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Biologia

El cáncer es una enfermedad caracterizada por el crecimiento descontrolado de células debido a mutaciones en su ADN, formando tumores malignos que pueden invadir tejidos y metastatizar. Existen diversos tipos de cáncer, cada uno con diferentes causas y tratamientos, siendo el cáncer de pulmón y el de hígado algunos de los más comunes y peligrosos. La prevención y detección temprana son cruciales para mejorar las tasas de supervivencia.

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El cáncer es una enfermedad caracterizada por el crecimiento descontrolado de células debido a mutaciones en su ADN, formando tumores malignos que pueden invadir tejidos y metastatizar. Existen diversos tipos de cáncer, cada uno con diferentes causas y tratamientos, siendo el cáncer de pulmón y el de hígado algunos de los más comunes y peligrosos. La prevención y detección temprana son cruciales para mejorar las tasas de supervivencia.

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Nombre: Lia Anahi Vargas Mejía

Curso: 2° Contabilidad
Fecha: lunes, 18 de agosto de 2025

¿QUÉ ES EL CÁNCER?
El cáncer es una enfermedad que
aparece cuando algunas células del
cuerpo comienzan a crecer y dividirse
de manera descontrolada debido a
mutaciones en su ADN. A diferencia
de las células normales, que tienen un
ciclo de vida definido en el que
nacen, cumplen su función y mueren,
las células cancerosas ignoran esas
reglas biológicas, no mueren cuando deberían y siguen multiplicándose sin límite. Como
resultado, pueden acumularse y formar masas llamadas tumores malignos. Estos tumores, a
diferencia de los benignos, invaden los tejidos cercanos y en fases avanzadas pueden
extenderse a otras partes del cuerpo mediante un proceso llamado metástasis.
Las células cancerosas presentan ciertas características que las diferencian de las normales.
No solo crecen sin control, sino que también logran dividirse de manera casi ilimitada, crean
sus propios vasos sanguíneos para alimentarse, resisten a la muerte celular y tienen la
capacidad de invadir órganos a distancia. Esto convierte al cáncer en una enfermedad
compleja y peligrosa, ya que no se limita a un solo lugar, sino que puede afectar al organismo
en general.
Las causas del cáncer son variadas y no existe un único origen. En algunos casos influyen los
factores genéticos, cuando una persona hereda mutaciones que aumentan el riesgo de
desarrollar la enfermedad. Sin embargo, también hay factores externos que contribuyen a su
aparición, como la exposición prolongada a radiación solar, el contacto con sustancias
químicas nocivas, el consumo de tabaco y alcohol, una alimentación poco saludable o el
sedentarismo. Además, ciertos agentes infecciosos como virus o bacterias también pueden
estar relacionados con algunos tipos de cáncer, por ejemplo, el virus del papiloma humano en
el cáncer de cuello uterino o la bacteria Helicobacter pylori en el cáncer de estómago.
Existen diferentes tipos de cáncer según el lugar donde se originan. Los carcinomas afectan a
la piel y a los órganos internos, los sarcomas se desarrollan en huesos, músculos o tejidos
blandos, las leucemias en la sangre y la médula ósea, los linfomas en el sistema linfático y los
melanomas en las células que producen el pigmento de la piel. Esta variedad muestra que el
cáncer no es una sola enfermedad, sino un conjunto de enfermedades que comparten el
mismo problema básico: el crecimiento anormal de las células.
El tratamiento del cáncer depende del tipo y de la etapa en la que se encuentre. Entre los
métodos más utilizados están la cirugía, que busca extirpar el tumor; la radioterapia, que
utiliza radiación para destruir células cancerosas; y la quimioterapia, que emplea fármacos
que atacan a las células que se dividen rápidamente. En la actualidad también se utilizan
terapias más modernas como la inmunoterapia, que refuerza el sistema inmunológico del
paciente, y las terapias dirigidas, que bloquean mecanismos específicos de las células
tumorales.

Características de tumores malignos y benignos


Tumores benignos
Los tumores benignos son crecimientos anormales de células que, aunque no son normales,
se parecen bastante a las células del tejido de donde provienen. Su crecimiento es lento y
ordenado, y normalmente no representan una amenaza para la vida. Están rodeados por una
cápsula o membrana que los separa del tejido sano, lo que hace que no se extiendan más allá
de su lugar de origen. Esto facilita su extracción mediante cirugía, y en la mayoría de los
casos no vuelven a aparecer una vez retirados. Además, no producen metástasis, lo que
significa que no se diseminan a otras partes del cuerpo. Sin embargo, en algunos casos
pueden causar problemas si crecen demasiado o si
se encuentran en órganos delicados como el
cerebro, donde ejercen presión sobre estructuras
vitales.
Tumores malignos
Los tumores malignos, también llamados
cancerosos, muestran un comportamiento mucho más agresivo. Sus células se dividen
rápidamente, son muy distintas a las células normales y tienden a perder su forma y función
original. No cuentan con una cápsula que los limite, lo que les permite infiltrar los tejidos
cercanos y destruirlos. Además, tienen la capacidad de desprenderse y viajar a través de la
sangre o del sistema linfático hacia otros órganos, donde forman nuevos tumores en un
proceso conocido como metástasis. Este tipo de tumor puede reaparecer incluso después de
haber sido tratado, ya que es difícil eliminarlo completamente. Los tumores malignos
representan un riesgo serio para la salud y, si no se detectan a tiempo, pueden comprometer el
funcionamiento de órganos vitales y poner en peligro la vida del paciente.

Cáncer de pulmón
El cáncer de pulmón es el más frecuente a nivel mundial
y una de las principales causas de muerte por cáncer. Se
origina cuando las células que recubren los bronquios,
bronquiolos o alveolos comienzan a dividirse sin
control, formando un tumor. Existen dos grandes tipos:
el cáncer de pulmón de células no pequeñas, que
representa alrededor del 85% de los casos, y el cáncer de pulmón de células pequeñas, que es
menos común pero mucho más agresivo.
La causa más importante está relacionada con el tabaquismo. Más del 80% de los casos se
deben al consumo de cigarrillos, pero también influyen otros factores como la exposición al
humo de segunda mano, la contaminación ambiental, el contacto con sustancias tóxicas como
asbesto o radón, y predisposición genética en algunos pacientes.

Los síntomas iniciales suelen pasar desapercibidos, pero conforme avanza la enfermedad
aparecen tos persistente, ronquera, dolor torácico, dificultad para respirar, pérdida de peso,
cansancio y, en etapas más avanzadas, tos con sangre o infecciones pulmonares repetidas. El
diagnóstico se realiza con radiografías, tomografías computarizadas, broncoscopias y
biopsias.
El tratamiento depende del tipo de cáncer y de la etapa en la que se detecte. En fases
tempranas se puede recurrir a la cirugía para extirpar el tumor. En fases intermedias o
avanzadas se combinan quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas. La
prevención más efectiva es evitar fumar y reducir la exposición a contaminantes. A pesar de
ser un cáncer con alta mortalidad, detectarlo temprano aumenta las probabilidades de
supervivencia.

Cáncer de hígado
El cáncer de hígado, también conocido como carcinoma
hepatocelular, es el tumor maligno más frecuente que afecta al
hígado. Se origina principalmente en los hepatocitos, aunque
también puede aparecer en los conductos biliares
(colangiocarcinoma intrahepático). A menudo se desarrolla en
personas que ya tienen daño hepático crónico, como en casos de
cirrosis, que puede deberse al consumo excesivo de alcohol, a
infecciones por los virus de la hepatitis B y C, o a la enfermedad
de hígado graso no alcohólico. Otro factor importante es la
exposición a toxinas, como la aflatoxina que se encuentra en alimentos contaminados por
hongos.
Este cáncer muchas veces no presenta síntomas en etapas iniciales, lo que dificulta su
detección temprana. Conforme avanza, los pacientes pueden presentar dolor abdominal en la
parte superior derecha, masa palpable, pérdida de apetito, pérdida de peso, fatiga extrema,
ictericia (piel y ojos amarillos), orina oscura y acumulación de líquido en el abdomen
(ascitis).
El diagnóstico se realiza mediante ecografía, tomografía, resonancia magnética, análisis de
sangre (marcador alfa-fetoproteína) y confirmación con biopsia. El tratamiento depende del
estado del hígado y de la extensión del tumor. En fases tempranas, los más efectivos son la
cirugía para extirpar la parte afectada del hígado o el trasplante hepático. También existen
técnicas como la ablación por radiofrecuencia o la quimioembolización, que bloquea el riego
sanguíneo del tumor. En casos más avanzados se utilizan medicamentos de terapia dirigida e
inmunoterapia.
La prevención se centra en reducir los factores de riesgo, lo que incluye vacunarse contra la
hepatitis B, tratar la hepatitis C, evitar el consumo excesivo de alcohol, mantener un peso
saludable y reducir la exposición a toxinas como la aflatoxina. En personas con cirrosis o
factores de riesgo, los médicos suelen recomendar controles periódicos para detectar el
cáncer en etapas más tempranas.

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