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Psi Bet 2

El documento aborda los trastornos neuróticos graves en la infancia y adolescencia, centrándose en su clasificación, causas y tratamientos. Se analizan trastornos del aprendizaje, del desarrollo psicológico, del comportamiento y de las emociones, así como trastornos de la personalidad y de la conducta alimentaria. Se enfatiza la importancia de un enfoque integral y multidisciplinario en el diagnóstico y tratamiento por parte del Médico Integral Comunitario.
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El documento aborda los trastornos neuróticos graves en la infancia y adolescencia, centrándose en su clasificación, causas y tratamientos. Se analizan trastornos del aprendizaje, del desarrollo psicológico, del comportamiento y de las emociones, así como trastornos de la personalidad y de la conducta alimentaria. Se enfatiza la importancia de un enfoque integral y multidisciplinario en el diagnóstico y tratamiento por parte del Médico Integral Comunitario.
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República Bolivariana De Venezuela

Ministerio Del Poder Popular Para La Educación Superior

Universidad De Las Ciencias De La Salud

“Hugo Chavez Frias”

Programa Nacional De Formacion En Medicina Integral Comunitaria

4to Año Academico Unidad Curricular : Ambiente Especificos

Estado Miranda – Palo Verde

Trastornos
neuróticos graves

Docente: Alexandra
Bachiller: Betsireth Lugo

Caracas, 06 de Agosto del 2025


Introducción
La psiquiatría aborda la vasta y compleja fenomenología de los trastornos
mentales, una disciplina que demanda un entendimiento profundo de la
interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Este trabajo
se centrará en un análisis detallado de los trastornos que se originan en la
infancia y la adolescencia, y persisten o evolucionan hacia la edad adulta.
Abordaremos la semiología de los trastornos del aprendizaje, del
comportamiento y las emociones, así como los trastornos del
desarrollo psicológico, incluyendo el retraso mental y el autismo
infantil. A lo largo de este escrito, se utilizarán términos semiológicos
precisos para describir las manifestaciones clínicas de estas patologías,
desde la dislexia hasta las parasomnias. Finalmente, se explorarán los
trastornos de la personalidad, que representan patrones de
comportamiento arraigados y persistentes. El objetivo es ofrecer una visión
integral y coherente de la psiquiatría infantil y del adolescente, resaltando
la importancia del diagnóstico diferencial y del tratamiento multidisciplinario
que debe ser llevado a cabo por el Médico Integral Comunitario (MIC) en la
Atención Primaria de Salud (APS).
Trastornos del Aprendizaje, Comportamiento y
Emociones en la Infancia y Adolescencia
I. Trastornos del Aprendizaje

Los trastornos del aprendizaje se definen como dificultades que


obstaculizan la capacidad de una persona para aprender. Estas
dificultades pueden tener diversas causas, que incluyen factores
contextuales como la situación familiar, el entorno escolar y el ámbito
social y afectivo. También pueden estar vinculadas a alteraciones del
desarrollo neurológico y psicológico. Los trastornos del aprendizaje pueden
ser consecuencia de un trastorno del desarrollo psicológico, como el
retraso mental o el autismo. También pueden estar asociados con el
trastorno por déficit de atención, con o sin hipercinesia.

Existen trastornos específicos del aprendizaje que se manifiestan en áreas


concretas, como la lectura, la escritura y el cálculo. Estos son:

Dislexia: Es una dificultad para aprender a leer y escribir que no se debe a


defectos orgánicos neurológicos, sensoriales o neuropsicológicos.

Disgrafía: Se refiere a alteraciones en el lenguaje escrito, que pueden ser


de origen orgánico (como parálisis nerviosas o lesiones en los centros
corticales de la escritura) o psicomental, por falta de coordinación
vasomotora.

Discalculia: Es un trastorno de la capacidad para el cálculo, a menudo


resultado de dificultades de lectura provocadas por una enfermedad
cerebral.

Los trastornos del aprendizaje también pueden estar influenciados por


trastornos emocionales como la ansiedad, la depresión, la angustia por
separación y las fobias (especialmente la escolar), ya que los síntomas de
estas afecciones interfieren con la capacidad de aprender. Otros factores
causales incluyen el déficit auditivo y visual, el ambiente escolar, la
disfunción familiar y elementos socioculturales como la situación
económica, la desnutrición y el medio ambiente.
II. Trastornos del Desarrollo Psicológico

Estos trastornos se caracterizan por alteraciones cualitativas en la


interacción social, en las formas de comunicación y por la presencia de un
repertorio de intereses y actividades repetitivo, estereotipado y restrictivo.
Dentro de esta categoría, se incluyen los trastornos del desarrollo del
habla y del lenguaje, los trastornos específicos del aprendizaje escolar y
los trastornos generalizados del desarrollo.

A. Retraso Mental

El retraso mental (también conocido como oligofrenia, déficit intelectual o


subnormalidad mental) es un trastorno caracterizado por un desarrollo
mental incompleto o detenido. Se manifiesta por un deterioro en funciones
como las cognitivas, del lenguaje, motrices y de socialización. La
característica principal es una capacidad intelectual significativamente
inferior al promedio, acompañada de limitaciones en la actividad
adaptativa.

Para su diagnóstico, se requiere que el trastorno se inicie antes de los 18


años. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, psicopedagógico y
psicométrico. Se confirma si la función intelectual general es
significativamente inferior a la media (un coeficiente de inteligencia de
70-75 o menos) y se acompaña de limitaciones en al menos dos de las
diez áreas de adaptación, que incluyen comunicación, cuidado personal,
habilidades sociales, y actividades académicas funcionales, entre otras.

La etiología del retraso mental es variada, incluyendo factores biológicos o


psicosociales. Las posibles causas abarcan la herencia, alteraciones
tempranas del desarrollo embrionario, problemas durante el embarazo y el
periodo perinatal, así como enfermedades adquiridas en la infancia. En un
30-40% de los casos, no se logra determinar una causa precisa.

La clasificación del retraso mental se basa en cuatro grados de intensidad,


definidos por el coeficiente de inteligencia (CI) y la edad mental:

Leve: CI entre 50 y 69, edad mental de 7 a 12 años. Pueden lograr un


desarrollo escolar hasta el 6to grado y desarrollar capacidades laborales y
sociales para ser autosuficientes, aunque pueden necesitar apoyo en
situaciones de tensión.
Moderado: CI entre 35 y 49, edad mental de 5 a 7 años. Presentan serios
trastornos en el desarrollo del lenguaje y la marcha. Su escolaridad no
supera el 2do grado, pero pueden protegerse de peligros básicos y
ejecutar trabajos manuales sencillos bajo supervisión.

Grave: CI entre 20 y 34. Asociado a trastornos motores como ataxia y


disartria. Son capaces de vestirse y alimentarse por sí mismos y cuidarse
de peligros. Sus posibilidades laborales son muy limitadas y bajo estricta
tutoría.

Profundo: CI menor de 20, edad mental de 1 a 3 años. Es el mayor grado


de retraso mental, y muchos llevan una vida vegetativa, siendo incapaces
de valerse por sí mismos y necesitando tutoría constante.

El tratamiento es preventivo, curativo y rehabilitatorio. El tratamiento


preventivo incluye orientar a la población sobre matrimonios
consanguíneos, embarazos añosos, partos hospitalarios, control obstétrico
y vacunación. El tratamiento curativo considera recursos biológicos,
psicológicos y sociales. El tratamiento rehabilitatorio se basa en la
educación especial, la estimulación cerebral y el desarrollo de habilidades
sociales y de comunicación.

B. Autismo Infantil

El autismo infantil es un trastorno generalizado del desarrollo que se


manifiesta antes de los 3 años de edad. Se caracteriza por un desarrollo
anormal o alterado que afecta la interacción social, la comunicación y la
presencia de actividades repetitivas. El autismo es más frecuente en niños,
con una prevalencia 3 o 4 veces mayor que en niñas.

El tratamiento se centra en la educación y la terapia cognitiva. Se ha


reportado cierta mejoría con dietas bajas en gluten. Los padres son
considerados coterapeutas en el tratamiento. Los psicofármacos no curan
el autismo, sino que se utilizan para adecuar la conducta y mejorar los
resultados de la actividad educativa. Medicamentos como el haloperidol,
tioridazina y pimozide han sido utilizados. Se están investigando
inhibidores de la recaptación de serotonina (como la fluoxetina) y
neurolépticos (como la risperidona), con los que se ha reportado mejoría
sintomática.
III. Trastornos del Comportamiento y de las Emociones en la Infancia y la
Adolescencia

Estos trastornos incluyen los hipercinéticos, los disociales, los de las


emociones y los de tics.

A. Trastornos Hipercinéticos

Se caracterizan por un inicio precoz (generalmente antes de los 5 años)


con un comportamiento hiperactivo y poco modulado, una marcada falta de
atención y poca continuidad en las tareas. Estos problemas persisten en
diversas situaciones y a lo largo del tiempo, siendo una causa frecuente de
dificultades de aprendizaje. El déficit de atención es el rasgo central que
puede persistir en la edad adulta, aunque la hiperactividad y el déficit de
atención pueden mejorar gradualmente con los años.

B. Trastornos Disociales

Estos trastornos se caracterizan por un patrón persistente y reiterado de


comportamiento disocial, agresivo o retador. En sus formas más extremas,
pueden llegar a violar las normas sociales. Se clasifican en categorías
como el trastorno disocial limitado al contexto familiar, el trastorno en niños
no socializados y el trastorno desafiante y oposicionista. Suelen estar
relacionados con un ambiente psicosocial desfavorable, como relaciones
familiares insatisfactorias y fracaso escolar. Estos trastornos son más
frecuentes en niños y pueden evolucionar hacia un trastorno disocial de la
personalidad en algunos casos.

C. Trastornos de las Emociones de Comienzo Habitual en la Infancia

Estos trastornos se diferencian de los neuróticos del adulto porque la


mayoría de los niños afectados se convierten en adultos normales. Se
consideran exageraciones de las tendencias normales del desarrollo.

Trastorno de ansiedad de separación: Se diagnostica cuando el miedo a la


separación es el foco principal de la ansiedad, aparece en edades
tempranas y es anormalmente grave o persistente.
Trastorno de ansiedad fóbica: Pueden aparecer miedos a objetos y
situaciones específicas. Algunos de estos temores no son parte del
desarrollo normal, como la agorafobia. La fobia escolar es frecuente en
esta etapa de la vida.

Trastorno de hipersensibilidad social de la infancia: Se produce cuando la


desconfianza ante extraños se vuelve muy intensa y poco frecuente antes
de los 6 años de edad, acompañada de dificultades sociales y sin formar
parte de un trastorno emocional más amplio.

D. Trastornos de Tics

Un tic es un movimiento o vocalización involuntario, rápido, reiterado y


arrítmico, que carece de propósito aparente. Los trastornos de tics incluyen
los transitorios, los crónicos (motores o fonatorios) y el síndrome de Gilles
de la Tourette.

IV. Trastornos de la Conducta Alimentaria

Dentro de los trastornos del comportamiento asociados a disfunciones


fisiológicas y factores somáticos, se encuentran la anorexia y la bulimia
nerviosa.

Anorexia nerviosa: Se caracteriza por una pérdida deliberada de peso,


inducida o mantenida por el propio enfermo a través de la evitación de
alimentos que engordan, vómitos, purgas, ejercicio excesivo o consumo de
fármacos. El paciente tiene una distorsión de la imagen corporal y un pavor
ante la gordura. Es más frecuente en muchachas adolescentes y mujeres
jóvenes, y su etiología es multifactorial.

Bulimia nerviosa: Se caracteriza por episodios repetidos de ingesta


excesiva de alimentos y una preocupación exagerada por el control del
peso, lo que lleva a medidas extremas para mitigar el aumento de peso. La
bulimia puede considerarse una secuela de la anorexia nerviosa, aunque
la secuencia contraria también puede ocurrir. Los vómitos repetidos
pueden llevar a trastornos electrolíticos y complicaciones somáticas graves
como arritmias cardíacas, desnutrición severa y muerte.
V. Trastornos de la Personalidad

Los trastornos de la personalidad se manifiestan como formas de


comportamiento duraderas y profundamente arraigadas que se presentan
en un amplio espectro de situaciones individuales y sociales. Tienden a
aparecer en la infancia o adolescencia y a persistir en la edad adulta. Un
diagnóstico antes de los 16 o 17 años es probable.

Dentro de los trastornos específicos de la personalidad, se describen


varios tipos:

Paranoide: Se caracteriza por una sensibilidad excesiva, incapacidad para


perdonar, suspicacia y una tendencia a interpretar las acciones neutrales
de los demás como hostiles o despectivas.

Esquizoide: Se define por la incapacidad para sentir placer, frialdad


emocional, preferencia por actividades solitarias y la ausencia de
relaciones personales íntimas.

Disocial: Llama la atención por la gran disparidad entre su comportamiento


y las normas sociales. Se caracteriza por la despreocupación por los
sentimientos de los demás, falta de empatía, baja tolerancia a la
frustración e incapacidad para sentir culpa y aprender del castigo.

Histriónico: Se caracteriza por la teatralidad, expresión exagerada de las


emociones, sugestionabilidad, búsqueda imperiosa de atención, y un
deseo inapropiado de seducir.

Anancástico: Se caracteriza por la falta de decisión, dudas,


preocupaciones excesivas, perfeccionismo que interfiere con la actividad
práctica y la renuncia a actividades placenteras por una preocupación
injustificada por el rendimiento.
Conclusiones
La psiquiatría infantil y del adolescente, así como la psiquiatría del adulto,
son campos que exigen una perspectiva integral que reconozca la
interconexión entre la biología, la psicología y el entorno social. La
semiología de los trastornos del desarrollo, como el retraso mental y el
autismo, demuestra que las alteraciones en las funciones cognitivas y
sociales tienen un impacto profundo en la capacidad del individuo para
adaptarse al mundo. De manera similar, los trastornos del aprendizaje
como la dislexia y la disgrafía no pueden entenderse sin considerar las
posibles causas neurológicas y los factores contextuales que los rodean.
El tratamiento de estas afecciones, tal como se plantea para el MIC,
subraya la importancia de un enfoque holístico que combina recursos
biológicos, psicológicos y sociales. La medicación puede ser útil para
manejar manifestaciones psicopatológicas, pero el pilar fundamental del
tratamiento reside en los recursos psicológicos, como las psicoterapias, y
en el apoyo social a través de la red familiar y comunitaria. La prevención,
la curación y la rehabilitación son los tres ejes que deben guiar la
intervención, desde la orientación a la población para evitar matrimonios
consanguíneos hasta el desarrollo de habilidades de comunicación y
sociales en pacientes con retraso mental.
En última instancia, este trabajo subraya que los diagnósticos como el de
la esquizofrenia o los trastornos de la personalidad son puntos de partida
para un proceso de atención continua, que debe ser adaptado a la edad y
las circunstancias del paciente. La psiquiatría no se limita a la identificación
de un trastorno, sino que se extiende a la creación de un plan de cuidado
que fomente la autonomía, la adaptación social y la calidad de vida.

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