Había una vez una pequeña oruga llamada Oli que vivía en un jardín lleno de flores de todos
los colores. Oli era muy curiosa y siempre quería saberlo todo: cómo crecían las hojas, por qué
el sol salía cada día y cómo volaban las mariposas. Todos los días se arrastraba lentamente
sobre las hojas, observando cada detalle y haciendo preguntas a los animales del jardín.
Un día, Oli vio a las mariposas volando por el aire y se quedó maravillada:
—¡Qué lindo es volar! —exclamó—. ¿Algún día yo también podré volar?
La vieja mariquita, que había visto muchas estaciones pasar, le respondió:
—Paciencia, pequeña Oli. Todo llega a su tiempo. Primero debes aprender y crecer, luego
ocurrirá algo maravilloso.
Oli decidió seguir su consejo y pasó los días explorando cada rincón del jardín. Aprendió a
trepar ramas, a balancearse en las hojas con el viento y a esquivar gotas de lluvia. Conoció
hormigas trabajadoras, sapos saltarines y pájaros cantores, quienes le enseñaron muchas
cosas sobre el mundo.
Pero Oli siempre soñaba con volar. Cada noche miraba la luna y se decía:
—Algún día veré el jardín desde el cielo.
Un día, sintió un cambio extraño en su cuerpo. Se sintió cansada y decidió descansar en una
hoja grande. Comenzó a tejer un capullo brillante a su alrededor. Oli dormía mucho, y mientras
dormía, su cuerpo comenzaba a transformarse. Pasaron los días, y dentro de su capullo, Oli
creció y cambió de formas misteriosas, preparándose para algo nuevo.
Finalmente, llegó el día en que rompió el capullo. Oli abrió sus alas por primera vez y se dio
cuenta de que ahora era una hermosa mariposa. Sus alas brillaban con colores que nunca
había visto antes: azules, naranjas y violetas. Cuando empezó a volar, sintió el viento
acariciarle las alas y vio el jardín desde lo alto. Todo parecía pequeño, pero hermoso y lleno de
vida.
Oli comprendió que todo esfuerzo, paciencia y aprendizaje habían valido la pena. No solo
había logrado volar, sino que ahora podía explorar el mundo desde una nueva perspectiva,
llena de libertad y alegría.
Y así, Oli la oruga curiosa se convirtió en una mariposa valiente, enseñando a todos los que la
conocían que los cambios pueden ser difíciles, pero siempre traen cosas maravillosas.