colina chata

Garay trazó cuatro vientos;

por un costado La Pampa,

al otro lado un Riachuelo

y el río contra la espalda

y contra el pecho el desierto

con su horizonte de paja

y su techumbre de cielo.

Garay trazó diez manzanas

sobre un cuadrado perfecto

y el sitio de las campanas

y el lugar de su gobierno

y las casas capitanas

y los tejados modestos


y el ámbito de la plaza

para los grandes recuerdos.

Garay trazó con su espada

la forma de un pueblo nuevo.

¿Cómo era la pampa aquella

sin gauchos y sin cencerros,

sin chinas, ranchos, ni güeyas,

sin boliches ni puesteros?

¿Cómo era entonces La Pampa

sin estancias ni potreros,

sin una sola guitarra,

sin el ladrido de un perro?…

¿Sin un mazo de baraja,

sin el grito de un resero,

sin un fogón y una casa,

sin un mate y sin un cuento?…

Sólo era una pampa pampa,

con un desierto desierto

y su horizonte de paja

y su techumbre de cielo.

Qué raro que se quedaran

los españoles aquellos,

atados a las distancias

clavados a los silencios.

Tal vez porque ya eran otros

distintos de los primeros.

Tal vez porque ya eran criollos

a fuerza de sufrimientos.

Porque llegaron del norte


inaugurando senderos

madurados por los soles

y las lluvias de febrero.

Arrabal

Milonga

Música: Félix Lipesker

Letra: Homero Manzi

Arrabales porteños

de casitas rosadas

donde acuna los sueños

el rasguear de las guitarras.

Donde asoma la higuera

sobre las tapias,

adornando los muros

con sus fantasmas.

Sombra,

telón azul del suburbio

donde se juega el disturbio

cuando un amor se envenena

y al dolor de la traición,

se hace rencor,

rencor y pena.

Sombra,

donde los labios se juran

mientras la noche murmura

con su voz de bandoneón.


Arrabales porteños,

en tus patios abiertos

las estrellas se asoman

y te bañan de silencio.

Y la luna amarilla

siembra misterios

caminando en puntillas

sobre tus techos.

Monedas de poeta

Tango

Música: Joaquín Mora

Letra: Homero Manzi

Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio

cuando desde tus labios cargados de secretos

recordé la cortada por donde iba mi infancia

destrozando la suela de mis zapatos nuevos.

Yo no soy el ideal de tu sabiduría,

mitad galán de cine y mitad pugilista;

soy un poeta moderno que ambula por las calles

evocando sus sueños disconformistas.

Sin embargo te quiero, porque sé que en tu vida

hace falta un muchacho que te cante pavadas,

y que ponga perfume de poeta en la nafta

de tu coche lujoso, de tu coche sin alma;

Un muchacho humilde, sentimental y bueno

que justifique el brillo vano de tus monedas,


comprándote con ellas montones de paisajes,

montones de paisajes y un anillo de piedra.

Que te lleve por todas las calles apartadas,

que te cante tragedias de novios y de celos,

y que al pasar contigo debajo de los árboles

aproveche la sombra para robarte un beso.

Un muchacho que un día, de tonto o de loco,

cuando menos lo pienses salga de tu existencia,

dejándote en un sobre, encima de la mesa,

unas cuantas mentiras… monedas de poeta.

Viejo ciego

Tango 1926

Música: Sebastián Piana / Cátulo Castillo

Letra: Homero Manzi

Con un lazarillo llegás por las noches

trayendo las quejas del viejo violín,

y en medio del humo

parece un fantoche

tu rara silueta

de flaco rocín.

Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,

al ir destrenzando tu eterna canción,

ponés en las almas

recuerdos añejos

y un poco de pena mezclás al alcohol.

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos

tendrá crespones de humo la luz del callejón,


y habrá en los naipes sucios un sello misterioso

y habrá en las almas simples un poco de emoción.

El día en que no se oiga la voz de tu instrumento

cuando dejés los huesos debajo de un portal

los bardos jubilados, sin falso sentimiento

con una «canzonetta» te harán el funeral.

Parecés un verso

del loco Carriego

parecés el alma

del mismo violín.

Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,

tan llena de pena, tan lleno de esplín.

Cuando oigo tus notas

me invade el recuerdo

de aquella muchacha

de tiempos atrás.

A ver, viejo ciego,

tocá un tango lerdo

muy lerdo y muy triste

que quiero llorar.

Romance de barrio

Vals 1947

Música: Aníbal Troilo

Letra: Homero Manzi

Primero la cita lejana de abril,


tu oscuro balcón, tu antiguo jardín.

Más tarde las cartas de pulso febril

mintiendo que no, jurando que sí.

Romance de barrio tu amor y mi amor.

Primero un querer, después un dolor,

por culpas que nunca tuvimos,

por culpas que debimos sufrir los dos.

Hoy vivirás

despreciándome, tal vez sin soñar

que lamento al no poderte tener

el dolor de no saber olvidar.

Hoy estarás

como nunca lejos mío,

lejos de tanto llorar.

Fue porque sí,

que el despecho te cegó como a mí,

sin mirar que en el rencor del adiós

castigabas con crueldad tu corazón.

Fue porque sí

que de pronto no supimos pensar,

que es más fácil renegar y partir

que vivir sin olvidar.

Ceniza del tiempo la cita de abril,

tu oscuro balcón, tu antiguo jardín

las cartas trazadas con mano febril

mintiendo que no, jurando que sí.

Retornan vencidas tu voz y mi voz

trayendo al volver con tonos de horror,


las culpas que nunca tuvimos

las culpas que debimos pagar los dos.

Che bandoneón

Tango 1949

Música: Aníbal Troilo

Letra: Homero Manzi

El duende de tu son, che bandoneón,

se apiada del dolor de los demás,

y al estrujar tu fueye dormilón

se arrima al corazón que sufre más.

Estercita y Mimí como Ninón,

dejando sus destinos de percal

vistieron al final mortajas de rayón,

al eco funeral de tu canción.

Bandoneón,

hoy es noche de fandango

y puedo confesarte la verdad,

copa a copa, pena a pena, tango a tango,

embalado en la locura

del alcohol y la amargura.

Bandoneón,

para qué nombrarla tanto,

no ves que está de olvido el corazón

y ella vuelve noche a noche como un canto

en las gotas de tu llanto,

¡che bandoneón!

Tu canto es el amor que no se dio


y el cielo que soñamos una vez,

y el fraternal amigo que se hundió

cinchando en la tormenta de un querer.

Y esas ganas tremendas de llorar

que a veces nos inundan sin razón,

y el trago de licor que obliga a recordar

si el alma está en «orsai», che bandoneón.

Fuimos

Tango 1945

Música: José Dames

Letra: Homero Manzi

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas

en las horas resignadas de tu vida…

Gota de vinagre derramada,

fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.

Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve

rosa marchitada por la nube que no llueve.

Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza

que no puede vislumbrar su tarde mansa.

Fuimos el viajero que no implora, que no reza,

que no llora, que se echó a morir.

¡Vete…!

¿No comprendes que te estás matando?

¿No comprendes que te estoy llamando?

¡Vete…!

No me beses que te estoy llorando

¡Y quisiera no llorarte más!

¿No ves?,
es mejor que mi dolor

quede tirado con tu amor

librado de mi amor final

¡Vete!,

¿No comprendes que te estoy salvando?

¿No comprendes que te estoy amando?

¡No me sigas, ni me llames, ni me beses

ni me llores, ni me quieras más!

Fuimos abrazados a la angustia de un presagio

por la noche de un camino sin salidas,

pálidos despojos de un naufragio

sacudidos por las olas del amor y de la vida.

Fuimos empujados en un viento desolado…

sombras de una sombra que tornaba del pasado.

Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,

que no puede vislumbrar su tarde mansa.

Fuimos el viajero que no implora, que no reza,

que no llora, que se echó a morir.

Solamente ella

Tango 1944

Música: Lucio Demare

Letra: Homero Manzi

Ella vino una tarde y era triste

fantasma de silencio y de canción,

llegaba desde un mundo que no existe.

Vacío de esperanza el corazón.

Era nube, sin rumbo ni destino,

tenía la ternura del adiós.


Mi paso la siguió por cien caminos

y un día mi fatiga la alcanzó.

Ella,

piel de sombra, voz ausente.

Ella, en mis brazos se durmió.

Juntos, sin saberlo torpemente,

aprendimos duramente

las verdades del amor.

Ella, floreció bajo la luna.

Ella, renació para mi afán.

Juntos, sin angustias, sin reproche,

sin pasado, noche a noche,

aprendimos a soñar.

Sus palabras que estaban ateridas.

Entonces se encendieron de emoción.

Con fuego de mi amor volvió a la vida,

la que era sólo el eco de un adiós.

Ella vino a mi mano en el invierno,

vacío de esperanza el corazón.

Hoy vive entre mis sueños y es eterno

su sueño de mujer y de canción.

Después

Tango 1944

Música: Hugo Gutiérrez

Letra: Homero Manzi

Después …

La luna en sangre y tu emoción,


y el anticipo del final

en un oscuro nubarrón.

Luego …

irremediablemente,

tus ojos tan ausentes

llorando sin dolor.

Y después…

La noche enorme en el cristal,

y tu fatiga de vivir

y mi deseo de luchar.

Luego …

tu piel como de nieve,

y en una ausencia leve

tu pálido final.

Todo retorna del recuerdo:

tu pena y tu silencio,

tu angustia y tu misterio.

Todo se abisma en el pasado:

tu nombre repetido …

tu duda y tu cansancio.

Sombra más fuerte que la muerte,

grito perdido en el olvido,

paso que vuelve del fracaso

canción hecha pedazos

que aún es canción.

Después …

vendrá el olvido o no vendrá

y mentiré para reír

y mentiré para llorar.


Torpe

fantasma del pasado

bailando en el tinglado

tal vez para olvidar.

Y después,

en el silencio de tu voz,

se hará un dolor de soledad

y gritaré para vivir…

como si huyera del recuerdo

en arrepentimiento

para poder morir.

Torrente

Tango 1944

Música: Hugo Gutiérrez

Letra: Homero Manzi

Solloza mi ansiedad…

También mi soledad

quisiera llorar cobardemente.

Angustia de jugar y de repente,

sin querer,

perder el corazón en el torrente.

Se queja nuestro ayer…

Se queja con un tono de abandono

que recuerda con dolor

la noche del adiós…

la noche que encendimos de reproches

y el amor pasó.

Adiós…
la triste y la más gris canción de amor.

Ayer…

el último y fatal ayer final.

Fue mi desprecio, mi desprecio necio.

Fue tu amargura, tu amargura oscura.

Nuestro egoísmo nos lanzó al abismo

y nos vimos de repente en el torrente

más atroz.

Torrente de rencor

brutal y cruel

que ya no ofrece salvación.

Se queja el corazón…

Se queja con razón

al ver lo que quedó de aquel pasado.

Perfume de rosal

rumor callado de cristal

y todo es un nidal abandonado.

Solloza el corazón…

solloza como un niño sin cariño,

sin abrigo ni ilusión.

Y vuelve del adiós

la tarde en que los dos fuimos cobardes

y el amor pasó.

Abandono (Laura)

Tango

Música: Pedro Maffia

Letra: Homero Manzi

Llega el viento del recuerdo aquel


al rincón de mi abandono

y entre el polvo muerto del ayer

también volvió tu querer.

Yo no sé si vivirás feliz

o si el mundo te ha vencido

viviendo sin querer vivir

buscás la paz de morir.

Duda de tu ausencia y de mi culpa

pena de tener que recordar

sueño del pasado que me acusa

manos que no quieren perdonar,

dolor amigo de estar con tu sombra

remordimiento de saberte buena

dolor lejano de oír que te nombran

las voces muertas que se obstinan en volver.

Ya no sueño que retornarás

al fracaso de mi vida

ni tampoco que en tu palpitar

tendré un afán para andar.

Sólo quiero que si estás también

en la cruz del abandono

sepas olvidarme en su perdón…

Total, mirá lo que soy.

Pena de tu ausencia sin retorno

pena de saber que no vendrás,

pena de escuchar en mi abandono

voces que me acusan al llegar.

Dolor amigo de estar con tu sombra


remordimiento de saberte buena

dolor lejano de oír que te nombran

las voces muertas del ayer feliz.

Ninguna

Tango 1942

Música: Raúl Fernández Siro

Letra: Homero Manzi

Esta puerta se abrió para tu paso.

Este piano tembló con tu canción.

Esta mesa, este espejo y estos cuadros

guardan ecos del eco de tu voz.

Es tan triste vivir entre recuerdos…

Cansa tanto escuchar ese rumor

de la lluvia sutil que llora el tiempo

sobre aquello que quiso el corazón.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,

ninguna con tu piel ni con tu voz.

Tu piel, magnolia que mojó la luna.

Tu voz, murmullo que entibió el amor.

No habrá ninguna igual, todas murieron

en el momento que dijiste adiós.

Cuando quiero alejarme del pasado,

es inútil… me dice el corazón.

Ese piano, esa mesa y esos cuadros

guardan ecos del eco de tu voz.

En un álbum azul están los versos

que tu ausencia cubrió de soledad.


Es la triste ceniza del recuerdo

nada más que ceniza, nada más…

Malena

Tango 1941

Música: Lucio Demare

Letra: Homero Manzi

Malena canta el tango como ninguna

y en cada verso pone su corazón.

A yuyo del suburbio su voz perfuma,

Malena tiene pena de bandoneón.

Tal vez allá en la infancia su voz de alondra

tomó ese tono oscuro de callejón,

o acaso aquel romance que sólo nombra

cuando se pone triste con el alcohol.

Malena canta el tango con voz de sombra,

Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción

tiene el frío del último encuentro.

Tu canción

se hace amarga en la sal del recuerdo.

Yo no sé

si tu voz es la flor de una pena,

só1o sé que al rumor de tus tangos, Malena,

te siento más buena,

más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,

tus labios apretados como el rencor,


tus manos dos palomas que sienten frío,

tus venas tienen sangre de bandoneón.

Tus tangos son criaturas abandonadas

que cruzan sobre el barro del callejón,

cuando todas las puertas están cerradas

y ladran los fantasmas de la canción.

Malena canta el tango con voz quebrada,

Malena tiene pena de bandoneón.

El pescante

Tango 1934

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Yunta oscura trotando en la noche.

Latigazo de alarde burlón.

Compadreando de gris sobre el coche

por las piedras de Constitución.

En la zurda amarrada la rienda,

amansó al colorao redomón.

Y, como él, se amansaron cien prendas

bajo el freno de su pretensión.

¡Vamos!…

cargao con sombra y recuerdo.

¡Vamos!…

atravesando el pasado.

¡Vamos!…

al son de tu tranco lerdo

¡Vamos!…
camino al tiempo olvidado.

Vamos por viejas rutinas,

tal vez de una esquina

nos llame René.

Vamos que en sus aventuras

viví una locura

de amor y Suisse.

Tungo flaco tranqueando en la tarde

sin aliento al chirlazo cansao.

Fracasado en su último alarde

bajo el sol de la calle Callao.

Despintado el alón del sombrero

ya ni silba la vieja canción,

pues no quedan ni amor ni viajeros

para el coche de su corazón.

Esquinas porteñas

Vals 1933

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Esquina de barrio porteño

te pintan los muros la luna y el sol.

Te lloran las lluvias de invierno

en las acuarelas de mi evocación.

Treinta lunas conocen mi herida

y cien callecitas nos vieron pasar.

Se cruzaron tu vida y mi vida,

tomaste la senda que no vuelve más.


Calles, donde la vida mansa

perdió las esperanzas,

la pasión y la fe.

Calles, si sé que ya está muerta,

golpeando en cada puerta

por qué la buscaré.

Callecitas, sombreadas de poesía,

nos vieron ir un día

felices los dos.

Compañera del sol y las estrellas,

se fue la tarde aquella

camino de Dios.

Los vientos murmuran mi pena.

Las sombras me dicen que ya se marchó.

Y escrito en las noches serenas

encuentro su nombre como una obsesión.

Esquinita de barrio porteño,

con muros pintados de luna y de sol,

que al llorar con tus lluvias de invierno

manchás el paisaje de mi evocación.

Oro y plata

Milonga 1943

Música: Charlo

Letra: Homero Manzi

Un broche de aguamarina y una esterlina te regaló.

Tu negro, que era muy pobre, no tuvo un cobre para el amor.

Un pardo de ropa fina para tu ruina te convenció.


Yo digo que una mulata, por oro y plata se enamoró.

¡Ay!

Late que late, y el cuero del parche bate

con manos de chocolate, el negro que la perdió;

rueda que rueda, lo mismo que una moneda,

con ropas de tul y seda, la negra que le mintió.

Todos los cueros están doblando,

Pero sus ojos están llorando,

que un pardo de cuello duro

fumando un puro se la llevó.

¡Ay!

Siga que siga,

no sufras ni la maldigas

que el cielo también castiga

la culpa de la ambición.

La manos en la tambora

mientras tu pena, llora que llora.

Yo digo que es un tesoro

de plata y oro tu corazón.

Tu corazón.

Tu corazón.

Un broche y una esterlina

fueron la ruina de una pasión.

Un pardo con diez monedas

forró de seda tu corazón.

La plata siempre es la plata

que hiere y mata sin compasión,


yo digo que una mulata

por oro y plata se enamoró… ay…

Pena mulata

Milonga 1940

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Pena mulata

que se desata

bajo la bata

de broderí.

Dolor de milonga

que apenas prolonga

con queja tristonga

la noche de abril.

Como un espejo

Bruñido y viejo

brilla el pellejo

del bailarín.

Clavel escarlata

que el ansia delata

temblando en la bata

su mancha carmín.

Tu madre murió de amores

en el Barrio del Tambor.

Le abrió caminos de ausencia


el puñal de un cuarteador.

Tu padre murió a la sombra

por vengar esa traición.

Mulata, nació tu estrella

en un cielo de crespón.

Luz de locura

brilla en la oscura

mirada dura

del bailarín.

Alcohol de añoranza

que al son de la danza

calienta venganzas

debajo la crin.

Pobre morena,

brotó en tus venas

una serena

flor carmesí.

Rencor en acecho,

pincel del despecho

pintando en tu pecho

la mancha carmín.

Tu madre murió de amores,

alma blanca y piel carbón.

Mulata, fueron sus labios

el rencor de un cuarteador.
Tu padre murió a la sombra

por vengar esa traición.

Mulata, nació tu estrella

en un cielo de crespón.

Pena mulata

que se desata

bajo la bata

de broderí.

Dolor de milonga

que apenas prolonga

con queja tristonga

la noche de abril.

Milonga sentimental

Milonga 1931

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Milonga pa’ recordarte,

milonga sentimental.

Otros se quejan llorando,

yo canto por no llorar.

Tu amor se secó de golpe,

nunca dijiste por qué.

Yo me consuelo pensando

que fue traición de mujer.

Varón, pa’ quererte mucho,

varón, pa’ desearte el bien,


varón, pa’ olvidar agravios

porque ya te perdoné.

Tal vez no lo sepas nunca,

tal vez no lo puedas creer,

¡tal vez te provoque risa

verme tirao a tus pies!

Es fácil pegar un tajo

pa’ cobrar una traición,

o jugar en una daga

la suerte de una pasión.

Pero no es fácil cortarse

los tientos de un metejón,

cuando están bien amarrados

al palo del corazón.

Milonga que hizo tu ausencia.

Milonga de evocación.

Milonga para que nunca

la canten en tu balcón.

Pa’ que vuelvas con la noche

y te vayas con el sol.

Pa’ decirte que sí a veces

o pa’ gritarte que no.

Milonga del novecientos

Milonga 1933

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi


Me gusta lo desparejo

y no voy por la «vedera».

Uso funghi a lo «Massera»,

calzo bota militar.

La quise porque la quise

y por eso ando penando,

se me fue ya ni sé cuándo,

ni se cuándo volverá.

Me la nombran las guitarras

cuando dicen su canción.

Las callecitas del barrio

y el filo de mi facón.

Me la nombran las estrellas

y el viento del arrabal.

No sé pa’ qué me la nombran

si no la puedo olvidar.

Soy desconfiao en amores,

y soy confiao en el juego.

Donde me invitan me quedo

y donde sobro también.

Soy del partido de todos

y con todos me la entiendo,

pero váyanlo sabiendo

¡soy hombre de Leandro Alem!

No me gusta el empedrao

ni me doy con lo moderno.

Descanso cuando ando enfermo

y después que me he sanao.

La quiero porque la quiero


y por eso la perdono.

No hay nada peor que un encono

para vivir amargao.

Milonga triste

Milonga 1936

Música: Sebastián Piana

Letra: Homero Manzi

Llegabas por el sendero

delantal y trenzas sueltas.

Brillaban tus ojos negros

claridad de luna llena.

Mis labios te hicieron daño

al besar tu boca fresca.

Castigo me dio tu mano

pero más golpeó tu ausencia. ¡Ay!…

Volví por caminos blancos,

volví sin poder llegar.

Grité con mi grito largo,

canté sin saber cantar.

Cerraste los ojos negros.

Se volvió tu cara blanca.

Y llevamos tu silencio

al sonar de las campanas.

La luna cayó en el agua.

El dolor golpeó mi pecho.

Con cuerdas de cien guitarras

me trencé remordimientos. ¡Ay!…


Volví por caminos viejos,

volví sin poder llegar.

Grité con tu nombre muerto

recé sin saber rezar.

Tristeza de haber querido

tu rubor en un sendero.

Tristeza de los caminos

que después ya no te vieron.

Silencio del camposanto.

Soledad de las estrellas.

Recuerdos que duelen tanto.

Delantal y trenzas negras. ¡Ay!…

Volví por caminos muertos

volví sin poder llegar.

Grité con tu nombre bueno,

lloré sin saber llorar.

El último organito

Tango 1949

Música: Acho Manzi

Letra: Homero Manzi

Las ruedas embarradas del último organito

vendrán desde la tarde buscando el arrabal,

con un caballo flaco y un rengo y un monito

y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina


donde se mezclan luces de luna y almacén

para que bailen valses detrás de la hornacina

la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta

hasta encontrar la casa de la vecina muerta,

de la vecina aquella que se cansó de amar;

y allí molerá tangos para que llore el ciego,

el ciego inconsolable del verso de Carriego,

que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito

y el asma del otoño sacudirá su son,

y adornarán sus tablas cabezas de angelitos

y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas

abriendo las persianas detrás de su canción,

y el último organito se perderá en la nada

y el alma del suburbio se quedará sin voz.

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martes, 9 de octubre de 2018

219 - FRUTA AMARGA - (Aníbal Troilo y Alberto Marino / Libertad Lamarque / Roberto Goyeneche / Lidia
Borda y El Arranque)

Homero Manzi, a partir de “Viejo Ciego” en 1921, dio realce intelectual a las letras de sus tangos y al igual
que otros autores utiliza la metáfora para construir la poesía. Es una manera figurada de decir lo mismo; es
incorporar belleza y creatividad al andamiaje poético. Según el diccionario, la metáfora es un tropo que
consiste en utilizar una palabra con el significado de otra al establecer una comparación tácita entre las
realidades designadas por ambas, por semejanza o por compartir algún rasgo.

Inexplicablemente, grandes obras poéticas del insigne santiagueño no trascendieron en la medida que se
merecían.
Analizando las letras de Manzi en alguno de estos tangos escasamente difundidos y que contengan
metáforas encontramos uno cuyo título constituye ya de por sí una metáfora y cuya letra es un torbellino
de ellas (se contabilizan al menos doce). El tango en cuestión se llama “FRUTA AMARGA” y dice en su
segunda parte, refiriéndose al ser amado, luego de una relación trunca:

“Eras la luz del sol, y la canción feliz y la llovizna gris en mi ventana, eras remanso fiel y duende soñador, y
jazminero en flor y eras mañana; suave murmullo, viento de loma, cálido arrullo de la paloma, ya no serás
jamás aroma de rosal, frescor de manantial en mi destino, sólo serás la voz que me haga recordar que en
un instante atroz te hice llorar”.

Este tango fue grabado por la orquesta de ANÍBAL TROILO con ALBERTO MARINO, LIBERTAD LAMARQUE
con acompañamiento de la Orquesta de Alfredo Malerba, ROBERTO GOYENECHE con la Orquesta de Atilio
Stampone, y posteriormente por la Orquesta El Arranque con la voz de LIDIA BORDA.

La de "Fruta Amarga" es considerada por tangueros reconocidos como una de las diez letras de tango más
bellas de todas las épocas. Los parangones que lleva a cabo Manzi en el desarrollo de la poesía son de una
belleza e inspiración notables.

De todos ellos escuchemos las respectivas versiones y ¡a disfrutar!

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