El Pecado Remanente
El Pecado Remanente
Si somos honestos con nosotros mismos, debemos confesar que somos seres
contradictorios. No siempre existe una coherencia, una relación entre lo que
sabemos que debemos hacer y lo que realmente hacemos. Yo creo que todo el
mundo reconoce que es mejor ser humilde que orgulloso, ¿no es así? Yo creo que
todo el mundo reconoce que es mejor ser altruista, es decir, a preocuparnos por
el bien de los demás que ser egoístas. Todo el mundo reconoce que es mejor
hacer el bien que hacer el mal. A menos que una persona tenga un serio desajuste
psicológico, hay en todos nosotros una conciencia que Dios puso allí de fábrica
que nos dice que debemos alabar lo bueno y que debemos rechazar y desaprobar
lo malo. De hecho, eso es lo que lleva a muchas personas a la hipocresía, es decir,
a disfrazar el orgullo de humildad y a buscar la manera de esconder nuestro
egoísmo. Queremos aparentar que somos humildes, que somos altruistas, porque
sabemos que eso es lo que deberíamos ser. Por eso alguien decía que la
hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud. La hipocresía es el
homenaje que el vicio le rinde a la virtud. Todo el que hipócritamente pretende
ser virtuoso sin serlo, está reconociendo que la virtud es buena, ¿no es así? Así
que la hipocresía es una extraña forma de exaltar la virtud. Pero aquí es donde
entra en juego el problema esencial del ser humano. El hecho de que todo el
mundo reconozca que la humildad es mejor que el orgullo y que practicar la regla
de oro es mejor que ser un egoísta. No quiere decir que tengamos la capacidad de
comportarnos a la altura de esos estándares morales que aprobamos. En otras
palabras, saber lo bueno es una cosa, hacerlo es otra muy diferente. De ahí el
refrán que seguramente todos han escuchado alguna vez, del dicho al hecho hay
mucho trecho. Del dicho al hecho hay mucho trecho. Si somos honestos con
nosotros mismos, tenemos que reconocer que estamos muy lejos de llenar la
medida de ese estándar que nosotros reconocemos como bueno. O sea, no no es
que ignoramos hacer lo bueno, es que no podemos, no llenamos esa medida. Ese
es el dilema que Pablo plantea en Romanos capítulo 7, los versículos 7 al 13, que
estudiamos la última vez que consideramos esta carta versículo a versículo. Y la
tesis de Pablo es que la ley de Dios, los 10 mandamientos, la ley de Dios es santa,
es justa, es buena, pero no puede salvar a nadie. La ley es buena, pero no nos
puede salvar porque no tenemos la capacidad de obedecerla. Así que el
problema, dice Pablo, no está en la ley. El problema está en nosotros que no
podemos ni queremos hacer lo que la ley dice. No queremos someternos a la
voluntad de nadie fuera de nosotros mismos. Queremos ser autónomos e
independientes. Es por eso que nadie se puede salvar guardando la ley, dice
Pablo. Porque nadie puede llenar la medida que la ley demanda de nosotros. La
ley nos dice lo que debemos hacer, pero no nos provee los recursos para hacerlo.
Por lo tanto, y este es el mensaje de Romanos, la única manera de salvarse, la
única, no no hay dos maneras, no hay 10 religiones, solamente hay dos religiones
en el mundo, la religión que es por obras y la religión que es por gracia, el
cristianismo y todas las demás. Solo hay dos religiones. El mensaje de Romano es
que la única manera de salvarse es aceptando como un regalo, un regalo, la
justicia que Dios nos provee por medio de la fe en Jesucristo, no por nuestro
esfuerzo en obedecer los mandamientos de Dios. Ahora bien, aquellos que son
salvos por Cristo ahora poseen una nueva capacidad que antes no tenían y una
nueva motivación para poder obedecer a Dios a pesar de la lucha que tenemos
todavía por causa del pecado que mora en nosotros. Y eso es precisamente lo que
Pablo comienza a explicar ahora a partir del capítulo 7, versículo 14. Y hay una
diferencia evidente entre lo que Pablo describe en Romanos 73 77 al 13, el texto
que estudiamos la vez pasada y el que vamos a estudiar en el día de hoy,
Romanos capítulo 7, versículos 14 al 25. Hay una diferencia abismal y eso lo
vemos, por ejemplo, en el hecho de que los verbos que usa Pablo en Romanos
capítulo 7 versículos 7 al 13, todos están en tiempo pasado. Todos los verbos de
Romanos 7 al 13, todos están en tiempo pasado, porque Pablo está describiendo
lo que era su vida. antes de venir a Cristo. De hecho, el pronombre yo aparece en
Romanos 7 más de 40 veces. Yo, yo Pablo está describiendo lo que era su vida
antes de ser cristiano. Pero en los versículos 14 al 25, todos los verbos están en
tiempo presente, porque Pablo está describiendo allí su condición actual. Ahora
que es cristiano, después de su conversión. En los versículos 7 al 13 vemos el
cuadro de un incrédulo que de ninguna manera puede obedecer la ley de Dios
porque es un esclavo del pecado. Pero en los versículos 14 al 25 vemos el cuadro
de un cristiano que sigue luchando contra el pecado que mora en él, pero
habiendo sido libertado de su dominio. ¿Ven la diferencia? 7 al 13, un incrédulo
que no puede obedecer a Dios. 14 al 25, un cristiano que desea obedecer, que
quiere obedecer, pero que tiene una lucha. Alguien lo planteó de esta manera. El
incrédulo de los versículos 7 al 13 se encuentra inmerso en una guerra que de
ninguna manera puede ganar. No la puede ganar. El cristiano de los versículos 14
al 25 está también inmerso en otra guerra, pero que de ninguna manera puede
perder. El incrédulo está en una guerra que no puede ganar. El creyente está en
una guerra que no puede perder. Así que no es que nosotros pasamos de la
guerra a la paz cuando nos convertimos a Cristo. No, seguimos en guerra.
Seguimos en guerra, pero esta es una nueva guerra porque ahora estamos
luchando desde una posición completamente distinta a la que teníamos cuando
éramos incrédulos. Ya no estamos en una guerra que no vamos a ganar. Estamos
en una guerra que no podemos perder. Estamos en una guerra que no podemos
perder a pesar de las heridas que vamos a sufrir en el campo de batalla. Muchas
veces vamos a perder batallas, pero no la guerra. Y Pablo quiere hacernos ver en
esta porción de Romanos por qué seguimos en guerra contra el pecado si ya
fuimos libertados del pecado. Pablo ya dijo en Romanos 6, "Fuimos libertados de
la esclavitud del pecado." Oye, pero en la experiencia como que no lo parece. ¿Te
has sentido así? libertado del pecado. Pablo dice, "Déjame explicarte cuál es el
problema. Si ya fuimos libertados del pecado, pero debes prepararte para pelear
una guerra hasta el día de tu muerte en el poder del Espíritu Santo y no
descansando en nuestras propias fuerzas para obedecer la ley. Mis hermanos, ese
es el centro de este pasaje. Estamos en una guerra, no la pelees en tus propias
fuerzas. Necesitamos depender del espíritu de Dios. Y espero al final decir algo
acerca de esto. Así que, hermanos, el tema de Romanos 7 es el siguiente. La ley
de Dios en sí misma ni puede salvar ni puede santificar. Óyeme bien, mi hermano,
la ley de Dios en sí misma ni puede salvar ni puede santificar, no porque haya
algún problema en la ley, sino porque aún nosotros los cristianos tenemos un
problema y es ese problema el que Pablo va a describir en los versículos 14 al 25.
Veamos entonces en primer lugar lo que Pablo nos dice acerca de la ley. Luego
veremos lo que Pablo nos dice acerca de sí mismo. Y ahí estamos todos incluidos.
Y en tercer lugar vamos a ver lo que Pablo nos dice acerca de cómo de cómo
somos librados en esta lucha. Así que primero lo que Pablo nos dice acerca de la
ley, lo que Pablo nos dice acerca de sí mismo y lo que Pablo nos dice acerca de
esta lucha. ¿Qué dice Pablo en este pasaje acerca de la ley? Bueno, como veíamos
la vez anterior, Pablo tiene que salirle al frente a la acusación de que él no está
menospreciando la ley. Imagínese a un judío en el tiempo de Pablo diciéndole,
"Pablo, pero si la ley no salva ni santifica, entonces para qué sirve. Debemos llegar
a la conclusión de que la ley es algo malo. Y Pablo pregunta en el versículo 7, ¿qué
diremos entonces? ¿Es pecado la ley? Respuesta. De ninguna manera. No, la ley
no es pecado. De hecho, en el versículo 12 dice, "Así que la ley es santa y el
mandamiento es santo, justo y bueno." No hay ningún problema en la ley.
Próxima pregunta, versículo 13. Eso lo vimos la vez anterior. Entonces, si la ley es
buena, lo que es bueno vino a ser causa de muerte para mí. De ninguna manera,
dice Pablo, al contrario, fue el pecado, a fin de mostrarse que es pecado al
producir mi muerte por medio de lo que es bueno, para que por medio del
mandamiento el pecado llegase a ser en extremo pecaminoso. Pablo está
diciendo, "El problema no está en la ley. No es la ley la que te mata, es el pecado.
Lo que hace la ley es hacerte ver cuán pecaminoso es el pecado que mora en ti.
En otras palabras, déjame ponértelo de una manera no muy bonita. Lo que Pablo
está diciendo aquí es que cuando tú te miras en el espejo de la ley de Dios, te das
cuenta que tú eres peor de lo que tú piensas. La ley te hace ver que tú eres peor
de lo que tú piensas. Pero no es la ley lo que te hace peor. Lo que te hace peor es
el pecado que mora en ti. Déjeme poner un ejemplo. Tú vas a hacerte un chequeo
médico anual, le llevas los resultados de los exámenes al médico, el médico los ve
y con una cara sombría te dice, "Lo siento, pero tienes cáncer." La pregunta es,
¿fueron las palabras del médico las que te provocaron el cáncer? ¿O ya tú tenías
el cáncer y el médico simplemente te está revelando el problema que está en ti?
Bueno, así funciona la ley. La ley no produce cáncer, pero la ley te hace ver que el
cáncer del pecado que mora en ti ha hecho metástasis en todo tu ser. No hay una
parte de tu ser que no haya sido impactado por causa del pecado. Eso es lo que
hace la ley. De manera que el problema no está en la ley, está en nosotros.
Versículo 14. Y aquí comienza ahora Pablo, el creyente. Porque sabemos que la
ley es espiritual, pero yo soy carnal vendido a la esclavitud del pecado. En un
momento vamos a ver a qué Pablo se refiere cuando habla de su carnalidad aquí,
pero guarden eso en el disco duro. Yo quiero más bien concentrarme en lo que él
nos dice acerca de la ley. ¿Qué dice Pablo de la ley? Que la ley es espiritual. ¿Y eso
qué significa? Significa que la ley tiene un origen divino. La ley es espiritual. La ley
es perfecta porque es el reflejo del carácter perfecto de Dios. No puede haber
nada malo o inadecuado en los 10 mandamientos, porque no hay nada malo o
inadecuado en el Dios de la ley. Él es santo, él es justo, él es bueno. Y lo mismo
podemos decir de la ley. El mundo, mis hermanos y amigos que están aquí hoy en
la mañana, sería un lugar paradisíaco si todos los seres humanos obedecieran la
ley. sería un paraíso. Es por eso que aún en medio de su lucha contra el pecado,
Pablo reconoce la realidad de que la ley es buena. Dice en el versículo 16, "Y si lo
que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es
buena. La guerra que experimentamos en nuestro interior por querer obedecer a
Dios le da la razón a la ley. Dice Pablo, ¿por qué tú quieres obedecer, cristiano?
Cristiano, ¿por qué tú no quieres mentir? Porque tú sabes que decir la verdad es
bueno. ¿Se dan cuenta? el esa misma guerra que yo siento de que no quiero
pecar, estoy reconociendo en mi lucha que la ley es buena. La ley es buena. Así
que el malo de la película, el villano de esta película, mis hermanos, no es la ley.
No ataquen la ley. Hay muchos cristianos en muchas iglesias evangélicas en el día
de hoy que atacan la ley. No, no, no. El villano de la película no es la ley. El villano
de la película es el pecado que mora en nosotros y eso nos lleva a nuestro
segundo encabezado. Ya vimos lo que Pablo dice de la ley. La ley es espiritual, la
ley es buena. Pero ahora veamos lo que Pablo dice de él mismo, de sí mismo.
Vean una vez más el versículo 14. Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo
soy carnal. vendido al pecado. Esta expresión es tan fuerte que algunos han
llegado a la conclusión de que Pablo no puede estar hablando aquí de un
creyente, sino de un incrédulo. Porque Pablo había dicho antes que los creyentes
ya no están en la carne, ¿recuerdan? Es decir, los creyentes ya no están
dominados por su naturaleza pecaminosa. Ya hemos sido libertados del pecado.
¿Cómo puede decir ahora que él es carnal vendido a la esclavitud del pecado?
Bueno, Pablo está planteando aquí la realidad de que a pesar de haber sido
regenerados por el poder del Espíritu Santo, a pesar de haber sido hechos nuevas
criaturas en Cristo, aún queda en nosotros un residuo de pecaminosidad que
llevaremos hasta la muerte. ¿Y sabes lo que es peor? no mejora con el tiempo. Un
nuevo creyente de tres días de convertido tiene un residuo de pecaminosidad en
él y un creyente de 50 años de convertido tiene ese mismo residuo de
personalidad que no ha mejorado en nada. El pecado no mejora. tu residuo de
pecaminosidad con el que tú vives no mejorará con el tiempo. Así que lo que
Pablo está diciendo es, "La ley es espiritual, la ley es de origen divino, pero yo
todavía soy terrenal." Ese es el contraste. Yo soy terrenal. Todavía llevo conmigo
un enemigo en mi interior que no tiene remedio. El enemigo que yo tengo en mi
carne no tiene remedio. Ha sido vendido a la esclavitud del pecado. Ha sido
vendido a la a la esclavitud del pecado. La idea no es que él es un esclavo del
pecado, no. La idea es que hay una parte residual en nuestra condición humana
que sigue siendo pecaminosa. Noten el versículo 23, hermanos. Esto es muy
importante. Pero veo otra ley en mis miembros. É dice en el versículo 22, "En el
hombre interior yo me deleito en la ley de Dios, pero veo otra ley en los
miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente." Y escuchen
esto, me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. No es
que este cuerpo físico sea malo y el alma sea buena, como decían los gnósticos y
los platónicos. No, lo que Pablo está diciendo es que el pecado se vale de nuestro
cuerpo para llevarnos a pecar. El pecado usa tus ojos, el pecado usa tu lengua, el
pecado usa tu cerebro, el pecado usa tus manos, tus pies para llevarte a pecar.
Pero, ¿saben qué? Aún ese lenguaje nos muestra que los cristianos ya no somos
esclavos del pecado. ¿Por qué? Porque el pecado tiene que hacernos prisioneros.
El pecado tiene que hacernos cautivos. ¿Por qué? Porque ya no le pertenecemos.
Ya no le pertenecemos. Pablo dice en Romanos 6, ya fuimos librados de esa
esclavitud, pero al mismo tiempo nos advierte en ese mismo capítulo que
debemos mantenernos en pie de guerra para no ser atrapados por el pecado que
todavía mor en nosotros y ser llevados a obedecer de nuevo a nuestro antiguo
amo. Vean el versículo 12 de Romanos 6. Romanos 6:12. Por tanto, por tanto, no
reine el pecado en vuestro cuerpo mortal. El pecado está en vuestro cuerpo
mortal. Esa es la parte que Pablo dice, "Yo soy carnal." Este es un cuerpo mortal.
Es un cuerpo terrenal en el que habita el pecado. La ley es espiritual, pero yo soy
terrenal. Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que no
obedezcáis sus lujurias. Ven, ya fuiste libertado, pero eso no quiere decir que
estás exento de ser engañado y seducido por el pecado que mora en ti. Así que
ten cuidado. Es la misma exhortación de Pablo en Gálatas 5. Estad pues firmes en
la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de
esclavitud. Eso no quiere decir que un verdadero cristiano puede regresar a su
antigua esclavitud. Lo que Pablo está diciendo es que un verdadero cristiano es
susceptible de actuar como si todavía fuera un esclavo. Miren, dejen ponerlo de
esta manera. Muchos de ustedes saben que en la que en el 1860 y tantos hubo
una guerra civil en los Estados Unidos entre el norte y el sur. El norte tratando de
libertar a los esclavos, el sur tratando de retenerlos. Abraham Lincoln eh emite el
acta de emancipación, creo que fue el primero de enero de 1863, no no recuerdo
exactamente la fecha, pero ustedes creen que por el hecho de que Lincoln, el
presidente de los Estados Unidos, haya emitido un acta de emancipación, es decir,
para libertar a los esclavos, que ya todos esos esclavos que vivían en el sur se
sentían libres, No, cuando el amo le decía, "Ven acá", él sentía como si todavía
fuera un esclavo. Y yo creo que ese es el problema de muchos cristianos en su
lucha contra el pecado. Ellos no entienden que han sido libertados y cuando el los
tienda es como si fuéramos esclavos todavía. Ahora, mis hermanos, esa
cautividad momentánea del pecado cuando pecamos no es lo que nos define,
sino nuestra nueva identidad en Cristo, libre del pecado, libre de la esclavitud del
pecado. Ponerlo de esta manera. Hay un mundo de diferencia entre el soldado en
medio de una guerra que es capturado en batalla y el traidor que se pasa al bando
enemigo. ¿Hay una diferencia? ¿Sí o no? Hay una diferencia entre el soldado que
pertenece a una nación libre y está peleando, imagínense los aliados en la
Segunda Guerra Mundial peleando contra Hitler y la Alemania nazi. Y uno de esos
soldados aliados es tomado cautivo hasta que termine la guerra. Eso es diferente
al traidor que se pasa al bando contrario porque prefiere ser parte de los nazis.
¿Ven el punto? Bueno, cada vez que un cristiano peca es como un soldado que ha
sido momentáneamente capturado, pero no es como un traidor que se ha pasado
al bando contrario. ¿Se entendió ahora? Cada vez que un cristiano peca es como
un soldado que ha sido momentáneamente capturado, pero no es un traidor que
se ha pasado al bando contrario. Versículo 15. Porque lo que hago no lo entiendo,
porque no practico lo que quiero hacer. sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo
que no quiero hacer, eso hago. Estoy de acuerdo con la ley reconociendo que es
buena. ¿Ven el punto? Pablo está diciendo, "Yo aborrezco el pecado. Yo no lo
quiero hacer, pero aún así peca. Estamos en un cuerpo terrenal en el que habita
el pecado, que nos seduce constantemente a ser aquello que nos atrae y nos
repele al mismo tiempo. No es así. Aquí está el pecado. Por un lado, apela a tu
carne, a tus hábitos pecaminosos antiguos, pero al mismo tiempo te repele
porque tú eres cristiano. Es un querer y no querer. Esa es la lucha. Hermano, yo
estoy haciendo mi mejor esfuerzo para poder entender, para poder explicar,
perdón, de una manera entendible la lucha que Pablo está planteando aquí,
porque es tu lucha y la mía. es tu lucha y la mía. Pablo está diciendo, "Yo estoy en
un cuerpo en el que habita el pecado, que nos seduce y nos engaña
constantemente a hacer eso que nos atrae y nos repele al mismo tiempo." Y
Pablo se siente perplejo consigo mismo, como yo supongo que se sienten
perplejos todos los cristianos que están aquí. Uno se siente perplejo. Versículo 17.
Así que ya no soy yo el que lo hace cuando peco, sino el pecado que habita en mí.
¿Qué está diciendo Pablo? Que no somos responsables de nuestro pecado. No
somos nosotros los que tomamos la decisión de pecar. Es a nosotros que el
pecado nos seduce y nos engaña. Pero escuchen, esa inclinación hacia el pecado
no procede de nuestro verdadero yo, que ha sido regenerado por Cristo con el
poder de su espíritu. Porque ese nuevo yo regenerado prefiere hacer lo bueno, no
pecar. No, noten las expresiones que Pablo usa en los versículos 18 en adelante.
Pablo dice, versículo 18, porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne no habita
nada bueno. Sin embargo, el querer está presente en mí, pero el hacerlo el bien
no. Pablo dice, "El querer el bien está en mí." En el versículo 19 dice, "Yo deseo
hacer el bien." Dice, "No hago el bien que deseo. Yo yo lo deseo. Yo deseo leer
más la Biblia. Yo deseo ser más apasionado con Jesús. Yo yo deseo servir a Cristo.
Yo deseo vivir para él enteramente, pero yo hago el mal que no quiero cuando
peco. Eso practico. Versículo 20. Y si lo que no quiero hacer, yo no quiero pecar.
Eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. Versículo
21. Así que queriendo yo hacer el bien, yo quiero hacer el bien, pero hallo esta ley
que el mal está presente en mí. De hecho, en el hombre interior yo me deleito en
la ley de Dios. ¿Oyeron todo eso? Yo quiero hacer el bien. Yo no deseo pecar. Yo
me deleito en la ley de Dios. Esas son las aspiraciones de un verdadero cristiano.
Eso es lo que el cristiano quiere. El nuevo yo de Pablo que ha sido regenerado por
el poder del Espíritu Santo quisiera no pecar nunca. Déjame hacerte una
pregunta. ¿A ti no te ha pasado eso que tú dices, "Buah, yo yo quisiera no pecar
más." De de dónde te viene ese deseo, de tu buen corazón. A ti no te pasa que
cuando pecas te sientes vergonzosamente horrible. ¿Por qué te sientes mal
cuando pecas? ¿Por qué te sientes mal? ¿Por qué? Porque no quieres, pero te
atrae. No quieres, pero te atrae. El el pecado te seduce, el pecado te engaña.
¿Cuál es el problema? Entonces dice Pablo, "Yo soy un nuevo yo que desea hacer
el bien. Yo soy un nuevo yo que desea obedecer la ley de Dios." ¿Cuál es el el
problema? Pablo dice tres veces, versículo 17, 18 y 20, "El pecado habita en mí."
El pecado habita en mí. Eh, el pecado no es nuestro huésped de honor.
Quisiéramos sacarlos de nuestras vidas para siempre, ¿o no es así? Pero eso solo
será posible cuando nuestro cuerpo sea glorificado en la resurrección. Amén.
Decía el teólogo puritano John Oven, seremos librados de este cuerpo de muerte
por medio de la muerte del cuerpo. No hay otra forma. seremos librados de este
cuerpo de muerte por medio de la muerte del cuerpo. Y ese pecado que aún
habita en este cuerpo de muerte constantemente nos seduce y nos engaña para
tratar de movernos a hacer lo que sabemos que no debemos hacer. Qué guerra. Y
miren, ¿saben cuándo se intensifica más esa batalla? Cuando tú quieres hacer el
bien. Versículo 21. Así que queriendo yo hacer el bien, yo me voy a levantar
temprano para leer mi Biblia, para tener un tiempo a solas con el Señor. Tú
quieres hacer el bien. Y dice Pablo, ahí es cuando yo hallo o descubro que el mal
está presente en mí. Mira, tú quieres ver televisión y no va a haber ningún
impedimento. Tú quieres leer la Biblia y es como si se levantara una horda de
demonios adentro de ti. ¿O o a ti no te pasa eso? Pablo dice, "Cuando yo quiero
hacer el bien, ahí es que la cosa se pone difícil porque el pecado se revoltea." De
hecho, ustedes se acuerdan de de Arquímides, el famoso griego que descubrió el
principio de los de la de los cuerpos cuando se metió en una bañera y de repente
se dio cuenta cuál era el principio de laquímide y salió diciendo, "Eureca, ¿se
acuerdan? Eureca, lo he descubierto. Eso es lo que significa la palabra griega, que
es la que Pablo usa aquí en Romanos 7:21, eureca. Pablo está diciendo, "Cuando
yo quiero hacer el bien, ahí es que yo descubro que el mal está en mí, porque se
levanta una oposición horrible. Te levantaste por la mañana. Yo dije que iba a leer
mi Biblia, ¿verdad? No, ahora tú quieres ver las redes sociales. A ver, ¿quién te
escribió por WhatsApp? ¿Qué postearon en Facebook? Te da una pereza, pero
pero ver el WhatsApp ni la red, eso no te da pereza. Lo que te da pereza leer la
Biblia. Por eso yo estoy de acuerdo con Piper cuando dice que Dios permitió que
se inventara ese aparatico para que sepamos que no es verdad, que no tenemos
tiempo. Es pereza, hermanos, porque hay una resistencia. No hay resistencia a
leer el periódico. No hay resistencia a ver el internet. No hay resistencia a ver las
redes sociales, no hay resistencia a ver la televisión, a ver una serie de Netflix de
50 episodios. No, a lo que hay resistencia es a decir, "Voy a leer la Biblia con
seriedad, le voy a dedicar tiempo a esto." Ahí se hay resistencia. Es el pecado que
habita en ti. Te lo estoy diciendo, hermano, para que no le des al pecado más
alimento. Pablo no dice eso para excusarnos, es para que sepamos pelear bien. Y
eso es precisamente, hermanos, lo que nos hace sentir miserables. ¿Qué dice
Pablo en el versículo 24? Miserable de mí. Miserable de mí. ¿Quién me librará de
este cuerpo de muerte? Nuestro yo regenerado, no degenerado. Regenerado. El
que nació de nuevo no desea pecar, desea servir a Dios de todo corazón. Pero el
pecado que habita en nosotros es un foco de resistencia constante. El pecado va a
tratar por todos los medios posibles que no hagamos el bien que queremos, sino
el mal que no queremos. Es lo mismo que Pablo nos enseña en Gálatas 5:17. El
deseo de la carne es contra el espíritu. El deseo del espíritu es contra la carne y
estos dos se oponen entre sí para que tú no hagas lo que tú quieras. Esa es la
experiencia normal de todo verdadero cristiano mientras nos encontremos de
este lado de la eternidad. Eso no quiere decir que el creyente sea continuamente
derrotado por el pecado. Eso no es lo que Pablo está diciendo y lo vamos a ver
luego en Romanos 8. Lo que eso quiere decir es que de este lado del cielo nunca
vamos a hacer todo lo bueno que queremos ser. ¿Ven? ¿Ven la diferencia?
Packer, que es un teólogo británico, él escribió un artículo sobre este texto y
escuchen qué sabias estas palabras de Packer. Pablo no nos dice que la vida del
creyente es tan mala como pudiera ser, sino que no es tan buena como debería
ser. El hombre miserable del pasaje es el mismo Pablo que expresa
espontáneamente su angustia por no ser un mejor cristiano de lo que es. ¿Oyeron
eso? Pablo está expresando su angustia por no ser un mejor cristiano. El impío se
va gloria por cualquier disparate que haga. El cristiano siempre quiere ser mejor.
yo quisiera ser mejor. Y ahora escuchen con cuidado lo que sigue diciendo Packer.
Creo que lo que Pablo está diciendo no es que los cristianos viven en una derrota
continua, sino que ningún cristiano vive en una victoria continua. Es diferente,
muy diferente. No es que el cristiano es derrotado todo el tiempo, es que el
cristiano no vive en una victoria constante. Y en esos momentos y ocasiones, dice
él, en que no podemos triunfar contra el pecado, Romanos 7 14 al 25 es la forma
normal como un cristiano saludable debe reaccionar. ¿Y cuál es esa reacción?
Dice Packer, el versículo 22, "Yo amo la ley de Dios. Yo amo la ley de Dios. Estoy
felizmente de acuerdo con la ley de Dios en mi hombre interior. Yo me deleito en
la ley de Dios. Versículo 15. Y aborrezco lo que acabo de hacer. Eso es lo que le
pasa a un cristiano cuando peca. Yo sé que la ley es buena, aborrezco lo que
acabo de hacer o qué miserable me siento en estas ocasiones. Así reacciona un
verdadero cristiano. Todo verdadero cristiano quiere ser más de lo que es. De ahí
la pregunta angustiosa del versículo 24. ¿Quién me libertará de este cuerpo de
muerte? Y la respuesta no es, la respuesta no es, esfuérzate más por obedecer la
ley. No recuerden, la ley ni salva ni santifica. Esa no es la respuesta de Pablo. La
respuesta correcta está en el versículo 25 y eso nos lleva a nuestro último
encabezado. Ya vimos lo que Pablo dice de la ley, ya vimos lo que Pablo dice de sí
mismo. Veamos lo que Pablo dice acerca del fin de nuestra lucha. El fin de nuestra
lucha. Las palabras del versículo 24, "Miserable de mí, ¿quién me libertará de este
cuerpo de muerte?" expresan el anhelo ardiente de todo verdadero cristiano de
que llegue ese día en que no seamos más estorbados por el pecado para adorar y
servir libremente a nuestro Señor y Salvador cuando ninguna cosa de este mundo
disminuya la llama de nuestra pasión por él. Nunca has experimentado eso, ese
anhelo en el corazón. ¿Quién podrá librarnos de la carga de llevar con nosotros
este remanente de pecado que nos dificulta tanto entregarnos por entero aquel
que nos amó al punto de morir por nosotros en una cruz? ¿Quién me librará?
Respuesta. Gracias a Dios por Jesucristo. Amén. Gracias a Dios por Jesucristo. Yo
yo titulé este sermón miserable de mí. Después pensé, ese no es un buen título.
Debí titular este mensaje, gracias a Dios por Jesucristo. Mi hermano, los puritanos
solían decir, por cada mirada que le des a tu pecado, mira 10 veces a Jesús. Y yo
creo a la luz de este pasaje que Pablo habría dicho amén a eso. Por cada mirada
que le des a tu pecado, mira 10 veces a Jesucristo. Cuando estamos en medio de
la lucha en contra del pecado, mis hermanos, es a esta expresión de gratitud que
tenemos que llegar y ojalá que sea más temprano que tarde. Gracias a Dios por
Jesucristo. No te quedes postrado viendo tu lucha. Tienes que llegar a ese punto
de gratitud. Gracias a Dios por Jesucristo. Amén. Oh, gracias a Dios por Jesucristo,
porque fue él quien nos libró de la condenación del pecado. ¿Cómo comienza
Pablo en Romanos 8, el siguiente capítulo? Por consiguiente, no hay ahora
condenación para los que están en Cristo Jesús. ¿Oíste eso? Oh, recuerda eso en
medio de tu lucha. No hay condenación. Ya Cristo pagó nuestra deuda completita.
Amén. Todos nuestros pecados fueron clavados en la cruz. De manera que
cuando nos presentemos ante el tribunal de Dios, ya sabemos de antemano que
el veredicto de inocencia fue pronunciado en ese tribunal. No, ya no hay
condenación. ¿Por quién? por Cristo Jesús, nuestro Señor. Pero él no solamente
nos ha librado de la condenación del pecado, nos ha librado de la esclavitud del
pecado. Romanos 6:17. Pero gracias a Dios, gracias a Dios que aunque erais
esclavos del pecado, os hicisteis, versículo 17, os hicisteis obedientes de corazón
aquella forma de enseñanza a la que fuisteis entregados y habiendo sido
libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia. habéis sido libertados
del pecado. Aunque el pecado todavía mora en nosotros y se opone a nosotros,
nuestro verdadero yo ya no le pertenece al pecado, le pertenece a Jesús. Nuestro
verdadero yo le pertenece a Cristo, no al pecado. Recuerden la pregunta de Pablo
al principio del capítulo 6 que vimos hace varios domingos atrás. Pablo se
pregunta, ¿qué diremos entonces? Continuaremos en pecado para que la gracia
abunde de ningún modo. Nosotros que hemos muerto al pecado, ¿cómo
viviremos aún en él? ¿Y cómo morimos al pecado? Versículo 11. Así también
vosotros consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo
Jesús. Nosotros estamos en Cristo Jesús. Estamos unidos a Cristo Jesús. Y por
causa de esa unión, mis amados hermanos, hemos sido libertados del pecado.
Amén. Gracias a Dios por Jesucristo. Él nos libró de la condenación del pecado. Él
nos libró de la esclavitud del pecado. Y saben qué, algún día nos librará también
de la presencia del pecado. Por eso decíamos hace un momento que los cristianos
estamos en una guerra que no podemos perder. No podemos perderla porque
estamos del lado de aquel que ya venció y perdón y por medio del cual somos
más que vencedores. Dice Pablo en Romanos 8:27 37, él venció. Estamos del lado
del vencedor y somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Amén. Gracias a Dios. Amén. Por Jesucristo. Es verdad que la lucha se vuelve
agónica a veces, pero hermanos, peleamos con la esperanza de que esa lucha
terminará. Esa lucha terminará. Ahora gemimos dentro de nosotros mismos, dice
Pablo en Romanos 8:23, pero eso no es toda la realidad, sino que estamos
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. En otras palabras,
gemimos en esperanza. Gemimos en esperanza. Hasta el día de nuestra muerte
seguiremos experimentando esa lucha que Pablo describe en este pasaje. No lo
olvides. Noten como Pablo termina el capítulo 7 después de decir, "Gracias a Dios
por Jesucristo." Alguien diría, "Ya déjalo ahí, Pablo." Pero él no lo dejó ahí.
Versículo 25. Así que yo mismo por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios,
pero por el otro con la carne a la ley del pecado. No te olvides de eso, dice Pablo.
Esa lucha no termina hasta que te mueras. Amén. Mira, mi hermano, no creas que
porque avances en madurez dejarás de luchar, porque eso nunca va a suceder.
Eso nunca va a suceder. De hecho, me llamó la atención esta frase. Alguien decía,
"Mientras más santos lleguemos a ser, menos santos nos vamos a sentir." ¿Tú
oíste eso? Mientras más santos lleguemos a ser, menos santos nos vamos a
sentir. ¿Sabes por qué? Porque mientras más santo seas, más te vas a percibir de
lo mucho que te falta para ser como Jesús. Qué paradoja, ¿verdad? Mira, mi
hermano, y quiero ser muy pastoral aquí. No interpretes esta lucha de la que
hemos estado hablando. Mira, puede ser que haya aspectos de este texto que tú
digas, "Pastor, no lo entendí." No hay problema. Pero tú entendiste que hay
pecado en ti. Tú entendiste que ese pecado va a estar ahí para siempre hasta que
te mueras. Tú entendiste que ese pecado no va a mejorar nunca y que vas a estar
en una guerra hasta que estés en la presencia de Jesús. ¿Tú entendiste eso? Está
bien, ¿es suficient? Es suficiente. Hay detalles en ese pasaje que es para romperle
la cabeza a cualquier teólogo, pero eso está clarísimo como la luz del mediodía.
Estamos en una guerra. Amén. Y ahora yo te digo pastoralmente, no interpretes
esa lucha como un síntoma de que tú no eres cristiano. Eso es lo que el quiere,
que tú digas, "Tú, ves, yo no soy creyente porque yo sigo tentado con las mismas
cosas de antes y yo también." Hay tentaciones que cuando yo me convertí, se
desaparecieron de mi vida. Hay otras tentaciones que están ahí batallando como
el primer día. Como el primer día. No interpretes esa lucha como un síntoma de
que tú no eres cristiano. No interpretes esa lucha como un síntoma de que estás
estancado espiritualmente. Mi hermano, mi hermana, el hecho de que estés en
pie de guerra contra el pecado que mora en ti y que en ocasiones te sientas
frustrado o frustrada contigo mismo, es parte de la experiencia normal de todo
cristiano, de todo cristiano. de este lado del cielo. Mira, aún el hecho de que tú te
arrepientes cuando pecas es una muestra de que eres un soldado en terreno
enemigo y no un traidor que se ha pasado al bando contrario. La vergüenza que
tú sientes por haber pecado y el pedirle a Dios perdón es una muestra de que tú
no eres un traidor, eres un soldado que en medio de la guerra fuiste
momentáneamente capturado, fuiste hecho prisionero. Ahora bien, y ya estoy
terminando. No olvides, y lo que voy a decir ahora sí que es profundo, no olvides
que Romanos 7 está antes de Romanos 8. Era profundo, ¿verdad? Miren, créame,
eso es profundo y es importante. Romanos 7 está antes de Romanos 8. Romanos
7 no nos dice todo lo que debemos saber acerca de la vida cristiana. Es un pasaje
extremadamente importante para que el cristiano se conozca a sí mismo, pero
necesitamos llegar a Romanos 8, donde Pablo nos enseña que debemos darle
muerte al pecado. Romanos 8:13. Dale muerte al pecado en dependencia del
Espíritu Santo que también more en nosotros. No es solo el pecado que mora en
nosotros. Cristo por su espíritu también mora en nosotros. Amén. ¿Quién es el
que lucha contra el pecado? Tú y yo. No, no es. Yo estoy esperando que Dios me
lo quite. No, lucha. Haced morir lo terrenal en vosotros, dice Pablo. La lucha es
tuya y es mía, pero en el poder del Espíritu Santo. Amén. Romanos 8:13. El que
por el espíritu hace morir las obras de la carne. ¿Quién es el que hace morir las
obras de la carne? El cristiano, tú y yo. ¿Cómo? En dependencia del espíritu.
Amén. Amén. Y como falta un tiempito para llegar a Romanos 8, porque me voy
para México, déjeme decirle una sola cosa. ¿Y qué significa eso en la práctica?
Bueno, acuérdate de este acróstico roca con doble A, roca. Reconoce que eres un
impotente. Reconoce que el pecado muere en ti. Reconoce que tú no puedes
pelear esta batalla en tus propias fuerzas. ¿Qué debes hacer? Ora. Ora, mi
hermano, ora. No te atrevas a salir de tu casa por la mañana cuando te levantas
sin haber buscado el rostro de Dios. que cuando estamos en nuestra mejor
condición espiritual somos demasiado débiles. Ora, ora, clama a Dios. No te
atrevas a dejar de orar. Oh, mi hermano, envía notas al cielo. Señor, ayúdame.
Ayúdame. Ayúdame. Yo no puedo con el pecado que mora en mí. reconoce, ora,
confía, confía en el Señor, confía en las promesas del Señor. Él dice en su palabra
que juntamente con la tentación da la salida, búscala y huye. Confía, actúa, no te
quedes paralizado por causa de esta guerra. No, mi hermano, actúa, actúa. Haz lo
que debes hacer como creyente. Señor, aquí estoy yo lidiando con mis hijos.
Muchas veces peco, me airo. ¿Qué haces? ¿Lo entregas en adopción? No, señor,
es una lucha ser una buena esposa. Es una lucha ser un buen esposo. ¿Te vas a
divorciar? ¿Qué haces? Actúa. Actúa confiando, orando y reconociendo que tú no
puedes por ti mismo. Y luego agradece, roca, reconoce, ora, confía, actúa,
agradece, Señor. Gracias por tu gracia, gracias por el perdón, gracias por la obra
de tu espíritu en mí. Agradece. Dios no nos ha dejado solos en esta lucha. Dios
nos ha dado todos los recursos de su gracia que necesitamos para seguir
avanzando hacia la madurez espiritual. Mis hermanos, Pablo no escribió este
pasaje para que nos acomodemos en nuestra lucha contra el pecado, sino para
que sigamos peleando hasta que la guerra termine. Y para que les apreciemos
cada vez más la salvación que ya tenemos en Cristo de pura gracia, porque ya no
hay condenación para aquellos que están en Cristo. no hay condenación, sino la
esperanza gloriosa de vivir en su presencia por los siglos de los siglos, sin más
gemido ni frustración en tu presencia. Salmo 16. Hay plenitud de gozo, delicias a
tu diestra para siempre. Mis hermanos, algún día este gemido terminará. Amén.
Esta lucha terminará para siempre. Amén. Y estaremos para siempre disfrutando
de lo que Jesús compró para nosotros a precio de su bendita sangre. Oh, que el
Señor bendiga su palabra. [Música]