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 2021, Karina Vásquez

Todos los derechos reservados.

Karina Vásquez
Escarlate

ÍNDICE
PRÓLOGO
1.-PRIMER DÍA, PRIMER ENCUENTRO
2.-EL RUSO MÁS RARO
3.-SENCILLAMENTE DIFÍCIL DE OLVIDAR
4.-PENSAMIENTOS NO TAN BUENOS
5.-MOMENTO DE CORAJE DESPERDICIADO
6.-SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
7.-¿ILUCIÓN O REALIDAD?
8.-ENIGMA SIN RESOLVER
9.-UNA TARDE JUNTOS
10.-DESCONOCIDO
11.-ACORRALADA
12.-¿VAMPIROS?
13.-VISITA VESPERTINA
14.-"COMO UNA CITA"
15.-TREMENDA SORPRESA
16.-TENSIÓN
17.-POSIBILIDAD
18.-PLÁTICA
19.-HUIDA
20.-ESTADÍA
21.-REENCUENTRO
22.-APARICIÓN INESPERADA
23.-LA VERDAD

Oscura y antinatural es la mirada que refulge tras su negro hábito, el fulgor


de esos ojos dilatados deja ver mucho de tiempos pasados. Aunque varíe, su
tono es inequívoco, y quien lo mira a menudo lo lamenta, pues en sus ojos
acecha un nefando maleficio, indescriptible pero que revela un alto e
insaciable espíritu, que se impone y domina.
Fragmento de “El Giaour” de Lord Byron

Prólogo
Augusta, Maine
Unas sombras completamente diferente a otras, zigzagueaban ágilmente en las
calles; solitarias de no ser por el hombre con barba canosa que se fumaba un
cigarrillo junto a la puerta de un bar.
Las sombras se convirtieron en siluetas más definidas cuando se
acercaban a la entrada de un edificio, que por la apariencia, no recibía el
adecuado mantenimiento desde hace días. Las cuatro siluetas con forma
humana se detuvieron frente a la puerta, tocaron y esperaron respuesta.
Uno de los sujetos se giró para ver al anciano del cigarrillo. El hombre
quizá vio algo en los ojos sobrenaturales del tipo o simplemente siguió su
instinto, pero cual sea la respuesta fue más prudente, apagó el cigarro y se
metió en el bar. A los pocos segundos alguien abrió el cerrojo de la puerta,
dejando pasar a los recién llegados.
Un pasillo iluminado solo con una bombilla los guió hasta una sala. Allí
había más luz que en cualquier otro sitio del edificio. El gran salón estaba
prácticamente vacío, había una mesa de metal en el centro y unos cuantos
estantes viejos a los lados, llenos de papeles y objetos del antiguo dueño del
lugar.
Los tipos empujaron a uno de ellos al frente con demasiada brusquedad.
El chico, no mayor de dieciocho, ni siquiera se dignó a ocultar su terror, sabía
muy bien lo que le esperaba. De no ser por su estado estaría más blanco que
un papel, ¡Porque no podía estar más pálido que ahora! Sus ojos rojos (señal
de que apenas había acabado) contrastaban con la iluminación de la
habitación. Los fijó en algo, alguien en particular, que surgía de las sombras.
Apretó los dientes con fuerza.
El hombre que apareció frente a él se mantuvo con una expresión neutral
mientras lo miraba de los pies a la cabeza. A leguas se notaba su superioridad.
Todos lo conocían, hablaban de él en cualquier bar, callejón, parque o rincón
de la ciudad. Brantley era conocido por ser la mano derecha del líder de las
sombras. Pero también se le conocía por su forma de torturar y matar. Se dice
que todo tiene que ver con su pasado, al menos eso dicen los neófitos.
¿Y bien? Preguntó Brantley con voz monótona. ¿Qué tenemos
aquí? Su mirada se volvió dura. A una sabandija.
Uno de los tipos habla por el grupo:
Lo encontramos en la frontera con Canadá, intentaba fugarse a
Islandia.
Brantley miró nuevamente al chico.
Esto es un error. Musita apretando la mandíbula.
Brantley suelta una risa apenas perceptible.
Un error repite. Error es haberte dejado escapar. Pero tranquilo, no
sucederá de nuevo, créeme se da la vuelta y camina de una esquina a otra de
la mesa. Esto es lo malo de los neófitos. Creen que pueden lograrlo todo, ya
que, “son más fuertes”. Pero la verdad es que, son nada más que humanos
débiles y orgullosos que aun no aprenden a acatar ladea con la cabeza,
admirando una pequeña peineta que sacó de su bolsillo; era de mujer. Claro,
hay algunos que aprenden por las buenas, otros por las malas se giró hacia el
chico; como también hay algunos que jamás van a entender lo que significa
“cumple o muere”. Como aquellos objetos que compran los humanos,
terminan siempre siendo…desperdicios.
El chico abrió los ojos de par en par.
Yo…yo no he hecho nada para que me tenga aquí. ¡Esto es una
injusticia! Vociferó con voz temblorosa. ¡No he quebrantado ninguna
regla! Constantino…
Brantley se le colocó delante en cuestión de segundos, tan rápido que
apenas fue perceptible. El chico dejó de respirar, pues un filo casi rozaba la
piel de su cuello, provocándole el ardor conocido.
No te atrevas a nombrar al hombre que traicionaste le advierte con el
filo de un cuchillo de plata peligrosamente cerca de su cuello. Mereces lo
que te va a pasar.
¡¿Cuál es el delito?! No he hecho nada. El chico intenta zafarse de
las manos de los hombres que de inmediato empiezan a apretarle.
Una sonrisa tenebrosa cruza por los labios de Brantley, mostrando
deliberadamente sus afilados colmillos.
Te condeno a muerte, por traición. Dice complacido de oír la
desesperación del neófito.
Al chico no le dio tiempo de discutir cuando el filo de plata se desliza
por su pecho con rapidez. Lo siguiente es un impetuoso grito de dolor por
parte del neófito. Se retuerce en brazos de los hombres, se dobla y no deja de
gritar; sus ojos se tornan de un color escarlata brillante, llenos de ira,
desesperación, dolor. Luego, Brantley toma su cabeza entre manos mientras
que dos de sus hombres aferran ambos brazos.
Un placer haberte conocido. Culmina Brantley mucho antes de que
un tronido separara sus extremidades superiores y cabeza. Sonrió al escuchar
el grito del chico, apagándose al instante. Limpien este desastre. Dijo
mientras se marchaba con uno de sus hombres.
Señor, hemos encontrado la ubicación de su pedido. Informa el tipo
siguiéndole el paso a su jefe.
Brantley se detiene en seco. Es lo que ha estado esperando desde casi un
siglo.
¿Dónde? Se limitó a preguntar.
Según nuestras fuentes, se ha mudado a una ciudad en Oregon.
Exactamente Corvallis.
Brantley sonrío en medio de la oscuridad.
¿Cómo cuanto nos tardará llegar al otro lado del país?
Casi una semana, señor. Replica de inmediato el hombre.
Entonces es mejor que nos vayamos ahora. Infórmales a los demás.
Brantley abandona la sala con buen humor.
El momento ha llegado, después de un siglo al fin
lo encontró. Disfrutará mucho. Aquel vampiro
deseará no haberlo conocido nunca. Eso seguro.

1.-Primer día, Primer encuentro


Corvallis, Oregon. Tres días después

Me despierto con el ensordecedor sonido del despertador. Gruño para mis


adentros y me paso la mano por la cara. Veo la hora en el reloj encima de la
mesilla de noche: siete en punto. Hora de comenzar el día como es debido.
Si fuera tan fácil… amanecer con una sonrisa radiante todos los días del
mundo. Algunos quizá e hicieran eso, pero yo no; me despierto tal y como soy
la mayoría del tiempo: irascible, con mala leche. Ciertamente me pongo a
pensar a qué se debe mi mal humor en las mañanas, pero luego recuerdo que
la razón obvia es la vida diaria, lo usual, la rutina.
Qué peor de mi aburrida vida que la rutina.
Salto fuera de la cama y voy hacia la puerta. Antes de salir siempre
checo el calendario, por alguna razón que desconozco, como si estuviera
esperando algo. Abro los ojos de par en par y me los vuelvo a estrujar para
estar segura de que no es un sueño lo que veo. Ya ha llegado la fecha.
Comienzan las clases.
Abro la puerta y me dirijo como flash al baño. Me lavo la cara y luego
salgo hacia las escaleras corriendo como una loca. Estoy que salto como pony
junto al arcoíris.
Allí abajo en la cocina está mi madre frente a la estufa. Me paro en el
umbral y la observo mientras prepara el desayuno. Resoplo al ver el uniforme
de enfermera. Hoy lleva uno rosado con blanco, adornado con corazoncitos y
flores. Mi madre y sus uniformes.
Camino de puntillas hacia ella y me le pongo por detrás, como está tan
desprevenida le doy un beso en la mejilla y me río al ver su sorpresa. Acto
seguido también sonríe y me da un empujoncito de caderas.
Buen humor ¿eh?
Asiento.
Hoy es el primer día de clases, mamá. Empiezo a pensar que las
vacaciones no son tan buenas como las muestran en televisión.
Ríe.
Claro. Fíjate, yo pienso que los estudiantes que odian las escuelas no
existen.
Ahora soy yo la que ríe a carajadas.
Estoy emocionada por salir de esta rutina infernal. Me muero por ver a
mis amigos.
Cloe venía todos los días.
Ja, ja. Muy chistosa, mamá. No solo son Cloe y Sam, también están
Caroline, Daniel, Kylie y Brandon.
No te llevas muy bien con ellos.
Mi madre y sus comentarios ciertos.
Pero no significa que no los eche de menos.
Saco la caja de Corn Flakes de la despensa, la leche de la nevera y
agarro un bol. Sirvo todo y me voy a la mesa para degustar. No hay nada
mejor que un cereal antes de prepararme para ir al instituto. También acepto
unas tostadas con crema de maní y un poco de jugo de naranja.
Luego de terminar mi desayuno saco un ratito para acariciar a Bokor, mi
precioso gato. Me encanta tocar sus esponjosos pelos rallados. A veces le digo
tigre por el gran parecido. Desde hace dos años, Bokor ha sido mi amigo de
confidencias, y siempre está allí cuando lo necesito. Llego a pensar que hay
más que un felino en su interior, aunque suene ridículo, no puedo evitar
cavilar sobre aquello cada vez que le digo algo y el ladea la cabeza, o cuando
estoy triste y de una forma inteligente se sube en mi cama y acurruca su
cabeza en la hendidura de mi hombro.
Quince minutos después y posterior a despedirme de mi madre, subo
nuevamente las escaleras hacia el baño. Dejo que el agua caliente fluya por mi
cuerpo relajando todas las tensiones de cada músculo. Relajante.
Exquisitamente relajante.
Salgo minutos después a paso ajilao. La hora se me pasó de golpe y voy
a llegar tarde al instituto si no me muevo. Estoy pensando en encontrarme con
mis amigos en el patio y tener un ratote para charlar y ponerme en plan
ventilador con Cloe.
Escojo lo primero que encuentro: una camisa color celeste, tejanos
desgastados y mis converses negras con blanco. Me veo en el espejo y estoy
como la chica del pozo con los cabellos mojados en la cara. Busco el peine y
desenredo rápidamente, lo sacudo un poco para que se seque más rápido y
voilà, media gallina pero bonita.
Agarro la mochila y guardo mis cosas. Corro hacia la puerta y me
detengo en seco al recordar algo importante. Mi blog de dibujos. Lo agarro de
mi escritorio y salgo al vuelo hacia las escaleras. Me despido de Bokor
dándole un beso en la cabeza y salgo de la casa cerrando la puerta de un
portazo. El cielo aun es de un color azul perfecto, despejado, a principios de
septiembre; inhalo el aire fresco de la mañana y decidida bajo los escalones
del porche.
El vecindario está tranquilo, como siempre, con algunas señoras de casa
regando sus jardines y recogiendo la correspondencia. Cloe vive tres calles
más adelante y cuando llego a su casa me recibe su madre diciéndome que aun
no está lista. No me sorprende. Alguien le dice que debe estar lista a una hora
en punto, y cuando vas a ver, la niña sigue arreglándose. Dura como una hora
comiendo, otra duchándose, otra arreglándose… y si sigo es posible que me
pierda.
Al final más tarde salimos de la casa con galletas de chispas en mano y
mientras charlamos seguimos nuestro añorado camino hacia Corvallis High
School. Ya allí vamos al patio y buscamos a nuestros amigos, esperando que
no hayan cambiado mucho en tres meses. El instituto está lleno de estudiantes
de todos los cursos, hablando sobre las vacaciones y riéndose de las anécdotas
sobre las costas, las montañas, incluso de Europa. Los envidio por haber
viajado a buenos lugares.
Cloe había pasado la primera mitad de las vacaciones en casa de su
familia que vive en Valencia-España, pero luego de unas cuantas semanas
tuvieron que regresar por el trabajo de su padre, además de que a mi amiga no
es que precisamente le gustara vivir al otro lado del mundo con su familión
español. Es una de las cosas que Cloe no aprovecha: la familia.
Yo en cambio, me fuera encantado tener una gran familia con el cual en
navidad sentarnos todos juntos frente a la mesa, en el día de acción de gracias,
compartir buenos momentos todos y cuchichear con la abuela. Todo eso solo
era un sueño vago, ahora estábamos mamá, Bokor y yo, una péquela familia
que permanece muy unida; no lo cambiaría por nada. El verano estuve
encerrada en casa, al menos el tiempo en que Cloe estuvo fuera del país. Las
razones eran obvias, mis únicos amigos eran Sam y ella, además de que era
una aburrida y no me atrevía a colarme en una fiesta.
Pienso teñirme el pelo de azul.
Cloe tiene un hermoso cabello color dorado. Ella posee una belleza sin
igual, con esas curvas que vuelven locos a todos los chicos de una discoteca,
tiene unos ojazos verdes, es de estatura media, quizá más alta, y aunque le
fascine comer y comer no infla ni un centímetro su delgado abdomen. Yo soy
un poco más menuda, soy delgada y apenas mido metro sesenta y cinco;
además, tengo una larga cabellera ondulada color rojiza. Soy como la propia
copia de mi madre, excluyendo los ojos grises heredados de mi padre.
Levanto la vista de mi libreta y la miro con una ceja arqueada.
¿De azul? Estás loca. De rubio te queda genial.
Lo dice la pelirroja de ojos grises que quería tener el cabello de color
negro.
Me encojo de hombros.
Ya me conoces. Además, por lo menos yo no soy tan estrambótica
para pensar teñirme el pelo de azul.
Hace el mismo gesto que yo.
Ya me conoces.
Sonrío y vuelvo a concentrarme en el dibujo que estoy haciendo. En el
último mes he estado dibujando la misma imagen que aparece en mis sueños
de cada noche. Consiste en puertas gigantes, tan altas que va más allá del ojo
humano, en el marco arqueado resaltan unas marcas extrañas, posiblemente
significando alguna cosa; no hay más nada alrededor, solo la imagen clara de
la puerta. En ninguna de mis visiones puedo entrar en ellas, solo las contemplo
desde una distancia favorable. Luego empieza a brillar y en seguida ya no hay
más que la intensa oscuridad tenebrosa.
Se me hace imposible creer que mi mente pueda crear algo semejante.
No tengo palabras para explicar lo particular y atrayente que son aquellas
puertas, provocando que no quiera apartar la mirada. Yo no me considero una
persona muy creativa, en realidad, el dibujo no era mi fuerte hasta que me
digné a practicarlo mientras buscaba plasmar los sueños en papel para luego
tratar de encontrarle significado. Y ¡Ta-taamm! Resulto ser una buena
dibujante.
¡He, chicas!
Vemos a un chico catire viniendo hacia nosotras. Al principio frunzo el
ceño y luego me doy una bofetada mental por ser tan estúpida al no reconocer
a mi mejor amigo. Aunque en mi defensa Sam ha cambiado mucho en estos
meses. Su cabello castaño casi rubio está un poco más corto, su tez apenas
bronceada, sin sus gafas puedo ver los increíbles ojos azules, está un poco más
alto y se nota que hiso mucho ejercicio en el verano. Me sorprende ver la
chaqueta del equipo de futbol en su hombro. ¿Dónde quedó el chico
delgaducho, con gafas y que ama los comics, y quién es este tipo?
Tan estupefacta o aun más que yo, Cloe lo mira boquiabierta mientras se
acerca a nosotras sonriendo.
Sam abre sus brazos y me estrecha fuerte. Por un momento, todavía en
shock, me quedo tiesa de la sorpresa y quedándome sin aire, y luego intento
parecer casual y le devuelvo el abrazo de oso que siempre le daba. Me siento
tan culpable de no reconocerlo.
Me alegra verlas. Dice al soltarme y luego de darle un abrazo a Cloe,
quien sí que se queda de piedra sin poder creérselo aun.
¿Qué le hiciste a nuestro nerd?
Le doy un golpecito con la rodilla a mi amiga.
Sam se echa a reír.
Aquí lo ves se señala a sí mismo. ¿Qué te creías, que Zack Efrom
me remplazó?
Créeme que lo consideré Musita.
Hablamos un rato y le pregunto a Sam qué tal sus vacaciones. Me había
dicho que se iba con su familia a visitar a sus abuelos y tíos en Alabama. Me
cuenta sobre las playas y que estuvo en un curso de soccer junto a su primo
Will, también buceó en las cálidas aguas del Mar Caribe, ya que su tío el
sureño tiene buenas relaciones por allá. Comentó algo sobre una chica que
conoció en un bar y que estaba coladita por él, sin embargo, el muy tonto no le
interesaba.
No te hemos hecho la pregunta del año, Sam Dice Cloe. ¿Eres
gay?
Sam se atraganta. Miro a mi amiga y ella se encoge de hombros.
No es una pregunta difícil, amigo tarajallo.
¿Qué? Frunce el ceño, ciertamente ofendido. Soy cien por ciento
hetero.
No te enfades conmigo, tengo mis razones para creer lo contrario. Eres
tú el que no parece interesarse en ninguna muchacha.
Suelta una carcajada nerviosa.
Si lo dices por Piper… no es la chica que me gusta.
Cloe sonríe traviesa.
¿Y quién es? Si se puede saber.
Alguien que siempre me ha atraído más allá de lo físico No nos mira
mientras replica. Y no diré nada más porque estoy empezando a sentirme
como una chica enamorada.
Eres tan tierno. No has cambiado nada.
Me río.
Por supuesto que no.
Sí, no sé por qué discuten tanto ese tema. Ningún extraterrestre me
reemplazó durante el verano.
Cloe resopla sin parecerle chistoso el comentario.
Nuestra conversación es interrumpida por el sonido del timbre. Los
alumnos empiezan a marcharse y nosotros no somos la excepción. Cloe y Sam
se adelantan mientras yo recojo mis cosas. Soy un desastre. Meto el blog de
dibujo en la mochila junto al lápiz. Me vuelvo a colocar los auriculares y
enciendo mi Ipod. Camino hacia el edificio tarareando Love me like you do de
Ellie Goulding. Estoy que bailo.
Entonces, de repente, algo se atraviesa en mi camino. Choco fuertemente
con algo duro, dejándome sin aire y empujándome al suelo de culo. Por un
breve momento sigo grogui por el choque ¿Dios, de qué está hecho, de piedra?
Parpadeo varias veces y frunzo el ceño escuchando la canción bajita.
Compruebo que me falta un auricular y me lo coloco nuevamente. Gruño e
intentando levantarme y aprovechar para insultar a quien sea que no se fijó por
donde iba.
Discúlpame, por favor.
Alzo la vista cuando una mano aparece frente a mí. Estoy paralizada
mientras la canción sigue su curso.

My head’s spinning around I can’t see clear no more


What are you waiting for?

Lo veo entre los cabellos que me cubren el rostro. De pronto se me


olvida lo que ha ocurrido, ya no hay más nada al alrededor, los demás
estudiantes desaparecen y solo queda él. Él. Mi desconocido me mira con
expresión de disculpa sincera, dispuesto a ofrecer su mano como todo un
caballero de las novelas. No puedo apartar la vista de sus ojos. Son de un azul
tan puro, como un mar tranquilo de aguas cálidas.
Estoy estupefacta. Al ver ese pequeño cielo guardado en aquellos ojos,
tengo una sensación de déjà vu y una imagen cruza por mi mente como un
torbellino.
Un hermoso cabello cobrizo, brillante, sedoso, alborotado. Él ve hacia
el horizonte, apreciando la vista desde el acantilado. Apenas puedo ver menos
de su perfil. Parece relajado. Parece un ángel. Su tez tan blanca, mucho más
que la porcelana, tiene un pequeño brillo frente al sol. Eso no le hace daño.
Eso no le hace ningún daño.
Parpadeo varias veces y la imagen de aquel muchacho desaparece al
instante. El corazón late desbocado en mi pecho y siento las gotas de sudor
resbalándose por la frente.
El chico sigue allí, extendiendo su mano para ayudarme. No sé por
cuánto tiempo estuve metida en esa especie de… lo que sea que haya visto.
Intento tranquilizarme para no hacer esperar al chico.
Tomo su mano y el contacto frío me hace estremecer. Ahora yo
pregunto: ¿Acaso está hecho de hielo? ¡Está muy frío! Demasiado para ser
normal, como si acabara de salir de un refrigerador después de congelarse por
unas horas. Él se percata de mi espasmo y me mira atónito cuando me aparto
la melena de la cara. Está como si fuera visto un espanto; y debo decir que no
puede ponerse más pálido de lo que está. Su tez es nívea inmaculada.
Me suelta la mano y da varios pasos hacia atrás. Su rostro consternado se
vuelve suspicaz y sus labios forman una línea recta. Sin decir otra palabra y
con apariencia de salir corriendo en cualquier momento, se gira rápidamente y
camina hacia la entrada del edificio como si estuviese huyendo.
Me quedo allí parada, mirando fijamente el lugar donde vi por última
vez al chico. Siento una necesidad de salir corriendo tras él, pero aparte de que
no me atrevo el chico puede tomarlo de mal manera.
De momento a otro, como si me dieron una
cachetada, regreso a la realidad. Pero… ¡¿Qué
carajos acaba de pasar?! ¿Por qué tengo la
sensación de que el chico también vio algo en mí
como yo en él?

2.-El ruso más raro

Luego de hacer una parada rápida en la oficina de la secretaria, me voy


corriendo por los pasillos sin ver para ningún lado, aunque estoy segura de
que soy la única que da toda su energía por llegar a tiempo a la primera clase
del día. Mis pasos resuenan y mientras más corro parece que se me hace más
largo el camino. Subo las escaleras hacia la segunda planta y sigo por otro
pasillo más. Paso por varias puertas hasta que veo la del aula del señor
Tanner.
Tan solo faltan cinco puertas, así que para frenarme un poco, deslizo los
pies en el piso recién trapeado mientras mantengo un buen equilibrio. Gracias
a lo limpio que está el suelo puedo llegar fácilmente hasta la puerta que
quiero. Con la mano me aferro al umbral mucho antes de pasarme y me
detengo enseguida.
¡Ja! Soy buena.
Sin embargo, cuando sonrío por mi gran agilidad tropiezo con un pie y
por poco me barrajo del todo. Gimo casi sin aire y me levanto agradeciendo
que no haya nadie en el pasillo que haya visto esa escenita tan dañina para mi
reputación en el instituto.
Uff.
Pego la oreja de la puerta y me concentro en escuchar lo que dicen en el
interior. Se me cae el alma a los pies al escuchar la monótona voz del señor
Tanner. Toda la esperanza de poder llegar antes que el profesor se ha ido.
Respiro hondo, toco un par de veces y entro.
La voz del profesor se corta al verme. Me lanza una mirada envenenada
y hace un gesto con la cabeza para que me mueva a sentarme. Sintiendo que
las mejillas me arden voy rápidamente hacia mi puesto. Todos me miran y veo
que Cloe se tapa la boca, intentado falsamente ocultar su risa.
Paso por su lado y le doy un suave codazo, que hace que casi se parta de
la risa. Me dejo caer en la silla y saco la libreta de la mochila. Todo está en
orden, excepto una cosa… Maldita sea, mi bolígrafo. ¿Cómo pude olvidar el
bolígrafo el primer día de clases? ¿Cómo puedo ser tan estúpida? Tampoco
está el lápiz que uso para dibujar, probablemente se cayó antes de meterlo a la
mochila.
Puaj. Soy una idiota descuidada.
No puedo creer que esto me esté pasando este preciso día.
Suelto un gruñido por lo bajo y con vergüenza doy unos golpecitos en el
hombro de Cloe para llamar su atención.
¿Tienes un bolígrafo de sobra, por casualidad? La pregunta tiene
más súplica que curiosidad.
Suerte de que traiga mi lápiz favorito Se gira y busca en su
mochila. Lo uso solo para escribir en mi diario, pero te lo puedo prestar
siempre y cuando no le hagas ni un rasgón.
Suspiro aliviada.
Segundos después Cloe se da la vuelta y me entrega un lápiz casi nuevo.
Pero no es en eso en lo que me fijo, sino en el color rosa pastel y las florecitas
de colores del arcoíris que difícilmente puedo dejar de notar.
Cuidado con él. Ningún mordisco ¿eh?
Asiento sonriendo ante aquel lápiz tan fantástico y enseguida empiezo a
anotar los apuntes.
Por cierto, ¿Qué hacías que duraste mucho?
Dejo de escribir y me quedo viendo el cuaderno, pensando en si contarle
o no sobre mi patético y extraño encuentro con el chico de ojos lapislázuli.
Quiero saber su opinión sobre la reacción de él, pero por otro lado, quería
evitar los comentarios de Cloe, recalcando lo patosa y atolondrada que soy.
¿Para qué hablar de eso? Eso no es un notición ni nada por el estilo, además,
quiero ahorrarme las burlas.
Estaba dibujando y no me di cuenta de que sonó el timbre porque tenía
los auriculares puestos. Digo. Tampoco todo es una falsa. Incluyo lo de
escuchar música y dibujar.
Niega lentamente con la cabeza, en señal de desaprobación.
Tú y tu pasatiempo friki.
No es un pasatiempo friki…Y oye, no creas que se me olvidó que tú y
Sam me dejaron bien atrás Le suelto. Si fueran sido unos buenos amigos,
yo no habría llegado tarde.
Ríe.
¿Muy buena la charla?
Ambas nos sobresaltamos al ver al señor Tanner detrás de mí. Su
expresión malhumorada es la de siempre y cruza los brazos en su pecho.
Más o menos. Replica Cloe y yo me muerdo la lengua.
Hablábamos sobre… los átomos. Agrego intentando no llevarme la
primera falta del año. Aunque no parece funcionar.
Tanner arquea una de sus cejotas, mirándonos con recelo.
Sí, sobre los átomos y… Shakespeare. Prosigue Cloe rápidamente.
La clase rompe en carcajadas y yo estoy que me doy contra la mesa. Ella
se muerde el labio y sus mejillas se sonrojan al instante. Las dos nos
encojemos ante la mirada del profesor. El señor Tanner calla a toda la clase,
dejando el aula como si no hubiera ni un alma.
Espero que no se sorprendan al saber que tienen una hora de detención
después de las clases.Es lo último que dice antes de marcharse hacia su
escritorio.
Vaya. Me gané el latoso.
No es raro lo directo del señor Tanner, es demasiado susceptible. Hay
que tener mucho cuidado con él, cualquier cosita que haga un alumno, por
más pequeña que sea, el profesor mandamás se irrita y lo manda derechito a
detención. E aquí un buen ejemplo.
Quería comenzar mi nuevo año sin ir una sola vez a detención, de hecho
quería comenzar el año sin ningún problema, pero tal parece que el destino
está en mi contra.
A la hora del almuerzo, los tres, Cloe, Sam y yo caminamos hacia la
cafetería como cualquier otro día. Y como cualquier otro día, los alumnos
hablaban y hablaban sin parar, sobre sus vacaciones.
¿En serio le nombraste a Tanner “Shakespeare”? Se burla Sam.
Cloe rueda los ojos y chasquea la lengua.
No te digo que fue lo primero que se me salió.
Por suerte no le mencionaste a Nicki Minaj.
Los dos nos reímos.
Ay, ya. Vamos, tengan un poco de consideración conmigo. Yo sé
perfectamente quien es Shakespeare, pero estaba tan nerviosa que se me salió.
Casi me meo del miedo Resopla. Ya de veras. Dejen de reírse.
Ya que eres taaan linda, no tuviste la fuerza de echarle una ojeada a la
información de la química. Dice Sam. A ver, los hombres más
reconocidos en la química fueron Robert Boyle, John Mayow…
¡Agh! Deja de ser tan nerd y déjame en paz.
Sam vuelve a reír.
Shakespeare. Repite burlón.
Pasamos por la puerta doble y un segundo después estamos en la
cafetería. Es un gran salón con mesas circulares, acompañadas con varios
taburetes en donde reposan estudiantes de todos los cursos. Las paredes son de
color azul desvaído y el piso lleno de baldosas color café opaco. Unas cuantas
ventadas dejan ver el patio trasero de la institución y la cantina está junto a
éstas. Las mesas están ocupadas por grupos separados de diferente clase
social, como los populares, los góticos, los nerds, hippies, entre otros. Se
puede decir que estoy entre los notorios, sin embargo, el crédito se lo lleva
Cloe por estar más unida a ellos.
No puedo evitar observar a una pesadilla de cuarto y quinto: el señor
Tanner. Está cerca de la mesa de los chicos del equipo de fútbol, quienes al
parecer estaban en plena guerra de comida antes de que llegara el profesor.
Los muchachos se ríen mientras que el profesor los mira con la cara de pocos
amigos que muchos conocen.
Cuando nos acercamos a la cantina para comprar la comida, no pude
dejar de notar a alguien sentado en una mesa aparte, solo y alejado de los
demás en una esquina sin mucha iluminación de la cafetería. Es él. El mismo
chico con quien me tropecé y que la me miró como si fuese un espanto.
Él solo mira su bandeja con la comida entera. Está sentado
relajadamente y estira sus brazos a cada lado de la bandeja. Me sorprende su
indumentaria, únicamente de color negra: tejanos, camisa, cazadora y botas de
cuero.
Sigo a mis amigos a través de la cola para comprar la comida mientras
miro al extraño chico que parecía no darse cuenta de lo que pasaba al
alrededor de la mesa. Hay algo en él que me parece demasiado familiar; la
visión que tuve horas antes no era normal, y creo estar segura, aunque suene
loco, que el chico de la imagen es él. El mismo cabello cobrizo, la tez nívea y
nacarada. Por otra parte, no se puede olvidar un rostro como aquel… unos
ojos como aquellos. Dudo que lo conociera antes, pero a la vez siento lo
contrario.
Eh, Kate.
Me giro de repente y me encuentro con dos pares de ojo escrutándome
con los ceños fruncidos. Aun estoy un poco perdida en mis pensamientos.
«Llamando a Katherine Harper a la tierra». Articula Cloe.
¿Comprarás alguna vez?
Sí.
No espero para ir a comprar mi almuerzo. Los dos se me quedan
mirando como si fuera una loca distraída; solo ruedo los ojos y voy caminando
hacia nuestra mesa, donde ya se encuentra todo el grupo. Probablemente mis
dos amigos están a punto de preguntarme si me sentía bien, y probablemente
responderé con otra mentira no tan falsa.
¿Ya vieron al nuevo? Pregunta Kylie Tillman, una de las populares,
la capitana de las animadoras del instituto.
Por supuesto que ya lo vieron, ¿quién no? Replica Caroline Price
como si fuera obvio.
No, no lo he visto. Niega Cloe ¿Quién es ese?
Otro rarito. Ese es Daniel McGowan, el capitán del equipo de futbol.
Ya vieron, no bastaba con Sam.
El grupo ríe y Sam hace caso omiso al comentario mientras se mete a la
boca una gran porción de pasta con salsa kétchup.
Si no tienes algo bueno que comentar, cállate y deja que me informen.
Le advierte Cloe.
Todos nos conocemos desde la escuela, incluso en verano la mayoría
seguía viéndose, saliendo juntos a fiestas y cosas así. Nada ha cambiado en las
vacaciones, y menos las relaciones. Todo sigue siendo como lo recuerdo.
Daniel la mira perplejo con la boca llena. Casi me ahogo de la risa con
mi yogur al ver la cara de idiota del pobre. Cloe no era precisamente amable y
cariñosa en sus malos días; hoy después de enterarse que su hermano menor
rayó la mitad de su ropa por venganza y luego del asunto con el señor Tanner,
ha estado más irascible este día.
Concuerda conmigo en clase de historia y español, así que me enteré
de que se llama Alek Maslov y viene de Inglaterra, aunque en realidad es
obvio que es ruso Dice Kylie. Es aquel que está allá.
Volteamos todos casi al mismo tiempo (sin disimular) para seguir la
dirección que señala Kylie; el corazón me dio un vuelco en el pecho. Alek
Mas-no-sé-qué es el mismo chico con quien había chocado. Todas las chicas
del instituto están locas por el ruso con el que creí sentir una conexión. Es
ridículo, y lo sé, pero no puedo evitar tener una chispa de celos por todas esas
arpías mirándolo.
Uff. Menudos celitos los míos.
¿Quién me da derecho a sentir celos de él?
Por lo que sé, se mudó hace poco Continúa Kylie con la
información. Me dijeron que vive en una casota a las afueras de la ciudad.
¿Con quién? Ni idea. Pero eso no importa, ¿cierto?
Si está solito hay más posibilidades de que me acurruque con ese ruso
en esa mansión sin ninguna interrupción. Comenta coqueta Carissa Cooper,
una de las amiguitas de Kylie.
Todas se ríen y yo me encojo en la silla.
Está como para comértelo y no dejar ni las sobras. Añade Caroline
casi babeándose.
Las demás, excluyéndome, sueltan otra risita tonta.
Sí, ¿Verdad? Digo como si no me importa lo que vemos.
En serio necesitas buscarte unos anteojos, linda. Kylie no da crédito
mi comentario, poniendo a todas las chicas de su lado para que asientan.
Oh, vamos, chicas. En serio. Solo es otro cara bonita, ¿Qué diferencia
hay? Estar fingiendo los celos me ayuda bastante, y en realidad he llegado a
un punto, tengo razón, hay muchos chicos que son guapos. Y todos igualitos.
Date cuenta tú, nena, que Alek Maslov es el tipo más guapo del
instituto. Señala Cloe tratando de hacerme entrar en razón. Pero no va a
funcionar.
Me meto en la boca otra cucharada con yogur de fresa.
¿Y qué pasó con Justin?
Justin, el canadiense de ojos claros, es el novio de Cloe desde hace dos
días. Habían salido por una semana y el sábado, en una fiesta, él le pidió que
fuera su novia; y no estarán separados, ya que la familia del chico se muda a la
ciudad. Justin puede ir al instituto cualquier día de estos. No me quiero
imaginar la cara del pobre si ve a Cloe coqueteando con otro, llevando ¡Dos
días de novios!
Será un completo desperdicio por parte de Cloe, ya que Justin es un gran
partido. Es guapo, con buena familia, inteligente y deportista. Además, es
amable, caballeroso, y no se la pasa por allí como arrogante exhibiendo su
fortuna. Muchas envidian a Cloe por tener a un chico como él.
No pasa nada. No lo voy a dejar. Rueda los ojos al ver mi cara de
suspicacia. Nada más lo estoy viendo, Kate, no es como si fuera mi
siguiente presa.
Tuerzo el gesto.
El punto aquí es Alek Maslov, chicas. Recuerda Caroline.
Ustedes son unas obsesionadas por lo físico. Resalto.
Kylie se encoge de hombros.
Nadie lo niega. A ver si te consigues un novio y nos dejas en paz.
¡Síííí! Exclaman todas al unísono, dejándome boquiabierta.
Río.
Vaya amigas que me gasto.
Por eso mismo, somos tus amigas. Queremos lo mejor para ti.
Y lo mejor es que te busques un novio. Agrega Cloe burlona.
El candidato perfecto podría ser Alek, ¿no creen? Opina Caroline
con una sonrisa. Total cliché, la niña buena y el chico malo que repitió
cuarto año de curso.
Todas estallan en risas.
Pobre de ti. Me dice Daniel. Te quieren volver la friki del friki.
Niego con la cabeza mientras las otras se ríen. Sam parece ser el único
de mi parte, aunque en realidad de parte del puré de papas que se está
jartando. Levanto la vista y observo al chico de ojos lapislázuli. Alek. Está
concentrado dibujando algo en la mesa. La curiosidad crece en el fondo de mí
ser y trato de estirar un poco el cuello para ver de qué se trataba la ilustración.
Es estúpido puesto que estoy muy alejada, está de sobra intentar mirar.
El chico se detiene y levanta la cabeza mirando al frente. Gita un poco y
su mirada se encuentra con la mía. De nuevo la sensación de que lo conozco.
No son necesariamente sus facciones; aportan, sí,
pero hay algo más que se me hace muy, pero muy
familiar.
No puedo apartar la mirada. Es como si él
fuese un imán, terminando siendo yo el metal que
es atraído sin poder resistirse. Él, sin ningún
problema, aparta sus ojos y como si estuviese
molesto, observa la bandeja de su almuerzo. De
repente quiero que me mire, que no aísle sus hermosos ojos de los míos, ya
que cuando se alejan siento un vacío inexplicable.
Con agilidad se levanta de su taburete y agarra la bandeja con
brusquedad. Camina decidido y sin mirar a otro lado más que al frente, echa la
comida sin tocar en el cesto y se marcha del lugar como un toro enojado.

3.-Sencillamente difícil de olvidar

Mi mente sigue cavilando en la clase de educación física. No presto ni poco de


atención a lo que hacemos, y a decir verdad, se me da de lo peor el deporte.
No es raro. Tengo dos pies izquierdos, en otras palabras problemas de
coordinación. Alek Mas… (¡Qué más da!), ahora mi compañero de biología,
estuvo muy raro en clase.
Cuando entré al aula me encontré que estaba casi todos los puestos
ocupados. No fue que dejé mi búsqueda hasta que lo vi, y el asiento que tenía
al lado. Me fui a sentar cuando el profesor llegó, ni idea de cuánto tiempo
había pasado desde que me quedé allí parada como una idiota. En cuanto
llegué a su lado él me miró, perdido, como si estuviera viendo al vacío. Por un
momento lo observé sin moverme, acto seguido me dejé caer en la silla y me
encogí en el asiento.
Su mirada es tan intensa que a veces siento como si ve a través de mí.
El señor Minkman comenzó su clase y todavía Alek no apartaba la
mirada. Me sentí demasiado expuesta. En algún momento de la clase alcé la
cabeza y lo miré para de una vez por todas aclarar esa cuestión que me estuvo
acosando casi toda la jornada del día. Sin embargo, todo lo que se pudiese
llamar coraje o valentía se esfumó y me quedé en blanco. La expresión de él
era de una tristeza controlada, intentaba que su rostro no fuera evidente pero
sus ojos no me podían mentir. Esos espectaculares ojos azules se veían caídos
y cuyo más tranquilo y de aguas claras me provocaba lanzarme, se tornó un
tono más oscuro; me dio la apariencia de un mar en la noche.
Y eso no es lo más extraño.
Antes de que sonara el timbre nuevamente, la tercera vez, me armé de
valor y giré la cabeza hacia él, intentando no mirarle a los ojos. Estuve a punto
de preguntarle lo que tenía al ver lo que tiene guindado en el cuello. Es un
collar de cadena plateada, llevando un dije no más pequeño que una moneda
de cinco centavos, con una piedrecita en el centro de color rojo aun más chica.
De broma pude verlo, estaba un poco culto debajo de su camina.
Él se dio cuenta de mi observación y se da la vuelta con intención de
levantarse de su taburete. Suena el timbre y Alek ya se encuentra justo debajo
del umbral de la puerta. ¿Qué rápido? ¿Está huyendo de alguien? ¿Está
huyendo de mí? También concuerda conmigo en la clase de literatura, pero me
ignora tanto como en el aula del señor Minkman o en cualquier otro lugar.
Ahora tengo una pequeña razón para sospechar que lo conozco. Solo él
tiene que darme la definitiva.
Estoy con ese pensamiento en las últimas clases del día. Debo hablar con
él, preguntarle si hemos estudiado juntos en el parvulario o cualquier
estupidez. No voy a estar tranquila hasta que hable con Alek, ya la idea se me
ha metido hasta los poros, no puedo retroceder. Y esa expresión afligido de
sus ojos… ¿Cómo puedo olvidar eso? Me siento culpable y no tengo ni la
mínima idea del por qué.
No sé que el balón de voleibol viene hacia mí hasta que me pega en todo
el centro de la cara. Salgo volando hacia el suelo, viendo estrellitas y casi
noqueada. Apenas escucho unas risitas a mi alrededor y otras personas que ya
se acercan hasta donde estoy tirada, me miran desde su altura.
La señorita Lowell se abre paso entre las estudiantes y se agacha a junto
a mí para comprobar que no estoy grogui del todo. La cara me empieza a arder
y veo lucecitas azules y verdes por todos partes.
Aparto la vista de la profesora y de Cloe y miro al techo con los ojos
entreabiertos. «Por qué a mí».
¡La próxima que se ría la mandaré a dar dos vueltas completas a la
institución! Grita Lowell a las chicas y éstas dejan de reír. Katherine, ¿Te
encuentras bien? ¿Necesitas que te lleve a la enfermería?
Mi vuelta de conciencia la saca de dudas, no me va a llevar con la
enfermera. Eso es mejor que estar jugando (o tratando de jugar) un deporte
que ni entiendo. Jamás he sido fanática del deporte, quizá ahora el destino me
castiga por no adorarlo. Menuda materia.
La señorita Lowell me ayuda a levantarme de un tirón y me acompaña
hacia el principio de las gradas para sentarme. Me ofrece una botella de agua y
no vacilo al tomarla. Si fuera por mí, me echaría toda el agua fría en la cara, a
ver si alivia el dolor punzante. Ya que el rostro me arde a cien, supongo que lo
tengo rojo como un tomate.
Lo que me faltaba… Tuve suerte de no quedar noqueada.
Las demás chicas siguen con el juego y la profesora se incorpora
nuevamente en la clase. Me tomo casi toda el agua de la botella y cierro los
ojos en un intento de apaciguar el fiero y palpitante ardor. Para mi suerte, la
señorita Lowell no me obliga a seguir con el juego. Lo siguiente que fuera
hecho es tropezar con una fila de chicas. Aparte de ser pésima en el deporte,
soy dos pies izquierdos, ya está.
Entonces veo a Cloe que se escapa de la clase y se acerca mí. Aun con el
uniforme mi amiga se ve muy chic, combinándolo con accesorios muy frikis
para mi gusto. El uniforme de educación física consiste en una franela gris,
pantalón de chándal impermeable de color azul marino y zapatos deportivos.
El que yo tengo me quedaba grande, no, volando; menos los zapatos, que sí se
me ajustan bien.
Mientras que a Cloe le queda todo bien. La franela y el pantalón se le
ajustan al cuerpo, resaltando su figura. La camisa es de color rosa pálido con
la palabra Diva escrita en medio, el pantalón de chándal sí es de color azul
marino y llevaba una pañoleta fucsia enrollada en el pelo dorado, que se lo ha
recogido en una coleta. No le importa el regaño de la señorita Lowell en
cuanto a la regla de vestimenta, y ésta ya está tan acostumbrada a ver a mi
amiga vestida así que ya ni le importa regañarla, en vano.
¿Cómo te sientes?
Suspiro.
Ya veo. Prosigue al ver mi mueca de dolor.
No la vi venir. Es lo único que puedo decir. Aun me parece que veo
estrellitas.
Eso se notó Se mofa. Estabas como que muy distraída. De hecho,
casi te gritaba un «Llamando a Kate desde la tierra» por segunda vez
consecutiva.
Con la yema de los dedos, hago movimientos circulares en mis sienes.
Ahora siento que la cabeza me va a explotar.
¿Me dirás lo que te pasa? Has estado muy rara desde la clase de
biología. Sí, lo recuerdo. Y no me mires así. Claro que he notado lo poco
comunicativa que estás. ¿Qué tanto piensas? Arquea una ceja esperando mi
respuesta.
Me yergo en el asiento y me acomodo el pantalón que estoy pisando con
los zapatos. Me queda grandísimo.
La miro unos segundos asimilando si debo decirle sobre mi extraño
compañero de biología o no, sobre el ridículo choque que tuvimos. No puedo
ocultarle nada a ella, es imposible para mí. Nunca nos ocultamos nada, es la
regla de mejores amigas. Además, soy pésima mintiendo, y eso se nota.
Sí, se lo diré. No importa si mi reputación cae por los suelos.
¿Recuerdas el chico nuevo, del que hablaban tú y Kylie? Cuando
asiente continúo. Me tocó de compañero en Biología decido comenzar por
donde me parecía más fácil: el principio.
Duramos un buen rato sentadas mientras le cuento todo sobre lo que me
ha pasado con Alek Maslovo (como se diga) que no es mucho. Le digo sobre
la mirada tristona que tenía cuando me vio, también le cuento sobre el
repentino déjà vu que sentí al verlo (no le mencioné la visión), cuando se
había marchado apenas sonó el timbre y hasta puede que mis sentimientos
hacia él, resaltando lo frustrada que estoy por el comportamiento del chico.
Al final, ella suspira mirando al suelo. Luego me mira de repente con
una sonrisa divertida.
Y yo que pensaba liarte con Brandon Eclov.
Me quedo boquiabierta.
¿Y se puede saber por qué ibas a hacer semejante disparate?
Es que… quería echarte una ayudadita con eso de los chicos.
No necesito ayuda con los chicos, y menos de esas sugerencias tuyas.
Ahora sé que no-o. Me dio un empujoncito en el hombro.
Ya basta. Ya te dije que lo único que me tiene frustrada es esa cuestión
de si nos conocemos de antes o no. Él no me gusta. Le aseguro. Aunque no
estoy tan segura de lo que acabo de decir.
Ella se ríe
Sí, cómo no. Sabes perfectamente que estás loquita por el precioso
irlandés, solo que eres demasiado orgullosa para aceptar que te gusta.
Suelto una risa.
Yo solo te digo la verdad. No me gusta y nunca lo hará. Tal vez me
lo decía a mí misma.
Cloe no deja de reírse.
Es más, mañana ni lo miraré. Se me va a olvidar.
Claro, y te vas a quedar con las ganas de saber si estudiaron juntos en
el parvulario. Dice irónica.
Doy un brinco en el asiento, sobresaltada al oír el timbre de repente.
Escucho la risa de Cloe a mi espalda. Sí, estoy nerviosa tan solo pensar en el
chico raro. Nerviosa ante la idea de verlo de nuevo y derretirme de inmediato,
como casi hago en la clase de biología. La decisión de sacármelo de la cabeza
es buenísima pero, sería más que difícil olvidarlo… ¿Cómo podría borrarme
de la memoria semejante querubín, sus ojos? En este lugar no se ven muchos
chicos como él; sería una locura que no esté en boca de todas las chicas del
instituto.
4.-Pensamientos no tan buenos

Es como si el destino está en mi contra este preciso día. Primero mis amigos
me dejan sola en el patio para después chocar con un ruso-inglés guapo que
parece odiarme, luego llego tarde a clase y me gano el primer visto malo del
día, de paso con Tanner… más tarde el mismo chico con quien me topé
estúpidamente actúa extraño (dos veces) y enseguida se marcha. Para rematar
tuve que pasar una hora entera en detención, escuchando el prolongado y
fastidioso discursito de Tanner.
Sigo el camino conocido hacia mi casa luego de despedirme de Cloe.
Aun pienso en el chico nuevo. Me pregunto si él tiene un problema
psicológico o es que si los europeos son de esa forma. Todavía estoy perpleja
por sus «huidas» de mí. Porque eso es lo que siento: que huía de mí.
Comparto la misma opinión que Daniel. Sí que era raro ese chico
Maslov. No obstante, a pesar de ese hecho, sigue allí la sensación de que lo
conozco, por más que intente hacerla a un lado, sinceramente no puedo.
Estuve a punto de hacerle la cuestión a Alek, pero debido a su escapada no
pude decir ni pío. Ahora, hasta que no aclare aquello con él, no voy a estar
tranquila. Eso es lo que temo.
Paso la calle luego de ver hacia los dos lados y saco el contenido de la
bolsa de papel que me dio el señor Breslow, el dueño de la librería por la que
paso todos los días después de la escuela. Reviso la portada y el reverso del
libro. Lo elegí porque me encantan las novelas de lo paranormal. Me costó
tanto encontrarlo en físico, hasta el día de hoy, cuando el señor Garrison me
avisa que hay nuevos libros.
La obra se llama Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu. Trata sobre una
chica que vivía con su padre en un viejo castillo muy alejado del pueblo más
cercano, donde la hija del hombre resulta atacada cada noche por Carmilla,
una vampira. Y creerán que estoy loca por leer este tipo de historias, pero la
verdad es que me gustan mucho los libros de misterio y, como ya dije, lo
paranormal.
Más adelante logro ver la calle donde vivo. Parece imposible el poco que
he durado para llegar. Todo eso por disfrutar del camino. Me gusta caminar y
sentir el aire fresco mientras paso todas las coloridas y adornadas fachadas de
las tiendas. Incluso en el montón de tiempo que tuve libre durante el verano
fui varias veces al parque y dibujé el bonito contorno.
Los niños juegan a la pelota en la calle y dos pequeñas sentadas en el
borde de la acera les avisan cuándo se acerca un coche para que se aparten.
Veo a la señora Weber sentada en la mecedora bajo el techo de su porche, y
las mujeres que se enteran de todo en el barrio están todas juntas paradas
frente a la casa de una de las integrantes del grupo de tres, mirando de un lado
a otro como si fueran ventiladores.
Una de ellas, la señora Graham, se da cuenta de mi llegada y alza la
mano para saludar.
¡Oh, buenas tardes, Katherine!
Hago una mueca y trato de ocultarla con una sonrisa forzada.
Buenas tardes.
¿Te has enterado de los nuevos vecinos? Pregunta la señora Price,
señalando la mansión antigua al otro lado de la calle, a cinco casas de
distancia.
Niego con la cabeza.
Tal parece que no son una familia tan grande. Apunta la señora
Freeman con las manos en la cintura.
Solo como cinco integrantes. Agrega la otra.
Por eso mismo. La familia mía está conformada como de cien
personas. Suelta una de esas carcajadas estruendosas que la caracterizan.
Me parece haber visto a chicos de tu edad.
Vaya, a esas mujeres no se les escapa nada de nada.
Umm…súper. No sé qué más decir.
Antes de que siguieran con la cháchara, que la verdad no me interesa oír,
voy hacia la casa. No pretendo convertirme en una nueva integrante de su
grupo cotilla. Me doy cuenta de que el coche de mi madre está en el camino
de acceso, la buena noticia de que no tiene doble turno en el hospital el día de
hoy. Al menos algo bueno después de todo.
Subo los escalones del porche y abro la puerta luego de meter la llave,
girar y dar un empujón con la cadera. Entro a la casa siento recibida por Bokor
y agradecida por su bienvenida, lo mimo, cerrando la puerta con el pie. El
miso levanta el rabo peludo y me acaricia la pierna con la cabeza.
La casa está en un rotundo silencio, probablemente mi madre se ha
acostado a dormir un rato. Tiro la mochila al sofá y voy a la cocina por una
botella con agua fría de la nevera.
Al cerrar la puerta del refrigerador noto algo diferente en la pulcra y
reluciente cocina. Bebo un sorbo de agua y miro lo que hay en la encimera.
Marcas oscuras, en señal de que se quemaba algo en ese sitio. Todo lo demás
está limpio, y se nota que hubo un intento de deshacer aquellas marcas.
Frunzo el ceño y paso un dedo por lo negro. Extraño. Verdaderamente
extraño.
Me doy la vuelta y doy un salto hacia atrás al ver a mi madre parada
junto al umbral. Me llevo una mano al corazón e intento calmar mi respiración
agitada. Casi me da un infarto.
Mamá… ¿Cuándo llegaste?
Cruza los brazos sobre su pecho y me lanza una mirada interrogante.
Creo que soy yo la que debe preguntar. Ahora se lleva las manos a la
cintura y camina hacia mí. Pensé que debías llegar hace una hora.
Y así era pero…el muy fastidioso del señor Tanner se puso en plan
irritable, entonces a Cloe y a mí nos mandó a detención por una hora.
¿Se puede saber qué hicieron para molestarlo?
Pues nada. Ya sabes cómo es él.
Hummm-hum.
Sonrío y le doy un beso en la mejilla.
Es en serio. Al final me cree y sonríe también. No puede conmigo,
soy su niñita. Nunca le miento y ella lo sabe. Por cierto, ¿Qué le paso a la
encimera?
Mira detrás de mí y se queda en silencio unos segundos.
Como ves. Se quemó un poco.
Tuerzo el gesto y tomo otro sorbo de agua fría. La respuesta más vaga
que me ha dado en mucho tiempo.
En fin Dice luego de un rato. Voy a preparar la cena más tarde,
¿Alguna preferencia?
Niego con la cabeza.
Lo que prepares me encantará.
Sonríe.
Sí, por supuesto.
Le doy otro beso en la mejilla y camino hacia las escaleras.
Voy a terminar la tarea de química. Aré que al señor mandamás se le
caiga la barbilla al ver que soy una buena estudiante.
Se ríe.
Desde luego, y después harás que te den una medalla por la mejor
alumna del año. Opina con sarcasmo.
Ajá.
Con el sonido de su risa subo las escaleras de dos en dos hasta la
segunda planta después de buscar mi mochila y el libro. Paso por el ancho
salón de arriba y cruzo por el largo y estrecho pasillo hasta la segunda puesta a
la derecha. Llego a pensar que mi cuarto es el único lugar de la casa que está
más actualizado, con la laptop, los audífonos, las lámparas y los posters de
algunos cantantes famosos. Además, mamá había cambiado el lúgubre color
de pared marrón por uno que a mí me gustara, y claro, opté por el morado.
Mi madre, Bokor y yo vivimos en una casa victoriana, donde casi todo
es de colores oscuros y con decoraciones tan arcaicas que mamá se niega a
cambiar. Según mi madre, recordando que me contó una vez, la casa ha sido
de la familia por generaciones, desde un siglo que ni recordaba. Creo que es
tonto no hacer por lo menos un embellecimiento a la casa, agregándole cosas
nuevas. Aunque no digo que no me guste tal y como está.
Cuando pongo un pie dentro de la habitación me siento relajada. Este es
mi mundo personal, donde nadie me critica, nadie me reprocha por no haber
besado a un chico todavía o por no tener buen sentido de la moda.
Completamente relajada. A la izquierda junto al armario se encuentra el
caballete y alguna de las pinturas que ya he hecho, también está el escritorio
con la laptop y justo al lado el librero donde guardo todas mis novelas
favoritas. A la derecha se encuentra mi cama, sin colores rosas o peluches que
dan miedo, todo de color morado y negro; aparte está tocador y en la pared
detrás de la cama tengo pegadas montones de fotos que me he hecho con Cloe,
Sam, algunos amigos, con Bokor, y mi madre.
Doy un suspiro de satisfacción con las manos en las caderas como si
estuviera viendo la mejor obra de mi vida. Cierro la puerta detrás de mí y voy
directo al escritorio. Dejo la bolsa de papel encima y saco la libreta mochila,
buscando de una vez los apuntes de química. La lectura podría esperar. Ese
tipo ya la agarró conmigo, posiblemente lo tendré encima todo el año, así que
es mejor llevármela bien con Tanner.
Más tarde bajo a cenar con mi madre. Todo está delicioso, como
siempre. Bromeo a veces con ella sobre que se equivocó de profesión. En
realidad fuera sido una excelente chef. Media hora después las dos nos
echamos en el sofá de la sala y vemos unos capítulos de La Ley y el Orden
hasta un poco más de las nueve de la noche. Me manda a dormir ya que tengo
clases mañana y, por supuesto, solo me voy a mi habitación y me echo en la
cama para leer unos capítulos de Carmilla.
Apago la luz por si acaso mi madre se asoma a la habitación y enciendo
una linterna. Cuando soy consciente de que llevo más de una hora leyendo, me
apresuro por terminar el capítulo. Tan fascinante está la historia que voy por el
capítulo seis.
Vi, o imaginé, la estancia tal como era, y aunque se hallaba sumida en la
penumbra, advertí que algo, que al principio fui incapaz de distinguir con
claridad, se movía a los pies de la cama. No tardé en darme cuenta de que se
trataba de una especie de gato monstruoso, tan enorme que cubría la longitud
de la alfombra que se encontraba delante de la chimenea. El terror que se
apoderó de mí me impidió gritar. La oscuridad que me rodeaba aumentaba
por momentos, hasta que solo fueron visibles los ojos de aquel animal
fabuloso, que iba de un lado a otro cual fiera enjaulada. Noté que subía de un
salto al lecho. Sus enormes ojos se acercaron a mi cara y de pronto sentí un
dolor punzante en el cuello, como si me clavaran dos grandes agujas apenas
separadas entre sí…
Escucho un sonido en la ventana, como un arañazo estridente que haría
mear a cualquiera. Apago la linterna y agudizo el oído. Nuevamente el araño a
la fachada. No soy la única que se altera con el ruido. Bokor está sentado en el
en el piso, iluminado con el resplandor de la luna, mirando fijamente a la
ventana. Salgo de la cama y camino descalza hacia ella.
El miso me mira con sus grandes ojotes ambarinos, voltea a ver a la
ventana y nuevamente regresa su mirada a mí. Aquello me pone perpleja,
sintiendo como si él me quisiera decir algo. Sé que suena loco pero, a veces
eso pasa, que pienso que el gato es más inteligente de lo que creo.
Suspiro con el corazón latiéndome desbocado y camino lentamente hasta
acercarme lo suficiente a la ventana como para echar un vistazo rápido. Con el
coraje que nunca creí tener alzo la mano para apartar un poco la cortina y miro
por la abertura.
Descubro que hay una rama rasguñando la fachada de la casa y gran
parte de la orilla del tejado. Sonrío al saber que todo este miedo que sentí no
fue solo por una rama. De inmediato, algo en mi visión periférica llama mi
atención. Creo ver algo en la penumbra junto a los arboles, al otro lado de la
calle. No sé si es que ya me está pegando el sueño o que en verdad algo se
movió en las sombras.
Antes de que mis pensamientos sigan por un camino que no quiero, dejo
caer la cortina y me vuelvo para cargar a Bokor. Éste maúlla y sigue mirando
la ventana mientras camino de regreso hasta la cama. Lo dejo sobre el
cobertor y enseguida me meto debajo de las sábanas, acomodándome bien y
tratando de dormirme.
Sin embargo, no puedo evitar tener un mal presentimiento.

Al sonar el despertador amanezco con un humor de perros. Anoche


había sido difícil, no logré dormir bien luego de que la extraña sombra detrás
de los arboles junto a mi casa me impidiera pegar el ojo; a las cinco de la
mañana es cuando no aguanto ni un segundo más y caigo rendida ante el
sueño.

Aparto la cobija con dos patadas y salto de la cama directo al baño. Me


echo agua en la cara y salgo hacia las escaleras para dirigirme a la cocina. Veo
a mi madre llevando el desayuno a la mesa. Dada su apariencia, no hace
mucho que acaba de llegar del trabajo. Tiene puesto el uniforme del día
anterior y una apariencia de no haber dormido en veinticuatro horas.

Hola. Le digo acercándome a ella para darle un beso en la mejilla.


Hola, cielo replica poniendo una jarra de jugo de naranja en la
mesa. ¿Lista para otro día de nueva rutina escolar?

No le entiendo. ¿De dónde saca tan buen humor luego de no dormir


tantas horas? Yo sí que estoy desvelada y con mal genio.

A pesar de eso sonrío.


Por supuesto. Ya me conoces, soy una scout preparada ella sonríe.
Me siento en la silla frente a la mesa y tomo una tostada para untarla con
mantequilla. ¿Hace poco que llegaste?

Asiente agarrando una fresa del bol que ha puesto en la mesa.

Sí, y tengo que admitir que estoy hecha polvo bosteza, tapándose la
boca con la mano. Me voy a dormir un rato. No vayas a llegar tarde a la
escuela ¿ok?

Nunca llego tarde. La primera mentira más grande de mi vida.

Más te vale. Me da un beso en la frente y sale de la cocina.


Bokor está debajo de la mesa y le sonrío al verlo echadote
perezosamente, como siempre.

¿Tú también estás trasnochado? Le pregunto, y con la mirada que me


lanza ma di por satisfecha con su respuesta.
Mamá asoma la cabeza por el umbral, frunciendo el ceño. Casi me da un
infarto al pillarme así de desprevenida.

¿Con quién hablas? Inquiere con mucha curiosidad.

Pensé que ya te habías ido a acostar.

Solo revisaba una cosa arquea una ceja esperando mi respuesta.

Le hacía una simple pregunta al gato.

Sonríe.

Ok. Sigue charlando con tu amigo. Dice y se va a subir las escaleras.

Me río.

Mamá, no estoy loca. Alzo un poco la voz para que me oiga.


No he dicho eso, cielo.
Después del desayuno comienzo mi rutina actual. Al menos sé que este
día no será como los otros. Estoy pensando en hablar con Alek Maslov de una
vez por todas. Agarro un bol, me sirvo la leche y el cereal y agrego unas
cuantas fresas. Necesito salir de esto lo que es ya, porque si no lo hago es muy
probable que me vuelva loca.
5.-Momento de coraje desperdiciado

Mis ansias de ver a Alek Maslov (¡Ja! Lo logré. En realidad no es un


trabalenguas, yo solo soy orgullosa) se intensificaron, me convencí de que
solo es que estoy frustrada con la misma pregunto de que si lo conozco o no.
Porque de eso se trata, ¿no? Se supone que no tengo otro motivo por el cual
querer verlo. Nop. Claro que no. En la mañana casi ni desayuno meditando
sobre la decisión de encararme con el ruso y qué coño voy a decirle si logro
acercarme a él. Los cereales se diluyeron completamente en la leche de tanto
mezclarlos.
No se puede considerar un acto usual en mí. Digo, pues eso de estar tan
inquieta para hablarle a un chico no me ocurre a menudo, para ser sincera,
creo que no me sucede nunca. Pero este comportamiento sólo es con Alek
Maslov. Tengo unas ganas tremendas de cancelar mi plan de hablarle, tan solo
me lo imagino sentado a mi lado y ya me intimida. Dios, y como odio eso. No
obstante, tengo que hablar con él porque sí; sino, las consecuencias son que
me volveré loca, si es que ya no lo estoy.
Hoy Cloe aparece frente a mi casa con su Ford fiesta blanco impecable,
reparado y esperando emocionado por usarse. Dejo que me lleve. A parte de
que no me puedo negar, quiero llegar temprano al instituto para ver si me
encuentro con Alek por el patio. Mi amiga está que salta de la alegría al tener
nuevamente un transporte propio, hasta me pide que la acompañe a Salem
para ver las tiendas de ropa de por allá, o también para pasear en el coche y
ya. Yo sí que me río con ella y sus ocurrencias.
Cuando llegamos al instituto nos encontramos con Sam y los otros en el
estacionamiento. Aprovechando que todos están distraídos hablando sobre
algo que ni estoy pendiente, me apoyo del capó del Ford de mi amiga y miro a
todos lados como un ventilador. Me mantengo muy paciente mientras que aún
persiste la duda de si hablar con él. Alek no se aparece. Miro todos los coches
que llegan y de ninguno sale un espectacular adolescente ruso.
No me rendiré tan fácil. Si bien mi decisión había sido muy firme esta
mañana, ¿Por qué no lo iba a ser ahora? Tengo que hacerlo por mi bien. Hasta
cuando veo sombras bajo mi ventana en la noche, pienso en él. No quiero
volverme loca por un chico, y menos por uno como ese Ivanov.
Espero todo el santo día hasta que llegue la clase de biología, con la
esperanza de encontrármelo. Al entrar al aula del señor Minkman casi me da
tortícolis de tanto estirar el cuello y mantenerlo. No está. El taburete junto al
mío está vacío.
En la cafetería me quedo viendo la mesa vacía donde se sentó el día de
ayer. Tengo que hacer un gran esfuerzo para fingir entrarle a la conversación
del grupo, ya que Cloe empieza a sospechar de mí. Al pasar un rato vuelvo a
mirar la mesa vacía y suelto un suspiro.
Una vocecita en mi mente me anima diciendo que todavía puedo verlo
mañana y el día siguiente. No me preocupo. No tanto. Solo un poco.
Llega el miércoles y no hay rastro del susodicho. Así sucesivamente
pasa la semana, sin nada de Alek. Estoy tan frustrada que no me sorprendería
buscar hasta por debajo de las rocas. Es como si él se fuese desaparecido. ¿Y
si se marchó de la ciudad? Qué lata. Entonces, mi plan termina siendo como
todo lo demás: un desastre total.
El fin de semana se me hace más largo de lo que parece. El sábado Cloe
intenta sacarme de la cueva, mi cuarto, pero me niego poniendo la excusa de
que me duele el estómago por los batidos de chocolate que nos tomamos el
viernes, cuando fuimos con Sam. Al principio cuesta un poco convencerla,
puesto que quiere ir a comprar ropa a Salem, y supuestamente y yo tengo que
ir; pero luego acepta mi excusa y no insiste más.
El domingo no estuvo tan mal. Mi madre y yo nos ponemos en plan
«Aseo de la casa» sabiendo que tiene todo el día libre. Una maravilla. A pesar
de que comenzamos en la mañana, fuimos terminando a horas de la tarde.
Limpiamos la casa de arriba a abajo, lavamos la ropa, sacudimos el polvo de
los cojines del sofá así como también limpiamos los adornos y cuadros,
acomodamos los cacharros desordenados del ático y hasta acomodamos un
poco nuestro jardín. Rato después nos ponemos manos a la obra en la cocina y
preparamos unas sabrosas galletas de vainilla. Vimos películas una hora más
hasta la noche. Luego de todo me ducho y me pongo mi piyama para después
acostarme en la cama y leer un rato Carmilla.
Mi madre entra a la habitación poco después con un vaso con leche
caliente y unas galletitas. Conversamos un rato, mamá contándome sobre las
historias del hospital y que hay un trío de chismosas que le recuerdan a las
señoras del barrio. Me da un beso en la coronilla y sale de la habitación.
Sigo leyendo un rato más, sin acordarme del motivo de mi frustración
los días anteriores. No me doy cuenta cuándo me quedo dormida.
Esa noche sueño con Alek. Aunque me parece tan real y a la vez
inverosímil. Real porque el lugar es mi habitación, e irreal porque Alek
Maslov está allí. Permanece parado frente a la cama, mirándome en silencio,
como un vigilante. La luz de la luna se cuela por mi ventana y las sombras de
la noche me impiden ver con claridad su bello rostro. Aquello me recuerda
bastante a las escenas del libro que leía, provocándome escalofríos.
El sueño se ve tan real que me despierto en plena madrugada con el
terror de haber imaginado ver ojos rojos reemplazando los de Alek, y
creyendo verlo en el mismo sitio de mi sueño. Me estrujo los ojos y enciendo
la lámpara encima de la mesilla de noche.
Nada. Estoy sola.

Lunes. Me despierto dando un salto en la cama cuando oigo el sonido


del despertador. Me levanto y camino arrastrando los pies fuera de la
habitación. Luego de la parada rápida en el baño bajo las escaleras y me dirijo
a la cocina, donde el silencio solo es interrumpido por el cantar de los pájaros
que se posan en la ventana.
Voy hacia la nevera y encuentro un pedazo de papel de cuaderno, con
una nota de mi madre, diciendo que tuvo que salir temprano al trabajo y que
tiene doble turno. ¿Sería porque le dieron el domingo libre? Pues si es así, eso
es una maldad por su parte. Ni les importa que mi madre se mate todos los
días de trabajo.
Dejo la nota en la encimera y procedo a preparar el desayuno. Opto solo
por un cereal, lo más rápido posible. Friego los trastos y limpio mi desorden
antes de irme a arreglar. Y minutos después escucho el sonido de un coche
frente a mi casa, por supuesto que al asomarme veo a Cloe haciéndome una
seña con la mano fuera de la ventana del auto.
Agarro mi mochila y bajo las escaleras mientras me hago una coleta en
el cabello. Me despido de Bokor y salgo de la casa directo al coche. La
semana pasada se la pasó todo el tiempo buscándome, es evidente que no se
resistía a poder usar su Ford. No la culpo. Hasta yo estaría contentísima si me
dan un coche, aunque sea viejo y usado.
Hey, hey, rojita. ¿Lista para no estirar las piernas hoy? Dice cuando
me acerco a ella.
Camino por el frente del coche y me subo al asiento de copiloto.
Para eso estás aquí ¿no?
Para eso y también para darte las buenas nuevas del fin de semana.
La miro y ella sonríe, acelera e incorpora el auto en la calzada.
Pensé que no tenías ningún otro plan que salir conmigo a Salem. La
verdad no me sorprende lo rápido que se las arregló para planear una salida,
solo quiero divertirme un rato.
No lo tenía Arqueo una ceja divertida. Hasta que… Justin me
invitó a salir el sábado y no lo pude rechazar solo porque tú me rechazaste a
mí.
Me quedo boquiabierta.
Qué bien. Yo soy la culpable de que casi no sales de tu casa.
Corrección: eres la culpable de que haya pasado un día tan bueno con
mi canadiense.
Sonrío.
Ya déjate de rodeos y cuenta, que estoy segura de que quieres presumir
tu salida.
Ay, me conoces tan bien, rojita.
No me llames así y empieza de una vez.
Bien, bien. El muy sabroso de Justin me llevó a Salem, comimos unos
helados y luego fuimos al cine. Más tarde hicimos una parada en el parque y
de momento otro, y créeme que lo estaba esperando con ansias, me besó.
Pero… oh, Kate, si supieras cómo fue aquel beso. Me dejó grogui. Fue tan
intenso y su lengua…
Me tapo los oídos.
¡Basta! Chillé. Ya está bueno. No tienes por qué darme todos los
detalles. Demasiado nauseabundo ya me parece como pare que tú vengas y
cuentes esos detallitos.
Eso es porque no me entiendes. A ver si te buscas un novio para que
veas por lo que yo paso.
Hago caso omiso a su comentario.
Estás consciente de que tarde o temprano lo dejarás ¿verdad?
Sonríe.
No, eso no va a pasar. Te lo aseguro. A este mega chico no lo dejo ir ni
de broma.
Me encojo de hombros.
Si tú lo dices…
Sí, sí lo digo y lo cumpliré.
No hay forma de convencerla, tampoco quiero arruinarle esa emoción
que tiene por Justin. Ciertamente no me lo esperaba, estoy segura de que ella
tiene razón, estoy segura de que esa relación tiene futuro, por más pequeño
que sea la posibilidad. Jamás vi a mi amiga con tanta alegría por un
muchacho, y jamás le había llegado uno como Justin.
Llegamos al instituto y enseguida nos apeamos del coche cuando Cloe lo
aparcó en el estacionamiento. Todo parece volver a la normalidad, lo que yo
llamo normalidad a estar devuelta a clases y vivir un día como cualquiera.
Pienso que tener a Alek en la cabeza todo el tiempo causó el sueño de anoche,
y la lectura también pudo intervenir allí, por supuesto. Nada igual me ha
pasado antes, y prefiero volverme loca por un sentimiento vago que por un
chico que definitivamente no está a mi alcance. De hecho, no quiero pensar en
nada de eso.
Si no aparece hoy me doy por vencida…espera un momento. He
decidido no pensar en eso y tengo que cumplirlo. Debo regresar a la
normalidad porque siento que el asunto con Alek me ha cambiado en tan solo
una maldita semana. Seguir esperando es pura idiotez, aparte de que ya ni me
acuerdo de lo que iba a decirle…Na, mejor dejo toda la trama está que me
armé y lo olvido por completo.
¡Puaj! Como si fuera tan fácil.
Tiene que ser fácil.
Ahora estoy pidiendo demás.
Nos encontramos a nuestros amigos muy cerca y todos formamos un
grupo mientras los chicos hablaban sobre el juego que se realizara el viernes.
Sam entró al equipo y hará su primer juego ese día. Estoy tan contenta por él y
cuando me pide que lo vaya a ver jugar no puedo negarme. Me cuenta que ha
estado entrenando mucho, aunque no he podido ir a visitarlo en sus prácticas
sé que estará de maravilla el día del juego.
Es entonces cuando mi atención es atraída por un flamante Audi A3 que
entra en el estacionamiento. Pasa en frente de nosotros lentamente y se
escuchan unos cuantos silbidos de admiración por parte de mis amigos,
seguidos por unos comentarios sobre el vehículo. No puedo evitar sentir un
cosquilleo en la espalda. Aquello me sobresalta y solo eso me puede ocurrir
con la presencia de alguien en particular. Me quedo viendo el coche mientras
sigue avanzando y aparca en un espacio libre, no más de unos cuantos coches
de distancia.
Trago saliva fuertemente.
¿Por qué estoy nerviosa? Por Dios, ¿Ya ni puedo controlar mis
sentimientos?
Mi respiración se acelera en cuanto la puerta se abre. No puedo apartar
la vista del coche. Estoy paralizada y con un nudo en el estómago que parece
aplastarme las tripas.
Alek sale del Audi tan despampanante como el coche… incluso mucho
mejor. Lleva la indumentaria oscura, esta vez excluyendo un poco el negro, en
una parte. Tiene una camisa azul oscuro, encima la cazadora de cuero,
pantalones negros y las botas igualmente del color azabache y de cuero. Lleva
unas gafas de sol y unos mechones rebeldes de su cabello caen sobre su frente.
Está muy apuesto, demasiado que me considero una estúpida por no haberlo
aceptado antes. Yo y mi orgullo.
No puede ser. Ya me estoy pareciendo a esas chicas tontas que se babean
por el chico guapo y muy lejos del alcance.
Me entra la idea de salir corriendo hacia él y hacerle la puñetera
pregunta de una buena vez. Miro a mis amigos, luego a Alek, a mis amigos, a
Alek, y mantengo el ritmo. De momento a otro estoy golpeando la punta del
pie contra el suelo, en señal de impaciencia. Él se aleja a medida que pasan los
segundos, cada vez más y más lejos de mi oportunidad. Lo siguiente es una
gota de sudor corriendo una línea fija por mi frente. Ya no aguanto.
Veo que Cloe está distraída. Todos están distraídos. Aprovecho aquella
oportunidad y corro al otro lado del camino para alcanzarlo. Cuando estoy a
pocos pasos de él siento la necesidad de marcharme, inclusive lo intento, pero
me detengo. Tengo que preguntarle de una vez. Me acerco de nuevo y antes
de que pueda tocarle con el dedo en el alto hombro o siquiera hacerle una
seña, él se voltea haciendo que me detenga en seco. Baja un poco la mirada.
Sí, soy enana.
Sonrío nerviosa y me rasco el cuello. ¡Maldita maña!
Hola. Digo.
Él arquea una ceja, pero divertido me responde:
Hola.
Bien, Kate. ¿Ahora qué? Esto te pasa por pendeja.
Yo…Excelente, ahora balbuceo como idiota. Tranquilízate. Yo…
quería preguntarte algo, si te parece, claro…solo si tienes tiempo…un
momento no más…
¿Cuál pregunta? Dios, su voz. Su voz es tan melodiosa y
encantadora. Por primera vez oí un pequeño acento en la última palabra. Solo
él suena tan bien.
Me mira con el ceño fruncido
¿Perdón? Inquiero sin recordar nuestra conversación.
¿Tu pregunta…?
¿Soy yo, o se empieza a irritar? Habla de una buena vez antes de que
quedes como la tonta que no se resiste al chico guapo.
Sí, la pregunta…Cuando te vi, hace una semana, sentí algo extraño
cuando nos tropezamos… Recuerdo el día y pensar en su cara me pone tal y
como estuve, confusa ¿Nos conocemos de algún otro lado?
Él permanece en silencio. Solo me mira sin saber muy bien si sus ojos
están puestos en los míos o no. Esas gafas de sol me prohíben ver mucho.
Estoy segura de que si viera sus ojos pudiera saber la expresión que debe estar
ocultando.
Luego, y no sé cuanto paso con este espantoso suspenso, se digna a
responderme:
No.
Suelto aire sin darme cuenta cuándo rayos empecé a contener la
respiración.
Quizá estudiamos juntos en el parvulario, no sé…
No, no te conozco. Responde así, sin más. Antes de darse la vuelta
para marcharse agrega: Te recordaría si así fuera.
Me quedo parada en el mismo sitio confundida por su tono tan frío e
indiferente, mirando su espalda ancha. Empiezo a creer que esto se volverá
una costumbre cada vez que me lo encuentre; claro, si vuelvo a encontrármelo
después de esta ridícula escena.
Entonces como que despierto del trance. Soy una estúpida idiota que no
sabe cómo comportarse frente a un chico. Yo no era así. Es este Alek que
parece estar cambiándome por completo, jamás en mi vida estuve tan
vulnerable como ahora. ¡Qué poca cordura la mía!
¡Oye, Kate!
Me volteo y veo a Cloe caminando junto a los otros. Los estudiantes al
alrededor comienzan a dirigirse al edificio.
Mi amiga se acerca a mí y tuerce el gesto al ver mi expresión perdida.
¿Te pasa algo, rojita?
La miro.
No, nada.
Ella no parece muy convencida.
Hummm-hum…
Vuelvo a salir de mi shock temporal y le doy un empujoncito en el
hombro.
No es nada. Vámonos que llegaremos tarde a clases.
Empiezo a caminar y ella no espera para alcanzarme. El grupo está muy
cerca de nosotras y nos apresuramos para estar a sus talones.
Sabes que estás actuando extraño, ¿verdad?
Chasqueo la lengua.
No es cierto.
Sí que lo es. Ya déjate de tontas mentiras que no se te dan nada bien,
en serio. Tienes que contarme lo que pasa. Ah, y no creas que soy tan estúpida
como para no darme cuenta de que estabas conversando con…
Sshh. siseo.
Ríe.
…el papacito del ruso. Susurra a mi oído.
Guarda silencio.
¡Ja! No me digas que temes que todo el mundo se entere que estás
loquita por Alek.
Cloe, por favor, cállate. Te cuento todo luego, pero ahora haz
silencio…te lo suplico.
No deja de sonreír.
Ok, pero tienes que contarme luego.
Sí, claro.
Por supuesto que no. Eso es lo último que quiero: hablar sobre mis
sentimientos por Alek. Apenas y los estoy aceptando yo como para querer
compartir mi situación con alguien más. Esto del enamoramiento no
correspondido es un verdadero asco.
6.-Sentimientos encontrados

Gracias, y muchas a algo parecido a un rechazo, Alek ha conseguido que deje


de pensar en lo que me perturba cada vez que lo miro. Me siento tan estúpida
por la escena que tuvimos y prefiero hacer las cosas como deben ser. Lo mejor
es olvidarme de él lo más que pueda, ignorar el déjà vu, la visión que tuve
cuando lo vi por primera vez y la sensación de que lo conozco. Todo eso es el
causante de que no me lo saque de la cabeza.
Hasta ahora he hecho todo lo contrario a lo que me propongo, debo
admitir que es por masoquismo. La parte consciente de mí regaña a la chica
atolondrada e impulsiva que a veces tiende a exagerar, pero tal parece que no
había sido capaz de escuchar a mi conciencia con atención o siquiera poder
hacerle caso en algo. No debí hablar con Alek, en primer lugar.
En las primeras clases hago lo posible por concentrarme, y puedo
resaltar que estoy haciéndolo bien. La mitad de la jornada pasa como
cualquier otro día, sin otra novedad que la lucha en mi fuero interno en si
dejar a Maslov en mis pensamientos o no. En una ocasión, al final de la clase
de matemáticas, Cloe se digna a sacar el tema de Alek por primera vez. Se
nota que ya no aguantaba más. Le conté que solo recurrí al ruso para
preguntarle si nos conocíamos. Por supuesto, la expresión de sorpresa de mi
amiga fue exagerada.
Suena el timbre y ella sigue con el retintín aunque le pedí que no
insistiera.
Es que… no lo puedo creer no entendía por qué tan turulata.
Sinceramente no puedo.
Me volteo hacia ella haciendo que se detenga.
¿Qué no puedes creer? ¿El hecho de que le hablé a un chico como una
tonta enamorada o que el tipo me dio una respuesta tan cortante?
Ahora que lo dices, ambas.
Me vuelvo y sigo caminando en busca de mi casillero.
Escucha, Kate, no puedes ponerte tan frenética solo porque te dijo que
no. no es como si te fuera rechazado una cita. Este comportamiento no es
usual en ti.
Tienes razón. No solo estoy molesta por su negación a un tema tan
ridículo, también a que cada vez que lo veo me mira como si fuera la culpable
de sus desgracias, acto seguido aparta su mirada y se va respiro hondo y
sigo: Créeme que pensé en presentarme, pero se me hace complicado ya que
él parece odiarme. No soporto esa idea porque no me conoce…o al menos eso
creo. El punto es que me frustra que sus ojos me juzguen mal.
Guou, esto sí que es intenso.
¿A qué te refieres?
Sonríe.
A que te gusta el ruso y no soportas la idea que te evite cada dos por
tres. ¡Estás enamoradísima, rojita!
Abro mi casillero luego de dar la combinación.
Eso es ridículo. Replico y cambio los libros.
Suspira y rueda los ojos.
¿Podrías dejar tu orgullo a un lado por primera vez? Si estás
enamorada de él tienes que luchar para que se dé cuenta, porque no te dignas a
decírselo.
La miro.
No estoy enamorada de nadie y ya deja de ver demasiadas telenovelas.
Además, he elegido olvidarme de él, ¿recuerdas? Para qué pensar en alguien
como ese chico.
Niega lentamente con la cabeza y se pellizca el puente de la nariz.
Es el plan más estúpido del mundo.
He, chicas.
Vemos a Sam junto a Justin viniendo hacia nosotras. Yo cierro la puerta
del casillero y le lanzo una mirada de advertencia a Cloe para que no siga con
esto.
¿Pasa algo? Pregunta Justin tomando la mano de su novia.
Cloe se pone de puntillas y le da un beso en la mejilla.
Nop.
Aquellos tórtolos comienzan a darse besos demás. Sam y yo nos
miramos incómodos y me estoy alejando del lugar cuando me pregunta:
¿Todo bien?
Asiento y sonrío.
Sí, bien.
Permanecemos en silencio. No estoy muy segura del por qué de tanta
incomodidad entre nosotros. Es cierto que Sam ha estado un poco alejado con
todo eso de las prácticas para el juego del viernes, pero se supone que él sigue
siendo el mismo ¿no? Tanta altura y musculatura no cambiarían a mi mejor
amigo ¿o sí?
¿Ahora le echo la culpa?
Estás muy rara desde hace días. Dice de repente.
Yo alzo la mirada.
¿Ah, sí?
Asiente.
Creo que estás muy distraída. ¿En serio te sientes bien?
Sí, no te preocupes. Es solo que he tenido mucha tarea, y eso me tiene
hasta el tope.
Oh, claro.
Otro silencio incómodo.
Tengo que admitir que tú también estás diferente…quiero decir que te
vez diferente.
Él ríe.
No te creas, sigo siendo el mismo llorón dentro de todo este cascarón
de deportista.
Río y me aparto un mechón de la cara.
Eso, ríete. Dice sonriendo. Tu sonrisa es hermosa.
Me le quedo viendo sin saber qué replicar. Sería « ¿Gracias? ». Eso
podría hacerle creer algo que yo no puedo darle. Sam me mira algo distinto,
decidido. ¿Decidido a qué?
¿Vinieron por nosotras? Qué caballerosos. Cloe está a la merced de
Justin, casi ni la reconozco. ¿Cloe Burks estando de melosa con un novio? Eso
es nuevo.
Vamos a la clase y como las vimos aquí aprovechamos para
acompañarlas.
Eso suena bien. Vámonos. Digo rápidamente y me pongo en marcha.
No sé si resista más a la mirada de Sam.
Llegamos al aula del señor Williams y casi todos los estudiantes habían
ocupado sus puestos al sonar el timbre. Nos ubicamos en nuestros respectivos
pupitres antes de que llegara el profesor. Cloe conversaba con Caroline, que
estaba delante de ella, Justin bromeaba con Sam, sentado en el asiento de
atrás, y que una que otra vez me lanzaba una mirada rápida. Intento distraerme
haciendo un dibujo en la última hoja mi cuaderno.
Escucho un murmullo por parte de las chicas que están detrás de mí y no
puedo evitar oír el nombre que pronuncia una de ellas. Disimuladamente veo
hacia la puerta. Alek entra y sigue caminando entre dos hileras de pupitres
hasta llegar al suyo. Yo me yergo en el asiento y aparto la mirada. Tiene
puestos sus lentes oscuros y hace caso omiso al sermón no tan convincente por
parte del señor Williams.
No es hasta que lo veo que me doy cuenta de que Sam me está mirando.
Ni siquiera me sonríe, solo se limita a verme y enseguida regresa su atención a
Justin.
Me siento culpable. ¿Por qué? No tengo ni la más remota idea, pero de
algo sí sé es que Sam se está comportando muy extraño. Me preocupa que
luego ni se le ocurra hablarme.
La hora pasa casi volando y yo estoy que ya no aguanto más. Estoy que
no me importa que los otros me nombren una enamorada más y miro a Alek.
Estoy que dejo mi orgullo a un lado y acepto de una vez que siento algo más
que reconocimiento por él. Ya Cloe sabe lo que siento ¿Por qué me cuesta
tanto aceptarlo yo?
Pasan los minutos y sigo con mi plan de ignorar al chico. Puede que es
un comportamiento infantil, pero sé que cuando mire aquellos ojos azules, mi
mundo se pondrá de cabeza. Solo quiero evitar. El señor Williams escribe en
la pizarra el primer trabajo en pareja que haremos, que será entregado la este
mismo viernes. Estoy muy segura de que Cloe será mi compañera, siempre ha
sido así.
Cuando comienza a nombrar a las parejas me pongo a dibujar en una de
la misma hoja de mi libreta; sé que aun falta para que me nombren, y de todos
modos ya estoy al tanto de con quién haré el trabajo.
 Maslov y Harper harán el trabajo de Shakespeare.
Dejo de ver mi cuaderno y exageradamente rápido alzo la vista hacia el
profesor. ¿Cómo es que ahora va a cambiar la rutina, y poniéndome con Alek,
así como si nada? Tan solo pensar en una tarde con él se me acelera el
corazón. Pienso en nuestra conversación de la mañana y me pongo roja.
Cloe queda en hacer el trabajo con Caroline, y Sam le toca con Ashley
Cooper, una chica junto a él. Yo tengo terror de que me fuera tocado con el
ruso, aunque no sé por qué me siento tan nerviosa.
Mis planes de dejar de pensar en él se derrumbaban en pedazos, desde
que llegué siquiera a dirigirle la palabra; esto es la gota de colmó el vaso,
tener que compartir una tarde con el chico que debería tratar de olvidar.
Antes de que pueda levantarme para hablar con el señor Williams, el
timbre suena y todos empiezan a recoger sus cosas con el habitual escándalo.
Cloe se levantó de su silla y me miró con una sonrisa.
Qué suerte. Murmura guiñándome el ojo.
Miro hacia donde se encuentra el puesto de Alek y lo descubro
observándome. Nuestros ojos se encuentran y yo aparto la vista de inmediato.
Suerte la tuya.
Ella se ríe.
¿Por qué lo dices? Me le quedo mirando en silencio y se le enciende
el bombillo. Uff. Lo dices por tu plan ridículo de olvidarte de él y eso,
¿verdad?
Asiento.
Pues eso es una idiotez me reprocha. Yo que tú, estaría brincando
de un pie a otro porque me toca hacer el trabajo con ese ruso me guiña el
ojo. Ya te dije que dejes tu orgullo a un lado, solterona.
Puaj.
Apenas y pude hablarle, y ya que estamos, te recuerdo que al parecer
no le caigo bien. ¿No te aterra su mirada? Tiene la apariencia de un
depredador.
Hecha la cabeza hacia atrás y suelta unas carcajadas
Ok, ya te estás haciendo una película. Disfruta de esa tarde y ya,
averiguas si te cae bien o no, y listo como si fuera tan fácil. Y ablando de
películas, ¿te apetece ir al cine hoy?
Asiento. Mi madre probablemente no estará en casa y quiero salir un rato
para liberar mi repentino estrés.
Sí…me quedo corta al ver la cara de Cloe. Abre los ojos de par en
par, me mira, luego a alguien por encima de mi hombro y regresa sus ojos a
los míos.
Mi amiga tiene una sonrisa de oreja a oreja
Yo voy a… hablar con Caroline sobre el trabajo. Balbucea. Le
suplico que no se marche y ésta, sonriente, se aleja para hablar con Caroline.
Me volteo lentamente y alzo la vista hacia arriba. Mide como metro
ochenta, y sí, soy enana, solamente metro sesenta y cinco. Decido hacerle
frente a mi ridículo temor y la rabia y lo miro a los ojos. Mala idea, una
nefasta idea. Millones de mariposas revolotean en mi estómago y mi corazón
late desbocado en mi pecho. Bajo la cabeza para que no me vea sonrojada y
me miro las manos entrelazadas.
Esto es una estupidez. Me siento muy estúpida. «Contrólate», me digo
en la mente. Trátalo como tratas a cualquier otro muchacho. No es tan difícil.
Hola. Dice. Se ve un poco incómodo.
¿Me habla, a mí? ¿Debería tomarlo como todo un honor? Yo puedo
proponerle que acordemos puntos a investigar, cada uno hace el trabajo por
separado, y luego los juntamos. No quiero que se junte conmigo un día si eso
le va a fastidiar.
Me muerdo el labio.
Hola.
Katya, ¿cierto? Noto el acento ruso en el nombre.
Ahora hasta mi nombre lo dice mal. Sin embargo, su acento me vuelve
loca. ¿Cómo puedo enojarme con él?
¿Cómo? Me río. No, mi nombre es Katherine. Pero puedes
decirme Kate si se te hace difícil.
No, para nada difícil. Solo, que he dicho tu nombre bien. Es la
variación de Katherine en mi idioma. Lo siento, es costumbre.
Claro, es como si yo hablara el italiano perfectamente (ojo: no hablo
italiano), a veces se puede equivocar.
Oh, no, está bien. No te preocupes. No suena mal.
Ríe y yo estoy que me derrito.
Quería saber si podemos planear el día para hacer el trabajo, de
Shakespeare.
Asiento.
Está bien.
Arquea una ceja divertido.
Alguna idea.
Me doy una cachetada mental.
¿Qué tal mañana?
Correcto. ¿Entonces, mañana, Katya?
Dalo por hecho.
Por cierto, Alek Maslov.
Me encojo de hombros.
Lo sé me mira. Quiero decir que… todos saben tu nombre, eres el
chico nuevo y eso.
Ah De pronto está un poco apagado. Nos vemos. Se va
poniéndose las gafas de sol. Su expresión fría vuelve.
Cuando sale del aula me dejo caer en el asiento. ¿Acaso dije algo malo?
¿A qué viene ese cambio de humor tan repentino? Todo estaba bien, al fin
había logrado que me mostrara más que una cara de mala leche y... ¡Puaj! La
magia se arruina. Se acordó que no le caigo bien o qué.
No puede ser.
Doy un salto y me giro para ver a Cloe. Ella se ríe.
Tendrás toda una tarde con tu manjar ruso.
¿A quién le tocó con el ruso? Pregunta Caroline junto a mi amiga.
A la pelirroja de acá.
Caroline me mira sorprendida y enseguida se ríe.
Suertuda. Ya quiero ver la cara de Kylie cuando se entere, se pondrá
como toro. No lo dudo.
Genial. Lo que me faltaba: que la niña animadora se ponga con sus
jueguitos de popularidad y me arme una riña por interferir en sus planes de
conquista.
Minutos después todos partimos del aula. Cuando salimos al patio vamos
directo al estacionamiento y nos reunimos con los demás. Algunos están
sentados en la plataforma trasera de la pickup de Lenny, uno de los amigos de
Justin (allí estamos infectados por los deportistas, se encuentra casi todo el
equipo), y los demás nos quedamos parados o apoyados del cachivache. Los
chicos sacan una botella de aguardiente de la cabina y empiezan a echarla
dentro de un pote hermético de color negro, la mejor forma de que los
profesores casi no los descubran.
La verdad que no entiendo la diferencia entre irse para el carajo a tomar
su bebida o beber en la escuela. Si bien cuando me ofrecen un poco me niego
de inmediato. Mi madre me prohíbe beber hasta que sea mayor de edad, e
inclusive el olor del alcohol es suficiente para ahuyentarme.
Justin y Cloe están pegados y se susurran cosas cada dos por tres, ella
suelta una risita nerviosa y acto seguido lo besa; son tan dulces que empalagan
la vista. Caroline y Kylie también se encuentran con sus novios deportistas,
con los manoseos nauseabundos. Sam está a mi lado. Algunos mechones de
pelo rubio caen en su frente y sus ojos están perdidos en algo interesante en el
asfalto.
Dejo de mirar a los demás y me concentro en lo mío. Apenas comienzo
el dibujo, pero se puede notar que es un rostro, la silueta perfecta de un rostro
familiar. En cuanto tengo ya lista la mitad de la cara me maldigo a mí misma.
Desprendo la hoja y la arrugo con rabia.
¿Qué te hizo la hoja? Pregunta Sam.
No es culpa de la hoja. Mascullo entre dientes.
Pues si llega a ser así ten un poco de compasión.
Sonrío.
Claro, te tendré compasión si me enfado contigo.
Uh, espero que nunca te enfades conmigo.
Esta vez río.
Se nos acerca Brandon con el pote negro y al ofrecerme yo lo aparto
enseguida. Así estaré todo el rato. Luego se la quiere dar a Sam y la vuelvo a
alejar. Mi amigo me mira asintiendo y le dice al chico ya borracho que no
quiere.
No me digas que si no fuera por mí hubieras aceptado con gusto la
botella.
Sinceramente…sonríe.
Le doy un empujoncito en el hombro.
¿Es en serio? ¿Dónde dejaste a mi mejor amigo y quién es este tipo?
Él ríe.
Sigue aquí. Como te he dicho, detrás de todo este cascarón de
deportista sexy está el mismo chico nerd que conociste en la primaria luego de
derrotarlo en un concurso de matemáticas sonrío risueña al recordar que nos
pusimos a discutir luego de eso. Soy el mismo que después de una pelea por
esa estupidez se hiso tu mejor amigo. Soy el mismo.
Ya, lo entiendo. No tienes que hacer un testamento.
De repente su expresión es seria.
Oye, Kate, ¿Te puedo preguntar algo?
Eso depende me mira y yo me encojo de hombros. Dispara.
Me mira en silencio por unos minutos que se me hicieron eternos. En su
mirada se veía la duda. Jamás lo había visto más serio que ahora.
¿Te gusta el chico nuevo, ese Alek Maslov?
La pregunta me agarra desprevenida, me tomo un momento para
replicar.
La verdad no lo conozco muy bien para dar la definitiva en si me cae
bien o no.
Suspira.
Hablo de gustar, gustar.
Yo sé muy bien que pregunta eso. Sin embargo, no estoy muy segura de
que quiera hablar de eso, y de veras me sorprende su pregunta. No me lo
esperaba, no de él. No sé qué decirle.
Mira, Kate, no era mi intención ponerte incómoda. Discúlpame, por
favor.
Me rasco el cuello. Esta maña me descubre.
No hay cuidado.
Y si no te molesta, si tienes tiempo, quizá podamos salir juntos a
comer algo.
En serio lo siento, Sam, pero no puedo. Mi madre tiene la noche libre
hoy y hemos acordado cenar juntas.
Muestra una sonrisa forzosa, en su mirada está la decepción.
Ningún problema. Debes aprovechar el tiempo con tu madre.
Sí. De hecho, yo…yo ya me voy.
Ok. Musita.
Sin darnos un abrazo o algo por el estilo camino hacia Cloe, quien no ha
dejado de susurrarse cosas al oído con su novio. No puedo estar ni un segundo
más allí, la conversación con Sam se volvió quizá un motivo para el fin de una
buena amistad. Ni quiero pensar en eso, se me destroza el alma.
Carraspeo.
Eh, hola rojita. Dice Cloe separándose de su novio.
Me tengo que ir.
¿Por qué? ¿No íbamos al cine luego?
No me siento bien, tengo una jaqueca cerrera finjo arrugar la frente
como si tuviera un dolor palpitante. Por un momento pienso en llevarme la
mano a la sien, pero sería demasiado exagerado. ¿Podemos ir mañana?
Suspira.
Está bien, mañana será.
De todos modos no me vas a extrañar. Hago una señal con la cabeza
hacia Justin.
Ríe.
Ya vete antes de que te dé unas zurras.
Le doy un abrazo y luego me marcho. Por última vez, alguien me ofrece
alcohol y lo aparto con una mano mientras paso. Ni siquiera miro a Sam
cuando camino frente a él. Sigo andando hacia la salida del estacionamiento,
un recorrido largo a casa me ayudará a aclarar las ideas.
Cuando estoy cruzando para salir del aparcamiento un Porsche
Panamero de color negro pasa por mi lado con las ventanillas arriba. Finjo no
darme cuenta, pero estoy sudando como pollo en horno sintiendo, aunque no
la vea, la mirada de Alek. El esplendoroso coche sigue su camino y yo suelto
el aire contenido. Qué tensión.
7.- ¿Ilusión o realidad?

Sigo el camino conocido a casa sintiéndome más aliviada con cada paso que
doy para alejarme del instituto. Sé que Sam está sintiendo más que una
amistad por mí, lo conozco demasiado bien como para saber que no se
comporta como es. Quiero mentir y decir que no me importa lo que dijo,
olvidarme de todo y seguir con la relación de amigos irrompible que siempre
hemos tenido; pero no puedo. Estoy tan confundida como consternada.
¿Cuándo comenzó a sentir más por mí? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Por
qué sucesos como este logran destrozar una amistad de años? Son cosas que a
veces, no se pueden evitar.
Rememoro todos esos recuerdos que tengo sobre mi niñez. El día en que
mis dos mejores amigos y yo fuimos al lago, cuando paseábamos por un
camino del valle de Willamette y a Sam se le salió un diente cuando tropezó
tontamente con una roca, teníamos ocho años; Cloe no dejó de recordarle lo
patoso que era por un buen tiempo. También me vienen imágenes de la vez en
que a mi amigo se le acercaron unos grandulones de sexto grado para quitarle
las monedas, teníamos como diez años pero no me achicopalé a la hora de
brincar y zamparle un buen puñetazo al rechoncho grande. Luego de aquello
tuve que ponerme una bolsa con hielo en la muñeca, y Sam no dejó de
agradecérmelo millones de veces, hasta una vez intentó hacerme la tarea de
mates.
Ponerme a pensar en que todo eso se puede acabar, me destroza el
corazón. Conozco a Sam desde hace nueve años, y desde entonces habíamos
sido inseparables junto a Cloe. No quiero que nada se termine, hablaré con él
y aclararemos las cosas. No es fácil pero no quiero que me deje por… Oh,
vaya. Sí que es complicado. ¿Cómo le pediré que no sienta por mí lo que
siente? Eso es cruel.
El camino largo es relajante, eso hasta que empiezo a sentir que me
siguen. Estoy caminando frente a los comercios con una sensación rara de que
me miran. Veo detrás y a los lados y no veo nada que me parezca sospechoso.
No es posible que aun tenga ese trauma. Creo que voy a dejar de leer libros de
misterios. Me estoy volviendo más loca de lo que pienso.
Sigo caminando sin dejar de estar alerta. Hay pocas posibilidades de que
sea un asalto, no se ven muchos de esos en el día, donde hay centenares de
personas que pueden ver y detenerlos. Lo probable es que sea una jugarreta de
los chicos del equipo de futbol; no les he hecho nada, pero nunca se sabe
cuándo quieran salirse con la suya. Eso si es que en verdad me están
siguiendo.
¡Eh, hola, Katherine! Me saluda el señor Breslow cuando paso frente
a la librería. Está barriendo el frente de su tienda.
Kate, señor. Llámeme Kate.
Él se ríe.
Muy bien, Kate.
Sonrío.
Eso.
¿No le echarás un vistazo a las ofertas de hoy? Hay unos libros que
creo puedan interesarte.
El libro de Carmilla lo acabé apenas ayer, no hace mal buscar una nueva
e intrigante historia que me cale hasta los huesos.
Suena tentador. Por supuesto. Iré a echar una miradita.
Pasa, adelante.
Él sigue barriendo y yo entro en la librería. Me siento mejor allí, ya no
tengo el presentimiento de que alguien me vigila. En el pequeño
establecimiento hay varias personas, algunos niños con sus padres en la
sección de infantiles. Este lugar es como una mini-biblioteca con muchos
libros variados, desde los instructivos hasta las propias historias de ficción de
los mejores autores. Me encanta ente sitio y no dudo en pasarme por aquí unas
tres o más veces por semana. La razón de que el señor Breslow me conozca
tan bien, aparte de que es un viejo amigo de mi madre, es porque que yo me la
pase aquí fastidiándole en busca de nuevos libros.
El establecimiento está cerca de mi casa. Está conformado con varias
secciones, desde infantiles hasta concluir en adultos. Hay una escalera que
lleva a una segunda planta de cinco metros de elevación. Hay sillones en
partes determinadas de las esquinas, un ambiente muy cómodo para leer. El
señor Breslow ha convertido su negocio en una biblioteca aunque ese no era el
fin.
Recorro el estrecho pasillo hacia la última esquina del establecimiento,
allí es donde puedo encontrar los libros que me gustan. Mientras busco por los
estantes algo de mi interés, percibo súbitamente algo en movimiento al otro
lado de la calle. Por el rabillo del ojo miro hacia la ventana exactamente
cuando un coche pasa, tapándome la vista de la persona que apenas vi.
Cuando el vehículo se aleja, no hay nadie.
El corazón me late fuerte. No puede ser mentira. Yo vi que había alguien
en la otra acera. Observo a mi alrededor y en la librería todo está normal, hay
una señora que lucha por separar a su hijo de un libro de dibujos, pero lo
demás sigue como antes. Nadie notó lo que yo.
Me deshago del mal pensamiento y sigo buscando entre los centenares
de libros. Al final me decido por una comedia romántica, que por la portada se
ve que es interesante. Voy hacia la caja y compro el libro con una rebaja que
el señor Breslow ma ha puesto, y sí que insisto pagarle lo que cuesta la obra
pero no hay manera de convencer a un hombre tan terco como él.
Me despido del señor Breslow y salgo de la tienda. El cielo se ha
nublado un poco y comienza a soplar una brisa fresca. Vuelve la maldita
sensación de que me observan. Miro a ambos lados de la calle dispuesta a no
dar un paso más si veo algo desusado. Nada. Solo personas por ambas
direcciones que caminan rápidamente antes de que les agarre el aguacero.
Ruedo los ojos al no ver a nadie sospechoso. Saco el Ipod de la mochila,
me coloco los auriculares y conecto para escucha música. A ver si eso me
distrae un poco. Paso cada una de las canciones hasta que suena Human, de
Christina Perry. Me ajusto la correa de la mochila y emprendo mi viaje a casa.
De momento a otro, mientras paso por cada establecimiento y junto a
personas, me pongo a tararear la canción.

But I´m only human and I bleed when I fall down


I´m only human and I crash and I break down
Your words in my head knives in my heart
You build me up and the I fall apart
Cause I´m only human

El semáforo está en alto para los coches, aprovecho para cruzar la calle
rápidamente. Saco el libro que compré de la bolsa y le echo un vistazo. «A
tres metros sobre el cielo», leo las letras bien enmarcadas sobre la imagen de
la portada. Jamás he leído otro género que no sea de paranormal y fantasía,
son las que más me han llamado la atención. Hoy decidí optar por una historia
diferente.
Lo siguiente que hago es fruncir el ceño, escuchando algo más allá de la
música que rebota en mis oídos. Abro los ojos de par en par y el libro se me
resbala de las manos.
Una reacción de terror.
Un grito ahogado.
Un latido retumbante.
Un augurio horroroso.
Todo pasa rápido. El coche viene hacia mí a toda velocidad y no me
queda tiempo de retroceder o siquiera lanzarme al otro lado de la calle.
Escucho el chirriar de los neumáticos al frenar, pero ya es muy tarde. Me va a
pegar, voy a morir. Siento de repente un peso en mi espalda y enseguida, no sé
a qué velocidad, no siento el asfalto bajo mis pies. Inmediatamente caigo en la
acera con alguien encima. Un pequeño golpe rápido pero preciso en la cabeza
me hace traquetear los dientes y apretar los ojos.
Todo se ve borroso. No escucho nada más que un pitido que puedo
asegurar que es porque me quedé sorda. Y luego, lo veo a él. Quizá y sea un
sueño, quizá y después de todo este tiempo resultó ser un ángel, uno que venía
a buscarme tras la muerte. Ficticio y tonto, lo sé. Debe ser el dolor de cabeza
que no me deja pensar bien, y que me pone imágenes de Alek. Él me mira con
semblante preocupado, entornando sus estupendos ojos azules.
El dolor de cabeza se intensifica y siento que algo se escurre por mi
frente. Líquido. Sí, estoy segura de que es algo líquido. Se desliza por la
coronilla y sigue por la mejilla. ¡¿Qué coños pasa?! ¿Qué es eso? ¿Cómo es
que no puedo sentir más que el dolor palpitante de cabeza? Agh, de tanto
pensar me da una punzada fuerte.
La oscuridad me atrae. Siento un profundo sueño. Quiero dormir, cerrar
los ojos viendo por última vez a aquel ángel que me parece odiarme en el
instituto. Los párpados me pesan y el rostro de Alek se tapa con la negrura,
cubriéndome a mí por completo.
Me siento cálida. Luego fría. Se siente bien. Se siente muy bien.

Me despierto de golpe. Respiro hondo mientras veo el entrono a mi


alrededor. ¿Paredes azules, sillones de hospital y el sonido de una máquina?
¿Todavía estoy soñando? Todo me parece conocido. Pues claro, las maquinas
esas están especialmente en un sitio que no me agrada. Estoy en el hospital.
¿Cómo rayos llegué aquí?
Miro para todos lados y me detengo en mí. Veo mis brazos con uno que
otro moretón, además de que… tengo una bata puesta y soy yo la enferma.
Esto debe de ser una pesadilla, yo no puedo estar aquí. Yo debería estar en…
en…ya ni recuerdo en donde debo estar. Ya que estamos, no recuerdo nada de
lo que ha pasado.
Frunzo el ceño y siento algo que aprieta mi cabeza. Me llevo
cuidadosamente las manos a las sienes y con las yemas de los dedos rozo algo
suave que me cubre todo el alrededor de la cabeza en la parte de arriba. Paso
la mano por la frente y al frotar me arde.
¿Pero qué…? Vuelvo a frotarme la frente, esta vez con un poco más
de cuidado. Aprieto un poco y me vuelve a doler fuerte. Aparto la mano.
La puerta de la habitación se abre y veo entrar a mi madre. Cierra la
puerta y viene hacia mí. Al darse cuenta de que estoy despierta acelera el paso
y me coloca las manos ahuecadas a los lados de mi cara.
Oh, cariño. ¿Cómo te sientes?
Suspiro al saber que ella se encuentra conmigo, estaba que me fugaba
del hospital si no fuese llegado.
Estoy…un poco adolorida, eso es todo.
Me toca la mejilla, luego garra mi mano y me toma el pulso por un
momento.
Gracias a Dios no tienes fiebre. Del uno al diez, cuanto calificas el
dolor de cabeza.
Su voz es dulce, me llena de tranquilidad. Acaricia mi mejilla y espera a
que responda. Me madre, la enfermera eterna.
Cuatro. Replico.
Te daré algo en un momento. Por cómo puedo más o menos ver, la
herida se está recuperando muy bien, muy rápido en realidad. Me mira con
sus ojos verdes llenos de cansancio. Oh, Kate, mi niña. Qué bueno que no
fue peor. No lo fuera soportado de ser así. Te quiero mucho, hija.
Se acerca más y me abraza. Sin dudarlo ni un segundo le devuelvo el
gesto, reposando la cabeza de su hombro y oliendo su loción. Estoy en casa.
Un sollozo se me escapa desde el fondo de la garganta. Hasta ahora no tengo
ni idea de cómo es que llegué aquí. Necesito saber más y así quizá, pueda dar
en el clavo de lo que pasó antes de esto.
Mamá, yo también te quiero. Digo y la abrazo más fuerte, me da
miedo soltarla y que se vaya.
Pasados unos minutos se aparta poniéndome las manos a cada lado de la
cara y me retira un mechón de cabello, colocándolo detrás de la oreja.
Todo estará bien, cielo. Me da un beso en la mejilla.
Mamá, ¿Por qué me trajeron aquí?
Ella me mira y asiente lentamente.
No lo recuerdas. Es normal. El señor Breslow dijo que vio cuando
estabas tirada en la acera. Tu cabeza sangraba y estabas delirando. Él llamó de
inmediato a emergencias y te trajeron aquí. No sabes el susto que pasé cuando
me dijeron que estabas en el hospital, en una camilla.
¿Cómo terminé en el suelo? ¿No vio?
Cuando él salió ya te encontrabas en el suelo. Pero suponemos que te
tropezaste y al caer te golpeaste muy fuerte la cabeza.
Es lo más lógico hasta ahora.
Sin embargo, algo viene a mi memoria. Recuerdo que regresaba del
instituto y me pasé por la librería del señor Breslow para ojear las ofertas.
Hasta allí me acuerdo, lo demás apenas estás borroso.
Echo coco a la situación. Es obvio que después de salir de la librería tuve
que caminar directo a casa. Lo más seguro es que no pude ni pasar más allá de
la esquina ya que supuestamente me caí y golpeé. Otro recuerdo irrumpe
bruscamente en mi cabeza. Cuando salí de la tienda y sentí aquel
presentimiento tan extraño. Lo último que recuerdo es estar acostada en el
suelo, viendo a…a… ¡viendo a Alek!
¿Seguro no había nadie más a mi lado cuando el señor Breslow me
encontró?
Pues él ha dicho que te vio sola. ¿Recuerdas algo?
Por supuesto, al increíblemente guapo ruso de mi compañero de clases.
Sí, diría eso si no sonara como una fantasía adolescente. Además, no puedo
estar segura de si vi a Alek en realidad.
No. Todo menos después de que me golpeara, o que llegara el
momento.
Bueno, no te esfuerces. Lo importante es que estás bien.
Sí.
Todo está bien. Todo con mi físico. Lo psicológico es el que me
preocupa. Estoy segura de haber visto a Alek antes de perder el conocimiento,
pero a la vez el recuerdo está un poco borroso, como si apenas y pudiera
conmemorarlo.
8.-Enigma sin resolver

Al día siguiente puedo retomar mis clases. Mi


madre y el doctor están felices de que haya
mejoría, pero un poco confundidos de la forma tan
rápida en que se cura mis heridas. No es que son unas lesiones graves, son
solo rasguños y moretones, pero al menos eso debería tener su tiempito de
desaparecer. Los puntos que me pusieron en la cabeza me los quitaron horas
después de que desperté en el hospital, y los moretones ya ni se ven.
Por más que quiera olvidarlo, yo también estoy un poco confundida con
esto. Aun me pregunto si de verdad vi a Alek antes de desmayarme. Eso no
tiene nada que ver, pero aun así no puedo dejar de pensarlo.
Cuando llego a casa mamá viene conmigo. Estuvo pendiente de mí toda
la noche, casi ni se sale del cuarto cuando me voy a dormir. Me propone faltar
a la escuela para que descanse un poco más y por si acaso el dolor de cabeza
vuelve. Yo nada más le digo que me siento estupendamente y que no me
quiero perder un día de clases, poniendo la excusa de que luego me atraso en
las tareas. Por supuesto ella insiste, no obstante, yo me apego a mi decisión.
Verdaderamente me siento…genial. Como si nada fuera pasado, como si
nunca hubiera tenido aquel incidente y como si todo haya sido solo un sueño.
Lo que me trae a la realidad es en parte el libro que está en el escritorio, mi
madre me dijo que el señor Breslow lo recogió suponiendo bien que era mío.
Recuerdo haberlo comprado, me acuerdo el sujeto que casi no vi bien por un
coche atravesado y la sensación de que me seguían.
Aquello no deja de rondarme por la cabeza a cada minuto. El hecho es
que suena sospechoso. Ver a Alek antes de perder el conocimiento pudo ser
debido a que deliberaba, sin embargo, la persona que ESTOY SEGURA de
que vi es sospechosa. Antes de que llegara a la librería tenía la sensación de
que alguien me veía, y jamás había tenido tal efecto. Entro al establecimiento
y busco el libro que quiero, en ese momento vuelve el presentimiento de que
alguien me ve. Entonces, miro hacia la ventana y al otro lado de la calle una
persona me observa, el coche pasa y el sujeto ya no está en el mismo sitio.
No estoy muy segura con mi teoría, aun así la repaso con cuidado.
¿Cómo puedo estar segura de que no me seguían? Puede que el mismo tipo
me haya seguido y golpeado para robarme, huyendo luego de dejarme
sangrando. Sin embargo, encontré mi Ipod y teléfono en mis cosas, así que no
hay posibilidades de robo. También pudo ser alguien que quería asaltarme por
venganza ¿Pero quién querría vengarse de mí?
Ahora que lo pienso bien, nada me cuadra. Hasta que pueda recordar con
claridad lo que sucedió ayer no voy a poder averiguar si el golpe fue con tan
simple un tropiezo, como me han dicho. Hasta que no logre proyectar la
manera de conmemorar el acontecimiento no estaré tranquila, sinceramente no
puedo estarlo.
Me acerco al escritorio y agarro el libro que compré en la librería del
señor Breslow. No hay nada diferente, se ve tan nuevo como sacado apenas de
la caja. Abro la primera página y paso las hojas una por una a ver si consigo
observar aluna disconformidad. Hasta ahora nada. Vuelvo a dejar la novela en
su sitio y voy por mi mochila.
Salgo de la habitación con Bokor tratando de enredarse entre mis
piernas. Ha estado conmigo todo el tiempo desde que llegué del hospital. Ya
hasta parece mi gato guardián.
Cuando entro a la cocina veo a mamá preparando el desayuno. Tuerzo el
gesto al ver que en una bandeja coloca un plato con tostadas, jugo y una
pequeña ensalada de frutas. Y yo que creí que el gato es el único que actuaba
raro.
Hola. Me acerco a ella y le doy un beso en la mejilla. Agarro una
tostada y la unto con mantequilla.
Ella pone los ojos en blanco.
Te iba a llevar el desayuno.
Ya sé en dónde terminará esta conversación. No es muy difícil
suponerlo.
Creo que soy suficiente capaz para buscarlo por mí misma, mamá.
Acabas de salir del hospital…
Pero no es que esté inválida.
…por un golpe en la cabeza. Necesitas descansar bastante, tomarte el
día libre para ver como prosigues con la recuperación.
Estoy perfectamente. Ya sabes lo que dijo el doctor Hanigan: que la
mejoría ha sido rápida y que puedo retomar mi rutina cuando quiera quiero.
Por eso mismo, la mejoría ha sido más rápida de lo normal,
demasiado. Me preocupa que los síntomas vuelvan. Quiero que te quedes en
casa por un tiempo y así saber cómo sigues.
Ruedo los ojos.
Mamá, sé que te preocupas, es tu trabajo, pero ya te dije que me
encuentro bien. No quiero faltar a la escuela porque luego se me amontona la
tarea.
Solo será un día. Musita.
Esto es el colmo.
Mi decisión está tomada. Dicho esto ma voy de la cocina con la
mochila al hombro. Nos vemos más tarde.
Por supuesto, como mi madre le encanta insistir, me sigue hasta la
entrada con intención de hacerme recapacitar antes de irme. Y claro, como yo
soy terca de nacimiento, no cambiaré de opinión.
Por favor, hazme caso, Kate.
Iré a la escuela hoy como cualquier otro día, luego saldré con Cloe a
algún sitio y luego regresaré a casa y empezaré a hacer mis deberes. Quiero
que entiendas que me siento muy bien, como si nada fuese ocurrido. Abro la
puerta y antes de cerrar le digo: Te quiero.
No le queda de otra.
Yo también te quiero. Ten cuidado.
Sonrío y me voy.
Es un alivio estar de vuelta, sobre todo cuando pensé que tendría que
estar en reposo unos días más. Mamá se preocupa demás, siempre ha sido así.
Al menos tengo suerte de que el golpe no me haya dejado inválida, allí sí
estaba el problema.
Bajo los escalones del porche respirando aire fresco y comienzo a andar
por el sendero hacia la calle. El vecindario está tan tranquilo como otros días,
con personas recogiendo el periódico y el correo. No hace falta hacer un
enorme esfuerzo para ver al trío de mujeres al lado de mi casa. Están toditas
reunidas y siguen con el chisme de la casa de enfrente. Eso es lo que hacen
todos los días luego de mandar a sus esposos al trabajo y los hijos a la
escuela. Bueno, casi todas ya son cuarentonas.
Intento pasar de percibida y me escabullo rápidamente. Sin embargo, no
me ayuda nada, ya que apenas saliendo de mi jardín escucho a la señora
Graham a mi espalda:
¿Kate?
Tengo los hombros pegados al cuello cuando me doy la vuelta
lentamente. Es inútil, no puedo escapar.
Oh, Katherine. ¿Qué haces?
Voy a la escuela, señora Graham Ya veo por donde quiere ir.
Mascullo para mis adentros: Creo que eso parece.
Ella niega lentamente con la cabeza sin hacer caso a lo último que dije.
Deberías estar guardando reposo. Es mejor que te recuperes bien para
luego estar segura de que no tienes un derrame cerebral o algo parecido.
Pongo los ojos en blanco.
Estoy perfectamente.
Eso dice ahora. Articula la señora Freeman.
Luego haces sufrir a tu madre estando en un hospital.
Si no vuelve en la tarde es porque al final tendremos la razón.
Estoy que me pego contra la pared, a ver si así hablan con ganas. Estás
mujeres no se aguantan ni una sola. Cuando no están en la calle, se asoman
por la ventana. No me sorprende que hasta se maten mirando a un corpulento.
Una vez, y ni idea de por qué carajos la escuché, la señora Graham me contó
que veía un programa en la tarde donde salía un joven italiano de veinticinco.
Escuchar por encimita me dejó traumada por un tiempo, menos mal que no se
dignó a detallarme su situación. Dios, qué horror. Tuve pesadillas por días
después de eso.
Bueno, si me disculpan, tengo que llagar a tiempo al instituto. Digo
tratando de ocultar mi impaciencia.
Bien, pero ten cuidado cuando cruces la calle.
Y moscas con los locos que andan por ahí.
¿Qué es esto, una instrucción para niños? Que lata son estas chicas. De
vez en cuando mi paciencia puede ser poca, pero hay veces en el que necesito
estar tranquila, ¡Y más con estas señoras!
Claro, tendré cuidado. Adiós.
Nos vemos más tarde. Seguramente habrá que contarnos ¿no?
Uff. Qué hice yo para merecer este castigo infernal. Ahora también me
quieren incluir en su grupo.
Umm.
Antes de que sigan con la cháchara me voy caminando lo más rápido que
pueda disimular. No pienso quedarme allí ni un minuto más. Esto ya se ha
vuelto grave, ya me quieren incluir en su club de chismosas. Sé que he
cometido algunas travesuras y puede que haya dicho algunas palabras
obscenas cuando nadie me ve, pero este castigo es como demasiado.
Cuando estoy a una cuadra de distancia de mi casa al fin puedo, de
verdad, respirar con tranquilidad. Ya no corro el peligro de que me un derrame
cerebral por culpa de esas mujeres. Sigo mi buen camino hacia la escuela,
primero hacia la casa de Cloe. Al llamar a la puerta no es un presagio el que
salga su madre y me informe que mi amiga ya se ha ido al instituto; también
que me pregunte el estado de mi salud con esta recuperación tan rápida.
Por suerte no me pregunta cómo es posible, ya que no sé cómo
responderle a eso. Ni yo misma lo sé. Aquello me tiene más desconcertada de
lo que otros piensan. Mamá me dijo que no había pasado mucho cuando el
señor Breslow me encontró en la calle; quizá fueron minutos. Lo que me dijo
fue que en veinte minutos más ya estaba llegando al hospital. El doctor
Hanigan se puso blanco como papel al ver que mi herida cicatrizaba más
rápido de lo normal, que me sentía mucho mejor al pasar los segundos. ¿Cómo
pudo cerrarse la herida en tan poco tiempo? No era tan grande, pero al menos
hasta el médico sabe que puede durar aunque sea unos días.
También está el hecho de que no me acuerde de casi todo, menos cuando
me di el golpe. Parece que el recuerdo ya se ha borrado. Ahora mismo, cada
vez que pienso en eso es como si no tuviera nada, como si esa parte está en
blanco. Esto es de locos. Hace unas horas no podía sacármelo de la cabeza, y
ahora se ha esfumado con la verdad. Si bien ya sé que estaba un poco borroso,
pero ya no hay nada.
Llego a la esquina frente a la librería. ¿En cuál lado de la calle me
encontró el señor Breslow? Miro bien en el que estoy parada y me estremezco
con el cosquilleo que recorre mi espalda. Esto es raro. Ya hasta me dio
miedito. La calle está prácticamente sola y yo estoy allí, sintiendo que el
testimonio del señor Breslow no es tan cierto. No puedo ser tan estúpida y
patosa. Debe haber alguna razón por la que tropecé y me golpeé así de fuerte.
También tengo reflejos, lo primero que fuera ido al suelo son las manos, las
que detendrían que me sacara los dientes.
Algo debió hacerme tropezar. Quizá e iba corriendo porque alguien me
seguía, no vi hacia abajo y caí. No, no creo. Puede que cuando cruzara la calle
se estuviera acercando un coche, corrí para llegar al otro lado y tropecé con el
borde de la acera, no fui lo suficientemente rápida y me di el garrotazo. En
este momento es lo más lógico. No obstante, aun me cuesta creer que fui tan
patosa y lenta como para no evitar lo que pasó.
Espero a que el semáforo cambie a rojo para los autos y paso la calle.
Miro por encima del hombro la otra esquina. Hay algo allí que me pone la
carne de gallina. Observo el borde de la acera y me imagino la caída que pude
tener. Es extraño. Hay un poste de electricidad muy cerca, yo pude haberme
sujetado de él para no caerme.
Esto es una mierda. Si sigo así me terminaré de estrujar los sesos.
Al llegar al instituto voy directo al estacionamiento de estudiantes. Es lo
más probable que Cloe se encuentre allí con toda la “pandilla”. Hay una gran
entrada para los vehículos y el aparcamiento en sí no es tan grande de ancho.
La mayoría de los alumnos de la institución no tienen un vehículo propio, al
menos no uno con motor. Casi todos usan bicicletas o, en mi caso, los pies.
Justo en frente se encuentra el estadio en donde los chicos practican y juegan
los partidos de futbol.
A unos coches de distancia logro ver el monovolumen destartalado, y de
inmediato percibo personas. Ya sabía, así es todos los días, el grupo siempre
se reúne antes y después de clases. Continúo mi recorrido y cuando llego al
sitio, la cara de cada uno de los integrantes de la pandilla es un poema.
Obviamente no me esperaban hasta quizá la semana que viene.
¿Kate? Pregunta Brandon estupefacto.
Sonrío ante la cara de tontos de cada uno.
¿Quién más?
Ellos sonríen también y me dan la bienvenida al grupo. Noto que
Caroline aun no se lo puede creer. Ni que me fuera arrollado un coche.
Además, me peiné el cabello ese día; no tienen razón para estar tan turulatos.
En fin, se siente bien estar aquí y no en la cama todo el día.
¡Quítense, puros músculos! Aparece Cloe quitándose de en medio a
los chicos. Al verme sonríe de oreja a oreja. Ya estaba diciendo yo que un
día sin tu friki presencia sería mega aburrido.
Me río.
No podía permitirme que te las arreglaras tu sola. No puedes estar sin
mí.
Tienes razón. ¿A quién más le pediría la tarea? Me guiña el ojo.
Ya en serio, me alegra que estés aquí; vivita, coleando y sin amnesia. Porque
recuerdas todo, ¿verdad?
Pero por supuesto, Cloe. Que pregunta tonta es esa.
Bueno, bueno; no sobraba preguntar. A mí sí que me gustaría tener una
amnesia temporal. Olvidarme del camino hacia el instituto e irme a hacer
cualquier pendejada… Y, si fuera sabido que venías, te habría esperado.
No hay cuidado.
¿Sabes? Fui a visitarte al hospital ayer, pero tu hermosa, preciosa y
amable mamá, me prohibió entrar a la habitación. Me dijo que necesitabas
descansar y bla, bla, bla. Discúlpame por lo que te digo pero, tu madre es una
bruja tacaña. Yo también quería verte. Ella solo lo prohibió y llamó a
seguridad. Esos dos tipos no saben tratar a una dama.
¿Te contaron lo que me paso?
Pues claro. Que te tropezaste y diste un buen porrazo en la cabeza,
suficiente como para dejarte noqueada. Pero oye, para el golpe que me
dijeron, yo no veo ni un rasguño en tu cabeza pelirroja. ¿No habrán
exagerado? No sé los doctores, pero tu mamá sé que sí está dispuesta a
exagerar hasta el tope si es necesario… ¿Por qué preguntas? ¿Acaso no te
acuerdas de que rodaste?
Sinceramente…no. Ella me mira sorprendida y yo sigo, quiero saber
su opinión. Cuando desperté en el hospital ni me acordaba de cómo terminé
allí. Poco a poco fui recordando lo que hice en el día, pero luego, el momento
en que me llevé el golpe, no está. O sea que es como si estuviera en blanco en
esa parte.
Oh, vaya. Esto parece una peli de amnesia y misterio.
Hasta yo creo eso.
Eso no es lo único.
¿Hay más?
Afirmo con la cabeza.
Está esto de mi recuperación. Hace apenas unas horas tenía una
pequeña cicatriz en la parte de arriba de la frente me palpo con la mano el
lugar nombrado para que lo vea. En este momento está una piel lisa y sin
ninguna señal de una marca. El doctor tampoco lo puede creer. No es que
haya sido una lesión en tercer grado, pero incluso un rasguño lleva unos días
en sanar.
Por la cara que tiene sé que está de acuerdo conmigo.
Ahora que lo dices, es cierto. Sin embargo, ¿Cómo pudo pasar eso?
¿Te dieron una medicina milagrosa o algo por el estilo?
Niego con la cabeza.
No creo que exista algo así, Cloe.
Imagino que tienes razón. Pero ya, ¿En serio te vas a amarrar a esa
inquietud todo el día? Así solo provocarás que te de una jaqueca, y ambas
sabemos que eso no es lo mejor para ti en este momento.
Eso es lo último que quiero en este momento.
Es cierto. Si eso pasa, le daré la razón a mi madre al final del día.
¿Ves? Es una manipuladora. Si no fueras inmune a sus hechizos,
estarías a su merced.
Me río.
Ya deja de ver tantas películas.
Chasquea la lengua.
No me creas pues.
Entonces aparece Sam detrás de mi amiga. Se ve que está preocupado, y
con lo que pasó ayer con nosotros me hace achicopalar. Quiero olvidarme de
lo que me dijo, fingir que no ocurrió nada y que seguimos siendo los mejores
amigos de siempre. Sé que suena cruel, hablando de los sentimientos de Sam,
pero creo que es lo mejor para los dos, para nuestra amistad.
Se coloca al lado de Cloe mirándome a los ojos.
Épa, señor vara con bíceps Le saluda ella.
Sam solo me mira a los ojos. Yo aparto los míos. Cloe se da cuenta de
nuestros comportamientos y arruga la nariz.
Me huele a líos. Chicos, ¿Qué coños les pasa estos días?
Él hace caso omiso a su pregunta.
¿Todo bien?
Levanto la vista y él medio sonríe.
Esto se está poniendo cada vez más incómodo. Lo que significa que
tengo que hacer algo de inmediato si no quiero perderlo como amigo. Me
recuerda a una escena en el que los ex novios, dispuestos a no perder el trato
con el otro, intentan superar su relación pasada y hacerse amigos. Solo que
este caso es aun peor. Sam y yo llevamos años siendo mejores amigos, años
que me duelen echarlos por la ventana.
Ya veo que ustedes necesitan hablar Asevera Cloe viéndonos
alternativamente. La verdad no sé qué pasó entre los dos, pero los dejo para
que conversen de…lo que sea que tengan.
Dicho y hecho Cloe se marcha, yendo hacia su novio.
Entrelazo las manos y me las miro. Si él no comienza a hablar yo no lo
aré. Con lo que pasó no he pensado mucho en lo que le diré. Si bien lo que
quiero es que sigamos siendo amigos, a pesar de que el tiempo transcurrido
nos haya cambiado. ¿Quién iba a imaginar que Sam, aparte de lo físico, se
volvería tan seguro de sí mismo? ¿Cómo iba a saber yo que la chica que
siempre tenía una solución buena para todo, se ha ido de vacaciones?
¿Cómo estás? Articula al fin.
Lo miro.
Aquí me ves, sana y salva.
En sus ojos veo la inquietud, al igual que la resignación. Respira hondo y
se pasa las manos por los pantalones, se muerde el labio e inhala otra
bocanada de aire. Está que explota.
Y ya explotó:
Escucha, Kate. No sabes lo preocupado que estoy por ti desde que me
dijeron que estabas en el hospital.
Trago saliva.
No tienes que estarlo. Me encuentro bien.
Cierra los ojos y los vuelve a abrir.
Mira, lo que dije ayer…si te incomodó yo…
No te molestes en decirlo… lo corto. El juego será en casa o fuera.
Frunce el ceño confundido.
No me dijiste en donde jugaran el viernes agrego. Si voy a ir a
serte de animadora, tienes que aclararme la dirección, sino llego tarde.
Sorprendido por mi cambio de tema se rasca el cuello y entiende la
indirecta: ahora no quiero hablar de eso.
Será en casa. Apenas competiremos con los de Crescent Valley.
Qué bien, conseguiré unos pompones.
Curvea un poco el labio hacia arriba.
S. A. M. ¿Qué dice? ¡Saaaammm! ¡Sam, Sam, ganará! Hago lo que
puedo para fingir unos pompones y agitarme como una animadora.
No puede resistirse, él se ríe.
Ya quiero verte en las gradas. Se burla.
Así es como quiero que estén las cosas entre nosotros. Que seamos
amigos y echemos cuando se nos pegue la gana. Revivir cada uno de esos
momentos en los que íbamos los tres al cine, al parque y dábamos un paseo
por el valle. Quisiera que todo regrese.
Pues prepárate, porque gritaré con a pulmón cuando ganes. Te animaré
mucho desde las gradas.
Sonríe.
Hazme un favor, ¿si, Kate? Espero a que termine. Nunca cambies.
Sonrío.
No te prometo nada.
Veo que ya todo está bien Dice Cloe acercándose a nosotros. Suspira
teatralmente. Menos mal, porque de no ser así, no sé que fuera hecho si no
me aceptaban una salida Sam y yo nos miramos. Para celebrar que Kate
no se volvió más chiflada de lo que ya está.
Los dos se ríen.
Ja, ja. Muy chistosa. Le doy un empujoncito y me río.
Oh, vamos. Invitaré a Justin.
Sam tuerce el gesto.
Maldita sea.
¡Sam! Vaya, primera vez que maldice.
Chuu, chuu. El tren de las groserías está en la estación. Se mofa mi
amiga.
Él no hace caso al comentario de Cloe.
Yo no puedo. Hoy cumple mi abuela y toda la familia tiene que estar
en su casa.
Bueno, ni se diga, solo quedamos tú y yo. Me dice Cloe.
Pensé que ibas a invitar a Justin. Recalca Sam.
Se encoge de hombros.
Nada más si tú ibas, pero como no es así…tenemos una noche de
chicas.
No puedo decirle que no. Ya es hora de que salgamos juntas, el poco
tiempo que tiene con Justin significa el poco tiempo que tiene para mí. No es
que me moleste eso, sino que me muero de ganas de no regresar a casa
temprano y salir con mi alocada mejor amiga.
Muy bien, ¿A dónde vamos? Afirmo.
Sonríe y aplaude emocionada. Parece una niña que le acaban de dar el
juguete que tanto anhela.
Aprovechemos a mi bebé señala el Ford blanco. He pensado en ir a
Salem, quiero curiosear en la ropa de allá. Además podemos ver una peli,
comer helados…y cualquier otra cosa que se nos ocurra.
Suena bien. Expresa Sam.
¿Bien? Suena perfecto. Arguye Cloe. Por fin puedo sacar a Kate de
su casa por su propia voluntad, mijito. Así que es mejor que bien.
Él levanta las manos en señal de rendición.

Al entrar al aula de literatura estoy que doy un salto. No puedo creer que
en todo el transcurso de la jornada de clases no pensé en el ruso que tiene que
hacer el trabajo de la materia conmigo. No lo vi en la clase de biología porque
el profesor estaba enfermo y no hay suplente, no tuvimos la materia. En el
almuerzo Cloe, Sam y yo nos escabullimos hacia el patio del instituto para
liberarnos un poco de la cara de mala leche de Kylie. Ha estado así desde la
mañana, puedo adivinar la razón. Como iba diciendo, prácticamente no lo vi
en todo el día y ni me acordé de él gracias a las distracciones de mis dos
mejores amigos.
Y tengo que decir que cuando lo veo, sentado relajadamente en el mismo
pupitre y mirando lo que sea que escribe, casi me da un paro cardiaco. Ni
siquiera he hablado con él para acordar la hora en que haremos la tarea de
literatura. Hasta planes con Cloe hice. Qué
vergüenza.
Levanto el libro que tengo en la mano y me
tapo el rostro. Es tonto, sí, pero no quiero que me
vea al instante. Prefiero que cuando termine la
clase yo iré en su busca; me las arreglaré para
inventar una excusa del por qué no lo busqué
antes.
Llego a mi pupitre antes que mis amigos. Me siento y me tapo la cara
con el cabello. Uy sí, cómo si no fueses la única pelirroja de la clase, me digo
en mi fuero interno.
En cuanto aparto la cortina de cabello con el lápiz, para lanzarle una
mirada furtiva al ruso, sin querer me clavo la punta en la mejilla. Aprieto los
dientes y me sobo el sitio herido. Qué bueno que no fue en el ojo. Me aparto el
pelo de la cara y descubro que todavía me observa.
Pasan los minutos y siento su mirada en mí. Intento concentrarme en los
apuntes, ¡pero no puedo! Intento mirar a la ventana y ya me dio tortícolis.
Pruebo en mirar el teléfono y la pizarra alternativamente, pues mala idea; el
señor Williams casi me cacha jugando el nivel quince da candy crush. No creo
aguantar más, estoy que me levanto y voy hacia él para… ¿Para qué? Ya ni
siquiera sé que pienso.
Y todo empeora cuando veo sus ojos. Aquellos ojazos que ven todo y
ocultan mucho con esa capa de hielo duro. Su expresión es ininteligible y la
mandíbula bien definida no permanece tensa. Está tranquilo, solo viéndome
con intensidad. Ay, por tanto que me siento descubierta. Aparte de que tengo
una sensación extraña mirando sus ojos, siento como si la parte del recuerdo
perdido regresara.

9.-Una tarde juntos

Ahora creo que solo fue imaginación mía. Nada ha cambiado, sigo sin poder
conmemorar el recuerdo que, estoy más que segura, tenía esta mañana. Por
más que lo intente, no puedo ir más lejos de después de salir de la librería. Se
me hace netamente imposible.
Al sonar el timbre los estudiantes no esperan para recoger sus cosas y
marcharse del aula no antes de que el señor Williams nos recordara el trabajo
para el viernes. Ya esta es la última clase del día, así que el ruido en el pasillo
es irritante y el patio se llena de alumnos cada vez más. Tengo una pequeña
migraña que espero y no tener que preocuparme, necesito salir del trabajo de
literatura para no amargarme más luego.
Termino de guardar mi libreta en la mochila y salgo del aula con mis
amigos. No veo a Alek en su puesto, probablemente ya salió. Tengo que
apresurarme a alcanzarlo antes de que se vaya. Ojala y no se le haya olvidado
que tiene que hacer un trabajo conmigo, pues ya bastante es que se me
olvidara a mí.
Kate, espéranos. Dice Cloe detrás de mí.
Consigo pasar entre el centenar de estudiantes que se atraviesan y
camino hacia la salida. El aire fresco me golpea el rostro cuando salgo. Miro a
todos lados rogando que Alek se encontrara cerca. Me quedo paralizada
viendo al final de las escaleras. Él está allí, con las manos metidas en los
bolsillos delanteros de sus pantalones.
Me mira. Está esperándome. Lo amo.
¡Qué digo!
Bajo las escaleras trotando y con el corazón latiendo desbocado en mi
pecho. Cada vez más la respiración se me acelera. Echo la cabeza un poco
hacia atrás y lo miro; es tan alto, yo apenas le llego a los hombros. Sus ojos
son unos contenedores de secretos congelados sin la intención de revelarse
jamás. Pero yo estoy dispuesta a averiguarlos sea como sea, porque ya ha sido
suficiente frustración para mí desde su llegada.
Pensé esperarte y preguntar si podemos hacer la tarea de Shakespeare
hoy mismo. Dice tan tranquilo, con una voz tan melodiosa que me hace
derretir.
Me cuesta unos segundos recuperar la cordura.
Por supuesto, hemos arreglado para hoy ¿no?
Sonríe.
¿Este chico me quiere hacer dar un paro cardiaco o qué?
De pronto mira por encima de mi cabeza y su sonrisa se endurece.
¿Puedo preguntar si se debe a que no sonríe mucho? Antes de que me atreva a
hacerlo me giro y veo a Cloe, Justin y Sam salir del edificio, buscándome
todos con la mirada. Los ojos de todos caen en los míos y caminan directo a
mí. Las caras son un poema al ver a la persona que tengo detrás. Ni que
intente disimularla, Alek no puede evitar ser muy llamativo a los ojos de
cualquiera.
Rojita, ¿Por qué no nos esperaste? Pregunta Cloe y teatralmente
disimula sorpresa al echarle un vistazo al ruso que está detrás de mí. Oh, veo
que tienes compañía. Muy buena… carraspeacompañía.
Justin y Sam miran a Alek. El novio de Cloe lo ve como si le tuviera
miedo, y Sam…bueno, mi amigo lo ve como si quisiera arrancarle la cabeza.
Imagino que Alek debe estar tranquilo y con su expresión ininteligible que
siempre carga.
Suspiro y me rasco el cuello.
Sí. Em… y hablando de eso, creo que no podremos salir ahora. Tengo
que hacer el trabajo de literatura con Alek.
Claro, te la paso esta vez solo por una ocasión especial susurra en mi
oído. Luego me tienes que contar todo lo que pase, con detalles por favor.
Ruedo los ojos.
¿Te parece si salimos luego?
No hay ningún problema. Dice esta vez en voz alta y se dirige a
Alek: Moscas con ella eh, porque a veces puede ser muy testaruda, tenle
paciencia.
Suelto una risita que suena nerviosa y le lanzo una mirada furibunda a
Cloe.
Sam pasa por el lado de Justin, me agarra por el brazo y nos aparta un
poco de los demás. La sangre hierve en mi interior ¿Por qué tiene que hacer
eso? Me suelto de su agarre lo más amable que puedo e intento estar tranquila
al mirarlo.
¿Vas a salir con ese friki? Pregunta.
Me encojo de hombros.
Pues sí. Tengo que hacer el trabajo de literatura con él.
Asiente con resignación.
Aunque no me fíe de él, supongo que tengo que dejarte porque se trata
del instituto.
Suelto una risa ronca.
¿Perdón? ¿Tienes que darme permiso? Sonrío ocultando lo frenética
que me siento, aunque no funcione. Uno: tú no puedes prohibirme nada,
nada en absoluto. Dos: no me importa si te fías de él o no. Y tres: que sea la
última vez que me dices algo así.
Kate, yo no quise…
Me doy la vuelta y me marcho. ¿Qué es lo que le pasa? No soporto que
me prohíban algo cuando no tiene derecho. Sam puede ser mi amigo y eso,
pero jamás le he permitido que me impida cosas, y casi intentaba hacerlo esta
vez. Estoy con una cólera que me hace sudar, provocando que me pique el
cuello. Tengo que revisármelo, no vaya a ser que tenga algún sarpullido.
¿Estás bien? Inquiere Alek escrutándome con la mirada.
Estupendamente. Vamos.
Nos ponemos en marcha. Sin darme cuenta sigo de largo a la salida, pero
luego Alek me alcanza y guía hacia el aparcamiento. Lo sigo con los nervios
de punta. Hoy tendré una hora entera con él y al pensar en eso el almuerzo
comienza a subirme por la garganta. Soy tan vulnerable cuando está él; trato
de convencerme de que es por su aspecto intimidante, pero hay más que eso.
Me siento más cómoda cuando no miro sus ojos, y ahora tengo una mejor
vista que no hace que me congele. Su espalda es larga y sus hombros fuertes y
anchos. No me atrevo a mirar más abajo.
Llegamos al sitio donde está ubicado el reluciente Porsche Panamero de
color negro. Se ve tan nuevo, tan veloz y tentador. Me muerdo el labio para
ocultar una sonrisa. Siempre he tenido el deseo de conducir un espectacular
coche que ruja y corra rápido. Conducir a más de ciento sesenta en un camino
solitario, cercano al mar. Cierro los ojos y me veo con unas gafas de sol y el
cabello volanteando hacia atrás, yo, la carretera y una sensación de paz.
El sueño perfecto.
Un sonido, como un «clac», me devuelve a la realidad. Al abrir los ojos
veo que Alek me abre la puerta del asiento de copiloto. La sujeta hasta que me
introduzco en el vehículo y luego la cierra de un portazo para dirigirse al otro
lado. Qué caballeroso es este ruso. Ya no se ven muchos iguales a él. La cruda
realidad en el siglo XXI.
El interior no carece de distinción al igual que el exterior. Colores grises
son los que se perciben el entorno, las ventanas son con cristales tintados de
negro y todo se ve nuevecito. El asiento es muy cómodo y un dije con forma
de rosa cuelga del espejo retrovisor. Es hermosa la flor, los bordes de los
pétalos tienen un color dorado y se ve como una reliquia.
Alek entra en el coche y cierra la puerta. Los nervios vuelven,
acompañados con la picazón en el cuello. Veo que él enciende el auto al igual
que el aire acondicionado, bajando la temperatura demás. Esto va a parecer un
refrigerador en un momento.
¿Vamos a la biblioteca del centro? Inquiere poniendo en marcha al
vehículo.
Ya veo que ninguno de los dos prestaremos nuestras casas. Yo no me
siento cómoda llevándolo a la mía con mamá allí todo el tiempo, ya que la
conozco tan bien como para saber que esa va estar rondado junto a nosotros
cada dos por tres, si no es que se queda sentada en un sitio cercano echándole
el ojo suspicaz a él. Por otra parte, Alek parece dignarse a mantener todo de él
oculto. No tengo ni el menor problema de ir a una biblioteca, sin rechistar.
También podemos ir a la librería cerca de mi casa sugiero. Es
como una mini-biblioteca. Estoy segura de que hay de la información que
necesitamos y, además conozco al propietario.
Sonríe.
Como tú digas.
Me muerdo el interior de la mejilla.
Pero si quieres vamos a la del centro.
Él me mira.
Iremos a la mini-biblioteca recalca y yo sonrío. Bueno, creo que
sabes que soy nuevo en la ciudad, así que te pediré que me instruyas un poco
con la dirección de la librería.
Asiento.
Incorpora el coche en la calzada y acelera…pero ¡Guou! Tanto que de
golpe choco la espalda contra el asiento. Alek me ve preocupado y yo me echo
a reír. Esto sí que es velocidad. Él frunce el ceño confundido y desacelera un
poco.
Será mejor que te pongas el cinturón. Articula mirando a la carretera.
Tú no lo tienes. Objeto arqueando una ceja.
No lo necesito, tú sí. Su tono frío vuelve. Qué lata.
¿Y qué te crees tú, supermán? Si nos estrellamos contra un árbol vas a
salir volando, al frente del todo.
Katya.
Tuerzo el gesto.
Bien, pero que conste que me divertí.
Se ríe entre dientes satisfecho.
Después de esto el camino se vuelve silencioso. No tengo que decir que
Alek no es un buen conversador, y tampoco que tiene una apariencia siniestra.
La vestimenta negra habla por sí sola, y las ojeras que tiene me parecen
extrañas, por no hablar de su palidez. Tal vez estoy loca por encontrarme en
un coche a solas con él; no lo conozco lo suficiente para estar segura que no es
un psicópata. La verdad es que hasta este momento me he sentido atraída por
Alek más allá de lo físico, y recalco que no lo conozco bien. Es extraño, pero
siento que ya nos conocemos de antes, que sé que no es un demente y que es
incapaz de hacerme daño.
La radio ha estado encendida desde que comenzamos el viaje, sonando
canciones de rock que ni conocía. ¿Qué emisora es esa? Bueno, no me
importa, si lo hiciera no estaría tarareando el coro de cada una. Entonces,
escucho una que sí me la sé y que me encanta. Paramore es mi banda preferida
de rock junto a Evanescence. Empieza la canción Decode y rato después yo no
puedo evitar cantarla, es mi costumbre.

The truth is hiding in your eyes and it’s hanging on your tongue
Just boiling in my blood but you think that I can’t see
What kind of man that you are? If you’re a man at all,
Well I will figure this one out
On my own, on my own
My thoughts you can’t decode

Enajenada por la canción, me muevo al ritmo de la música como si fuera


la misma Harley Williams. Alek me mira con curiosidad y luego aparece una
sonrisa en su rostro. Es imposible, no puede resistirse a una loca amante del
rock, y de Paramore.

How did we get here? When I used to know you so well


How did we get here? Well I think, I know

Al final llegamos a la librería del señor Breslow. La canción termina y


yo estoy agitada. Alek no para de sonreír y eso me encanta. Tiene una sonrisa
perfecta, con una hilera de dientes parejos y tan blancos como un modelo de la
propaganda de la marca Colgate. Salgo del coche con buen ánimo, guiñándole
el ojo a Alek que me abrió la puerta.
Ojo: esta reacción es debido a la adrenalina con la canción… o, más o
menos eso quiero que sea.
Caminamos hacia la librería cuando vemos al señor Breslow en la
entrada, con cepillo de barrer en mano. Le regalo mi mejor sonrisa, pero él
solo se queda viendo al chico que tengo detrás. Quizá y le vaya con el chisme
a mi madre sobre que salí de un coche con un chico extraño. No me importa,
ya que yo siempre puedo irle con la verdad. Por otra parte, ahora que
recuerdo, el señor Breslow no es un soplón. Y ahora que lo observo mejor, la
mirada que le lanza a Alek tiene más suspicacia de lo normal.
Ok, está bien que no confíe en Alek, hasta yo lo consideraría un emo.
Claro que de esa forma es normal, no obstante, Breslow entorna los ojos,
aferra más fuerte las manos del cepillo y aprieta la mandíbula. Es como si
estuviera alerta a cualquier movimiento. Eso es ridículo.
Miro encima de mi hombro. Alek también tiene la vista fija en el
hombre, con la misma expresión dura y sin parpadear ni un momento. ¿Qué
esto, un duelo de miradas?
Cansada del silencio que se ha puesto entre los tres, digo:
Buenas tardes, señor Breslow.
Él sigue sin apartar los ojos recelosos de Alek, le cuesta un momento
volver a la realidad y darse cuenta de que le estoy hablando. Con cuanto más
siga así le doy una cachetada para que salga de su parálisis.
¿Necesitan algo? Ni siquiera me mira. No sonríe. No tengo que decir
que está actuando muy extraño.
Pues sí replico. Buscamos algunos libros sobre Shakespeare.
Creo que tengo lo que buscan. Dicho esto se da la vuelta y entra en
el establecimiento.
Alek y yo lo seguimos por el corto y estrecho pasillo de la entrada hacia
el salón más grande, en donde se encuentran todos los libros. El señor Breslow
mira de vez en cuando por encima del hombro, no a mí sino a Alek. ¿Lo
conocerá acaso? ¿Por qué se miraban tanto hace un momento? Veo esta vez al
ruso y parece tranquilo con el semblante serio que le he visto desde la primera
vez, únicamente lo que lo delata es la mandíbula tensa.
En pocos minutos llegamos a la sección de historia de la literatura. En
este sitio no hay casi gente, unos que otros chicos con gafas o los que buscan
su tarea. Estoy segura de que encontraremos lo que necesitamos, el señor
Breslow sabe lo que tiene. Buscaríamos en internet, no sé si Alek quiere
hacerlo más rápido, pero yo considero que en los libros hay más información
detallada.
El señor Breslow nos deja en el sitio adecuado, frente al estante donde
hay obras y biografía de Shakespeare. Le agradezco y se marcha con evidente
resignación, no antes de lanzarle otra mirada recelosa a Alek.
No suele ser así. De hecho, siempre es muy amable. Digo mientras
buscamos algunos libros en el estante.
Alek no responde.
Nos ponemos a hacer el trabajo en silencio, solo hablando con pocas
palabras y respondiendo con monosílabos. La verdad no esperé que la hora
juntos se llevara a cabo de este modo, no esperaba algo más, pero tampoco
algo peor. De vez en cuando alzo la vista fuera del libro y observo la
expresión de Alek; parece concentrado en lo que lee, y anota en una hoja lo
que le considera bueno para el trabajo. En una de esas que me salto las líneas
de historia para verlo, lo descubro viéndome. Nuestros ojos se encuentran y yo
aparto la mirada, simulando estar fascinada con la lectura.
¿Cómo es Inglaterra? Inquiero tratando de romper el hielo entre
nosotrosJamás he salido más allá de los alrededores de Corvallis.
Yo solo estuve en dos ciudades.
Ok, al menos dijo algo. Es un avance ¿no?
Debe de ser un lugar genial, ¿Por qué decidiste vivir aquí? Y para no
sonar como una reportera, agrego: A mí me encantaría conocer Europa.
Me lanza una mirada por arriba del libro y luego continua leyendo.
No es un lugar sensacional, al menos eso pienso yo.
Entonces ¿te mudaste a Corvallis porque aborreces los ingleses?
Bromear a veces ayuda en una conversación de evitar llegar al punto
muerto.
Él se queda en silencio, sus manos se aferran más a los bordes del libro y
sus ojos se ven ausentes. Quisiera decir que no me afecta nada sus extraños
cambios de humor tan repentinos, pero eso sería una mentira colosal. Todo
está bien en un momento y al siguiente su aptitud tristona o dura vuelve. Lo
más seguro hasta ahora es que no le gusta hablar de su vida, ya que en todos
los casos sucede y va a suceder esto.
Solo quiero comenzar una nueva vida.
Su respuesta tan intensa me deja sin habla. ¿Que quiere comenzar de
nuevo? ¿Por qué? Debe de haber un gran motivo por el cual decida abandonar
esas tierras remotas y reaccionar de ese modo ante mi pregunta. Por su
silencio mordaz imagino que no quiere seguir hablando del tema. No le
insisto. Lo último que quiero es que me odie por meterme en su vida.
Ya veo que no lograré conseguir un poco más de información de él. Alek
desde que llegó sigue siendo un completo extraño para todos; no habla con
nadie, se mantiene alejado de las personas y no le gusta dar ni el más mínimo
detalle de su vida. Puede que sea un misterio, quizá y eso fue lo que me atrajo
a él desde un principio, puede que no sepa nada de su vida, pero sigue esa
sensación en particular de que lo conozco. Es como si es así pero no recuerdo
nada de lo que es, es un sentimiento tan fuerte y que logra no darme más
detalles, que no quiere abandonarme. Es así como si mi deber fuera hacer que
el sentimiento se expandiera y lograra recordarlo.
Sin embargo, algo en mí, o simplemente esa sensación, me impide
solucionar el enigma sobre el chico ruso que desde que lo vi no sale de mi
cabeza. Hasta que no resuelva la incógnita mis pensamientos seguirán
rondando alrededor de Alek y el intento de descubrir su reservada vida.
Más tarde salimos de la librería con el trabajo listo para encuadernarlo.
A pesar de que lo hemos hecho muy rápido, es preferible a tener que andar
apresurados el jueves. En este momento me pongo a pensar que si antes él me
odiaba, creo que ahora ya ni me quiere ver en pintura, puesto que aparta su
mirada de mí y su silencio supera todo los límites. Me va a volver loca.
Bueno, creo que de aquí yo puedo seguir. Digo esperando que se dé
la vuelta.
No lo hace. Sigue el camino hacia el coche.
Te llevaré a casa.
Me muerdo el labio y me acerco a él.
No hace falta que te molestes. Está bien cerca, de veras; puedo llegar
caminando.
Cuando llega a la puerta del vehículo se detiene, gira sobre sus talones y
me ve fijamente a los ojos. Mi corazón da un vuelco en el pecho. Sus ojos son
un océano de hielo, el que intento evitar. Trago saliva.
No me molesta. Puedo llevarte…eso si es que tú quieres.
Y allí estoy yo, enajenada por él y vulnerable ante su mirada. Por más
que quiera no puedo alejarme, no puedo negarle. Es como si estuviera
totalmente a su merced, sin la capacidad de poder elegir por mí misma.
Asiento y enseguida me guía hasta el otro lado del coche. Abre la puerta,
me deja entrar y luego cierra. Me coloco el cinturón recordando lo que pasó
antes y me recuesto del asiento. No sé qué me pasa ahora, sinceramente no me
reconozco. Estoy cien por ciento segura de que la Kate original no se habría
achicado ante Alek, abría sido tan terca como es y se fuera ido a casa
caminando sin tener que insistir tanto ¡Qué bajo he caído!
Pasamos unas cuantas calles arriba hasta que entramos al vecindario.
Reconozco el camino que siempre transito todos los días y cuando casi
estamos llegando veo al trío de señoras. Ruego porque no se voltearan pero es
en vano ya que de todos modos incluso el más ciego podría notar el Porsche
de ensueño que se estaciona ahora mismo frente a mi casa. Las mujeres todas
impresionadas ven el elegante auto y susurran unas cuantas cosas sin siquiera
disimular.
Suspiro y me desabrocho el cinturón de seguridad.
Gracias por traerme. Terminaré de arreglar el trabajo. Estando en
cualquier otra ocasión hubiese terminado con un buen comentario, esta vez no
se me ocurrió nada que decir.
Estiro el brazo para abrir la puerta, sin embargo un contacto frío en la
mano hace que me detenga en seco. Volteo para ver a Alek y éste me mira con
los ojos caídos, con expresión cansada.
Escucha, Kate…Perdóname por mi comportamiento de antes, no
quería tratarte así. La verdad es que, no me agrada hablar de mi pasado. Y sé
que no es razón para reaccionar así pero…
Está bien le interrumpo. No tienes por qué darme explicaciones.
Yo soy la que debería no meterse en donde no la llaman.
Él se pasa una mano por el mentón y mira hacia la casa.
¿Entonces sí aceptas mis disculpas?
Ya te dije que…
¿Las aceptas? Me corta.
Me le quedo mirando como una tonta. ¿Por qué el afán de insistir en que
lo perdone? Pensé que con lo que dije ambos aceparíamos que es mi culpa y
que él solo tiene una parte de ella. Llevando apenas unas horas con él, no deja
de sorprenderme. Solo falta que me diga que no es de este mundo.
Asiento con la cabeza lentamente.
Sí.
Sigue con la vista puesta en mis ojos, como si me retara a bajar la mía.
De repente me siento expuesta y un sentimiento pequeño intenta
convencerme, una voz, una inusual. Difícilmente escucho que susurra, me
dice que acepte que toda la culpa es de él, de Alek. Siento que debo
obedecerla, que sí, claro. Alek es el culpable porque se estaba comportando
como un idiota conmigo y…
Espera un momento… ¡No! ¿Qué es lo que me pasa? Él no es el
culpable, yo lo soy. La voz se va desvaneciendo mientras las últimas palabras
resuenan en las paredes de mi mente. Esto es de locos. Acabo de oír una voz
siniestra en mi cabeza, que no reconozco en absoluto.
Veo a Alek con el desconcierto en pegado en mi rostro. Él no dice nada
y su expresión es ininteligible, de broma y logro ver la pequeña arruga en su
entrecejo. Sus ojos azules se han tornado de un color azul pálido y su
mandíbula está tan tensa que no me sorprendería que se rompiera los dientes
por el apretón. La cosa se vuelve aun más extraña cuando sospecho de él;
tengo el presentimiento de que Alek tiene algo que ver con lo que acaba de
pasar, pero suena ridículo puesto que, no es posible que pueda hablar en mi
mente, aparte de que esa voz no tenía nada semejante a la suya melódica.
Con una gran resignación abro la puerta y salgo del coche sin mirarlo un
segundo más. Ni siquiera me despido cuando cierro de un portazo y camino
fuera del camino del coche. Hago caso omiso a la murmureo de mis vecinas y
me apresuro a llegar a la casa. Aminoro el paso cuando llego a los escalones
del porche, evitando una caída fatal. No tengo ni la más remota idea de por
qué reacciono así, pero lo primero que pensé fue salir del coche antes de poder
volverme más loca.
Entro a la casa y cierro la puerta, recostando la espalda de ella y
deslizándome lentamente hasta el piso. Escucho el motor del Porsche
alejándose rápidamente. Suelto el aire que no me di cuenta cuando había
acumulado y siento un gran alivio. Recojo las rodillas contra mi pecho y dejo
caer la cara entre ellas.
No es hasta que levanto la cabeza que veo a mi madre parada junto al
umbral del salón. Doy un respingo en el sitio que estoy y me llevo la mano al
corazón mientras respiro entrecortadamente.
Mamá. Llevas rato allí parada, ¿cierto? Inquiero levantándome del
suelo.
No hace caso a mi pregunta.
¿Quién era el del coche negro? Y por supuesto, Clarice Harper no se
anda con rodeos.
Un amigo… En realidad mi compañero de literatura.
¿Fueron a dar un paseo? Ve su reloj de muñeca. Que yo sepa, las
clases de hoy acabaron hace dos horas... ¿o te castigaron de nuevo?
Pongo los ojos en blanco, viendo hacia abajo y luego a ella para decir:
Estábamos en la librería del señor Breslow, realizando el trabajo de
literatura que es para el viernes. Acabamos no hace poco y se ofreció a
traerme aquí. Eso es todo.
El trabajo, ¿se lo llevó él?
Me desguindo la mochila y saco cuidadosamente la pequeña pila de
hojas. Acomodándolas un poco se las paso. Ella arquea una ceja mientras
revisa la primera página. A veces es un poco latoso el instinto sobreprotector
de mi madre, ya que puede llegar más allá del límite. Puede que el que ella
haya quedado embarazada muy joven haga que me esté vigilando demasiado,
para que de algún modo no le salga con una mini Kate a esta edad; aun así,
pienso que se preocupa demasiado, no es que yo sea tan tremenda para salir
con una barriga. Ella sabe muy bien que yo anhelo ser una profesional, que
hasta ahora no he pensado en nada de tener hijos. Por favor, ni siquiera me
imagino.
No le queda más remedio que creerme. De nuevo, le digo la mera
verdad. Me sigue haciendo unas cuantas preguntitas sobre Alek que no puedo
negarme a responder; y en cuanto a “preguntitas”, me refiero a “¿De dónde
es?” “¿Tiene mucho dinero?” (Ya que vio el cochazo) “¿Por qué decidió vivir
aquí?”. Dios, me iba a volver loca. Y la pregunta ganadora que le encanta
hacer: “¿Qué pinta tiene?”. Ciertamente no puedo decir que parece un chico
emo, que parece miembro de una banda de rock o algo así. Solo le digo que se
ve como cualquier otro. Clarice es de armas tomar, así que hago un gesto de
barrer el asunto con la mano y finjo normalidad.
Mi madre parece uno de esos detectives que
señalan como primer sospechoso y no lo dejan
descansar hasta sacarle toda la chicha.
Luego del interrogatorio subo a mi
habitación y me echo en la cama. Se pasa el
tiempo mientras miro las rayas del techo; ya perdí
la cuenta de cuántas hay. Lo que no pierdo es el
pensamiento sobre Alek. Por más que lo intente,
sus ojos no salen de mi mente. Como imágenes
vivas esas dos ventanas con un intenso mar me vigilan. Tampoco olvido todo
lo que siento cuando estoy cerca de él. Buff, es imposible. Ya no puedo
negarlo.
El ruso y con todos sus secretos me tiene enganchada.

10.-Desconocido

Cuando a las ocho de la noche Cloe me manda un mensaje de texto, siento la


peor vergüenza. No me acordaba de que le prometí salir esa noche.
Sinceramente hoy no es mi día, no me apetece salir ni a la esquina. Con una
gran sensación de culpa le propongo ir mañana, poniendo la excusa perfecta
de que me duele la cabeza. Mi amiga me dice que no puede, que de última
hora sus padres le han dicho tienen que ir a casa de su abuela en España, y que
estarán fuera de la ciudad hasta el viernes por la mañana.
Los días pasan lentamente. Ahora me doy cuenta que sin la presencia de
Cloe todo es…normal. Ya estoy tan acostumbrada a sus locas palabras y
reacciones que me siento, por así decirlo, vacía. Me falta que ella me haga uno
de esos comentarios sobre Alek que tanto le gustan. Desde el miércoles me la
paso recostada de la camioneta de uno de los chicos del equipo de futbol,
escuchando música y dibujando. Ya he arrugado varias hojas al darme cuenta
de lo que trazo a cada rato: el rostro de Alek. Y aunque lo intente, jamás
lograré conseguir trazar su perfecta silueta.
Sam ha estado comentándome de sus prácticas para el juego del viernes.
Por más que haga el mayor esfuerzo por prestarle atención, no lo consigo. Si
bien cada vez que me doy la vuelta me encuentro con unos ojos con aguas
infinitamente profundas. Lo veo cada vez que estoy en el patio del instituto,
observándome fijamente. Pienso que quizá quiera decirme algo, pero cuando
me decido a caminar hacia él, no doy un paso cuando desaparece.
Ahora bien, un asunto de gran importancia y muy extraño, demasiado se
podría decir. Sucede que el jueves después de clases me voy a casa como
todos los días, y mientras voy caminando me invade una sensación de alerta.
Siento un cosquilleo inusual en la espalda y que ojos furtivos me vigilan desde
que he comenzado el camino. Decido resguardarme en la librería del señor
Breslow, que es el lugar más cercano al que puedo acudir. Opto por quedarme
allí un rato y aprovecho de buscar libros interesantes. Cuando reviso una
comedia de romance algo llama mi atención al otro lado de la calle. Veo hacia
la ventana de cristal y allá está. Un sujeto bien encapuchado, viendo
directamente hacia mí. El miedo feroz irrumpe en mi organismo hasta calarme
los huesos completamente. Hay un aire sobrenatural en aquel individuo; sin
siquiera hablar sobre su aspecto. Me recuerda a un acosador de película.
Ese pensamiento no ayuda mucho.
Cuando pienso que no saldré nunca del sitio veo el coche de mi madre
estacionar frente al negocio. Ella habla amigablemente con el señor Breslow
sobre algo que no logro oír. Pero es mi mejor oportunidad para fugarme de
allí. Salgo de la tienda y corro a saludar a mi madre. Clarice se sorprende un
poco al verme y de una pide que me monte en el auto. No rezongo. Me ha
caído como regalo del cielo. Al montarme veo por el espejo retrovisor, que me
da una buena vista al lugar en donde estaba el sujeto encapuchado. Sin
embargo, al mirar, no hay nadie.
Ese mismo día en la noche, un estrepitoso sonido de motor interrumpe
mi sueño. De nuevo, encuentro a Bokor en el piso con la vista clavada en la
ventana. Su esponjosa silueta está iluminada por el resplandor dela luna y
permanece inmóvil como una estatua. Me deshago del cobertor y voy hacia su
dirección de puntillas. Mi querido Bokor me ve con sus ojos saltones y luego
regresa a lo que estaba concentrado.
Me acerco lentamente a la ventana y agarro el borde de la cortina para
cerrarla. Mucho antes de que lo haga veo una sombra en la calle, al pie de la
casa. A pesar de que la oscuridad sea mayor, puedo ver que el sujeto está
montado en una moto. Es como una sombra total. Percibo un movimiento
hacia mi dirección y automáticamente me agacho, pegando la espalda de la
pared. El corazón me late fuerte, tanto que hasta podría salírseme del pecho en
cualquier momento.
Escucho nuevamente el rugido de la moto, acelerando hasta alejarse y
solo quedar resonando en el barrio. Tomo una bocanada de aire y me levanto
del suelo para echar un vistazo por la abertura entre la cortina y la ventana.
Obviamente el individuo ya no está.
No sé muy bien pero, supongo que es de noche todavía. Estoy
durmiendo cuando un pequeño gruñido me despierta. Percibo a Bokor sentado
en el borde de la cama viendo la esquina oscura de mi habitación. Así que sin
hacer un movimiento brusco, intento mejorar la vista concentrada en una
formación extraña de las sombras. No dudo de que hay alguien ahí.
Entorno los ojos y la figura se mueve, deslizándose a una velocidad
invisible al ojo humano hasta aparecer junto a la ventana. Bokor se arquea y se
le eriza los pelos mientras mira a la silueta unida a la oscuridad. La
luminosidad de la noche apenas logra dejar ver una parte del rostro de…del
hombre. Me levanto de golpe y enciendo la lámpara encima de la mesilla de
noche. Me quedo atónita. En la esquina no hay nadie.
Estoy sentada en el borde de la cama pensando en sí alertar a mamá con
mis alucinaciones o dejar pasar esto, de nuevo. Opto dejarlo pasar. La última
vez no ocurrió nada, nada más que la sensación de locura que me da. Y bueno,
hasta ahora he decidido acabar con esto llegando a la conclusión de que estoy
loca, pero siempre tengo el presentimiento de que no es así. Lo mejor es
seguir fingiendo que no pasa nada, no quiero preocupar a los demás aunque
me cueste no decirles por miedo.
Como he dicho, la primera vez que sucedió algo similar no le dije a
nadie, y después no ocurrió nada malo. Creo y espero que esta vez sea igual.
Como si las cosas no pudieran ponerse más extrañas, la noche siguiente
salgo de casa para ir al súper nocturno. No recuerdo muy bien si era unas
galletas que iba a comprar, mis galletas favoritas por así decirlo. De todos
modos ya estoy acostumbrada a que debes en cuando haga estas mini-compras
de noche. Aprovecho que el Aveo de mi madre está en el camino de acceso, y
con el depósito lleno.
El camino hacia el mercado se me hace muy fácil, sobre todo con estás
cuatro ruedas. Minutos después estacionó el coche en el pequeño
aparcamiento del establecimiento y me apeo del coche inmediatamente. Voy
directamente al interior del mercado y me dirijo automáticamente a la parte de
refrigerios, buscando ese paquete de las galletas saladitas. Aparte también me
llevo un envase pequeño de mantequilla de maní. Soy una golosa. Sí.
Luego de pagar salgo del establecimiento la gélida brisa me azota,
sobrepasando hasta la sudadera que llevo puesta. Está lloviendo. Gruñendo
para mis adentros, me subo la capucha y acelero el paso abrazándome a mí
misma, en un intento de mantener el calor. Justo antes de llegar al Aveo algo
en mi visión periférica llama mi atención. Al otro lado de la calle está un
sujeto apoyado de una impresionante motocicleta de color negro con flamas
de fuego naranja. Las prendas del individuo van a juego con su máquina de
dos ruedas. Hay algo en él… o ella, que me eriza los bellos de los brazos.
Sorprendentemente no hay nadie más que nosotros dos en el área. Qué
oportuna, una estúpida chica y un posible secuestrador.
Me sobresalto cuando el sujeto voltea hacia mí de manera repentina. Mi
corazón retumba en mi pecho y parece faltarme aire. El tipo. Es una silueta de
hombre, muy alto, y de hombros anchos. El tipo empieza a caminar de manera
decidida en mi dirección. No puedo moverme, estoy paralizada, es como si
¿Quieres que te lleve? Pregunta el desconocido con una sonrisa que
no aparenta nada bueno. Se mantiene algo alejado de mí, por lo que no puedo
verlo muy bien por la oscuridadNo es seguro que una chica tan linda como
tú ande sola por ahí, en especial en la noche.
Mi corazón se acelera. Su tono de advertencia no me gusta para nada,
nadita.
Tengo, coche, gracias. Replico controlando mi voz temblorosa.
Podríamos dar un paseo por la ciudad, luego te traigo. Te lo prometo.
Dije que no. Trato de sonar más firme. Un escalofrío me recorre el
cuerpo entero cuando siento su mirada. Mi madre me espera en el coche. Me
tengo que ir.
Obligando a que mis pies se muevan, casi corro hasta el coche.
De acuerdo, dulzura.
Volteo la cabeza para comprobar que no me sigue, él todavía está parado
allí. Acelero el paso.
Cuando entro en el coche cierro la puerta con el seguro y pongo en
marcha el motor sin esperar que el tipo decida atacarme. Las ruedas rechinan
en el asfalto cuando echo hacia atrás. Giro el volante y salgo del
estacionamiento lo más rápido que puedo.
Cuando llego a la salida veo al tipo parado justo al lado de la ventanilla
del lado del asiento de copiloto. Apenas y consigo ver una melena color
azabache, tan empapado como el mismo cristal de la ventana. Me estremezco.
Acelero directo a casa.

Despierto en la mañana con el despertador programado para las siete.


Estoy boca abajo, con la cara hundida en la almohada. Estiro el brazo, agarro
el cachivache y lo tiro en la cesta de ropa sucia. Por supuesto sigue sonando,
pero de algún modo siento satisfacción cuando lo escucho golpear del
plástico. Tiro a un lado el cobertor con el pie y salgo de la cama. Cuando llego
a la puerta y veo el calendario, anhelo que sea viernes.
No he podido dormir bien desde lo que pasó anoche. Primero el
individuo con la moto y después la sombra que vi en mi habitación. Tengo el
mal presentimiento de que ambos sucesos están unidos…y aun así no puedo
estar segura de si todo pasó realmente. Todo pudo ser una simple pesadilla.
Pero de igual forma no lo creo…
¡Agh! Ya ni sé qué es realidad y que es ilusión.
No quiero tener que estar cabeceando con eso en todo el día. A pesar de
que la noche no haya sido de las mejores, sobre todo con ese motorista de pelo
azabache…en fin, creo que lo mejor es que piense en otra cosa. Me volveré
más loca de lo que ya estoy si no.
Más tarde hablo con Cloe por videollamada.
Me dice que a las doce puede que ya esté llegando
a la ciudad y que apenas salga yo del instituto me
viene a visitar a casa. Bromea sobre que nos
pondremos a hacer unos pasabocas con bastante
grasa y que con medias puestas veremos la saga
completa de Rápidos y furiosos. Ya me muero de
ganas de verla.
Voy al baño y me doy una ducha caliente.
Luego salgo lo más rápido que puedo y me visto con un jersey, unos
pantalones de cintura alta y me coloco las converse negras con blanco. Mi
madre se ha ido a trabajar temprano, así que desayuno solo unas cuantas
galletas saladas acompañadas con una taza de café, y listo. Agarro la mochila
junto a las llaves y salgo de la casa no antes de despedirme de Bokor.

11-Acorralada

El día pasa con la tediosa normalidad con la que trato desde ayer. Hoy me
aparto un poco del grupo y me echo en una siento apartada para dibujar. No
me llego a la cafetería en la hora del almuerzo, de hecho me dirijo a ese
lugarcito que tan bien me cae. Veo a Alek como cuatro veces, no más. En las
dos clases a la que asistimos juntos y en el patio de la institución. Oh sí, y
también lo vi en el pasillo cuando cambiaba de libros en mi casillero. Parece
como si no fuésemos hecho un trabajo juntos, es como si nunca nos fuéramos
hablado. Lo miro y Alek solo me ignora. ¿Estará enojado todavía? Pensé que
ya se había echado toda la culpa él. ¿Se molestó porque duré en darle la razón
sobre eso? Qué estupidez.
No veo mucho a Sam en el día, puesto que tiene que practicar para el
partido de hoy en la noche. Me fuera quedado con él y charlado de cualquier
pendejada, pero no es el día. También pensé en hacerle una visita al campo, y
de inmediato descarto la idea. Probablemente sea una distracción en su
práctica.
Al llegar a casa el trío de señoras se encuentran paradas justamente en el
frente. Hago una mueca de dolor y actúo como si nada. Me veo las manos en
cuanto voy pasando cerca de ellas, y de una u otra forma se dan cuenta de mi
presencia.
Miren quién ha llegado. Señala la señora Price.
Ay, Katherine Harper. Eres una vencedora.
Me hago la Willie may.
¿Por qué lo dice, señora Graham? No compré ningún número como
para decir que me gané la lotería.
No te hagas…Ya sabes muy bien de lo que hablamos. La sonrisa de
la señora Price me da miedo, y no es por el hecho de que tenga un diente
majado.
De veras que ni idea Digo y señalo a la casa. Ahora si me
disculpan, tengo mucha tarea que hacer.
Eh, espera… ¿Cómo se llama el afortunado?
Resoplo calladito.
Cuando lo conozca se lo digo.
Me apresuro a llegar a la casa. No es que quiera ser grosera con las
mujeres, pero hay límites hasta donde tienen que meterse. En este asunto no
hay nada que contar, y deberían aprender a estar pendiente de sus vidas que
las de los demás. En primer lugar nunca debí dejar que Alek me trajera hasta
aquí, ya que ESTO son las peores consecuencias. De broma me salvé de mi
madre ¿Ahora tengo que estar huyendo de mis vecinas?
Al entrar soy recibida únicamente por Bokor. Como no tengo mucho que
hacer, después de acabar las tareas pendientes de la escuela, decido hacerle un
cariñito a la casa. No hace mucho que mamá y yo limpiamos todo, pero de
igual forma requiere el aseo diario. Esto es una buena terapia para alejarme un
poco de todo, sobretodo de olvidar acontecimientos que quiero borrar de mi
memoria.
Lo primero que hago es colocar música en el estéreo de la sala de estar.
No puedo hacerlo sin mis canciones. Paso el rato limpiando, fregando los
trastos, lavando la ropa sucia, sacándole el brillo al piso…además de estar
meneándome y saltando en todos lados al ritmo de la música. Agarro el
trapeador y mientras saco brillo simulo que es un micrófono, y que estoy en
una gran tarima acompañada de la mejor banda de rock. En una de esas me
monto en el sofá y finjo estar tocando un bajo, brincando de un lado a otro y
moviendo la cabellera. Al terminar todo estoy exhausta, en la mayoría por el
baile alocado.
Me doy una ducha refrescante y me visto con algo cómodo. Agarro la
computadora portátil del escritorio y me echo en la cama. Llevo media hora
frente a la pantalla de la laptop, tratando de alguna forma de que me agarre el
internet. Dejo que mi paciencia se acabe y apago el PC que definitivamente no
tiene ningún remedio. Opto por leer un rato, con la compañía de Bokor sobre
la almohada.
La lectura trata sobre una chica común y corriente, a quien le asignan un
nuevo compañero en una clase; ese compañero es un ególatra, misterioso y
con una apariencia que le trae mala espina a la chica. También,
sospechosamente el chico sabe mucho de ella, cualquiera se asustaría
resumiendo que es un acosador. Desde ese momento la chica vive sucesos
extraños y escalofriantes, donde un individuo parece querer acabar con ella.
Al final resulta que el chico es un ángel caído y que el acosador que quiere
matarla es un nefilim vasallo del ángel, que quiere hacerlo sufrir usándola a
ella.
Por algún extraño motivo, el ángel caído me recuerda algo a Alek.
Quiero decir que, es parecido en cuanto a lo misterioso y reservado. También
la historia, con todos esos encuentros con un acosador que desaparece sin
dejar huellas. Es un maldito déjà vu lo que veo.
Antes de ponerme a imaginar a Alek como protagonista de una peli de
acosadores, el teléfono suelta un timbrazo. Un mensaje de Cloe.
Le doy a la notificación con el pulgar y enseguida aparece el mensaje:
Cloe:
Hola, rojita. Hace muuucho tiempo que llgué de España y ni
una llamada tya. ¡Xqué no me has telefoneado! Me enteré de
que el juego de hoy se suspende, ahra para mañna sbado.
Me sorprende que el juego se cancelara así de improvisto. Que yo sepa, los
chicos han practicado bastante, y han esperado este día desde que comenzó el
año escolar. Es una pena…hasta tenía listos mis pulmones para alentarlo.
Llega otro mensaje:
Cloe:
Pero ese no es el asnto aquí… te quería proponer ir a ver una
peli. Esty hrta de mi familia. Respndeme en seguida ants de
que siga con este testmento.
Me río ante el mensaje imaginando lo desesperada que debe estar por
salir de su casa. Le escribo antes de que me llene la bandeja de entrada con sus
pendejadas:
Yo:
Ok. Psa x mí en diez.
Cloe:
Sí, sñora.
Me cambio la piyama por unos pantalones de cintura alta, con una
camiseta de color blanco y encima mi suéter negro; me encasqueto las
converse y dejo mi cabello suelto. Agarro mi bolsito de lado junto al teléfono
y las llaves. Bajo las escaleras con Bokor pisándome los talones; me sigue a
todos lados como si no quisiera dejarme salir. ¿Será que mi madre le pegó la
sobreprotección al gato? En fin, lo cargo y le hago cariñito en la cabeza antes
de dejarlo en el sofá.
Escucho el crepitar de unos neumáticos en la calle, y al asomarme
confirmo de que se trata de Cloe y su Ford blanco.
Salgo de la casa cerrando la puerta detrás de mí, bajo los escalones del
porche y camino hacia el coche de mi amiga. El sol comienza a ocultarse en el
horizonte dejando una hermosa estela color naranja, y dándole la bienvenida a
un cielo estrellado apenas visible. La tarde está más fría que de costumbre, no
es que es helada, sino que fresca sabiendo que estamos a principios de
septiembre. Le doy la vuelta por delante al coche y me subo cerrando la puerta
de un portazo.
¿Y qué película veremos? Pregunta Cloe quitando el freno de mano
y acelerando para incorporar el coche en la calzada, directo a la carretera.
Estaba pensando que tú la elegirías.
Pues pensaste mal. Se supone que tenemos que elegirla las dos. Te
puedo dar una sugerencia de las que había en la cartelera esta semana, estamos
entre Escuela nocturna o una de acción sobre ruedas y con actores
buenísimos, como… Rápidos y furiosos.
No lo sé. Está difícil.
Hace una mueca.
Tú nunca sabes.
Bueno, Cloe. Escuela nocturna es buena. He visto esa película una
vez, y no está mal.
¿No te gusta Rápidos y furiosos? Se lleva la mano al pecho
dramáticamente. Te mato si no es así.
Sí, también. Sabes bien que soy tan fan de Toreto como tú.
Recuerdo todas las veces que vimos las películas. Cada vez que se
estrenaba una nueva en el cine, hacíamos lo que fuera para poder comprar una
entrada. También los fines de semana que a veces me quedaba en su casa
cuando mi madre trabajaba, poníamos el DVD en el televisor de su habitación
y mirábamos todas las películas hasta las tres de la mañana, más tardar.
Si no te apetece ninguna de las dos pelis, sé que también podemos ver
otra que quizá te guste. ¿Qué te parece Cincuenta sombras de Grey?
Jamás he llegado a ver esa película y creo que es mejor dejarlo como
está. Cloe me ha confesado que fue esa peli la que le quitó la inocencia. Y le
creo.
Vamos al centro de la ciudad. Cloe deja sonar en la radio una canción de
Selena Gómez. Nos movemos al ritmo de la música haciéndome olvidar todo
lo demás, todo lo que aguara la diversión con mi mejor amiga. Al final,
elegimos, o Cloe elige, la película de Rápidos y furiosos, está demasiado
emocionada por verla; ella es aun más fan de esa saga que yo, aunque no
sobra decir que también me emociono cuando comienza la película.
Compramos palomitas, unas barras de chocolate y las coca-colas.
A las ocho salimos del cine. El cielo ya está oscuro por completo y la
luna menguante asoma como una sonrisa plateada, acompañada con millares
de estrellas titilantes. La tarde que ha sido fresca, hace que la noche se vuelva
un poco más fría que de costumbre, también se ven unas cuantas nubes
oscuras hacia el oeste.
Mientras caminamos frente al cine para ir hacia el coche, una brisa
gélida nos azota con toda su fuerza. La piel se me pone de gallina y me abrazo
a mí misma en un intento de contener el calor.
¡Maldita sea! Qué frío. Exclama mi amiga encogiéndose en su
chaqueta.
Esa boca.
Luego me reprendes, vamos rápido al coche, que si duro un minuto
más aquí afuera me congelaré.
Aceleramos el paso hasta el punto en que casi corremos calle abajo.
Llegamos hasta donde se encuentra aparcado el Ford y nos montamos
rápidamente sintiéndonos a gusto en la cálida cabina.
Bueno, la peli estuvo increíble dice sacando la llave de su bolsillo. A la
próxima veamos la ocho encendió el coche y avanzó por la calle. ¿No
necesitas ir a otro lado? Aprovecha que estoy muy servicial.
De hecho, sí necesito ir a un sitio. Si aun no ha cerrado, debía pasarme
por la biblioteca para buscar una tarea de historia por internet, además de
checar rápidamente mi blog. Cuando se lo digo, hace una mueca.
A la biblioteca repite. No podía ser un club, sino la biblioteca.
Arqueo una ceja.
¿Me llevas o no?
Sí, sí, claro que te llevo al lugar más aburrido del mundo de repente
sonríe con picardía. Con la condición de que me digas lo que pasó la tarde
con Alek. No me has contado nada de eso, y estaba esperando el momento
indicado para hacerte hablar.
¿Y se supone que este es el indicado?
Pues claro. Estamos tú y yo solas. Así que habla, échame cuento.
No hay nada que contar miento. Y si vas a empezar con la rueda de
preguntas, me dices para irme yo solita a casa.
Estamos muy lejos.
Yo me sé el camino. Arguyo.
No lo hagas. Oh vamos, Kate. ¿Qué te cuesta decirme aunque sea algo
pequeño? ¿Fue tan malo? Dime qué pasó, si te dijo algo malo voy y le pateo
el…
No ocurrió nada, Cloe. La corto.
Sí, claro, y yo soy lesbiana. Expresa irónica.
Resoplo.
¿Y qué se supone que quieres que te diga? ¿Que se portó extraño?
¿Que me ignoró la mayor parte de la tarde? ¿Que parece odiarme?
Cloe hace un gesto con las manos.
Ya va, ya va…Ve más despacio. ¿Que parece odiarte? ¿Por qué crees
eso?
Por nada. No quiero hablar de eso. Quizá después Su cara se ilumina
y yo señalo el frente: Ahora conduce.
Cloe conduce por las calles de la ciudad hacia la biblioteca. Para nuestra
suerte aun sigue abierta, pero cierra a las diez. Reviso la hora y me percato de
que tengo algo de tiempo para investigar lo que necesito y revisar mi blog.
Mientras me instalo en uno de los ordenadores de la sala de informática mi
amiga lee un libro.
Busco lo que necesito, pego en una hoja de Word y guardo en mi
pendrive. Cuando levando la vista veo a Cloe en la computadora de en frente.
Buff, y que leyendo.
¿Qué haces? Inquiero.
Asoma la cabeza un momento por encima del monitor.
Viendo mi face. Hace tiempo que no lo checo. Estoy ocupada viendo
cuántos seguidores tengo en Instagram.
Bufo.
Pensé que ibas a leer… le doy en enter algo instructivo.
Na, decidí dejarlo para mañana.
Sí, como no. Hasta ella sabe que es puro embuste.
Suelto una risita y cierro una pestaña para abrir otra. Escribo Blogger en
la barra de búsqueda y enseguida aparecen los resultados. Introduzco los datos
de mi cuenta y al entrar miro los seguidores y comentarios sobre los dibujos
que publico. Encuentro cinco comentarios buenos sobre el retrato de Taylor
Swift. Y… oh, vaya. Tengo veinte nuevos seguidores. Respondo a algunos
comentarios y luego me pongo a ver el contenido de otros blogueros que sigo.
El teléfono de Cloe sonó con esa canción de Nicki Minaj que tanto le
gusta, haciendo que desapareciera el silencio en la estancia. No tardaremos en
ver a la bibliotecaria si no descuelga de una vez.
Se sobresalta y agarra el teléfono rápidamente.
¿Hola? Espera en silencio mientras otra voz le habla rápidamente.
Pero, mamá…Refunfuña y nuevamente espera. Suelta un gruñido. Ok, ya
entendí… Voy para allá. Sí, sí. Ya cuelga.
¿Qué pasa? Le pregunto cuando termina la llamada.
Suspira.
Mi tío John, que está en el hospital. Supuestamente nada grave. Mi
mamá quiere que vaya a hacerme cargo del escuincle de mi hermano.
Está bien.
Siento que no puedas revisar bien lo que sea que revisas.
Sonrío.
Yo me puedo quedar un rato más, tú ve a hacerle el favor a tu madre.
Luego yo agarro camino a patita.
Estamos muy lejos. Me recuerda.
Yo me sé el camino. Le recuerdo. No es difícil.
Se levanta de la silla y niega lentamente con la cabeza.
Mejor yo vengo a buscarte. No quiero sentirme culpable si algún loco
te asalta.
Bufo, me río y le di un empujoncito.
Ya vete.
Nos vemos luego.
La veo desaparecer detrás del gran librero y me volteo para seguir
navegando por Blogger. Entro en mi blog y encuentro muchos likes sobre
algunas fotos de mis dibujos que publiqué el día anterior; la mayoría de los
comentarios son buenísimos. Me encanta la gente con interés en el arte de
dibujar.
No sé por qué razón hice lo siguiente pero, abro otra pestaña y anoto
Facebook en la barra de búsqueda, entro al sitio y a mi cuenta. En la siguiente
barra del sitio web, escribo: Alek Maslov. Casi no aparecen resultados, y
ninguno es el que yo busco. Quizá el ruso no tiene ese nombre en el face.
Decido probar con Google, pero nada del Alek que yo conozco. Será que no
tiene redes sociales.
Me la paso el siguiente rato subiendo imágenes de mi
pendriveconectado al ordenadorcomo nuevo contenido de mi blog. Los
dibujos se tratan de retratos de famosos como J Balvin, Rihanna y Miley
Cirus. Se me pasa la hora volando mientras busco otros blogueros que
comparten su arte y me asombro con muchos.
Ya vamos a cerrar. Me informa la bibliotecaria desde la puerta
doble.
Asiento con la cabeza y me pongo a guardar mis cosas. Cierro sesión y
me levanto de la silla caminando hacia la puerta. No hay nada de cola para
préstamos, y no lo considero raro sabiendo la hora que es. Salgo de la
biblioteca llevando un libro de historia en mano, por si acaso. Camino por el
sendero de pavimento y me detengo frente a la calle, esperando ver por algún
sitio el Ford blanco de Cloe. No está.
Saco el teléfono del bolcito y marco su número. La única que escucho
es la contestadora y cuelgo. Parece que no tendré transporte gratis esta noche.
No he venido mucho a estos lados de la ciudad, pero estoy casi
completamente segura de que hay una parada de autobús a unas cuantas
cuadras de aquí. Mi casa sí que está lejos, y andar caminando sola por las
calles oscuras no parece un buen plan, sobre todo desde que imagino a mi
posible acosador.
Caminar sola por las calles de la ciudad a las diez de la noche es una de
las últimas cosas que haría, pero debido a que no tengo otra solución después
de que Cloe me deja plantada, debo buscar la forma de resolver este lío yo
misma.
Miro de un lado a otro y paso la solitaria calle. Camino lo más rápido
que puedo contando las cuadras que paso, la verdad es que éstas son
demasiado largas, apenas voy por la mitad de la primera. Me aprieto más el
suéter, está comenzando a hacer más frío. La luna ya ni se ve, ya que las nubes
negras se apoderan de casi todo el firmamento. Mientras camino como si
tuviera un cohete en el culo, mirando a todos lados como si fuese una
criminal, me fijo en el pasaje que hay entre dos edificio. Recuerdo de
inmediato que la parada de autobuses está en la otra calle y que este será el
único atajo que veré hasta la próxima cuadra.
Para cortar paso, entro por el atajo entre los dos edificios de ladrillos y
trato de caminar más rápido. Hay contenedores de basura y desperdicios en las
esquinas de la edificación, además de hojas amarillentas de periódicos
deambulando con la brisa. Me sobresalto al ver un vagabundo acurrucado del
frío cerca de uno de los contenedores. Paso por su lado como flash. Lo último
que necesito es que me roben mis veintiúnicas pertenencias.
Al otro lado del pasaje veo la calle solitaria.
Me siento más segura al saber que ya casi llego.
Ese pequeño lugar me da escalofríos. Sin
embargo, cuando estoy a diez metros de llegar,
dos hombres van pasando justo en frente de mí.
Lo que más temí, uno de los tipos se voltea y me
ve, se detiene haciéndole señas al otro y ambos
comienzan a caminar hacia mí. Me detengo en
seco y tratando de aparentar tranquilidad, me doy
media vuelta y camino por donde he llegado.
Otros tres hombres entran al atajo y un terror tremendo hace temblar cada
hueso de mi cuerpo.
Estoy rodeada.

12.- ¿Vampiros?

Me doy cuenta de que el vagabundo que ya he visto, me mira con un miedo en


sus ojos dilatados y pienso que me va a atacar también. Pues no. Se levanta
tambaleándose y sale corriendo lejos del lugar. Voy a gritarle que me ayude
cuando uno de los tres hombres, el pelirrojo frente a mí, lo agarra por el
cuello y lo levanta del suelo.
Automáticamente doy dos pasos hacia atrás. Tengo la garganta seca y el
pulso se acelera a mil. No puedo creer lo que estaba viendo. El tipo aprieta su
mano contra el cuello del vagabundo y éste no deja de forcejear con todas sus
fuerzas, arañándole los brazos al hombre. Una sonrisa que me parece
asquerosa y aterradora, se dibuja en los labios del atacante. Aprieta un poco
más hasta que en tres segundos suena un crujido desgarrador.
Me muerdo el puño de mi mano para contener un grito, pero en vano ya
que de igual forma chillo tan fuerte que casi quedo sin voz.
El hombre suelta el cuerpo sin vida del vagabundo, cayendo al
pavimento frío como un costal de papas. No se le borra la sonrisa de su rostro
mientras se acerca a mí como un depredador acorralando a su presa. Me echo
hacia atrás y choco con una persona, por encima del hombro vi al tipo que se
volteó a verme cuando pasaba.
Abro los ojos como platos al ver su rostro, me salgo de órbita. Es tan
blanco como la cal, con grandes ojeras amoratadas sobresaliendo debajo de
sus ojos, y éstos son de un color rojo sangriento. Parece un cadáver. Parece un
demonio.
Los otros se asemejan a su compañero, pero dos, tienen la apariencia de
unos dieciocho años o más, y ése que logro ver y el otro a su lado parecen más
viejos, como de unos veinte o treinta. El líder, el pelirrojo, el que más resalta
por su cabellera, debe tener como unos veinte al igual que los que ya nombré.
Todos van vestidos de negro.
El pelirrojo, que debe de ser su líder, me agarra por los hombros y con
un movimiento que apenas creo percibir, me pega de la pared chocando con
un golpe amortiguado. Aprieto los dientes conteniendo el palpitante dolor en
mi espalda y el sonido agudo que me desgarra los oídos. El líder tiene la
misma apariencia cadavérica que el otro, o hasta peor… sonríe aun más y noto
los largos y puntiagudos caninos que no eran normales.
¿Qué demonios es este tipo?
Forcejeo para que me suelte y doy patadas al aire. Estoy en frente de un
ser paranormal… me vino a la mente la definición de vampiro. El pelirrojo
teniéndome presa con sus manos, se ríe de mí como si fuese el conejito
arrinconado por el lobo. De repente me acuerdo del gas pimienta que tengo en
el bolcito y hago todo lo posible para agarrarlo. Lo destapo y le echo en la
cara al tipo.
Mientras el líquido le recorre su ceño fruncido, sus ojos escarlata
abiertos y sus labios formando una línea, yo me quedo estupefacta porque la
reacción no ha sido la esperada. No puede ser un error de producto, es ese tipo
que tiene algo…no, todo inhumano, tiene todo inhumano.
Mala idea, preciosa. Dice quitándose con una mano el pegoste de su
cara.
Aprovecho para darle un puñetazo en el estómago, como en esas
películas en las que después del daño el individuo se encorvaba de dolor. Pero
la única que se lleva el daño soy yo. Me quedo sin aire. Aprieto los dientes y
una lágrima escapa de mi ojo. Seguramente algo se me quebró en la mano,
pues el dolor es insoportable.
A mí no me gusta me agarra la mano y la golpea contra la pared,
haciéndome gritar como nunca antes que intenten molestarme.
Tanto es el dolor que nuevas lágrimas asoman en mis ojos. Odio las
personas chillonas, odio llorar frente a él, de verme tan vulnerable. La mano
me duele a terrores y no sé cuánto más pueda soportar estar consciente con él
aferrándome tan fuerte el otro brazo.
He sabido de la recompensa que hay por ti Me lame el cuello y yo
tiemblo. ¿Sabes de lo que hablo?
Aparto el rostro pero él me lo agarra con una mano y aprieta mis
mejillas.
¡¿Sabes de lo que hablo?! Grita.
Niego con la cabeza.
Él suelta una risita siniestra.
Vales mucho para los influentes, preciosa. Han ofrecido un buen
dinero para el que te encuentre. Y para suerte mía, soy un cazafortunas
susurra en mi oído. Nos haremos ricos contigo. Solo te llevamos con él y
listo de repente se pone pensativo. Ahora que lo pienso, Él no puso
ninguna condición sobre el estado de entrega. Quizá y te lleve viva, quizá y
mueras sin querer…
Los demás se echan a reír.
Tampoco dijeron nada sobre entregar esto…con el dedo índice
agarra la cadena, mostrando el medallón de mi collar Muchos darían su
alma por esta preciosa reliquia familiar.
Al escuchar que quiere mi collar me pongo a asimilar lo que ocurrirá. El
collar es un regalo de mi madre que ha sido heredado de generación en
generación, nunca me lo quito. Es una larga cadena dorada con un medallón
de oro que en el centro contiene una piedra de rubí en forma de rosa, del
tamaño de una moneda. Si le entrego el collar me veré obligada a tener
siempre la culpa de haber dado lo único que queda sobre la familia de mi
madre, además de perder toda esa suerte que creí que me da; y si no se lo cedo
me matará y de todos modos se lo llevará.
Pero ni que me rompa hasta el último hueso le entregaré por las buenas
el collar, no seré una total cobarde para hacer semejante disparate. Si quiere
mi reliquia familiar tendrá que quitármelo por las malas, aunque eso conlleve
a una muerte que no quiero ni imaginar. Este valor que siento no me ocurre a
menudo, será mejor usarlo bien.
Entonces, ¿Por las buenas o por las malas? Dice al ver que no
respondo.
A pesar del dolor, levanto la cabeza y dejo la barbilla en alto,
demostrando resistencia. Hago lo mejor que puedo y le lanzo un escupitajo.
Él se limpia la cara y me aprieta aun más la mano. La boca se me seca
aun más y un grito rasposo a todo pulmón surge desde el fondo de mi
garganta. Con la otra mano deja mi brazo y antes de que me caiga aferra mi
cuello hasta que mis pies no tocan el suelo.
Con que te vas a resistir, eh niega lentamente con la cabeza. Te di
la oportunidad de vivir y tú la desperdicias solo para proteger una baratija que
de todos modos te arrebataré. Tú y tu raza son igualitos.
Aprieta mi cuello entre su mano y el aire me falta. Comienzo a ver
lucecitas por todos lados y más allá de ellas el mundo se vuelve borroso.
Intento todo lo que puedo para soltarme de su agarre, desde lanzar patadas al
aire hasta arañar su brazo. Abro y cerraba la boca como un pez, intentando
recoger un poco del bendito oxigeno.
Siento tanto que Él no pueda recibirte con vida finge pesar y sonríe
de inmediato, apretando más. Espera…no. No lo siento.
Me doy por vencida cuando mi fuerza es mínima y estoy consumiendo
demasiado oxigeno. La oscuridad amenaza con atraparme y el rostro de mi
atacante no es más que una silueta gris y borrosa. Como deseo poder luchar
más, luchar por ver de nuevo a Cloe, a Sam, a mis amigos… a mi madre.
Oh, mamá. Soy lo único que le queda. Sufrirá demasiado al ver que su
hija ha sido asesinada por no querer entregar un collar. Se destrozará al
saberlo.
Antes de que cierre los ojos del todo, escucho un golpe en la lejanía,
seguido por uno, dos, tres, cuatro, muchos más; un crujido estridente que me
hace temblar. Otro golpe más y de pronto caigo al suelo sin llegar a tocar el
gélido pavimento con mi rostro. Algo suave y frío me sujeta la mejilla. Es una
sensación muy agradable. Muy, muy agradable. Me baja lentamente y lo que
siento luego es algo plano y rústico.
Quizá y ya me encuentro en el cielo. ¿En el cielo? No. Yo me imagino el
paraíso un lugar con mucha claridad, todo limpio y con un cálido aroma. En
ese momento lo que veo son siluetas negras moviéndose con agilidad en un
lugar lleno de desechos y oscuridad. ¿Estaré en el infierno? No vale, tampoco.
Entonces, ¿En dónde me encuentro?
La oscuridad se va alejando y ya casi no veo borroso. El aire puro y frió
entra a mis pulmones como si de una medicina se tratara. Comienzo a
sentirme mejor. Y entonces reflexiono en dónde me encuentro y de nuevo me
impregna el terror. Las partes de mi memoria se van uniendo como un
rompecabezas…la biblioteca, la estación de autobuses, los hombres
cadavéricos con colmillos afilados, mi mano que aun duele, la mano de mi
atacante a punto de dejarme sin oxigeno. Tengo que levantarme y salir
corriendo de allí mientras puedo.
Automáticamente me llevo la mano al interior de mi camisa y toco el
medallón que comienza a irradiar calor. Lo saco de mi escondite y lo miro
asombrada como asustada. La joya irradia luz rojiza, resplandece como nunca
antes, como nunca lo ha hecho.
Escucho unos ruidos cerca y levanto la vista. Veo a tres de los hombres
que quisieron matarme luchando con un tipo vestido de negro. Un cosquilleo
me recorre la espalda antes de que el hombre se voltee y pueda ver el rostro de
Alek. Mi corazón se acelera al pensar que fue a rescatarme. Pero cuando veo
su manera de pelear todo rastro de confianza y alivio se esfuma súbitamente.
Agarra por las cabezas a dos de los tipos y los hace chocar entre sí. Le da
un golpe brusco en el pecho del tercero. Lo levanta agarrándolo por la
chaqueta, toma la cabeza entre las manos y la gira a la derecha, haciendo que
cruja y rompa el cuello.
Contengo un grito.
Los otros dos se levantan nuevamente y se lanzan hacia Alek. Él hace un
movimiento que ni percibo, en un momento está frente a ellos y en el otro…
aparece detrás, con dos armas extrañas, parecidas a dagas, pero más largas.
Otro movimiento imperceptible para luego aparecer con cada arma hundida en
las espaldas de ambos hombres. Éstos caen al suelo como sacos y Alek
termina poniendo un pie en cada cuello de cada uno de los individuos, se
agacha y con las manos les arranca las cabezas, tirándolas dentro de uno de los
contenedores de basura.
¡Mi compañero de literatura es un maldito asesino ninja! No ¡Algo
mucho peor! ¡¿Qué carajo es él y los otros?!
Me pongo de pie lentamente y voy dando pasos hacia atrás, sin apartar la
vista de Alek. El miedo superaba cualquier otro pensamiento coherente, no
intento otra cosa más que escapar. El medallón ardía en mi pecho, pero lo
importante ahora es buscar la manera de huir de ese chico que definitivamente
es Satán.
Como si supiera lo que intento hacer, voltea hacia mí apartándose un
mechón de pelo empapado de la cara. Si no fuera por el miedo que siento,
creería que se ve más bello que nunca. Está agachado junto a un cuerpo sin
vida y el azul de sus ojos es más claro que antes, como si ese mar estuviera
congelándose. Algo que me aterra aun más.
Se levanta lentamente y guarda una de sus armas dentro de su cazadora.
¿Quiere asesinarme? No puedo quedarme para averiguarlo. Me doy la vuelta y
salgo corriendo de allí con todas mis fuerzas. Él quiere matarme.
¡Kate! Grita.
No me detengo. Sigo corriendo sabiendo muy bien que mi vida depende
de ello. Miro a todos lados buscando a cualquier persona para pedirle ayuda,
sin embargo, las calles están prácticamente solitarias. Los coches pasan y ni
siquiera me hacen caso alguno cuando desesperada les pido que se detengan.
«La estación de policía. Seguramente hay una cerca».
Vuelvo a echar a correr sin importarme la quemazón en mis piernas.
Paso cada cruce sin mirar a los lados, si me atropellaba un coche estoy segura
de que será mejor a que el psicópata friki de Alek me apuñale con sus espadas.
Un hormigueo recorre mi espalda y lo siguiente ocurre demasiado
rápido. Una mano fría me agarra el brazo y mientras me gira la otra toma el
otro ágilmente, un segundo después me encuentro a pocos centímetros del
rostro de Alek.
Sus manos se aferran tanto a mis brazos que es inútil forcejear. ¿Qué
come este chico, esteroides? Los escasos centímetros que separaban nuestros
rostros, me permiten sentir su aliento en mi mejilla. Lo miro a los ojos y éstos
ardían de furia. Nuevamente el miedo se me acumula.
¡Suéltame! Vocifero retorciéndome entre sus brazos. ¡Suéltame o
grito!
¿Más que ahora? Inquiere.
Hablo en serio.
Nadie te oirá. El tono de su voz es escalofriantemente siniestro.
Echo un vistazo rápido al sitio. Estamos en medio de un callejón oscuro,
con basura por todas partes y con un olor horrible a alcohol.
Nada pasa con intentar.
Él arquea una ceja y en respuesta grito con todas las fuerzas que me
quedan. Alek me pone una mano en la boca y me ve disgustado. Me le quedo
mirando ceñuda y le muerdo la mano para que me suelte.
Katya Dice sorprendido.
Ni Katya ni Ketua. Gruño. ¡Suéltame ahora, degollr hombres!
Alek suspira.
Te suelto si dejas de gritar, y me permites explicarte las cosas. No voy
a hacerte daño.
Lo miro sin dar crédito a su sinceridad que de seguro falsa, pero asiento.
Me ve con suspicacia y luego me va soltando.
Levanto la mano y le doy con todas mis fuerzas en la cara, esperando
que voltee su rostro y aparezca con la mejilla roja, pero solo hace que me
duela a muerte la mano, ahora recuerdo que he intentado hacer lo mismo con
el otro tipo y salí mal herida.
Debemos curarte esa muñeca. Señala al ver mi mueca de dolor.
Me alejo unos pasos de él cuando intenta tocarme.
¿Quién me dice que puedo confiar en ti?
Por un momento me mira en silencio.
Nadie te lo dice. Tú lo eliges.
Pienso en lo que tengo que decir a eso. Esto es de locos. Todo parece
una de esas películas de terror chimbas, donde la prota es igual de idiota que
yo. ¿Qué se supone que hago ahora? ¿Corro? De igual forma me alcanzará.
¿Le doy una patada? No sirve de nada, ya que apuesto a que todo es tan duro
como su cara.
Comienza a llover más fuerte, dejando borrosa la imagen de la calle y
todo alrededor. El dolor palpita en mi mano y se extiende en todo el brazo. Ya
ni puedo moverla. De momento a otro Alek aparece justo frente a mí, tan
rápido que ni siquiera lo percibo.
Gruño.
¡No hagas eso! Mi respiración es inusual. El dolor me está
provocando mareos.
Me agarra la mano mucho antes de que sea capaz de apartarme. La
revisa con sumo cuidado, yo aprieto los ojos haciendo otra mueca de dolor.
Lo que sospechaba dice al fin. Tienes el hueso roto. Por eso no
tienes movilidad. Por suerte mi sangre te ayudará.
¿Qué?
Al siguiente instante Alek saca una cuchilla del interior de su chaqueta y
presiona la hojilla en la palma de su mano. Me tapo la boca con la mano buena
y retengo el almuerzo de hoy que sube por mi garganta. Este chico está loco.
No creo que piense lo que creo que está pensando. ¡Es un chiflado!
Tienes que beber unas cuantas gotas.
No. No haré eso. Niego con rapidez.
Te pondrás bien si lo haces, Kat.
¡Estás loco!
Me alejo lo más rápido que puedo. El dolor se intensifica y caigo. La
lluvia cae en mi rostro, me acurruco y cierro los ojos esperando que todo esto
sea una pesadilla y que cuando los vuelva a abrir me encuentre en mi cálida y
suave cama, sin ningún dolor. Estoy demasiado exhausta cuando Alek se
acerca. Siento un amargo sabor en la boca, y puedo suponer que el chico ya
me ha dado su sangre. No me atrevo a abrir los ojos, todo parece mejor así.
Alek me carga en brazos y me lleva a un lugar seco. Escucho un motor y
de inmediato acelera. El dolor que tengo en mi mano va desapareciendo. ¿Qué
me ha dado? ¿Un sedante, o de veras me dio a beber su sangre? La intriga que
siento es más fuerte que el temor provocado por los sucesos vistos.
Abro los ojos lentamente, acostumbrándome al resplandor de cada farol
de la calle que pasamos.
Ya estás despierta. Dice una voz conocida al otro lado de la
oscuridad del coche.
Cuando pasamos cerca de un farol veo el perfecto rostro de Alek.
¿Cómo te sientes? Pregunta.
Sigo sin confiar en él, pero de igual forma replico:
Un poco adolorida, no más. Arrugo el entrecejo. Tengo un mal sabor
de boca. ¿Qué me diste?
Sus ojos azules destellaron al mirarme.
Tuve que darte mi sangre, ya que si no lo hacía tendrías que tener un
yeso en el brazo por un mes.
¿Tu sangre?
Sí. Veras, mi sangre es una mejor cura para las heridas. Las sana
mucho más rápido que, un yeso. Apenas te la he dado hace unos minutos y ya
se desaparece el dolor, ¿cierto? No me deja responder. Más tarde ya no
sentirás nada.
Tiene razón. De hecho, ya puedo mover la mano. Aunque no quiera, le
creo; sin bien hace un momento no podía moverla, era como si la tuviera
guindando. Ahora puedo hacer cualquier movimiento.
¿Qué eres? ¿Qué demonios eran esos tipos que…? No puedo
terminar la pregunta. «Mataste» «Asesinaste», son palabras que no logro
pronunciar, no con él.
Suspira.
Creo que tienes la respuesta.
Pues, si eres un marciano y tal…
Frunce el ceño.
¿Solo en eso pensaste?
Me encojo de hombros.
También en una sanguijuela, pero no encajas mucho. Es imposible que
exista una sanguijuela sexy.
Suelta una risa que suena más a un resoplido.
No puedo creer que me ponga a bromear en un momento como este,
pero es que también estoy molesta con él. Estoy harta de su tono frío y sus
pocas palabras que parecen ser más acertijos, además de que la mano me
duele mucho más por su culpa, por ser como una piedra.
Imagino que has escuchado del folklore de los eslavos, sobre
vampiros. Asiento y él sigue: No muertos o como quieras llamarles, es lo
que somos. Pero, los vampiros son mucho más diferentes que los que conoces
por las películas. Eso es nada más que una falsa.
Pues los de la saga de Inframundo son aceptables… me callo ante su
mirada gélida. Ok, ya entiendo, no más comentarios sarcásticos si no quiero
hacer enfadar al vampiro ruso.
Katya, ellos son depredadores…somos los depredadores más
peligrosos del mundo. Al escucharlo decir «depredadores» se me pone la
piel de gallina. Y cuando corriste se me escapó uno de ellos. No podía
dejarte sola. Me preocupa que el que huyó corra la voz sobre lo que ha
ocurrido.
Oh, vaya.
Entonces trago saliva ¿Hay más de ustedes?
Asiente con la cabeza.
En efecto.
Me estremezco. O sea que hay más de esos tipos sobrenaturales en el
mundo que pueden aparecerse por aquí en cualquier momento. Imaginar
volver a ver esos ojos rojos hace que tiemble. Eso es para cagarse de miedo en
un Halloween. Y yo que creía que los payasos son los seres más horripilantes,
me entero ahora de que existen los Dráculas.
¿Hay vampiros aquí, en la ciudad? Aun no me lo creo.
No estoy al tanto de cuántos pueda haber en Corvallis, pero teniendo
en cuenta de aquellos eran más de tres, puede que haya una banda cerca.
Ese tipo recuerdo lo que me dijo, el pelirrojo. Él me dijo algo
sobre que un tipo poderoso, supongo un vampiro, ofreció dinero a quien me
entregue. ¿Sabes quién es ese hombre? Y, ¿Por qué puso precio a mi captura?
Alek se pone rígido y aferra más las manos al volante.
Lo sabes, ¿verdad? Insisto.
Se queda en silencio por un momento, me ve y luego a la carretera. El
color de sus ojos se ha tornado a uno más oscuro, llenos de inquietud, como
un mar sacudido por la tormenta.
Hasta ahora, el único vampiro poderoso del que pueden hablar
aquellos tipos es Constantino Relish. Es alguien con mucha supremacía, un
autócrata mejor dicho su mandíbula está tensa, es obvio que pronunciar el
nombre de ese hombre no es algo dichoso para Alek, al parecer. ¿Todavía
tienes dolor?
Niego con la cabeza.
No, ya no me duele nada.
Qué alivio.
Tuerzo el gesto.
¿Todos los vampiros son así de fríos, como tú?
Él me mira algo sorprendido por mi pregunta directa. Me encojo de
hombros e insisto con la mirada. Ese comportamiento ya me tiene hasta el
tope, parece un robot. Me hace pensar que no es capaz de sonreír mucho;
porque todavía me acuerdo de cuando disfrutaba de la escenita que le estaba
dando cuando me llevaba a casa después de terminar el trabajo de literatura.
Sus ojos se ensombrecen.
Todos los vampiros que no acuden a sus emociones, logramos ser así,
apartar lo que nos vuelve vulnerable, teniendo en cuenta la opinión de muchos
de mi especie me mira a los ojos. Sin embargo, a veces, solo a veces, los
sentimientos y emociones resurgen.
Me ruborizo un poco y bajo la vista hacia mis manos. ¿Por qué tengo el
presentimiento de que esas palabras van dirigidas a mí? Qué locura. ¿Cuándo
dejamos de discutir sobre cosas serias para hablar de esto?
Veo por la ventana para no tener que encontrarme con sus ojos
cautivadores de nuevo, pero en seguida me quedo absorta con lo que hay tras
el cristal tintado. Retiro la mirada sintiendo que me mareo. Mi sueño perfecto
de conducir un Ferrari ya no es tan perfecto.
¿Por qué conduces tan rápido, wey?
Él ríe entre dientes.
Oh, bien. Ya salió el ruso sonriente, que mata a todas con esa increíble
sonrisa. Es mejor disfrutar el espectáculo…y privado de paso. ¡Amárrense
chicas, que es mía esa sonrisa!
Llevo la velocidad en lo que soy.
Sonrío.
¿Ahora bromeas? No dejas de sorprenderme Maslov.
Cuando menos lo espero ya vamos llegando al vecindario donde vivo.
En seguida cruzamos la mayoría de las casas hasta llegar a la mía. Alek
estaciona el coche justo en frente y sus ojos se cruzan con los míos. Hasta
ahora no lo había comprendido pero, la sensación extraña en el estómago son
esas mariposas que tanto he escuchado y no creía que fuera real. Con él
descubro nuevas cosas, desde tentadoramente peligrosas hasta las más fuertes
en lo sentimental. No quiero bajarme del coche, no quiero irme y que luego
todo vuelva a ser como siempre; no quiero que me ignore, me duele que me
ignore. Lo comprendo al fin, ya no tengo que negarlo por mi estúpido orgullo.
Porque cuando veo esos ojos, todo mi centro cambia, no pienso que es un ser
chupasangres, y me siento cálida con él. Estoy enamorada el frío ruso
vampiro.
Un sonido me sobresalta. ¡¿De quién es el maldito teléfono?! Oh, es mío.
Solo en ese momento me doy cuenta de cuánto me he inclinado hacia Alek.
Me aparto de un salto toda sofocada con mi rostro enfebrecido. Me aparto el
cabello de la cara y lo veo. Sonríe. Oh Dios mío, ¡Qué vergüenza!
Saco el teléfono del bolcito y contesto antes de que me dé el patatús. Ya
no me atrevo a mirar a Alek.
¿Diga? Respondo al descolgar. Haciendo una mueca me quito un
cabello que se pega de mis labios.
¡Eh, rojita! Perdóname por favor. Antes de que digas nada escúchame:
soy una mala amiga, lo sé, te he dejado plantada. Lo siento, de veras La
escucho casi sin entender nada. Te recompensaré por esto, palabra. ¿Estás
bien?
Sonrío.
Sí, estoy bien, no te preocupes. Ya llegué a casa.
Oigo que suspira.
Oh, Kate. Me has aliviado. Créeme que cuando veo la llamada perdida
se me sube el corazón en la garganta. Está a punto de darme un grogui
pensando en si no contestabas porque te asaltó un loco. ¿Tomaste el autobús o
te fuiste a patita?
Miro a Alek.
Tomé el autobús.
Te prometo que no lo volveré a hacer nunca. ¿Me perdonas?
Suelto una risita.
Claro que sí.
Oye pero, estás como que muy animada, ¿eh?
Me muerdo el interior de la mejilla.
Umm…escucha, tengo que dejarte. Mi madre me llama.
Esa mujer. ¿Quién coños inventó el toque de queda? En fin, hablamos
luego entonces. Lo siento, nuevamente. Bye.
Bye.
Cuelgo y guardo el teléfono. Me vuelvo hacia Alek:
Imagino que lo ocurrido se queda entre nosotros.
Sonríe.
Sería lo mejor.
Asiento.
Ok. No tengo ningún problema. Estoy nerviosa. Me estoy rascando
el cuello como lo hago siempre al estar así. Una maña horrible, luego tengo la
carne roja, si es que no encuentro uno que otro rasguño.
Vuelve a sonar mi teléfono. Si es alguna pendejada le doy el sermón de
su vida. Agarro nuevamente el teléfono y al ver el remitente en la pantalla
abro los ojos de golpe. Cielo santo, es mi madre. Literalmente es mi madre
quien llama. Contesto:
Hola, mamá.
Kate ¿Cómo puedes hacerme esto? Se escucha algo inquietada. No
sabes lo preocupada que estoy. Te he estado llamando y llamando a tu
teléfono y no me respondes. Por qué no me contestas la llamada si sabes cómo
me pongo cuando no sé nada de ti. Hasta le he pedido a Matthew que te
buscara, estaba que salía del hospital en tu busca.
¿Matthew? ¿De cuándo a acá tutea al señor Breslow? Na, qué más da.
Luego pienso en eso. En este momento necesito serenarla.
Mamá, tranquilízate. Estoy bien no puedo decirle lo que pasó. Le da
un infarto si se lo digo. Me encuentro en casa viendo la tele. El teléfono
estaba en el cuarto, por eso no lo escuché.
Suspira.
Uff, Kate. Qué susto. No lo vuelvas a hacer, eh.
Miro a Alek.
No me quedan ganas de revivir aquello de nuevo.
No, mamá.
Aunque se esté aliviando su voz todavía sigue un poco agitada.
En fin, te estaba llamando para saber cómo estabas y para decirte que
voy a llegar temprano hoy. De hecho, en media hora ya estoy en casa. ¿Me
esperas para ver La Ley y el Orden juntas?
Por supuesto. Sonrío.
Bueno. Ah, y ahora le marcaré a Matthew para avisarle que ya todo
está resuelto y que te encuentras bien.
¿Matthew? Desde cuando lo llamas por su nombre? No puedo evitar
sonreír de orea a oreja.
No es lo que crees, señorita. Es un buen amigo. Te veo en un rato que
el semáforo ya se me cambió.
Nos vemos. Me despido y cuelgo.
Me giro, nuevamente, hacia Alek sonriendo de modo de disculpa. Le
comunico que mi madre llegará en veinte minutos y que se va a tener que ir
antes de que ella venga y le de unos chancletazos si me ve en el auto con él.
Suena exagerado pero llega a ser verdad. Nos bajamos del coche y como
caballero que es me acompaña hasta la puerta de la casa. Ya ni me acordaba
de por qué estoy con Alek.
Nos miramos en silencio. Si fuera una ocasión normal vendría el beso,
pero dado por lo que hemos pasado, creo que eso sería el ganador de los
sucesos raros. Sin embargo, la verdad no quiero que esto termine con un
momento incómodo, como las otras veces.
¿Crees que el tipo que escapó avise a otros sobre lo que pasó? Es una
pregunta estúpida pero, quiero hablar de algo antes de que el momento se vaya
al carajo con la incomodidad.
Pienso que quizá me consuele y diga que él lo cazará antes de que vaya
de chismoso a contar sobre mí. Pero no. Solo asiente.
Es lo más probable, y tenemos que estar preparados para cualquier
cosa. Digo «preparados» porque yo no voy a dejar que se te acerquen, que ni
te toquen un pelo Adoro su forma sobreprotector. Tú has lo que puedas
para no salir tanto de noche, es cuando la caza empieza Me estremezco.
Prometo que mataré a todo aquel que quiera hacerte daño.
La oscuridad reina sobre nosotros, pero aun alcanzo a ver sus ojos.
Aquellos ojos que desde un principio me han tenido enajenada, ese pedacito
de cielo guardado en esos ojos. Las mariposas revolotean en mi estómago,
locas y deseosas de que haya un acercamiento. Me enamoré de un vampiro,
soy una rarita, sí, la peor. Ya ni me importa, lo que me interesa y vuelve loca
es ese friki ruso que desde que apareció en mi vida, siento como si fuera
vuelto a la vida y como si todos estos sentimientos que son nuevos para mí,
han estado guardados hasta que llegó.
Un relámpago ilumina el cielo oscuro. Parpadeo y meneo la cabeza para
salir de este ensueño que me estoy creando. Abro la boca pero no me sale
ninguna palabra.
Hasta luego, Katya. Usa ese acento ruso que me encanta.
Se da la vuelta y baja los escalones del porche. Se dirige a su coche y se
monta no antes de lanzarme una mirada intensa. Oh, mi madre, creo que ya no
me lo saco de la cabeza nunca más. Hay tantas
cosas que todavía no entiendo acerca de los
vampiros y esa vaina; solo estoy allí parada como
una idiota, despidiéndome de él con la mano.
Entro a la casa cerrando la puerta detrás de
mí. Apoyo la espalda de la pared y suspiro. Veo
mi mano, antes rota. Hago unos movimientos
simples y río sola. No solo porque ha ocurrido un
milagro con mis huesos, también porque recuerdo
cómo me pongo cuando está Alek, tan mansa. Una Kate que no conozco, una
no tan terca y con el error de estarse sonrojando cada dos por tres. ¿Quién es
esta chica?

13.-Visita vespertina

Ya no sé qué hacer. Estoy obsesionada.


Si dibujar el rostro de alguien en todas sus expresiones es una obsesión,
entonces yo me estoy convirtiendo en una especie de acosadora. Llevo tres
espantosas horas dibujando el rostro de mi ruso, en varias hojas. Pero claro, he
arrugado ya cinco hojas blancas ya que parece que jamás lograré trazar su
perfecta cara; por más que lo intente, cada vez que veo el trabajo realizado, no
me cuadra para nada recordando el semblante perfecto de Alek. Soy una
desquiciada. Hasta en un dibujo probé en hacerle unos colmillos ¡Puaj!
Me rindo…por ahora. Dejo el lápiz en el escritorio y arrugo la hoja que
usé, la tiro en el cesto llena de hojas amuñuñadas. Suelto un suspiro mientras
veo aquel desorden. Me saco el collar de debajo de la camiseta y lo observo
con atención. ¿Por qué quieren los vampiros esta reliquia familiar? Dudo
mucho que la piedra roja en forma de rosa, sea un rubí. Bueno, aunque se ve
realista. ¿Y si lo es? Agh, qué más da. De todos modos esos chupasangres
tendrán que pasar sobre mi cadáver si es que quieren mi collar. Para
distraerme y no pensar en mí dándole unos porrazos a esos vampiros malos,
agarro mi laptop y me conecto en el navegador.
Sin contenerme escribo “vampiros” en la barra de búsqueda. Presiono
enter y enseguida me aparecen los resultados. Cada uno de los links habla
sobre el significado de esos seres y sobre la cultura eslava. Le doy en el link
de Wikipedia y espero a que abra.

Vampiro:
Un vampiro es, según el folclore de varios
países, una criatura que se alimenta de la esencia
vital de otros seres vivos (usualmente bajo la
forma de sangre) para así mantenerse activo...
Fueron humanos, pero ahora están en un estado
entre la vida y la muerte, de ahí que se les llame
no muertos, revinientes o redivivos… En
Transilvania (Rumania) se considera que los
vampiros eran flacos, pálidos y poseían unas
uñas y largos y puntiagudos caninos (colmillos)…
Son indestructibles por medios convencionales y
son extremadamente fuertes y rápidos…Aunque
en general se supone que los vampiros son
vulnerables a la luz del sol, entre los eslavos se
creía que no solo pueden resistir a la luz del sol,
sino que en algunos casos podían viajar a otro
pueblo y llevar allí una vida normal…Existen
varias formas de eliminar a un vampiro: estacado
o clavar una estaca en el corazón… La
decapitación… La incineración completa del
cadáver…
No me fío mucho de lo que se obtiene por internet pero, dado el hecho
de que acabo de descubrir que existen los vampiros y que por suerte salí vivita
después de encontrarme con uno de ellos, ya no estoy tan segura de qué puede
ser real o no. Me refiero a que, si son reales los chupasangres, ¿Lo serán los
hombres lobos, los íncubos y cualquier otro tipo de demonio? Estoy todavía
en shock. Por poco muero por uno de esos vampiros, y para rematar descubro
que Alek también es uno de ellos.
Dejo de vaguear en algo que puedo averiguar por alguien y cierro la
pantalla de la laptop. Son las once de la noche y me duele el trasero de tanto
estar sentada en esa silla dura, aparte de que estoy cabeceando como si fuera
una muñeca de trapo.
Apago la lámpara encima de la mesilla de noche y me arropo con el
cobertor. Bokor ya se encuentra acostado y dormido junto a mí, y tengo que
admitir que parece una bola gigante de pelusa. Mañana tendré la cama llena de
pelos. Aun así no me puedo quejar, su compañía es muy buena. Dejo que el
sueño me alcance y cierro los ojos lentamente, dejando salir el último bostezo
prolongado. Entonces, un pequeño movimiento me hace abrir un ojo.
Bokor está sentado cerca del borde de la cama, viendo fijamente la
ventana. Oh, por Dios; no otra vez. Esta es la centésima vez que pasa esto. No
puede ser que el gato también se esté volviendo loco. Llevo noches pasando
por lo mismo, viendo lo mismo y nada, y desperdiciando unas horas de buen
sueño. Casi me levanto cuando escucho un sonido raro. El gato gruñe a la
silueta que está en la esquina oscura.
Me quedo sin aire.
Hago lo que puedo para no moverme. Alek me advirtió de que podría
haber más vampiros buscándome…y que estaría al tanto por si uno se colaba
por mi habitación sin intención de una visita amistosa. La silueta no se mueve
de su sitio, se queda allí probablemente observándome. No sé que hacer en
situaciones como esta. ¡Por Dios, soy nueva en esto!
La silueta se mueve, tan rápido que no lo percibo. Escucho unos pasos
detrás de mí. Siento que la cama se hunde. Oh, oh. Alerta roja. Debo hacer
algo, aunque sea distraerlo por un momento y así ver si me escapo por la
ventana. Estiro mi mano al suelo y tanteo por todos lados. Me muerdo la
lengua al tocar con los dedos un zapato. Lo acomodo en mi mano y lo aferro
muy bien. El sujeto ya está encima de mí.
Alzo lo que parece ser un zapato de la marca Nike y lo arremeto contra
el sujeto. Le doy como dos zapatazos y enseguida caigo boca arriba en la
cama…y no sola. Él está encima de mí tratando de mantenerme quieta. Agarra
mis manos y las sostiene con las suyas a cada lado de mi cabeza.
¿Se puede saber a qué vino esto?
Alek me suelta una mano y señala el zapato arriba de la cama.
Sonrío con la cara enfebrecida.
Pues a que un tipo se coló en mi habitación, dándome un susto de
muerte.
Esta vez el sonríe y se baja de encima de mí.
Lo siento. Esa no era mi intención.
Ok. Digamos que es cierto digo sentándome en la cama. ¿Qué
haces aquí, Maslov? No es el mejor sitio para una caza. Primero tienes que
llevarme a un callejón oscuro.
Ríe entre dientes.
Se puede decir que era una visita. No pensé que sería tan emocionante.
Me encanta este ruso divertido.
Bokor se acerca a mí poniéndose en mi regazo. Ve a Alek y le gruñe
enseñando los dientes.
Creo que no le caes bien.
¿Tú crees? Él mira al gato con atención. Bokor ni se achicopala ante
tan colosal vampiro europeo.
Cuéntame, ¿A qué se debe tu visita inesperada? Arqueo una ceja.
Imagino la respuesta que me puede gustar mucho.
En realidad, sentí que estabas en peligro.
Vaya, esa respuesta no me la esperaba. ¿Será algún tipo de mala excusa?
¿Sentiste que estaba en peligro?
Asiente y se acerca para sentarse en la cama a mi lado.
Sí. No te expliqué eso antes me quedo en silencio para que
continúe. Cuando te di mi sangre, desde ese momento se formó una especie
de vínculo entre ambos. Ahora que tienes mi sangre, puedo sentir cuándo estás
en riesgo.
Cada vez que un vampiro chiflado quiera atacarme, Alek va estar allí
para salvarme. Uff, qué intenso…y tentador. Tengo un salvador personal, que
aparte de que es un vampiro muy ágil, también es un ruso de lo más sexy. Qué
más puedo pedir. Ahora bien, hay algo que no entiendo. Alek solo me dio su
sangre después de que me rompieran la mano, o sea que en este momento
existe una pregunta.
Si el vínculo empezó cuando me diste tu sangre, después de que
tuviera el hueso roto, ¿Cómo es que me encontraste hace un rato? ¿Me
seguías?
Me mira fijamente. Siento que me desmayo.
Emm…No sé si recordarás por casualidad el día del accidente
carraspea. Cuando te despertaste en el hospital sin saber por qué.
Asentí.
Sí lo recuerdo. ¿Y eso que tiene que ver con…?
Un coche te arrolló me interrumpe. Me quedo sin habla. Ese día yo
te estaba siguiendo. Estoy seguro de que en algún momento notaste mi
presencia, pero no lo recuerdas. Saliste de la tienda y cruzaste la calle
exactamente cuando un auto que iba a toda velocidad se acercaba al cruce. Te
vi allí y tuve que reaccionar. Al llegar, ya era demasiado tarde un músculo
en su mandíbula se contrajo y sus ojos se oscurecieron como si recordar
aquello le doliera. Te saqué de la calle y te recosté sobre la acera del otro
lado. Te di mi sangre aunque rezongaste un poco. Tu cuerpo se fue curando
rápidamente, pero tu cabeza se llevó el golpe mayor. Duró un poco en sanar.
Entonces me di cuenta de que la gente comenzaba a aparecer y tuve que…tuve
que dejarte. Perdóname, Kat.
Siento su tristeza como si fuera mía. Odio verlo así.
Tuve que dejarte allí porque no quería que te relacionaras conmigo y
mi mundo. Tenía miedo de que te pasara algo…tengo miedo de que te pase
algo. No sé si pueda soportar verte herida otra vez.
Su atención por mí me conmueve. El cosquilleo en el estómago vuelve y
se extiende por todos lados. Él se interesa por mí, por mi seguridad. Pienso y
llego a la conclusión de que no podría imaginarme un día sin verlo, aunque
sea de lejitos. Pienso en mis sentimientos hacia Alek y me apego a la idea de
que esas emociones han estado guardadas solo para él, hasta que llegara él. He
pasado dieciséis años sintiendo un vacío por dentro sin saber por qué; está el
hecho de que me hace falta mi padre, sí, hasta hay un espacio para él que
intento llenar con el amor de otros. No obstante, ese agujero en el pecho no es
solo por mi papá, sino por la espera de este ruso que me ha cautivado. Quizá y
el déjà vu que tuve la primera vez que vi sus ojos, no es casualidad, qué se yo.
Más adelante lo averiguaré; pero primero quiero estar segurísima de lo que
voy a hacer.
¿En verdad vienes de Inglaterra? Pregunto tratando de contenerme.
No me has contado eso.
Esta vez no se pone tenso o se queda callado. Se ve más relajado como
nunca lo he visto.
En realidad soy de Rusia, eso está claro. Nací en San Petersburgo y me
crié junto a una familia de clase alta. Luego de morir y ser resucitado como
esto se señala a sí mismo, con algo de deprecio, me mudé a Inglaterra.
¿Cómo falleciste?
Sus ojos se encuentran con los míos y un destello peculiar cruza por su
mirada.
Era un día normal, al menos normal para un chico ruso burgués de mil
ochocientos noventa y siete Sonríe como si pudiera rememorar ese
tiempo. Recuerdo que iba de paseo en caballo cuando vi a una chica en
problemas de pronto su expresión se vuelve tristona. Mis padres me
criaron, o trataron de criarme como todo un caballero, era mi deber ayudar a la
muchacha. Así que corrí hacia ella para detener su caballo desbocado. Pude
salvarla, pero no a mí.
Frunce el ceño.
Guardo silencio. Estoy segura de que todavía quiere decir más; no quiero
forzarlo.
Ya era muy tarde cuando el carruaje asustó al caballo y se volvió loco,
tirándome al precipicio continúa. Caí en las rocas y no vi más durante un
rato. Cuando despierto ya es de noche. Me encuentro tirado en el suelo todo
lleno de sangre desde el cuello hasta las ropas. Es allí que conozco a Conrad,
un inglés que me salvó la vida…o solo revivió mi cuerpo. Él me explica en lo
que me ha convertido y sobre lo que tengo que hacer para completar mi
transición.
¿Transición? Le interrumpo sin querer.
La transformación de un semi-vampiro a uno completo replica muy
paciente. Tenía que beber sangre humana en veinticuatro horas antes de que
mi cuerpo muriera.
Me quedo en silencio, procesando todo lo que dice. Pensar en lo que
tiene que hacer uno para convertirse en vampiro. Qué rollo. Como si me
leyera la mente, dice:
Bebí sangre humana. Tenía que hacerlo. Pero desde ese momento
decidí que aquello no es lo que quería. Era un asesino. Las veces que intenté
matarme son infinitas, jamás logré romperme más de unos cuantos huesos, por
no hablar que el factor de curación me deja como nuevo en cuestión de
minutos suspira. No quería eso, pero no tenía otra opción que aceptarlo.
Descubrí que puedo sustituir la sangre humana por la animal. No satisface el
ansia, sin embargo, retiene el hambre.
Pero eso no significa que siga queriendo probar sangre humana. Puedo
entender que lo que ha vivido ha sido muy difícil para él, teniendo en cuenta
que apenas tenía dieciocho años al morir, y de una forma tan súbitamente
injusta.
Intento buscar algo para cambiar de tema. El vampiro se me está
descarrilando. Me duele verlo así de deprimido.
Me acerco más a él.
Entonces, ¿Ya no hay peligro? ¿No hay vampiros chiflados acechando
mi casa? Pregunto buscando sus ojos con los míos.
Me mira.
No percibo ningún vampiro hasta ahora. Así que no hay ese tipo de
peligro.
Ya sé a qué peligro estamos ahora. Miro su mandíbula, sus labios, su
nariz recta…hasta culminar en sus ojos. Sí, ahora estoy segura de lo que hago.
La cuestión es, si él también lo está.
Me acerco más, apoyando las manos en la cama. Él primero se queda
tieso como una estatua, con miedo, luego se va acercando con vacilación. Me
quedo quieta cuando estoy a centímetros de su boca. Puedo sentir su
respiración, acelerando como la mía. Eso me anima y ya no sé si pueda
retroceder. Probablemente esté chiflada, ya que tal parece que apenas lo
conozco. Pero saben qué, ¡Al diablo! Si voy a morir mañana es mejor que
aproveche el hoy, y qué mejor que pasarlo con mi ruso. Quiero esto y quiero
estar con él. Nunca en mi vida me sentí tan segura…y es posible que esté
cometiendo una locura colosal.
Katya. Susurra con ese acento ruso que me fascina.
Sus ojos brillan con anhelo.
Sshh.
Se acerca a mí repentinamente, cortando el poco espacio que nos
quedaba. Sus labios chocan con los míos, provocándome una oleada de calor
vivo. Me hormiguean los pies y las dichosas mariposas en el estómago se
convierten en dragones salvajes, que escupen fuego por todo mi organismo.
Sus labios son tan suaves y dulces como se ven, y de un simple beso tierno
vamos acelerando hasta uno salvaje. Los dos, como si estuviéramos anhelando
este momento desde que nos vimos por primera vez, nos entregamos por
completo el uno con el otro.
Sus manos se aferran con fuerza a mis caderas y de un salto estoy en su
regazo. Rodeo los brazos alrededor de su cuello y acaricio su cabello
alborotado. Alek me aprieta contra él y baja su boca para hacer una cadena de
besos desde mi hombro izquierdo hasta llegar al cuello. Me estremezco con el
cosquilleo. Sus labios se aprietan en mi piel, haciendo que me entregue por
completo.
Entonces, algo pasa.
Se detiene bruscamente y se aparta de mí tan veloz que ni siquiera lo
percibo, tirándome hasta el montón de almohadas. Con la respiración
acelerada me acomodo el tirante de la camiseta. Trago saliva y me paso los
dedos por el cuello. Tanteo la piel húmeda y luego veo el líquido rojo que
mancha mi dedo índice. Busco con la mirada a Alek.
Está parado junto a la ventana, viendo a través de los cristales
empañados, con expresión perdida. Me le quedo viendo sin decir ni pío. Por
esto se alejó, porque casi me convierte en su aperitivo de medianoche. Por su
postura tensa y las manos echas puños, imagino que debe de estarse
conteniendo. Aprieta la mandíbula con fuerza que hasta en una de esas
escucho un rechinar de los dientes. Hay una lucha interna en él que yo
provoqué.
Katya alzo la mirada. Límpiate la sangre del cuello.
Enseguida busco una toallita en el cajón de la mesilla de noche y me
limpio la poca sangre que mancha mi piel. Si mi madre no se encontrara en
casa fuera al baño, pero está y no quiero despertarla si salgo de la habitación.
Alek yo…balbuceo antes de que aparezca frente a mí.
Kat, eres como una droga para mí me mira a los ojos. Los suyos se
han vuelto claros. Necesito de ti, bastante. Una droga prohibida, y eso me
vuelve loco.
Mi corazón retumba en mi pecho.
¿Solo eso te vuelve así, mi sangre? la pregunta se me escapa de los
labios. No estoy sorprendida, es normal, es su naturaleza; pero, Dios, de
alguna forma muy pequeña me duele que solo me vea como una delicia de
dulce líquido rojo.
Estúpida.
Toda tú me vuelves loco, Kat dice solemne. Tu forma de ser, tu
carácter, tu necedad…sonríe. Todo eso me atrae y me vuelve otra persona,
otro ser, ese ser dichoso que hace un tiempo olvidé.
Siento la horrible necesidad de comérmelo a besos, pero creo que no
sería correcto puesto como están las cosas.
Eleva una mano y me acaricia la mejilla. Cierro los ojos y recibo con
satisfacción el contacto frío. Me deja acercármele y apoyar la cabeza de su
pecho. Me acuna y huele mi cabello como si fuera un aroma exquisito. No
quiero pensar en que podría comerme cuando cierre los ojos, ni siquiera me
preocupo por eso. Confío en él más que nunca.
No sé por cuánto tiempo estoy abrazada a él, pero en un momento siento
que el sueño me aborda y dejo que me lleve, sintiéndome protegida en sus
brazos. Tan cálida.
14.-“Como una cita”

Llega sábado en la noche. No he tenido contacto con Alek desde ayer. No


quiero pensar que se está alejando por el beso que nos dimos. Mi mente no
deja de rememorar ese momento muchas veces. Cada vez que pienso en lo
cercano que lo tuve mis mejillas se calientan y el cosquilleo en el estómago
regresa. Todavía queda su aroma en mi cuarto, difícilmente posible de
ignorarlo.
Me estoy arreglando para asistir al partido de futbol de hoy, ya que lo
prometido es deuda. Le dije a Sam que lo estaré apoyando desde las gradas, y
eso tengo que hacer. Esta vez tengo que ignorar la orden de protección que me
dejó Alek. Esta noche no puedo quedarme en casa.
No suelo maquillarme, pero un poco de rímel en mis pestañas y algo de
brillo labial me aportan un aspecto favorecedor. Decido una vestimenta
sencilla. Opto por un crop top azul con un short de moda, que combinándolas
con los zapatos converse quedan genial. Voy a pasar un poco de frío, pero no
me importa. «Tienes que estar bonita si te encuentras con Alek», susurra una
vocecita estúpida en mi cabeza. Resoplo y me pongo una chaqueta negra.
Paso junto al espejo y me detengo justo enfrente para mirarme. No creo
ser alguien a la altura de Alek. Él es perfecto en todo su esplendor, incluso
cuando tiene una cara de pocos amigos se ve guapo. Mi físico deja mucho que
desear. Puaj. No es para nada un cuerpo de portada como el suyo. Mi cara es
tan corriente como la de cualquiera. Aunque mi madre no se cansa de decirme
que soy bonita, sé que ella no es parcial, eso lo dicen todas las madres a sus
hijos. Solo mi melena ondulada y mis ojos son los que resalta en mi físico tan
mediocre. En mi espalda cae la larga cascada de cabellera roja y mis ojos son
de un peculiar color gris.
Solo ha sido un beso, me recuerdo. Puede ser que debido a la tentación,
de mi sangre, no se resistió a poder probar por encimita. ¿En qué estaba
pensando antes? Difícilmente Alek se interesaría en mí. Tengo que regresar a
la realidad. Él es un vampiro y yo nada más le atraigo por ser una bolsa de
sangre. O un estorbo que tuvo que ayudar para no sentirse culpable luego.
Suena feo, pero es la cruda verdad. Aunque él me dijo lo contrario.
También eso no significa que no pueda rememorar el beso y la sorprendente
reacción de mi cuerpo. Soy así de masoquista. Y odio eso.
Me siento en la cama cuando el teléfono suena. Es Cloe.
Oye, rojita, ya voy en camino a tu casa. ¿Lista para ver perder al inútil
equipo de la escuela?
¿No se supone que tienes que apoyar a tu novio, ser positiva?
Resopla.
Que Justin sea mi amorcito, no significa que cubra la realidad. Y la
verdad es que los espartanos apestan.
Me río.
Ok, nos vemos en diez minutos.
En diez minutos exactos, el Ford fiesta blanco se estaciona frente a mi
casa. Cuando entro al coche Cloe comienza a hablar y hablar sobre lo que
pasó con su tío. Resulta que el hombre iba en su auto borracho luego del
trabajo, cerró los ojos por un momento, el coche se descarriló y chocó contra
una cabina de teléfono. Por suerte no había nadie allí. El hombre quedó
inconsciente y fue una mujer quien llamó a emergencias cuando lo vio. Mi
amiga se la pasa todo el camino quejándose de su tío y la estúpida adicción
que tiene con el alcohol, en especial el whisky.
Llegamos a buena hora. Enseñamos nuestros carnets de estudiantes al
chico de la entrada y pagamos. El estadio está lleno, pero logramos localizar
unos asientos libres. No es raro el centenar de personas en el lugar, pues los
dos grandes rivales siempre tienen un buen partido. No hay que creerle a Cloe
sobre que los chicos son un asco de equipo, los Espartanos han conseguido
una que otra victoria. Una vez llegaron a las estatales.
Desde el lugar que conseguimos en las gradas tenemos una buena vista
del campo. Es una suerte que lo hayamos conseguido. Cloe compra unas
bebidas y estamos muy pendientes cuando los chicos salen al campo. La
multitud grita con emoción, cada parte apoyando a su equipo. Los de Crescent
Valley parecen estar más animados, ya que no ha empezado el partido cuando
los estudiantes en la multitud hacen una ola.
El partido empieza con la brusquedad que caracteriza al futbol
americano. Nuestro equipo no parece comenzar con buen pie. Los de Crescent
Valley lo aprovechan y anotan un punto, y luego el touchdown. ¿De qué tiene
hecha la pierna ese muchacho? Los chicos se recuperan a mitad de tiempo,
recargados de mucha energía. Estoy que salto cuando percibo al de la camisa
con el número cincuenta y ocho. Sam coloca el balón en el sitio para patear, y
lo hace antes de que un grandulón del otro equipo se le lance encima.
Parece que todos ven solamente el balón cuando éste sale volando hacia
el área de anotación.
¡Touchdown! Grita Cloe levantándose de su sitio.
La multitud festeja.
No puedo creer que lo haya logrado. Escucho decir alguien detrás de
mí.
¿Quién diría que el nerd de Sam iba a cambiar tanto? Comenta la
otra.
Oigo una risita.
Además, se ha vuelto muy popular en la escuela.
¿Y cómo no? Las chicas andan detrás de él, hasta yo estoy incluida allí
se ríe. Pero no es muy conversador.
¿Quién quiere conversar cuando te lo puedes comer?
Se ríen.
Sí, y suerte si llega a hacerte caso algún día.
Suelto una risita bajita.
Si supieran que yo soy la mejor amiga de ese tarajallo. Es cierto que Sam
se ha vuelto popular en el instituto, sobre todo para las chicas. Ya perdí la
cuenta de las veces en que vi a algunas muchachas rondando alrededor de él o
persiguiéndolo como unas perritas obedientes. Me imagino sus caras de
tóxicas si ellas me llegaran a ver con Sam y me entra la risa.
El siguiente rato me la paso con Cloe pegando gritos como locas. No me
sorprende que para cuando termine el partido ya no tenga voz. El juego
termina de buena manera. De increíble manera. ¡Los Espartanos quedan
vencedores! Los chicos celebran en grande allá abajo en el campo, tirándose
refresco con hielo encima. Mi amiga me anima y salimos corriendo a felicitar
a Justin y Sam.
A Cloe le importa un pepino todo ese sudor y mal olor, se lanza sobre
Justin para abrazarlo y besarlo. Son tan tiernos. Yo intento limitarme a
felicitar a Sam de lejos pero, él no lo duda y me estrecha entre sus brazos. Me
río cuando nos hace saltar de un lado a otro. El cabello rubio lo tiene todo
mojado, más por el agua con hielo que por el sudor. Estoy que me caigo si no
me sostiene bien, tengo que reconocer que es muy fuerte; porque me está
asfixiando.
Felicidades, señor victorioso Susurro en su oído.
No hay mejor victoria que esta. Dice en mi oído.
Me separo de él un poco. Mierda, qué estoy haciendo. No quiero que
piense lo que no es, pero estoy permitiendo algo que está mal. Herirlo es lo
último que quiero así como perder su amistad; sin embargo, ya me siento
incómoda con cada gesto que me da, además de siempre querer complacerme.
Lo quiero mucho, pero no del modo que él espera.
Cloe se nos acerca con Justin y un chico bajito que tiene una cámara
guindada alrededor de la nuca.
¿Qué pasa? Pregunto.
Pues que saldremos en primera plana del periódico escolar.
No, no. Yo…intento objetar, pero ya es demasiado tarde.
Todos los chicos del equipo se amontonan en una fila, también Kylie,
Caroline y las animadoras; Cloe, Justin, Sam y yo quedamos apretujados en el
medio. Todos se empujan por un momento y casi recibo un codazo por la
parte izquierda. El chico del periódico prepara la cámara. Yo no soy de esas
que les encanta tomarse fotos, unas que otras veces es mi amiga la que me
toma por desprevenida, y no es raro que trate de ocultarme con el cabello.
Sam lo aparta y me pide que sonría. No me queda de otra.
Bien, chicos, esto estará en la página principal de Alto Alcance
informa el muchacho y los chicos protestan para que tome la foto de una
vez. Ok, ok. Digan ¡Espartanos!
¡Espartanos! Gritamos todos al unísono.
¡Los bestias! Se burla Daniel.
Todos se marchan para celebrar. Cloe me dice que habrá una fiesta en el
prado, que está ubicado a las afueras de la ciudad, y que estamos
invitadísimas, obviamente; pero creo que es suficiente por hoy, no quiero
encontrarme un Drácula por allí. Como es costumbre, ella insiste diciendo que
es la primera fiesta a la que vamos después del verano. En las vacaciones hubo
una que otras fiestas en el sitio ya nombrado, siempre se agarraban un viernes
para hacerlas. Yo nada más iba por acompañar a Cloe, Sam por supuesto nos
acompañaba y se quedaba conmigo.
Ya hace un mes que no sabemos de fiestas en el prado, es normal que mi
alocada amiga quiera ser la primera en ir. Pongo la excusa de que estoy
cansada y me salvo por poquito. En aquel lugar lejano es más probable
encontrarse con un chupasangre en medio de los arboles. También recuerdo la
recomendación que me dio Alek al visitarme ayer, y no he hecho caso a ese
concejo de quedarme en mi casa durante la noche.
Hablo con Sam cuando ya se ha cambiado de ropa. Él también quiere
que asista a esa fiesta, pero sabe que soy muy testaruda. Se ofrece a llevarme a
casa, pero ya Cloe me dio las llaves de su coche. Llega un momento, mientras
converso con mi amigo acerca de la foto que seguramente salgo fatal, en que
miro por encima de su hombro y, más allá del centenar de personas, en las
sombras que proporciona la noche, está un hombre viendo hacia acá.
Lo primero que hago es alertarme. La oscuridad no me deja ver su
rostro, es probable de que sea un vampiro. Intento aparentar tranquilidad ya
que Sam está aquí y no quiero que se asuste, o quiera ir a hablar con el
hombre y resulte lastimado si el individuo es un chupasangre. Todavía hay
personas saliendo del estadio y otras rondando por ahí y tomándose selfies.
Respiro hondo y pienso en algo bueno.
Alek me puso al tanto sobre el supuesto vínculo que tenemos, así que si
existe en realidad tal vínculo, entonces él aparecerá en cualquier momento
para salvarme el culo. Seguro, seguro, seguro. Ay, a la mierda esas
sanguijuelas; no pienso ser una pobre chica que no hace nada para salvarse el
pellejo sola. Yo sí que voy a luchar hasta que pueda.
Entonces, cuando el tipo sale de las sombras y puedo verlo mejor, me
doy cuenta de lo estúpida y miedosa que soy. Los ojos de Alek se encuentran
con los míos, es extraño porque siento como si lo tuviera muy cerca. Por
primera vez, y sin hacer nada, veo que su rostro refleja… enfado. Sus ojos
azules se tornan de un color más oscuro del natural, dándome un mal presagio.
Oye, ya regreso. Le digo a Sam.
¿A dónde vas?
Ya ni sé qué excusa poner.
Voy a buscar algo de beber, estoy mu sedienta. Iré a ver qué consigo.
Bueno, yo tengo que hablar con el entrenador. ¿Nos vemos en la
salida?
Asiento no tan convencida.
Síp.
Camino entre el centenar de personas que salen del estadio intentando no
perderme. Me pongo de puntillas y busco al ruso con la mirada. Sigue en el
mismo sitio, sin dejar de verme con la misma expresión enojada plasmada en
su rostro. Horita y me regaña por salir de noche sabiendo que tengo una
manada de colmilludos pisándome los talones. No es que me encante hacer
caso a cosas como esta, pero él se está sacrificando mucho por mí,
cuidándome las espaldas y sacándole cabezas a esos vampiros que quieren
usarme como ticket de pasaje a lo que sea que les den a cambio.
Llego a él y lo saludo de forma amigable. Alek me mira de pies a cabeza
como si estuviera aprobando, o tratando de aprobar lo que ve. Me echo un
rápido vistazo a la ropa y me quedo perpleja. ¿Cuál es el problema? Carraspeo
cuando sus ojos llegan a los míos. Sí, está molesto, muy molesto. Creo que
estoy en problemas. Problemas con un vampiro, interesante.
¿Pasa algo? Inquiero harta de su silencio. Es una pregunta tonta,
pero es que necesito que me hable o me va a dar algo.
Nada del otro mundo Replica secamente. O al menos nada del otro
mundo para mí.
¿Qué te pasa, Alek? ¿Por qué me hablas así? ¿Es porque no te hice
caso en cuanto a quedarme en casa a la hora nocturna?
No lo niega.
Me pasaba por tu casa y no te encontré en tu habitación. Estaba que
salía de inmediato a buscarte quien sabe dónde, cuando de pronto sentí que
algo andaba mal. Te encontré gracias al vínculo.
¿Quieres decir que hay vampiros cerca?
Correcto.
Resoplo.
Parece que nunca se cansan. De todas las personas del mundo, tuve
que ser yo ¡qué suerte la mía, eh! Digo irónica.
Él suspira.
Tenemos que irnos, Kat me suelta así, como si nada. Llevas
tiempo por aquí, el suficiente para atraer algunos. Tengo que llevarte a casa
porque no estoy seguro de si nos encontraremos pronto con más de los que
pueda encargarme, además de protegerte también.
Pero es que…vine con Cloe y tengo que encontrarme con Sam en la
salida.
Alek se ríe sin diversión, pues suena más a una risa siniestra.
¿Es que tu noviecito no puede estar ni dos minutos sin ti?
Suelto una risa ronca. Me deja ida y boquiabierta.
Pero… ¿Cómo crees? Sam no es más que mi amigo. Creí que ya lo
sabías me entra un frenesí arrecho. Y dime, ¿Cómo le vería la cara
después de besarte si fuera mi novio? ¿Acaso me crees una…?
Alza las cejas, sorprendido por mi arrebato. Casi pataleo.
No, Kat. Perdóname por este comportamiento tan inmaduro sus
disculpas parecen sinceras. No obstante, aun estoy echando chispas de furia
por su “comportamiento inmaduro”, o más bien, comportamiento de idiota.
Lo lamento, aunque de todos modos no es de mi incumbencia.
Entorno los ojos mirándolo con el ceño bien fruncido. Sí, tengo una furia
inmensa por su culpa, pero no puedo. ¿Cómo puede decir que no es de su
incumbencia? Maldito Alek. Su estúpido genio me frustra. Si no le importo
¿Por qué me protege? ¿Por qué no simplemente se marcha y deja que me
maten? ¿Por qué siquiera aceptó besarme?
Él, como si me leyera la mente, cambia su expresión cruda a una de
disculpa.
Lo siento, Kate ese mar en sus ojos se tranquiliza, ya no hay
tormenta, y me miran con disculpa sincera. Pero es que me mata…
Esperé a que terminara la oración, pero enseguida cambió de tema:
Solo perdóname.
¡Qué afán con eso! Sin embargo, no puedo enfadarme para siempre con
él. No puedo. En realidad me cuesta. Sobre todo cuando miro esos ojos que
son tan sinceros e inquietantes.
No vuelvas a decir algo semejante le advierto y me muerdo el labio
antes de mascullar: En especial porque no siento por él, lo que siento por ti.
Sus ojos se iluminan con un brillo especial. Ya no está enfadado. Parece
que eran las palabras que él quería oír, pues su expresión es como si pudiera
degustarlas.
Katya. Cierro los ojos, igualmente saboreando ese acento ruso como
si fuese una exquisitez.
Sin abrir los ojos ni un momento, siento el contacto helado de sus manos
sobre mis mejillas. Es una sensación satisfactoria, me hace estremecer y
alborota las mariposas en mi estómago. Acto seguido sus labios tocan la piel
de mi frente, prolongando ese beso que me hace sentir segura porque lo tengo
a mi lado. ¿En dónde queda el enojo? ¿Qué es de él? La chica terca que existía
antes de que Alek se apareciera se burla de mí, resaltando que soy una
masoquista sin remedio. Qué le puedo hacer, así soy, cuando me encuentro
junto a mi ruso.
Alguien carraspea.
Abro los ojos de golpe, encontrándome con los de Alek que enseguida
ven a alguien detrás de mí. No tengo que ser adivina para saber que la muy
lista de Cloe está aquí para proponerme ir a la fiesta por última vez.
Al voltearme ella me mira con gesto de sorpresa, además de una mirada
de «luego me cuentas todito». Justin está junto a ella, tan sorprendido que casi
se le cae la mandíbula. Me provoca decirle que cierre la boca antes de que se
le meta una mosca, pero me contengo.
Estee… ¿Kate, vendrás a la fiesta? Y… puedes invitar a Alek, si él
quiere. Dice ella mirándolo.
¿Por qué tengo el tedioso presentimiento de que la pregunta está demás?
Es que no se podía inventar otra excusa para echar un vistazo a los dos
tórtolos frikis. ¿Su mejor amiga estando con un chico que no aparenta ser
camarada? No se lo puede perder. Así es ella.
Miro a Alek. Él tiene la vista fija en Sam, quien se acerca a nosotros sin
apartar los ojos del ruso.
En realidad yo no…
Parece muy interesante me interrumpe Alek sonriendo. Y me
encantaría ir con Kat, si ella afirma que asistirá.
Comprendo la cara de mi amiga. Dejando a un lado la sorpresa porque él
le habla, también está el asombro con su forma de hablar tan refinadamente
anticuada. Justin no se queda atrás, se pone como estatua viendo a mi ruso.
Por el contrario, Sam entorna los ojos, mirándolo con desprecio. Alek también
lo mira. ¿Qué es esto? ¿Un duelo de miradas y no me avisaron?
Al final todos me ven esperando una respuesta. Cloe sonríe anhelando
un sí del todo. Justin ni siquiera puede creer que esté allí. Sam me mira a los
ojos con una expresión en el rostro como si me suplicara decir que no. Por
último veo a Alek sonriendo. Tuerzo el gesto. Hay veces en que no lo
entiendo. Bueno, la decisión es mía; ni difícil es como para estar tan nerviosa
por las reacciones que vayan a tomar.
Ok. Digo al fin.
Cloe aplaude emocionada.
Verás que nos vamos a divertir. Me cuentas todo ¿eh? Susurra en mi
oído. No vas a pensar que me voy a quedar quieta sin saber cuándo tú y el
ruso se volvieron tan «cercanos» hace énfasis en la última palabra.
Aunque nos lleve toda la noche, quiero los detalles, y sé que no me has
contado muchas cosas; porque una relación así no se da de la noche a la
mañana.
Quiero estrangularla.
Esto es una mierda. ¿A qué viene el cambio de humor de Alek y la
decisión inesperada de ir a esa fiesta? Es que tiene cierto tiempo de ser
protector y responsable para después ser divertido y social. ¿Será el
calentamiento global que lo afecta? ¿Eso lo afecta a él? Dios, él es un caso
aparte; un caso complicado e impredecible. Por otro lado, ¿Por qué me siento
culpable al mirar la cara de decepción de Sam? No accedí a ir con mi amigo
cuando me lo pidió, pero sí con Alek. Soy una idiota, sí, pero estaba en
presión y no tuve otra que aceptar asistir con mi ruso.
Nos marchamos del lugar apenas doy mi respuesta. Cloe y Justin se van
en el Ford y Sam se une con los chicos en la camioneta de Brandon. Mientras
que yo me voy con Alek. El camino a la ubicación del coche transcurre en un
silencio que para mí es frustrante. Él va a mi lado alerta con el perímetro y ni
siquiera me mira hasta que llegamos al auto. Nos montamos y el acelera en
dirección a las afueras de la ciudad.
¿Pensé que la noche no era la buena hora de andar por ahí? Y pensaba
que “andar por ahí” incluía un bosque oscuro y deshabitado. Digo
hartándome del silencio sepulcral.
Alek curvea sus labios con una sonrisa retorcida.
Creo que podemos pasar esta noche ya que estoy contigo.
Miro un momento por la ventanilla del Porsche. Ya estamos de camino a
las afueras de la ciudad. Todo se ve oscuro, excepto por la iluminación de la
ciudad y los faros de los coches. Aunque intente no parecerlo, estoy un poco
preocupada por el asunto de los vampiros.
¿Y si se aparecen los colmilludos por allá, si son mayoría que tú?
Inquiero antes de que se pase la conversación.
Él sonríe.
Pues tendré que matarlos si intentan tocarte.
Tuerzo el gesto.
Suena emocionante y peligroso, señor temerario.
Se ríe.
Me derrito.
¿Temerario, eh?
Sí, y loco por esta idea.
Me mira.
Escucha, Kat; solo quiero pasar un tiempo ameno contigo. Uno en el
que tú ya sabes la verdad sobre mí y puedo hablarte con total franqueza, sin
temer que te desmayes o salgas corriendo cuando te hable de chupasangres
sin dejar de sonreír, agrega: Aunque sea una noche tranquila para ti y para
mí, para conocernos mejor.
Sonrío.
Como una cita. No es una pregunta.
Me sonrojo cuando vuelve a verme. Su mirada es tan intensa, como si
quisiera averiguar lo que oculta la mía. Al final se pone pensativo tan solo
pocos segundos.
Sí, como una cita. Afirma y ve hacia la carretera.
Me muerdo el labio sintiendo el calor en mis mejillas. Primera cita con
Alek. Esto debe de ser un sueño. Quizá me he quedado dormida al empezar el
viaje. No. No estoy soñando. Pero si viviendo una fantasía real. Cloe me va a
sonsacar con todo esto. Probablemente mi amiga se esté royendo las uñas
esperando a que le lleve el cuento. Es que se veía en sus ojos que estaba
impaciente por el “chisme”.
El silencio no dura mucho cuando Alek dice:
Y ese tal “Sam”…no me mira ¿Qué hay con él si no es tu novio?
¿Es acaso eso que le llama, amigo con derecho?
Suelto una risa ronca.
¡¿Qué?!
Me ve algo inquieto.
Ya sabes, cuando dos amigos se tienen más que amistad, existe ese
toque y se…
Nop. Definitivamente no esperaba esto.
Ya sé lo que es un amigo con derecho todo esto parece un mal
chiste. Y no. Sam y yo no tenemos esa clase de relación. Creí habértelo
dicho ya, que él y yo solo somos mejores amigos.
Claro, pero yo no sabía que tanta cercanía y roces significara ser
«mejores amigos» apuntó con ironía.
Já.
Pues abrazarse, estar juntos y reír es equivalente a buena amistad
replico sonriente. Te dije que no hay más que amistad allí. ¿Qué más
quieres que te diga, Alek?
Al menos él no cree eso. Sus intensiones son tan obvias.Frunce el
ceño como si lo imaginara. Te juro que esto no es normal en mí. Esta
impotencia, las ganas de golpear algo cuando te tiene tan cerca…
Umm. Creo que ya entendí lo que pasa aquí…
Alek digo para llamar su atención. ¿Tienes celos de Sam?
Me ve a los ojos como si esperara que estuviera bromeando. Pero no lo
estoy. Es que no puede ser más evidente. Si no es celos, que más puede ser. Es
tan extraño, y tan halagador que sienta eso por mí.
Curvea sus labios con esa sonrisa tan seductora que lo caracteriza.
Sí, puede que sea eso. Si celos es querer arrancarle la cabeza al tipo…
Suelto una risa.
Eso ya es obsesión por la persona. Me burlo.
Tienes razón. Créeme que cuando te vi con él quise sacarle la cabeza.
Río.
¿Qué tienes con eso de sacarle las cabezas a la gente?
También ríe entre dientes.
Es mi profesión.
Al decir eso me di cuenta de que llegamos al lugar. Alek conduce hacia
un sendero hasta llegar a lo que parece ser un aparcamiento improvisado a
varios metros de donde se encuentra la hoguera. Elige un lugar muy bueno
para estacionar el coche y apaga el motor. Veo que él no sale o intenta
hacerlo. Me quedo en silencio siguiendo la dirección de su mirada. Justo en
frente de nosotros se encuentra el bosque inundado en sombras.
Oye; me dejó muy sorprendida tu aclaración de celos por mí alego
sintiéndome estúpida. Lo que quiero decir es que, no entiendo tu interés en
mí más allá de la…sangre continué con miedo de que se me quebrara la voz
ante su mirada escrutadora. Tan solo mírame. No soy como tú, y ni siquiera
algo atractiva. Yo…
Oh, por Dios, Kat me interrumpe viéndome a los ojos. Tú eres lo
más hermoso que he tenido nunca. Eres preciosa, y jamás se te ocurra decir lo
contrario. La vida que posees, es lo que me cautiva de ti; no tu sangre. Eso ya
te lo he dicho. Eres perfecta tal y como eres.
«Perfecta», esas palabras resuenan en mi mente que entendiblemente se
ha quedado paralizada. No estoy segura en si es el tiempo que se detuvo o yo
misma en esta fantasía.
Cuando veo el rostro de mi ruso a pocos centímetros del mío, me doy
cuenta de que jamás estuve paralizada. Puedo sentir su fascinante aroma tan
cerca. Tengo una mano apoyada en la pequeña caja junto a la palanca de
cambios y estoy muy inclinada hacia él. ¿Cómo hice eso y no me di cuenta?
Ahora solo quiero besarlo y apretujarlo contra mí.
Alek, como si de alguna forma, y por enésima vez, como si leyera mis
pensamientos, corta el poco espacio que nos quedaba de separación y junta sus
suaves labios con los míos, amortiguando un vergonzoso jadeo de mi parte.
Cierro los ojos y rodeo su cuello con mis brazos y me dejo llevar a ese lugar
lleno de flores y de él.
A pocos minutos de haber empezado se escuchan unos golpecitos en la
ventana. Y así como los unió, Alek separa nuestros labios. Jadeantes y
sonrientes nos miramos con más afecto del que he conocido. Volteamos y
vemos a dos chicos claramente ebrios tratando de ver atreves del cristal
tintado de negro.
El beso no se da hasta el final de la cita; es la regla ¿Acaso no lo
sabías? Digo con ironía, mirándolo fijamente e ignorando completamente a
esos ebrios metiches. Eres muy impaciente.
Él se ríe entre dientes.
Creo que ya rompimos esa regla, hace ya un buen rato.
Sonrío mordiéndome el labio.
Toma mi rostro entre sus manos. Esperanzada de que me de otro beso
me acerco al suyo. Él también se aproxima y cierro los ojos nuevamente
esperando el choque de nuestros labios. Pero nunca llega. Enseguida abro los
ojos y lo miro. Alek sonríe descaradamente y planta un besote en mi frente.
¡Maldita sea, Alek!
¿Vamos? Inquiere.
Asiento rascándome el cuello. Odio esa maña, pero no me la puedo
quitar.
Salimos del coche y Alek se apresura para caminar a mi lado. Los chicos
borrachos que hace un rato estaban junto a la ventanilla nos vieron y de
repente solo miraron a alguien en particular, mientras que mi ruso rodeaba un
brazo alrededor de mi cintura. Con expresión de inquietud se fueron alejando.
Miré con los ojos entornados a Alek y éste se encogió de hombros como si no
supiera la razón de su escapada.
15.-Tremenda sorpresa

Nos acercamos al lugar en donde está una hoguera


grande junto a varios neumáticos gigantes. La
música suena fuerte desde una minivan y algunos
bailan mientras los otros toman y conversan
alegremente. Observo también a los chicos
jugando con una botella de alcohol. Zánganos.
Todos se abren paso mientras nos adentramos al centro del lugar,
viéndonos con atención. Inclino la cabeza un poco de modo que mi cabello
tapara un poco mi rostro sonrojado, que iba acorde con la iluminación de las
brasas resplandecientes de la hoguera. Alek toma mi mano con la suya
mientras me mira de esa forma que me encanta. Estoy que me doy yo misma
una cachetada.
Las expresiones de Caroline y las chicas son un poema, y no hablar de la
de Kylie, que está que echa humos por los oídos. Daniel que ya está ebrio, me
da una majadera sonrisa, alzando el vaso rojo de plástico que tiene en la mano
de modo de un estúpido brindis. Más adelante alcanzo a ver a Cloe junto a
Justin y unos cuantos chicos de último curso.
Al vernos la loca rubia de mi amiga salta de emoción y corre hacia
nosotros. Me abraza, haciendo que suelte la mano de Alek. «No, no, no te
vayas…», pienso tratando de buscar su mano, pero en vano.
¿Cuándo me vas a contar sobre este…pequeño asunto susurra en mi
oído. Ya sabes, entre tú y el ruso. Quiero todos los detalles.
Cloe, ahora mismo no es buen momento para hablar de eso. De
hecho, ningún momento era bueno.
Ella se aleja un poco de mí, pero no lo suficiente para poder echar ojo a
otro sitio.
Esta es la última vez que te acepto excusas, ¿ok?
Asiento sonriente.
Nada de ok.
Bueno me lleva de la mano hacia Alek… mejor dicho, me arrastra,
que está sentado en uno de los troncos que sirven de asiento. No hemos
tenido el placer de conocernos. Soy Cloe Burks, amiga confidente y cachifa de
esta pelirroja.
Hago una mueca cuando Alek me ve curioso.
Alek Maslov, cita de la hermosa pelirroja. replica él dejándome
sonrojada.
Cloe suelta una risita.
Eso es asombroso.
Alek y yo nos miramos, yo pidiéndole disculpas con la mirada.
Hey, chicos vemos a Justin con tres vasos de plástico rojo. Nos
ofrece dos a Alek y a mí.
Mi ruso frunce la boca.
No, eh, yo no bebo.
Ok, wey. Justin ni siquiera insiste. Yo por el contrario, agarro la
bebida.
No soy fan del alcohol, pero tengo demasiada sed. Además, Cloe me
prometió que es cerveza. Mi madre me va a castigar de por vida cuando se
entere de esto, seguramente hasta me hará una limpieza del organismo. En fin,
salud por la primera y última (hasta que sea mayor de edad) vez que tome
cerveza.
Como es costumbre Cloe comienza con su cháchara de cualquier cosa
que se le ocurra. En un momento, habla sobre el inicio de nuestra amistad.
Veo a mi ruso interesado en la chistosa historia, escuchando con mucha
atención.
¿Quién iba a imaginar aquello? Dice sonriendo. Dos chicas que se
jalaron por los moños para conseguir la barbie, terminaran siendo mejores
amigas por once años exactos.
Me mira risueña. Sabía que en cualquier momento vendría una lagrimita.
¡Oh, como adoro a esa loca! Jamás me cansaré de estupideces y tampoco ella
de las mías. Nunca había tenido mejores amigos que Sam y Cloe, éramos un
grupito único y perfecto. Recuerdo cuando mi amiga y yo imaginábamos
nuestras vidas cuando envejeciéramos; ella, una anciana vestida a lo moderno,
y yo, una vieja loca que la estaría regañando cada dos por tres cuando
estuviera tratando de ligar con unos mocosos de veinte.
Antes de que Cloe empiece el espantoso cuento del día de la obra
escolar, Justin la abraza por detrás y susurra algo en su oído. ella, tan pícara
como siempre, responde con una sonrisa.
Nosotros iremos a bailar, chicos. No sé ustedes antes de marcharse,
agrega. Eso sí, diviértanse.
Río ante el guiño de ojo.
Me empino el vaso para beber un poco de la cerveza cuando percibo la
mirada de Alek en mí, especialmente en lo que estoy por hacer. Cielos, sin
darme cuenta ya me he bebido más del medio vaso. Espero y este no sea el
comienzo de una adicta sin remedio. Mamá me tendrá que sacar de los bares
nocturnos. Antes de beber aunque sea una gota, bajo el vaso y lo coloco al
lado.
Me giro hacia mi ruso, quien ladea un poco la cabeza entornando los
ojos.
Es solo cerveza. Nada más inocente que eso.
Él sonríe irónico.
Inocente es jugo de naranja, eso ya es de otro nivel.
Pongo los ojos en blanco.
Ya, no beberé más de todos modos.
Ríe entre dientes y su brazo me abraza la cintura, acercándome a él. Me
acurruco en su pecho aun estando muy frío. Sé que debí ponerme unos
pantalones; ahora me estoy quejando de la brisa gélida a pesar de que estaba
segura de que esto iba a pasar.
Entonces, ¿esto es lo que hacen los adolescentes de estos días? ¿Ingerir
esta clase de bebidas toxicas, y bailar eso del tuerki frente a la hoguera?
Pregunta y yo me suelto mis carcajadas. Él sonríe ante mi risa.
Levanto la cabeza, encontrando sus ojos azules iluminados.
Esto y… la mayoría del tiempo leer novelas de romance y suspenso,
además de ir a la escuela, tratar con las vecinas y ver programas de televisión
con mamá y el gato, o también tener que tolerar a un vampiro tan impaciente y
guapo que me protege de los chupasangres malos…todo eso en mi caso.
Alek se ríe.
Aun crees que soy impaciente. No es una pregunta. Acerca sus
labios y siento su respiración en mi mentón.
Me siento aturdida, como si estuviera drogada, atontada por su cercanía.
Sí, eres un gran ansioso y…un estúpido impasible a veces, y no te
tolero.
Sonreímos y él me besa con tal ternura que no me parece suficiente. Se
aleja un poco de mí para besarme la coronilla. Me quedo así, en sus grandes
brazos, sintiéndome completamente protegida. En ese momento siento algo
que guinda de su cuello. Es una especie de cuerda de cuero que lleva consigo
un colgante no más pequeño que un botón. Observo bien el adorno en el
centro, una pequeña piedra color escarlata muy hermosa.
¿Y este collar? Siempre lo llevas, ¿no? Pregunto sin contenerme.
Sin dejar de abrazarme, responde:
Tiene una piedra protectora, que me resguarda de los rayos solares. Sin
ella es muy probable que arda en fuego.
Sorprendida, observo la piedrecilla.
Pensé que, era falso eso de que se quemaban al sol. Apunto.
Bueno, ya ves que no es así. Claro que puedo morir apenas me toque el
sol, sin esta cosa, por supuesto.
Espeto y esa cabuya sea resistente.
Sonríe.
Te lo aseguro. Dice distraído. Sigo su mirada. Está observando a
Sam, que se encuentra al otro lado de la hoguera. Mi pobre amigo se queda
paralizado un segundo y luego se marcha.
Tienes que dejar de hacer eso, al menos con Sam. le regaño.
Deja de verlo para mirarme a mí.
¿Hacer qué?
Mirar a mis amigos como si fueran tu peor archienemigo de toda la
vida.
Se ríe entre dientes.
No hago eso.
Sí lo haces. Y los intimidas.
Suspira sin dejar de sonreír.
Discúlpame por ser un celoso. Apenas los descubro viéndote, se
nombran enemigos de por vida.
Qué sutil. Bromeo. Suena a novio toxico.
Acepto novio, pero no tan toxico.
Me río.
Además, solo le he hecho un pequeño truco mental. Agrega.
Lo miro perpleja.
¿Cómo es eso de truco mental?
También se llama compulsión mental. Solo le metí un pensamiento,
por decir, horroroso, al chico. Fue nada más que una imagen que me incluye
rompiéndole la garganta si sigue viéndote como lo hace.
Abro los ojos como platos.
Estás loco. Como se te ocurre hacer semejante cosa. ¡Puedes…puedes
dejarlo traumado, Alek!
De todos modos no lo haré de nuevo.
Y más vale que no ¡Por favor, ya no!
Está bien. Acepta como si nada.
De repente, siento curiosidad de qué más podría estarme ocultando sobre
sus dones.
Y aparte de trucos mentales, ¿Qué más puedes hacer? ¿Qué otra
característica poseen?
Bueno, ya sabes que los vampiros poseen una fuerza mayor a la de los
humanos, también que podemos ir de un lado a otro a la velocidad de la luz, y
somos muy ágiles. Aparte de eso, poseemos un factor de curación; el control
emocional, con el cual puedo mantener mis emociones fuera de mí o bien sea
hacer que existan; telepatía, con el cual consigo, difícilmente leer y hablar en
los pensamientos de otros. Pude leer los pensamientos de Sam y por eso casi
le vuelo la cabeza me mira. Eso sí, la excepción eres tú, Kat, me es
imposible leer tus pensamientos, no puede saber por qué.
Extrañamente estupendo.
También están las emociones mejoradas continúa, 3n el que cada
emoción en más intensa que en los humanos, por ejemplo, la ira, la tristeza, la
felicidad, el amor…todas son más intensas; por eso hay que saber controlarlas.
Tengo también los sentidos mejorados, tengo extremadamente agudos
sentidos del oído, la vista y el olfato que superan con creces los de los
humanos. Por último, la alta resistencia, donde nosotros podemos tener una
gran cantidad de daño físico sin ser ralentizado, lo único que no podemos
ignorar es el sol, que nos incinera al instante; amenos que poseamos una
piedra protectora.
Me quedo impactada con toda esa información.
También poseen inmortalidad.
Asiente.
Correcto.
¿Y solo la piedra puede protegerlos del sol?
Sí y antes de que pregunte, continúa. Aunque no todos los de mi
especie consigue una piedra como esta. Es muy difícil de conseguir, si es que
todavía existen.
Asiento comprendiendo. Tan solo imagino el mundo si los vampiros
tuvieran aquellas piedras a montones. Toda una pesadilla. Y hablando sobre
eso, la joya que tiene mi collar es parecida a la roca escarlata que muchos de
ellos desean. ¿Podrían pensar que era una piedra protectora? Mientras lo
pienso, observo al otro lado del prado, Cloe junto a Justin y amigos riendo y
charlando. Mi vida ahora sería tan normal como las suyas si nada de esto fuera
pasado, si ese día en que metí mi culo en donde no debía no fuera ocurrido.
No obstante, jamás habría conocido a Alek de no ser por mi estúpida mala
decisión.
Repentinamente, Alek se tensa. Lo miro, él tiene la vista fija en la
oscuridad que se cierne en el bosque. Me empiezo a inquietar, pues esa mirada
no aparenta nada bueno, ya la he visto antes.
¿Pasa algo? Pregunto con el corazón acelerado.
No me mira.
Siento muchas presencias muy cercanas; seis…siete.
Me estremezco.
Tenemos que irnos ya, o alguien más podría salir herido aquí. Si
salimos de aquí nos seguirán sin causar daño a nadie Agrega. ¿Quiere
asustarme? Pues lo logró.
Miro a Cloe, a Sam, Justin. No puedo dejar que algo les pase. Mi
respiración se acelera con cada minuto, Alek está inquieto. No espera mi
respuesta, me agarra del brazo y caminamos hacia el Porsche. Intento ir a la
par suya pero está que me arrastra. Dios mío, ¿Qué he hecho para meterme en
esta estúpida caza?
Idiota Masculla Alek para sí mismo. Soy un maldito idiota. Debí
llevarte a casa.
De todos modos me habrían seguido. Comento aunque tal vez no me
esté escuchando.
Él ni siquiera me ve. Enseguida nos detenemos, o al menos eso hace
Alek, jalándome rápidamente. Lo siguiente es que pronuncia una palabra en
ruso que no logro entender. Supongo, por la expresión, que es una palabrota.
Sigo la trayectoria de su mirada, hacia las tinieblas del bosque.
De las serpenteantes sombras aparecen dos hombres. A unos metros
hacia el aparcamiento se encuentran dos más, justo atrás y a la derecha hay
uno en cada sitio. Alek intenta ponerse delante de mí, cubriéndome con sus
brazos. Aquellos vampiros tienen esa mirada diabólica, color de la sangre.
Sonríen al verme.
Nos enteramos de la dulzura que tienes detrás, de que vale mucho para
alguien en especial dijo uno de los hombres frente a nosotros, con un acento
inglés. Su maliciosa sonrisa brillaba en la oscuridad. Imagino que sabes que
no nos iremos sin la chica.
Alek sonríe.
Entonces tendrán que pasar sobre mí si la quieren.
Los otros se ríen.
Alek se prepara para recibirlos y no lo hacen esperar. Los de la izquierda
son los primeros en arremeter bruscamente en contra de Alek. me echo para
atrás y cuando uno de los hombres se me acerca, no espero para salir
corriendo, en la única dirección que me queda, hacia el bosque. El tipo me
empuja al suelo mucho antes de llegar al comienzo del bosque. Me arden las
rodillas, aunque por suerte no me he hecho ningún raspón. Con su mano
helada me agarra por la capucha del suéter y me levanta hasta que mis pies no
tocan el suelo. Veo el lugar en el que está Alek luchando con los otros, está
con los lados llenos.
Me retuerzo en sus brazos y él solo ríe. Un idiota. De repente me viene
una idea a la mente. Empleándola, hago un escupitajo y se lo echo al vampiro
en la cara. Me deshago del suéter lo más rápido posible y caigo al suelo
mientras el imbécil aun se limpia la cara. Tratando de mantenerme en pie
corro nuevamente, lo más rápido que puedo, hasta donde se encuentra Alek
terminando de sacarle el brazo a un hombre. Me recibe en sus brazos llenos de
sangre.
¿Estás bien? Pregunta tomando mi rostro entre sus manos,
comprobando que no tenga ningún rasguño.
Sí. Asiento no tan convencida. Me duelen las rodillas y estoy que me
desmayo.
De un momento a otro Alek me pone detrás de él. Apenas logro entender
lo que sucede, solo usando la lógica; todavía queda un vampiro, que no estará
muy feliz luego de la escupida que le eché. Sin embargo, el tipo no logra
acercarse ni siquiera un poco a nosotros cuando alguien más ya le ha volado la
cabeza.
Ésta cae muy cerca de mis pies.
Grito.
Alek vuelve a voltearme, de modo que esté apoyada de su pecho. Aun
sigue tenso, pues todavía no se ha terminado. El nuevo individuo puede que
sea otro cazador, uno que no quiere competencia. Miro a Alek y éste se queda
paralizado, como si estuviera en shock. Veo hacia la causa de su estado y mi
expresión puede que sea la misma o mucho peor.
Aquel tipo sale de las sombras caminando hacia nosotros. Va vestido
con mayoría prendas de cuero, parece un motociclista, estoy segura de que lo
es. No es el hecho que tal vez quiera matarnos, puede ser una posibilidad…
tampoco es que se vea más ágil y mejor rival que los otros tipos, menos su
increíble apariencia y físico atlético de ensueño… Lo que me altera es que
¡Son…son igualitos! ¡Idénticos! Aunque el cabello del otro es tan negro como
el azabache, sus ojos azules como los de él, con un semblante tan perfecto
como el de…
¡Ah! Tapo mi boca con mis manos. No puedo creer lo que estoy
viendo. ¡Alek y el motociclista!
Adrik. Pronuncia Alek con desconfianza.
Alek. Replica el otro mirándolo con una expresión neutral. Te
estaba buscando.
16.-Tensión

Me quedo estupefacta y sin saber lo que ocurre.


Esto jamás lo esperé… ¡Já! Nada de lo que me ha
ocurrido lo esperé.
Aun estamos parados en el mismo sitio
mirándonos unos a los otros. Al encontrarme con
la mirada del gemelo, Adrik, se me pone la piel de
gallina al contemplar esos ojos escudriñadores. Pero aquella mirada no es
cálida, como la de mi ruso, esa mirada es más descarada y maliciosa. A pesar
de eso, siento como si ya fuera enfrentado esos ojos mucho antes, pero eso es
imposible. Es la misma sensación de déjà vu que tuve cuando vi a Alek por
primera vez.
¿Por qué ella está contigo? Inquiere el tal Adrik ciertamente
disgustado.
Eso no te incumbe. Ataja Alek con dureza.
Yo, sin saber qué es lo ocurre, me limito a escucharlos mirando
alternativamente uno y el otro. Pero, esa voz, esa voz se me hace muy
familiar.
No estaría tan seguro si fuera tú, ¿Sabes lo que pasará si se entera de
esto? ¿Qué te hará él por traición? Creí habértelo dicho, pero no, ¡tú solo
piensas en tus putas emociones!
Alek aprieta más la mandíbula.
No necesito el permiso de nadie para hacer lo que quiera, y menos el
tuyo, que te quede muy claro.
El gemelo de Alek me mira de nuevo. Sus ojos azules me acribillan sin
piedad. ¿Qué le pasa a este? Su gélida mirada me escudriña de pies a cabeza.
Y no sé si son cosas mías o me parece que su ojeada se detiene mucho en mis
piernas.
Imagino que te gustó lo que ocurrió la última vez dice el motociclista
levantando ligeramente la comisura de sus labios, ya que quieres revivir…
Alek dio un paso adelante.
Ni te atrevas a siquiera mencionarlo. Me asusta con su advertencia,
la última vez que lo vi tan peligroso fue cuando decapitaba a los vampiros que
querían llevarme.
Alek no le aparta la vista ni por un instante, y esa forma de verlo deja ver
mucho desdén y suspicacia. Unos hermanos que se odian, y son gemelos. Yo
todavía estoy un poco en shock con lo que está pasando. No puedo apartar la
vista de Adrik, pues el hecho de su inesperada aparición y su oscura
apariencia que me pone la piel de gallina. Creo que ya he sentido eso antes, y
no fue algo bonito ni de chiste.
Ya deja de dejarte llevar por los malditos sentimientos y supera todo
esto de una vez. No es que quiera estar cuidándote el culo siempre, y sobre
todo ahora, pero quiero evitar que se arme una revuelta mucho peor por esta
chiquilla. Creo que no debo recordarte como acabaran las cosas entonces.
No tiene por qué acabar así. La voz de Alek suena torturada. No
necesito verlo a los ojos para saber la mirada helada que tiene.
Sabes que no hay otra alternativa. Percibo algo de súplica en la voz
de Adrik.
Estoy totalmente descolocada. No entiendo ni pío de lo que discuten, es
como si no hablaran de mí, y a la vez sí. ¿Tendrá todo esto que ver con la caza
hacia mí? Sí, en parte ¿En otra cosa que no sé? También.
¿Qué ocurre? ¿De qué va todo esto? Intento ponerme enfrente pero
Alek me empuja nuevamente, impidiéndome el paso con su brazo duro sobre
mi cintura, con una fuerza que no puedo evadir.
Por favor, Adrik continúa haciendo caso omiso a mi pregunta.
Deja que haga esto a mi manera. Esta vez es diferente, y sabes que es así.
Pues yo solo veo el mismo final con unos cuantos puntos diferentes,
que no son nada buenos en realidad. Arguye con desdén.
No pienso discutir contigo; además, ya te dije que tú no eres quién
para darme órdenes la voz de Alek ha cambiado, ahora tiene un tono más
autoritario, firme. Hablaremos más tarde. Y más te vale mantener la boca
cerrada, por tu propio bien.
La amenaza no puede ir más enserio. Un escalofrío me recorre toda la
columna vertebral. Sí que da algo de miedito verlo en este plan amenazador.
¡Oye! Tranquilo levanta las manos extendidas en señal de
rendición. Como quieras. Yo solo he venido a avisarte, haz lo que te dé la
gana de ahora en adelante.
Me lanza una última mirada, no amigable por supuesto. Sus ojos azules
brillan con la luz de la luna, se da la vuelta y camina hacia el bosque. Ni
siquiera lleva tres pasos cuando desaparece rápidamente.
Creo que hay varias cosas que debes explicarme. Me planto frente a
él con los brazos cruzados en mi pecho. Estoy segura de que hay más que el
tema de una caza en su conversación, y estoy algo molesta por no enterarme
de nada.
Vamos, te llevaré a casa.
Me iba a tomar de la mano pero yo me zafo. Me sorprende su respuesta.
¿Es que hay algo que no quiera contarme? Eso es seguro.
¿Qué? Por supuesto que no niego con brusquedad. Como he
podido ver hablaban de mí, así que creo que merezco que me digas de qué se
trata todo esto; y si ya no quieres hablar porque te has vuelto más cauto,
entonces deberías hacerle caso a tu amigo Puntos para mí por ser fuerte con
mis palabras. Creo que empiezo a recobrar mi actitud matona.
¿A qué te refieres con eso? Otra vez, de nuevo esa expresión ausente
y fría que tenía cuando nos conocimos.
Odio esa actitud y odio esta discusión. Sin embargo, una vez que ya he
empezado esta riña, ya no puedo pararla. No quiero hacerlo, pero es como si la
cólera se apoderara de mí. Quizá estoy molesta sin razón, quizá me esté
sobrepasando, o quizá me enoja que de nuevo quiera verme la cara de idiota,
como si ya no supiera nada.
Pues que si no vas a contarme lo que ocultas (porque sé que ocultas
algo), es mejor que terminemos con lo que sea que tenemos antes de que
empeoren las cosas me cuesta decir esas palabras y mantener la compostura.
Mi corazón se estruja con mis propias palabras. Tengo que contenerme
para no hacerme añicos frente a él. La verdad es que no quiero que se aleje de
mí, de veras no quiero.
Te llevaré a casa.
No necesito un perro guardián.
¡Aah, Katherine! ¿Qué estás diciendo? Estoy tan sumergida en mi rabia
que no puedo controlar lo que digo. Quiero lanzarme a sus brazos y pedirle
perdón por todo, pero yo sé que eso no nos llevará a ningún lado. Tengo que
acabar con esto de una vez antes de que sea demasiado tarde. Recuerdo que
Adrik dijo que le harán algo por traición ¡¿Qué traición maldita sea?! En fin,
si eso es cierto, prefiero entregarme antes de que le hagan algo a Alek.
Estamos muy alejados de la ciudad. Intenta retenerme.
Tengo dos pies que me ayudan mucho.
Comienzo a caminar sin mirarlo. Quiero hacerlo más deprisa pero las
piernas me duelen luego de la caída, es posible que tenga varios moretones.
Oigo sus pasos detrás de mí.
¿No escuchaste lo que te dije? Ni siquiera me giro. No me creo
capaz de mirarlo a los ojos.
Vas a perdonarme pero no pienso alejarme de ti.
¿Ahora también me amenazas? No me gusta para nada el tono de su
voz. ¡A ver mijito, no me busques, porque me encontrarás!
No, por supuesto que no, Kat ¿Cómo se te ocurre? Su rostro se
descompone, es de las pocas veces que lo veo de esa forma. Su mirada refleja
un cansancio, pero no físico, sino un cansancio más profundo.
Entonces, ¿Qué es lo que ocultas?
Yo no…
Me enciendo de nuevo.
Por favor, Alek; ya deja de darle vueltas al asunto le interrumpo.
Dime la verdad de una buena vez. Deja de ocultarme las cosas, se supone que
desde hace un buen rato estábamos juntos en esto, o al menos es lo que yo
pensaba. Ahora ni siquiera sé si todo lo que me has dicho es verdad, o
simplemente una tapadera para no revelar tu vida secreta. Después de todo, no
me dijiste que tenías un hermano gemelo.
Duda unos instantes. Parece tener una lucha entre hablar o seguir
callado. Cuando alza sus ojos vi determinación en su mirada. Supe que al fin
me iba a desvelar el secreto.
Está bien…acepta vacilante.
¿Está bien qué?
Te diré toda la verdad, pero no aquí. ¿Tú madre está en casa?
No, hoy tiene turno nocturno para faltar mañana.
De todos modos, vamos mejor a mi casa.
Casi se me sale un “¿qué?” de los labios, jamás he ido a su casa. Me
entusiasma la idea de ver una vivienda de un vampiro… « ¡No te dejes llevar
Katherine! Controla tus hormonas e impulsos y mantén el carácter, que así hay
más probabilidades que te cuente todo », me reprocho en mi fuero interno.
Él agarra mi mano, haciendo que me dé una descarga de emociones y me
guía hasta donde está el Porsche estacionado. Me abre la puerta de copiloto y
cierra de un portazo cuando ya me encuentro dentro. Alek no tarda en rodear
el coche y subirse para arrancar hacia la carretera. En vez de dirigirse a la
ciudad toma la ruta contraria, hacia quién sabe dónde. A medida que
avanzamos se logra ver mucho más el boscaje y campos abiertos, bañados de
la oscuridad de la noche y acompañados de la iluminación de la
resplandeciente sonrisa plateada de la luna.
Ahora no tengo la valentía de mirarlo, me limito a mirar por la ventana y
serenarme un poco. Más adelante percibo un sendero, Alek da vuelta allí.
Luego de unos minutos de recorrido alcanzo a ver el tejado de una casa…
¡Pero, guaau! ¡Es LA casa! Es pequeña y de dos pisos, perfecta. Hay muchas
paredes con paneles de cristales y las que no, son de una especie de adoquín
color de la caoba. Un corto sendero de pavimento lleva a unos escalones de
madero blanco y subiendo el pórtico en medio, está una hermosa puerta de
cristal con el marco de madera negra. Hacia un lado de la casa, la derecha, se
encuentra el camino de acceso hacia a un compuerta automática, que imagino
es donde guarda su lujoso coche. La vivienda está aislada de ojos curiosos por
pinos y árboles, además de la lejanía con la carretera; el suelo está cubierto
algunas hojas secas e ilumina el frente con bombillas en forma de campanas.
Alek ve mi cara de asombro e inclina un poco sus labios hacia arriba.
Rezo porque no tenga la boca abierta. Cielos, y yo dije que no me iba a dejar
llevar. Pero, por favor, es…esto es una casa de ensueño. ¿De dónde sacará la
fortuna para tener este tipo de lujos? Me aseguraré de que esa sea una de las
preguntas que me responda.

Bajamos del coche sin mediar palabra. Una brisa gélida me azota,
provocando que se me pongan los bellos de punta. No es que lleve la ropa
adecuada. Miro alrededor, aquí seguro no se acerca nadie.

Nos adentramos a la casa; tengo que hacer uso de mi fuerza de voluntad


para no soltar un grito de emoción y mantener mi expresión seria. Si la
fachada es preciosa, imagínense el interior. Dios, es fabuloso. El vestíbulo nos
lleva a una pequeña sala, al final se encuentra tres escalones que dirigen a un
pasillo de paredes forradas con tapiz grisáceo; tal pasillo se divide en dos
direcciones; hay algunos cuadros de pinturas con paisajes muy bonitos. En la
sala de estar el piso es de caoba. Cerca de las ventanas está la escalera que da
a la segunda planta; son con escalones ligeramente elevados unos de otros y
los barandales son de cristal negro. Una chimenea está a un lado de los
cristales, con un pequeño mueble marrón en frente. Un juego de tres sillones
negros acompañado con varios cojines blancos y negros a juego; y en frente
está un televisor pantalla plana como nuevo. Frente a los sofás, en el centro,
hay una mesita de té de madera oscura y debajo de ésta una pequeña alfombra
rectangular del mismo color. En la pared, arriba, hay un gran cuadro con el
paisaje de un atardecer.

Me voy directa al sofá luego de que Alek diga un “adelante”. No sé si


pueda soportar mantenerme en pie por más tiempo. La tensión palpa mi piel.

Kat, quiero pedirte un gran favor me mira. Asiento. Debes abrir tu
mente. Olvida todo lo que conoces de mí hasta ahora y escucha atentamente lo
que te voy a contar, pero sobre todo hace una pausa, mirándome
suplicante, no saques conclusiones precipitadas, prométemelo.

Me embarga una sensación de ternura cuando percibo el pánico que


siente por mi reacción.

Lo prometo afirmo sin rechistar.

Yo… su voz desaparece. Primera vez que lo veo de esta forma. Hoy
es una noche de revelaciones, tal parece. No vine a la ciudad para una nueva
oportunidad de vida.

Ok, esto comienza a tener mal aspecto.

Soy parte de una organización que se encarga de hacer cumplir las


reglas con los de mi especie continúa despacio. Soy como un caza
recompensas, me llaman para que haga pedidos que me hacen. Y a veces…me
deshago de ellos.

Me quedo sin respiración. Lo hace más a menudo, descabeza vampiros


por recompensas; o sea que la otra noche ¿Pudo haber sido uno de sus
trabajos, que posiblemente yo estuve allí por casualidad? No, no. No puede
ser. Él me dijo que encontró mi ubicación gracias al vínculo que hay entre
nosotros, y eso es cierto porque recuerdo haberlo visto justo antes de
desmayarme en la acera.

Entonces, viniste a la ciudad por un trabajo. No es una pregunta,


quiero estar segura de que eran esos tipos de los que habla.

Me mira a los ojos. Esa mirada oscura no me trae buen presagio. Ese
mar en sus ojos se vuelve turbio, como el océano en tormenta.

Sí. Afirma solemne.


Por un momento dejo salir todo el aire que he estado conteniendo en mis
pulmones, siento alivio. Pero eso desaparece de inmediato cuando pronuncia
una oración, una oración que cambia todo:

Tú eres el encargo.

Me quedo helada. Mis pulmones se contraen y me cuesta respirar. Mi


cerebro no reacciona, se ha apagado por completo. La manera en que lo dijo,
tan fría, el peso de sus palabras me cae encima como tres kilos de acero puro.
No lo puedo creer, simplemente no puedo. Después de todo…después de todo
esto ha sido una ¡Maldita tapadera!

Constantino me contrató para el trabajo. Agrega. Es lo que me


faltaba. Tenía que atraerte hacia mí, enamorarte me tapo la boca
conteniendo las lágrimas. Todo eso para que me fuera fácil llevarte con él.

Me derrumbo por completo. Todo este tiempo, pensando que él me


protegería, cuando resulta que me estaba enamorando de mi propio enemigo.
Ya no pude contenerlas, las lágrimas se desbordaron como cascadas. Algo en
mí se rompe, algo que no sé si curará algún día. Con las fuerzas que me
quedan me levanto tambaleante del sofá. No tiene caso huir, caí redondita en
su trampa, me metí en la boca del lobo ¡por idiota! ¡Idiota!

Kat…Espera, por favor. Escúchame.

Él se levanta del sillón e intenta agarrarme. Yo doy dos pasos hacia


atrás.

¡No! no te me acerques estoy dolida, empiezo a gritar como una


histérica con los ojos rojos. Yo confié en ti, Alek ¡Confié en ti, maldita sea!
Me limpio la nariz con el dorso de mi mano sin dejar de mirarlo. Todo
este tiempo pensé que sentías lo mismo que yo por ti, que querías estar a mi
lado, que me protegerías porque me amabas…el labio me tiembla por la ira,
el dolor, emociones combinadas. Miro al techo. Dios, ¡soy una estúpida!

No, Kate, te suplico que me escuches. Él se ve angustiado,


desesperado calmarme.

¿Qué? ¿Qué más me dirás? ¿Qué te divertiste haciendo todo esto? No


tienes que decírmelo.
Sus ojos demuestran cansancio, me suplica con su mirada. ¿Esto también
es parte de su actuación? ¡Lo mato!

Katia…el sonido suave de su voz me interrumpe. Prometiste no


sacar conclusiones precipitadas, también hiciste la promesa de mantener la
mente abierta. Déjame explicarte las cosas.

Me quedo en blanco. Mi respiración todavía es irregular y solo lo miro


sin poder articular palabra. Sus ojos vuelven a tornarse de ese azul como un
mar cristalino que siempre me ha traído paz, vuelvo a ver ese pedacito de cielo
en ellos y me sereno. Su expresión me suplica que lo escuche. No tengo más
remedio que hacerlo, después de todo, es una promesa…y una promesa se
cumple.

Yo vine a cumplir con mi trabajo, sí dice despacio. Quería


terminar de una vez con el cometido ya que si lo cumplía como me ordenaban
al fin podría quedar libre del contrato que hice con Constantino. De esa
manera, podría comenzar una nueva vida sin tener que estar debiéndole algo a
él me mira a los ojos, yo aparto la mirada instintivamente. Sin embargo,
cuando me crucé contigo la primera vez, cuando te miré a los ojos, no pude ni
siquiera pensar en lo que haría, simplemente no tuve el valor de seguir con el
trabajo.

¿Así? ¿Sin más?

Sus ojos encuentran los míos. Contengo la mirada con toda la fuerza de
voluntad que me queda. Él se queda en silencio, sin saber si responder o no.

Sí, pues algo en ti te diferencia de los demás humanos; sólo que no sé


qué es. Puede que el hecho de que no pudiera adivinar ninguno de tus
pensamientos, o el poder espiritual que percibí en ti, o la cadena de emociones
que me hiciste sentir, como un torbellino de sentimientos. El punto es que,
desde ese momento no tuve el valor de continuar con mi cometido.

Me ignoraste por completo y dejaste de asistir al instituto, supongo


algo tiene que ver. Y espero que sea así.

Estaba molesto conmigo mismo por no poder superar lo que siento,


mis emociones. Al principio me alejé para pensar bien las cosas, lo que iba y
no iba a hacer, y las consecuencias de cuál fuera mi elección me vuelve a
mirar. Elegí morir antes de hacerte daño.
Santo Dios de todos los cielos… ¿Por qué soy tan vulnerable? ¿Por qué
no puedo enojarme con él sin terminar amándolo de nuevo?

Luego de tomar la decisión no pude alejarme de ti. Sabía que si


cancelaba el trabajo con Constantino él mandaría a alguien más; y no iba a
permitir eso. De todos modos ya lo ha hecho. Por ese motivo me mantuve
cerca para vigilarte, pero seguí alejado para que no te fijaras en mí. Sonríe y
dice como si lo recordara perfectamente. Todo se fue a la mierda gracias al
trabajo de literatura. Ya no quise apartarme de tu lado.

Comprendo ahora sus cambios de humor, intentaba alejarme de él para


que no tuviera que decirme todo esto luego. Sin embargo, las emociones que
tanto estuvo guardando salieron a la luz

¿Fue cierto todo? ¿Sí te…? La voz se me corta.

Todo lo que he tenido contigo no puede ser más real. Al intentar


enamorarte de mí, yo fui el que cayó en mi propio juego suspira. Llegué
hasta el punto en que no me imaginaba una existencia sin ti, en que no
soportaba verte sin vida. Sus defensas terminaron por derrumbarse. Ese
día cuando ocurrió el accidente con el coche, creí que era demasiado tarde
cuando te di mi sangre. Oh, Kat, me dejaste hecho pedazos por un momento,
hasta que escuché el hermoso sonido de tu corazón lleno de vida.

«Aun no Kate, mantente firme un poco más; todavía no termina de


contarte todo», pienso antes de hacer mi siguiente pregunta:

Tu pasado…Las cosas que me has contado de él, ¿Son todas ciertas?

Sí. Replica, y sé que es sincero.

¿Por qué no me cuentas más?

El sofá cruje debajo de él cuando se levanta. Me da la espalda mientras


observa por la ventana, con la mirada perdida en la oscuridad. Mi corazón
retumba demasiado ruidoso en mi pecho cuando escucho sus pasos
aproximándose hacia mí. Siento el frío usual de su cuerpo cuando me rodea
con sus largos brazos por la espalda, estrechándome contra él, hasta dejarme
totalmente de piedra.
No necesitas saberlo todo susurra en mi oído con su aterciopelada
voz. Una corriente eléctrica me recorre al sentir sus labios en mi cuello. Por
favor, confía en mí. Y si no quieres estar más conmigo, si no quieres volverme
a ver, está bien; pero no te vayas sin antes saber si confías en mí.

Mis defensas se derrumban hasta hacerse añicos. Ya no existe enojo, ya


ni me acuerdo por qué discutimos. Me dejo llevar, por su aroma, por su
cercanía, por sus labios, por su voz. Estoy enajenada con él. Recuerdo su
mirada, su sonrisa, la primera vez que nos vimos. Desaparezco, me
desvanezco en él.

Confío en ti. Digo solemnemente.

Me giro lentamente aun en sus brazos y busco sus ojos con los míos. Los
encuentro. Me deleito con ese pedacito de cielo. Ahora más que nunca me
siento en calma, sin preocuparme por nada más que mirar ese mar de aguas
cristalinas.

Y ¿qué dices? ¿Qué me aleje de ti? ya estoy más relajada. Alek
Maslov, usted ha llegado a mi vida arrasando con todo y ahora ¿Esperas que
de deje así? No te voy a dar el gusto de deshacerte de mí fácilmente.

Alek sonríe aliviado. Ríe y me besa.

Rodeo mis brazos por su cuello y lo beso, lo beso, lo beso. Nuestras


lenguas se entrelazan. Lo que fue un beso inocente, se ha vuelto uno salvaje y
excitante. Alek toma mis caderas con sus manos y sin darme cuenta ya estoy
en su regazo. Enreda sus dedos en mi cabello y me abraza fuerte contra sí. Mis
manos recorren su pecho, bajando lentamente hasta el final de su camisa.
Introduzco mis manos dentro de la tela y siento su duro y helado abdomen
bien definido. Alek baja sus manos hasta mis muslos y me acomoda en una
postura más cómoda, sin dejar de estar sobre su regazo.

Millones de descargas eléctricas con cada toque invaden cada parte de


mi organismo. Sus labios son suaves y, definitivamente sabrosos; su agarre
fuerte y protector. Jamás creí sentir algo parecido, pero todo cambia cuando se
trata de Alek.

Alek de repente se pone tenso y separa sus labios de los míos. Me


acaricia la mejilla con su mano y esta vez planta un beso en mi coronilla.
Junta su frente con la mía y ambos hacemos un esfuerzo por recuperar la
compostura.

Te amo. Dice solemne. Palabras solemnes, paralizan a cualquiera.


Eres lo mejor que me ha pasado, Kate.

Conmovida por sus palabras, unas lágrimas asoman por mis ojos. Él las
limpia con su dedo, con mucha ternura. ¡Cielos! ¡Odio la gente chillona!

Yo también te amo. Lo beso de nuevo antes de que pueda reaccionar
a mis palabras.

Es la primera persona a quien digo que lo amo después de mi madre;


pero este sentimiento es mucho más fuerte. No me basta solo decir que lo
quiero. Quiero pasar toda mi vida con él, toda la eternidad juntos…Me
sorprendo un poco de mis palabras; ya estoy hablando de eternidad cuando
acabamos de tener una riña. Pero, ¿saben qué? A la mierda, no encontraré a
nadie más como Alek, y no pienso buscar tampoco. Lo amo. Sí. Lo amo como
nunca he amado a nadie. Separa nuevamente nuestros labios. Veo duda en sus
ojos. «Por favor no me digas que te arrepientes y me llevarás a rastras con el
vampiro», suplico mentalmente.

¿Quieres ver una película?

Aquello me deja ida por un instante.

Me echo hacia atrás e intento sonreír con ganas.

Sí. Me bajo de su regazo, acomodándome muy bien sobre el sofá.


Ok, creo que casi nos dejamos llevar demasiado.

Iré por palomitas. Tú elige una de las que están en la mesita. Dice
mientras se levanta del sillón.

Ok.

Echo un vistazo a la selección de películas en CD intentando recuperar


el aliento. Echo una ojeada a las caratulas de cada una. Abro los ojos como
platos al ver la trilogía completa de Cincuenta sombras de Grey.

¡No! Definitivamente esa queda descartada.


17.-Posibilidad

Cuando era niña mi madre me compró una cama nueva; de esas con dibujos
de arcoíris que adora una pequeña de seis años. Amaba esa cama, era tan
pequeña, acorde a mi diminuta estatura. Me gustaba mucho, sobre todo por el
colchón. Esa cosa parecía una nube esponjosa, me hundía en él cuando me
lanzaba boca arriba. Siempre imaginaba que era una nube, que las almohadas
eran las pequeñas, y que brincaba en el cielo junto al arcoíris.
Esta situación es muy similar, mi cabeza se hunde en una de las
pequeñas nubes llenas de plumas. Es tan cómodo, cálido; no me quiero
separar de él. Abro los ojos lentamente sintiendo el resplandor de la mañana.
Esta sensación es muy placentera. Despertar en una nube de cama…

Espera un momento…

Tanteo la cama con ambas manos. Yo no tengo sábanas de satén, ni


siquiera una cama tan grande. Y ese resplandor…miro en la dirección que
proviene la claridad, observo una espectacular mini-terraza a través de los
ventanales. Mis ojos se abren como platos, se me cae el alma a los pies.
¡Mierda! ¿Dónde estoy? ¡Aah! ¡Mi madre me matará si se entera que dormí
fuera de casa! Oh, Dios mío.

Salto fuera de la cama casi barrajándome. Sí, es cierto; ya recuerdo. Me


quedé en casa de Alek después de la fiesta. No fue un sueño. Aun así, tengo
que apresurarme a llegar a casa, creo que me ganaré una cadena perpetua si no
llego antes que Clarice.

Busco mis zapatos junto a la cama. Umm, la habitación es muy bonita,


me encantan los tapices de pared… ¡Katherine, concéntrate! Salto en un pie
mientras intento colocarme una de las converse. En el momento exacto en que
consigo ponerme el puñetero zapato, en el que me caigo de culo al suelo,
aparece Alek en la entrada de la habitación.

¿Tan rápido me dejas? Dice burlón. Hoy parece más radiante de lo


habitual. Se ha cambiado la ropa de anoche por una camisa abotonada de color
azul marino y unos pantalones negros, junto con unos zapatos Derby también
negros.

Ofrece caballerosamente su mano para ayudar a levantarme. El glúteo


me palpita. Me contengo a sobármelo. Si no sana hoy, sanará mañana. Para
no estar tan incómoda me siento en el borde de la cama.

¿Sabes? Me sorprendió un poco no despertar en mi habitación. Digo


con ironía.

Me lo imagino.
No puede ser, ni siquiera recuerdo cómo llegué a esta suave…y
acogedora cama y agrego en modo confidente: Si te soy sincera, me
encanta.

Se ríe entre dientes.

La noche anterior fue agotadora para ti, te quedaste dormida en el sofá.
Te vi tan cansada que no quise despertarte; así que te traje aquí para que
pudieras dormir cómoda.

Y lo hice.

Mi madre me castigará hasta que tenga canas. Continúo con pesar.
Debe de estar histérica de preocupación.

O quizá ya haya llamado al FBI.

No te preocupes. Ya me he encargado de ello lo miro. Convencí a


Cloe para que te cubra por esta vez. Le dije que te habías quedado dormida
mientras veías películas en mi casa, y que no tuve el valor para despertarte.

¿En serio aceptó? Estoy segura de que mi cara es todo un poema.

Él asiente.

De hecho, fue muy sencillo.

Pongo los ojos en blanco.

Seguro cuando me vea querrá sonsacarme con sus preguntas. Me


estrujo los ojos.

Alek se agacha frente a mí y toma mi mano con las suyas, depositando


un beso en los nudillos. Hablo en serio, hoy se ve más radiante de lo que es.
Recuerdo cómo era al principio, su total frialdad y distancia que ponía entre
nosotros. ¿Todo aquello para que no descubriera lo que es? Pues sí, una
estupidez que me dan ganas de reprocharle. Sus ojos encuentran los míos. Mi
pedacito de cielo.

Me encantó tenerte aquí anoche confiesa. Disfruté mucho verte


dormir en mi cama y adoro tenerte aquí ahora.
Me sonrojo. Quiero decirle que dormí como reina, pero no quiero
seguirle el juego. Esto está mal, ya debería irme. Sin embargo, su cercanía me
marea; su aroma es una anestesia sublime. Nuevamente me sorprendo a mí
misma jalando la camisa de Alek, acercándolo demasiado. Su respiración hace
cosquillas en mis mejillas.

Entonces, pongo alto.

Él me lanza una mirada confusa, obviamente no se lo esperaba. Por poco


se me olvida que soy humana. La boca debe apestarme, por no hablar de mi
cabello, que seguro parece como si un ciclón hubiera pasado por allí.
Automáticamente me llevo una mano a la boca.

¿El baño?

Sonríe.

Justo en aquella esquina.

¿Me das unos minutitos?

Claro. Replica dejándome salir.

Me escabullo de sus brazos y voy rápido al baño. Qué horror,


seguramente él aguantando mi bocota de monstruo.

Kat, te estaré esperando en la cocina. Dice junto a la puerta cerrada.

Está bien.

Respiro profundamente viéndome en el espejo. No puede creer que me


encuentre en casa de Alek, que haya dormido allí, en su cama. Respiro
profundamente. Me olvidaré de mi madre por unos minutos; es posible que
ella ni siquiera haya regresado del trabajo todavía. Quizá tengo tiempo de
sobra antes de que se aparezca por allá. Reviso los alrededores buscando pasta
dental.

¿Los vampiros se cepillan los dientes?

Consigo mi respuesta. Sí, efectivamente los vampiros también deben


cepillarse los colmillos; tres veces al día después de cada chupada…Ok, el
sarcasmo no me queda bien en este momento. Como no encuentro un cepillo
de dientes improviso agarrando pasta en un dedo y hago de mi dedo un cepillo
ciertamente original. Me enjuago unas tres veces y echo agua en mi cara,
quitándome todo el pegoste que tengo. Consigo una toalla limpia y doblada en
un armario y me seco bien.

Observo el cuarto de baño. Es lo que esperaba en esta casa y mejor. Un


retrete, lavabo de porcelana, un pequeño armario junto a la puerta, una ducha
trasparente y una tina. Me quedo anonadada viendo todo. El armario arriba del
lavabo tiene más productos de aseo de los que jamás tuve. Varios envases de
shampoo de muy buena marca, acondicionadores para elegir, varios tipos de
jabones ordenados y apilados por color de caja uno encima del otro; la
mayoría de las cosas son para el exterior, si se puede decir así. De todos
modos no creo que necesite todo esto, los objetos parecen estar como nuevos.

Dejo de chismosear y dejo el baño. No encontré nada para peinarme (lo


que es muy raro) así que solo me recogí la melena con una goma rosa que
tenía en la muñeca. Salgo de la habitación siguiendo un pasillo estrecho. Más
adelante escucho sonidos, seguramente provienen de la cocina. Huelo algo,
algo que hace gruñir a mi estómago. Sigo el olor como un sabueso hasta
encontrar el lugar. Sonrío al ver a mi ruso sirviendo algo en un plato. Solo le
falta un delantal; se ve tan guapo de cocinero. Me da risa.

La sonrisa se me borra del rostro de sopetón. No somos los únicos en la


casa esta mañana. Adrik está sentado en uno de los taburetes frente a la mesa
tipo bar. Como la noche anterior, la piel se me pone de gallina. No creo que
haya notado mi presencia, los dos están distraídos en lo que hacen. Él tiene un
teléfono en mano…Pero ¡Madre mía, qué teléfono!

¿Ya estás lista? Doy un brinco al ver a Alek frente a mí. ¿Cuándo
carajos llegó?

Por favor, no hagas eso.

Él sonríe.

Te serví algo de desayunar. Sé que no cenaste anoche, debes de tener


mucha hambre.

Me guía hasta el mesón hasta sentarme en uno de los taburetes. Veo a


Adrik de reojo, él ni se voltea. Creo que es mejor así; ya suficiente es
inquietarme con su presencia como para tener que verlo a los ojos.
Tú madre no saldrá del trabajo hasta las diez, así que tienes tiempo
para recuperar fuerzas.

Alek llama de nuevo mi atención cuando sirve frente a mí el desayuno.


Huevos revueltos con unas rebanadas de tostadas francesas y lonjas de tocino.
Ni siquiera se me pasa por la mente por qué sabe el horario de mi madre.
También para beber un batido de frutas. Todo muy apetecible. El estómago
gruñe nuevamente, impaciente para que lo alimenten.

Debió de sonar duro, porque ambos chicos dirigieron miradas hacia mí.
Alek sonriente y Adrik, bueno, ni siquiera puedo describir su expresión. Yo
me sonrojo a punto de pedir disculpas. Tomo los cubiertos y comienzo a
degustar.

Debes saber que yo no estoy muy acostumbrado a los alimentos


humanos dice Alek viendo como me saboreo su platillo. Espero esté bien.

Mmm. Es mi respuesta.

Sonríe.

Adrik ayudó un poco.

No me metas. Contesta Adrik TAN sutil.

Fue de compras. Culmina sin importar la mirada asesina de su


gemelo.

El chico gruñe.

Giro lentamente hacia él. No me dirige la mirada, pero sé que me está


viendo. No puedo creer que haya ido a comprarme cosas, a mí. ¿No dejaré de
sorprenderme con este chico?

Gracias. Digo. Me vuelvo hacia Alek. A ambos.

No te iba a dejar sin comer nada, créeme. Replica sonriente.


Aunque tuviera que forzarte a ingerir.

Río.

Adrik bufa y se levanta de su asiento.


Yo ya me voy, no pienso tolerar tus estupideces, Alek Se coloca las
gafas oscuras. Recuerda pensar en la posibilidad de salir de la ciudad.

¡Alto ahí! ¡Párame el carro!

Alek le lanza una mirada envenenada a su hermano.

¿Salir de la ciudad? ¿De qué habla? Inquiero viendo a Alek.

Él cierra los ojos pellizcándose el puente de la nariz con la mano.

Tenemos que estar preparados para salir de Corvallis si es necesario


Mira a Adrik. Aun está en discusión.

¿Pensabas decírmelo? Aun está en discusión, ¿y qué? ¿mi opinión no


cuenta?

Adrik sonríe.

Problemas en el paraíso. Yo ya me largo.

Tú, espérate ahí. Lo llamo sin pensar. Aguanto la mirada ante sus
ojos oscuros. ¿Por qué no me dijeron sobre esto? ¿No tendrán algún otro
detalle que deba saber?

Adrik da unos pasos adelante.

Escucha, nena resalta la última palabra. Si quieres vivir, ya que es


el dulce sueño de mi hermano, es mejor que no causes más problemas de los
que ya provocaste.

Lo miro ceñuda. Ok, no le caigo ni un pelo de bien, tampoco él a mí,


pero, ya hombre, no tiene que lanzarme esas directas.

En realidad se interpone Alek, lo que quiere decir es que no


podemos esperar a que lleguen a nosotros para llevarte a un lugar seguro. Se
nos hace extraño que aun no hayan encontrado el lugar en donde vives. Es
arriesgado esperar a que eso sea un golpe de suerte.

Tiene razón. Pudieron atacar mi casa sin ningún problema, raptarme sin
el mínimo de problema. Sin embargo, el hecho de abandonar la ciudad no me
convence para nada.
En cualquier caso, corren el riesgo de que los encuentren en algún
momento Opina Adrik viendo su teléfono. No parece importarle en absoluto
el asunto ¿Por qué será que no me sorprende?. Quizá ahora mismo ya estén
trazando un plan, un atentado. Tienes que sacar a la niña de una vez.

Oye, esta niña tiene su nombre reclamo. ¿Y es que acaso no se


puede buscar otra solución? Otra que no signifique dejar mi hogar.

No solo mi hogar. Mi madre, mis amigos; tendría que alejarme de ellos


hasta quien sabe cuánto tiempo. A Clarice le dará algo si desaparezco así. No,
definitivamente hay que pensar en otro plan. Puede que esté pensando
estúpidamente, pero no quiero dejar la ciudad, tan claro como eso.

En estos momentos no la hay, dulzura. Sentencia Adrik.

Entonces lo comprendo. Entiendo por qué me siento tan extraña junto a


Adrik, por qué tuve aquel dèjá vu cuando lo vi la noche anterior. Es él, el
mismo motociclista que estaba en el estacionamiento del supermercado y
quien ofreció llevarme. El chico nota mi expresión y la comisura de sus labios
se inclinan ligeramente hacia arriba. Adrik es el imbécil ese. ¿Por qué qué
hizo semejante cosa? ¿Acaso quería asustarme? Pues bien, lo logró.

Como ya sé que no me hará caso, y aparte no confío ni poco en él. Veo a


mi ruso, suplicando con la mirada.

Podemos esperar unos días más, al menos hasta que encuentre donde
llevar a Kate. Un sitio que nadie conozca y sea difícil de hallar obviamente.
Tengo que recurrir a unos cuantos contactos.

Adrik se encoge de hombros.

Has lo que te plazca suspira con aburrimiento. Bueno, yo me tengo


que ir ahora. Tengo también una vida emocionante. Qué tengan suerte para
escapar de Constantino.

Adrik sale de la cocina, no antes de lanzarme una mirada, resonando la


suela de sus botas de cuero en el piso de madera. El sonido de la puerta al
cerrar y el rugido de un fuerte motor de motocicleta es lo último que
escuchamos de él.

Dime que no hablan en serio.


Alek se acerca a mí.

Por ahora es la mejor opción. Lo principal


para mí es que estés a salvo, no importa cuál sea el
costo.

¿Sin importar que te odie para siempre?


Aventuro.

Incluso eso. Me acaricia los brazos con


sus heladas manos, lleva su rostro a mi cabeza y suspira en mi pelo.

Y con todo esto, ¿Él qué hacía aquí?

Adrik vive aquí.

Oh. Genial.

Sonríe ante mi mueca de disgusto.

18.-Plática

Después de terminar el desayuno Alek me lleva a casa. Aun pienso en lo


discutido esta mañana. Ni siquiera me imagino estar lejos de mi madre y de
todo lo que conozco. ¿Cuándo mi vida cambió tanto? Hace solo un mes yo
solía ser una adolescente común y corriente, sin otra preocupación que sacar
buenas notas en la escuela. Solía llevar una vida normal, una no tan
emocionante pero me bastaba; salía de compras con Cloe y Sam, escuchaba
música mientras dibujaba, iba a la escuela y regresaba a casa sin miedo a que
algún chupasangres me atacara en la noche. Todo ha cambiado en pocos días,
tan pocos. La idea de tener nuevamente una vida normal parece lejana.

¿Qué tienes, Kat? Estás callada.

Volteo para verlo.

¿Yo? No, yo no tengo nada. Solo pienso mientras miro por la ventana.

Hummm-hum. Sabes que no dejaré que te pase nada. Confías en mí


¿verdad?
Me le quedo viendo.

Por supuesto. Es…solo pienso en la idea de dejar la ciudad. Si resulta


que tenemos que irnos, si no hay otra opción, no sé qué voy a hacer con mi
madre; si se lo diré, si le dejaré una nota, si solo me iré sin decir nada. Tan
solo pensar en lo que sentirá cuando me vaya…no sé, es difícil. Soy lo único
que le queda.

Alek se queda en silencio, esperando a que continúe hablando.

Mi padre, murió cuando tenía cinco años. Mamá no habla mucho sobre
eso, no necesito ser una psíquica para saber que es duro para ella. Yo no lo
recuerdo muy bien, pero como a mi madre, también me hace mucha falta.

Lo siento. Musita agarrando mi mano. Sé que es difícil alejarte de


tu madre, no quieres dejarle sola, lo entiendo. Aunque algo sí te digo: será más
fácil protegerla si la alejas del peligro, o alejas el peligro de ella.

Medito lo dicho. Por más que quiera negarlo él tiene razón; debo pensar
primero en la seguridad de mis seres queridos. Si sigo mi deseo de quedarme
junto a Clarice, con mis amigos, estoy siendo egoísta con sus vidas. Si me
aparto de ellos, arrastrando a los que me asechan puedo mantenerlos a salvo a
pesar que me odien por abandonarlos.

Tienes razón musito. Debo protegerla.

Por ahora estate tranquila, nosotros nos encargaremos de lo demás.

Claro, ¿y yo? Tratar de pasar más tiempo con mi madre y amigos,


porque está más que seguro de que salir de la ciudad es un hecho. Está bien,
he aceptado eso, con tal de tenerlo a él, creo que es más que suficiente para
aguantar lo que vendrá. Si vivir huyendo es mi destino pues que así sea, pero
que Alek esté a mi lado siempre.

Llegamos al vecindario demasiado rápido; cuando menos me doy


cuenta, ya estaciona frente a mi casa. Nos mantenemos inmóviles por unos
segundos, siento un gran nudo en el estómago con tan solo ver mi hogar. En el
porche hay una mecedora de madera, es un lugar con muchos recuerdos
bonitos. Mamá me contó una vez que mi padre y yo nos sentábamos allí a
charlar de cualquier cosa. No recuerdo muy bien esos momentos, pues tenía
cinco años. Otras memorias me llevan a los años en que estaba en la escuela
primaria. Cloe y yo nos sentábamos en esa mecedora, ella me contaba las
locuras de su familia y también les echábamos ojo a los vecinos de enfrente,
que sin vergüenza salían al frente de su casa sin camisa. Cloe parecía que se le
iba la baba. Esos hermanos eran diez años mayor que nosotras.

¿Estás bien?

Salgo de mis pensamientos y veo a Alek mirándome con preocupación.

Sí, sí. Mi mamá llegará en media hora, tengo que irme..

Estiro el brazo para abrir la puerta pero una mano helada me detiene. Sus
ojos buscan los míos, intento evitarlos, no lo logro. ¡Ay, ya me agarró! El mar
de sus ojos está algo inquieto, su preocupación es evidente. Le digo que estoy
bien con la mirada y luego abro la puerta para salir del coche. Me apresuro a
dar la vuelta frente al auto y camino hacia la casa. Suspiro cuando lo siento
detrás de mí. Es obvio que no se traga mis palabras. Llegamos hasta la puerta
y Alek agarra una de mis manos, acercándosela a sus labios para besar mis
nudillos sin dejar de mirarme a los ojos. No puedo evitar temblar con su
toque.

Corto la distancia que hay entre nosotros y apoyo mi cabeza de su pecho,


inhalando su aroma. Cierro los ojos impidiendo que unas lagrimillas se
escapen de mis ojos. ¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy tan sensible? Yo no soy
así. Obliga a que lo mire subiéndome la barbilla con su dedo. Limpia una de
las condenadas lágrimas y me besa. Yo le correspondo con ternura. Quiero
sentir el sabor de sus labios lentamente, degustarlos despacio y con calma.

Algo nos llama la atención desde el otro lado de la calle. Mis vecinas se
paran justo en frente de la casa, viendo hacia acá sin disimular. Agacho la
cabeza ocultando mis mejillas sonrojadas. ¡Qué metiches!

¡Cotillas! Susurro para que solo Alek me escuche.

Se ríe entre dientes.

Me iré antes de que les demos más gusto de chismosear dice en un
tono confidente que me da risa. Pero ya sabes que no me alejaré mucho ¿ok?

Sí, lo sé le doy un empujoncito. Vete antes de que me arrepienta.


Me besa nuevamente, durando así unos segundos que parecen eternos.

Creo que ya cambié de opinión, por tu culpa. Mascullo.

Nos vemos luego. Alega riendo, dándome un último beso pero en la


coronilla. Se aleja de mí caminando hasta su coche. Mis vecinas las chismosas
se inclinan un poco para ver a mi ruso montarse en su vehículo y acelerando
hasta desaparecer.

Me apresuro a entrar en la casa en un periquete, antes de que las tres


mujeres se me acerquen para sonsacarme cualquier cosa. Cierro la puerta con
la cadera y tiro mi bolso en el sofá. Hago un baile de victoria improvisado,
recordando en donde estuve anoche, cómo y con quién la pasé anoche. La
discusión que tuvimos ayer me hizo saber los verdaderos sentimientos de Alek
hacia mí. Me ama. Me ama. Y yo a él. Al menos hay ratos agradables en
medio de este conflicto.

Minutos después de darme una ducha caliente que tanto necesitaba salgo
de la habitación en piyama y con mis pies limpios y descalzos. Teléfono está
muerto, así que uso el de la cocina para marcar el número de mi madre. No he
sabido nada de ella desde anoche, y ella no ha sabido nada de mí más que la
no tan mentirilla que le dijo Cloe. Enseguida me sale la contestadora. Quizá
todavía esté demasiado atestada de trabajo. Sin embargo, marco esta vez el
número de recepción, donde Lori, una amiga de mi madre, trabaja. Siempre le
he llamado a ella cuando no puedo comunicarme con mi madre. Además,
cuando era niña, a veces me cuidaba cuando mamá se llenaba de trabajo, Lori
me regalaba de esos caramelos masticables con sabor a frutas que tanto me
gustaban; me decía que era nuestro secreto, ya que mi madre no me permitía
comer muchos dulces.

Al tercer tono me contesta.

Hola, Lori, soy Kate le saludo. Te llamo para preguntarte sobre mi
madre, ¿está por allí?

Clarice todavía tiene mucho trabajo, cariño. Si te soy sincera, no creo


que salga a la hora indicada, quizá un poco más tarde.

Oh, ok. Gracias por decirme suspiro. En fin, en cuanto la veas,


¿podrías decirle que llamé?
Por supuesto, cielo.

Adiós, Lori.

Hasta luego, linda. Y cuelga con un “clip”.

Bueno, creo que pasaré media hora más sin mi madre. Genial.

Al momento en que dejo el teléfono en su sitio escucho unos golpes en


la puerta. Me detengo en seco agudizando el oído. Asomo la cabeza por el
umbral de la cocina y miro una sombra detrás de la puerta de entrada. Los
toques se vuelven cada vez más desesperados y yo me inquieto. Con toda la
valentía del mundo, con cautela y con los pies descalzos, recorro el espacio
que da hacia la entrada. El corazón me late como loco. Entreabro las cortinas
y echo un vistazo al exterior.

Suelto un gran suspiro, tal vez exagerado. Cloe está frente a la puerta
tocando como una loca. Claro, los vampiros no tocan a tu puerta, o al menos
lo digo por experiencia. Alek las veces en que me visitó entraba por la
ventana. Mi amiga me ve y hace una seña para que abra de inmediato.

Apenas abro y ella ya entra como un torbellino directo a la sala de estar.


Quiero reclamarle que me fuera avisado antes de que iba a venir, pero me
limito a seguirla bien callada, sé que en cualquier momento va a explotar, lo
veo en su rostro. Camina de un lado a como una fiera encerrada, murmurando
algo para sí misma que no logro oír.

Se detiene frente a mí haciéndome sobresaltar y con un dedo acusador


me señala entornando los ojos.

¡Tú! Exclama pareciendo más a un gruñido. Tú y yo tenemos


muchas cosas de qué hablar. Empezando por lo que pasó anoche. Alek me
llamó desde tu teléfono y sin saber nada le suelto que si ya habías cogido a la
presa, pensando que eras tú, mujeerr su dramatismo me hace reír; tengo que
taparme la boca disimuladamente para que no lo note. Entonces, el candente
ruso me pidió que si podía cubrirte por esa vez. Me contó que estabas muy
exhausta y no quiso despertarte cuando ve que me le escapo me sigue hacia
la cocina. Por supuesto, obviamente, acepté; pero en seguida me dije a mí
misma que me las vería contigo luego. Ahora, tienes que contarme todo todito,
bien sabes que me lo debes.
Saco una jarra de leche del refrigerador y sirvo dos vasos llenos.

Ok. Acepto agarrando un paquete de Oreos de la despensa y


poniéndolas galletas en la misma bandeja junto a los vasos.

Ella abre los ojos como platos.

¿En serio? Pregunta. ¿No te vas a inventar una de esas malas


excusas tuyas?

No. Replico metiéndome una Oreo a la boca. Regreso a la sala con


ella pisándome los talones. Ambas nos acomodamos en el sofá más grande y
comenzamos a comernos la merienda.

Cloe emocionada no deja de moverse en su sitio.

Bien, la primera pregunta: ¿En serio estuviste en su casa? Ah, ¿Cómo


es? ¿Una mansión? ¿Casa de campo? ¿Tipo Hollywood? ¿Tiene tremenda
alberca? Dime que la tiene Abre los ojos aun más, con cierto exceso de
potencia. ¿Se acostaron?

Me atraganto con la leche. Toso varias veces, ella intenta golpear un


poco mi espalda.

¡¿Qué?! Por supuesto que no nos acostamos. Dios. ¿Te volviste loca?
Suspiro aun ahogadaAlek no es de esos chicos.

Uhmm. Asiente sin creer ni una de mis palabras.

Levanto las manos al aire y abro los ojos teatralmente.

¡Cloe, Aun soy virgen!

No se necesita tanto contacto para tener placer. Alega mientras da


una mordida a la Óreo.

Le doy un empujón.

¿Cómo es que sabes esas cosas? ¡Por favor! Harás que me indigeste.
Ya no hables de eso, en serio.

Cloe se ríe.
Ok, si no hubo sexo ¿Qué hicieron?

Me detengo un segundo para pensar en lo que diré. Por poco y suelto


todo sobre los vampiros, tampoco quiero hablar sobre la discusión, por
supuesto mucho menos del motivo. Tengo que tener cuidado.

Alek me propuso ir a su casa luego de ver mi cara de fastidiada,


ninguno de los dos somos muy de fiestas eso era algo más o menos cierto.
Ambos llegamos a una hermosa casa más allá del prado. Alek propuso ver una
película, y supongo que irremediablemente me quedé dormida.

Cloe toma otra Oreo, casi me deja sin nada. Toma un sorbo de leche
luego de morder la galleta.

Quiero detalles. ¿Hubo mucho acercamiento? ¿Caricias inocentes y


atrevidas? Cuéntame más.

Las mejillas me arden. ¿Caricias atrevidas? ¿Es que acaso no me


escuchó cuando dije que Alek no es de esos chicos? Bueno, puede que hubiera
alguna que otro roce cariñoso, y unos cuantos besos mientras nos
abrazábamos… ¡¿Qué les puedo decir?! Imposible evitarlo.

Mi amiga da un salto de emoción en el sofá, riéndose de mi rubor


repentino.

Sí hubo caricias prohibidas, eso definitivo. ¡Qué tremenda, Katherine


Harper!

Le doy un empujón.

De verdad, vas a hacer que te eche la leche encima.

Aunque, todavía no entiendo cómo es que repentinamente eres tan


íntima del ruso dice Cloe pensativa. Hace poco ni se hablaban, y ahora,
mírense, hasta novios son.

No lo sé. Quizá simplemente es lo que se llama amor a primera vista.


Todo fluye y ya.

Oh, por Dios, ¡qué cursi te has vuelto! ¿Qué hiciste con mi amiga,
bicho raro?
¡Oye! Esta vez le lanzo un cojín del sofá.

Ella no parece fiarse de lo que digo, yo tampoco me lo creería si


estuviese en su lugar. No obstante Cloe no conoce la verdad. A decir verdad,
mi relación nueva con Alek pondría en duda a cualquiera, en todo caso,
apenas nos conocemos. Sin embargo, nadie sentirá jamás lo que yo siento
cuando estoy cerca de él. Estos sentimientos por Alek que parecen haber sido
eternos. Aun no entiendo eso del todo, pero ese sentimiento de conocerlo
mucho antes de vernos por primera vez es algo tan confuso como fascinante.

Ella se ríe y se levanta las manos al cielo como una loca, parándose
sobre el sofá, mirando al techo.

El milagro que por obra y gracia de un bombón nórdico, que dicho sea
de paso está buenísimo, ha sucedido al fin. ¡Aleluya, hermana!

Agarro el cojín del sillón y se lo lanzo, haciéndola caer sentada


nuevamente. Me lo devuelve ágilmente, tonándome desprevenida. En ese
momento se arma una guerra de almohadas que nos deja exhaustas tiradas
cada una en un sofá una frente a la otra.

Ahora que parece haberse olvidado un poco de la historia pienso que es


el momento perfecto para cambiar de tema definitivamente.

Y tú, ¿Qué pasó con eso de que se irían a España de nuevo?


Recuerdo que Cloe me había comentado algo sobre un posible viaje, pero
estuve tan distraída con lo que ha pasado que no le presté mucha atención, se
me ha olvidado tener una vida normal en realidad.

Oh, sí. Mi madre es la que quiere llevarnos esta vez. su mirada de
pronto se enrístrese.

Me acerco a ella y tomo asiento a su lado. Es muy extraño ver a Cloe de


este modo, ella la mayoría del tiempo irradia tanta buena energía que hasta es
contagiosa. Suele ser animada y con la hábito de estar dando brincos en
cualquier momento, además de ser más parlanchina que Martha habla. Esta
vez es distinto, se ve más encogida y no tengo que decir que su rostro me
muestra lo afligida que se encuentra. Parecía una niña pequeña sufriendo en la
solitaria oscuridad. Se me parte el corazón al verla así.

Guardo silencio, esperando a que suelte todo lo que esté dispuesto.


Anoche empieza, escuché nuevamente que mis padres discutían.
No logré oír nada, y ni siquiera quería de todos modos me mira. Oh,
Kate…creo que no hay nada de familiar en este viaje. Mi madre simplemente
nos dijo que nos iríamos a España, mientras que mi padre ni pío dijo. La
verdad creo que puede que se divorcien.

No digo nada, solo me limito a hacer lo que creo que necesita ahora. La
abrazo. No es algo que pueda solucionar el asunto de sus padres, pero sé que
un abrazo es mejor que las palabras, sobre todo en estos momentos.

Tal y como esperaba se derrumban sus defensas. La niña se desmorona y


llora sobre mi hombro.

Me da miedo que no vuelva aquí dice entre sollozos. Me da miedo


que nada vuelva a ser lo que era, Kate. Siento que nada será lo mismo, siento
que…de ahora en adelante no pueda ni mirarlos a ambos a los ojos.

No digas eso me separo de ella un poco para mirarla a los ojos. no
te adelantes a sacar conclusiones; puede que todo haya sido un malentendido.
Quizá solo tuvieron una discusión y se arreglaran de en cualquier momento
limpio con suavidad las lágrimas de sus mejillas. No te preocupes, tú solo
dales un tiempo para que las cosas se aplaquen un poco, espera y tal vez te
sorprendas cuando veas de nuevo a tus padres amándose como lo han hecho
por años. Ya veras, será como eso de vivieron felices y comieron perdices.

Logro sacarle una sonrisa aunque sea un encorvamiento de labios.

¿En serio crees toda esa estupidez que dices?

Sonrío.

Sí, claro. Ya veras, que cuando estén en España tu padre se aparecerá


buscando a tu madre para rogarle de rodillas que regresen a su lado, porque
sin ella y sus hijos no puede vivir.

Se ríe.

Vaya, que telenovela la tuya. Espero que así sea, porque lo jalo del
pescuezo si no lo hace se limpia las lágrimas restantes. Ahora por piedad
déjame ir al baño. No pienso salir de este modo a la calle. Parezco la chica
poseída que vimos en la película de la otra vez, ¿Te acuerdas? Ah, no importa,
solo déjame retocarme.

Se levanta del sofá y corre escaleras arriba. Yo me quedo allí sentada


mirando las migajas de galleta de chocolate que quedaron en la bandeja.
¡Híjole! Cuando me propongo ser alguien con porte serio y con firmeza en sus
palabras, me dejo sorprendida a mí misma. Supongo que las situaciones
también ayudan mucho.

Cuando vuelve a aparecer se sienta nuevamente a mi lado y comenzamos


a hablar sobre el tema de su relación con Justin. A partir de ese momento su
humor cambia y vuelve a ser la Cloe alegre que conozco. Me habla sobre lo
bien que le está yendo con el canadiense, le ha contado lo que sucede con sus
padres y el chico, sin sorprenderme, la apoya y la anima. Mi amiga no deja de
hablarme de lo perfecto que es él para ella, lo mejor que le ha pasado en
cuando relaciones con chicos. Siempre supe que Justin es diferente, no tengo
que explicarlo demasiado; por primera vez en todas las relaciones que ha
tenido Cloe, es el primero que ha durado más de una semana con ella, para
empezar, además es un gran chico, alguien amable y con buenas intenciones.
Nadie se había interesado en ella hasta el punto en el que él ha llegado. Me
alegra saber que tiene a alguien más con quien hablar de sus problemas,
alguien con quien hablar si no soy yo la indicada para escuchar.

Se hacen las siete de la noche, llevando una hora de que Cloe se ha


marchado a su casa. Estoy sentada en la cama tratando de dibujar en mi libreta
mientras escucho una canción de la banda Viniloversus. A pesar de mis
intentos de olvidarme un poco de los problemas, no consigo sacarme de la
cabeza el nombre de Constantino. ¿Por qué alguien como él me quiere a mí?
es la pregunta me he estado haciendo desde que sé la verdad, y ahora no puede
dejar de resonarme en la mente. No he sabido nada de Alek desde que me dejó
en la puerta de la casa, aunque me dijo que se mantendría cerca. No quiero
pensar en que podría estar cumpliendo con un trabajo ahora, y no un trabajo
del que se pueda hablar. Él dijo que desobedeció las órdenes del jefe al no
llevarme con él, pero no recuerdo haberlo escuchado decir que dejaría de
cumplir con otros encargos. En fin, no estoy dispuesta a estar partiéndome la
cabeza por eso.

Cuando me doy cuenta he dibujado el mismo dibujo sobre el salón con


las puertas. Lo observo confusa, no estaba poniendo mucha atención cuando
lo estaba trazando. No he vuelto a soñar con esas puertas enormes, y tampoco
he tenido tiempo de pensar en eso; es insólito dibujar algo sin más, sin ningún
interés. Mi concentración es interrumpida por el sonido de la puerta.

Mi madre asoma la cabeza con una sonrisa y se acerca con dos tazas
humeantes en mano. Puedo oler el chocolate caliente incluso antes de que se
siente a mi lado y me ofrezca una de ellas. La acepto con mucho gusto y dejo
la libreta a un lado.

Lamento llegar tan tarde, tuve muchas cosas que hacer en el hospital
cuando llegó de trabajar casi a las tres de la tarde, dijo que se iba a recostar
y recomponer un poco el sueño. Tuve que cubrir urgencias, la sala de
maternidad y mi favorita: la planta de desintoxicación.

Vaya tela.

Ni te lo imaginas dice y se acomoda a mi lado. Me han manchado


de sangre, vomitado y orinado. En ese orden unas cuantas veces y otras no.

Qué asco le doy un sorbo a al chocolate. Lo que sí te diré es que


más vale que te tengan una paga muy buena.

Ella se ríe y suspira teatralmente.

Recemos para que sea así. Umm pronuncia tomando un sorbo de su


taza. Por cierto, quería comentarte algo que sucedió hoy la mire esperando
el cuento. Había ingresado un hombre, que se estaba desangrando por el
cuello cuando llegó; fue muy extraño.

Me quedo helada, con la taza a medio camino hacia mis labios. ¿Un
hombre sangrando por el cuello? ¿Será…? No, no. hay muchas formas de que
pueda perder sangre por el cuello, no necesariamente todo tiene que ver con
chupasangres y demás. Solo soy paranoica.

Lo más extraño era los dos agujeros que había en su cuello y brazos.

Ahora sí que posiblemente me pongo tan blanca como papel. Hay


muchas formas de que una persona pueda perder sangre por el cuello, pero
solo algo puede dejar aquella marca.

Por suerte, el hombre quedó con vida. Yo diría que es afortunado,


había perdido mucha sangre el pobre continúa. En el historial llegaron a la
conclusión de que pudo haber sido un animal, uno que no conocen. También
el jefe del hospital ha involucrado a la policía, ello se han puesto en marcha
para averiguar que le hizo aquello al chico, sin la necesidad de alertar a la
gente. Recuerdo que hace un tiempo hubo un caso igual, que no logró
sobrevivir. La misma investigación se abrió pero no encontraron nada que
pudiera ayudar.

No digo nada, intento aparentar sorpresa para ocultar el terror que se


impregna en mi interior.

Kate, por favor te pido que tengas mucho cuidado cuando sales por de
casa dice mientras agarra mi mano. Veo la preocupación en su rostro. Por
favor ten cuidado, no sería capaz de resistir perderte a ti también, cariño.

Sin pretender contenerme la abrazo y le prometo tener cuidado en todo


momento. Se me parte el corazón verla de ese modo, sobre todo si recuerdo la
posibilidad de dejarla por su seguridad. Se destrozará. Me duele pensarlo.
Estoy que lloro. Síp, definitivamente, desde ayer estoy muy emotiva.

Te amo, mamá…mucho. Digo con la voz entrecortada. Pensar en esa


posibilidad, de no volverla a ver…quiero que sepa lo mucho que le quiero y
necesito. Después de todo, es mi mamá, mi todo.

Oh, cielo, yo también te amo mucho, demasiado. Acaricia mi


cabello, un gesto muy maternal.

Permanecemos así mucho tiempo. Mi corazón late fuerte en mi pecho,


no quiero que me vea llorar. Mientras estamos así, me arrulla en sus brazos
como cuando era niña. Cuando había tormentas, o no podía dormir en la
noche, corría hacia su habitación y le pedía dormir con ella. Me acurrucaba en
su seno y tarareaba una melodía hermosa, que me quitaba los miedos y me
dejaba dormir tranquila. Al escucharla tararear esa bella melodía cuyo origen
nunca supe, los ojos se me llenaron de melancólicas lágrimas.

Cuando al fin somos capaces de separarnos mi madre me sonríe


acariciando mi cabello. De pronto, su vista se dispara a otro sitio.

¿Qué dibujabas? Pregunta.

Ah, ¿Esto? Me giro para agarrar la libreta. Hace tiempo no tenía
curiosidad por mis dibujos. No sé muy bien lo que es, simplemente lo dibujé
y ya. La verdad es que hace ya un tiempo soñé con algo así, pero ni idea de
dónde he sacado tanta imaginación para esto.

He visto otros de tus dibujos, todos son asombrosos, pareces una
artista profesional, Kate. Te apuesto a que ganarías mucho con tus obras.

Obras. Me repito mentalmente. Sonrío sonrojada.

Ella toma el cuaderno entre sus manos y la sonrisa se desaparece al


instante que ve el dibujo, se pone pálida y paralizada como si fuese visto un
fantasma.

Mamá, ¿estás bien? Inquiero confusa.

Ella asiente, demasiado rápido, con la cabeza.

Sí, estoy bien me da un beso en la frente y se levanta del sofá.


Buenas noches, cariño.

¿Mamá? No me escucha. Mamá.

Dime, cielo.

¿Te llevas mi cuaderno?

Mira la libreta en sus manos y sonríe sorprendida. Se disculpa y me lo


regresa.

¿Ocurre algo? ¿Segura estás bien?

No es nada. Me acordé que tengo que revisar una cosa.

Frunzo el ceño y antes de que pueda articular otra palabra mi mamá sale
de la habitación cerrando la puerta detrás de sí, y Bokor, que había estado
callado echado en el sofá junto a la ventana, se va con ella. Miro el dibujo; las
puertas se alzan infinitas hacia las nubes; vuelvo a fruncir el ceño, ¿A qué
vino su actitud? No la había visto así nunca ¿Por qué tengo la sensación de
que ella sabe algo? Podría. Podría ser que sí… Pienso en ir a verla y tratar de
hablar sobre el dibujo que la puso de ese modo, pero dudo al instante.

Justo antes de levantarme, un sonido seco aterriza en el suelo de mi


habitación, haciendo que me sobresalte. Me muerdo el labio aguantando las
ganas de voltearme. No necesito girarme para saber que es Alek. Esta vez sí
me vuelvo hacia él y me acerco para abrazarlo.

Si ya te extraño sabiendo que solo han pasado unas cuantas horas, no
quiero imaginarme tener que pasar más tiempo sin ti digo. Soy muy
fastidiosa, lo sé.

Alek sonríe cerca de mi oreja, provocándome escalofríos por la


espiración que salió de sus labios. Me besa con delicadeza.

Yo también te extrañé. Articula acariciando mis labios con los


suyos. No quería que estuvieses sola por mucho tiempo.

Vuelve a besarme.

Mi madre está en casa. Consigo decir como puedo.

Aleja sus labios de los míos.

Tranquila, no haremos nada que tú no quieras. Sonríe al ver mi cara.

No lo digo por eso, tonto lo beso en la mejilla. No estoy sola,
como dijiste.

No, lo que quise decir es que no iba a permitir que otros tipos
quisieran raptar a mi novia.

El dulce sonido de esas palabras en su boca es todo lo que hace falta para
hacerme hiperventilar. Dejo caer mis fuerzas y él me ataja rápidamente.

¡Kat, Kate, por favor! ¿Qué pasa? Parece alterado.

Abro un ojo.

Me desmayo. Replico con un suspiro, llevando una mano a mi frente


dramáticamente.

Él gruñe. Yo me río.

No es chistoso, Katya. Aparenta estar enojado. Su acento me


envuelve y por poco me alejo de la realidad.
Me alejo de él y tomo asiento en el borde de la cama.

Tengo algo que decirte, que me contó mi madre.

Toma una postura atenta y espera a que empiece a hablar. Le cuento


todo lo que me dijo mi madre. Todo al pie de la letra. Cuando le nombro las
marcas de agujeros frunce el ceño. Me hace preguntas como por ejemplo que
si alguna de las dos conoce a la persona. Le digo que no y también comento
que antes había ocurrido un caso igual.

En el informe concluyeron que fue atacado por un animal, pero yo no


creo eso. Menciono.

Yo tampoco lo creo, Katya. Acuerda conmigo pensativo.

¿Sabes algo sobre esto?

Me mira.

Los nuestros no se arriesgarían a exponer lo que somos; los que están


en etapa de transición, ya que ellos mantienen su parte humana consiente, se
les advierte cuales son las consecuencias y ellos acatan. Puede que sea un
neófito con falta de emociones, aunque no creo que se atreverían incluso si
están desesperados por alimentarse, los mantienen muy vigilados. Los
encargados se fueran hecho cargo del cuerpo.

Se me pone la piel de gallina.

Sin embargo, resulta extraño continúa. Sí, hoy es el día de lo


extraño. La última vez que pasó algo similar fue cuando quisieron mandarle
un ultimátum a uno de los socios del imperio de Constantino, quien había
cometido traición y emparentado con una humana.

¿Por qué lo culparon de traición?

A ellos les encanta enjuiciarlos por ese delito. El tipo condenado


informaba a los del otro mando, aquellos que están en contra de Constantino y
de su imperio.

¿Y qué? ¿Ellos por qué se pusieron en contra? Quiero saber.


En los planes que hacía Constantino: conseguir la forma de encontrar
la sala de las siete puertas que llevan a cada uno de los planos existentes.

¿Por qué quiere eso? Pregunto nuevamente. Esto ya parece un


interrogatorio.

La ambición proviene del humano que solemos ser, y cuando nos
convertimos en lo que somos ahora, la ambición puede ser más fuerte si se
queda con nosotros. Constantino nació para dirigir, y poseer lo que desee;
siempre ha sido ambicioso, mucho antes de su transformación. No se rendirá
hasta que obtenga lo que quiere.

Me quedo pensando en lo que me ha dicho, recuerdo el dibujo que hice.


Siete puertas, una sala, solo falta la respuesta. Quiero decirle a Alek lo que
pienso, pero en vez de eso, le pregunto otra cosa totalmente diferente:

¿Y todo eso qué tiene que ver conmigo?

Él suspira.

No lo sé. Me mira con pesar en sus ojos.


19.-Huida

Cuando despierto en la mañana siento algo duro y


frío debajo e mi cabeza. Se mueve como una
respiración. Ese frío me envuelve en una
sensación placentera. Me abrazo a él para sentir
mejor la frescura en mi cuerpo. Abro un ojo con
pereza y veo la tela azul oscuro arrugada. Me doy
cuenta de que mi pierna rodea su torso como si de montar a caballo se tratara.

Me levanto de un salto y veo a Alek acostadote en mi cama


tranquilamente. Las mejillas se me encienden. Debo tener la cara roja como
un tomate.

Aun sigues aquí…digo con la voz entrecortada.

Eso parece.

Sin importarme su sarcasmo me le lanzo encima de nuevo, abrazándolo.


Él se ríe y me devuelve el gesto sorprendido por mi repentina muestra de
afecto. Qué bueno que mi madre no está en casa, oiría el bochinche que
tenemos y pensaría mal, obviamente.

Me alegra que te hayas quedado comento tranquilamente, pero me


acuerdo de algo y el lindo sueño que estoy teniendo se derrumba. No ronco
como marrano, ¿verdad?

Sonríe.

Puede que no como marrano, pero… le doy un almohadazo mientras


él se echa a carcajadas. No es cierto, no es cierto. Ya deja de martillarme
con eso.

Esta vez soy yo la que río.

Ok. Era todo lo que necesitaba me tiro a su lado y él me acurruca en


sus brazos.
Alzo la cabeza y lo descubro mirándome. Su mirada es intensa, me dejo
ir con ese pedacito de cielo azul de sus ojos. Él observa todo mi rostro, como
si quisiera guardar cada parte de él en su memoria.

Me gusta estar así admito. Todo parece normal, como si nada
pasara.

Sonríe, pero percibo tristeza en sus ojos.

Te prometo hacer todo lo posible porque así sea, no voy a descansar
hasta que no haya peligro para ti.

Me abraza aun más fuerte. Su promesa no puede ir más enserio. Cada


vez que estoy en sus brazos me siento totalmente protegida, no necesito nada
más en esos momentos. De repente un rugido atronador nos saca de nuestro
momento perfecto. Alek se pone tenso y se levanta de la cama, dejándome
sola de nuevo. Mira por la ventana y dice la misma palabra de la otra noche,
supongo yo que maldijo en su idioma.

¿Podrías quedarte aquí unos minutos?

No, espera. ¿Qué sucede? Salto fuera de la cama y me acerco a la


ventana haciendo caso omiso a su mueca. Veo a un motociclista estacionado
frente a la casa. ¿Ese es Adrik?

Lo voy a averiguar se da la vuelta para salir por la puerta, pero
necesito que te quedes aquí mientras tanto.

No pienso quedarme aquí sin saber lo que se dirán, porque seguramente


luego me dirán otras cosas para suavizar lo que sea que vayan a hablar. Ver a
Adrik allí no es un buen presagio, para nada bueno. Agarro la chaqueta de
punto que está en la cama, me recojo el cabello y sigo a Alek mientras me la
pongo. Él se da cuenta de inmediato, suspira y se vuelve hacia mí
pellizcándose el puente de la nariz.

La puerta de mi habitación se abre para luego ver a Adrik entrar como si


fuera su casa. Lo veo estupefacta. ¿Quién le ha dado el permiso de entrar a mi
cuarto, A MI CASA? Si mi madre hubiese estado en la casa…Cielos ¿Dos
chicos en la habitación de su hija? Estaría castigada de por vida.

Bonita piyama. Comenta viéndome.


Me ajusto más la chaqueta. Solo llevo puesto una camiseta de tirantes y
shorts. ¿Por qué éste siempre me está mirando las piernas? Si no fuera porque
es un matón vampiro, y que con nada más estar cerca de él me da escalofríos,
le zamparía un gancho como los luchadores. Claro, todo eso si fuera un chico
normal, si fuera humano.

¿Qué pasa? ¿Por qué te apareces de este modo? Inquiere Alek yendo
al grano.

Adrik toma su forma seria y dura de siempre.

Te vengo a dar malas noticias comienza. La torta, ya lo sabía. Nada


bueno, nada bueno. ¿Qué puede haber de bueno con Adrik?. Brantley está
en la ciudad, me lo he encontrado anoche. Ya sabe que estás en la ciudad, por
eso ha venido. Viene a por ti, y por la chiquilla.

Alek se queda tieso como roca.

¿Quién es ese tal Brantley? ¿Por qué Alek reaccionó así? ¿Y por qué
Adrik no puede dejar de hablar de mí como si yo fuese basura? Ok, esa última
pregunta no cuenta, pero que sepan que quiero partirle la cara. Ese tal Brantley
ha venido por Alek y ¿Por mí? Ahora resulta que Constantino no es el único
vampiro psicópata que nos busca, sino ese tipo también para… para, ¿para
qué?

Además, se ha enterado de que Constantino ha puesto precio a tu


cabeza prosigue Adrik. Se podría decir que estaría matando dos pájaros de
un tiro ¿no? venganza y ganancia.

Abro los ojos como platos ante la noticia. ¿Cómo que venganza? Alek
jamás me dijo que alguien quería vengarse de él; imagino que es parte del
pasado que no me quiere contar. Lo escruto con la mirada buscando una
respuesta cuando me ve. Él se pone tenso y no responde nada por unos
segundos.

¡Te lo dije, te dije que esto acabaría mal! Dice Adrik alterado,
enojado, muy enojado. Pero ya sabes como es, hablar contigo es como
hablarle a un culo.

Déjate de sermones, y si no nos vas a ayudar es mejor que no me


estorbes. Responde Alek al fin.
Por supuesto que los ayudaré.

Alek y Adrik trazan un plan, el plan que ya habían pensado. Hablan allí
como si yo no estuviera, no hago más que mirarlos alternativamente mientras
cada uno comenta algo. Dispuesta a que no me echen a un lado me pongo las
pilas y hablo:

¿Alguien me dirá que coños ocurre? ¿Y quién es ese tal Brantley?

Adrik suelta un bufido.

Sal de aquí, espéranos abajo. Le pide Alek.

¡Eh! ¿Por qué…?

Alek lo fulmina con la mirada. El ruso levanta las manos en señal de


rendición y sale de la habitación rezongando para sí. Cuando escucho los
lejanos pasos de Adrik bajando las escaleras miro a Alek exigente.

¿Quién es ese tal Brantley? y ¿De qué habla Adrik?

Brantley es viejo enemigo que siempre buscó la manera de matarme


porque asesiné a su hermano hace casi un siglo, cuando empezaba con el
trabajo de caza fortunas acaricia mi mejilla con su mano, yo dejo apoyar mi
cabeza y me acerco más a él. Es muy peligroso, cuando estaba a punto de
encontrarme me las apañaba para escapármele como podía. No puedo permitir
que te encuentre, descubrió la manera de vengarse de mí, y no lo dejaré,
aunque tenga que terminar las cosas con él.

No me gusta nada la intención de sus palabras.

No digas eso, no lo digas. No dejaré que te haga algo, primero me


entrego yo antes de que tú salgas lastimado por mí.

Me da un beso en la frente.

Yo trataré de despistarlos yéndome al sur con algo que puedan


rastrear, mientras que tú te irás con Adrik; él te llevará a un refugio ubicado en
el monte Ellinor, ubicado en la península de Olimpic. Frunzo él ceño con lo
que dice. ¿Una cabaña en la península de Olimpic?. Es una cabaña aislada
por el inmenso boscaje, nadie sabe de ella. Deberán llegar allá lo antes
posible. Nadie sospechará que Adrik está contigo, si es cierto lo que dice él
sobre la total confianza que le tienen los aliados de Constantino.

No, no…lo miro. ¡No! no puedo hacerlo, Alek. No puedo dejar mi


hogar, a mis amigos, a mi madre. Se preocupará si me voy de este modo. ¿Y
qué dices, que tengo que irme con Adrik? Olvídalo.

Sus manos toman mi rostro.

Katya. Prometo que arreglaré todo este lío lo más pronto posible. Kat,
eres todo para mí, si te pierdo… no lograré resistirlo. Adrik te cuidará, sé que
lo hará. Por favor, has esto por mí.

Sonrío y sin querer se me escapa una lagrimita. El pensamiento de no


volverlo a ver me revuelve el estómago. Aparte de irme con Adrik a esa
cabaña aislada, sola con él, no me parece un buen plan. Es horrible. Me limpia
la lágrima que se desliza por la mejilla y me da un beso en la coronilla,
prolongando el momento que deja sus labios sobre mi piel.

Él me ayuda a empacar mientras me arreglo. Me visto con unos


pantalones de cintura alta, un jersey de color morado y me encasqueto las
botas camperas que me regaló mi madre cuando fuimos de campamento con la
familia de Cloe hace dos vacaciones; no quería dañar mis converse nuevas.
Para no pensar en mi madre y que la abandonaré, hago una parada rápida al
baño para peinarme y cepillarme los dientes.

Bajamos las escaleras sin perder tiempo. Alek se me adelanta para abrir
la puerta. Yo me detengo un minuto para echarle un vistazo a la casa. Estoy
siendo demasiado dramática, sí, pero me entra un mal pensamiento de no
volver a ver mi casa de nuevo cuando salga por esa puerta. Suspiro
parpadeando varias veces para no llorar. Antes de llegar a la salida me
encuentro con Bokor. El minino me acaricia las piernas y se para en dos de
sus patas, apoyando sus delanteras en mí. Nunca hizo eso. Bueno, es un gato
muy inteligente, tal vez se haya dado cuenta de que me voy y por algún
extraño motivo intenta detenerme. Lo acaricio y cargo para mimarlo un
momento. Al final lo dejo en uno de los sofás y salgo de la casa antes que
pueda arrepentirme.

Alek me espera bajando las escaleras del porche. Cruzamos el sendero


hacia la calle y hago una mueca de disgusto cuando veo a Adrik montado y
preparado para encender la motocicleta. No soy muy de motos, en realidad no
me gustan para nada.

¿Iremos en esa cosa?

Adrik aparenta estar ofendido.

Es perfecta, tú eres la que no sirve para esto. Por primera vez
concuerdo con él, aunque no apruebo para nada la manera en que lo dijo.

Alek sonríe ante mi mueca. Odio esa cosa llamada motocicleta.

Me agarra por la mano antes de que piense en montarme en la


motocicleta y me rodea con sus largos brazos. Me besa.

Te amo, quiero que lo sepas. Dice cerca de mi oído.

Una corriente eléctrica me recorre toda la columna vertebral.

No digas eso las lágrimas inundan mis ojos dejándome casi
impidiéndome la visión. Cuando alguien dice eso, nada bueno puede pasar.

Katya, te prometo que volveré por ti. Después de esto, veremos que
haremos con los demás problemas, tal vez te lleve a mi casa, quizás a las islas
del Caribe… qué se yo.

Me río, pero enseguida se me borra la sonrisa.

Yo también te amo. Replico.

Me besa sin esperármelo. Ambos hacemos que ese beso sea especial, nos
abrazamos y tratamos de que ese pequeño momento sea eterno al menos por
un ratito. Mis manos se aferran a sus cabellos, me aferro más a él temiendo
que se aleje de mí y no lo vuelva a ver. Siento el dulce sabor de sus labios, me
dejo llevar por ellos como si no hubiese mañana.

Búsquense una habitación. Comenta Adrik con amargura, arruinando


el momento.

Alek separa sus labios de los míos y me da un último abrazo. Le cuesta


soltar mi mano cuando me voy a subir en la moto con Adrik; lo entiendo muy
bien, no quiero irme, si dependiera de mí le daría una patada a el ruso
arrogante que tengo adelante y me lanzaría a los brazos de Alek. Sin embargo,
ya no depende de mí, ya no. Acabar conmigo sería acabar con él, y no me
imagino esa escena de Romeo y Julieta.

Me marcho con Adrik en la motocicleta, aferrándome a su cintura y


mirando hacia atrás, a Alek parado viéndonos hasta que desaparecer. Se me
aguan los ojos como ocurre ya seguido e intento limpiarse con la chaqueta del
motociclista.

¡Eh! No hagas eso. Se queja Adrik. Y, mejor no te deshidrates


llorando como niña, ya que no nos detendremos por un buen rato.

Ya cállate subo un poco la voz para que pueda oírme. Por tu culpa
estoy aquí.

¿Mi culpa? Se ríe sin gracia. A ti es quien busca, y por tú culpa
tengo que hacer esto.

Gruño.

Pues entonces no hubieses hecho nada. Le digo secamente.

¿Crees que me encanta esto? Pues no, pequeña. Si no lo hacía es


probable que Alek me matara. Le debo unas cuantas a mi hermanito.

El viaje se hace largo y cansado para mi posición, y mis nalgas, que me


duelen de tanto estar sentada. Viajamos por carretera por una hora o más, no
sé bien decir. Adrik no dice más nada en el recorrido, se mantuvo más distante
de lo habitual cuando pasamos los límites hacia Portland.

Cuando veo adelante una gasolinera me pongo a rezar de rodillas si no es


porque me caigo si lo intento. Adrik se detiene y bajamos para que él pueda
llenar el tanque. Camino temblorosa, tal vez demasiado tiempo en esa cosa, y
me estiro como un gato. Él agarra la manguera del surtidor y comienza a
llenar el tanque viendo a ambos lados de la carretera con las gafas oscuras
puestas. Un par de chicas que van en un coche rojo se detienen justo al lado de
nosotros y se comen al ruso con la mirada sin disimular. Quemarían el
establecimiento si no pudieran ser más tontas.

Ruedo los ojos quitándole importancia a lo que hagan esas chicas y saco
mi teléfono del bolcillo trasero del pantalón. Por suerte lo he cargado la noche
anterior. Adrik aparece frente a mí en cuestión de segundos. Me sobresalto
con su rapidez y espero que nadie lo haya visto. Qué manera de mostrarle al
mundo lo que es.

¿Se puede saber qué es lo que intentas, dulzura? Pregunta enojado.

Ya no me digas así; y no creas que no me di cuenta de que eras tú el


que estaba en el aparcamiento del súper mercado la otra noche.

¿En serio, dulzura? Tuviste una revelación o algo así. Se divierte a lo
grande haciéndome enojar.

Bien, entonces, ¿Querías asustarme? Pues lo lograste.

En parte quería hacerlo. Me causó mucha gracia cuando saliste


corriendo hacia tu coche.

Le doy la espalda y sigo con lo que hacía. Marco el número de mi


madre, pero Adrik vuelve a aparecer frente a mí.

No respondiste a mi pregunta ¿Qué es lo que intentas hacer?

Ruedo los ojos.

¿Qué te parece? Llamo a mi madre. No pude despedirme de ella, ni


siquiera le dejé una nota para que supiera que estoy bien.

La respuesta es no. No la llamarás.

¿Por qué no? Estoy indignada.

Porque no y punto. Repone sin inmutarse, quitándome el teléfono de


la mano.

¿Ni siquiera puedo jugar Candy Crush? Pregunto distrayéndolo.

Pues no, caramelito. Odio su sarcasmo, lo odio.

Pues yo digo que sí.

Intento quitarle el aparato. Con una mano me agarra con fuerza por la
muñeca, sin darme tiempo de reaccionar, mientras con la otra guarda el
teléfono en el bolsillo trasero de sus pantalones. Adrik no me suelta, empieza
a tirar de mí, haciéndome avanzar hasta su moto.

Que te quede clara una cosa me siento pequeñita ante su mirada
glacial que me impide apartar los ojos de los suyos, mis decisiones no son
negociables. Esto no es como una democracia que vas a someter todo a
votación. Aquí mando yo ¿Entiendes?

¿Desde cuándo? ¿Quién te ha dado ese derecho? Alzo la barbilla


desafiante. No soy tu rehén, tengo voz y voto. Además, dudo mucho que a
Alek le agrade el modo en que me tratas.

¡Discúlpame por salvarte el culo! Hace una reverencia dramática.


Siento mucho no ser de su agrado «señora me quejo de todo y no hago un
coño» su sarcasmo es inauditoNo todos somos tan fabulosos como mi
hermanito Alek. Imita el tono de mi voz al pronunciar el nombre.

Quiero voltearle la cara con una de mis manos bien firmes, pero sé que
no tiene caso, la que saldría lastimada soy yo, ya lo he comprobado antes.
Giro sobre mis talones y camino hacia el establecimiento.

¿A dónde vas?

Me giro demostrando la irritación en mi rostro.

Al baño ¿O es que acaso tampoco puedo hacer eso?

Entorna los ojos mirándome con suspicacia.

Me doy media vuelta y continúo caminando. Mientras que él esté


distraído aprovecharé para llamar a mi madre con un teléfono público. Estoy
segura de que tengo unas cuantas monedas en el bolcillo de mi pantalón,
siempre se me olvidan que están ahí. De pronto, escucho pasos a mi espalda,
siguiéndome muy de cerca. No tengo girarme para saber que se trata del ruso
ése.

No necesito que me acompañes, sé ir al baño yo solita. Me molesta


su insistencia. Es un idiota y punto.

No creerás que soy tan idiota, ¿verdad? Já, que ironía lo que dice
¿no?
Y así entro al baño, con un estúpido escolta cuidándome la puerta.
Cuando termino de usar el baño reviso si hay alguien más en el los otros
sanitarios, pero no hay nadie. Bien, no puedo decirle a alguien que un tipo me
tiene secuestrada; no serviría de nada, pero le jodería la paciencia al ruso
pedante por un rato. Entonces, gracias a mi vista espectacular se le ocurre una
excelente idea.

Me monto en el lavamanos y estiro los brazos para llegar a la ventanilla


que está justo arriba. Podría escaparme un momento para usar el teléfono. Sí
podría funcionar, quepo perfectamente por la ventana. Trato de impulsarme y
cuando quedo guindada y a punto de caer, respiro entrecortadamente, levanto
una pierna y acomodo el pie en una de las puertas de los sanitarios. Me afinca
cuidadosamente y termino se subir. Abro la portilla con la mano y sí está
abierta. Sonrío porque la suerte está de mi lado. Saco los brazos y me muevo
como un gusano para poder salir, plantando las manos en la pared para poder
empujarme hacia afuera. Quedo con medio cuerpo afuera y medio adentro.

Vaya, vaya mierda. El mejor espectáculo de mi existencia.

Adrik me jala por las piernas y me ataja en sus fornidos brazos.

Buen intento, pequeña. Sonríe.

Me zafo de sus brazos y salgo del baño pisando fuerte como una niñita
molesta. El aire de afuera me golpea el rostro enrojecido al salir del
establecimiento. Con los brazos cruzados espero a que Adrik aparezca para
marcharnos de una vez.

Te he comprado un sándwich y un jugo de naranja. Dice


entregándome una bolsa. Y tranquila, no le diré a nadie lo que ocurrió allá
me guiña el ojo. Uff.

Agarro la bolsa de mala gana, pero solo porque tengo un hambre feroz
después de no haber desayunado nada. Adrik, sin dejar de reír, se monta en la
motocicleta y arranca cuando ya me ha montado. Nuevamente empieza un
largo trayecto hacia la siguiente ciudad. Solo se para unas cuantas veces para
abastecerse de combustible, y mientras lo hace no me aparta el ojo de encima.

Genial. Cuando yo creía que nada podía ser peor, todavía nos falta una
hora más de viaje desde Olympia.
20.-Estadía

¿Cuándo vamos a parar?

Cuando lleguemos. Responde cada vez que le hago esa pregunta.


El camino empeora cada vez que nos alejamos de cualquier rastro de
civilización, adentrándonos a la espesura de las montañas. El cielo tiene una
tonalidad cenicienta y parece que lloverá en cualquier momento. Mi
aburrimiento desaparece con extraña rapidez cuando observo algo a la
distancia.

Es el monte Ellinor. Comenta Adrik sin siquiera preguntarle.


Estamos cerca, la cabaña queda justo ahí.

Miro la gran montaña fascinada. La copa del monte está cubierta por una
capa blanca de nieve y la espesa neblina se arremolina sobre ésta. Cada vez
más asombrada observo los hermosos bosques que nos rodean. Todo aquí es
muy verde, muy espectacular y ciertamente frío.

Luego de recorrer un tramo más de carretera rodeada de bosques,


llegamos al fin a una pequeña cabaña en medio de la nada. Adrik estaciona en
frente y ambos entramos a la casa antes de que empiece a llover. El interior
de la casa me deja impresionada; nada que ver con lo que he visto en el
exterior. Me imaginé una casa ruinosa y descuidada. Lo que me encuentro es
todo lo contrario. Las paredes revestidas de madera, se interfoliaban con
enormes piedras que remataban un gran fuego a tierra. No es exorbitantemente
amplia, pero lo suficiente como para albergar un juego de tres sofás, como el
que había visto en casa de Alek, una cómoda muy antigua, y un sillón orejero
más gastado por el uso. Miro atentamente a mi alrededor sin atreverme a
entrar de forma concluyente. Bueno, estar a solas en un sitio como ese con
Adrik no me gusta para nada, no quiero pensar que el ruso podría hincarme los
colmillos mientras duerma.

Ese pensamiento me hace temblar, ¿o es por el frío de afuera?

Por fin suspira el ruso. Imposible que alguien encuentre este sitio,
incluso un hechicero.

Volteo la cabeza, con demasiada brusquedad, hacia él.

¿Existen los hechiceros? Pregunto muy curiosa. Órale, esto se vuelve


más interesante. Pensé en los posibles seres paranormales que podían existir
aparte de los vampiros, pero jamás hechiceros.

Sí, como las sirenas. Replica bajando la pequeña maleta que me traje
de la moto.
¿Las sirenas son reales? Esta vez sí quedo con la boca abierta. No
me lo puedo creer.

Rueda los ojos.

¡Qué sé yo!

Bufo y él se echa a reír. ¡Cómo detesto su sarcasmo! Lo detesto.

Caminamos por el sendero de tierra hasta llegar al porche de la cabaña.


Adrik introduce una llave en el cerrojo y luego de un “clic” la puerta se abre.
Él ruso se queda a mi lado, callado, como si esperara mi aprobación. Se ve
más sereno ahora que llegamos a nuestro destino.

¿Vive alguien aquí?

Es como un refugio ocasional, es posible que de vez en cuando otros


vengan por aquí.

¿Quiénes son esos «otros»?

Unos amigos deja mi equipaje junto a uno de los sofás.Allá por el


pasillo a la derecha se encuentra el baño, y en frente está la habitación.

¿Solo una? Inquiero recelosa.

Sí.

No se detiene ni por un segundo a mirarme mientras se mueve por la


casa. Yo permanezco atascada en la entrada. Veo cómo apila varios troncos de
madera sobre las cenizas de lo que, alguna vez en otra ocasión habría sido
fuego. Añade papeles viejos y hojarasca seca. Agarra el encendedor que hay
sobre la repisa de la chimenea y prende el papel. En unos instantes la estancia
se llena de crujidos y chisporroteos.

¿Dónde vas a dormir tú? Pregunto, dando un paso adelante, atraída


por el calor del hogar. Una pregunta muy tonta sabiendo su situación. Yo y mi
problema de andar con lengua suelta.

Contigo, si me dejas contesta impávido.


Por supuesto que no niego rápidamente, tan roja por la mezcla de
vergüenza y rabia. Prefiero dormir en la calle antes que contigo

Sonríe.

¡Qué delicada! Bufa. Pero tranquila, yo no duermo. Sin embargo,


si quieres algún tipo de compañía…

Agarro el equipaje y me alejo de él sin decir nada, no quiero estar


discutiendo con Adrik a cada rato. ¿Y a qué viene este lado bromista de él?
antes me trata como basura, y ahora, bromea conmigo y me hace sonrojar.
Qué tipo más idiota. Sus cambios de humor terminarán dándome tortícolis.

Abro una de las puertas del pasillo y me encuentro con una minúscula
habitación, perfecta para mí. Tiene una cama pequeña con sábanas color
chocolate, a un lado la mesilla de noche con una lámpara y en la esquina junto
a la ventana un pequeño armario. Es lo suficiente como para tratar de pasar el
tiempo, que espero y sea corto, en ese sitio, con ese ruso vanidoso.

Los días pasan y aun no sé nada de Alek, ya van dos ¿Por qué no sé nada
de él aun? Mi paciencia se está acabando, Adrik está todo el día en la casa, ni
siquiera he visto cuando se va a alimentar. Es obvio que lo hace de noche
mientras estoy durmiendo y no le causo problemas. Me las apaño para
distraerme como puedo; ya leí y releí los tres libros que están sobre la cómoda
de la sala, conté todos los objetos que hay en la casa, tarareé mis canciones
favoritas, acostada en la cama, y agarré una hora para meditar lo que ha
pasado. En las noches sueño con el anhelado encuentro con mi ruso, por fin
tenerlo en mis brazos y besarlo, contemplar sus ojos color cielo. Y cuando
despierto, la realidad me cae encima como agua fría. No sé si pueda resistir un
día más.

Se me ocurre un plan; no hago buenos planes, pero necesito comunicarse


con su madre lo antes posible.

Llega la tercera noche, este vampiro es muy duro para aguantar el


hambre. Desde el primer día he estado pendiente de lo que hace el chico; a
veces sale de la casa para hablar por teléfono con alguien, también se queda
sentado en el sofá viendo el teléfono, todo gira en el teléfono. Estoy segura de
que tiene el mío por algún sitio de la casa, si no es que aun sigue en el bolsillo
de su pantalón.

Cuando llega la hora de dormir, hago lo posible para quedarme despierta


toda la noche hasta escuchar el sonido de la puerta al abrir. No me muevo.
Tengo que fingir estar dormida, sino el plan falla.

Adrik se acerca y se mantiene allí por un momento, soy yo o él se queda


demasiado tiempo viéndome. Siento cuando se aleja y sale de la habitación
cerrando la puerta detrás de sí. Me quedo así hasta que escucha el sonido de
un portazo en la entrada. Ya se ha ido. Es la señal para que me levante.

Aparto el cobertor y salto fuera de la cama. Estoy descalza y el piso está


muy frío, pero no me importa. Abro la puerta y salgo de la habitación hacia el
pasillo oscuro, mirando a ambos lados como una especie de cleptómana. No
puedo evitar tener un mal presentimiento sobre esto, Viktor podría
descubrirme, pero no me rendiré hasta que pueda comunicarme con mi mamá.
Debe de estar preocupadísima por mí. No le daría tantos problemas a ese ruso
vanidoso si me fuera dejado hacer una llamada a mi casa.

Llego hasta el comienzo de la sala de estar y muevo el culo para buscar


un teléfono. Busco en la cómoda, libreros viejos, sofá. Nada. Reviso cada una
de los cajones y armarios de la cocina, y también en la mesa de madera
redonda. Nada. No me queda mucho tiempo y tampoco muchas opciones de
búsqueda. Regreso a la sala buscando nuevamente. ¿Es que no hay aunque sea
un teléfono de casa? Por último hago nueva búsqueda en los cajones de la
cómoda, reviso como loca desesperada. Solo hay cosas sin sentido…!Oh!
¡Espera! Apartando unos cuantos trapos viejos encuentra un teléfono al fondo,
es tan pequeño que no lo noté antes. Casi grito de emoción como si me fuera
ganado la lotería.

Espero y funcione.

Y para suerte de mía así lo hice. El pequeño aparato enciende la pantalla


y no espero a marcar el teléfono de mi madre.

Escucho al fin la voz de mi madre y siento una gran alegría, pero


enseguida alguien me tapa la boca y me arrebata el teléfono de las manos.
Cuelga la llamada y rompe el teléfono con su mano. Miro como los trozos del
aparato caen al suelo y la esperanza de poder hablar con mi madre se esfuma.
Trato de zafarme de las manos de Adrik, removiéndome molesta. Consigo que
me suelte, haciendo caerme al suelo de rabo.

¿Pero qué es lo que te pasa? Inquiero levantándome.

Sus ojos me fulminan.

Yo soy quien debería estar haciendo las preguntas replica enojado.
¿Acaso no te queda claro que tienes que hacerme caso en todo lo que te diga?
Con esto podrías hacer que nos encontraran.

Me pongo roja de furia.

Tú no tienes derecho a darme órdenes le suelto. Jamás te pedí que
hicieras esto. Jamás te pedí que me cuidaras.

No lo hiciste, cierto; pero sí mi hermano. Y si algo te pasara por las


estupideces que haces no sé lo que él me haría Claro, solo piensa en sí
mismo, eso es todo. Ahora deja de ser tan niñita y no hagas idioteces que
puedan acabar con ambos.

Eres un idiota.

Abre los ojos de par en par fingiendo estar sorprendido.

Oh, ¿Debería ofenderme?

¿Por qué no solo te vas y ya? Déjame es paz digo con lágrimas a
punto de desbordarse. Odio que me vea así, tan vulnerable. ¿Por qué no
dejas de comportarte como un estúpido sin sentimientos y entiendes de una
vez que no quiero estar contigo? Me estrujo los ojos ya rojos. Yo nada
más quería llamar a mi madre, para que supiera que estoy bien; no me gusta
que la gente que me quiere sufra por mí, no me gusta.

Dicho esto me tiro en el sofá.

Él se sienta a mi lado.

Entonces no me hagas sufrir a mí. Dice solemne.

Ya, tú ni siquiera tienes ese tipo emociones. Digo limpiándome la


nariz con la manga del jersey.
Eso es lo que tú no sabes Masculla. No tienes idea de mis
emociones. No sabes lo revueltas que están ahora aprieta los dientes como si
le costara hablar de lo que siente. Kate, desde que te vi esa noche en tu
ventana sentí una corriente extraña en mi organismo, provocando que las
emociones que tenía escondidas, que pensaba sepultadas junto a mi vida
anterior, se remolinaran en mí. Cuando te vi de nuevo en el aparcamiento, más
de cerca, comprendí lo que me sucedía.

Lo miro asombrada sin saber qué decir a su confesión. Habla muy en


serio, jamás me había llamado por mi nombre hasta ahora.

Él se fue acercando.

Sé que yo a ti también te intereso, Kate musita demasiado cerca de


mi rostro, se me acelera el corazón. Lo sé cada vez que me vez y tu sangre
hierve en tus mejillas. Tal vez estés con Alek, pero estoy seguro que sientes
algo por mí que te niegas a aceptar.

Mi garganta se seca. No sé qué decir, Dios, no puede ser lo que escucho.


Él desde el principio me trató como basura, se burló de mí todo el tiempo, y
¿ahora esto? Me cuesta creerlo. Sin embargo, Adrik ahora parece alguien
distinto a como lo había visto por primera vez. Ahora que lo miro mejor logro
ver los rasgos que lo diferenciaban de Alek. Sus ojos son de una tonalidad más
verdosa, como un mar con algas, Adrik tiene la mandíbula cuadrada y dura,
mientras que la de Alek es más suave. Adrik posee un aspecto mucho más
duro que Alek en los primeros días que lo vi.

Me quedo paralizada, mi cerebro no funciona; él malinterpreta mi estado


de shock como una invitación. Me besa.

Es tan repentino, no puedo moverme. El acercamiento de él es como


echarme un balde de lava ardiente encima, a pesar de que estuviera tan frío
como el hielo, una sensación muy placentera. Sin embargo, aquello no se
comparaba con lo que sentía cuando Alek me besaba. Lo alejo de inmediato.

No, esto está mal. Yo amo a Alek. Digo sin aliento.

No tiene por qué enterarse. Alega él con un tono que no me gusta
para nada.

Me levanto del sofá, alejándome de su lado.


¿Estás demente? Jamás estaré con alguien más que él, siempre ha sido
él y siempre lo será.

La expresión dura de Adrik vuelve, y lo hace con fuerza.

¿Por qué sigues con él después de lo que te ha hecho? te mintió.


Ahora sus palabras salían sin parar, sin detenerse a pensar.

Sí, puede que no me haya dicho la verdad antes, pero al final lo hizo, y
me ama igual que yo a él; por eso puedo perdonarle lo que sea”.

Sabes que también me quieres a mí. Y sigue.

Lo miro firme.

Pero jamás como amaré a Alek mis palabras parecen afectarle


bastante, no me inmuto, esto tiene que quedar claro y ya. Ahora, deberíamos
irnos a dormir.

Él vuelve a malinterpretar mis palabras y rodea su brazo por mi cintura.


Le aparto de un manotazo.

¡No! Tú allí señalo el sofá y yo allá. Pero Dios, ¿Qué te pasa?

Giro rápidamente y camino hacia la habitación sin volver a mirarlo.

Despierta piensas en él, pero dormida sueñas conmigo. Apunta él en


un tono demasiado siniestro que me hace estremecer.

Esa noche, no puedo pegar el ojo. Doy vueltas en la cama pensando en


lo que ha ocurrido con Adrik. Se me forma un nudo grande en el estómago por
lo que ocurrió, por lo que le permití hacer. Alek me odiará si se entera. Espero
y regrese pronto, no creo poder resistir estar un día más con Adrik.
21.-Reencuentro

Me encuentro en un salón grande reinado por la oscuridad. Estoy sentada en


una silla de madera, debajo de un foco que solo me ilumina a a mí. De la
oscuridad sale una sombra rápida, se mueve adyacente, tambaleando la
bombilla cuando pasa junto a ella. Se me acelera el corazón, no tengo idea de
lo que es aquello que me acecha pero sí que es muy peligroso. Mi instinto me
obliga a seguir viendo la sombra escurridiza y no me impulsa a correr.

Esta extraña forma anormal se detiene a mi espalda, exhalando en mi


cuello. Tiembla, no puedo moverme, es como si estuviera pegada a la silla.
Mientras la silueta respira muy cerca de mi piel, impulsada de algún modo,
giro la cabeza para ver el rostro de la criatura. Abro los ojos como platos y se
me corta la respiración. Lo que veo me deja de piedra. Una nube de oscuridad
forma la fisonomía de un hombre que irreconocible para mí, con ojos rojos
escarlata, brillantes y deseosos de algo. Entonces, por alguna fuerza
paranormal salgo disparada al suelo y se encienden las luces alrededor de la
sala, dejando a la vista siete puertas infinitamente altas. De inmediato la
oscuridad vuelve a caerme encima y la sombra de ojos escarlata me ataca.

Me despierto sobresaltada, con el sudor perlado en mi piel, estoy tan


empapada que la camisa se me pega a la espalda. Era tan real el sueño, la
sensación de ahogarme, que tengo que abrir la boca para tragar bocanadas de
aire. Miro hacia la ventana, todavía está oscuro por completo. Salgo de la
cama y camino hacia la puerta, abro ligeramente y asomo la cabeza viendo por
el pasillo hacia la sala, Adrik está echado en el sofá leyendo un libro. Todo
está bien, solo ha sido un sueño.

Suspiro y regreso a la cama.

Fueron tres intentos de dormir que hice, pero la pesadilla me acosaba


una y otra vez empezando y terminando de la misma forma aterradora. Estuve
así hasta que el alba. Nuevamente el sueño me invade y vuelvo a despertar de
la misma manera.

Tranquila, solo ha sido un mal sueño. Dice Adrik abriendo las


persianas, iluminando la habitación.

Me rasco el cuello.

¿Qué…qué hora es? Pregunto protegiéndome de la claridad con el


brazo.

Son casi las nueve, hora de despertar, dormilona. Me confunde la


respuesta de Adrik, él no suele ser tan… dulce.

Sigo allí sin poder moverme.

Tiene los brazos cruzados sobre su pecho y me mira fijamente.


Comienzo a incomodarme. Él puede ver cada una de mis expresiones con toda
esa luz que me pega, mientras que yo no logro ni siquiera abrir muy bien los
ojos para verle el rostro. También me tiene intrigada ese cambio de humor en
él, la voz dulce, y más después de lo que ocurrió la noche anterior.
¿Tienes hambre? Adrik ha salido a comprar algo para desayunar.
Agrega impávido.

Me despierto de golpe. Salto fuera de la cama como un torbellino y corro


hacia él como loca. Choco con su pecho duro y, sin importarme haberme
quedado sin aire con el choque, lo abrazo con fuerza mientras él se sacude con
la risa. Estoy que lloro, lo abrazo fuerte, muy fuerte; él me recibe
acariciándome los brazos. Aparta un rizo rebelde de mi rostro y me besa
tiernamente en la coronilla.

Estás aquí, al fin estás aquí. Musito temiendo que se desaparezca,


que todo sea un sueño.

Te prometí que volvería, no podía defraudarte. Me recuerda Alek


acariciándome la mejilla. Ah, como extrañaba esas manos heladas.

No, no es un sueño, esto es real. Al fin ha vuelto, al fin puedo estar con
Alek. Lo beso, él me recibe. Me tomo mi tiempo para saborear sus dulces y
suaves labios. Otra vez, nuevamente siento esa electricidad en el cuerpo, que
me hace saber que estoy viva. Soy como un poste de electricidad andante. Con
mis manos ávidas recorro su pecho y las enredo en su cabello cobrizo. Me
aferro a su cuello con ansia, apretando sus labios contra los míos. Empujados
por la pasión y emoción del reencuentro. Es un momento muy especial,
repleto de deseo, desesperación, dolor, prisa, pero sobre todo amor. Los
brazos de Alek no la me sueltan, su fuerza es mayor, una de las cosas que
extrañé.

Adrik volverá pronto. Susurro alejando mi boca de la suya.

Las manos de Alek acarician mis hombros, brazos hasta quedar en mi


espalda.

Si no quieres que vuelva a besarte es mejor que me des espacio para
reponerme. Repone él liberando mis brazos de su cuello.

Sonrío ruborizada. No deseo alejarme de él, pero tampoco quiero que


Adrik nos vea así…Me doy cuenta de lo que me estoy diciendo, del error que
cometo. Respiro hondo, tratando de clamarme. Las dudas me invaden al
instante ¿Y si no vuelvo a tener una ocasión como esta? ¿Y por qué me
preocupo de Adrik precisamente ahora? Recuerdo lo que sucedió la noche
anterior y se el nudo que tenía vuelve a formarse en mi estómago.
Perdóname, Kate, no quería hacerte sentir mal. Dice Alek
preocupado por mi expresión. Toma mi rostro entre sus manos heladas
buscando mis ojos con los suyos.

Nada de eso pronuncio temiendo que mi voz se entrecorte. Es


que…necesito decirte algo.

Ya, tengo que decirle todo de una vez; no creo ser capaz de soportar este
sentimiento de culpa.

Él frunce el ceño. Es obvio que no sabe a qué me refiero. No deja de


mirarme, yo no puedo verlo a los ojos. Vamos a la pequeña sala y tomamos
asiento en el sofá más grande. Lo miro sin llegar a sus ojos, temiendo la
reacción que puede tomar si le digo. Mis ojos se llenan de lágrimas. ¡Y dale
con las lágrimas!

Katya. Kate, dime qué sucede, me estás asustando. No necesita


decírmelo, puedo ver el recelo en su rostro.

Adrik…nos besamos cuando lo he sacado, siento que me quedo sin


aire. No me puedo creer lo que esté haciendo, pero, si no le decía jamás podría
vivir con eso. Él me besó, y yo…y yo no lo aparté al instante. Pero…pero lo
aparté.

Me desmorono junto a él esperando esas palabras que terminarán por


romperme en mil pedazos. Mi vida desde que apareció ha cambiado mucho,
he descubierto cosas que no sabía, emociones y sensaciones que nunca había
tenido, y por supuesto, lo he encontrado. Al fin lo encontré. Sé que suena
ilógico, pero la cosa es que toda mi vida pensé que algo me faltaba, que tenía
un vacío en el interior que no lograba ocupar con nada; y cuando lo vi por
primera vez en la escuela, cuando me enteré de su secreto, y cuando lo tuve a
mi lado más cerca de lo que imaginé…con esos momentos, supe que ya había
encontrado al fin, después de esperar tanto, a alguien que pudiera llenar ese
vacío que siempre estuvo allí. Él. Ahora me doy cuenta de eso, estoy más que
segura que, jamás va a haber alguien más que Alek. Jamás.

En este momento, siento que la he cagado hasta el tope. Imaginarme


estar sin él…no puede haber peor infierno. Todo, por mis idiotas decisiones y
estupideces que cometí. No puedo forzarlo a que siga conmigo, a que me ame
a pesar de este error fatal, pero al menos sabrá que jamás he amado a alguien
como lo amo a él.

Cierro los ojos esperando lo peor, apretándolos con fuerza para no llorar
más.

¿Lo amas? Pregunta inexpresivo.

Lo miro a los ojos buscando alguna, aunque sea minúscula parte de


enojo. No hay nada. Solo veo oscuridad.

¡Por supuesto que no! No. Yo te amo a ti, no podría estar con él, no
quiero a nadie más que a ti sollozo. Me siento como una estúpida. Pero…
si quieres dejarme…pues, lo entenderé.

« ¡NO ME DEJES! », gritaba en mi fuero interno. Me costó tanto decir


esas palabras sin echarme a llorar de nuevo.

Él me besa los nudillos de mis manos uno por uno.

Yo trago saliva fuerte. ¿Qué significa esto? ¿No está enojado? Mis ojos
se salen de órbita al ver su sonrisa dulce.

Jamás podría dejarte. Jamás Repone sonriente ante mi cara de


sorprendida. Aunque estuvieras con otro, nunca podría alejarme de ti.
Técnicamente sería imposible.

Lo siento, lo siento mucho. Otra vez voy a llorar. Lo abrazo con
fuerza inhalando su aroma y fusionando mi calor con su temperatura helada.

Y en cuando a Adrik, luego hablaré con él. Agrega severo.

No quiero imaginarme aquello.

No… arguyo cuando la puerta se abre.

¿Me buscaban? Inquiere Adrik con una sonrisa guasona y una bolsa
en mano.

Alek se levanta del sofá mucho antes de que pueda detenerlo. Con
brusquedad agarra a su hermano por el brazo, haciendo que Adrik gruña
sorprendido por el arrebato de mi ruso.
Intentaste sobrepasarte con ella, imbécil. Ruge Alek zarandeándolo.

Adrik sonríe.

¿Qué? Yo no hice nada me mira. Solo intentaba probar por qué te
tenía tan loco esta niña.

Alek lo empuja hacia afuera y sale detrás de él como un toro enojado, no


antes de pedirme que me quedara adentro. Adrik me lanza la bolsa con la
comida.

No escucho nada de lo que dicen, nada más veo que Alek no deja de
apuntarle con el dedo cuando va a hablar. Ni siquiera he podido echarle un
vistazo al desayuno por esta angustia. Todo esto es por mi culpa, por dejarme
ir tan fácil. Todo empeora. Pego un salto cuando veo el puño de Alek
estrellarse en la mejilla de su hermano, mandándolo volando hasta el árbol
más cercano.

Salgo corriendo fuera de la casa para detener a Alek, que quiere acerca
amenazante hasta Adrik para seguramente seguir machacándole la cara. El
otro yace tirado en el suelo sin poder mover la cara. Ha hecho una zanja en la
tierra muy larga cuando salió disparado. No me había dado cuenta de la fuerza
que poseen ellos hasta ahora.

Por favor, Alek, basta. Le suplico poniéndome enfrente de él.

Alek no me mira, tiene la vista fija en su hermano. Volteo para ver a


Adrik al otro lado del campo. Corro hacia él y me agacho a su lado. El sitio en
que estalló el puño de Alek está todo desfigurado, ¡a carne viva!.

Oh, no. Adrik, déjame ayudarte, tienes la mejilla lastimada. Digo


intentando no vomitarme. Se ve horrible en serio. Ya sé para no ser doctora
algún día jamás, me desmayo si veo algo peor.

Niega tapándose la herida.

Estoy bien, me recuperaré rápido. Tú ve a verlo a él. Se levanta del


suelo y se va hacia la casa.

Alek sigue en el mismo sitio, mirando a la nada. Regreso hacia él


sacudiendo el polvo de mis rodillas. Busco sus ojos con los míos y los
encuentro al fin cuando sube la mirada. El abatimiento se reflejaba en su
rostro pálido.

Carraspeo.

Sé que es normal que te molestes por lo que sucedió, pero no tenías
por qué golpearlo de esa manera no me gusta nada verlo de este modo, me
acongoja que esté tan afligido. Alek, mírame me mira. No lo hagas, por
favor. No te enojes más por este malentendido.

Ríe, pero no parece estarse divirtiendo en absoluto.

¿Malentendido? Para él no es ningún malentendido, Kate. Sé sus


intenciones porque lo conozco muy bien. He leído sus pensamientos, todos de
ti aprieta los puños. Ni si quiera se ha resistido a mostrármelos.

Agarro sus manos tensas con intención de que las afloje.

Por favor, tranquilízate. Repito viéndolo a los ojos.

Suspira liberando sus manos de la tensión.

Siento que hayas tenido que verme de este modo asevera rozando
levemente mis mejillas con sus dedos helados. Me estremezco. Pero debes
entender que no me gustó nada lo que pensaba sobre ti.

Entiendo. Además, Adrik es insoportable; a decir verdad se merecía


ese estate quieto.

Las comisuras de sus labios se curvean hacia arriba. Bueno, al menos ya


logré que sonriera un poco. Bien, ya se tranquilizó un poco.

Vamos a dar un paseo propone. Necesito liberarme un poco.

Acepto con todo gusto. Después de lo que pasó hasta yo necesito un


respiro. Caminamos tomados de la mano introduciéndonos a la espesura del
bosque. Estamos en otoño, pero nada deja su color verdoso. Los pinos son
enormemente altos, se escuchan muchos sonidos de aves y el chapoteo de un
arroyuelo muy cerca de nosotros. Viéndolo bien, esta situación parece de lo
más normal…si excluimos la pelea. Somos como una pareja de enamorados
normal que recorre el bosque tranquilamente. Me lo planto de ese modo; no
cuesta nada alejar todos los problemas por un momento y relajarse lo que
pueda. Quiero disfrutar que mi ruso al fin ha llegado, que por fin puedo
aferrarme a él y sentirme a salvo.

Llegamos hasta una roca lo suficientemente grande y plana para que


ambos podamos sentarnos. Alek me da su chaqueta disculpándose por no
haberse dado cuenta antes de que llevo camiseta. Estoy tiritando desde hace
rato pero no me importa. Permanecemos en silencio viendo la naturaleza que
nos rodea, desde allí hay una buena vista hacia la cima del monte Ellinor.

Lamento haberte hecho pasar por todo esto, es mi culpa que tengas que
ocultarteexpresa Alek viendo a la distancia, la subida cubierta de árboles.
Siento tanto haberte abandonado estos días.

Sonrío y me acurruco más en su pecho.

Descuida, lo importante es que ya estás aquí. No quería pasar ni un


minuto más con el pedante de Adrik.

Frunce el ceño.

Te entiendo, y siento eso también. Jamás debí dejarte con el imbécil de
mi hermano. Es un…

Lo corto tapándole la boca con las manos. No quiero volver por ese
camino.

No digas más. Lo beso con ternura. Y cuando nos separamos le
pregunto: Supongo que ya todo está bien con ese tal Brantley ¿verdad?

Suspira.

No logré encontrarme con él mientras me seguía, e inclusive lo esperé


en un punto exacto. Imagino que pudo haberse quedado en algún lugar de
México.

Lo dice así, como si nada, como si hablara de la ubicación de la pizzería


en el centro de la ciudad. Mientras que él llega a distintas partes del continente
en minutos, yo lo más lejos que puedo ir es Portland. Triste pero muy cierto.

Imagino qué se sentiría ser un vampiro, tal como Alek. Me imagino a los
dos recorriendo el mundo como locos nómadas enamorados. Visitar París,
Roma, Londres, su ciudad natal San Petersburgo. Admirar las bellezas de esos
países y, bueno, hasta podríamos darnos un
clavado desde la punta del Salto Ángel en
Venezuela. La más loca de mis ideas hasta ahora.
Pero todo eso, mientras esté con él.

Quizá, algún día, cuando dejemos de


escondernos y escapar de aquellos quienes nos
persiguen…quién sabe, a lo mejor, ese día mi loco
sueño podría hacerse realidad al fin. ¿Y qué mejor
que una eternidad con él, a quien amo más que a
mi propia vida?

22.-Aparición inesperada

Luego de volver a la cabaña Alek está más tranquilo y puede hablar con Adrik
tranquilamente. Son hermanos, así que su vínculo puede ser más fuerte que
una pelea. Pero claro, Adrik capta la advertencia de Alek en cuento a no
tocarme ni un pelo de ahora en adelante, cosa que acepta seriamente. Adrik ya
no me dirige la palabra para más que burlarse de mí, cosa que no me importa,
ya empiezo a acostumbrarme.

Al día siguiente, Alek acepta llevarme a casa por fin. Tuve que rogarle y
decirle lo mucho que extrañaba a mi madre, que necesitaba hablar con ella
para que supiera que estoy bien. Estaba que pegaba un salto cuando aceptó,
pero me contuve, me contuve señores.

No dejo de sonreír mientras acomodo mi ropa en la pequeña maleta que


había traído. Alek se está en la sala hablando con Adrik sobre no sé qué de
mantenerse a la distancia de nosotros para que no descubrieran su infidelidad
a Constantino después de haber ayudado a un traidor como Alek. Mi ruso me
explicó que después de haber defraudado al “señor imperial” (como yo le
digo) tiene que andarse con cuidado cuando esté en cualquier sitio, ya que su
cabeza tiene precio.

Recuperé por supuesto mi teléfono, el ruso vanidoso no tuvo más


remedio que dármelo. Cuando reviso, tengo un montón de llamadas de mi
madre. Ya me las arreglaré luego para inventar una excusa de mi desaparición.
También vi llamadas de Cloe y Sam. Imagino que están al tanto porque mi
madre les dijo. También necesito hablar con ellos en cuanto lleguemos a la
ciudad.

Al salir de la habitación ya lista Alek me espera más preparado que yo.


Adrik tiene en mano sus lentes oscuros y ya se ha colocado la chaqueta de
cuero color negra que lo hace parecer todo cowboy con esas botas negras que
jamás le había visto. Todos salimos fuera de la casa a despedirnos. Mi ruso y
yo regresamos a Corvallis y Adrik comentó que se va a Canadá por un largo
tiempo. Veo el Porsche de Alek situado enfrente de la cabaña, antes no lo
había notado o no estaba allí.

Bueno dice Adrik viendo al bosque, ya me largo me mira


sonriendo. Hasta luego, dulzura. No le importa la cara de pocos amigos de
Alek.

A pesar de todo, sonrío.

Hasta la vista, señor calamidad.

Se ríe.

Ahora soy el señor calamidad Repite pensativo. Jamás olvidaré


esta despedida, eso seguro.

Hasta me dan ganas de llorar por él. Puede que estos días no hayan sido
los mejores pero, no estoy segura de querer olvidarlos todos. Todavía siento
algo de pena por lo que pasó, ese beso estuvo mal. No puedo forzarlo a que
haga a un lado sus sentimientos por mí, no puedo, pero tampoco puedo
obligarme a sentir lo que no tengo por él. Lo único que puedo hacer es
desearle toda la felicidad del mundo, y que encuentre a alguien que sí le
corresponda. ¡Híjole, ya estoy de sentimental de nuevo!
Hermano, ya sabes que si me necesitas, llámame Agrega Adrik.

Alek asiente con la cabeza una vez.

Lo aré.

Acto seguido Adrik se pone las gafas oscuras y se monta en su


motocicleta para marcharse. El rugido de la máquina (una Italika TC250,
según me dijo) colma todo el preciado silencio que hay en el lugar, hasta una
parvada de pájaros se escapan de los árboles cercanos elevando vuelo. No
pierdo de vista al motociclista hasta que desaparece en la bajada de la
montaña. Supongo que pasará un tiempo hasta que nos volvamos a ver, o no
¿quién sabe? Quizá un día de estos acepte ir a una excursión con nosotros.
¿Adrik asociándose con humanos? ¡Já! quisiera ver eso.

Alek me agarra por la cintura y acerca sus labios para besarme. Siento su
respiración en mi barbilla como un gélido viento; besa mi cuello y hace una
cadena hasta llegar a mi mejilla, dejando un rastro de electricidad en mi piel.
Yo, impaciente, rodeo su cintura con mis brazos y lo aprieto mucho más
contra mí. Inclino la cabeza hacia arriba y lo beso con ansia de probar aquellos
labios suaves. Alek es dos cabezas más alto que yo, así que agacha su cabeza
y yo me pongo de puntillas para poder alcanzarlo. No quiero que termine
jamás, estoy en una nube, rodeada de arcoíris, flores, luz, destellos de colores
y árboles y animalitos con ojos tan tiernos que dan miedo….Díganme loca.

Se separa de mí y me da un besote en la coronilla. La fantasía se


desaparece, para mi suerte.

¿Preparada para irnos? Pregunta él sin dejar de estrecharme en sus


brazos.

Y lista. Replico sonriendo de alivio.

Se ríe y agarra mi mano para dirigirnos al Porsche. Cuando estamos


dentro Alek acelera como está acostumbrado, por suerte yo ya me abroché el
cinturón de seguridad. Cada vez más nos alejamos de la cabaña y del monte
Ellinor; aprecio esa vista tan hermosa que ya había visto cuando vine por
primera vez. Mientras dejamos Washington dejo atrás los interminables días
que pasé sin él y respiro con alivio sabiendo que ya ha pasado. Sin embargo,
eso no significa que sea el final.
Kate, tengo que hablarte de algo Anuncia y vacila cuando me ve a
los ojos. Después de que lleguemos a la ciudad y puedas ver a tu madre,
tendremos que tomar una decisión.

Sospecho cuál es esa decisión.

¿Te refieres a irnos? Inquiero con un nudo en el estómago. ¿Crees


que aun sigan detrás de mí? Tal vez…a lo mejor ya se cansaron de tener que
seguirme por nada.

Me basta ver su rostro para comprobar que no es así.

Quiero llevarte a un lugar seguro, Kat; pero, sé que te cuesta decidir


dejar a tu madre. Admiro mucho el coraje que posees y la forma en que das la
cara a tus problemas admite. Lo que quiero decirte es que, ya no quiero
forzarte a hacer nada que tú no quieras.

La verdad es que siempre he tenido miedo, pero trato de ocultarlo porque


sé que no me servirá de nada demostrar cuan aterrada me siento. Cuando me
atacaron los vampiros en el callejón aquella noche, estaba aterrada. Sin
embargo, no les iba a complacer demostrando mi miedo, sobretodo porque
quería defender el objeto más preciado que tengo. Estaba segura de que iba a
morir esa noche, y estaba dispuesta a aceptarlo aunque me preocupara dejar a
mi madre. Entonces, apareció Alek y me salvó el trasero de esas sanguijuelas.
Sé que él estará para mí siempre, y que me protegerá igual. No quiero ser una
carga para él, y tampoco quiero huir de mi destino si es que morir lo es.
Pienso sacrificarme antes que le puedan causar daño a Alek. No permitiré que
le hagan algo por mi culpa, no más. Basta de ser una carga pesada.

Cual sea mi decisión me seguirá. No quiero eso, sinceramente. Porque si


elijo morir hoy, es más que probable que me siga sin rechistar. No. No puedo
dejar que me atrapen. Eso sería como matarlo.

No…no sé qué decir. Mi voz se entrecorta, tengo la garganta seca.

Me sonríe y toma mi mano con la suya.

Tranquila. No importa qué elijas, estaré a tu lado incondicionalmente.


Ahora, por favor ya no te aflijas, todavía tenemos tiempo para decidir.
Asiento rápidamente, como una muñeca de trapo. No quiero pensar en
eso. Estiro la mano para encender la estéreo del coche. El silencio me pone
más nerviosa de lo que estoy.

¿Sabes? La música siempre me ha ayudado a serenarme comento


buscando el botón para encender la radio. Cuando estoy molesta, triste,
aburrida…la música siempre me ha servido mucho.

Sonríe.

Sí, recuerdo bien lo relajada que estuviste cuando fuimos a la mini-


biblioteca  recuerda y yo me sonrojo. Estoy completamente seguro de que
funciona, ya lo he visto. No se diga más, pon música.

Sonrío yo también más relajada y enciendo el estéreo. De inmediato


reconozco la voz de Harley Williams, con el tema My Heart. Me gusta mucho
esa canción, al igual que todas las demás de Paramore. Recuesto la cabeza del
asiento y cierro los ojos canturreando como es mi costumbre. Mis hombros se
van relajando a medida que la canción sigue su curso.

I am finding out that maybe I was wrong

That I’ve fallen down and I can´t do this alone

Stay with me this is what I need…please?

Miro a Alek. Sí, mi corazón late por él. Cada vez que está cerca, siempre
que me besa, cuando veo su sonrisa…Sé que puedo ser un poco pesada con lo
mismo, no obstante, lo que puedo decir es cierto. Toda mi vida sentí que algo
me faltaba, pues resumiendo un poco, mi ruso es lo que faltaba. Aun cuando
no lo entienda, aun cuando suene ilógico, pienso que estuve dieciséis años
esperando a su llegada. ¡Condenado, por qué no llegó antes! En realidad eso
no importa, sino que al fin está aquí.

I am nothing now and it’s been so long


Since I’ve heard the sound, the sound of my only hope

This time I will be listening

Sing us a song and we’ll sing it back to you

We could sing our own but what would it be without you?

Sigo pensando, y el motivo de escuchar una canción para relajarse es


ése, liberar presión y dejarse ir por cada una de las palabras y la melodía de
dicha canción; en lo personal, es algo que considero. No obstante, el peso del
asunto me impide calmarme. Necesito distraerme más.

Recuerdo cuando me dije a mí misma que averiguaría la razón de los


lujos de Alek. Bueno, ¿qué les parece? Llegó el momento, pues ahora que lo
pienso, me da mucha curiosidad.

Sin girarme y abrir los ojos le digo:

Quisiera saber algo.

¿Qué quieres saber? Inquiere.

Abro los ojos y me giro hacia él.

¿Con el dinero que ganabas en tu trabajo compraste todas estas cosas


lujosas que tienes? ¿Te pagaban dinero?

Definitivamente no se esperaba esas preguntas.

¿Para qué quieres saber esas cosas?

Me encojo de hombros.

Simple curiosidad. No dejo de mirarlo, esperando una respuesta.

Suspira al ver mi cara.

Primero, sí, me pagaban por el trabajo, a veces con dinero. Sin


embargo, no compré la casa y el auto con eso, si a eso te refieres con los lujos.
¿A, no?

Adrik y yo tenemos algo así como una herencia de nuestra familia, que
ciertamente era muy adinerada en su época ya imagino, los nobles
Maslov. Nosotros decidimos guardar aquella herencia para cosas necesarias.
Necesitábamos una casa para poder mezclarnos con la sociedad, así como los
vehículos que tenemos. Por supuesto Adrik eligió lo más extravagante que
pudo.

Sí que lo hizo.

Tenía curiosidad de saber cómo es que eras tan ricachón en esa parte.
Le explico.

Frunce el ceño como si estuviese confundido.

¿Esa parte? ¿De qué otra parte hablas?

No, no puede ser que me está obligando decirlo. No puedo, simplemente


no puedo. Su mirada traviesa me ataca y me sonrojo; se da cuenta de mis
rojas mejillas y sonríe. Yo me río, le contagio mi risa y ambos carcajeamos
mientras la música termina de sonar. Me encanta como se ríe, es tan natural
esta situación. Ya no pienso en lo demás. ¡Al carajo lo demás! Luego me
preocupo por eso.

El momento se arruina en un parpadear de ojos.

De pronto, Alek abre los ojos como platos y gira la cabeza hacia el
frente. Todo ocurre tan rápido que apenas capto lo que sucede. Un hombre
aparece en frente del camino, justo cuando el coche pasaba. No es un ser
humano ¿Quién en su sano juicio se atravesaría en medio de la carretera? A
menos que quiera suicidarse. En un momento me reía con Alek, y al siguiente
el carro fue golpeado en la parte delantera, haciendo que girara en el aire. Lo
último que vi fue a mi ruso tratando de taparme mientras el coche giraba,
chocaba contra el asfalto frío y los cristales salían volando en el aire sin
control, repicando en el suelo. La oscuridad me invadió por completo.

No debí desmayarme por mucho tiempo, pues cuando abro los ojos
escucho el metal rechinar en la calle.
Despierto, no puedo abrir los ojos muy bien. Mi respiración es inusual y
estoy tiritando. Alek está frente a mí, aterrado viéndome a los ojos. Me duele
verlo así. ¿Cuál es el motivo de su temor y tristeza? ¿Por qué no lo estoy
abrazando y consolando? ¿Por qué siento que me encuentro tirada en el suelo?
Espera un momento… es que lo estoy, me hallo tirada en la calle, mojada
¿Cuándo carajos empezó a llover? No. Otro momento. Alek no está junto a
mí.

Recobro la conciencia como si hubiesen vertido sobre mí un balde de


agua bien fría. Pero no ha sido el frío que me ha hecho despertar, sino dolor,
mucho dolor. Me levanto bruscamente buscando el sitio donde proviene la
terrible sensación que me ahoga. Mi pierna. Tengo media pierna atrapada
debajo del coche, o lo que queda de él. Intento sacarla, tirarla con todas las
fuerzas que me quedan, pero no consigo nada; me duele a horrores. La sangre
fresca se escurre y cae en el asfalto, disolviéndose con el agua.

Busco a Alek con la mirada, desesperada. ¿A dónde pudo haber ido? Lo


consigo rápidamente a unos metros de donde me encuentro, peleando con un
hombre, el mismo que nos volcó. ¿Ese es el tal Brantley? No puedo pensar
con claridad. Siento el sabor metálico de mi sangre en la boca.
Automáticamente me palpo la frente con la mano al sentir el líquido escurrir.
Todo me empieza a dar vueltas, los parpados se me cierran ¡Pero no! no
puedo, tengo que ayudar a Alek. Tengo que salir de aquí y buscar ayuda.
Como si eso sirviera de mucho. Podría buscar a Adrik, pero no sé dónde coños
está.

Ok, creo que empiezo a delirar. Cierro los ojos con fuerza y dejo que el
agua de la lluvia choque en mi cara, en un intento de no dormirme. Vuelvo a
mirar en dirección a la pelea de Alek y el otro vampiro. Mi ruso cae al suelo
fuertemente; el tipo se acerca rápidamente y lo agarra por el cuello. No se
detiene de apretarlo hasta escucha un “crack” cuando su cuello se dobla a un
lado.

Reacciono.

¡Nooooo! Grito a todo pulmón. En mis ojos brotan lágrimas llenas


de ira.

El tipo deja caer el cuerpo inmóvil de Alek al suelo. Lo mira por un


segundo y luego apunta su vista en mí. Camina en mi dirección a paso lento y
decidido. Gotas de lluvia caen en su chaqueta oscura al igual que en sus
cabellos negros. Estoy segura de que es Brantley. Mientras más se acerca
puedo ver mejor el color de sus ojos; diabólica aquella mirada color escarlata,
llena de desdén y venganza.

Lloro y grito. Yo me sacudo tratando de liberarme. No importa cómo,


¡mataré a ese desgraciado! La furia me invade como un torbellino, me siento
como un toro enojado. Ahora sí creo que estoy delirando, pues mi collar me
calienta el pecho, está brillando mucho. Lo saco de debajo de la camisa
quemándome los dedos y lo observo. No deja de irradiar luz. Es tan hermoso,
y caliente. Recuerdo la primera vez que hizo lo mismo, la noche en que Alek
me salvó y descubrí su secreto.

Sin embargo, eso no es lo que me hace pensar que estoy alucinando, sino
la persona que se interpone entre el vampiro y yo.

Mi madre.

Intento llamarla, decirle que se aparte, que puede salir lastimada, pero
aun no logro pronunciar sonido alguno. ¿Cómo llegó mi mamá allí en primer
lugar? Parpadeo varias veces por el agua que me cae en los ojos. ¿Podría ser
un sueño, una pesadilla? Lo parece. ¿Entonces? ¿Por qué todavía no puedo
despertar? Ya es suficiente ver a Alek sin vida. No creo soportar más.

En aquel momento, cuando pienso que me desmayaré, mi madre alza su


mano extendida como lo hacen los policías de tránsito, solo que con más
estilo. De ella sale disparada una explosión de energía que choca con el pecho
de Brantley, tan fuerte, provocando que salga volando hasta el otro lado de la
calle. No puedo escuchar muy bien y apenas la vista me sirve, pero lo que
acabo de ver me deja fuera de órbita, sin mis sentidos.

Aterrada por lo que acaba de pasar no dejo de mirar el cuerpo inerte del
hombre. Tiene un agujero enorme en su pecho que humea y se termina de
quemar. Luego pongo los ojos en mi madre, quien sacude los hombros
respirando con dificultad. Santo

Dios de todos los cielos ¿Qué mierda fue eso? ¿Qué es este fervor que
invadió mi cuerpo? ¿Cómo pudo mi mamá, MI MAMÁ, disparar luz y matar a
ese vampiro? El corazón me late más rápido de lo habitual, a punto de salirse
de mi pecho. El collar deja de arder, ya no me quema como hacía diez
minutos, se está enfriando cada vez más.

Ella, más resplandeciente que nunca (hablando en sentido figurado) se


vuelve y me ve. El temor que invade su rostro se transforma en alivio al saber
que sigo viva. Se acerca hasta mí y se agacha a mi lado para revisarme. Toma
mi cara entre sus manos y me besa las mejillas.

Yo todavía no puedo moverme.

Oh, cielo dice ella con la voz entrecortada. Ve mi tremendo rollo, la


pierna atrapada.

Se echa un poco para atrás y nuevamente la luz se dispara de su mano


hasta el coche, que me libera la pierna y vuela hasta el prado que hay al lado
de la carretera. Grito asustada. Mi mamá se vuelve a agachar y me abraza,
retirando los cabellos mojados de mi cara.

Ma…mamá. Intento decir aun con voz ronca.

Tranquila, ya estoy aquí. Todo está bien.

Su voz es dulce y cálida. No importa que un rayo de energía solar saliera


de su mano, sique siendo ella. Pero se equivoca, nada está bien. Me giro para
ver a Alek. Nuevas lágrimas llenan mis ojos al verlo levantarse, con dificultad
pero parándose del suelo.

Mi madre sigue mi mirada. Los dos chocan las suyas. Odio y sorpresa en
ambas partes; mamá le lanza la más furibunda y Alek abre los ojos como
platos. ¿Por qué siento que me he perdido de algo?

Mamá intenta levantarse, con intención de ir tras él. Sin embargo, le


agarro el brazo y la detengo.

Sus ojos confusos se fijan en los míos.

No lo hagas, está conmigo. Logro decir como puedo.

Aquellos ojos verdes se abren como platos. Me fuera gustado averiguar


por qué había tanto odio y sorpresa en cada una de sus miradas, pero no
puedo. Lo único que sé es que esto no es un sueño, mi madre sí está allí, y lo
que había hecho también había sido real. Justo después, ya no puedo aguantar,
el sueño es mayor que yo; su rostro atónito es lo
último que veo. Me desmayo antes de chocar la
cara contra el suelo.

23.-La verdad

Estoy en un lugar que había visto antes, parada sobre la hierba. Se escucha las
olas golpear en las piedras al final del acantilado y unas gaviotas graznar en la
distancia. La brisa me sopla el cabello hacia atrás, siento una calidez absoluta,
más de la que jamás sentí. Mis manos tocan una tela suave a mis costados,
bajo la mirada y me doy cuenta de que tengo puesto un vestido de lino, que
me recuerda a las prendas de las esposas de nobles en la época del Medievo.

El hermoso paisaje y el sonido de las aguas colisionar en las piedras me


da serenidad, cierro los ojos para sentir más. Entonces, cuando abro los ojos
nuevamente, lo veo.

Un hermoso cabello cobrizo, brillante, sedoso, alborotado. Él ve hacia


el horizonte, apreciando la vista desde el acantilado. Apenas puedo ver menos
de su perfil. Parece relajado. Parece un ángel. Su tez tan blanca, mucho más
que la porcelana, tiene un pequeño brillo frente al sol. Eso no le hace daño.
Eso no le hace ningún daño

No necesito llamarlo para que sepa que estoy allí, camino para quedar a
su lado y agarro su mano con la mía. Miro también al horizonte sabiendo que
él me ve a mí con esa sonrisa que me enriquece el alma. Me giro para verlo a
los ojos pero la oscuridad vuelve a invadirme como si me cayera a las aguas
profundas del océano.

Despierto. ¿“Enriquece el alma”? me sorprenden mis palabras. En


primer lugar, qué sueño más raro. Alek estaba allí también, estoy segura de
que él era ese chico de cabello cobrizo.

Me encuentro acostada en la cama, en mi habitación. La luz del sol


poniente traspasa los cristales e ilumina parte del cuarto. Es de tarde. ¿Por qué
sigo en cama? No recuerdo haberme acostado antes, es que yo no suelo
echarme siestas. No me he levantado cuando siento algo raro en mi pierna,
algo incómodo. Quito el cobertor y abro los ojos como platos al ver el yeso
que cubre mayoría de mi pierna. ¡¿Qué carajos…?! ¿Y por qué siento este mal
sabor de boca.

Mi cabeza también duele. Esto ya me está asustando.

Salgo de la cama y como puedo camino con intención de buscar algo


para el dolor, recorriendo el poco espacio que daba hacia la puerta. Salgo del
cuarto y entro en el baño como cojeando por el estúpido yeso; me quito el
pedazo de porquería que me molesta como si fuese cualquier cosa, con tal, la
pierna no me duele nada. Busco en el botiquín de primeros auxilios una cajita
de tylenol y saco rápidamente una de las pastillas. Estoy por metérmela a la
boca cuando escucho un sonido que provenía de la planta de abajo.

Frunzo el ceño.

Me meto la pastilla en la boca y bajo con lentitud las escaleras. Hay una
conversación, o más bien discusión en el salón. Llego a la sala y encuentro a
mi madre junto con Alek y el señor Breslow. Los dos primeros están de pie y
el señor Breslow sentado en uno de los sofás observando la disputa. Lo
primero que pienso es que ¿Cómo es posible que Alek esté allí? Todavía no se
lo he presentado a mi madre; y si él quería verme podía colarse fácilmente por
mi ventana como lo hace siempre. ¿Acaso quería conocerla al fin? Jamás
hablamos de eso, apenas salíamos.

Todos dirigen la mirada hacia mí. Alek es el primero en acercarse, pero


mi mamá es más rápida.

¿Cómo te sientes, cariño? Pregunta apartándome un rizo de la cara y


colocándolo detrás de la oreja, un gesto muy maternal.

Estoy bien. Replico no tan segura. Miro a Alek pidiendo una


explicación.

Tu pierna está mejor. Comenta el señor Breslow.

¿Mi pierna? ¿Qué tenía mi pierna? No tengo nada. Me reviso mejor


buscando algún indicio de algo anormal. Veo una cicatriz en la rodilla.

Tengo que admitir que fue efectiva la sangre que le diste, pero no
pienso aprobar que lo hagas de nuevo. Le dice mi madre a Alek.

Si no se la daba moriría. Objeta Alek.

Jamás iba a permitir eso; así como que no voy a permitir que te
acerques a mi hija.

Con todo respeto, no me alejaré de Kate hasta que ella me lo pida.

Van otra vez a discutir. El señor Breslow se levantó y se para al lado de


mi madre, es obvio que está con ella. Comienzan la discusión, sobre lo que es
bueno para mí y lo que no, sobre mi casi muerte. Yo no entiendo nada ¿Casi
muerte?

¡Basta! Me paro en medio de ellos. Alguien quiere decirme qué es


lo que pasa aquí.

Como planeé, los tres me miran; sin embargo, no esperé que lo hicieran
con asombro o perplejidad. Alek se me acerca agarrando mi mano con la suya.
Al sentir su temperatura me siento mejor. Parece que no puedo vivir sin sentir
el frío de su piel.

¿Katya, recuerdas lo que pasó antes de que llegáramos aquí? Me


pregunta.
No…yo… Me quedo corta cuando los recuerdos empiezan a
regresar.

La cabaña, Adrik, los vampiros, el tipo en la carretera, el coche


volcándose, Alek cayendo al suelo…mi madre. Le lanzo una mirada atónita a
ella recordando lo que hizo.

Sí. Tu…tu mano…hizo… no sé que decir, cómo describir lo que vi.
No puedo decir otra cosa.

Ella asiente comprensiva a mi desconcierto.

Necesitamos hablar de eso ahora que estás despierta.  Dice.

El señor Breslow se levanta del sofá.

Deberíamos irnos para que conversen. Sí, me dirijo a ti, chico.


Dispone dirigiéndose a Alek.

Mi ruso me mira, yo lo miro también, intentando de alguna forma decirle


que no se aleje. Él parece entender, pues asiente y sale de la casa seguido del
señor Breslow. Cuando se cierra la puerta veo a mi madre. Los hechos se
repiten una y otra vez en mi cabeza. No me cabe en la cabeza todo este asunto.
Es difícil de procesarlo. ¡Claro, no todos los días ves a tu madre lanzar rayos
por las manos!

Ambas tomamos asiento en el sofá. Yo tirito, pero no por el frío. ¿Qué,


acaso le tengo miedo a mi mamá? No tengo por qué, sigue siendo ella misma
¿no? lo único que cambió fue lo otro.

Kate, hija, he esperado mucho tiempo para hablarte de esto suspira


mirándome a los ojos, por fin ha llegado el momento; por tu seguridad
tienes que saberlo.

Niego lentamente con la cabeza, confundida.

Mamá, no entiendo nada ¿Cómo es que hiciste eso al… tipo? No me
sale la palabra, mi conciencia me impide decirle sobre los vampiros; suena
tonto sabiendo que ella está al tanto de la situación, pero es simple costumbre.

Me tomó de las manos.


Te lo explicaré todo, pero primero tienes que tranquilizarte para que
escuches y entiendas está seria, sin perder la paciencia y su dulce voz.
Asiento y respiro hondo. Al fin me explicará. Ya te he contado que nuestra
familia tiene un linaje de muchos años; nuestra familia es una de las más
antiguas que existen todavía, gracias a nosotras.

Ok, eso ya lo sé, mi madre ya me contó muchas cosas sobre las muchas
mujeres que han habido en nuestra genealogía. La verdad nunca me puse a
pensar mucho en eso, en todas y todos los que han tenido nuestra sangre; me
conformaba con ver el árbol genealógico y ya. Eran muchos nuestros
antepasados, en especial mujeres, como para recordar todos y cada uno de
ellos siempre.

Nuestra familia siempre ha tenido algo que nos diferencian de los


demás, un secreto que guardamos y solo un objeto nos ayuda a saber de dónde
viene nuestro linaje señala el collar que tengo. Me lo había regalado cuando
tuve edad para usarlo y no romperlo. Nosotras no somos humanas, al menos
tú no lo eres completamente.

Al llegar al punto me quedo de piedra, que no me diga que somos ogros


con forma de humano, solo una idea.

Somos hechiceras. Lo suelta al fin.

Siento la extrañeza con la palabra ¿Hechiceras? Me viene a la mente el


día en que Adrik había hablado de eso, pero pensé que lo decía jugando, como
al nombrar a las sirenas. Y.. ¿Yo, una hechicera? No puede ser, debe de estar
equivocada. « ¡Pero Kate, eres estúpida! ¿Cómo tu madre se puede equivocar
con eso?», me digo en fuero interno.

Sé que es difícil de digerir, pero ya es hora de que conozcas la verdad


y puedas aprender para protegerte continúa. Tú eres mitad mundana y
mitad hechicera, pues tu padre era un humano.

Me quedo sin palabras, ¿Una hechicera, yo? Aun no me lo puedo creer,


es tan…turbador. Aunque, estoy segura de que es cierto (cómo no), con tal, lo
he visto con mis propios ojos ¿no?

El collar que llevas prosigue, es una reliquia muy antigua que nos
reconoce como parte del linaje Stroman. Tú eres la última descendiente y,
dicho sea de paso, la más poderosa de la familia. Sonríe orgullosa de mí.
Me cuesta procesarlo, en serio, me cuesta hacerlo. Díganme lenteja si
quieren pero, Dios…asuntos como estos hay que tomárselos con clama. ¡Soy
una bruja y nunca me di cuenta de eso, señores!

O sea que, ¿puedo lanzar conjuros y hacer pociones? Pregunto


tontamente.

Ella asiente sonriendo.

Pero para eso tienes que aprender mucho, hay cosas en el mundo que
debes saber y tantos hechizos que hay que enseñarte. Podrías aprender a
elaborar una poción de invisibilidad, memorizar hechizos de autodefensa…
tantas cosas que necesitas tener en cuenta.

Ahora que lo dice todo suena muy cool.

¿Cómo es que jamás me di cuenta de lo que era? Pregunto.

Desde el día en que naciste supe que serías muy poderosa algún día
explica. Cuando eras pequeña trataste de prenderle fuego al cabello a Staci
Anderson cuando la trajeron de visita a la casa.

Me río, recuerdo a esa niñita caprichosa porque una vez le embarré la


cara con pintura cuando ella llenó mi camisa favorita. Sin embargo, no me
viene a la mente algo sobre chamuscarle el pelo. Aunque me habría divertido
mucho haciendo eso, sinceramente.

Yo no recuerdo nada de eso, mamá.

Tenías cinco años, y además baja la vista a sus manos borrando


lentamente la sonrisa. Tuve que borrarte la memoria. No quería que
estuvieras involucrada en el mundo que conozco, porque sabía que, cuanto
más fuerte te hicieras, más rápido te encontrarían los que quieren tu poder.

Me quedo en silencio, procesando lo que ha dicho. Siempre he sido algo


más que una simple humana, y nunca me di cuenta. Es tan sorprendente como
fascinante a la vez; todavía medito el término “hechicera” pero, saberlo me da
muchas ganas de conocer lo que poseo. Sería muy emocionante ver salir
chispitas de mis manos algún día…y otras cosas, claro.
Seguramente me fuera divertido mucho chamuscar el pelo de
princesita de Staci. Comento.

Mi mamá se ríe.

Oh, sí. Tenías esa mirada de traviesa que atemorizaba a los demás
niños.

Suelto una carcajada.

¿Traté de hacer algo parecido después? Quiero saber.

Muchas veces; inclusive una vez por poco revelaste lo que somos a
Cloe. Tuve que borrar los recuerdos cada vez que usabas tus poderes. Y no
creas que me apetecía hacerlo, más bien era asombroso ver cómo se
desarrollaban tus dones a pesar de ser muy chiquita y mitad humana.

¿Hay más como nosotras o, somos las únicas?

Sí, muchos más, en todo el mundo replica. No obstante, también


existen aquellos que ponen en práctica la magia negra. Pero para eso existen
los cazadores de demonios, para eliminar la magia prohibida y detener a
aquellos demonios que amenazan la seguridad de los demás seres. Yo fui uno
de ellos en mi época de juventud.

¿Hay también una asociación contra demonios? ¿Y tú fuiste parte de


ellos? Pregunto, esto se pone cada vez más interesante.

Sí; yo aprendí en la mejor escuela de hechiceros me sonríe. Sería


estupendo si tú también te instruyeras allí. Aunque primero tendrías que
aprender lo básico…hay tantas cosas que tengo que enseñarte. Me alegra que
por fin pueda hacerlo, me hace feliz saber que puedo heredarte los
conocimientos de la familia. Podemos empezar la enseñanza cuando quieras.

Me río ante el entusiasmo de mi madre. Está tan emocionada como lo


estoy yo. Todo suena estupendo, ¡Hasta una escuela hay! Y cazadores de
demonio; mi mamá había sido una de ellos, una guerrera inigualable de
seguro. ¡Puedo hasta empezar desde ya si es posible! Sin embargo, no se me
olvida que Alek me espera afuera. Tengo que hablar con él, saber que se
encuentra bien. También tengo que hablarle sobre lo que he descubierto.
Mamá, me gustaría empezar cuanto antes, quisiera aprender mucho de
ti; pero, primero debo ir a ver a Alek.

La sonrisa que tiene se va esfumando poco a poco. Definitivamente, no


le agradaba la idea. Después de todo, Alek es un demonio; acostumbraba a
cazarlos no ha dejar que su hija entablara relación con uno.

Sabes lo que es, Kate, sabes que no es un ser vivo. Sólo es un cuerpo
que puede moverse, no tiene alma, no tiene sentimientos.

Niego con la cabeza.

Estás equivocada con respecto a él. Sí tiene sentimientos, me ama…


como yo a él le aclaro firme. Su rostro es todo un poema. Y antes de que
puedas decir algo, no pienso separarme de él porque creas que es una
amenaza.

Como todos los vampiros, él puede ser impredecible, engañoso. Nada


más quiero que estés a salvo.

De nuevo niego.

Y no puedo estar más a salvo que con él. Alek no me hará daño, mamá
me levanto del sofá. Aceptaré que me enseñes a obtener manejar mi poder,
pero tú tienes que aceptarlo a él como parte de mi vida”.

No agrego más ni aguardo a su respuesta.

Me pongo la chaqueta y salgo de la casa esperando que meditara y


aceptara mi condición por el bien de ambas. Al fin lo sabe, está al tanto de que
salgo con un vampiro. Quizá no era el momento de decirle eso, pero entonces
¿Cuándo lo sería? Si no le dejaba claro ese punto no sé lo que haría.

Bajo las escaleras al trote y camino hacia Alek, que me espera apoyado
del costado de su coche. Deja de mirar al suelo y sube lentamente la mirada
para verme. Me acuerdo de la decisión que tenía que tomar cuando llegáramos
aquí. No le diré nada aun, no quiero todavía. Sin embargo, he decidido
quedarme, debo hacerlo; no abandonaré a mi madre ahora, sobretodo sabiendo
que está ilusionada con enseñarme a liberar mis poderes. Meto las manos en
los bolsillos de mi chaqueta y aminoro el paso cuando estoy más cerca.
¿Estás bien? Pregunta agarrando mi mano.

Me tiro en sus brazos sin decir ni pío. Siento como si llevara décadas sin
hacerlo; extrañaba su fría piel, sus largos brazos, su aroma a menta. Me siento
como en casa. Cuando lo vi caer en el suelo creí que lo había perdido para
siempre. Fue el detonador que explotó mi ira y liberó todo el dolor que tuve
acumulado; hizo que pudiera sentir el collar arder en mi pecho, por el más
feroz de los torbellinos de emociones unidas. Por primera vez me sentí capaz
de matar a un vampiro, por primera vez sentí un dolor tan grande como aquel.
No soporto que despierte un día y no lo encuentre.

Kate, me estás empezando a preocupar; dime qué pasa, por favor.

Una lagrimilla brota de mi ojo. Lo miro.

Cuando te vi caer allá en la carretera creí… trago con fuerza el nudo


en la garganta creí que te perdería.

Sus ojos son dos gotas de cielo, un mar lleno de emociones. Me limpia la
lágrima con ternura deslizando suavemente su dedo por mi mejilla.

La intención de Brantley no era acabar conmigo, quería quitarme del


camino para ir por ti suspira entrecortadamente, besándome la coronilla.
Lo que él quería es hacerme sentir su sufrimiento, y no lo lograría acabando
conmigo. Buscaba mi talón de Aquiles, la persona más importante para mí; así
sufriría por la eternidad apoya su frente de la mía y respira hondo.
Descubrí que había más fuerza en él de la que he conocido, más de la normal,
por eso caí.

Lo abrazo de nuevo temiendo que se desaparezca, que todo sea un


sueño. Sollozo en su hombro y sonrío cerrando los ojos, para que ese
momento dure para siempre.

No pienso permitir que suceda de nuevo. Musito.

¿A qué te refieres? Pregunta confundido.

A que jamás volverán a hacerte daño por mi culpa.

Frunce el ceño.

¿Es que acaso me vas a dejar? Sé que no lo dice en serio.


Me río.

Nada de eso, tonto. Nunca te voy a dejar, aunque eso sea lo que
quieres.

Bufa.

Eso es lo que tú quieres. Me da un beso fugaz.

Mi madre me dijo la verdad, soy una hechicera. Suelto al fin.

Espero su reacción que no tarda en venir.

Es sorprendente. Comenta ciertamente apagado.

Resoplo.

¿Sorprendente? Es increíble, maravilloso. Sonrío.

Asiente con la cabeza una sola vez.

Aunque todavía no acabo de entender qué tiene que ver con lo que
dijiste al principio.

Pues, ya que ahora sé lo que soy, quiero comenzar a aprender de mis


poderes, sobre lo que puedo hacer. Hasta podría protegerte yo a ti, ¿no es
genial?

Sí, es… estupendo. Asiente distraído viendo por encima de mi


cabeza.

Suspiro.

No pareces muy feliz por mí. Le digo.

Me miró a los ojos con culpa.

Lo siento, Kate sonríe y me planta un besote en la frente. Claro


que estoy muy feliz por ti. El asunto es que ya estaba acostumbrado a
protegerte que no me puedo creer aun que ya ni me vayas a necesitar.

No estoy nada complacida con su respuesta.


¿Cómo que ya no te voy a necesitar? Siempre te querré cerca, muy
cerca de mí lo estrecho más contra mí. Te necesito ahora y siempre te
necesitaré, porque te amo sin importar qué cambie.

Me acerco más para besarlo. Sonríe.

Sí que eres una hechicera aplica una voz seductora. Después de
todo, me tienes enganchado a ti. ¿Qué embrujo me has lanzado?

Me reí.

Yo diría lo mismo. Y cuidado, podría convertirte en sapo si quiero.

Me declaro tu sapo, señora hechicera.

Ya cállate y bésame. Exijo divertida.

Rodeo mis brazos por su cuello y me pongo de puntillas. Alcanzo sus


labios y lo beso con pasión y lentitud, cerrando los ojos para saborear sus
labios y hacer de este momento más mágico de lo que ya es.

Pienso en lo que sería de mí si fuera como él. Vivir una eternidad con
Alek me basta y me sobra. Quizá aun no hayamos terminado de salir de los
problemas, pero al fin estamos juntos y sé que puedo ser más fuerte para no
ser una carga para él. Mientras que nuestros enemigos aun no vengan por
nosotros, tenemos todo el tiempo del mundo para ser felices. Con tal, ¿Qué
más podría salir mal?

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