Oración de Purificación
Oración de Purificación
Para aquellos momentos en que estamos desanimados, queriendo rendirnos a todo, reza esta poderosa oración, porque con
Dios, podemos superar cualquier obstáculo en nuestra vida.
¡Oh Dios, a Ti te clamo: dentro de mí hay t...
ORACIÓN DE PURIFICACIÓN
Amabilíssimo Señor Jesucristo, verdadero Dios, que del seno del eterno Padre omnipotente
fostes mandado ao mundo para absolver pecados, remir aflitos, soltar encarcerados,
congregar vagabundos, conducir a su patria a los peregrinos.
Compadeceos de los verdaderamente arrepentidos, consolad a los oprimidos y atribulados;
Dignaos, absolver y liberar a mí, criatura vuestra, de la aflicción y tribulación en que me veo,
porque vosotros recibisteis de Dios Padre Todopoderoso el género humano para que lo compréis y,
hecho hombre, prodigiosamente nos compraste el paraíso con tu precioso sangre,
estableciendo una paz completa entre los ángeles y los hombres.
Así pues, dignaos, Señor, introducir y confirmar una perfecta concordia entre yo y
mis enemigos y hacer que sobre mí resplandezca vuestra paz, gracia y misericordia,
mitigando y extinguiendo todo el odio y furor que contra mí tuvieron mis adversarios,
como practicaste con Esaú, quitándole toda la aversión que tenía contra su hermano Jacob.
stendei, Señor Jesucristo, sobre mí, criatura tuya, vuestro brazo y vuestra gracia, y
dignai-Vos livrarme de todos los que me tienen odio, como livrasteis a Abraham de las manos de
caldeus; seu filho Isaac da consumação do sacrifício; José da tirania de seus irmãos; Noé do
diluvio universal; Ló, del incendio de Sodoma; Moisés y Abraham, vuestros siervos, y el pueblo de
Israel, del poder del Faraón y de la esclavitud de Egipto;
Davi, das mãos de Saul e do gigante Golias; Suzana, do crime e testemunho falso; Judite,
del soberbio e impuro Holofernes; Daniel en la cueva de los leones; los tres jóvenes, Sidrac, Misac y
Abedênego, de la hornaza ardiente; Jonás, del vientre de la ballena; la hija de la Cananea, de la vergüenza
del demonio; Adán, de la pena del infierno; Pedro, de las olas del mar; y Pablo, de las prisiones del
cárcere.
Oh, pues, amabilísimo Señor Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, atiende también a mí
(diga su nombre), criatura vuestra, y venid con presteza en mi socorro, por vuestra
encarnación, por vuestro nacimiento, por el hambre, por la sed, por el frío, por el calor, por los
trabajos y por las aflicciones; por las salivas y bofetadas; por los azotes y la corona de espinas; por los
clavos, hiel y vinagre; por la cruel muerte que por mí padecisteis; por la lanza que traspasó
O vuestro pecho; por las siete palabras que dijiste en la cruz, en primer lugar a Dios Padre.
onipotente: “Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen”.
Después al buen ladrón que estaba convosco crucificado: “Te digo, en verdad, que hoy
estarás conmigo en el paraíso.” Luego al mismo Padre: “Eli, Eli, Lama Sabatina,” que viene a
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Después a vuestra Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”,
mostrando que cuidan de sus amigos.
Después dijiste: Tengo sed”, porque deseabas nuestra salvación y la de las almas santas que
estaban en el limbo. Dijisteis luego a vuestro Padre: “En tus manos encomiendo mi
Espíritu”. E por último exclamaste, diciendo: “Está consumado”, porque estaban
concluidos todos vuestros trabajos y dolores.
Os ruego, pues, por todas estas cosas, y por vuestra descenso al limbo, por vuestra
resurrección gloriosa, por las frecuentes consolaciones que diste a tus discípulos, por la
vuestra admirable ascensión, por la venida del Espíritu Santo, por el tremendo día del juicio, como
también por todos los beneficios que he recibido de vuestra bondad.
Tú me creaste de la nada, me redimiste, me concediste tu santa fe, me fortaleciste
contra las tentaciones del demonio y me prometiste la vida eterna.
Por todo eso, mi Redentor, mi Señor Jesús Cristo, humildemente te pido que ahora y
siempre me defendáis del maligno adversario y de todo peligro para que, después de la presente
vida, merezca disfrutar en la bienaventuranza de Su divina presencia.
Sí, mi Dios y mi Señor, ten compasión de mí, miserable criatura, en todos los
días de mi vida.
Ó Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, ten piedad de mí (di tu
nome), criatura Vossa y mandad para mi socorro a vuestro Santo Miguel Arcángel, que me
guarda y defiéndeme de todos mis enemigos carnales y espirituales, visibles e invisibles.
Y tú, Miguel, Santo arcángel de Cristo, defiéndeme en la última batalla, para que no
perecer en el tremendo juicio.
Arcángel de Cristo, San Miguel, os ruego por la gracia que merecisteis y por Nuestro Señor
Jesucristo, que me libre de todo mal y del último peligro en la última hora de la muerte.
San Miguel, San Gabriel, San Rafael y todos los demás ángeles y arcángeles de Dios, socorred
esta miserable criatura.
Ruego humildemente que me prestéis vuestro auxilio, para que ningún enemigo me
puede causar daño, tanto en el camino, como en casa, así en el agua como en el fuego, o
velando o durmiendo, o hablando o callando, tanto en la vida como en la muerte.
Aquí está la cruz † (signo de la cruz) del Señor; huid, potencias enemigas.
Venció el León de la tribu de Judá, descendiente de David. ¡Aleluya!
Salvador del mundo, sálvame.
Salvador del mundo, ayúdame.
Vosotros que por vuestro sangre y por vuestra cruz me redimisteis, salvadme y defendedme hoy y
en todo momento.
¡AGIOS O THEOS † AGIOS ISCHIROS † AGIOS ATHANATOS † TEN PIEDAD DE NOSOTROS!
Dios santo † Dios fuerte †, Dios inmortal †, ten misericordia de nosotros. Cruz de Cristo †,
sálvame. Cruz de Cristo †, protégeme. Cruz de Cristo †, defiéndeme.
En el nombre del Padre †, del Hijo † y del Espíritu Santo †. ¡Amén!