El racionalismo crítico de Karl R.
Popper
Karl R. Popper (1902-1994) No formó parte del Círculo de Viena ni fue neopositivista. Sin embargo, tuvo
mucha relación con miembros del Círculo, quienes le estimularon a escribir su primera obra, La lógica de la
investigación científica, y la publicaron en 1934 en la colección de libros que dirigían. Compartía con los
positivistas un gran interés por la ciencia y por la filosofía de la ciencia, pero se diferenciaba de ellos en que,
aun siendo agnóstico, no adoptó una posición anti teológica ni anti metafísica: pensaba que la metafísica es
un campo legítimo e importante de problemas, y discutió muchos problemas metafísicos a lo largo de su
vida.
Popper tuvo una gran preocupación por los problemas sociales. Siendo muy joven fue socialista e incluso,
durante la primavera de 1919, colaboró estrechamente con los jefes del partido comunista en Viena, atraído
por su propaganda pacifista. La actitud de esos jefes le apartó completamente, sin embargo, del comunismo
y del marxismo, cuando vio su reacción ante la muerte de varios jóvenes en una manifestación de protesta
en la que la policía cargó contra los manifestantes: él estaba horrorizado, pero los jefes le dijeron que así se
aceleraba la causa por la que luchaban. Se preguntó con qué derecho se ponía en juego la vida de las
personas en nombre de una teoría, el comunismo, que se presentaba como científica, y comenzó a estudiar
seriamente el marxismo. El resultado fueron dos obras: La miseria del historicismo (1944-1945), y La
sociedad abierta y sus enemigos (1945), donde critica fuertemente el carácter pseudocientífico del marxismo
y, en general, del historicismo que afirma la existencia de leyes necesarias de la historia.
La lógica de la ciencia contenida en su obra de 1934 y la ética social de sus obras de 1944-1945 se encuentran
estrechamente relacionadas. En ambos casos, Popper se opone a las posiciones que considera dogmáticas y
autoritarias, que obstaculizan la libertad, la creatividad y el progreso. Cuando Popper afirma que su posición,
a la que denomina «racionalismo crítico», se basa en una «fe en la razón» que implica una «decisión moral»,
se refiere a la actitud de razonabilidad con todo lo que implica de respeto por la libertad, la justicia, la
igualdad, la paz, así como de oposición a la violencia. La oposición a la violencia y al totalitarismo va unida
a su teoría de la ciencia. En efecto, el eje de su epistemología se encuentra en lo que él denomina la
«asimetría lógica entre verificación y falsación»; con esta expresión indica que, en virtud de las reglas
elementales de la lógica, nunca podemos demostrar la verdad de una proposición universal de la ciencia y,
en cambio, un solo contraejemplo basta para mostrar que esa proposición es falsa o contiene alguna falsedad.
A partir de ahí, Popper sostiene que las teorías científicas nunca se pueden verificar (tal como pretendían los
neopositivistas), de modo que el progreso científico no consistirá en obtener enunciados ciertos mediante el
método inductivo; consistirá, más bien, en proponer hipótesis audaces que van mucho más allá de lo que
manifiesta la experiencia, y en someterlas a control experimental para detectar los errores que contienen: el
progreso se alcanza mediante en método de «ensayo y eliminación de error», o de «conjeturas y
refutaciones», a través de la progresiva eliminación de errores en un proceso que es una «búsqueda sin
término» porque no tiene fin. Según Popper, nunca llegamos a conocimientos definitivos o ciertos, y cuando
esto se aplica a la teoría social, debe conducir a la «sociedad abierta», basada en la tolerancia y en la apertura
a la crítica, donde se evita cualquier forma de autoritarismo.
Popper tiene razón al subrayar la importancia del «método hipotético-deductivo» para progresar en el
conocimiento. Este método se emplea continuamente en la ciencia. Ante los problemas que encontramos,
debemos formular hipótesis cuya verdad no podemos conocer de antemano; por tanto, para comprobar la
verdad de esas teorías, debemos considerarlas como hipótesis a partir de las cuales deducimos consecuencias
particulares (de ahí el nombre de «método hipotético- deductivo»), y debemos intentar comprobar la verdad
de esas consecuencias. Pero, como advierte Popper y es bien conocido desde hace siglos (incluso, como
hemos visto, Tomás de Aquino lo subraya en su Suma teológica), mediante este método, partiendo de los
fenómenos observados no podemos llegar a conclusiones completamente ciertas, porque siempre es posible
que los fenómenos se expliquen mediante causas diferentes de las que nosotros postulamos.
De todos modos, Popper insiste excesivamente en el carácter conjetural de nuestro conocimiento. Aunque
su argumentación es bastante consistente desde el punto de vista de la pura lógica formal, también es cierto
que, en no pocos casos, podemos obtener conocimientos verdaderos y podemos saber que los hemos
obtenido. Popper es realista, admite la existencia de una verdad objetiva, y afirma que, seguramente,
alcanzamos a veces conocimientos verdaderos, pero se niega en redondo a admitir que podamos alcanzar
ningún tipo de certeza: nunca podremos estar seguros de estar en la verdad, aunque de hecho la hayamos
alcanzado. Esta posición es exagerada. Desde luego, nuestro conocimiento es siempre limitado y perfectible
y, en ese sentido, hemos de estar siempre dispuestos a admitir eventuales complementos e incluso
correcciones. Pero eso no significa que nunca podemos alcanzar la certeza. Popper se encuentra prisionero
del concepto racionalista de certeza, que identifica la certeza legítima con una demostrabilidad lógica total,
con un conocimiento absolutamente perfecto. Ciertamente, el conocimiento humano no es de ese tipo, pero
podemos alcanzar conocimientos verdaderos y saber que los hemos alcanzado, aunque esos conocimientos
sean siempre parciales y perfectibles.
La epistemología de Popper es «falsacionista» porque niega que sea posible «verificar» los enunciados
científicos y afirma, en cambio, que la «falsación» de esos enunciados, que lleva consigo la detección de
errores es el camino para el progreso científico. También es «falibilista» porque niega que exista ninguna
certeza legítima: nuestro conocimiento es siempre falible, nunca podemos llegar a verdades definitivas. Pero
tanto el falsacionismo como el falibilismo son insostenibles en su estado puro, porque podemos alcanzar
conocimientos que son verdaderos, aunque sean también parciales y perfectibles, y podemos alcanzar
distintos tipos de certeza en esos conocimientos, en función del tipo de problemas de que se trate: la certeza
metafísica se refiere a verdades metafísicas que no pueden ser de otro modo, la certeza física se refiere a
comportamientos naturales que están sometidos a la contingencia propia de lo material, y la certeza moral
se refiere al comportamiento moral de agentes que son libres y pueden autodeterminarse a obrar sin estar
sujetos a la pura necesidad.
Si el falsacionismo de Popper se considera como una propuesta metodológica, se trata de una propuesta
saludable que puede ayudar en el trabajo científico; así lo han reconocido prestigiosos científicos, entre los
cuales se cuentan premios Nobel como sir John Eccles y sir Peter Medawar, que han encontrado en la
epistemología de Popper una ayuda para su trabajo científico. Los problemas surgen cuando se pretende
que el falsacionismo proporciona una imagen de todos los aspectos principales de la ciencia experimental.
Algo semejante puede decirse del falibilismo.
En definitiva, el «racionalismo crítico» de Popper es válido cuando significa la «actitud de razonabilidad» que
lleva a la apertura mental ante nuevos datos y argumentos, evitando el anquilosamiento dogmático que se
estanca en lo adquirido como si fuera definitivo y no se pudiera progresar más. Sin embargo, puede provocar
confusiones y dificultades si se interpreta como una doctrina filosófica general en donde no hay ningún lugar
para la inducción, la comprobación positiva o la certeza. En los textos de Popper encontramos los dos
enfoques.
Si no se admite la existencia de certezas legítimas, es muy difícil evitar una conclusión convencionalista.
Popper es consciente de este peligro, e intenta salvarlo afirmando que, simplemente, debemos
acostumbrarnos a separar la idea de conocimiento y la idea de certeza: podemos progresar en el
conocimiento, pero se trata siempre de un conocimiento conjetural, que nunca llega a la certeza. Pero, de
hecho, alcanzamos conocimientos ciertos, y la verdad es algo más que una idea regulativa en el sentido
kantiano.
Algunas ambigüedades del pensamiento de Popper se explican si se tiene en cuenta que desarrolló sus ideas
filosóficas de modo fragmentario, pues ni siquiera se había propuesto, en un principio, dedicarse a la filosofía.
Por ejemplo, frente a los positivistas, Popper defiende que la metafísica tiene sentido, no obstante, cuando
publicó La lógica de la investigación científica en 1934, todavía no había advertido que la metafísica podía
discutirse mediante razonamientos que, aunque no incluyen contrastaciones empíricas como la ciencia
experimental, son plenamente válidos. Él mismo lo dice: «... subrayé que la Logik der Forschung era el libro
de un realista, aunque por aquel tiempo no hubiese pretendido decir gran cosa sobre el realismo. La razón
estaba en que entonces no me había percatado de que una posición metafísica, aunque no fuese
contrastable, podía ser racionalmente criticable o argüible. Yo había confesado ser realista, pero pensando
que esto no pasaba de ser una confesión de fe». En esas condiciones, no puede sorprender que la posición
de Popper ante la metafísica sea insuficiente, aun cuando la defiende frente a los ataques del positivismo.
Popper reduce toda la actividad científica al método hipotético-deductivo, que no permite llegar a
conclusiones ciertas; pero ese método no es toda la ciencia, y además, como veremos, existen criterios que
permiten alcanzar algún tipo de certeza utilizando ese método. Por otro lado, parece identificar que una
afirmación sea perfectible con que sea conjetural. En realidad, muchas afirmaciones científicas son ciertas
dentro de un determinado margen, aunque puedan estar sometidas a ulteriores perfeccionamientos.
En la ciencia experimental no todo es conjetural, y no todo se desarrolla según el método hipotético-
deductivo. Popper simplifica indebidamente algunos aspectos reales de la ciencia, y esa simplificación le
permite obtener una imagen de la ciencia que le sirve como base para toda su filosofía falibilista. Podemos
señalar las siguientes simplificaciones injustificadas en el planteamiento de Popper: el antiinductivismo
extremo que no reconoce el papel que sin duda desempeña la inducción en la actividad científica; la reducción
de toda la teoría de la ciencia a la consideración de los aspectos lógicos, o sea, a las relaciones lógicas entre
los enunciados científicos; la reducción de toda la actividad científica al empleo del método hipotético-
deductivo; y la identificación del carácter parcial y aproximativo de muchas afirmaciones científicas con su
carácter hipotético y conjetural.
Según Popper, la «actitud racional» en la ciencia sería la «actitud crítica» de no dar nunca nada por seguro
o definitivo, y de buscar siempre contraejemplos que permitan formular mejores teorías. Pero esta imagen
de la actitud científica es parcial, porque no explica los logros positivos de la ciencia, y las confusiones se
multiplican cuando se toma como modelo de «racionalidad» para todo el conocimiento humano en general.
Por otra parte, Popper subraya correctamente los elementos de creatividad e interpretación que se
encuentran en cada paso del método científico: no sólo en la formulación de nuevas hipótesis, sino también
en la formulación y aceptación de los enunciados empíricos que sirven para contrastar las hipótesis, y en la
evaluación de las hipótesis a la luz de la evidencia disponible.
Si la epistemología de Popper se interpreta como una metodología, contiene muchos elementos válidos, y lo
mismo sucede con su teoría social. Las confusiones surgen cuando se pretende extraer de las ideas de Popper
una imagen completa de la ciencia, del conocimiento o de la sociedad: y es fácil que surjan estas confusiones,
ya que Popper, aunque insiste en los límites del conocimiento, presenta sus ideas como si fuesen una filosofía
general.
Es posible interpretar el pensamiento de Popper adoptando como clave interpretativa las preocupaciones
éticas, que son su auténtico motor. En tal caso, algunas de las dificultades que hemos señalado desaparecen
o se suavizan. Pero esa interpretación exige una relectura de la obra de Popper que no siempre es fácil,
debido al énfasis que él pone en su falibilismo, y a la insuficiente base metafísica de su ética. Popper basa
toda su filosofía en una «fe en la razón» que él mismo califica como «irracional». Se trata, en realidad, de
una afirmación de la dignidad de la persona humana, de su libertad, de su responsabilidad, de la igualdad
básica entre todos los hombres, de la paz y de la tolerancia. Si se acepta una metafísica abierta a la
trascendencia, estos valores encuentran una justificación; en cambio, en el agnosticismo de Popper sólo
pueden ser justificados por sus consecuencias positivas. Dado que Popper estaba abierto a la metafísica, es
posible conservar una parte importante de su pensamiento complementándola con una metafísica abierta a
la trascendencia. Pero, en tal caso, ya no se trata de la posición de Popper tal como él la presenta, sino de
una metafísica que incorpora una parte de la filosofía de Popper dejando fuera otra.
ACTIVIDAD DE APRENDIZAJE
¿En qué consiste es el falsacionismo?, pon un ejemplo.
¿En qué consiste el problema de la inducción para Karl R. Popper?
¿Cómo se explica el Racionalismo crítico según Karl R. Popper?
¿Qué implicaciones tiene el falsacionismo de Popper para nuestra comprensión de la objetividad y la
verdad en la ciencia?
¿Cómo puede la crítica de Popper al historicismo influir en nuestra comprensión de la libertad y la
responsabilidad individual en la historia?
¿De qué manera puede el racionalismo crítico de Popper influir en nuestra comprensión de la importancia
de la discusión y el debate en la búsqueda del conocimiento?
REFERENCIAS
Artigas, M. (2009). Filosofía de la ciencia: (2 ed.). Pamplona, Spain: EUNSA. Recuperado de
https://elibro.net/es/ereader/uniminuto/46920?page=81.