UNIVERSIDAD EVANGÉLICA DEL PARAGUAY
FACULTAD DE LENGUAS VIVAS
LA VIDA DE JESÚS
Carolina Galeano, Anna Jara, Fernanda Samudio, Federico Rolón.
TRABAJO MONOGRÁFICO PRESENTADO A:
Profesor: Edgar Millán
EN CUMPLIMIENTO FINAL
PARA LA MATERIA CRISTOLOGÍA.
LAMBARÉ
NOVIEMBRE, 2023
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 1
CAPITULO I. DESCRIPCIÓN DEL PERSONAJE BÍBLICO. ...................................... 3
CAPÍTULO II."La Identidad Divina de Jesús: Un Análisis a Través de la Perspectiva de
C. S. Lewis y la Biblia" ..................................................................................................... 5
CAPÍTULO III."La Deidad y Humanidad de Cristo: Un Examen del Evangelio según
George Whitefield y el Nuevo Testamento" ..................................................................... 7
CAPÍTULO IV."La Singularidad de las Afirmaciones de Jesús: De la Blasfemia al
Señorío" ............................................................................................................................. 8
CAPÍTULO V."La Cristología en la Declaración Ligonier: Fundamentos Bíblicos y
Doctrina Trinitaria" ......................................................................................................... 10
CAPÍTULO VI."LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS APLICADAS A LA VIDA DEL
CRISTIANO (NO RONALDO) PROMEDIO".............................................................. 14
CONCLUSIÓN ............................................................................................................... 19
BIBLIOGRAFÍA............................................................................................................. 21
ii
INTRODUCCIÓN
En el vasto tapiz de la historia, hay figuras que trascienden el tiempo y el espacio,
dejando un legado imborrable en la esencia misma de la humanidad. En el tejido histórico
de la humanidad, la figura de Jesús de Nazaret emerge como un faro de esperanza,
sabiduría y compasión. Su vida, marcada por la simplicidad y la autenticidad, ha dejado
un impacto perdurable que trasciende las barreras del tiempo y la diversidad cultural. Al
explorar los diversos aspectos de la vida de Jesús, desde sus actitudes hasta sus
enseñanzas, nos sumergimos en la Cristología, una disciplina que busca comprender el
significado de Jesús, embarcándonos en un viaje espiritual que nos desafía a reflexionar
sobre nuestra propia existencia.
Jesús, el hijo de María, nació en circunstancias modestas en Belén, pero su vida
resonaría con un propósito divino. Emergió no solo como un líder espiritual, sino también
como un ser humano arraigado en la realidad cotidiana. Desde sus humildes comienzos
hasta su ministerio público, Jesús encarnó la humildad y la compasión. Su cercanía con
los marginados y su disposición a sanar a los enfermos y consolar a los afligidos revelan
un corazón compasivo que abraza a toda la humanidad, marcando a todos a su alrededor
con un testimonio vivo de humildad y servicio.
Las enseñanzas de Jesús, impregnadas de parábolas y sabiduría atemporal,
trascienden las barreras culturales y lingüísticas, resplandeciendo con una relevancia
perdurable. El amor al prójimo, la importancia de perdonar y la promoción de la paz se
entrelazan en sus palabras, formando un mensaje transformador, ofreciendo un faro en la
oscuridad de la incertidumbre. Desde el Sermón del Monte hasta las conversaciones
íntimas con sus seguidores, son enseñanzas que desafían las normas convencionales
1
delineadas por el camino de la compasión, justicia y perdón, nos llama a vivir de manera
auténtica y a buscar un propósito más allá de las posesiones materiales.
Explorar las enseñanzas de Jesús no solo implica un viaje espiritual, sino también
la aplicación práctica de sus principios en la vida diaria. La comprensión de la compasión
de Jesús nos desafía a mirar más allá de nuestras diferencias, cultivando una cultura de
inclusión y respeto en nuestro entorno laboral. El perdón como liberación personal, la
empatía como base de las relaciones humanas y la compasión como motor de la acción
social son solo algunas de las aplicaciones prácticas que emergen de sus enseñanzas. En
el ámbito personal, estas lecciones nos desafían a cultivar la paciencia, la tolerancia y la
humildad. En el plano profesional, se traducen en liderazgo basado en la integridad y la
preocupación genuina por el bienestar de los demás.
En resumen, este trabajo se embarca en un viaje hacia la comprensión de Jesús,
no solo como figura religiosa, sino como un guía eterno cuyas enseñanzas reverberan en
cada rincón de nuestra existencia. Al adentrarnos en su vida y enseñanzas, nos
sumergimos en un océano de sabiduría que sigue resonando a lo largo de los siglos. Su
legado trasciende las divisiones culturales y religiosas, recordándonos la universalidad de
valores como el amor, la compasión y la justicia. A medida que ahondamos en este
estudio, invocamos la sabiduría de Jesús para iluminar nuestro propio camino, buscando
aplicar sus enseñanzas no solo como un ejercicio espiritual, sino como un faro que guía
nuestras acciones en la vida cotidiana.
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CAPITULO I. DESCRIPCIÓN DEL PERSONAJE BÍBLICO.
La vida de Jesús es una parte central de la historia cristiana. La vida de Jesús está
narrada en los evangelios redactados por algunos de los primeros apóstoles. Jesús nació
en Belén (actualmente Israel). Su madre fue María y su padre terrenal José. Es Hijo de
Dios, por lo que diciendo esto se destaca su naturaleza cien por ciento humana y divina
con conocimiento y poder infinitos. El representa la divinidad y humanidad. A pesar de
esta grandeza, la declaración contrasta al señalar que también "era mortal y susceptible al
hambre y al dolor", resaltando su humanidad.
Nuestro calendario comienza desde el nacimiento de Jesús. Se sabe que nació
alrededor del año 4 a.C., durante el reinado de Herodes. Después de su nacimiento, la
familia tuvo que refugiarse ya que eran perseguidos por el mismo. Herodes había hecho
un mandato de ejecutar a los niños nacidos en Belén menores de dos años. Regresaron a
Nazaret después de la muerte de Herodes.
Durante su infancia, Jesús vivió en Nazaret, donde su padre trabajaba como
carpintero. A pesar de ser el Hijo de Dios, Jesús experimentó una vida normal con su
familia, compartiendo así la experiencia humana en su infancia y juventud.
Hacia los 30 años es cuando Jesus comienza su camino “en la luz pública”.
Escuchaba los sermones de Juan el Bautista, lo que hizo que se bautizara en el río Jordán
por el mismo y reconocido como hijo unigenito de Dios. Tras el bautismo y un retiro de
cuarenta días en el desierto (fue tentado por el diablo y lo supo resistir), Jesucristo
comenzó su predicación. En su camino reclutó un grupo de fieles (los doce apóstoles),
con los que recorrió Palestina. Fue ejemplo perfecto de amor ya que durante su vida en la
tierra, Jesús se preocupó por los pobres, sanó a los enfermos, nunca rechazó a los niños
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pequeños y realizó milagros. Estos milagros no solo demuestran el poder que Jesús tiene,
si no que dan una enseñanza: la naturaleza de los milagros realizados por Jesús se
enfocaban en la idea de "señales". Como devolver la vista a los ciegos y el oído a los
sordos, así como el cambio del agua en vino en las bodas de Canaán. Se destaca que,
aunque la gente buscaba señales evidentes del cielo para creer, Jesús reprendió esa actitud,
señalando que la resurrección es la única señal necesaria. Se buscaba enfatizar la
importancia de comprender el significado de los milagros, especialmente en relación con
la identidad de Jesús como el Hijo Unigénito de Dios. Se sugiere que la resurrección de
Jesús es la señal definitiva que revela su divinidad.
Jesús predicaba desde una perspectiva en donde se basaba en el amor al prójimo,
desprendimiento de los bienes, el perdón y la esperanza de vida eterna. Su mensaje
desafiaba a las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. Al ir ganando seguidores,
los sacerdotes y autoridades judías comenzaron a preocuparse por el impacto que Jesús
tenía. Por este mismo motivo, Jesús fue acusado ante el gobernador romano Poncio Pilato
quien permitió su crucificción.
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CAPÍTULO II.
"LA IDENTIDAD DIVINA DE JESÚS: UN ANÁLISIS A TRAVÉS DE LA
PERSPECTIVA DE C. S. LEWIS Y LA BIBLIA"
C. S. Lewis, en su libro "Mero Cristianismo", destaca la imposibilidad de ver a
Jesús simplemente como un gran maestro moral mientras se niega su afirmación de ser
Dios. Lewis argumenta que Jesús debe ser o el Hijo de Dios, un lunático o algo peor. La
Biblia respalda la divinidad de Jesús a través de varios pasajes.
Según Lewis, rechazar a Jesús como Dios lleva a cuestionar su integridad y
sinceridad. La Biblia, especialmente en Juan 10:30, donde Jesús afirma "Yo y el Padre
somos uno", confirma su identidad divina. A pesar del intento de los judíos de apedrearlo
por blasfemia, Jesús nunca corrige esta afirmación, implicando igualdad con Dios.
Evidencia bíblica adicional incluye Juan 1:1, que dice "En el principio era el
Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios", y Juan 1:14, afirmando que "El
Verbo se hizo carne". Cuando Tomás llama a Jesús "¡Señor mío y Dios mío!" en Juan
20:28, Jesús no lo refuta. Pablo y Pedro también se refieren a Jesús como "nuestro gran
Dios y Salvador".
Profecías del Antiguo Testamento, como Isaías 9:6, refuerzan la deidad de Cristo.
La pregunta sobre la identidad de Jesús es crucial porque, como argumenta Lewis, si Jesús
no es Dios, sería un mentiroso. Además, los apóstoles también serían deshonestos, y el
Mesías, prometido como el "Santo", requiere la entrada de Dios en el mundo como
humano.
Además, la muerte de Jesús carecería del poder para expiar los pecados del mundo
sin su divinidad. La salvación, según la Biblia, solo se logra mediante la fe en Jesucristo,
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quien declaró: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí"
(Juan 14:6).
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CAPÍTULO III.
"LA DEIDAD Y HUMANIDAD DE CRISTO: UN EXAMEN DEL EVANGELIO
SEGÚN GEORGE WHITEFIELD Y EL NUEVO TESTAMENTO"
En su sermón del 16 de diciembre de 1739 en la Bruton Parish Church en
Williamsburg, Virginia, George Whitefield planteó la pregunta atemporal que Jesús hizo
hace 1,700 años en Mateo [Link] "¿Qué piensas de Cristo?". Whitefield afirmó
audazmente la deidad de Jesucristo, rechazando interpretaciones que lo reducían a un
simple maestro moral. Basó su enseñanza en pasajes bíblicos clave, como Juan 10:30,
donde Jesús afirma ser uno con el Padre, y Juan 8:58, donde proclama su preexistencia.
El testimonio del Nuevo Testamento refuerza la completa deidad de Jesús,
llamándolo explícitamente "nuestro gran Dios y Salvador" (Tito 2:13). Se destaca que
posee atributos divinos, realiza acciones exclusivas de Dios y recibe adoración directa.
Contrariamente, Whitefield también enfatizó la humanidad de Jesús, subrayando su
experiencia en aspectos humanos, pero sin pecado.
El clímax del evangelio, según Whitefield y respaldado por el Nuevo Testamento,
es la crucifixión y resurrección de Jesús. Su muerte vicaria y propiciatoria, seguida por la
victoria sobre la tumba, es la esencia misma de la salvación.
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CAPÍTULO IV.
"LA SINGULARIDAD DE LAS AFIRMACIONES DE JESÚS: DE LA
BLASFEMIA AL SEÑORÍO"
Los cristianos afirman con convicción la deidad de Jesucristo, sosteniendo que el
mismo Creador del vasto universo ingresó en Su propia creación como el Hijo de Dios.
Jesús, al autodenominarse el Hijo del Hombre y al reclamar prerrogativas divinas,
enfrentó la acusación de blasfemia. Sus afirmaciones, respaldadas por la resurrección y
el cumplimiento de profecías, fundamentan su divinidad. Las palabras de Jesús,
contextualizadas en el judaísmo del primer siglo, revelan su identidad como el Hijo de
Dios descendido del cielo (Marcos 14:61-62). La tumba vacía, un testimonio silencioso,
respalda sus audaces afirmaciones (Mateo 28:6-7).
La muerte y resurrección de Jesús confirman sus declaraciones sobre autoridad
sobre la vida y la muerte (Juan 10:17-18). Los apóstoles, testigos de estos eventos,
describen a Jesús con un lenguaje sublime, utilizando términos como "nuestro gran Dios
y Salvador" (Tito 2:13). La invasión divina en la creación plantea un llamado ineludible
a la humanidad. Frente a Jesús, no podemos mantener una posición neutral. Su demanda
de arrepentimiento y adoración resuena universalmente, recordándonos que Él es digno
de nuestra entrega y fidelidad (Filipenses 2:10-11).
La singularidad de las afirmaciones de Jesús se destaca en situaciones como su
juicio ante el sanedrín, donde, al referirse a pasajes del Antiguo Testamento, proclamó su
identidad como el Hijo del Hombre. La audacia de sus declaraciones llevó a su condena
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por blasfemia y resalta la importancia que los contemporáneos le dieron a sus palabras.
La tumba vacía, resultado de su resurrección, refuerza aún más la validez de su mensaje.
La teología cristiana sostiene que en Jesús convergen la plenitud de la deidad y la
humanidad sin pecado, una verdad fundamental para la redención. Frente a esta
revelación, la humanidad se enfrenta a la ineludible elección de reconocer a Jesús como
Señor y Salvador, respondiendo a su llamado a la transformación y sumisión a su señorío
(Romanos 10:9).
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CAPÍTULO V.
"LA CRISTOLOGÍA EN LA DECLARACIÓN LIGONIER: FUNDAMENTOS
BÍBLICOS Y DOCTRINA TRINITARIA"
La Declaración Ligonier sobre Cristología ofrece afirmaciones y negaciones
fundamentales sobre la naturaleza de Jesucristo.
Artículo 1: La Encarnación Divina: Según el primer artículo, Jesús representa la
encarnación histórica del eterno Hijo de Dios, siendo el Mesías prometido. Esta
afirmación se respalda en Juan 1:1,14, donde se destaca que el Verbo, que es Dios, se
hizo carne. Se refuerza con referencias adicionales como Salmo 110:1, Mateo 3:17 y Juan
20:28, que resaltan la divinidad de Jesucristo.
Artículo 2: Consubstancialidad y Igualdad Trinitaria: El segundo artículo afirma
la consubstancialidad del Hijo con el Padre y el Espíritu Santo, rechazando la mera
semejanza o adopción. Mateo 28:19 y otras referencias, como Juan 1:18 y Efesios 2:18,
respaldan la igualdad y coeternidad de las tres personas de la Trinidad.
Artículo 3: Verdaderamente Dios y Verdaderamente Hombre: El tercer artículo,
en concordancia con los Credos de Nicea y Calcedonia, proclama que Jesucristo es
verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, con dos naturalezas unidas en una
persona eternamente. Colosenses 2:9 y otras referencias, como Lucas 1:35 y 1 Timoteo
3:16, sostienen la doctrina de la Deidad corporal de Cristo.
Artículo 4: Unión Hipostática: El artículo 4 destaca la unión hipostática,
afirmación de que las dos naturalezas de Jesucristo coexisten sin confusión ni separación.
Las referencias bíblicas como Mateo 16:16-17 subrayan la revelación divina y la
humanidad de Cristo.
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Artículo 5: Conservación de Atributos: El quinto artículo enfatiza que en la
encarnación, las naturalezas divina y humana de Cristo mantienen sus propios atributos.
Filipenses 2:5-7 muestra cómo Jesús, siendo divino, se despojó a sí mismo para asumir
forma de siervo.
Artículo 6: Imagen Visible de Dios: El sexto artículo destaca a Jesucristo como la
imagen visible de Dios. Colosenses 1:15-16 subraya Su papel como el estándar de
verdadera humanidad, esencial para la redención.
Artículo 7: Humanidad Sin Pecado: El séptimo artículo aborda la verdadera
humanidad de Jesucristo y su capacidad para sufrir y ser tentado. Hebreos 2:17-18 destaca
Su identificación con la humanidad sin pecado.
Artículo 8: Concepción Milagrosa: El artículo 8 defiende la concepción milagrosa
de Jesucristo por obra del Espíritu Santo. Lucas 1:26-27 muestra la intervención divina
en el nacimiento del Salvador.
Artículo 9: El Último Adán: El noveno artículo presenta a Jesucristo como el
último Adán, superando las fallas del primero. Romanos 5:12-21 destaca cómo Cristo
cumplió donde Adán falló.
Artículo 10: Obediencia Activa y Pasiva: El décimo artículo subraya la obediencia
activa y pasiva de Jesucristo, cumpliendo la ley y sufriendo por nuestro pecado. Romanos
5:19 muestra cómo Su obediencia nos declara justos.
Artículo 11: En este artículo, se afirma que Jesucristo ofreció en la cruz una
expiación sustitutiva penal por los pecados de Su pueblo. Esto implica que, al morir en la
cruz, Él propició la ira de Dios y satisfizo la justicia divina, al tiempo que triunfó sobre
el pecado, la muerte y Satanás. Se niega que la muerte de Jesucristo haya sido un rescate
pagado a Satanás, así como también se rechaza la idea de que su muerte fue simplemente
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un ejemplo, una victoria sobre Satanás o una exhibición del gobierno moral de Dios. Las
referencias bíblicas para respaldar esta afirmación incluyen Romanos 3:25-26, Isaías 53,
Romanos 5:6, 8, 15, entre otros.
Artículo 12: En este artículo se establece la doctrina de la doble imputación,
sosteniendo que nuestro pecado es imputado a Jesucristo, mientras que Su justicia es
imputada a nosotros por medio de la fe. Se rechaza la idea de que el pecado sea pasado
por alto sin juicio, así como también se niega que la obediencia activa de Jesucristo no
nos sea imputada. Las referencias bíblicas para respaldar esta afirmación incluyen 2
Corintios 5:21, Mateo 5:20, Romanos 3:21-22, entre otros.
Artículo 13: En este artículo, se afirma la resurrección de Jesucristo al tercer día
y su manifestación en carne ante muchos testigos. Se rechaza la noción de que solo
pareciera que Jesucristo murió, que solo su espíritu sobrevivió o que su resurrección fue
meramente espiritual. Las referencias bíblicas para respaldar esta afirmación incluyen 1
Corintios 15:3-5, Mateo 16:21, Mateo 28:1-10, entre otros.
Artículo 14: Este artículo sostiene que en su estado de exaltación, Jesucristo es las
primicias de la resurrección, habiendo conquistado el pecado y la muerte. Se niega la idea
de que el cuerpo resucitado de Jesucristo fuera completamente diferente al que fue puesto
en la tumba. Las referencias bíblicas para respaldar esta afirmación incluyen 1 Corintios
15:20, Romanos 5:10, entre otros.
Los artículos 15 al 26 abordan diversas doctrinas centrales relacionadas con la
persona y obra de Jesucristo. En el artículo 15, se destaca la ascensión de Jesucristo a su
trono celestial y se confirma su regreso futuro en poder y gloria. Los artículos
subsiguientes tratan temas como la intercesión continua de Jesucristo, su regreso final en
gloria para juzgar a todas las personas, la realidad del castigo eterno para aquellos que no
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creen en él, la comunión de los creyentes en Cristo, la justificación por fe sola, la
santificación, y la mediación única de Jesucristo como Profeta, Sacerdote y Rey. También
se aborda la victoria final de Jesucristo sobre todos los enemigos, su entrega del reino al
Padre, y la esperanza de los creyentes en la vida eterna en la presencia de Dios. Cada
artículo se respalda con referencias bíblicas que fundamentan estas doctrinas dentro del
marco teológico de la fe cristiana.
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CAPÍTULO VI.
"LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS APLICADAS A LA VIDA DEL CRISTIANO
(NO RONALDO) PROMEDIO"
El cristianismo práctico puede ser descrito como "las enseñanzas de Jesucristo aplicadas
a la vida cotidiana." Durante su breve ministerio, Jesús enseñó valores eternos que aún
hoy sirven como guía práctica para vivir. Sus instrucciones eternas ofrecen una visión útil
para cualquier situación a la que podamos enfrentarnos.
Preocupación
En el Sermón de la Montaña, Jesús aconsejó a sus oyentes sobre la preocupación. "Por
tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber;
ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo
más que el vestido? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su
estatura un codo? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis
por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio
mal." (Reina-Valera 1960, 1960, Mateo 6:25,27,32-34).
Jesús sabía que la preocupación consume la energía incluso de la persona más fuerte. Sin
embargo, Jesús prometió que podemos confiar en Dios para que nos proporcione lo que
necesitamos, nos dio el secreto para no dejar que la preocupación consuma nuestros
pensamientos y nos inmovilice, de modo que no podamos tomar medidas positivas para
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mejorar nuestras vidas. Lo hizo recordándonos que no debemos preocuparnos por el
mañana, sino simplemente vivir día a día.
Crítica
Muchas personas viven en un mundo plagado de voces críticas. Rodeados de tanta crítica
en los medios de comunicación y en nuestra vida cotidiana, permitimos que el conflicto
se convierta en una forma de vida. Jesús se centró en los resultados negativos que se
producen cuando nos dedicamos a criticar a los demás.
De nuevo, en el Sermón del Monte, Jesús nos dio un sabio consejo práctico: " No juzguéis,
para que no seáis juzgados." (Reina-Valera 1960, 1960, Mateo 7:1). O no critiques para
que no te critiquen a ti. Jesús nos enseñó a centrarnos primero en nuestros propios
defectos antes de hacer el inventario de los demás. Al evaluar honestamente nuestras
propias vidas, a menudo encontramos que los rasgos que nos disgustan en los demás se
reflejan en nosotros mismos. Aceptar nuestra propia humanidad nos aporta una actitud
menos crítica hacia los demás.
Decisiones
Cada día tomamos decenas de decisiones. En sus enseñanzas, Jesús utilizó parábolas para
darnos una orientación clara sobre cómo tomar nuestras decisiones diarias. En la parábola
del hijo pródigo, el hijo menor despreció la autoridad de su padre. Cuando volvía a casa
su padre pudo rechazarlo. En lugar de eso, se apresuró a saludar a su hijo con un beso y
un cálido abrazo. La elección del padre demostró amor, compasión, bondad, perdón y
comprensión.
Al considerar las decisiones cotidianas que influyen en nuestras vidas, elegir estos valores
imperecederos puede ayudarnos a mantenernos en el buen camino.
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Estrés
El agitado ritmo de vida actual ha producido un alto nivel de estrés que afecta a casi todas
las personas. Jesucristo también se enfrentó a un estrés increíble. Se enfrentó al ridículo,
al rechazo y a la incomprensión de sus amigos más cercanos. Soportó la persecución, el
juicio y la crucifixión. ¿Cómo pudo sobreponerse y seguir adelante con una misión
incomparable que daría forma y elevaría para siempre a la humanidad?
Jesús sabía quién era. Confiaba en su misión divina. Fue capaz de desprenderse de las
presiones que le rodeaban y centrarse en su verdadero destino. En Juan 10:30, Jesús dijo:
" Yo y el Padre uno somos.". Buscó siempre morar en una conciencia de pura armonía
con el Espíritu, y en este estado de unidad con Dios, el estrés de la vida humana era
impotente para disuadirle de su misión. "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."
(Reina-Valera 1960, 1960, Filipenses 4:7)
Por otra parte, no hay duda de que el mayor propósito de Jesús mientras estuvo en la tierra
fue glorificar a Dios y lograr la expiación mediante su muerte en la cruz. Vino a anular la
maldición provocada por el pecado de Adán (Reina-Valera 1960, 1960, Romanos 5:12-
21). Su muerte nos abrió el camino de la salvación, y su vida nos mostró cómo es el Reino
de Dios.
Siendo el hombre perfecto, Jesús vivió su vida como estaba previsto que lo hiciera Adán.
Era humano en todos los sentidos. Sabemos que comió, durmió y se afligió. Pero a veces
pasamos por alto que Jesús también trabajó.
Jesús vino a levantar la maldición quitando las penas y los dolores, pero no vino a
deshacerse del trabajo. En vez de quitar el trabajo, vemos que Jesús trabajó. En Juan 9:4,
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Jesús les dice a sus discípulos, “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre
tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.”
Pero Jesús no sólo hizo trabajo específicamente para el Reino de Dios en el sentido en
que a menudo lo concebimos. Jesús tuvo un trabajo durante la mayor parte de su vida.
Realizó un trabajo real y práctico como carpintero (Reina-Valera 1960, 1960, Marcos
6:3). De hecho, si tenemos en cuenta que Jesús sólo desempeñó su papel de maestro y
sanador profesional durante aproximadamente unos tres años, su carrera como carpintero
debería cobrar mayor importancia en nuestras mentes.
El hecho de que Jesús trabajara como carpintero nos ilustra tres cosas:
Primeramente, a menos que el trabajo que hagas sea inherentemente pecaminoso el
trabajo que hacemos puede ser agradable a Dios. A menudo no es el trabajo lo que es
impío, sino la manera en que lo realizamos. Jesús no pecó, y Jesús tenía una vocación.
Por lo tanto, debe ser posible para nosotros hacer nuestro trabajo de una manera que
glorifique a Dios; nuestra tarea es averiguar cómo. “Y todo lo que hacéis, sea de palabra
o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por
medio de él.” (Reina-Valera 1960, 1960, Colosenses 3:17)
Por otra parte, el trabajo debe ser una parte integral de nuestras vidas. Es difícil imaginar
a Jesús viviendo la vida dividida que muchos de nosotros llevamos. A menudo somos una
persona en el trabajo, otra en la iglesia y otra en nuestra familia. Jesús era tan hijo de Dios
cuando cortaba una tabla como cuando curaba a un enfermo. Deberíamos esforzarnos por
hacer de nuestro trabajo una expresión de nuestra personalidad, como una forma de
demostrar la bondad de Dios a los que nos rodean.
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Finalmente, nuestra vocación es tan importante como nuestro servicio en la iglesia. Nada
de lo que hizo Jesús fue por accidente. Sin duda, Jesús era tan santo como carpintero
como maestro; sin embargo, en el plan de Dios, Jesús pasó más de una década haciendo
carpintería. Debe haber sido importante para Jesús hacer ese trabajo, de lo contrario,
habría llegado más tarde y comenzado su ministerio a una edad más temprana.
Eso no sucedió, así que deberíamos valorar nuestro papel en nuestro lugar de trabajo de
igual manera que nuestro papel en nuestra iglesia. Ambos pueden promover el reino de
Dios.
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CONCLUSIÓN
En el cierre de esta exploración profunda en la vida y enseñanzas de Jesús de
Nazaret, nos encontramos ante un legado que no se desvanece con el tiempo, sino que
resuena a lo largo de los siglos como un eco eterno de amor, compasión y sabiduría. Su
vida, tejida con hilos de humildad y servicio, nos invita a contemplar la grandeza que
reside en la sencillez y la conexión con los demás. Al sumergirnos en las aguas de sus
enseñanzas, descubrimos un tesoro de sabiduría que no solo enriquece nuestras almas,
sino que también modela las interacciones cotidianas que tienen lugar en el ámbito
personal y profesional.
La vida de Jesús, desde su nacimiento en el establo humilde hasta sus días de
enseñanza y milagros, nos revela un modelo de humildad y servicio. Su disposición a
caminar entre los marginados y su inclinación a perdonar a aquellos considerados
irreparables nos desafían a mirar más allá de las superficialidades y abrazar la diversidad
con compasión. En un mundo donde las diferencias a menudo dividen, las lecciones de
Jesús nos instan a construir puentes en lugar de barreras, a extender una mano amiga en
lugar de juzgar desde lejos. Este llamado no solo resuena en los pasillos de la iglesia, sino
que reverbera en las oficinas, fábricas y salas de juntas, recordándonos que la auténtica
grandeza se encuentra al servicio desinteresado.
Las enseñanzas de Jesús, impregnadas de parábolas y palabras de aliento, no son
simples lecciones teóricas, sino guías prácticas para enfrentar los desafíos de la vida. La
promesa de perdón, tan arraigada en sus palabras, nos libera del peso de resentimiento y
abre la puerta a un futuro donde la reconciliación y la paz son posibles.
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En el ámbito profesional, la comprensión de la compasión de Jesús se traduce en
un liderazgo basado en la empatía y la colaboración. Al adoptar una mentalidad de
servicio, no solo elevamos a aquellos que nos rodean, sino que también creamos entornos
laborales donde la camaradería y la cooperación florecen. Las lecciones de Jesús se
convierten así en un manual para la construcción de equipos sólidos y la gestión efectiva,
donde el éxito se mide no solo en términos de logros individuales, sino en el florecimiento
colectivo. En el ámbito personal, las enseñanzas de Jesús se transforman en un faro que
guía nuestras decisiones y acciones. El desafío de amar incluso a aquellos que nos resultan
difíciles puede parecer monumental, pero al abrazar esta enseñanza, descubrimos la
capacidad de cultivar relaciones más significativas y duraderas. El perdón, como
herramienta para liberarnos del pasado, nos permite avanzar con ligereza y esperanza,
construyendo un futuro donde las segundas oportunidades son posibles.
En conclusión, al explorar la Cristología y sumergirnos en la vida y enseñanzas
de Jesús, no solo hemos adquirido conocimientos teológicos, sino que hemos iniciado un
viaje transformador hacia la aplicación práctica de estas lecciones en nuestras vidas.
Jesús, el maestro eterno, nos deja un legado que trasciende las barreras del tiempo, un
regalo que podemos incorporar en nuestra jornada diaria. Así también, hemos explorado
diversas perspectivas sobre la cristología, comenzando con la visión de C.S. Lewis en
"Mero Cristianismo", donde destaca la divinidad y singularidad de Jesucristo como Señor
y, al mismo tiempo, plantea preguntas sobre su divinidad antes de la encarnación. Luego,
examinamos el sermón de George Whitefield sobre Mateo 22:42, donde enfatiza la
pregunta crucial de Jesús sobre su identidad y la importancia de reconocerlo como Señor
y Salvador. Además, revisamos los artículos de la Declaración de Ligonier sobre la
cristología, que proporcionan una exposición detallada de las creencias reformadas en
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torno a Jesucristo, abordando aspectos como su obra redentora, resurrección, exaltación,
y roles como Profeta, Sacerdote y Rey.
Por otro lado, desde la perspectiva bíblica, hemos destacado las referencias clave
que respaldan estas doctrinas, enfocándonos en pasajes relevantes. En conjunto, estos
recursos ofrecen una comprensión completa y coherente de la centralidad de Jesucristo
en la fe cristiana, desde la visión literaria de Lewis hasta la exposición bíblica y teológica
en la Declaración de Ligonier, así como el enfoque predicativo de Whitefield en un pasaje
específico de las Escrituras.
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