Diógenes Laercio
“Los Cínicos”
Alhambra, España, 1986.
Clave: 4DIOGENES6A
1
Diógenes
Diógenes de Sínope1 era hijo del banquero Hicesias. Diocles cuenta que hubo de
exiliarse porque su padre, que poseía un banco público, había adulterado la
moneda. Sin embargo, Eubúlides, en su libro sobre Diógenes, asegura que fue
éste mismo quien lo hizo, conchabado con su padre. Además, el mismo Diógenes
confiesa en su «Pordalo»2que había falsificado moneda. Cuentan algunos que,
siendo encargado de la vigilancia de los trabajadores, fue inducido por éstos, y se
dirigió a Delfos o a Delos, patria de Apolo, y preguntó al oráculo si debía hacer lo
que le pedían que hiciera. Como el dios le autorizara a modificar las instituciones
públicas, no advirtiendo el doble sentido de la expresión3, Diógenes adulteró la
moneda pública, y, al ser descubierto, fue expulsado, según unos, de la ciudad;
según otros, huyó de la misma voluntariamente, por temor a las consecuencias.
Hay aún quienes dicen que, habiéndole su padre confiado la moneda, éste la
adulteró, el padre fue hecho preso y murió, y el hijo consiguió huir y se dirigió al
Apolo délfico preguntándole, no si podía falsificar la moneda, sino qué debería
hacer para alcanzar la mayor gloria; entonces recibió por respuesta el oráculo
antes citado.
Llegado a Atenas, se dirigió a Antístenes. Fue rechazado por él, ya que nunca
admitía alumnos, pero merced a su constante porfía consiguió al fin que aquél lo
aceptase. Cierta vez lo amenazó con su bastón, pero Diógenes, ofreciendo su
mejilla, dijo: «Pega, que no hay bastán tan duro que me aparte de ti, mientras
piense que tengas algo que decir.»
A partir de entonces fue su discípulo y, exiliado como era, se dispuso a llevar un
frugal género de vida.
Relata Teofrasto en su Mégarico que, observando en cierta ocasión a un ratón que
correteaba sin rumbo fijo, sin buscar lecho para dormir, sin temor a la noche, sin
preocuparse de nada de lo que los humanos consideran provechoso, descubrió el
modo de adaptarse a las circunstancias. Fue el primero, dicen algunos, que dobló
su manto al verse obligado a dormir sobre él: que llevó alforjas para poner en ellas
sus provisiones, y que hacía en cualquier lugar cualquier cosa, ya fuese comer,
dormir o conversar. Así solía decir, señalando al pórtico de Zeus y al Pompeyon 4,
que los atenienses le habían provisto de lugares para vivir.
Bastón, al principio, no lo usó sino estando enfermo. Pero posteriormente lo
llevaba a todas partes, no sólo por la ciudad, sino también por los caminos,
1
Sínope: Ciudad de Asia Menor, en el Ponto Euxino, al sur de la península del Quersoneso.
Colonia del Mileto hacia 630, fundó, a su vez, colonias a su alrededor (Trebisonda, Cotiora, etc.).
Pericles estableció allí una cleruquia hacia 440. Era entonces una próspera ciudad, dedicada al
comercio (en particular, de pescado: en algunas anécdotas, de presumible elaboración folklórica,
encontraremos alguna alusión a ello).
2
Cfr. VI, 80.
3
Paracharáxaitònómisma: falsificar moneda/modificar las leyes/transmutar los valores. Nómina es
la moneda y ley, costumbre, uso. Sobre la anécdota y su interés para la datación de nuestro autor,
ver nuestra introducción.
4
El Pórtico de Zeus estaba situado al oeste del Ágora. El Pompeyonera un establecimiento público
en que se guardaban estatuas y objetos necesarios para las procesiones (pompe: procesión).
2
juntamente con la alforja. Así lo atestigua Olimpiodoro 5, magistrado de Atenas y
Polieucto, el orador, y Lisanias, el hijo de Escrión.
Encargó a uno de que le buscase una choza para vivir, pero como éste se
demorara, se alojó en un barril del Metron6, según él mismo narra en sus Cartas.
En verano se revolcaba en la arena ardiente y en invierno abrazaba las estatuas
cubiertas de nieve, ejercitándose ante todo tipo de adversidades.
Se comportaba de modo terriblemente mordaz: echaba pestes de la escuela de
Euclides, llamaba a los diálogos platónicos pérdidas de tiempo; a los juegos
atléticos dionisíacos, gran espectáculo para estúpidos; a los líderes políticos,
esclavos del populacho. Solía también decir que, cuando observaba a los pilotos,
los médicos y a los filósofos, debía admitir que el hombre era el más inteligente de
los animales; pero que, cuando veía a intérpretes de sueños, adivinos y a la
muchedumbre que les hacía caso, o a los codiciosos de fama y dinero, pensaba
que no había ser viviente más necio que el hombre. Repetía de continuo que hay
que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse7.
Viendo cierta vez a Platón que, en medio de un opíparo banquete, comía sólo
olivas, le dijo: «¿Cómo el filósofo que navegó hasta Sicilia en busca de manjares
como éstos prescinde ahora de los mismos?»«Por los dioses, Diógenes repuso
aquél, también me alimentaba allí de viandas semejantes.»«Pues entonces
replicó Diógenes, ¿para qué fuiste a Siracusa? ¿Acaso el Ática no produce
olivos?»Favorino8, sin embargo, atribuye esta anécdota a Aristipo en su Historia
Varia. En otra ocasión, se hallaba comiendo higos secos y, al parecer Platón, le
invitó: «Te permito participar.» Este los tomó y comió. «Te dije que podías
participar precisó, no que pudieras comértelos.»9.
Mientras caminaba sobre los magníficos tapices con que Platón había
alfombrado su casa para festejar la llegada de unos amigos que regresaban de ver
a Dionisio, dijo: «Pisoteo la vanidadde Platón», a lo que éste replicó: «¡Cuánta
vanidad muestras tú so capa de modestia!» Según otros, Diógenes había dicho:
«Piso la vanidadde Platón», y éste respondió: «La pisas con tu propia
5
Olimpiodoro: Arconte ateniense en 294-3 y 293-2, quién obligó a Casandro a retirarse de la ciudad
en 301 y liberó a Atenas del dominio macedónico, en el 288 (Pansanias, I, 26, 1, 29, 13; también
Plutarco, Demeterio, 46).
6
Metroon: Templo consagrado a la madre de los dioses, Cibeles. En sus dependencias se alojaba
también el archivo de la ciudad.
7
Juegos de palabras continuos: Chole/Schole(Bilis/Escuela); Diatribe/Catatribe(Diálogo/Ociosidad);
Logón/Brogón(Razón/Soga), etc. Las apreciaciones se repiten en VI, 64, 41.
8
Sobre Favorino, véase Introducción. Obsérvese de pasada que D. L8. está siguiendo diversas
versiones o colecciones de máximas, algunas de las cuales volverá a repetir.
9
Como ha visto muy bien K. Reich en su nota a la versión de Apelt, Diógenes está burlándose del
concepto de participación (méthexis), tan importante en el sistema platónico. Para Diógenes, la
teoría de la participación de las cosas en su ida, gracias a la cual las cosas son lo que son, es un
puro sin sentido, mera palabrería que no corresponde a nada real. Diógenes permite a Platón
«participar» de sus higos en sentido platónico (es decir, como los higos participan de la idea de
higo), no en el sentido usual de «tomar parte de una comida». (Cfr. Apelt, op. cit., 325 nota a pág.
307.) El resto de versiones malinterpretan el pasaje como reproche de la glotonería platónica («te
dije que los probaras, no que los comieras todos»).
3
vanidad.»Soción, sin embargo, en el libro cuatro de su obra 10, dice que esto lo dijo
el cínico al mismo Platón.
En otra ocasión, Diógenes le pidió vino y también higos secos. Platón le envió
un cántaro a rebosar, a lo que éste comentó: «Si alguien te pregunta cuántos son
dos y dos, ¿dirás que veinte? Ni das lo que se te pide ni respondes a lo que se te
pregunta.» De este modo le zahería su verborrea.
Preguntándosele en qué lugar de Grecia había visto hombres buenos
respondió: «Hombres buenos, en ninguna parte; buenos muchachos, en Esparta»
Cierta vez que nadie prestaba atención a una grave disertación suya, se puso a
hacer trinos. Como la gente se arremolinara en torno a él, les reprochó el que se
precipitaran a oír sandeces y, en cambio, tardaran tanto en acudir cuando el tema
era serio. Decía que los hombres competían en cocearse mejor y cavar mejor las
zanjas11, pero no en ser mejores12. Se extrañaba asimismo de que los gramáticos
se ocuparan con tanto celo de los males de Ulises, despreocupándose de los
suyos propios; de que los músicos afinaran las cuerdas de sus liras, mientras
descuidaban la armonía de sus disposiciones anímicas; o de que los matemáticos
se dier88an a observar el sol y la luna, pero se despreocuparan de los asuntos de
aquí; de que los oradores elogiaran a la justicia, pero no la practicaran nunca; o
de8 que, por último, los codiciosos echasen pestes del dinero, a la vez que lo
amaban sin medida13. Reprochaba asimismo a los que elogiaban a los virtuosos
por sudesprecio del dinero, pero envidiaban a los ricos. Le irritaba que se
sacrificase a los dioses en demanda de la salud y, en el curso del sacrificio, se
celebrara un festín perjudicial a la salud misma. Se sorprendía de que los
esclavos, viendo a sus dueños devorar manjares sin tregua, no les sustrajeran
algunos.
Elogiaba a los que, a punto de casarse, se echaban atrás; a los que, yendo a
emprender una travesía marítima, renunciaban a la misma; a los que discurrían
meterse en política, pero no lo hacían; a los que se habían propuesto formar una
familia, pero se rehusaban al final; a los que proyectaban vivir junto a los
poderosos, pero renunciaban a ello.
Solía decir que se debía ofrecer a los amigos la mano abierta14.
Narra Menipo15 en la Venta de Diógenes que, capturado éste y puesto a la
venta como esclavo, se le preguntó qué sabía hacer: «Mandar», contestó; y al
subastador le dijo: «Pregona si alguien desea adquirir un amo.» Se le prohibió que
se sentara y replicó: «No importa: estén como estén, los peces siempre
encuentran comprador.»
10
Interpretando, también aquí con Reich (apaudApelt, 325, nota a pág. 307) que, según Soción,
Diógenes se dirige ahora a Platón mismo («piso tu vanidad») y no, como en la versión anterior, a
otros en presencia de Platón.
11
Cfr. Arriano: Pláticas de Epícteto, III, 15,4. Cavar zanjas formaba parte de la preparación de los
atletas.
12
PerìKalokagathías.
13
Para otra interpretación, M. Gigante, op. cit., 255.
14
Lit., «con los dedos abiertos», es decir, con intención de dar y no de recibir.
15
Posible lapsus de D. L. No hay entre los libros de Menipo ninguno así titulado, si bien la lista no
es exhaustiva, Hübner y otros ―entre los cuales Nietzsche― conjeturaron «Hermipo».
4
Le maravillaba decía que antes de adquirir una marmita o un plato lo
contrastáramos haciéndolo resonar, mientras que si de un hombre se trataba, nos
contentáramos con una simple mirada.
En la casa les enseñaba a servirse a sí mismos, contentarse con una comida
frugal y agua sola; les hacía ir con el pelo cortado al rape, sin adorno alguno, sin
túnica, descalzos y en silencio; cuando salían a la calle, la mirada puesta en sí
mismos. También los llevaba de caza. Ellos, por su parte, tenían a Diógenes en
gran estima e intercedían por él ante sus padres. Eubulo afirma que envejeció en
la casa de ades y que al morir fue enterrado por sus hijos.
A este respecto, cierta vez Jeníades le preguntó cómo quería ser enterrado, a
lo que Diógenes replicó: «Boca abajo.»«¿Por qué?», quiso saber aquél.«Porque
dentro de poco todo se va a poner del revés», explicó. Se refería con ello a la
supŕemacía de los macedonios, encumbrados desde su anteriormente modesta
posición.
Habiéndole uno invitado a entrar en su lujosa mansión, le advirtió que no
escupiese en ella, tras lo cual Diógenes arrancó una buena flema y le escupióa la
cara del dueño, para decirle después que no le había sido posible hallar lugar más
inmundo en toda la casa. Otros, sin embargo, atribuyen esta anécdota a Aristipo.
En otra ocasión, gritó: «¡Hombres, a mí!» Al acudir una gran multitud les
despachó golpeándolos con el bastón: «Hombres he dicho, no basura.» Narra esto
Hecatón en el libro primero de sus Sentencias.
Se afirma que Alejandro había dicho: «De no haber sido Alejandro, me hubiera
gustado ser Diógenes.»
Llamaba Lisiados16no a los privados del habla o la visión, sino a los que no
llevaban la alforja.
Un día se dirigió con la mitad de la cabeza rapada a cierto banquete de jóvenes, y
éstos le dieron una paliza. Escribió entonces sus nombres en una tablilla y,
colgándosela del cuello, se paseó por toda la ciudad, hasta que les hizo pagar su
injuria, cubriéndoles de vergüenza y oprobio.
Decía de sí mismo que era un perro al que todos elogiaban, pero con el que nadie
se atrevía a salir de caza17.
A uno que se ufanaba: «En los Juegos Píticos vencí a muchos hombres», le
replicó: «Yo he vencido a hombres; tú, sólo derrotaste a esclavos.»18.
A quienes le aconsejaban: «Eres ya viejo: de ahora en adelante,descansa»,les
contestó: «Si participara en una larga carrera 19, al aproximarme a la meta,
¿debería por ventura aflojar el paso? ¿No es entonces, más bien, momento de
forzar la marcha? »
Siendo invitado a una comida, manifestó que no pensaba ir, pues la última vez que
había ido su anfitrión no le había sabido mostrar el agradecimiento suficiente.
Caminaba con los pies descalzos por la nieve y hacía todo cuanto más arriba se
ha dicho, e incluso intentó comer carne cruda, pero no pudo digerirla.
16
Lisiados = anáperos; Alforja = pera; áneu peras = sin alforja.
17
Cfr. VI, 55.
18
Cfr. VI, 43.
19
Dólichos: Carrera larga de 24 estadios (4,5 km.).
5
Cierta vez encontró a Demóstenes el orador almorzando en un mesón, y cuando
éste se hubo retirado, exclamó:«¡Cuánto mejor estarías en la taberna!»Deseando
unos extranjeros ver a Demóstenes, extendió en dirección a él el dedo medio 20,
diciendo: «Ahí tenéis al demagogo de Atenas. »
Queriendo dar una lección a uno que se avergonzaba de recoger un pedazo de
pan que le había caído, ató una cuerda al cuello de un cántaro y lo arrastró por
todo el Cerámico21.
Decía imitar el ejemplo de los maestros de canto coral; quienes exageran la nota
para que los demás den el tono justo.
«La mayoría –aseguraba- está a un dedo de enloquecer 22: si uno va con el dedo
de en medio extendido, se le tiene por loco; pero no si señala con el dedo índice.»
Afirmaba también que las cosas de mucho valor tenían muy poco precio, y a la
inversa: una estatua llega a alcanzar los tres mil dracmas mientras que un
quénice23de harina se vende a dos ochavos.
A Jeníades, que lo había comprado, le dijo: «Disponte a cumplir mis
órdenes.»Como aquél le citara los versos24:
«Remontan los ríos el curso hasta sus fuentes»,
Diógenes le replicó: «Si estando enfermo hubieras comprado un médico, ¿no le
obedecerías sin decir remontan los ríos el curso hasta sus fuentes?»
A uno que le manifestó el deseo de filosofar junto a él, Diógenes le entregó un
atún y le ordenó seguirle. Aquél, avergonzado de llevarlo, se deshizo del atún y se
alejó. Diógenes se encontró con él al cabo de un cierto tiempo y, riéndose,
exclamó: «Un atún ha echado a perder nuestra amistad.» La versión de esta
anécdota que ofrece Diocles es, sin embargo, como sigue: Uno le había dicho:
«Estoy a tus órdenes, Diógenes.» Éste le tomó junto a sí y le dio a llevar un queso
de medio óbolo. Como aquél se negara, Diógenes exclamó: «Un quesito de medio
óbolo ha destruido nuestra amistad.»
Observando cierta vez a un niño que bebía con las manos, arrojó al suelo el
cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: «Un niño me superó en sencillez.»
Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había
roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan.
Argumentaba así: «Todo pertenece a los dioses; los sabios son amigos de los
dioses; los amigos lo poseen todo en común; luego todas las cosas pertenecen al
sabio.»
20
Gesto obsceno. Ver más abajo.
21
Cerámico: Barrio de Atenas que debía su nombre a los talleres de alfarería en él instalados.
Sobre la anécdota, ver en VII, 3, cómo Crates le da a Zenón una olla de lentejas para que la
arrastre por el Cerámico, curándole así su timidez.
22
Esto es, la diferencia loco/cuerdo va de un dedo: ya se ha dicho que extender el dedo medio era
gesto tenido por obsceno. El párrafo debe entenderse como constatación de la arbitrariedad de los
juicios y valores sociales.
23
Quénice: Medida de capacidad de áridos, equivalente al antiguo cuartillo castellano, es decir,
aproximadamente, un litro.
24
Eurípides, Medea, 410. Es decir, todo va al revés si los amos han de obedecer a los esclavos.
6
Cierto día observó a una mujer postrada ante los dioses en actitud ridícula y,
queriendo liberarla de su superstición, se le acercó y, de acuerdo con la narración
de Zoilo de Perga, le dijo: «¿No temes, buena mujer, que el dios esté detrás de ti
(pues todo está lleno de su presencia) y tu postura resulte entonces irreverente?»
Dedicó a Esculapio un luchador que se abalanzaba y golpeaba a cuantos se
postraban ante el dios hasta dar con la cara en el suelo.
Solía decir que sobre él habían caído todos los infortunios de la tragedia, pues iba
«Sin ciudad, sin hogar, privado de la patria,
mísero, errante, mendingando el pan de cada día.»
También decía oponer a la fortuna, el valor; a la ley, la naturaleza; a la pasión, la
razón.
Una vez, mientras tomaba el sol en el Craneo 25,Alejandro, deteniéndose frente a
él, le ofreció: «Pídeme lo que quieras.» «No me quites el sol», contestó Diógenes.
Cierto individuo que llevaba largo rato leyendo en voz alta, dejaba entrever ya el
papel en blanco, lo que indicaba que se iba acercando al final del texto: «¡Ánimo –
exclamó Diógenes-, que al fin veo tierra!»
A quien le había probado con sólidos argumentos que tenía cuernos, le replicó,
tocándose la frente: «Yo no los veo» 26. Del mismo modo, cuando alguien le
aseguró que no existía el movimiento, se levantó y se puso a caminar. A otro que
disertaba sobre los fenómenos celestes, le preguntó: «¿Cuánto hace que llegaste
del cielo?»
Un depravado eunuco había grabado en el frontispicio de su casa la inscripción:
«Nada malo entre aquí.»«¿Cómo, pues –se preguntó Diógenes- entra su dueño?»
Se aplicaba el perfume a los pies, pues decía que el aroma de la cabeza se perdía
en el aire, pero desde los pies se elevaba hasta el olfato.
Le encarecieron los atenienses que se iniciara en los Ministerios, asegurándole
que los iniciados disfrutaban en el Hades de una posición privilegiada. «Tendría
gracia –replicó Diógenes- que Agesilao y Epaminondas moraran en el lodo,
mientras que algunos malvados, por el solo hecho de haber sido iniciados,
habitaran en las Islas de los Bienaventurados.»
Habiéndose subido unos ratones a su mesa, sentenció: «Mirad, también
Diógenes alimenta parásitos.»
Cuando Platón le motejó de perro, asintió: «Lo soy, en efecto, pues retorno a los
que me han vendido.»
En cierta ocasión, cuando salía de los baños públicos, alguien le preguntó si
había muchos hombres bañándose, y respondió que no; pero a otro que le
preguntó si había mucha gente, le contestó que sí.
Platón había definido al hombre como animal bípedo implume, y su definición
obtuvo gran fama. Diógenes desplumó un gallo y lo introdujo en la escuela,
25
Cranio: Suburbio de Corintio. Cfr. VI, 77.
26
Se hace referencia a la conocida aporía del «cornudo», que se formula del modo siguiente:
«¿Tienes lo que no has perdido?» —«Sí»—. «¿Has perdido los cuernos?» —«No»—. «Luego
tienes cuernos.» Este sofisma y otros siete argumentos erísticos más, se atribuyen a Eubúlides de
Mileto (c. 384-322), quien, por cierto, compuso una biografía de Diógenes. Eubúlides pertenece a
la escuela de Megara, fundada hacia el 405 por Euclides Megárico, y que tanta importancia tiene
en el desarrollo de la lógica.
7
diciendo: «Este es el hombre de Platón.» A consecuencia de ello, se añadió a la
definición: «Con uñas anchas.»
A quien le preguntó cuál era el momento más apropiado para comer, repuso: «Si
eres rico, cuando quieras; si eres pobre, cuando puedas.»
Viendo en Megara que los corderos llevaban la piel cubierta, mientras que los
niños iban desnudos, concluyó: «Mas vale ser carnero de un megarense que hijo
suyo.»27.
A uno que primero le dio un golpe con una viga y luego le advirtió: «¡Cuidado!», le
replicó: «¿Es que quieres volver a golpearme?»28.
Solía llamar a los demagogos lacayos de la turba29; a las coronas, sarpullidos de
la fama. C
Cierta vez aguantaba a pie firme una tromba de agua que le calaba los huesos;
como los presentes se compadecieran de él, Platón les aconsejó: «Si de verdad le
compadecéis, dejadle solo.»30. Aludía con ello a su vanidad.
Cuando uno le asestó un puñetazo, se lamentó: «¡Por Hércules! ¿Cómo pude
olvidar colocarme el casco para salir de paseo?»
También Midias le golpeó diciendo: «En mi banco hay tres mil más a tu nombre.»
Al día siguiente, pertrechado Diógenes con unos guantes de púgil, le molió a
golpes, repitiendo: «Aquí tienes tres mil a tu nombre.»31.
Lisias, el boticario, le preguntó si creía en los dioses: «¿Cómo no he de creer en
ellos, si te tengo a ti por enemigo suyo?» Otros atribuyen, empero, esta respuesta
a Teodoro32.
Viendo a uno que llevaba a cabo las abluciones rituales, le increpó: «¡Infeliz!
¿Acaso la abluciones te librarán de tus errores de gramática? Tampoco, pues, te
purificarán de tus faltas de tu vida.» Reprochaba también a las gentes que en sus
oraciones3535 bis pidiesen sólo bienes aparentes, nunca los verdaderos bienes.
A los que se inquietaban por sus sueños, les censuraba que descuidaran lo que
hacían despiertos y se preocuparan en cambio tanto de lo que imaginaban
dormidos.
Cuando en Olimpia el heraldo proclamó a Dioxipo vencedor de hombres, Diógenes
corrigió: «Vencedor de esclavos; yo soy el vencedor de hombres.33.
Gozaba de la estima de los atenienses: en cierta ocasión castigaron con azotes a
un jovenzuelo que le había destrozado el tonel, y ofrecieron a Diógenes uno
nuevo.
27
A determinada raza de corderos que daban una lana de gran calidad y vistoso color, se les
cubría la piel para proteger la lana y evitar que se decolorase.
28
Cfr. VI, 66.
29
Cfr. VI, 24.
30
Cfr. VI, 48.
31
Este Midias es el mismo que golpeó en otra ocasión al orador Demóstenes, dando ocasión a
que éste compusiera el discurso «Contra Midias». Intervino también en el proceso que tuvo entre
Demóstenes y tutores.
32
Teodoro el Ateo: Aparecerá después, en el capítulo dedicado a Hiparchia. Filósofo cirenaico,
discípulo de Aristipo, famoso por sus sarcasmos a los dioses de la mitología, no fue ajeno al
cinismo. Célebre es su respuesta a Lisímaco, que amenazaba con crucificarle: «Me es indiferente
pudrirme en la tierra o en el aire.»
3535 bis
Leyendo euches.
33
Cfr. VI, 33.
8
Dionisio el Estoico cuenta que, tras la batalla de Queronea, fue hecho prisionero y
llevado ante Filipo. Al preguntarle éste quién era, respondió: «Un testigo de tu
insaciabilidad.» Fue alabado por esta respuesta y dejado en libertad.
Alejandro, cierta vez, envió una carta a Antípater, en Atenas, por mediación de un
cierto Athlias. Diógenes, que estaba presente, sentenció: «Athlias, de Athlias, a
través de Athlias, para Athlias.»34.
Perdicas le había amenazado de muerte si no se presentaba junto a él, a lo que
Diógenes respondió: «Nada hay de extraordinario: un escorpión o una tarántula
podrían hacer lo mismo.» Más apropiada hubiera sido esta amenaza: «Aunque
vivas lejos de mí, seré igualmente feliz.»
Proclamaba que los dioses habían otorgado a los hombres una vida fácil, pero que
éstos lo habían olvidado en su búsqueda de exquisiteces, afeites, etc. Por eso, a
uno que estaba siendo calzado por su criado, le dijo: «No serás enteramente feliz
hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas
olvidado el uso de tus manos.»
Viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a
uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó:
«Los ladrones grandes llevan preso al pequeño.»
Observando a cierto joven que tiraba piedras a un patíbulo, le animó: «Sigue así y
alcanzarás tu objetivo.»35.
A unos muchachos que le rodean y decían: «¡Ojo, no nos muerda!», les
tranquilizó: «Descuidad, muchachos: el perro no come acelgas.»36.
A quien se jactaba de vestir la piel de un león, le conminó: «Cesa ya de deshonrar
los hábitos del valor.» A otro que celebraba la buena suerte de Calístenes,
ponderando el esplendor que éste compartía junto a Alejandro, le corrigió: «Bien
desgraciado es, que ha de comer y cenar cuando Alejandro le viene en gana.»
Cuando pedía dinero a sus amigos les decía que no mendigaba, sino que
sencillamente reclamaba lo suyo.
Se masturbaba en medio de ágora, diciendo: «¡Ojalá el hambre pudiera ser
también aliviada con sólo frotarse el estómago!»37.
Viendo a un joven que se dirigía a un banquete junto a los sátrapas, arrancándolo
de allí,le entregó a sus familiares, ordenándoles que lo mantuvieran vigilado.
A un muchacho afeminado que le había planteado una cuestión, se negó a
responderle si antes no se despojaba de su ropa y mostraba si era hombre o
mujer.
A un joven que jugaba al cotabo38 en los baños públicos le dijo: «Cuanto mejor,
tanto peor.»
34
Juego de palabras, basado en el significado equívoco de «Athlios», nombre propio y también
adjetivo, significado «miserable»; de modo que el texto se puede leer: «Epístola miserable, de un
miserable, a través de un miserable, para un miserable.» Por cierto que el primer «athlios» debe
referirse a la carta, pues también el femenino acepta esa forma (por ejemplo, Alcestis, 1308). Así lo
entiende el perspicaz traductor castellano, pero no el resto de versiones que cotejamos (ver en el
vol. «Biógrafos griegos», ed. Aguilar, Madrid, 1964, traducción de José Ortiz y Sanz. pág. 1.258).
35
En el doble sentido: «darás en el blanco»/«irás a parar a patíbulo».
36
Cfr. VI, 61.
37
Cfr. VI, 69.
38
Cotabo: Juego consistente en echar las últimas gotas de vino de la copa en que se había bebido
sobre un platillo de metal, interpretando el sonido así producido como oráculo amoroso. De ahí la
respuesta: cuanta más suerte tengas en el amor, tanto peor para ti.
9
En un banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro: Diógenes,
comportándose como un perro, orinó allí mismo.
A los oradores y a todos los que buscaban la gloria por medio de la elocuencia les
llamaba «tres veces hombres», queriendo decir «tres veces miserables».
Al ignorante rico le llamaba «borrego del vellocino de oro».
Viendo en casa de un libertino un cartel que anunciaba «en venta», dijo: «Con ese
empacho sabía que al final acabarías vomitando al dueño.»
Lamentándose un joven del número de galanteadores que le importunaban con
sus solicitaciones, le replicó: «Despójate de las provocaciones que las incitan.»
De un baño público que estaba sucio, dijo:«Los que se bañan aquí, ¿dónde se
lavan?»
Había cierto fornido citarista, despreciado por todos y a quien sólo Diógenes
alababa. Preguntando por qué, respondió: «Porque, corpulento como es, se
dedica a tomar la cítara y no al bandidaje.»
A otro cietaredo a quien el público dejaba siempre solo en m8itad de su actuación,
Diógenes le saludó: «¡Salud, gallo!» Preguntado por qué le llamaba así, respondió:
«Porque cuando él canta se levanta todo el mundo.»
Estaba un joven discurseando en público, cuando Diógenes, que había llenado de
altramuces el regazo de su vestido, empezó a comerlos, colocándose frente a él.
Habiendo ganado así la atención de la concurrencia, manifestó que se hallaba
admirado de ver cómo todos desatendían al orador para fijar la vista en él.
Alguien muy supersticioso le amenazó: «De un solo puñetazo te romperé la cara»;
Diógenes replicó: «Y yo, de un solo estornudo a tu izquierda te haré temblar.» 39.
A Hegesias, que le había pedido uno de sus escritos, le reconvino: «Eres un iluso,
Hegesias: no eliges los higos pintados, sino los reales; en cambio desatiendes la
práctica40 de la vida real y te interesas por la libresca.»
Echándole alguien en cara su exilio, repuso: «¡Infeliz! Gracias a él me acerqué a la
filosofía.» Otro le recordó que los de Sínope le habían condenado al destierro;
Diógenes le replicó: «Y yo a ellos a quedarse.»
Vio cierta vez a un vencedor olímpico que conducía ganado: «Muy pronto, amigo
mío –observó-, has pasado de Olimpia a Nemea.»41.
Preguntando por qué los atletas eran tan estúpidos, respondió: «Porque se
fabrican con carne de cerdo y buey.»
Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo
hacía, contestó: «Me ejercitoen fracasar.» Para mendigar –lo que hacía a causa
de su pobreza- usaba la fórmula: «Si ya has dado a alguien, dame también a mí; si
no, empieza conmigo.»
A un tirano que le preguntaba qué bronce era el mejor para una estatua,
respondió: «Aquel con el que se forjó la estatua de Harmodio y Aristogitón.»42.
Interrogado acerca de cómo trataba Dionisio 43 a sus amigos, contestó: «Como
sacos: les coge llenos y los deja vacíos.»
39
Estornudar a la izquierda era de mal agüero.
40
Áskesis.
41
Nemea era ciudad donde se celebraban unos famosos juegos atléticos, los Juegos Nemeos;
además «nemea» significa en griego «pastos».
42
Harmodio y Aristogitón, ciudadanos atenienses que apuñalaron al tirano Hiparco en 514. Los
atenienses les erigieron estatuas y les tuvieron por símbolos, honrando en ellos a todos los
liberadores de la tiranía.
10
Un recién casado había colocado en una puerta de su casa el letrero:
«El hijo de Zeus, Hércules victorioso,
Mora aquí; no entre ningún mal.»
Diógenes añadió debajo: «Tras la guerra, la alianza.»
Decía que el amor al dinero era la ciudadela de todos los vicios.
Mientras observaba a un glotón que comía olivas en un mesón, dijo: «Si así
hubieras desayunado, no habrías de almorzar así.»
Sentenciaba que los hombres buenos son imágenes de los dioses, y el amor
ocupación de desocupados. A la pregunta sobre cuál era el mayor infortunio de la
vida, respondió: «Ser viejo e indigente.» Preguntándosele de qué animal era la
peor mordedura, contestó: «De los salvajes, la del sicofanta44; de los domésticos,
la del adulador.»
Observando a dos centauros muy defectuosamente pintados, preguntó: «¿Cuál de
ellos es Quirón?»45.*
Denominaba a los halagos «sogas almibaradas»; al vientre le llamaba «Caribdis
de la vida»46.
Habiendo oído que Didimo el flautista había sido cogido en flagrante adulterio,
observó: «Su nombre sólo basta ya para colgarle.»47.
Preguntado acerca de por qué el oro era pálido, repuso: «Porque tiene a muchos
conspirando contra él.»
Viendo a una mujer que era transportada en una litera, exclamó: «No es esa la
jaula que conviene a esa bestia.»
43
Dionisio el Viejo (c. 430-367): Tirano de la Siracusa, célebre por su crueldad, aunque hábil político
y estratega. Hacia el 388 recibió la visita de Platón ―primero de sus tres viajes a la isla―- Al
principio fue bien acogido, pero luego cayó en desgracia y a punto estuvo de morir a manos del
tirano. Pudo escapar de la isla, pero, por instigación de Dionisio, fue vendido como esclavo por el
capitán de la embarcación que le llevaba de regreso a Atenas. Por fin, pudo ser rescatado por sus
amigos y volver a Atenas.
Dionisio el Joven: Tirano de Siracusa (367-344), hijo y sucesor de Dionisio I el Viejo. Dejó
al principio el poder en manos de su tío Dión, amigo de Platón, dando lugar a la segunda y tercera
venida de este último a Sicilia. Más tarde, tomando personalmente las riendas del poder, obligó a
Dión a exiliarse, pero éste consiguió apoderarse por la fuerza de Siracusa (356), desplazando a
Dionisio del trono. Tras el asesinato de Dión aprovechó para volver a Siracusa, pero, ante la
oposición de las ciudades de Sicilia y obligado por Timoleón, renunció al trono y se retiró con sus
tesoros a Corintio.
La anécdota puede hacer referencia a cualquiera de ambos Dionisios, aunque más
probablemente al segundo.
44
Sicofante: Delator. La denuncia ante los tribunales por intento de conspiración era práctica
corriente entre enemigos políticos, de modo que el oficio de sicofanta tuvo muchos cultivadores,
creando una situación de inseguridad denunciada por oradores, políticos, historiadores y filósofos.
45
Cheírones nombre propio del centauro (Quirón) y adjetivo significando «peor»; de modo que
Diógenes pregunta «cuál es peor».
46
Caribdis: Remolino que engullía las naves que se le aproximaban. Frente a Caribdis, Escila,
(monstruo femenino de cuyas ingles nacen seis medios perros con una cabeza y dos patas cada
uno) devora a cuantos marinos se le acercan huyendo de aquél: de ahí la expresión: «Estar entre
Escila y Caribdis.»
47
Didýmon, nombre propio; Didy-mos: «doble», «gemelos», y de ahí, «testículos». El que además
sea flautista, completa el cuadro.
11
Observando a un esclavo fugitivo que estaba sentado en el brocal de un pozo, le
advirtió: «Cuidado, muchacho, no vayas a caer.»48.
48
En el doble sentido de «caer»/«caer preso». Phréarposee también el doble sentido de «pozo» y
«tribunal» (Genaille, op. cit., 276, núm. 36).