Autobiografía
Benemérito Instituto Normal del Estado “Gral. Juan Crisóstomo Bonilla”
Desarrollo de la literacidad
Mtro. Guillermo Lucio Torreblanca Gómez
José Roberto López Rodríguez
Septiembre 7, 2025
Mi autobiografía
Mi nombre es José Roberto López Rodríguez, nací el 5 de Febrero
de 2004 en Puebla. Actualmente tengo 21 años y estudio la
Licenciatura en Educación Primaria. A lo largo de mi vida he
vivido momentos que me han marcado profundamente, etapas
alegres en mi infancia, amistades que han dejado huella, pérdidas
dolorosas, retos personales y aprendizajes que me han formado.
Crecí en San Francisco Totimehuacan, lugar donde he vivido toda mi
vida. Soy el mayor de tres hermanos, tengo un hermano y una hermana.
Mis padres, María Marcela Rodríguez Rodríguez y Roberto López Rodiles,
siempre me han enseñado con su ejemplo valores como el respeto, la
responsabilidad y la unión familiar.
Mi infancia estuvo llena de juegos y experiencias inolvidables. Desde
pequeño me gustaba jugar fútbol con mis primos, pasar tiempo al aire libre,
jugar con trompos, muñecos de superhéroes y, por supuesto, disfrutar de mis
caricaturas favoritas.
Otro pasatiempo muy importante en esa etapa fue el dibujo, desde pequeño me gustaba mucho dibujar,
pasar tiempo imaginando personajes o escenas y ponerlas en papel, aunque con el tiempo me he alejado
un poco de esta actividad por distintas razones, aún conservo varios de mis dibujos antiguos y me gusta
verlos de vez en cuando. También disfruto mucho admirar cómo otras personas logran plasmar su
creatividad a través de sus ilustraciones, lo que me sigue motivando y recordando ese gusto que nunca he
perdido.
Uno de los pasatiempos más importantes que compartí en familia fue andar en bicicleta junto a mi
mamá, mi papá, mi hermano y yo. Solíamos salir a pasear y disfrutar juntos. Una vez, por ir demasiado
rápido, me caí y terminé todo raspado. Ese momento me enseñó la importancia de tener más precaución,
aunque después de reponerme, continué disfrutando de esas salidas en familia.
Durante mi niñez también tuve la fortuna de contar con dos
tías muy especiales que considero como unas segundas “mamás”.
Ellas siempre me llevaban con ellas a todos lados, me cuidaban y
compartían conmigo momentos muy bonitos. Hasta el día de hoy
me siguen queriendo bastante, y yo también a ellas. Esa cercanía
me hizo sentir siempre protegido y rodeado de cariño.
Un recuerdo importante de mi primaria fue haber formado parte del coro escolar de la Escuela. Estuve
ahí durante tres años para el concurso de canto del Himno Nacional. Aunque fue una experiencia muy
buena y ganamos en varias ocasiones, también significó para mí perder la oportunidad de participar en
deportes como atletismo o voleibol, donde varios de mis amigos estaban. No me arrepiento, porque el
coro me dejó aprendizajes y experiencias valiosas, pero sí me quedó esa espinita de no haber participado
en competencias deportivas.
Aquí mismo, en quinto de primaria fue dónde conocí a quien hasta el día de hoy sigue siendo mi mejor
amigo. Nuestra amistad nació de manera sincera, pues ambos decidimos elegirnos como amigos, y con el
tiempo se convirtió en un lazo muy fuerte e importante para mí. Él ha sido alguien fundamental en mi
vida, y sé que siempre puedo contar con su apoyo al igual que él con el mío.
En 2015 mi vida y la de mi familia se vieron marcadas por un hecho
doloroso, la pérdida de uno de mis tíos más queridos, no puedo no
mencionarlo, pues él era una persona muy especial, siempre alegre, ocurrente
y con una energía que unía a toda la familia. Su partida fue un golpe muy
duro que nos cambió a todos, ya que después de eso se volvió difícil volver a reunirnos como antes. Ese
recuerdo, aunque doloroso, me enseñó la importancia de valorar cada momento con las personas que
queremos.
Mi etapa de secundaria, que cursé en la Secundaria Josefa Ortiz de Domínguez, estuvo marcada por
muchos aprendizajes, pero también por una etapa rebelde. En primer grado le di muy poca importancia a
los estudios. Me iba mal en la escuela, y aunque mis padres trataban de aconsejarme, no era porque ellos
no me educaran, sino porque yo mismo decidía no poner de mi parte, incluso llegué a sentir que mis
maestros no me caían bien, aunque reconozco que eso era solo parte de mi actitud en ese momento.
A pesar de ello, en primer año tuve la fortuna de conocer a dos grandes amigos con quienes formé una
amistad muy fuerte, éramos inseparables, compartíamos todo tipo de momentos y nos apoyábamos en
cualquier situación.
Fue en segundo y tercero de secundaria cuando algo comenzó a cambiar. Tuve maestros que me
inspiraron por su forma de enseñar, su paciencia y el interés que mostraban por sus estudiantes y poco a
poco nació en mí un interés real por la docencia.
Después de la secundaria ingresé al Bachillerato EMSAD Octavio Paz. En primero de bachillerato
decidí cambiar mi actitud hacia los estudios y comencé a esforzarme más, mis calificaciones mejoraron y
me sentía orgulloso del empeño que estaba poniendo.
Sin embargo, con la llegada de la pandemia, mi vida dio un giro inesperado. El cambio de modalidad
afectó mi rendimiento, me costaba mucho trabajo entregar las tareas a tiempo, y algunos trabajos se me
complicaban, eso se reflejó en mis calificaciones, y aunque trataba de cumplir, no siempre lo lograba.
Durante ese tiempo mi mamá enfermó, no fue de COVID, pero sí de manera que requirió muchas
visitas al doctor y bastante tiempo para que pudiera recuperarse. Fue un proceso que me llenó de miedo e
incertidumbre, pues verla mal me afectaba profundamente.
La pandemia también significó cambios en mis amistades, pues por la cuarentena no podíamos
siquiera vernos en persona, con el tiempo y por diferentes razones, se mudaron y dejé de verlos, aún
mantenemos contacto, pero ya no hemos tenido la oportunidad de convivir en persona. Esto me llenó de
tristeza y nostalgia, pues son amistades muy importantes para mí. Aprendí que en la vida a veces cada uno
toma caminos diferentes, y aunque duele, es parte del crecimiento.
En esa misma etapa, en primero de bachillerato, conocí a otros tres amigos. Curiosamente, al principio
no nos caímos bien, pero gracias a nuestros gustos similares fuimos conectando hasta crear una amistad
que sigue vigente hasta hoy. Aunque vivimos muy cerca, las responsabilidades y el tiempo hacen que sea
difícil vernos seguido, pero sé que esa amistad seguirá siendo parte de mi vida.
Otro efecto de la pandemia fue en mí mismo. Al dejar de convivir con muchas personas durante tanto
tiempo, sentí que perdí algunas habilidades sociales, desde entonces, muchas veces me cuesta mantener
una conversación o expresarme de manera correcta. Aunque trato de cambiarlo y de mejorar cada día,
reconozco que ha sido un proceso difícil.
Al salir del bachillerato me enfrenté a una etapa de incertidumbre. Aunque la docencia me llamaba la
atención, ya no tenía claro qué quería estudiar. Decidí no entrar a la universidad y al hablarlo con mis
padres, ellos lo comprendieron. Me dieron tiempo para pensar, pero también me pidieron que para el
siguiente año debía estudiar algo.
Ese año pasó y nuevamente no me decidí. Mientras tanto, trabajé junto a mi papá en la obra. Fue un
tiempo de esfuerzo físico, de aprendizaje laboral y también de reflexión sobre lo que quería para mi
futuro. Otro año se fue sin que hubiera elegido una carrera, pero mis padres siguieron apoyándome con
paciencia.
Fue entonces cuando el interés por la docencia volvió a surgir con más fuerza. Muchas veces ayudaba
a mi primo pequeño con sus tareas, y descubrí que me gustaba mucho enseñarle, explicarle y verlo
comprender. Esa experiencia terminó de convencerme y así tomé la decisión de hacer el examen de
admisión para la Licenciatura en Educación Primaria, en el que afortunadamente logré obtener los puntos
necesarios para ingresar, y desde entonces me encuentro estudiando esta carrera.
Hoy, con 21 años, me encuentro cursando la
licenciatura que llamó mi atención. He tenido la
oportunidad de participar en prácticas escolares que me
han permitido vivir la experiencia de estar en un grupo,
confirmando que ser maestro es un reto, pero también
una vocación llena de satisfacción y sé que el camino no
es fácil pues se necesita esfuerzo, disciplina, paciencia y
mucha dedicación.
Al pensar en el futuro, me gusta imaginarme como un maestro comprometido
con sus alumnos, alguien que los inspire a ser mejores, como lo hicieron conmigo
algunos de mis maestros en secundaria.
En lo personal, quiero seguir cultivando las amistades que he construido a lo largo de mi vida, esas
personas que siempre han estado para mí en los buenos y malos momentos, y mantener ese vínculo
sincero que nos ha permitido acompañarnos mutuamente. Asimismo, deseo poder retribuir a mi familia
todo el apoyo, cariño y enseñanzas que me han brindado a lo largo de los años, procurando siempre darles
un poco de lo mucho que han hecho por mí y fortaleciendo los lazos que nos unen día a día.
Escribir esto me permite reconocer que mi vida ha estado llena de momentos que me han marcado, la
alegría de mi infancia, la amistad verdadera, la rebeldía de la adolescencia, la tristeza de las pérdidas, el
miedo frente a la enfermedad, la incertidumbre después del bachillerato y, finalmente, la decisión de
convertirme en maestro.
Hoy me siento agradecido por cada experiencia, porque todas ellas han hecho de mí la persona que
soy.