El árbol de la amistad
En un pequeño pueblo rodeado de cerros que la gente le llama la perla de la
Sierra, porque es un lugar en donde se puede disfrutar de la neblina había una
escuela llamada “El paraíso”, donde los chicos de distintas edades se reunían todos
los días, pero en ese lugar en vez de ser acogedor, había un clima de desconfianza
y pleito entre los estudiantes; Los gritos y las risas se habían convertido en
enfrentamiento, y el patio de la escuela era un lugar donde la tensión estaba en el
aire.
Un día, la nueva profesora de artes, la profesora Diana, decidió que era hora de
actuar, ella sabía que el arte podía ser un poderoso vehículo para la convivencia.
Por ello, les propuso a sus alumnos un proyecto especial: "Construyamos un árbol
de la Amistad", la idea era que cada uno de ellos diseñara y plantara una parte de
las raíces del árbol, para que este floreciera y que así aprendieran a trabajar juntos.
Al principio, algunos chicos se mostraron dudosos, molestos y comentaron “¿Por
qué debería yo trabajar con él?” decía Toño, señalando a Aarón, el chico que
siempre le ganaba en las calificaciones, por su parte, Karla susurró: “No me gustan
sus dibujos”, refiriéndose a Verónica, que se sentaba en la esquina del salón, pero
la profesora Diana, con su calma y dedicación, les insistió a dejar de lado las
diferencias y encontrar un punto de acercamiento.
La profesora les comento a los alumnos “Cada uno de nosotros es como una hoja
diferente”, explicó con una sonrisa. “Juntos podemos crear algo hermoso si
aprendemos a cuidarnos y apoyarnos unos a otros.” Con esas palabras, los chicos
comenzaron a acercarse, decidiendo hacer un collage de las raíces de un árbol,
donde cada uno pintaría algo que representara lo que significaba la amistad para
ellos.
Día tras día, los chicos aprendieron a escuchar y compartir. Toño eligió colores
pasteles para su pintura, pero se dio cuenta de que necesitaba ayuda para
conseguir el tono perfecto y se acercó a Aarón, juntos, combinaron sus ideas; Aarón
aportó su destreza y Toño su creatividad, al final, ambos estaban felices de su
creación.
Karla, que al principio se había reído de los dibujos de Verónica, descubrió que
Verónica tenía un talento especial para retratar la naturaleza, le pidió que le
enseñara, y juntas pintaron hermosas flores que adornaban el árbol.
Con cada trazo, la distancia entre los chicos se fue desvaneciendo, y comenzaron
a entender que el verdadero arte de la amistad que es el de trabajar juntos.
Cada tarde, el árbol se convirtió en un lugar mágico donde las risas se escuchaban
en el aire.
Los conflictos que antes parecían imposibles comenzaron a resolverse.
Los chicos aprendieron a expresar sus emociones, a pedir disculpas y a celebrar
los logros de los demás.
Al finalizar el proyecto, el árbol lucía espléndido y lleno de significados. La profesora
Diana organizó una fiesta para la comunidad y mostró el árbol a todos los padres y
amigos.
Cada chico habló sobre su parte en el árbol, y lo más impresionante fue que, a
través de aquellas sencillas palabras, había florecido un fuerte sentido de
pertenencia y respeto.
Con el tiempo, la escuela “El paraíso” se convirtió en un modelo en el pueblo de
cómo mejorar y fortalecer la convivencia escolar.
Los chicos, ya amigos inseparables, visitaban el árbol, cuidaban las raíces y
recordaban con alegría cómo habían crecido juntos.
Aprendieron que la verdadera amistad florece cuando hay amor, respeto y, sobre
todo, empatía.
Así, el Árbol de la Amistad continuó creciendo, no solo como un proyecto escolar,
sino como un espacio donde cada nueva generación aprendería a convivir, a valorar
las diferencias y a celebrar la diversidad en un entorno donde todos tú y yo, juntos,
podemos ser parte de algo maravilloso.
Fin
Autor: Luis Aarón Mora García
Grupo 2 “B”
Escuela secundaria María del Carmen Millán Acevedo
Apoyo: Maritza Alejandra Parada Jiménez