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CARRERA: FORMACIÓN DOCENTE EN TEATRO

1° AÑO

1.​ Institución

Para este eje se pretende pensar a las instituciones de ayer y de hoy, recorrer su historia,

develar su estructura y ocuparnos del sufrimiento del sujeto dentro de ellas, por lo tanto,

hay que preguntarse ¿qué es una institución?

Fernández (1994) toma a la literatura para poder conocer las diferentes significaciones

del concepto institución. Este término se utiliza como “sinónimo de regularidad social,

aludiendo a leyes que representan valores sociales y pautan el comportamiento de los

individuos y los grupos, fijando sus límites” (p.26). En este sentido la familia, el

matrimonio, la propiedad privada y colectiva son instituciones. A su vez utiliza diversas

obras para definir una institución. En primer lugar, este término hace alusión a

organizaciones concretas como una escuela, una fábrica, un hospital, donde se cumplen

ciertas funciones con un propósito determinado. También se lo utiliza como sinónimo de

establecimiento, se alude a una organización con una función especializada, un espacio

propio y un conjunto de personas responsables del cumplimiento de las determinadas

tareas. Los grupos que conforman la comunidad de un establecimiento van a realizar una

versión singular de los modelos y las normas generales, para que esto se produzca toman a

las instituciones en sus modelos universales y los transforman a través de un proceso

donde van marcando significaciones, normas y valores provenientes de su historia

institucional y del modo en que responden a sus condiciones objetivas y a su vez como

esta los afecta.


Para Cueto (1999) el estudio de las instituciones como campo científico de

investigación y teorización ha encontrado desarrollos múltiples en lo que se denomina

campo de las ciencias humanas. En su libro busca definir qué es una institución,

hilvanando distintas concepciones acerca de este objeto de estudio, para esto toma

distintos autores y teorías. Comienza tomando a la sociología, quien a principios de 1900

definió a las instituciones como fijas y estables, las pensaban como sólidas, imperturbables

e inmodificables. Fairchild a través del diccionario de la sociología propone dos

definiciones, en primer lugar como una “configuración de conducta duradera, completa,

integrada y organizada, mediante la cual se ejerce el control social y por medio de la cual

se satisfacen los deseos y necesidades sociales fundamentales” o “organización de carácter

público o semipúblico que supone un cuerpo directivo y de ordinario un edificio o

establecimiento físico de alguna índole, destinada a servir algún fin socialmente

reconocido y autorizado. A esta categoría corresponden las instituciones de asilos,

universidades, orfelinatos, hospitales, etc.” (p.96).

Bleger (1966), uno de los pioneros de la psicología institucional, en su texto

Psicohigiene y Psicología Institucional afirma que toda la vida de los seres humanos

transcurre en las instituciones. El ser humano encuentra en ellas un soporte y un apoyo, así

como también seguridad de identidad o de inserción social y pertenencia, es por eso que la

institución forma parte de la personalidad “cuanto más integrada es la personalidad, menos

depende del soporte que le presta una institución dada; cuanto más inmadura, más

dependiente es la relación con la institución y tanto más difícil todo cambio de la misma o

toda separación de ella” (p.80). Las últimas van a ser las que ofrecen una resistencia al

cambio, debido a que un cambio en la institución significa al mismo tiempo cambiar su

personalidad, en su parte inmadura, la cual se encuentra inmovilizada en la rutina de los

hábitos y el automatismo. Para este autor toda institución es un medio donde los seres
humanos se pueden llegar a enriquecer o empobrecer, es lo que llama adaptación, donde se

le exige al individuo su máxima homogeneización, el sometimiento a la alienación y a la

estereotipia institucional. Kaminsky (1990) en su libro desarrolla que “las instituciones

tienen, como todo lo social, la potencia de la polifonía, el mundo de lo repetitivo” (p.10).

Pareciera que sólo fuera tolerado el ritmo de lo igual, pero este autor resalta que hasta las

instituciones más estáticas se mueven en diversos modos.

Para Kaminsky (1990) toda institución está compuesta por una organización material

(edificios o instrumentos que le son propios) y una jurídica (leyes y reglamentos).

También cuenta con un sistema de circulación y distribución de personas, donde se puede

ver que hay espacios que se utilizan para actividades formales y otras, no tan visibles,

destinadas a la producción de gestos, actitudes e ilusiones, resalta la importancia no solo

de los espacios destinados al desempeño de jefes, gerentes o secretarios sino también a las

paredes, las inscripciones en los murales y todo aquello que traspasa lo hablado, lo que es

conocido por todo, lo “obvio” institucional. Define lo “hablado” como todo lo que

podemos conocer o presuponer de una institución, esta dimensión puede asociarse al plano

de lo instituido, por lo tanto, hay que buscar trascender las formas habituales del discurso

institucional, pero esto no quiere decir que hay que prescindir de ella. Por el contrario, lo

hablante nos permite conocer otra comprensión de la institución, puede ser asociada con lo

instituyente. La dimensión de lo instituido significa algo dado, mientras que lo instituyente

no es sólo algo dado, sino que se va haciendo.

Las instituciones para este autor son procesos que se mueven, que tienen “juego” lo que

va a significar la a aparición de conflictos, desajustes, lo que presupone todo menos

armonía de algo estable y fijo, es algo que está en constante movimiento “aunque las

paredes del edificio no se muevan físicamente sí lo hacen en términos psicosociales”

(1990, p.31). El movimiento está dado por la articulación permanente entre las
dimensiones de lo instituido y lo instituyente. Afirma que “las instituciones tienen ojos, los

ojos institucionales son los grupos. A través de ellos es posible entender a los que son

objeto de ella y a los que son sujetos de la misma” (p.10). Si la institución es un proceso

en movimiento, son los grupos quienes lo pondrán en juego, por lo tanto, hablar de las

instituciones es hablar también de los grupos y para esto hay que tener en cuenta a los que

son objeto de ella y los que son sujetos de la misma. Desarrolla al grupo objeto como el

grupo sometido a las consignas instituidas, su acción es la que se espera de ellos, van

siempre al pie de la letra institucional, son quienes sostienen la jerarquización, su

verticalidad, son ''hablados" por la institución. Por otro lado, el grupo sujeto es aquel que

se propone desprenderse de lo establecido, son los "hablantes" de la institución. Este grupo

aspira a "tomar la palabra" porque en el discurso institucional siempre tienen algo que

decir., muchas veces son asociados como los "rebeldes" institucionales. Eso sí no existen

los grupos objeto o sujeto puros, Guattari (1976) explica que un grupo sometido puede

llegar a transformarse en un grupo sujeto, convirtiéndose “como a su pesar en el sujeto de

la enunciación de una lucha revolucionaria, el ‘portavoz’ de un discurso que no es el suyo”

(p.71). Para este autor los grupos son objetos en la medida que permanecen siendo objetos

de otros grupos, se encuentran sometidos, no pueden pensar ni controlar por sus propios

recursos sus implicaciones políticas y sociales. En cambio, el grupo sujeto es fundador de

sí mismo, pretenden interpretar su posición y se encuentran constituidos en una

perspectiva de lucha, buscan recuperar su ley interna, su proyecto y su acción sobre otros

grupos.

1.1.​Instituciones Educativas y sus Actores: Los Docentes

En una entrevista Fernández (2009) describe que en una escuela, como cualquier

organización, van a existir áreas cruciales en las que hay que realizar acciones porque si no
se acaba la organización: una realización del trabajo, porque si no se enseña, no se

aprende, no existe la escuela, luego el sostén de las condiciones materiales para que la

tarea pueda realizarse y por último, el sostén psíquico de los sujetos, para que puedan

realizar sus trabajos, puedan enfrentar dificultades e inventar soluciones ante nuevas

situaciones, en esas áreas cruciales las cosas pueden transcurrir sin novedad o con

dificultades.

Para la autora, como en otros escenarios de la sociedad contemporánea, la escuela

también sufre de estos derrumbamientos catastróficos en el orden simbólico de la

institución, de sus personajes y de las relaciones que los caracterizan. El maestro ya no es

el único conducto de trasmisión de información ni representa a la autoridad del saber,

como sí ocurría en el pasado.

La crisis de la educación es una crisis institucional y tiene menos que ver con las

condiciones materiales de su implementación (la administración de su ejecución

pedagógica), y más con la base instituida donde está operando la disolución de las

estructuras simbólicas de la institución misma: el lugar del maestro, los escenarios de la

trasmisión, las condiciones de los vínculos transferenciales, el sentido y la finalidad de la

educación..

Garay (1996) desarrolla que las instituciones son más que el discurso que se enuncia

sobre sí misma, estas desarrollan lógicas según la variedad de funciones que adquieran

tanto para la sociedad como para los sectores sociales que la sostienen, como así también

para los actores sociales que allí se encuentran, quienes en sus prácticas cotidianas la

constituyen, sostienen y transforman. Para cumplir con la función educativa la escuela

necesita de una articulación positiva de la relación entre el docente y el alumno lo cual es

muchos casos se hace imposible, sobre todo por cómo se encuentra organizada la función

pedagógica donde docente movido por la sola motivación del empleo y el salario trabaja
para transformar al aprendiente y el alumno movido por la evaluación y acreditación a

realizar tareas fragmentarias. Además de esta función, la escuela satisface otras:

económica, de contención psíquica, de control social, de poder y de prestigio.

Una de las características que tienen los procesos institucionales para Garay (1996) es

que se hacen visibles, en particular su registro dinámico, en momentos de crisis internas,

aparecen en espacios, en tareas o grupos fracturados. Salvo en aquellos casos donde los

conflictos se tornan manifiestos: “la cuestión institucional no se presenta como tema y

problema, sino como vivencias de la cotidianidad institucional, el trabajo, el aprendizaje,

están signados por el malestar, la insatisfacción, la improductividad” (p.132).

Los sujetos dentro de la institución viven el malestar y los conflictos con sufrimiento.

En las instituciones educativas la vivencia de malestar es intensa y se expresa en ese

fenómeno que impregna toda la tarea docente: la queja quizá cuyo contenido insiste en la

carencia, en lo que no se tiene, carencia a los recursos materiales, de contención, de

reconocimiento y afecto.

1.1 SÍNDROME DE BURNOUT

Infante (2010) plantea que la escuela se proyecta como un espacio homogéneo en

relación a las acciones y los sujetos, distanciándose significativamente de las realidades de

nuestro sistema educacional y con un énfasis implícito en ese centro normativo, describe

que desde las teorías contemporáneas del aprendizaje plantean que los profesores y

profesoras deben ser personas capaces de enseñar en contextos diversos de aprendizaje.

Este profesor o profesora en formación va construyendo su identidad profesional en base a

capacidades dirigidas a una supuesta normalidad que distan de la escuela a la que se verá

enfrentado o enfrentada, produciendo una serie de problemáticas que no es capaz de

solucionar una vez que se encuentra en ejercicio. La escuela en nuestra actualidad se


olvida del sujeto del conocimiento, del niño que es actor y artífice de todos sus

aprendizajes y de los docentes, quienes son cuestionados por sus roles y saberes lo que

ocasiona un malestar en relación con su profesión, en la actualidad definir a este malestar

como síndrome de burnout.

El primer caso reportado de síndrome de desgaste profesional en la literatura fue hecho

por Graham Greens en 1961, en su artículo “a burnout case”, narrando la historia de un

arquitecto que se siente agotado y desilusionado con su trabajo, experimentando una

profunda falta de propósito. El arquitecto, buscando escapar de la monotonía y la falta de

sentido en su vida profesional, decide abandonar su carrera y marcharse a la selva africana

para encontrar paz y un nuevo propósito., anticipando el concepto que luego sería

formalizado por Herbert Freudenberger. Luego, en 1974, el psiquiatra

germano-estadounidense Herbert J. Freudenberger realizó la primera conceptualización de

este patología, a partir de observaciones que realizó mientras trabajaba en una clínica para

toxicómanos en New York y notó que muchos de sus compañeros del equipo de trabajo,

luego de más de 10 años de trabajar, comenzaban a sufrir pérdida progresiva de la energía,

idealismo, empatía con los pacientes, además de agotamiento, ansiedad, depresión y

desmotivación con el trabajo.

Este síndrome es una patología laboral que se caracteriza por ser un tipo de estrés

psicosocial de profesionales relacionados con tareas asistenciales, en las cuales los sujetos

están fuertemente involucrados. El síndrome de burnout aparece cuando fallan las

estrategias de afrontamiento; este fallo supone sensación de fracaso profesional y de

fracaso en las relaciones interpersonales con los alumnos. En esta situación, la respuesta

desarrollada son sentimientos de baja realización personal en el trabajo y de agotamiento

emocional (Gil Montey Peiró, 1997; Gil-Monte, Peiró y Valcárcel, 1998). Mslach (1982)

dentro del síndrome de burnout describe sus efectos. En primer lugar nombra los efectos
físicos donde se presencia un agotamiento físico, crónico que provoca que se haga difícil

enfrentar el día a día. El cansancio se origina de la tensión diaria y esto puede inducir que

se presenten enfermedades frecuentes como resfríos o dolores de cabezas sin razón

aparente. En segundo lugar los efectos patológicos donde es frecuente que los

profesionales se encuentran incómodos con el trabajo que están desempeñando, se alejan

de los demás. La irritabilidad es otro factor que puede surgir ante cualquier situación que

cause frustración. Por último se encuentran los efectos en el ámbito laboral donde más se

puede reflejar las consecuencias de vivir con el síndrome de deterioro. La calidad de

trabajo disminuye, existe baja motivación y alta frustración, falta de empatía. Se realiza un

trabajo rutinario y no se realizan innovaciones, hacen lo mínimo que pueden y en muchas

ocasiones no se hace nada. A medida que avanza el deterioro también aumenta el maltrato

a los usuarios, etiqueta ándolos por sus problemas, tratándose de manera poco sensible. Se

evaden algunas tareas o tratan de pasar el menor tiempo posible con ellos. Otra forma es

tener el mínimo contacto visual o corporal con el otro e incluso se actúa como si el otro no

estuviese presente, aunque lo esté. Las horas de café o de descanso se prolongan y el

tiempo de ir a casa se acelera.

Desde una perspectiva psicoanalítica Cordie (1998) comprende el malestar docente

como una fobia “la fobia es un miedo, pánico, desencadenado por un objeto o situación

que actúa como señal de angustia” (p.20). Expresa que estos objetos concentran toda la

problemática del sujeto. Cuando el docente expresa el porqué de su evitamiento a la

situación de la clase aparece, en primer lugar, el sentimiento de ser incapaz de asumir con

demasiadas responsabilidades. Cordie observa que esta impresión deriva de una gran

culpabilidad en este sujeto. Aparece el miedo, la incapacidad, la impotencia, el

sentimiento de estar desbordado y sobre todo de no ser comprendido y sostenido por las

instituciones. Al docente se le exige que deba concurrir a la escuela, que debe enseñar y
tener éxito y su fracaso parece ser una herida narcisista con todas las consecuencias

psíquicas que esto conlleva.

APORTES CLÍNICOS A TENER EN CUENTA

El punto crítico hacia donde parecen conducir estas cuestiones es una dicotomía entre

operar eficazmente o padecer; los autores hablan de técnicas de afrontamiento

individuales, grupales y organizacionales como una alternativa. La posibilidad de disponer

de espacios donde decir el malestar que produce la tarea en la propia subjetividad del

profesional, establece no sólo la disminución de la angustia o ansiedad implicadas, sino

que condiciona su realización. Los espacios de intercambio, de contención, pueden estar

formalmente instituidos entre las actividades programadas integrando el funcionamiento

de servicios o equipos, o configurarse espontáneamente respondiendo a necesidades

diversas y en la recurrencia a una modalidad de asistencia. Entre las instancias no

formales, la interacción afectuosa real al interior de cualquier equipo de trabajo, donde

esta categoría no se detenga en la enunciación o la reunión en un mismo espacio, resulta

altamente condicionante de las posibilidades de afrontar o evitar estados de burnout, y de

trabajar el malestar, conflicto y crisis institucional.

Todas aquellas cuestiones que no son dichas en la organización, son “actuadas”; por

tanto el malestar y el conflicto no trabajados se actúan y esto repercute en contra del

funcionamiento institucional y de las propias condiciones de trabajo.


Bibliografía

Bleger, J. (1966). Psicohigiene y Psicología Institucional. Buenos Aires. Argentina: Paidós.

Cueto, A. M. (1999). Grupos, instituciones y comunidades. Buenos Aires. Argentina: Lugar.

(26 de septiembre de 2015). "Análisis Institucional" Lidia Fernández. Obtenido de

https://www.youtube.com/watch?v=E1SD3yb4Z0E&t=81s

Guattari, F. (1976). Psicoanálisis y transversalidad. Buenos Aires: Siglo veintiuno.

Infante, M. (2010). Desafíos a la formación docente: inclusión educativa. Estudios

pedagógicos (Valdivia), 36(1), 287-297.

Kaes, R. y. (1989). La institución y las instituciones: estudios psicoanalíticos. . Buenos Aires.

Argentina: Paidós.

Kaminsky, G. (1990). Dispositivos institucionales. Buenos Aires. Argentina: Lugar.

Lidia, F. (1994). Instituciones educativas: dinámicas institucionales en situaciones críticas.

Buenos Aires. Argentina: Paidós.

Melera, G. (2013). Una mirada desde la Psicología Institucional Psicoanalítica". Obtenido

de www.psi.uba.ar

Morales Muciño, M. R. (2007). Factores asociados al síndrome de deterioro en maestros de

educación especial (Master's thesis, Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Departamento de Psicología).

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