1.
salud materna y perinatal
La salud materna y perinatal abarca la atención integral de la mujer y el recién
nacido antes, durante y después del embarazo, parto y puerperio, con el objetivo
de prevenir la mortalidad y morbilidad para ambos, mediante un enfoque de
derechos, acceso universal a servicios de calidad y la promoción de experiencias
de parto y nacimiento positivas y respetuosas.
La mortalidad materna es inaceptablemente alta. Cada día, en 2023, muerieron en
todo el mundo unas 712 mujeres por complicaciones relacionadas con el
embarazo o el parto. En 2023 se estimaron unas 260 000 muertes de mujeres
durante el embarazo y el parto o después de ellos. Prácticamente todas estas
muertes (94%) se producen en países de ingresos bajos y la mayoría de ellas
podrían haberse evitado1.
En 2023, África Subsahariana y Asia Meridional representaron aproximadamente
el 87% (225.000) de las muertes maternas estimadas en el mundo. Solo África
Subsahariana concentró casi tres cuartas partes (182.000) de esas muertes,
mientras que Asia Meridional representó cerca de una sexta parte (43.000).
Al mismo tiempo, entre 2000 y 2023, Asia Meridional logró la mayor reducción
general de la razón de mortalidad materna (RMM): una disminución de más del
70% (de una RMM de 405 a 117). A pesar de su muy alta RMM en 2023, África
Subsahariana también logró una reducción sustancial: casi un 40% desde el año
2000. Además, otras cuatro subregiones redujeron su RMM a más de la mitad
durante este período: Asia Central, Asia Oriental, Europa y África del Norte.
Entre 2000 y 2023, América Latina y el Caribe experimentaron la menor reducción
de la RMM durante este período (16,8%).
Hoja informativa
La mayoría de las muertes maternas son evitables. Las soluciones sanitarias para
prevenir o tratar las complicaciones son bien conocidas. Todas las mujeres
necesitan acceso a la atención prenatal durante la gestación, a la atención
especializada durante el parto, y a la atención y apoyo en las primeras semanas
tras el parto. La salud materna y neonatal están estrechamente relacionadas. Es
particularmente importante que todos los partos sean atendidos por profesionales
sanitarios capacitados, dado que la atención y el tratamiento a tiempo pueden
suponer para la mujer y el niño la diferencia entre la vida y la muerte.
Las hemorragias graves tras el parto pueden matar a una mujer sana en dos horas
si no recibe la atención adecuada. La inyección de oxitocina inmediatamente
después del parto reduce el riesgo de hemorragia.
Las infecciones tras el parto pueden eliminarse con una buena higiene y
reconociendo y tratando a tiempo los signos tempranos de infección.
La preeclampsia debe detectarse y tratarse adecuadamente antes de la aparición
de convulsiones (eclampsia) u otras complicaciones potencialmente mortales. La
administración de fármacos como el sulfato de magnesio a pacientes con
preeclampsia puede reducir el riesgo de que sufran eclampsia.
Para evitar la muerte materna también es fundamental que se eviten los
embarazos no deseados o a edades demasiado tempranas. Todas las mujeres, y
en particular las adolescentes, deben tener acceso a la contracepción, a servicios
que realicen abortos seguros en la medida en que la legislación lo permita, y a una
atención de calidad tras el aborto.
Respuesta de la OPS
La unidad de Salud de las Mujeres, Materna, Neonatal y Reproductiva (WH) de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) brinda cooperación técnica de
excelencia para promover, fortalecer y mejorar la atención de salud dirigida a las
mujeres, las madres y los recién nacidos en los países de la Región de las
Américas. Fue creado en 1970 en Montevideo y actualmente es parte del
Departamento de Sistemas y Servicios de Salud.
Con una perspectiva de derechos, sus acciones se basan en una estrategia que
contempla enfoques integrados en el marco de programas de salud con cobertura
universal y sistemas inclusivos, que reconocen la relación entre salud y género, y
los determinantes sociales como la pobreza y la educación.
Sus áreas de trabajo se enmarcan en varias metas de los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS) 3, como la reducción de la razón de la mortalidad materna, la
disminución de la mortalidad neonatal y la mortalidad prematura por enfermedades
no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento. Asimismo, se aboca a
garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva,
incluidos la anticoncepción, la información y la educación, y la integración de la
salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales.
Ejemplos de acciones y servicios:
Control Prenatal Integral:
La atención médica regular durante el embarazo, que incluye la toma de vacunas
(como la del toxoide tetánico), la detección de signos de alarma y la consejería
sobre nutrición.
Plan de Seguridad:
La elaboración conjunta de un plan de seguridad con la mujer embarazada y su
familia para prepararse ante posibles emergencias obstétricas o complicaciones
durante el parto.
Apoyo Comunitario:
Redes de apoyo formadas por padrinos comunitarios que acompañan a la mujer
para propiciar el control prenatal y la identificación de señales de alarma.
2.violencia de género y salud Sexual
La violencia de género incluye cualquier daño físico, sexual o psicológico
perpetrado contra la voluntad de una persona, basándose en normas de género
desiguales, mientras que la salud sexual busca un enfoque positivo de la
sexualidad, con placer y seguridad, sin coerción ni violencia. Ambas están
intrínsecamente conectadas, ya que la violencia de género afecta negativamente
la salud física, mental y reproductiva, incluyendo la sexualidad, y el personal de
salud juega un rol crucial en identificar, apoyar y prevenir esta violencia.
Los contextos y las prácticas de violencia de género que afectan la salud sexual y
reproductiva de las mujeres son muy heterogéneos. También son muy diferentes
los abordajes para la intervención: en algunos casos existen protocolos
específicos y equipos especializados; en otros, este paso aún no se ha alcanzado.
Los objetivos de este dossier son: • Aportar información y resumir algunos datos
que empíricamente demuestran la relación entre ambas problemáticas. • Resumir
algunas de las características o particularidades de las diferentes situaciones que
llegan al sistema de salud. • Contribuir a definir algunos lineamientos o criterios
para una intervención desde una perspectiva de género y derechos humanos y
alertar sobre la conveniencia de protocolizar la intervención del sistema de salud.
Salud sexual y reproductiva: Un tema de salud pública y derechos humanos
A partir de los ’90, los dos temas, la violencia de género y la salud sexual y
reproductiva, han sido incorporados a las agendas de los Estados y los
organismos internacionales. Hoy, en nuestro país, existen leyes que incorporan la
violencia de género como un tema de salud pública y el acceso a la salud como un
tema de derechos humanos. Con la ratificación de la Convención Interamericana
para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como
“Convención de Belem do Para” (Ley 6 / 996) que por primera vez introduce un
concepto amplio de violencia, quedan definidas como tales, prácticas del ámbito
público y privado. Asimismo esta ley enmarca dichas prácticas en relaciones
sociales de género, estructuralmente asimétricas. La Ley de Protección Integral
para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos
en los que desarrollen sus relaciones interpersonales (Ley 6 8 ), sancionada en
009, define como violencia hacia las mujeres a “toda conducta, acción u omisión,
que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado,
basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad,
integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también
su seguridad personal” (Art. ). Ambas normativas se enmarcan en un enfoque de
género y de derechos humanos, que se adecuan a las conceptualizaciones más
contemporáneas que explican la violencia hacia las mujeres como una
problemática social, superando las teorías sicologistas, que las consideraban
perversiones o patologías individuales, y mostrando vinculación con las relaciones
instituidas entre mujeres y varones, tanto en el marco de la familia como en otros
ámbitos. La Ley 6 8 introduce conceptos que tienen especial importancia para el
tema de este dossier, ya que tipifica como formas o figuras de violencia la
“violencia contra la libertad reproductiva” y la “violencia obstétrica”: toda acción u
omisión que afecte el derecho de las mujeres a decidir sobre su vida reproductiva
o el maltrato con relación a los procesos reproductivos son considerados actos de
violencia. De este modo, la Ley 6 8 reitera un derecho ya reconocido por la Ley de
Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (Ley
67 / 00 ), que garantiza a las mujeres su salud reproductiva, entendida como “un
estado general de bienestar físico, mental y social y no de mera ausencia de
enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema
reproductivo, sus funciones y procesos” (Decreto Reglamentario de la Ley
Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable 67 ) Otra normativa que
atañe al tema es la Ley de Educación Sexual (Ley 6 0/ 006) en cuya definición de
objetivos para el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, destaca, entre
otras cuestiones: “Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y
mujeres”; ”Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y con la
salud sexual y reproductiva en particular”. La no violencia, así como la libertad
reproductiva, ya sea desde un concepto de salud integral, ya sea desde un
enfoque de derechos humanos, son derechos fundamentales de las mujeres, que
si bien están garantizados por legislaciones específicas y políticas públicas, no
siempre ni en todos los lugares cuentan con los recursos necesarios para la
cobertura requerida. Por otra parte, una política de equidad de género con
perspectiva transformadora tiene que incluir a los varones, potenciando los
cambios favorables que se observan en los últimos años y tratando de distender
las reticencias y posturas dominantes que aún persisten. El objetivo es que
mujeres y varones compartan derechos y responsabilidades. En cuanto a las
políticas públicas que los puedan hacer efectivos, el sistema de salud cumple un
rol fundamental.
Impacto de la violencia de género en la salud sexual y reproductiva
La violencia de género puede causar o agravar problemas vinculados a la salud
de las mujeres, tanto en lo físico como en lo psíquico, y en particular, en la salud
sexual y reproductiva. Los trastornos pueden ser desde leves hasta letales, como
el caso del femicidio o el suicidio como epílogo de una situación de maltrato
conyugal. Es difícil establecer cuál es la incidencia de las distintas manifestaciones
o saber cuáles dan lugar a mayor cantidad de consultas en el sistema de salud por
la falta de estadísticas y registros. De hecho, la violencia marital, las violaciones, el
abuso sexual comenzaron a ser identificados como motivos de consulta cuando se
crearon servicios o equipos de atención especializados. Durante muchos años,
estas consultas existían, pero no siempre eran identificadas y los equipos de salud
atendían sus consecuencias sin incluir en el registro sus causas ni brindaban
siempre una atención especializada. En los últimos años se ha comenzado a
incluir y a tomar en consideración la necesidad de identificar la existencia de
experiencias de violencia de las consultantes –experiencias únicas, esporádicas o
sistemáticas- a fin de definir intervenciones más adecuadas y acordes con el
respeto y reconocimiento de la autonomía y los derechos de las mujeres, usuarias
de los servicios de salud. No es posible establecer una relación unívoca entre las
múltiples manifestaciones de la violencia de género y las consecuencias sobre la
salud sexual y reproductiva. De todos modos, en la práctica cotidiana de los
servicios de salud, hay algunas situaciones que son más claramente reconocidas,
como el riesgo de embarazos o infecciones de transmisión sexual como producto
de una violación y el embarazo de una niña de o años como resultado de una
violación incestuosa. Otras son intuidas, pero no siempre nombradas o
identificadas como problemáticas de la consulta, como es el caso de una mujer
con reiterados embarazos que no desea, dado que está sometida al control y
violencia del marido, y aún otras, mucho menos visibilizadas, como es la consulta
reiterada por infecciones o lesiones de mujeres prostituidas. Lo que se quiere
subrayar es que ante lesiones, infecciones reiteradas, embarazos en edades muy
tempranas, embarazos muy seguidos y no buscados, etc., debe encenderse una
alerta. Es decir, más allá de la consulta puntual, debe analizarse el contexto y las
causas para un diagnóstico diferencial de la violencia.
Ejemplos específicos de violencia de género y salud sexual:
Violencia obstétrica:
Un médico o profesional de la salud que no respeta la autonomía de una mujer y
la somete a procedimientos como la esterilización o aborto sin su consentimiento.
Negación del acceso a la información o métodos anticonceptivos:
Un padre o pareja que impida a una mujer acceder a servicios de planificación
familiar o productos de salud sexual, forzándola a sufrir embarazos no deseados.
Coerción para el uso de métodos anticonceptivos:
Una pareja que obligue a una mujer a usar un método anticonceptivo en contra de
su voluntad.
Violencia sexual en el matrimonio:
La penetración forzada dentro de un matrimonio, donde una persona es obligada a
tener relaciones sexuales sin consentimiento.
Controles de virginidad forzados:
Pruebas médicas o de otro tipo para verificar la virginidad de una mujer, lo cual es
una forma de violencia de género que afecta su autonomía sexual y su cuerpo.
3.salud sexual y reproductiva en población LGBTQ +
La salud sexual y reproductiva en la población LGBTIQ+ se basa en el acceso a
servicios de salud integrales, seguros y respetuosos, libres de discriminación y
violencia, que aborden sus necesidades específicas, incluyendo salud mental,
prevención de ITS/VIH y acceso a métodos anticonceptivos y derechos
reproductivos, como lo indica el enfoque de derechos humanos y la capacitación
de profesionales de la salud.
1. Acceso a servicios de salud y atención integral
Necesidades específicas:
Las personas LGBTIQ+ necesitan servicios de salud sexual y reproductiva
adaptados a sus necesidades particulares, lo que incluye atención de salud
mental, prevención de ITS/VIH y servicios de planificación familiar.
Acceso sin discriminación:
Es crucial garantizar el acceso a servicios de salud libres de discriminación,
estigma y violencia, ya que estos factores son barreras importantes para el
cuidado.
Derechos humanos:
La atención debe promover el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos,
lo cual implica poder tomar decisiones libres y responsables sobre la propia
sexualidad y el propio cuerpo, libre de coacción.
2. Capacitación y sensibilización del personal de salud
Sensibilidad y terminología:
El personal de salud debe ser capacitado para utilizar una terminología sensible y
adecuada a la identidad de género y orientación sexual de las personas, y para
evitar preguntas inadecuadas o incómodas.
Entorno de confianza:
La relación entre profesionales de la salud y usuarios debe basarse en la
confianza, la confidencialidad y el respeto.
Políticas institucionales:
Se deben desarrollar políticas institucionales claras para eliminar la discriminación
en los servicios de salud, asegurando la confidencialidad y privacidad de la
información.
Salud y derechos sexuales en el curso de vida
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud sexual es:
«...un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, la
cual no es la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. La salud sexual
requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones
sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y
seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Para que la salud
sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales de todas las personas
deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud.» (OMS, 2006a)
Existe un consenso según el cual la salud sexual no se puede alcanzar y
mantener sin el respeto y la protección de algunos derechos humanos. «Los
derechos sexuales constituyen la aplicación de los derechos humanos existentes a
la sexualidad y a la salud sexual. Protegen el derecho de todas las personas a
satisfacer y expresar su sexualidad y a disfrutar de la salud sexual, con el debido
respeto por los derechos de los demás, dentro de un marco de protección frente a
la discriminación» (OMS, 2006a, actualizado en 2010).
Salud y derechos reproductivos
Garantizar que todas las personas tengan acceso a sus métodos anticonceptivos
modernos, seguros, confiables y preferidos refuerza varios derechos humanos,
incluidos el derecho a la vida y a la libertad; la libertad de opinión y expresión, y el
derecho al trabajo y a la educación, además de reportar importantes beneficios
para la salud y de otros tipos. El uso de anticonceptivos modernos tiene la
capacidad de proteger a salud de las personas con capacidad de gestar de los
riesgos relacionados con el embarazo no intencional, sobre todo en las
adolescentes o personas con enfermedades crónicas. Cuando el intervalo entre
nacimientos es inferior a dos años, la tasa de mortalidad infantil es un 45% mayor
que cuando este intervalo es de 2 a 3 años, y un 60% mayor que si es de cuatro
años o más. Finalmente, la anticoncepción también brinda una serie de beneficios
potenciales no relacionados con la salud que incluyen mayores oportunidades de
educación y más autonomía para las mujeres, así como crecimiento demográfico
balanceado y desarrollo económico sostenibles para los países.
Ejemplo detallado:
Servicios de salud amigables:
Un ejemplo práctico es la creación de centros de salud o clínicas con personal
capacitado en las necesidades específicas de la población LGBTIQ+. Estos
servicios ofrecerían atención de calidad en salud sexual y reproductiva, incluyendo
prevención de ITS, acceso a métodos anticonceptivos adecuados a las prácticas
sexuales, y asesoramiento.
Atención sin discriminación:
Durante una consulta médica, un hombre gay o una mujer lesbiana debería recibir
la misma atención respetuosa y libre de juicios que cualquier otra persona. Esto
significa que el profesional de la salud debe hablar de su sexualidad de forma
abierta, enfocándose en su bienestar, y no basándose en estereotipos o prejuicios
sobre su orientación sexual o identidad de género.
Prevención y manejo de ITS:
Para una pareja de hombres que tienen sexo con hombres (HSH), por ejemplo, el
acceso a pruebas y tratamientos de ITS es crucial. Un servicio de salud amigable
aseguraría que estas pruebas se realicen de manera confidencial y sin
estigmatización, proporcionando información sobre prácticas seguras y acceso a
condones u otras herramientas de prevención.
Salud mental y emocional:
La salud sexual y reproductiva también abarca el bienestar mental. En un ejemplo,
una persona no binaria podría buscar servicios que comprendan su identidad de
género y le ofrezcan apoyo para abordar la discriminación sufrida, así como
disfrutar de una sexualidad que no esté marcada por la violencia o el miedo.
4.salud sexual y productiva en personas con enfermedades crónicas
La salud sexual y reproductiva en personas con enfermedades crónicas requiere
un abordaje integral que incluye el control adecuado de la enfermedad, hábitos
saludables, la información y el acceso a métodos de planificación familiar y
protección contra ITS, y en el caso de las mujeres, la evaluación del riesgo de
embarazo de alto riesgo para una atención adecuada.
Consideraciones para la salud sexual y reproductiva
Control de la enfermedad:
Es fundamental mantener la enfermedad crónica bien controlada y manejar
cualquier complicación asociada para mejorar la salud general y sexual.
Hábitos saludables:
Adoptar un estilo de vida saludable, que incluya una dieta equilibrada, ejercicio
regular, un buen descanso, el no fumar y la reducción del consumo de alcohol, es
crucial para el bienestar.
Disfunción sexual:
Las enfermedades crónicas pueden causar disfunción sexual, como disfunción
eréctil en hombres o sequedad vaginal en mujeres. Se deben buscar tratamientos
y considerar el uso de lubricantes y estrógenos locales para las mujeres y tratar la
disfunción eréctil en hombres si es necesario.
Las enfermedades crónicas con frecuencia están asociadas con disfunciones
sexuales. En estas alteraciones de la sexualidad influyen en su desarrollo factores
tanto físicos, como psicológicos. Los factores físicos incluyen los derivados de la
propia enfermedad (cáncer, diabetes, etc.) y las terapias empleadas ya sean
quirúrgicas (mastectomía, orquiectomía, etc.) o médicas (citostáticos,
antihipertensivos, etc.). Entre los factores psicológicos pueden aparecer
problemas de autoestima, de ansiedad, y sobre todo de depresión asociada a la
propia enfermedad. Los factores orgánicos no afectan de la misma manera a
hombres y mujeres (por ejemplo, la disfunción eréctil es más vulnerable y evidente
que la disfunción de la excitación femenina), ni ejercen los mismos efectos sobre
la respuesta sexual; hay que tener en cuenta las diferencias individuales, ya que
un mismo proceso físico puede ejercer efectos completamente distintos sobre
diferentes personas en función de su personalidad, historia sexual, sexualidad
previa, etc. En general, las enfermedades crónicas tienden a alterar las fases de
deseo y excitación sexual. Algunas enfermedades producen pérdida del interés
sexual en etapas tempranas (diabetes, cardiopatía isquémica, etc.); por el
contrario, otras patologías (tuberculosis, etc.) conservan la libido hasta etapas
avanzadas de la enfermedad. En ocasiones, las enfermedades son utilizadas para
poner fin a una sexualidad no satisfactoria y mantenida por obligación. Aunque
una parte significativa de los enfermos crónicos presenta algún tipo de disfunción
sexual, la mayoría de las personas que los atienden no plantean, abiertamente,
este problema. Por tanto, es importante que el médico práctico tenga en cuenta
estas consideraciones si quiere prestar una atención integral a sus pacientes.
Disfunción sexual y enfermedades crónicas
Dado el gran número de enfermedades crónicas que pueden inducir una
disfunción sexual2, aquí sólo se efectuará una revisión panorámica de las más
importantes.
Cáncer
Aunque algunos cánceres son curables en un alto porcentaje de los casos, todavía
muchas personas asocian la palabra cáncer a enfermedad incurable, innombrable
y mortal.
Los efectos secundarios de los tratamientos empleados (astenia, vómitos,
alopecia, anorexia, dolor, etc.) y de las técnicas quirúrgicas (amputaciones de
órganos, supresión hormonal, daño neurológico y vascular) tienen un impacto
considerable en la imagen corporal, el funcionamiento sexual e incluso la fertilidad;
por esto, no es de extrañar que muchos pacientes presenten depresión, ansiedad
y pérdida de la autoestima. Por todo ello, el bienestar sexual de estos pacientes se
puede ver gravemente comprometido.
Las disfunciones sexuales más comunes en las personas con cáncer son la falta
de deseo sexual en ambos sexos, la disfunción eréctil en el varón y la dispareunia
en la mujer. En la mujer, el fracaso ovárico prematuro que resulta de la
quimioterapia o de la radioterapia pélvica es un antecedente frecuente de la
disfunción sexual. El orgasmo suele permanecer intacto, tanto para el varón como
para la mujer, aunque puede retardarse como consecuencia de los medicamentos
o de la ansiedad. Téngase en cuenta que la sexualidad es una necesidad del
paciente oncológico, aun en estados terminales, y aunque disminuya el interés por
el coito, el deseo de proximidad y de contacto físico se mantiene.
Ejemplos de enfermedades crónicas y su impacto:
Enfermedades cardíacas:
Pueden causar problemas de excitación, lubricación y erección, afectando el
bienestar sexual.
Cáncer:
Ciertas terapias pueden afectar la fertilidad y la función sexual. La recuperación
requiere un seguimiento integral y apoyo.
Diabetes:
Es una causa común de disfunción eréctil en hombres y puede afectar la función
nerviosa.
LINK
1.salud materna y perinatal
Alerta - Intentos de estafa en nombre de la OPS/OMS
Sistema de Gestión de Asuntos de Integridad y Conflictos (SGAIC)
2 violencia de género y salud Sexual
Consultas frecuentes, periódicas por ITS y VIH –Sida;
3.salud sexual y reproductiva en población LGBTQ +
Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud
4.salud sexual y productiva en personas con enfermedades crónicas
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