Investigaciones Geográficas (Esp) 1989-9890: E-Issn: Inst - Geografia@ua - Es
Investigaciones Geográficas (Esp) 1989-9890: E-Issn: Inst - Geografia@ua - Es
E-ISSN: 1989-9890
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Universidad de Alicante
España
RESUMEN
ABSTRACT
1 El presente artículo se inserta dentro de los trabajos del proyecto de investigación del Plan Nacional
de I+D SEJ-2007-67767-C04-01-04, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia, y del cual el autor
es el Investigador Principal. Quiero expresar mi agradecimiento a José Manuel Casado-Díaz y Lucas Martínez
Bertomeu (Universidad de Alicante) por su inestimable contribución en la operacionalización del procedimiento
y la formalización del algoritmo y a María Roldán Ortíz por el tratamiento SIG de la base de datos.
areas is one of the most extended, being its definition using commuting data a consoli-
dated methodological exercise with both theoretical and normative purposes. The aim is
to make explicit the set of conceptual and operational decisions taken into the definition
methodological process, in order to evaluate the fitness and coherence of the method and
to develop the applicability of alternative criteria and dimensions.
1. Introducción
de cada uno de los centros de población» (Boureau of the Census, 1932, cit. En Berry
y Horton, 1970). Este párrafo es una clara expresión de una preocupación tanto teórica
como normativa acerca de cómo definir adecuadamente la realidad urbana más allá de sus
prefijadas delimitaciones administrativas y supone un punto de partida para una tarea que
desde entonces, inicialmente en los Estados Unidos, y posteriormente en la mayoría de los
países avanzados, han abordado autoridades públicas y académicos.
Ello ha supuesto la consolidación de una larga tradición de reflexión sobre la nueva
forma de la ciudad y como denominar, definir y delimitar a ésta (Vicente, 2003). Las dis-
tritos metropolitanos, las áreas metropolitanas estadísticas norteamericanas(Berry et alia,
op.cit); el territorio metropolitano definido para el espacio francés; las áreas económicas
funcionales planteadas por Fox; el «campo urbano» de Friedmann y Miller (1965); los
mercados locales de trabajo; las áreas de cohesión (Castañer, 1994); los sistemas continuos
de asentamientos (Governa y Dematteis,1999); el nuevo concepto de ciudad-región (Scott,
2001), etc. son sólo una pequeña expresión de los intentos por conceptuar y aprehender
científicamente el nuevo espacio urbano. En algunos casos —entre ellos la mayoría de los
arriba expresados, con la excepción curiosamente de algunos de los más recientes—, hay un
serio esfuerzo no sólo por definir este objeto sino también por plantear criterios objetivos
para su delimitación con un cierto nivel de precisión, pero en otros lo que existe es una
mera sustantivación —o adjetivación, según se mire— de procesos urbanos que no logran
aprehenderse en su complejidad funcional y estructural (Garreau, 1992).
De esta forma, en la mayoría de los países desarrollados y en un buen número de los
restantes se ha realizado un esfuerzo, que se prolonga ya varias décadas en algunos países,
para delimitar con mayor precisión la ciudad real y, a partir de ello, recoger, presentar y
posteriormente analizar y evaluar su dimensión y funcionamiento. En España, por el contrario,
no existe una delimitación aceptada y general de delimitación de áreas metropolitanas ni
a efectos puramente estadísticos ni, lógicamente, a efectos institucionales. Ante este vacío,
algunas instituciones y organismos intentan superar esta carencia realizando propuestas de
delimitación a esa escala y publicando información estadística referente a ellas. Probable-
mente, la más consistente entre ellas es la que realiza el Ministerio de Vivienda, siguiendo
una larga tradición, de interés por estas cuestiones. El Atlas Estadístico de las Áreas Urba-
nas de España (Ministerio de Vivienda, 2007) plantea en el escalón superior de la jerarquía
urbana un conjunto de Grandes Áreas Urbanas a partir del umbral de población —al igual
que EUROSTAT (1999)— de 50.000 habitantes. En total aparecen 83 de tales grandes áreas
urbanas, de las cuales 64 son plurimunicipales, siendo estas últimas calificadas por dicho
estudio como las auténticas «aglomeraciones metropolitanas españolas». El problema surge
cuando se comprueba que las delimitaciones realizadas no son el fruto de la aplicación de
unos criterios homogéneos y consistentes en todas ellas, sino el resultado, bien de la pro-
puesta de cada una de las Comunidades Autónomas que poseen delimitaciones siguiendo sus
propios y variados criterios, o bien como consecuencia de la aplicación directa por parte del
Ministerio de variables (densidades de población, dinámica del parque de viviendas, redes
de transporte existentes, etc.) de las que no se explicitan sus valores objetivos.
A pesar de este esfuerzo aislado, sin embargo, en España las referencias básicas siguen
siendo las que aportan las estadísticas municipales. Y esta insuficiencia tiene consecuencias
no sólo académicas sino que trasciende a aspectos claramente pragmáticos. Un ejemplo
concreto quizás puede corroborar esta aserción. Las estadísticas urbanas que publica Nacio-
nes Unidas, y que son generalmente suministradas por los gobiernos respectivos, incluyen
de manera sistemática el concepto de área metropolitana —o aglomeración urbana—,
focalizando además su atención en aquellas que tienen más de un millón de habitantes.
Como quiera que España sólo ofrece datos municipales, en el mapa mundial de estas áreas
metropolitanas sólo aparecen dos ciudades en nuestro territorio, frente a las cinco de Italia o
Francia o las quince de Alemania (United Nations, 1996). De esta manera, Valencia, Sevilla
y Bilbao quedan materialmente fuera de foco en un entorno en el que las referencias de
este tipo de organismos y las imágenes que ellas proyectan tienen un alcance amplísimo,
como se demuestra el debate habido sobre el nuevo concepto de ciudad-región global,
llevado a cabo en un seminario celebrado en Los Angeles a finales de 1999, y en el que
simplemente estas ciudades no existían —al contrario que Lille, Utrecht, Dresden, Génova
o Aarhus— por el mero hecho de que no estaban recogidas en la lista de Naciones Unidas
de áreas metropolitanas de más de un millón de habitantes (Hall, 2001).
Ante esta perspectiva, parece ineludible abordar la tarea de delimitar, con criterios ri-
gurosos, sistemáticos y homogéneos, la realidad metropolitana en España. Como es sabido,
probablemente la más identificable, coherente y potente de las líneas de trabajo en torno a
la cuestión es la que utiliza a la movilidad residencia-trabajo como variable clave a la hora
de instrumentalizar el procedimiento de delimitación (Horner, 2004). Su disponibilidad a
través de la información censal, su condición material (como desplazamiento físico) frente
a otro tipo de interrelaciones no sometidas a las constricciones de la distancia, su carácter
de proceso recurrente y su factor de vinculación entre los mercados de trabajo y vivienda
justifican su relevancia y virtualidad como variable de referencia para esta tarea (Feria,
2004). Desde que se utilizó por primera vez en Estados Unidos en el Censo de 1950 para
la definición de las Standard Metropolitan Areas, la variable commuting ha constituido
hasta nuestros días el referente básico para los procesos de delimitación de las nuevas
realidades urbano-espaciales.
En definitiva, el objetivo del presente artículo es desarrollar en detalle la metodología
utilizada para la delimitación del universo metropolitano español mediante la utilización
de la variable movilidad residencia-trabajo, siguiendo la línea tradicional de trabajo al res-
pecto. Con ello se persigue ofrecer los elementos de información necesarios para entender
y evaluar críticamente el proceso metodológico de delimitación de áreas metropolitanas,
el cual a pesar de su aparente simplicidad, incluye problemas y decisiones de carácter
conceptual y operativo que es imprescindible conocer para tener una noción correcta del
alcance y características del universo a definir.
de vivienda, como por ejemplo en Tolbert y Sizer que define el «el área de mercado es
un ámbito que aglutina tanto el lugar de residencia como el de trabajo de una población
local» (1987). La diferencia entre ambas aproximaciones es, por tanto, profunda, ya que
en la primera se parte de la existencia de una realidad geográfica material y empíricamente
constatable, que es posteriormente definida en sus límites a través de la movilidad residencia-
trabajo y otras variables asociadas, mientras que la segunda se basa en un modelo teórico
de funcionamiento espacial de los mercados de trabajo que se ajustan exclusivamente a
través del comportamiento de esta variable (Casado, 2001). En este sentido, esta segunda
aproximación es más consistente, o si se quiere, más autocontenida, en la medida en que
hay una directa y unívoca relación entre el objeto a definir y la variable utilizada en su
delimitación. Otra cuestión es si, como claramente reflejan las definiciones más recientes, no
tratándose sólo del funcionamiento del mercado de trabajo sino también el de la vivienda,
este modelo es capaz de subsumir este doble componente, en la medida en que la variable
residencia-trabajo expresa por si sola la compleja relación entre ambas (Susino, 2003).
Una segunda diferencia es que el proceso de delimitación de mercados locales de trabajo
se plantea, por su propia lógica, como una tarea de regionalización exhaustiva del territo-
rio ya que consiste en generar nuevos espacios discretos de superior o igual tamaño a los
existentes, que suelen ser las unidades estadísticas de referencia básica. En este sentido, el
tamaño y la coherencia de estas unidades es un factor relevante a la hora del proceso de
regionalización, pues cuanto más pequeñas y similares entre sí más efectivo será el proce-
so de regionalización (Casado, 2000). Por su parte, al menos hasta muy recientemente, la
experiencia de delimitación de áreas metropolitanas es espacialmente discriminatoria ya
que se restringe a aquellos elementos del sistema urbano que alcanzaran un cierto tamaño,
dejando el resto del territorio sin regionalizar.
Finalmente, en tercer lugar, y como consecuencia en parte de todo lo anterior, el proce-
dimiento metodológico en ambas aproximaciones es sustancialmente distinto, aún cuando
las dos utilicen como elemento central la variable residencia-trabajo. Así, el proceso de
delimitación de áreas metropolitanas debe partir necesariamente de una identificación
apriorística de los potenciales focos de constitución de las mismas a través de un tamaño
mínimo de éste. Una vez identificado dicho foco se produce un proceso de adscripción
al mismo de unidades espaciales estadísticas de base a través de un sencillo criterio de
integración medido en términos de relación residencia-trabajo relativa entre los mismos.
Posteriormente, se aplican otros criterios de Carácter metropolitano que fundamentalmente
actúan como elementos de restricción y/o ponderación de las delimitaciones surgidas de
la mera aplicación de los valores de movilidad residencia-trabajo. Básicamente se trata de
una metodología muy simple en términos formales, relativamente directa, y que se basa
en una pauta de organización centralizada de la movilidad residencia-trabajo. Por su parte,
la delimitación de mercados locales de trabajo no se basa en ningún tipo de organización
y definición apriorística, sino que desarrolla un proceso de agrupamiento de unidades es-
tadísticas mediante la aplicación de un complejo algoritmo que recoge las interrelaciones
residencia trabajo entre pares de dichas unidades. En este caso, las únicas condiciones
apriorísticas se establecen en los tamaños mínimos de las áreas resultantes y, sobre todo
en su nivel de autocontención (normalmente entre el 70% y el 80%).
En definitiva, las dos aproximaciones metodológicas tienen presupuestos teóricos, pro-
pósitos y contenidos distintos que, con sus puntos fuertes y débiles, poseen su propia lógica
y sentido. Desde esa perspectiva, no resulta relevante para el propósito de este artículo, la
discusión en términos meramente abstractos sobre la mayor o menor idoneidad, virtualidad
y eficacia comparativa de las metodologías aplicadas. Si cabe, por el contrario, apuntar que
en lo que se refiere a la delimitación de realidades urbanas específicas y singulares, como
son las áreas metropolitanas, la primera de las metodologías resulta más apropiada en el
sentido de que es geográficamente orientada y no entra en concurrencia con otro tipo de
áreas cuyos bases de funcionamiento espacial puedan ser de distinta naturaleza.
dos sentidos el flujo de trabajadores supere el centenar (Murphy, 2003). En este caso, los
altos valores sólo pueden explicarse por la particular estructura administrativa canadiense,
que facilita estos elevados niveles de integración, puesto que con esos requisitos las áreas
metropolitanas en Canadá incluyen a municipios que cubren el 96% de su territorio y el
78% de su población. En ese mismo sentido, el ejemplo francés establece un 40% de vin-
culación, pero en este caso la nomenclatura es diferente, ya que lo que ese valor define es
un «área urbana», constituido por un polo urbano, las coronas periurbanas y los municipios
multipolarizados (vinculados a más de un área urbana). Si a ello se unen los espacios con
dominante rural, pero con vinculación a las áreas urbanas, se conforma lo que está definido
como «territorio metropolitano» (Julien, 2000).
Frente a todas estas alternativas tan diferenciadas, se optó en nuestro proceso de deli-
mitación por una opción intermedia, que es la del 20%, en la medida en que dicho umbral,
a la vez que reconoce el incremento de la movilidad metropolitana sobre el valor histórico
del 15%, no supone un salto excesivo en los requisitos, lo que llevaría a minusvalorar el
alcance real de los procesos metropolitanos en nuestro país. De cualquier forma, no serian
objetables ejercicios de delimitación que jugaran con valores algo superiores —funda-
mentalmente del 25%—, que probablemente sea el que deba utilizarse con los datos que
ofrezca el próximo Censo.
Lo que si se introdujo en nuestro modelo fue otra dimensión de los niveles de Integración,
la de los flujos absolutos. Debido fundamentalmente a la peculiar estructura administrativa
municipal en nuestro país, con zonas con municipios con un gran tamaño superficial y
demográfico, se pudo comprobar la existencia de valores absolutos de interrelación —me-
didos en miles de trabajadores— que posteriormente no alcanzaban los valores relativos
demandados, quedando por tanto fuera de las delimitaciones alcanzadas. Ello significaba
una notable incongruencia, tanto en términos funcionales como territoriales, por lo que se
estableció que todos aquellos municipios que emitieran o recibieran flujos superiores al millar
de trabajadores se integrarían en las áreas metropolitanas siempre que ese valor absoluto
significara también, al menos, respectivamente, un 15% de sus trabajadores residentes o
del empleo localizado en el municipio. Con estos dos elementos se cubría, al menos teó-
ricamente, los requisitos de integración básicos para la consideración de municipios como
metropolitanos, adecuándolos al contexto funcional, territorial y administrativo español.
El tercer y último paso introduce la noción de Carácter metropolitano, y ha servido
básicamente como un criterio de exclusión en los ámbitos delimitados según el criterio de
movilidad residencia-trabajo. La argumentación subyacente era simple: si bien el criterio de
integración ofrecía una imagen bastante aproximada de los niveles de vinculación funcional
entre unidades territoriales administrativas, ello no suponía en todos los casos un auténtico
carácter urbano o metropolitano de dicha unidad territorial, el cual se definía bien por su
densidad de población, bien por la especialización claramente no rural del conjunto de su
población activa. Si no se alcanzaban los umbrales establecidos en el criterio elegido, la
unidad territorial se excluía del ámbito delimitado como metropolitano.
Los criterios y umbrales utilizados han ido cambiando con el tiempo y haciéndose cada
vez más complejos y alambicados, al vincularlos incluso a los criterios de integración (esto
es, si lo porcentajes de integración eran muy elevados, entonces se relajaban los umbrales
de carácter urbano) (OMB, 1998). Sin embargo, en la última adaptación ya comentada del
Censo norteamericano, al incrementarse los umbrales de integración, se han eliminado los
de carácter metropolitano, haciendo más sencillo y directo el procedimiento.
En nuestro caso, la disyuntiva se circunscribía a si utilizar o no un criterio de carácter
metropolitano que fuera operativo y directo. Dado que los valores de integración finalmente
escogidos no eran especialmente elevados, resultaba prudente introducir algún criterio que
Datos de entrada:
M = { M1, M2, ... Mn } es el conjunto de municipios,
C = [ C1, C2,... Cn ] el vector de centros, con Ci = 1 si Mi es un centro potencial, y Ci
= 0 en caso contrario,
P = [ P1, P2,... Pn ] el vector de adscripciones, con Pi = j si Mi está adscrita al área me-
tropolitana del centro Mj, y Pi = 0 si Mi no está adscrita a ningún área metropolitana,
T = [ Tij ], con 1 ≤i,
i, j ≤ n, es la matriz de flujos de trabajadores, donde Tij es el total de
residentes en Mi empleados en Mj,
R = [ R1, R2,... Rn ] los ocupados residentes por municipio, con Ri = ∑j=1..nTij,
E = [ E1, E2,... En ] los empleos ocupados por municipio, con Ei = ∑j=1..nTji,
H = [ H1, H2,... Hn ] el vector de total de habitantes por municipio.
aquellos municipios con más de 100.000 habitantes que claramente eran parte de coronas
metropolitanas (Badalona, Leganés o Dos Hermanas). El procedimiento identificó un total
de 59 municipios potenciales centros de áreas metropolitanas
Esto es, para cada municipio no foco i, se ordenan sus flujos de salida descendentemente
según su valor absoluto (Tij). Aquellos municipios cuyo primer flujo (ignorando el flujo
reflexivo, Tii) tenga como destino j un foco y cumpla alguno de los siguientes requisitos
se adscriben a dicho foco:
A) Existe un flujo del municipio al centro de entre 100 y 999 trabajadores, y un míni-
mo del 20% de población activa del municipio trabaja en el centro o 20% de empleos del
municipio cubiertos por residentes del centro.
B) Existe un flujo del municipio al centro de al menos 1000 trabajadores: mínimo del
15% de población activa del municipio trabaja en el centro o 15% de empleos del municipio
cubiertos por residentes del centro.
No es necesario ordenar los municipios puesto que la condición de adscripción de un
municipio dado es independiente de las adscripciones realizadas en los demás.El resultado
de este primer ejercicio aparece representado en la Figura 1.
Una vez realizada la adscripción inicial, para cada municipio aún no asignado, se
calculan los flujos de salida agregados por área metropolitana, esto es, obtenemos el flujo
total desde cada municipio a cada área metropolitana conformada en la fase 2, y para cada
municipio el área metropolitana con la que tiene mayor relación.
Aquellos municipios que cumplan alguno de los siguientes requisitos se adscribirían
al área de mayor relación:
A) El municipio posee al menos un flujo hacia alguno de los municipios del área de
entre 100 y 999 trabajadores, y al menos el 20% de población activa del municipio trabaja
en el área metropolitana o el 20% de empleos del municipio son ocupados por residentes
del área metropolitana.
B) El municipio posee al menos un flujo hacia alguno de los municipios del área de
al menos 1000 trabajadores, y al menos el 15% de población activa del municipio trabaja
en el área metropolitana o el 15% de empleos del municipio son ocupados por residentes
del área metropolitana.
Esta fase se aplica por dos veces consecutivas, realizando los cálculos de flujos agregados
de la segunda vuelta sobre las áreas metropolitanas resultantes de la primera.
y se cumple que
( Tif ≥ 100 y (Tif/Ri ≥ 0,2 o T’fi/Ei ≥ 0,2) V
Tif ≥ 1000 y (Tif/Ri ≥ 0,15 o T’fi/Ei ≥ 0,15) )
entonces
Pi ← f
Una vez que se cuenta con un mapa general de adscripción de áreas metropolitanas es
importante recapitular sobre las condiciones generales de delimitación, en relación funda-
mentalmente a los tamaños demográficos de las áreas definidas. Como quiera que algunos
focos habían sido seleccionados en función de su condición administrativa (capitales
provinciales) era este el momento, por un básico principio de coherencia, de introducir
un criterio de tamaño mínimo de la corona. Es decir, serían consideradas metropolitanas
sólo aquellas áreas que, no alcanzando los 100.000 habitante en el centro contara con una
corona de al menos 50.000 habitantes. Así:
Ello significó que sólo dos capitales provinciales con menos de 100.000 habitantes
(Pontevedra y Gerona) permanecían como áreas metropolitanas, desapareciendo las 13
restantes de este conjunto. A partir de esta depuración se reelabora la lista inicial de cen-
tros potenciales extrayendo los municipios foco de cada área metropolitana resultante, y
añadiendo además aquellos municipios de entre 50.000 y 100.000 habitantes no cabeceras
provinciales que no fueron incluidos en ninguna de las áreas metropolitanas delimitadas
hasta el momento por el algoritmo.
Sobre la nueva lista de centros potenciales, se aplican de nuevo las fases 2, 3 y 4 ob-
teniendo el resultado final del algoritmo. Como producto del mismo se delimitan cuatro
nuevas áreas metropolitanas, correspondientes a los focos de El Ferrol, Santiago de Com-
postela, Benidorm y Avilés.
son evidentes, y se refieren a las dos grandes áreas metropolitanas españolas, Madrid y
Barcelona, en la que aparecen prácticamente insertas en su interior las de, respectivamente,
Alcalá de Henares y Sabadell. La decisión que se toma al respecto es la de subsumir a estas
últimas en el conjunto de las respectivas grandes áreas metropolitanas. Cuestión distinta y
posterior es la discusión de si estas grandes áreas metropolitanas, que funcionan más bien
como regiones metropolitanas (García Palomares y Gutiérrez Puebla, 2007; Nello et alia,
2002), pueden ser descompuestas en subunidades funcionales.
Los tres casos restantes se refieren a áreas metropolitanas de nivel intermedio que tienen
una clara contigüidad espacial y una cierta relación funcional (eje central asturiano, Bahía
de Cádiz-Jerez, Alicante-Elche). De las tres, la primera parece recoger un cierto consenso
hacía su entendimiento como una entidad funcional unitaria (Cortizo, 2000) (Fig. 5). En
lo que se refiere a Bahía de Cádiz-Jerez, el problema reside en que el municipio charnela
de El Puerto de Santa María, con más de 70.000 habitantes, no cumple los requisitos de
integración con ninguna de las dos áreas por separado, aunque sí agregando los valores,
pero resulta evidente que hay una intensa interrelación funcional en todo el ámbito (Feria
y Susino, 2006) lo que justifica su entendimiento como un área unitaria, más aún porque
en caso contrario Jerez desaparecería de la lista, al no tener ningún municipio dependiente
(Fig. 6). Caso distinto es el de Alicante-Elche, dos potentes realidades urbanas conexas,
pero que en términos de integración movilidad-residencia trabajo ofrece valores muy bajos,
tanto en términos relativos como absolutos, por lo que no se considera su condición como
ámbito unitario (Salom y Casado, 2007).
Tabla 1
DIMENSIONES BÁSICAS DE LAS ÁREAS METROPOLITANAS
ESPAÑOLAS DELIMITADAS
ÁREA METROPOLITANA Nº POBLACIÓN VIVIENDAS
MUNICIPIOS TOTAL TOTALES
1 MADRID-ALCALÁ HENARES 174 5.626.160 2.576.538
2 BARCELONA-SABADELL 131 4.404.599 2.104.255
3 VALENCIA 74 1.594.762 820.150
4 SEVILLA 49 1.369.708 574.391
5 BILBAO 93 1.131.564 483.157
6 OVIEDO-GIJÓN-AVILÉS 28 871.859 414.934
7 MÁLAGA 21 829.790 638.796
8 LAS PALMAS DE GRAN CANARIA 18 709.191 302.945
9 ZARAGOZA 31 684.490 319.161
10 VIGO 30 552.204 234.952
11 MURCIA 12 529.467 213.091
12 GRANADA 31 497.945 244.310
13 PALMA DE MALLORCA 20 473.363 249.385
14 CORUÑA 23 463.342 230.770
15 BAHÍA CÁDIZ-JEREZ DE LA FRA. 5 451.502 203.850
16 DONOSTI 47 431.696 187.131
17 STA. CRUZ DE TENERIFE 13 430.858 199.953
18 VALLADOLID 28 395.258 39.450
19 SANTANDER 29 388.734 172.837
20 ALICANTE 7 381.502 210.734
21 CÓRDOBA 5 327.788 139.707
22 TARRAGONA 29 316.638 217.841
23 CASTELLÓN 20 305.651 180.752
24 PAMPLONA 25 294.843 129.935
25 ELCHE 3 239.335 137.481
26 VITORIA 19 238.114 100.144
27 HUELVA 27 230.640 105.073
28 ALGECIRAS 6 213.737 93.522
29 LEÓN 20 203.400 106.630
30 SANTIAGO DE COMPOSTELA 18 201.332 91.425
31 CARTAGENA 2 199.227 107.419
32 SALAMANCA 19 194.567 100.339
33 ALMERÍA 8 190.950 89.644
34 OURENSE 25 178.732 98.761
35 BURGOS 15 175.282 81.636
36 MARBELLA 10 174.862 135.830
37 GIRONA 12 172.965 90.887
38 LOGROÑO 19 165.327 82.046
39 BADAJOZ 10 163.922 71.412
40 EL FERROL 10 163.405 82.051
41 PONTEVEDRA 13 161.473 65.191
42 LLEIDA 23 158.089 76.805
43 ALBACETE 4 156.728 71.281
44 MANRESA 17 132.095 63.292
45 JAÉN 3 119.852 51.092
46 BENIDORM 7 104.884 93.080
TOTAL 1233 27.401.832 13.084.066
Fuente: Censo de Población de 2001. Elaboración propia.
que, en las 41 áreas incluidas, abarca desde los algo más de 800.000 habitantes de la ‘Y’
asturiana a los 100.000 —umbral mínimo exigido— de Benidorm y Jaén. Lógicamente, las
diferencias tanto en términos funcionales como estructurales dentro de este gran grupo son
realmente significativas, pero sería un error intentar clasificarlas sólo de acuerdo a criterios
meramente dimensionales. La diversidad y riqueza del sistema metropolitano español es
una de sus principales características, y su análisis requiere una aproximación en mayor
detalle que será abordado en posteriores estudios.
5. Conclusiones
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