Cámara Civil - Sala I: " " Expte. N° 36778/202
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#35541366#462509668#20250703103657169
Avenida San Martín en dirección este-oeste, embistió con su frente la rueda
trasera del lado derecho de su biciclo, lo que provocó su caída al pavimento
y los consiguientes daños por los que aquí se reclama.
IV. Frente a la negativa del hecho efectuada por la citada en
garantía el juez de grado se dedicó a analizar si la producción del evento
debatido se encontraba acreditada. Valoró el sentenciante a dichos efectos
la rebeldía decretado respecto al demandado y, fundamentalmente, los
dichos del testigo presencial que depuso en autos, como así también las
constancias de atención médica del actor, en base a lo cual tuvo por
probado el hecho y el contacto de la cosa riesgosa con la bicicleta del actor.
Luego, encuadró jurídicamente el caso en el artículo 1769 del
Código Civil y Comercial de la Nación que remite a lo previsto por los
artículos 1757, 1758 y siguientes del mismo cuerpo normativo y ante la
falta de alegación de alguna de las eximentes previstas en dicho
ordenamiento jurídico, hizo lugar a la demanda.
V. Las partes no cuestionan lo decidido en materia de
responsabilidad. La parte actora se queja de los montos otorgados por
“incapacidad sobreviniente”, “daño moral” y “gastos médicos,
farmacéuticos y de traslado” por considerarlos reducidos, al tiempo que
solicita que se confirme lo decidido en materia de intereses y que se
establezca el límite por el cual deberá responder la citada en garantía.
Por su lado, la aseguradora, reprocha las sumas fijadas por las
partidas indemnizatorias por excesivas, la tasa de interés estipulada y
que se haya dispuesto actualizar el límite del seguro.
VI. En concepto de “incapacidad sobreviniente” el juez de
grado fijó la suma de Pesos Tres Millones ($3.000.000).
La parte actora se queja por considerar que tal monto resulta
reducido, teniendo en cuenta el porcentaje de incapacidad establecido por
el perito médico. Entiende que tal cifra no va en consonancia con la
realidad económica del país y que en algunos fallos se está adjudicando
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A tales conclusiones llegó luego de revisar al actor, solicitar
los estudios médicos pertinentes y considerar los antecedentes de atención
médica obrantes en autos (ver oficio dirigido a SAMER y a la Clínica
IMA).
Ahora bien, la queja de la citada en garantía se centra en que
el juez de grado no valoró debidamente su impugnación. Sin embargo, no
hace una referencia concreta respecto a cuál aspecto allí objetado podría
llevar a torcer la suerte de lo decidido. En este sentido, la mera remisión a
presentaciones anteriores no pueden ser considerados como un agravio en
el sentido técnico que requiere el artículo 265 del Código Procesal.
De todos modos, es dable destacar que en este caso particular
el señalamiento efectuado por el juez respecto a que dicha impugnación no
está suscripta por profesionales de esas áreas de conocimiento resulta
relevante ya que su lectura permite apreciar que se trata de cuestiones
meramente técnicas y que un lego en esas materias no puede rebatir las
conclusiones del perito designado de oficio, ya que no cuenta con las
conocimientos para ello. En este sentido, más allá de la insistencia de la
apelante y de que en aquel escrito se nombren a sus consultores técnicos, lo
cierto es que tal pieza no se encuentra firmada por ellos.
En consecuencia, entiendo que el dictamen presentado en
autos debe valorarse de conformidad con lo establecido por el artículo 477
del ritual.
Sentado ello y antes de avanzar a explicar los parámetros que
utiliza este Tribunal para la fijación de esta partida debe descartarse
también la crítica de la aseguradora relativa a la violación del principio de
congruencia por haberse fijado una suma superior a la requerida.
Es que se trata aquí de una deuda de valor y por ello su
fijación en dinero se efectúa al momento del dictado de la sentencia, tal
como con acierto señala el colega de grado. Tan es así que al momento de
cuestionar la tasa de interés es la propia aseguradora quien reconoce que
las cifras se fijaron a valores actuales y se ancla en ese argumento para
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esos casos el Salario Mínimo Vital y Móvil del momento en que se realiza
la cuantificación, por los años desde la fecha del hecho hasta la edad
productiva de la víctima que esta sala estima hasta los 75 años por los
porcentajes de incapacidad calculados mediante el método de la
incapacidad restante. Sobre ello, se aplica una tasa de descuento del 5%
que esta considera adecuada para evitar el enriquecimiento incausado al
que referí en el párrafo que antecede. A su vez, se contemplan otras pautas
como orientadoras, si es que surgen de las constancias del expediente: la
situación familiar de la víctima, por ejemplo si tiene familiares a cargo o
no, la concreta incidencia de la lesiones en las tareas que desarrollaba más
allá de los porcentajes de incapacidad que resultan genéricos, si trabajaba
en relación de dependencia o de manera independiente, las probabilidades
de que la persona se reinserte en el mercado laboral, y tantas otras como
situaciones diversas son objeto de decisiones judiciales.
En definitiva, ponderaré 1) que el actor tenía al momento del
hecho 19 años, 2) que al margen de lo que se indica en la expresión de
agravios no se cuenta con ingresos acreditados del accionante, tal como
expresamente reconoce al momento de prestar declaración jurada en el
marco del incidente sobre beneficio de litigar sin gastos, por lo que aquí
tomaré en cuenta el salario mínimo, vital y móvil vigente a la fecha del
dictado de la sentencia de grado, 3) una tasa de descuento del 5 % anual
que en la actual coyuntura económica entiendo adecuada y que
representaría el adelanto por las sumas futuras, equivalente a la que se
podría obtener de una inversión a largo plazo, 4) el período a computar que
estaría dado hasta la edad productiva de la víctima que esta sala estima en
75 años y 5) el porcentaje de incapacidad referido.
Teniendo ello en consideración entiendo que el monto fijado
por el juez de grado resulta un tanto reducido y por ello propongo al
Acuerdo elevarlo a Pesos Cinco Millones ($5.000.000).
VII. Por “daño moral” el sentenciante otorgó la suma de
Pesos Un Millón Quinientos Mil ($1.500.000).
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compartible que el daño moral es la lesión de razonable envergadura
producida al equilibrio espiritual cuya existencia la ley presume y tutela y
que atañe a una persona. (conf. CNCiv., Sala B, 6- 12-99, “Mesa Gladys c/
La Cabaña s/ daños y perjuicios”).
En consecuencia, teniendo en consideración la caracterización
de la partida formulada precedentemente, valorando la afectación de índole
espiritual que es dable esperar que haya afectado al reclamante y sus demás
condiciones personales que surgen de estos autos y del incidente sobre
beneficio de litigar sin gastos, entiendo que la suma fijada resulta un tanto
reducida y por ello propongo al Acuerdo que se eleve a Pesos Dos
Millones Quinientos Mil ($2.500.000).
VIII. Por “gastos médicos, de farmacia y de traslado” el a
quo fijó Pesos Cincuenta Mil ($50.000) y por “tratamiento psicológico”
Pesos Doscientos Veinte Mil ($220.000).
El actor se agravia por considerar tal suma reducida en tanto
“no cubren los rubros que pretende resarcir” y cita precedentes en base a
los cuales respalda su postura, mientras que la citada en garantía insiste con
la violación al principio de congruencia.
La queja de la citada en garantía ya ha merecido respuesta en
los apartados precedentes, por lo que nada más cabe agregar. En cuanto a
la queja del accionante, la mera discrepancia que traduce este aspecto de su
expresión de agravios no alcanza a superar el umbral para ser considerado
un agravio en el sentido técnico que establece el artículo 265 del ritual, por
lo que no cabe más que declararlo desierto. Así lo voto.
IX. El juez de la instancia anterior estableció que las sumas
fijadas devenguen intereses desde la fecha del hecho y hasta su efectivo
pago conforme la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual
vencida a 30 días del Banco de la Nación Argentina. Asimismo, para el
caso en que no se cumpla la condena en el tiempo establecido, ordenó que
se compute el doble de dicha tasa hasta su efectivo pago.
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una desde que la obligación se hizo exigible y hasta que se determinó el
valor de la prestación, y otra desde este último momento hasta su pago. La
primera debe ser pura, lo que equivale a decir que no debe contener
componentes inflacionarios, ya que el monto de la obligación se determina
conforme al valor que ella reviste en el momento de la cuantificación en la
sentencia. La restante se aplica cuando la deuda queda finalmente
consolidada en dinero, supuesto en el cual cabe aplicar una tasa como la
activa que computa la depreciación de la moneda. En definitiva, la tesis
contraria reconoce dos veces la desvalorización monetaria operada entre el
hecho generador de los perjuicios y la sentencia que cuantifica esos daños a
valores actuales, con el consiguiente enriquecimiento sin causa del
acreedor (conf. Ossola, Federico Alejandro en Lorenzetti, Ricardo Luis
[director], Código Civil y Comercial de la Nación Comentado, Santa Fe,
Rubinzal Culzoni, 2015, t. V, págs. 158/159).
Así las cosas, si bien durante el último período este colegiado
había variado ese criterio con fundamento en el aumento generalizado de
los precios de bienes y servicios, como también en la necesidad de ofrecer
uniformidad con el resto de las salas que componen esta Cámara de
Apelaciones, lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en
la causa “Barrientos” (CIV 28577/2008/1/RH1, sentencia del 15 de octubre
de 2024) resulta decisivo para retomar el camino trazado con anterioridad.
Sobre este punto, cabe recordar que es un principio asentado
desde el caso “Cerámica San Lorenzo” de 1985 (Fallos: 307:1094) que los
tribunales inferiores deben conformar sus decisiones a las sentencias de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación. La propia Corte recordó en
“Schiffrin” (Fallos: 340:257, sentencia del 28 de marzo de 2017) –con su
integración actual– el deber moral que tienen los magistrados de conformar
sus decisiones a las adoptadas por el máximo tribunal cuando no se aportan
razones de suficiente entidad argumentativa para modificarlos. Señaló
expresamente en el considerando 9º que “…los precedentes deben ser
mantenidos por esta Corte Suprema y respetados por los tribunales de
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doble tasa impuesta para el caso de demora en el cumplimiento de la
sentencia.
IX. Finalmente, el colega de grado dispuso, en previsión de lo
irrazonable que resulta comparar valores históricos como los del límite del
seguro, con los actuales fijados en la sentencia, que la suma asegurada se
actualice conforme a las normas vigentes al momento del efectivo pago por
parte de la citada en garantía. Aclaró también que ello sólo se refería al
capital de condena.
La citada en garantía reprocha que se haya dispuesto tal
actualización, aunque gran parte de su crítica hace alusión a distintas
decisiones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, en realidad,
versan sobre la oponibilidad a la víctima de la franquicia pactada en
materia de transporte público de pasajeros. Aún así, trae a colación también
lo decidido por el máximo tribunal en el caso “Flores”.
En primer lugar es dable señalar que en autos no se encuentra
debatido nada relacionado con la franquicia. De todos modos, si los
agravios fueran vistos de la forma más favorable a los intereses de la
apelante y si hiciera un esfuerzo interpretativo que lleve a concluir que los
argumentos que expone se vinculan con la actualización del seguro
dispuesta por el juez de grado, entiendo que la cuestión planteada resulta
abstracta. dadas las sumas por las que procede la demanda -tal como han
quedado establecidas en el presente pronunciamiento- y el límite del seguro
invocado ($10.000.000, conforme surge de la póliza y se ratifica en la
pericia contable), sobre todo porque la aseguradora deberá responder de
manera proporcional por los intereses y costas del proceso, tal como
estableció el juez de grado y no se encuentra cuestionado.
De todos modos, debe destacarse que ello era también lo que
sucedía considerando los montos fijados por el juez de grado y la
actualización fue decidida por el a quo “en previsión” -sic- de los efectos
derivados de la distorsión entre la suma actualizada de carácter histórico y
los montos fijados de manera actual.
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activa impuesta para el caso de demora en el cumplimiento de la condena;
3) confirmar la sentencia en todo lo demás que fue motivo de no atendibles
agravios; 4) imponer las costas a la parte citada en garantía que resultó
sustancialmente vencida; y 5) en atención a lo precedentemente decidido,
de conformidad con lo dispuesto por el art.279 del Código Procesal y el
art.30 de la ley 27.423, déjense sin efecto las regulaciones de honorarios
practicadas en la instancia de grado y su aclaratoria.
En consecuencia, atento lo que surge de las constancias de
autos, cabe considerar la labor profesional desarrollada apreciada en su
calidad, eficacia y extensión, la naturaleza del asunto, el monto
comprometido con más sus intereses, las etapas cumplidas, el resultado
obtenido y las demás pautas establecidas en los arts. 1, 16, 20, 21, 22, 24,
29, 54 y concordantes de la ley de arancel 27.423. Teniendo ello en cuenta,
regúlense los honorarios de la letrada apoderada de la parte actora Dra.
María Fernanda Lambert en la cantidad de cuarenta y ocho con cuarenta
y cuatro UMA (48,44) que representan al día de hoy la suma de tres
millones quinientos mil pesos ($3.500.000).
Asimismo, regúlense los honorarios de la Dra. Natalia Yapur
Marzo en la cantidad de treinta y siete con treinta y siete UMA (37,37) que
representan a hoy la suma de dos millones setecientos mil pesos
($2.700.000).
Considerando los trabajos efectuados por los expertos, las
pautas la ley de arancel precedentemente citada y el art.478 del Código
Procesal regúlense los honorarios de los peritos, ingeniero Carlos Alberto
Mateos y médico Ernesto Javier Castello en la cantidad de doce con
cuarenta y seis UMA (12,46) que representan al día de la fecha la suma de
novecientos mil pesos ($900.000) para cada uno de ellos y los de la perito
contadora Susana Haydee Barsky en la cantidad de seis con noventa y
dos UMA (6,92) que representan a hoy la suma de quinientos mil pesos
($500.000).
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