Lengua castellana y literatura Tema 9
TEMA 9.
EL ESPAÑOL DE AMÉRICA.
EL ESPAÑOL EN EL MUNDO:
SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS DE
DIFUSIÓN.
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INTRODUCCIÓN:
(Se puede poner aquí cualquier tipo de introducción referente a la diversidad del castellano o de las lenguas y la
importancia de su comprensión para el estudio del tema)
Para comprender el concepto de Español de América y afrontar su posterior estudio hay que partir del hecho de
que cuando los conquistadores desembarcaron en América en 1492 había unos doce millones de habitantes que hablaban
más de cien familias distintas de lenguas amerindias. La mayor parte de estas lenguas han desaparecido, dejando rastros,
especialmente léxicos, en el español de América. No obstante, el número de lenguas y variantes lingüísticas amerindias es
elevadísimo. Si bien, es verdad que en la actualidad se hablan junto al español en muchas zonas, de hecho en la actualidad
se habla castellano en 19 repúblicas americanas. La pervivencia de este grupo de lenguas es, con todo, bastante diversa.
Las lenguas indígenas de mayor vitalidad hoy en día, son, entre otras, el náhuatl (en México con 1.400.000 hablantes), el
maya (en la península del Yucatán y Guatemala, 750.000), el quechua (en el área neoandina: Perú, Bolivia y Ecuador con
10.000.000 de hablantes) y el araucano (Chile, 440.000). Curioso es el caso del guaraní, en Paraguay (4.600.000), que ha
gozado de una situación de relativa igualdad respecto del español.
Las primeras lenguas con las que se encontraron los pobladores pertenecían a la familia del araucano que se
hablaba en las Antillas. Desde 1493, los españoles permanecen principalmente en esa zona, de ahí que se hable del periodo
antillano, tan importante para la historia de la lengua del español de América. El proceso por el que se traspasó a América,
le lengua, el sistema político, la religión, los moldes de vida y las costumbres, en suma, la cultura española, recibe el
nombre de hispanización.
Su definición y el concepto de uniformidad:
Fontanella en El español de América define el español americano como el conjunto de variedades del español
habladas en América, que comparten una historia común, por tratarse de una lengua transplantada a partir de un proceso de
conquista y colonización del territorio americano.
Rafael Lapesa, en “El andaluz y el español de América” en Estudio de Historia de lingüística española, habla en
este sentido de uniformidad: “aunque no exista uniformidad lingüística en Hispanoamérica, la impresión de comunidad
general no está injustificada: sus variedades son menos discordantes entre sí que los dialectalismos peninsulares, y poseen
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menor arraigo histórico. Mientras las diferencias lingüísticas de dentro de España han tenido en ella su cuna y su ulterior
desarrollo, el español de América es una lengua extendida por la colonización; y ésta se inició cuando el idioma ya había
consolidado sus caracteres esenciales…”
La diversidad resultante se puede explicar, entre otras razones, por la diversa procedencia de los colonizadores,
“gente de abigarrada procedencia y desigual cultura” en palabras de Lapesa (esto es, hablaban una variedad de español
diferenciada). El español se topó con la diversidad lingüística y cultural del elemento indígena que lo aprendió con la
inevitable introducción de rasgos de su lengua. Se le suma que no todas las zonas de América se poblaron al mismo tiempo
(pensemos en las Antillas frente al Río de la Plata), ni ese proceso fue emprendido directamente siempre desde España,
pues se pudo poblar desde zonas previamente conquistadas. Además, debe atenderse al contacto que la zona en cuestión
mantuvo con la metrópoli (en este sentido se ha convertido en algo común diferenciar las zonas costeras, que mantuvieron
lazos más estrechos desde el primer momento con las embarcaciones procedentes especialmente de los puertos andaluces,
de las zonas altas). Al español de América actual hay que añadir también las innovaciones que posteriormente se
produjeron por la emigración de otros grupos europeos, pensemos por ejemplo en la presencia de italianos en Argentina
desde el siglo XIX.
El español americano ha merecido en el último siglo la atención de los filólogos y lingüistas más destacados,
pues, no en vano, la conquista y posterior colonización de la mayor parte del continente americano coincidieron en el
tiempo con la trascendental, para la historia del español, revolución fonológica del siglo de Oro. En general, se admite que
el conjunto de variedades americanas, junto con el andaluz occidental y el canario, queda englobado bajo la etiqueta de
español atlántico.
Pese a esto no existe, actualmente, una obra de conjunto definitiva sobre el español de América, o sobre el
español atlántico. Además hay que destacar la ausencia de atlas lingüísticos, aunque sí haya gran cantidad de bibliografía.
Algunos de los principales problemas radican en el desconocimiento de la procedencia exacta de los conquistadores, de las
relaciones que establecieron con los indígenas, que se trataba de lenguas, las amerindias, sin tradición escrita, y que eran
muy numerosas.
Por otro lado, ha habido diferentes intentos de clasificación de las zonas dialectales del español de América,
atendiendo a diversos criterios. Una de las divisiones más extendidas ha sido la de Henríquez Ureña, según la cual habría
cinco grandes zonas dialectales:
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1. Sur y Suroeste de Estados Unidos, México y las repúblicas de América Central.
2. Las tres grandes Antillas: Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo; La costa y los llanos de Venezuela y la zona
Norte de Colombia.
3. Región andina de Venezuela, interior de la costa occidental de Colombia, Ecuador, Perú y la mayor parte de
Bolivia.
4. La mayor parte de Chile.
5. Argentina, Uruguay y Paraguay.
En esta clasificación existe un fallo: se sustenta en el léxico y da excesiva importancia al papel desempeñado por
las lenguas indígenas. De aquí que se hayan buscado otras clasificaciones como la Rona y Resnick, que se ha basado en la
combinación matemática de una serie de rasgos fonológicos como: el rehilamiento de /y/, el voseo, las formas verbales
voseantes y el yeísmo. En función de esto, Rona señala hasta 16 zonas dialectales diferentes, mientras que Renick duplica
os rasgos fonológicos y con base en eso señala 256 zonas dialectales diferentes. También podemos indicar que Menéndez
Pidal distinguiría dos grandísimas zonas dialectales: el español de las costas, más próximo a la variedad andaluza; y el
español en el que domina la administración, más próximo a la variedad del castellano central.
En cualquier caso, siguen faltando estudios por regiones a partir de los que sea posible elaborar un mapa general,
un atlas lingüístico de todas las variedades del español de América.
De otra parte, dado que el español de América es una, como ya se dijo, lengua trasplantada, las características
dialectales de los conquistadores debieron influir en la configuración lingüística de éste. En función de esto, por lo que
respecta al origen, los investigadores debaten entre la teoría andalucista y la teoría poligenética.
Los defensores de la teoría andalucista (Wagner, Lapesa, Menéndez Pidal, Peter Boyd – Bowman) mantienen que
los rasgos de la articulación predorsal del fonema sibilante dental /s/, la relajación de las consonantes finales, la
aspiración, nasalización o vocalización de la vibrante –r final de sílaba son propios de Andalucía y, por tanto, los llevaron
consigo los conquistadores procedentes de esta región española.
Por otra parte, Henríquez Ureña, Damaso Alonso, Gregorio Salvador, reconoce la existencia de similitudes entre
el español de América y el andaluz, especialmente el de las tierras bajas, pero las atribuyen al desarrollo paralelo y no a la
influencia directamente andaluza. Para ellos no existió predominio ni andaluz en la colonización.
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En estas teorías se manejan datos como el origen del núcleo mayoritario de la población colonizadora, si bien
parece que la mayoría de los marineros eran andaluces., por otro lado, en la primera época de conquista y colonización se
encontraron en suelo americano, además de los andaluces, colonizadores procedentes del Extremadura, Castilla la Nueva y
León entre otros reinos (como Canarias).
Características del español de América (Este apartado es obviamente muy ampliable pero volvemos a encontrarnos con
el problema del tiempo en un tema tan amplio)
En cuanto a los rasgos más característicos del español de América, de todo ellos recogeremos aquellos que son
más característicos y distintivos en los diferentes planos.
En el plano fonológico – fonético, que es quizá donde se muestre una mayor influencia del andalucismo, sobre
todo en el habla de las Antillas, puesto que en las altiplanicies se identifica más la variante del castellano, al primer
fenómeno que encontramos es el del seseo: las cuatro sibilantes apico –alveolares y dentales antiguas se resolvieron en una
sólo fonema, sibilante dental /s/ de articulación muy variada pero cercana, en general, a la andaluza. Se trata, actualmente,
de un fenómeno muy extendido en todo el territorio americano.
La aspiración (y pérdida) de la /s/ en posición implosiva es también un fenómeno muy significativo pero que tiene
diferentes realizaciones: va desde el mantenimiento en Colombia hasta la pérdida total en algunas zonas pasando por la
aspiración chilena, así podemos encontrarnos con “dihco” por “disco” o “entonse” por “entonces”.
Yeísmo, es decir, la neutralización de los fonemas palatales africano /y/ y fricativo /l/ en uno solo /y/. Es peculiar
en este sentido el caso de Argentina y Uruguay donde se pronuncian con un sonido fricativo próximo al francés, [je], que
incluso llegar a hacerse sordo y que se conoce como yeísmo rehilado.
Se produce la confusión de los fonemas vibrante /r/ y lateral /l/. Está limitado a las zonas laterales y
peninsulares, Se produce también una relajación de la /r/ al final de la sílaba o la asimilación de la /r/ a la consonante
siguiente: “amol” por “amor” y “canne” por “carne”, muy característico de Cuba.
Por último, indicaremos como característica la aspiración de la “h” inicial, sobre todo en la zona norte, en otras
zonas se pronuncia [x].
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En el plano morfosintáctico se da el uso del pronombre “ustedes” sustituyendo a la forma “vosotros”. Queda así
suprimida la distinción entre la forma de confianza y la de respeto que se mantiene en la mayor parte de la península. Este
uso afecta también a los posesivos, se emplea “su” en lugar de “vuestro” y afecta también al uso de las formas verbales, se
dice “ustedes tienen” en vez de “vosotros tenéis”.
El rasgo gramatical más significativo del español de América es el voseo, aunque no está presente en todos los
países hispanoparlantes. Consiste en la utilización el pronombre “vos” como segunda persona en lugar el pronombre “tu”.
En una de sus versiones afecta también al paradigma verbal, cuando “vos” se combina con las formas originales de la
segunda persona del plural, “vos cantás”, en otras variedades se mantiene la forma del paradigma con “tú”, “vos cantas”.
En el habla del Caribe es habitual el uso del pronombre en función de sujeto en posiciones sintácticas en la que el
español común lo evita, como la posición del sujeto preverbal en las construcciones de infinitivo: “Ella trabaja para yo
poder estudiar”.
Se produce el uso etimológico de “le, lo, la”. Los casos de leísmo, laísmo y loísmo se presentan de forma muy
aislada.
En el paradigma verbal, el español de América muestra clara preferencia por el uso del pretérito perfecto simple,
frente al compuesto, y por las formas en –ra del subjuntivo. Además la utilización de muchas perífrasis: “estoy viniendo
rápido” en vez de “vengo rápido”.
Se observa además gran riqueza en la derivación, utilizando todo tipo de sufijación: - ada / -aje / -al /-dera / -
erío /- ango /-oso /-ura.
Se produce también la anteposición del posesivo en los vocativos: “Mi amigo, ¿cómo esta?”.
Respecto al plano léxico, partimos del hecho de que el corpus léxico de una lengua es un sistema abierto en el que
es frecuente que unas palabras caigan en desuso y otras se incorporen como neologismos o prestamos. Por eso, las
principales dificultades de comunicación entre los hablantes de España y de los diversos países de América surgen por las
distintas palabras con las que se nombran las mismas cosas. Así: “aparcar” es “estacionar” o “parquear”; “beber” es
“tomar”; “coche” por “carro”, etc.
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El español de América en la actualidad muestra cierta tendencia al arcaísmo, reflejo de los usos lingüísticos del
XVI español. Además se pobló pronto de indigenismos, por la necesidad de nombrar nuevas realidades materiales:
chocolate, cacahuete, tomate, tabaco, piragua, pluma, canoa...
También se observa, desde finales del siglo XIX, una tendencia a incorporar extranjerismos y neologismos
debido a la gran influencia angloamericana y la inmigración de los más variados países europeos: “chance” por
“oportunidad”, “zipper” en vez de “cremallera”, frizer” en lugar de “nevera”, “parquear” por “aparcar”...
A todo esto se le une el hecho de que dentro del propio español de América hay una gran diversidad léxica, pues
se trata de territorios muy extensos. Así, por ejemplo, al contestar una llamada telefónica en Cuba se dice “oigo”, en
Nicaragua, Chile y Perú, “aló” y en Argentina “hola”. Se produce también una difusión casi generalizada de algunas jergas
como el lunfardo porteño que se extendió a través del tango.
En definitiva, hablar de Español y de español de América es una convención pues, como hemos visto, en cada uno
de ellos hay una gran variedad de fenómenos de distinto tipo cuya distribución geográfica es muy variada. Los hablantes
de Español de Hispanoamérica constituyen 300 millones repartidos por grandísimas extensiones geográficas, pero por
encima de las diferencias, podemos decir que existe una gran homogeneidad del español en todas sus manifestaciones.
EL ESPAÑOL EN EL RESTO DEL MUNDO:
Por otro parte, debemos ocuparnos del español en otras zonas del mundo: el español como lengua minoritaria en
Estados Unidos, Curaçao, Guinea, Islas Marianas o el Sahara entre otros, además del caso especial del judeoespañol.
La mayoría de los hispanoparlantes de Estados Unidos puede ser agrupada en tres comunidades: los descendientes
de los primitivos colonos hispanos junto con los mexicanos y sus descendientes establecidos posteriormente al suroeste;
los puertorriqueños (e hispanoamericanos de diversa procedencia) y los cubanos del Estado de Florida.
Los del primer grupo, los primitivos colonos hispanos, son los más antiguos. Los colonizadores españoles
recorrieron el territorio de Sur a Norte, tanto por su costa atlántica como por su Costa Pacífica durante el siglo XVI. Sin
embargo, la gran masa de hispanoparlantes pertenece a las emigraciones que desde la América de habla española tuvieron
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lugar durante el siglo XX, más de la mitad de los cuales procede de México. Los hispanos, segunda minoría
estadounidense después de los negros, superaba en 1997 con creces los veintinueve millones, de los cuales más de
veintidós son hablantes activos. En la actualidad, esta comunidad lingüística española cuenta con el apoyo de los medios
de comunicación de masas: periódicos, televisión y radio.
El caso de Puerto Rico es interesante pues sus habitantes parecen privilegiar por encima de la conservación del
español la vinculación político y administrativa de su vecino del Norte. La ley de 1991 que declaraba el español como
única lengua oficial no tuvo el respaldo de los votantes, así que tuvo que planificar una ley por la que tanto el inglés como
el español fueron lenguas cooficiales de Puerto Rico.
Por otro lado, en la isla de Curaçao, el holandés, lengua oficial y obligatoria y el papiamento es la lengua de
conversación de la población. Se trata de una lengua criolla cuyo léxico procede del español y el portugués principalmente
(sin que se pueda realmente diferenciar de cual de ellos) y mezclada con palabras de origen neerlandés, inglés, francés, la
lengua indígena arahuaco y diversas lenguas africanas. Para algunos lingüistas, el idioma está basado en un criollo afri -
cano-portugués que los esclavos llevaron de África y ha ido evolucionando con el tiempo debido a las colonizaciones y la
posición geográfica de las islas.
Además, el español es hoy en día la lengua oficial hablada por la totalidad de los guineanos (unos 450.000), si
bien, las lenguas maternas con las lenguas autóctonas de la familia del bantú.
Señalamos también la presencia de la lengua española en la Islas filipinas, donde el español nunca ha sido la
lengua mayoritaria. A partir de 1937 han tenido tres lenguas oficiales: el tagalo, lengua nativa, el inglés y el español. En la
actualidad, la clase política dirigente tiene a relegar el español, dando prioridad a las otras dos. Se habla también
chabacano, lengua criolla con elementos de español y de las diferentes lenguas autóctonas.
En las Islas Marianas el español figuró como lengua administrativa y escolar en las Islas (en el siglo XIX),
mientras que la lengua autóctona, muy modificada, quedó relegada al ámbito familiar. No obstante, el español es hoy la
lengua materna de sólo unos cientos de personas (tan sólo el uno por ciento de la población). En cualquier caso, está
presente en el sistema educativo como lengua extranjera. Por otra parte, aparece de manera residual en algunos nativos de
edad avanzada que hablan chamorro, lengua criolla derivada de la fusión de elementos español y austronésicos (malayo y
polinesio).
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En el Sahara Occidental, como antigua colonia, también se habla español, al igual que en algunas zonas del norte
de Marruecos.
Debemos hablar también del judeoespañol, lengua llevada por los judíos de España a diferentes puntos del
Imperio Turco, norte de África y determinadas zonas de América. Con la expulsión de los judíos de la Península en 1492
se inicia una sorprendente historia cultural de aquellos españoles que se llevaron sus tradiciones y su lengua. A pesar de
los esfuerzos presenta una situación deplorable en la actualidad.
Bajo el término “judeoespañol” se acoge un conjunto heterogéneo de modalidades que resultan, en primer lugar
del contacto con dialectos peninsulares, (ya que estaba ubicados en diferentes zonas geográficas). A partir de la expulsión
se encontraron juntos judíos de todos los lugares y sólo en los lugares en los que se asentaron posteriormente fue surgiendo
una coiné mediante el acercamiento de aquellas variedades regionales.
En las comunidades judeoespañolas se produjo una gran diferencia entre la lengua coloquial y la de los textos
sagrados. Esta diferencia fue acentuándose cada vez más ya que el lenguaje sagrado – el ladino – quedo inamovible.
En Marruecos está la comunidad más importante que habla judeoespañol junto con la de los Balcanes. Sus rasgos
con el seseo, la anteposición del artículo al posesivo, la abundancia de arcaísmo y la inestabilidad del vocalismo átono.
Con la independencia de Marruecos en 1955 debieron marcharse, sus principales destinos fueron el recién formado Estado
de Israel y Estados Unidos.
El judeoespañol de los Balcanes se encuentra en este momento en franca decadencia. Con la llegada de las
burguesías nacionales disminuyó el prestigio económico y con ello su presencia cultural se ha ido restringiendo. Lo más
característico es el arcaísmo, con mezcla de innovación, en todos los niveles.
Según datos, en la actualidad hay unos 370.000 habitantes de judeoespañol cuyo principal foco se halla en el
estado de Israel.
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Para concluir revisaremos la situación concreta del español y las perspectivas de difusión. No hay duda de que el
español vive en nuestros días un periodo de esplendor. A ello ayuda el resurgimiento cultural de los países de habla
hispana. El castellano se ha convertido en una de las lenguas más importantes de Occidente.
Según las últimas estadísticas, el español lo hablan en el mundo 362 millones de personas, esto es, el 6,03 por
cierto. Su coeficiente de crecimiento alcanza en Hispanoamérica el 1,30 por ciento anual (el segundo del mundo después
de África).
Seguramente por razones de tipo económico, muchos hablantes de otras lenguas aprenden español. En Europa, la
cantidad de alumnos no deja de aumentar, hasta el punto de que en Francia es equivalente a la de quines estudian inglés.
En Estados Unidos, es con un 40 por cierto, la segunda lengua más estudiada en los niveles educativos medios y
superiores. También Brasil destaca en este sentido pues en secundaria su estudio es obligatorio y en la Universidad lo
escogen año tras año cada vez más estudiantes. Casi medio millón de alumnos africanos lo estudian, además en África
existen asociaciones dedicadas a la investigación y el desarrollo del español como la Asociación Africana de Hispanistas.
En cuanto al continente asiático: destacan Japón, que cuenta con 110 universidades en las que se estudia español, además
de programas en la radio y en la televisión, la República de Corea con 8 universidades y Taiwán con 21.
En la actualidad editoriales inglesas, revistas científicas, congresos, publican ediciones e informes en castellano,
aunque es cierto que el español se emplea escasamente como medio de expresión en las investigaciones científicas. En
inglés se expresan alrededor del 80 por ciento de los trabajos, frente a un uno por ciento del español.
No podemos obviar la labor de la Real Academia de la Lengua, y su labor conjunta con las academias de los
países de América latina (con un total de 21 Reales Academias en Hispanoamérica). Recordemos a este respecto la
reciente edición, tanto en soporte papel como en soporte digital del Diccionario Panhispánico de dudas. A ello se une la
encomiable labor del Instituto Cervantes que se encuentra ahora mismo en un total del 67 países.
Mencionemos también la existencia de certámenes, distinciones y premios en español y de programas televisivos
que están dando a conocer el español en todo el mundo. Se crean además programas y sistemas operativos en castellano en
una era en la que la informática es de suma importancia y la Red se está convirtiendo en el más poderoso sistema de
comunicación del mundo. Por último los escritores, los directores de cine, los artistas e intelectuales en general,
contribuyen de manera singular e importantísima a la difusión de nuestra lengua.
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Si queremos hacer una breve reflexión sobre las posibilidades de la aplicación de este tema a la docencia hemos
de insistir en la necesidad de crear un ambiente de respeto ante todas las variedades del castellano y la enorme cantidad de
hablantes del mismo que, precisamente, no se encuentran en la Península Ibérica. Se trata de hacer comprender al
alumnado como las diferencias entre la lengua, lejos de separarnos, puedes ayudarnos a estar más cerca.
BIBLIOGRAFÍA:
FONTANELLA, El español de América, Mafre, Madrid, 1995.
QUILIS, A.; “Estado actual de la lengua española”, Revista de Estudios hispánicos, 2000.
LAPESA, R. , Historia de la lengua española, Gredos, Madrid, 1981.
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