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Rerum Novarum

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CELAFOM - DSI

“Rerum Novarum”
INTRODUCCIÓN
Como respuesta a la primera cuestión social, León XIII promulga la primera encíclica
social, la « Rerum novarum (RN) » (“sobre las cosas nuevas, o podría traducirse
también “sobre lo que está sucediendo”). RN examina la condición de los trabajadores,
especialmente penosa para los obreros de la industria, afligidos por la miseria.
La cuestión obrera es estudiada en todas sus articulaciones sociales y políticas, para ser
evaluada adecuadamente a la luz de los principios doctrinales fundados en la
Revelación, en la ley y en la moral naturales.
La « Rerum novarum » enumera los errores que provocan el mal, el pecado en las
estructuras sociales, excluye el socialismo como remedio y expone, precisándola y
actualizándola, la mirada desde el Evangelio sobre el trabajo, sobre el derecho de
propiedad, sobre el principio de colaboración contrapuesto a la lucha de clases como
medio fundamental para el cambio social, sobre el derecho de los débiles, sobre la
dignidad de los pobres y sobre las obligaciones de los que tienen más recursos, sobre el
perfeccionamiento de la justicia por la caridad, sobre el derecho a tener asociaciones
profesionales ».
La « Rerum novarum » se ha convertido en el documento inspirador y de referencia de
la actividad cristiana en el campo social. El tema central de la encíclica es la
instauración de un orden social justo, en vista del cual se deben identificar los criterios
de juicio que ayuden a valorar los ordenamientos socio-políticos existentes y a
proyectar líneas de acción para su oportuna transformación (Compendio de la
doctrina social de la Iglesia, n. 89).
La RN afrontó la cuestión obrera con un método que se convertirá en un paradigma
permanente para el desarrollo sucesivo de la DSI. Los principios afirmados por León
XIII serán retomados y profundizados por las encíclicas sociales sucesivas. Toda la DSI
se podría entender como una actualización, una profundización y una expansión
del núcleo originario de los principios expuestos en la RN. Con este texto, valiente y
clarividente, el Papa León XIII confirió a la Iglesia una especie de "carta de
ciudadanía" respecto a las realidades cambiantes de la vida pública y escribió unas
palabras decisivas, que se convirtieron en un elemento permanente de la doctrina
social de la Iglesia, afirmando que los graves problemas sociales podían ser resueltos
solamente mediante la colaboración entre todas las fuerzas y añadiendo también que
por lo que se refiere a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto ella regateará su
esfuerzo (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 90).
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ALGUNOS PUNTOS CLAVE DE LA RN

o La propiedad privada

El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del
género humano, no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues
se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que
su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que
habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la
industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo demás, a
pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a
la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con
lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el
trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de
procurarse la comida y el vestido está en el trabajo, el cual, rendido en el fundo
propio o en un oficio mecánico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa
que los múltiples frutos de la tierra o algo que cambia por ellos. Con lo que de
nuevo viene a demostrarse que las posesiones privadas son conforme a la
naturaleza.
Rerum Novarum, nn. 6-7
o La familia

Al igual que el Estado, según hemos dicho, la familia es una verdadera sociedad,
que se rige por una potestad propia, esto es, la paterna. Por lo cual, guardados
efectivamente los límites que su causa próxima ha determinado, tiene ciertamente la
familia derechos “por lo menos” iguales que la sociedad civil para elegir y aplicar
los medios necesario en orden a su protección y justa libertad. Y hemos dicho “por
lo menos” iguales, porque, siendo la familia lógica y realmente anterior a la
sociedad civil, se sigue que sus derechos y deberes son también anteriores y más
naturales. Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia
y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda,
un cercenamiento de sus derechos más bien que la tutela de los mismos, la sociedad
sería, más que deseable, digna de repulsa.
Rerum Novarum, n. 9
o Deberes de los patronos

De estos deberes, los que corresponden a los proletarios y obreros son: Los deberes
de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos,
como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama
el carácter cristiano. Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a
la filosofía cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en
cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e
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inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más


que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí. E igualmente se manda que se
tengan en cuenta las exigencias de la religión y los bienes de las almas de los
proletarios. Por lo cual es obligación de los patronos disponer que el obrero tenga un
espacio de tiempo idóneo para atender a la piedad, no exponer al hombre a los
halagos de la corrupción y a las ocasiones de pecar y no apartarlo en modo alguno
de sus atenciones domésticas, y de la afición al ahorro. Tampoco debe imponérseles
más trabajo del que puedan soportar sus fuerzas ni de una clase que no está
conforme con su edad y su sexo.
Rerum Novarum, n. 15
o Salarios justos

Pero entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada
uno lo que sea justo. Cierto es que para establecer la medida del salario con
justicia hay que considerar muchas razones; pero generalmente tengan presente
los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los
desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena, no lo permiten ni las leyes
divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran
crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. “He aquí que el salario
de los obreros... que fue defraudado por vosotros, clama; y el clamor de ellos ha
llegado a los Oídos del Dios de los ejércitos” (Jas 5, 4). Por último, han de evitar
cuidadosamente los ricos perjudicar en lo más mínimo, los intereses de los
proletarios ni con violencia, ni con engaños, ni con artilugios usurarios; tanto
más cuanto que no están suficientemente preparados contra la injusticia y el
atropello, y, por eso mismo, mientras más débil sea su economía, tanto más debe
considerarse sagrada.
Rerum Novarum, n. 15
o Destino universal de los bienes

Poseer bienes en privado, según hemos dicho poco antes, es derecho natural del
hombre; y usar de este derecho sobre todo en la sociedad de la vida, no sólo es
lícito, sino incluso necesario en absoluto. “Es lícito que el hombre posea cosas
propias. Y es necesario también para la vida humana” (Santo Tomás de Aquino,
STh, II-II, 66, 2, c). Y si se pregunta cuál es necesario que sea el uso de los
bienes. La Iglesia responderá sin vacilación alguna: “En cuanto a esto, el hombre
no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes, es
decir, de modo que las comparta fácilmente con otros en sus necesidades” (Santo
Tomás de Aquino, STh, II-II, 66, 2, c). De donde el Apóstol dice: “Manda a los
ricos de este siglo... que den, que compartan con facilidad” (Lc 11, 41). A nadie
se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los
suyos; ni siquiera a dar a otro lo que Él mismo necesita para conservar lo que
convenga a la persona, a su decoro: “Nadie debe vivir de una manera
inconveniente”. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al
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decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. “Lo que sobra,
dadlo de limosna” (Hech 20, 25). No son éstos, sin embargo, deberes de justicia,
salvo en los casos de necesidad extrema, sino de caridad cristiana, la cual
ciertamente no hay derecho de exigirla por la ley. Pero antes que la ley y el
juicio de los hombres están la ley y el juicio de Cristo Dios, que de modos
diversos y suavemente aconseja la práctica de dar: “Es mejor dar que recibir”, y
que juzgará la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a Él en
persona: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me
lo hicisteis” (Mt 25, 40). Todo lo cual se resume en que todo el que ha recibido
abundancia de bienes, sean éstos del cuerpo y externos, sean del Espíritu, los ha
recibido para perfeccionamiento propio y, al mismo tiempo, para que, como
ministro de la Providencia divina, los emplee en beneficio de los demás. “Por lo
tanto, el que tenga talento, que cuide mucho de no estarse callado; el que tenga
abundancia de bienes, que no se deje entorpecer para la largueza de la
misericordia; el que tenga un oficio con que se desenvuelve, que se afane en
compartir su uso y su utilidad con el prójimo” (San Gregorio
Magno, Evangelium Homiliae, 9, 7).
Rerum Novarum, n. 17
o El escándalo de la pobreza

Los que, por el contrario, carezcan de bienes de fortuna, aprendan de la Iglesia


que la pobreza no es considerada como una deshonra ante el juicio de Dios y que
no han de avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con su trabajo. Y esto
lo confirmó realmente y de hecho Cristo, Señor nuestro, que por la salvación de
los hombres “se hizo pobre siendo rico” (2 Cor 8, 9); y, siendo Hijo de Dios y
Dios Él mismo, quiso, con todo, aparecer y ser tenido por hijo de un artesano, ni
rehusó pasar la mayor parte de su vida en el trabajo manual. ¿No es acaso éste el
artesano, el hijo de María? (Mc 6, 3) Contemplando lo divino de este ejemplo, se
comprende más fácilmente que la verdadera dignidad y excelencia del hombre
radica en lo moral, es decir en la virtud; que la virtud es patrimonio común de
todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el
premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las
virtudes y de los méritos, sean éstos de quienes fueren. Más aún, la misma
voluntad de Dios parece más inclinada del lado de los afligidos, pues Jesucristo
llama felices a los pobres, invita amantísimamente a que se acerquen a Él, fuente
de consolación, todos los que sufren y lloran, y abraza con particular caridad a
los más bajos y vejados por la injuria. Conociendo estas cosas, se baja
fácilmente el ánimo hinchado de los ricos y se levanta el deprimido de los
afligidos; unos se pliegan a la benevolencia, otros a la modestia. De este modo,
el pasional alejamiento de la soberbia se hará más corto y se logrará sin
dificultades que las voluntades de una y otra clase, estrechadas amistosamente
las manos, se unan también entre sí.
Rerum Novarum, nn. 18-19
CELAFOM - DSI

o Caridad y opción preferencial por los pobres

Hoy ciertamente son muchos los que, como en otro tiempo hicieran los gentiles,
se propasan a censurar a la Iglesia esta tan eximia caridad, en cuyo lugar se ha
pretendido poner la beneficencia establecida por las leyes civiles. Pero no se
encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se
entrega toda entera a sí misma para utilidad de las demás. Tal virtud es exclusiva
de la Iglesia, porque, si no brotara del sacratísimo corazón de Jesucristo, jamás
hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia.
Rerum Novarum, n. 22
o El Estado del bienestar

No es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos


por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta
donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria de nadie. No obstante,
los que gobiernan deberán atender a la defensa de la comunidad y de sus
miembros. De la comunidad, porque la naturaleza confió su conservación a la
suma potestad, hasta el punto que la custodia de la salud pública no es sólo la
suprema ley, sino la razón total del poder; de los miembros, porque la
administración del Estado debe tender por naturaleza no a la utilidad de aquellos
a quienes se ha confiado, sino de los que se le confían, como unánimemente
afirman la filosofía y la fe cristiana.
Rerum Novarum, n. 26
o Huelga

El trabajo demasiado largo o pesado y la opinión de que el salario es poco dan


pie con frecuencia a los obreros para entregarse a la huelga y al ocio voluntario.
A este mal frecuente y grave se ha de poner remedio públicamente, pues esta
clase de huelga perjudica no sólo a los patrones y a los mismos obreros; sino
también, al comercio y a los intereses públicos; y como no escasean la violencia
y los tumultos, con frecuencia ponen el peligro la tranquilidad pública. En lo
cual lo más eficaz y saludable es anticiparse con la autoridad de las leyes e
impedir que pueda brotar el mal, removiendo a tiempo las causas de donde
parezca que habría de surgir el conflicto entre patronos y obreros.
Rerum Novarum, n. 29
o Salarios pactados

Atacamos aquí un asunto de la mayor importancia, y que debe ser entendido


rectamente para que no se peque por ninguna de las partes. A saber, que es
establecida la cuantía del salario por libre consentimiento, y según eso, pagado
el salario convenido, parece que el patrono ha cumplido su parte y que nada más
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debe. Que procede injustamente el patrón sólo cuando se niega a pagar el sueldo
pactado, y el obrero sólo cuando no rinde el trabajo que se estipuló; que en estos
casos es justo que intervenga el poder político, pero nada más que para poner a
salvo el derecho de cada uno.
Rerum Novarum, n. 32
o Salario suficiente

Pase, pues, que obrero y patrono están libremente de acuerdo sobre lo mismo, y
concretamente sobre la cuantía del salario; queda, sin embargo, latente siempre
algo de justicia natural superior y anterior a la libre voluntad de las partes
contratantes, a saber; que el salario no debe ser en manera alguna insuficiente
para alimentar a un obrero frugal y morigerado. Por tanto, si el obrero, obligado
por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no
queriéndola, una condición más dura, porque la imponen el patrono o el
empresario, esto es ciertamente soportar una violencia, contra la cual reclama la
justicia.
Rerum Novarum, n. 32
Derechos humanos
Ahora bien, aunque las sociedades privadas se den dentro de la sociedad civil y sean
como otras tantas partes suyas, hablando en términos generales y de por sí, no está en
poder del Estado impedir su existencia, ya que el constituir sociedades privadas es
derecho concedido al hombre por la ley natural, y la sociedad civil ha sido constituida
para garantizar el derecho natural y no para conculcarlo; y, si prohibiera a los
ciudadanos la constitución de sociedades, obraría en abierta pugna consigo misma,
puesto que tanto ella como las sociedades privadas nacen del mismo principio: que los
hombres son sociables por naturaleza.

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