RESTAURANDO LO PROFÉTICO I
Restaurar: recuperar o recobrar. Reparar, renovar, volver a poner algo en el estado o
estimación que tenía antes. Resignificar: otorgar sentido nuevo o correcto a una
experiencia, acción, concepto o texto, especialmente a algo que antes tenía un
significado negativo, doloroso o limitante, es un proceso.
La Igle pasa por muchas etapas desde su formación, con el tiempo, aun con buenas
intenciones, se pierde el sentido de muchas cosas. Se necesita rever (Hageo) los
salmos (Selah) y conectar con la centralidad de ella.
Hc.2.17-18 DHH. Sucederá que, en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Esp
sobre toda la humanidad, los hijos/as de ustedes comunicarán mensajes proféticos,
los jóvenes tendrán visiones, los viejos tendrán sueños. También sobre mis siervos/as
derramaré mi Esp en aquellos días y comunicarán mensajes proféticos. Estos son los
postreros días. Esto es lo dicho por el profeta Joel. Postrero: último en sucesión.
Finales. Referencia a la era de la Igle hasta el retorno de Jesús.
Todo comienza con la promesa del Esp (una palabra) (Hc.1) afirmado con
obediencia, actitud y carácter de los discípulos. Una constante búsqueda, oración,
palabra, adoración, comunión. Sabían que sucedería, pero no cuando, por ende,
siempre con expectación. Claves para ese derramar. Antes reservado para líderes
específicos para una tarea puntual. Hoy, reservado para los que creen y tienen
sed de esas aguas (Jn.7.37). Esa es la impronta de la Igle. La evidencia de una
Iglesia poderosa. (Hc.2.6-12, 33). Lo profético no es para generar un movimiento
personal sino para evidencia a las naciones. Este derramar y una constante llenura:
claves para una Igle que camina en lo profético. El 1er mensaje de Pedro fue una
profecía. La profecía no se centra solo en el suceso, sino para que… trae a Cristo
como realidad. Todo lo profético nos lleva a Él.
Ap.19.10 (DHH, NBV, NTV, NVI, BLP) En el bautismo del Esp también recibimos el
testimonio de Cristo.
Testimonio: evidencia dada, ser testigo, así como las lenguas, lo profético también
es una evidencia del Esp.
1: Una Igle madura y responsable con lo profético sabe que principalmente
se trata de Jesús. No solo son declaraciones futuras, sino una persona. Restaurar
lo profético es: Jesús sé el centro de mi vida. La religión enseñó a hacer cosas
por Él, pero no para Él y con Él, hablar de Él y no con Él. Algunos dirán; en tu nombre
hicimos… pero Él dirá; no te conozco. No son los quehaceres que te hacen
conocido delante de Él, sino tu amor encendido por Él. La actitud de Marta y el
corazón de María. El llamado para restaurar la Iglesia, c/u y entender lo profético, es
volver a la esencia de quien es Cristo para mí.
2: Restaurar lo profético es pasión por la oración. Los discípulos no oraron para
vivir el derramar, sino que por la oración vivían anticipados. No eran grandes
guerreros de oración, les costaba (Mt.26.40) En el momento de mayor necesidad se
durmieron. La pregunta fue: ¿No pudieron velar conmigo una hora? No pudieron
permanecer en la oración, los evangelios dicen: cargados de tristeza (emociones)
otros, por el sueño que tenían, pero no pudieron ni una hora. Entonces, ¿Qué cambió
en ellos para ser perseverantes? 2 cosas: la revelación de Cristo y las Escrituras.
Si esto no hay esto, las oraciones serán personales, cargadas de mí. Cuando Jesús
enseñó a orar, no lo hizo desde lo ritual sino lo relacional. Una cosa es orar, y otra
es ser una persona de oración (dedicación y entendimiento) Nuestro depósito
debe estar cargado de Jesús y las Escrituras. ¿Si no conozco las Escrituras que voy a
orar y decir? Lo revelador es que no se trata de orarle a Él sino con Él. La Igle
profética camina en esto.
3: Lo profético es sustentado por la palabra y centrado en Jesús, no en el
“yo”. Antes que descendiera el Esp, ya conocían las escrituras y las profecías, esto
les daba motivos, temas para orar, enseñar, adorar y luego, profetizar: (Hc.1.2, 16,
20; 2.16, 25, 41). La B es esencialmente profética (2Pe.1.19). Al sumergirme
en ella comienza a fluir lo profético. La oración te conecta con Cristo, las
Escrituras te revelan a Cristo, la profecía te lleva a Cristo. (Lc.24.25-27)
Lo profético no está alineado a las emociones, intereses personales, pueden ser un
canal, pero la esencia es Cristo. De que sirve declararte una casa, si no está Jesús en
ella.
La restauración es afirmar la esencia: Cristo. Sin Él, lo demás no tiene sentido.
Cuando Él es todo, lo profético se vuelve sencillo, inevitable y vivencial.