ARLEQUIN, SIRVIENTE DE DOS AMOS
De Carlo Goldoni, 1745, adaptado por Michel Arnaud
PRIMER ACTO
TABLAU 1
En la casa de Pantalón
Pantalón el Doctor Clarice Silvioi Brighella. Sméraldine y un Sirviente de Pantalón están en escena.
SILVIO, tendiendo su mano derecha hacia Clarice. -Aquí está mi mano, Clarice, y, con ella, es mi corazón entero que yo
te ofrece.
PANTALON, a Clarice. - Vamos, señora, mi hija, no te sonrojes y dale, tú también, tu mano. Como
eso, estaréis comprometidos y os casarán en el plazo más corto posible.
CLARICE- Sí, querido Silvio, aquí está mi mano. Seré tu esposa, te lo prometo.
SILVIO- Y yo seré su esposo, se lo prometo igualmente.
Se dan la mano.
EL DOCTOR- ¡Bravo, bravísimo! Aquí hay una buena cosa hecha. A partir de ahora, no hay vuelta atrás.
SMERALDINE, aparte. -¡Son bastante amables! Moriría de ganas de casarme, ¡yo también!
PANTALON. à Brighella y a su Sirviente.- Ustedes son testigos de la promesa de matrimonio que une
de ahora en adelante mi hija Clarice y el muy digno señor Silvio, el muy digno hijo del señor doctor Lombardi.
BRIGHELLA, aPantalon. -Sí, señor mi compañero, y le agradezco el honor que tiene a bien
hacer.
PANTALÓN.- ¿Lo ves? Fui testigo en tu boda y tú lo eres en la de mi hija. No he pedido a
otros amigos de venir, no he invitado a parientes, porque el señor doctor tiene el mismo temperamento que
moi : nosotros, nos gusta hacer las cosas sin ruido, a la buena franquette! Vamos a comer juntos, nosotros
nos divertiremos entre nosotros y nadie nos molestará. (A Clarice y a Silvio :) ¿Qué dicen, mis hijos?
¿Tenemos razón?
SILVIO- Yo, no tengo otro deseo que estar junto a mi amada prometida.
SMERALDINE, a parte. - ¡Como lo entiendo! ¡El amor es el mejor de los menús!
EL DOCTOR- Mi hijo no tiene gusto por las vanidades. Es un joven de corazón. Ama a su hija y
todo lo demás le es indiferente.
PANTALON.- Se puede decir realmente que este matrimonio estaba escrito en el cielo, porque, si el señor Federigo Rasponi, mi
el corresponsal de Turín, no había muerto, como, así como ustedes saben, yo le había prometido a mi hija en matrimonio, ella
no podría haber llegado a ser la esposa de señor mi querido futuro yerno.
SILVIO. - Ciertamente puedo decir que soy afortunado. Pero no sé si la señora Clarice dirá lo mismo.
CLARICE- Eres injusto, querido Silvio. Sabes cuánto te amo. Para obedecer a mi padre,
Me habría casado con este turinés, pero siempre has sido el dueño de mi corazón.
EL DOCTOR- Sí, es cierto: cuando el cielo decreta una cosa, lo hace suceder por caminos imprevistos.
(A Pantalon :) ¿Cómo murió Federigo Rasponi?
PANTALON.- La pobreza 1 Fue asesinado una noche. Un duelo, por su hermana, al parecer. No sé más.
BRIGHELLA, a Pantalon. ¿Este triste evento ocurrió en Turín?
PANTALÓN.- A Turín, sí.
BRIGHELLA. - Oh, pobre monsieur Federigo! Esto me desolación infinitamente.
PANTALON, a Brighella. - ¿Conocías al señor Federigo Responi?
BRIGHELLA- Creo que lo conocía bien. Pasé tres años en Turín y también conocí a su hermana.
Una joven llena de ingenio y valor, a quien el Señor Federigo amaba enormemente. ¡Oh! ¿quién podría haberlo imaginado?
¡Esperar eso!
PANTALÓN.- ¿Qué quieres! La desgracia te acecha en cada esquina. Vamos, no hablemos más de cosas.
tristes. ¿Sabes lo que te voy a decir, querido compañero Brighella? Sé que te vanaglorias de ser un excelente
cocinero. Bueno, me gustaría que nos preparases dos o tres platitos a tu manera.
BRIGHELLA- No se puede ser más dispuesto. No es por decir, pero todos mis clientes están satisfechos. Dicen
Que, en ningún lugar, se come tan bien como en mi casa. Verán lo que les voy a servir: se deleitarán.
PANTALON.- ¡Bravo! Y sobre todo, que sean platos con mucha salsa, para poder mojar.
mouillettes.(Se escucha un golpe.)¡Oh! Están llamando. Ve a ver quién es, Sméraldine.
SMERALDINE- Inmediatamente.(ella sale.)
CLARICE- Con su permiso, señor mi padre...
PANTALÓN.- Espera. Vamos a ver primero quién es y luego entraremos todos juntos.
SMERALDINE, entrando. - Señor, es el sirviente de un extranjero, que tiene un recado para usted. A mí, él...
no quiso decir nada más que: « Deseo hablar con su maestro. »
PANTALÓN.- Dile que suba. Veremos qué quiere.
SMERALDINE. - Bien, monsieur. (Ella sale.)
CLARICE- Permítanos retirarnos, señor mi padre.
PANTALÓN.- ¿Dónde?
CLARICE- ¡No lo sé, yo! En mi habitación.
PANTALÓN.- No, no, señora: usted se quedará ahí. (al Doctor :) El momento aún no ha llegado para dejar
estos jóvenes solos juntos
EL DOCTOR, bajo, a Pantalón.- ¡Eso es sabio! ¡Eso es prudente! (Arlequín entra con Sméraldine).
ARLEQUÍN- Hago mi muy humilde reverencia a todas sus señorías. ¡Oh! ¡qué noble compañía! ¡Oh! qué
¡hermosa sociedad!
PANTALON.,à Arlequin.- ¿Quién eres tú, amigo mío? ¿Qué deseas?
ARLEQUIN, a Pantalon, señalando a Clarice. - ¿Quién es esta graciosa dama?
PANTALON.. - Es mi hija.
ARLEQUIN- Me alegra mucho.
SMERALDINE, a Arlequín.- Y, además, está comprometida.
ARLEQUIN, a Sméraldine. - Me alegra mucho. Y usted, señora, ¿quién es?
SMERALDINE, soy la mujer de la habitación de señora y señor.
ARLEQUIN- Me congratulo.
PANTALON.- Vamos, señor, ¡basta de ceremonias! ¿Qué quiere de mí? ¿Quién es usted? ¿Quién lo envía?
ARLEQUIN- Suave suave, al paso, al paso ! Tres preguntas de un solo golpe, es demasiado para un pobre
hombre.
PANTALON., bajo, al Doctor.- Creo que este chico es un tonto.
EL DOCTOR, bajo, a Pantalón.- Me parece más bien un bromista.
ARLEQUINà Sméraldine.- ¿Su Señoría está casada?
SMERALDINE, suspirando.- Ay, no, señor.
PANTALON., à Arlequin. - Por favor, dígame quién es, de lo contrario, salga.
ARLEQUIN- Si es todo lo que desea saber, lo satisfaré en dos palabras. Soy el sirviente de mi
maître.(Se tournant vers Sméraldine :)Entonces, para volver a nuestros temas...
PANTALON.à Arlequin. ¿Pero quién es su maestro?
ARLEQUIN- Es un extraño que querría venir a hacerles una pequeña visita. (Mismo juego, a Sméraldine :)
causaremos de esta historia de matrimonio.
PANTALON., a Arlequin.- Este extranjero, ¿quién es? ¿Cómo se llama?
ARLEQUIN- Eso, se necesita más de dos palabras para decírselo. Es el señor Federigo Rasponi de Turín, es mi
maestro, te saluda, ha llegado por el coche de agua, está abajo, me envía como embajador, le gustaría saludarte, él
me espera con la respuesta. ¿Está satisfecho? ¿Quiere saber más? (Todo el mundo, al escuchar esto,
manifiesta su asombro. Volviéndose de nuevo hacia Sméraldine :) Volvamos a nosotros...
PANTALÓN, a Arlequín. - ¡Pero ven aquí y háblame! ¿Qué demonios estás contando?
ARLEQUÍN- Y si deseas saber quién soy, yo soy Arlequín Batocchio, nativo de Bérgamo.
PANTALON.. - No me importa quién eres. Quisiera que me dijeras de nuevo quién es tu maestro. Yo he
miedo de haber oído mal.
ARLEQUIN- ¡Pobre anciano! Sin duda tiene problemas de audición. Mi maestro, es el señor Federigo Rasponi de
Turín.
PANTALÓN.- Vamos, vamos, estás loco. El señor Federigo Rasponi de Turín ha muerto.
ARLEQUIN- ¿Está muerto?
PANTALÓN.- Por supuesto, está muerto. Desafortunadamente para él.
ARLEQUIN, aparte.- ¡Diablo! ¿Mi maestro estaría muerto? Sin embargo, lo dejé vivo abajo.(Arriba :) Seriamente,
¿Está muerto?
PANTALON.- Te digo que está muerto, completamente muerto.
EL DOCTOR.- Sí, es la verdad: él ha muerto. No puede haber la menor duda.
ARLEQUIN, aparte. - Oh, mi pobre maestro! Debe haberle ocurrido un accidente. (En voz alta:) Con su permiso...
PANTALON.- ¿Es todo lo que me quiere?
ARLEQUIN, dirigiéndose hacia la salida. - Si está muerto, ya no tengo nada que hacer aquí. (Aparte:) Voy a ver si es
cierto.(Él sale).
¿Qué piensas de esto? ¿Es un travieso o es un loco?
EL DOCTOR- No sé qué decir. Me parece un poco uno y un poco el otro.
BRIGHELLA.- Yo, creo más bien que es un tonto. Es un bergamasco y me sorprendería que fuera un
vagabundo
SMERALDINE,- No le falta en todo caso continuidad en las ideas. (Aparte :) No me desagrada este pequeño moreno.
PANTALÓN.- Pero, ¿qué es esta historia del señor Federigo?
CLARICE.- Si fuera cierto que está en Venecia, sería para mí una noticia muy desafortunada.
PANTALON., a Clarice. - No digas tonterías. ¿No has visto las cartas que nos anunciaban su muerte?
SILVIO- Incluso si estuviera vivo y aquí, llegaría demasiado tarde.
ARLEQUIN, reapareciendo. - Señores y compañía, ¡estoy sorprendido, asombrado, estupefacto! ¡No se actúa así con los
pobres gentes. No se engaña así a los extranjeros. No es así como se actúa honestamente. Y haré que me lo devuelvan.
cuenta.
PANTALÓN., en aparte. - ¡Cuando les decía que está loco! (A Arlequín :) ¿Qué hay? ¿Qué te han hecho?
ARLEQUIN- ¡Ven a contarme que el señor Federigo Rasponi ha muerto!
PANTALÓN.- ¿Y entonces?
ARLEQUIN.- Y entonces, está allí, vivo, sano, lleno de entusiasmo y vigor, y que desea saludarlos, si
usted consiente.
PANTALÓN.- ¿Monsieur Federigo?
ARLEQUIN- Monsieur Federigo.
PANTALÓN
ARLEQUÍN- Rasponi.
PANTALON.- De Turín ?
ARLEQUÍN- De Turín.
PANTALÓN.- ¡Mon niño, corre al hospital a que te atiendan: estás loco!
ARLEQUIN- ¡Por la ramera del diablo! Oh, ¡me harías blasfemar como un jugador! Pero ya que está aquí, en casa
¡Usted, en la escalera, y que la peste le agarre!
PANTALON.- En un instante, ¡me voy a acariciar tus costillas!
EL DOCTOR- ¡No, señor Pantalon, no! Diga más bien a ese muchacho que haga venir a esa persona que cree que es
Federigo Rasponi.
PANTALON.- Sí, sí, hazlo venir, este muerto resucitado.
ARLEQUIN. - Que esté muerto y que haya resucitado, es posible; yo no tengo nada en contra. Le veo decir que venga.
Pero de ahora en adelante, aprende a comportarte mejor con los extranjeros, con hombres de mi especie, con un bono.
rable Bergamasque.(Lo que precede, de Pantalón, con ira. A Sméraldine :)Mi pequeña, a su debido tiempo, nosotros
causaremos. (Él sale).
CLARICE, bas, a Silvio. - Silvio, mi amado, tiemblo como una hoja.
SILVIO, bas, a Clarice. - No temas nada: pase lo que pase, serás mía.
EL DOCTOR- Ahora vamos a aclararlo.
PANTALON.- Quizás sea un pícaro cualquiera que intentará hacerme tragar tonterías.
BRIGHELLA.- Como les decía, señor mi compañero, conocí al señor Federigo. Veremos bien
sí, es él.
SMERALDINE,, àpart.- Y sin embargo, este pequeño moreno no tiene la fisonomía de un mentiroso. Voy a ver si no voy a...
no levantes...(Arriba :) Con su permiso...(Ella sale. Béatrice aparece, vestida de hombre.)
BEATRICE.- Señor Pantalon, la forma en que me trata no corresponde en absoluto a la cortesía que he admirado.
en sus cartas. Les envío a mi sirviente para que les anuncie mi llegada, y ustedes me hacen esperar en la
calle y no se dignen a dejarme entrar hasta dentro de media hora.
PANTALON.- Disculpe, yo... Pero, ¿quién es usted, señor?
BEATRICE.- Federigo Rasponi de Turín, a su servicio. (Todos manifiestan su estupor)
BRIGHELLA, aparte. -¿Qué veo? ¿Qué oigo? ¿Qué es esta historia? No es mi.
señor Federigo, pero señora Béatrice, su hermana. Oh, oh, ¡de aquí a que haya contrabando debajo de esto!
PANTALON.- Estoy atónito, Yo... Pero me alegra verlo vivo y en buena salud, porque nosotros
he tenido muy malas noticias de usted. (Bas, al Doctor :) Digo esto así, pero, usted sabe, estoy lejos.
de estar convencido...
BÉATRICE.- Lo sé: corrió el rumor de que había sido muerto en un duelo. Gracias al cielo, solo he sido herido, y, a
Tan pronto como me recuperé, me puse en camino hacia Venecia, como habíamos acordado, tú y yo, desde hace mucho tiempo.
tiempos.
PANTALON.- No sé qué decir. Tienes la apariencia de un hombre honesto, pero me han afirmado de manera tan pé...
remptoire que formelle que monsieur Federigo était mort, c'est pourquoi, vous comprenez... si vous ne me donnez pas
la prueba en contrario...
BÉATRICE.- Vuestros dudas son más que fundadas y reconozco que me corresponde disiparlas. Aquí hay cuatro
cartas de corresponsales y amigos para usted, y una de ellas del director de su banco. Solo podrá
reconocer las firmas, y, de esa manera, te convencerás de que soy yo mismo.
(Ella le da cuatro cartas a Pantalón y éste se pone a leerlas.)
CLARICE,bas,à Silvio. -¡Ah, Silvio, estamos perdidos!
SILVIO, bas, a Clarice. -Quizás pierda la vida, ¡pero a usted no la perderé!
BÉATRICE., aparte, viendo a Brighella. -¡Cielo! ¡Brighella! ¿Qué puede estar haciendo aquí? Seguramente me va a
reconocer ; no me gustaría que me traicione. (Arriba, a Brighella :) Me parece que le conozco, amigo mío.
BRici«LLA. - Eh sí, señor, ¿no recuerda a Brighella Cavicchio, en Turín?
BÉATRICE.- Ah sí, ahora te reconozco. (Acercándose a Brighella :) ¿Qué haces en Venecia, mi
¿hombre valiente? (En voz baja :) ¡Por el amor del cielo, no me traicionen!
BaicmLLA, bas, à Béatrice. Es que...(Alto) Soy hotelero, a su servicio.
Oh. eso cae bien. Dado que tengo el placer de conocerle, voy a quedarme a vivir en su casa.
¡Diez pistolas para usted!
BaicmLL&. ~- Es un honor que me harás. (Aparte :) Lo había adivinado de inmediato, ciertamente hay
el contrabando debajo de eso.
PÀNTALM. - He leído todo. Es evidente que estas cartas han sido escritas para servir de introducción ante mí a
señor Federigo Rasponi, y puesto que me los presenta, debo creer que usted es... lo que dicen estos
cartas.
Bi&Taioe. - Si todavía le queda alguna duda, señor Brighella, aquí presente, me conoce y puede certificarle
que soy, bien yo. (Abajo, a Brighella :) Diez pistolas 1
BiticmLLA. - Sí, sí, señor mi compañero, lo certifico señor ut bien señor Federigo Rasponi. (Aparte
¡Qué no haríamos por diez pistolas!
PàmALm. - Si es así, y puesto que, además de estas cartas, mi compañero Brighella también me lo atestigua, yo me
Me alegra verte con vida y te pido que perdones mis dudas.
CLAaiOE. - Señor, ¿este señor es entonces el señor Federigo Rasponi?
PMTAWN.- Pero sí, es él.
CLARICE, bas, ~ a Silvio. - ¡Qué desgraciada soy! ¿Qué nos va a pasar?
Sitvio, bas, a Clarice. - No tengan miedo, les digo que son míos y los defenderé.
PAMALON, bas, al Doctor. - ¿Qué piensa usted, doctor, llega demasiado tarde?
LE DocrWa.- Accidente puntualmente, que no ocurre en el año
PMTAWN, aparte. - Estoy bastante avanzado 1
BéATRicz, mostrando a Clarice. - ¿Quién es esa dama, señor Pantalon?
PfflTALM. - Esta es mi hija Clarice.
BiATRICE. - ¿Mi futura esposa?
PANTALM. - ¡Oh, señor, justo! (Aparte) ¡Aquí estoy en un buen lío!
Bkilim a Clarice. -Señora, permítame presentarle mis respetos.
CLAxicz, secamente. - Su devota sirvienta.
BUTaiOE, àPantalon. - Ella acoge bien fríamente.
PAWAWN. - ¿Qué quieres? Ella es de un carácter tímido.
BiATiticE, àPantalon, mostrándole a Silvio. - ¿Y este señor, es uno de sus familiares?
PANTAWN, vivamente. - Sí, señor, es uno de mis sobrinos.
SiLvio, a Béatrice. - No, señor, no soy en absoluto su sobrino, soy el prometido de madame Clarice.
Lz Domim, bas, a Silvio. - ¡Bravo! ¡Pero no te lleves! Di con calma lo que tienes que decir.
Bi&Titicz. - ¿Cómo? ¿Usted, el prometido de la señora Clarice? ¿No me ha sido prometida su mano?
PAmAL«. - Bueno, bueno, les voy a explicar todo. Querido señor Federigo, como creía que usted tenía razón-
Mientras el infortunio de estar muerto, había entregado a mi hija al señor Silvio: ¡no hay nada de malo en eso, creo!
ment, usted está aquí y aún llega a tiempo. Si la quiere, Clarice es suya y estoy listo para mantener mi
palabra. Señor Silvio, no sé qué decir, pero puede darse cuenta por usted mismo de la situación. Yo
usted me había informado, lo sabe, y no puede reprocharme nada.
SiLvio. - Estoy seguro de que el señor Federigo no querrá tomar como esposa a una joven que ha dado su fe a
otro.
BiATUICE. - ¡Oh! No soy tan delicado. La tomaré no obstante. (Aparte: Tengo ganas de divertirme un poco.
En Domua, aparte. Un marido totalmente a la moda. Él es encantador.
BiATaiOE. - Espero que la señora Clarice no rechace mi mano.
SiLvio. - Oh, ¿qué, señor, llega demasiado tarde? Clarice debe ser mi esposa, y no espere que se la entregue.
cede. Si el señor Pantalon me falta a su palabra, sabré vengarme, y si alguien quiere arrebatarme a mi Clarice,
es a mi espada a la que deberá disputarla.
Él sale.
la Docavit, d part.-Bravo, corbleu, ¡bravo!
BiATiticzd parte. -No, no, este Oeste, así como quiero morir.
LEDocTEux, a Béatrice. - Mi querido, Su Señoría llega un poco tarde. Es mi hijo al que la señora Clarice debe
casarse. Primero en el tiempo, primero en el derecho. La ley es formal.
Él sale.
BÉATRICE, a ClariCe. - ¿Y usted, señora mi prometida, no dice nada?
CLAiLicE. - Digo que viniste a torturarme.
Ella sale.
PANTALON, queriendo correr tras ella. - ¿Cómo, péronnelle? ¿Qué dices?
BÉATRICE. - Cálmate, señor Pantalon. La compadezco y la entiendo. No hay que tomarla por la
severidad. Con el tiempo, espero poder merecer sus buenos favores. Mientras tanto, vamos a revisar nuestras cuentas.
coche, como saben, esa es una de las dos razones que me llevaron a Venecia.
PANTALÓN. - En lo que respecta a nuestras cuentas, todo está en orden. Te voy a mostrar mis libros. Hay
mucho dinero que te espera, y se te pagará cuando lo desees.
BÉATRICE. - Volveré a hablar con usted más detenidamente; por el momento, si me lo permite, voy a ir
con Brighella enviar algunas menudencias de las que he sido encargado. Conociendo Venecia, podrá serme de gran ayuda.
socorro.
PANTALÓN. - Hagan a su gusto y, si necesitan lo más mínimo, estoy a su disposición.
BÉATIIICE. - Si quisieras darme un poco de dinero, me harías un favor. Me fui de Turín con
lo estrictamente necesario, para no salir perdiendo.
PANTALON. - Voluntariamente, querido señor. Ahora, mi cajero West no está aquí, pero, tan pronto como llegue, le...
enviaré su dinero. ¿Va a alojarse bien con mi compadre Brighella?
BÉATRICE. - Sí, naturalmente. Le enviaré a mi sirviente, es un chico de confianza, de quien se puede estar seguro.
sùr.
PANTALON.- ¡Perfecto! Le entregaré la suma en cuestión, y si desea hacer penitencia compartiendo mi
repas, usted será bienvenido.
BÉATRICE.- Permítame hoy no aceptar su amable invitación. Otra vez, abusaré.
voluntarios de su hospitalidad.
PANTALON.- Estás aquí en casa.
EL S£RviTzuR DE PANTAwN, entrante. - Señor, le están llamando.
PANTALÓN.- ¿Quién es?
LE S£RviTzun. Alguien... no sé muy bien...(Bajo, a Pantalon)Hay problemas. Sale.
PANTALON.- Vengo enseguida.(A Béatrice :)Con su permiso. Disculpe si le interrumpo
compañía. Brighella, usted es de la casa. Esté a disposición del señor Federigo.
BÉATRICE.. - No se preocupe por mí.
PANTALON.- Tengo que irme. Espero volver a verte. (A. parte :) no me gustaría que las cosas se
gâtent.(Él sale.)
BitiGHELLA. - ¿Podemos saber, señora Béatrice?...
BÉATRICE., vivamente. - ¡Cállate, por amor del cielo, no me traiciones! Mi pobre hermano ha muerto, asesinado en
duelo a causa de monsieur Florindo Aretusi. Sin duda recuerdas que monsieur Florindo me amaba y que
mi hermano no quería que respondiera a su amor. Sin embargo, hubo un duelo y, Federigo habiendo sido
Tué, Florindo, temiendo con razón que lo acusaran de esta muerte, se ha fugado sin siquiera poder despedirse de
Hola. Dios sabe cuánto lamento la muerte de Federigo y cuántas lágrimas me ha costado, pero, ahora, él
no hay más remedio y sufro por haber perdido a Florindo. Al enterarme de que había tomado rumbo a Venecia, decidí
de seguirlo, y es por eso que me ven ahora vestida con las ropas de mi hermano: provista de sus cartas de
crédito, vine aquí con la esperanza de reencontrar a mi amante. Gracias a estas cartas y gracias, sobre todo, a su
afirmación, señor Pantalon cree que soy Federigo. Vamos a saldar nuestras cuentas y, con el dinero que recibiré, yo
podría, si es necesario, socorrer a Florindo. ¡Ven ustedes a ver a qué lleva el amor! Ayúdame, querido Brighella,
Ayúdame, serás ampliamente recompensado.
BRIrMLLA. - Todo esto es muy bonito, pero no quisiera ser la causa de que el señor Pantalón, de buena fe, usted
verse este dinero y que le caiga en la cara.
BÉATRICE. - Pero, mi hermano al haber muerto, ¿no soy su heredera?
BRIGBELLA. - Sí, es cierto. Pero entonces, ¿por qué no darse a conocer?
BÉATRICE. - Si me hago conocida, no lograré nada. Señor Pantalón comenzará por querer servirme de
tutor, y tendré a todo el mundo encima de mí, diciéndome: "eso no está bien, eso no se hace", ¿y qué sé yo más?
Quiero ser libre. Durará lo que pueda, pero, mientras tanto, tal vez haya algo nuevo.
BRICHELLA. - De verdad, señora, siempre ha sido un carácter curioso. Confíe en mí, cuente
sobre mi lealtad y dispone de mí.
BÉATRICE. - Conduzcame a su hotel.
BRIGUELLA. - ¿Y su sirviente, dónde está?
BÉATRICE. - Me dijo que me esperaría en la calle.
BRIGHFLLA. - ¿Dónde lo encontraste, este tonto? Ni siquiera sabe hablar.
BÉATRICE. - Lo contraté en el camino. A veces parece tonto, pero no lo es; y en cuanto a la fidelidad, no
no puedo quejarme.
BRIGHELLA. - Ah, la fidelidad es una cosa hermosa. Estoy a su servicio; venga. Pero, aún así, lo que el amor...
¡se puede hacer!
BÉATRICE. - Esto no es nada. ¡El amor hace hacer cosas mucho peores!
Ella sale.
BRICHELLA. - Para un comienzo, ya no está mal. Dios sabe lo que nos depara el futuro.
Él sale.
TABLAu 2
La calle donde se encuentra la posada de Brighella.
Aimmum, solo. - No puedo más, estoy harto de esperar. Con este maestro que es mío, comemos
poco, y este poco, te hace suspirar después. Ha pasado media hora desde que el mediodía sonó en el carillón de la ciudad, pero debe
bien y tener dos horas que ha sonado en el carrillón de mi estómago. Si tan solo supiera DÓNDE vamos a alojarnos? La
la primera cosa que hacen los demás, tan pronto como llegan a una ciudad, es ir a la posada. Pero él, no: él deja
sus equipajes en el coche de agua, va a hacer visitas y no piensa en su pobre sirviente. Cuando nos dicen que hay que
servir a su maestro con amor, también deberíamos decir a los maestros que tengan un poco de piedad por sus sirvientes. Mira, una
¡hotelería! Por un momento, iría a ver si en esta hotelería, no habría algo que ponerme bajo la dentadura.
Pero si mi amo me busca? Que le den, esto le enseñará un poco a comportarse. Sí, voy a ir; pero,
Lo pienso, hay otra dificultad: olvidé que no tengo ni un centavo. ¡Oh! ¡pobre Arlequín! Por el hígado del
diablo, en lugar de hacer este trabajo de criado, voy a ponerme a hacer... ¿qué entonces? Gracias al cielo, no sé hacer nada.
Florindo parece, en tenue de viaje, seguido de un porteador que lleva una maleta a la espalda.
LE PORTEFAIX. - Te digo que no puedo más, esa maleta pesa una tonelada.
FLORINDO. - Veo allí el letrero de una posada o de una hospedería. ¿No puedes dar estos pocos pasos?
LE PORTEFAIX. - ¡Ayuda! La maleta va a caerme de la espalda.
FLoitiNDo, colocando el martillo en la espalda del portefaix. -Te lo había dicho bien, que no eras el hombre que me hacía falta.
leche. Eres demasiado débil, no tienes fuerza.
AitLMuiN, aparte, observando el porteador. - ¡Si pudiera ganar diez centavos! (En voz alta, a Florindo :) ¿Puedo serle
útil, señor? Estoy a sus órdenes.
FLoitiNm. - Eres muy amable, buen hombre. Ayúdalo a llevar este cofre hasta esta posada.
AitLFQuiN. - En este momento, déjame hacer. Verás cómo se hace. (Deslizándose un hombro debajo de la
malle, él aprende sobre su espalda, y, al mismo tiempo, con un empujón, hace caer el portacaixas.) Pásame eso.
FLoitiNDo. - ¡Bravo!
AILLEQUIN. - Una verdadera pluma, este cofre
Llamalesurle dos, entra en la hostelería
FLoRiNm, al portador. - ¿Veis cómo hay que tomarlo?
EL PORTAEQUIPAJES. - No puedo hacerlo mejor. Si soy portequipajes, es la desgracia la que lo ha querido, porque soy el hijo
de una persona de calidad.
FLoRiNm. - ¿Qué hacía tu padre?
LE PORTEFAIX. - ¿Mi padre? Era el matarife de la ciudad de Venecia.
FLORINW, à Part. - El animal es agradable
Se está preparando para entrar en la hotelería.
LE PORTEFAIX. - Por favor, ilustrísimo
FLonim)o. - ¿Qué?
LE PORTEFAIX. - Las monedas por haber llevado su maleta.
FLoitiNm. - ¿Cuánto debo darte por los diez pasos que has hecho del coche de agua hasta aquí?
LE PORTEFAIX, tendiendo la mano. - no cuento mis pasos; págame.
FLORIM)O, poniéndole una moneda en la mano. - Toma, aquí tienes cinco céntimos.
LE PORTEFAIX, tendiendo siempre la mano. - Págame.
FLoitim)o, dándole otra moneda. - Oh, ¡qué paciencia se necesita! Aquí tienes cinco más.
salsa.
LE PORTEFAIX, tendiendo siempre la mano. - Págame.
FLoaiNw, dándole una patada. - Tú Wennuies
LE PORTEFAIX. - Ahora, tengo mi cuenta.
Él sale.
FwitiNm, solo. - Realmente se necesita de todo para hacer un mundo. ¡Ese simplemente estaba esperando que lo maltratara!
Pero vamos a ver un poco cómo es esta hotelería.
[Link], saliendo de la hostelería. - Voilà, señor, ya está hecho.
FLoRiNDo, mostrando la hostelería. - Es una buena mano. ¿su?
ARLFQuiN. - Si es una buena casa, señor? Lo pienso bien. Buenas camas, hermosos espejos, una cocina
magni. quédate y que el olor te alegre el corazón. Hablé con el chico: te servirán como a un rey.
Fkanimo. - ¿Cuál es su oficio, buen hombre?
ARLEQUÍN - El de sirviente.
FLORINDO- ¿Eres veneciano?
ARLEQUIN- No, no soy veneciano, pero aun así soy ciudadano de la Serenísima. Bergamasco, para
usted servir.
FLORINDO- ¿Tienes un maestro en este momento?
ARLEQUIN- ¿En este momento? ... A la verdad, no.
FLORINDO- ¿Está usted sin maestro?
ARLEQUIN- Me veis delante de vosotros y veis bien que estoy sin amo. (Aparte :) Mi amo no siendo
no, no digo mentiras.
FLORINDO- ¿Querrías entrar a mi servicio?
ARLEQUIN. - ¿A su servicio? ¿Por qué no? (Aparte) Si las condiciones son mejores, cambio de librea.
FLORINDO- Al menos durante la duración de mi estancia en Venecia.
ARLEQUIN- Muy bien. ¿Cuánto quiere darme?
FLORINDO- ¿Cuánto piden?
ARLEQUIN- Te voy a decir: otro maestro que tenía y que no tengo en este momento, me daba un phifippe
por mes, más los gastos.
FLORINDO- Bueno, yo le daré tanto.
ARLEQUIN- Debería que me dieras un pequeño algo más.
FLORINDO ¿Qué?
ARLEQUIN. Un pequeño sou al día para mi tabaco.
FLORINDO-Entendido.
ARLEQUIN- Si es así, soy su hombre.
FLORINDO- Solo necesitaría algunos datos sobre usted.
ARLEQUÍN - Si solo necesitas información sobre mí, ve a Bérgamo - todo el mundo te dirá quién soy.
soy.
FLORINDO- ¿No tienes a nadie en Venecia que te conozca? yo
ARLEQUIN- He llegado esta mañana, señor.
FLORINDO- Vamos, me pareces un hombre de bien. Te tomaré a prueba.
ARLEQUIN- Póngame a prueba, no se arrepentirá 1
FLORINDO- Antes que nada, tengo prisa por saber si hay cartas para mí en el correo. Aquí tienes un medio escudo;
ve a la oficina de correos de Turín y pregunta si hay cartas para Florindo Aretuai. Si hay, tómarlas y llévalas.
yo ahora mismo: los estoy esperando.
ARLEQUIN- Mientras me esperan, señor, podrían preparar la cena.
FLORINDO- Sí, buena idea; voy a pedir la cena. (Aparte :) Es juguetón, pero no me desagrada.
el uso, veré qué tal es. (Él entra en la hotelería).
ARLEQUIN, solo. - Un sou de más por día, eso hace treinta sous por mes. Eso dicho, no es verdad que mi otro
maître me donne un philippe par mois : en réalité, il me donne dix paoli. Il se peut évidemment que dix paoli fas sent
un philippe, pero no estoy seguro. Y luego ese señor de Turín, no lo veo más. Es un loco, un joven
que no tiene más barba que juicio. No nos ocupemos más de él y vayamos a Correos por mi nuevo maestro...
En el momento de salir, se encuentra con Beatriz que aparece con Brighella.
¡Bravo! ¡Felicidades! ¿Así es como me esperas?
ARLEQUIN- Estaba allí, señor, esperándole.
BÉATRICE- ¿Y por qué viniste a esperarme aquí y no en la calle que te dije? Es una casualidad que te haya...
encontrado.
ARLEQUIN- He estado paseando un poco para hacer pasar mi hambre.
BÉATRICE- Vamos, ve de inmediato al coche de agua. Haz que me traigan mi maleta y llévala a la posada de
maestro Brighella.
BitIGIOELLA. - Mi hotelería, es esta. No hay forma de equivocarse.
BÉATRICE- Eh bien, dépêche-toi, je t'attends.
ARLEQUIN, à[Link] 1 Ha bajado en esta posada 1
BÉATRICE- Escucha, al mismo tiempo pasarás por la Oficina de Correos de Turín y preguntarás si hay cartas para mí.
O, más bien, pregunta si hay cartas para Federigo Rasponi y para Béatrice Rasponi. Mi hermana debía venir con
Hola, pero una indisposición la ha retenido en el campo. Una de sus amigas podría haberle escrito. Mira si hay cartas.
para ella o para mí.
ARLEQUIN, aparte. - No sé qué hacer. Soy el hombre más embarazado del mundo.
BÉATRICE, bajo, a Brighella. - He dado instrucciones al hombre de confianza que maneja mis asuntos, pidiéndole...
dant: de rWécrire, pero no sé bajo qué nombre pudo hacerlo. Ven, te contaré todo esto con más calma. (A
Arlequín :) Date prisa, ve a la Oficina de Correos y a la lancha. Toma las cartas y haz llevar mi maleta a la hospedería; yo
te espera. Ella entra en la hotelería.
ARLEQUIN, a Brighella. -¿Usted es el dueño de esta hospedería?
BiRiGnEuà.- Pero sí, escúchame. Comporténse bien y pueden estar seguros de que los haré comer bien.
Él entra en la hotelería.
ARLEQUIN, Solo. - ¡Oh, esa está muy buena! Hay tantos que buscan un maestro y yo, he encontrado uno.
dos. ¿Cómo diablos voy a hacer? No puedo servirlos a los dos. ¿No? ¿Y por qué no? ¿Es que este
¿No sería una hermosa cosa servir a los dos y ganar dos salarios y comer el doble? Este
sería magnífico, si no se dieran cuenta. Y si se dan cuenta, ¿qué tengo que perder? Nada. Si uno
Si uno de los dos me echa, me quedaré con el otro. Fe de hombre honesto, quiero intentarlo. Aunque solo deba durar un
hoy, quiero intentar. Al final, habré logrado una bonita hazaña. Mientras tanto, vamos a la oficina de correos para
todos los dos. (Él se prepara para salir.
SILVIO, quien entró en estos momentos, dice. - Sí, no creo estar equivocado: allí está el sirviente de Federigo
Rasponi. (ÀArlequin :)Mon' bravo hombre
ARLEQUIN- Señor ?
SiLvio. - ¿Dónde está su maestro?
ARLEQUIN- ¿Mi maestro? Está en esta posada
SiLvio. - Ve inmediatamente a buscarlo y dile que quiero hablar con él. Si es un hombre de honor, que venga.
Lo estoy esperando.
ARLEQUIN- Pero, querido señor...
SiLvio, elevando la voz. - Vaya inmediatamente.
ARLEQUIN. - Pero sepa que mi amo ...
SiLvio. - No discutas o, por el cielo ...
ARLEQUIN. - ¿Pero de cuál quiere hablar?
SiLvio. - Apresúrate o te... Le amenaza con el puño.
ARLEQUIN, aparte. - De hecho, le enviaré al primero que encuentre. (Entra en la posada).
SiLvio, solo. - No, nunca se dirá que soporté la presencia de un rival. No es porque Federigo haya
habiendo escapado una vez de la muerte, siempre tendrá la misma oportunidad. O bien, renunciará a toda pretensión sobre Clarice, o
bien él tendrá que lidiar conmigo... Aquí hay personas que salen de la hotelería. (Retirándose a un lado :) No me gustaría estar
desordenado.
ARLEQUIN, saliendo de la posada con Florindo, mostrándole a Silvio. - Aquí está el caballero que lanza fuego y
llamas.
FLoitiNm, a Arlequin. - no lo conozco. ¿Qué quiere de mí?
ARLEQUIN- No sé nada. Con su permiso *voy, voy a buscar sus cartas. (Aparte :) Hay duelo en
¡El aire! No quiero tener problemas.
Él sale.
SiLvio, aparte. - Y ese Federigo que no llega.
FLORIND0, aparte. - Quiero tenerlo claro. (A Silvia, :) ¿Eres tú quien no ha hecho preguntar, señor?
SiLvio. - ¿Yo? Ni siquiera tengo el honor de conocerle.
FLORISM. - Y sin embargo, este chico que acaba de irse dijo que, con una voz imperiosa y con amenazas, tú
él había declarado querer provocarme.
SiLvio. - Él fue mal entendido; le dije que quería hablar con su maestro.
Fifflirffl. - Eh bien, c'est moi son maître.
SiLvio. - ¿Eres su maestro?
FLoitiNw. - Ciertamente. Está a mi servicio.
SiLvio. - Entonces, perdóname: o bien tu sirviente se parece a uno de sus colegas que vi esta mañana, o
bien, él está al servicio de alguien más que usted.
FLORINDO. - Está a mi servicio, no lo dudes.
SiLvio. - Si es así, le pido nuevamente que me disculpe.
FLORINDO. - No hay mal. Este tipo de malentendido sucede todos los días.
SILVIO. - ¿Es usted extranjero, señor?
FLoitiNDO. - Soy de Turín, a su servicio.
SiLvio. - El que deseaba explicarle es precisamente de Turín.
FLosiNDo. - Si es uno de mis compatriotas, puede que lo conozca, y si te ha ofendido, lo emplearé.
con gusto a hacerle obtener plena satisfacción.
SiLvio. -, ¿Conoce usted a un tal Federigo Rasponi?
FLORINDO. - ¡Ay! Solo he conocido demasiado bien.
SILVIO. - Él dice que va a arrebatarme la prometida que, esta mañana, incluso, me juró una fe eterna, bajo el pretexto de que el padre de
la joven le había prometido dárselo en ma. nage.
FLORINDO. - No temas nada, amigo mío, Federigo Rasponi no podrá robarte a tu prometida: está muerto.
SILVIO. - Sí, todo el mundo lo creía muerto, pero llegó esta mañana a Venecia vivo y en buena salud, para
mi mayor desgracia y para mi desesperación.
FLORINDO. - Señor, me ve petrificado de asombro.
SILVio. Yo también lo fui, se lo garantizo.
FLORIND0. - le vous assure que Federigo Rasponi est mort.
SiLvio. - Les aseguro que Fedàigo Rasponi está vivo.
FLoitiNm. - Le aseguro que debe estar equivocado. SiLvio. - Señor Pantalón dei Bi8ognosi, el padre de la
joven chica, tomó todas las precauciones posibles para
asegurar y tiene pruebas concluyentes de que es él, en persona.
FLoitiNm, aparte. - ¡Por lo tanto, no habría sido asesinado en este duelo, como todo el mundo ha creído!
SiLvio. - Él o yo, uno de los dos deberá renunciar a Clarice o a la vida.
FLoRiNoe, d parte. - ¿Federigo aquí? ¡Huyo de la justicia y encuentro a mi enemigo frente a mí!
SILVIO. - Es extraño que no lo hayas encontrado. Debería haber estado alojado en esta hospedería.
FLoitiNm. - No lo he encontrado y, en la hostelería, me dijeron que era el único viajero.
SILVIO. - Sin duda habrá cambiado de idea. Disculpe, señor, por haberlo incomodado.--Si lo encuentra,
dile que, por su bien, sería mejor que no asistiera a este matrimonio. Me llamo Silvio Lombardi, señor,
y espero tener el honor de volver a verlo.
FLORINDO. - Su amistad me será infinitamente agradable. (A parte) No sé qué pensar.
SILVIO. - Por favor, ¿puedo saber su nombre?
FLORINDO, aparte. - Es más prudente no darme a conocer. (En voz alta :) Orazio Ardenti, a su servicio.
SiLvio. - Señor Orazio, soy su servidor. (Él sale.)
FLoitiNw. seul. - ¿Cómo es posible que un golpe de espada que lo ha atravesado de parte a parte no lo haya matado? Yo lo he
sin embargo, vi a mí mismo tendido en el suelo y bañándome en mi sangre. Y me dijeron que estaba muerto al instante.
podría no obstante que nos hayamos equivocado. La hoja probablemente no ha tocado ninguna parte vital. La emoción impide
de bien ver. Y mi huida de Turín justo después de este evento del cual, debido a la enemistad que había entre nosotros,
la responsabilidad me fue imputada, por lo tanto, mi huida no me permitió aprender la verdad. Finalmente, ya que no es
muerte, es mejor que regrese a Turín, para consolar a mi amada Beatriz que sin duda se está consumiendo de pena y
llora mi ausencia.
Arlequín aparece con otro porteador que lleva el baúl de Beatriz. Arlequín avanza unos pasos con el
por. tefaix y luego, al ver a Florindo y tener miedo de ser visto, despide al portefaixARLEQUIN, al portefaix.
Sigue"moi*'* Oh 1 ¡diablo! vía->
mi otro maestro que está allí. Retírate, compañero, y espérame allá en la esquina.
El Portefaix desaparece.
FLoaiNoe, aparte. - Sí, no hay que dudar. Voy a regresar a Turín.
ARLEQUÍN Aquí estoy, señor...
FLoitiNDo. Arlequín, ¿quieres venir a Turín conmigo?
ARLEQUÍN ¿Cuándo?
FLoitiNDo. - Ahora, en este momento.
ARLEQUIN- ¿Sin haber cenado?
FLoitiNoe. - No, primero cenaremos y luego nos iremos.
ARLEQUIN- Muy bien; mientras ceno, reflexionaré sobre su propuesta.
¿Fuiste a la oficina de correos el martes?
ARLEQUIN- Sí, señor.
FLoRiNDo.- ¿Había cartas para mí?
ARLEQUÍN Sí, había.
FLoRiNm. ¿Dónde están?
ARLEQUIN- les voy a dar de inmediato. (Él busca en sus bolsillos y saca tres cartas. Aparte :) Oh,
¡Diablo! He mezclado las de un maestro con las del otro. ¿Cómo voy a hacer para reconocer las suyas? Yo
¡no sabes leer!
FLoRnoo. - Vamos, dame mis cartas.
ARLEQUIN- Inmediatamente, señor. (Aparte :) estoy muy molesto. (A Florindo :) le voy a decir, señor.
Estas tres cartas no son todas para Su Señoría. Encontré a un criado que me conoce, porque hemos servido
junto a Bérgamo, y, cuando le dije que iba a la oficina de correos, me pidió que viera si había algo para su amo.
Me parece que había una, pero no recuerdo cuál es.
FLoRIND0. - Dámelos: yo tomaré los míos y te devolveré el otro.
ARLEQUIN- Tenez. Me encanta ayudar a los amigos.
FLoitim)o,à parte. - ¿Qué veo? ¿Una carta dirigida a Béatrice Rasponi? A Béatrice Raspoui, en Venecia
ARLEQUIN. - ¿La has encontrado, la carta de mi camarada?
FLoitim)o. - ¿Quién es este camarada tuyo, que te encargó de esta comisión?
ARLEQUIN- Es un sirviente... que se llama... Pasquale.
FLonimm. - ¿Al servicio de quién está?
ARLEQUIN- no lo sé, señor.
FLoitirm. - Pero dado que se pide ir a buscar las cartas de su amo, debe haberte dado el nombre de
este.
ARLEQUIN- Naturalmente. (A parte :) Se complica cada vez más.
FLoitiNm. Eh bien, ¿qué nombre te dijo?
ARLEQUIN No lo recuerdo más.
¿FLoRiNm. ¿Comentario? ¡...
ARLEQUIN- Me lo escribió en un pedazo de papel.
FiLoRiNm. ¿Y dónde está ese papel?
ARLEQUÍN Lo dejé en la oficina de correos.
FLoRiNm, aparte. - Estoy en un océano de problemas.
ARLEQUIN, aparte. - Yo me las arreglo lo mejor que puedo.
¿Dónde vive este Pasquale?
ARLEQUÍN- A la verdad, lo ignoro.
FLoitiNw. - ¿Cómo vas a hacer, entonces, para entregarle su carta?
ARLEQUIN- Me dijo que nos encontraríamos en la plaza de San Marcos.
FLORINW, aparte. - No sé qué pensar.
ARLEQUINà parte. - ¡Si salgo de esta historia, será un milagro! (A Florindo :) Si usted quiere que me...
Donar esta carta, señor, trataré de encontrarlo.
FLORIM)0. - No, esta carta, quiero abrirla.
ARLEQUIN- ¡Oh no, señor! ¡No haga eso! Usted sabe muy bien que la ley castiga severamente a las personas que...
abren cartas que no les están dirigidas.
FLORIM)O. - No me importa, esta carta me interesa demasiado. Está dirigida a una persona que me toca muy
cerca. Puedo abrirlo sin el menor escrúpulo.
Él abre la carta.
ARLEQUÍNà parte. - Dicho y hecho 1 ¡Aquí estoy fresco 1
FLoiRiNw, lisant. - c Illustrissime madame ma nuêtrem. Su partida de Turín ha sido el tema de conversación de la
la ciudad entera, y todo el mundo entendió que, si hubieras tomado esta decisión, era para seguir al señor Flo-
rindo. La Corte, que ha aprendido todas las circunstancias de su fuga, ha dado órdenes expresas para que se les encuentre.
y que te detengan. Para evitar que Von descubra que era a Venecia a donde tenías intención de ir, no
no te envío esto directamente desde Turín, sino que se lo mando a un amigo de Génova -para que te lo reenvíe
en Venecia. Si tengo noticias importantes que comunicarles, tomaré el mismo camino. Para hoy, este
será todo y firmo: su muy humilde y muy fiel servidor, Toinin de la Doire.
ARLEQUIN, d parte. Es bonito 1 Leer las cartas de otros 1
FLoai"o, aparte. ¿Qué acabo de aprender? ¿Qué acabo de leer? ¿Béatrice se fue de su casa? ¿Para ir a mi
¿búsqueda? Oh, ¡ella me ama de verdad! Que el cielo me la devuelva aquí. (A Arlequin :) Ve, querido Arlequin, haz todo.
ton posible para encontrar a tu amigo Pasquale y trata de saber de él quién es su maestro, si es un hombre o si es
una mujer. Nota dónde se aloja y, si puedes, tráemelo aquí: te daré a Pun y al otro uno muy generoso
propina.
ARLEQUIN- Devuélveme la carta; intentaré encontrarlo.
FLoitiNw. - Aquí está. Me recomiendo a ti, c« este asunto me toca infinitamente.
ARLEQUIN- ¿Pero tengo que dársela abierta así?
FLORIMO. - ¡No reinventes dificultades! Dile que se abrió por error, por accidente.
ARLEQUIN- ¿Y Turín? ¿Ya no vamos allí ahora?
FLORINM. - No, por el momento, no nos involucramos más. No pierdas tiempo. Intenta encontrar a Pasquale. (A parte :)
Béatrice en Venecia, Federigo en Venecia 1 Si su hermano la ren. contra, ella está perdida. voy a hacer todo lo que él es pos.
posible para la encontrar.(Él sale.)
ARLEQUIN, solo. - Fue de hombre honesto, estoy contento de que ya no se vayan. Tengo ganas de ver cómo veo.
Me quité de mis dobles funciones. Quiero poner a prueba mis talentos. Pero me molesta tener que reabrir.
esta carta destinada a mi otro maestro. Voy a intentar doblarla. (La pliega varias veces torpemente.)
Ahora, hay que sellarlo. ¡Si tan solo supiera cómo se hace! Oh, recuerdo que la señora mi
La abuela a veces sellaba sus cartas con miga de pan masticada. Voy a intentarlo.
morceau de pain.) Me molesta desperdiciar este pequeño trozo de pan, pero, ay, es necesario. (Ilumina un poco
de pan para sellar la carta, pero, sin querer, lo trago.) ¡Oh, 1 diablo 1 Lo he tragado. Tendré que conseguir uno.
mastique un autre morceau. (Même jeu que ci-dessus, et, comme ci-dessus, il avale le morceau de pain.) Il n'y a rien à
hacer, la naturaleza lo repugna. Voy a intentar de nuevo.(Mastica como se indicó anteriormente. Está a punto de tragar la
bocado, pero se controla y, haciendo un gran esfuerzo, la retira de su boca. ¡Oh! ¡la he tenido! Voy a poder...
cachete la carta. (Illa escondite con el pan.) Me parece bastante logrado. Oh! en cuanto al trabajo cuidado, no tengo
pas mon pareil 1 Oh 1 j'avais oublié le porteur.(Appelant)Holà, camarade ! Arrive un poco aquí con tu maleta !
LE PORTEFAIX, entrando, con el baúl al hombro. - ¿Dónde se debe llevar?
ARLEQUIN;. - Allí, en la hospedería.- Te alcanzo de inmediato.
LE PORTEFAIX. - ¿Y quién me pagará?
BiàTitiOE, saliendo de la posada, a Arlequín. - ¿Es mi baúl?
ARLEQUIN- Sí, señor.
BÉATRICE, al portetaix. - Llévala a mi habitación.
LE PORTEFAIX. - ¿Dónde está su habitación?
BÉATaicE. - El chico te lo dirá.
LE PORTEFAIX. - El precio convenido es treinta sueldos.
BÉATiticz. - Entendido. Vamos.
La PORTEFAIX. - Apresúrate a pagarme.
BiATRICE. - No rWagacez pas.
EL PORTERO. - Por poco, le tiraría su maleta en medio de la calle. ¡El mar y la hotelería!
ARLEQUIN- Qué amables pueden ser estos [Link]
BiATnicz. - ¿Fuiste a la oficina de correos?
ARLEQUIN- Sí, señor.
Bi&Titicz. - ¿Había cartas para mí?
ARLEQUIN- Había una para tu hermana.
BtâTaiOE. - Eh bien, où est-elle ?
ARLEQUIN, dándole la carta. - Aquí está.
BiATitiç£. - Pero esta carta ha sido abierta.
ARLEQUIN- ¿Abierto? ¡Oh! ¡No es posible!
BiATiticE. - Abierto y sellado ahora con miga de pan.
ARLEQUIN- No sería capaz de decir cómo pudo suceder.
BiATitiOE. - Ah sí, ¿serías incapaz? Sinvergüenza, pillo, ¿quién ha abierto esta carta? Quiero saberlo.
ARLEQUIN- Voy a decirle, señor, le voy a confesar toda la verdad. A todo el mundo le ocurre equivocarse.
En la oficina de correos, había una carta para mí, y, como no sé leer muy bien, por error, en lugar de abrir la mía,
He abierto la suya. Le pido humildemente perdón.
BiATRiOE. - Si realmente es así, no hay mucho daño.
ARLEQUIN- Fue de pobre Bergamasco, señor, realmente así es.
BiATRicE. - ¿La has leído, esta carta? ¿Sabes lo que contiene?
ARLEQUIN- Ni por asomo. Es una escritura que no entiendo.
BÉATitiOE. - ¿Nadie la ha leído?
ARLEQUINvertueusement. - Oh, señor
BÉATairz. - Sino, estación, ¿eh?
ARLEQUINmême juego. Señor, señor
BiATaicz, aparte, leyendo la carta. - Espero que este chico no mienta.
ARLEQUIN, aparte. - ¡Una vez más, me he salido con la mía!
BiàTitic£, aparte. - Toinin es un fiel servidor. Le debo mucho. (A Arlequín:) Voy por asuntos a
unos pasos de aquí. Tú, sube a mi habitación, abre mi maleta - aquí están las llaves - y airea un poco mi ropa. Nosotros
cenaremos cuando regrese. (A parte :) Monsieur Pantalon no se manifiesta y necesito ese dinero.
Ella sale.
ARLEQUIN, solo. - Todo salió bien, no podría haber salido mejor. Soy un hombre de recursos y West
avis que valgo cien escudos más de lo que creía.
PàmALoN, entrando, - Dime, amigo mío, ¿está su maestro en la posada?
ARLEQUIN- No, señor, no está allí.
PANTAwN. - ¿Sabes dónde está?
ARLEQUIN- ¡No!
¿Regresará para cenar?
AaLsQuiN. - Espero que sí.
ARLEQUIN- Tenga, cuando regrese, déselo esta bolsa: contiene cien ducados. Tengo cosas que hacer: no puedo.
Esperarlo. Les saludo muy bien.
Él sale.
ARLEQUÍN - ¡Diga, señor! ¡Escuche, señor! … ¡Buen viaje! Ni siquiera me dijo a cuál de mis amos yo
debías dársela.
FLoitiNw, aspirante. - Eh bien, as-tu retrouvé Pasquale ?
ARLEQUIN- No, señor, no he encontrado a Pasquale, pero he encontrado a alguien que me dio una beca.
conteniendo cien ducados.
FLouiNm. - ¿Cien ducados? ¿Para qué?
ARLEQUIN- Dime la verdad, señor mi amo, ¿espera usted dinero de alguien?
FwitiNm. - Sí, presenté una letra de cambio a un negociante.
ARLEQUIN- Entonces, estos cien ducatos deben ser para
USTED.
FwitiNm. - ¿Qué dijo el que te las dio?
ARLEQUIN- Me dijo que se las diera a mi maestro.
FLOItINM. - Entonces, evidentemente, son para mí. No
¿Soy o no tu maestro? ¿Puede haber la más mínima duda?
ARLEQUIN, aparte. No puso nada de mi otro metra.
FLoaiNm. - Y tú no sabes quién te las dio 1
ARLEQUÍN. - No, no lo sé. Sin embargo, me parece haber visto ya ese rostro, pero no recuerdo ni dónde ni
cuándo.
FLoitim)o. - Debe ser uno de los comerciantes que me recomendaron.
ARLEQUIN- Ciertamente.
FLonnm. - No olvides a Pasquale.
ARLEQUIN- lo encontraré después de cenar.
FLoRiNDo. - Eh bien, allons dire au cuisinier de se hâter de servir.
Él entra en la hotelería.
ARLEQUIN- ¡Excelente idea! Vamos, esta vez al menos, no me he equivocado. Le di la beca a aquel que
a quien estaba destinada. (Él entra en la hotelería.)
TABLA 3
Una sala en Pantalon.
Pantalón se entretiene con Clarice.
PANTALoN. - Siempre es así que monsieur Federigo debe ser su marido. He dado mi palabra y no soy un
pantin.
CLuicE. - Usted es el maestro de mi persona, señor mi padre, pero permítame decírselo, eso es
tirania.
PANTALoN. - Cuando el señor Federigo pidió su mano, yo se lo dije, y usted no me respondió.
que no lo querías. Entonces, debiste hablar; ahora ya no es tiempo.
CLARicE. - La obediencia, el respeto me han impuesto silencio.
PANTALÓN. - Eh bien, organícese para que la obediencia y el respeto tengan hoy también el mismo efecto sobre
usted.
CLARicz. - No puedo, señor mi padre.
PAmAwN. - ¿No? ¿Por qué?
CLARICE. - Definitivamente no me casarė con Federigo.
¿Te desagrada tanto?
CLARICE. - El Oeste Odioso.
PANTALON. - ¿Y si te enseñara la manera de hacer que te guste?
CLARICE. - ¿Cómo es eso, señor?
PANTALÓN. - Olviden al señor Silvio y verán que al señor Federigo les agradará.
CLARICE. - La imagen de Silvio está demasiado grabada en mi alma; y usted, con su asentimiento, la está ahí
avez encore plus profondément enracinée.
PANTALÓN, a parte.- Por un lado, la compadezco. (Alto :) Hay que hacer de la necesidad virtud.
CLARICE. - Mi corazón no es capaz de un esfuerzo tan grande.
PANTALÓN. - Este esfuerzo, hay que hacerlo: ¡ánimo!
SMiRALDINE, participante. - Monsieur mon maître, monsieur Federigo est là et demande si vous pouvez le recevoir.
PANTALÓN. - Que entre, está en su casa.
CLARICE, llorando. - ¡Oh, qué desgraciada soy!
SrtliRALDINE. - ¿Qué le pasa, señora mi ama? ¿Llora? En verdad, se equivoca. Entonces no tiene usted
¿No es bonito este señor Federigo? Si tal suerte me tocara, yo no lloraría, eso no.
¡Me reiré con todos mis dientes! (Ella sale.)
PANTALÓN. - Vamos, hijo mío, deja de llorar.
CLAnicE. - Pero ya que siento que mi corazón se rompe
BiATRICE, participante. - Mis respetos, señor Pantalon.
PANTALON. - ¡Su humilde servidor! ¿Se le ha entregado una bolsa que contiene cien ducados?
BÉATRICE. No.
PANTALÓN. Se lo di hace un momento a su sirviente. Usted me había dicho que era un hombre estúpido.
prometido.
BiATaicE. - Sí, con él no hay peligro. No lo he visto, pero me los dará cuando regrese.
Pantalón :) ¿Qué tiene entonces señora Clarice para llorar así?
PANTALON, bajo, a Béatrice. - Querido señor Federigo, debe disculparlo. La noticia de su muerte ha sido la causa de
tout le mal. Avec le temps, j'espère qu'elle changera d'avis.
Biatiticil, bas, en Pant".-Haga una cosa, señor Pantalon, déjeme un momento a solas con ella, que yo vea
si no logro tranquilizarla.
PANTAWN. - Entendido, señor. Disculpe, regreso enseguida. (Aparte :) Hay que intentar todo. (A Clarice
Clarice, ten un poco de compañía a tu prometido. Regresaré en un segundo. (Bajito, a Clarice :) Vamos, sé razonable.
sonnable.
Él sale.
BÉATRICE. Veamos, señora...
CLARICE. No te acerques a mí, no tengas
la audacia de importunarnos.
BÉATRICE. - ¿Cómo puede ser tan severa con aquel que debe ser su esposo?
CLARICE. - Si me obligan a casarme con usted, tendrá mi mano pero no mi corazón.
BÉATRICE. - Me odias y, sin embargo, tengo la esperanza de poder calmarte.
CLAnicF. - Te aborreceré eternamente.
BÉATRICE. - Si me conocieras mejor, no dirías eso.
CLAiticE. - Te conozco lo suficiente como para saber que eres el que ha alterado mi descanso.
BÉATRICE. - Sin embargo, estoy en condiciones de devolvérselo, este descanso.
CLAFaCE. - Te equivocas: nadie más que Silvio puede devolvérmelo.
BÉATRICE. - Es evidente que no puedo brindarte las mismas alegrías que podría tu Silvio, pero puedo
aún así contribuir a tu felicidad.
no lo veo más que demasiado, señor, es en vano
CLARIOE.
que yo les hable de la manera más dura del mundo, no obstante, ustedes se obstinan en atormentarme.
BÉATRICE, aparte. - Esta pobre joven me da pena, no tengo el corazón para verla sufrir.
CLARICF, parte de. - Este infortunio me vuelve insolente, temerario, grosero.
BÉATRICE. - Señora, tengo un secreto que confesarle.
CLAnicz. - no te prometo mantenerlo. Así que no te molestes en confiarme.
Su animosidad le impide encontrar la felicidad.
CLàRiCE. - Solo puedes hacer mi desgracia.
BÉATRICE. - Te equivocaste, y, para convencerte, voy a hablarte francamente. Si tú no
no me quieres, yo, no sabría qué hacer contigo. Si has prometido tu mano a alguien más, yo tengo, yo
también, dado mi corazón.
CuRicz. - Ahora, empiezas a gustarme.
BÉATRICE. - ¿No les he dicho que estaba en condiciones de hacerles felices?
CLuicz. - Ah, temo que me engañes.
BÉATRICE. - No, señora, no miento. Le hablo con toda sinceridad, y si me promete esto
discreción
que ustedes han rechazado hace un momento, les voy a confiar un secreto que les traerá definitivamente la paz.
[Link]. - Juro observar el más absoluto silencio.
BÉATRICE. - No soy Federigo Raspont, sino Béatrice, su hermana.
[Link] 1 ¿qué me dices ahí? Eres una
mujer?
BÉATRICE. Fuera soy una mujer. Entonces piensen si yo
podía aspirar sinceramente a obtener tu mano
CLARICE. Pero, ¿qué ha sido de tu hermano?
BÉATRICE. Fue asesinado, ¡ay! de un golpe de espada. Se creyó que el responsable de su muerte era el hombre que amo.
y en busca de quién me fui, vestida con este traje. Te lo ruego, en nombre de las leyes más sagradas de
la amistad y el amor, no me traicionen. sé que he sido imprudente al confiarles un secreto así, pero si lo he
De hecho, es por varias razones: en primer lugar, porque me entristecía infinitamente verte afligida; en
en segundo lugar, porque creo reconocer en usted a una joven en cuya discreción se puede confiar, y,
finalmente, porque su Silvio me ha amenazado y no querría que, por su instigación, me provoque en
duelo.
CIARIOE. ¿Me permite decírselo a Silvio?
BÉATRICE. No, incluso le prohíbo absolutamente.
CLAaicz. Bien, no diré nada.
BiàTaics. - cuento con ustedes, saben.
CLAiticz. - te lo juro de nuevo: no diré nada.
BiATaicz. - Ahora, no me mirarán más de mala manera.
Bien al contrario, quiero ser tu amiga, y si puedo serte útil, dispón de mí.
BiATRicz. - se los juro, yo también, una amistad eterna. ¡Su mano!
CLAiticF. - Oh, no me gustaría...
BÉATRíz. - ¿Tienes miedo de que no sea una mujer y que eso te comprometa? Si quieres, puedo...
¿Probar que tengo razón?
CLuicE. - Me parece aún que es un sueño.
BiATRicic. - De hecho, la cosa no es banal.
CiàzicE. - Ella es más que extravagante.
BiATitiOE. - Vamos, me voy a dejar. Dediquémonos la mano como símbolo de buena amistad y lealtad.
CLARicz. - Aquí está mi mano: ya no tengo miedo de que me engañen.
PAWAWN, entra bruscamente. - ¡Bravo! Estoy en las nubes 1 (AClaiice :) No te ha llevado mucho tiempo para
eapprivoiser 1
BÉATiRiOE. - ¿No le dije, señor Pantalon, que sabría devolvérsela a mejores sentimientos?
PmAwri. - Felicitaciones 1 Has hecho más en cuatro minutos de lo que yo podría hacer en cuatro años 1
CLUICE, dpart. - ¡Aquí estoy ahora en un laberinto aún más inextricable!
PAmAL«, àClarice. - Vamos a fijar de inmediato la fecha de tu boda.
CLuicE. - No hay tanta prisa, señor.
PmTAwN. - ¡Comentario! Nos apretamos la manita a escondidas, ¿y no querrías que estuviera apurado? No, no,
No quiero que ocurran accidentes. Mañana, la cosa estará hecha.
BiàlmicE. - Antes, señor Pantalon, es necesario que arreglemos nuestras cuentas, que veamos dónde
nosotros estamos.
PAmALm. - Los resolveremos. Es lo más que se puede hacer en dos horas. Mañana, intercambiarán los anillos...
CLàzicz. - Pero, señor mi padre...
PàmALm. - Señora, hija mía, voy a avisar de inmediato al señor Silvio.
CLAzicz. - Por el amor del cielo, no lo irriten 1
PAmAwN. - ¿Qué estás contando? ¿Te gustaría tener dos maridos por casualidad?
CLAzicz. - No digo eso, pero...
PANTAwri. - ¡Pero, pero, pero 1... Aquí hay suficiente! Señor, señora, su servidor.
Él se prepara para salir.
BÉATRICE, reteniéndolo. - Escucha...
PANTALON, despegándose. - Ustedes son marido y mujer, o, al menos, es casi lo mismo.
Ci~«iOE, à Pantalon. - Plutôt...
PANTAWN, saliendo. - Hablaremos de eso esta noche.
CLuicE. - Ah, madame, salgo de una pena para caer en otra.
BÉATRICE. - ¡Tengan paciencia! Puede pasar de todo, excepto que yo los case.
CLAitiOE. - ¿Y si Silvio me cree infiel?
BÉATRICE. Su error no durará mucho tiempo.
CLAnicz. Si pudiera decirle la verdad...
BiUToicF. no te libera de tu juramento.
¿Qué debo hacer entonces?
BÉATRICE. - Sufrir un poco.
CLUICE. Tengo miedo de no poder resistir a esto.
sufrimiento.
BÉATRICE. Courage, porque después de los miedos y después de los
las penas, las alegrías del amor son aún más dulces.
Eue sort.
CLARICE. - Mientras me vea rodeada de penas, no puedo esperar conocer esas alegrías.
¡Ah! Es demasiado cierto, ¡ay!, que en esta vida se pasa la mayor parte de los días sufriendo o esperando, y que
uno no es feliz más que fugazmente (ella sale.)
4
.1
ACTO II
TàBLUU 1
El patio interior de la casa de Pantalón.
Silvio y el Doctor vienen a centrar y el segundo intenta retener al primero.
SiLvio. - le ruego que me deje en paz, señor mi padre.
LF Domm - Detente y respóndeme.
¡Silvio! ¡Estoy fuera de mí!
l£ DocrsuR. - ¿Qué vienes a hacer en el patio del señor Pantalon?
SiLvio. - vengo a pedirle que cumpla la palabra que ha dado o que me rinda cuentas del grave agravio que ha hecho.
neinflige.
LF DocTztiR. - Pero no es algo que se debe hacer en la propia casa del señor Pantalon. Estás loco por hacerlo.
dejarse llevar por la ira.
SiLvio. - Cuando se actúa mal con nosotros, no se merece ningún respeto.
Lx DocTEuit. - Exacto, pero no es razón para armar un escándalo. Déjame hacer, querido Silvid, deja-
debo decirle algunas palabras: tal vez logre abrirle los ojos y hacerle reconocer su deber. Ve
esperarme en la calle. Sí, vete de aquí, no quiero escenas. Soy yo quien hablará con el señor Pantalon.
SiLvio. - Pero, yo, señor mi padre, yo...
Lc DocmuR. - Pero, yo, señor, mi hijo, insisto en ser obedecido.
SiLvio. - Bien, te obedezco. Me voy. Háblale. Te espero en casa de Papothicaire. Pero si el señor Pantalon
encabezado, él tendrá que tratar conmigo.
Él sale. DOCTWR, solo. - Pobre chico, lo compadezco. Monsieur Pantalon no debió darle tal esperanza.
antes de estar seguro de la muerte de este turinés. Me gustaría que recuperara su calma y que la ira no lo lleve a
cometer una tontería.
PANTALÓN, entrante, aparte. - ¿Qué hace el Doctor en el patio de mi casa?
LEDocirEuit. - Oh, señor Pantalón, lo saludo humildemente.
PANTALÓN.- Su servidor, señor doctor. Iba justo a verle a usted y a su hijo.
LE DocTEux. - Ah sí? Muy bien. Creo que vinieron a vernos para confirmarnos que la señora Clarice
épousera mon Silvio.
PANTALÓN, balbuceante.- En realidad, venía a decirles...
LEDocTEurt, le coupant. - Non, vous n'avez pas à vous justifier ! Je comprends l'embarras où vous vous êtes.
encontrado. Te perdonamos todo en nombre de nuestra vieja amistad.
PANTALON, balbuceando. - Es evidente que, si se considera la promesa hecha al señor Federigo...
LEDOCTFUR, lecoupantdenouveau.- Y su llegada inesperada no te deja tiempo para reflexionar,
no has pensado en la afrenta que sería para nuestra casa.
PANTALÓN.- No se puede hablar de afrenta, cuando, en virtud de un contrato anterior...
LEDocTEua, interrumpiéndole. - Sé lo que vas a decir. A primera vista, te ha parecido que la promesa
faite i ce Turinois era irrevocable porque estipulado por contrato. Pero el dicho contrato era un contrato celebrado entre ustedes
y él, mientras que el nuestro también fue ratificado por la joven.
PANTALÓN.- Es exacto, pero...
LE DocTiEux. - Y ustedes saben bien que en materia de matrimonio: El consenso, y no el concubinato, hace al hombre.
PANTALON.- no sé latín, pero les digo que...
LE DocirEuR. - Y no se tiene el derecho de sacrificar a su hija.
PANTALON.- ¿Tienes algo más que decir?
LEDocTEux. - En cuanto a mí, ya lo he dicho todo.
PANTALÓN.- ¿Has terminado?
LE DocTEun. - He terminado.
PANTAwlqv.- ¿puedo hablar?
1£ Domun. - Estoy escuchando.
PANTALÓN.- Mon cher monsieur le Docteur, avec tout votre latin...
La DocTEua, interrumpiéndola.- En lo que respecta a la dote, siempre nos arreglaremos. Un poco más, un poco.
menos
no lo miraré tan de cerca.
PANTALÓN.- ¿Vuelve a empezar? ¿Me van a dejar hablar?
U Docuua. - Te escucho.
PANTALON.- Te decía entonces que todo tu latín es bonito y bueno, pero que, en este caso, es innecesario.
Monsieur Federigo está allí arriba con mi hija y están conversando los dos.
LE DocTEua. - ¿Cómo? ¿Ellos conversan?
PANTALON.- Sí, sí, conversan e, incluso, muy tiernamente.
¡Domuit! ¿Fuerte tiernamente? ¿Ah sí? Y, naturalmente, ellos están todo solos.
PANTALON. - 116 estaban cuando los dejé hace un momento.
UDocTEuR.- Y la señora Clarice aceptó los cuidados del señor Federigo así, de repente, sin la
menor dificultad ?
PANTALON.- ¡Parece que no sabes cómo son las mujeres! ¡Todas, unas veletas!
LFDOCMUR.- En resumen, ¿quieres decirme que vas a casar a tu hija con ese turinés?
PANTALÓN.- Había dado mi palabra: no puedo desvincularme. Mi hija está de acuerdo, ¿qué razón tendría?
¿dudar? Es para decirles esto que me estaba preparando para ir a verlos, a ustedes o al señor Silvio. Estoy realmente
Lo siento, pero no hay nada que hacer.
LE Docnuit. - ¡No es la conducta de su hija la que me sorprende, es la suya! ¿Cómo puede actuar así?
¿Cavalieramente conmigo? Si no estaba seguro de la muerte del señor Federigo, no debía dar su palabra.
a mi hijo, y ya que se la ha dado, debería mantenerla a toda costa. El anuncio de la muerte del señor
Federige justificaba bastante, incluso a los ojos de este, su nueva decisión, y no podía ni reprocharte, ni
exigir la menor satisfacción. Los fichajes que tuvieron lugar esta mañana entre señora Clarice y mi hijo coron tes-
tibus, no podían ser rotas por una simple palabra dada por usted a otro. Por lo tanto, me sería fácil, si yo lo
quería anular cualquier nuevo contrato invocando el derecho legítimo de mi hijo y obligar a su hija a aceptarlo
para marido, pero me sonrojaría de tener por nuera a una persona tan voluble y que, además, es la hija de un hombre sin
palabra. Nunca olvide, señor Pantalon, que esta injuria me la ha hecho a mí, a mí y a todos los
Lombardi. Quizás llegue un momento en que tendrás que pagarme eso, sí, quizás llegue, ese momento
todo tiene su tiempo.
Él sale.
PANTALON. - Pero sí, pero sí, "buen viaje 1 Todo lo que puedas decirme me deja frío y no tengo
miedo de ustedes. Para mí, un Rasponi vale cien Lombardi. No es todos los días que se encuentra a un hombre de la
la calidad de monsieur Federigo y también tan rico como él. Él se casará con mi hija.
SILVIO, entrando, aparte. - Mi padre por mucho que diga: prefiero explicarme yo mismo.
PANTALON, viendo a Silvio, aparte. - ¡Ahí está Pautre malteniente!
SiLvio, un tipo tosco. - Su servidor, señor.
PANTALÓN. - El suyo, señor. (Aparte :) Él está bien agresivo.
¿Es posible que lo que acaba de decirme mi padre @oit sea cierto?
PANTALON. - Si es su señor padre quien se lo ha dicho, debe ser cierto.
¿Las fianzas de la señora Clarice con mr. Federigo estarían entonces hechas?
PANTALON. - Sí, señor, no se puede hacer más.
SILVIO. - Me sorprende que me digas eso con tal sangre fría. Hombre sin palabra, hombre sin honor.
PANTALON. - ¿Es a mí a quien nombras así, señor? ¿A mí, un anciano como yo?
SILVIO. - Si no fueras un anciano, te arrancaría la barba. PAuTALm. - Y yo, si tuvieras algo de
barbe, te haré tragar 1
SiLvio. - no sé qué me retiene de empalarte con mi espada.
No soy una rana, señor 1 Y si quiere hacerse el valiente, elija otro lugar.
que mi casa.
SiLvio. - Eh bien, il ne tient qu'à vous d'en sortir 1
PAmAwN. - Su actitud me sorprende, señor.
SiLvio. - Salgan, si son hombres de honor.
PANTALÓN. - Hay que respetar a los hombres de esta manera.
SILVIO. - Eres un ser vil, un cobarde, un plebeyo.
Pàmàwri. - Y usted, es un insolente.
SiLvio, colocando la mano sobre su espada. - Ah, juro por el cielo...
PAmAwN, sacando una pistola de su bolsillo. - ¡Socorro!
BiATrticE, entrando rápidamente, con la espada en la mano. - ¡Aquí estoy! Los voy a defender.
PAMALON, de Béatrice. - Mi vida está entre sus manos, señor mi futuro yerno.
. SiLvio, a Béatrice. - Es precisamente contigo con quien deseaba pelear.
BÉATRiOE, d parte. - Se complica
SiLvio, a Béatrice. - Defiéndete
PANTALÓN, apeuré. - Oh. señor mi futuro yerno...
BLATnicE. - No es la primera vez que manejo una espada. (A Silvio :) A sus órdenes, señor, usted no me
no asustes.
Béatrice y Silvio cruzan el ter.
¡Ayuda! ¿No hay nadie?
Él sale corriendo hacia la calle. Beatriz y Silvia están peleando. Silvia cae y deja su espada. Beatriz le pone la punta.
de su espada contra el pecho.
CLAiRiOE, acercándose a Beatrice. - ¡Oh, Dios mío! ¡Detente!
BÉ&Titicz. - Belle Clarice, para complacerte, doy vida a Silvio, pero tú, para recompensarme de
mi magnanimidad, recuerde su oermrnt.
Ella sale.
CL«icic. - Querido Silvio, ¿no estás herido?
SiLvio. - Ah, pérfida, ah, trompeuse 1 ¿Es a mí a quien llamas querido Silvio? Es a un amante burlado, a un prometido
¿Traes que aplicas esta tierna epíteto?
Cià«icc. - No, Silvio, no merezco tus reproches. Te amo, te adoro, siempre te soy fiel.
SiLvio. - Menteuse 1 Eres fiel, ¿verdad? ¿Prometer tu fe a otro amante, eso es lo que llamas ser fiel?
CL«icF. - no he prometido mi fe a otro y nunca lo haré. ¡Preferiría morir que traicionarte!
SiLvio. - Su padre ha certificado a aquel mío que ustedes han jurado una fe eterna a este Federigo.
CLAaicz. - Mi padre no pudo decir eso 1
SiLvio. - ¿Y que has pasado un buen rato sola con Federigo, él no podía decirlo tampoco?
CLAnicF. - No puedo negar que efectivamente...
SiLvio, muy enérgicamente. - ¡Ah! ¡No lo niega! Y querría que te creyera fiel, cuando admites un
otro que yo a una tal intimidad.
CEAnics. - Soy capaz de velar por mi honor, señor.
Si vous vous considériez toujours comme ma fiancée, vous n'auriez pas accepté de rester seule avec un
hombre que aspira a tu mano.
CL«icz. - Es mi padre quien me dejó sola con él.
SiLvio. - Y usted ha estado encantada
CLAnicF. - Si lo hubiera podido, me habría escapado, pero...
SiLvio, interrumpiéndolo. - Sin embargo, acabo de escuchar a mi rival recordarle su juramento.
CL«ict. - Este juramento no me obliga a casarme con ella.
Sitvio.- ¿Qué has jurado entonces?
CLARicr. - Discúlpame, querido Silvio, pero no puedo decírtelo.
SiLvio. - ¿Por qué?
CLuics. - Porque he jurado callar.
SiLvio. - Esto prueba que ustedes son culpables.
CI~«IcE. - No, soy inocente.
SILVIO. - Los inocentes no se callan.
CL«iOE. - Y sin embargo, esta fe&ei, es hablando, que me haría culpable.
SiLvio. - ¿Y a quién le has jurado este silencio?
Ci£aicE. - A señor Federigo.
SiLvio. - ¿Y tiene la intención de observar rigurosamente?
Sí, lo observaré, para no convertirme en perjuro.
SiLvio. - ¿Y ustedes pretenden no amar al señor Federigo? Para creerles, ¡tendría que ser muy ingenuo! Y yo
quien no soy, no te creo, cruel, infiel! ¡Quítate de mi vista!
CLAItICE. - Si no te amara, no habría corrido aquí para salvarte la vida!
SiLvio. - Esta vida, llegaré a odiarla, si tengo que serlo por culpa de una ingrata.
CLAiRicE.* ~ Los quiero con todo mi corazón.
SiLvio. - Te aborrezco con todo mi alma.
CLAiticiz. - Si "no me creen, moriré."
SILVIO. - Preferiría verte muerta que infiel.
CLARicE. - Me voy a cumplir su deseo.
Ella recoge del suelo la Vépée de Silvia.
SiLvio, aparte. - Sé bien que ella no lo hará.
CLUICE. - Esta espada te dará satisfacción. (Aparte :) quiero ver hasta dónde puede llegar su crueldad.
SILVIO. - Sí, esta espada tal vez me vengue de tu traición.
Cià«icz. - ¿Cómo puedes ser tan cruel con tu Clarice?
SiLvio. - Eres tú quien me ha enseñado la crueldad.
CL«IGE. - ¿Así que desean mi muerte?
SiLvio. - Soy incapaz de decir lo que deseo.
CLuicE. - me esforzaré por complacerte.
Ella apoya la punta de la espada contra su pecho.
Sadaàum, entrando de un golpe de viento. -¡Alto ahí! ¿Qué quieren hacer, demonios? (Ella le quita la espada.
Luego, a Silvio :) Y tú, perro renegado, ¿la habrías dejado matarse~ eh? ¿Qué tienes en el pecho?
? ¿Un corazón de tigre, de león o de demonio? No
¡Mírenme a este bonito caballero por quien las mujeres deberían pelear! Ah, es usted muy amable, señora. Él no
¿Te quiere más sin duda? Bueno, alguien que no te quiere no te merece. Que se vaya al diablo.
cet assassin 1 En cuanto a usted, ¡venga conmigo! Créanme, no faltan hombres y me comprometo a
encontrarás una docena antes de esta noche.
Ella lanza la espada sobre sí misma y Silvio la recoge.
CLARICE, llorando. - ¡Ingrato! ¿Es posible que mi muerte no deba costarte ni un solo suspiro? ¡Oh, el dolor me...
y cuando esté muerta, estarás contento. Pero, un día, mi inocencia será conocida por ti, y entonces, demasiado tarde, tú
arrepentido de no haberme creído, llorarás por mi desgracia y tu cruel barbarie.
Elle ordena.
SachAmu«. - Voilà une chose que je ne parviens pas à comprendre. Voir une jeune fille qui veut se tuer et rester là,
a la mirar, como si estuviéramos asistiendo a una escena de teatro.
¡Qué tonto eres! ¿De verdad crees que ella quería matarse de verdad?
Sutam»nu. - Todo lo que soy, es que, si no hubiera llegado a tiempo, la pobre habría muerto.
SILVIO. - Faltaba mucho para que la espada le atravesara el pecho.
SmbàjLDnu. - ¿Se puede ser tan mentiroso! ¡La sangre ya estaba fluyendo!
SiLvio.- Todo esto son sus payasadas, a ustedes las mujeres.
Sutui»xNE. - Hablas como si fuéramos semejantes a ti 1 Sí, y diré como el proverbio: somos nosotros
otros que recolectan las nueces y ustedes que las comen. Las mujeres tienen la reputación de ser infieles, pero los
infidelidades, son los hombres quienes las cometen tanto «pueden. Siempre se habla de las mujeres, pero de
hombres, no decimos nada. Nos amamos, nos critican, y a ustedes, se les perdona todo. ¿Saben por qué? Es
porque las leyes son los hombres quienes las han hecho,
eu, si elle avait été les femmes, il en irait bien &«[Link] c'était moi qui commandais, j'ordonnerais que tous lu
hombres infieles y pasean una rama de árbol en la mano y estoy segura de que, como consecuencia, todas las ciudades se tran
formarían bosques.
Ella sale.
SiLvio, solo. - Clarice reconoció ella misma que había permanecido sola con Federigo: por lo tanto, es infiel, y ella
pretexto un juramento para mentirme mejor. Sí, es una pérfida, y si pretendió querer suicidarse, era
para engañarme y embaucarme así más fácilmente. Pero no es porque el destino haya querido que sucumba ante
mi rival, que renunciaré a la idea de vengarme. Mi rival morirá y la ingrata Clarice cosechará el justo fruto de su
infidelidad.
Él sale.
TàBmu 2
Una sala de la hostelería de Brighella. Dos puertas al fondo
y una puerta de cada lado.
AitLEQuiN, solo. - Realmente tengo mucha mala suerte. Ninguno de mis dos amos ha venido a cenar todavía.
Dos horas desde que el mediodía sonó, y siempre el personal Us va a terminar llegando ambos a la vez, y yo a
ennuyé : no podré servirles al mismo tiempo, y se descubrirá el pastel. ¡Shh! ¡shh! Aquí hay todo de
¡Incluso uno! No es demasiado tarde.
FLoaiNoe, participante.- Eh bien, ¿has encontrado a este Pasquale?
Aai&QuiN. - '¿Acaso no dijimos, señor,
que iré a su búsqueda después de que hayamos cenado?
F'LoitiNm. - le quema de impaciencia.
AaixQuiN. - Solo tenías que volver a cenar un poco más temprano.
FLomtxm*, àpart. - ¿Saber si Béatrice está o no en Venecia?
AntsQuiN. - Me dices: « Vamos a pedir la cena >, y luego desapareces. Todo se va a cocinar demasiado.
~ FLonmoe. - Por ahora, no tengo hambre. (Aparte
Voy a regresar a la Oficina de Correos. Al ir yo mismo, tal vez aprenda algo.
Anuwm. - Vous avez, monsieur, dans ce Pays-4 il
hay que comer, porque, si no comemos, nos enfermamos.
FLoiRiNm. - debo salir por un asunto urgente. Si regreso lo suficientemente temprano, cenaré; de lo contrario, cenaré esta noche. Pero
tú, si quieres, sírvete de comer.
AittiDQuiN. - Oh, no pido más. Si es así, no se apresure. Usted es el maestro.
FLoairoeo. - Esta bolsa Wencombre. Toma, ponla en mi baúl. Aquí está la llave.
Le da a Arlequín la llave y la bolsa que contiene los cien ducados.
AaLzQuirç. - Le traigo la clave de inmediato.
FLonnm. - No, no, me la darás más tarde. No tengo tiempo para detenerme. Si no regreso a cenar,
ven a encontrarme en la plaza Saint-Mare: espero con ansias que hayas recuperado a Pasquale.
Él sale.
AitLEQuiN, solo.- Afortunadamente, todavía dijo que me sirviera de comer. En estas condiciones, uno
siempre se entenderá, ¡nosotros dos! Sí, si él no tiene ganas de comer, que le aproveche. Pero, yo, mi temperamento
no está hecho para el ayuno. Me voy a guardar esta bolsa, y luego inmediatamente después...
BiATnicE, participante. Arlequín?
AntsQuiN, [Link] de un pequeño hombre 1 ¡Aquí está el otro!
BÉATaicE. - ¿Monsieur Pantalon dei Bisognosi te ha entregado una bolsa que contiene cien ducados?
AnizQuiri. Sí, señor, me lo entregó.
BiàTiticz. ¿Y entonces, qué esperas para dármela?
ARI£Q'UIN. - ¿Es para su señoría esta bolsa?
BÉATItICE. - ¿Si es para mí? ¿Qué te dijo monsieur Pantalon al dártela?
AuxquiN. - Me dijo que se la diera a mi amo.
BÉATaicz. - Eh bien, qui est ton maître ?
ARISQUIN. - Su señoría.
BiATaicz. - Entonces, ¿por qué preguntas si esta beca es para mí?
AuLcQuim. - No hay duda: es para usted.
niàritioe.- ¿Dónde está ella?
ARLEQUIN, dándole la bolsa. - Aquí está.
BiATRiCE.- ¿Hay cuenta?
ARLEQUIN. - No he mirado, señor.
BiATiticE,d parte. Verificaré más tarde.
ARLEQUIN, aparte. Me equivoqué con la bolsa, pero ya lo he arreglado. Pero, ¿qué dirá mi otro maestro? Bah.
pues como no era para él, no dirá nada.
BiATRicE. - ¿Está el señor Brighella ahí?
ARLEQUIN. - Sí, señor, está allí.
BiATaicE. - Dile que he invitado a un amigo a cenar y que, como consecuencia, está cuidando el menú.
ARLEQUIN. - ¿Qué desea comer, señor? ¿Cuántos platos quiere?
BÉATIticE. - Monsieur Pantalon dei Bisognoei es un hombre simple. Dile a monsieur Brighella que nos sirva cinco
o seis platos, pero que todo esté bueno.
ARLEQUIN.- ¿Se confían en mí?
BiATRicE.- Sí, compón el menú y destácate, voy a buscar a mi invitado: arregla para que la cena esté
listo cuando regrese.
Ella se prepara para salir.
ARLEQUIN.- Verán la cena que les voy a pedir.
BiATRicE, volviendo sobre sus pasos. - Toma, guarda este papel en mi baúl. Cuídalo bien, sobre todo: es una
letra de cambio de cuatro mil écus.
ARLEQUIN. - No se preocupe, señor, lo guardo de inmediato.
BÉATniOE. - Y ocúpate de la cena. (Aparte del pobre señor Pantalon, él tuvo mucho miedo: necesita ser
distraído.
Ella sale.
ARLEQUIN solo. - Ahora se trata de distinguirse. La primera vez que mi maestro me encarga de comandar
una cena, quiero mostrarle que tengo buen gusto. Voy a guardar este papel y luego... No, lo guardaré después, yo
no quiero perder tiempo. (Llamando :) Hola, ¿alguien? Diga al señor Brighella que tengo que hablar con él.
(De nuevo para sí mismo:) Una cena exitosa no consiste tanto en los manjares como en la hermosa disposición.
Nance de la mesa: más vale algunos platos afortunadamente dispuestos que una montaña de platos.
BaiGHELLA,entrante. - ¿Qué hay para su servicio, señor Arlequín?
AaLFQuiN. - Mi maestro ha invitado a un amigo a cenar y quiere que dupliques el menú, pero rápido, en seguida.
¿Tienes lo que se necesita en la cocina?
BRICHELLA. - Chezmoi, siempre hay todo lo que se necesita. En media hora, puedo servirle cualquier cosa.
menú
ARLEQUIN. - Muy bien. Dime un poco qué nos vas a dar.
BnL(;FMLLA. - Para dos personas, podríamos tener dos servicios de cuatro platos cada uno. ¿Qué opina?
AaLmUiN, àpart. - Me dijo cinco o seis platos: seis u ocho, no importa. (ÀBrigheUa :) Estará muy bien.
¿Qué habrá en estos platos?
BRICHELLA. - Para el primer servicio, una buena sopa, una bonita fritura, un buen potaje y un fricandeau.
ARLEQUIN. - Los tres primeros platos los conozco, pero el cuarto, no sé lo que es.
BRICHELLA. - Es un plato a la francesa, una especie de estofado, algo suculento.
AituQuw. - Muy bien, de acuerdo para el primer servicio. ¿Y el segundo?
Bitl(;HELLA. - ¿El segundo? El asado, una ensalada, un pâté en corteza y un «pudingue».
ABIEQUIN. - Esta vez también hay un plato que no conozco. ¿Qué es exactamente este "boudingue"?
BaIGHELLA. - ¡Un poudingue, no un boudingue! Cortar un plato a la inglesa: del nanan.
AitLEQuiN. - Muy bien, no tengo nada que decir. Pero, ¿cómo vamos a disponer los platos sobre la mesa?
BaIGHELLA. - No es difícil: el chico se encargará de eso.
ARLEQUIN. - No, no, querido, le doy la mayor importancia a la disposición de la mesa. La disposición de
¡La mesa, todo está aquí!
BascoujA, indicando con el gesto una disposición cualquiera. - Pues bien, pondremos, por ejemplo, la sopa aquí, la fritura
ahí, el potaje ahí y el fricandó ahí.
ARi£QuiN. - ¡No, no, no va nada bien! ¿No pones nada en el medio?
BRicmLLA. Debería haber cinco platos.
AitLxQuiN. Eh bien, faites-en cinq.
Baigella. Y si, en medio, ponemos una escuadra
¿para el hervido?
AnLaQuiN. - No, no, querido, ¡no sabes nada! El lugar de la salsa no está en el medio. En el medio,
es la sopa que hay que poner.
BairmLLA. - Bueno, pondremos el guiso de este lado, y la salsa de este lado.
Aîtl£QUIN. - ¡Oh là là, de mal en pis! Ustedes, hoteleros, quizás sepan cocinar, pero no saben
poner una mesa. Yo, les voy a enseñar. Imaginemos que la mesa es esto. (Se arrodilla y muestra el
sol.) Observen bien cómo dispongo mis cinco platos. Por ejemplo, allí, en el medio, la sopa. (él rompe un trozo
de la letra de cambio y la coloca en el suelo para figurar el plato del medio. Rompiendo un nuevo pedazo de la letra, y
colocándolo en el suelo :) De este lado, el guisado. (Mismo juego con otro pedazo de la carta.) De este lado, allí fritura.
(Mismo juego.) Allí, la salsa y, allí, este plato que no conozco. ¿Qué te parece? ¿No es mejor así?
BitICHELLA. Es perfecto, pero la salsa está demasiado lejos
carne hervida.
ARLEQUÍN. Espere, vamos a ver cómo podríamos
hacer para acercarla un poco.
BùATitICE, entrante con Pantalón, a Arlequín. - ¿Qué estás haciendo de rodillas?
AitLEQuiN, se relevante. - Estaba haciendo lo que se podría decir el plan de la mesa.
BiATaicE. - ¿Qué es este papel?
AaLEQUIN, aparte. - ¡Saperfieopette! es el que se le dio hace un momento.
BiàTaic£. - Pero es mi letra de cambio 1
AnLaQuiN. - ¡Disculpe! Voy a volver a pegarla...
BiAlMiC£.- Coquin 1 ¿Así es como cuidas de mis asuntos? Esto es lo que haces con un papel pre.
¿Cielos? Te merecerías unos golpes de bastón. (~¿Qué opinas, señor Pantalon? ¿Se ha visto alguna vez tal tontería?
PAMAWN. - A la verdad, la cosa es más bien risible. Sería grave si no tuviera remedio, pero voy a
hacer una copia de esta carta, y así, este pequeño infortunio será reparado.
BÉATRiOE. - Habría sido exactamente lo mismo si esta letra de cambio me viniera de China! (A Arlequín
Gran imbécil 1
ARLEQUIN. - Todo el mal viene de que el señor Brighella no sabe poner una mesa.
BaIGMLLA. - Encuentra algo que criticar en todo.
ARLEQUIN. - Es que yo, soy un hombre competente.
BÙATRicE. - Vete de aquí.
ARLEQUIN. - La hermosa disposición de una mesa es más importante que...
BiATaicE. - Vete, te digo.
ARLEQUIN. - En lo que respecta al arte de poner una mesa, no lo cedería al primer oficial de la boca.
del mundo
Él sale.
BRIGMLLA. - No entiendo nada de este chico: a veces es astuto como un mono y otras veces tonto como un ganso.
MATaicz, dBrighella. - Juega a los idiotas, este travieso. Bueno, ¿está listo pronto nuestro dmer?
BRICHELLA. - Si quieres cinco platos por servicio, tendrás que esperar un poco.
PANTAWN. - ¿Qué es esta historia de servicios? ¿Qué es esta historia de cinco?
¿Platos? A la buena franquette, ¡a la buena franquette! Cuatro granos de arroz, dos platillos pequeños, y eso es todo. Yo soy un
hombre sin ceremonias.
BÉ&Titicr,, àBrighella. - ¿Ustedes escuchan? Actúen en consecuencia.
BaIGHELLA. - Perfecto, pero si, por casualidad, tienes ganas de algo especial, dímelo.
PANTALON. - Si pudiéramos tener croquetas, como no tengo muy buenos dientes...
BiATiticE, àBrighella. - ¿Escuchan? ¡Croquetas!
BIRICMLLA. - Está anotado. Si los señores quieren ir a instalarse, serán atendidos de inmediato.
BUTRioe. - Dile a Arlequín que venga a servirnos.
BiticimLu, sortant. - se lo diré, señor.
¿El señor Pantalon estará dispuesto a contentarse con una comida magra?
PANTALÓN. - ¡Usted bromea, querido señor! ¡Ya le doy suficiente molestia así!
deberías haberte recibido en mi casa, pero, entiendes, teniendo una joven en casa, mientras que todo no esté
Está arreglado, no es conveniente que estén demasiado juntos. Si he aceptado su amable invitación, es para...
cambiar un poco las ideas. Todavía tiemblo de miedo. Ah, si ustedes no hubieran estado ahí, mi querido niño, ese malvado gracioso.
me sorprendía.
BÉATRiOE. - Estoy feliz de haber llegado a tiempo.
Unos chicos traen a la habitación indicada a Béatrice por Brighella todo lo necesario para poner la mesa.
mantel, servilletas, vasos, vino, pan, etc.
El personal de la hotelería del señor Béighella es particularmente rápido.
BÉATaICE. - Monsieur Brighella es un hotelero perfecto. En Turín, servía en una gran casa y esta expé-
su experiencia con él fue fructífera.
PANTALON. - Hay una cierta posada en el Gran Canal, enfrente de las Manufacturas del Rialto, donde se come
también muy bien. He ido varias veces con honestos amigos míos, y allí se nos trata tan bien que, cuando estoy allí
Pensé, aún tengo agua en la boca. Entre otras cosas, recuerdo uno de esos borgoñas que te revitalizaría.
¡un muerto!
BiATiticE. - No hay mayor placer en el mundo que estar en agradable compañía.
PANTALON. - Oh, si supieras cuán agradable puede ser la compañía de los amigos de los que te hablo! ¡Son
corazones de oro 1 Y qué simplicidad 1 ¡qué buen humor! Las partes que hemos hecho juntos, también a la Giu-
decca 1 Puedes creerme: hombres como esos, podrías buscar mucho para encontrar a sus semejantes.
Los chicos salen de la habitación donde han puesto la mesa y regresan a la cocina.
BààTitica. - Si entiendo bien, pasaste momentos alegres con ellos.
PANTALÓN.- Y espero bien recomenzar
ARLEQUIN,entrante, portador de una sopera, a Béatrice.
Si el señor quiere pasar a la mesa: voy a servir la
sopa.
BiATRICE.- Te seguimos 1
ARLEQUIN, haciendo lo ceremonioso. Oh no, señor,
después de usted 1
PA"AwN,entrante dame la pieza. Él estaba de broma, tu
sirviente.
BÉAT,tlclg,dArlequin. - Desearía menos façades y más atención.
Ella entra en su turno en la habitación donde está dispuesta la mesa.
ARLEQUIN, solo. - No, pero, mírame este servicio 1 Un plato a la vez 1 Gastamos un montón de dinero y no podemos
no puedo obtener que las cosas se hagan según las reglas 1 ¿Quién sabe siquiera si esta sopa es comestible? Tengo que...
goùte. (él saca una cuchara de sapoche y prueba la sopa.) Siempre tengo mis armas en mi bolsillo. ¡Por mi fe! No es
trop mauvaise, elle pourrait même être pire.
Entra en la habitación donde se encuentran Beatriz y Pantalón.
LeGarçon Paratt, portador de un plumón hervido.
¿Me hará esperar mucho tiempo, ese?
ARLEQUÍN, Apareciendo. - Aquí estoy, camarada. ¿Qué traes?
l£GARÇON.- El hervido. Voy a buscar la continuación.
Él sale.
ARLEQUIN.- ¿Es cordero o es que...
¿Es ternera? Tengo la impresión de que es cordero. Coli.
toneladas un poco. (Él prueba un trozo.) No, no es ni del
mouton ni du veau, c'est de l'excellent agneau 1
Se dirige hacia la habitación donde está Beatriz.
[Link]. - ¿A dónde vas?
ARLEQUÍN, aparte. - Oh, pobre de mí
FWRINW.- ¿A dónde vas con este plato?
ARLEQUIN.- Iba a ponerlo sobre la mesa, señor.
Fioaim*. - ¿Sobre la mesa de quién?
Celle de Votre Seigneurie, bien sûr 1
FLoitiNm. - ¿Qué necesidad hay de servir antes de que yo esté aquí?
ARIXQUIN. - te vi llegar por la ventana. (Aparte :) No está mal encontrado 1
FLoRiNoe. - Y tú sirves el guisado antes de la sopa
ARLMuir;. - les voyais vous decir, monsieur: en Venecia, se come la sopa al final.
FLORINDO. - Yo, estoy acostumbrado de otra manera. Quiero la sopa primero. Lleva este plato a la cocina.
AaLF4viN. - Bien, señor, a sus órdenes.
FLoRnuo. - Y date prisa. Después de cenar, me gustaría descansar un poco.
ARIXQUIN. - Inmediatamente.
Il se dirige vers la cuisine.
FLosiNm, aparte. - ¿Es que nunca volveré a encontrar a Béatrice?
Él entra en la segunda de las habitaciones cuya puerta está al fondo.
Tan pronto como Plorindo desapareció, Arlequín corre a llevar el plato de hervido a Beatriz.
EL CHICO, regresando con otro plato. - Nunca está allí, ese. (Llamando :) Arlequín
ARizQuiN, saliendo de casa de Béatrice. - Aquí estoy 1 Rápido, ve a poner la mesa al lado: Poutre viajero acaba de
rentrer y quiere su sopa de inmediato.
EL CHICO, saliendo. - Es como si ya estuviera hecho.
AitLEQuiN, solo. - ¿Qué puede ser este plato? Probablemente es el fourbicandeau. (Prueba.) Fe
¡Hombre, esto es muy bueno!
Él lleva el plato de tricandeau a casa de Béatrice.
Unos chicos atraviesan el escenario, llevando lo que tanto se necesita para poner la mesa, y entran en casa de Florindo.
AnxquiN. - ¡Bravo! Esto es trabajo. Ellos son ligeros como gatos. Oh, si pudiera servir en la mesa mis
dos maestros al mismo tiempo, eso sería bueno 1
Los chicos salen de casa de Florindo y regresan a la cocina.
ARLMUIN. Vite, mes enfants, la soupe 1
Lx CHICO. - Ocúpese de su servicio, nosotros nos ocuparemos del nuestro.
Él sale.
AaucquiN. - Evidentemente, si tuviera dos pares de brazos y dos pares de piernas, sería más fácil 1
El chico regresa, portador de la sopa para Florindo.
ARLEQUIN. - Dámelo. Yo se lo llevaré. mímica. Y mientras tanto, ve a buscar la continuación para
los otros.
Él toma la sopera de las manos del chico y la lleva a casa de Florindo.
Lz GARÇON. ¡Es realmente divertido! Quiere servir a la derecha, quiere servir a la izquierda. ¡Que le vaya bien! Yo,
con tal de que no me olviden en el momento de verter. beber 1...
Arlequín sale de la casa de Florindo.
BiATitiOE, invisible, appelant. - Arlequin
LEGARÇON, de Arlequin. - ¡Vaya a servir a su maestro!
AiLMuiN, apresurándose hacia Beatriz. - ¡Aquí estoy, señor!
Un chico lleva el plato destinado a Florindo.
LEGARÇON. - Dame eso.
Él toma el plato deshecho. Otro chico sale.
Arlequin sale de chez Béatrice con platos sucios.
FLoniNm, apelante, invisible. - Arlequín
AnizQuiN. - Dame eso.
Él quiere quitarle el plato de carne hervida de las manos al chico.
Ln GARÇON. - No, el guiso, soy yo quien lo va a servir.
ARIEQUIN. - ¿No oyes que me llama a mí?
Él le quita el plato de las manos y lo lleva Florindo.
Lz GARÇON. - Esa está bien buena, esa. Quiere hacerlo todo.
Un niño trae un plato de croquetas, se lo da al niño y luego sale.
LEGARÇON. - Iría bien a llevarles sus croquetas, pero no quiero problemas con ese otro.
Arlequín sale de chez Florindo con platos rotos.
lx GARÇM. Tenez, señor el que hace de todo, por. estas croquetas a su maestro.
ÀAIRLM'UIN, tomando el plato. - ¿De croquetas?
12 CHICO, saliendo. - Sí, las croquetas que pidió.
A"uiri. - Bigre 1 ¿A quién debo llevarlos? ¿Cuál de mis dos maestros pudo haberlos encargado? Si yo
vais a pedirlo en la cocina, les pondré la mosca detrás de la oreja, y si me equivoco y se lo llevo a quien no lo tiene
pas encargados, el otro los reclamará y el ppot a las rosas se descubrirá. Oh 1 sé lo que voy a hacer.. Oh là là,
¿Soy lo suficientemente astuto? 1 Esto es lo que voy a hacer: los voy a repartir en dos platos y llevaré la mitad a cada uno.
así, quien las ordenó no verá más que fuego. (toma un plato de la mesa y le pone la mitad de
croquetas.) Cuatro y cuatro. Pero queda una. ¿A quién debo dársela? Como no quiero perjudicar a nadie, voy a
la comer yo mismo. (Él come la croqueta.) Ahora, todo va bien. Comencemos por este lugar.
Él coloca uno de los platos en el suelo y lleva el otro a casa de Beatriz.
La CÀRÇCW, entrando, portador de un pudding al inglés. -Arlequín 1
AitixQunv, saliendo de casa de Béatrice. - Aquí estoy
LE GAaÇON. - Lleva este pudin...
AittMUIN. - Espera, ya vuelvo.
Él recoge del suelo otro plato de croquetas y se prepara para llevarlo a Florindo.
EL CHICO. - Te estás equivocando. las croquetas están por allí.
Él muestra la habitación donde está Béatr w*e.
AltlzQUIN. - Bien sabes que lo sé, y las he llevado por allí, mi maestro me envía cuatro como regalo.
a este viajero.
Él entra en casa de Florindo.
LIK CHICO. - Si se conocen y son amigos, podrían haber cenado juntos.
ARUDQUIN, reapareciendo. - ¿Y entonces, qué es esa cosa?
Iz GARÇM. - Es el pudín a la Panglaise.
L«AERLGMA'auçlNoN-.-- PPoouurr tvotr?e maître.
Ilsort.
ARLEQUIN. - ¿Un boudingue? ¿Qué puede ser eso? Huele bien, parece polenta. Oh, si eso fuera...
¡De la polenta, eso sería genial! Voy a probar. (Él tira un tenedor desapoche.) No es polenta,
Eso se parece. (Él come.) Es mejor que la polenta. (Él come otra vez.)
NATRICE, apelante, invisible. - Arlequín
ARLEQUIN, labouche pleine. - ¡Ya voy!
FLOBIM)O, invisible, appelant. - Arlequin
ARLEQUIN, labouche pleine. - Me voici (Para Él.
mismo :) Oh, ¡qué puede ser hermoso! Una pequeña houchée más, y me voy.
Sigue comiendo.
BiATItICE, ordena manejar, ella lo hizo
de sachambre, y viendo a Arlequín que
servir. nne un golpe de pie, luego - ven de-
Arlequin Posele pudín le80, el entre che~ Béatrice.
FLORIMDO, saliendo de la habitación y llamando. - Arlequín 1
¿Dónde demonios se ha metido este animal?
ARLEQUIN, saliendo de su escondite, Béatrice. - Aquí está
¿Dónde estabas? ¿Dónde te escondías?
ARLEQUIN. - Fui a buscar platos, señor.
FLORINM. - ¿hay algo más para comer?
ARLEQUIN. - Voy a ver.
FLoitim)o. - Apresúrate, te digo, necesito ponerme
reposar.
Vuelve a su habitación.
ARLEQUIN. - Ya voy. (Gritando :) ¡La continuación! (para mí mismo :) A este boudingue, lo voy a guardar para mí.
El pudin.
EL CHICO, entrando, portador de un plato de asado. - Aquí está el asado.
ARLEQUÍN, tomando la carne asada. - ¡Las frutas, rápido!
EL CHICO. - Oh, ¿qué pasa, no hay prisa?
Ilsort.
ARLEQUIN. - El asado, se lo llevaré a ese.
Él entra en casa de Florindo.
Lx CHICO, volviendo con frutas. - Aquí están las frutas. ¿Dónde estás?
ARLEQUIN, saliendo de casa de Florindo.- Aquí estoy.
EL CHICO, anunciando las frutas. - ¡Aquí! ¿Es todo lo que necesitas?
ARLEQUIN. - Espera
Él lleva las frutas a Beatriz.
EL CHICO. - Y yo te salto por aquí, y yo te salto por allá ¡Este no es un hombre, es un demonio!
ARLEQUIN, reapareciendo. - Eso es todo. Les basta así.
EL CHICO. - Me alegra mucho.
ARLEQUÍN. - Ahora, pon la mesa para mí.
EL CHICO. - Inmediatamente.
Él sale.
ARLEQUIN. - Libérame mi boudingue 1 ¡Viva yo 1 Lo he conseguido: todos están contentos, no quieren nada más,
ya no tienen hambre. Serví a dos maestros en la mesa, y ninguno de los dos sospechó que había otro.
ya que he servido para dos, ahora quiero comer para cuatro.
Él sale, llevando el pudín.
TABLA 3
La calle frente a la hostería de Brighella.
Sméraldine aparece, una carta en la mano.
SmÉRALDiNE. - No, de verdad, ¡mi ama tiene esas ideas! ¡Mandarme a llevar una carta a una posada, a mí!
una joven como yo Ah, es terrible tener que servir a una mujer enamorada Ella comete mil extravagancias,
mi maestra, y lo que no logro entender es que, estando enamorada de señor Silvio hasta el punto de
s'étriper par amour pour lui, elle envoie tout de même des billets doux à un autre. À moins qu'elle en veuille un pour
¡El verano y el otro para Phiver! Finalmente yo... Yo, en todo caso, ~ no hay manera de que entre en esta hotelería. Yo voy a
llamar y veremos si alguien viene. (Llamando:) ¡Hola! ¿Hay alguien?
Lic GAnçoN, apareciendo en el umbral de la puerta. - ¿Qué deseas, mi linda?
Sutam»iNE, aparte. - estoy realmente muerta de vergüenza. (Al chico :) Dime, ¿hay cierto señor
¿Federigo Rasponi no se aloja en esta hospedería?
Lz GAaçoN. - Sí, lo hace. Acaba de terminar de cenar.
Sm,[Link]. - Tendría algo que entregarle.
Lz CAitçoN. - ¿En particular? Puedes entrar.
SutaAwirm. - Oh, ¿por quién me toma usted? Soy la criada de su prometida.
Lz GAnçoN. - Eh bien, entrez.
Smi&u»nu. - No se habla de eso
Lz GAaçoN. - No querrías, de todos modos, que lo hiciera venir a la calle? Niega `parece que no sería
pas de très bon goût ; d'autant plus qu'il est en compagnie de monsieur Pantalon dei Bisognosi.
SmiiRALDiNE. - ¿Mi maestro? Razón de más para que no vaya.
EL CHICO. - Si quieres, te enviaré a su sirviente.
SUbULDINE. - ¿Un pequeño moreno?
I£ GAnçoN. - Eso es, sí.
Sí, sí, mándamelo.
EL CHICO, de parte. - Comprendido. El pequeño moreno no le desagrada. Y se sonrojaría al entrar en una posada, pero
ella no se sonrojará al ser vista con él en la calle.
Él entra en la hostelería.
Sufam»m, sola. - Si mi maestro me ve, ¿qué le voy a contar? ¡Ya sé! Le diré que había venido a él
buscar. Ah, no me faltan las ideas.
El arlequín aparece, una fiasque de vino en una mano, un vaso en la otra y una servilleta alrededor del cuello.
AitizQuiN. - ¿Quién me está pidiendo?
Sufam»nu. - Soy yo, señor. Lamento haberte molestado.
¡Por favor! Estoy a sus órdenes.
Siditmmn«. - A lo que veo, tengo la impresión de que estabas en la mesa.
AaLzQuilq. - Estuve efectivamente en la mesa, pero no se preocupen, volveré.
SidRALDir«. - Sinceramente, lo siento...
AaizQuiN. - Y yo, estoy encantado. Para serles sincero, tengo el estómago lleno y esos bonitos ojitos caen a pie.
para ayudarme a digerir.
SWmALon«,aparte. - Es realmente encantador
ARLRUIN. - te pido este pequeño frasco y estoy completamente a ti, mi querida.
SbénAuit«,apart. - Il ida appelée chérie 1 (À Artesquin:)Mi maestra envía este billete al señor Federigo
Rasponi, y, la preocupación por mi reputación me impide entrar en un hotel, he tenido la extrema osadía de usted
molestar para que se lo entregue.
AILLMUIN. - Se lo entregaré con gusto, mi pequeño corazón, pero, antes, aprenda que, yo también, tengo una
comisión a usted hacer.
SuliAimiNs. - ¿De parte de quién?
De la pan d'un fort honnête homme. Dites, connaissez-vous un certain Arlequin Batocchio ?
Smi&u»iNE. - Me parece haberlo escuchado nombrar, pero no puedo recordar dónde. (Aparte :) ¿Es que
¿No sería él?
AaLnuiN. - Es un hombre guapo - bajito, robusto, ingenioso, elocuente. De su oficio, maestro de ceremonias...
No lo conozco absolutamente.
ARLMuir;. - Y sin embargo, él, él te conoce y está enamorado de ti.
SminAum. - Oh, te estás burlando de mí 1
AitLMuiiq. - Eteilpouvait esperar ser un poquito recompensado, "se daría a conocer.
SmimALDirOE. - Voy a decirle, señor: si lo viera y me agradara, podría ser que no le sea
punto cruel
¿Quieres que te lo muestre?
SuhAum. - lo veré gustosamente.
ARISQUUÇ. - Es el asunto de un instante...
Ilentredom rhdteUerie.
sujammmt - Entonces, no debe ser él.
Arlequín sale de la hospedería, hace una reverencia a Sme r«Uùw, pasa cerca de ella, suspira y luego regresa al h&
leutrie.
No entiendo nada.
AnutQuiN, reapareciendo. - ¿Lo has visto?
Suiammm. - ¿Quién es eso?
AaLMuiN. - El que está enamorado de su belleza.
Sadam»iNz. - Pero solo te he visto a ti.
Ani£QuiN, soupirant. - Ehoui 1
SiiisALDm. - ¿El que pretende tener un sentimiento por aloi, sería usted?
Aftl£QUIN, con un suspiro. - Soy yo.
SuiaALDu«. - ¿Por qué no me lo dijiste todo?
¿de acuerdo? 1
AaLnuiN. - Porque soy un poco tímido.
Suiam»iNr4 aparte. - B haría que un roca se enamorara.
ARIXQUIN. - ¿Y entonces, qué me respondes?
Sw~a»~DM. - Bueno, les respondo que...
AnisQuiN. - Vamos, hablen
Oh, es que, yo también soy un poco tímido.
AnumurN. - Si ustedes se unieran, sería el matrimonio de dos personas un poquito tímidas.
SuiRm»nu. - A la verdad, está lejos de desagradarme. ARLEQUIN. - ¿Eres doncella?
Oh, eso ni se pregunta.
AitizQuiN. - Lo que significa que no lo eres.
Sxiam~DiNs. - Al contrario, significa que estoy totalmente de acuerdo.
Aai£Quiri. - Yo también soy virgen.
StdRà,LDiNz. - Yo, ya me habría casado cincuenta veces, pero nunca he encontrado a alguien que me
por favor.
Aal£Qurs. - ¿Puedo esperar hacer una brecha en su simpatía?
sudmàir . - A la verdad, tengo que confesarte, tienes un cierto no sé qué... Es suficiente, no puedo en
decir más.
AaixQuiN. - ¿Alguien que te querría como esposa, cómo debería proceder?
SmÉRamirOE. - Como ya no tengo ni padre ni madre, debería hablarlo con mi maestro o con mi maestra.
AnixQuiN. - Perfecto, y si les hablo de ello, ¿qué dirán?
SubAwiNz. - Dirán que sí, yo, estoy de acuerdo...
AaixQuiN. - ¿Y usted, qué dice?
SuiammiNE. - Diré que... si ellos están de acuerdo...
AnLEQuiN. - no necesito saber más. Todos estaremos de acuerdo. Dame la carta, y, cuando yo
te traeré la respuesta, hablaremos.
SM~RALDII«. - Aquí está.
AnizQuiN. - ¿Sabes lo que dice esta carta?
SmÉammiNz. - lo ignoro, pero si supieras la pena que tengo por saberlo.
ARutQuiN. No me gustaría que fuera una de esas cartas malas que valen golpes de -bastón a quien
les, apporte.
SwiRALDINE. - Me sorprendería, en todo caso, que fuera una carta de amor.
AauQuiN. - Yo, no quiero problemas. Si no sé lo que dice, no se lo cuento a mi amo.
SMIÉRU»11«.- Podríamos abrirlo... pero luego tendríamos que cerrarlo.
AnLEQuiN. - Déjame hacer 1 el Wai no es mi igual para sellar las cartas. No se verá nada.
SminAmiNE. - Entonces, abramosla.
AaLEQUiN. - ¿Sabes leer, tú?
SNIRMMNE. - Un poco. Pero usted, seguramente lo sabe muy bien.
AitizQuiN. - Muy bien, no, pero un poquito.
SutitamiNE. - Entonces, abramosla.
AaLnUiN. - Se trata de proceder con delicadeza.
Él rasga una parte de la carta al abrirla.
¡Oh! ¿Qué has hecho?
A*LzQuiN. - Es de importancia. Taiun secreto para repararla. Aquí tiene: solo queda leerlo.
SUiRMMINE. - Eh biene liffl-la-
AuLnuiN. - No, léela, tú. Ciertamente descifrarás mejor que yo la escritura de tu maestra.
Sutammim considerando la carta. - Para decirle la verdad, no entiendo nada.
AntaQuiN, considerando a su vez la carta. - Y yo, no más.
Sàdam»INE. - Entonces, ¿valía la pena abrirlo?
AnixQuir;.prenant lalettre. - Espera, no nos desanimemos, creo que empiezo a ver claro.
SuiRAUUU. - Yo también estoy empezando a distinguir algunas letras.
ARLMuiN. - Procedamos por orden. Eso, ¿no sería una m?
Suiam»m. - Pero no, es un r
AauQuis. - Entre lr et lm, il n'y a pas grande différence.
SuiaALoiNE. - R ... r .. a ... ra. No, no, tiene razón, creo que es una m. M.. m... a... ma.
AnLEQuiN. - Ciertamente no es mi, sino mi.
SuiluLDnu. - Sí, sí, es mi: hay una colita pequeña.
AaLuquiN. - Razón de más para que sea: mío.
Pantalon y Béatrice salen de la hotelería.
PAMALM, d Sinéraldine. - ¿Qué están haciendo aquí, ustedes?
Subm»iNz, asustada. - Nada, señor, venía a usted
buscar.
PANTAWN, à Sméraldine. ¿Por qué?
SWOEALDINF, mismo juego. Mi maestra le reclama.
[Link]. ¿Qué es esto?
papel ?
ARLRuIN, apeuré. - No es nada, es... un papel...
BiATaicz, a Arlequin. - Reloj.
AutRum, dándole la carta temblando. Tenga,
Señor.
BÉâTaim - Comentario 1 Pero es una carta que West está dirigiendo. Miserable 1 ¿Vas a continuar mucho tiempo con
¿abrir mis cartas?
ARizQuiN. - Señor, no entiendo cómo...
Bimicz.- Es una palabra de la señora Clarice, señor Pantalón, para informarme que Silvio está loco de celos, y
ese travieso se atrevió a abrirlo.
PAmAwN, d Sméraldine. - ¿Y tú también estabas en complicidad con él?
SmkRàLum. - No sé lo que quiere decir, señor.
BiATaicz. ¿Quién abrió esta carta?
ARLEQUÍN. Este Oeste no soy yo.
S"RALDn«. - NiMoinon más.
PAmALoN. - ¿Pero quién va a traer?
Arlequín la portaba a su maestro.
AIRIXQUIN. - Y Sméraldine la llevó a Arlequin.
SuinALDiN£, a media voz, de Arlequín. - Vil ladrón, ya no te quiero.
PfflAwN. - Y eres tú, avispón, quien ha hecho este bonito golpe, no sé qué me detiene de darte una cachetada.
SmiRmmn«. - Nadie me ha abofeteado nunca, señor, y me sorprende que tenga la audacia de...
PmTAwN, avanzando hacia ella. - ¿Es así como me respondes?
SuiammiNz. - ¡Oh! No me atraparás 1 Eres demasiado pesado para poder correr detrás de mí.
Ella se cayó al correr.
PàmALoN. - Espera un poco, pequeña desafortunada, ¡verás si estoy agotado! Te alcanzaré y...
Se lanza a correr tras Sméraldine.
AitizQuiN, aparte. - Si tan solo supiera cómo hacer para identificarlo.
BiàTiLicE, recorriendo la carta. - Pobre Clarice, la injusta celosía de Silvio la sumerge en la desesperación. Tendrá que
que me desmascare, de lo contrario ella nunca conocerá la paz.
Anu*uir;, à part. - Tengo la impresión de que no me ve. Voy a intentar esquivarme.
Intenta esfumarse sobre la punta de los pies
BiATniOE. -¿A dónde vas?
AaLEQuiN, deteniéndose. - En ninguna parte. Yo... estaba dando una pequeña vuelta.
BÉATaicE. - ¿Por qué abriste esta carta?
AnLFQuiN. - Fue Sméraldine quien la abrió. Yo, señor, no tengo nada que ver en esto.
Bi~ATnicE. - ¡Sméraldine tiene buena espalda! ¡Eres tú quien la ha abierto, travieso! Uno más uno, son dos. En un día,
has abierto dos de mis cartas. Ven aquí.
ARLEQUIN, acercándose con temor. Por favor, mi
señor.
BÉATRICE. - Ven aquí, te digo.
ARLEQUIN, acercándose temblando. Por misericordia,
señor 1
Béatrice toma la bate que Arlequin tiene en su cinturón y, dándole la espalda a la posada, lo golpea conscienzudamente.
cemento.
FLoitiNDo, apareciendo en una de las ventanas de la posada. - ¿Cómo! ¿Están golpeando a mi criado?
Él desaparece de la ventana.
ARLEQUÍN. ¡Basta, asspz! Por piedad
BÉATuicE. ¡Mira, travieso! Eso te enseñará a abrir mis
cartas.
Ella tira el bate al suelo y sale.
ARLEQUIN, una vez desaparecida Beatriz. - ¡Nombre de un pequeño hombre! ¡Saperlipopette! ¡Corbleu! ¡Morbleu!
¡Cielo santo! ¿Así es como se trata a un hombre de mi clase? ¿Golpear a alguien como yo? Los sirvientes,
cuando no hacen bien su servicio, los echamos pero no los golpeamos!
FLoniNDo, que salió de la hostelería sin ser visto por Ar. lequin. - ¿Qué es lo que murmuras?
ARLEQUIN, viendo a Florindo, aparte. - ¡Cuidado! (Gritando en la dirección por donde salió Beatriz :) No se golpea
¡Así el siervo de otro! ¡Es una ofensa que le has hecho a mi maestro!
FLOItIM)D. - Sí, es una ofensa que me han hecho. ¿Quién es el que te ha vencido?
ARLEQUIN, - no sé, señor. No lo conozco.
FLoniNm. ¿Por qué te golpeó Y?
ARtEQuiN. Porque... Porque escupí sobre
son zapato.
FLoftiNw. ¿Y tú te dejas vencer así? Sin rechistar, sin siquiera intentar defenderte? ¿Y expones tu mitra?
¡A tal afrenta, a tal insulto! (Recogiendo el bate :) ¡Eres un pedazo de burro, cobarde que eres! ¡Ya que te gusta ser!
battu, te voy a satisfacer, te voy a vencer, yo también.
Él le da una vuelta de golpes y luego entra en la tienda.
AitLEQuiN. - A partir de ahora, puedo decir que soy bien el sirviente de dos amos. He recibido mi salario de uno y de
el otro.
Él entra en la hostería.
ACTA AQUÍ
TAsLuu 1
Una sala de la hotelería de Brighella. Varias puertas.
AnLEQuiN, solo. - Me sacudí dos o tres veces y, ¡hop! me deshice como de tantos neumáticos de
doloroso recuerdo de esos golpes de bastón. Bueno, de todas maneras, he comido bien, he cenado bien y esta noche cenaré
mejor aún: también, mientras pueda, quiero seguir sirviendo a mis dos amos, al menos tan bien
hace mucho tiempo que podría recibir dos salarios. Y ahora, ¿qué voy a hacer? Mi primer maestro no es
pas Ii y el otro está echando una siesta: tal vez podría airear un poco sus prendas. Sí, los sacaré de los baúles y miraré
si no les falta nada. Tengo las llaves y esta
la sala es exactamente lo que necesito. Voy a llevar allí los V,
malles y hacer las cosas según las reglas. Pero necesito
¡Camarero! ¡Camarero!
El chico aparece en compañía de uno de sus colegas.
1£ GAnçoN. - ¿Qué quieren?
ARLEQuIN. - Me gustaría que me echaras una mano para traer aquí dos maletitas muy pequeñas: hay que
que aire un poco lo que hay dentro.
I£ GAitçoN, a su colega. - Bueno, ayúdalo.
AnLEQuiN. - Ven, y si estoy contento contigo, compartiré contigo la propina que acaban de darme
mis maestros.
Él entra en una de las habitaciones con el segundo chico.
Lx GA»çoiq. - Ça a l'air vraiment d'un bon serviteur. Il est vif, rapide, diligent, mais il doit tout de même avoir
algunos pequeños defectos. Yo también he estado en servicio y conozco la cuestión. En este oficio, todo lo que hacemos
Ya sea para plumar su vestido, ya sea para ganarse su confianza.
ARiaquiN, saliendo de la habitación con el segundo chico. -¡Suave! Pongámosla aquí. (Dejan la maleta que estaban...
tent en el medio de la sala.) Y ahora, vamos a buscar a Vautre, pero sin ruido, ¿eh?: mi maestro está durmiendo la siesta.
Él entra con el segundo chico en la habitación de Florindo.
Li& GARçoN. - Este chico es o una perla o un bribón: nunca he visto atender a dos personas con tanto
de puntualidad. Dicho esto, aún voy a abrir Voeil: no quiero que una hermosa mañana, bajo el pretexto de
servir a dos amos, los despoja a ambos.
AgLEQuiN, saliendo de la habitación de Florindo con el segundo chico. - Y esta, pongámosla aquí (Ellos la colocan allí.
malle de Florindo a una cierta distancia de la de Béatrice.) Ahora, si quieren irse, pueden hacerlo, yo
no te necesito más.
l£ CAitçoN, al segundo chico. - Bien, vuelve a la cocina. (El segundo chico se va. A Arlequín :) Eso es todo.
¿Qué necesita?
A«LEQuiN.~- Sí. Y usted también puede desaparecer
Soy lo suficientemente grande para hacer solo lo que tengo que hacer.
L& GARçoN. - ¡Eres un gran hombre! Si continúas, tendrás toda mi estima 1
Él sale.
ARLEQuirc - Ahora, podré hacer las cosas tranquilamente, con la mente en paz y sin ser molestado. (Él tira
una llave de su bolsillo.) ¿Cuál de estas llaves es? ¿La de este baúl o la de aquel baúl? Probemos. (Él
abre un baúl.) Inmediatamente lo adiviné. Realmente, soy el hombre más grande del mundo. (Saca de su bolsillo una
otra llave.) Y esta debe abrir la otra. (Él abre la otra maleta.) Aquí están abiertas las dos. ¡Salgamos de todo!
(Él saca ropa de cada uno de los dos baúles y las coloca sobre una mesa auxiliar. También saca libros, papeles
et otros objetos ad libitum. N.B.: En cada uno de los baúles, deberá haber entre otros un traje negro.) Primero que nada,
veamos un poco si no habría algo en los bolsillos. A veces, se olvidan galletas o caramelos.
fouille les poches de l'habit noir de Béatrice et y trouve un portrait.) Oh ! le joli portrait ! Quel bel homme ! Qui ça
¿Puede ser realmente él? Tengo la sensación de que ya he visto esa cara, pero ¿dónde y cuándo? Eso 1... Se parece un poco
a mi otro maestro. Pero no 1 Mi otro maestro no tiene ni ese hábito, ni esa peluca.
FLoan», llamó desde su habitación. - Arlequín
AaLzQuix. - Oh, maldito sea, ¡ese! Se ha despertado. Si el diablo quiere que saque la nariz afuera y que vea esto
otra maleta, querrá saber... Rápido, rápido, voy a cerrarla, y diré que no sé de quién es.
Él mete el retrato en el bolsillo de uno de los trajes negros.
FLoitiNm, de su habitación. - Arlequin1
AnixQuiN,criando. - ¡Llego! ([Link] :) ¡Recogemos todo! ¡Santo cielo! No recuerdo dónde va esta ropa. Y estos...
papeles, no recuerdo dónde estaban.
FLoitim)o, de sa chambre.- ¿Tengo que venir a buscarte con un palo?
AumQun,;,criant. - Voy a correr. (A parte :) Rápido, antes de que me caiga encima. Cuando salga, pondré todo en
lugar.
Él termina de devolver los objetos al azar en los dos baules y luego cierra estos.
FLoanm, saliendo de su habitación en bata de baño. -¿Qué demonios estás haciendo?
AnixQuiN. - Señor, ¿no me había dicho que limpiara sus ropas? Estaba en proceso de obedecerle.
FLoitim)o. - ¿Y esa otra maleta, de quién es?
No sé nada; a otro viajero sin duda.
FLoniNm. - Dame mi traje negro.
AaLzQuiN. - Enseguida.
Él abre el baúl de Florindo y le da su traje negro. Florindo, ayudado por Arlequín, se deshace de su vestido de
habitación y se pone su traje negro. Después de lo cual, metiendo las manos en los bolsillos, encuentra el retrato.
FLoitiNm, sorprendente encontrar el retrato. - ¿Qué es esto?
AsixQuix, àpart. - ¡Santo cielo! Me he equivocado. En lugar de ponerlo en el bolsillo del abrigo del otro, lo he puesto
en la suya. ¡Es el color que me engañó!
FLonum, àpart. - Oh ciel 1 No estoy soñando. Es
aquí está mi retrato, el retrato que me he dado a mí mismo a mi querida Beatriz. (A Arlequín) ¿Puedes decirme cómo este?
¿El retrato se encuentra en el bolsillo de mi ropa?
ARLEQUIN, aparte. - Esta vez, no sé cómo voy a salir de esto. Necesito un golpe de genio.
FLoniNoe. - Entonces, ¿vas a responder? ¿Cómo es que este retrato está en mi bolsillo?
ARLEQUIN. - Querido señor mi maestro, disculpe, le ruego, la libertad que me he tomado. Este retrato es mío.
Temiendo perderlo, lo había escondido en su bolsillo. Por el amor del cielo, perdóname.
FLoitiNm. - ¿De dónde tienes este retrato?
ARLEQUIN. - Lo heredé de mi maestro.
FLoRiNDo. ¿Heredado?
ARLEQUIN. Sí, señor, tuve un amo que murió, me legó algunas bagatelas que he vendido, pero
He guardado este retrato.
FLORiNoe. - ¿Qué me dices! ¿Y hace cuánto tiempo que murió tu antiguo maestro?
ARLEQUIN. - Debe haber pasado una semana. (Aparte :) Digo la primera cosa que se me ocurre.
FLoitiNm. ¿Cómo se llamaba?
ARLEQUÍN. Lo ignoro, señor: vivía en el anonimato.
FLoitiNm. - ¿Incógnito? ¿Cuánto tiempo has estado a su servicio?
ARLEQUÍN. - ¡Oh! no mucho tiempo: diez o doce días.
FLoRim)o, aparte. - ¡Cielo! Temo cada vez más a la idea de que esto podría ser, Beatriz. A menudo le sucedía que
vestirse de chico... Ella viajaba -incógnita... ¡Oh! si es ella la que ha muerto, no quiero vivir más!
ARLEQUIN, aparte. - Ya que cree todo, le contaré cosas hermosas.
FLORINDO, tres emotivo. - Dime, ¿era joven tu maestro?
ARLEQUÍN. Sí, señor, muy joven.
FLoRINDO. Imberbe?
ARLEQUIN. - Rigurosamente.
FLORINM, aparte, suspirando. - No hay duda, era ella.
ARLEQUIN, àpart.j'espère Wen dm mm coups de bâton 1
FLOItINM. - ¿Sabes al menos de dónde era tu difunto maestro?
ARLEQUIN. - Lo sabía, pero ya no me acuerdo.
FLOIRIM*. - ¿No era de Turín?
ARLEQUIN. - Sí, sí, era de Turín.
FLORINM, àpart. - Cada una de sus palabras me hizo sentir un puñal. (A Arlequin :) Pero dime, ¿es cierto?
¿Muerto, este joven turinés?
ARLEQUÍN. Por supuesto que está muerto.
FLoitim*. ¿De qué murió?
ARLEQUIN. - Le ha sucedido un accidente y ha fallecido. (Aparte :) Si no está contento, esta vez...
FLoRiNDo. - ¿Dónde está enterrado?
ARLEQUIN, aparte. - ¡Él necesita detalles! (A Florindo :) No lo hemos enterrado, señor. Otro de sus
Servidor, su compatriota, obtuvo permiso para meterlo en un ataúd y lo envió a Turín.
FLoanm. - ¿No sería este sirviente el mismo que, esta mañana, te pidió que pasaras por la oficina de correos por él?
ARLEQUIN. - Sí, sí, señor, Pasquale en persona.
FwniNDo, àpart. - Ya no hay esperanza. Béatrice está muerta. Infortunada Béatrice Las fatigas del viaje, el dolor,
l'auront tuée 1 Ah mi dolor es demasiado grande
tengo miedo de...
Él entra en su habitación.
ARLEQUIN, Solo. - ¡No entiendo nada! Se queja, llora, se desespera. No quisiera que a causa de
mi pequeña historia, él cae en la hipocondría. Yo, si dije eso fue para evitar ser gratificado con golpes de palo y
para que no haga demasiadas preguntas sobre los dos baúles. Sin embargo, la vista de este retrato le ha dado vuelta.
los sangres. Debía conocer a quien posó para él. Vamos, vale más que devuelva cada uno de estos baúles a
da lugar, de lo contrario corro el riesgo de tener nuevos problemas. (Aper. viendo a Béatrice que llega con Pantalon :) Ahí está mi
¡otro maestro! Esta vez, lo temo, soy yo quien va a ser servido
IlSecaran los 000408,
BÉATRICE, entrando. - Créame, señor Pantalon, la última entrega de espejos y velas ha sido
contada dos veces.
PANTALON. - Es muy probable que mis empleados se hayan equivocado. Voy a decirle a mi contable que verifique sobre
mis libros y aclararemos las cosas.
BÉATRICE. - He hecho un resumen de sus expediciones. Vamos a consultarlo. También puede ser que esto sea
¿Yo que me engaño? ¿Arlequín?
ARLEQUIN. - ¿Monsieur?
BÉATRICE. - ¿Tienes la llave de mi maleta?
ARLEQUÍN. - Sí, señor. Aquí está.
BÉATRICE. - ¿Por qué has traído mi baúl aquí?
ARLEQUÍN. Para airear un poco tus hábitos.
BÉATRICE. ¿Está hecho?
ARLEQUIN. - Está hecho.
Bi&Tiaict. - Abre mi baúl y dame... ¿De quién es este otro baúl?
ARLEQUIN. - A un viajero (Mi vient d'arriver.
BÉATRICE. - Dame la cartera de cuero que está en mi baúl.
ARLEQUIN. - Inmediatamente, señor. (A parte :) ¡Que el Cielo me proteja!
Él abre el baúl y busca la billetera.
PANTALÓN. - Puede ser, como le digo, que mis empleados se hayan equivocado. En ese caso, el error no hace
cuenta.
BÉATRICE. puede también, se lo repito, que esto
sea usted quien tenga razón. Lo sabremos en el acto.
ARLEQUIN, presentando una cartera a Béatrice. ¿Es eso?
BÉATRICE, tomando la cartera sin mirar. Sí. (Abriéndola :) No, no es esto 1... ¿De quién es esta cartera?
hoja ?
ARLEQUIN, àpart. - Empieza de nuevo
BÉATRICE, aparte. - Dos de las cartas que he escrito J Florindo? ¡Cielos! ¿Y estos memorandos, estas cuentas son de él? Yo
Estoy en el agua, tiemblo, ya no sé en qué mundo vivo.
PANTALÓN.- ¿Qué tiene, señor Federigo? Usted no
¿No te sientes bien? 1
BÉATRICE. - No, no, no es nada. (En voz baja, a Arlequín :) Arlequín, ¿cómo está esa cartera que no es de...
¿Está mi moi en mi baúl?
ARLEQUIN. - No podría decírselo.
BÉATRICE. - Vamos, no te pongas nervioso y dime la verdad.
ARLEQUIN. - ¡Ah! señor, le pido que me perdone la audacia que tuve de poner esta cartera en
¡Tu maleta! Me pertenece, y, para no perderla, me voy con tus cosas. (A parte :) Funcionó con el otro,
quizás funcione con este.
BÉATRICE. - Este cartera es mío, ¿y tú no lo reconoces y me lo das en lugar del mío?
ARLEQUIN, aparte. - Oh, este es más astuto que el otro. (A Béatrice :) Voy a decirle: no hay mucho tiempo.
el tiempo que está conmigo, por eso no me he engañado.
BÉATRICE. - ¿Y de dónde tienes esa cartera?
ARLEQUIN. - Un maestro al servicio de quien estaba en Venecia y que ha muerto, me lo dejó en herencia.
BÉATRICE.- ¿Hace cuánto tiempo de eso?
ARLEQUÍN. ¿Acaso lo sé yo? Diez o doce
días.
BÉATRICE. ¿Cómo es que te he encontrado?
¿aVerona?
ARLEQUIN. - acababa de llegar de Venecia, después de la muerte de mi amo.
BLATRICE, a parte. - ¡Es horrible! (A Arlequín :) ¿No se llamaba tu amo Florindo?
ARLEQUÍN. Sí, señor, Florindo.
BÉATRICE. ¿Aretusi?
ARLEQUÍN. Eso es, eso está bien: Aretusi
BÉATRICE. ¿Y estás seguro de que está muerto?
ARLEQUÍN. ¡Mort, archi-mort!
BÉATRICE. - ¿De qué murió? ¿Dónde está enterrado?
ARLEQUIN.- Cayó en el canal, se ahogó y lo hemos perdido de vista por completo.
BÉATRICE. - ¡Pobre de mí! Florindo ha muerto, mi amor, mi única esperanza ha muerto. ¿De qué sirve vivir?
ahora, ¿pues que ha muerto aquel por quien vivía? ¡Oh! ¡vaines sueños! ¡Oh! ¡penas desperdiciadas inútilmente!
¡Desgraciados estratagemas de amor! Abandono mi patria; abandono a mi familia; me visto con ropa masculina, yo
Expuesta a mil peligros, arriesgo mi propia vida, hago todo esto por Florindo, y Florindo está muerto. Desgraciada.
¡Béatrice! ¿No era suficiente que perdieras un hermano, sino que además tuvieras que perder a tu amante? ¿Quiso el cielo que
la muerte de Florindo sigue a la de Federigo. Pero dado que fui la causa de su muerte a uno y a otro, dado que lo...
soy culpable, ¿por qué el cielo no se arma contra mí para vengarlos? Las lágrimas son vanas y vanos los
¡Lamentos! ¡Florindo ha muerto! ¡Ah! El dolor me aplasta. ¡Mis ojos se nublan! Mi amado, ídolo de mi corazón, no yo no
no tardaré en unirme a ti.
Lleno de dolor, se precipita en su habitación.
PANTALON, que escuchó con estupefacción el monólogo de Beatriz. - Arlequín1
ARLEQUÍN. - Monsieur Pantalón
PANTALÓN. - Monsieur Federigo era una dama
ARLEQUIN. - Monsieur Federîgo era una mujer
PANTALÓN. - Oh, qué asunto
ARLEQUIN. - Oh qué historia
PANTALÓN. - ¡Estoy atónito!
ARLEQUIN. - Estoy asombrado
PANTALÓN. - Tengo que ir a contarle eso a mi hija.
Él sale.
ARLEQUIN. - Ya no soy el sirviente de dos amos, soy el sirviente de un amo y de una ama.
Él sale.
TABLAU2
La calle frente a la hospedería de Brighella.
EL DOCTOR, entrando. - No logro digerir la injuria que me hizo ese viejo chiflado de Pantalon. Más yo
pense, más eso niega la bilis.
PANTALON, saliendo de la hotelería, alegremente.- Querido doctor, le saludo.
LE DOCTEUX. - me sorprende (usted tiene la audacia de dirigirme la palabra
PANTALON. - Es que tengo una de esas novedades que VOY a enseñarte. Sepa que...
Lz Docnuit, interrumpiéndolo. - ¿Sin duda quiere decirme que el matrimonio está hecho? Me xWen preocupa
como una cereza.
PANTALÓN. - ¡Pero no! Déjame hablar, ¡buen sang!
LE DocTEuit. ¡Habla, y que la peste te mate!
PANTALON, aparte. - Me daría mucha ganas de darle algunos puñetazos para enseñarle a vivir. (A la
Doctor :) Si lo desea, mi hija será la esposa de su hijo.
LE Doc-muit. - Muy agradecido, pero no se moleste. Mi hijo tiene el estómago demasiado delicado: no soporta los
restes. Dáselo a este señor de Turiv.
PANTALON. - Si supieras quién es ese turinés, no dirías eso.
LE DocTEuit. - Que sea lo que quiera. Su hija ha sido vista con él, y esto es suficiente.
PANTALÓN. - Pero ya que no es un...
là DocTsuR, interrumpiéndolo muy vivamente. - Me niego a escuchar más.
PANTALÓN. - Si no quieres volver a escuchar, ¡qué pena por ti!
LE DocTFuit. - ¡Veremos bien para quién será, que pena!
PANTALÓN. - Mi hija es una joven honorable, y el señor Federigo...
Lz Docmua, le coupant. - El diablo te lleva
PANTALÓN. - Y usted, que le tire por los pies
LE DocTEuit, saliendo. - ¡Viejo sin palabra y sin honor!
PANTALON. - ¡Que puedas ser maldito! ¡No es un hombre, es una verdadera burra! ¿Acaso él dejó el
¿Es hora de decirle que el señor Federigo era una mujer? Pero no, ¡no hay manera de decir una palabra! Y ahora,
¡Aquí está su hijo flacucho! Estoy esperando nuevas insolencias.
SiLvio, entrante, aparte. - Aquí está Pantalon. Tengo muchas ganas de clavarle mi espada en el cuerpo,
PANTALÓN. - Monsieur Silvio, con su permiso, tendría una buena noticia que darle, con la condición
evidentemente que se dignen a dejarme hablar y que no sean un molino de palabras como señor su
padre.
SiLvio. ¿Qué tienes que decirme? Te escucho.
PANTALÓN. - Aprendan que el matrimonio de mi hija con el señor Federigo se ha echado a perder.
SILVIO. - ¿Es verdad? ¿No me estás mintiendo?
PANTALm. - Te digo la verdad, y si todavía estás en las mismas disposiciones, mi hija está lista para ti.
acordar su mano.
SILVIO. - ¡Ah! Me devuelves la vida
PAMALON, a parte.- Vamos, vamos, él es menos terco que su padre.
SILVIO, aparte. - ¡Pero no! ¡Es imposible! ¿Cómo podría abrazar en mi pecho a una mujer que se ha
largamente entretenida con otro?
P&WAwN. - En dos palabras, aquí está la cosa: Federigo Rasponi se ha convertido en Beatriz, su hermana.
SILVIO. - ¿Qué dice usted? No entiendo.
PAMALON. - Tienes la comprensión muy dura. Aquel que creíamos que era Federigo, resultó ser Beatrice.
SILVIO. - ¿Vestida de hombre?
PANTALÓN. - Vestida de hombre.
SiLvio. - Ahora, entiendo.
PmT,&Lm. - No es demasiado tarde.
SILVIO. - ¿Cómo sucedió? Cuéntame.
PANTALM. - Vamos a mi casa. Mi hija no sabe nada aún. Les contaré la cosa a los dos, y, como
haré de una piedra dos pájaros.
SILVIO. - Les estoy siguiendo, y les pido humildemente perdón si, transportado por la pasión...
PA"AwN. - No hablemos más de eso; está usted completamente excusado, yo también he sabido lo que era el amor. Venga, querido,
venid.
Él sale.
SILVIO. - ¿Hay en el mundo alguien más feliz que yo? ¿Existe una felicidad más grande que la mía?
Él sale de la mita de Pantalón.
TASMU 3
Una sala de la hotelería de Brighella. Varias puertas.
Béatrice y Florindo salen, cada uno de sus respectivas habitaciones, con un puñal en la mano, con
la intención de suicidarse. Retenidos, uno por Brighella, el otro por el chico, avanzan de manera que no
no poder verse el uno al otro.
BitICHULA, saisissant la main de Béatrice. - ¡No! ¡no!
BiATaiciE, tratando de liberarse de Brighella. - Déjenme, se lo suplico.
UGAitçoN, reteniendo a Plorindo. - ¡No hagan eso! ¡Se arrepentirían!
FLonwDo, sedégageant. - Allezau diable
BiATRiOE, alejándose de Brighella. - ¡No me impedirás matarme!
Béatrice y Florinde se acercan, decididas a apuñalarse, pero al verse y reconocerse, ellas
permanecen prohibidos.
FLOItINM. - ¿Qué veo?
BiATitiOE. - Florindo
FLORINDO. - Béatrice 1
BiATRICE. - ¿Estás vivo?
FLoitiNoe. - ¿No has muerto?
BiATRicE. - ¡Oh alegría!
Oh felicidad
Dejan caer sus cuchillos y se abrazan.
BRICHELLA, al chico, en tono de broma. - Creo que la sangría es innecesaria: los enfermos están
cúrate.
Él sale,
LF GARÇON, à Part. - Voy a guardar estos cuchillos y siempre podrán reclamármelos.
Él recoge los puñales y sale.
FLORIM)o. - ¿Qué es lo que la había reducido a tal desesperación?
BiATRICE. - La falsa noticia de su muerte.
FLORINoe. - ¿Quién te hizo creer que estaba muerto?
BÉATiRicE. - Mi sirviente.
FwRiNno. - El mío también hizo creer que ya no estabas, y transportado por un dolor similar, yo
quería idolatrar la vida.
BÉATaicz. - Si lo creí, fue por culpa de esta billetera.
FLoniNoe. - Este cartera estaba en mi baúl. ¿Cómo ha llegado a sus manos? Ah, ya sé, debió terminar
en su baúl, como mi retrato, que le di en Turín, ha terminado en el bolsillo de mi abrigo.
BiATiaicE. - Dios sabe lo que han podido manipular nuestros pillos de sirvientes 1 Son la causa de nuestro dolor y de nuestro
deseos
puerro.
FLoaiNm. El mío me contó mil fábulas sobre su
cuenta.
BÉATiticE. El mío me ha contado tanto sobre el
su
FLOItINM. - ¿Dónde están, esas canallas?
BiATiticE. - Ellos han desaparecido.
FLoitiNoe. - Encontrémoslos y confrontémoslos. (Llamando Holà 1 a alguien)
BaIGBELLA, ¿en qué desea, señor?
FIDRINM. - ¿Dónde están nuestros sirvientes?
BitICHELLA. - No lo sé, señor, pero podemos ir a buscarlos.
. FLORDM. - Trate de encontrarlos y envíenoslos
Aquí.
BRIGEOELLA. - Personalmente, solo conozco uno, pero le hablaré a mis chicos: ellos deben...
con. nacer los dos. Me alegra con ustedes que su muerte haya terminado tan agradablemente, pero si
de aventura, todavía querías que te enterraran, te estaría reconociendo por ir a otro lugar aquí, serías todo el
tiempos alterados. Su servidor
Él sale.
FLoniNw. - ¿Entonces te alojas en esta hotelería?
BiATRIOE. - Desde esta mañana.
FLoaiNoe. - ¡Y yo también! '¿Cómo pudimos no encontrarnos?
BiATIticE. - El destino quiso atormentarnos un poco.
FLoitiNm. - Dime, Federigo, ¿está muerto tu hermano? BÉATnicE. - Murió en el acto, lo sabes bien.
Fwanqw. - Y, sin embargo, me hicieron creer que estaba vivo y en Venecia.
BiATitiOE. - Aquellos que te lo hicieron creer son probablemente aquellos que hasta ahora me han confundido con Federigo.
Si me fui de Turín con esta ropa y bajo este nombre, fue para...
FLonim)o. - Sí, lo sé, era para ir a buscarme. Una carta que le escribió, o mejor dicho, el intendente me la ha
aprendido.
NATRICE. - ¿Cómo llegó esta carta a tus manos?
FLORMO. - Un mayordomo que, creo, es el suyo, le había pedido al mío que pasara por la oficina de correos por él. Vi esto
carta y, constatando que te fue dirigida, no pude evitar abrirla.
BÉATnicE. - ¡Indiscreción muy justificada por parte de un amante!
FLORINDO. - ¿Qué se va a decir en Turín sobre su aventura?
BiATRICE. - Mi próximo regreso a tu lado pondrá fin a todos los rumores.
FLORINDO. - ¿Cómo podría esperar regresar a Turín antes de muy largo, ya que soy yo a quien acusan?
de la muerte de tu hermano ?
BiATitiOE. - Pero ya que no fuiste tú quien lo mató? Y, de todos modos, los capitales que voy a traer.
Ter de Venise, ayudarán a hacer estallar tu inocencia.
FwaiNm. - ¿Qué fabrican entonces nuestros sirvientes?
BÉATiRicE. - me pregunta qué pudo haberlos incitado a mentirnos tan cruelmente?
FLoaiNm. - Para saberlo, es mejor no empezar mostrando los dientes. Primero tomémoslos por la
dulzura.
BiATiticE. - Haré un esfuerzo por disimular.
FLoitim*, viendo llegar a Arlequín. - Aquí ya hay uno
BiATRicE. - Tengo la impresión de que es el más travieso de los dos.
FLoitnoo. - Creo que no tienes razón.
Arlequín entra, amenazado por Brighella y por el chico.
FLUUM. - Ven, ven, Waie pu miedo.
BiAvaicz.- No te haremos ningún daño.
AiRLtQuiDr,è part.- Eh 1 mes côtes n'ont pas encore oublié leurs coups de bâton 1
BaicnEuà. - Ya hemos encontrado este. Tan pronto como encontremos el otro, se lo llevaremos.
FLORIMM. - Sí, es imprescindible que los veamos a los dos a la vez.
BniOEmLLA, de mi-voix, al chico. - ¿Lo conoces, al otro?
LE GARçON, mismo juego, en Brighella.- No.
Bai(;BzLLA,mismo juego, al chico. - Vamos a preguntar en la cocina. Alguien debe conocerlo bien.
mismo.
Él sale.
LE GAîtçoN, aparte. - Si hubiera otro, yo debería conocerlo, ¿no?
Él sale.
FLoRiNw. - Vamos, cuéntanos un poco cómo fue esta historia del retrato y la cartera y para-
¿qué otro travieso y tú mismo se unieron para sumernos en la desesperación?
AitLEquiN, un dedo en la boca, les hizo señal de callarse. - ¡Silencio! (AFlorindo, mientras lo alejaba de
Béatrice :) Por favor, permíteme decirte una palabra en particular. (En voz baja, a Béatrice, en el momento
de apartarse para hablar con Florindo :) En un momento, les contaré todo. (Amigo-voz, a Florindo :) Sepan,
Señor, que yo no tengo nada que ver con todos estos tráficos: es Pasquale quien es el causante de todo, Pasquale, el criado.
de esta dama que está allí. (Él muestra discretamente a 'Béatrice.) Es él quien ha mezclado todos los asuntos y que,
sin que me diera cuenta, metió en un baúl lo que iba en el otro. El pobre diablo me suplicó que no dijera nada
decir, para que su amo - o, más bien, su ama - no lo eche, y yo, como tengo buen corazón y que me haría
Écorchar para mis amigos, encontré todas estas bellas invenciones para tratar de arreglar las cosas. Nunca lo haría.
Pensé que este retrato podría ser el suyo y que le haría tanto daño que la persona a la que pertenecía fuese
muerte. Voilà toda la historia, señor, y es la verdad verdadera, puede creer al hombre sincero y al servidor.
fiel que soy.
a
BÉATRICE, aparte. - Arlequín no termina. Me gustaría saber qué le cuenta a Florindo.
FLoitiNco, de mi-voix, a Arlequín. - Aquél que envió a la Poste a buscar la carta en cuestión, era por tanto el criado.
de la señora Béatrice?
ARLEQUIN, mismo juego, a Florindo. - Sí, señor, era Pasquale.
FLoniNw, mismo juego, en Arlequín. - Pero, ¿por qué me has escondido algo que te pedía que me dijeras con tanto
¿de insistencia?
ARLEQUIN, mismo juego. - Me había suplicado que se lo callara.
FLaitiNDo, mismo juego. ¿Quién es?
ARLEÇUIN, mismo juego. Pasquale.
FLoitiNDO, mismo juego. Yo soy tu Maestro: ¡deberías haberme obedecido!
ARLEQUIN, mismo juego, contrito. - ¡Ah! lo sé bien
[Link], mismo juego. Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
ARLEQUIN, mismo juego. Por afecto a Pasquale.
FiLoitiNDo, mismo juego. Pasquale y tú, cada uno merecería una buena paliza.
ARLEQUIN, aparte. - De aquí que también termine achicando para ese maldito Pasquale.
BÉATRICE. - ¿No ha terminado aún este conciliábulo del Oeste?
FLoniNDo. - Me está contando...
ARLEQUIN, interrumpiéndolo, en voz baja. - Por el amor del cielo, señor mi maestro, no denuncie a Pasquale.
Digan más bien que yo soy el culpable, e incluso, rómpanme si quieren, pero no pierdan a Pasquale
FLoitirm, a media voz, a Arlequín. - ¿Entonces lo amas tanto, tu amigo Pasquale?
ARLEQUIN, mismo juego. - Señor, le amo como si fuera mi hermano. Y, ahora, me voy a ir a decir a
esta dama que es culpa mía: prefiero que me regañe, que me golpee, y que Pasquale se salga con la suya.
Se aleja de Florintio.
FLoitiNoe, aparte. Este chico es realmente de un carácter muy afectuoso.
ARLEQUIN, acercándose a Béatrice. - Aquí estoy, señora Mi amo.
BÉATRICE, en voz baja, a Arlequín. - ¿Qué le has contado a monsieur Florindo durante todo este tiempo?
ARLEQUIN, a media voz, a Beatriz. - Sepa, señora, mi amo, que este señor tiene un criado llamado Pa8quale que...
es bien el más grande sinvergüenza del mundo: es él quien ha hecho todo este lío con tus cosas, y como el pobre
el chico tenía miedo de ser echado por su amo, yo, para excusarlo, inventé la historia de la cartera, de mi amo
quien había muerto, quien se había ahogado y todo lo que conlleva. Y acabo de decirle también al señor Florindo que era
yo que era la causa de todo.
BÉATRICE, en voz baja, a Arlequin. - ¿Por qué acusar de un error que pretendes no haber cometido?
ARLEQUÍN, mismo juego. - Lo hice por afecto a Pasquale.
FLoitiNDo, aparte. - La cosa se está alargando un poco.
ARLEQUIN, à Mi-VoiX, à Béatrice. - Le suplico, señora de mi maestro, no lo pierda.
BiATIUCE, mismo juego. ¿Quizás?
ARLEQUIN, mismo juego. Pasquale.
BÉATRICE, mismo juego. Pasquale y tú, son dos traviesos.
ARLEQUIN, aparte. - Esto significa en suma que, ¡yo, sería un doble bribón!
FLORINDO, a Béatrice. - Creo que sabemos lo suficiente, señora, nuestros sirvientes no han actuado por malicia:
ciertamente, merecerían ser corregidos, pero, para celebrar nuestro reencuentro, podemos perdonarles su error.
BÉATRICE. - Lo reconozco, pero su criado...
ARLEQUIN, a media voz, a Béatrice. - Por el amor del cielo, no nombren a Pasquale.
BiATRicE, a Florindo. - Ahora, tendría que ir a casa del señor Pantalon dei Bisognosi. ¿quieres tú?
¿venir conmigo?
FLORINDO. - No podría pedir más, pero estoy esperando a mi banquero. Si me lo permiten, los alcanzaré.
más tarde.
BÉATRICE. Entendido. Ven a unirte a mí en casa del señor Pantalón.
Fwairm. - Ignoro dónde vive.
ARLEQUIN. - Yo, lo sé, señor, lo llevaré allí.
BiATaICE, àFlorindo. - Te dejo: voy a terminar de vestirme.
AaLEQuiN, en voz baja, a Béatrice. - voy enseguida.
BÉATiticE. - Querido Florindo, ¡cuántas lágrimas he derramado por su causa! Ella entra en su habitación.
FLoaiNw, a Béatrice. - Y yo, lo que he sufrido es igual al felicidad de haberte reencontrado.
AitLEQuiN. - Diga, señor mi maestro, como Pasquale no está, la señora Beatriz no tiene a nadie que la ayude.
¿Me permite que lo reemplace?
FLoRINDO. - Más Sí, Claro. Ponete a disposición de la señora Béatrice y sírvela con empeño, te lo agradeceré.
reconocido.
AitizQuiN, aparte. - En lo que respecta a la presencia del espíritu, del ingenio y de la creatividad, superaría a todos los
abogados del mundo!
Él entra en casa de Béatrice.
FLORINDO, SeUl. - ¡Qué eventos en un solo día! Llantos, lamentos, desesperación, y, para terminar,
la felicidad y la alegría. Pasar de las lágrimas a la risa, el cambio es muy dulce y te hace olvidar tus penas, pero,
cuando del placer pasamos al dolor, es terrible.
BÉATRICE, saliendo de la habitación con Arlequín. - Aquí estoy, lista.
FLoRim)o. - ¿Cuándo dejarán ustedes este vestido?
BÉATnicF. - ¿No estoy bien así?
FLonim)o. - Me muero por volver a verte vestida con una falda y un corsé. Este traje me oculta demasiadas de tus bellezas.
BÉATiticE. - Vamos, los espero en casa del señor Pantalon. Arlequín los conducirá allí.
FLoniNm. - Aún espero un poco, y si mi banquero tarda demasiado, que le vaya bien, él tendrá que volver.
BiATiticz. - Su prontitud para unirse a mí será una prueba adicional de su amor.
Ella se prepara para salir.
ARWIJIN, en voz baja, a Béatrice, señalando a Florindo. -¿Quieren que me quede con el Señor?
BÉATRICE, mismo juego, a Arlequín. - Sí, y tú acompañarás a monsieur Pantalon.
ABLEQuiN, mismo juego.- Y luego, como Pasquale aún no está, tal vez pueda devolverle algunas.
servicios de menús.
BÉATiticE. - Sírvelo con celo, me harás feliz. (Aparte:) lo amo más que a mí mismo.
Ella sale.
AitI£QUIN. - ¡Ah! ¡ese! Su maestro se viste, su maestro sale, y él es intratable.
¿De quién hablas?
AnLEQuiN. -De Pasquale. Me cae bien, es mi ayudante, pero es un perezoso. Yo soy un sirviente que vale
dos.
En espera de que llegue este banquero, ven a vestirme.
ARLEQuiN. - Señor, si no me equivoco, ¿Su Señoría debe ir a casa del señor Pantalón?
FLORIND0. - Sí, ¿y qué?
AauQuiN. Me gustaría pedirte un favor.
FLoaiNDo. Ah sí? Realmente lo mereces por tu
¡Buena conducta!
ARLEQuIN. - ¡Sabe bien que todo lo que ha pasado es culpa de Paoquale!
FLoitiNw. - Pero, ¿dónde está ese maldito Pasquale? ¿No hay manera de verlo?
ARLEQuiN. - Al final aparecerá, ese pillo
Siempre es así, señor mi maestro, que me gustaría pedirle este favor.
FLoitiNi)o. - ¿Qué favor?
ARLEQUÍN. Yo también, pobre de mí, estoy enamorado.
FLoRim)o. ¿Estás enamorado?
AitiLEQuiN. Sí, señor, y mi amada es la sirvienta del señor Pantalón; y me gustaría que Su
Señor tenga la extrema bondad...
FLoaiNm. - ¿Qué tengo que ver yo en eso?
ARLEQUÍN. - Oh 1 no digo que tenga algo que ver, pero, como soy su criado, yo
Me gustaría que dijeras una palabra por mí a mohaieur Pantalon.
FLoaiNw. - Habría que saber si la sirvienta del señor Pantalón te quiere.
ARLEQUIN. - ¿Si ella me quiere? ¡Por supuesto! Basta con una palabra del señor Pantalon: hágame este favor,
te lo suplico.
¡Entendido! Pero, si te casas, ¿cómo harás para poner la olla a hervir?
ARLEQUÍN. - Me arreglaré, y además cuento con Pasquale para que me ayude.
FLoitiNw. - Deberías confiar un poco más en tu propia cabeza.
Él entra en sachambre.
ARLEQUIN, aparte. - Tengo la impresión de que hasta ahora, ha cumplido con su deber, mi cabeza: no hay razón
que no continúe
Él entra en la habitación, siguiendo a Florindo.
TÀ»LEàu 4
o el « altane » - de la casa Pantalon.
Una sala
Pantalón, el Doctor, Clarice, Silvio y Sméraldine están en escena.
PANTALÓN. - Allon89 Clarice, no seas tan obstinada. Ves que el señor Silvio se arrepiente: él te
pide perdón y, si te ha ofendido, es por amor. Yo mismo le he perdonado sus extravagancias: tienes que
les lui par. donnes, toi aussi.
SiLvio, a Clarice. - Mida mi dolor con el suyo, mi dama, y vea una prueba de mi amor en la furia donde
me había sumido en el miedo de perderte. El Cielo quiere que seamos felices: no respondas a su bondad con
la ingratitud. No oscurezcáis con vuestra severidad el día más hermoso de nuestra vida.
EL DOCTOR, a Clarice. - Junto mis oraciones a las de mi hijo. Señora, mi querida nuera, perdone a este pobre
chico : casi se vuelve loco.
SUiRMMINE. - Vamos, señora mi maestra, ¿qué espera usted? Un poco más, un poco menos, los hombres
son todos crueles con nosotras las mujeres. Exigen la fidelidad más estricta y, ante el más mínimo sospecha, nos...
nos persiguen, nos atormentan y querrían vernos morir. Dicho esto, como, un día u otro, tendrá que ser
que ustedes se casen con este o con aquel, les digo, como se le dice a los enfermos: ya que hay que tomar medicina,
ejecuta.
PANTALÓN. - ¿Escuchas? Sméraldine te dice que el matrimonio es un medicamento. No hagas como si fuera un
veneno. (A mi-voix, al Doctor :) ¡Ella vendrá, ¡ella vendrá!
LF DocTEuit. - No, el matrimonio no es ni un veneno ni un medicamento. Es una mermelada, una confitura, una
friandise 1
Silvio. - Pero, querida Clarice, ¿es posible que te calles tan obstinadamente? Merezo tus reproches, lo sé.
sabes, pero te lo ruego, que estas reproches se expresen en palabras y no por el silencio. Aquí estoy a vuestros pies
ten piedad de mí.
Él se arrodilla.
CLAnicE, con un suspiro. - Cruel
PANTALONI a media voz, al Doctor. Usted ha escuchado
¿Este pequeño suspiro? Es una buena señal.
LE DocTEun, en voz baja, a Silvio. Estás en lo correcto
¡Voz! Empuja tu argumento.
Sl%dRALI)INE, aparte. - Los suspiros son como los relámpagos, anuncian la lluvia.
SiLvio. - Si pensara que, para castigar lo que ustedes llaman mi crueldad, exigen mi sangre, se la ofrecería.
de buen corazón. Pero, antes que el de mis venas, acepten el que fluye de mis ojos. Él llora.
PANTALON, aparte. - Bravo
U DocTEun, en voz baja, a Pantalon. - El asunto está en la bolsa.
PANTALON, a Silvio. - ¡Vamos, levántese! (Lo hace levantarse y le toma la mano.) Venga aquí. Y usted también,
madame, venga aquí. (Él toma la mano de Clarice.) Vamos, tóquense de nuevo la mano: hagan las paces, no lloren.
¡Además, sonríe y terminemos! Que el Cielo te bendiga. Une sus manos derechas.
Lz DocTEuit. - Vamos, ya está hecho
SMÉRALDINE. Y de verdad, esta vez
SILVIO, sin Idcher la mano de Clarice. - ¡Ah señora, se lo ruego!
CLAnicz. - Ingrat
Ma bien-aimée
CLAnicE. - Barbare 1
SiLviô. - lwon âme
CLAiticz. - Monstruo
SILVIO. - Mi vida 1
CL«icF. suspirante. - ¡Ah!
PANTALÓN, aparte. - Funciona
SiLvio. - Por el amor del cielo, perdóname.
CLARicE, pretendiente. - ¡Oh! Te he perdonado.
PANTALÓN, a parte. - ¡Ya está!
LE DocTzuR. Vamos, Silvio, ella te ha perdonado.
SuÉRm»ir«. La enferma está lista: adminístrele la medicina.
BRIGMLLA, entrante. - ¿Podemos entrar?
PANTALÓN. - Pero sí, pero sí, señor mi compañero Brighella. Eres tú, ¿verdad? quien me contó esto
hermosas tonterías y que me certificarons que esta persona era efectivamente el señor Federigo?
BRICHELLA. - ¿Quién no se habría equivocado, querido Monsieur? El hermano y la hermana se parecían como los dos
medias de una manzana. Y luego, con esos hábitos, habría apostado mi cabeza a que era él.
PANTALÓN. Bueno, ¡no hablemos más de eso! ¿Qué les trae por aquí?
[Link]. La señora Béatrice está aquí y quisiera saludarle.
PAmAwN. Que entre, que entre: ella está en su casa.
[Link], d Pantalon. - Querido señor, mi amigo, le pido nuevamente que me perdone. Palabra de honor.
hombre, ¡te juro que hice esto de buena fe! (Aparte :) No se gana todos los días tan fácilmente diez
pistolas Él sale.
CLAiticz. Pobre señora Béatrice, estoy tan feliz de que esté fuera de peligro.
SILVIO. - ¿Tienes afecto por ella?
CLAIRICE. - Sí, infinitamente.
SILVIO. - ¿Y para mí?
CLARICE. - Ah 1 cruel 1
PAmALoN, al Doctor. - ¿Escuchas estas pequeñas palabras de amor?
LE Domun, àPantalon.- Mi hijo tiene la manera 1
SWOMMINE, apto. - ¡Oh! cada uno de ellos sabe jugar su papel.
Bi&TaiOE,entrante con Brighella.- Señora, señores, vengo a pedirles que me perdonen todos los inconvenientes.
que les he causado.
CLAnxOE, - Todo eso está olvidado, no hablemos más. Ella lo besa.
SiLvio, maniteuant de L'humeur à ce spectacle. - Vous Fembrassez ?
BÉATitiOE. - ¿Cómo? ¿Tienes celos incluso de una mujer?
SiLvio, àpart. - aún no me he acostumbrado a la idea de que no es un hombre.
PàNTAwN, Béatrice.- En todo caso, señora. Para una joven, ¡no tiene miedo a los ojos!
U DocrEun, dBéatrice. - no estoy seguro de que sea un cumplido, señora.
PàmALoiq. - Has encontrado a tu amante, ¿verdad? Me alegra mucho.
BÉATaicE. - Sí, el Cielo me ha otorgado esta alegría.
La DecTzuit, à Béatrice. - Vous allez avoir une jolie réputation 1
Biàntics, al Doctor. - Lo que haga no le concierne, señor.
SiLvie. - Querido señor mi padre, dejad que cada uno actúe a su antojo y no os ocupéis del resto. Ahora
que soy feliz, desearía que el mundo entero lo fuera. ¿Hay otros matrimonios que celebrar? ¡Que se hagan!
SUÉRALDINS, a SilVio. - Por mi fe, señor, habría bien el mío.
SiLvio. - ¿Con quién?
SuinALDiNE. - Con el primero que pase.
SiLvio. - ¡Encuéntralo y seré tu hombre! 1
CLARICE, con viveza, a Silvio. - ¿Qué dice usted?
SiLvio. - me encargo de su dote.
CLUICE. - No hay necesidad de usted para eso.
Suiitm»iNz, aparte. - Ella se ha acostumbrado. Tiene miedo de que se lo coman.
ARLEQUIN, entrante. - saludo humildemente a toda la compañía.
BÉATRICE, a Arlequin. - ¿Dónde está monsieur Florindo?
ARLEQUÍN. - Está abajo y, si usted lo permite, solo desea subir.
BÉATRICE. - Señor Pantalon, ¿le permite que el señor Florindo venga a encontrarnos?
PANTALON, a Béatrice. - ¿Este señor Florindo es tu amante?
BÉATRICE. Sí, y pronto mi esposo.
PANTALÓN. Será bienvenido.
BÉATRICE, a Arlequín. - Pídele que suba.
ARLEQUIN, a Mi-VoiX, a Sméraldine. - Mi pequeña, te saludo bien.
SMÉRALDINE, mismo juego, a Arlequin. - ¡Su sirvienta, mi pequeño moreno!
ARLEQUIN, mismo juego. - Tendremos que hablar.
SMÉRALDINE, mismo juego. - ¿De qué?
ARLEQUIN, mismo juego, haciendo el gesto de ponerle un anillo en el dedo. - Si usted quisiera...
SuiRALDiNE, mismo juego. ¿Por qué no querría?
ARLEQUIN, mismo juego. Tendremos que hablar. Sale.
SMÉRALDINE, a ClariCe. Madame mi maestra, con el permiso de la compañía, me gustaría preguntarle
una pequeña favor.
CLARICE, apartándose para hablar con Sméraldine. -¿De qué se trata?
SNÉRALDINF, a Mi-VOiX, a Clarice. - Yo también soy una pobre chica que busca casarse. Hay el valet de
madame Béatrice que quisiera casarse conmigo. Si pudiera decir una palabra a su amante para que consienta en
nuestra boda, estaré en las nubes.
CLAiticE, mismo juego, a Sméraldine. - Oh, mi querida Sméraldine, puedes contar conmigo. Hablaré con Beatriz.
tan pronto como esté sola con ella.
PANTALÓN, a Clarice. - ¿Qué son estas misas bajas?
CLAiticE. - Nada, señor. Sméraldine me decía algo.
SILVIO, a media voz, a Clarice. - ¿Puedo saber qué?
CLARICE. -~- USTED es demasiado curioso1 (Aparte :) Y después de eso, hablaremos de nosotras las mujeres
FLoitiNoo, entrando con Arlequín. - Votrehumble servi. teur a todos. (Todo el mundo lo saluda. A Pantalón :) Es en...
¿Maestro de casa con quien tengo el placer de hablar?
PANTALÓN. - Para servirle, señor.
FLonim)o.- Solicité el honor de ser recibido por usted, es a instancias de la señora Béatrice, quien debió, yo
pensé, informarte sobre nuestras tribulaciones.
PANTALON. - Estoy encantado de conocerlo y estoy sinceramente feliz de que las dichas tribulaciones se
sean bien terminadas.
FLoitim)o. - Madame Béatrice debe ser mi esposa, y, si usted quiere hacernos este honor, será
témoin de nuestro matrimonio.
PANTALÓN. - Cuando las cosas deben hacerse, hay que hacerlas de inmediato. Dense la mano.
FLORINDO, a Béatrice. - Aquí está la mía, señora.
BÉATxICE, à Florindo. - Aquí está la mía, señor.
SMÉRALDINF, aparte. - Ehbien, no se hacen de rogar.
PANTALON.- Resolvemos nuestras cuentas después. Por el momento, ustedes dos, tienen otras cuentas que
debatir
CLARICE, a Béatrice. - Querida Béatrice, me alegra tu felicidad.
BÉATRICF, a Clarice. - Etmoiduvôtre, bien sinceramente.
SiLvio, a Florindo. - ¿Me reconoce, señor?
FLORINDO. - Por supuesto, ustedes eran los que querían pelear en un duelo.
SiLvio. - Y he luchado por mi mayor vergüenza. (Mostrando a Beatriz:) Aquí está la adversaria que me desarmó.
y que casi me mata.
BÉATRICE, a Silvio. - Podrías más bien decir quién te dio el don de la vida.
SILVIO. - Sí, es exacto.
CLARICE, a Silvio. - Pero eso, para complacerme.
SILVIO. - Lo reconozco.
PANTALÓN. - Todo está bien si acaba bien.
ARLEQUIN. - Disculpen, damas, caballeros y la compañía, pero falta lo más hermoso.
PANTALÓN. - ¿Qué falta?
ARLEQUIN, llevando a Florindo a un lado. - Señor, con su permiso, una palabra.
FLoRim)o, a media voz, a Arlequín. - ¿Qué quieres?
ARLEQUIN, mismo juego, a Florindo. - ¿No te acuerdas de lo que me prometiste?
FLORINDO, mismo juego. - ¿Qué cosa? He olvidado.
ARLEQUIN, mismo juego. - De pedir por mí a Sméral. Cena en matrimonio con monsieur Pantalon.
FLORINno, mismo juego. - Ah sí, ahora me acuerdo. Lo haré de inmediato.
ARLEQUIN, aparte. - Yo también quiero tener mi parte del pastel.
FLORINW. - Monsieur Pantalon, aunque sea la primera y única vez que tengo el honor de rencontrarle,
me atrevo a pedirles una gracia.
PANTALÓN. - Hable, le ruego. Si está en mi poder concederlo, puede considerar que es
elección hecha.
FLoRINM. - Mi sirviente desearía casarse con su criada: ¿ve usted un obstáculo en eso?
SMÉRALDINE, aparte. - Por ejemplo y en otro
¿Quién quiere casarse conmigo? ¡Si tan solo supiera cómo es su cara!
PANTALÓN. - En cuanto a mí, estoy de acuerdo. (A Sméral. dine :) ¿Qué dice usted, señora?
SMIRALDINE. - Por Dios, si es un buen partido...
PANTALÓN, a Florindo. - ¿Es un buen chico, tu sirviente?
FwRu"o. - No hace mucho que está a mi servicio, pero ya ha dado pruebas de fidelidad y me ha
el aire bastante ingenioso.
CLAaiOE, àFlorindo.- Señor, usted me ha adelantado en un trámite que también debía hacer.
me había comprometido a solicitar el consentimiento de señora Béatrice para el matrimonio de su sirviente con mi criada, pero
ya que has pedido esta para la tuya, no tengo nada más que decir.
FLoRiNw. - No, no, si es así, sin insistir más, me retiro ante usted.
CLuicE. - Su cortesía me conmueve infinitamente, pero me sentiría mal en ceder. A decir verdad, no me...
no estoy tan comprometida... les dejo el campo libre.
FLotimm. - No, no, no se habla de eso. Señor Pantalon, actúe como si no hubiera dicho nada. No le ...
habla más de mi, criado y, de hecho, me opongo absolutamente a que se case con su sirvienta.
CLAitiOE. - Si su sirviente no se casa con ella, el de la señora Béatrice tampoco lo hará. No hay que
hacer de celoso 1
ARLEQUIN, dpart.- ¡Esa es buena! Se hacen cumplidos y yo, me voy a quedar sin
mujer.
SUiRALDI?OE, àpart. Aquí que no me queda ninguno de mis dos pretendientes.
PàmALm. - Oh qué, ¡arreglemos esto! Esta pobre chica
muere de ganas de casarse: démosla a uno u otro.
FLoitiNno. - En todo caso, no a mi sirviente. No quisiera hacerle este agravio a la señora Clarice.
CL"xcz. - Y yo, nunca permitiré que se haga esta afrenta al señor Florindo.
AaLEQUiN. - Yo, sus señorías, me voy a encargar de este asunto. Señor Florindo, ¿no tiene usted...
¿No le pediste a Sméraldine por tu sirviente?
FLORINW. Sí, lo has oído tú mismo.
ARLEQUÍN. ¿Y usted, señora Clarice, ¿qué...
¿No destinarás a Sméraldine al criado de la señora Béatrice?
CLARicE. - Al menos, debía hablarle a ella.
AaLMuiN. - Eh bien, si es así, concédeme tu manita, Smiroldine.
PANTAWN, a Arlequin. - ¿Por qué deberia ella concederte su mano a ti?
AiRLzfflN. - Porque yo, soy el sirviente del señor Florindo y el sirviente de la señora Béatrice.
FLoitiNno. - ¿Cómo?
BiATaiOE. - ¿Qué estás contando?
AitIXQUiN. - ¡Un poquito de calma! Monsieur Flo, riendo, ¿quién le pidió que pidiera a Sméraldine?
¿Al señor Pantalón?
FLonirm. - Eres tú.
AitLMuiN. - Y usted, señora Clarice, ¿a quién quería darle a Sméraldine?
CLARIOE. - A ti.
AnLEQuiN. - Por lo tanto, Sméraldine es mía.
FLoaiNoe, a Béatrice. - ¿Dónde está su sirviente, señora?
BiATRICE. - Aquí está. ¿No es Arlequín?
FLoaiNoe. - ¿Arlequín? Pero es mi sirviente.
BÉATnicz. - ¿Tu sirviente no es Pasquale?
FLoaiNoe. - ¿Pasquale? Pero creía que era su criado.
BiATitiç£, à Arlequin. - ¿Qué historia es esta?
Arlequín ríe, no responde y pide perdón por los Imi.
FLonnqvo. - ¡Ah! Coquín
CLAnic£. - ¡Ah! canalla
FwRiNDo. - ¿Entonces habrías servido a dos amos al mismo tiempo?
AnizQuiN. - Sí, señor, he realizado esta acción destacada. Me encontré sin querer en esta situación y he
Quería ver si podría sacar algo de Wen. La comedia no duró mucho tiempo, lo reconozco, pero todavía tengo la
orgullo de pensar que nadie habría descubierto mi estratagema si, por amor a Sméraldine, no me hubiera expuesto
me he denunciado a mí mismo. Me he esforzado mucho, también he cometido algunos pecados leves, pero espero que,
todos, ustedes querrán perdonarme, aunque sea porque no todos los días se tiene la oportunidad de encontrar un
valet de deux maîtres 1
NOTA SOBRE « ARLEQUIN, VAUT DE DOS MAESTROS »
En 1745, Goldoni está en Pisa donde ejerce su profesión de abogado y, parece, no se divierte mucho. Así que
¿Es sin callarse demasiado rezar para que ceda a las solicitudes del actor Antonio Sacchi que le pide una?
pieza para el Teatro San Samuele de Venecia del cual es la c vedette >. Antonio Sacchi, uno de los más ilustres
« truffaldini > de la historiografía de la Commedia dell'Arte, ya había actuado con éxito en 1739 en una comedia « a
canevas > de Goldoni - Las treinta y dos infortunios de Arlequín - y era una obra del mismo género que él
esperaba de aquel que aún no había emprendido su gran reforma de la escena italiana. Sacchi que, según
los términos mismos de Goldoni en sus Memorias, "añadía a las gracias naturales de su actuación, una 'de seguida
sobre el arte de la Comedia y sobre los Teatros de Europa >, sugería de hecho un título a su autor y a él
proponía como argumento de la futura comedia un « guion > debido a un cierto Jean-Pierre de los Osos de
Mandajors, que interpretó en París en 1718 Luigi Riccoboni y la troupe de los Comediantes Italianos.
En líneas generales, Goldoni sigue el esquema del autor francés - sobre todo en lo que respecta a la parte
romanesco que redacta en su totalidad - pero humaniza algo el personaje de Pantalon y desarrolla
considerable-:~mente y con la mayor felicidad el papel de éfArlequin, imaginando particularmente la escena de los
dos comidas servidas simultáneamente.
A excepción de tres o cuatro escenas por acto, aquellas en las que intervienen « los personajes serios >,
Arlequín, val
mal
deux ' tres no era, por lo tanto, en origen, más que una conunned' a soggetto, pero, unos años más tarde, sobre todo
haber visto su obra, que Sacchi había hecho triunfar, en comparación con la de improvisadores menos dotados
Sacchi, G4 doni sedécida dl'écrire tout entière et, sans doute, d noiou, pour mieux dire, d fixer les jeux de
escena, las « tradiciones » del incomparable Sacchi.
Bajo esta última tormenta, Arlequín, criado de dos amaneceres, debía conocer una tortura extraordinaria.
solo en Italia sino también en toda Europa: esta comedia, que Goldoni califica de jocosa («broma
»,, se juega en Alemania y Goethe la juzga « excelente >, se juega en París, en italiano, y Grimm, entre
otros, estima que la trama es una obra maestra. En Italia, prácticamente nunca se ha dejado de...
donar y, ahora, su éxito se ha vuelto universal gracias a la Compañía del Piccolo Teatro de Milán y
a Marcello Moretti, inolvidable Arlequín, en la dirección de Giorgio Strehler.
En Francia, donde había sido traducida y representada en 1763, luego adaptada en el siglo XIX por Alphonse Royer, ella
no debía ser retomada hasta 1935, sin gran éxito, en una traducción de Altred Mortier y, más recientemente,
en Lyon en una adaptación de Albert Huison.
La presente versión se esfuerza por ser lo más fiel posible al espíritu de Goldoni, pero hay que subrayar que,
dims el texto original, Arlequín, Pantalón, Brighella y el Doctor se expresan en dialecto o con un acento, esto
que dan a sus réplicas un color que ninguna traducción puede transmitir pero que deberían sugerir a
la representación de un discurso particular, tics de dicción, un cierto ritmo.
M. A.