0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas13 páginas

Politicas Sociales U1

poli

Cargado por

arielaalvarez73
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas13 páginas

Politicas Sociales U1

poli

Cargado por

arielaalvarez73
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

POLITICAS

SOCIALES
UNIDAD 1
CONCEPTOS
IGUALDAD: La igualdad es un principio clave en política social, aunque se debate hasta
dónde debe llegar. Mientras algunos critican que el igualitarismo reduce los incentivos
individuales, otros defienden que tratar igual a quienes son diferentes puede afectar su
identidad. Se diferencia entre igualdad de oportunidades (mismo punto de partida) e
igualdad de resultados (mismo punto de llegada). Las políticas sociales se han enfocado
principalmente en la primera.
DERECHOS: Los derechos son legitimaciones jurídicas de las demandas individuales. En
política social, se debate qué demandas deben respaldar los gobiernos. Marshall distingue
derechos civiles, políticos y sociales. Estos últimos, construidos socialmente, implican
bienestar y participación en la vida digna. Sin embargo, también pueden entrar en conflicto
con las obligaciones impuestas por el Estado.
JUSTICIA SOCIAL: La justicia social trata sobre quién merece acceder a ciertos bienes.
Según distintas perspectivas, puede considerarse injusto redistribuir lo ganado por esfuerzo
propio (Nozick), justo si mejora a alguien sin perjudicar a otros (Pareto), o más justa si
favorece a los menos privilegiados (Rawls). Estos debates guían el rol del mercado, Estado,
familia y tercer sector en proveer bienestar.
DEBATE Y PERSPECTIVAS TEORICAS
La comparación en política social busca entender similitudes y diferencias en el bienestar
entre países o regiones, para aprender de sus aciertos y errores. Hay dos enfoques: uno
micro, que analiza aspectos específicos como la provisión de servicios, necesidades y
gestión; y otro macro, que compara sistemas completos de bienestar, considerando
financiación, acceso, distribución y resultados.
El trabajo comparativo en política social es complejo por la variedad de conceptos, actores,
estructuras y valores involucrados. Las estadísticas y enfoques pueden ser inconsistentes
entre países, y los investigadores deben evitar sesgos culturales. Aun así, estos estudios han
crecido desde los años 50. Destaca la tipología de Esping-Andersen (1990), que propone
tres regímenes de bienestar: socialdemócrata, corporativo-conservador y liberal. Aunque
influyente, ha sido criticada por ser estática, eurocentrista y no incluir desigualdades como
género o etnicidad. Actualmente se busca ampliar los modelos comparativos.
DEBATES IDEOLOGICOS ENTORNO A LAS POLITICAS SOCIALES
LA DERECHA: La derecha política sostiene que el Estado del bienestar ha crecido
demasiado y afecta negativamente a la economía de mercado. Los neoliberales promueven
el libre mercado, rechazan la intervención estatal y defienden la mínima regulación para
proteger la libertad individual. En cambio, los conservadores valoran el orden, la jerarquía
y los valores tradicionales. Apoyan la ayuda a los necesitados, pero basada en la
subsidiariedad, es decir, que primero debe venir de la familia, comunidad o iglesia, y solo al
final del Estado.
LA IZQUIERDA: La izquierda, compuesta por socialdemócratas y marxistas, ha tenido
diferencias sobre el rol del Estado, aunque estas se han reducido en las últimas décadas.
Los socialdemócratas creen en un Estado neutral que, mediante la democracia y políticas
redistributivas, puede reducir la desigualdad y garantizar derechos sociales. En cambio, los
marxistas sostienen que el Estado del bienestar mantiene el capitalismo, legitimando la
desigualdad de clases. Proponen una participación ciudadana directa para definir y
satisfacer colectivamente las necesidades humanas.
LOS NUEVOS RADICALES: Los nuevos radicales critican que el Estado del bienestar
presenta un déficit de ciudadanía, especialmente hacia mujeres, inmigrantes y temas
ambientales. Desde el feminismo, se denuncia que la política social es desigual y reproduce
estructuras patriarcales. Señalan que los derechos sociales de las mujeres son secundarios,
ya que suelen depender de su rol familiar (madres, esposas, hijas) y no de su autonomía.
LOS ANTIRRACISTA: Critica que el Estado del bienestar restringe los derechos sociales
de las personas inmigrantes al basarse en criterios de nacionalidad. Consideran que esta
diferenciación puede profundizar divisiones sociales. Además, advierten que, en contextos
de crisis económica y recorte del gasto social, el aumento de la inmigración y la diversidad
étnica puede generar tensiones xenófobas debido a la competencia por recursos limitados
como empleo y servicios públicos.
PERSPECTIVA ECOLOGISTA: Critica el modelo de desarrollo económico industrial
por sus efectos negativos en el medio ambiente y el bienestar humano. Señala que el Estado
del bienestar ha promovido la urbanización y el consumo masivo, comprometiendo la
sostenibilidad del planeta. Defiende el derecho universal a una calidad ambiental adecuada
y a una vida saludable, y promueve un consumo responsable que respete los límites del
crecimiento ecológico.
PRINCIPALES EJES DE DEBATE SOBRE LAS POLÍTICAS SOCIALES
PRODUCCIÓN: A partir de los años 80, se cuestionó el monopolio del estado en el
suministro del bienestar, abriendo el debate sobre el "welfare mix", que incluye no solo al
estado, sino también al mercado, el sector informal y el voluntario. El sector mercantil se
refiere a los bienes y servicios proporcionados por empresas privadas, accesibles según el
poder adquisitivo. El sector estatal se enfoca en la provisión de recursos según los derechos
sociales, mientras que el sector informal involucra a la familia, amigos y vecinos, y el
sector voluntario incluye ONGs y organizaciones altruistas. La política social tiene un
papel crucial en moldear la estructura social, determinando las responsabilidades de cada
sector en el bienestar. Con el auge del neoliberalismo, se busca reducir la intervención
estatal, trasladando la responsabilidad de algunos servicios al mercado, la familia o el tercer
sector, transformando derechos en mercancías y reduciendo la protección social.
ORGANIZACIÓN: La organización del bienestar enfrenta dos debates clave: uno sobre la
administración burocrática, que se critica por ser inflexible ante la diversidad de
necesidades sociales, y otro sobre el poder de los profesionales, cuyo conocimiento experto
puede actuar más como un recurso de poder gremial que como servicio a los ciudadanos.
Además, se cuestiona la participación pasiva de los ciudadanos en la definición de sus
derechos. Otro tema importante es la descentralización, que busca acercar los servicios a
los ciudadanos a nivel local, pero puede ser problemático si no se asignan los recursos
adecuados. La transición a un "welfare mix" también plantea desafíos en cuanto a la
regulación y calidad de los servicios ofrecidos por el sector privado, público y voluntario.
DISTRIBUCIÓN: El debate sobre la distribución del bienestar se centra en qué recursos
se distribuyen, a quién, cómo y cuándo, a través de impuestos y seguridad social. A medida
que la estructura social se hace más heterogénea, las necesidades y riesgos también
cambian, afectando el contrato social de los viejos estados del bienestar. La presión por
hacer las economías más competitivas lleva a reducciones fiscales que benefician a las
clases medias, pero estas no quieren financiar las necesidades de los más vulnerables. La
reducción del gasto social debilita la capacidad redistributiva del estado, creando tensiones
entre un bienestar público de baja calidad y uno privado de mejor calidad, solo accesible
para quienes puedan pagarlo. Las familias y el tercer sector asumen una mayor carga en la
provisión de bienestar.
En Chile, la reflexión sobre las políticas sociales y su vínculo con los modelos de desarrollo
se enfoca en superar la pobreza y promover la equidad social. Aunque existe consenso en
reducir la desigualdad, las discusiones sobre cómo lograrlo y las estrategias adecuadas
están abiertas. Se debate sobre el rol del gobierno y el crecimiento económico en la
disminución de la pobreza, con un 80% de la reducción atribuida al segundo factor. Sin
embargo, la distribución de la riqueza no ha mejorado significativamente y la desigualdad
sigue presente, incluso en periodos de crecimiento. A pesar de los esfuerzos por reducir la
pobreza, como el equilibrio macroeconómico y el gasto social, el tema de la distribución de
la riqueza sigue siendo una tarea pendiente. Se argumenta que las políticas sociales deben
ser vistas no solo como herramientas para superar la pobreza, sino también como principios
de igualdad social. La protección de los sectores más vulnerables debe ser responsabilidad
del Estado, ya que el mercado no puede cumplir este rol de igualador social.
POLITICAS SOCIALES Y ROL DEL ESTADO
Desde finales del siglo XIX, las políticas sociales en Chile se han vinculado a dos grandes
dimensiones: la mejora de la calidad de y la organización del. Estas políticas son
construcciones sociales que evolucionan con el desarrollo de la sociedad, adaptándose a los
avances en legislaciones laborales y sociales.
Primera Fase (Finales del Siglo XIX a 1930): Esta fase estuvo marcada por la dictación
del Código del Trabajo en 1931, donde el Estado y las élites enfrentaron "la cuestión
social", buscando mejorar las condiciones de los trabajadores. Se introdujeron leyes
laborales sobre remuneraciones, horarios, trabajo infantil, y se implementaron prestaciones
sociales como vivienda. El Estado se posicionó como protector de las clases trabajadoras,
reconociendo la desigualdad entre los sectores del capital y el trabajo.

Segunda Fase (1932-1955, Estado Benefactor): En este período, los sectores medios
fueron los principales beneficiarios de las políticas sociales, en el contexto de un proceso de
industrialización y democratización. El Estado promovió el desarrollo industrial y la
urbanización, impulsando la creación de instituciones como la CORFO. También se
ampliaron los beneficios sociales para los trabajadores, como viviendas, salud preventiva y
educación. Este período vio el auge de la clase media, formada por profesionales y
empleados públicos.
Tercera Fase (1964-1973, Estado Redistribuidor): Bajo los gobiernos de la Democracia
Cristiana y la Unidad Popular, el Estado buscó una redistribución del ingreso para
beneficiar a los sectores más desfavorecidos. Se avanzó en salud, seguridad social, reforma
agraria y propiedad urbana. Se reconocieron significativos avances en la participación de
los sectores populares, con leyes que fomentaron la organización vecinal y sindical
campesina.
Cuarta Fase (1974-1982, Estado Subsidiario): En el período del gobierno militar, se
aplicaron políticas sociales centradas en el principio de subsidiaridad, con una focalización
del gasto social hacia los sectores más desfavorecidos y la privatización de áreas como
educación, salud, y vivienda. Aunque se argumenta que no hubo grandes avances en la
disminución de la pobreza, se destacó la transferencia de responsabilidades del Estado a
actores privados.
Quinta Fase (1990-1995, Postdictadura y Estado Subsidiario): Con el regreso a la
democracia, los gobiernos de la Concertación continuaron el modelo subsidiario,
manteniendo las políticas sociales focalizadas y la participación de actores privados. Se
priorizó el crecimiento económico con equidad social, aumentando el gasto social y
reduciendo la pobreza, aunque el énfasis seguía en mantener la estabilidad
macroeconómica.
Los modelos de desarrollo, como el crecimiento hacia afuera, la sustitución de
importaciones y el ajuste posterior, influyeron en las políticas sociales, enfocándose en la
protección al trabajador, la creación de clase media y la inversión en capital humano. Estos
modelos implicaron diferentes paradigmas en cuanto a la gestión y enfoque de las políticas
sociales. El debate sobre el rol del Estado y los sujetos destinatarios de las políticas sociales
continúa siendo una cuestión abierta. No se ha logrado una definición clara sobre cómo
generar políticas públicas eficaces que logren mayor igualdad social. A pesar de los
avances, sigue siendo un tema presente en la agenda pública.
Los objetivos de una política social moderna incluyen invertir en el capital humano,
erradicar la pobreza y asegurar la sostenibilidad, junto con ofrecer una seguridad social
adecuada. Para ello, se necesita una gestión pública integral que garantice servicios básicos,
infraestructura y fomente la descentralización y participación de todos los actores.
Avanzar hacia una sociedad más igualitaria implica mejorar las relaciones laborales y
aumentar la inversión en educación, lo que permitirá a los trabajadores acceder a mejores
empleos y salarios. Sin embargo, el mercado laboral está segmentado, con trabajos bien
remunerados para pocos y trabajos precarios para muchos.
La educación formal es clave para mejorar los ingresos a largo plazo y reducir la
desigualdad, especialmente en los sectores más pobres. A pesar de que la inversión en
educación tendrá efectos a mediano y largo plazo, se plantea que el Estado debe actuar para
garantizar la equidad y una distribución más justa del ingreso.

LA POLITICA SOCIAL EN EL MARCO DE LOS ESTADOS DE BIENESTAR


La política social, dentro de los estados de bienestar, busca la (re)distribución de los
recursos sociales a través de la provisión pública de bienes y servicios para proteger a la
población frente a riesgos sociales y vitales. Desde la segunda posguerra, los estados de
bienestar han sido característicos de los países más desarrollados, promoviendo la
expansión de los derechos ciudadanos en el ámbito social. Este modelo se basa en la
movilización política y en acuerdos sociales y políticos que buscan equilibrar el
crecimiento económico con la igualdad social, garantizando estabilidad y legitimidad al
sistema capitalista.
Este modelo también tuvo impacto en países semiperiféricos, especialmente en América
Latina, donde se implementaron políticas de industrialización por sustitución de
importaciones. Sin embargo, a partir de la década de 1970, el modelo de bienestar universal
comenzó a enfrentar dificultades debido a la crisis del petróleo, problemas económicos y la
transformación del capitalismo industrial hacia el "Postfordismo". Este cambio estructural,
caracterizado por la innovación empresarial y la expansión del sector terciario, impulsó
medidas de desregulación económica.
En este contexto, las políticas neoliberales, que incluyeron privatizaciones y una mayor
mercantilización, llevaron al debilitamiento de los modelos de bienestar social. Esto resultó
en una redistribución regresiva de los ingresos, favoreciendo a los sectores privilegiados y
reduciendo la efectividad de las políticas sociales igualitarias.
DIFERENCIAS INTERNACIONALES EN LOS MODELOS DE POLÍTICA
SOCIAL
La investigación comparada sobre los estados de bienestar revela una diversidad de
modelos de política social que combinan democracia política, mercado y cohesión social,
adaptados a las configuraciones del capitalismo global. G. Esping-Andersen clasifica estos
modelos en tres tipos principales:
 Capitalismo liberal: Se caracteriza por una alta mercantilización y el mercado
como principal proveedor de bienes y servicios. El modelo neoliberal reduce las
políticas sociales universales, optando por un sistema residual que selecciona y
focaliza el gasto social.
 Estado de bienestar conservador-corporativo: Modelo de Europa central
(Alemania, Francia) en el que las prestaciones sociales están diferenciadas según el
estatus y condición de la fuerza laboral. Aquí, las políticas buscan mantener las
divisiones de clase y no priorizan la liberalización del mercado.
 Estado de bienestar socialdemócrata escandinavo: El modelo más
desmercantilizado, con derechos sociales universales y un enfoque igualitario que
proporciona prestaciones públicas y universales para el bienestar de toda la
población.
 Estado de bienestar familístico mediterráneo: Característico de países como
España, Grecia e Italia, combina elementos de los modelos anteriores, con un
sistema social fragmentado y fuerte dependencia de la familia para la provisión de
servicios personales.
Esping-Andersen también menciona que, en los modelos liberales, la protección social
depende de la situación en el mercado de trabajo, lo que lleva a una mayor
individualización de los riesgos sociales. En estos sistemas, los "perdedores" del mercado
laboral reciben apoyos limitados, y el resultado es una estratificación social con distintos
grupos que dependen de la ayuda estatal o del mercado para su protección social, como
ocurre en Estados Unidos y, en menor medida, en el Reino Unido.
MODELO DE POLITICA SOCIAL CHILENO
El modelo de política social chileno, implementado desde 1990, se basa en principios
neoliberales moderados por la acción estatal, priorizando el crecimiento económico y la
exportación, mientras se enfrentan problemas como la pobreza dentro de un contexto
democrático. Este modelo busca reducir la pobreza y mejorar el equilibrio
macroeconómico.
Las políticas sociales en Chile están marcadas por focalización, donde los sectores más
pobres y vulnerables son el foco de atención, así como por la descentralización
administrativa y la privatización parcial de los servicios sociales. Estas políticas se
implementan con el apoyo de organismos como el Fondo Solidario de Inversión Social
(FOSIS), el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y el Servicio Nacional de la
Mujer (SERNAM), entre otros.
El sistema de servicios sociales en Chile se organiza de forma mixta, combinando
instituciones públicas y privadas. En educación, la cobertura ha aumentado y se ofrece a
través de tres segmentos: privado, subvencionado y municipalizado, siendo este último el
más amplio pero con menores resultados. En salud, más del 80% de la población está
cubierta por el sistema público, mientras que un 18% se adscribe a seguros privados.
En el ámbito previsional, el sistema de pensiones se organiza a través de tres pilares: el
solidario para los mayores de 65 años o con incapacidad laboral, el contributivo gestionado
por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), y un tercer pilar de ahorro
voluntario. Las AFP, al operar como inversionistas, juegan un papel clave en la economía
del país.
El modelo chileno también promueve la participación privada en los servicios sociales,
creando "cuasimercados" que estimulan la competencia entre entidades públicas y privadas,
un fenómeno extendido en América Latina. Además, se busca no solo superar la pobreza,
sino también abordar las desigualdades económicas y la discriminación sociocultural como
parte de los riesgos sociales, con el objetivo de reducir la pobreza a niveles de países
avanzados en un plazo de diez años.
POLÍTICA SOCIAL Y MODELOS DE DESARROLLO: PUNTOS DE
SATURACIÓN HISTÓRICA CHILE, 1924-2003
El análisis histórico de la política social en Chile entre 1924 y 2003 se centra en los ámbitos
de salud y educación, con el fin de reflexionar sobre la relación entre políticas sociales,
desarrollo, inclusión social y democracia. Se sostiene que las políticas sociales son
fundamentales no solo para el desarrollo económico, sino también para la inclusión de
sectores populares en estos proyectos, contribuyendo a la estabilidad social y la
democratización.
El estudio identifica tres momentos clave en la evolución de la política social en Chile:
 1924-1950: Transición del Estado liberal a un Estado asistencial, con la
implementación de políticas sociales básicas.
 1950-1973: Expansión de las políticas sociales hacia un modelo más inclusivo y
democrático.
 1973 hasta la actualidad: Reformulación del Estado hacia un modelo neoliberal,
adaptando las políticas sociales a este enfoque económico, lo que ha generado
nuevas tensiones y contradicciones.
En resumen, la política social en Chile ha jugado un papel crucial en el desarrollo, pero ha
sido limitada en su capacidad democratizadora, priorizando en ocasiones la funcionalidad
del desarrollo económico sobre la participación social.
POLITICA SOCIAL Y ESTADO DESARROLLISTA
a) Los nuevos aparatos estatales para el desarrollo.
A partir de la crisis del salitre y las altísimas tasas de mortalidad infantil, se evidenció la
precariedad social del país. El fracaso del presidente Alessandri en implementar reformas
laborales provocó una crisis que culminó con el golpe militar de 1924. Bajo presión de la
Junta Militar, se aprobaron leyes laborales y se creó un nuevo ministerio que integraba
Salud, Trabajo, Asistencia y Previsión Social, impulsado por médicos y militares como un
proyecto de “salvación nacional”.

Se fundó la Caja del Seguro Obrero Obligatorio y se impulsó la salud pública como deber
del Estado. Sin embargo, el movimiento obrero rechazó este modelo por quitarle autonomía
y controlar sus recursos. Se implementó también una estrategia pedagógica con la creación
de la Escuela de Servicio Social.
Durante el gobierno de Carlos Ibáñez (1927-1931), se consolidó un Estado asistencial y
desarrollista con la creación de múltiples instituciones y empresas públicas, financiadas en
parte por créditos e inversión estadounidense. Este modelo impulsó la modernización del
Estado y la economía nacional, centralizando la política social y productiva bajo control
estatal.
b) Política sanitaria y medicina preventiva.
Durante los años 30, la política sanitaria en Chile adoptó un enfoque preventivo, con el
objetivo de mejorar la salud y productividad de la población, especialmente de la clase
trabajadora. El país se dividió en Zonas Sanitarias bajo control estatal, debilitando la
autonomía municipal. Las enfermedades sociales como la tuberculosis, la sífilis y la
gonorrea eran una gran preocupación, asociadas al deterioro de la fuerza laboral.
En 1937, el ministro Cruz Coke impulsó un ambicioso proyecto de Ley de Medicina
Preventiva, que buscaba evitar enfermedades mediante vigilancia médica y jornadas de
reposo preventivo para trabajadores, financiadas por empleadores y fondos previsionales.
Este enfoque formaba parte de un modelo de desarrollo nacional impulsado por el Frente
Popular, que entendía al trabajador como ser humano con derecho al bienestar. La Caja del
Seguro Obrero Obligatorio se convirtió en eje de esta política social, destinada no sólo a
restaurar la fuerza laboral, sino a democratizar la economía mediante una redistribución de
la riqueza y el impulso del capital social. Sin embargo, el proyecto enfrentó tensiones por
su déficit estructural y las demandas de mayor democratización por parte del movimiento
obrero.
c) La política educativa y el desarrollo. Fundaciones y contradicciones
Durante el gobierno de Ibáñez (1927), se impulsó una reforma educativa nacionalista
orientada a modernizar el país y educar al pueblo. Se creó la Superintendencia de
Educación y el Ministerio de Educación, con principios centrados en la salud infantil, el
trabajo manual, la educación cívica y la participación comunitaria. La reforma combinaba
un enfoque disciplinador (patria, raza, orden) con otro democratizador (escuela nueva,
participación docente y comunitaria). También se impulsaron políticas de bienestar escolar,
como alimentación, salud y asistencia, para garantizar la permanencia de niños en la
escuela. Sin embargo, Ibáñez revirtió las reformas por presiones conservadoras, aunque
quedaron instituciones educativas y asistenciales.
Ya en 1939, bajo el Frente Popular, se intentó democratizar aún más la educación para
reducir el analfabetismo y la deserción escolar. Se aumentó el presupuesto, se crearon más
escuelas y becas, y se aplicaron medidas sociales como desayuno escolar y ropa. Sin
embargo, la pobreza, el trabajo infantil y el abandono dificultaban los logros educativos. En
1947, se estableció la responsabilidad de los municipios en la alimentación escolar,
supervisada por el Estado.
POLÍTICA SOCIAL, REFORMA Y TRANSFORMACIÓN ESTRUCTURAL. 1950-
1973
Entre 1950 y 1973, la política social en Chile entró en crisis: era poco inclusiva, no lograba
integrar a gran parte de la población al desarrollo y comenzaba a mostrar límites en su
capacidad operativa y política. Esto llevó a la necesidad de transformar los mecanismos del
Estado. Además, hubo un giro internacional hacia políticas más inclusivas y una creciente
presión social interna —protestas, huelgas, tomas de terreno, creación de la CUT— que
evidenciaban las contradicciones del modelo de desarrollo chileno. La economía, basada en
enclaves mineros y coyunturas externas, mostraba signos de agotamiento, reflejados en la
caída del crecimiento del PNB.
a) La política educacional como vía a la democracia
Durante la década de 1950, el sistema educacional chileno entró en crisis. El crecimiento
demográfico y el interés de la clase trabajadora por la educación como vía de movilidad
social generaron una alta demanda que el Estado no pudo satisfacer. En 1952, cerca del
40% de los niños en edad escolar quedó sin matrícula. A esto se sumaba la pobreza urbana
y la desnutrición infantil, lo que reflejaba una crítica situación social. El Director de
Educación Primaria, Humberto Vivanco, advirtió que esta situación comprometía la
democracia chilena, ya que la educación primaria era clave para formar ciudadanos.
Propuso un Plan de Acción Inmediata que asegurara acceso a la educación y alimentación
para los niños pobres.
El gobierno de Carlos Ibáñez (1952–58) respondió creando nuevas instituciones, como la
Junta Nacional de Auxilio Escolar (JUNAE), que centralizó la asistencia escolar y enfrentó
la desnutrición infantil con ayuda de fondos públicos, cooperación internacional y recursos
como la leche importada de [Link]. No obstante, los problemas persistieron debido a la
inflación, la falta de recursos sostenidos y la escasa cobertura para los niños fuera del
sistema escolar. A pesar del aumento del gasto público en educación, la expansión del
sistema favoreció al sector privado y a las clases más acomodadas. La deserción escolar,
especialmente en la educación primaria, seguía siendo el mayor desafío, en un contexto de
profunda inequidad. Según Aníbal Pinto, esto reflejaba una estructura social excluyente que
hacía del sistema educativo un instrumento de reproducción de la desigualdad. Desde una
perspectiva desarrollista, como la de la CEPAL y autores como Jorge Ahumada, se
consideraba que la educación debía reformarse estructuralmente para responder a las
demandas de una sociedad moderna e industrializada. La persistencia del analfabetismo y la
baja escolaridad promedio revelaban la necesidad de un rol más activo del Estado en la
planificación y reforma del sistema educativo.
b) La salud como política democrática
El proyecto de Servicio Nacional de Salud (SNS) propuesto por Salvador Allende en 1950,
como Ministro de Salubridad, fue aprobado por unanimidad en 1952, ampliando la
cobertura de la seguridad social en Chile. La ley del SNS buscaba centralizar la atención
médica a través de un sistema coordinado que cubriera a los trabajadores y sus familias en
todo el país. El proyecto tenía como objetivo no solo mejorar la salud pública, sino también
promover la justicia social y proteger el capital humano, es decir, la fuerza laboral del país.
Este avance en salud se dio en el contexto del proceso industrializador de Chile, que estaba
tomando fuerza desde los años 30, y que impulsó la expansión de la clase obrera. El
gobierno también propuso reformar el sistema de salud mediante un modelo de bienestar
social, en el cual el Estado, la clase trabajadora y la burguesía industrial cooperaban para
financiar y administrar el sistema de salud.
El nuevo modelo también incorporaba a los empleados al sistema de salud, aunque de
manera diferenciada. En la década de 1960, Chile logró avances significativos en cobertura
de salud y en indicadores sanitarios. Sin embargo, el sistema mostraba desigualdades
internas, lo que llevó al gobierno de Salvador Allende a intentar reformar el SNS en 1971,
buscando integrar a todos los trabajadores en un solo sistema de salud nacional, con una
distribución más equitativa de los recursos. Esto generó oposición, especialmente por parte
del Colegio Médico, y provocó una serie de tensiones políticas.
El gobierno de Allende también impulsó una política de participación comunitaria,
promoviendo la integración de las organizaciones sociales y de salud en la toma de
decisiones. Creó consejos locales de salud en cada establecimiento del SNS, los cuales
incluían a representantes del pueblo, trabajadores y autoridades locales, para asegurar que
las necesidades de salud de la comunidad fueran abordadas de manera eficiente y
participativa. Además, las brigadas de salud fueron fundamentales para implementar
programas de prevención y mejorar las condiciones de vida de las comunidades más
vulnerables.
DICTADURA, NEO-LIBERALISMO, DEMOCRACIA Y POLÍTICA SOCIAL
(SEPTIEMBRE 1973-1990)
Tras el golpe de Estado en Chile en 1973, se implementaron tres procesos clave en las
políticas sociales: la eliminación del poder democrático en las instituciones de salud y
educación, la reducción drástica del gasto social mediante un shock económico que excluyó
a sectores populares, y la transformación hacia un modelo neoliberal en el que el Estado
pasó a ser un instrumento del empresariado.
En los años 80, se intentó hacer que las políticas sociales apoyaran el modelo económico
neoliberal, llevando a la segmentación de las clases sociales y la reclusión de los pobres en
sus territorios, donde se aplicaron políticas sociales focalizadas. A pesar de la represión,
surgieron iniciativas solidarias autogestionadas por los sectores populares, apoyadas por
grupos eclesiásticos y profesionales.
El gobierno de la Concertación (1990-2003) intentó promover el "crecimiento con
equidad", pero surgieron dudas sobre si las reformas y el aumento del gasto social podían
realmente generar equidad, o si solo reforzaban las estructuras neoliberales que perpetúan
la desigualdad.
Política educacional y modelo neoliberal
Durante el régimen militar en Chile, la política educativa se centró en eliminar las
organizaciones estudiantiles y en imponer una educación alineada con el sistema autoritario
y neoliberal. La educación se convirtió en un mercado, donde los estudiantes eran
considerados "clientes" y el Estado debía subsidiar el funcionamiento de este mercado,
minimizando su rol como "Estado-docente". A pesar de la implementación de subsidios por
asistencia, la deserción escolar fue alta, alcanzando un 44.5% en 1975.
En 1981, la reforma educativa buscó privatizar la enseñanza, transfiriendo las escuelas
públicas a los municipios. Esto redujo la deserción escolar básica a un 10% a finales de los
80. Tras la vuelta a la democracia, la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (LOCE)
continuó con la privatización, reduciendo el rol del Estado en la educación.
Durante los gobiernos de la Concertación (1990-2003), aunque se logró una cobertura casi
total en educación básica, persiste la deserción escolar en la enseñanza media,
especialmente entre los jóvenes pobres. En respuesta, se implementaron políticas para
reducir la deserción y mejorar el acceso, incluyendo becas y programas de reinserción
escolar. Sin embargo, la deserción sigue reflejando las desigualdades sociales, con factores
como problemas económicos familiares y falta de identificación con los objetivos
educativos.
El sistema universitario experimentó un crecimiento significativo, pero la contradicción
entre la alta deserción escolar media y la creciente presión por ingresar a la universidad
sigue siendo un desafío. Para lograr una verdadera movilidad social y equidad, se requiere
una reforma integral que considere todos los niveles educativos.
Política de salud en el neoliberalismo
La política de salud durante el régimen neoliberal en Chile implicó una drástica reducción
del gasto público en salud, pasando de 26,1 dólares por habitante en 1972 a 12,8 dólares en
1976. Este cambio permitió la transferencia de recursos al sistema privado, especialmente a
través de reformas en el sistema previsional y de salud en 1980. La descentralización y
privatización de la salud se consolidó con la creación de instituciones como FONASA y las
ISAPRES, mientras el financiamiento público disminuyó, incrementando la cotización de
los trabajadores al sistema.
El modelo instauró un sistema de salud segmentado, donde los sectores más ricos accedían
a un sistema privado de salud de mayor calidad, mientras que la mayoría de la población
permanecía en el sistema público, con menores recursos. Aunque el gobierno de la
Concertación intentó aumentar los recursos fiscales para el sistema público, las diferencias
en el gasto por beneficiario persistieron.
La reforma de salud actual busca "modernizar" los servicios, aumentando la eficiencia y
flexibilizando la remuneración. Sin embargo, persisten grandes desigualdades. El modelo
neoliberal está acercándose a un punto de saturación, donde las políticas sociales
comienzan a colapsar, lo que genera la necesidad de transitar hacia un "Estado no-
neoliberal". Este nuevo modelo debe ser más inclusivo y garantizar derechos sociales,
como un sistema de salud y educación pública de calidad, para reducir las desigualdades y
proteger a los trabajadores.

También podría gustarte