Alejandra Isela maya lopez
DIF
ADIVINANZAS
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2
3
RIMAS
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CUENTOS DE NARRACIÓN CORTA
1. Uga la tortuga
- ¡Caramba, todo me sale mal!, se lamenta constantemente Uga, la tortuga.
Y es que no es para menos: siempre llega tarde, es la última en acabar sus tareas,
casi nunca consigue premios a la rapidez y, para colmo es una dormilona.
- ¡Esto tiene que cambiar!,- se propuso un buen día, harta de que sus compañeros
del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus tareas.
Y es que había optado por no intentar siquiera realizar actividades tan sencillas
como amontonar hojitas secas caídas de los árboles en otoño, o quitar piedrecitas
de camino hacia la charca donde chapoteaban los calurosos días de verano.
- ¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis
compañeros? Mejor es dedicarme a jugar y a descansar.
- No es una gran idea - dijo una hormiguita - Lo que verdaderamente cuenta no es
hacer el trabajo en un tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo
mejor que sabes, pues siempre te quedará la recompensa de haberlo conseguido.
No todos los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay labores que requieren
tiempo y esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de hacer, y
siempre te quedarás con la duda de si lo hubieras logrado alguna vez.
Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La
constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos
proponemos; por ello yo te aconsejo que lo intentes. Hasta te puede sorprender de
lo que eres capaz.
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- ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba:
alguien que me ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo
intentaré.
Pasaron unos días y Uga la tortuga se esforzaba en sus quehaceres.
Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía
porque era consciente de que había hecho todo lo posible por lograrlo.
- He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles
metas, sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes
fines.
2. El Patito Feo
En una hermosa mañana de verano, los huevos que habían empollado la mamá
Pata empezaban a romperse, uno a uno. Los patitos fueron saliendo poquito a
poco, llenando de felicidad a los papás y a sus amigos. Estaban tan contentos que
casi no se dieron cuenta de que un huevo, el más grande de todos, aún
permanecía intacto.
Todos, incluso los patitos recién nacidos, concentraron su atención en el huevo
para ver cuándo se rompería. Al cabo de algunos minutos, el huevo empezó a
moverse. Pronto se pudo ver el pico, luego el cuerpo, y las patas del sonriente
pato. Era el más grande, y para sorpresa de todos, muy distinto de los demás.
Y como era diferente todos empezaron a llamarle el Patito Feo.
La mamá Pata, avergonzada por haber tenido un patito tan feo, le apartó con el
ala mientras daba atención a los otros patitos. El patito feo empezó a darse cuenta
de que allí no le querían. Y a medida que crecía, se quedaba aún más feo, y tenía
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que soportar las burlas de todos. Entonces, en la mañana siguiente, muy
temprano, el patito decidió irse de la granja.
Triste y solo, el patito siguió un camino por el bosque hasta llegar a otra granja.
Allí, una vieja granjera le recogió, le dio de comer y beber, y el patito creyó que
había encontrado a alguien que le quería. Pero, al cabo de algunos días, él se dio
cuenta de que la vieja era mala y solo quería engordarle para transformarlo en un
segundo plato. El patito feo salió corriendo como pudo de allí.
El invierno había llegado, y con él, el frío, el hambre y la persecución de los
cazadores para el patito feo. Lo pasó muy mal. Pero sobrevivió hasta la llegada de
la primavera. Los días pasaron a ser más calurosos y llenos de colores. Y el patito
empezó a animarse otra vez.
Un día, al pasar por un estanque, vio las aves más hermosas que jamás había
visto. ¡Eran cisnes! Y eran elegantes, delicadas y se movían como verdaderas
bailarinas, por el agua. El patito, aún acomplejado por la figura y la torpeza que
tenía, se acercó a una de ellas y le preguntó si podía bañarse también en el
estanque.
Y uno de los cisnes le contestó:
- Pues, ¡claro que sí! Eres uno de los nuestros.
Y le dijo el patito:
- ¿Cómo que soy uno de los vuestros? Yo soy feo y torpe, todo lo contrario de
vosotros. Vosotros son elegantes y vuestras plumas brillan con los rayos del sol.
Y ellos le dijeron:
- Entonces, mira tu reflejo en el agua del estanque y verás cómo no
te engañamos.
El patito se miró y lo que vio le dejó sin habla. ¡Había crecido y se había
transformado en un precioso cisne! Y en este momento, él supo que jamás había
sido feo. Él no era un pato sino un cisne. Y así, el nuevo cisne se unió a los demás
y vivió feliz para siempre.
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3. El orejón.
Era su segundo día de clase. Henry se sentó en el primer pupitre del aula, al lado
de la ventana, como le recomendó su mamá. La profesora entró en clase y les
dijo:
- Buenos días. Hoy vamos a estudiar algunos animales. Comenzaremos con el
asno, ese animal tan útil a la humanidad, fuerte, de largas orejas, y...
La profesora no había terminado de explicar cuando una voz la interrumpió desde
atrás del salón.
- ¡De orejas largas como Henry!
Muchos niños comenzaron a reír ruidosamente y miraban a Henry.
- ¿Quién dijo eso?, preguntó la profesora, aunque sabía bien quién lo había dicho.
- Fue Quique, dijo una niña señalando a su lado a un pequeñín pecoso de cinco
años.
- Niños, niños, dijo Mily con voz enérgica y poniendo cara de enojo. No
deben burlarse de los demás. Eso no está bien y no lo voy a permitir en mi salón.
Todos guardaron silencio, pero se oían algunas risitas.
Un rato después una pelota de papel golpeó la cabeza de Henry. Al voltear no vio
quién se la había lanzado y nuevamente algunos se reían de él. Decidió no hacer
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caso a las burlas y continuó mirando las láminas de animales que mostraba
Mily. Estaba muy triste pero no lloró.
En el recreo Henry abrió su lonchera y comenzó a comerse el delicioso bocadillo
que su mamá le había preparado. Dos niños que estaban cerca le gritaron:
- Orejón, oye orejón, no comas tanto que va a salirte cola como un asno, y
echaron a reír.
Otros niños a su alrededor lo miraron y tocando sus propias orejas, sonreían y
murmuraban. Henry entendió por primera vez, que de verdad había nacido con
sus orejas un poco más grandes. 'Como su abuelo Manuel', le había oído decir a
su papá una vez.
De pronto se escucharon gritos desde el salón de música, del cual salía mucho
humo. Henry se acercó y vio a varios niños encerrados sin poder salir, pues algún
niño travieso había colocado un palo de escoba en los cerrojos. A través de los
vidrios se veían los rostros de los pequeños llorando, gritando y muy asustados.
Dentro algo se estaba quemando y las llamas crecían.
Los profesores no se habían dado cuenta del peligro, y ninguno de los niños se
atrevía a hacer nada. Henry, sin dudarlo un segundo, dejó su lonchera y corrió
hacia la puerta del salón y a pesar del humo y del calor que salía, agarró la escoba
y la jaló con fuerza. Los niños salieron de prisa y todos se pusieron a salvo.
Henry se quedó como un héroe. Todos elogiaron su valor. Los niños que se habían
burlado de él estaban apenados.
En casa, Henry contó todo lo sucedido a su familia, por lo que todos estaban
orgullosos de él. Al día siguiente, ningún niño se burló de Henry. Habían entendido
que los defectos físicos eran solo aparentes, pero en cambio el valor de Henry al
salvar a sus compañeros era más valioso y digno de admirar.
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LEYENDAS
1. La leyenda del sol y la luna: amor eterno y separación
Hace mucho tiempo, en un lugar remoto y lejos del alcance de cualquier ser
humano fructificó el amor más bonito y fuerte que jamás se había contemplado: el
romance entre el sol y la luna. Tanto se amaban, que siempre estaban juntos y
nunca se separaban. Sin embargo, un día la princesa Afrodita, celosa y orgullosa,
quiso arruinar su historia de amor seduciendo al sol. Haciendo gala de toda su
hermosura, se presentó ante el astro rey para seducirlo. El sol alabó su increíble
belleza pero le dijo que su amor por la luna era más preciado que su gran atractivo
o cualquier otra cosa que pudiese ofrecerle.
Como castigo, Afrodita les separó para siempre, condenando al sol a salir por el
día y a la luna a salir por la noche. Tan tristes y desolados se quedaron, que el
padre de todos los dioses, Zeus, se apiadó de ellos y le dijo el sol que si se
esforzaba al máximo podría iluminar con sus rayos el rostro de su amada luna. Por
eso, algunas veces al atardecer o bien temprano al amanecer, es posible
verlos a los dos juntos, en un intento desesperado del sol por iluminar a su
siempre amada luna para poder verla.
Esta leyenda no solo narra un amor eterno, sino que también enseña a los niños
sobre la importancia de la fidelidad y la resistencia ante las adversidades. A
través de la historia, los pequeños pueden aprender que el verdadero amor no se
rinde ante los obstáculos y que, aunque las circunstancias sean difíciles, siempre
hay una forma de mantenerse conectado con aquellos a quienes amamos.
Además, la leyenda invita a reflexionar sobre cómo las emociones, como los
celos, pueden influir negativamente en nuestras decisiones y relaciones.
La leyenda del sol y la luna es un relato que, además de cautivar, ofrece una
lección sobre la perseverancia y la importancia de valorar a los seres queridos.
Al compartir esta historia con los niños, se les ofrece una oportunidad para
explorar el poder de las emociones y cómo estas pueden afectar nuestras vidas de
manera significativa.
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2. El martillo de Thor: astucia y valentía
Cuenta la leyenda que un día al despertar, Thor se dio cuenta de que le habían
robado su martillo, rápidamente pensó que Loki tenía algo que ver y tras
interrogarle, éste le sugirió que fuera donde estaban los gigantes, que ellos
seguramente sabrían lo que había ocurrido con su arma. Sin pensarlo dos veces,
partió volando al reino de los gigantes, donde encontró el martillo. Resulta que
Thrym, rey de los gigantes, le había robado el martillo y como rescate pedía la
mano de la diosa Freya.
Loki, astuto y suspicaz como siempre ideó un plan que consistía en disfrazar a
Thor con la ropa y el collar de Freya. Tras cubrirse la cara con un velo partió hacia
la tierra de los gigantes. Una vez allí, Thrym ofreció un banquete en honor a su
boda, y al sellar el matrimonio con el martillo, Thor se desprendió de su disfraz y
tomó el martillo rápidamente. Thrym suplico piedad, pero ya era muy tarde, el
salón se inundó de truenos y relámpago y con su martillo dio muerte a Thrym y a
todos los gigantes.
A través de esta leyenda, los niños pueden aprender sobre el valor de la
inteligencia y la creatividad al enfrentar problemas. La historia de Thor y Loki
muestra que, a veces, la fuerza bruta no es suficiente y que la astucia puede ser
una herramienta poderosa para resolver conflictos. Además, la leyenda resalta la
importancia de contar con aliados y trabajar juntos para alcanzar objetivos
comunes, enseñando a los niños el valor de la colaboración y el apoyo mutuo.
El martillo de Thor es una leyenda que, además de entretener, ofrece lecciones
valiosas sobre cómo enfrentar desafíos con ingenio y valentía. Al compartir esta
historia, se puede inspirar a los niños a ser valientes y a utilizar su inteligencia
para encontrar soluciones creativas a los problemas que se les presenten en su
vida diaria.
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3. Leyenda de la flor del Ceibo: sacrificio y transformación
Anahí era una joven guaraní que vivía a orillas del Paraná. La joven no tenía una
apariencia muy agraciada, pero en cambio tenía un canto hermoso que cautivaba
a todo aquel que la escuchaba. Cuando los conquistadores llegaron a su pueblo,
ocurrió un enfrentamiento y Anahí fue hecha prisionera junto al resto de
sobrevivientes. Sin embargo, una noche consiguió escaparse. Antes de que
pudiera llegar muy lejos, un centinela la descubrió y ella lo asesinó. Al volver a ser
atrapada, fue condenada a muerte.
La ataron a un árbol para quemarla en una hoguera. Cuando el fuego comenzó a
arder, ella misma parecía una llama roja. Pero en ese momento Anahí comenzó a
cantar. Cuando el fuego terminó de consumirse, por la mañana, en lugar del
cuerpo de la joven había un manojo de flores rojas, que hoy es la flor de ceibo, la
flor nacional argentina que simboliza la resistencia y el espíritu indomable de su
pueblo.
A través de la historia de Anahí, los pequeños pueden aprender que, aunque
enfrentemos situaciones difíciles, siempre hay una posibilidad de renacer y
encontrar belleza en la adversidad. La flor del Ceibo se convierte así en un
símbolo de esperanza y valentía, inspirando a los niños a ser resilientes y a
encontrar fuerza en sus raíces culturales.
Además, la leyenda de la flor del Ceibo también ofrece una oportunidad para
reflexionar sobre la importancia de preservar y valorar las tradiciones y culturas
ancestrales. Al compartir esta historia, se puede fomentar en los niños un sentido
de identidad y pertenencia, enseñándoles a apreciar y proteger su patrimonio
cultural mientras desarrollan un profundo respeto por la diversidad y la historia de
otras comunidades.
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FABULAS
1. El perro y su reflejo
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer,
hasta que un carnicero le tiró un hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que
cruzar un río. Al mirar su reflejo en el agua creyó ver a otro perro con un hueso
más grande que el suyo, así que intentó arrebatárselo de un solo mordisco. Pero
cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayó al río y se lo llevó la corriente.
Muy triste quedó aquel perro al darse cuenta de que había soltado algo que era
real por perseguir lo que solo era un reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.
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2. El murciélago y las comadrejas
Un murciélago cayó al suelo y de inmediato fue atrapado por una comadreja que
detestaba las aves. Viéndose a punto de perecer, le suplicó a la comadreja que lo
dejara vivir. La comadreja se negó, diciendo que era su naturaleza ser enemiga de
todas las aves. Resuelto a no darse por vencido, el murciélago le aseguró que no
era un ave sino un ratón. Dudosa, la comadreja se acercó al murciélago y al notar
que este no tenía plumas, lo dejó en libertad.
A los pocos días, el murciélago volvió a caer al suelo y fue atrapado por otra
comadreja. Sin embargo, esta comadreja sentía una gran hostilidad hacia los
ratones. Nuevamente, el murciélago rogó por su vida. La comadreja se negó,
afirmando que desde el día de su nacimiento es enemiga de todos los ratones. El
murciélago le aseguró que no era un ratón sino un pájaro. La comadreja se acercó
al murciélago y al observar sus alas, lo dejó volar. Fue así como el murciélago
escapó dos veces.
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Moraleja: Es de sabios adaptarse a las circunstancias.
3. El lobo y la grulla
Un día como cualquier otro, un joven y fornido lobo sintió cómo su garganta se
atoraba con el pequeño hueso de una de sus presas. Viéndose en la más precaria
situación, comenzó a aullar con lo poco que le quedaba de aliento:
—¡Socorro, auxilio! Ayúdame y serás recompensado.
Los animales del bosque ignoraron las palabras del lobo ya que todos sabían que
él no era de fiar. Sin embargo, una grulla incauta que caminaba por ahí escuchó
sus lamentos y decidió ayudarlo. Con su largo y delgado pico, entró en la garganta
del lobo y luego de haber extraído el hueso, exigió el pago prometido. Sin
embargo, el lobo sonriendo y rechinando sus dientes, exclamó:
—¿Qué es lo que me pides? Te aseguro que ya tienes la recompensa que te
mereces al haber metido tu cabeza en la boca de un lobo y haber seguido con
vida.
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Moraleja: Cuando sirves a los malos de corazón, no esperes recompensa.
Agradece si escapas las consecuencias de tus acciones.
MITOS
1. El Conejo de la Luna
Hace mucho, el buen Dios Quetzalcóatl fue de viaje por el mundo y para hacerlo,
tomó la forma de un Hombre.
Tras haber caminado durante todo el día, él estaba cansado y con mucha hambre,
pero continuó su caminata por mucho tiempo hasta ver las estrellas y
la Luna brillar en el cielo. Decidió sentarse y mientras descansaba, vio a un
pequeño Conejo que estaba comiendo.
El Dios le pregunto qué es lo que comía tan amenamente, a lo que el Conejo le
respondió que era "Zacate" (varias especies de hierba que sirven de pasto y
forraje) y si quería un poco. El Dios le dijo que no le gustaba pero le agradecía su
bondad. Nuevamente el Conejo le preguntó que pensaba hacer al Hombre, y él le
dijo que quizás morir de hambre.
El Conejo sin mucho pensarlo, desinteresadamente y en su máxima bondad le
dijo:
"No soy más que un pequeño conejo, pero si tienes mucha hambre, cómeme y
aliméntate."
El Dios, conmovido por su gran gesto, le dijo que sería recordado por todos. Luego
lo tomó y elevándolo hacia la luna y así, su figura quedó estampada en ella.
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Luego de esto, el Conejo bajó nuevamente a la tierra y el Dios le dijo: "Ahí está tu
retrato para que todos te recuerden por mucho tiempo".
2. El Mito de Quetzalcóatl
Según cuentan, Quetzalcóatl (que quiere decir "serpiente emplumada" o "serpiente
de plumaje hermoso") era un Dios muy bondadoso y puro que regia por sobre los
demás dioses de la mitología mesoamericana antigua.
Un día el hermano de Quetzalcóatl (quien gustaba de la guerra y la violencia)
decidió engañarlo ya que no toleraba su manera de ser pacífica. Para eso tramó
un cuento que humilló en gran manera al Quetzalcóatl. Muy "indignado", éste
decidió dejar de vivir quemándose entero.
Tras esto, solo quedó cenizas de Quetzalcóatl, pero luego se descubrió la verdad,
y era, que Quetzalcóatl estaba tramando un plan para poder ir hasta los infiernos
donde una vez allí, robó una astilla de hueso de los primeros Humanos y luego al
cuarto día cuando resucitó, creó a los humanos a partir del hueso regado con su
propia sangre.
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(Observaciones: El Mito de Quetzalcóatl pertenece a la cultura Mexicana, Maya)
3. El Mito de Ícaro y Dédalo
Ícaro (conocido como el inventor del trabajo en madera) fue hijo de Dédalo (gran
genio que diseño el Laberinto para el Minotauro del Rey Minos, y quien reveló el
secreto de cómo encontrar la salida a Ariadna y ella a Teseo)
Se dice que cuando Dédalo terminó el Laberinto, para prevenir el secreto
del Minotauro y de la única salida del Laberinto, el Rey Minos encerró a Dédalo y a
su hijo Ícaro para no revelen dicho secretos, sin embargo, Dédalo pudo salir
del Laberinto ya que conocía de pies a cabeza su propia obra. Una vez fuera, para
escapar totalmente del poder del Rey Minos, Dédalo fabricó unas alas hechas con
cera y plumas para él y su Hijo. Cuando todo estaba listo, antes de emprender
vuelo advirtió a su hijo imprudente hijo tener cuidado con el sol, ya que si volaba
muy cerca de él, derretiría la cera.
Cuando estaban muy lejos de Creta, Ícaro estaba tan maravillado por la sensación
de volar que no evitó el ir aun más alto y hacia el Sol. Dédalo no pudo detenerlo y
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tras unos minutos, en el radiante Sol hizo lo suyo derritiendo la cerra lo suficiente
para deshacer las alas de Ícaro.
Él se precipitó al Mar pidiendo ayuda a su Padre sin embargo, murió en instantes.
Dédalo abatido, sólo le quedó por recoger a su Hijo, luego lo enterró en una
pequeña isla que mas tarde recibió el nombre de "Icaria".
Después de la muerte de su hijo Ícaro, Dédalo llegó a la isla de Sicilia, donde vivió
hasta su muerte en la corte del Rey Cócalo.
TRABALENGUAS
1. Yo compro poco coco,
porque como poco coco,
como poco como,
poco coco compro.
2. Pablito clavó un clavito
en la calva de un calvito,
en la calva de un calvito
Pablito clavó un clavito.
3. Cuando cuentes cuentos,
cuenta cuantos cuentos cuentas,
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porque si no cuentas cuantos cuentos cuentas
nunca sabrás cuantos cuentos cuentas tú.
4. Hugo tuvo un tubo, pero el tubo que tuvo se le rompió.
Para recuperar el tubo que tuvo, tuvo que comprar un tubo igual al tubo que
tuvo.
POESIAS
1. Los animales
La jirafa: si fuera pastelera, dice la jirafa, solo haría dulces de crema.
El camello: si yo fuera pastelero, dice el camello, solo haría pequeñas palmeras.
El pingüino: si yo fuera pastelero, dice el pingüino, solo haría bombones de
chocolate.
La boa: si yo fuera pastelera, dice la boa, me gustaría hacer pastelillos de café.
El elefante: si yo fuera pastelero, dice el elefante, haría palmeras, dulces y
pastelillos de crema, bombones de chocolate, y además, tartas, turrones y
magdalenas.
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2. La canción de la oruga
Camila, la oruga, canturrea.
Me pliego, me despliego, me repliego.
Esto es vida.
Un pliegue por aquí, un pliegue por allá.
Sin preocuparme, sin inquietarme, prosigo mis repliegues.
Un pliegue por aquí, un pliegue por allá.
Sin preocuparme, sin inquietarme, prosigo mis pliegues.
Un pliegue por aquí, un pliegue por allá.
Esto es vida.
Me pliego, me despliego, me repliego.
Es mi vida. Canturrea Camila, la oruga.
3. La mariposa
Una mariposa, volaba por el cielo,
cuando de repente ¡pum! se dio un golpe contra el suelo.
¡Ay qué torpe he estado, qué golpe me he dado!
Y ¿Ahora qué hacemos?
La cogemos, la curamos, le damos un besito y...
¡A volar!
Que ya vuela la mariposa, que ya vuela la mariposa.
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4. La luna y el sol
La luna es muy pequeña,
y el sol es muy mayor.
La luna tiene frío,
y el sol tiene calor.
La luna está de noche,
y el sol está de día.
Aplaudir, aplaudir con la luna y el sol.
HISTORIETAS
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CHISTES
1. Jaimito, conjuga, por favor, el verbo: andar
A lo que Jaimito responde:
- Yo ando, tú andas, él anda...
- ¡Más deprisa, Jaimito! - dice la profesora.
- Yo corro, tú corres...
2. Érase una vez un señor tan bajito, tan bajito,
que la cabeza le olía a pies.
3. ¿Qué le dice un espagueti a otro?
- ¡Oye! Mi cuerpo pide salsa...
4. Le dice la profesora a Pepe:
- Dime una palabra que tenga muchas O
- ¡Muy fácil profe! ¡GOOOOOOL!
5. ¿Qué hace un cocinero cuando está triste?
¡Pucheros!
6. Dime, Jaimito, ¿de qué país son los mayas?
- De Mayami, profesora.
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7. Dos amigos están por la calle. Uno pregunta:
- ¿Qué hora es?
- Las doce.
- ¡Qué tarde!
- Haberme preguntado antes.
8. ¿Qué le dice un pollito a su enemigo?
- ¡CALDITO SEAS!
9. Mamá, mamá, ¡cuéntame un chiste!
- No, hijo, mejor ayúdame a fregar los platos sucios, ¿vale?
- JA, JA, JA, JA. ¡Qué gracioso!.
10. Un pez le dice al otro:
- ¿Qué hace tu papá?
Y el otro le contesta.
- Nada. ¿Y el tuyo?
- Nada también.
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