Llegue a argentina hace 14 años, en 2011. No tenia ni idea de nada.
nací en Candeleda, un
municipio de la provincia de Ávila, en la comunidad autónoma de Castilla y León, España,
una ciudad de cinco mil habitantes más o menos. Un lugar muy muy chico comparado con la
grandeza del gran buenos aires. Tengo 42 años. En mi ciudad era guía turístico, me encargaba
de los paseos guiados en La comarca de Arenas de San Pedro, pero durante la crisis del 2011,
quedé en paro y comprendí que mi tiempo allí había terminado. Entonces, y después de un
tiempo de investigar, junté algo de ropa, el dinero que tenía, mi pasaporte y me vine a
argentina. El viaje fue largo y tedioso por la cantidad de conexiones y escalas que tuve que
hacer. Sin embargo, lejos de desanimarme, cada vez me sentía cada vez más emocionado. Así
fue que llegue a una ciudad enorme, llena de gente, repleta de autos, avenidas y edificios.
Lejos habían quedado las cierras y los bosques de la comarca. Pero, nada de eso me importo.
Busqué un lugar donde dormir, conseguí una habitación en una pequeña pensión muy cerca
del obelisco. La primera dificultad que me encontré fue el dinero, me costo mucho
comprender el valor de cambio de los pesos y los euros. Fue difícil habituarme a los costes de
vida en argentina, que en esa época era más barata que en España, no obstante, me encontraba
más de una vez pidiendo ayuda para comprender los tipos de cambio. Conseguir trabajo no
fue difícil. Entre en un call center, en el área de atención al cliente, lo cómico es que atendía
clientes españoles, por lo que mi acento facilitaba mucho la comunicación. No me costo nada
conseguir amigos. Si hay algo que tienen los argentinos es que son cálidos y amistosos. No
les cuesta abrirte las puertas de sus casas. Me hice de varios amigos en el trabajo. Uno de
ellos, cuando cambio de trabajo, me recomendó y me fui a trabajar con él. Allí empecé en la
consultora y me fue realmente bien. Ahí conocí a mi esposa, llevamos juntos 6 años, tenemos
un niño de 3. Argentina me ha dado muchísimo más de lo que merezco. A veces, me da
nostalgia y recuerdo mi pueblo. Me gustaría llevar a mi familia algún día, pero solo de visita.
Mi vida es acá.