6.
Sistema gastrointestinal
El proceso de envejecimiento tiene efectos clínicos significativos en la motilidad oro faríngea y
esofágica superior, en la función colónica, en la inmunidad gastrointestinal y en el metabolismo de
los medicamentos, estos cambios son menos acentuados que en otros sistemas. Frecuentemente,
es difícil distinguir cambios fisiológicos que ocurren con el envejecimiento, de procesos subclínicos
de enfermedad, Por lo regular, un leve deterioro de la función por envejecimiento puede verse
alterado por la superposición de alguna enfermedad o el consumo de algún medicamento. En la
figura 10.2 se muestran los principales cambios del sistema gastrointestinal.
Figura 10.2 Envejecimiento del sistema gastrointestinal EES: Esfínter esofágico superior. LEI:
Esfínter esofágico inferior Fuente: Hall E. Aging of the gastrointestinal system. In: Hazzard’s
Geriatric Medicine and Gerontology. 7th ed. New York, NY: McGraw-Hill; 2018.
En cuanto a la función faringoesofágica, la disminución de masa magra corporal origina disfunción
en las fases oral y faríngea de la deglución y la masticación, predisponiendo al desarrollo de
disfagia y al aumento del riesgo de aspiración. Aún continúa la controversia sobre la existencia del
presbiesófago, es decir, de los cambios que se dan en el esófago al envejecer, como la presencia de
contracciones terciarias no propulsoras, el retraso del vaciamiento esofágico y la moderada
dilatación uniforme del esófago con relajación del esfínter inferior, los cuales hacen que las
alteraciones funcionales esofágicas, como el espasmo difuso, sean más frecuentes en ancianos,
principalmente en mayores de 80 años. Por otra parte, parece existir una restricción del
vaciamiento gástrico de líquidos, pero no de sólidos, probablemente por reducción de la
contractilidad del fundus gástrico, esto hace que se tenga mayor riesgo de desarrollar gastritis por
el uso de medicamentos, especialmente, por el uso de antinflamatorios no esteroideos (AINES).
También, está disminuida la percepción de distensión gástrica que colabora en la anorexia del
envejecimiento. La disminución de la masa de células parietales hace que se reduzca la producción
de ácido, lo que lleva al aumento de la susceptibilidad de infección por Helicobacter pylori. La
atrofia de la mucosa gástrica se debe a la muerte celular acelerada o a la disminución de la
renovación de células epiteliales, por lo que en los ancianos es más frecuente la gastritis atrófica
crónica que puede llevar a la metaplasia intestinal, un posible precursor del cáncer de estómago.
Además, se disminuyen los factores citoprotectores, lo que incrementa el riesgo de infección por
Helicobacter pylori y aumenta la susceptibilidad a lesiones por medicamentos. En los ancianos,
aunque el tiempo de tránsito intestinal no está alterado, a pesar de la disminución del número de
neuronas en la pared del intestino delgado, las vellosidades intestinales se acortan y se aplanan lo
que lleva a una reducción de las disacaridasas, especialmente de la lactasa, lo que produce
intolerancia a los lácteos. Al parecer la absorción de proteínas y grasas permanece intacta, pero
existe una alteración en la absorción de micronutrientes, vitamina D, ácido fólico, vitamina B12,
calcio, cobre, zinc, ácidos grasos y colesterol, que colaboran en la anorexia del envejecimiento. Por
otro lado, la mucosa del colon se torna atrófica y la muscularis mucosa se hipertrofia. El tránsito
colónico es más lento por disminución de la inervación y lleva a un aumento del diámetro del
colon; la enfermedad diverticular es mucho más frecuente, 30% de los mayores de 60 años la
sufren. La esclerosis del esfínter anal hace que se produzca una pérdida de la elasticidad muscular,
lo que lleva a una disminución de la presión contráctil máxima, sin embargo, la percepción de
distensión rectal no cambia. Al envejecer, se deteriora la capacidad para expeler material sólido
desde el recto y se requiere un gran volumen de distensión rectal para tener sensación de llenado.
No existen diferencias en el volumen rectal necesario para causar relajación, pero se requieren
volúmenes más bajos de materia fecal en el recto para producir relajación sostenida del esfínter
interno lo que contribuye a la sensación de urgencia fecal que se observa en los ancianos. Otro
cambio es la disminución de la sensación anal y perianal y las presiones rectales más bajas de lo
normal, así, el volumen máximo tolerado es algo menor en los sujetos de mayor edad, mientras
que en los jóvenes es de 400 ml, en ancianos es de 320 ml, probablemente por el aumento en la
rigidez de las paredes del recto, sobre todo en las mujeres.