La Identidad Colombiana en el Concepto de Nación
Aruna Yaleth Ely Hawasly
Sthefany Paola Arbeláez Alvarez
Leandra Vanessa Pacheco Altamiranda
Luis Dario Díaz Cardenas
Derecho
Docente
Antonio Del Cristo Bravo Geney
Campus Montería
2025
La Identidad Colombiana en el Concepto de Nación
El concepto de nación constituye uno de los fundamentos más complejos del
pensamiento político y jurídico moderno. Frecuentemente se confunde con nociones como
Estado o país, pero en verdad posee una dimensión más profunda, vinculada a la identidad
cultural y a los lazos que cohesionan a una colectividad. Hablar de nación no significa
solamente aludir al territorio o al aparato estatal con instituciones y marcos legales. La
nación se comprende mejor como una comunidad que comparte vínculos culturales,
históricos y simbólicos que fomentan un sentimiento de pertenencia. En el caso
colombiano, la interrogante sobre la identidad nacional es crucial, dada la heterogeneidad
cultural y social del país. El presente ensayo busca destacar los principales rasgos que
definen la identidad colombiana y que, en conjunto, moldean la noción de nación.
Uno de los componentes más relevantes de la identidad colombiana es su diversidad
cultural y étnica. La Constitución de 1991 reconoce a Colombia como un Estado
pluricultural y multiétnico, lo que implica que la identidad nacional está constituida por
pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, mestizos, raizales y campesinos. Este
tapiz cultural no representa una barrera, sino una riqueza que enriquece la idea de
patria (Comité Constituyente, 1991, art. 7)
Otro aspecto esencial es la lengua y las expresiones culturales. Si bien el español es
la lengua dominante, las lenguas indígenas y criollas integran el legado colectivo. Del
mismo modo, manifestaciones culturales como la cumbia, el vallenato, el joropo o la salsa,
junto con la gastronomía y las festividades populares, son símbolos vibrantes de la
identidad nacional. Asimismo, el cine y la literatura han ayudado a representar esta
construcción de lo nacional: películas como La estrategia del caracol o Pájaros de verano
evidencian cómo la nación se debate entre desigualdad, violencia y legado cultural,
demostrando que la identidad nacional no es estática, sino que se recrea constantemente a
través de conflictos, acuerdos y memorias compartidas.
Comprender qué es una nación en el contexto colombiano implica verla como una
entidad en constante elaboración, más allá de una mera estructura jurídica o delimitación
geográfica. La historia, la cultura y la pluralidad nutren un proyecto común de convivencia.
La idea de nación ha sido esculpida por una memoria colectiva gestada desde las luchas por
la independencia hasta los conflictos internos, consolidando, pese a las fracturas, un
sentimiento compartido de pertenencia. En este proceso, los símbolos patrios —como la
bandera, el himno y el escudo— desempeñan un papel esencial al fortalecer la cohesión
nacional y encarnar el orgullo de la ciudadanía. No obstante, la nación no se circunscribe a
estos emblemas ni a una identidad rígida; el patrimonio cultural y natural, las obras
literarias como las de Gabriel García Márquez, las expresiones artísticas y la biodiversidad
nacional proyectan a Colombia en el escenario mundial y alimentan una identidad común
en continua transformación. En consecuencia, la identidad colombiana no está definida
únicamente por el hecho de poseer la nacionalidad, sino por el vínculo con la cultura, la
historia y el conjunto de personas del país.
Precisamente, como sostienen los académicos Santiago Castro-Gómez y Eduardo
Restrepo en Genealogías de la colombianidad, en lugar de hablar de una sola identidad
homogénea, conviene referirse a “regímenes de identidad colombiana”, es decir, aquellos
dispositivos históricos localizados y siempre diversos que intentan, por un lado, unificar y
normalizar a la población como “nacional” y, al mismo tiempo, producir diferencias
internas. Estos regímenes no solo construyen discursos de unidad, sino que también definen
quiénes son incluidos o excluidos del imaginario nacional. En otras palabras, la identidad
comunitaria no surge de forma espontánea, sino que es tejido por procesos políticos,
históricos y culturales que simultáneamente fomentan el sentido de pertenencia y
establecen jerarquías internas. Este enfoque permite comprender la identidad colombiana
como una construcción dinámica, atravesada por tensiones entre la uniformidad y la
diversidad, disputada constantemente por diversos actores sociales (Castro-Gómez &
Restrepo, 2008)
Finalmente, la identidad colectiva colombiana no puede concebirse como una
entidad estática ni homogénea, sino como una construcción histórica y social en
permanente cambio, marcada por la pluralidad, los conflictos y las demandas de
reconocimiento. La memoria compartida, la resiliencia popular y los múltiples regímenes
de identidad han configurado una nación compleja, donde conviven diversas maneras de
pertenecer. Reconocer esta pluralidad no solo permite apreciar la riqueza cultural del país,
sino que también plantea el reto de construir una nación más inclusiva, donde todas las
voces encuentren espacio y donde la identidad no se imponga, sino que se comparta y
resignifique desde la diferencia.