En su investigación, el autor desarrolla los principios informadores del Derecho
Penal en relación con su fundamento doctrinario, normativo y jurisprudencial. En
especial, se enfoca en la relación que existe entre dichos principios y los derechos
Asesoría: fundamentales protegidos en la Constitución. La investigación está dividida en
diez partes o segmentos. En el primero de ellos se analiza la necesidad e importan- INSTITUTO DE
INVESTIGACIONES
Coadyuvar con los catedráticos y es-
tudiantes en el proceso de ense-
cia de establecer límites a la facultad sancionadora del Estado. En los siguientes se
desarrolla cada uno de los principios abordados por el autor. Se le da cierto énfasis
PRINCIPIOS INFORMADORES JURÍDICAS
ñanza-aprendizaje. Particularmente,
apoyar la elaboración de tesis, orien-
tando el desarrollo de la investi-
al principio de humanidad de las penas, especialmente en relación con la abolición
de la pena de muerte y las penas corporales.
DEL DERECHO PENAL Misión
gación para que la misma constituya Es una unidad académica de la
un aporte a la ciencia y cultura jurí- Universidad Rafael Landívar, cuya
dico-social del país. Edgar Orlando Ruano Godoy es estudiante del Doctorado en Derecho por la Uni-
misión es el estudio, desarrollo y
versidad Rafael Landívar y la Universidad del País Vasco; Magíster en Derecho divulgación de las ciencias jurídicas
Consultoría: Constitucional por la Universidad Rafael Landívar, 2010; Magíster en Derecho y sociales, mediante la investigación,
Pluralista Público y Privado por la Universidad Autónoma de Barcelona, España, capacitación, asesoría, consultoría y
Proporcionar apoyo técnico a difusión de temas nacionales,
personas y entidades que lo requieran 2002; Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario por la Uni- regionales y mundiales de interés y
o lo necesiten, sobre asuntos jurídicos versidad de San Carlos de Guatemala, 1993. Del 2007 al 2009 Fiscal de Sección de actualidad, que impliquen la
y sociales, aplicando las experiencias la Fiscalía de Asuntos Constitucionales, Amparos y Exhibición Personal; del 2009 participación de todos los sectores
obtenidas en las investigaciones. del p aí s , co n s ci en t es d e l as
al 2012 Magistrado de la Sala Primera del Tribunal de lo Contencioso Administra-
características pluriculturales,
Difusión: tivo; del 2012 al 2014 Magistrado del Tribunal de Segunda Instancia de Cuentas multiétnicas y multilingües de
y de Conflictos de Jurisdicción. Actualmente se desempeña como Letrado de la América Central y, congruentes con
Compartir con todos los sectores de Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal. Autor de artículos de revistas y cola- el ideario landivariano.
la sociedad las investigaciones rea- boraciones en obras colectivas publicadas por el Colegio de Abogados y Notarios
lizadas, con el objeto de participar
activamente en la creación de una
de Guatemala (2002), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales Edgar Orlando
bibliografía que analice y aporte (2003), Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Rafael Landívar
soluciones a los actuales problemas (2013-2015), Organismo Judicial (2013), Instituto de Magistrados de la Corte de Ruano Godoy
jurídicos y sociales. Apelaciones del Organismo Judicial (2014) y Corte de Constitucionalidad (2015).
OBJETIVOS
Instituto de Investigaciones ESTRATÉGICOS
Jurídicas –IIJ–
Universidad Rafael Landívar Investigación:
Campus Central,
Vista Hermosa III, zona 16 Participar activamente en el análisis,
Edificio “O”, 2º. Nivel, O-214 discusión y propuesta de soluciones
a los problemas jurídicos y sociales
Apartado Postal 39-C, Ciudad de Guatemala y Centroamérica, en
de Guatemala, Guatemala Instituto de Investigaciones Jurídicas el contexto mundial, para formar
01016. Universidad Rafael Landívar criterios y alcanzar consensos que
Tel.: (502) 2426-2626;
IIJ/URL
conduzcan al desarrollo integral de
Ext. 2551. la persona humana y de la sociedad.
Fax: (502) 2426-2595
Correo electrónico: ijj@[Link]
Capacitación:
Página electrónica: [Link] Instituto de Investigaciones Jurídicas Formar en las distintas áreas jurídicas
y sociales a todos los sectores,
Universidad Rafael Landívar
IIJ/URL
académicos, políticos, económicos y
sociales interesados, analizando y
Cuaderno de estudio número 134 divulgando los resultados de las
investigaciones, para transformar la
Guatemala, 2015 sociedad.
En su investigación, el autor desarrolla los principios informadores del Derecho
Penal en relación con su fundamento doctrinario, normativo y jurisprudencial. En
especial, se enfoca en la relación que existe entre dichos principios y los derechos
Asesoría: fundamentales protegidos en la Constitución. La investigación está dividida en
diez partes o segmentos. En el primero de ellos se analiza la necesidad e importan- INSTITUTO DE
INVESTIGACIONES
Coadyuvar con los catedráticos y es-
tudiantes en el proceso de ense-
cia de establecer límites a la facultad sancionadora del Estado. En los siguientes se
desarrolla cada uno de los principios abordados por el autor. Se le da cierto énfasis
PRINCIPIOS INFORMADORES JURÍDICAS
ñanza-aprendizaje. Particularmente,
apoyar la elaboración de tesis, orien-
tando el desarrollo de la investi-
al principio de humanidad de las penas, especialmente en relación con la abolición
de la pena de muerte y las penas corporales.
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gación para que la misma constituya Es una unidad académica de la
un aporte a la ciencia y cultura jurí- Universidad Rafael Landívar, cuya
dico-social del país. Edgar Orlando Ruano Godoy es estudiante del Doctorado en Derecho por la Uni-
misión es el estudio, desarrollo y
versidad Rafael Landívar y la Universidad del País Vasco; Magíster en Derecho divulgación de las ciencias jurídicas
Consultoría: Constitucional por la Universidad Rafael Landívar, 2010; Magíster en Derecho y sociales, mediante la investigación,
Pluralista Público y Privado por la Universidad Autónoma de Barcelona, España, capacitación, asesoría, consultoría y
Proporcionar apoyo técnico a difusión de temas nacionales,
personas y entidades que lo requieran 2002; Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario por la Uni- regionales y mundiales de interés y
o lo necesiten, sobre asuntos jurídicos versidad de San Carlos de Guatemala, 1993. Del 2007 al 2009 Fiscal de Sección de actualidad, que impliquen la
y sociales, aplicando las experiencias la Fiscalía de Asuntos Constitucionales, Amparos y Exhibición Personal; del 2009 participación de todos los sectores
obtenidas en las investigaciones. del p aí s , co n s ci en t es d e l as
al 2012 Magistrado de la Sala Primera del Tribunal de lo Contencioso Administra-
características pluriculturales,
Difusión: tivo; del 2012 al 2014 Magistrado del Tribunal de Segunda Instancia de Cuentas multiétnicas y multilingües de
y de Conflictos de Jurisdicción. Actualmente se desempeña como Letrado de la América Central y, congruentes con
Compartir con todos los sectores de Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal. Autor de artículos de revistas y cola- el ideario landivariano.
la sociedad las investigaciones rea- boraciones en obras colectivas publicadas por el Colegio de Abogados y Notarios
lizadas, con el objeto de participar
activamente en la creación de una
de Guatemala (2002), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales Edgar Orlando
bibliografía que analice y aporte (2003), Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Rafael Landívar
soluciones a los actuales problemas (2013-2015), Organismo Judicial (2013), Instituto de Magistrados de la Corte de Ruano Godoy
jurídicos y sociales. Apelaciones del Organismo Judicial (2014) y Corte de Constitucionalidad (2015).
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de Guatemala, Guatemala Instituto de Investigaciones Jurídicas el contexto mundial, para formar
01016. Universidad Rafael Landívar criterios y alcanzar consensos que
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y sociales a todos los sectores,
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académicos, políticos, económicos y
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investigaciones, para transformar la
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PRINCIPIOS INFORMADORES
DEL DERECHO PENAL
Edgar Orlando Ruano Godoy
PRINCIPIOS INFORMADORES
DEL DERECHO PENAL
Edgar Orlando Ruano Godoy
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Universidad Rafael Landívar
IIJ/URL
Guatemala, 2015
URL
345.097281
R894 Ruano Godoy, Edgar Orlando
Principios informadores del derecho penal / Edgar Orlando Ruano
Godoy, Mgtr. Guatemala : Universidad Rafael Landívar. Instituto de
Investigaciones Jurídicas. (IIJ/URL). Universidad del País Vasco / Euskal
Herriko Unibertsitatea, 2015.
xiv, 119 p. (cuaderno de estudio ; 134)
ISBN: 978-9929-584-50-1
Incluye: Conclusiones, referencias bibliográficas.
1. Derecho penal – Legislación – Guatemala 2. Derecho penal – Aplicación
3. Derecho constitucional – Guatemala 4. Constitución Política de Guate-
mala 5. Penas – Análisis y aplicación 6. Administración de justicia penal
(procedimiento) 7. Delitos – Penalización – Guatemala 8. Pena de muerte –
Abolición 9. Delitos – Teorías constitucionales – Guatemala 10. Garantías
constitucionales – Guatemala 11. Derechos humanos – Instrumentos inter-
nacionales – Convenios internacionales 12. Bienes jurídicos – Protección
13. Resocialización de condenados.
I. Universidad Rafael Landívar. Instituto de Investigaciones Jurídicas
II. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.
Universidad Rafael Landívar
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Cuaderno de estudio 134, 2015
Principios informadores del Derecho Penal
Edgar Orlando Ruano Godoy
D.R. © Instituto de Investigaciones Jurídicas
Universidad Rafael Landívar, Campus Central,
Vista Hermosa III, zona 16, Edificio “O”,
2do. Nivel, Oficina O-214
Apartado Postal 39-C, Ciudad de Guatemala,
Guatemala, 01016
Teléfono: (502) 2426-2626 Extensión: 2551
Fax: (502) 2426-2595
Correo electrónico: iij@[Link]
Página electrónica: [Link]
Cuidado de la edición: Luis Andrés Lepe Sosa
Impreso en Serviprensa, S.A.
3ª Ave. 14-62, zona 1
PBX: 2245-8888
[Link]
Ciudad de Guatemala, Guatemala
VI
AUTORIDADES DE LA UNIVERSIDAD
RAFAEL LANDÍVAR
Rector
Dr. Eduardo Valdés Barría, S. J.
Vicerrectora Académica
Dra. Lucrecia Méndez González de Penedo
Vicerrector de Investigación y Proyección
Dr. José Juventino Gálvez Ruano
Vicerrector de Integración Universitaria
P. Julio Enrique Moreira Chavarría, S. J.
Vicerrector Administrativo
Lcdo. Ariel Rivera Irías
Secretaria General
Lcda. Fabiola Padilla Beltranena de Lorenzana
CONSEJO EDITORIAL DEL
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS
Rector
Dr. Eduardo Valdés Barría, S. J.
Vicerrector de Investigación y Proyección
Dr. José Juventino Gálvez Ruano
Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Dr. Rolando Escobar Menaldo
Vicedecano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Mgtr. Helena Carolina Machado Carballo
Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas
Dr. Larry Andrade-Abularach
VII
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS
UNIVERSIDAD RAFAEL LANDÍVAR
Director
Dr. Larry Andrade-Abularach
Jefa académica e investigadora principal
Mgtr. Patricia Jiménez Crespo
Jefe administrativo
Lcdo. Manuel Enrique Tecum Ajanel
Investigador
Dr. Jorge Mario García Laguardia
Investigador
Mgtr. Luis Andrés Lepe Sosa
Gestor académico del Doctorado en Derecho
Lcdo. Briguer Barnavá Crúz Orellana
Asistente de investigación
Andrea Natalia Castro Estrada
Asistente de investigación
Rosa Mariela Ortíz Ralón
Recepcionista
Dara Andrea García Batres
VIII
AUTORIDADES DE LA UNIVERSIDAD DEL PAÍS
VASCO/ EUSKAL HERRIKO UNIBERTSITATEA
Rector
Sr. Iñaki Goirizelaia
Secretario General
Sr. José Luis Martín González
Vicerrector del Campus de Álava
Sr. Javier Garaizar Candina
Vicerrector del Campus de Bizkaia
Sr. Carmelo Garitaonandia Garnacho
Vicerrectora del Campus de Gipuzkoa
Sra. Ana Arrieta Ayestaran
Vicerrector de Euskera
Sr. Jon Zarate Sesma
Vicerrectora de Estudios de Grado e Innovación
Sra. Amaya Zarraga Castro
Vicerrectora de Estudios de Posgrado y Relaciones Internacionales
Sra. Nekane Balluerka Lasa
Vicerrectora de Proyección y Transferencia
Sra. Amaia Maseda García
Vicerrector de Investigación
Sr. Fernando Plazaola Muguruza
Vicerrectora de Estudiantes, Empleo y Responsabilidad Social
Sra. Maite Zelaia Garagarza
Vicerrector de Personal Docente e Investigador
Sr. Xabier Etxaniz Erle
Gerente
Sra. Miren Lorea Bilbao Artetxe
IX
DOCTORADO EN DERECHO DE LA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y
SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD
RAFAEL LANDÍVAR Y DE LA
FACULTAD DE DERECHO DE LA
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO/
EUSKAL HERRIKO UNIBERTSITATEA
Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la
Universidad Rafael Landívar
Dr. Rolando Escobar Menaldo
Decana de la Facultad de Derecho de la
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
Dra. Juana María Goizueta Vértiz
Responsable
Dr. Francisco Javier Caballero Harriet
Responsable
Dr. Larry Andrade-Abularach
Comisión Académica
Presidente
Dr. Francisco Javier Caballero Harriet
Vocal
Dr. Francisco Javier Ezquiaga Ganuzas
Vocal
Dr. Ignacio Muñagorri Laguia
X
ÍNDICE
Presentación ............................................................................ XIII
Introducción ................................................................................. 1
I. Límites al ius puniendi ........................................................ 3
II. Principio de mínima intervención
–Ultima ratio– .................................................................. 11
III. Bien jurídico tutelado..................................................... 17
1. Importancia ................................................................... 17
2. El bien jurídico como límite al poder
punitivo estatal .............................................................. 20
3. La Constitución y los bienes jurídicos tutelados ........ 21
IV. Legalidad ........................................................................... 27
1. Importancia y origen .................................................... 27
2. Trascendencia del principio de legalidad
en el Estado Democrático de Derecho ........................ 31
3. Sustento constitucional del principio de legalidad ..... 33
V. Irretroactividad ................................................................ 37
1. Ámbito de aplicación .................................................... 37
2. Incorporación y protección constitucional ................. 41
VI. Proporcionalidad ............................................................. 47
1. Importancia ................................................................... 48
2. Inconstitucionalidad por desproporción de la pena.... 52
VII. Culpabilidad ..................................................................... 57
1. Relevancia como principio limitador .......................... 57
2. Desavenencias interpretativas actuales ........................ 59
XI
3. Observancia como principio informador .................... 60
4. Incorporación constitucional ....................................... 62
VIII. Ne bis in idem ...................................................................... 65
1. Importancia .................................................................. 65
2. Antecedentes ................................................................ 66
3. Doble vertiente: sustantiva y procesal ......................... 68
4. Su inclusión en la Constitución y en instrumentos
internacionales de Derechos Humanos ...................... 69
IX. Resocialización ................................................................ 75
1. Importancia ................................................................... 75
2. Su inclusión en la Constitución .................................. 76
3. Necesidad de la reinserción ......................................... 78
X. Principio de humanidad de las penas ......................... 85
1. Importancia .................................................................. 85
2. Su incorporación en la Constitución........................... 86
3. Fines de la pena ............................................................ 88
3.1 Corrientes justificativas ......................................... 89
3.1.1 Prevención general....................................... 89
[Link] Prevención general negativa ........... 90
[Link] Prevención general positiva............ 91
3.1.2 Prevención especial ...................................... 93
3.2 Corriente abolicionista .......................................... 94
4. Prohibición de la pena de muerte ................................ 95
5. Prohibición de penas corporales ................................ 103
a. Castración química .............................................. 103
Conclusiones............................................................................. 109
Bibliografía ............................................................................... 111
XII
PRESENTACIÓN
Un principio puede ser definido como aquella norma o idea
fundamental que rige un pensamiento o conducta.* En el caso
del derecho penal, existen ciertos principios delimitadores o
informadores que imponen barreras al ius puniendi –es decir, la
facultad punitiva del Estado– con el fin de evitar extralimitaciones
que pongan en peligro los derechos fundamentales protegidos en
un Estado de Derecho.
En su investigación, el Mgtr. Edgar Orlando Ruano Godoy**
desarrolla los principios informadores del Derecho Penal en relación
con su fundamento doctrinario, normativo y jurisprudencial. En
especial, se enfoca en la relación que existe entre dichos principios
y los derechos fundamentales protegidos en la Constitución.
La investigación está dividida en diez partes o segmentos. En el
primero de ellos se analiza la necesidad e importancia de establecer
límites a la facultad sancionadora del Estado. En los siguientes
se desarrolla cada uno de los principios abordados por el autor.
Se le da cierto énfasis al principio de humanidad de las penas,
especialmente en relación con la abolición de la pena de muerte y
las penas corporales.
*
Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed., 2001, “principio”,
[Link]
**
Estudiante del Doctorado en Derecho por la Universidad Rafael Landívar y la
Universidad del País Vasco; Magíster en Derecho Constitucional por la Universidad
Rafael Landívar, 2010; Magíster en Derecho Pluralista Público y Privado por la
Universidad Autónoma de Barcelona, España, 2002; Licenciado en Ciencias Jurídicas
y Sociales, Abogado y Notario por la Universidad de San Carlos de Guatemala, 1993.
Del 2007 al 2009 Fiscal de Sección de la Fiscalía de Asuntos Constitucionales, Amparos
y Exhibición Personal; del 2009 al 2012 Magistrado Sala Primera del Tribunal de lo
Contencioso Administrativo; del 2012 al 2014 Magistrado del Tribunal de Segunda
Instancia de Cuentas y de Conflictos de Jurisdicción. Actualmente se desempeña como
Letrado de la Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal. Autor de artículos de revistas
y colaboraciones en obras colectivas publicadas por el Colegio de Abogados y Notarios
de Guatemala (2002), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales (2003),
Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Rafael Landívar (2013-2015),
Organismo Judicial (2013), Instituto de Magistrados de la Corte de Apelaciones del
Organismo Judicial (2014) y Corte de Constitucionalidad (2015).
XIII
La investigación que hoy se presenta forma parte de la tesis de
posgrado/trabajo de fin de máster del autor para obtener el grado
de Magíster Universitario en Investigación en Derecho “Sociedad
Democrática, Estado y Derecho”, otorgado por la Universidad
Rafael Landívar y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko
Unibertsitatea, que representa la culminación exitosa de la primera
fase doctoral. Dicho trabajo de fin de máster fue realizado bajo
la dirección del doctor Guillermo Portilla Contreras, jurista,
catedrático universitario y autor de numerosos libros, artículos de
revistas y colaboraciones en obras colectivas.
Agradecemos al Mgtr. Ruano Godoy por compartir su
enriquecedora investigación, y a la vez le deseamos lo mejor en la
ardua tarea de elaboración de su tesis doctoral.
Dr. Larry Andrade-Abularach
Director
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Coordinador
Doctorado en Derecho
Universidad Rafael Landívar y
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
en Guatemala
Mgtr. Luis Andrés Lepe Sosa
Investigador
Instituto de Investigaciones Jurídicas
Guatemala de la Asunción, julio de 2015.
XIV
INTRODUCCIÓN
Dos de las disciplinas jurídicas que más impacto causan
en la praxis jurídica y de las que se han elaborado diversos
estudios doctrinarios para el efecto, lo constituyen el Derecho
Constitucional y el Derecho Penal. La relación producida entre
ambos es vinculante, pero no novedosa, pues se mantiene constante
desde los tiempos de la ilustración. La relación es de tal magnitud
que probablemente de todas las disciplinas jurídicas, sea el Derecho
Penal el que más se relaciona con el Derecho Constitucional,
debido a los bienes jurídicos de carácter primordial que el mismo
pretende proteger, como la vida, la libertad, etc., con el propósito
de lograr el mantenimiento de la convivencia social.
Pero, para lograr esos propósitos, el Estado no puede utilizar
mecanismos arbitrarios, so pretexto de combatir la criminalidad
de manera eficiente. Estos mecanismos son propios de un sistema
autoritario y no de un sistema democrático de derecho, porque
en este último, prevalece el aspecto político-constitucional del
ius puniendi y se limita la potestad punitiva de castigar, mediante
la incorporación de principios informadores al derecho penal,
que no pueden tergiversar el contenido de la Constitución y se
desarrollan en definitiva, en forma coherente con el texto supremo.
El constitucionalismo humanista actual se centra en la persona
y prioriza la defensa y promoción de los derechos humanos y
fundamentales. Igual situación acontece en el Derecho Penal con el
garantismo. En ese sentido, en el Estado Democrático de Derecho
no debería existir otra violencia legal que aquella mínima necesaria
para prevenir formas de violencia ilegal y más grave.
Generalmente, el Derecho Constitucional y el Derecho
Penal son analizados de manera aislada y en pocas ocasiones se ha
realizado un trabajo doctrinario que aborde la relación existente
entre ambas ramas del derecho con relación a un tema específico.
Esta es precisamente la finalidad que se pretende cumplir con la
investigación: analizar los principios informadores del Derecho
Penal, tanto en su propio ámbito, como desde una óptica
constitucional.
1
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
El trabajo investigativo se encuentra dividido en diez partes o
segmentos, en los que se justifica la importancia que tiene poner una
limitación al ius puniendi y se desarrollan los principios informadores
del Derecho Penal como lo son: el de mínima intervención, el bien
jurídico tutelado, el de legalidad y el de irretroactividad. Asimismo,
se desarrolla el principio de proporcionalidad, donde se enfatiza
su importancia, pero sobre todo la inconstitucionalidad por
desproporción de la pena. Aunado a ello, se exponen los principios
de culpabilidad y de ne bis in idem y se analizan los pros y contras
de la resocialización, que como prevención especial negativa se
encuentra en el texto constitucional.
Por último, dada su especial importancia, se estudia lo
concerniente al principio de humanidad de las penas: importancia,
fines de la pena, prohibición de la pena de muerte y la prohibición
de las penas corporales, donde se prioriza el análisis crítico de la
aplicación de la denominada “castración química” y su desbordante
inutilidad práctica.
2
I
LÍMITES AL IUS PUNIENDI
Hablar de Derecho Penal es hablar, de un modo u otro, de
violencia, de acuerdo con MUÑOZ CONDE. Añade, que violentos son
generalmente los casos de los que se ocupa el Derecho Penal, como
robo, asesinato, terrorismo, rebelión, pero también, que es violenta
la forma en que el Derecho Penal soluciona estos casos (cárcel,
internamientos psiquiátricos, suspensiones e inhabilitaciones de
derechos).1 En ese sentido, es indudable que el Derecho Penal
conforma un mecanismo de control social de carácter formal que,
como asevera JOSÉ LUIS DÍEZ RIPOLLÉS, viene a ser un subsistema
más dentro del sistema de control social que, como todos los
restantes, persigue sus mismos fines de aseguramiento del orden
social y se sirve de idénticos instrumentos fundamentales, esto es,
de normas, sanciones y procesos,2 que constituyen los principios
básicos, no sólo de la administración de justicia, sino del control
social en su aspecto laxo.3
Si bien es cierto, el Estado se encuentra legitimado formalmente
para imponer sanciones penales a los infractores de las normas,
por encontrarse establecido en la ley, también lo es, que lo que
fundamenta (funcionalmente) el recurso al Derecho Penal es
solamente su ineludible necesidad para garantizar la protección de
la sociedad mediante la previsión general y especial de delitos.4 Sin
embargo, la legitimación del Estado para sancionar constituye un
problema complejo, que puede analizarse complementariamente
1 MUÑOZ CONDE, Francisco. Derecho Penal. Parte General. 3ª Edición. Tirant Lo Blanch,
Valencia, España, 1998, p. 29.
2 DÍEZ RIPOLLÉS, José Luis, “El Bien Jurídico Protegido en un Derecho Penal Garantista”.
Revista Jueces para la Democracia, España, 1997, p. 11.
3 “El contenido de estos elementos se desarrolla a través del Derecho penal material (por
la vía de la imputación), del Derecho sancionatorio (a través de las penas y medidas)
y del Derecho procesal penal (contenido en la Ley de Enjuiciamiento criminal y en
la Ley Orgánica del Poder Judicial). Estos tres elementos, norma, sanción y proceso
constituyen los principios básicos, no sólo de la Administración de Justicia, sino del
concepto más amplio de control social”. Cfr. HASSEMER, WILFRIED y MUÑOZ CONDE,
Francisco. Introducción a la Economía y al Derecho Penal. Tirant Lo Blanch. Valencia,
España, 1989, p. 15.
4 Cfr. LUZÓN PEÑA, Diego-Manuel. Curso de Derecho Penal. Parte General. Universitas,
Madrid, España, 1996, p. 79.
3
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
en distintos enfoques: jurídico, político, social, filosófico. Sin
embargo, centralizando el enfoque jurídicamente, el ius puniendi
debe contener, además de la sanción que puede imponerse por el
hecho delictivo cometido (aspecto retributivo), una “prevención”
para que la población se vea desalentada para cometer un delito
en el futuro (aspecto preventivo general) o bien que la persona
que ha cometido un hecho punible no lo vuelva a cometer en otra
oportunidad (aspecto preventivo especial).
El logro de esa protección no puede traducirse en la utilización
de mecanismos arbitrarios por parte del Estado, que son propios de
un sistema autoritario y no de un sistema democrático de derecho,
pues en este último, prevalece el aspecto político-constitucional del
ius puniendi, y se limita la potestad punitiva de castigar, mediante la
incorporación de principios informadores al Derecho Penal que no
pueden tergiversar el contenido de la Constitución y se desarrollan,
en definitiva, en forma coherente con el texto supremo.5 Así lo
reconoce CREUS,6 al afirmar que:
Aunque se habla de limitaciones materiales (principios de
necesidad de intervención del Estado, de protección de bienes
jurídicos, de dignidad de la persona humana) y formales (principio
de legalidad) (ver Bustos Ramírez), es indudable que en la
consideración del sistema jurídico las limitaciones prelegislativas
del ius puniendi dependen de las normas fundamentales de dicho
sistema, es decir, entre nosotros, de las constitucionales.
5 La Corte Constitucional de Colombia ilustra claramente las limitaciones que impone
la Constitución en el ejercicio del ius puniendi, especificando su fundamento y límites,
de la siguiente manera: “Ha habido una constitucionalización del derecho penal porque
tanto en materia sustantiva como procedimental, la Carta incorpora preceptos y enuncia
valores y postulados –particularmente en el campo de los derechos fundamentales– que
inciden de manera significativa en el derecho penal y, a la vez, orientan y determinan su
alcance. Esto significa entonces que el Legislador no tiene una discrecionalidad absoluta
para definir los tipos delictivos y los procedimientos penales, ya que debe respetar los
derechos constitucionales de las personas, que aparecen así como el fundamento y límite
del poder punitivo del Estado. Fundamento, porque el ius puniendi debe estar orientado
a hacer efectivos esos derechos y valores constitucionales. Y límite, porque la política
criminal del Estado no puede desconocer los derechos y la dignidad de las personas”.
Sentencia C-038, del 09 de febrero de 1995.
6 Op. cit. p. 6.
4
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Si partimos de manera general, dentro del constitucionalismo
moderno uno de los deberes (u obligaciones) del Estado7 consiste
en la protección de los derechos de las personas,8 con el fin de
mantener la convivencia social. En contrapartida, cuando alguna
persona perturba la convivencia social, mediante la realización
de ciertas actuaciones en contra de otras personas de ese mismo
conglomerado social, provoca indefectiblemente que el Estado se
encuentre facultado a su vez para reaccionar con el propósito de
mantener la referida convivencia. Pero, ¿cómo reacciona?, ¿cómo
se gradúa o limita su reacción?, ¿actúa con justicia o con irrespeto
a la misma?, ¿se debe priorizar la eficacia o la protección de los
derechos humanos?
La respuesta a las interrogantes precedentes no es sencilla, sino
al contrario, constituye una respuesta compleja que ha originado
la formulación de corrientes de pensamiento penal que buscan
contestarlas. A este respecto, asegura BACIGALUPO, no todo medio
adecuado para impedir el delito puede ser por ello legítimo.9
Ciertamente, en el ejercicio del Derecho Penal, el Estado no
puede actuar arbitrariamente, a menos que no constituya un
Estado Democrático de Derecho, como se ha indicado. Pero este
7 Por ejemplo, en el caso de Guatemala, desde el inicio, en el preámbulo de la
Constitución Política de la República se establece la primacía de la persona humana
como sujeto y fin del orden social. Esta preponderancia que el texto constitucional
reconoce explícitamente a la persona e implica ya dentro del cuerpo normativo, como
deber del Estado, garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la
justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona, como lo refiere el
artículo 2º, o bien, al estimar que el Estado de Guatemala se organiza para proteger a la
persona y a la familia (art. 1º). Como puede observarse, se prioriza la protección de los
derechos de las personas, como corresponde a un Estado Democrático de Derecho.
8 En ese sentido, FALCÓN Y TELLA, Fernando, expone: “Se dice que el Estado tiene una
obligación prima facie de proteger los derechos de los individuos a los que gobierna,
derechos que pueden verse conculcados por los actos criminales. Es una obligación
prima facie el tratar, en la medida de lo posible, de evitar estas infracciones antes de
que ocurran […]. Todos los individuos, los delincuentes también, comienzan siendo
titulares de derechos tales como el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y
otros. Se trata de derechos contra el Estado así como contra otros individuos”.
“Examen crítico de los diferentes tipos de Estado y el derecho a castigar”. En Revista
Foro, Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, Nueva época, núm. 2/2005. Universidad
Complutense. Madrid, España, 2005, p. 355.
9 BACIGALUPO, Enrique. “Filosofía e Ideología de la Teoría de las Penas”. Derecho y
Humanidades, núm. 16, vol. 1, Chile, 2010, p. 21.
5
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
ejercicio del ius puniendi debe ser ejercitado con fundamento en
el Derecho Penal del acto, propio de un Estado democrático, y
no del autor, como priva en un Estado autoritario.10 Y además, es
injustificable efectuar una distinción generalizada entre personas
a quienes se les considera “merecedoras” de ser aptas para gozar
de la protección de los derechos humanos y fundamentales,
frente a otras que por atentar contra la seguridad del Estado, en
la práctica no se les reconoce la calidad de personas, es decir,
se efectúa una diferenciación dicotómica entre “persona y no
persona”. Esta distinción, propia del denominado “Derecho del
Enemigo”, sustentada por JAKOBS, se fundamenta filosóficamente,
como lo ha estudiado PORTILLA CONTRERAS, en aspectos de
índole contractualista (HOBBES y KANT), schmittiana (SCHMITT) y
estructural-funcionalista (LUHMANN),11 donde se inculca el temor
a regresar al estado de naturaleza anárquico; a distinguir entre
enemigo externo e interno frente al considerado amigo y donde
prime la defensa de la seguridad del Estado sin que importe siquiera
la inexistencia de los principios liberales. Agrega este autor:
El Derecho penal de la posmodernidad exhibe simultáneamente
dos caras opuestas. En una de ellas, el sujeto sólo responde por la
lesión del valor tutelado, la pena adquiere funciones preventivas y
no se interrumpen las garantías constitucionales. En la otra, por el
contrario, el sujeto aparece como emanación de peligro, como un
10 La distinción entre derecho penal de acto y derecho penal de autor resulta
imprescindible para la sustentación de un verdadero Estado Democrático de
Derecho, porque al seleccionar el derecho penal de acto, se va a juzgar a la persona
por lo que supuestamente hizo y no por aspectos puramente personales, que resultan
independientes de su conducta. Como lo ha establecido la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en el caso Fermín Ramírez contra Guatemala, sentencia de 20
de junio de 2005: “En concepto de esta Corte, el problema que plantea la invocación
de la peligrosidad no sólo puede ser analizado a la luz de las garantías del debido
proceso, dentro del artículo 8 de la Convención. Esa invocación tiene mayor alcance
y gravedad. En efecto, constituye claramente una expresión del ejercicio del ius
puniendi estatal sobre la base de las características personales del agente y no del hecho
cometido, es decir, sustituye el Derecho Penal de acto o de hecho, propio del sistema
penal de una sociedad democrática, por el Derecho Penal de autor, que abre la puerta
al autoritarismo precisamente en una materia en la que se hallan en juego los bienes
jurídicos de mayor jerarquía”.
11 PORTILLA CONTRERAS, Guillermo. “Bases teóricas del ‘nuevo’ Derecho Penal
Schmittiano: el Derecho Penal y Procesal Penal del ‘enemigo’”. En Ius. Revista de
Ciencias Jurídicas de Puebla, México, 2007, p. 10 y ss.
6
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
riesgo potencial para la seguridad del Estado. Es el reingreso de la
guerra justa y preventiva como paradigma del nuevo sistema penal.
Hablamos entonces de un singular Derecho penal de excepción
cuyo fin es combatir futuras amenazas, y que restringe garantías
fundamentales por su supuesta traba a la razón de Estado.
Ahora bien, el ius puniendi que posee el Estado, que debe aplicarse
a todas las personas, sin distinción alguna entre “amigo o enemigo”,
le permite imponer una pena o una medida de seguridad, y como lo
expone MEDINA CUENCA, está integrado por un sistema de principios
denominados limitativos al derecho de castigar, mediante los cuales
se logra introducir una “barrera”, ante posibles arbitrariedades.12
Estos principios de Derecho Penal, como lo asegura BACIGALUPO,
constituyen una concreción de la idea del Estado de Derecho y se
refieren básicamente a la previsibilidad de la acción represiva por
el ciudadano y a los límites de esta acción.13 Es decir, se persigue
priorizar la protección de bienes jurídicos mediante la previsión, en
lugar de una generalización de la represión.
La potestad punitiva se ejerce sobre todo, por dos de los
poderes del Estado, esencialmente en dos situaciones distintas: en
el proceso de creación de las leyes (Congreso o Parlamento) y en
el de la aplicación de esas leyes en casos concretos sometidos a su
decisión (jueces), pues como señala QUINTERO OLIVARES,14 en el
fondo se reduce a dos problemas: “Límites que el Estado de Derecho
impone al que detenta la potestad en orden a la construcción del
sistema penal positivo, y, en segundo lugar, límites que el Estado de
Derecho establece en orden a la aplicación y ejecución de las penas
sobre un autor concreto”.
Ante esta situación, los principios informadores del Derecho
Penal se convierten en límites inabordables, que como una muralla
12 MEDINA CUENCA, Arnel. “Los Principios Limitativos del Ius Puniendi y las alternativas
a las penas privativas de libertad”. En Ius. Revista de Ciencias Jurídicas de Puebla, México,
2007, p. 88.
13 BACIGALUPO, Enrique. Derecho Penal. Parte General. Hammurabi, 2ª Edición, Buenos
Aires, Argentina, 1999, p. 232.
14 QUINTERO OLIVARES, Gonzalo. Manual de Derecho Penal. Parte General. Aranzandi,
Segunda Edición. Pamplona, España, 2000, p. 66.
7
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
enhiesta contienen el ímpetu del Estado en utilizar su poder para
castigar, al imponerle restricciones, con el fin de evitar que utilice
el Derecho Penal como un mecanismo de represión ordinario e
irrestricto. Este constituye uno de los aspectos, que de acuerdo con
FERRAJOLI, permiten que la ley penal se justifique en cuanto ley
del más débil, orientada hacia la tutela de sus derechos contra las
violencias arbitrarias del más fuerte.15 Los límites al poder punitivo
estatal son necesarios para su control racional en forma coherente
con los derechos fundamentales de las personas, pues de lo
contrario, sucedería lo manifestado acertadamente por HASSEMER,16
cuando asevera que “sobre un control social represivo, poco claro,
primitivo y desproporcionado no se puede construir un Derecho
penal civilizado”.
En lugar de buscarse cada vez más la observancia de un Derecho
Penal mínimo, la tendencia es en mayor medida, el incremento
severo de las penas para ciertos tipos de delitos, en el cual ya no se
valora el resultado de los mismos, sino el peligro que tales actividades
u omisiones delictivas pueden provocar. El Derecho Penal dentro
de un Estado Democrático de Derecho debe ser un mecanismo
que no sólo limite el poder punitivo estatal, sino que garantice
los derechos de los particulares. Entre más se pretenda aplicar el
Derecho Penal, en detrimento de las otras disciplinas jurídicas
que resultan menos gravosas para los particulares, mayor será el
riesgo de quebrantar el orden democrático y constitucional, en aras
de lograr una espuria eficiencia de los órganos gubernamentales
encargados de la seguridad nacional.
El Derecho Penal mínimo, como parte del garantismo penal,
no constituye en sí mismo una herramienta para combatir la
delincuencia, porque no es esta su función. Para lograr tal finalidad,
el Estado debe construir y aplicar una política criminal que
combata principalmente la impunidad sin distinción alguna y el
fortalecimiento del sector justicia. Esto no se logra con la pretensión
15 FERRAJOLI, Luigi. Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal. Trotta, España, 1995, p.
335.
16 HASSEMER, Winfried. Por qué no debe suprimirse el Derecho Penal. Instituto Nacional de
Ciencias Penales, México, 2003, p. 15.
8
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
de limitar los derechos de los particulares y de incrementar
las penas, sino al contrario, cuando cobra preponderancia el
garantismo penal, más se garantizan los derechos de los particulares
frente al poder punitivo estatal. Frente al deseo de que prive en
ciertos delitos un derecho penal de autor, debe serse enfático en
la observancia de un derecho penal de acto, donde prevalezca el
principio de culpabilidad individual y la plena observancia de los
derechos fundamentales.
9
II
PRINCIPIO DE MÍNIMA INTERVENCIÓN
–ULTIMA RATIO–
A diferencia de un Estado autoritario, donde el propio Estado
actúa ilimitada y arbitrariamente sin procurar la defensa de los
derechos de las personas, en un Estado Democrático de Derecho, en
cambio, se busca la protección de esos derechos que precisamente
se transgreden en un Estado autoritario.17
En ese orden de ideas, en el ámbito penal, el Estado no debe
actuar en forma ilimitada en la utilización de los mecanismos
formales de control social, puesto que su intervención únicamente
debe producirse para proteger bienes jurídicos en aquellos
supuestos en los cuales otras disciplinas jurídicas que cuentan
con mecanismos menos gravosos, resultan insuficientes y se trate
realmente de ataques graves a los bienes jurídicos más importantes
que el Derecho Penal pretende proteger.
La intervención del Estado debe reducirse a lo mínimo en
materia punitiva, de tal manera que debe ser la ultima ratio que debe
tener el Estado en un sistema democrático, en contraposición al
17 GARCÍA RAMÍREZ, Sergio y MORALES SÁNCHEZ, Julieta, en ese sentido consideran que:
“Se ha examinado ampliamente, como proyección de ideas políticas y desempeño
del poder público, el alcance del sistema penal en una sociedad democrática. En ésta,
cumple un papel secundario, como última ratio, control o remedio que se utiliza con
moderación, sólo en la medida estrictamente indispensable. Otra cosa ocurre bajo
regímenes autoritarios, donde se anticipa y extrema el empleo de los instrumentos
penales, a través de la tipificación profusa, el enjuiciamiento penal frecuente —en
detrimento de otros medios de solución de controversias—, el agravamiento de las
sanciones y la ejecución cumplida con la mayor severidad. En esta dialéctica discurre
la idea y la práctica del derecho penal mínimo, acogido en diversas resoluciones de
la Corte Interamericana. El tribunal, atento a las mejores corrientes del derecho
penal de raíz democrática, entiende que el poder punitivo sólo se despliega en la
medida estrictamente necesaria para proteger bienes jurídicos fundamentales contra
los ataques más graves que los dañen o pongan en peligro. Lo contrario conduciría
al ejercicio abusivo de la potestad punitiva del Estado. De esta suerte, ha negado
la pertinencia de tipificar penalmente comportamientos ilícitos que pudieran ser
sancionados por otras vías”. “Consideraciones sobre el Principio de Legalidad en la
Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”. Revista Mexicana
de Derecho Constitucional, núm. 24. Universidad Autónoma de México, México, enero-
junio 2011, pp. 211 y 212.
11
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
exagerado intervencionismo del Derecho Penal totalitario.18 Este
principio se dirige esencialmente al legislador, puesto que es a éste
a quien corresponde la tipificación de las figuras delictivas y de
las penas que correspondan a las mismas, de conformidad con lo
que se establezca en la ley, de acuerdo con una política criminal
coherente que observe los principios informadores del Derecho
Penal, con el fin de reducir considerablemente la pena estatal. En
sentencia del 13 de junio de 2000, ROJ STS 4857/2000, el Tribunal
Supremo de España, cuyo ponente fue BACIGALUPO, expresó al
respecto, lo siguiente:19
El principio de “intervención mínima” no puede ser invocado
como fundamento de la infracción de Ley en el recurso de
casación, toda vez que sólo es un criterio de política criminal
18 Para ABANTO VÁSQUEZ, Manuel, “… además de ‘merecer’ pena por atentar gravemente
contra un bien jurídico especialmente valioso y ser socialmente dañosa, la conducta
punible debe caracterizarse por crear un conflicto social que no pueda ser solucionado
de otra manera que recurriendo al Derecho penal. Se habla entonces de la necesidad
de pena. Aquí se trata de aplicar la idea del Derecho penal como ‘ultima ratio’ o el
principio de ‘mínima intervención’, según los cuales, el Derecho penal debería
abstenerse de intervenir si la solución al conflicto y el restablecimiento de la paz social
pudiera darse en otra área del Derecho. Si por ejemplo el Derecho administrativo
fuera capaz de proteger plenamente al sistema crediticio, ya no debería recurrirse al
Derecho penal mediante los tipos penales de ‘fraude financiero’, ‘estafa de créditos’ o
similares; o si se pudiera proteger adecuadamente la libre y leal competencia mediante
leyes administrativas, no habría necesidad de leyes penales al respecto”. “Acerca de
la Teoría de los Bienes Jurídicos”. Revista Penal, núm. 18. Publicación semestral de
Wolters Kluwer España, S.A., en colaboración con las Universidades de Huelva,
Salamanca, Castilla-La Mancha, Pablo de Olavide de Sevilla. Huelva, España, 2006,
p. 153; Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en sentencia
del 2 de mayo de 2008, Serie C, núm. 177, párrafos 63 y 76. Identificada como Caso
Kimel, estimó que: “En una sociedad democrática el poder punitivo sólo se ejerce en
la medida estrictamente necesaria para proteger los bienes jurídicos fundamentales de
los ataques más graves que los dañen o pongan en peligro. [Conforme al] principio de
mínima intervención penal característico de una sociedad democrática, el empleo de
la vía penal debe corresponder a la necesidad de tutelar bienes jurídicos fundamentales
frente a conductas que impliquen graves lesiones a dichos bienes, y guarden relación
con la magnitud del daño inferido”.
19 Esta consideración respecto a que el principio de mínima intervención se encuentra
dirigido al legislador ha sido sostenida por el Tribunal Supremo de España, en otras
sentencias, como por ejemplo la del 20 de julio de 2009, Roj: STS 5421/2009, donde
estimó lo siguiente: “El principio de intervención mínima está dirigido, en todo caso,
al legislador. Los tribunales están vinculados por la ley y, en la medida en la que su
interpretación no vulnere la prohibición de extensión analógica del texto legal, que se
deduce del principio de legalidad, la aplicación que hagan de la misma no puede ser
atacada mediante este principio”.
12
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
dirigido particularmente al legislador y sólo inmediatamente
puede operar como criterio regulador de la interpretación de las
normas penales, que en ningún caso puede servir para invalidar
una interpretación de la ley ajustada al principio de legalidad. Su
contenido no puede ir más allá, por lo tanto, del principio liberal
que aconseja que en la duda se adopte la interpretación más
favorable a la libertad (in dubio pro libertate).
Aunado a lo manifestado, debe recordarse que el Derecho
Penal no puede proteger todos los bienes jurídicos, pues esto
es precisamente lo que trata de evitar el principio de mínima
intervención, sino únicamente protege una parte de los mismos
frente a formas de ataque concreto, lo que corresponde a su
carácter fragmentario. En ese sentido, como la protección de los
bienes jurídicos menos graves se realiza por otras disciplinas del
ordenamiento jurídico y solamente las graves son protegidas por
el Derecho Penal, como se ha explicado, el Derecho Penal viene a
convertirse en subsidiario de las demás disciplinas jurídicas, en la
medida en que interviene tan sólo cuando las otras ramas del derecho
han fracasado o resultan insuficientes. Estos dos últimos aspectos
son los que le otorgan su carácter fragmentario y subsidiario.20
Como corolario, un sistema de Derecho Penal Democrático se
justifica únicamente si persigue la plena observancia de los derechos
fundamentales de las personas, sin que se utilice la violencia de
manera desmedida. Al contrario, se pretende minimizar la violencia
20 En ese sentido, MIR PUIG, Santiago, estima que: “Para proteger los intereses sociales el
Estado debe agotar los medios menos lesivos que el Derecho penal antes de acudir a
éste, que en este sentido debe constituir un arma subsidiaria, una última ratio. Deberá
preferirse ante todo la utilización de medios desprovistos del carácter de sanción, como
una adecuada Política social. Seguirán a continuación las sanciones no penales: así,
civiles (por ejemplo: impugnabilidad y nulidad de negocios jurídicos, repetición por
enriquecimiento injusto, reparación de daños y perjuicios) y administrativas (multas,
sanciones disciplinarias, privación de concesiones, etc.). Sólo cuando ninguno de los
medios anteriores sea suficiente estará legitimado el recurso a la pena o a la medida
de seguridad. Importa destacarlo especialmente frente a la tendencia que el Estado
social tiene a una excesiva intervención y a una fácil ‘huida al Derecho penal’. Pero
también el Estado social puede conseguirlo si hace uso de sus numerosas posibilidades
de intervención distintas a la prohibición bajo sanción –técnica ésta característica del
Estado liberal clásico”. Bases Constitucionales del Derecho Penal. Iustel, Madrid, España,
2011. pp. 119-120.
13
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
y que el Estado se vea limitado en el ejercicio del castigo que puede
desempeñar en la persecución delictiva. Pues, como acertadamente
lo expresa FERRAJOLI:21
Existe por consiguiente una correspondencia biunívoca entre
justificación externa o ético-política y garantismo penal. Un
sistema penal está justificado si y sólo si minimiza la violencia
arbitraria en la sociedad, y alcanza dicho fin en la medida en
que satisfaga las garantías penales y procesales del derecho penal
mínimo. Estas garantías se configuran por consiguiente como
otras tantas condiciones de justificación del derecho penal, en el
sentido de que sólo su realización sirve para satisfacer sus fines
justificadores.
Lamentablemente, en lugar de procurar que cada día se aplique
menos el Derecho Penal, dadas sus gravosas consecuencias,
actualmente existe una tendencia de aplicar directamente el mismo
y criminalizar diversos conflictos sociales, en lugar de buscar
soluciones por otros mecanismos jurídicos y extrajurídicos. En
países como Guatemala, se criminaliza la pobreza y las protestas
sociales, tanto con la severidad con que se sancionan determinados
delitos, como con la forma desproporcionada que reacciona el
Estado para combatir tales manifestaciones.
El Derecho Penal debe ser subsidiario, no es dable que se
convierta en prima ratio, porque no podría por sí solo resolver todos
los conflictos jurídicos, ni puede convertirse en un instrumento
eminentemente represivo, que incluya un incremento cualitativo
y cuantitativo de la pena y el aumento del número de reclusos. El
peligro latente es que se deslice imparablemente hacia un “modelo
totalitario de política criminal”, como lo define BARATTA.22 La
21 FERRAJOLI, Luigi. Op. cit. p. 342.
22 BARATTA, Alessandro. Criminología y Sistema Penal. B de F. Argentina, 2004, p.
180. Efectivamente, sobre el particular indica: “En el interior de este proceso,
el eficientismo penal intenta hacer más eficaz y más rápida la respuesta punitiva
limitando o suprimiendo garantías sustanciales y procesales que han sido establecidas
en la tradición del derecho penal liberal, en las constituciones y en las convenciones
internacionales. La reducción de los niveles de legalidad destruye el equilibrio entre
la verdad sustancial y la verdad procesal, al mismo tiempo que marca un retorno
a las formas de proceso premodernas: el proceso crea la prueba, el proceso crea el
14
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
supuesta eficiencia que se busca con la aplicación del Derecho
Penal, implica añejo quebrantamiento de los derechos humanos
y fundamentales de los particulares. Es por esos motivos que la
consigna de que el Derecho Penal debe ser aplicado como ultima
ratio, continúa inflexible.
criminal, el proceso es la pena principal. Se desliza hacia ‘un modelo totalitario de
política criminal’, hacia las modalidades de una nueva ‘suave inquisición’, que
coexisten al interior de una conflictualidad latente con el sistema liberal y democrático
correspondiente a la legalidad constitucional”.
15
III
BIEN JURÍDICO TUTELADO
1. Importancia
La autorrealización humana, expone MUÑOZ CONDE,23 necesita
de unos presupuestos existenciales que, en tanto son de utilidad
para el hombre, se denominan “bienes” y, concretamente, en tanto
son objeto de protección por el derecho, “bienes jurídicos”. Por su
parte, NINO sintetiza en tres aspectos aclaratorios lo concerniente al
significado de los bienes jurídicos. En ese sentido, considera que:
1) para la dogmática penal todo delito lesiona un bien jurídico, pues
no es concebible un delito que no lesione un bien jurídicamente
protegido. De este modo la lesión a un bien pareciera ser definitoria
del concepto delito; 2) el bien jurídico que se lesiona con el delito
es distinto, para la dogmática penal, del objeto material afectado
por el delito. Como ejemplo, señala que en el delito de daño, junto
con la cosa dañada o destruida, se afecta la propiedad, que es el bien
jurídico protegido por la punición de este hecho, y 3) los distintos
bienes jurídicos presentan una gran heterogeneidad, debido a que
evidentemente la vida, la propiedad, el honor, la honestidad, la
administración pública, la tranquilidad pública, la fe pública, etcétera,
son conceptos con notables diferencias categoriales entre sí.24
El concepto de bien jurídico ha sido de especial importancia
en la teoría del delito, pues la lesión del bien jurídico (desvalor de
resultado) se ha considerado como una característica del concepto
material del delito.
23 MUÑOZ CONDE, Francisco. Introducción al Derecho Penal. B de F, Buenos Aires,
Argentina, 2001, p. 90. Con esta posición, Muñoz Conde sigue una construcción
constitucionalista en la configuración de los bienes jurídicos penales. Cfr. PORTILLA
CONTRERAS, Guillermo. “La influencia de las Ciencias Sociales en el Derecho Penal:
La defensa del modelo ideológico neoliberal en las teorías funcionalistas y en el
discurso ético de Habermas sobre selección de bienes penales”. En Crítica y Justificación
del Derecho Penal en el Cambio de Siglo. El análisis crítico de la Escuela de Frankfurt. Ediciones
de la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, España, 2003, p. 99 y ss.
24 NINO, Carlos Santiago. Consideraciones sobre la Dogmática Jurídica. (Con referencia particular
a la Dogmática Penal). Publicación del Instituto de Investigaciones de la Universidad
Autónoma de México, México, 1989, p. 56.
17
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Para la concepción del término “bienes jurídicos”, resultan
importantes los estudios efectuados por FEUERBACH, quien sostuvo
la tesis de la lesión de un derecho subjetivo, al considerar que el
Estado tenía como función, la de establecer los mecanismos idóneos
que evitaran que se produjeran las lesiones jurídicas. Luego, se le
reconoce una labor destacada en su estudio a BIRNBAUM, quien
efectuó una distinción entre derecho subjetivo y lesión de un bien.
No obstante, debe recordarse que desde BINDING, se ha producido
un notable desarrollo respecto de la idea de protección de bienes
jurídicos, y de acuerdo con ella, el legislador amenaza con pena
las acciones que vulneran o en su caso, ponen en peligro ciertos
intereses de una sociedad determinada.25 BACIGALUPO26 expresa que:
La vida, la libertad, la propiedad, etcétera, son intereses o
finalidades de la sociedad que el legislador quiere proteger
amenazando a quienes los ataquen con la aplicación de una
pena; de esta forma, tales intereses se convierten, a través de su
reconocimiento en el orden jurídico positivo, en bienes jurídicos.
De la idea de protección de bienes jurídicos se deducen en la
teoría límites para el ius puniendi…
El concepto de bien jurídico tutelado es de trascendental
importancia en el ámbito del Derecho Penal. Tanto es así, que se
reconoce en el mismo, que una de las funciones de la norma penal, es
precisamente la de ser protectora de los bienes jurídicos.27 Además,
25 BACIGALUPO, Enrique. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 43.
26 Ibíd. pp. 43 y 44.
27 Acerca de esta importancia, DÍEZ RIPOLLÉS expone: “El concepto de bien jurídico,
surgido de la profundización en la idea de la antijuricidad material frente a la mera
antijuricidad formal propia del más estricto positivismo jurídico. Se ha configurado en
los últimos tiempos como un instrumento técnico-jurídico de primordial importancia
en la determinación penal de los presupuestos esenciales para la convivencia social.
Por medio de él se dotaría el Derecho penal de un catálogo de bienes con las
cualidades necesarias para acomodarse a los principios estructurales de la invención
penal, singularmente al de lesividad, y capaces por otro lado de configurar en su
torno preceptos que describan conductas que los lesionen o pongan en peligro. En
consecuencia se ha llegado a hablar del “dogma” del bien jurídico protegido, de modo
que sería rechazable todo precepto del que no pudiera decirse que pena conductas
que lesionan o ponen en peligro un bien jurídico. Tal sería el caso de aquellos que
aspiran a garantizar comportamientos con una mera trascendencia moral, o de los que
castigaran conductas cuyos efectos negativos en la realidad social no sean fácilmente
apreciables o individualizables”. Op. cit. p. 17.
18
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
de acuerdo con HASSEMER, el bien jurídico tiene una función
sistemática, como criterio negativo para una criminalización
legítima: sin bien jurídico no hay injusto penal.28 Efectivamente,
el concepto de bien jurídico axiológicamente ha sido de utilidad,
al servir como un criterio clasificador para determinar cuáles
conductas han de estimarse como delictivas y cuáles no.
No obstante, para efectuar esa actividad clasificatoria, de
acuerdo con PORTILLA CONTRERAS, más que un concepto abstracto
de bien jurídico, de índole estático y deducido directamente de
valores de difícil materialización, es preciso ofrecer más bien
criterios delimitadores, en el cual sea preferible establecer un
método progresivo de minimización, por el que se establezca qué
bienes jurídicos no merecen protección penal.29
28 HASSEMER, Winfired. “Rasgos y Crisis del Derecho Penal Moderno”. Anuario de
Derecho Penal y Ciencias Penales, Tomo 45. Ministerio de Justicia. Madrid, España, 1992,
p. 238. Agrega más adelante este autor, en la página 239, lo siguiente: “La protección
de bienes jurídicos se ha transformado de un principio negativo a uno positivo de
criminalización. Lo que se formulaba clásicamente como una crítica al legislador de
que no podía crear delitos donde no existiera un bien jurídico, se ha transformado
en una exigencia de que criminalice determinadas conductas. Con ello se cambia de
forma subrepticia el principio de protección de bienes jurídicos. […] El principio
de protección de bienes jurídicos ha conducido a una demanda de criminalización”.
En ese mismo sentido se pronuncia MUÑOZ CONDE, Francisco, al considerar: “En lo
personal, reivindicamos la utilidad del concepto de bien jurídico –pese a admitir el
proceso de depreciación y deterioro que ha padecido– y nos parece imprescindible
hacerle cumplir una función sistemática, valorando la lesión del bien protegido
(principio de lesividad) como un elemento constitutivo del ilícito penal”. Introducción
al Derecho Penal. B de F, Buenos Aires, Argentina, 2001, p. 32.
29 PORTILLA CONTRERAS, Guillermo, propone, dentro de la concepción de limitación
del ius puniendi, un método progresivo de minimización, en el cual se invierta el
orden clasificatorio. No de los valores que merezcan ser tutelados, sino de los valores
que no deben ser protegidos. Al respecto, expresa: “Y es que, más que un concepto
abstracto de bien jurídico, de índole estático y deducido directamente de valores de
difícil materialización, es preciso ofrecer más bien criterios delimitadores. La cuestión
debe resolverse, pues quizá admitiendo la insuficiencia de aquellos planteamientos
que buscan alcanzar la solución a través de un concepto previo de carácter genérico, e
intentar esa selección mediante un procedimiento de carácter negativo. En definitiva,
ante la dificultad de determinar cuándo un valor reúne las condiciones necesarias para
ser considerado bien jurídico penal, es preferible establecer un método progresivo de
minimización, por el que se establezca qué bienes jurídicos no merecen protección
penal, y en el que la solución radique, por consiguiente, no tanto en determinar cuáles
son los intereses trascendentes para el Derecho, sino aquellos que en ningún caso
merecen su defensa”. Principio de intervención mínima y bienes jurídicos colectivos. CPC.
Madrid, España. 1989, p. 735.
19
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Aunado a lo anterior, es menester considerar que dentro de
la dogmática penal, el concepto de bien jurídico sirve también de
criterio básico para establecer el límite del Derecho Penal, pero no
el único, sino que necesariamente debe complementarse con los
otros principios informadores del Derecho Penal, que limitan el
poder punitivo estatal y lo complementan.
2. El bien jurídico como límite al poder
punitivo estatal
Actualmente en la doctrina contemporánea se discute si
realmente el Derecho Penal tiene como fin la protección de bienes
jurídicos o no. En ese sentido, como lo afirma ROXIN, el primer
presupuesto de un reconocimiento de la función limitadora del
Derecho Penal del pensamiento de la protección de bienes jurídicos
está, como es natural, en que se reconozca que la protección de
bienes jurídicos es el cometido del Derecho Penal.30
Sin embargo, JAKOBS y sus seguidores con una visión
funcionalista, contrario a la doctrina dominante, consideran que
el Derecho Penal no protege bienes jurídicos, sino la vigencia de la
norma.31 A ese respecto, debe considerarse lo que asevera ROXIN,
respecto a que esta visión se apoya en un normativismo exacerbado,
puesto que si bien es cierto que la pena contribuye a la estabilización
de la norma, no es un fin en sí mismo, debido a que se encuentra
destinada a contribuir a que en el futuro no se produzcan lesiones
reales, individuales o sociales (o sea, lesiones de bienes jurídicos).
30 ROXIN, Claus. “El concepto de bien jurídico como instrumento de crítica legislativa
sometido a examen”. Traducción de Manuel Cancio Meliá. Revista Electrónica de Ciencia
Penal y Criminología, 2013, núm. 15, p. 01:1-01:27. Disponible en Internet: http://
[Link]/recpc/15/[Link]. p. 3.
31 ROXIN, Claus en cuanto a este aspecto, aclara de la siguiente manera, el pensamiento
de Günter JAKOBS: “Así, por ejemplo, lo relevante de un homicidio para el Derecho
penal no es ‘la lesión de la carne de la víctima o la extinción de su consciencia, sino la
afirmación, contenida de modo concluyente y objetivada en el hecho, de no tener que
respetar la integridad física y la consciencia […]. Mediante esa afirmación, se pone en
tela de juicio la norma. El delito, por lo tanto, es desafiar a la norma’. En consecuencia,
no se protege lo que llamamos bien jurídico, esto es, la vida como hecho empírico,
sino exclusivamente la prohibición de matar (la vigencia de la norma). ‘El hecho es
lesión de la vigencia de la norma; la pena es su eliminación’”. Ibíd. p. 4.
20
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Concluye afirmando que sirve en última instancia, a la protección
de bienes jurídicos y carecería de sentido sin ese fin.32
El bien jurídico tutelado limita el poder punitivo estatal,
al restringirle la expansión únicamente a aquellos valores más
importantes que requieran ser protegidos. Esto en consonancia
con el Derecho Penal mínimo, puesto que no debe expandirse
innecesariamente el ámbito de aplicabilidad del Derecho Penal
en la búsqueda de tutelar penalmente ciertos valores, que pueden
perfectamente ser tutelados por otras normativas jurídicas.
3. La Constitución y los bienes jurídicos tutelados
La Constitución estructuralmente contiene normas jurídicas,
pero no solamente normas, sino que además contempla valores,
derechos y principios, de tal manera que actualmente estos últimos
han adquirido una preponderancia en el constitucionalismo,
debido a la influencia sobre todo del neoconstitucionalismo. En la
doctrina penal contemporánea, se discute con relación a establecer
si el Derecho Penal, para tutelar ciertos valores y reconocerlos
como bienes jurídicos tutelados, limita su escogencia a los valores
regulados por la Constitución.
PORTILLA CONTRERAS expone que la tradicional construcción
constitucionalista sobre la configuración del bien jurídico-penal ha
proporcionado conceptos que, generalmente, se han caracterizado
por su dudosa utilidad para convertirse en verdaderos criterios
materiales de selección.33 Efectivamente, la finalidad de elevar a
rango constitucional determinados valores, no es la de servir de
32 Ibíd. p. 4.
33 PORTILLA CONTRERAS, Guillermo. “La influencia de las Ciencias Sociales en el Derecho
Penal: La defensa del modelo ideológico neoliberal en las teorías funcionalistas y en el
discurso ético de Habermas sobre selección de bienes penales”. En Crítica y Justificación
del Derecho Penal en el Cambio de Siglo. El análisis crítico de la Escuela de Frankfurt. Ediciones
de la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, España, 2003, p. 99; ESER, Albin
en ese sentido, considera lo siguiente: “En este contexto, tampoco cabe esperar que
el Derecho constitucional ofrezca unas limitaciones de especial relevancia. Pues aun
limitando la criminalización a aquellas conductas que deben considerarse socialmente
lesivas, por menoscabar intereses individuales o generales socialmente reconocidos,
y que deben valorarse como lesivas de bienes jurídicos, por afectar al ámbito de
protección jurídico-constitucional, el ámbito susceptible de ser abarcado por el
21
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
parámetro limitador en la selección de valores con el propósito de
ser protegidos penalmente. Ni puede afirmarse que el legislador
penal únicamente los extrae de la Constitución.34
Como lo afirma ROXIN:35
… la idea de que el legislador esté jurídicamente vinculado a, por
ejemplo, criminalizar exclusivamente comportamientos lesivos
de bienes jurídicos, no resulta compatible con la libertad de
acción del legislador democrático, a menos que se pueda traducir
en un argumento de necesidad jurídico-constitucional, lo que no
se alcanza a ver. Por desagradable que resulte, difícilmente podrá
fundamentarse jurídico constitucionalmente que se prohíba a una
mayoría parlamentaria penalizar un comportamiento “meramente
inmoral”.
Las teorías constitucionalistas se dividen en dos:
a) teoría constitucionalista estricta del bien jurídico y b) teorías
constitucionalistas amplias del bien jurídico tutelado.36 Con
respecto a la primera, la teoría constitucionalista estricta del
bien jurídico, efectúa una relación vinculante entre los valores y
principios constitucionales con los bienes jurídicos. Así, considera
que el contenido del bien jurídico debe encontrarse exclusivamente
en la Constitución, pues los valores contemplados en el Texto
Fundamental, deben ser protegidos penalmente y cuando los
Derecho penal sigue siendo muy amplio”. Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la
víctima. Universidad Externado de Colombia, Colombia, 1998, pp. 33 y 34.
34 ALONSO ÁLAMO, Mercedes manifiesta: “… el reconocimiento del principio de
exclusiva protección de bienes jurídicos no significa todavía que los bienes jurídicos,
en sí, estén contenidos en la Constitución de donde el legislador penal se limitaría
a extraerlos. Mucho menos significa que el Estado tenga el deber de incriminar las
conductas que atenten contra derechos fundamentales. Significa tan sólo que, de
acuerdo con la Constitución, los tipos penales se han de dirigir a proteger bienes
jurídicos –deducibles o no de la Constitución– frente a las conductas más intolerables
de acuerdo con las exigencias que dimanan de las bases constitucionales del principio
de proporcionalidad”. “Bien Jurídico Penal. Más allá del Constitucionalismo de los
Derechos”. Revista Estudios Penales y Criminológicos, vol. XXIX. Universidad de Santiago
de Compostela. Galicia, España, 2009, p. 70.
35 ROXIN, Claus. “El concepto de bien jurídico como instrumento de crítica legislativa
sometido a examen”. Op. cit. p. 22.
36 Cfr. CRUZ CAMACHO, María Cruz. Revista Alegatos, núm. 31, septiembre-diciembre.
Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1995.
22
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
mismos sean lesionados, deben perseguirse. Entre los exponentes
de esta teoría se encuentran BRICOLA, GONZÁLEZ-RUS y MUSCO. Se
le critica su carácter eminentemente restrictivo. La Constitución
no puede contemplar categóricamente todos los valores que
posteriormente serían objeto de protección penal, por lo que, no
podrían ser tutelados penalmente, dada la rigidez constitucional,
nuevos bienes jurídicos.
En cuanto a las teorías constitucionalistas amplias del bien
jurídico tutelado, las mismas no contemplan una concepción
limitada con relación a estimar una vinculación imprescindible
entre los valores constitucionales y los bienes jurídicos. Sino
que, únicamente la Constitución se convierte en un marco de
referencia de los bienes jurídicos, de ahí que se le considere como
el mejor instrumento para realizar los criterios de selección de los
bienes jurídicos. Entre sus exponentes se encuentran PULITANO,
RUDOLPHI y FIANDACA, entre otros. Sin embargo, se le critica a esta
teoría su excesiva amplitud, lo que genera indefectiblemente una
escasa concreción que provocaría la formulación de bienes jurídicos
imprecisos, incapaz de poder analizar las relaciones sociales que se
transforman continuamente.
BIANCHI PÉREZ37 considera que afirmar la existencia de obligaciones
de incriminación deducibles del rango constitucional, supone una
reducción de la política criminal a un juicio de merecimiento de
pena. La relevancia de un bien sólo es un indicio de su dignidad como
objeto de tutela penal, pero no justifica todavía que sea necesaria la
intervención penal, toda vez que pueden ser suficientes otros medios
de tutela menos lesivos, incluso extra jurídicos.
La relación entre Constitución y bienes jurídicos, no debe
suscribirse en considerar que la primera incluya ineludiblemente
una selección de los valores que se protegerán penalmente o
que incluya en su texto, con exclusividad, los valores que serán
tutelados penalmente. Al contrario, la selección de bienes jurídicos
37 BIANCHI PÉREZ, Paula Beatriz. “Evolución del Concepto de Bien Jurídico en la
Dogmática Penal”. DIKAIOSYNE, núm. 22. Revista semestral de filosofía práctica.
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Enero-junio 2009, p. 39.
23
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
debe efectuarse dentro de la concepción limitativa del ius puniendi,
y conservar su carácter de principio informador del Derecho Penal,
puesto que la Constitución conserva su función actual de garantizar
los derechos de las personas (ciudadanos o no) y dentro de un
Estado Democrático de Derecho, garantizar y limitar el ejercicio
de la función punitiva del Estado. La Constitución comprende
un marco referencial para el reconocimiento de bienes jurídicos,
pero no implica que sólo dentro de su texto pueda encontrarse la
formulación de los bienes jurídicos.
Debe pensarse además, en los valores contemplados en
Instrumentos Internacionales de Derechos Humanos. Es el propio
Derecho Penal el que define los mismos, basados en la observancia
de un Derecho Penal mínimo, con la inclusión indefectible de sus
propios principios.
Con el establecimiento de principios y valores dentro del
texto constitucional, no se pretende sustituir al legislador penal en
la selección y protección de bienes jurídicos penales, pues no es
este teleológicamente su propósito. En todo caso, tampoco debe
caerse en el equívoco de considerar que el objeto de protección
del Derecho Penal lo constituyen las normas jurídicas, debido a
que derivado de esta concepción, se podría fácilmente pretender
soslayar el acatamiento del sistema de protección de los derechos
humanos y en cambio, se produciría la sujeción directa de los
particulares al poder estatal, en detrimento de sus derechos
fundamentales, so pretexto de no afectarse la seguridad estatal y
justificarse con una criticable eficiencia.38
38 “Con la pretensión de aumentar la eficacia del sistema penal, el eficientismo está
siempre dispuesto a hacer concesiones respecto de las garantías individuales y de los
principios de limitación del poder punitivo, que constituyen el principal índice de la
normalidad del derecho penal. El eficientismo se encuentra entonces en contradicción
directa con los elementos constitutivos del pacto social y del sistema de los derechos
fundamentales. La anomalía del derecho penal tiene consecuencias negativas para su
eficacia, también en aquellos casos en los cuales esta anomalía parece ser inmediatamente
compensada con algún resultado positivo en la lucha contra la criminalidad. Tiene
consecuencias negativas, porque es casi imposible demostrar que estos resultados no
hubieran podido conseguirse con respeto de las normas constitucionales en materia
penal, pero también y sobre todo, porque en el cálculo general de la eficiencia del
sistema jurídico de un Estado de derecho, las violaciones de aquellas normas tienen
24
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
El carácter fragmentario del Derecho Penal debe prevalecer,
para que se privilegie de esa forma la protección de los bienes
jurídicos más importantes y no se sancione penalmente todas las
conductas que lesionen los mismos, sino sólo aquellas que sean
más gravosas, pues de lo contrario la hiperinflación penal que se
produciría sería imposible de sobrellevar en el sistema de justicia
penal, lo que provocaría más impunidad y más intervención estatal
en los casos selectivos que le interesen en clara conculcación de los
derechos fundamentales.
una influencia nefasta sobre la confianza de los ciudadanos y sobre el consenso social
de los cuales se nutre el sistema constitucional y, en consecuencia, sobre la eficacia
misma del pacto”. BARATTA, Alessandro, Op. cit. p. 183.
25
IV
LEGALIDAD
Dentro de los principios informadores del Derecho Penal, al
principio de legalidad se le ha reconocido generalmente una especial
trascendencia, debido a que constituye una limitación al ejercicio
del poder punitivo del Estado per se. Lo circunscribe exclusivamente
a lo prescrito por la ley, de tal manera que garantiza a las personas,
que únicamente ex post facto se les perseguirá penalmente y en
su caso se les sancionará, conforme a lo establecido previamente
por el ordenamiento jurídico. FERRAJOLI39 considera, de manera
general, que el principio de legalidad constituye uno de los tres
principios que caracterizan el Estado de Derecho, junto con los
principios de publicidad y control. Su observancia es decisiva para
el mantenimiento de un Estado Democrático de Derecho.
1. Importancia y origen
SABELLI y SANTIAGO estiman que sin lugar a dudas una
de las mayores conquistas del Derecho Penal occidental es
la afirmación del principio de legalidad en materia penal.40 Y
efectivamente, si se realiza una evaluación de los alcances de
este principio y su trascendencia en un Estado Democrático de
Derecho, puede llegar a comprenderse la importancia vital que
el mismo representa, pues, como lo expresa BACIGALUPO, la ley
penal tiene una función decisiva en la garantía de la libertad,41
39 FERRAJOLI, Luigi, considera que los tres principios que caracterizan el Estado de
Derecho, según el uso italiano y francés son: a) Legalidad de toda actividad del
Estado, es decir, de su subordinación a leyes generales y abstractas emanadas de
órganos político-representativos y vinculadas, a su vez, al respeto de ciertas garantías
fundamentales de libertad y de inmunidad personales así como de ciertos derechos
de los ciudadanos procesalmente justiciables, b) Publicidad de los actos, tanto
legislativos como administrativos y judiciales, que impone al ejercicio de todos los
poderes, sedes, formas y procedimientos visibles, y c) La sujeción a control de todas
las actividades estatales bajo la doble forma de control jurisdiccional de legitimidad,
ejercido por jueces independientes, y de control político, ejercido por el Parlamento
sobre los aparatos ejecutivos y administrativos y por los electores sobre el Parlamento.
El Garantismo y la Filosofía del Derecho. Op. cit. pp. 65-67.
40 SABELLI, Héctor E. y SANTIAGO (H.), Alfonso. Tiempo, Constitución y Ley Penal. Abeledo-
Perrot, Buenos Aires, Argentina. 2008, p. 2.
41 BACIGALUPO, Enrique, Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 103.
27
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
y consecuentemente de ello, en un sistema democrático, los
ciudadanos tienen el derecho de saber previamente con certeza,
las limitaciones a su marco general de libertad. Es decir, a conocer
exactamente a priori, cuáles de sus conductas son consideradas
por el Estado, ilícitas penalmente y que una vez comprobada su
culpabilidad, adquiere una responsabilidad penal.
El principio de legalidad surge como una reacción a las prácticas
preilustradas, donde en un ambiente de absolutismo, prevalecían la
analogía y la costumbre en la aplicación de la ley.42 Fue debido al
iluminismo francés del siglo XVIII que se originó el principio de
legalidad, como una forma de obtener seguridad jurídica, al limitar
el poder punitivo del Estado, para evitar su ejercicio arbitrario e
ilimitado. Dentro de la formulación del principio de legalidad, tuvo
una destacada participación BECCARIA, quien en su reconocida obra
Tratado de los delitos y las penas (1764), expuso:43
La primera consecuencia de estos principios es que sólo las leyes
pueden decretar las penas de los delitos; y esta autoridad debe
residir únicamente en el legislador, que representa toda la sociedad
unida por el contrato social. Ningún magistrado (que es parte
de ella) puede con justicia decretar a su voluntad penas contra
otro individuo de la misma sociedad. Y como una pena extendida
más allá del límite señalado por las leyes contiene en sí la pena
justa, y otra más en la extensión, se sigue que, ningún magistrado
bajo pretexto de celo o de bien público, puede aumentar la pena
establecida contra un ciudadano delincuente.
Como puede observarse, BECCARIA consideraba que era el
legislador el que exclusivamente en este aspecto, representaba a
la sociedad, la que se encontraba unida por el contrato social,44 y
42 ARMIJO, Gilbert. “Las Bases Constitucionales del Principio de Legalidad en Materia
Penal”. En Temas Claves de la Constitución Política. Editorial Investigaciones Jurídicas,
Costa Rica, 1999, p. 255.
43 BONESANA, César. Marqués de BECCARIA. Tratado de los Delitos y las Penas. Heliasta,
Argentina, 1993, p. 61.
44 MIR PUIG, Santiago, expresa que en su sentido actual, el principio de legalidad se basó
en la teoría ilustrada del contrato social y presuponía una organización política basada
en la división de poderes, en la que la ley fuese competencia exclusiva de los representantes
del pueblo. Bases Constitucionales del Derecho Penal. Op. cit. p. 71; LUZÓN PEÑA, Diego-
28
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
por ende, constituía el único que debía establecer los delitos y las
penas, mediante una ley, basada por supuesto, en la división de
poderes. Asimismo, junto con el maestro italiano, el alemán Juan
Anselmo Von FEUERBACH ejerció una importante contribución en
la formulación del principio de legalidad,45 al haber enunciado el
célebre aforismo en latín: “nullum crimen, nulla poena, sine lege”. Es
decir, ningún comportamiento puede considerarse delictivo y ser
sancionado con una pena, sin que previamente exista una ley que
lo determina de esa manera.
Debe reconocerse, que inicialmente el principio de legalidad
se encontraba vinculado a la teoría de la pena, en su vertiente de
coacción psicológica (prevención general), como lo fundamentaba
FEUERBACH, para quien la ley penal debía preceder a la acción
delictiva, pues de esta manera podía la pena cumplir con su función
preventiva, o sea, ser inhibidora del impulso delictivo.46 Estas
Manuel manifiesta: “Es a partir de la concepción liberal del Estado y su idea de
pacto social con la que sólo se legitima la grave restricción de derechos que supone
la aplicación del Derecho penal en la medida que sea estrictamente imprescindible
precisamente para proteger los derechos y libertades de todos, idea que se mantiene en
los actuales modelos de Estados sociales y democráticos de Derecho…”. Op. cit. p. 79.
45 La participación de estos dos autores en la formulación del principio de legalidad
fue vital. RODRÍGUEZ MOURULLO, Gonzalo, afirma que sin perjuicio de antecedentes
más o menos lejanos, la formulación del principio nullum crimen, nulla poena, sine
lege, en el sentido moderno que hoy se le atribuye, tiene lugar en el siglo XVIII y
puede considerarse mérito principal del italiano BECCARIA y del alemán FEUERBACH.
“El principio de legalidad y arbitrio judicial”. Anuario de la Facultad de Derecho de la
Universidad Autónoma de Madrid, núm. 1. Madrid, España, 1997, p. 279.
46 BACIGALUPO, Enrique. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 103; QUINTERO OLIVARES,
Gonzalo por su parte, señala que se ha dicho que la exigencia de “legalidad” fue para
FEUERBACH un presupuesto necesario para su concepción de la pena, puesto que
orientaba la misma a la prevención general a través de la coacción psicológica, idea
que no era absolutamente nueva, pues se advierte antes en PUFENDORF el mismo
pensamiento. Agrega, que para la realización de dicha coacción psicológica, se requería
una previa amenaza establecida en la ley; pero esa amenaza no podía establecerse
con fórmulas arbitrarias y oscuras, sino con precisión y claridad, lo cual es el único
modo en que se satisfaría el principio de legalidad: “nulla poena sine previa lege”. Op. cit.
pp. 67 y 68. En ese sentido, no debe efectuarse un juicio apresurado, que implique una
simplificación de la concepción del principio de legalidad, al limitarlo en cuanto a su
origen, exclusivamente a la concepción que FEUERBACH tenía respecto de la pena y su
función, puesto que como QUINTERO OLIVARES lo asevera: “… el principio de legalidad
no era simplemente una necesidad impuesta por el carácter atribuido a la pena, sino
una consecuencia del iusnaturalismo racionalista: porque es fruto de la razón, la ley ha
de ser esencia y fundamento del sistema jurídico”. Op. cit. p. 68.
29
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
ideas respecto del principio de legalidad, fueron posteriormente
incluidas en el artículo 8º de la Declaración de los Derechos
del Hombre y del Ciudadano de 1789, el cual establece: “La ley
sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y
nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y
promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente”.
De la misma manera, el principio de legalidad posteriormente
se fue incluyendo en las constituciones de los países occidentales
en los siglos XVIII y XIX y en Declaraciones y Convenciones de
Derechos Humanos a partir de 1948. Entre estas encontramos los
siguientes: la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
de 1948 (artículo 11, párrafo 2);47 en el Convenio (Europeo)
Para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades
Fundamentales, de 1950 (artículo 7.1);48 el Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos, de 1966 (Art. 15, párrafo 1);49
así como la Convención Americana de Derechos Humanos, de
1969 (artículo 9),50 entre otros instrumentos internacionales de
derechos humanos.
47 “Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no
fueron delictivos según el derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá
pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito”.
48 “Nadie podrá ser condenado por una acción o una omisión que, en el momento en
que haya sido cometida, no constituya una infracción según el derecho nacional o
internacional. Igualmente no podrá ser impuesta una pena más grave que la aplicable
en el momento en que la infracción haya sido cometida”. “Nadie será condenado
por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según
el derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la
aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión
del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se
beneficiará de ello”.
49 “Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no
fueran delictivos según el derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá
pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con
posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más
leve, el delincuente se beneficiará de ello”.
50 “Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de
cometerse no fueran delictivos según el derecho aplicable. Tampoco se puede imponer
pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con
posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más
leve, el delincuente se beneficiará de ello”.
30
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
2. Trascendencia del principio de legalidad
en el Estado Democrático de Derecho
Para que exista un verdadero Estado Democrático de Derecho,
resulta imprescindible que se garantice el principio de legalidad,
pues como lo asevera QUINTERO OLIVARES: “El principio de
legalidad es indisociable del Estado de Derecho en lo político”.51 Este
principio regula tanto la actuación de los órganos del Estado
en sujeción a la ley (legalidad general), como esencialmente,
determina la previsibilidad represiva estatal en los supuestos en
que el ciudadano cometa un hecho punible (legalidad penal). El
ciudadano conoce con anticipación, debido a su inclusión en la
ley, la forma en que reaccionará el Estado en la represión de los
delitos: con evidente limitación legal del ius puniendi; sin que pueda
cambiar antojadizamente esas reglas, de acuerdo con la persona
que transgreda el orden establecido.52
La premisa de que el Derecho Penal es de acto y no de autor,
es indispensable para el sostenimiento inconmovible del Derecho
Penal Democrático. Las personas deben tener la certeza de que se les
va a perseguir penalmente, únicamente cuando cometan un delito
(por lo que hicieron o dejaron de hacer) y no por circunstancias
extrínsecas al hecho punible, que pueden ejemplificarse en lo
que aquellas son, piensen o sienten. Es decir, el sujeto solamente
deberá responder por la lesión al bien jurídico tutelado y no por
situaciones personales extradelictivas. La represión del delito debe
indefectiblemente efectuarse dentro de los límites impuestos
al ejercicio punitivo, dentro de un Estado Democrático de
Derecho. La represión sin sustento en los derechos fundamentales
deslegitima el Estado Democrático, pues como lo resalta FERRAJOLI:
“la idea de que el bien pueda alcanzarse con cualquier medio,
51 Op. cit. p. 68.
52 La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en sentencia del 2 de febrero del
2001 (Fondo, reparaciones y costas), en el caso BAENA RICARDO Y OTROS VS.
PANAMÁ, estableció lo siguiente: “En un Estado de Derecho, los principios de
legalidad e irretroactividad presiden la actuación de todos los órganos del Estado, en
sus respectivas competencias, particularmente cuando viene al caso el ejercicio del
poder punitivo en el que se manifiesta, con máxima fuerza, una de las más graves e
intensas funciones del Estado frente a los seres humanos: la represión”.
31
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
incluso al precio de enormes sufrimientos y sacrificios (sobre todo,
de los otros), representa el rasgo característico del fanatismo”.53
El principio de legalidad tiene fundamento en la seguridad
jurídica, pero además, la propia libertad del individuo. GARCÍA
RAMÍREZ y MORALES SÁNCHEZ, acertadamente expresan que: “En la
persistente dialéctica entre el poder por una parte, y la libertad, por
la otra, que se refleja en el encuentro –histórico, actual y futuro–
entre la autoridad y el individuo, se localiza el tema de “legalidad”
como cauce para el desempeño de la autoridad y garantía para el
desenvolvimiento del ser humano”.54 Estos aspectos se materializan
en la seguridad que tiene el ciudadano de que únicamente cuando
haya cometido un delito se iniciará en su contra un proceso penal y
que su libertad no va a ser coartada o restringida en materia penal,
sino exclusivamente cuando mediante su conducta ha producido
el supuesto hipotético contemplado en la norma penal, que
sanciona con una pena el hecho punible y que ha sido establecida
con anterioridad a la comisión del mismo.
Sin embargo, servir de instrumento para lograr la seguridad
jurídica no constituye teleológicamente, el único fin de este
principio. MIR PUIG, es de la opinión que el principio de legalidad
no es sólo una exigencia de seguridad jurídica, que requiera sólo
la posibilidad de conocimiento previo de los delitos y las penas,
sino además la garantía política de que el ciudadano no podrá verse
sometido por parte del Estado ni de los jueces a penas que no
admita el pueblo.55
Las finalidades del principio de legalidad son entre otras,
asegurar el fundamento del principio de culpabilidad como
fundamento de la punibilidad, afianzar una administración
imparcial de la jurisdicción penal e impedir que la potestad penal
se convierta en un medio de persecución a determinados sectores
sociales o políticos.56 El principio de legalidad es muy importante
53 FERRAJOLI, Luigi. Razones Jurídicas del Pacifismo. Trotta, Madrid, España, 2004, p. 42.
54 GARCÍA RAMÍREZ, Sergio y MORALES SÁNCHEZ, Julieta. Op. cit. p. 96.
55 MIR PUIG, Santiago. Bases Constitucionales del Derecho Penal, Op. cit. p. 72.
56 SABELLI, Héctor E. y SANTIAGO (H.) Alfonso, Op. cit. p. 26.
32
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
para el mantenimiento de la libertad y la sustentación del sistema
democrático, debido a que persigue amoldar el ejercicio del poder
público a lo prescrito específicamente en la ley.
3. Sustento constitucional del principio de legalidad
La anterior visión que limitaba la importancia de la
Constitución, a ser únicamente un instrumento con un fundamento
pragmático de los derechos fundamentales, pero carente de
aplicabilidad práctica, ha sido plenamente superada. Actualmente,
se acepta de manera generalizada que la Constitución es la norma
suprema, la cual constituye el parámetro de validez de las demás
normas del ordenamiento jurídico.
La incorporación del principio de legalidad a los textos
constitucionales se ha realizado normalmente entre los países
democráticos, dotándolo de esta manera de rango constitucional y
considerándolo un derecho fundamental.57 Pero, se ha optado por
contemplar en el desarrollo del texto normativo, una concepción
amplia del principio de legalidad, pues, además de una legalidad
penal, se ha incluido una legalidad administrativa y una legalidad
tributaria, entre otras.
El artículo 17 de la Constitución Política de la República
de Guatemala, regula lo concerniente a la legalidad en materia
penal, y para el efecto, prescribe lo siguiente: “No son punibles
57 Con respecto al principio de legalidad, la Corte de Constitucionalidad, en una de
sus primeras sentencias, desde su creación, ha considerado: “En el orden penal este
principio tiene una trayectoria histórica que condujo a la proclamación de la máxima
nullum crimen, nulla poena sine lege como una lucha por el Derecho. Opera como
opuesto al ius incertum, por lo que, además de su significación en el orden jurídico
penal, la máxima alcanzó jerarquía constitucional. De ahí que el constitucionalismo
moderno lo incluya en el cuadro de los derechos humanos, teniendo el primer párrafo
del artículo citado el siguiente texto: “No son punibles las acciones u omisiones que
no estén calificados como delito o falta y penadas por la ley anterior a su perpetración”.
En parecidos términos se expresa en el artículo 9 de la Convención Americana de
Derechos Humanos: “Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en
el momento no fueran delictivos según el derecho aplicable”. El principio postula que
solamente la ley es fuente formal del Derecho Penal, por lo que impone al legislador la
prohibición de dictar leyes penales de contenido indeterminado”. Sentencia del 17 de
septiembre de 1986; expediente 12-86.
33
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
las acciones u omisiones que no estén calificadas como delito o
falta y penadas por ley anterior a su perpetración”. Lo anterior,
comprende el tradicional “nullum crimen, nulla poena sine lege”, por
el cual se establece una doble garantía: a) que una acción u omisión
será considerada delictiva, exclusivamente cuando una ley lo haya
determinado de esa forma previamente y b) que nadie puede ser
sancionado penalmente, sin que de manera anticipada la sanción se
establezca en una ley. Además, el principio de legalidad, de acuerdo
con SABELLI y SANTIAGO, abarca todos los aspectos comprendidos
en la responsabilidad penal: descripción del tipo penal, pena
impuesta, causales de justificación y eximición de la culpabilidad,
plazos de extinción de la acción penal, carácter amnistiable del
delito, etcétera.58
El Tribunal Constitucional, cuando conozca en materia de
amparo y de inconstitucionalidad, y los tribunales penales, cuando
conozcan los casos sometidos a su jurisdicción, deben observar
necesariamente que el hecho considerado delictivo (tipo penal) y
la sanción (pena), se encuentren contemplados ineludiblemente
en una ley preexistente al acaecimiento de la conducta disvaliosa.
La inclusión del principio de legalidad en materia penal,
se erige como una garantía primordial para los particulares. El
establecimiento de una ley que regule las figuras consideradas
delictivas y que se aplique de manera general. Establece claramente
las consecuencias que implica la inobservancia de la paz social,
quebrantada mediante la actividad delictiva. Sin embargo, también
deben combatirse las acciones extrajudiciales utilizadas por
los poderes fácticos del Estado, que obviando los mecanismos
legales, utilizan la función punitiva estatal para combatir ciertos
tipos delictivos, como sucede en muchos países, y que puede
ejemplificarse en casos de ejecuciones extrajudiciales, torturas,
etcétera, lo que resulta injustificable dentro de un sistema
democrático.
58 SABELLI, Héctor y SANTIAGO (h), Alfonso. Op. cit. p. 28.
34
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Es incuestionable que la violencia punitiva debe encontrarse
bajo el control de la ley y que debe ser protegida la seguridad jurídica,
la libertad de los particulares y demás derechos fundamentales y de
perseguir estas conductas que embadurnan el sistema jurídico y
violentan los principios básicos del Derecho Penal moderno.
35
V
IRRETROACTIVIDAD
1. Ámbito de aplicación
Como regla general, las leyes tienen efecto hacia el futuro, ex
nunc, y no poseen efectos hacia el pasado, ex ante, es decir, surtirán
efectos para hechos que sucedieron con posterioridad al inicio de
su vigencia. De tal manera que normalmente rige la regla tempus
regit actum, mediante la cual se establece que los hechos deben
necesariamente sujetarse a la ley que se encontraba vigente al
momento de la comisión del hecho delictuoso.59
De los principios de legalidad y seguridad jurídica emana
el principio de irretroactividad de la ley. Pues bien, en materia
penal, como resultado del principio de legalidad, se instaura la
exigencia de lex praevia. Derivado de esta exigencia, se erige, como
condictio sine qua non, que el comportamiento realizado y la sanción
correspondiente al mismo se encuentren descritos en una ley que
ha sido emitida con antelación al momento de la comisión delictiva.
Pero, adicional al principio de legalidad, se pretende preservar la
seguridad jurídica pues, de acuerdo con SERRANO GONZÁLEZ DE
MURILLO, “el destinatario de la norma tiene derecho a conocer
las consecuencias jurídicas de sus actos al momento de llevarlos a
cabo, lo que resultaría imposible si dichas consecuencias se fueran
a derivar de una norma aún no vigente en dicho momento”.60 En
efecto, las personas tienen derecho a conocer con antelación cuáles
59 Cabe recordar que en el sistema penal nacional-socialista en Alemania no se reconoció
la irretroactividad de la ley con rango constitucional. CREUS, Carlos expresa que en el
referido sistema: “admitieron la costumbre y la analogía como fuentes, no existió la
irretroactividad de la ley con rango constitucional, el ‘sano sentimiento del pueblo’ fue
límite (evidentemente vago y caprichoso) para definir el delito y, fundamentalmente,
para otorgar contenido a la legítima defensa, a otras causas de justificación, al error
iuris”. CREUS, Carlos, Derecho Penal. Parte General. 3a edición. Astrea, Buenos Aires,
1982. p. 40. Pero también resulta interesante recordar que los juicios seguidos ante el
Tribunal de Nüremberg, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se tramitaron contra
los criminales nazis por delitos que no se encontraban tipificados con anterioridad.
60 SERRANO GONZÁLEZ DE MURILLO, José Luis. “Prohibición de Retroactividad y Cambios
de orientación en la Jurisprudencia”, Anuario de la Facultad de Derecho, núm. 11, 1993.
España, Universidad de Extremadura, p. 245.
37
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
son las conductas consideradas disvaliosas por el tipo penal y las
sanciones que como resultado de la comisión de las mismas se
producen. Las reglas deben ser claras. No pueden existir sorpresas
desagradables para las personas, que se traduzcan en actos arbitrarios
cometidos por el Estado en la promulgación de leyes ex post facto.
El principio de irretroactividad penal implica una prohibición
directa para el legislador y para el juzgador. Para el legislador, la de
no aprobar leyes que regulen supuestos acaecidos con anterioridad
al inicio de su vigencia; para el juez, le impone la limitación de
no poder aplicar la ley para resolver el caso sujeto a su resolución
judicial respecto de hechos acontecidos con anterioridad al inicio
de su vigencia, pues en definitiva, es a éste a quien corresponde,
dada la función jurisdiccional en la solución del caso concreto
sometido a su conocimiento y decisión, establecer cuál es la norma
aplicable al caso concreto, en situaciones en que se produzca una
sucesión de leyes penales en el tiempo.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoce
una importancia superlativa a la legalidad y a la irretroactividad.
Considera que en un Estado de Derecho, los principios de legalidad
e irretroactividad presiden la actuación de todos los órganos del
Estado, en sus respectivas competencias, particularmente cuando
viene al caso el ejercicio de su poder punitivo.61 Ciertamente, como
se ha venido exponiendo, el principio de irretroactividad de la ley
penal constituye un complemento o consecuencia del principio
de legalidad62 y busca proteger la seguridad jurídica, de tal forma,
61 ASO VÉLEZ LOOR VS. PANAMÁ. Sentencia de 23 de noviembre de 2010; párr. 183.
62 A pesar de ser ambos principios informadores del Derecho Penal y, por ende, básicos o
fundamentales en un Derecho Penal garantista, la irretroactividad de la ley constituye
un complemento del principio de legalidad (MUÑOZ CONDE), puesto que no se aprueba
una ley para regular hechos acontecidos con anterioridad a su vigencia. Cfr. MUÑOZ
CONDE, Francisco considera que “la prohibición de retroactividad es el complemento
indispensable del principio de legalidad, porque sin esa prohibición el principio se
convertiría en una burla, más que en una garantía de los derechos individuales”.
Introducción al Derecho Penal, Op. cit., p. 153; A su vez, el autor argentino CREUS, Carlos
considera que la retroactividad es un efecto del principio de legalidad, al manifestar
que “En el derecho penal en particular, se lo afirma como un efecto obligado del
principio de legalidad. Como relación jurídica, puede decirse que la del ‘delito’ nace
cuando el autor observa la conducta penalmente tipificada; es en ese momento cuando,
sobre todo, se delinea la culpabilidad en cuanto relación (‘interna’) de la ley con el
38
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
que los ciudadanos confíen en la ley. De esa cuenta, el Tribunal
Constitucional de Chile ha reconocido en sentencia, rol N° 207,
del 10 de febrero de 1995, Considerando 67, que la retroactividad
de una ley atenta contra los valores de seguridad jurídica, certeza
del derecho y la protección de la confianza de quienes desarrollan
su actividad con sujeción a principios y normas positivas, que
son esenciales en un Estado de Derecho.63 Pues, en palabras de
VALENCIA ZEA, “Dar efecto retroactivo a una ley equivale a destruir
la confianza y seguridad que se tiene en las normas jurídicas”.64
Además, se constituye en un límite al ejercicio del ius puniendi,
lo que provoca que sea verdaderamente imprescindible para la
constitución de un Estado Democrático de Derecho,65 porque
hecho que servirá de base al juicio de reproche”. Op. cit. p. 96; BACIGALUPO, Enrique
agrega: “El principio de legalidad se expresa en exigencias dirigidas al legislador y a los
tribunales. Una sanción penal se habrá aplicado con arreglo al principio de legalidad
si está establecida en una lex praevia (exclusión de la aplicación retroactiva de las leyes
penales…”. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 105.
63 En su parte conducente, la referida sentencia declara lo siguiente: “Se ha considerado
que, entre los elementos propios de un Estado de Derecho, se encuentran la seguridad
jurídica, la certeza del derecho y la protección de la confianza de quienes desarrollan
su actividad con sujeción a sus principios y normas positivas. Esto implica que toda
persona ha de poder confiar en que su comportamiento, si se sujeta al derecho
vigente, será reconocido por el ordenamiento jurídico, produciéndose todos los
efectos legalmente vinculados a los actos realizados. Esa confianza se ve naturalmente
disminuida si el legislador, con posterioridad, le atribuye a dichos actos consecuencias
jurídicas que son más desfavorables que aquellas con las cuales quien los realizó en
el pasado podía contar al adoptar sus decisiones. Se desprende de lo anterior, que
tal como se ha reconocido en el Derecho Comparado, en principio y sin perjuicio
de la o las excepciones que el propio ordenamiento constitucional contempla, la
retroactividad de una ley atenta en contra de los valores antes mencionados, que son
esenciales en un Estado de Derecho como el que establece nuestra Constitución”.
64 La seguridad jurídica es imprescindible para los ciudadanos, quienes confían en la
ley. En ese sentido, VALENCIA ZEA, Arturo expresa: “Las personas tienen confianza en
la ley vigente, y conforme a ella celebran sus transacciones y cumplen sus deberes jurídicos. Dar
efecto retroactivo a una ley equivale a destruir la confianza y seguridad que se tiene en las normas
jurídicas. Además, cuando se trata de la reglamentación de toda una institución jurídica, existe
verdadera imposibilidad para regular el efecto retroactivo”. Derecho Civil. Tomo I. Temis,
Bogotá, Colombia, 1989. p. 184.
65 Para PACHECO, Máximo: “La ideología liberal elevó a postulado fundamental la
irretroactividad de la ley penal, es decir, ella no se puede aplicar a los hechos anteriores
a su vigencia. Este principio constituye una dimensión del ‘nullum crimen, nulla poena
sine lege’. En efecto, la seguridad jurídica y los derechos de las personas se derrumban
si el legislador transforma lo lícito de ayer, en lo ilícito de hoy. En estas circunstancias,
el hombre –que es racional y libre– no tiene la posibilidad de elegir conscientemente
entre obedecer y desobedecer la norma, y el Derecho, por tanto, no puede reprochar
39
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
debe evitarse un poder omnímodo del Estado, capaz de ser
utilizado sin escrúpulos en contra de las personas, por medio del
encuadramiento de ciertas conductas en un tipo penal surgido
ex post facto; mediante el agravamiento en una ley posterior de las
penas previamente establecidas en la ley; o bien, por la creación de
nuevas figuras delictivas inexistentes con prelación a la comisión
delictiva. Ya lo advertía HAMILTON, al aseverar que “El hecho de
calificar un acto de criminal después de que ha sido perpetrado
o, en otras palabras, sujetar a los hombres a castigo por cosas que
no infringían ninguna ley cuando se cometieron, y la práctica de
los encarcelamientos arbitrarios, han sido, en todos los tiempos, el
instrumento favorito y más formidable de la tiranía”.66
A decir de ROXIN, son imaginables diversas clases de retro-
actividad. Así, un hecho que no era punible en el momento de su
comisión puede ser penado retroactivamente; respecto de una acción
que ya es legalmente punible, se puede introducir retroactivamente
una clase de pena más grave (p. ej. prisión en vez de pena de multa)
o se puede agravar la pena dentro de una de la misma clase (p. ej.
subirla de cinco a diez años de prisión)67. Por ello, ha afirmado
que esas tres formas de retroactividad son constitucionalmente
inadmisibles, pues la punibilidad (como tal, o en su clase o cuantía)
no estaba declarada y determinada legalmente antes del hecho.68
Conforme a lo expuesto, el principio de irretroactividad, nullum
crimen nulla poena sine lege praevia, se cimenta en la previsibilidad
contemplada en la ley de los efectos del comportamiento descrito
como delictivo. La irretroactividad es un derecho humano
una acción, so pena de transformarse en instrumento de injusticia. La irretroactividad
de la ley penal está reconocida en la mayoría de los países del mundo, y la ‘Declaración
Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas’ de 1948, la acoge
expresamente. El principio, no obstante, admite algunas excepciones cuando la
ley posterior beneficia al delincuente. La irretroactividad penal es desconocida con
frecuencia por regímenes políticos que no respetan la dignidad del hombre”. Teoría del
Derecho. Cuarta Edición. Editorial Jurídica de Chile, Chile, 1990, pp. 227 y 228.
66 HAMILTON, Alexander, MADISON, James y JAY, John. El Federalista. Fondo de Cultura
Económica, México, DF. 1994, p. 387.
67 ROXIN, Claus. Derecho Penal. Parte General. Tomo I. Fundamentos. La estructura de la
Teoría del Delito. Civitas, Madrid, España, p. 140-141.
68 Ibídem, p. 141.
40
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
intangible que impide la aplicación de una ley posterior a un
supuesto realizado con anterioridad al inicio de su vigencia.
2. Incorporación y protección constitucional
Como antecedente constitucional más remoto, puede citarse la
Constitución de los Estados Unidos de América, que regula en el
artículo 1, Novena Sección, Cláusula Tercera, que: “No se aplicarán
decretos de proscripción ni leyes ex post facto”. Así pues, se encuentra en el
citado texto constitucional, la denominada cláusula ex post facto (ex
post facto clause) o ley ex post facto (ex post facto law), que en el derecho
estadounidense se aplica como correlativa a la irretroactividad
de la ley en materia penal, figura que es utilizada en los sistemas
jurídicos continentales, tanto europeos como latinoamericanos. La
ex post facto law ha sido desarrollada jurisprudencialmente, en el
sentido que prohíbe aplicar retroactivamente las leyes penales en
materia sustantiva.69
En virtud de la doctrina del precedente (stare decisis), que rige el
derecho estadounidense, es la jurisprudencia de la Corte Suprema
la que establece con efecto de precedente para los tribunales
inferiores, los alcances de las referidas cláusulas. El caso más
añejo en la jurisprudencia de los Estados Unidos de América con
relación a la ley ex post facto, y que es continuamente citado en los
diversos fallos pertinentes, lo constituye Calder v. Bull 3 U.S. 386
(1798), en el cual el juez Samuel Chase, sostuvo que en las leyes ex
post facto debía comprenderse únicamente leyes criminales, pero no
así las leyes civiles.70 Adicionalmente, en la sentencia relacionada
69 En efecto, la prohibición de leyes ex post facto se limita a las leyes penales en materia
sustantiva, puesto que la materia procesal queda excluida de tal prohibición, salvo que
se trate de una ley que exija menos prueba que la requerida al momento preciso de
la comisión del delito imputado, o de las excepciones específicas que vaya señalando
la Corte Suprema conforme se desarrolle lo concerniente al tema. Vid. Collins v.
Youngblood, 497 U.S. 37 (1990) donde la Corte Suprema de los Estados Unidos de
América, resolvió que la prohibición constitucional de la aplicación retroactiva de
leyes penales se limitaba a la materia sustantiva, por lo que dejó fuera de su ámbito de
aplicación a las leyes penales de carácter procesal. Vid Carmell v. Texas, 529 U.S. 513
(2000) por la cual la Corte Suprema resolvió que la aplicación retroactiva de una regla
de evidencia que derogaba el requisito de corroboración del testimonio de la víctima
en delitos de agresión sexual riñe con la prohibición de leyes ex post facto.
70 “The ex post facto provision of the Constitution applies solely to criminal cases, not civil cases”.
41
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
estableció como aspecto relevante, la clasificación de cuatro
categorías de ley ex post facto.71
Por otra parte, en las Constituciones de los países que cuentan
con un sistema jurídico de tipo continental, el principio de
irretroactividad se ubica en el propio texto constitucional, o bien,
se considera mediante una interpretación a contrario, que deriva de
uno o más preceptos constitucionales. En el caso de Guatemala,
el artículo 2º de la Constitución Política impone al Estado el
deber de garantizar, entre otros valores, el de la seguridad. La
seguridad jurídica, denota la Corte de Constitucionalidad, se
refiere concretamente a la confianza que tiene el ciudadano, dentro
de un Estado de Derecho, hacia el ordenamiento jurídico y en
consecuencia considera que las autoridades, en el ejercicio de sus
facultades legales, deben actuar en observancia de ese principio y
respetar las leyes vigentes y principalmente la ley suprema.72 Una
ley retroactiva violenta indubitablemente la seguridad jurídica. El
principio de irretroactividad coadyuva a evitar que se desquebraje
la confianza de los ciudadanos en el imperio de la ley.
En Guatemala, el artículo 15 de la Constitución Política
prescribe brevemente que la ley no tiene efecto retroactivo, salvo
en materia penal cuando favorezca al reo. La previsión del precepto
constitucional contempla una prohibición expresa de la aplicación
retroactiva desfavorable (retroactividad in malam partem), en
cambio, admite la retroactividad beneficiosa (retroactividad in
bonum partem), cuando beneficie al reo. Distinto sucede en España,
donde no se contempla taxativamente en el texto constitucional
lo concerniente a la retroactividad in malam partem, puesto que
se efectúa, de acuerdo con EZQUIAGA, una interpretación a
contrario de un precepto constitucional; debido a que del art. 9.3
71 “1st. Every law that makes an action done before the passing of the law, and which was innocent
when done, criminal; and punishes such action. 2d. Every law that aggravates a crime, makes it
greater than it was, when committed. 3d. Every law that changes the punishment, and inflicts a
greater punishment, than the law annexed to the crime, when committed. 4th. Every law that alters
the legal rules of evidence, and receives less, or different, testimony, than the law required at the time
of the commission of the offence, in order to convict the offender”.
72 Auto de 29 de enero de 2009; expediente 3350-2008.
42
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
de la Constitución Española,73 que garantiza la irretroactividad
de las disposiciones sancionadoras no favorables, el Tribunal
Constitucional ha deducido el principio de la retroactividad de las
disposiciones sancionadoras favorables.74 Así, señala para el efecto,
la sentencia del Tribunal Constitucional español, de 7 de mayo de
1981, fundamento jurídico 7.
Siguiendo a GARCÍA RAMÍREZ, se produce una doble
consecuencia que se puede expresar de manera procesal. Así, rige
la reformatio in melius, o sea la alterabilidad de situaciones jurídicas
favorables y se desecha la reformatio in peius, o sea, la alteración
de situaciones jurídicas por cambios perjudiciales.75 La Corte de
Constitucionalidad de Guatemala ha manifestado:76
La regla general es que la ley es de aplicación inmediata y que
rige para el futuro a partir de su promulgación; que se aplica en el
presente, que no puede ser aplicada al pasado y que rige los efectos
posteriores a su vigencia, aunque deriven de hechos anteriores
a ella. La retroactividad consiste en la traslación de la aplicación
de una norma jurídica creada en un determinado momento, a
uno anterior al de su creación, por lo que se contemplan ciertas
situaciones fácticas pretéritas que estaban reguladas por normas
73 El art. 9.3 de la CE señala que: “La Constitución garantiza el principio de legalidad,
la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las
disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales,
la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los
poderes públicos”.
74 EZQUIAGA GANUZAS, Francisco Javier. La argumentación en la justicia constitucional y otros
problemas de aplicación e interpretación del derecho. Publicación del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación. México, 2006, p. 58.
75 GARCÍA RAMÍREZ, Sergio. Derecho Penal. Instituto de Investigaciones Jurídicas.
Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1990, p. 29.
76 Sentencia del 26 de junio de 1991; expediente 364-90. En sentencia de 27 de septiembre
de 2011, expediente 2156-2011, siempre referente al principio de irretroactividad
expuso: “… cabe afirmar que uno de los principios elementales que rigen la aplicación
de la ley es su irretroactividad, que significa que ésta no debe tener efectos hacia atrás
en el tiempo; sus efectos solo operan después de la fecha de su promulgación. Se
puede señalar entonces que la naturaleza jurídica del principio mencionado es la
premisa según la cual, en la generalidad de las circunstancias se prohíbe, con base en la
preservación del orden público y con la finalidad de plasmar la seguridad y estabilidad
jurídica, que una ley tenga efectos con anterioridad a su vigencia, salvo circunstancias
especiales que favorezcan, tanto al destinatario de la norma como a la consecución del
bien común, de manera concurrente”.
43
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
vigentes al tiempo de su realización. Existe cuando la nueva
disposición legal vuelve al pasado para apreciar condiciones de
legalidad de un acto, o para modificar los efectos de un derecho
plenamente realizado.
La Corte de Constitucionalidad desarrolla en la sentencia
anterior, lo que debe entenderse por retroactividad de la ley y
enfatiza lo concerniente a la aplicación hacia el futuro de esa ley,
de manera general a excepción de su aplicación en materia penal
cuando sea favorable,77 pues de lo contrario, se debilitarían
peligrosamente las bases de un derecho penal de acto, en detrimento
del Estado Democrático de Derecho.
En ese sentido, se admite la retroactividad únicamente en
materia penal, cuando se trate de una ley más benigna. En este caso,
la seguridad jurídica que se pretende conceder a los ciudadanos con
la exigencia de lex praevia no se verá afectada por el reconocimiento
de la retroactividad de la ley penal más benigna, porque ella no
atenta contra las libertades individuales de los ciudadanos que
pretende proteger la seguridad jurídica.78
La constitucionalización del principio de irretroactividad
es trascendental. En cuanto a los organismos encargados
primordialmente de su observación, legislador y juez, contempla
intrínsecamente de manera individual una constricción. De esa
cuenta al legislador, como ha afirmado BAUMAN, le está vedado
constitucionalmente dar retroactividad a un tipo, mientras que
77 BACIGALUPO explica ampliamente la excepcionalidad que se produce en la irretroactividad
de la ley penal, al manifestar: “Una larga tradición determina que el principio de
irretroactividad de la ley sufra una excepción respecto de las leyes penales posteriores
al momento de comisión del delito pero más favorables al acusado. Se trata de una
excepción con un fundamento político-social, dado que carece de sentido dictar o
mantener la ejecución de penas por hechos que ya no se consideran delitos o cuando
la gravedad de aquéllas aparece como desproporcionada. Desde otro punto de vista, es
una consecuencia del hecho de que las garantías constitucionales, es decir, la prohibición
de retroactividad de la ley penal, sólo se instituyen para proteger al acusado frente al
endurecimiento de las penas, pero no para impedir que se beneficie con una nueva
situación legal más favorable”. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 188.
78 BALDOMINO DÍAZ, Raúl A. “(Ir)retroactividad de las modificaciones a la norma
complementaria de una Ley Penal en Blanco”. Revista de Política Criminal. Vol. 4, Núm.
7. Chile, julio de 2009, p. 134.
44
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
al juez penal, solo puede aplicar un tipo si el delito existía en el
momento del hecho.79
Como corolario, puede afirmarse el principio de irretroactividad
de la ley, sirve de resguardo legal al imputado o condenado, lo
que supone la seguridad jurídica que no se le aplicará una ley
distinta a la vigente al momento de la realización delictiva. Lo
anterior solidifica el Estado Democrático de Derecho, al evitar el
ejercicio arbitrario del poder estatal. Aunado a ello, el principio
de irretroactividad es determinante para que pueda efectuarse la
función motivadora del Derecho Penal y la confianza en el sistema
penal. Porque, a decir de RODRÍGUEZ MESA: “Sólo si el ciudadano
conoce la prohibición y la amenaza del castigo, puede sentirse
motivado y puede conseguirse el efecto preventivo buscado con
la pena. Así, y desde la función del Derecho penal, el principio
general de irretroactividad contribuye a la legitimación misma del
sistema penal”.80
79 BAUMAN, Jürgen. Derecho Penal. Conceptos Fundamentales y Sistema. Introducción a la
sistemática sobre la base de casos. Ediciones Depalma, Buenos Aires, Argentina. 1973, p. 74.
80 RODRÍGUEZ MESA, María José. Manual de Introducción al Derecho Penal. Universidad de
Cádiz. Jerez de la Frontera, España, 2006, p. 62.
45
VI
PROPORCIONALIDAD
Uno de los principios informadores básicos del Derecho
Penal, lo constituye el principio de proporcionalidad, también
denominado prohibición de exceso. Este principio limita la potestad
punitiva del Estado, al propugnar por una adecuada estabilización
entre la conducta reprochable y la reacción estatal para reprimirla.
Sin embargo, este principio constituye uno de los principios
informadores más violentados en la praxis. Efectivamente, puede
observarse a menudo cómo en la individualización de la pena, se
irrespeta cotidianamente la igualdad que debe existir de forma
indefectible, entre los sujetos pasivos que fueron condenados en
sentencia dictada por los jueces penales competentes. Pero también,
al analizar las leyes penales, se determina la excesiva penalización
en algunos delitos.
El principio de proporcionalidad cobra especial trascendencia,81
al constituir un límite a la potestad punitiva estatal, pues la
exigencia de que se observe una proporcionalidad en la aplicación
de las penas por los delitos cometidos conlleva la protección de
los derechos fundamentales. Ya desde tiempos del iluminismo,
BECCARIA82 pensaba visionariamente, que:
Si la geometría fuese adaptable a las infinitas y oscuras
combinaciones de las acciones humanas, debería haber una escala
correspondiente de penas, en que se graduasen desde la mayor
hasta la menos dura; pero bastará al sabio legislador señalar los
81 De acuerdo con BACIGALUPO: “El principio de proporcionalidad tiene también
trascendencia en la medida en la que el derecho penal constituye una limitación de
derechos fundamentales: entre las condiciones bajo las cuales es legítima la limitación
de un derecho fundamental se encuentra también la proporcionalidad que debe existir
entre la limitación y la importancia del derecho afectado. Por lo tanto, el principio de
proporcionalidad obliga al legislador a no amenazar la imposición de penas de excesiva
gravedad, en relación al bien jurídico protegido. De esta forma, el legislador está
doblemente limitado con respecto a la gravedad de las penas: por un lado no puede
imponer penas inhumanas o degradantes, por imperio de la inviolabilidad de la dignidad
de la persona, y por otro, debe establecer penas proporcionadas a la gravedad de los
ilícitos que se sancionan”. Principios Constitucionales de Derecho Penal. Op. cit. p. 252.
82 BONESANA, César, Marqués de BECCARIA. Tratado de los Delitos y de las Penas. Op. cit. p. 69.
47
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
puntos principales, sin turbar el orden, no decretando contra los
delitos del primer grado las penas del último.
Que el legislador logre un equilibrio entre los delitos y las penas,
para que no se produzca una desproporcionalidad en las penas y por
ende, una violación a los derechos fundamentales del condenado;
así como, que el juzgador dicte la sentencia correspondiente,
debidamente motivada y que contemple realmente dentro de los
parámetros del maximum y mimimum de la pena, las circunstancias
en cada caso en particular, como lo son entre otros, la idoneidad
del tipo y el grado de reprochabilidad atribuible al sujeto activo.
1. Importancia
El principio de proporcionalidad es fundamental en el ámbito
de la individualización de la pena contemplada en la ley –lo que
se conoce como proporcionalidad abstracta– y además, en la
aplicación judicial de la pena –lo que se denomina proporcionalidad
concreta–. Tanto es así, que de acuerdo con FUENTES CUBILLOS:83
Cabe precisar que el principio de proporcionalidad se erige en
un elemento definidor de lo que ha de ser la intervención penal,
desde el momento en que trata de traducir el interés de la sociedad
en imponer una medida de carácter penal, necesaria y suficiente,
para la represión y prevención de los comportamientos delictivos,
y por el otro, el interés del individuo en la eficacia de una garantía
consistente en que no sufrirá un castigo que exceda el límite del
mal causado, en otros términos, la minimización de la violencia
en el ejercicio del ius puniendi. Así, la justa medida de la pena se
configura como un principio rector de todo el sistema penal.
En efecto, la gravedad de la pena debe aplicarse coherentemente
con la gravedad del hecho delictivo.84 De ahí, que no deben
83 FUENTES CUBILLOS, Hernán. “El Principio de Proporcionalidad en Derecho Penal.
Algunas consideraciones acerca de su concreción en el ámbito de individualización de
la pena”. Revista Ius Et Praxis, año 14, núm. 2. Universidad de Talca, Chile, 2008, p. 19.
84 Para VON HIRSCH, Andrew. “Retribución y prevención como elementos de justificación
de la pena”. En Crítica y Justificación del Derecho Penal en el Cambio de Siglo. El análisis
crítico de la Escuela de Frankfurt. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Cuenca, España, 2003, p. 136: “En el marco de la medición de la pena, el principio
de proporcionalidad con el hecho debe acentuarse igualmente cuando se parte de la
48
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
sancionarse gravemente aquellos hechos de una ordinaria
relevancia, sino que deben ser sancionados en forma proporcional
al daño provocado por el mismo. En ese mismo sentido, MUÑOZ
CONDE manifiesta que este principio quiere decir que las penas
deben ser proporcionadas a la entidad del delito cometido o que
éstos no pueden ser reprimidos con penas más graves que la propia
entidad del daño causado por el delito.85
LUZÓN PEÑA, referente a la gravedad del hecho, reflexiona en dos
clases de gravedad que pueden ocasionarse. Por un lado, la “gravedad
intrínseca del hecho”, producida por el grado de desvalor del resultado
y de la acción, que toma en cuenta como parámetro la importancia y
número de bienes jurídicos afectados, entidad del daño, peligrosidad
de la acción y desvalor de la intención. Por otro lado, la “gravedad
extrínseca del hecho”, provocada debido al peligro de frecuencia
de su comisión y consiguiente alarma social, la cual considera que
también cabe incluir en el desvalor objetivo de la acción.86
Es innegable que cuando el hecho delictuoso provoca un daño,
debe efectuarse una valoración proporcional respecto del mismo,
para que así, la pena a ser aplicada no genere el empleo de una pena
desproporcionada e ilimitada del ejercicio de la represión estatal. Este
principio no sirve de fundamento para legitimar el poder punitivo
estatal de manera retributiva, sino que al contrario, constituye otro
límite al ejercicio del ius puniendi al restringir la utilización de penas
descomedidas al hecho delictivo cometido. Además, de manera
amplia, este principio propugna por que exista una correlación entre la
afectación de derechos frente a la magnitud de la lesividad provocada.
Como lo asevera ZAFFARONNI:87 “La criminalización alcanza un
perspectiva orientada al reproche. La severidad de la pena refleja el grado de reproche,
una pena proporcionalmente elevada expresa una mayor censura, al igual que una
pena leve representa un reproche menor. Como consecuencia de esta estrecha relación
conceptual entre gravedad de la pena y reproche, y no como consecuencia de los
efectos sobre la fidelidad normativa de los ciudadanos, las penas deben corresponderse
con la gravedad del hecho”.
85 MUÑOZ CONDE, Francisco. Introducción al Derecho Penal. Op. cit. p. 134.
86 LUZÓN PEÑA, Diego-Manuel. Op. cit. p. 85.
87 ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Derecho Penal. Parte General. Ediar, Buenos Aires, Argentina,
2000, p. 130. Agrega este autor que: “… dado que el derecho penal debe escoger entre
irracionalidades, para impedir el paso de las de mayor calibre, no puede admitir que
49
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
límite de irracionalidad intolerable cuando el conflicto sobre cuya
base opera es de ínfima lesividad o cuando, no siéndolo, la afectación
de derechos que importa es groseramente desproporcionada con la
magnitud de la lesividad del conflicto”.
El principio de proporcionalidad, pues, persigue tanto que
la individualización de la pena se realice en forma coherente con
el hecho delictivo cometido, es decir, pretende una correlación
distributiva entre la conducta reprochable y la represión estatal,
así como sancionar únicamente aquellas conductas que lesionen
los bienes jurídicos más relevantes.88 En ese aspecto, se evidencia
su trascendencia como principio limitador del ius puniendi, porque
deben castigarse solamente los hechos que requieran necesariamente
ser sancionados penalmente, debido a que no pudieron ser
solucionados por la normativa de otras disciplinas jurídicas distintas.
El autor COTE-BARCO siempre en ese mismo orden de ideas,
prioriza la importancia que representa la constitucionalización
del Derecho Penal; asegura que el principio de proporcionalidad
implica que en el Derecho Penal de un Estado constitucionalizado,
no puede haber normas que consagren delitos sin fundamento
alguno, ni tampoco penas excesivas.89
a esa naturaleza no racional del ejercicio del poder punitivo se agregue una nota de
máxima irracionalidad, por la que se afecten bienes de una persona en desproporción
grosera con el mal que ha provocado. Esto obliga a jerarquizar las lesiones y a
establecer un grado de mínima coherencia entre las magnitudes de penas asociadas a
cada conflicto criminalizado, no pudiendo tolerar, por ejemplo, que las lesiones a la
propiedad tengan mayor pena que las lesiones a la vida…”. Ibídem.
88 En cuanto a este aspecto, MIR PUIG, Santiago. “El Principio de Proporcionalidad como
fundamento constitucional de límites materiales del Derecho Penal”. En Constitución,
Derechos Fundamentales y Sistema Penal (Semblanzas y estudios con motivo del setenta
aniversario del profesor Tomás Salvador Vives Antón), Tomo II, Tirant Lo Blanch, Valencia,
España, 2009, p. 1360, dice que la carga aflictiva de las penas no deberá representar un
coste superior al beneficio que con ellas se obtiene en términos de protección. Añade
que tampoco deberá castigar si no es necesario para la protección de los ciudadanos, ni
deberá hacerlo sin tomar en cuenta los derechos de todos, incluidos los que delinquen.
89 COTE-BARCO, Gustavo Emilio. “Constitucionalización del Derecho Penal y
Proporcionalidad de la Pena”. Vniversitas. ucls, núm. 116, Bogotá, Colombia, julio-
diciembre de 2008, p. 133. Agrega este autor que, dado que el Estado debe recurrir
al Derecho Penal en tanto mecanismo último para la protección de derechos
fundamentales al tiempo que con este recurso también los limita, el principio de
proporcionalidad se erige como criterio que fundamenta la prohibición de exceso a
través de la intervención del Derecho Penal en los derechos de las personas incluso
50
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Pero, el principio de proporcionalidad no sólo debe observarse
por el legislador en el desempeño de sus actividades, cuando
tipifica una conducta como delictiva, sino también es importante
su observancia por los órganos jurisdiccionales en la imposición
de las penas, con el propósito de evitar que se apliquen penas
desproporcionadas, como muchas veces ocurre en la realidad.
Resulta mucho más difícil el control de la actividad legislativa en
la creación de nuevas figuras delictivas que contengan sanciones
drásticas para nuevos hechos, que la del juez en la imposición de
la pena.
Debe recordarse que la desproporción en el establecimiento
de las penas, se produce generalmente por la inexistencia de
parámetros técnicos para la creación de las penas. Lo que origina
una vulnerabilidad en cuanto a la posibilidad de incrementar
inconsistentemente el máximo de las penas, ante presiones de la
población debido a la existencia de un caso en particular.
El juzgador se encuentra obligado a fundamentar su resolución,
con la clara finalidad de explicar las razones fácticas y jurídicas
que le motivaron a tomar esa decisión. Además, fuera del aspecto
argumentativo señalado, con relación a la actividad jurisdiccional,
normalmente la propia ley penal establece un margen limitado al
juez, al impedirle que traspase los extremos punitivos establecidos
específicamente por el legislador.90
para algunos también como una prohibición de protección penal deficiente de esos
mismos derechos. Considera que de esta forma la proporcionalidad se convierte
en el elemento discursivo con el cual se pretende darle al Derecho Penal el alcance
indispensable para que pueda cumplir con su finalidad, causando el menor daño
posible. Ibídem, p. 133.
90 En cuanto a este aspecto, HURTADO AGUILAR, Hernán. Derecho Penal Compendiado.
Comentarios a la Parte General del Código Penal. Landívar. Guatemala, Segunda Edición.
1984, p. 130. Para el caso de Guatemala, comenta que el juez tendrá que explicar las
razones por las cuales fija la pena a imponer. Agrega, que podrá lógicamente usar el
extremo mínimo cuando las circunstancias sean del todo favorables al reo, es decir, que
no hayan circunstancias agravantes. Que concurran circunstancias atenuantes, que no
sea socialmente peligroso, que el delito lo haya cometido en situación más o menos
explicable (¿?), si previó o no exactamente los resultados de su acción y las incidencias
de la misma. Su conducta dentro de su medio o comunidad, si se ha comportado
como buen padre de familia, la forma en que ha atendido sus obligaciones personales,
51
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
2. Inconstitucionalidad por desproporción de la pena
Uno de los aspectos interesantes que ocurren como
consecuencia de la inobservancia del principio de proporcionalidad
en el ámbito de la individualización de la pena contemplada en
la ley, lo constituye la posibilidad de plantear una acción de
inconstitucionalidad. No obstante, durante el reproche de la norma
considerada inconstitucional, debe necesariamente señalarse los
preceptos constitucionales que se estimen vulnerados debido a la
desproporción de la pena. Pues, como lo ha indicado el Tribunal
Constitucional de España en la STC 55/1996, de 28 de marzo, FJ 3:
… el principio de proporcionalidad no constituye en nuestro
ordenamiento constitucional un canon de constitucionalidad
autónomo cuya alegación pueda producirse de forma aislada
respecto de otros preceptos constitucionales […]. Si se aduce la
existencia de desproporción, debe alegarse primero y enjuiciarse
después en qué medida ésta afecta al contenido de los preceptos
constitucionales invocados: sólo cuando la desproporción
suponga vulneración de estos preceptos cabrá declarar la
inconstitucionalidad” (en igual sentido, se encuentra la STC
136/1999, de 20 de julio, FJ 22).
El Tribunal Constitucional en STC 136/1999, de 20 de julio,
FJ 23, define el juicio de proporcionalidad en sentido estricto, de
la siguiente forma:
… se trata de valorar recíprocamente el alcance de la restricción
de los principios y derechos constitucionales que resultan afectados
por la norma penal, de un lado, y el grado de satisfacción de los
fines perseguidos con ella por el legislador, de otro. Y ello en el bien
entendido de que no cualquier desproporción o falta de equilibrio
habrá de ser, desde la perspectiva que nos ocupa, constitucionalmente
relevante, sino que sólo lo será aquélla en la que el exceso resulte
verdaderamente manifiesto o evidente. Sólo en tal caso producirá la
norma un “patente derroche inútil de coacción”.
etc. Para el extremo máximo, estima que debe determinarse si las condiciones fueren
desfavorables para el reo.
52
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
La desproporción de la pena debe ser notoria para que pueda
declararse con lugar la inconstitucionalidad. Caso contrario, se
correría el riesgo de que existiera una intromisión en la política
penal del legislador. Cabe recordar la prevalencia en materia
constitucional del principio de presunción de constitucionalidad
de las leyes. Por otra parte, también debe resaltarse que el legislador
se encuentra sujeto a la Constitución, por lo que al fijarse la cuantía
de las penas, debe indefectiblemente observar entre otros, los
principios de proporcionalidad y razonabilidad que debe existir
entre delito y pena.
ROCA TRÍAS y AHUMADA RUIZ, comentan que en la STC
136/1999 el Tribunal Constitucional Español, por primera vez,
declaró la inconstitucionalidad de una norma penal por imponer
una pena desproporcionada. Agregan que sin entrar en las críticas
que suscitó la argumentación de la sentencia, el Tribunal no ha
vuelto a declarar una inconstitucionalidad por desproporción
de la pena y cuando algún juez ha planteado, vía cuestión de
inconstitucionalidad, una conclusión de este tipo, el Tribunal no
ha encontrado buenas razones para neutralizar o interferir en la
política penal del legislador (SSTC 49/200938, 60/201039).91
En Guatemala existen diversas sentencias que tratan respecto
del principio de proporcionalidad en sentido amplio,92 el cual se
encuentra orientado a resolver conflictos entre derechos, intereses
o valores en concurrencia, pero ninguna relacionada con el
principio de proporcionalidad en sentido estricto, que se refiere a
la proporcionalidad de las penas.
Por otra parte, en países como México puede ejemplificarse
en sentencia dictada por el Tribunal Pleno de la Suprema Corte de
91 ROCA TRÍAS, Encarnación y AHUMADA RUIZ, María Ángeles. “Los principios de
razonabilidad y proporcionalidad en la jurisprudencia constitucional española”.
Ponencia presentada en la Conferencia “Trilateral” Italia/Portugal/España, en la
Reunión de Tribunales Constitucionales de Italia, Portugal y España, celebrada en
Roma, Italia, del 24 a 27 de octubre de 2013, p. 17.
92 Ver por ejemplo, sentencias de 7 de septiembre de 2012, expedientes acumulados
3-2011, 4-2011 y 52-2011; 14 de agosto de 2012, expediente 2729-2011.
53
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Justicia de la Nación en la Acción de Inconstitucionalidad 31/2006,93
donde declaró procedente la acción de inconstitucionalidad
promovida por la Procuraduría General de la Nación, por
regularse en la Ley General de Salud multas fijas al establecer como
sanciones por las conductas antijurídicas que prevé, además de las
privativas de libertad, multa equivalente a cien mil días de salario
mínimo general vigente en la zona económica de que se trate; y
multa equivalente a cincuenta mil días de salario mínimo general
vigente en la zona económica de que se trate, en sus respectivos
casos. El Tribunal consideró que el artículo 464 Ter, fracciones I,
II y III, de la Ley General de Salud prevé multas penales excesivas
y, por tanto, contrarias a los artículos 16 y 22 constitucionales, al
establecer como sanción –por diversas conductas relacionadas con
la alteración y venta de medicamentos– multas fijas y estimó que:
Ello es así, por un lado, porque mediante el sistema de imposición
de penas pecuniarias en porcentajes fijos no es posible la
individualización judicial de la pena, toda vez que cualquiera que
sea la conducta omitida o realizada, el porcentaje de la sanción
será siempre, para todos los casos, invariable, con lo cual se cierra
la posibilidad de justificar adecuadamente la determinación de la
pena, en relación con la culpabilidad del sujeto y las circunstancias
en que se produjo la conducta antijurídica; y por otro, porque
la inflexibilidad que suponen las cantidades fijas genera que no
pueda existir proporción y razonabilidad suficiente entre su
cuantía y la gravedad del delito cometido.
Como corolario, el principio de proporcionalidad no es un
principio autónomo que pueda invocarse aisladamente de los
preceptos constitucionales que se consideren trasgredidos por la
desproporción de la pena. Sin embargo, constituye un principio
limitador del ius puniendi, que exige un equilibrio entre la imposición
de las penas con relación a los hechos delictivos regulados por la
ley penal y que tiene su base en el principio de igualdad.
93 En la citada sentencia, se menciona como apoyo jurisprudencial, otras sentencias
parecidas, en las cuales se ha declarado que el establecimiento de multas fijas es
contrario a los artículos 22 y 31, fracción IV, de la Constitución. Entre las mismas se
mencionan: P./J. 10/95; y P./J. 17/2000.
54
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
El principio de proporcionalidad ha cobrado mucha relevancia,
no solamente en el ámbito del Derecho Penal, sino que en el Derecho
Constitucional. Este principio resulta útil como un mecanismo
mediante el cual se logra la despenalización de determinadas
figuras delictivas, en las cuales existe una desproporcionalidad en
una norma penal. Los principios informadores del Derecho Penal
han sido constitucionalizados, lo que demuestra la importancia que
el constituyente les ha reconocido dentro de la ley suprema. Como
se ha ejemplificado, el principio de proporcionalidad constituye
uno de los principios informadores que mediante la utilización de
la inconstitucionalidad, se han hecho valer en la praxis forense.
El problema consiste en que generalmente el legislador omite
aplicar, adrede o por un mal asesoramiento legal, el principio de
proporcionalidad al momento de creación de la ley penal. LASCURAÍN
SÁNCHEZ,94 considera que debe computarse como coste de la norma
penal, no sólo el que supone la pena, sino también los constituidos
por la prohibición y la administración policial, judicial y penitenciaria
de la norma, lo cual no elimina el postulado garantista de que la pena
debe ser proporcionada a la gravedad del hecho.
Derivado de lo anterior, debe recordarse que el garantismo
sostiene que la pena debe ser proporcionada a la gravedad del
hecho, pero como se ha manifestado, se evidencia en la práctica
que se crean leyes penales desproporcionadas, que si bien es
cierto, son analizadas mediante un juicio de inconstitucionalidad
de las mismas, en el fondo no deberían ser promulgadas, porque
contienen una prohibición de exceso e incrementan el trabajo de
los tribunales innecesariamente. Sin embargo, como principio
básico, la proporcionalidad garantiza que la pena sea proporcionada
a la gravedad del hecho.
94 LASCURAÍN SÁNCHEZ, Juan Antonio. “¿Restrictivo o Diferente? El control de la Ley
Penal por parte del Tribunal Constitucional”. INDRET, número 3, Universidad
Pompeu Fraga. Barcelona, España, 2012, p. 8.
55
VII
CULPABILIDAD
1. Relevancia como principio limitador
Dentro de un estado democrático de derecho, el Derecho
Penal no debe ser únicamente represivo, sino que derivado de su
función, el mismo debe ser sobre todo preventivo. Para el logro
de esta finalidad, es donde desempeña una labor preponderante el
principio de culpabilidad como límite al ejercicio del ius puniendi,
porque condiciona que a una persona pueda imponérsele una pena,
únicamente si se demuestra previamente el juicio de reproche,
respecto del hecho que se le atribuye. Es decir, que no hay delito ni
pena sin culpabilidad, nullum crimen nulla poena sine culpa. ZAFFARONI
incluso lo considera el más importante de los principios que se
derivan en forma directa del estado de derecho, al expresar:95
Pese a ser contrapartida necesaria e inescindible del principio de
lesividad, el principio de culpabilidad es el más importante de los
que se derivan en forma directa del estado de derecho, porque su
violación importa el desconocimiento de la esencia del concepto
de persona. Imputar un daño o un peligro para un bien jurídico,
sin la previa constatación del vínculo subjetivo con el autor
(o imponer una pena sólo fundada en la causación) equivale a
degradar al autor a una cosa causante. En este sentido, es válida
la distinción entre un modelo de derecho penal autoritario y lo
que, en realidad, es un derecho penal irracional, que imputa sin
presuponer ni delito ni ley.
Como lo hace ver ZAFFARONI, la importancia de la culpabilidad
en el Derecho Penal moderno es indiscutible. Tiene tanto defensores
como detractores. Para BRUERA el concepto de culpabilidad, ha
sido siempre el más debatido en el Derecho Penal, porque es el que
más nos liga a la interrogación sobre el destino mismo del derecho
de castigar.96 QUINTERO OLIVARES, por su parte, considera que la
culpabilidad es nuclear en el sistema penal pues se le atribuyen
95 ZAFARONNI, Raúl Eugenio. Op. cit. p. 139.
96 BRUERA, Matilde M. Derecho Penal y Garantías Individuales. Juris. Argentina, 2000, p. 84.
57
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
diversas funciones esenciales: individualizar la responsabilidad,
fundamentar la pena y limitar la duración de ésta.97
En el ámbito penal, la culpabilidad puede ser estudiada desde
diversos puntos de vista. De manera general, la culpabilidad puede
ser analizada, siguiendo a QUINTERO OLIVARES, como concepto
dogmático y como principio de política criminal.98 Para efectos
de este estudio, interesa estudiarlo como principio informador
del Derecho Penal limitador del ius puniendi. Desde esta última
perspectiva, dice RODRÍGUEZ MESA, el fundamento del principio
de culpabilidad habría que encontrarlo en la función utilitarista
de prevención general propia del Derecho Penal. Añade que sólo
los comportamientos culpables pueden ser objeto de prevención
mediante la pena, dado que sólo con respecto a ellos puede la
conminación penal desplegar una función intimidante. A nivel de
garantías la exigencia de culpabilidad se traduce en los principios de
responsabilidad por el hecho, dolo o culpa, e imputación personal.99
BRUERA plantea que “El ser humano responde ante la ley
penal por lo que hace, acciones y omisiones, no por lo que es.
Todo delito presupone, por tanto, una acción o una omisión,
un comportamiento, ya que en definitiva el Derecho regula la
coexistencia externa de los individuos, no su conciencia”.100 El
juicio de desvalor recaído sobre el autor, denominado culpabilidad,
requiere la existencia previa de dolo o culpa. Efectivamente, tiene
que producirse una vinculación personal del sujeto con el hecho,
puesto que es necesario como presupuesto indefectible, que la
persona sea declarada judicialmente culpable para que sea sujeta a
una sanción penal.
Una vez que se ha comprobado que el hecho es típico y
antijurídico, debe determinarse si puede atribuirse a la persona el
resultado de su conducta y convertirla legalmente en responsable.
Mientras el injusto penal se valora en el inicio o en el desarrollo
97 QUINTERO OLIVARES, Gonzalo. Op. cit. p. 97.
98 Ibíd., p. 96.
99 RODRÍGUEZ MESA, María José. Op. cit. p. 98.
100 BRUERA. Op. cit. p. 99.
58
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
del procedimiento penal, la culpabilidad en cambio, se determina
exclusivamente en la sentencia, cuando el tribunal emite un
fallo condenatorio. Si éste queda firme, es hasta entonces que al
declararse la responsabilidad penal del sindicado, que la presunción
de inocencia queda sin efecto. No obstante, en la substanciación del
proceso, pueden emitirse juicios valorativos acerca de la capacidad
de culpabilidad del sindicado.101
2. Desavenencias interpretativas actuales
Contemporáneamente, las bases sobre las cuales descansa el
derecho punitivo, referentes a que no hay pena sin culpabilidad,
nullum poena sine culpa, se encuentran tambaleantes, debido a nuevas
corrientes doctrinales que atacan la concepción tradicional. Así, entre
otras posiciones, se persigue el abandono del principio de culpabilidad
y reemplazarlo por un derecho eminentemente represivo, en el cual
sobresale el concepto de peligrosidad que se utiliza como cimiento
de la sanción penal. Es decir, se prioriza la utilización del derecho de
autor, en detrimento del derecho de acto, este último propio de un
verdadero Estado Democrático de Derecho.
Atendiendo el planteamiento precedente, la comprensión del
concepto formal de la culpabilidad, que incluye los presupuestos
para formularle al autor, la imputación subjetiva, o sea,
esencialmente, el reproche contra el autor del acto, se ha visto
severamente cuestionado en cuanto a su tradicional concepción,102
con el denominado Derecho Penal del Enemigo, sustentado por
101 RUANO GODOY, Edgar Orlando. “Ámbito de Aplicabilidad Procesal de los niveles
de Valoración del Hecho Punible”. En Revista del Colegio de Abogados y Notarios de
Guatemala. Guatemala. 2002, pp. 55-56.
102 “Traspasado de la tradición romana a la cristiana, el principio fue teorizado por el
pensamiento penal ilustrado para ser después reelaborado orgánicamente por la
dogmática del XIX y codificado en todos los ordenamientos modernos. Lo que no
quiere decir, empero, que haya sido una conquista pacífica y nítida. Por el contrario,
veremos cómo desde fines del siglo pasado se viene produciendo una crisis regresiva
de la categoría de la culpabilidad, empañada o negada en distintas formas, en sede
teórica y normativa, por obra de doctrinas y ordenamientos autoritarios que tienden a
flanquearla, a integrarla o a sustituirla por la «peligrosidad» del reo o por otros medios
de calificación global de su personalidad, como son la capacidad para delinquir o la
culpa de autor”. FERRAJOLI, Luigi. Op. cit. p. 488.
59
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
JAKOBS. PORTILLA CONTRERAS ha estudiado con profundidad este
tema y dice en lo tocante:103
Las características del flamante Derecho Penal de lucha se
corresponden tanto con la tesis de la excepción schmittiana como
con el planteamiento de la “emergencia suprema” de Walzer. De
ahí que el Derecho Penal adquiera el perfil de la guerra preventiva
en defensa de los criterios “morales” del sistema neoliberal,
siendo esa la técnica que se está empleando en la lucha contra el
terrorismo y la inmigración; ya no se penalizan comportamientos
que lesionan valores sino los riesgos potenciales para la seguridad
del Estado. En conclusión, se sustituye el Derecho Penal basado en
la culpabilidad por el hecho por otra modalidad de “Derecho” en
la que lo que únicamente interesa es la peligrosidad del colectivo
al que pertenece el autor.
El problema con este tipo de corrientes ideológicas, es, como
acertadamente lo expresa el autor PORTILLA CONTRERAS, que
privilegia la peligrosidad colectiva frente al Derecho Penal basado
en la culpabilidad. Restringir hasta su desaparición la concepción
tradicional de la culpabilidad por el hecho constituye una posición
eminentemente antigarantista. La pena no encuentra coherencia
con la medida de la culpabilidad del agente. De un derecho penal de
culpabilidad, se ha cambiado a un derecho penal de peligrosidad.104
3. Observancia como principio informador
La importancia que desempeña el principio de culpabilidad
en un Estado Democrático de Derecho, donde domeña la visión
garantista, es esencial. Para FERRAJOLI la tercera condición sustancial
requerida por el modelo penal garantista como justificación del
103 PORTILLA CONTRERAS, Guillermo. “El retorno del Derecho Penal al estado de la
naturaleza”. Revista Viento Sur. Número 83. Madrid, España, Noviembre 2005, p. 32.
104 “Comúnmente el derecho penal de hecho se concibe como derecho penal de
culpabilidad, porque la imposición de la pena atiende al requisito de la reprochabilidad,
es decir, del reproche que se puede formular al autor por su acto, en tanto que el
derecho penal de autor se concibe como un derecho penal de peligrosidad: la sanción
(que perdería en realidad su carácter de “pena”), tendrá en cuenta la peligrosidad
criminal (social) que subyace en la personalidad del autor que el delito revela”. CREUS,
Carlos. Op. cit. pp. 15 y 16.
60
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
«cuándo» y del «qué» prohibir es la de la culpabilidad.105 Este
principio se dirige tanto al legislador como al juez. En el caso del
legislador, le ha constreñido la utilización de ciertos principios
como el de “causa causae est causa causati”106 y el versari in re illicita,107 en
la creación de leyes penales, debido a la exclusión de la culpabilidad
por el resultado. Pero, asimismo, ha limitado la actividad del juez,
al obligarlo a que motive la individualización de la culpabilidad
y se base en un derecho del acto y no del autor. El principio de
culpabilidad continúa siendo un principio básico del Derecho
Penal que limita el ius puniendi estatal y primordial para garantizar
los derechos de las personas.
La culpabilidad puede ser analizada como principio informador
y como nivel de valoración del hecho punible, entre otros aspectos.
Como principio, la culpabilidad constituye un límite al poder
punitivo estatal. El principio de culpabilidad, nulla poena sine culpa,
es fundamental para el establecimiento de la pena estatal, en cuanto
que exclusivamente se va a sancionar a las personas que poseen
capacidad de culpabilidad, es decir, que comprenden perfectamente
la ilicitud de su actuación.
105 FERRAJOLI, Luigi. Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal. Op. cit., p. 487.
106 Significa: La causa de la causa es causa del mal causado. Este principio se relaciona con
la imputación de la responsabilidad por culpa. Consiste en sancionar a una persona
debido al resultado acaecido, sin que el mismo le sea imputable.
107 Por este principio, la persona debía responder por las consecuencias propias de sus actos,
aunque las mismas fueran de carácter fortuito. Es decir, se producirá la culpabilidad no
únicamente cuando exista dolo o culpa del autor, sino también cuando se produce un
resultado dañoso por caso fortuito. No obstante, BACIGALUPO, Derecho Penal y Estado de
Derecho, Op cit., p. 113, sostiene que contradice la vigencia del principio de culpabilidad
el mantenimiento de ciertas presunciones de responsabilidad que se fundamentan en
“versari in re illicita”. Al respecto, considera que: “Para el caso de Guatemala y El Salvador
igualmente vulneran el principio de culpabilidad los derechos de El Salvador y Guatemala
que limitan la exclusión de la responsabilidad en los supuestos de caso fortuito sólo
para aquellos autores que hubieren ejecutado un acto lícito, haciendo responder, por el
contrario, también de las consecuencias no culpablemente producidas a los que obren en
forma antijurídica”. Y es que, ciertamente, el artículo 22 del Código Penal de Guatemala,
prescribe: “No incurre en responsabilidad penal, quien con ocasión de acciones u
omisiones lícitas, poniendo en ellas la debida diligencia, produzca un resultado dañoso
por mero accidente”. Por lo que en efecto, la exclusión de la responsabilidad penal se
encuentra sujeta en este supuesto, a la ejecución de un acto lícito, como un viejo resabio
del versari in re illicita, lo que debe tenerse en cuenta para ser discutido y corregido en una
futura reforma legislativa.
61
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
El principio de culpabilidad sirve como medio de legitimidad
del ius puniendi, que sin embargo, en muchas ocasiones es
inobservado plenamente por los juzgadores debido a presiones
sociales que instrumentalizan al imputado, en lugar de reconocerle
su dignidad humana igual que las demás personas. Se le debe
condenar, si se demuestra que realizó una conducta delictuosa,
pero no por su conducta anterior. Debe observarse en todo caso,
que no hay pena sin culpa. YACOBUCCI, por su parte, añade que “el
derecho penal de nuestro tiempo ubicó al principio de culpabilidad
como uno de los pilares de legitimación del ius puniendi. Esto es,
como una de las reglas de encauzamiento, realización y limitación
de la potestad punitiva del Estado”.108
Dentro de la postura garantista, este principio es esencial
a un Derecho Penal Democrático que genera mucho debate
doctrinariamente, debido a su estrecha relación con el derecho a
castigar. La pena debe mantenerse dentro de los márgenes de la
culpabilidad del autor y no aceptarse que se aplique por motivos de
conveniencia pública o como excusa para combate al terrorismo al
criminalizar la peligrosidad.
El Estado en el ejercicio del ius puniendi, únicamente puede
imponer una pena al autor de un delito, cuando su culpabilidad se
encuentre aprobada. De tal manera que derivado de la imputación
por el injusto penal y la culpabilidad, surge la potestad punitiva en
el caso concreto.
4. Incorporación constitucional
El artículo 10.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos prescribe: “Toda persona privada de libertad será tratada
humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente
al ser humano”. Por su parte, el artículo 14.2 del mismo cuerpo
normativo señala que “Toda persona acusada de un delito tiene
derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su
culpabilidad conforme a la ley”.
108 YACOBUCCI, Guillermo. El sentido de los principios penales. Editorial Abaco. Buenos Aires,
Argentina, 2002, p. 296.
62
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
En ese mismo sentido, la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, en sus artículo 8.2 y 11.1, regula lo siguiente:
Artículo 8.2: “Toda persona inculpada de delito tiene derecho a
que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente
su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho,
en plena igualdad”. Artículo 11.1: “Toda persona tiene derecho al
respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad”.
En Guatemala, aunque no se mencione específicamente el
vocablo “culpabilidad”, la misma se encuentra protegida por
lo dispuesto en el artículo 14 de la Constitución Política de la
República, que regula: “Toda persona es inocente, mientras no
se le haya declarado responsable judicialmente, en sentencia
debidamente ejecutoriada”; puesto que, cuando se le declara
responsable judicialmente, es porque se ha comprobado legalmente
su culpabilidad en el hecho que se le imputa y la sentencia se
encuentra firme. La Corte de Constitucionalidad109 ha expresado
que el artículo 14 constitucional contempla:
“(…) una presunción iuris tantum”, dirigida a garantizar al
sindicado que no podrá sufrir pena o sanción que no tenga
fundamento en prueba pertinente, valorada por un tribunal
con eficacia suficiente para destruir la presunción y basar un
fallo razonable de responsabilidad, porque, en caso contrario, el
principio constitucional enunciado prevalecerá en su favor.
Como se deprende de lo expuesto, la prueba de culpabilidad
es vital en el ejercicio de la potestad punitiva, porque se garantiza a
los particulares que se presuma su inocencia y que exclusivamente
luego de un procedimiento, cuando se logre demostrar su
culpabilidad, se le pueda imponer una pena.
109 Sentencia de 2 de mayo de 2001; expediente 288-00.
63
VIII
NE BIS IN IDEM
1. Importancia
El principio de ne bis in idem, de acuerdo con Cabanellas,110
significa: “no dos veces sobre lo mismo”. Este principio también se
constituye como uno de los principios informadores del Derecho
Penal que limitan el ejercicio de la potestad punitiva del Estado.
Por el mismo se establece que toda persona tiene el derecho a
no ser procesada ni sancionada dos o más veces por los mismos
hechos. Como estriba de lo considerado por OSSA, “la estructura
jurídica de la prohibición del bis in ídem tiene doble enfoque y un
solo fin. […] De una parte, impide que una persona sea penada
dos veces por un mismo hecho y de la otra, precave que un mismo
hecho pueda ser objeto de dos procesos distintos”.111
Como puede atisbarse, por medio de este principio se persigue
proteger a las personas al erigirse una prohibición taxativa, con
el propósito de que no puedan ser doblemente juzgadas por los
mismos hechos112 o condenadas dos o más veces por los mismos
aspectos fácticos. Al decir de OSSA, se concreta a prohibir la
duplicidad del juzgamiento y, por ende, la doble sanción por un
mismo hecho.113 Agrega este autor, enfáticamente, que “Esa es la
dualidad prohibitiva. Ese es el duplo indebido”.114 Teleológicamente,
se pretende evitar la imposición a una misma persona de dos o
más sanciones por un mismo hecho o su doble enjuiciamiento,
110 CABANELLAS, Guillermo. Repertorio jurídico de principios generales del derecho, locuciones,
máximas y aforismos latinos y castellanos. 4ª. Edición. Heliasta, Buenos Aires, Argentina,
1992, p. 175.
111 OSSA ARBELÁEZ, Jaime. Derecho administrativo sancionador. Una aproximación dogmática. 2ª
Edición, Legis, Bogotá, Colombia, 2009, p. 285.
112 Desde un punto de vista procesal, MAIER, Julio B. Derecho Procesal Penal. Fundamentos.
Buenos Aires, t. 1. 2da. Edición, 1996. p. 368 y ss. expone: “No obstante las diversas
palabras utilizadas para definirlo, lo que pretende es proteger a cualquier imputado
(concebido como aquel indicado, con o sin fundamento, como autor de un delito o
partícipe de él, ante cualquier autoridad de la persecución penal, con abstracción del
grado alcanzado por el procedimiento) del riesgo de una nueva persecución penal,
simultánea o sucesiva, por la misma realidad histórica atribuida”.
113 Ibídem, p. 283.
114 Ibídem, p. 283.
65
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
puesto que ello significaría una desproporción injustificable que
provocaría una subsiguiente arbitrariedad, debido a la inadecuada
relación originada entre el hecho ilícito tipificado en la norma
penal y la doble persecución penal o doble sanción impuesta por
ese mismo hecho.
Se prioriza la seguridad jurídica, puesto que una persona
no puede vivir con la amenaza constante de que en cualquier
momento el Estado reabra el juicio fenecido e inicie uno nuevo por
los mismos hechos, lo cual violentaría la seguridad jurídica, como
se ha expresado, pues no solo se permitiría que el Estado conozca
los argumentos y medios probatorios presentados por el sindicado
en el primer juicio –lo que le coloca en una posición claramente
desventajosa, sino que además de esta situación desigual–, sino que
podría ser utilizado como un mecanismo para perseguir a enemigos
políticos del régimen de turno o como medio de intimidación o de
acoso contra los ciudadanos.
2. Antecedentes
En cuanto a su origen, su antecedente más remoto se encuentra
en Grecia. Efectivamente, en el año 355 antes de Cristo, Demóstenes
en su primer discurso político pronunciado en persona, conocido
como “Discurso contra Leptines”, afirma: “las leyes no permiten
que haya dos veces proceso judicial contra las mismas personas por
los mismos hechos, ya se trate de un juicio civil, de un proceso por
un asunto en litigio ni cualquier otro pleito por el estilo”.115
También se considera el contenido de este principio en el Corpus
Iuris Civilis de Justiniano (Libro IX, Título II, número 9), donde
se expresa: “El que por un crimen público fue ya objeto de una
acusación no puede ser acusado del mismo crimen”. Además, en
el Derecho Canónico, se encuentra como un principio de derecho
natural, derivado de un comentario realizado por San Jerónimo
con relación al profeta Nahum (Nahum 1:9), donde expresa: “non
115 DEMÓSTENES. Discursos Políticos. Discurso contra Leptines. Gredos, Madrid, España.
Traducción: López Eire.1985, p. 147.
66
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
iudicabit Deus bis in id ipsum”, es decir, “Porque Dios no juzga dos
veces por el mismo pecado”.116
Un antecedente trascendental de esta prohibición está
representado por el constitucionalismo estadounidense, pues en
los Estados Unidos, como consecuencia de la V Enmienda (1791),
se formaliza la figura del double jeopardy117 o doble exposición, por
la cual se establece: “tampoco se pondrá a persona alguna dos veces
en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del
mismo delito”.118
El double jeopardy es uno de los principios fundamentales
contemplados en la V Enmienda de la Constitución de los Estados
Unidos que protegen los derechos de las personas a quienes se les
ha imputado la comisión de uno o más delitos. Los otros tres son:
el derecho a la no autoincriminación forzada (self-incrimination), el
derecho a un gran jurado (Grand Jury) y el debido proceso (due
process of law).
El establecimiento del double jeopardy denota, según ANSELMINI,
una de las primeras visiones políticas expresas del ne bis in ídem,
pues en el contexto del common law se la formula como un límite al
poder punitivo del Estado establecido en favor de los ciudadanos.119
116 Ver para el efecto, VAN BOCKEL, Bastiaan. The ne bis in idem principle in EU law. A
conceptual and jurisprudential analysis. Universiteit Leiden, The Netherlands, 2009,
p. 1. “The principle of ne bis in idem is an important fundamental principle of law
which restricts the possibility of a defendant being prosecuted repeatedly on the
basis of the same offence, act or facts. The principle has a long history; the earliest
known reference to the ne bis in idem principle originates from approximately 355
BC, hen Demosthenes reasoned that ‘the laws forbid the same man to be tried twice
on the same issue’. The principle appeared again in Justinian’s Corpus Juris Civilis.
The ecclesiastical ne bis in idem principle (as a principle of natural law) is based on St
Jerome’s comment on the prophet Nahum: ‘for God judges not twice for the same
offence’. It is believed that the protection against double jeopardy, its equivalent in
common law, is as old as the common law itself ”.
117 El vocablo double jeopardy proviene del francés del siglo XVI: jeu parti, que significa
juego dividido. Prácticamente hace una referencia al peligro en que se encuentra una
persona imputada de la comisión de un hecho delictivo.
118 “... nor shall any person be subject for the same offense to be twice put in jeopardy of life or limb”.
119 ANSELMINI, Valeria. “Ne bis in idem.” La prohibición contra la doble persecución penal.
Anales, Núm. 43. Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. U.N.L.P. Perú,
2013, pp. 103 y 104.
67
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
3. Doble vertiente: sustantiva y procesal
El principio ne bis in idem posee una doble connotación: sustantiva
o material y procesal. En ese sentido, contempla tanto la prohibición
de que la persona pueda ser sancionada dos o más veces por el mismo
delito (vertiente material), como la prohibición de que se le someta
nuevamente a juicio por el mismo injusto penal (vertiente procesal).
En cuanto a la connotación material, que es la que interesa para este
estudio, se garantiza la imposibilidad de que pueda recaer una doble
sanción penal sobre la misma persona por el mismo hecho delictivo,
porque de lo contrario, esa actuación constituiría indefectiblemente
un exceso del ejercicio punitivo del Estado.
Para que proceda este principio, deben coincidir tres
identidades: a) identidad de la persona autora del hecho o procesada
(eadem persona), b) identidad del objeto de persecución (eadem res),
y c) identidad de la causa de persecución (eadem causa petendi). El
Tribunal Constitucional de España, en sentencia STC 2/2003 de 16
de enero de 2003, sostuvo que:
La garantía material de no ser sometido a “bis in idem” sancionador,
que, como hemos dicho, está vinculada a los principios de
tipicidad y legalidad de las infracciones, tiene como finalidad
evitar una reacción punitiva desproporcionada, en cuanto dicho
exceso punitivo hace quebrar la garantía del ciudadano de
previsibilidad de las sanciones, pues la suma de la pluralidad de
sanciones crea una sanción ajena al juicio de proporcionalidad
realizado por el legislador y materializa la imposición de una
sanción no prevista legalmente.
De esto se desprende, que la vertiente material del bis in idem se
encuentra muy relacionada a los principios de tipicidad y legalidad.
Es por ese motivo que se considera que el citado principio constituye
un derecho subjetivo público y fundamental. Este derecho a no ser
sancionado en forma múltiple por los mismos hechos, restringe
el ius puniendi y garantiza al individuo la prohibición de la doble o
múltiple persecución y sanción penal.
68
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
4. Su inclusión en la Constitución y en instrumentos
internacionales de Derechos Humanos
El principio de ne bis in idem no se encuentra expresamente
regulado, ni en la Constitución Española, ni en la Constitución
Política de Guatemala. En el caso de España, al no encontrarse
enunciado específicamente este principio, el Tribunal Constitucional,
vía interpretativa con un argumento en contrario, temprano, desde
su segunda sentencia, lo ha derivado inicialmente del principio de
legalidad.120 La interpretación dada por el Tribunal Constitucional es
de mucha importancia, pues desde el comienzo buscó reconocerle
rango constitucional a este principio, para equipararlo a otros
principios informadores del Derecho Penal, que sí se encuentran
enunciados expresamente en el texto fundamental.
Además de vincularlo al principio de legalidad y al de tipicidad,
en doctrina algunos autores consideran que se deriva también del
principio de proporcionalidad, como por ejemplo ALCÓCER POVIS,
para quien el principio del ne bis in idem material tiene conexión
con los principios de legalidad y proporcionalidad, pues estima que
la exigencia de lex praevia y lex certa obedece, entre otros motivos,
a la necesidad de garantizar a los ciudadanos un conocimiento
anticipado del contenido de la reacción punitiva o sancionadora
del Estado ante la eventual comisión de un hecho antijurídico,
pues tal cometido garantista devendría inútil si ese mismo hecho,
y por igual fundamento, pudiese ser objeto de una nueva sanción,
lo que comportaría una punición desproporcionada de la conducta
antijurídica.121
120 Así, en STC 2/1981, de 30 de enero de 1981, f. j. 4, el Tribunal Constitucional declaró: “si
bien no se encuentra recogido expresamente en los artículos 14 a 30 de la Constitución,
que reconocen los derechos y libertades susceptibles de amparo (artículo 53, número 2,
de la Constitución y 41 de la LOTC), no por ello cabe silenciar que, como entendieron
los parlamentarios en la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas
del Congreso al prescindir de él en la redacción del artículo 9° del Anteproyecto de
Constitución, va íntimamente unido a los principios de legalidad y tipicidad de las
infracciones recogidos principalmente en el artículo 25 de la Constitución. Por otro
lado es de señalar que la tendencia de la legislación española reciente, en contra de la
legislación anterior, es la de recoger expresamente el principio de referencia.
121 ALCÓCER POVIS, Eduardo. La prohibición de incurrir en bis in idem. Aproximación conceptual.
Publicación del Instituto de Ciencia Procesal Penal. Perú, 2008, p. 5.
69
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
En Guatemala, al igual como sucede en España, como se
ha indicado, el principio ne bis in idem no se encuentra regulado
expresamente en el texto constitucional, pero además en el caso
de Guatemala, tampoco en el Código Penal, aunque sí en el
artículo 17 el Código Procesal Penal. Esto significa que de las dos
connotaciones que se originan del referido principio: material y
procesal, en Guatemala, a excepción de la vertiente procesal, el
aspecto material del principio relacionado no se encuentra regulado
expresamente en la ley penal sustantiva.122
El ne bis in idem se encuentra regulado en instrumentos
internacionales de Derechos Humanos. El ámbito de aplicabilidad
del principio ne bis in ídem en materia de protección de derechos
humanos se refiere exclusivamente al ámbito penal.123
En ese aspecto, el principio del non bis in idem se encuentra
regulado tanto por el artículo 14.7 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, así como
por el artículo 8.4 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos. En ese orden de ideas, el artículo 14.7 del Pacto,
prescribe lo siguiente: “7. Nadie podrá ser juzgado ni sancionado
por un delito por el cual haya sido ya condenado o absuelto por
una sentencia firme de acuerdo con la ley y el procedimiento penal
de cada país”. (El resaltado no pertenece al texto original)
122 En sentencia de 6 de noviembre de 2013; expediente 3082-2013, la Corte de
Constitucionalidad consideró: “El principio non bis in idem, contenido en el artículo 17
del Código Procesal Penal, establece que nadie debe ser perseguido penalmente más
de una vez por el mismo hecho y que será admisible nueva persecución cuando se den
los supuestos contenidos en esa norma, en otras palabras, prohíbe iniciar una nueva
persecución penal contra una misma persona, que tenga como antecedente directo el
mismo hecho que originó con anterioridad una persecución de idéntica índole, salvo
como quedó asentado, cuando se den los supuestos establecidos en ese precepto legal”.
123 De esta forma lo ha establecido el Comité de Derechos Humanos de la ONU, en
la Observación General Número 32 (2007), “El derecho a un juicio imparcial y a la
igualdad ante los tribunales y cortes de justicia” (artículo 14 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos), 23 de agosto de 2007, CCPR/C/GC/32, párrafo 57,
al señalar: “Esta garantía concierne a los delitos penales solamente, y no a las medidas
disciplinarias que no equivalen a una sanción por un delito penal en el sentido del
artículo 14 del Pacto. […]”. En igual sentido se había pronunciado el Comité de
Derechos Humanos, en el caso Jacobus Gerardus Strik vs. Países Bajos, Comunicación
No. 1001/2001 (2002), CCPR/C/76/D/1001/2001, párr. 7.3.
70
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Por su parte, el artículo 8.4 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, también conocida como Pacto de San José,
contempla: “8. Garantías judiciales (…) 4. El inculpado absuelto
por una sentencia firme no podrá ser sometido a nuevo juicio por
los mismos hechos”. (El resaltado no pertenece al texto original).
A primera vista, ambos artículos pareciera que son similares en
cuanto al ámbito de protección que persiguen; sin embargo, una
lectura más detallada permite establecer que el artículo 14.7 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones
Unidas establece que nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un
delito, mientras el artículo 8.4 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos el inculpado absuelto por una sentencia firme
no podrá ser sometido a nuevo juicio por los mismos hechos.
Es decir, que la referida Convención no limita la observancia del
principio ne bis in idem exclusivamente al mismo delito, como sí lo
realiza el Pacto citado; contrario a ello, la Convención Americana
utiliza un término de mayor amplitud al Pacto, al incluir “los
mismos hechos”, lo cual deviene en una mayor protección del
procesado, al no limitarlo únicamente a “delitos”, pues en este
caso, implica una calificación jurídica previa otorgada a los hechos.
Así, en la sentencia de la CORTE INTERAMERICANA
DE DERECHOS HUMANOS, CASO MOHAMED VS.
ARGENTINA,124 la Corte Interamericana de Derechos Humanos
estableció expresamente en el párrafo 121, que:
121. Dicho principio busca proteger los derechos de los individuos
que han sido procesados por determinados hechos para que no
vuelvan a ser enjuiciados por los mismos hechos. A diferencia
de la fórmula utilizada por otros instrumentos internacionales
de protección de derechos humanos (por ejemplo, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones
Unidas, artículo 14.7, que se refiere al mismo “delito”), la Convención
Americana utiliza la expresión “los mismos hechos”, que es un
término más amplio en beneficio del inculpado o procesado.
124 Caso Mohamed Vs. Argentina. Sentencia de 23 noviembre de 2012 (Excepción
Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas).
71
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Como se desprende de la lectura anterior, la Corte
Interamericana es enfática en cuanto a reconocer la amplitud
contenida en la Convención Americana de Derechos Humanos.
En el caso concreto, la Corte Interamericana estimó que el señor
Oscar Alberto Mohamed no fue sometido a dos juicios o procesos
judiciales distintos sustentados en los mismos hechos y que el
Estado de Argentina, no conculcó lo dispuesto por el artículo 8.4
de la Convención en perjuicio del señor Oscar Alberto Mohamed.
Efectivamente, en los fundamentos jurídicos 125 y 126 de la
sentencia analizada, concluyó lo siguiente:
125. La Corte reitera que el principio ne bis in idem, consagrado en
el artículo 8.4 de la Convención, se sustenta en la prohibición de
un nuevo juicio sobre los mismos hechos que han sido materia
de la sentencia dotada con autoridad de cosa juzgada. La Corte
considera que el señor Mohamed no fue sometido a dos juicios
o procesos judiciales distintos sustentados en los mismos hechos.
126. Con base en lo anterior, la Corte considera que el Estado
no violó el artículo 8.4 de la Convención en perjuicio del señor
Oscar Alberto Mohamed.
Si bien, el principio ne bis in idem se encuentra regulado por ambos
Instrumentos Internacionales de Derechos Humanos, debe aplicarse
la que regula una mayor protección de los derechos humanos. En
este caso, es la Convención Americana de Derechos Humanos
la que cumple con dicho presupuesto y, por ende, la que debe ser
aplicada, dada su mayor amplitud de protección de los derechos de
los procesados y conforme a una interpretación pro homine.
La Corte Interamericana de Derecho Humanos ya había
sostenido un criterio similar en el Caso Loayza Tamayo vs Perú,125
al considerar en el párrafo 66, que:
Este principio busca proteger los derechos de los individuos que
han sido procesados por determinados hechos para que no vuelvan
a ser enjuiciados por los mismos hechos. A diferencia de la fórmula
utilizada por otros instrumentos internacionales de protección
125 Caso Loayza Tamayo vs Perú. Sentencia de 17 de septiembre de 1997, (fondo).
72
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
de derechos humanos (por ejemplo, el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, artículo
14.7, que se refiere al mismo “delito”), la Convención Americana
utiliza la expresión “los mismos hechos”, que es un término más
amplio en beneficio de la víctima.
Para concluir, el principio ne bis in ídem constituye un principio
limitador del ejercicio punitivo del Estado, quien no puede ejercitar
ese referido poder dos o más veces en contra de una persona.
Al contrario, por este principio el Estado solo cuenta con una
oportunidad para hacerlo, encontrándose imposibilitado para
ejercerla de nuevo, puesto que este principio se configura como
un derecho fundamental de las personas frente al derecho punitivo
estatal, quien se encuentra limitado a perseguirlo y a condenarlo por
unos hechos que en su oportunidad fueron sancionados penalmente.
73
IX
RESOCIALIZACIÓN
1. Importancia
Con el devenir histórico ha variado la concepción de la pena.
BARATTA afirma que el pensamiento penal después de la segunda
guerra mundial se orienta preferencialmente hacia una ideología
utilitarista-humanística de la pena, en cuyo ámbito está ubicada
en primer plano la función de resocialización.126 No obstante, esta
transformación del pensamiento penal, que otrora había efectuado
una clasificación de los delincuentes que habían guiado la definición
de los fines preventivo-individuales de la pena, hacia la aplicación
de conocimientos pedagógico-sociales más evolucionados, surgió
a partir de los años 60.127
Estos cambios provocaron, de acuerdo con BACIGALUPO,
en primer lugar, que el fin de la pena se definió de una manera
uniforme a través del concepto de resocialización. En segundo lugar,
se procuró dar cabida a las consideraciones que ponen de manifiesto
la corresponsabilidad de la sociedad en el delito, abandonando el
causalismo antropológico y biológico anterior, cuyo déficit de
verificación empírica lo hacía científicamente insostenible. Y, en
tercer lugar, se subrayó la importancia de la ejecución penal basada
en la idea de tratamiento.128
En el Derecho Penal moderno no puede considerarse como
finalidad de las penas, la retribución de la culpabilidad. Al contrario,
debe prevalecer la resocialización como un principio limitador de la
potestad punitiva estatal y como una garantía de la persona, en cuanto
se le protegerá adecuadamente aun cuando se le haya condenado por
la comisión de un hecho delictivo y se utilizarán los mecanismos
apropiados para lograr su reinserción a la sociedad. No se pretende
la abolición de las penas, sino su relativización mediante la búsqueda
de una resocialización del condenado. Aunque, en realidad, tal
126 BARATTA, Alessandro. Op. cit. p. 14.
127 BACIGALUPO, Enrique. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 36.
128 Ibíd.
75
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
pretensión en muchas ocasiones pareciera ser más teórica que
práctica. Sobre todo si se observa la manera en que se encuentran
sobrepobladas las prisiones y la carencia de políticas tendentes a
lograr la reinserción a la sociedad de los condenados, por lo que en
la práctica se cumple una función retributiva.
2. Su inclusión en la Constitución
El principio de resocialización se encuentra regulado en el
artículo 25.2 de la Constitución de España, que establece: “Las
penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán
orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán
consistir en trabajos forzados”.
De la lectura del artículo precedente se colige que el referido
artículo contempla la exigencia referente a que la orientación que
debe otorgársele a las penas privativas de libertad y las medidas de
seguridad es la búsqueda de la reeducación y la reinserción social.
MAPELLI CAFERANA indica que la expresión resocialización se ha
ido incorporando de forma generalizada en los ordenamientos
jurídicos penitenciarios, pero con muy variados términos.129 Así, por
ejemplo, agrega que en España se utilizan los de “reinserción social”
y “reeducación” y que contrasta, por lo demás, la falta de contenido
de dichas expresiones en el propio ordenamiento jurídico y esto es
algo común a la mayoría de las legislaciones penitenciarias.
Efectivamente, se ha criticado la dificultad interpretativa que
representan los términos de “reinserción social” y “reeducación” en
el texto constitucional, sobre todo por su vaguedad.130 Sin embargo,
129 MAPELLI CAFERANA, Borja. “Criminología y Ejecución Penal”. En Prevención y Teoría de
la Pena. Editorial Jurídica ConoSur Ltda. Santiago de Chile, 1995, pp. 179-180.
130 Para tener una mejor idea en cuanto a lo que hacen referencia estas críticas, conviene
leer lo que ZAPICO BARBEITO, Mónica explica: “Sin embargo, debido a las dificultades
de interpretación que suscita el artículo 25.2 de la CE, ha sido objeto de numerosas
críticas tanto doctrinal como jurisprudencialmente. El primer problema que plantea
es que se refiere a la ‘reeducación y la reinserción social’ pero no ofrece ninguna
definición de ambos conceptos. Se trata de conceptos indeterminados que exigen una
interpretación y delimitación para tratar de conocer exactamente a qué se refería el
legislador constituyente al decir que las penas se orientarán hacia la reeducación y
la reinserción social. A nadie se le escapa que esta es una cuestión importante, pues
76
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
no todo ha sido crítica, pues como lo señala DELGADO DEL RINCÓN,
la constitucionalización en el artículo 25.2 de la Constitución, de
estos dos temas (el fin de la reeducación y la reinserción social de
las penas privativas de libertad y el reconocimiento de los derechos
fundamentales a favor del colectivo social de los reclusos) hace que
estemos en presencia de un precepto original e innovador, ya que
carece de parangón en los textos constitucionales históricos, así como
en los de los países más significativos del entorno cultural español.131
sabiendo el alcance de estos conceptos podremos entender, por una parte, cuándo no
estamos ante una verdadera política de reorientación de las penas hacia la reinserción
y, por otra parte, de qué modo han de ser los tratamientos en prisión para lograr
este objetivo. El segundo problema que plantea es que únicamente se refiere a la
reinserción y reeducación social como mandato orientador de las ‘penas privativas
de libertad’, olvidándose del resto de penas previstas en el Código Penal (CP). Parece
más acertada la opinión de RODRÍGUEZ DEVESA quien considera que la reinserción
y reeducación debería extenderse al resto de las penas, tanto las pecuniarias como
las privativas de derechos. De todos modos, algunos autores han entendido que la
Constitución limita acertadamente la reinserción y la reeducación social a las penas
privativas de libertad, al entender que el resto de las penas, por ser cumplidas en
régimen de libertad, no comprometerían los vínculos sociales de la persona y por
tanto no afectarían a su reinserción. Un tercer problema que presenta el artículo 25.2
CE es la ambigüedad que supone la referencia a que las penas ‘estarán orientadas’ a
la reeducación y la reinserción. Surge así el debate sobre si el legislador constituyente
quería caracterizar o no la reinserción y la resocialización como fin exclusivo y
excluyente de la pena privativa de libertad, o bien esta expresión permite al mismo
tiempo dar entrada a otros fines de la pena –los preventivos generales o especiales– ya
que, como veremos, las consecuencias de una u otra interpretación son muy diferentes
y en nada intrascendentes. El cuarto problema, y que constituye el núcleo de este
trabajo, es si nos encontramos o no ante un derecho fundamental a la reinserción
social. Su trascendencia radica en que las consecuencias en cuanto a la protección que
recibe un derecho fundamental son sustancialmente diferentes a las que se derivan
de un mero mandato orientador de la política penal, penitenciaria, la actuación del
poder judicial o ante un principio constitucional. En quinto y último lugar, aunque
no menos importante, una vez analizada cuál puede ser la naturaleza de la reinserción,
en qué consiste y cuáles son los problemas que plantea la interpretación del artículo
25.2 CE, interesa analizar la situación de la resocialización en la actualidad. Pues, al
margen de las discusiones sobre su auténtica naturaleza, no resulta una novedad decir
aquí que nos encontramos en un momento de crisis de, no solo la reinserción como
un derecho fundamental, sino del ideal resocializador”. “¿Un derecho fundamental
a la reinserción social? Reflexiones acerca del artículo 25.2 de la CE”. En Anuario
da Facultade de Dereito da Universidade da Coruña –AFDUDC– (Revista Jurídica
Interdisciplinar Internacional), núm. 13. La Coruña, España, 2009, p. 921.
131 DELGADO DEL RINCÓN, Luis E. “El artículo 25.2 CE: Algunas consideraciones
interpretativas sobre la reeducación y la reinserción social como fin de las penas
privativas de libertad”. En Revista Jurídica de Castilla y León. Número Extraordinario.
Valladolid, España, Enero 2004, p. 341.
77
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
El Tribunal Constitucional ha considerado entre otras, en
sentencias SSTC 91/2000, de 30 de marzo (FJ 9º) y 8/2001, de 15
de enero (FJ 1º) que el principio de resocialización no constituye
un derecho fundamental, sino que se trata de un mandato del
constituyente dirigido al legislador, con el propósito de orientar
la política penal y penitenciaria, del que no se derivará ningún
derecho subjetivo.
En Guatemala, por su parte, el artículo 19 de la Constitución
Política de la República de Guatemala, en lo conducente establece
que el sistema penitenciario debe tender a la readaptación social
y a la reeducación de los reclusos y cumplir en el tratamiento
de los mismos. En Opinión Consultiva de 28 de enero de 1987;
expediente 170-86, la Corte de Constitucionalidad declaró que:
El espíritu del artículo 19 Constitucional se refiere expresamente
a “readaptación social”, esto es, a un eficaz tratamiento del
recluso orientado a su readaptación social y reeducación. Para
la readaptación han existido distintos sistemas, entre ellos, el
progresivo, a través de un seguimiento de la conducta y el de
individualización científica; pero ambos casos se refieren a
sistemas a practicar en los establecimientos penitenciarios.
La Corte de Constitucionalidad delimita claramente los efectos
de la readaptación social a ser practicados “en los establecimientos
penitenciarios”. Es decir, no acepta el intérprete máximo
constitucional, que pueda ser factible legalmente, de acuerdo con
el texto constitucional, resocializar a una persona que se encuentre
privada de su libertad.
3. Necesidad de la reinserción
Autores como BUSTOS RAMÍREZ y HORMAZÁBAL MALARÉE132
consideran que:
… el postulado resocializador y reeducador del art. 25.2 CE debe
entenderse en la dirección de búsqueda de alternativas a la prisión,
132 BUSTOS RAMÍREZ, Juan y HORMAZÁBAL MALARÉE, Hernán. Lecciones de Derecho Penal.
Vol. I. Trotta. Madrid, España, 1997, p. 177.
78
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
ya que una resocialización mediante la cárcel es una contradicción
de principios, pues no se puede educar para la libertad, precisamente
privando de libertad. También, como se ha destacado, la
resocialización de por sí resulta cuestionable, ya que no se puede
determinar a qué tipo de sociedad, ni tampoco hasta qué punto
puede intervenir el Estado en la conciencia del sujeto, ni cuáles son
los valores cuestionados, cuáles los de reemplazo y por qué…
Ciertamente, de manera general se cuestiona muchas veces,
como lo hacen estos autores, que se pueda resocializar a una persona
que se encuentre privada de su libertad, debido a lo inasequible
que resulta dar cumplimiento a los procedimientos pedagógicos
para lograr tal finalidad. Contrario a ello, la prisión se convierte en
un centro de educación para el aprendizaje de nuevas modalidades
delictivas133 o para lograr el perfeccionamiento de las ya adquiridas,
lo que redunda lamentablemente en que se incremente para los
delincuentes primerizos, la probabilidad de reincidencia, lo que
confirma el carácter criminógeno de la prisión.
Aunado a lo anterior, existen diversas corrientes ideológicas
en el ámbito penal, que han criticado la posibilidad de lograr una
efectiva resocialización del condenado.134 MEDINA CUENCA asevera
133 Ver para el efecto el artículo escrito por el profesor CID MOLINÉ, José, de la Universidad
Autónoma de Barcelona, titulado: “¿ES LA PRISIÓN CRIMINÓGENA? (un
análisis comparativo de reincidencia entre la pena de prisión y la suspensión de la
pena)”. En Revista de Derecho Penal y Criminología. 2ª. Época, núm. 19. Universidad
Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, España, 2007. p. 435. En la
nota a pie de página núm. 10, específicamente, se indica lo siguiente: “10 Dejong
analiza una muestra de hombres (n. 4.505) condenados a diferentes penas (prisión
y pena alternativa) y se hace un seguimiento de 3 años. Se utiliza un método cuasi-
experimental con grupo de control no equivalente. Las variables analizadas son: edad,
historial delictivo, estado civil y ocupación (empleado-desempleado). Los resultados
muestran que respecto de los/as delincuentes primerizos, la prisión, en comparación a
la pena alternativa, incrementa la probabilidad de reincidencia, concluyendo la autora
que, respecto de esta clase de delincuentes, se confirma el carácter criminógeno de
la prisión. Este efecto criminógeno de la pena de prisión también se produce con las
personas con menos vínculos sociales. En cambio, para las personas con antecedentes
y para las personas con más vínculos sociales, el tipo de pena no opera como variable
relevante de la reincidencia”.
134 FALCÓN Y TELLA es del criterio que se debe resocializar a la sociedad y no al delincuente.
Para el efecto, estima: “Si se considera que es la propia sociedad la que genera el conflicto,
cabe preguntarse ¿qué sentido tiene entonces hablar de resocialización del delincuente
para adaptarlo a una sociedad no ideal, sino conflictiva en sí? Hablar de resocialización
79
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
que estas y otras realidades han reforzado el criterio de que la cárcel
sea considerada como un mal necesario y de imposible desaparición,
con muy escasas posibilidades de transformar la conducta de
los internos, lo que sitúa en un retorno al afianzamiento de los
fines retributivos de la pena privativa de libertad, que de hecho
convertiría a las prisiones en un simple lugar de castigo.135
La prevención especial en cuanto a la resocialización
genera posturas antagónicas irreconciliables, en cuanto a sus
procedimientos, a sus efectos y en general, a la forma de enfrentar
el tema sancionatorio penal. En efecto, por una parte se observan
posturas radicales que propugnan por la corresponsabilidad social
incluida en el fenómeno delincuencial y que por tanto niegan
categóricamente que la sociedad se encuentre legitimada para
resocializar al autor de un delito.
Lo anterior, ya sea que utilicen mecanismos coercitivos
para imponer su voluntad, respecto del condenado, como
voluntariamente, en el supuesto que se le pida su opinión al mismo,
con relación de su reinserción a la sociedad. Consideran que quien
debe resocializarse no es directamente el autor, sino la sociedad,
quien en definitiva ha sido la responsable de la conducta del autor
del delincuente sólo tiene sentido cuando la sociedad a la que se quiere convertir al
infractor es una sociedad justa, con un orden social y jurídico justo. Cuando no es así,
¿para qué sirve la resocialización? ¿No habría primero que empezar por resocializar a
la sociedad? ¿Para qué se va a socializar a un joven si cuando salga de prisión regresará
a un hogar destrozado, en un barrio marginal de la ciudad, sin un puesto de trabajo y
rodeado de amigos y compinches delincuentes? Se propone, frente a la resocialización
del delincuente, la resocialización de la Sociedad, haciéndola menos injusta, con menos
desigualdades sociales y con unas estructuras que induzcan cada vez menos al crimen.
Y en cualquier caso, a modo negativo, hay que evitar la desocialización del delincuente
por la propia sociedad. El éxito del tratamiento no dependerá ni exclusivamente ni
prioritariamente del éxito en la aplicación de la pena privativa de libertad y de las
demás sanciones penales, sino, en gran medida, del modelo de sociedad, o sea, de un
factor de carácter extrapenitenciario. Aunque el comportamiento intrapenitenciario sea
ejemplar, se trata de un comportamiento asistido. Pero, ¿qué pasará cuando desaparezca
la asistencia penitenciaria y el sujeto salga de nuevo al mundo exterior y no limite sus
movimientos al recinto cerrado de la prisión? En este sentido, se ha dicho que ‘es muy
difícil educar para la libertad en condiciones de no libertad’”. “Límites al Derecho
de Sancionar”. Anuario de Derechos Humanos. Nueva Época. Vol. 6. Universidad
Complutense. Madrid, España, 2005, pp. 235-237.
135 MEDINA CUENCA, Ariel. Op. cit. p. 104.
80
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
que lo ha llevado a delinquir, al permitir el establecimiento de un
sistema socioeconómico injusto.136 Así, MUÑOZ CONDE expresa:137
La primera objeción que se formula hoy contra la idea de
resocialización se refiere al objeto mismo de dicha idea […] es
lógico que se pregunte hasta qué punto tiene sentido hablar de
resocialización del delincuente en una sociedad que produce ella
misma la delincuencia. No el delincuente, sino la sociedad, es la que
debería ser objeto de una resocialización. Hablar de resocialización
del delincuente solo tiene sentido cuando la sociedad en la que va
a integrarse tiene un orden social y económico que se estima justo.
Pero, ante esta posición, resurge con bríos la tradicional
posición conservadora que propugna por un regreso irremediable
a las teorías absolutas de la pena, con un discurso más individualista
y que pretende justificarse en una superior igualdad y justicia en
la determinación de la pena. De esta forma, se encuentran autores
como ERNST-AMADEUS y Wolff Michael KOHLER, junto a sus
discípulos, como los iniciadores de esta tendencia. Pero, tal como lo
asevera DURÁN MIGLIARDI, sin lugar a dudas es el profesor Günther
JAKOBS quien, con su cambio radical de LUHMANN a HEGEL, dio
partida de nacimiento al neo-retribucionismo.138
136 “A los procesados, tras los barrotes, se les niega el derecho a la libertad por requerir de
‘tratamiento penitenciario’ que supuestamente los ha de llevar a su ‘resocialización’;
pero, paradójicamente, ni lo uno ni lo otro existe. Nuestros funcionarios no están
en condiciones de hacer el escrutinio de personalidad que ordena el frío texto de la
ley. ¡Estamos condenados a la sinrazón! Nuestros jueces condenan a lo imposible:
creyendo enviar un hombre a la reeducación, a la resocialización, a la rehabilitación, lo
condenan a formarse en la universidad del crimen, en la holgazanería, a la desnutrición,
al horror; y de paso, se hace gala de una filosofía peligrosista, que juzga a los hombres
no por lo que hacen sino por lo que son; estamos frente a un derecho penal de autor,
que no logró erradicar nuestro legislador pese a que consagró tajantemente el principio
de culpabilidad (arts. 5° y 61), y, por ende, un derecho penal de acto”. ESCOBAR MEJÍA,
J. Guillermo y LONDOÑO BERRÍO, Hernando. “El tratamiento penitenciario (art. 68
del C. P.) desde la perspectiva criminológica y político criminal”. En Nuevo Foro Penal.
Revista Trimestral. Año VII, núm. 27. Temis, Bogotá, Colombia. Enero, febrero,
marzo 1985, p. 81.
137 MUÑOZ CONDE, Francisco. “La resocialización del delincuente, análisis y crítica de un
mito”. En Cuadernos de Política Criminal, núm. 7. Universidad Complutense. Madrid,
España, 1979, p. 93.
138 DURÁN MIGLIARDI, Mario. “Teorías absolutas de la pena: origen y fundamentos.
Conceptos y críticas fundamentales a la teoría de la retribución moral de Immanuel
Kant a propósito del neo-retribucionismo y del neoproporcionalismo en el Derecho
81
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Estas posiciones antagónicas y extremistas, pueden ser
perfectamente matizadas por el principio de reinserción. No se
puede alejar de la realidad y tratar de ocultar subrepticiamente lo
inalcanzable que ha resultado lograr la reinserción social. Es cierto,
la cárcel no es la solución, dado sus consecuencias criminógenas,
pero tampoco resulta certero seguir una corriente abolicionista,
que resulta muy teórica y alejada de la realidad. No obstante, ante
el aparente fracaso resocializador queda seguir luchando, porque,
siguiendo a SANZ MULAS:139
La meta no debe por tanto variar. La meta a alcanzar mientras
exista la cárcel, que parece ser estará con nosotros durante mucho
tiempo, debe seguir siendo la resocialización. Ciertamente es una
empresa difícil pero no por ello, estamos de acuerdo con Roxin
(1981) en que hay que dejar de intentarlo. Porque la resocialización
es, en todo caso, y repitiendo, la única esperanza que nos queda
para alcanzar ese Derecho penal menor del que habla Radbruch.
Es la inexcusable vía hacia ese anhelado Derecho penal mínimo;
un camino que necesariamente nos obliga afrontar el asunto de
las alternativas a la cárcel.
Realmente, no debe olvidarse la orientación garantista que
persigue un Derecho Penal mínimo en el cual se respeten los
derechos de las personas y el mismo se aplique únicamente en
aquellos supuestos estrictamente necesarios, teniendo a la persona
y su dignidad como aspectos intrínsecos de su concepción. COTE-
BARCO explica que se ha dicho, que cuando la prevención especial
se orienta con la idea de resocialización, resulta acorde con los
postulados del Estado social de Derecho, debido a que el criterio
para la imposición de la sanción es la no comisión futura de más
delitos, lo que parece ser coherente con la idea utilitaria del Estado
social, con mayor razón si tenemos en cuenta que esta teoría pone
penal actual”. En Revista de Filosofía, vol. 67. Publicación de la Facultad de Filosofía y
Humanidades. Universidad de Chile. Chile, 2011, p. 124.
139 SANZ MULAS, Nieves. “Sistema de Sanciones en España y Colombia. Alternativas a
la prisión”. En Revista Justicia, núm. 20, Universidad Simón Bolívar, Barranquilla,
Colombia, 2011, p. 140.
82
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
su acento en el efecto que la reacción estatal debe tener sobre la
persona que ha delinquido.140
La configuración del Estado como un Estado Democrático
de Derecho implica necesariamente una limitación indispensable
al Derecho Penal. A recomponer sus alcances y delimitar
específicamente su ámbito de aplicabilidad a su mínima
expresión. Es decir, aboga por una concepción de Derecho Penal
mínimo donde prevalezcan una serie de principios informadores
constitucionalizados, que regulen de forma coherente los límites
que debe tener el Estado en el ejercicio de la potestad punitiva. En
definitiva, en los casos en los cuales luego de un procedimiento
ajustado a derecho se condena a una persona, precisa que durante
su reclusión se consiga reincorporar al recluso a su vida de libertad
anterior, a resocializarlo con la finalidad de evitar un mal mayor
que agrave los efectos desocializadores. Para finalizar, en lo
concerniente a la resocialización, MIR PUIG dice:141
Cuando la privación de libertad sea inevitable, habrá que
configurar su ejecución de forma tal que evite en lo posible
sus efectos desocializadores, fomente cierta comunicación con
el exterior y facilite una adecuada reincorporación del recluso
a la vida en libertad, disminuyendo en su caso los factores de
marginación previa que afectan a la mayor parte de los reclusos.
Así debe entenderse el principio de resocialización en un Estado
democrático, no como sustitución coactiva de los valores del
sujeto, ni como manipulación de su personalidad, sino como un
intento de ampliar las posibilidades de la participación en la vida
social, una oferta de alternativas al comportamiento criminal.
De todos los principios informadores del Derecho Penal,
el único que no se ha cumplido a cabalidad y muestra un sesgo
muy grande en cuanto su propósito es precisamente el principio
de resocialización. Sólo basta con observar cómo se encuentra el
sistema penitenciario para comprender lo nulo que ha resuelto en
la práctica conseguir que se cumpla con este principio básico penal.
140 COTE-BARCO, Gustavo Emilio. Op. cit. p. 142.
141 MIR PUIG, Santiago. Bases Constitucionales del Derecho Penal. Op. cit. pp. 143-144.
83
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Las críticas a la inoperatividad de la resocialización han venido
de las distintas corrientes del Derecho Penal. Así, se encuentran
las críticas producidas por conservadores, liberales progresistas,
neo-retribucionistas e incluso de la misma corriente garantista.
La reinserción a la sociedad de los reclusos se ha transformado
en un objetivo inalcanzable. Las condiciones de vida en la prisión
son aberrantes. Aunado a ello, la propia sociedad es criminógena
y la reinserción deviene en dificultosa, pues una vida en prisión
difícilmente pueda conducir a la resocialización del recluso.
No obstante, la imposibilidad práctica que ha representado
la resocialización de los reclusos, la resocialización como tal,
debe ser observada en la medida de lo posible, por constituir un
principio informador del Derecho Penal y encontrarse regulado
en las distintas Constituciones. La inocuización y la segregación
social en boga en algunos países que alaban su eficacia, pretende
apartar a los individuos debido a su peligrosidad, lo cual representa
un retroceso en el ámbito penal. Con todo y sus imperfecciones,
debe continuar la difícil lucha para mantener el ideal resocializador
en un mundo cada vez más reaccionario, que se desplaza hacia la
inobservancia de los derechos fundamentales y subrepticiamente
se dirige a una sociedad autoritaria.
84
X
PRINCIPIO DE HUMANIDAD DE LAS PENAS
1. Importancia
El principio de resocialización del recluso se encuentra
insoslayablemente unido con el principio de humanidad. La pena,
a la cual acude el Estado como fin último, ultima ratio, para el
mantenimiento de la convivencia social y permitir que las normas
para tal efecto subsistan, no puede ser aplicada antojadizamente,
sino que además de encontrarse regladas previamente en el texto
penal (principio de legalidad), deben ser aplicadas únicamente
cuando la misma sea imprescindible, conforme la naturaleza de
un Estado Social y Democrático de Derecho. Un Estado en que
bajo esa naturaleza, como lo dice QUINTERO OLIVARES, la potestad
punitiva debe ajustarse simultáneamente al humanitarismo.142
La humanidad de las penas es esencial para medir el grado de
observación de los derechos fundamentales por parte de un Estado,
puesto que entre más se respeten los mismos, mientras se actúe de
una forma respetuosa de la dignidad humana de los presos, mayor
será el grado de respeto de los derechos de los condenados y se
evitará un castigo innecesario y degradante en cuanto a su condición
humana. Es en ese sentido que, MIR PUIG entiende por principio de
humanidad, el que se opone a penas u otras intervenciones penales
en sentido amplio que, por su excesiva dureza o por la forma en
que se producen, resulten incompatibles con el mínimo respeto
que merece toda persona por el hecho de serlo.143
Las consecuencias de este principio deben reflejarse en el
proceso penal, en la abolición de determinados tipos de pena y en
la ejecución de las penas privativas de libertad, asegura MUÑOZ
CONDE.144 Lo anterior, debido a que la pena no debe aplicarse a
los condenados por pura retribución al daño causado, sino que
debe buscarse que la aplicación de las penas sea realizada desde una
142 QUINTERO OLIVARES, Gonzalo. Op. cit. p. 101.
143 MIR PUIG, Santiago. Bases Constitucionales del Derecho Penal. Op. cit. p. 136.
144 MUÑOZ CONDE, Francisco. Introducción al Derecho Penal. Op. cit. p. 132.
85
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
óptica eminentemente humanitaria; que sea una pena que no afecte
la dignidad de la persona y la humille, máxime si se considera el
fracaso que representan las cárceles como medio resocializador.145
El respeto a la dignidad humana representa un fundamento
sólido en contra de las penas inhumanas. Es decir, el individuo debe
ser tratado como persona, de tal forma que no debe ser objeto de
torturas ni de tratos inhumanos o degradantes, entre otros, sino que
deben respetarse los derechos fundamentales de las personas que
se encuentren detenidas o presas. El principio de humanidad de las
penas comprende la observancia de la dignidad humana. En otras
palabras, se concretiza en el respeto que debe tener toda persona
por el sólo hecho de ser humano. Esta inherencia al ser humano, en
el caso de la imposición de las penas, comprende un respeto de su
condición humana, que no implique una imposición que degrade su
condición; que lo humille y le inflija un dolor innecesario.
Se busca la prevalencia de un Estado Democrático fuerte
que no haga distinción alguna en cuanto al trato humano, entre
personas libres y aquellas cuya libertad se encuentra restringida. Y
en cuanto a este último tópico, debe privilegiarse la erradicación de
la dureza de la penas. La observancia del principio de humanidad
es imprescindible. El Estado debe tratar humanitariamente y
en condiciones de igualdad a todas las personas, máxime si se
encuentran privadas de su libertad y evitar el uso por parte de sus
fuerzas de seguridad o de terceros amparados en la impunidad, de
mecanismos que atenten o violenten la humanidad de los reclusos.
2. Su incorporación en la Constitución
En cuanto a España, el principio de humanidad tiene su
fundamento legal en lo dispuesto por el artículo 10.1 de la
Constitución, que se basa en el reconocimiento de la dignidad
145 “En los últimos años ha surgido la tendencia a trazarnos objetivos más modestos, a
no pedirles a las instituciones penitenciarias lo que ya sabemos que no nos pueden
dar. Conociendo que los establecimientos penitenciarios no son el lugar ideal para
lograr la resocialización de los reclusos, estamos en el deber de luchar por un sistema
penitenciario más humano, que ofrezca a los sancionados algo más que la pura
retribución al daño causado”. MEDINA CUENCA, Arnel. Op. cit. pp. 104 y 105.
86
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
humana. Además, el artículo 15 de dicha Constitución establece
específicamente la prohibición de las torturas y de las penas o
tratos inhumanos degradantes. El reconocimiento del principio
de humanidad y su incorporación al texto constitucional resulta
importante, porque reviste coherencia con el artículo 5 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, así como
con el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos de 1966.
En Guatemala, el principio de dignidad humana se encuentra
regulado en el artículo 4 de la Constitución Política.146 Ahora bien, el
principio de humanidad de las penas, encuentra su asidero en el texto
constitucional, en el artículo 19 literal a, el cual establece lo siguiente:
El sistema penitenciario debe tender a la readaptación social y a
la reeducación de los reclusos y cumplir en el tratamiento de los
mismos, con las siguientes normas mínimas:
a. Deben ser tratados como seres humanos; no deben ser
discriminados por motivo alguno, ni podrán infligírseles tratos
crueles, torturas físicas, morales, psíquicas, coacciones o molestias,
trabajos incompatibles con su estado físico, acciones denigrantes a
su dignidad, o hacerles víctimas de exacciones, ni ser sometidos a
experimentos científicos;…
La lectura del artículo precedente confirma la inclusión expresa
del principio de humanidad en el texto constitucional e impone
al Estado la obligación de garantizar el cumplimiento del mismo.
De esta forma lo ha reconocido la Corte de Constitucionalidad,147
quien expresó lo siguiente:
146 El artículo 4 citado prescribe: “Artículo 4.- Libertad e igualdad. En Guatemala todos
los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer,
cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades.
Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que
menoscabe su dignidad. Los seres humanos deben guardar conducta fraternal entre
sí”. El principio de dignidad humana se desprende del artículo anterior, pero como
sucede con otros principios, no se encuentra regulado expresamente como tal en el
texto constitucional.
147 Sentencia de 28 de agosto de 2013; expedientes acumulados 635-2013 y 636-2013.
87
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
… efectivamente el Estado tiene el deber de velar por la integridad
y seguridad de los reclusos dentro de los propios centros
penitenciarios; y además velar por la seguridad penitenciaria a
efecto que las personas condenadas cumplan efectivamente dichas
condenas, lo cual conlleva la adopción de medidas de seguridad
que eviten las fugas u otro tipo de situaciones fácticas que alteren
el cumplimiento de la condena.
El trato de los reclusos como seres humanos debe ser certero
e implica que toda conducta que atente contra su dignidad quede
prohibida y se le considere un ser residual. La protección del
principio de humanidad dignifica al recluso y muestra el grado de
democracia que ostenta el país.148
3. Fines de la pena
De todas las sanciones que el Estado puede aplicar al autor
de un hecho delictivo, la más grave de ellas la constituye la pena.
¿Pero qué es lo que justifica que el Estado pueda aplicar una pena?
El problema de la justificación de la pena, expresa FERRAJOLI, es
decir, del poder de una comunidad política cualquiera de ejercitar
una violencia programada sobre uno de sus miembros, es quizá el
problema más clásico de la filosofía del derecho.149
Efectivamente, justificar la violencia estatal como un
instrumento para la conservación del contorno social ha sido objeto
de estudio de la filosofía del derecho. ¿Por qué castigar? y ¿para
qué castigar? deben ser las dos preguntas imprescindibles de ser
contestadas para justificar la aplicación de la pena. Sin embargo, en
contraposición a las corrientes justificativas de la pena, se encuentra
148 En sentencia de 27 de abril de 2005; expediente 1912-2004, la Corte de
Constitucionalidad indicó: “… atendiendo el carácter finalista del texto supremo, es
inaceptable que a un recluso no se le considere como alguien susceptible de ejercer
derechos y asumir obligaciones. Tampoco puede aceptarse, en un régimen democrático
y en un estado constitucional de derecho, que a un recluso se le considere como un
‘ser residual’, que como tal únicamente puede ejercer aquellos derechos que el Estado
–en una connotación estrictamente punitiva– considere que le asisten, o bien, que
aquél (el Estado) a través de sus agentes, esté en condiciones de reconocerle”.
149 FERRAJOLI, Luigi. Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal. Op. cit. p. 247.
88
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
la posición abolicionista, que critica la legitimidad del Estado para
su imposición. Brevemente se analizará cada una de ellas.
3.1 Corrientes justificativas
Dentro de las teorías relativas de la pena sobresalen dos,
que fundamentan la finalidad de las penas en la prevención. La
primera de ellas, denominada prevención general, persigue
evitar la comisión de hechos delictivos en el futuro mediante la
intimidación o manteniendo la confianza en la norma penal,
mientras la segunda teoría, llamada prevención especial, busca
suprimir el deseo de cometer delitos en el infractor de la norma
penal mediante la motivación, o bien, logrando su resocialización.
3.1.1 Prevención general
La prevención general considera que el fin de las penas se
encuentra en la intimidación que debe producirse en la generalidad
de las personas, con el propósito de evitar la comisión de hechos
delictivos. BECCARIA propugnaba, no por una finalidad retributiva de
la pena, como la concebían KANT y HEGEL, sino por una preventiva.150
En su libro De los delitos y las penas lo dejó bien claro, al manifestar:151
… el fin de las penas no es atormentar y afligir un ente sensible,
ni deshacer un delito ya cometido. […] El fin, pues, no es otro
que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos, y
retraer los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán
ser escogidas aquellas penas y aquel método de imponerlas, que
guardada la proporción hagan una impresión más eficaz y más
durable sobre los ánimos de los hombres, y la menos dolorosa
sobre el cuerpo del reo.
El principal exponente de esta teoría fue FEUERBACH, quien
consideraba a la pena como una “coacción psicológica”, la
cual se producía en las personas, con el objetivo de evitar que
150 BECCARIA, dentro de la vertiente clásica, expuso una prevención intimidatoria,
siguiendo criterios utilitarios: “¿Cuál es el fin político de las penas? El terror de los otros
hombres”. Op. cit. p. 88.
151 Op. cit. pp. 79 y 80.
89
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
cometieran delitos. La prevención general como fin justificativo
de la pena no ha cumplido con sus propios objetivos, puesto
que no se ha podido comprobar fehacientemente la posibilidad
de revaluar su aplicación, lo que origina una ausencia de
verificación práctica. En la prevención general, la función
motivadora de las penas se dirige hacia todas las personas. Es
la forma en que se desarrolla el proceso de motivación, lo que
permite distinguir inequívocamente las dos variables en que se
escinde tradicionalmente la prevención general: la prevención
general negativa y la prevención general positiva. Contrario a sus
propósitos dirigidos a evitar futuros delitos de la colectividad,
por medio de la intimidación (prevención general negativa)
sus acciones han sido orientadas al restablecimiento del orden
jurídico y a la realización del valor justicia (prevención general
positiva) mediante la utilización de acciones represivas.
[Link] Prevención general negativa
Mediante este tipo de prevención general, se busca el
establecimiento de mecanismos de intimidación a la sociedad, con
el propósito de que no se cometan hechos delictivos. Es decir, esta
corriente considera que la pena cumple una función intimidatoria
que motiva a las personas a no cometer delitos. Persigue que se
produzca una abstención en la comisión delictiva por parte de la
colectividad. Este proceso de intimidación puede realizarse en dos
momentos distintos: en la norma penal y en la ejecución.
La prevención general negativa mediante la intimación en la
norma penal, fue formulada primigeniamente por FEUERBACH,
impulsor de la denominada “Teoría de coacción psicológica”, quien
propugnaba la existencia de una vinculación psicológica entre
la colectividad y la norma penal, que como resultado provocaba
la inhibición psicológica del individuo frente a la pena. Esta
prevención, sin embargo, no va dirigida al individuo en concreto
sino a la comunidad, pues con el establecimiento de las penas en
la norma penal se pretende lograr una disuasión del conglomerado
social en la comisión delictiva.
90
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
En cuanto al proceso de intimidación en la ejecución penal, fue
promulgada por el filósofo inglés BENTHAM, quien consideraba que
el efecto disuasorio de la pena debía estar en su ejecución. Es decir,
que el efecto intimidatorio se lograba cuando la colectividad podía
comprobar el fin que les esperaba a las personas que delinquían
y transgredían la paz colectiva, al ser recluidos en las cárceles
destinadas para el efecto. El condenado era instrumentalizado para
servir de ejemplo a la comunidad.
La prevención general negativa no cumple con sus propósitos
intimidatorios y de disuasión, porque entre otros motivos, existen
delitos como los pasionales, en los cuales no puede demostrarse
que el carácter intimidatorio de la pena sea disuasorio para evitar su
comisión. Además, en términos generales, se le critica el hecho de
que en su afán de servir como elemento disuasorio, no le importe
instrumentalizar al condenado, con tal de lograr sus fines.
[Link] Prevención general positiva
También se le ha denominado prevención-integración y
ha sido influenciada por los estudios elaborados en el ámbito
del psicoanálisis. En términos generales, la prevención general
positiva busca justificar la pena, no en la intimidación del probable
delincuente, sino en la reafirmación de los individuos por medio
de la pena, de la confirmación de la vigencia de la norma penal.
Esto lograría reafirmar a la sociedad, puesto que a pesar de que
las normas sean violentadas, las mismas conservan inalterable su
vigencia. Se trata de confirmar la confianza en la norma jurídica.152
JAKOBS, principal exponente de esta teoría en su versión más radical,
le atribuye a la pena una función de prevención general positiva, y
la desarrolla en términos de psicología social. Utiliza la concepción
152 MIR PUIG expone que esta concepción pretende superar las antinomias entre las
exigencias de prevención y retribución, convirtiendo estas últimas en necesarias para la
propia prevención. De esa manera, la confirmación de la vigencia de la norma requiere,
según esta doctrina de la prevención general, que se imponga una pena proporcionada
cuando se infrinjan las normas jurídicas fundamentales. El Derecho Penal en el Estado
Social y Democrático de Derecho. Ariel, Barcelona, España, 1994, p. 131.
91
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
sustentada por LUHMANN (teoría sistemática del Derecho)153 con
un instrumento que sirve de estabilización del sistema social, así
como de orientación de las acciones y de institucionalización de las
expectativas. Para él, la única meta que tiene el Derecho Penal es la
de garantizar la función orientadora de las normas jurídicas.
Contrario a la posición de JAKOBS, ROXIN realiza una defensa
de la prevención general positiva, pero como elemento limitador
de la intervención penal, al considerar que la intimidación implica
un peligro en la elevación excesiva de la pena. ROXIN considera
que la pena adecuada a la culpabilidad es la correspondiente a la
prevención general positiva, y que la misma es inferior a la que
permitiría la prevención general negativa. Este autor denomina a
la prevención general positiva “prevención general compensadora”
o “integradora socialmente”, mientras que a la prevención general
negativa la llama “prevención general intimidatoria”.154
La teoría de la prevención general positiva ha sido considerada
como una teoría de la función simbólica del Derecho Penal. Así,
BARATTA155 es de este criterio, al afirmar lo siguiente:
La teoría de la prevención general positiva es, entonces, una teoría
de la función simbólica del Derecho penal, en el sentido de que las
funciones indicadas tienen que ver directamente con la expresión
de los valores asumidos por el ordenamiento y la confirmación de
la validez de las normas, confirmación simbólica y no empírica, por
ser independiente de la cantidad de infracciones y de su reducción.
153 HASSEMER manifiesta: “Jakobs construye –influido por la teoría sistémica de Luhman–
su variante de una teoría de la prevención general positiva sobre la experiencia de
expectativas frustradas en contactos sociales y en la necesidad de orientación y
estabilidad y utiliza para ello la locura de la complejidad social y de la incertidumbre
personal, las cuales caracterizan a una ‘sociedad de riesgo’”. “Derecho Penal Simbólico
y Protección de Bienes Jurídicos”. En Pena y Estado. Función Simbólica de la Pena.
Editorial Jurídica ConoSur Ltda. Santiago de Chile, 1995, p. 33.
154 MIR PUIG, Santiago. “Función Fundamentadora y Función Limitadora de la Prevención
General Positiva”. En Prevención y Teoría de la Pena. Editorial Jurídica ConoSur Ltda.
Santiago de Chile, 1995, p. 55.
155 Op. cit. p. 84. Agrega este autor que: “La defensa de los bienes jurídicos no puede ser
considerada como una función principal de las normas penales, según la teoría de la
prevención-integración. Desde este punto de vista, el Derecho penal no es tanto un
instrumento de imposición de la ‘moral dominante’, sino más bien un medio eficaz de
representación (simbólica) de ésta”.
92
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
A la prevención general positiva se le critica de sustentarse
únicamente con aspectos teóricos, pero que carece de elementos
de verificación práctica de los efectos del Derecho Penal, y que
como teoría legitimadora de la intervención punitiva del Estado
resulta limitada.
3.1.2 Prevención especial
A la teoría de la prevención especial, también se le denomina
“prevención individual”. Se orienta en prevenir que los individuos
que ya han infringido la norma penal, cometan nuevos hechos
delictivos. Este propósito persigue conseguirlo de dos maneras
opuestas entre sí, la primera, denominada prevención especial
negativa, que busca evitar que el condenado cometa nuevos delitos
en un futuro. Se basa en la coacción al autor del hecho delictivo,
para que no vuelva a delinquir, ya no se dirige a la colectividad.
Esto lo pretende lograr mediante su inocuización, es decir, volver
inofensivo al autor para que no vuelva a cometer un delito; o
bien, por medio de la prevención especial positiva, que procura la
resocialización del delincuente. La prevención especial positiva, a
pesar de la creciente justificación para determinados delitos, como
violaciones, seguridad del Estado, terrorismo, etc., es contraria a
los propios fines de un Estado Democrático de Derecho y lesiona
gravemente la humanidad de las penas, al inobservar el principio
de culpabilidad y privilegiar el derecho de autor.
A pesar de sus imperfecciones, la resocialización resulta
indispensable en cuanto a que busca reducir las consecuencias
desocializadoras que puede provocar en el reo su conducta
delictiva, y mantiene viva la posibilidad para que pueda reintegrarse
a la sociedad, aunque en la práctica no logre alcanzarse. Es bien
sabido que nunca en el devenir histórico se ha logrado cumplir
con los fines rehabilitadores mediante el castigo. No obstante, la
prevención especial negativa que procura la resocialización del
condenado, debe ser defendida por el Estado Democrático, a falta
de una mejor propuesta, debido a que representa una visión más
humana de la pena.
93
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
3.2 Corriente abolicionista
Esta corriente plantea prácticamente una crítica a la totalidad del
sistema de justicia penal. Es producto del discurso criminológico
crítico, ya sea que derive del enfoque marxista, estructuralista,
fenomenológico o fenomenológico-historicista.156 En todo caso,
propugna por desconocer la legitimidad del Estado157 para la
imposición de las penas, debido a que considera que la misma
resulta ineficaz para lograr el cumplimiento de sus fines.158
El abolicionismo es sumamente crítico del Derecho Penal
y no se conforma con una simple reforma del mismo, sino que
propugna en su forma más radical, en una total desaparición
del sistema penal, debido a que considera la imposibilidad de
justificar satisfactoriamente su conservación, puesto que conforma
un problema social en sí mismo. Esta corriente, denominada
abolicionismo penal radical, tiene a Louk HULSMAN entre sus principales
exponentes. En un sentido más restringido, se busca la abolición
de un aspecto concreto dentro del sistema penal, como lo sería
por ejemplo, una posición abolicionista ante la pena de muerte.
Esta corriente es también denominada abolicionismo institucional y se
encuentra entre sus exponentes a Thomas MANTHIENSEN.
En cierta medida, se considera que el Derecho Penal mínimo
también constituye una forma de abolicionismo, en cuanto a que
156 PALACIOS PÁMANES, Gerardo Saúl. El problema de la antinomia de los fines de la prisión
provisional como obstáculo para la reinserción social. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma
de Nuevo León, México, 2009, p. 15.
157 FERRAJOLI, Luigi, considera abolicionistas únicamente aquellas doctrinas axiológicas que
impugnan como ilegítimo el Derecho Penal, ya sea porque no admiten moralmente
ningún posible fin como justificador de los sufrimientos que ocasiona, o bien, porque
consideran ventajosa la abolición de la forma jurídico-penal de la sanción punitiva y
su sustitución por medios pedagógicos o instrumentos de control de tipo informal e
inmediatamente social. Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal. Op. cit. p. 248.
158 “Tanto la criminología crítica cuanto el abolicionismo, se encuadran en un movimiento
general de penalismo crítico cuya base es la llamada deslegitimación del sistema
penal. No es uniforme el criterio de intelección de éste ya que en distintos autores
aparece como una necesidad reduccionista, en otros fundado sobre la incongruencia
del discurso penal ante la imposibilidad de conseguir las finalidades que el mismo
proclama, en unos terceros como ausencia de toda justificación ética, etcétera”. CREUS,
Carlos. Op. cit. p. 46.
94
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
reconoce lo inútil que resulta el sistema de represión estatal. Pretende
la aplicación de un derecho en el cual prevalezcan las características de
ser fragmentario, de ultima ratio, accesorio y de mínima intervención,
en el cual prevalezcan además, los principios de proporcionalidad,
humanidad y el de resocialización. En síntesis, el Derecho Penal
mínimo persigue la minimización de la violencia en la sociedad y el
respeto de los derechos fundamentales de los individuos.
4. Prohibición de la pena de muerte
La historia de las penas es sin duda más horrenda e infamante para
la humanidad que la propia historia de los delitos: porque más
despiadadas, y quizá más numerosas, que las violencias producidas
por los delitos han sido las producidas por las penas y porque
mientras que el delito suele ser una violencia ocasional y a veces
impulsiva y obligada, la violencia infligida con la pena es siempre
programada, consciente, organizada por muchos contra uno.159
Efectivamente, como lo ha manifestado FERRAJOLI en el párrafo
precedente, la pena de muerte resulta aberrante160 y aunque tanto
en la teoría como en la práctica resulte sumamente criticado el
fin resocializador de las penas, contrario a lo utópico que resulta
el abolicionismo radical en sus diversas vertientes, la mayoría de
las legislaciones modernas contemplan tanto en la Constitución,
como texto supremo, como dentro de su normativa penal con
relación a las penas, un fin resocializador. El logro de esta finalidad
puede alcanzar en cierta medida como resultado de considerar la
observancia de un Derecho Penal mínimo, que garantice la defensa
de los derechos humanos de las personas que se vean sometidas al
159 FERRAJOLI, Luigi. Derecho y Razón. Op. cit. p. 386.
160 Para BUSTOS RAMÍREZ, Juan J. y HORMAZÁBAL MALARÉE, Hernán. Op. cit. p. 68,
“… ninguna intervención del Estado puede significar una afectación a la persona como
tal. En ese sentido significa que el Estado no puede incidir en la esencia de un derecho
o impedir absolutamente su ejercicio. Sobre este fundamento se ha excluido la pena
de muerte y el presidio perpetuo en las legislaciones penales más avanzadas. El art. 15
CE señala, concretando este principio, que nadie puede ser sometido a «torturas ni a
penas o tratos inhumanos o degradantes». También el art. 25.2 va en esta línea cuando
establece que la pena privativa de libertad orientada a la reeducación y reinserción
social no podrá consistir en trabajos forzados; que el condenado gozará de los derechos
fundamentales; que tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios sociales,
así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.
95
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
ejercicio del ius puniendi estatal. A la vez, que lo limite y que garantice
plenamente la existencia de un Derecho Penal fragmentario, de
ultima ratio y de mínima intervención.
Como lo indica BOBBIO, la tesis del Derecho Penal mínimo abre
su frente principal contra las teorías del Derecho Penal máximo
(que culminan en la defensa de la pena de muerte), pero no puede
pasar por alto las doctrinas abolicionistas o sustitutivistas, según las
cuales la pena, por el contrario, estaría destinada a desaparecer.161
Junto a la resocialización como principio del Derecho Penal,
se encuentra íntimamente ligado el principio de humanidad de las
penas, mediante el cual se pretende que las mismas sean aplicadas
con respeto de la dignidad humana. Se busca que no se apliquen
penas degradantes. Dentro de las “penas” que, siguiendo una
concepción de prevención especial negativa, persiguen neutralizar
a la persona que ha cometido un delito grave por estimarse que
ya no pueden convivir en sociedad y que por lo tanto se evita la
comisión de futuros delitos, lo constituye la pena de muerte.162
Esta es una sanción penal gravísima que atenta contra la dignidad
humana y que contra la corriente doctrinaria y legislativa general,
se mantiene en diversos países.
Para MIR PUIG, la pena de muerte se considera, si no
absolutamente inhumana, demasiado cruel y desde luego poco
161 BOBBIO, Norberto, Prólogo al libro: Derecho y Razón. Ibíd., p. 15.
162 MIR PUIG, efectúa un análisis sobre la manera en que el neoliberalismo ha conducido
a una política criminal expansiva, la cual endurece las penas y vuelve a aplicar la pena
de muerte. “Durante las tres últimas décadas se ha impuesto, principalmente en los
[Link]. pero también en otros países que han seguido su ejemplo en mayor o menor
medida, un neoliberalismo neoconservador que ha modificado la concepción de
las funciones del Estado y ha tenido graves consecuencias para la Política criminal
y el Derecho penal. Lo curioso de ello es que este neoliberalismo ha abandonado
la tradicional relación entre liberalismo y Política criminal restrictiva, de tal modo
que, por el contrario, el neoliberalismo ha conducido a una Política criminal
declaradamente expansiva, que vuelve a la pena de muerte y prolonga y endurece las
condenas privativas de libertad, a la vez que disminuye sus posibilidades de sustitución
por otras medidas. Junto a la exigencia de un Estado mínimo en la intervención
económica, se ha reclamado una intervención cada vez más intensa en la lucha del
Estado contra el delito. Esta asimetría parte de la asunción expresa de una distinta
consideración por parte del Estado de los ciudadanos honrados y de los delincuentes”.
Bases Constitucionales. Op. cit. p. 21.
96
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
humana.163 Además, en muchas ocasiones, la pena de muerte se
ha aplicado no solamente para infracciones graves, sino también
para infracciones leves, lo que justifica aún más su abolición,164 y
lo injusto de su aplicación se evidencia al observarse una posición
estatal discriminatoria en su aplicación a personas pobres y en
muchas ocasiones carentes de educación elemental. Así como a
enemigos políticos.
El artículo 15 de la Constitución Española prescribe que:
“Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin
que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o
tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte,
salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para
tiempos de guerra”. En ese sentido, para MIR PUIG, el artículo 15
de la Constitución parte del principio de humanidad, al prohibir
penas inhumanas con carácter absoluto y al abolir la pena de muerte
por su crueldad. Añade que de dicho principio de humanidad
hay que extraer un criterio constitucional que obligue a limitar la
dureza de toda pena o medida de seguridad de tal modo que no
resulte inhumana o demasiado cruel, y también que conduzca a
una progresiva humanización del sistema penal en su conjunto.165
A pesar que la Constitución Española abolió expresamente la
pena de muerte, aún la dejaba vigente para los casos que puedan
disponer las leyes penales militares. Sin embargo, no fue hasta 1995
que mediante la Ley Orgánica 11/19895, de 27 de noviembre de
ese año, que se abolió definitivamente la pena de muerte en tiempo
de guerra. Es preciso manifestar además, que el 16 de diciembre
de 2009, España ratificó el Protocolo 13 al Convenio Europeo
para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades
163 Ibíd., p. 138.
164 Luigi FERRAJOLI, Derecho y Razón. Op. cit. p. 386, dice en ese sentido que: “Parece que la
fantasía humana no ha tenido límites ni frenos en inventar las formas más feroces de
la pena de muerte y en aplicarlas incluso a las infracciones más leves: como el hurto,
el adulterio, la estafa, el falso testimonio, la falsificación de monedas, además de las
innumerables formas de herejía, felonía, lesa majestad, traición y similares. Pero la
ferocidad de las penas no pertenece, desgraciadamente, sólo al pasado. La pena de
muerte está todavía presente en casi todo el mundo…”.
165 MIR PUIG, Santiago. Bases Constitucionales. Op. cit. p. 138.
97
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Fundamentales, que se refiere a la abolición de la pena de muerte
en cualquier circunstancia, sin excepción.166
En el caso de Guatemala, se cuenta con toda una tradición
de incorporación de la pena de muerte en su ordenamiento
constitucional. Así tenemos, que con la vigencia de la Constitución
de la República de Centroamérica, dada por la Asamblea Nacional
Constituyente el 22 de noviembre de 1824, se incluyó por primera
vez en el texto constitucional la pena de muerte.167 Luego se incluyó
en la Constitución de Guatemala de 1825, con el mismo texto, en
el artículo 182; en el artículo 157 de las Reformas a la Constitución
Federal de Centroamérica, decretadas en 1835; en la sui generis Ley
Reglamentaria adicional a la de 5 de diciembre de 1839, de 10 de
enero de 1852.168
Es oportuno anotar que en la Constitución Política de la
República de Centroamérica, decretada el 9 de septiembre de
1921, en su artículo 32 se abolía la pena de muerte. El citado
artículo prescribía lo siguiente: “La Constitución garantiza a los
166 En la exposición de motivos de la citada ley se establece lo siguiente: “El artículo
15 de la Constitución española proclama que todos tienen derecho a la vida y a la
integridad física y moral y dispone la abolición de la pena de muerte salvo lo que
puedan disponer las leyes penales militares para tiempo de guerra. Tal excepción para
determinados delitos cometidos en tiempo de guerra ha sido materializada por la Ley
Orgánica 13/1985, de 9 de diciembre, por la que se aprueba el Código Penal Militar.
No obstante, como tal excepción constitucional, no resulta obligada e imperativa
sino que el legislador dispone de plena libertad para abolirla. Conforme a ello, a la
propia pauta de las legislaciones de los Estados modernos en los últimos años y al
espíritu y propósito del segundo Protocolo facultativo al Pacto internacional relativo
a los derechos civiles y políticos, de la Resolución 1044 y de la Recomendación 1246
adoptadas por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el 4 de octubre de
1994, la presente Ley declara abolida la pena de muerte en el Código Penal Militar,
único texto legal que la contempla como pena alternativa a determinados delitos
cometidos en tiempo de guerra, y suprime todas las referencias legales a la misma,
haciéndola desaparecer de nuestro ordenamiento jurídico”.
167 El artículo 152 citado, regulaba lo siguiente: “Artículo 152. No podrá imponerse pena
de muerte sino en los delitos que atenten directamente contra el orden público, y en
el asesinato, homicidio premeditado ó seguro”.
168 “Artículo 24. No podrá imponerse la pena de muerte sino por los crímenes que
atenten contra el orden público, por el de asesinato, homicidio alevoso o premeditado y
seguro, y por los delitos puramente militares que tengan pena capital por la Ordenanza
del Ejército”. Lo curioso de esta “Ley Reglamentaria” es que fue decretada por una
Asamblea Nacional Constituyente y por ende con carácter constitucional.
98
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
habitantes de la República, la vida, la honra, la seguridad individual,
la libertad, la propiedad, la igualdad ante la ley y el derecho de
defensa. Queda, en consecuencia abolida la pena de muerte”.
Debe aclararse que a pesar que esta Constitución Política abolía
la pena de muerte, constituía un texto constitucional moderno,
que pretendía restablecer la Federación Centroamericana. Sin
embargo, a pesar de haber sido firmada por los delegados de cuatro
países centroamericanos: Guatemala, El Salvador, Honduras y
Costa Rica, nunca cobró vigencia, quedando únicamente como un
antecedente constitucional.
Después, al haber triunfado la revolución contra la dictadura
del general Jorge Ubico, la Asamblea Constituyente decretó
la Constitución de la República de Guatemala, el 11 de marzo
de 1945, la cual en el artículo 52 reconocía la aplicación de la
pena de muerte, pero que a diferencia de los anteriores textos
constitucionales, incluía importantes avances, en cuanto a incluir
la observancia del debido proceso para su aplicación; únicamente
se permitía su imposición a varones mayores de edad; se establecía
que la sentencia no se fundara en presunciones y se aseguraba la
admisibilidad de los recursos pertinentes. A pesar de no abolir la
pena de muerte, incluía la observancia de derechos constitucionales
y de requisitos determinados para su imposición.169
Posteriormente, la Constitución, decretada por la Asamblea
Constituyente el 2 de febrero de 1956, establecía en su artículo
69 que los tribunales de justicia impondrían la pena de muerte
por los delitos que determinara la ley. Agregaba que no podría
imponerse con fundamento en presunciones, ni podría aplicarse a
las mujeres ni a los menores de edad. Por su parte, la Constitución
decretada por la Asamblea Constituyente el 15 de septiembre de
169 “Artículo 52. A nadie debe condenarse sin haber sido citado, oído y vencido en juicio.
La pena de muerte sólo se aplicará previa sentencia dictada en juicio por los tribunales
de la República, y por los delitos que determina la ley, cometidos por varones
mayores de edad. Contra tales sentencias –que nunca podrán fundarse en prueba de
presunciones– cabrán siempre todos los recursos legales existentes, inclusive los de
casación y gracia, exceptuándose los casos de invasión del territorio, plaza o ciudad
sitiadas y movilización con motivo de guerra”.
99
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
1965, regula la pena de muerte en su artículo 54,170 otorgándole un
carácter extraordinario. Esta Constitución incorpora nuevamente
la mayoría de los aspectos que en relación a la pena de muerte
regulaba la Constitución de 1945.
La vigente Constitución Política de la República de
Guatemala,171 prescribe expresamente en su artículo 18 que la pena
de muerte no podrá imponerse en cinco casos:
1) Con fundamento en presunciones;
2) A las mujeres;
3) A los mayores de sesenta años;172
4) A los reos de delitos políticos y comunes conexos con los
políticos;173 y,
5) A reos cuya extradición haya sido concedida bajo esa condición.
Contra la sentencia que imponga la pena de muerte, serán
admisibles todos los recursos legales pertinentes, inclusive el de
casación; éste siempre será admitido para su trámite. El referido
artículo agrega in fine, que la pena se ejecutará después de agotarse
todos los recursos y que el Congreso de la República podrá abolir
la pena de muerte.
170 “Artículo 54. La pena de muerte tendrá carácter extraordinario. No podrá imponerse
con fundamento en presunciones, ni se aplicará a mujeres o menores de edad, a
mayores de setenta años, a reos de delitos políticos, ni a reos cuya extradición haya sido
concedida bajo esa condición. Contra las sentencias que impongan la pena de muerte
serán admisibles todos los recursos legales pertinentes, inclusive los de casación y de
gracia. Estos dos recursos no serán admitidos en los casos de invasión del territorio,
plaza o ciudad sitiadas o movilización con motivo de guerra. La pena se ejecutará
después de agotarse todos los recursos”.
171 Fue decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 31 de mayo de 1985 e inició
su vigencia el 14 de enero de 1986.
172 La Constitución anterior (1965) establecía en el artículo 54 que la pena de muerte no
se aplicaría a mayores de setenta años, por lo que la Constitución vigente redujo en
diez años el límite máximo de su aplicación.
173 La Constitución Política de 1965, en su artículo 54, únicamente dejaba fuera de la
aplicación de la pena de muerte a los reos de delitos políticos. La actual lo amplió a los
delitos comunes conexos con los políticos. Es de hacer notar que cuando Guatemala
aprobó y ratificó la Convención Americana de Derechos Humanos, hizo una reserva en
cuanto a que en el país se podía aplicar la pena de muerte a los reos por delitos comunes
conexos con los políticos. No obstante, con la promulgación de la actual Constitución
Política, como se ha indicado, la excepción de la aplicación de la pena de muerte se extendió
a esa clase de delitos, por lo que la mencionada reserva fue retirada posteriormente.
100
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
La Corte de Constitucionalidad, en Opinión Consultiva de 22
de septiembre de 1993,174 expediente 323-93, expresó, referente a
la potestad que posee el Congreso de la República de abolir la pena
de muerte, lo siguiente:
Nuestra Constitución sigue una orientación restrictiva y
abolicionista de la pena de muerte, toda vez que el artículo 18
citado contempla la posibilidad de abolirla del ordenamiento
jurídico y faculta para ello al Congreso de la República, sin que tal
decisión implique reforma constitucional, por lo que no requiere
del rigorismo que debe cumplirse para reformar parcialmente las
demás normas de la Constitución.
La finalidad perseguida por el Constituyente es abolir la pena
de muerte, por eso es que dejó plasmado en el texto constitucional
la manera de abolirla, sin que se requiera necesariamente una
reforma constitucional para el efecto, como lo ha reconocido la
Corte de Constitucionalidad en el fallo citado. Si bien es cierto
que la Constitución Política de la República de Guatemala sigue
una orientación restrictiva y abolicionista de la pena de muerte,
a la fecha el Congreso de la República no ha demostrado una
determinante voluntad de querer abolirla. Es más, la población
en lugar de presionar por su abolición, cuando suceden casos
de impacto, presiona por su aplicación y por una inflación de
las sanciones penales, lo que de implementarse, no constituiría
una solución al problema delincuencial, como se ha demostrado
en otros países y al contrario, significaría un alejamiento de los
principios democráticos y de los principios informadores del
derecho penal moderno, propios de un Estado Democrático
de Derecho.
174 En esa misma Opinión Consultiva, la Corte de Constitucionalidad efectúa un estudio
comparativo entre la Constitución de 1985, actualmente vigente, con respecto a las tres
anteriores (de 1945, 1956 y 1965) e interpreta que dichas Constituciones solamente
hacen referencia a la pena de muerte, no para establecerla, sino para fijar los casos en
que no podrá imponerse la misma y reforzar las garantías procesales de que dispone
el condenado a esa pena. Agrega, que establecen excepciones, pero que la referencia
común es que la ley determina los delitos en que procede imponerla. Sin embargo, la
Constitución Política de la República, actualmente vigente, reconoce explícitamente
la pena de muerte, aunque limita su aplicación.
101
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Actualmente en Guatemala, a pesar de que el último
fusilamiento ocurrió el 13 de septiembre de 1996 y las últimas
muertes por la aplicación de inyección letal acaecieron en el año
2000, continúa vigente lo concerniente a la pena de muerte. El
Código Penal regula siete figuras delictivas que incluyen la pena
de muerte. Éstas son las siguientes: 1) parricidio, artículo 131; 2)
asesinato, artículo 132; 3) ejecución extrajudicial, artículo 132 bis;
4) violación calificada, artículo 175; 5) plagio o secuestro, artículo
201; 6) desaparición forzosa, artículo 201 ter; 7) en caso de muerte
del presidente de la República o del vicepresidente (magnicidio),
si de las circunstancias del hecho, los medios empleados para
realizarlo y los móviles determinantes, se revelare mayor y
particular peligrosidad del responsable, artículo 383.
La disminución de la violencia y el combate a la impunidad,175
deben realizarse con los mecanismos legales, dentro de un Estado
Democrático de Derecho y abolirse lo concerniente a la pena de
muerte. La lucha para lograr tales objetivos continúa y en ese camino,
debe existir una mayor promoción de los derechos humanos de
las personas e iniciar una verdadera campaña de concientización
de los mismos, para erradicar la concepción prevaleciente entre la
generalidad de la población, como resultado del conflicto armado
interno, que piensa que los derechos humanos protegen con
exclusividad a los delincuentes.
También, debe procurarse la abolición de la pena de muerte, que
no cumple con los fines resocializadores del Derecho Penal basado
en el garantismo y evidencia la incapacidad del Estado en lograr dicho
objetivo, pues tampoco evita la comisión de nuevos delitos como
elemento disociador. La pena de muerte es aberrante y demuestra
la falta de cumplimiento del principio de humanidad de las penas.
175 BARATTA propone un control alternativo de la violencia y la defensa de los derechos
humanos, para lo cual sostiene que: “El control debe basarse en los principios de la
igualdad y de la legalidad, es decir, debe evitar estratégicamente la criminalización de los
más débiles y la impunidad de los más fuertes y funcionar según reglas generales como
garantía de las personas que pueden volverse objeto de él para evitar arbitrariedades y
la formación de posiciones de poder conectadas con una excesiva discrecionalidad de
la intervención. También en la defensa de los derechos humanos se deben respetar los
derechos humanos hasta donde sea posible. Op. cit. p. 351.
102
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
5. Prohibición de penas corporales
Además de la pena de muerte, que constituye una pena corporal,
existen otras sanciones penales aberrantes que causan un daño físico
a la persona en su propio cuerpo, que provoca una violación evidente
a la humanidad que deben tener las penas y afectan su dignidad.
Así tenemos azotes, suplicio, trabajos perpetuos, amputación, entre
otras, que se aplicaban en la antigüedad y en época moderna. No fue
hasta los estudios efectuados por los penalistas del iluminismo, que
basados en el contractualismo, influyeron notablemente a mediados
del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, en lograr superar la
aplicación de las penas corporales y sustituirlas por penas privativas
de libertad. Con esta humanización del Derecho Penal, la privación
de la libertad se convirtió en la parte principal del sistema de penas,
pues hasta ese momento, la pena de privación de libertad no se
aplicaba como pena, sino únicamente con carácter de prevención.176
a. Castración química
Pareciera que en pleno siglo XXI la incorporación legal
de las penas corporales resultara inimaginable. Sin embargo,
lamentablemente todavía se presentan posiciones antigarantistas,
que como resabios de tiempos pretéritos, pretenden que se aprueben
leyes penales que incorporen penas corporales, como la castración
química en el caso de violadores. Guatemala no es ajena a este tipo de
discusiones que persiguen aplicar penas corporales. Recientemente,
el diputado Hugo Fernando García Gudiel, del Partido Patriota,
en el poder, presentó al Congreso de la República la iniciativa de
ley 4459, denominada “Castración Química para Violadores y
Pederastas y Quirúrgica para Reincidentes”, con el propósito de que
se aplicara una castración química en contra de los autores del delito
de violación, especialmente cuando el mismo se efectuara de manera
continuada o cuando se tratara de menores de edad.177
176 ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Derecho Penal. Parte General. Op. cit. p. 286.
177 En la página oficial del Congreso de la República de Guatemala, puede leerse la
declaración del diputado Fernando García para justificar su posición: “‘La idea
principal es que los violadores de los menores de edad, reciban una condena mayor a
la que ya existe, por ello se está proponiendo que los responsables de las violaciones
103
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
En la exposición de motivos de la referida iniciativa de ley,
el diputado García Gudiel pretendía reformar el artículo 173 del
Código Penal (violación), al abarcar:
… aquellos aspectos que son esenciales para lograr el
comportamiento propicio de aquellas personas que han sido
condenadas por el delito de violación; este extremo conlleva
a arribar a la conclusión que para lograr este fin es evidente lo
necesario que es la implementación de penas drásticas y efectivas
como consecuencia de la comisión del delito; por lo mismo,
incuestionable es la necesidad de la aplicación de la castración
química como pena accesoria y complementaria a la carcelaria.
El estricto cumplimiento de lo que en adelante se detalla es un
componente importante para la búsqueda de aquellos cambios que
deben de considerarse obligatorios respecto al comportamiento
de las personas que cometen este hecho delictivo. La castración
química consiste en la aplicación de un progestágeno llamado
acetato de medroxiprogesterona que tiene como fin inhibir
la libido y la actividad sexual de aquella persona que haya sido
condenada por el delito de violación.
Como puede observarse, se pretende justificar la
implementación de una pena drástica y efectiva como
consecuencia de la comisión del delito, para dar respuesta a la
necesidad de la aplicación de la castración química como pena
accesoria y complementaria a la carcelaria de los autores de
violación. Afortunadamente, la Comisión de Legislación y Puntos
Constitucionales del Congreso de la República de Guatemala
emitió dictamen desfavorable, al considerar que la referida
iniciativa de ley podría ser inconstitucional, al afectar los derechos
humanos de los agresores.
sean castrados químicamente mediante la aplicación de progesterona sintética, la
propuesta también establece la castración quirúrgica a los reincidentes’, explicó el
diputado García, en conferencia de prensa. ‘Vamos a realizar los cabildeos que se
requieran ante las diferentes bancadas con representación en el Parlamento, para que
podamos encontrar los consensos que nos permitan impulsar la aprobación inmediata
de la Ley, porque las estadísticas que hemos recopilado nos muestran que al día en el
país, se cometen entre 120 y 150 violaciones, lo cual es de suma preocupación’, añadió
el legislador de la bancada del Partido Patriota”. [Link]
php?id=2508.
104
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
En otros países también se ha presentado la tendencia de
querer aplicar la castración química. En Cataluña, España, en el
2009, debido a las polémicas suscitadas por diversos casos como el
del “segundo violador del Ensanche”, Alejandro Martínez Singul,
quien fue detenido poco después de salir de prisión, tras cumplir
una condena de 17 años por una gran cantidad de violaciones. El
gobierno catalán impulsó la creación de un comité de expertos
que propuso, entre otras medidas, la aplicación de la libertad
vigilada, la creación de un banco de ADN codificado de violadores
condenados o la implantación de un programa de tratamiento
con inhibidores hormonales para aquellos delincuentes sexuales
–violadores reincidentes o pedófilos– que lo solicitaran.178 No
obstante, el programa no ha tenido éxito. En Francia, Nicolás
Sarkozy, expresidente de ese país, propuso la utilización de la
castración química en los casos de pederastas.179 En 1996, California
fue el primer Estado de los Estados Unidos de América en aprobar
la castración química como condición ineludible para que algunos
presos pederastas pudieran acogerse a la libertad condicional.180
Pretender aplicar la castración para ciertos delitos sexuales
no es novedoso. Desde tiempos remotos se aplicó, para ciertas
conductas reprochables, la extirpación de los testículos. No
obstante, sus consecuencias fueron desastrosas, puesto que la
brutalidad que se empleaba para lograr tal cometido, así como la
ausencia de asepsia, provocaban en muchas ocasiones la muerte
de la persona castrada. Actualmente, con los avances científicos, ha
surgido la castración química como un procedimiento alternativo
a la castración tradicional. La castración química en sus orígenes
surgió como un tratamiento para los hombres que padecían de
cáncer avanzado de próstata. Consiste en un tratamiento indoloro
que pretende reducir la libido sexual de los violadores y pedófilos
con el objeto de que no vuelvan a reincidir.
178 [Link]
179 [Link]
html
180 [Link]
105
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
Sin embargo, el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos regula que “Nadie será sometido a torturas ni
a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. En particular,
nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos
médicos o científicos”. Y el artículo 10.1 del mismo instrumento
regula que toda persona privada de libertad deberá ser tratada
humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al
ser humano. La utilización de la castración química atenta contra
la integridad física del delincuente y constituye una pena corporal
que definitivamente afecta la dignidad de las personas y violenta el
principio de humanidad de las penas.
En su obra Leviatán, Tomas HOBBES popularizó la conocida frase
de Plauto: “homo hominis lupus” y expuso claramente el egoísmo de
la naturaleza humana que facilita que el propio ser humano cometa
acciones contra otros seres de su misma especie, y que dentro de
la concepción contractualista un Estado fuerte y con suficiente
autoridad proteja a la colectividad social. Lo anterior no significa
que el Estado actúe con un absolutismo tal, que su actividad supere
los derechos humanos de las personas. La tentación en que incurren
muchos Estados en querer incrementar severamente las penas, sin
importar la utilización de penas corporales degradantes para el reo
o pretender efectuar una escisión injustificada entre “ciudadanos”
y “no ciudadanos”, no tiene cabida en un Estado Democrático de
Derecho inclusivo.
Con la observancia de los principios informadores del Derecho
Penal, no se pretende tan solo limitar el ius puniendi, sino que además
se garantice la plena observancia de los derechos fundamentales de
las personas, mediante la aplicación de un Derecho Penal mínimo,
garantista, que aunque con muchas imperfecciones, representa
hasta la fecha el sistema más completo para lograr la convivencia
social resquebrajada por la actividad delictiva. No debe olvidarse,
que no es mediante el garantismo que el Estado logrará la eficacia
en su lucha contra la impunidad, pues no es esa su función. Al
contrario, este busca que la actuación del Estado se encuentre
legitimada dentro de los parámetros constitucionales y de los
instrumentos internacionales de derechos humanos.
106
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
Para efectuar tal lucha, el Estado debe basar su política criminal
en un Derecho Penal mínimo, de ultima ratio, proporcional,
humano e igualitario, entre otros aspectos, que permita combatir la
impunidad dentro de los mecanismos legales, con plena observancia
de los derechos fundamentales. Este debe ser el camino.
107
CONCLUSIONES
1. La principal función del Derecho Penal en un Estado
Democrático de Derecho, consiste per se, en la protección de
los bienes jurídicos de carácter fundamental para la vida en
sociedad. De esta manera, el Derecho Penal debe intervenir
exclusivamente como ultima ratio, frente a los ataques más
perturbadores a la convivencia social. Si efectivamente se
observa esta función, desarrollada conforme lo establecido en
la Constitución, entonces sí se podrá expresar la existencia de
un Estado Democrático de Derecho, en el cual se respeten los
derechos humanos y fundamentales de las personas.
2. Los principios informadores del Derecho Penal, se convierten
en límites inabordables, que como una muralla enhiesta
contienen el ímpetu del Estado en utilizar su poder para
castigar, al imponerle restricciones, con el fin de evitar que
utilice el Derecho Penal, prima ratio, como un mecanismo
de represión ordinario e irrestricto, aplicado con el pretexto
de lograr su eficiencia, sin importar la conculcación de los
derechos fundamentales.
3. La culpabilidad puede ser analizada como principio y como
nivel de valoración del hecho punible. Como principio, la
culpabilidad constituye un límite al poder punitivo estatal.
Como nivel de valoración, el principio de culpabilidad, nulla
poena sine culpa, es fundamental para el establecimiento de la
pena estatal, en cuanto que exclusivamente se va a sancionar
a las personas que poseen capacidad de culpabilidad, es decir,
que comprenden perfectamente la ilicitud de su actuación. En
todo caso, la pena debe mantenerse dentro de los márgenes
de la culpabilidad del autor y no aceptarse que se aplique por
motivos de conveniencia pública o como excusa para combate
al terrorismo al criminalizar la peligrosidad.
4. Las críticas a la inoperatividad de la resocialización han venido
de las distintas corrientes del Derecho Penal. Así, se encuentran
las críticas producidas por conservadores, liberales progresistas,
neo-retribucionistas e incluso de la misma corriente garantista.
109
PRINCIPIOS INFORMADORES DEL DERECHO PENAL
La reinserción a la sociedad de los reclusos se ha transformado
en un objetivo inalcanzable. Las condiciones de vida en la
prisión son aberrantes. Aunado a ello, la propia sociedad es
criminógena y la reinserción deviene en dificultosa, pues una
vida en prisión difícilmente pueda conducir a la resocialización
del recluso. No obstante, con todo y sus imperfecciones, a
falta de una mejor propuesta, debe continuarse la difícil lucha
para mantener el ideal resocializador en un mundo cada vez
más reaccionario, que se desplaza hacia la inobservancia de los
derechos fundamentales y subrepticiamente se dirige a una
sociedad autoritaria.
5. Con la observancia de los principios informadores del Derecho
Penal, no se pretende tan solo limitar el ejercicio de la actividad
estatal punitiva, sino que además se garantice la plena observancia
de los derechos fundamentales de las personas, mediante la
aplicación de un Derecho Penal mínimo, garantista, que aunque
con muchas imperfecciones, representa hasta la fecha el sistema
más completo para lograr la convivencia social resquebrajada
por la actividad delictiva. No debe olvidarse que no es mediante
el garantismo que el Estado logrará la eficacia en su lucha contra
la impunidad, pues no es esa su función. Para efectuar tal lucha,
el Estado debe basar su política criminal en un Derecho Penal
mínimo, de ultima ratio, proporcional, humano, etc., que permita
combatir la impunidad, dentro de los mecanismos legales con
plena observancia de los derechos fundamentales.
110
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118
EDGAR ORLANDO RUANO GODOY
[Link]
[Link]
actualidad/1187560811_850215.html
[Link]
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119
Esta publicación fue impresa en los talleres
gráficos de Editorial Serviprensa, S.A. en el
mes de junio de 2015. La edición consta de 800
ejemplares en papel bond beige 80 gramos.
En su investigación, el autor desarrolla los principios informadores del Derecho
Penal en relación con su fundamento doctrinario, normativo y jurisprudencial. En
especial, se enfoca en la relación que existe entre dichos principios y los derechos
Asesoría: fundamentales protegidos en la Constitución. La investigación está dividida en
diez partes o segmentos. En el primero de ellos se analiza la necesidad e importan- INSTITUTO DE
INVESTIGACIONES
Coadyuvar con los catedráticos y es-
tudiantes en el proceso de ense-
cia de establecer límites a la facultad sancionadora del Estado. En los siguientes se
desarrolla cada uno de los principios abordados por el autor. Se le da cierto énfasis
PRINCIPIOS INFORMADORES JURÍDICAS
ñanza-aprendizaje. Particularmente,
apoyar la elaboración de tesis, orien-
tando el desarrollo de la investi-
al principio de humanidad de las penas, especialmente en relación con la abolición
de la pena de muerte y las penas corporales.
DEL DERECHO PENAL Misión
gación para que la misma constituya Es una unidad académica de la
un aporte a la ciencia y cultura jurí- Universidad Rafael Landívar, cuya
dico-social del país. Edgar Orlando Ruano Godoy es estudiante del Doctorado en Derecho por la Uni-
misión es el estudio, desarrollo y
versidad Rafael Landívar y la Universidad del País Vasco; Magíster en Derecho divulgación de las ciencias jurídicas
Consultoría: Constitucional por la Universidad Rafael Landívar, 2010; Magíster en Derecho y sociales, mediante la investigación,
Pluralista Público y Privado por la Universidad Autónoma de Barcelona, España, capacitación, asesoría, consultoría y
Proporcionar apoyo técnico a difusión de temas nacionales,
personas y entidades que lo requieran 2002; Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario por la Uni- regionales y mundiales de interés y
o lo necesiten, sobre asuntos jurídicos versidad de San Carlos de Guatemala, 1993. Del 2007 al 2009 Fiscal de Sección de actualidad, que impliquen la
y sociales, aplicando las experiencias la Fiscalía de Asuntos Constitucionales, Amparos y Exhibición Personal; del 2009 participación de todos los sectores
obtenidas en las investigaciones. del p aí s , co n s ci en t es d e l as
al 2012 Magistrado de la Sala Primera del Tribunal de lo Contencioso Administra-
características pluriculturales,
Difusión: tivo; del 2012 al 2014 Magistrado del Tribunal de Segunda Instancia de Cuentas multiétnicas y multilingües de
y de Conflictos de Jurisdicción. Actualmente se desempeña como Letrado de la América Central y, congruentes con
Compartir con todos los sectores de Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal. Autor de artículos de revistas y cola- el ideario landivariano.
la sociedad las investigaciones rea- boraciones en obras colectivas publicadas por el Colegio de Abogados y Notarios
lizadas, con el objeto de participar
activamente en la creación de una
de Guatemala (2002), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales Edgar Orlando
bibliografía que analice y aporte (2003), Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Rafael Landívar
soluciones a los actuales problemas (2013-2015), Organismo Judicial (2013), Instituto de Magistrados de la Corte de Ruano Godoy
jurídicos y sociales. Apelaciones del Organismo Judicial (2014) y Corte de Constitucionalidad (2015).
OBJETIVOS
Instituto de Investigaciones ESTRATÉGICOS
Jurídicas –IIJ–
Universidad Rafael Landívar Investigación:
Campus Central,
Vista Hermosa III, zona 16 Participar activamente en el análisis,
Edificio “O”, 2º. Nivel, O-214 discusión y propuesta de soluciones
a los problemas jurídicos y sociales
Apartado Postal 39-C, Ciudad de Guatemala y Centroamérica, en
de Guatemala, Guatemala Instituto de Investigaciones Jurídicas el contexto mundial, para formar
01016. Universidad Rafael Landívar criterios y alcanzar consensos que
Tel.: (502) 2426-2626;
IIJ/URL
conduzcan al desarrollo integral de
Ext. 2551. la persona humana y de la sociedad.
Fax: (502) 2426-2595
Correo electrónico: ijj@[Link]
Capacitación:
Página electrónica: [Link] Instituto de Investigaciones Jurídicas Formar en las distintas áreas jurídicas
y sociales a todos los sectores,
Universidad Rafael Landívar
IIJ/URL
académicos, políticos, económicos y
sociales interesados, analizando y
Cuaderno de estudio número 134 divulgando los resultados de las
investigaciones, para transformar la
Guatemala, 2015 sociedad.
En su investigación, el autor desarrolla los principios informadores del Derecho
Penal en relación con su fundamento doctrinario, normativo y jurisprudencial. En
especial, se enfoca en la relación que existe entre dichos principios y los derechos
Asesoría: fundamentales protegidos en la Constitución. La investigación está dividida en
diez partes o segmentos. En el primero de ellos se analiza la necesidad e importan- INSTITUTO DE
INVESTIGACIONES
Coadyuvar con los catedráticos y es-
tudiantes en el proceso de ense-
cia de establecer límites a la facultad sancionadora del Estado. En los siguientes se
desarrolla cada uno de los principios abordados por el autor. Se le da cierto énfasis
PRINCIPIOS INFORMADORES JURÍDICAS
ñanza-aprendizaje. Particularmente,
apoyar la elaboración de tesis, orien-
tando el desarrollo de la investi-
al principio de humanidad de las penas, especialmente en relación con la abolición
de la pena de muerte y las penas corporales.
DEL DERECHO PENAL Misión
gación para que la misma constituya Es una unidad académica de la
un aporte a la ciencia y cultura jurí- Universidad Rafael Landívar, cuya
dico-social del país. Edgar Orlando Ruano Godoy es estudiante del Doctorado en Derecho por la Uni-
misión es el estudio, desarrollo y
versidad Rafael Landívar y la Universidad del País Vasco; Magíster en Derecho divulgación de las ciencias jurídicas
Consultoría: Constitucional por la Universidad Rafael Landívar, 2010; Magíster en Derecho y sociales, mediante la investigación,
Pluralista Público y Privado por la Universidad Autónoma de Barcelona, España, capacitación, asesoría, consultoría y
Proporcionar apoyo técnico a difusión de temas nacionales,
personas y entidades que lo requieran 2002; Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario por la Uni- regionales y mundiales de interés y
o lo necesiten, sobre asuntos jurídicos versidad de San Carlos de Guatemala, 1993. Del 2007 al 2009 Fiscal de Sección de actualidad, que impliquen la
y sociales, aplicando las experiencias la Fiscalía de Asuntos Constitucionales, Amparos y Exhibición Personal; del 2009 participación de todos los sectores
obtenidas en las investigaciones. del p aí s , co n s ci en t es d e l as
al 2012 Magistrado de la Sala Primera del Tribunal de lo Contencioso Administra-
características pluriculturales,
Difusión: tivo; del 2012 al 2014 Magistrado del Tribunal de Segunda Instancia de Cuentas multiétnicas y multilingües de
y de Conflictos de Jurisdicción. Actualmente se desempeña como Letrado de la América Central y, congruentes con
Compartir con todos los sectores de Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal. Autor de artículos de revistas y cola- el ideario landivariano.
la sociedad las investigaciones rea- boraciones en obras colectivas publicadas por el Colegio de Abogados y Notarios
lizadas, con el objeto de participar
activamente en la creación de una
de Guatemala (2002), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales Edgar Orlando
bibliografía que analice y aporte (2003), Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Rafael Landívar
soluciones a los actuales problemas (2013-2015), Organismo Judicial (2013), Instituto de Magistrados de la Corte de Ruano Godoy
jurídicos y sociales. Apelaciones del Organismo Judicial (2014) y Corte de Constitucionalidad (2015).
OBJETIVOS
Instituto de Investigaciones ESTRATÉGICOS
Jurídicas –IIJ–
Universidad Rafael Landívar Investigación:
Campus Central,
Vista Hermosa III, zona 16 Participar activamente en el análisis,
Edificio “O”, 2º. Nivel, O-214 discusión y propuesta de soluciones
a los problemas jurídicos y sociales
Apartado Postal 39-C, Ciudad de Guatemala y Centroamérica, en
de Guatemala, Guatemala Instituto de Investigaciones Jurídicas el contexto mundial, para formar
01016. Universidad Rafael Landívar criterios y alcanzar consensos que
Tel.: (502) 2426-2626;
IIJ/URL
conduzcan al desarrollo integral de
Ext. 2551. la persona humana y de la sociedad.
Fax: (502) 2426-2595
Correo electrónico: ijj@[Link]
Capacitación:
Página electrónica: [Link] Instituto de Investigaciones Jurídicas Formar en las distintas áreas jurídicas
y sociales a todos los sectores,
Universidad Rafael Landívar
IIJ/URL
académicos, políticos, económicos y
sociales interesados, analizando y
Cuaderno de estudio número 134 divulgando los resultados de las
investigaciones, para transformar la
Guatemala, 2015 sociedad.