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I.

Claves para entender


las discapacidades

Pese a los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)


para definir con precisión los estados de salud, enfermedad y discapacidad, así
como los factores contextuales que facilitan o dificultan la integridad funcio-
nal y la participación social, la forma como entiende la población estos con-
ceptos es muy diversa y ni siquiera los expertos logran ponerse de acuerdo.(1)
A continuación ofrecemos algunas claves para aproximarnos al fenómeno: en
primer lugar, aludiremos a las transformaciones históricas que han tenido lugar
en el campo que nos ocupa; en segundo lugar, haremos una breve referencia al
caso español, recogiendo las principales políticas adoptadas en esa materia;
por último, ofreceremos un cuadro comparativo de la situación en la Unión
Europea a partir del Panel de Hogares aplicado por EUROSTAT en 1996.

1.1. De los enfoques tradicionales al modelo


de la Organización Mundial de la Salud(2)
La historia de cómo se han abordado las deficiencias físicas o psí-
quicas en las diversas culturas conocidas, desde la antigüedad hasta el pre-
sente, es ilustrativa de la pluralidad de puntos de vista en torno a unas limi-

(1) Las definiciones propuestas por la OMS no se aplican con los mismos criterios en los países europeos. Hasta ahora
han sido vanos los esfuerzos de los organismos internacionales para poner de acuerdo a los gobiernos en torno a un
sistema de clasificación y unas definiciones homogéneas que permitan una comparación internacional.
(2) Seguimos en este apartado los análisis realizados por Colectivo Ioé y CIMOP (1998): Discapacidad y trabajo en
España, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (IMSERSO), Madrid.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 15


taciones aparentemente objetivas, como la ceguera, el retraso mental o la
esclerosis de los huesos. En general, los historiadores plantean que ha habi-
do grandes transformaciones en los modelos de tratamiento, si bien en cada
etapa histórica han coexistido las actitudes de apoyo y de rechazo hacia las
personas afectadas, que frecuentemente dependían de la posición socioeco-
nómica de las familias, reforzándose los cuadros de exclusión en los hoga-
res más pobres.
La transformación más importante tuvo lugar cuando se dio el paso
de un enfoque mágico-religioso a otro técnico-secularizado. El primer enfo-
que prevaleció en todas las culturas antiguas –hasta la Grecia clásica–, fue
habitual en la Edad Media europea –hasta el Renacimiento– y todavía pervi-
ve –más o menos agazapado– en las actitudes y prácticas de una parte de la
población. Para explicar la locura o los grandes trastornos físicos o sensoria-
les se recurría a la intervención de poderes sobrehumanos que de ese modo
ponían a prueba o castigaban a los seres humanos por algún mal cometido;
en consecuencia, el tratamiento oscilaba entre el recurso a remedios que
habían demostrado su eficacia en casos similares (normalmente mediante la
magia y la intervención de brujos o chamanes, pero también mediante masa-
jes, baños, hierbas, etc.) y la postración pasiva y culpabilizada ante unos sín-
tomas que eran objeto de rechazo y a veces de muerte (el infanticidio de los
niños afectados por deficiencias fue habitual en bastantes culturas).
El enfoque técnico-secularizado explicó las discapacidades como
resultado de algún accidente, es decir, eran fenómenos naturales que reque-
rían una terapia adecuada, lo mismo que las demás enfermedades. La medi-
cina naturalista de Grecia fue la precursora de esta corriente de pensamien-
to, con Hipócrates como figura clave, que llegó a Europa a través de España
de la mano de los árabes: «el reencuentro de Europa con la tradición natu-
ralista griega se produce a través de España, puente de transmisión de la cul-
tura árabe, y, más concretamente, a través de las instituciones manicomiales
que en esta época se van a crear siguiendo la tradición de los sanatorios
mentales de Fez, Metz, Bagdad y el Hospital Mansur de El Cairo».(3) Los
primeros psiquiátricos con un enfoque rehabilitador establecidos en Europa
(3) Aguado, A. L. (1995): Historia de las deficiencias, Escuela Libre Editorial, Madrid, pág. 80.

16 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


se crearon en Valencia (1409), Zaragoza (1425) y Sevilla (1436). En estas
instituciones se aplicaban tratamientos orientados a la reinserción social de
los pacientes, entre los que se podían encontrar rudimentos de psicoterapia
y laborterapia, educación especial de sordomudos y ciegos, etc. El huma-
nismo renacentista reforzó estas tendencias, y las instituciones manicomia-
les, de dimensiones reducidas y orientadas a la rehabilitación, se expandie-
ron por toda Europa.
Sin embargo, la orientación de esta revolución humanista en el tra-
tamiento de las discapacidades se llenó enseguida de sombras. El interna-
miento se masificó, dando lugar al hacinamiento, y las tareas terapéuticas
se sustituyeron por la custodia y cronificación de los atendidos. Como ana-
lizó magistralmente Foucault, en los siglos XVII y XVIII se abandonó la con-
cepción religiosa de la enfermedad, pero «se fabricó la locura» y las primi-
tivas cadenas se sustituyeron por correas y control panóptico.(4)
Entre fines del siglo XIX y la II Guerra Mundial se produjeron impor-
tantes progresos en la identificación y explicación de muchos trastornos,
que se relacionan tanto con factores físicos (bioquímicos, traumáticos o
perinatales) como psíquicos (formas de aprendizaje o de socialización
infantil). Además, los gobiernos se implicaron más activamente en favor de
la atención educativa y asistencial de las personas con discapacidades, si
bien prevaleciendo el etiquetamiento y una política más bien paternalista
(protección social a través de pensiones) que reforzaron la dependencia de
las instituciones y nuevas formas de discriminación social y laboral.
Por último, en la segunda mitad del siglo XX se produjeron nuevas
transformaciones que ponían el acento, sobre todo, en el origen social de las
discapacidades y, como correlato, en la prevención, la rehabilitación y la
inserción comunitaria. Frente a la intervención individualizada tradicional y
el internamiento en los casos más graves (psiquiátricos), ahora se favorecen
los centros de salud y los servicios comunitarios; y frente a los «centros
especiales» de educación o trabajo, se defiende la inclusión y normaliza-
ción escolar y laboral con los apoyos necesarios. Por su parte, las personas

(4) Foucault, M. (1976): Historia de la locura en la época clásica, F.C.E., México.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 17


con discapacidad y sus familias se constituyen como movimiento social o
grupo de presión cada vez más activo, a través de asociaciones, para defen-
der sus derechos.
A lo largo del siglo XX, el liderazgo en este campo pasó de Europa a
Estados Unidos, donde se produjeron importantes progresos en el estudio y
tratamiento clínico de la deficiencia mental que luego se expandieron al res-
to de las deficiencias. En especial, se han desarrollado sistemas de inter-
vención que tratan de evitar el efecto estigmatizante de un enfoque bio-
médico y asistencialista, para lo que se conjugan dos principios:
1. Las discapacidades deben definirse en su contexto social concre-
to (no sólo ni principalmente a partir de tests o pruebas médicas).
2. Los servicios de diagnóstico y rehabilitación deben definir con
precisión tanto las limitaciones como las capacidades de estas personas,
con vistas a establecer los medios que deben aplicarse para su reinserción.
En definitiva, los enfoques más actuales tratan de desplazar el eti-
quetado tradicional, que se establecía en base a parámetros objetivos no
modificables, por un diagnóstico de los elementos que concurren en cada
caso y de los apoyos que necesitan dichas personas para conseguir la mejor
inserción posible. El movimiento People First («las personas primero»)
condensó esta crítica al etiquetado tradicional mediante un eslogan bien elo-
cuente: «Etiquetad las latas, no las personas».
En la actualidad estos nuevos elementos conviven con los heredados
del pasado y también con diversas contra-tendencias, como la burocratiza-
ción y mercantilización de ciertos servicios, o los recortes presupuestarios
que reducen los apoyos económicos y profesionales imprescindibles y no
facilitan la inserción social de las personas con discapacidades. Por otra par-
te, algunas de las principales transformaciones, como la proliferación de
centros de salud y equipos multiprofesionales, las medidas de integración
escolar y laboral, etc. han experimentado un desarrollo cuantitativo impor-
tante, aunque con frecuencia no han dado los resultados esperados por sus
promotores.

18 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


En cuanto a la definición de las discapacidades, la Organización
Mundial de la Salud (OMS) dio un paso de gigante en 1980, al establecer una
Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías,
en continuidad con la Clasificación Internacional de Enfermedades que
dicho organismo venía fijando desde 1893. Se trataba de establecer un siste-
ma común a nivel mundial para clasificar los efectos de las enfermedades y
los accidentes, así como sus repercusiones en la inserción social de los indi-
viduos. Tales efectos y repercusiones fueron clasificados por la OMS en una
secuencia tripartita: deficiencias, discapacidades y minusvalías,(5) que reco-
gemos en el cuadro 1.1 y se pueden definir así:

Cuadro 1.1

ESQUEMA CONCEPTUAL DE LA OMS PARA CLASIFICAR


LAS DISCAPACIDADES (1980)

ENFERMEDADES Y ACCIDENTES

Recuperación Efectos negativos duraderos


Muerte
de la salud (DISCAPACIDADES)

Deficiencias
(efectos orgánicos)

Discapacidades
(efectos funcionales)

Minusvalías
(efectos sociales)

(5) El concepto discapacidad/disability se utiliza en castellano y en inglés tanto para referirse a la segunda
consecuencia de los efectos de la enfermedad (incapacité en francés) como al conjunto de las tres secuencias (handicap
en francés). Esto introduce en las lenguas inglesa y castellana, a diferencia del francés, una equivocidad en el uso del
término que hay que resolver en cada caso teniendo en cuenta el contexto en que se emplea. Las otras dos secuencias
de los efectos de la enfermedad tienen conceptos propios en los tres idiomas: deficiencia/impairment/déficience y
minusvalía/handicap/désavantage.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 19


Cualquier pérdida o anormalidad de una estructura o
• Deficiencia.
función anatómica, fisiológica o psicológica. Las deficiencias representan
trastornos a nivel orgánico.
• Discapacidad.Cualquier restricción o ausencia de la capacidad
funcional para realizar actividades cotidianas en la forma o dentro del mar-
gen que se considera normal para un ser humano. Las discapacidades repre-
sentan trastornos funcionales a nivel de la persona.
Desventaja social que experimenta una persona como
• Minusvalía.
consecuencia de las deficiencias y discapacidades, lo que limita o impide el
desempeño de un rol que es normal en función de su edad, sexo y otros fac-
tores culturales. Esto quiere decir que dos personas con idéntica discapaci-
dad pueden tener o no minusvalía en función de que encuentren o no barre-
ras para insertarse en su medio social con normalidad. Las minusvalías
representan trastornos o problemas a nivel de la inserción en la sociedad.
Las deficiencias y las discapacidades permitían establecer una cla-
sificación objetiva y jerarquizada, sin que influyeran apenas en su defini-
ción factores sociales o culturales. Sin embargo, las minusvalías respon-
dían a otra lógica clasificatoria que no dependía de los factores o atributos
del individuo, sino de las circunstancias que rodeaban a la persona. Una
misma discapacidad podía dar lugar a cuadros de minusvalía en un contex-
to cultural y en otro no; incluso dentro de una misma sociedad, esa disca-
pacidad podía provocar más minusvalías entre los hombres que entre las
mujeres, o afectar en mayor medida a los pobres que a los ricos; hasta podía
darse el caso de que dos personas con similares características y del mismo
contexto social dieran lugar o no a minusvalías en función de las estrategias
que desplegaran para insertarse en la sociedad, es decir, dependiendo de
cuál fuera su actitud para hacer frente a sus discapacidades.
En 2001, la Organización Mundial de la Salud revisó la clasificación
de 1980,(6) ampliando el concepto de discapacidad a cualquier alteración en
la condición de salud de un individuo que puede generar dolor, sufrimien-

(6) Organización Mundial de la Salud (2001): Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y
de la Salud (CIF), Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid.

20 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


to o interferencia con las actividades diarias. La nueva clasificación inclu-
ye tanto los aspectos positivos como los negativos en relación con los esta-
dos de salud y haciendo referencia expresa a los factores contextuales que
influyen en el funcionamiento de la salud y en la realización personal de los
individuos con discapacidades. Los cambios operados son importantes:
La clasificación de 1980 se planteaba como complementaria de la

Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y definía la discapaci-
dad como un efecto negativo duradero de las enfermedades (incluyendo en
este concepto los traumas y los accidentes). En cambio, la reciente Clasifi-
cación Internacional del Funcionamiento de la Salud (CIF) trata de com-
pletar al CIE en otro sentido: ambas clasificaciones se refieren al estado de
salud de las personas, en un caso haciendo el diagnóstico de enfermedades,
trastornos y otras condiciones de salud (CIE) y en el otro el funcionamiento
tanto de los estados de salud como de discapacidad.
La discapacidad se define ahora en estrecha relación con los com-

ponentes de salud y con los factores contextuales –personales y ambienta-
les– que influyen y condicionan la calidad de vida: «La discapacidad está
definida como el resultado de una compleja relación entre la condición de
salud de una persona y sus factores personales, y los factores externos que
representan las circunstancias en las que vive esa persona. A causa de esta
relación, los distintos ambientes pueden tener efectos distintos en un indi-
viduo con una condición de salud. Un entorno con barreras, o sin facilita-
dores, restringirá el desempeño/realización del individuo; mientras que
otros entornos que sean más facilitadores pueden incrementarlo. La socie-
dad puede dificultar el desempeño/realización de un individuo tanto porque
cree barreras (por ejemplo, edificios inaccesibles) o porque no proporcione
elementos facilitadores (por ejemplo, baja disponibilidad de dispositivos de
ayuda)».(7) De este modo, se pasa de una concepción más bien estática a una
concepción dinámica de las discapacidades como un estado de salud nega-
tivo, a evitar tanto por la vía preventiva (condiciones ambientales y actitu-
des personales) como procurando la mayor rehabilitación funcional y reali-
zación social posible de las personas afectadas.

(7) Ibídem, pág. 18.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 21


Las alteraciones de la salud, en términos de estados funcionales, se

siguen llamando discapacidades y abarcan tres niveles que siguen una lógi-
ca parecida a la clasificación anterior: el corporal (deficiencias en la estruc-
tura corporal), el individual (limitaciones en la actividad del sujeto) y el
social (restricciones a la participación social en términos de igualdad con
las personas del entorno).
El cuadro 1.2 recoge la estructura de la nueva Clasificación Interna-
cional del Funcionamiento de la Salud (CIF) que incluye de una forma diná-
mica la definición de las discapacidades. Tanto las políticas sociales como
el registro de las personas afectadas tendrán que acomodarse a partir de aho-
ra a la nueva clasificación.
Cuadro 1.2

CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DEL FUNCIONAMIENTO


DE LA SALUD (CIF) ESTABLECIDO POR LA OMS EN 2001

ESTADOS RELACIONADOS CON LA SALUD

FUNCIONAMIENTO FACTORES CONTEXTUALES


FACILITADORES

Integridad funcional
Ambientales
POSITIVO

y estructural

Actividades
Personales
y participación

Ambientales
BARRERAS / OBSTÁCULOS

DISCAPACIDADES
(factores externos del contexto
físico, social y actitudinal
Deficiencias
que afectan negativamente
NEGATIVO

(nivel corporal)
al estado de salud
y a la participación social)
Limitaciones en la actividad
(nivel individual)
Personales
(características, actitudes
Restricciones en la participación
y estilos de vida que
(nivel social)
afectan negativamente)

22 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


1.2. Evolución de la política española sobre
discapacidades
La introducción en España de las tendencias que acabamos de des-
cribir se produjo a la zaga de otros países europeos. En especial, los años
cuarenta y cincuenta del siglo XX supusieron para las personas con discapa-
cidad, lo mismo que para otros sectores de la sociedad española, un perío-
do de involución o estancamiento que hizo recaer sobre las familias el peso
de la atención a las personas afectadas por graves deficiencias o bien resta-
bleció fórmulas ya obsoletas de segregación crónica y ordenada de los casos
más graves, como eran los centros psiquiátricos de aquella época. Más ade-
lante, en los años sesenta y setenta se inició una relativa apertura interna-
cional y un incipiente despegue del Estado social, paralelo al crecimiento
económico, lo que trajo consigo un notable(8) aunque disperso desarrollo
legislativo en materia de atención a personas con discapacidad. Asimismo,
data de aquellas décadas la fase más expansiva de las asociaciones de afec-
tados que paulatinamente se coordinaron entre sí y crearon una trama de
apoyo mutuo y de presión ante la administración pública.
Un acontecimiento clave en este proceso fue la promulgación de la
Constitución democrática de 1978 (en especial el art. 49, que reconoce
expresamente el derecho de las personas con discapacidades a su «completa
realización personal e integración social») y, cuatro años después, la Ley de
Integración Social del Minusválido (LISMI). La nueva legislación exige al
gobierno una política activa de integración social de las personas con disca-
pacidad (prevención, tratamiento y rehabilitación) a fin de que puedan dis-
frutar de todos los derechos constitucionales, si bien la LISMI establece des-
de el principio una distinción significativa: «completa realización personal y
total integración de los disminuidos en sus capacidades físicas, psíquicas o
sensoriales» y «asistencia y tutela para los disminuidos profundos». Esta dis-
tinción supone el reconocimiento de que la plena realización personal sólo

(8) Entre otras medidas, la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963) previó la creación de centros piloto para la
rehabilitación de personas con discapacidades, y en 1964 se organizó la Escuela Nacional de Terapia Ocupacional. En
1970, un decreto del gobierno estableció un cupo del 2% para trabajadores con minusvalía en las empresas de más de
50 empleados, y en 1974 se celebró en Madrid la Conferencia MINUSVAL-74 donde se utiliza por primera vez el
término «minusválido» para referirse genéricamente a todos los grupos afectados.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 23


es posible para una parte del colectivo, mientras que los «disminuidos pro-
fundos» serán destinatarios de medidas protectoras especiales. Se abren así
dos vías de inserción para las personas con discapacidad; una que responde
al criterio de rehabilitación y normalización y otra que se basa en políticas
de etiquetado y protección especial. En la práctica, como veremos, se dará
más importancia al «sistema público de protección social y económica»
(Título V de la LISMI) que a la «rehabilitación e integración laboral» de las
personas con discapacidades (Títulos VI y VII de la citada ley).
El sistema oficial vigente en España para clasificar a las personas
con minusvalía se diseñó en 1984 y, en principio, pretendía acomodarse al
concepto de «minusvalía» elaborado por la OMS cuatro años antes. Sin
embargo, el baremo se basa casi exclusivamente en medir objetivamente la
presencia y grado de «deficiencias» y no en un diagnóstico de los agravan-
tes sociales (culturales, económicos y ambientales) que entorpecen una
inserción social sin discriminaciones. En consecuencia, se produce una
medicalización de la política de discapacidades que implica considerar la
«minusvalía» como una característica presuntamente objetiva e inmodifica-
ble de los sujetos diagnosticados como tales. A diferencia de lo que ocurre
con otros sistemas clasificatorios, el certificado de minusvalía no se plan-
tea como punto de partida para dejar de serlo, es decir, para llegar a superar
con las ayudas institucionales oportunas la discriminación que se padece,
sino como el reconocimiento de una situación irreversible de limitación.
Desde una perspectiva histórica, las políticas específicas basadas en
esta forma de entender y gestionar la «minusvalía» se corresponden con las
pautas etiquetadoras y asistencialistas de principios de siglo. Sin embargo, la
última transformación operada en el campo de las discapacidades, que fue
asumida por el reciente Plan de acción integral para personas con discapa-
cidad (1997-2002), prima los principios de rehabilitación y normalización y,
por consiguiente, las llamadas políticas activas a fin de lograr una integra-
ción social satisfactoria de dichas personas.(9) Desde esta clave, las limitacio-
nes funcionales derivadas de las deficiencias no se consideran una anorma-

(9) Instituto Nacional de Servicios Sociales (1976): Plan de Acción para las Personas con Discapacidad, 1997-2002,
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid.

24 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


lidad sino, más bien, una diferencia (como tantas otras que existen entre las
personas) que no tiene por qué impedir una inclusión social normalizada.
Las políticas sociales deberían orientarse en tal caso, no a sancionar la impo-
tencia y aliviar con ayudas y pensiones vitalicias esa supuesta «incapacidad»
intrínseca de la persona, sino a corregir las barreras, prejuicios y otros fac-
tores que tienen como efecto dificultar o impedir su inserción social.

1.3. El contexto europeo. La inserción laboral


de las personas con discapacidades
Todos los países de la Unión Europea aceptan las orientaciones
generales de la Organización Mundial de la Salud así como las directrices y
programas de las Naciones Unidas relativas a las personas con discapacida-
des. En especial, las políticas nacionales de los años ochenta y noventa
tomaron como principal referencia el Programa de Acción Mundial para los
Impedidos, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en
1982 y que proponía expresamente «la participación plena de los individuos
con discapacidad en la vida social, con oportunidades iguales a las de toda
la población».(10) Sin embargo, las estadísticas de los diversos países pre-
sentan conceptos y metodologías diferentes que hacen muy difícil la com-
paración internacional y la planificación de políticas generales comunes. La
propia Comisión Europea ha planteado la necesidad de una información
estadística y demográfica, elaborada con criterios homogéneos, que permi-
ta conocer la prevalencia de personas con discapacidad en los países de la
Unión y, en particular, su grado de inserción en el mercado laboral.(11)
Contamos, no obstante, con una encuesta aplicada por encargo de
EUROSTAT en catorce de los quince países comunitarios (Suecia quedó al
margen) que permite aproximarnos con relativa fiabilidad a los principales
parámetros de las personas con discapacidad y de su inserción laboral.(12)
El Panel de Hogares de la Comunidad Europea se aplicó en tres oleadas

(10) El texto del Programa de Acción Mundial, así como el desarrollo normativo de los países europeos y de las
organizaciones internacionales, puede consultarse en Muñoz, S. y De Lorenzo, R. (dir.) (1996): Código europeo de las
minusvalías, Escuela Libre Editorial, Madrid.
(11) Comisión Europea (2000): Towards a barrier free Europe for people with disabilities, Comunicación 284.
(12) EUROSTAT (2001): Disability and social participation in Europe, European Comission, Luxemburgo.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 25


(1994, 1995 y 1996) a unas 60.000 familias que incluían aproximadamente
130.000 personas mayores de 15 años. A continuación ofrecemos el perfil
resultante para España en relación a los otros países europeos y a la media
comunitaria, basándonos en la encuesta de 1996 (muestra de 107.294 perso-
nas, de ellas 12.579 en España).
El porcentaje de personas con discapacidad severa o moderada en
edad laboral (16-64 años) es bastante menor en España (9,9%) que en el
conjunto de la Unión (14,5%). Sólo presentan una situación mejor otros dos
países del sur: Italia (7,8%) y Grecia (8,2%), siendo los países del norte, y
Portugal, los que registran porcentajes más elevados (Finlandia, Dinamarca,
Alemania, Gran Bretaña, Holanda y Portugal tienen entre el 18% y el 23%).
Si nos limitamos a las personas con discapacidad severa,(13) que supo-
nen un tercio de quienes se encuentran en edad laboral, España comparte con
Grecia la cuarta mejor posición (3,3%), después de Italia, Irlanda y Austria.
Los países con mayor proporción de discapacidades severas son Portugal
(7,5%), Finlandia (6,2%) y Francia (6%). La media comunitaria es del 4,5%.
Por sexos la frecuencia de discapacidades es ligeramente mayor en
las mujeres que en los hombres, tanto en España como en el conjunto de
Europa. En cambio, cuando los trastornos son severos, los hombres presen-
tan, también en ambos casos, una frecuencia algo mayor. Por tramos de
edad, la frecuencia de personas con discapacidad se incrementa a medida
que avanza la edad, siendo España el país con mayor aceleración en este
sentido: antes de los 30 años las personas con discapacidad en España son
tres veces menos que la media comunitaria para aproximarse poco a poco y
sobrepasar la media europea a partir de los 60 años (véase el gráfico 1.1).
Si tenemos en cuenta que las discapacidades que sobrevienen a las
personas adultas tienen su origen en las enfermedades y los accidentes,
habría que deducir que las condiciones de vida y de trabajo en España son
más nocivas para la salud y producen más accidentes graves que en el res-
to de la Unión. Lamentablemente, los datos sobre accidentes y estado de

(13) El Panel de Hogares incluye en este grupo a quienes se encuentran afectados severamente en actividades de la
vida diaria debido a un problema, enfermedad o discapacidad de carácter crónico.

26 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


Gráfico 1.1

PERSONAS CON DISCAPACIDADES EN ESPAÑA Y EN LA UNIÓN EUROPEA


En porcentaje
Tramos de edad
16-19 años
20-24 años
25-29 años
30-34 años
35-39 años
40-44 años
45-49 años
50-54 años
55-59 años
60-64 años

0 5 10 15 20 25 30 35
Media UE-14 España

Fuente: Elaboración propia a partir del Panel de Hogares de la Comunidad Europea 1996 (EUROSTAT, 2001).

salud en los diversos países se elaboran con metodologías diferentes que


dificultan en parte corroborar esta afirmación. No obstante, de las estadís-
ticas elaboradas por EUROSTAT se deduce que España ocupa el primer
lugar de la Unión en siniestralidad laboral(14) y uno de los puestos más altos
en accidentes de tráfico.(15) Asimismo, las personas mayores de 15 años que
residen en España son, después de las de Portugal, las que tienen una per-
cepción más negativa de su propia salud,(16) siendo el país más consumidor
de tabaco, después de Grecia, y uno de los que menos gasta en salud por
habitante, sólo por delante de Grecia y Portugal.(17)

(14) Un estudio comparativo de los 15 países de la Unión Europea sitúa a España como el país con mayor porcentaje
de accidentes de trabajo (7% de los trabajadores en 1998, por una media comunitaria del 4%) y en tercera posición por
la tasa de accidentes mortales, después de Portugal e Irlanda. Dupré, D. (2001): Les accidents du travail dans l’UE
1998-1999, Communautés Européennes, EUROSTAT.
(15) EUROSTAT (2000): Road Traffic Deaths, en Regions. Statistical Yearbook.
(16) El 13,1% considera que su estado de salud es malo o muy malo, mientras que la media comunitaria es del 8,8%.
Eurostat (1999): Vue statistique sur l’Europe. Données 1987-1997, Comission Européenne, Luxemburgo, pág. 38.
(17) Ibídem, págs. 44 y 72.

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 27


La inserción laboral de las personas con discapacidad presenta en
España el perfil más negativo entre todos los países europeos, seguida de
cerca por Irlanda e Italia (gráfico 1.2). De las personas con discapacidad
severa, sólo tiene trabajo remunerado el 13,1% en España, el 13,7% en Irlan-
da y el 15,3% en Italia; entre quienes tienen discapacidad moderada, la peor
posición corresponde a Irlanda (27,1%), seguida por España (28,7%) e Italia
(29,6%). Se trata de tres países de la Unión con bajas tasas de actividad en
la población general, lo que explica en parte que sean también los que menos
fomentan el acceso al empleo de las personas con discapacidades.
La media comunitaria de personas con discapacidad severa que tie-
nen empleo es del 24,3%. Los países con tasas más altas son Francia y Por-
tugal, precisamente los más próximos al territorio español. España, además,
es junto con Italia el país europeo que presenta una mayor discriminación
de género en el acceso al empleo: las mujeres con discapacidad severa no
sólo son las que registran una menor proporción de ocupadas (9%), sino las
que se encuentran a mayor distancia en términos relativos de la tasa de hom-
bres ocupados del propio país (16,6%). En el conjunto de la Unión tienen
empleo el 27,9% de los hombres con discapacidad severa y el 20,5% de las
mujeres. Sólo en tres países, Dinamarca, Reino Unido y Grecia, las mujeres
están más ocupadas que los hombres (tabla 1.5 del Anexo estadístico).
Según el Panel de Hogares de la Unión Europea, las personas con
discapacidad en España son –después de las de Portugal– las que tienen
niveles de formación más bajos. Tan sólo el 10% de quienes tienen trastor-
nos severos y el 13% de quienes los tienen moderados han superado el nivel
de educación secundaria (cuatro veces menos que la media europea: 39% y
49%, respectivamente). Los niveles académicos más altos corresponden a
Alemania y Holanda, donde dos tercios de las personas con discapacidades
han superado la educación secundaria.
En torno a la mitad de las personas con discapacidad severa en edad
laboral percibe en el conjunto de la Unión Europea pensiones o ayudas eco-
nómicas. España se sitúa en este punto en cuarto lugar, con un 56% de pen-
sionistas, después del Reino Unido, Dinamarca y Bélgica. En cuanto a los

28 ■ CLAVES PARA ENTENDER LAS DISCAPACIDADES


Gráfico 1.2

PERSONAS CON DISCAPACIDAD SEVERA QUE TIENEN EMPLEO


REMUNERADO
En porcentaje

Francia 36,8
Portugal 30,7
Luxemburgo 28,7
Austria 28,4
Alemania 26,4
Holanda 26,1
Media UE-14 24,3
Finlandia 21,6
Bélgica 18,3
Reino Unido 17,4
Dinamarca 17,1
Grecia 16,7
Italia 15,3
Irlanda 13,7
España 13,1

0 5 10 15 20 25 30 35 40

Fuente: Elaboración propia a partir del Panel de Hogares de la Comunidad Europea 1996 (EUROSTAT, 2001).

que tienen discapacidad moderada, sólo percibe pensiones en la UE la quin-


ta parte (21%), siendo España el segundo país con más perceptores (28%),
por detrás de Dinamarca. Cabe interpretar estos datos en el sentido de que
España favorece más la inserción vía pensiones (aspecto en el que destaca
claramente), que la inserción vía empleo (donde se sitúa en último lugar).

LA INSERCIÓN LABORAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDADES ■ 29

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