EL PAN DE ESTE DÍA. (de Joasua) Ezequiel 3:1 al 15.
“Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas;
come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel”. Proclamación.
Comer lo que Dios dice es recibir lo que Él dice, y para eso necesitamos creer con el corazón, y
luego pregonar, cosa que el hombre de Dios aprendió muy bien. Dios está buscando hombres y
mujeres que obedezcan a su mandato, “Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo
de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en
mi boca dulce como miel”. El hecho de comer lo que viene de Dios produce satisfacción, porque Él
sabe lo que necesitamos.
Pregonar la palabra de Dios es un oficio responsable, hablar a la gente no puede ser al antojo
nuestro, debe ser el deseo de Dios. Y su deseo es hacer volver al hombre de regreso al que de
verdad lo ama y siempre lo ha buscado. “Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de
Israel, y habla a ellos con mis palabras”. El objeto de Dios es el hombre de fe, lo hijos de Israel, los
crédulos del Dios de Abraham, “Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua
difícil, sino a la casa de Israel”. Toda persona de fe tiene y comprende los términos de Dios.
Quizás las barreras congregacionales son insondables, los métodos o maneras de relacionarse con
Dios pueden ser muy diferentes, sin embargo solo hay un Dios, y aquellas personas saben muy
bien de lo que se les habla; cuando decimos vida eterna, lo relaciona con Jesucristo que dijo serlo;
si decimos juicio, ya entienden lo del arrepentimiento; cuando decimos perdón de pecados, ya
saben del Bautismo en el nombre de Jesucristo para el perdón de ellos. Saben relacionarse con las
escrituras, entienden todo lo de los patriarcas, Adán, Noé, Abraham y los demás.
Como es apenas racional, se supone que el profeta Ezequiel, fue enviado a los Israelitas del exilio,
por ello, “no a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas;
y si a ellos te enviara, ellos te oyeran”. El Señor conoce la vida y los pensamientos del hombre y
sabe lo que hará el pueblo y también profetiza de paso Cómo aquellos que no han oído del Dios
eterno oirán y se convertirán más fácilmente que la casa de Israel. “Más la casa de Israel no te
querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y
obstinada de corazón”.
Israel, Dios lo califica como rebeldes, y llevar la palabra a obstinados, o a gente que no admite
estar equivocada, no es sencilla. El delirio de presumir o conocer, no admite corrección. Y es
preciso que haya confrontación, y valor; aquí el señor le advierte y le da las fuerzas necesarias para
que no les asalte el miedo. “He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu
frente fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no
los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde”.
La rebeldía hace seres alejados de Dios, aunque por la promesa, Dios decidió entrar en vínculos del
pacto con Israel, les certifica que no los salva porque hayan hecho algo, sino por amor a su nombre
y a su siervo Abraham. Deuteronomio 7:7, No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha
querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;
Isaías 48:9 y 11, Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no
destruirte. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi
honra no la daré a otro”. Nuestro Señor Jesucristo nos dio a beber de su Espíritu y perdona
también nuestros pecados por amor a su nombre; no son las denominaciones, no son las iglesias.
Es el sencillamente hombre o la mujer que ve a Jesucristo como el marido de una humanidad que
se halla perdida y él la encuentra y la purifica para que proclame su gloria. Él es el lenguaje común
para todos los de la fe de Abraham, y lo debemos proclamar como el rey del universo y el padre
eterno.