Ensayo del documental un crimen llamado educación
Nombre del estudiante: KARLENI Soriano De La Rosa
Matricula: ba-2022-01951
Carrera: Licenciatura administración de empresas
universidad: Federico Henríquez y Carvajal
Introducción
La ética, entendida como la reflexión sobre los principios que orientan las acciones humanas,
resulta esencial en cualquier ámbito social, y más aún en la educación. El documental Un
crimen llamado educación, dirigido por Jürgen Klaric, revela las múltiples falencias éticas del
sistema educativo contemporáneo. En una sociedad en constante transformación, resulta
urgente repensar los fundamentos de un modelo que, en lugar de formar seres humanos
integrales, muchas veces perpetúa desigualdades, reprime la creatividad y promueve la
competencia desmedida. Desde la perspectiva de una estudiante de Administración de
Empresas, reflexionar sobre la ética educativa no solo interpela a los docentes y al sistema,
sino también a los futuros líderes, directivos y responsables de gestionar organizaciones con
sentido humano. La ética debe ser un pilar transversal de la formación académica y personal.
Desarrollo
1. El sistema educativo y sus dilemas éticos
La documental evidencia que el sistema educativo actual sigue anclado en estructuras del
siglo XIX, diseñadas para formar obreros obedientes durante la Revolución Industrial. Esto
plantea un primer dilema ético: ¿es justo seguir formando estudiantes bajo un modelo que ya
no responde a las necesidades del siglo XXI? La estandarización, la imposición del
conocimiento y la falta de personalización contradicen principios básicos de equidad y
respeto a la diversidad humana. Como administradora en formación, reconozco que una
organización no puede operar éticamente si no respeta la individualidad y las capacidades de
sus miembros. Lo mismo aplica al sistema educativo.
2. La ética del trato al estudiante
Uno de los aspectos más alarmantes del documental es la deshumanización de los estudiantes.
Niños y jóvenes etiquetados como “problemáticos”, ignorados por sus docentes, o empujados
a medicarse para encajar en un sistema rígido, son ejemplos claros de prácticas antiéticas. La
ética exige reconocer al otro como fin, no como medio. Cada estudiante tiene un potencial
único, pero el sistema parece más preocupado por las notas que por el bienestar integral. Esta
falta de empatía no solo daña emocionalmente, sino que margina a quienes no se ajustan a un
molde impuesto. ¿Qué clase de líderes formamos si desde niños se les enseña que
equivocarse es un fracaso y que su valor se mide por una calificación?
3. La formación docente y la responsabilidad ética
El documental también denuncia la falta de preparación y vocación de muchos docentes.
Aunque es cierto que gran parte del profesorado trabaja en condiciones precarias, también es
verdad que hay quienes carecen de compromiso y sensibilidad. Desde una mirada ética, el
educador no es solo un transmisor de contenido, sino un formador de seres humanos. La ética
profesional docente exige una constante actualización, empatía y respeto por la diversidad. Es
un llamado también a los gobiernos y sistemas educativos a garantizar condiciones dignas
para los docentes, pues no puede haber una educación ética si quienes la imparten están
desmotivados, mal remunerados o frustrados.
4. La ética en la evaluación y la motivación
Uno de los puntos más reveladores del documental es cómo las prácticas evaluativas generan
estrés, frustración y en casos extremos, ideas suicidas en los estudiantes. Evaluar debería ser
una oportunidad para mejorar, no un castigo. La ética nos llama a pensar: ¿evaluamos para
enseñar o para excluir? Además, muchos estudiantes pierden la motivación porque el
aprendizaje se basa en la memorización y no en el desarrollo de habilidades prácticas,
emocionales y humanas. Como estudiante de Administración de Empresas, reconozco que sin
motivación no hay productividad, ni innovación, ni sentido. Entonces, ¿por qué mantener
métodos que desmotivan y marginan a tantos?
5. Familia, sociedad y ética compartida
La educación no es solo responsabilidad de la escuela, sino también de la familia y la
sociedad. El documental muestra cómo muchos padres delegan completamente la educación
de sus hijos al sistema escolar, desentendiéndose de su rol formativo. Éticamente, esto
representa una omisión grave. La familia es la primera escuela de valores, y su ausencia no
puede ser suplida del todo por instituciones. Desde la ética del bien común, toda la sociedad
debería estar comprometida con formar ciudadanos íntegros, críticos, creativos y solidarios,
no simples trabajadores funcionales.
Conclusión
La ética en la educación no puede seguir siendo un tema secundario. El documental Un
crimen llamado educación desnuda las múltiples injusticias, incoherencias y negligencias del
sistema educativo tradicional. Para construir una sociedad más justa, necesitamos una
educación que forme no solo cerebros, sino corazones y conciencias. Como estudiante de
Administración de Empresas, me siento llamada a promover desde mi formación una gestión
ética, humana y comprometida con el desarrollo integral de las personas. La ética no es una
asignatura más; es la base sobre la que debe construirse cualquier sistema educativo que se
precie de ser justo, inclusivo y verdaderamente transformador. Solo así podremos formar
ciudadanos capaces de liderar con responsabilidad, empatía y visión humana.
Opinión personal
Como estudiante de Administración de Empresas, ver el documental Un crimen llamado
educación me hizo reflexionar profundamente sobre todo lo que hemos normalizado en el
sistema educativo. Muchas veces creemos que estudiar es simplemente cumplir con tareas,
memorizar y pasar exámenes. Pero pocas veces nos detenemos a pensar si lo que estamos
aprendiendo realmente nos forma como personas, como profesionales o como ciudadanos
conscientes.
Durante mi vida estudiantil, he sentido cómo el sistema nos presiona constantemente a dar
resultados, a competir, a encajar en moldes que no siempre se adaptan a quienes somos. He
visto compañeros desmotivados, con ansiedad, con miedo a equivocarse. He sentido también
esa angustia de no ser suficiente, de que una nota defina mi valor como persona. Y
sinceramente, eso no es justo.
La ética, para mí, debería ser el corazón de toda educación. Porque no se trata solo de formar
profesionales que sepan de números, leyes o estrategias, sino de formar seres humanos con
valores, con empatía, con responsabilidad social. La educación debería ayudarnos a descubrir
nuestras fortalezas, a potenciar nuestras pasiones y a respetar las diferencias. Y eso,
lastimosamente, aún no lo hace.
Siento que muchas veces se habla de educación como si fuera un producto, una mercancía. Se
paga por estudiar, se mide con rankings, se compite como si fuéramos máquinas. Pero detrás
de todo eso, estamos nosotros: personas con historias, con emociones, con sueños. La
educación debería cuidar eso.
Por eso, como futura administradora, quiero trabajar por un modelo más humano, más ético y
más consciente. Porque no basta con saber dirigir empresas; también hay que saber dirigir
con principios. Y eso se aprende desde la escuela, desde la universidad y, sobre todo, desde el
ejemplo de quienes nos enseñan.