Cámara Civil - Sala I: Azuaga Baez, Lucian Beder C/ Terreri, Franco Roberto S/Daños Y Perjuicios
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semáforo con luz roja en la encrucijada. En ese momento resultó impactado
de manera repentina en la parte trasera de su vehículo por la Ford EcoSport
dominio AC 205 SH conducida por el accionado, quien transitaba por el
mismo carril, en el mismo sentido de circulación, pero unos metros detrás
suyo. A raíz de ello fue desplazado e impactó un automotor que se
encontraba delante suyo, lo que provocó daños en la parte trasera y
delantera de su rodado, como así también en su persona, cuya
indemnización se persigue en este proceso.
IV. El juez de grado encuadró jurídicamente el caso en el
artículo 1769 del Código Civil y Comercial de la Nación que dispone que
en materia de daños provocados por la circulación de vehículos se aplica lo
dispuesto por los artículos 1757 y 1758 del mismo cuerpo normativo, los
que establecen la responsabilidad de dueño y guardián de los dueños de
cosas riesgosas. En esas normas se consagra el factor de atribución objetivo
para este tipo de supuestos.
Según el magistrado, de tal manera, al damnificado le basta
acreditar el hecho, el daño y la relación causal para que recaiga en cabeza
de los accionados esgrimir y acreditar algunas de las eximentes legalmente
previstas para responder. Sentado ello se dedicó a analizar la prueba
producida y concluyó que los accionados no lograron fracturar el nexo
causal presumido. Concluyó que puede inferirse que el accidente ocurrió
con motivo del obrar imprudente del demandado, lo cual sella su
responsabilidad.
V. Las partes no cuestionan lo decidido en materia de
responsabilidad. La parte actora reprocha las sumas otorgadas por
considerarlas reducidas, el rechazo de los rubros “gastos de vestimenta”,
“daños materiales” y “privación de uso”, como así también la tasa de
interés estipulada; mientras que los accionados objetan la procedencia y
cuantía de los rubros “incapacidad sobreviniente” y “daño moral” y la
forma de computar los acrecidos.
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incapacidad física asignada al actor, lo que el sentenciante no realizó. Hace
hincapié en que el informe pericial no puede ser analizado de manera
aislada, ya que “merece serios reparos en cuanto a su validez probatoria”,
sobre todo porque los dictámenes de los peritos no resultan vinculantes
para los magistrados, sino valorados conforme los principios de la sana
crítica. Argumenta que en este caso la solución consagra un
enriquecimiento sin causa para la víctima.
Objeta los montos atribuidos como abultados, teniendo en
cuenta que se trata de un siniestro de escasas consecuencias, con simples y
no graves traumatismos. Aporta, además, que los porcentajes de
incapacidad son meros orientadores para los magistrados quienes deben
verificar la índole de la secuela en cuestión.
Comienzo por señalar que abordaré en forma conjunta estos
ítems indemnizatorios, aunque analizando las sumas correspondientes a
cada partida por separado, por así haberlo hecho el a quo.
Establecido ello, dado que las accionadas cuestionan los
hallazgos de la perito médica me dedicaré a valorar su dictamen. Antes de
ello, vale resaltar que en autos se cuenta con el informe emitido por el
Centro de Diagnóstico DIM del que surge que el accionante fue atendido el
día posterior al accidente por traumatismo cervical y que se le realizó una
radiografía de la que surge que el eje de la columna se encuentra
rectificado.
Pues bien, la perito médica revisó al actor, requirió la
realización de estudios complementarios y en base a ello y a la constancia
de atención ya mencionada estableció que el actor presenta como secuela
física cervicalgia con contractura muscular y rigidez con cambios
degenerativos discales, por lo que le otorga un 8% de incapacidad de la
total obrera.
La citada en garantía impugnó dicho informe y controvirtió la
conclusión de la experta ya que según su criterio “el síndrome cervical
postraumático por latigazo cervical (en adelante: SLC) es un cuadro
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postraumático, lo que provoca una incapacidad parcial y permanente por la
que le asignó un 10%.
La aseguradora impugnó tal informe y la respuesta de la
perito fue sumamente solvente. Allí explicó que se basó en el
psicodiagnóstico que se practicó la actora y que se encuentra agregado en
autos y ratificó su informe dando respuesta a cada uno de los
cuestionamientos que se le formularon. Por lo cual, también en este caso lo
evaluaré de conformidad con el artículo 477 del ritual.
Sentado ello, dado que ambas partes cuestionan la falta de
parámetros concretos para explicar cómo el juez arribó a la suma que fijó,
explicaré en lo que sigue el modo en que procede para ello este Tribunal.
Pues bien, para la determinación del monto de incapacidad,
esta Sala acude desde hace tiempo -incluso antes de la vigencia de la actual
normativa de fondo- a criterios matemáticos como pauta orientativa,
tomando los valores que arrojan esos cálculos finales como indicativos,
pero sin resignar las facultades que asisten al órgano judicial para
adecuarlos a las circunstancias y condiciones personales del damnificado,
de modo de arribar a una solución que concilie lo mejor posible los
intereses en juego (ver esta Sala, exptes n° 33.840/2010 del 22-12-2016;
83.779/2007 del 05-04-2017, 37.766/2013 del 19-05-2017, 24.096/2011
del 16-05-2017; 110.032/2009 del 23-02-2017, 40743/2010 del 02-12-
2016; entre muchos otros).
En numerosas ocasiones expliqué que he descartado
multiplicar los ingresos de la víctima por el número de años, dado que tal
cálculo soslaya que sumar directamente cada uno de los importes -aún
parcialmente- que se devengarían como salarios, importa ignorar que al
fijarse la indemnización en una prestación única y actual, tal procedimiento
conducirá a un enriquecimiento ilegítimo en beneficio de la víctima.
Del mismo modo he desechado el temperamento de computar
un valor al punto de incapacidad pues ese método se desatiende de las
circunstancias de la víctima que sumadas al grado de incapacidad, habrán
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de la víctima que esta sala estima en 75 años y 5) los porcentajes de
incapacidad referidos, con la salvedad ya puesta de relieve.
Teniendo ello en consideración entiendo que los montos
fijados por el sentenciante resultan un tanto reducidos y por ello propongo
elevar la “incapacidad física sobreviniente” a Pesos Dos Millones
($2.000.000) y la “incapacidad psicológica” a Pesos Tres Millones
($3.000.000).
En cuanto al tratamiento psicológico, la experta recomendó
su realización en un lapso de entre 12 y 18 meses de frecuencia semanal y
señaló que los honorarios por consulta psicológica ascienden a $3.500 la
sesión.
Sin embargo, claro está, esas sumas se corresponden con el
momento de su dictamen y dado que como se explicará en profundidad
más adelante, el reclamo se trata de una deuda de valor, tal suma debe ser
fijada a la fecha de la sentencia de grado. Por tal motivo, entiendo que la
suma de Pesos Doscientos Cincuenta Mil ($250.000) fijada para este rubro
por el juez de grado resulta reducida y por ello propongo elevarla a Pesos
Seiscientos Mil ($600.000).
VII. Por “gastos médicos, de farmacia y traslados” el a quo
adjudicó la suma de Pesos Veinte Mil ($20.000).
El accionante cuestiona tal cifra por entender que es reducida.
Indica que sólo con analizar los datos inflacionarios del país puede
apreciarse que un medicamento cuesta mínimamente alrededor de $30.000.
Advierte que los medicamentos aumentaron el año pasado 95,4%, es decir,
0,6% por encima de la inflación general.
Teniendo en cuenta los medicamentos que se le indicaron al
actor al ser atendido en el centro DIM, entiendo que la suma fijada por esta
partida resulta un tanto reducida si se toma en consideración la fecha en
que se cuantificaron los daños, razón por la cual propongo al Acuerdo
elevar el rubro a Pesos Cincuenta Mil ($50.000).
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producida al equilibrio espiritual cuya existencia la ley presume y tutela y
que atañe a una persona. (conf. CNCiv., Sala B, 6- 12-99, “Mesa Gladys c/
La Cabaña s/ daños y perjuicios”).
En consecuencia, teniendo en consideración la caracterización
de la partida formulada precedentemente, valorando la afectación de índole
espiritual que es dable esperar que haya afectado al reclamante y sus demás
condiciones personales que surgen de estos autos entiendo que la suma
fijada resulta un tanto reducida y por ello propongo al Acuerdo que se
eleve a Pesos Dos Millones Quinientos Mil ($2.500.000).
IX. Por “tratamiento médico futuro” el a quo adjudicó Pesos
Cien Mil ($100.000) que la parte actora objeta por ser escasa teniendo en
cuenta la inflación y que la sesión kinésica en el sector privado se estima
en unos $7000, por lo que solicita que se eleve la cifra por este rubro a
$500.000.
La perito médica recomendó que el actor se someta a
kinesiología tres veces por semana durante seis meses a fin de aliviar la
sintomatología. Informó que el costo de la sesión era de $2.000 la sesión en
el ámbito privado.
Teniendo en cuenta el tratamiento recomendado y los valores
a la fecha de la sentencia de grado, la suma fijada por este rubro luce un
tanto reducida y por ello propongo elevarla a Pesos Trescientos Mil
($300.000).
X. El juez de grado rechazó el reclamo por “gastos de
vestimenta” por falta de prueba.
La parte actora critica tal decisión ya que resulta procedente
aunque no se aporte prueba directa de la inutilización de las prendas,
cuando las circunstancias del hecho permiten inferir este perjuicio, por lo
que resulta razonable presumir que la misma se encuentra totalmente
inutilizable o al menos dañadas sin posibilidad de “reparación”.
Ahora bien, precisamente la mecánica del accidente no
permite presumir en este caso particular que tal tipo de daño se haya
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actora al iniciar este proceso que permiten advertir daños en la parte trasera
y delantera del vehículo del actor, concordante con la mecánica del hecho
debatido. A ello cabe agregar, además, el informe del taller a través del
cual se expidió sobre su autenticidad.
En ese marco de consideración, aún cuando es cierto lo
apuntado por el sentenciante respecto a que en tal pieza no surgen los
precios de las reparaciones y que sobre tal punto tampoco se requirió que
se expida el perito ingeniero mecánico, entiendo que ello no puede llevar al
rechazo de las partidas analizadas.
En efecto, he tenido oportunidad de señalar en autos “Ramos
Padilla, Juan María c/ Gómez, Daniel Pablo s/ daños y perjuicios”, expte.
n°: 32894/2017 del 01/11/2022 que según el artículo 165 del rito, los
jueces y juezas podemos y debemos fijar el importe resarcitorio de
aquellos daños que han sido legalmente comprobados (el resaltado me
pertenece). En este sentido el artículo 165 no trae una prerrogativa para los
magistrados y magistradas, sino una imposición, y las facultades
discrecionales - que deben anclarse en la experiencia, las variables de
mercado, la comparación con otras sentencias, etc.- alcanzan a la
determinación del monto en cuestión, pero no al reconocimiento e
indemnización de los daños. (Conf. Arg. Vila, Rosa en Houghton - Arean
(dir) Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Concordado con los
Códigos Provinciales. Análisis doctrinario y jurisprudencial.” Tomo 3, pág.
503).
De hecho, se ha considerado arbitraria la sentencia que
probada la existencia de un daño resarcible, rechaza la demanda sin hacer
uso de esta disposición que la legislatura le ha confiado al juez en miras al
adecuado servicio de justicia (CSJN, 10/12/92 Ja, 1995-II, síntesis).
Sentado ello, el experto mecánico a partir de las fotografías
aportadas observó daños en en el capot y óptica derecha; y producto de un
segundo impacto en la zona posterior de este automóvil, deformaciones
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En este tipo de obligaciones el objeto debido no es el dinero
sino un determinado “valor”, “utilidad” o “ventaja patrimonial” que debe
procurar el deudor al acreedor, pero que en definitiva se satisfará con una
suma de signos monetarios destinada a cubrir el valor debido (conf. esta
Sala, “Caracciolo, Daniel Roque c. Galeno Argentina S.A. y otros s. daños
y perjuicios – resp. prof. médicos y auxiliares”, expte. nº 110.205/2011 del
3 de septiembre de 2020 y sus citas).
En tales condiciones, este tribunal sostuvo como regla general
a lo largo del tiempo que si una obligación de valor es cuantificada a
parámetros monetarios actuales debe fijarse una tasa del 8% anual hasta el
momento en el que el crédito quede cristalizado en dinero (conf. “Aguirre
Lourdes Antonia c. Transporte Automotores Lanús Este S.A. s. daños y
perjuicios”, expte. nº 67325/2001 del 17 de marzo de 2009 y sus citas;
“Martínez, Eladio Felipe c. Díaz, Hernán Reinaldo s. daños y perjuicios”,
expte. nº 47114/2001 del 15 de marzo de 2013, entre otros), porque esa
tasa pura resulta suficientemente compensatoria para un capital que hasta
entonces es ajeno al deterioro inflacionario.
En ese mismo sentido tiene dicho la doctrina que en el caso de
las obligaciones de valor es correcto aplicar dos tasas de interés diferentes:
una desde que la obligación se hizo exigible y hasta que se determinó el
valor de la prestación, y otra desde este último momento hasta su pago. La
primera debe ser pura, lo que equivale a decir que no debe contener
componentes inflacionarios, ya que el monto de la obligación se determina
conforme al valor que ella reviste en el momento de la cuantificación en la
sentencia. La restante se aplica cuando la deuda queda finalmente
consolidada en dinero, supuesto en el cual cabe aplicar una tasa como la
activa que computa la depreciación de la moneda. En definitiva, la tesis
contraria reconoce dos veces la desvalorización monetaria operada entre el
hecho generador de los perjuicios y la sentencia que cuantifica esos daños a
valores actuales, con el consiguiente enriquecimiento sin causa del
acreedor (conf. Ossola, Federico Alejandro en Lorenzetti, Ricardo Luis
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la sentencia de grado, ya que más allá de que no comparto ese criterio, la
ausencia de agravio concreto sobre el punto me impide avanzar sobre el
tema.
Finalmente, en cuanto a la capitalización que requiere la parte
actora deberá estarse a lo previsto por el inc. c del artículo 770 del Código
Civil y Comercial de la Nación, una vez que los presupuestos que dicha
norma indica se tornen, eventualmente, operativos.
En consecuencia, propongo al Acuerdo que se modifique el
cómputo de intereses de acuerdo a lo aquí establecido y que se revoque la
doble tasa impuesta para el caso de demora en el cumplimiento de la
sentencia.
XIII. Por lo expuesto voto porque: 1) se eleve a Pesos Dos
Millones ($2.000.000) la “incapacidad física sobreviniente”, a Pesos Tres
Millones ($3.000.000) la “incapacidad psicológica”, a Pesos Seiscientos
Mil ($600.000) la suma destinada a sufragar el tratamiento psicológico
recomendado, a Pesos Cincuenta Mil ($50.000) la correspondiente a
“gastos médicos, de farmacia y traslados”, a Pesos Dos Millones
Quinientos Mil ($2.500.000) la destinada a enjugar el “daño moral” y a
Pesos Trescientos Mil ($300.000) la relativa al “tratamiento médico
futuro”, 2) se revoque el rechazo del “daño material” y “privación de
uso” y se otorgue por esas partidas la suma de Pesos Quinientos Mil
($500.000) y Pesos Cien Mil ($100.000), respectivamente, 3) se modifique
la tasa de interés a aplicar de conformidad con lo establecido en el apartado
XII , 4) se confirme la sentencia en todo lo demás que fue motivo de no
atendibles agravios y 5) se impongan las costas de Alzada a las accionadas
quienes resultaron sustancialmente vencidas (artículo 68 del Código
Procesal), teniendo en cuenta para ello que en orden a los distintos criterios
aplicados por las salas de esta Cámara, lo decidido en materia de intereses
impide considerar a la parte actora vencida en lo que a este aspecto
concierne.
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