República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria
Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos
Facultad de Medicina "Dr. José Gregorio Hernández"
Maturín Estado Monagas
Análisis de la película
“LOS CHICOS DE LA
SEÑORITA EVERS”
Profesora: Bachiller:
Lic. Zulay Jiménez #12 Flores,
Juraimir
#24 Hernández, Xaymar
#25 Hurtado, Andrea
#26 Jiménez, Diocelina
#30 Molero, Ángel
3er año, sección 1
Maturín, 26 de junio, 2025
La trama de la película se centra en la historia de “El Estudio de Tuskegee”, que tuvo
lugar en Estados Unidos entre 1932 y 1972. Originalmente llamado "Estudio de sífilis no tratada
en el hombre negro en Tuskegee", fue llevado a cabo por el Servicio de Salud Pública del país,
donde tenía como objeto principal estudiar la progresión natural de la Sífilis en hombres
afroamericanos aplicando tratamientos placebos como frotar mercurio en la piel de los hombres.
Para aquella época de 1930 en Alabama había una gran comunidad afroamericana que
estaba infectada por Sífilis, unas de las causas por la cuales prevalecía la infección en la
población era por causa del racismo sistemático que existía en el país, muchos de ellos no eran
tratados en hospitales por el simple hecho de ser negros, además de que muchas de estas personas
no contaban con recursos para obtener un tratamiento ni mucho menos podían viajar a otro estado
para ser atendidos en otro hospital.
El desarrollo del estudio es narrado desde la perspectiva de la enfermera afroamericana
Eunice Evers, quién junto con su colega el doctor Samuel Brodus y el doctor Douglas están
encargados de realizar dicho estudio.
La enfermera Evers desde un principio está emocionada por ser parte de este programa
para ayudar a su comunidad, así que es encargada de buscar personas que posiblemente están
infectadas y confirmar la enfermedad mediantes pruebas. Una vez que consiguió la cantidad de
personas adecuada se les comenzó a aplicar un tratamiento placebo, luego de un tiempo el
gobierno no puede seguir financiando este programa, por lo que la enfermera busca otro trabajo.
Al pasar el tiempo es nuevamente llamada para formar parte y ella felizmente acepta pero
se da cuenta de que tiene que realizar cosas que atentan contra su ética y deber como enfermera,
las cuales mencionaré:
No dar un consentimiento informado, ella simplemente les dijo que tienen “mala sangre”,
un término para que ellos pudieran entender que están enfermos, pero no se les explicó
con claridad de que padecen de sífilis y lo grave que puede ser. Prometiendo que el
gobierno los iba a ayudar proporcionando alimento, una compensación monetaria por
participar (algo mínimo por cierto) con “seguro de entierro” y tratamiento oportuno
(cuando en realidad el estudio requiere que nadie reciba tratamiento). Su relación médico
– paciente no está basado en la confianza, sino en la mentira.
Maleficiencia, en cierta parte, porque cuando se dió a conocer la penicilina como
tratamiento para la enfermedad ella no lo administraba porque acataba órdenes de sus
superiores que alegaban que podía ser fatal debido a graves efectos secundarios, pero, no
podemos dejar de lado su labor compasiva para con los hombres, donde muchos de ellos
eran sus amigos y ella siempre trató desde sus posibilidades de darles el mejor trato
posible, escucharlos y acompañarlos hasta el final de su vida.
Este lamentable hecho ocurrió en una época donde ya mencioné anteriormente, había una
cultura fuertemente discriminatoria hacia la comunidad afroamericana, que perpetuó parte del
departamento de salud pública, gobierno y otros entes de salud, basándose en una idea racista
disfrazada en un estudio donde tenían que probar que la enfermedad progresaba de manera
diferente en los negros que a los blancos, y que el Dr Brodus, cegado por la ambición, permitió
que esto se diera para constatar ante la opinión pública que eso no es cierto, fallando su ética
como médico, causando un daño a sus pacientes y negándose a administrarle penicilina a pesar de
la cantidad de hombres que padecían de una enfermedad que los llevó a un sufrimiento,
complicaciones como la ceguera y demencia, hasta la muerte.
Se aprovecharon de personas, que sufrían de una desigualdad tanto económica y social,
muchos de ellos no entendían los tecnicismos que usan los médicos, y los doctores en conjunto
con la enfermera usaron esto a su favor para manipularlos. Vivian en condiciones vulnerables,
donde no contaban con el dinero suficiente para ir a un hospital, aunado a eso, cuando se
oficializó la penicilina como tratamiento, los participantes del programa no podían acceder a ello
porque los pusieron en una lista que estaba en todos los hospitales del país, donde se les prohibía
que se les administrara dicho tratamiento.
El experimento finalmente se expuso en los años 70, llevando a una investigación del
Senado, compensación económica para los supervivientes y una disculpa pública del presidente
Bill Clinton en 1997.
Estas violaciones éticas llevaron a cambios significativos en las regulaciones de
investigación con humanos en Estados Unidos, incluyendo la creación del Informe Belmont y el
establecimiento de las Juntas de Revisión Institucional (IRB), que hoy en día son fundamentales
para proteger los derechos y el bienestar de los participantes en estudios científicos.
La película es un recordatorio escalofriante de hasta dónde puede llegar la
deshumanización en nombre de la "ciencia".