Cómo se siente la eternidad
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Category: M/M
Fandom: Naruto (Anime & Manga)
Relationship: Uchiha Sasuke/Uzumaki Naruto
Characters: Uzumaki Naruto, Uchiha Sasuke
Additional Tags: snsmonth2025, SNSmonth2025's Sasunaru Month 2025 (Naruto), Fluff,
Emotional Hurt/Comfort, Post-Canon, First Kiss, Mutual Pining,
Marriage, Blank Period (Naruto)
Language: Español
Stats: Published: 2025-09-01 Words: 4,941 Chapters: 1/1
Cómo se siente la eternidad
by AlphaTK
Summary
En medio de su viaje de redención, Sasuke reflexiona largamente sobre la naturaleza de su
lazo con Naruto y cómo ha cambiado y evolucionado desde que eran niños, preguntándose si
merece la oportunidad de que sus sentimientos salgan a la luz y alcancen a la persona a la que
hirió tantas veces.
Naruto, más directo, decide enfrentar el problema y dar un paso al frente, visitándolo en
medio de su exilio.
_______
Esta es mi colaboración al SNSmonth2025
Notes
Esta es mi propuesta para el primer tema del mes sns 2025. Blank Period. No puedo prometer
que saque adelante todas las temáticas, porque escribir un oneshot por día no es un juego, y
yo además trabajo y tengo una vida propia jaja. Pero hace rato que tenía esta idea particular
en mente y quería sacarla, además hace años que no participaba en nada. Así que heme aquí.
Hace literalmente años que no escribo nada para el fandom de Naruto, espero que no quede
muy out of character jeje. La verdad es que sí disfrute mucho haciendo esto. Y si mañana
tengo tiempo, puede que haga el siguiente tema.
La respiración se condensa frente a él mientras camina en medio de la fría nevada, abriéndose
paso en las gruesas capas de nieve que se han acumulado a través del largo y espeso invierno.
Avanza con esfuerzo, con las manos cubriéndose de la ventisca, con los pies atorándose de
vez en cuando. Aprovecha esos instantes para observar el magnífico bosque de cedros,
cipreses y abetos que se abre a su alrededor, cubierto por una estela blanca que también se
acumula sobre su capa de viaje. Sasuke inhala el aire helado que le quema los pulmones,
haciéndolo sentir vivo, y piensa en Naruto.
Seguramente le encantaría este lugar. Se detendría en medio del claro con la boca abierta y la
lengua afuera, atrapando los revoloteantes copos, con los ojos brillantes de ese ingenuo
infantilismo y suave inocencia que nunca parecen haberlo abandonado, pese a todo lo vivido.
Seguramente también se arrojaría de espaldas para dejar formas de ángeles sobre la blanca
superficie y luego lo obligaría —como si, en primer lugar, alguien pudiese obligarlo a nada
— a seguirlo en su tonto juego.
Y aunque Sasuke, el de antaño, haría una mueca y, con fingida molestia, cedería; el de ahora,
el que anhela el calor reconfortante que irradia de Naruto, cuya personalidad parece la del sol
mismo, simplemente se dejaría jalar y permitiría que el mocoso se saliera con la suya y le
llenara la ropa y el rostro de nieve, solo para verlo reír con esa risita tonta y dulce. O con las
grandes carcajadas que siempre le hacían vibrar de forma agradable el pecho a Sasuke.
Imaginando a Naruto retozando a su alrededor, caminando con las manos tras la nuca,
despreocupadamente, llenando sus silencios con su alegre voz y el vacío de su pecho, de su
alma, con su tierna y brillante existencia, Sasuke sigue adelante, hasta encontrar una pequeña
cueva en la base de la montaña.
Allí enciende una pequeña fogata y arma con las ramas sobrantes un armazón sobre el que
cuelga sus capas superiores. Debido a que son varias, la ropa de abajo está completamente
seca. Así que Sasuke reúne hojas y paja, lo más seco que puede encontrar, y las acomoda para
dormir un par de horas. No olvida dejar un perímetro con trampas y algunos jutsus que le
permitirán estar alerta en caso de que un invitado indeseado decida acercarse.
Mientras agrega más ramitas al fuego y mordisquea un onigiri de umeboshi, frío y un poco
pastoso, cree escuchar la voz quejumbrosa de Naruto, protestando sobre la imposibilidad de
comer su amado ramen de cerdo. Sonríe, suave, apenas una ligera subida en las comisuras de
su boca, y termina su cena con dos mordiscos más.
Toma su bolso, saca una libreta y escribe, lentamente, sin pensar mucho, sobre las comidas
que ha tomado últimamente y cómo el invierno aquí es mucho más crudo que cualquiera que
haya visto en Konoha. Sobre los árboles y flores que logran sobrevivir incluso bajo la
hostilidad de esta inhóspita estación.
Describe los lugares visitados y cada nuevo hallazgo, y finaliza con una pequeña nota en la
que admite vagamente haber pensado en aquel juego con bolas de nieve, tantos años atrás,
antes de que la venganza lo consumiera y abandonara todo aquello que había valorado o,
incluso, amado.
Luego firma con sus iniciales y sella la carta. Invoca a su halcón, le amarra a su pata el trozo
de papel y le da un bocadillo antes de dejarlo marchar con un chasquido que solo deja una
fina cortina de humo atrás.
____________________
Está sentado al borde de un lago congelado, casi ochenta días después, cuando escucha sobre
su cabeza el sonido del aleteo de alas, acompañado de chillidos ásperos y chirridos secos y
agudos.
Arriba, el halcón mensajero vuela en círculos, empezando a descender hasta que él alza el
brazo y el ave se precipita completamente, aterrizando con las largas garras hundiéndose
sobre las capas que cubren a Sasuke.
Está a cientos de kilómetros más hacia el Norte. Aunque ahora la primavera empieza a llegar
y el frío ha mermado un poco, los lagos y ríos aún siguen congelados y a Sasuke le gusta
caminar sobre ellos para observar el fondo cristalino y pedregoso, a través del hielo que hace
brillar la superficie de los afluentes con vibrantes colores azules que le recuerdan a los ojos
de Naruto.
Sigue pensando constantemente en él, reflexionando sobre la naturaleza de su lazo y cómo ha
cambiado y evolucionado desde que eran niños.
Con el tiempo, ha llegado a la conclusión de que lo ama de más de una forma: siente el afecto
que se esperaría de un hermano y un mejor amigo, así como la camaradería. Es un
sentimiento gentil y fraternal, pero no es lo único. También siente la nostalgia y gratitud que
se le debe a la persona que lo ha acompañado por un largo y tumultuoso camino, a través de
su crecimiento, testigo de cada etapa transcurrida.
Naruto ha estado presente en todas las fases de su vida, cerca o lejos. Siempre, de algún
modo, allí.
Y, finalmente — admite para sí mismo, aún incapaz de decirlo en voz alta—, siente la cálida
complicidad, nacida de lo que alguna vez fue un apasionado y torpe enamoramiento juvenil,
que ahora se ha estabilizado, volviéndose tierno y sereno con la madurez de los años.
Hay, además, una compleja capa de emociones más viscerales: celos y posesividad, seguidos
de culpa y la amarga desazón de que esta emoción, como una semilla en dormancia, jamás
germinará.
No está siendo pesimista.
Sasuke ha tenido suficiente de eso, del odio, de la negatividad y el fatalismo de su juventud.
Es simplemente la realidad de su situación. A una vida de distancia, siguiendo adelante en
medio de lo que Sasuke desechó alguna vez con tanta facilidad, todos han avanzado. Y él,
simplemente, ya no encuentra en ese lugar, que ahora tanto anhela, un espacio para regresar.
Además, Sasuke no sabe si extraña Konoha o a Naruto. Pero, dado que siempre que piensa en
un hogar, la imagen de él aparece, supone que la respuesta es bastante obvia. Y volver, solo
para desestabilizar una vez más el mundo que por fin empieza a darle a su amigo todo lo que
siempre mereció realmente, no es algo que esté en sus planes.
No lo merece, no de nuevo. No quiere hacerle pasar por eso otra vez.
Así que, incluso si continúa mirando hacia atrás, si se mantiene enviando cartas llenas de la
vaga ilusión que se niega a extinguirse, sin importar cuánto el frío y la intemperie la
desahucien, Sasuke sigue, paso a paso, poniendo distancia y tiempo para curar las heridas
hechas por sus transgresiones hacia su persona más importante, y su propio corazón roto.
Sasuke cavila, mientras sus ojos negros, que parecen absorber toda la luz, recorren
lentamente la letra que, aunque desprolija y apiñada, está cargada del cariño y del generoso
afecto que su remitente siempre da a manos llenas. Incluso a quienes no lo merecen.
Especialmente a ellos.
Suspira mientras su pecho se aprieta con el conocimiento de lo bien que va la vida de Naruto
sin Sasuke para arrastrarlo en su oscuridad. Lee sobre días alegres llenos de la simpleza de la
vida en la aldea, rodeado por la calidez de sus amigos y el aprecio de los aldeanos.
Se siente feliz por Naruto, pero su corazón se destroza, cayéndose en pedazos que han ido
dejando un camino desde el lugar de aquella última despedida hasta sus pies. Recuerda con
una sonrisa triste que fue ese día cuando se dio cuenta de sus sentimientos.
El corazón de Sasuke parece siempre llegar tarde, después de que él ya ha quemado todos los
puentes. Parpadea un par de veces, grabando con su rinnegan cada pequeña parte del
contenido trivial de la carta, y luego la dobla cuidadosamente y guarda en el bolsillo de piel
impermeable donde almacena algunas de sus armas. Allí hay menos probabilidades de que se
dañe.
Suelta una risita sarcástica. ¿Quién habría imaginado que, de hecho, Uchiha Sasuke sería un
romántico empedernido?
Se toma su tiempo para apreciar un poco más el panorama y luego toma un trozo de
pergamino para describirlo, tan detalladamente como puede, antes de volverse hacia el ave
que ha permanecido, tranquilo y en silencio, posado sobre la roca a su lado. El halcón lo
observa con la cabeza inclinada, y Sasuke le rasca la cabeza un instante antes de darle una
golosina y, con el papel bien amarrado, enviarlo de vuelta.
Pasan otros ochenta días, e incluso tres meses después, no tiene una respuesta.
Se pregunta, intranquilo y apesadumbrado, si algo le habrá pasado a Naruto. O si, por fin, la
distancia los ha alcanzado a ambos y sus vidas simplemente ya no pueden seguir unidas,
aunque sea por el delgado hilo de la amistad fracturada y el amor unilateral que Sasuke ha
mantenido a salvo, como un pequeño tesoro guardado en su pecho.
Indeciso, envía una última carta en la que pregunta directamente si algo está mal, pero, de
nuevo, no hay respuesta.
_______________
Sasuke está caminando en medio del bosque, cerca de un acantilado, pensando si debería dar
marcha atrás y volver a Konoha. No es normal, y definitivamente no es propio de Naruto,
cortar de forma tan repentina la comunicación que han mantenido durante años.
Está listo para abrir un portal, aunque el chakra de su cuerpo se drene completamente, cuando
escucha el suave crujido de una rama al romperse. Agudiza el oído, sin detenerse
completamente, pero no parece percibir nada más, así que avanza entre el espeso follaje,
tranquilamente, hasta girar detrás de una pared de roca.
Suprime completamente su chakra, escondiendo su firma y escucha los pasos de la persona
que lo seguía rechinar sobre la nieve, claramente buscándolo. El ninja, que también ha
suprimido su propia firma, es claramente de alto rango, pero sigue sin ser lo suficientemente
bueno para Sasuke.
Cuando reaparece, con el filo del kunai contra la yugular del intruso, se sorprende al verse
reflejado en los brillantes ojos azules que aparecen cada noche en sus sueños.
— …Naruto— murmura, casi sin aliento.
— ¿Esta es la forma de darme la bienvenida, de verdad? ¡bastardo egoísta! — Naruto aleja su
mano de un manotazo. No parece realmente enojado, pero aún así se queja infantilmente,
apenas deteniéndose para respirar mientras sigue hablando más y más— ¿Tienes la menor
idea de lo difícil que fue seguirte hasta este maldito lugar? ¡Y qué demonios está mal con este
lugar, de verdad! ¡Es primavera, por todos los seis caminos, y aún está helado y hay tanta
nieve! ¿Sabes que hasta mis calzoncillos están húmedos? ¡Pues lo están, de verdad!
—Naruto…
Alza la única mano que le queda, tratando de pedirle a Naruto que le dé un instante para
entender la insólita situación. Está completamente perdido, pero con Naruto rezongando
frente a él, casi encima, con su cálido aliento golpeándole el rostro, el cerebro de Sasuke
parece incapaz de razonar correctamente. Da un paso atrás, poniendo espacio, pero, por
supuesto, el maldito rubio terco avanza dos, metiéndose dentro de su espacio personal con la
facilidad de siempre.
— ¡Y en vez de alegrarte de verme, que es lo mínimo, me atacas con un maldito kunai en la
garganta! En serio eres un bastardo despreciable, ¡De verdad!
— ¡Naruto! —Sasuke termina gritando, prácticamente arrinconado contra el tronco de un
gigantesco abeto.
Solo entonces Naruto se calla —bendito sea— y Sasuke siente que el cortocircuito en su
cerebro se restablece y sus neuronas pueden tratar de hacer las conexiones correctas
nuevamente. Respira lentamente por la nariz, inhalando y exhalando con los ojos cerrados,
antes de volver a abrirlos y deslizar los ojos nerviosamente por su mano, la nieve y,
finalmente, el rostro de Naruto.
— ¿Estás bien, Sasuke?
Hay una evidente preocupación en la voz de Naruto. Más allá de eso, no ha cambiado mucho.
Su voz sigue siendo aguda y un poco chillona y, dado que ya tienen veintiún años, Sasuke
asumirá que este será su tono natural toda la vida. Le gusta. El sonido es alegre y confiado. Y
le queda completamente a Naruto.
Además de eso, el chico también ha tenido su estirón y aunque sigue siendo unos centímetros
más bajo que Sasuke, no es ni de cerca el pequeño niño, flacuchento y muerto de hambre de
aquellos primeros años. Su rostro luce saludable, con un bonito tono bronceado de piel e
incluso algunas pecas en el puente de la nariz.
Pero, en general, no ha cambiado mucho. O quizás sí, Sasuke no lo ha visto desde su exilio
autoimpuesto a los diecisiete. Y antes de esos seis meses, no habían estado realmente juntos
desde los trece, cuando se marchó sin mirar atrás. Así que probablemente haya varias cosas,
mucho menos obvias que su estatura y peso, que hayan cambiado y Sasuke no sepa aún.
O quizá nunca lo sepa en absoluto.
No se da cuenta que está yéndose en espiral hasta que las manos, callosas y cálidas de Naruto
le sostienen el rostro con una ternura inusitada.
— Respira Sasuke. —Le dice suavemente, tiernamente— eso es, exactamente así. Lento,
afuera y adentro.
Sasuke, un poco mareado, deja que Naruto lo sostenga, apoyando descuidadamente su peso
entre el árbol en su espalda y las manos que le acarician gentilmente las mejillas heladas.
— No contestaste mis cartas porque estabas viajando hacia aquí — murmura finalmente, con
los ojos aún cerrados, mientras los engranajes de su cabeza logran encajar las piezas en su
lugar.
Escucha a Naruto reírse por lo bajo, es el sonido que hace cuando hace una de sus travesuras
y se sale con la suya.
Abre los ojos para encontrarse, frente a frente, con el rostro de Naruto. Tiene las mejillas
sonrojadas y sus resplandecientes ojos lo observan atentamente, buscando algo. Sasuke no
está seguro de qué, pero sus ojos negros se detienen en el ligero puchero que empuja el labio
inferior hacia afuera, haciéndolo parecer un pequeño patito.
Naruto parece dulce y vulnerable. Y Sasuke se siente del mismo modo.
Así que cuando lo siente avanzar otro paso hacia él, bajando las manos hasta que acunan su
nuca, no se retira ni huye. Se queda, esperando por algo más. Quizás lo mismo que Naruto.
Pero no se atreve a terminarlo él, lo que sea que hayan iniciado, lo que sea que esté pasando,
no puede ser Sasuke quien acorte la distancia.
No tiene el derecho.
Pero tampoco negará lo que quiere, y si es que —por favor sí— Naruto también lo quiere,
definitivamente Sasuke se dejará llevar. Lo desea, lo anhela, quiere sumergirse en el aliento
mentolado y el calor de los brazos de Naruto. Pero solo se mantiene quieto, con el brazo
firmemente pegado a su costado y los ojos manteniéndole la mirada abierta, honesta.
Y, sea lo que sea que Naruto había necesitado ver primero, parece encontrarlo, porque sus
manos lo jalan hacia abajo y lo besa. Sus labios están agrietados, al igual que los de Sasuke,
pero no es como que importe. Sasuke solo necesita ese primer toque tímido para profundizar,
desinhibiéndose de cualquier aprensión o miedo persistente, con sus dudas quedando
relegadas mientras su lengua entra en la boca húmeda y suave de su compañero.
Sus dedos, que habían estado tensos, se relajan mientras se deslizan en el suave cabello
alborotado de Naruto, presionando sus bocas más cercas, más fuerte. No es un beso suave. Es
hambriento, apremiante y contiene la necesidad mutua que ha estado hirviendo a fuego lento
mientras ellos seguían intercambiando cartas ligeras, fingiendo que no querían correr directo
a los brazos del otro.
O quizás incluso antes.
Sasuke a veces piensa que, si hubiese sido Naruto quien hubiese ido por él aquella vez, a las
afueras de la aldea en plena noche, tal vez no habría tan fácil irse sin mirar atrás. De hecho, si
hubiera sido Naruto, y no Sakura, quien le hubiese pedido que lo llevase consigo, Sasuke no
habría dudado en hacerlo.
Tener a Naruto a su lado siempre había resultado tan natural como respirar. Y no tenerlo
parecía tan difícil como tratar de vivir sin oxígeno.
Como notando que sus pensamientos volvían a consumirlo, Naruto le dio un pequeño
mordisco, un poco duro, pero juguetón, y luego presionó sus frentes juntas. Sasuke suspiró,
sintiéndose blando y deshuesado, y lo atrajo más cerca, apretando su pecho contra el suyo.
— Te extrañé— susurra antes de besarlo de nuevo, esta vez más lento.
Naruto se estremece, un sonidito triste y necesitado sale de sus labios en forma de sollozo.
— ¿Entonces porque demonios nos fuiste a verme, imbécil? ¡Cuatro años, de verdad!
Sasuke niega lentamente, separa sus rostros, pero Naruto mantiene el suyo bajo, tercamente,
aunque él puede ver las lágrimas rodando por sus mejillas y sentir su cuerpo sacudirse por los
hipidos. Su mano derecha limpia gentilmente su rostro, y luego levanta su mentón antes de
darle varios besos esporádicos sobre los labios y comisuras.
—Naruto, yo no podía quedarme, no así, no después de todo lo que hice, de lo que te hice a
ti, y las personas que me apreciaban.
Naruto niega, dando un paso atrás. Parece listo para retroceder, pero Sasuke no lo permitirá.
Ellos están teniendo esta conversación, porque no hay manera en que lo deje irse así después
de haber abierto la caja de pandora. Naruto le ha dado una apertura y Sasuke no puede, ni
quiere, volver a negarse sus propias emociones.
— ¡Quién te dijo que estamos enojados! ¡Nadie está enojado contigo!
Cuando Naruto esta arrinconado, arremete. Sasuke lo conoce y esta preparado para ello. Lo
acepta porque sabe que lo merece, ha lastimado a Naruto cada vez, con cada una de sus
decisiones. Sin embargo, esta vez no quiere que ninguno de los dos salga herido, así que
cuando Naruto lo empuja por el pecho, una, dos, tres veces, lo permite solo las dos primeras,
y luego lo toma de las muñecas y lo gira bruscamente, presionándolo contra otro tronco para
besalo ferozmente.
Naruto se retuerce, no se quita, pero responde al beso con brusquedad, con la misma fuerza
que usa cuando pelean a golpes. Pero Sasuke sigue acariciándole la espalda con dulzura,
cariñosamente, y besándolo más dulce, más tierno, hasta que lo siente rendirse contra su
cuerpo.
— Lo sé. Sé que no me culpas. Pero, Naruto —susurra y entrelaza sus manos— no mereces
eso. Toda esa violencia y rencor —siente que los ojos le pican, y presiona su rostro contra el
hombro, fuerte y robusto, del chico— necesitaba comprender la raíz de todo ese odio …
Su voz se rompe y la mano de Naruto le acaricia la espalda, reconfortante, mientras sus
propias lágrimas humedecen la capa de viaje que huele a sol y ozono, a una tormenta en
pleno verano; a Naruto.
— ¿Y cómo fue, Sasuke? — inquiere con ese tono atento, casi benevolente, que usa Naruto
cuando quiere que la gente sepa que tienen su total atención, con una nota del cariño que
guarda solo para Sasuke.
Esto lo hace apretar más su mano entre la de Naruto, queriendo fundirse en su tacto.
— Pude ver con mis propios ojos cómo viven las personas fuera de Konoha.
— ¿…Y?
Naruto le devuelve el apretón, suave y afectivo.
—El dolor y el odio no son exclusivos de ninguna parte, y no tienen un único origen— dice,
levantando el rostro y buscando la mirada de Naruto— Nadie vive en armonía constante;
cada quien carga con sus propias heridas y tristezas.
Naruto le dedica una sonrisa tímida antes de dejarle un beso sobre el pecho, en lugar donde
late su corazón.
—¿…Y?
— Y la gente llora, sí, pero también se sobrepone—Sasuke sigue, queriendo explicarle a
Naruto todo el mundo que ha visto en sus viajes. Naruto asiente y él continua—: ríe, se enoja
y pelea, vive el duelo y perdona…
— Y el odio es tan humano como el amor, Sasuke. —Él asiente lentamente. Sí, lo
comprendió tarde, pero lo hizo. Naruto añade: — y culparte y aislarte por cada error
cometido no es la única solución. El arrepentimiento es parte del cambio, un camino, no el
cambio en sí mismo.
— Naruto…
—Lo sé —niega, sus ojos cristalinos por las lágrimas que no han dejado de rodar en ningún
momento— sé que era necesario para ti y te permitió llegar a esta conclusión por ti mismo.
Fue tu forma de entender y expiarte, de cambiar y ser mejor. —luego aprieta su mano
derecha, la vendada, en su mejilla. La izquierda permanece entrelazada a la de Sasuke— Pero
solo te pido que no te aferres a esto para siempre, no… no me hagas esperarte otra vez…
porque lo haré, esperaré una eternidad y me romperé el corazón. Y me gustaría entregarte
uno en buenas condiciones.
Sasuke, expuesto y desarmado, asiente, lo hace varias veces, mientras el llanto vuelve a
subirle por la garganta. Naruto lo suelta, abre los brazos y Sasuke se acurruca en ellos,
llorando mientras las palabras salen sin contención, como una presa rota.
— Quiero verte, te extraño, quiero besarte, pero necesito terminar esto, necesito saber que te
merezco, que no te hare daño de nuevo, que puedo hacerte feliz.
—Lo sé, lo sé, yo también he estado trabajando, ¿crees que fue fácil darme cuenta de que ni
siquiera entendía bien mis propios sentimientos? ¡He estado enamorado de ti por años! ¡Que
vergonzoso, de verdad!
Sasuke se ríe, un sonido entre carcajada que a mitad de camino termina siendo otro sollozo.
Naruto también lo hace.
—Eso es porque eres una cabeza hueca denso.
— Solo cierra el pico, Uchiha, y bésame.
Lo hacen. Es más tranquilo, como un suspiro compartido de quienes, por fin, encontrándose a
medio camino, han llegado a casa. Un suave alivio para sus almas agotadas.
_________________
Naruto se queda durante un año más y viaja con Sasuke.
Comparten una capa para dormir sobre la dura roca o la paja húmeda en medio del bosque. A
veces, muy de vez en cuando, al pasar por pequeñas aldeas, también comparten una
habitación.
En todo caso, sea en el interior o la intemperie, ellos siempre duermen acurrucados, muchas
veces desnudos después del sexo. Sus días pasan lentamente, llenos de la suave voz de
Sasuke que le enseña a Naruto, con ternura y paciencia, cada cosa nueva que tiene este
extenso mundo para regalarles, y las alegres risas y comentarios espontáneos de Naruto, que
descongelan el frío arraigado en el corazón de Sasuke.
Juegan en la nieve, justo como Sasuke lo imaginó alguna vez, y en verano Naruto moja sus
pies en los riachuelos que, por fin se derriten, aunque el agua aún corre helada. Siempre se
queja, pero en cada ocasión vuelve a meterse, descalzo, para disfrutar del agua e incluso
aprovechar para salpicar el rostro enfurruñado de Sasuke.
Por supuesto, termina en una pelea que los deja a ambos mojados y tiritantes.
Pero también felices y plenos. En el norte la nieve es casi perpetua, incluso en verano no
desaparece completamente, aunque sí deja ver más del verdor bajo su blanca estela.
No es lo único que germina y prolifera. También lo hace su relación, de la mano con las
promesas de un futuro que parte de la premisa de ellos como pareja: una casa a las afueras de
Konoha, con un gran jardín para las plantas que a Naruto le gusta sembrar, que Sasuke
seguirá recolectando durante sus viajes, para llenarlo de flores, coloridas y exóticas, que haga
competencia con su impetuoso carácter.
Sasuke le asegura que, incluso en medio de ese jardín, Naruto sería lo primero que él vería.
También hablan de una bonita cocina —«No, Naruto, no solo comeremos ramen» — y un
patio de entrenamiento.
Naruto también pregunta, aparentemente en broma, aunque sus mejillas están rojas y sus
manos siguen haciendo ese gesto nervioso, si debería empezar a coser el símbolo de los
Uchiha en su propia ropa. Ver su expresión abochornada cuando Sasuke responde que sí, es,
como mínimo, satisfactorio. Y termina con un duro y sucio revolcón en medio del bosque.
Cuando terminan, están adormilados, apretados pecho contra pecho, mientras el suave calor
de las brasas restantes de la fogata danzan lentamente sobre la madera carbonizada. Naruto
tiene los ojos desenfocados por el sueño, cuando la voz de Sasuke lo saca de su
aletargamiento.
—Sería bueno casarnos pronto, pero supongo que querrás que todos estén presentes y…
Naruto salta literalmente de su lugar, irguiéndose para mirarlo con los ojos rezumbando de
pura emoción.
—¡Podríamos firmar el certificado primero! Y luego, cuando estemos en Konoha ¡Tengamos
la fiesta! No es tan complicado, de verdad.
Sasuke parpadea varias veces, y luego, sentándose también, le sonríe a Naruto tímidamente.
Es una expresión que, probablemente, nadie más que Naruto conoce. O conocerá. Se pasa
una mano por el cabello, que ahora le llega al cuello, despeinándoselo nerviosamente.
—Cierto. Hagamos eso.
—¡Eso es, de verdad!
Naruto grita y se arroja sobre él, llenándole la cara de besos.
Dos semanas después, están saliendo de una pequeña oficina, con los certificados ya sellados
y oficializados. Naruto parece estar a punto de rebotar en su lugar, y aunque Sasuke parece
más sereno en comparación, tiene la impresión de estar flotando durante los siguientes días.
Para otoño la nevada vuelve a arreciar, y Naruto parece más que feliz compartiendo su alta
temperatura corporal con Sasuke y en invierno incluso teje gorros, guantes y bufandas a
juego. También hace un par de suéteres con el emblema de los Uchiha y los Uzumaki.
Sasuke admira el trabajo bordado. Siendo niños, Naruto ya había mostrado talento para
remendar y coser a mano, pero claramente lo ha desarrollado más a lo largo de los años. En
este tiempo ha aprendido que Naruto tiene talento para hacer prosperar las cosas que llegan a
sus manos: ya sea una planta medio muerta, el dinero — la última vez en el pueblo también
descubrió que Naruto tiene talento para las apuestas y juegos de azar— o los corazones de
otras personas.
Todo parece crecer en las tiernas manos de Naruto.
Sasuke mismo ha evolucionado gratamente bajo los cuidados y afectos de Naruto.
Cuando la primavera vuelve a llegar, trae consigo la inminente despedida. Naruto debe
empezar la formación para tomar el puesto de Hokage y a Sasuke aún le queda un largo
recorrido.
Empacan en silencio. Sasuke lo acompañará, aunque Naruto se negó al principio, pero no hay
manera que Sasuke pueda dejarlo volver solo. Así que usan el rinnegan para moverse grandes
extensiones, y luego descansan uno o dos días en pequeñas villas. Naruto se queda junto a
Sasuke, mirándolo dormir durante el día y salen a conocer cuando el sol se oculta.
Tardan quince días en llegar a las grandes puertas verdes, en la entrada de Konoha.
Sasuke no está muy interesado en otra cosa que no sea Naruto frente a él. Observa su
chaqueta negra, con el símbolo del remolino en la faja roja de su brazo izquierdo y los
broches de abanico en su cuello. También hay uno en su espalda, aunque no pueda verlo.
Y tiene un anillo, plateado con una línea dorada, en el dedo anular de su mano derecha.
Idéntico al que Sasuke también porta.
Se miran fijamente, Naruto tiene una expresión ligeramente devastada, y Sasuke tiene el ceño
fruncido.
— Es…
—Yo…
Hablan al mismo tiempo. Sorprendidos, se miran un instante antes de reír, rompiendo la
tensión.
— Te voy a extrañar mucho —dice finalmente Naruto, abrazando a Sasuke por la cintura.
Hay varias personas mirándolos de reojo, pero lo ignoran.
—Y yo a ti, sin embargo, seguiremos enviando cartas y vendré a visitarte cada tres meses. Lo
prometo.
Naruto, con cabeza acurrucada bajo el mentón de Sasuke, asiente. Deja un beso suave sobre
su nuca y luego sobre su mejilla, sus párpados y, finalmente, sus labios. La gente los mira
fijamente ahora. Aún los ignoran.
— Asegúrate de comer y descansar bien, bastardo, me casare de nuevo antes de que tu
cadáver se enfrié en tu tumba si te atreves a dejarme viudo tan joven, ¡De verdad!
Sasuke se ríe y toma la mano derecha de Naruto llevándosela a los labios para besar sobre su
anillo. Luego gira su mano y deja otro sobre la palma abierta. Naruto se sonroja. Sasuke sabe
que él también lo está.
— No comas solo ramen, Naruto. Y no te sobre esfuerces. ¿Sabes que te amo?
—Y que yo te amo a ti.
Y se despiden con un último beso, largo y devastador.
_____________
Siete años después, cuando Naruto y Sasuke tienen veintiocho, finalmente celebran su
matrimonio, vestidos con los trajes tradicionales.
La niña de las flores es una pequeña bebé de cabello negro y ojos azules, que apenas puede
sostener la cesta, se tambalea y termina una y otra vez sentada en su pañal mientras ríe,
acompañada de su hermano mayor, con el mismo cabello negro y los mismos ojos azules.
Ambos tienen marcas en sus mejillas.
—¡Himawari-chan, Menma-chan, es hora de la foto! ¡Apresúrense, de verdad!
—Pero papi, ¡Himawari no deja de meterse las flores a la boca, en serio!
—Déjala, son comestibles, tu padre las eligió teniendo en cuenta esa posibilidad.
—¿Estás seguro?
— Está bien, Menma, las flores son seguras para tu hermanita. —Interviene la voz tranquila
de su otro padre.
— Vale, papá. —El niño asiente. Y permite que Naruto y Sasuke los levanten.
En la foto, que terminará enmarcada en la sala de su casa familiar y en el escritorio del
Séptimo Hokage, aparecen Sasuke y Naruto en sus trajes ceremoniales. Junto a ellos,
Himawari, de dos años, y Menma, de cinco, sonríen felices a la cámara. Tras la familia, sus
amigos, de fondo con sus grandes sonrisas, los apoyan como siempre.
Fin
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