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1 Cuaresma C 2025

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El desafío de esta primera semana cuaresmal consiste en vivir una

experiencia de desierto; es decir, una experiencia de encuentro con


Dios y con nosotros mismos.

SALUDO DEL PRESIDENTE

El Señor que nos llama a la conversión, esté con vosotros.

ACTO PENITENCIAL

Al comenzar esta celebración eucarística, confesamos que


somos pecadores ante Dios que nos ama y tiene piedad de
nosotros. (Instantes de silencio)

Yo confieso… Dios todopoderoso… Señor… /Erruki…

O bien:

 Bihotzak ezagutzen dituzuna. Tú, que miras nuestro corazón:


Erruki, Jauna / Señor, ten piedad.

 Jaungoiko bakarra zarana. Tú, que nos enseñas a vencer la


tentación: Kristo, erruki / Cristo, ten piedad.

 Gure zoriontasuna gura dozuna. Tú, que has vencido las


seducciones del mal: Erruki, Jauna / Señor, ten piedad.

El primer domingo de Cuaresma se dedica a recordar las tentaciones


de Jesús. Es un relato programático, para sepamos desde el primer
momento cómo orienta Jesús su actividad y los peligros que corre en
ella. Para eso, se enfrenta con Satanás, que encarna las fuerzas de
oposición al plan de Dios, y que intentará apartarlo de su camino.

Las tentaciones empalman directamente con el episodio del bautismo


y explican cómo entiende Jesús lo que dijo en ese momento la voz
del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. ¿Significa esto que
la vida de Jesús vaya a ser cómoda y maravillosa como la de un
príncipe?

1ª tentación: utilizar el poder en beneficio propio

Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de


ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en beneficio
propio. “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en
pan”. El pueblo de Israel, durante su marcha por el desierto, se quejó
de hambre, murmuró, acudió a Moisés para que resolviese el
problema. Jesús no necesita nada de eso. Es el Hijo de Dios. Puede
resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús tiene
aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló
durante años: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.
La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que
resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente
de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la
confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de
forma casi subliminar, es esa visión amplia y profunda de la vida
como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se
alimenta de la palabra de Dios.

2ª tentación: Tener, aunque haya que arrastrarse

La segunda tentación no la provoca la necesidad urgente, sino el


deseo de tener todo el poder y la gloria del mundo. ¿Es esto malo,
tratándose del Mesías? Los textos proféticos y algunos Salmos
hablaban de su dominio cada vez mayor, universal, concedido por
Dios.
Pero Satanás parte de un punto de vista muy distinto, propio de la
mentalidad apocalíptica: el mundo presente es malo, no está en
manos de Dios, sino en las suyas; es él quien lo domina y entrega su
poder a quien quiere. Sólo pone como condición que se postren ante
él, que lo reconozcan como dios. Jesús se niega a ello, citando de
nuevo un texto del Deuteronomio: “Está escrito: al Señor tu Dios
adorarás, a él solo darás culto”.

El relato es tan fantástico que cabe el peligro de no advertir su


tremenda realidad. El ansia de poder y de gloria lo percibimos
continuamente, y también es clara la necesidad de arrastrarse para
conseguir ese poder. Este peligro no es solo de políticos, banqueros y
grandes empresarios. Todos nos creamos a menudo pequeños ídolos
ante los que nos postramos y damos culto.

3ª tentación: pedir pruebas que corroboren la misión


encomendada.

Esta tentación se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos


considerarla la tentación del sensacionalismo, de recurrir a
procedimientos extravagantes para tener éxito en la actividad
apostólica. La multitud congregada en el templo contempla el milagro
y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida
un detalle importante: el tentador nunca hace referencia a esa
hipotética muchedumbre, lo que propone ocurre a solas entre Jesús y
los ángeles de Dios.

Parece más exacto decir que la tentación consiste en pedir pruebas


que corroboren la misión encomendada. Es algo típico del Antiguo
Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1-7),
Gedeón (Jue 6,36-40), Saúl (1 Sam 10,2-5) y Acaz (Is 7,10-14). Como
respuesta al miedo y a la incertidumbre espontáneos ante una tarea
difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su
misión.
Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo
parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11-12 (“a sus
ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te
llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra”), el
tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del
alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios.

Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto


del Deuteronomio: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). La frase
del Deuteronomio es más explícita: “No tentaréis al Señor, vuestro
Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá”, cuando el
pueblo se queja por falta de agua para beber y pone en duda la
presencia y la protección de Dios: "¿Está o no está con nosotros el
Señor?" (v.7). Jesús confía plenamente en Dios, no quiere signos
ni los pide.

Cuando termina el relato de las tentaciones, Lucas añade que “el


tentador lo dejó hasta otro momento”. Ese momento será al final
de la vida de Jesús, cuando esté crucificado.

Nuestras tentaciones
Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y
para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud
ante las necesidades, miedos y apetencias y nuestro grado de interés
por Dios.
1) La necesidad primaria: afecto, comprensión.
2) ¿Está Dios en medio de nosotros?
3) La tentación de tener.

1ª lectura: recordar nuestra historia con gratitud


(Deuteronomio 26, 4-10)
El texto del Deuteronomio recoge la oración que pronuncia el israelita
cuando, después de la cosecha, ofrece a Dios las primicias de los
frutos. Va recordando la historia del pueblo, desde Jacob (“mi padre
era un arameo errante”), la opresión de Egipto, la liberación y el don
de la tierra. En el contexto de la cuaresma, esta lectura nos invita a
pensar en los beneficios recibidos de Dios y a ser generosos con él.
El agradecimiento a Dios es más importante incluso que la
mortificación cuaresmal.

ORACIÓN UNIVERSAL

En este tiempo de misericordia y de gracia, oremos para que el


mismo Espíritu que condujo a Jesús al desierto, nos ayude a
cada uno de nosotros y a la Iglesia a superar las tentaciones.

Señor, que una vez más nos ofreces un tiempo propicio para
recuperar el verdadero sentido de la vida y para reconciliarnos
contigo y con los hermanos; haz que todos juntos, tras las
huellas de Cristo, caminemos día tras día hacia la alegría
pascual. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendito seas, Padre, por este tiempo tan oportuno,


para la conversión y el encuentro, que Tú concedes gratis
a todos tus hijas e hijos que andamos desorientados por los caminos
de la vida.
Bendito seas, Padre, porque llamas a cada hombre y mujer,
sea cual sea su historia o su vida, a emprender cada día,
de manera más personal y consciente, su compromiso de seguir a
Jesús,
tu Hijo y nuestro Hermano.
Bendito seas, Padre, por despertarnos de nuestros dulces sueños,
tan vaporosos e infecundos, por interpelarnos en lo radical de la vida,
por liberarnos de nuestras falsas seguridades,
por poner al descubierto nuestros ídolos secretos que tanto
defendemos
e intentamos justificar.
Bendito seas, Padre, porque nos das tu Espíritu,
el único que puede convertirnos, el único que puede darnos un
corazón de hijos,
el único que puede atravesar nuestros pensamientos,
el único que puede guiarnos por la senda del Evangelio,
el único que hace posible nuestra vuelta a tu seno.
¡Bendito seas, Padre, por este tiempo tan propicio!
Ulibarri Fl.

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