LENGUA Y LITERATURA 2º BACHILLERATO CURSO 2020-2021
8. LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA
8.1. LA NARRATIVA ESPAÑOLA HASTA 1939
La Generación del 98 constituye un grupo generacional, por edad, actos
comunes, relaciones personales, actitudes homogéneas -aunque con el tiempo
se irán diversificando-. Sus características más importantes son:
• preocupación social, reflejada en su interés por el llamado
“problema de España”: en su visión de este tema atraviesan por
dos etapas diferentes, una primera de mayor intención crítica e influjo
regeneracionista, y otra posterior más elegíaca y centrada en Castilla
como símbolo de España.
• inquietudes religiosas y existenciales, a tono con la crisis de fin
de siglo: el conflicto fe-razón, el paso del tiempo, la lucha por la
vida,...
• renovación de la novela, superando el modelo realista y
naturalista: antirretoricismo, método impresionista, lenguaje sobrio y
asequible...
Todos los miembros del grupo, salvo Antonio Machado, escriben novelas:
• Unamuno (Niebla, San Manuel Bueno, mártir) trata temas como la
tradición, la intrahistoria, la conciencia trágica de la existencia y el
conflicto entre fe y razón. Sus novelas –llamadas por él “nivolas”- se
caracterizan por la sobriedad narrativa, la importancia del diálogo y la
ausencia de trama o hilo argumental.
• Baroja (El árbol de la ciencia, Camino de perfección) es el novelista por
excelencia del grupo. Sus novelas son una mezcla entre el pesimismo
existencia más radical y el vitalismo individualista de algunos de sus
personajes. En sus novelas desarrolla generalmente un esquema de
aprendizaje vital de los protagonistas. Su producción es muy extensa,
repartida en trilogías.
• Azorín (La voluntad) tiene un estilo minucioso, lento, casi
impresionista. Sus novelas presentan un desarrollo fragmentado, con
gran abundancia de descripciones y un cierto tono lírico; la trama
argumental es mínima.
• Valle-Inclán presenta también en el género narrativo la misma
evolución de su obra dramáticas: una etapa de modernismo inicial
(Sonatas), una fase de transición (el ciclo de la guerra carlista) y la
definitiva etapa esperpéntica, con el ciclo de novelas de “El ruedo
ibérico”, entre las que destaca Tirano Banderas.
Hacia 1914 se percibe el agotamiento de la Generación del 98,y un nuevo
grupo toma el relevo: la Generación del 14 o Novecentismo. El
Novecentismo supone el primer paso para la introducción de las vanguardias en
España, y se caracteriza ante todo por su intelectualismo: hay que desterrar lo
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sentimental de la literatura. Los miembros del grupo tienen una importante
actividad política, basada en ideales europeístas y progresistas. En el grupo
novecentista destacan en especial los ensayistas: Eugenio D´Ors, Gregorio
Marañón, Manuel Azaña, Ortega y Gasset... Hay también importantes
novelistas:
• Gabriel Miró (El libro de Sigüenza, El obispo leproso), en cuyas
novelas prevalece la forma sobre el contenido.
• Ramón Pérez de Ayala (A.M.D.G., Belarmino y Apolonio),
caracterizado por su intelectualismo y su estilo academicista.
En la década de los 20, en superposición con el Novecentismo, se produce la
entrada y desarrollo de las vanguardias en España. Aunque su campo de
expresión será preferentemente la poesía, existen ejemplos de narrativa
vanguardista: Benjamín Jarnés, Ramón Gómez la Serna... Finalmente, en los
años 30 se produce, en todos los géneros literarios, una rehumanización de
la literatura como respuesta a las circunstancias históricas. Se escribe entonces
una novela comprometida, de carácter social e incluso abiertamente político,
cuyos representantes más destacados son César Arconada, Joaquín Arderíus y
Ramón J. Sender.
8.2. LA NARRATIVA ESPAÑOLA DESDE 1940 HASTA LOS AÑOS 70
La guerra civil irrumpe en un momento en que la novela se decanta hacia
posturas sociales y comprometidas, abandonando las experiencias
vanguardistas anteriores. La propia guerra acentúa ese carácter ideológico,
de manera que la mayoría de los novelistas escriben en defensa de sus ideales:
republicanos (Sender, Arconada) o nacionales (Foxá, García Serrano).Tras la
guerra, muchos de los escritores partidarios de la República o, en
cualquier caso, enemigos del nuevo régimen, se exilia: esto supondrá
en ellos desarraigo, nostalgia y el recuerdo de España como tema central de su
obra. Los principales novelistas exiliados son Sender, Max Aub, Francisco Ayala,
Rosa Chacel, Juan Gil-Albert, Arturo Barea, Manuel Andújar...
En España, los novelistas de los 40 se enfrentan a un panorama desolador:
la tradición inmediata se ha visto interrumpida, no hay acceso a las tendencias
europeas, ni modelos propios -salvo Baroja-. En este ambiente, se desarrolla
especialmente una novela triunfalista, de exaltación del régimen o, en el
mejor de los casos, justificativa: Gironella, [Link] Arbó... Sin embargo, la
publicación en 1941 de La familia de Pascual Duarte, de Cela, abre un nuevo
camino a la novela española: narrativa existencial, en la que los problemas
sociales y políticos, que no pueden abordarse directamente a causa de la
censura, aparecen como trasfondo de la problemática personal de los
personajes. A esta línea se adscriben autores como Carmen Laforet (Nada),
Delibes (La sombra del ciprés es alargada), Torrente Ballester, Zunzunegui...
Se dan también otras tendencias, como la novela fantástica y
humorística (Wenceslao Fernández Flórez: El bosque animado) o el
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realismo clásico (Ignacio Agustí: Mariona Rebull).
En los años 50, al hilo de los modestos cambios sociopolíticos, de la influencia
de tendencia realista en Europa y Estados Unidos, y de un mayor
distanciamiento de la guerra civil, una nueva generación de novelistas se suma a
los anteriores para escribir una novela más abiertamente social. Los
conflictos sociales son el tema central de la mayoría de estas novelas, que optan
en general por un estilo coloquial, cercano al habla cotidiana y accesible para el
lector. Este cambio, iniciado de nuevo por Cela con La colmena (1952),
atraviesa por dos etapas:
• una primera en la que siguen predominando los enfoques personales,
cercanos a la novela existencial anterior: Ana María Matute, Ignacio
Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio...
• una segunda de carácter más social y hasta político: López Pacheco,
López Salinas, Ferres, Grosso, García Hortelano...
La novela más significativa de esta etapa es El Jarama, de Rafael Sánchez
Ferlosio. Se desarrolla en dieciséis horas de un domingo de verano y su escritura
responde a las técnicas objetivistas, con presencia casi absoluta del diálogo.
En los años 60 el realismo social está agotado, y los novelistas se abren, por
fin, a los hallazgos de la narrativa europea (Joyce, Proust): la novela se hace
más experimental, más abierta, y el lenguaje abandona el prosaísmo de la
fórmula anterior para hacerse más deliberadamente literario. Esta nueva
narrativa implica transformaciones en todos sus elementos: acción, personajes,
punto de vista, estructura, técnicas… La obra clave es Tiempo de silencio, de
Luis Martín Santos –más el gran impacto que supuso La ciudad y los perros, de
Vargas Llosa- Otros títulos importantes son Señas de identidad, de Juan
Goytisolo, Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes y Volverás a Región, de
Juan Benet.
8.3. LA NARRATIVA ESPAÑOLA DESDE LOS AÑOS 70 HASTA LA
ACTUALIDAD
Tras la muerte de Franco, la vida cultural y literaria experimenta una
considerable transformación: desaparece la censura, se recuperan a los autores
exiliados, y se produce una apertura hacia la literatura extranjera- europea,
norteamericana y latinoamericana, fundamentalmente-. La literatura española
de las últimas décadas son la variedad temática y estética, la diversidad de
tendencias y corrientes literarias y la proliferación de autores.
Hacia 1975, empieza a publicar una nueva promoción de novelistas.
Reaccionan contra la complejidad experimental y se produce un viraje hacia la
concepción realista de la novela. Se habla de REALISMO RENOVADO. Obra
clave de esta nueva perspectiva será La verdad sobre el caso Savolta (1975) de
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Eduardo Mendoza. Se reivindica el placer de narrar: un relato con intriga,
aventura, enredo, amoríos – elementos propios de la novela folletinesca. A
partir de este momento lo que interesa es contar una historia, la trama y el
argumento son el eje. Por lo general vuelven a la concepción clásica, se narra
una única acción y de forma lineal. Algunos títulos relevantes son: Los delitos
insignificantes (1986) de Álvaro Pombo, Luna de lobos (1985) de Julio
Llamazares, La ciudad de los prodigios (1986) de Eduardo Mendoza o Bélver
Yin (1986) de Jesús Ferrero.
En la ACTUALIDAD se observa una gran libertad y diversidad de
tendencias:
a. Metanovela. El narrador reflexiona sobre los aspectos teóricos de la novela
que suele trasladar a la ficción como tema o motivo del relato. Algunos
ejemplos: La orilla oscura, de José Mª Merino; Juegos de la edad tardía de
Luis Landero o El vano ayer de Isaac Rosa.
b. Novela histórica. Se trata de un tipo de narrativa muy valorado por los
lectores, que viene a integrarse dentro de una tendencia general europea. Se
trata de un tipo de novela de gran precisión histórica que obliga al novelista a
documentarse sobre el período, acontecimientos y personajes sobre los que
pretende novelar. Pueden servirnos de ejemplos las novelas de Pérez- Reverte,
El capitán Alatriste, o Matilde Asensi, Iacobus. Dentro de esta tendencia cabe
citar aquella que se ocupa de la reconstrucción de la historia de España desde la
Guerra Civil (que constituye una tendencia narrativa en sí misma) a la
actualidad. Se trata de obras como Los girasoles ciegos de Alberto Méndez o
Crónica de un instante de Javier Cercas.
c. Novela de intriga y policíaca. En la década de los 70 se produce una
invasión de traducciones de novela negra europea y norteamericana. Los
autores españoles adoptarán estos modelos y los adaptarán (Andreu Martín,
Juan Madrid), y en otros casos los transgredirán para servir a otros fines (la
serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán como crónica sociopolítica, de la
transición democrática).
d. Novela neorrealista o de la generación X. Este tipo de narrativa estuvo
de moda durante los años que van desde la caída del muro de Berlín (1989)
hasta el 11 de septiembre de 2001. Su interés temático se centró en la
representación de la conducta de los entonces jóvenes adolescentes, sus salidas
nocturnas en las grandes ciudades, el uso y abuso de drogas, del sexo, del
alcohol y de la música rock. Son obras representativas de esta tendencia
Historias del Kronen (1994), de José Ángel Mañas, que la inauguró, o Héroes,
de Ray Loriga.
e. Novela lírica. El valor esencial es la calidad técnica con que está escrita, la
búsqueda de la perfección formal: La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, La
fuente de la edad, de Luis Mateo Díez, o El lápiz del carpintero de Manuel Rivas
se adscriben a ella.
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f. Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores
jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes
aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Es lo
que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o La tempestad.
g. Novela de pensamiento: cercana al ensayo, se trata de un tipo de narrativa
en la que se difuminan las fronteras entre la novela y el ensayo, pues da cauce a
múltiples digresiones sobre las preocupaciones del autor, en un tono cercano a
veces a lo autobiográfico. Un ejemplo de ello es Sefarad, de Antonio Muñoz
Molina, Negra espalda del tiempo de Javier Marías y los diarios que desde hace
15 años publica Andrés Trapiello bajo el título genérico de Salón de pasos
perdidos.
8.4. EL TEATRO ESPAÑOL HASTA 1939
El teatro español del siglo XX, con las excepciones de Valle y Lorca, es bastante
pobre, tanto en lo teatral como en lo dramático, sin participar en las
innovaciones del teatro europeo. En el período que nos ocupa hay dos
modelos teatrales: uno que triunfa, que goza del favor del público, y otro que
no alcanza éxito pese a su superior valor literario.
En el teatro popular se incluyen tres tendencias:
• el drama burgués, realista y suavemente crítico. Se trata de un teatro
continuador del realismo del XIX, renovando algunos aspectos para
adaptarse a los gustos del público burgués. Su principal representante es
Jacinto Benavente (Los intereses creados, La Malquerida).
• el teatro costumbrista, de raíz romántica y sin pretensiones críticas:
su único propósito es entretener al público. Dentro de esta tendencia se
encuadran los hermanos Álvarez Quintero, representantes del teatro
regionalista andaluz (El genio alegre); Carlos Arniches, autor
regionalista madrileño y creador de la “tragedia grotesca” (La señorita de
Trevélez); y Pedro Muñoz Seca, inventor del “astracán”, parodia en
verso del teatro romántico (La venganza de don Mendo).
• el teatro poético modernista, de ideología marcadamente conservadora
y tradicional, con continuas alusiones al glorioso pasado del Imperio
español. Representan esta tendencia autores como Eduardo Marquina
y Francisco Villaespesa.
Frente a este teatro de éxito se levantan otras tendencias más innovadoras
e interesantes literariamente, pero que no triunfan -salvo excepciones- porque
no se adaptan a los gustos del público. En líneas generales puede hablarse de
dos experiencias teatrales:
• el teatro del 98 y el Novecentismo: Unamuno, Azorín, Ramón
Gómez de la Serna, Jacinto Grau.
• el teatro del 27: Salinas, Max Aub, Alberti, Miguel Hernández, a
los que habría que unir a Jardiel Poncela y Miguel Mihura,
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renovadores del teatro humorístico: ambos alcanzarían su plenitud tras
la guerra civil.
Cada uno de estos dos grupos está encabezado por un autor fundamental: Valle-
Inclán, el primero; y Lorca, el segundo. Valle-Inclán es el autor más
importante del teatro español del siglo, y uno de los fundamentales de la escena
mundial. Su obra sigue una constante evolución -obras modernistas, las
Comedias Bárbaras, farsas...- hasta llegar a su gran creación: el esperpento
(Luces de bohemia, Martes de carnaval), una visión grotesca y deformada de la
realidad, precisamente para descubrir sus aspectos más profundos. En el
esperpento Valle sintetiza los elementos más dispares: lo vulgar y lo literario, lo
social y lo existencial,...
García Lorca es el referente principal del teatro del [Link] obra es igualmente
variada, plena de elementos líricos y surrealistas. En su obra dramática –de
similar evolución a la poética- se distinguen tres etapas:
• la etapa inicial, durante los años 20,se caracteriza por la
experimentación formal y temática. Lorca busca aún un lenguaje
dramático y teatral propio, de ahí la diversidad y heterogeneidad de los
títulos de esta etapa: El maleficio de la mariposa, de carácter simbolista;
Títeres de cachiporra, piezas breves para guiñol; Mariana Pineda,
drama histórico en verso; Retablillo de don Cristóbal, también para
guiñol; Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, farsa de amor
trágico. La obra más importante de esta etapa es La zapatera prodigiosa,
en la que anticipa elementos de su producción posterior, como la mezcla
de verso y prosa.
• la etapa vanguardista, en los primeros años de la década de los 30,de
carácter surrealista, incluye dos obras: El público y Así que pasen cinco
años.
• por último, su etapa de plenitud comprende las obras escritas entre
1933 y 1936. Lorca se muestra muy prolífico, y consigue un gran éxito con
sus obras, en las que es capaz de conjugar el rigor estético con el sentido
popular. Las dos primeras obras de esta etapa son Bodas de sangre
(1933) y Yerma (1934),que formarían parte de una probable “trilogía
dramática de la tierra española” junto a la inédita e inacabada La sangre
no tiene voz. A continuación, Doña Rosita la soltera (1935),y por último
La casa de Bernarda Alba (1936),asociada a veces a las dos primeras
como última de la trilogía, pero que se distancia claramente de aquéllas
en su dimensión política y social.
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8.5. EL TEATRO ESPAÑOL DESDE 1939
El teatro acusa más que ningún otro género el aislamiento y la pobreza de la
sociedad española de posguerra. Su evolución abarca tres etapas:
Los años 40 se caracterizan por la continuidad de las tendencias que ya
triunfaban antes de la guerra, especialmente al drama burgués al estilo de
Benavente, sin apenas sentido crítico y defensor de los valores más
conservadores. Este teatro es cultivado por autores como Pemán, Calvo
Sotelo, Luca de Tena o Ruiz Iriarte. No deja de haber, sin embargo,
algunos intentos renovadores, centrados en el teatro de humor: Mihura,
Jardiel Poncela. Miguel Mihura es autor de un teatro cercano al del absurdo
aunque siempre con intencionalidad crítica. Su obra más importante es Tres
sombreros de copa. Muy próxima en el tratamiento del absurdo, pero
acentuando aún más las características inverosímiles de la acción, está la obra
de Jardiel Poncela: Eloísa está debajo de un almendro, Cuatro corazones con
freno y marcha atrás…
Entre 1950 y 1965 surge y se desarrolla la llamada “generación realista”:
Buero Vallejo, Alfonso Sastre, Lauro Olmo, Rodríguez Méndez...Se
trata de un grupo coherente, de ideología izquierdista, cuyo objetivo es la crítica
de la realidad española de su época a través de una estética predominantemente
realista. Se trata de un teatro poco innovador desde el punto de vista formal, por
cuanto los autores se preocupaban más del contenido y el mensaje, buscando la
identificación del público con los personajes. Destacan entre todos ellos Antonio
Buero Vallejo y Alfonso Sastre, cuya obra más representativa es Escuadra hacia
la muerte. Buero Vallejo es autor de dos de de las obras fundamentales del
teatro de posguerra: Historia de una escalera y El tragaluz. Representa una
línea de teatro crítico pero en límites que hacían posible su representación en la
España de la época. Sastre, por el contrario, concibe el teatro como un medio de
concienciación y agitación, que ponga de manifiesto las relaciones entre
individuo y sociedad y la necesidad de un cambio social. Entre sus obras ,
siempre trágicas, destacan Escuadra hacia la muerte y La sangre y la ceniza.
A partir de 1965 se produce una renovación dramática y teatral similar a
las de la poesía y la novela, al mismo tiempo que se mantiene la línea
más tradicional, basada en la importancia de los diálogos, y representada por
autores como Antonio Gala (Anillos para una dama), José Luis Alonso de
Santos (Bajarse al moro), José Sanchís Sinisterra (¡Ay, Carmela!) o
Fernando Fernán Gómez (Las bicicletas son para el verano).
La renovación se fundamenta en el abandono del realismo puro para
orientarse hacia otras fórmulas más expresionistas, concediendo por primera
vez más importancia a los factores teatrales por encima del propio texto. Esta
renovación, por supuesto en la mayoría de los casos al margen de los circuitos
comerciales, se desarrolla en dos líneas:
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o autores individuales (el teatro “underground”): Francisco Nieva ,
Miguel Romero Esteo y, sobre todo, Fernando Arrabal, creador del
“teatro pánico”, que pretende unir lo absurdo con lo cruel (Pic-Nic,
Cementerio de automóviles)
o grupos independientes, que crean sus espectáculos de forma
colectiva: TEI, Tábano, Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels
Baus… Dentro del colectivo de grupos independientes caben muchos
tipos diferentes, por sus propósitos y sus medios: teatro amateur, teatro
de cámara, teatro universitario, teatro experimental...
8.6. LA POESÍA DESDE EL MODERNISMO A LAS VANGUARDIAS
La poesía sigue, en general, los mismos pasos que la novela: Modernismo,
Novecentismo, vanguardias y rehumanización. La influencia del Modernismo
es patente en las primeras décadas del siglo, no sólo en autores estrictamente
modernistas, como Manuel Machado, sino en poetas noventaiochistas e
incluso novecentistas. El Modernismo se caracteriza por la utilización de un
lenguaje estético y elaborado y por su actitud romántica de evasión de la
realidad.
El poeta más importante de esta etapa es Antonio Machado, cuya obra abarca
el influjo modernista (Soledades) y el noventaiochista (Campos de Castilla),e
incluso actitudes comprometidas en la segunda edición de este último título.
Durante el período novecentista destaca la figura de Juan Ramón
Jiménez: su obra, igual que la de Machado, escapa de cualquier intento de
encasillamiento: modernista primero, simbolista después,
vanguardista...Incluso tras la guerra, en el exilio, su obra será la referencia de la
poesía española. Su obra resume los caminos recorridos por la poesía española
desde el Modernismo hacia nuevas formas. En esa trayectoria ininterrumpida,
suelen distinguirse varias etapas, siguiendo declaraciones del propio autor:
De 1919 es el famoso poema en que Juan Ramón resume la evolución de
su poesía hasta ese año: «Vino primero, pura,...». Según estos versos, su
trayectoria habría pasado por las siguientes etapas:
1. Poesía sencilla, inocente, en sus comienzos. Destacan Arias tristes
y Jardines lejanos
2. Poesía envuelta en los ropajes del Modernismo. De esta etapa es
La soledad sonora
3. Etapa de depuración progresiva, hacia una nueva sencillez.
Aquí encontramos los libros de poemas Diario de un poeta recién
casado y Eternidades
4. Poesía desnuda, definitivamente depurada de las galas modernistas,
con el libro La estación total
Las primeras experiencias vanguardistas -creacionismo y ultraísmo- se
caracterizan por la originalidad y el juego con el lenguaje; destacan autores
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como Guillermo de Torre y Juan Larrea. Pueden observarse cuatro etapas
en el desarrollo del Vanguardismo español:
-De 1908 a 1918: primeras manifestaciones de la literatura de vanguardia
protagonizadas esencialmente por Ramón Gómez de la Serna
-De 1918 a 1925, desde la llegada del poeta chileno Vicente Huidobro
hasta los primeros contactos con el Surrealismo. Años presididos por el
Ultraísmo y el Creacionismo. Predomina el optimismo vital, el juego, la
exaltación de la modernidad y la deshumanización.
-De 1925 a 1930 es el influjo dominante del Surrealismo y el proceso de
rehumanización con cierto pesimismo y angustia ante los efectos
deshumanizantes.
-De 1930 a 1936: un nuevo Romanticismo y el ocaso del Vanguardismo
8.7. LA GENERACIÓN DEL 27
A la Generación del 27 le corresponde llevar a su máxima expresión la
literatura vanguardista en España y también el comienzo de un proceso de
rehumanización literaria que se vería truncado por el estallido de la Guerra
Civil. Los autores más significativos del grupo son Jorge Guillén (Cántico,
Clamor, Homenaje),Pedro Salinas (La voz a ti debida, Razón de amor),
Vicente Aleixandre (Ámbito, Historia del corazón), Luis Cernuda, Rafael
Alberti, Federico García Lorca (Poema del cante jondo, Llanto por Ignacio
Sánchez Mejías, Romancero gitano, Poeta en Nueva York), Gerardo Diego
(Alondra de verdad, Imagen, Manual de espumas), Dámaso Alonso (Hijos
de la ira), Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
De entre los diversos nombres que fueron dados al grupo –Generación de la
Dictadura, Generación de la República, Nietos del 98…- el más aceptado fue
Generación del 27, motivado por le célebre reunión en el Ateneo de Sevilla para
conmemorar el tercer centenario de la muerte de Góngora.
También se debate acerca de si forman o no una generación literaria. El
grupo cumple algunos de los requisitos “generacionales” (a criterio de
Petersen):
• Edad cercana (sólo hay diez años de diferencia entre Salinas y
Altolaguirre, el más viejo y el más joven del grupo, respectivamente)
• Nivel cultural semejante: casi todos tienen formación universitaria
• Asistencia a actos comunes, ambientes comunes (la Residencia de
Estudiantes de Madrid, sobre todo)
• Revistas: Litoral, Mediodía, Revista de Occidente
• Liderazgo externo de Juan Ramón Jiménez
Sin embargo también hay requisitos no cumplidos por el grupo:
• No hay un líder interno, aunque se habla del eje Guillén-Lorca
• No hay una circunstancia histórica aglutinante, al estilo del desastre del
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• No hay un evidente rechazo a los modelos literarios anteriores
• El grupo presenta una gran diversidad estilística
En cuanto a los rasgos estéticos de la Generación del 27, pueden señalarse
algunas características comunes a todo el grupo: sentido trascendente de la
poesía, depuración del sentimiento, intelectualismo, poesía de contrastes
(lenguaje culto / lenguaje popular, hermetismo / claridad, vanguardismo /
tradición), recuperación de las formas métricas clásicas, desarrollo de verso
libre…
En general se admite el criterio de Dámaso Alonso acerca de la evolución del
grupo. Él habla de dos etapas:
• Hasta 1927: es la etapa eminentemente vanguardista, de poesía pura,
hermética e intelectual, basada en la metáfora y en la creación de un
lenguaje poético elaborado, bajo el modelo de Góngora. No obstante, en
esta etapa ya aparecen las primeras muestras del futuro interés por la
lírica popular.
• Desde 1927 a 1936: es la etapa de la rehumanización, del influjo del
surrealismo. Lo humano vuelve a tener cabida en la poesía: primero en
forma de expresión de los sentimientos y luego derivando incluso hacia
una poesía política y hasta revolucionaria acentuada por los
acontecimientos históricos.
• Habría que añadir una tercera etapa, tras la Guerra Civil. El grupo se
dispersa (Lorca ha muerto, unos se exilian y otros permanecen en
España). Los poetas que permanecen sufren las dificultades de la
posguerra, pero son capaces de marcar el camino a las nuevas
generaciones con una poesía existencial (Hijos de la ira, de Dámaso
Alonso) o solidaria (Historia del corazón, de Vicente Aleixandre). Entre
los exiliados predomina el sentimiento de nostalgia y desarraigo.
8.8. LA POESÍA DESDE 1939 A LOS AÑOS 70
En líneas generales, la evolución de la poesía española de posguerra es bastante
similar a la de la novela: existencial en los 40, social en los 50, experimental en
los 60 y abierta a diversas tendencias a partir de los 70.
En la década de los 40 , durante la inmediata posguerra, la poesía está muy
condicionada por la situación histórica: los poetas buscan un sentido a la
realidad, que encuentran en la espiritualidad o en la queja. En general, se trata
de una poesía fuertemente individualista. Conviven tres tendencias:
• una poesía arraigada, conforme con el régimen de Franco: los
autores, agrupados en torno a las revistas Garcilaso y Escorial,
exaltan el pasado imperial y recuperan temas (religión, paisaje, amor)
y formas (soneto) clásicas. Los más destacados son Luis Rosales,
Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero...
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• una poesía desarraigada, en desacuerdo con su realidad. Como en
la novela, esta poesía aborda una temática existencial: angustia, duda,
con lo social como trasfondo. El tono es trágico, el lenguaje
desgarrado y la forma más utilizada es el verso libre. El núcleo de esta
tendencia es la revista Espadaña, que agrupa a autores cono
[Link]émer, [Link] Nora, [Link], [Link]ño, [Link],
[Link], y poetas del 27 como [Link] y [Link].
• poesía vanguardista, ajena a la situación del país y dedicada a la
experimentación lingüística y formal. Sus principales representantes
son el Grupo Cántico, liderado por Pablo García Baena, y el
postismo, último vanguardismo español, que se define a sí mismo
como “surrealismo ibérico”, encabezado por Carlos Edmundo de
Ory. Los poetas del grupo Cántico, muy influidos por Guillén y
Cernuda, tratan sobre todo sobre el amor muchas veces manifestado
en formas de amor prohibido. Por su parte, los postistas reivindican
la libertad creativa y el sentido lúdico de la poesía.
En los años 50 la poesía se hace más abiertamente social: se busca el
testimonio crítico de la realidad española; los temas son: la injusticia social, la
libertad, la explotación política, el trabajo...El lenguaje es llano y asequible. Los
autores más importantes son Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Hierro
–aunque la trayectoria de éste abarca mucho más que esta tendencia y se
desarrolla prácticamente durante toda la segunda mitad del siglo XX- y Ángela
Figuera. La poesía social deja a un lado los problemas individuales para
centrarse en los colectivos. Del mismo modo abandona el lenguaje esteticista a
favor de una poesía clara, e incluso coloquial capaz de llegar a una mayoría de
lectores.
Durante los años 60 los poetas abordan una renovación del lenguaje,
haciéndolo más elaborado y retórico. Aunque no se abandona el testimonio
crítico, los temas se orientan preferentemente hacia lo personal: la infancia, el
amor, la familia...Los autores más significativos son: Claudio Rodríguez,
Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma... Se trata de
una poesía escéptica, que asume su incapacidad para cambiar la realidad, de
modo que se centra en lo cotidiano e íntimo.
En los años 70, tras la revolución cultural del “mayo del 68”, irrumpe el grupo
de los Novísimos (Pere Gimferrer, Félix de Azúa, Vicente Molina
Foix,...) que aportan nuevos aires a la poesía, llenándola de mitos de la
civilización moderna: el cine, la música y la cultura pop, el cómic, el jazz y, en
general, todas las manifestaciones culturales consideradas marginales hasta
entonces. Una tendencia muy particular dentro del grupo la constituyen los
poetas culturalistas, influidos por la poesía de Kavafis y por la estética
decadente de Venecia. Los novísimos son también conocidos como
Generación del 68, en referencia a la revolución cultural del mayo del 68. Su
lenguaje es claramente esteticista y refinado.
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El estudio de la poesía española en esta etapa debe incluir necesariamente a los
poetas que escriben su obra en el exilio. Durante el Guerra civil y tras su
finalización unos 400 mil españoles (muchos regresaron al poco tiempo) de los
más diversos niveles sociales y culturales tuvieron que emigrar primero a
Francia y después a Hispanoamérica, especialmente a México. Muchos poetas
cuya trayectoria había empezado antes de 1936 siguen escribiendo en el exilio:
son poetas bien conocidos como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Luis
Cernuda o Rafael Alberti. Pero a estos nombres hay que unir otros como León
Felipe o Juan Gil Albert.
El tema primordial de la poesía en el exilio es España: la evocación de la guerra,
la amargura de la derrota o la denuncia contra los vencedores. Pero poco a poco
nuevos asuntos van ocupando los poemas: la nostalgia por la patria perdida, el
amor, el deseo de volver además de cultivarse temas tradicionales como el paso
del tiempo, la muerte, los sentimientos religiosos... En cuanto al estilo, en
principio emplean un lenguaje realista y directo como continuación de la poesía
de combate, pero pronto se suceden otros estilos como la tendencia surrealista o
la recuperación de formas clásicas o tradicionales.
8.9. LA POESÍA ESPAÑOLA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS
DÍAS
En los años 70, tras la revolución cultural del “mayo del 68”, irrumpe el grupo
de los Novísimos (Pere Gimferrer, Félix de Azúa, Vicente Molina
Foix,...) que aportan nuevos aires a la poesía, llenándola de mitos de la
civilización moderna: el cine, la música y la cultura pop, el cómic, el jazz y, en
general, todas las manifestaciones culturales consideradas marginales hasta
entonces. Una tendencia muy particular dentro del grupo la constituyen los
poetas culturalistas, influidos por la poesía de Kavafis y por la estética
decadente de Venecia. Los novísimos son también conocidos como
Generación del 68, en referencia a la revolución cultural del mayo del 68. Su
lenguaje es claramente esteticista y refinado.
Desde los años setenta, bajo el influjo de los novísimos, la poesía española
presenta una gran variedad de tendencias, tanto temática como estilística.
Entre las más representativas están:
La poesía experimental (José Miguel Ullán), que recupera las
técnicas experimentales vanguardistas, como el collage o los poemas
visuales.
El culturalismo (Antonio Colinas, Julio Martínez), poesía influida
por el clasicismo grecolatino y la Edad Media.
El surrealismo, durante los años ochenta (Blanca Andréu, Ana
Rossetti), con un fuerte componente erótico.
La poesía metalingüística (Jenaro Taléis, Jaime Siles, Justo
Navarro), también llamada poesía del silencio o minimalista, que
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LENGUA Y LITERATURA 2º BACHILLERATO CURSO 2020-2021
entronca con la poesía pura y se orienta hacia la indagación sobre el
lenguaje. Se trata de una poesía muy depurada, exenta de adornos
superfluos.
La poesía de la conciencia (Jorge Riechmann), concebida como
acción social y política.
El “realismo sucio” (Pablo García Casado), próximo al anterior y
bajo la influencia del “dirty realism” norteamericano.
En los últimos años la poesía ha tendido a superar la influencia de los
novísimos para recuperar la tradición literaria anterior, especialmente
los poetas de la generación del medio siglo (Ángel González, Claudio
Rodríguez…) Se produce una vuelta a formas clásicas como los endecasílabos o
alejandrinos, junto al uso de un lenguaje cercano y cotidiano y elementos
irónicos y humorísticos. En cuanto a los temas, destacan los urbanos, junto a la
rememoración de momentos de la infancia o adolescencia. Autores
representativos de esta poesía son Felipe Benítez Reyes, Luis García
Montero, Jon Juaristi o Andrés Trapiello.
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