Filosofía y Ética
PROGRAMA DE FORMACIÓN HUMANÍSTICA
Título del Ensayo Crítico
Falta de ética ciudadana en la crisis sanitaria del Covid-19 en Lima,
Perú
AUTOR (ES):
Cotrina Icahuate, Renso Eduardo
Hurtado Tello, Félix David
Idrogo Requejo, Jhon Engles
Rojas Lozano, Deyver Maico
Ramírez Tarrillo, Rodrigo Sebastián
Sánchez Rodríguez, Harold Rosberg
Docente:
Mgtr. Cabrera Arteaga José Wilson
MOYOBAMBA — PERÚ
(2025)
Filosofía y Ética
¿Qué tan decisivo fue el comportamiento ético de la ciudadanía para afrontar la
crisis sanitaria provocada por el Covid-19 en Lima, Perú? Esta pregunta cobra
relevancia ante el impacto que tuvo la pandemia no solo en el ámbito de la salud
pública, sino también en la configuración social y moral de la ciudadanía. En
tiempos de crisis, la ética y los valores se convierten en herramientas
fundamentales para garantizar la convivencia armónica y la protección mutua; sin
embargo, durante la pandemia, se evidenció en diversos sectores de la población
limeña una actitud marcada por el incumplimiento de las normas sanitarias, la
indiferencia hacia el bienestar colectivo y la priorización de intereses individuales,
lo cual agudizó los efectos negativos de la emergencia.
La realidad problemática que se plantea radica en la manifestación de
comportamientos antiéticos como la organización de reuniones clandestinas, la
resistencia al uso de mascarillas, la falsificación de certificados de vacunación y la
falta de respeto a las medidas de aislamiento. Estos actos no solo evidenciaron una
crisis sanitaria, sino también una crisis de responsabilidad social y de valores
cívicos. La falta de conciencia ética por parte de numerosos ciudadanos contribuyó
al aumento del número de contagios, el colapso de los servicios hospitalarios y, en
definitiva, al agravamiento de las consecuencias humanas y económicas de la
pandemia en Lima.
El presente ensayo tiene como objetivo general analizar el comportamiento
antiético de la ciudadanía peruana durante la pandemia del Covid-19 y su impacto
en la crisis sanitaria en Lima. Como objetivos específicos, se plantean: (1)
Identificar las principales conductas antiéticas presentadas por los ciudadanos en
el contexto de la pandemia; y (2) Reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la
ética cívica y los valores sociales en situaciones de crisis sanitaria.
A lo largo del ensayo, se expondrán las principales manifestaciones de
irresponsabilidad ciudadana observadas durante la emergencia sanitaria,
relacionándolas con los valores éticos fundamentales que deberían haberse
priorizado, tales como la solidaridad, la responsabilidad social y el respeto a los
derechos de los demás. Asimismo, se abordarán los efectos de dichas conductas
Filosofía y Ética
sobre la evolución de la pandemia en Lima, evidenciando la urgencia de una
educación ética más sólida y transversal en la formación ciudadana.
La importancia de abordar este tema radica en la necesidad de reflexionar
críticamente sobre el papel que cada individuo tiene dentro de la sociedad,
especialmente en contextos de vulnerabilidad extrema. Es por ello que este análisis
se justifica en la implicancia de reconocer que una sociedad ética no se construye
únicamente mediante leyes o sanciones, sino a partir del compromiso consciente
de los ciudadanos con los valores que garantizan la vida en comunidad. Por tanto,
entender las falencias éticas evidenciadas durante la pandemia en Lima permitirá
plantear estrategias de fortalecimiento del tejido moral y cívico de cara a futuras
crisis.
Filosofía y Ética
Uno de los ejemplos más visibles del comportamiento antiético de la ciudadanía
durante la pandemia fue la constante violación de las normas sanitarias impuestas
por el Estado para contener la propagación del Covid-19. A pesar de los riesgos
conocidos y de las campañas de concientización, muchas personas priorizaron sus
intereses individuales, ignorando las disposiciones gubernamentales. Esta actitud
no solo comprometió la salud propia, sino también la de los demás, revelando una
profunda falta de responsabilidad social. Cortina (2020) asegura que “la ética
ciudadana se basa en el respeto al otro y en la comprensión de que nuestras
acciones tienen consecuencias en la comunidad” (p. 15).
Esta cita evidencia que el comportamiento individual debe estar regulado por una
conciencia colectiva, especialmente en momentos de crisis. La omisión de este
principio, como ocurrió en Lima con la realización de reuniones sociales
clandestinas y el uso incorrecto de mascarillas, demuestra que muchos ciudadanos
no actuaron bajo criterios éticos. La ética, entendida como guía para la convivencia,
fue relegada en favor de decisiones egoístas que agravaron la emergencia
sanitaria. Por ende, es fundamental recordar que la libertad personal encuentra su
límite cuando pone en peligro el bienestar común.
Uno de los pilares de la convivencia ciudadana es el respeto activo por las normas,
especialmente en contextos donde está en juego la salud pública. Durante la
pandemia, la violación sistemática de las disposiciones gubernamentales —como
toques de queda, uso obligatorio de mascarillas o aforo limitado— evidenció una
crisis ética profunda. Esta situación no solo se explicó por la falta de control estatal,
sino por la escasa interiorización de las normas como compromisos colectivos. De
Sousa Santos (2020) afirma que “las reglas solo funcionan si son percibidas como
legítimas, si apelan a la responsabilidad y al sentido de comunidad” (p. 72).
Esto indica que las leyes, por sí solas, no son suficientes para generar obediencia;
necesitan estar respaldadas por una ética ciudadana que las comprenda como
parte del bienestar común. En Lima, muchos ciudadanos optaron por ignorar las
restricciones, no porque no las conocieran, sino porque no las consideraban
Filosofía y Ética
moralmente vinculantes. Esta disociación entre ley y ética debilitó gravemente la
capacidad de respuesta ante la pandemia.
La variabilidad en el razonamiento moral de los ciudadanos frente a las medidas
preventivas del COVID-19 afectó la cohesión social necesaria para enfrentar la
crisis sanitaria. Algunos individuos priorizaron el cumplimiento de las normas por
convicción ética, mientras que otros lo hicieron por obligación o conveniencia
personal. Nakazaki Granda (2023) sostiene que “algunos participantes priorizan el
cumplimiento de las medidas preventivas del COVID-19 por razones morales
orientadas al bien común, mientras que otros priorizan el cumplimiento basándose
solamente en la norma o en fines individuales”(p.2) .
Esta diversidad en las motivaciones revela la necesidad de fortalecer la educación
ética y ciudadana para fomentar una mayor responsabilidad colectiva.
Otro aspecto preocupante del comportamiento ciudadano durante la pandemia fue
la limitada práctica de la solidaridad, entendida como el compromiso activo con el
bienestar de los demás. En lugar de promover el apoyo mutuo, muchos individuos
actuaron de forma indiferente frente al sufrimiento ajeno, lo que se reflejó en
acciones como el acaparamiento de recursos sanitarios, la especulación con
productos básicos y la falta de auxilio a los sectores más vulnerables. Cortina (2020)
señala que “la pandemia ha demostrado que la solidaridad no puede ser una virtud
opcional, sino un deber ético que nos recuerda que dependemos unos de otros para
sobrevivir” (p. 19).
Este planteamiento resalta que la crisis sanitaria evidenció nuestra
interdependencia como sociedad y que la omisión de valores solidarios profundizó
los efectos negativos del virus, especialmente en poblaciones de escasos recursos.
En Lima, donde las brechas sociales ya eran amplias, la ausencia de una ética
compasiva entre los ciudadanos agravó las desigualdades en el acceso a la salud
y en la protección frente al contagio. La solidaridad, lejos de ser un acto esporádico,
Filosofía y Ética
debe constituirse como un principio fundamental de convivencia, especialmente en
situaciones de emergencia.
En ese sentido, uno de los aspectos que necesita reforzarse es la propuesta de una
ética cívica compartida como salida posible frente a futuras crisis. Durante la
pandemia, se puso en evidencia la fragmentación de los lazos sociales:
desconfianza entre ciudadanos, discriminación hacia personas contagiadas y falta
de cooperación comunitaria. Frente a este panorama, la ética cívica no solo debe
promover valores individuales, sino tejer puentes de responsabilidad y solidaridad
colectiva. Al respecto, Martha Nussbaum (2020) menciona que “las crisis deben ser
oportunidades para reconstruir los vínculos sociales sobre la base de la empatía, el
respeto y el reconocimiento mutuo” (p. 144).
Este enfoque propone que la ética ciudadana no sea un conjunto de reglas, sino
una práctica relacional, donde cada persona reconoce su rol en la protección del
otro. En el caso limeño, una ética cívica fuerte habría permitido mayor cooperación,
autocuidado y apoyo mutuo entre vecinos y comunidades, factores esenciales para
enfrentar cualquier situación de emergencia.
Las acciones individuales irresponsables no solo reflejaron una crisis ética, sino que
contribuyeron directamente a prolongar y agravar la situación sanitaria en Lima. La
sobrecarga de hospitales, el aumento de contagios y la falta de recursos para
atender a pacientes graves fueron efectos que pudieron haberse mitigado si la
ciudadanía hubiera actuado con mayor compromiso cívico. Estas consecuencias
evidencian que la ética no es una abstracción, sino una condición concreta que
influye en la vida y la muerte de las personas en contextos de emergencia. A todo
esto, Martínez Navarro (2020) expresa que “la pandemia nos debe hacer caer en
la cuenta de que somos interdependientes […] y que es urgente adoptar un
compromiso mayor en la ayuda mutua y la protección de los más vulnerables” (p.
4).
Esta afirmación refuerza la idea de que el incumplimiento de las normas sanitarias
tuvo efectos reales en la salud pública. En lugar de limitar la expansión del virus,
Filosofía y Ética
las conductas egoístas —como salir innecesariamente durante las restricciones o
evitar la vacunación— facilitaron su propagación y saturaron el sistema sanitario
limeño, dejando desprotegidos a quienes más necesitaban atención médica. Por
ello, la ética debe entenderse como una práctica concreta que salva vidas, y no
como una mera reflexión teórica o personal.
La desobediencia masiva a las medidas de prevención sanitaria no solo provocó un
aumento sostenido de contagios, sino que expuso a los profesionales de la salud y
a las instituciones médicas a una presión extrema. Esta cadena de consecuencias
refleja cómo la ausencia de una conducta ética individual tiene efectos
multiplicadores en el bienestar colectivo. En Lima, la falta de responsabilidad
ciudadana contribuyó al colapso hospitalario, a la escasez de oxígeno y a la pérdida
innecesaria de vidas. En ese sentido, Han (2021) argumenta que “la sociedad de
la positividad no sabe reaccionar ante la crisis, porque ha perdido el sentido de la
responsabilidad colectiva; cada quien se encierra en su burbuja de libertad
individual” (p. 38).
Esta afirmación pone en evidencia que uno de los principales obstáculos para
afrontar la crisis fue la mentalidad individualista dominante en nuestra sociedad.
Han critica cómo muchas personas priorizaron su comodidad personal por encima
del bien común, perdiendo de vista su responsabilidad hacia los demás. En el
contexto limeño, esto se reflejó en una falta de conciencia colectiva: ciudadanos
que ignoraron las medidas sanitarias no solo pusieron en riesgo su propia salud,
sino que contribuyeron al colapso de hospitales y a un sufrimiento social más
profundo. La cita nos invita a reflexionar sobre la necesidad de recuperar el sentido
de comunidad y de actuar no solo en función de los propios intereses, sino también
con empatía y compromiso hacia la sociedad en su conjunto.
La persistencia de comportamientos antiéticos durante la pandemia pone en
evidencia la debilidad de la formación ética en la ciudadanía limeña. Si bien el
contexto sanitario exigía acciones responsables y solidarias, muchos ciudadanos
no contaban con los principios morales interiorizados que les permitieran actuar con
Filosofía y Ética
conciencia cívica. Esto sugiere que la ética no debe ser abordada únicamente como
un discurso abstracto, sino como parte de una formación constante desde la
escuela, la familia y las instituciones sociales. Frente a esto, Pineda Sancho (2020)
expresa que “hoy más que nunca adquieren sentido palabras como empatía,
justicia, responsabilidad y bien común, valores que deben integrarse activamente
en la vida cotidiana de las personas para enfrentar crisis colectivas”. (párr. 5).
Este planteamiento resalta que, sin una ética vinculante —es decir, una ética que
no solo se conoce, sino que se practica— no es posible construir una sociedad
resiliente ante escenarios de emergencia. Fortalecer la educación en valores desde
edades tempranas, así como promover espacios de reflexión ética en la vida adulta,
son pasos esenciales para cultivar una ciudadanía que no solo respete las normas,
sino que lo haga por convicción moral y no por temor a la sanción. De esta forma,
se podrá generar una cultura de corresponsabilidad frente a desafíos sociales como
los que impuso el Covid-19.
La experiencia vivida durante la pandemia reveló que la ética ciudadana no puede
dejarse al azar, ni surgir espontáneamente en situaciones de emergencia. La falta
de preparación moral de muchos sectores de la población evidenció que sin una
educación ética constante y transversal, las normas pierden eficacia. Por ello,
educar en valores no es solo una tarea académica, sino una responsabilidad
colectiva de todos los espacios sociales: familia, escuela, medios de comunicación
y Estado. Desde ese punto de vista, Morin (2020), enfatiza que “necesitamos una
reforma del pensamiento que enseñe a enfrentar la incertidumbre, desarrollar la
responsabilidad y fortalecer el sentido de pertenencia a la humanidad” (p. 53).
Esta cita enfatiza la necesidad de formar ciudadanos capaces de pensar
críticamente y actuar con compromiso colectivo, especialmente en escenarios
impredecibles como una pandemia. La ética debe ser concebida no solo como una
guía de comportamiento, sino como una herramienta intelectual y emocional para
vivir en sociedad. Solo mediante una formación ética sólida se podrá evitar que la
desinformación, el miedo o el egoísmo prevalezcan ante el deber cívico y la
solidaridad.
Filosofía y Ética
En conclusión, la pandemia del Covid-19 en Lima puso en evidencia la fragilidad de
la ética ciudadana frente a una crisis sanitaria nunca antes vista. A lo largo del
ensayo se abordó temas cómo la falta de responsabilidad individual y colectiva, el
incumplimiento de las normas sanitarias y la ausencia de solidaridad agudizaron
los efectos de la emergencia, provocando un colapso en los sistemas de salud y
aumentando la vulnerabilidad de los sectores más desprotegidos. Esta situación
puso al descubierto que no basta con imponer medidas legales o sanitarias si no
existe una base ética interiorizada por la ciudadanía que sustente dichas acciones.
Asimismo, se analizó cómo la débil interiorización de valores como la empatía, el
respeto al otro, el bien común y la cooperación socavó la eficacia de las políticas
públicas y debilitó la cohesión social necesaria para enfrentar la crisis. Las actitudes
individuales, muchas veces guiadas por el egoísmo o el miedo, reflejaron un déficit
en la formación ética de largo plazo que compromete no solo el presente, sino
también la capacidad de respuesta ante futuras emergencias.
Frente a este panorama, se concluye que resulta urgente fortalecer la ética cívica
a través de una formación transversal y continua que involucre a la familia, la
escuela, los medios de comunicación y las instituciones estatales. La ética debe
dejar de ser una reflexión abstracta para convertirse en una práctica concreta de
vida cotidiana, capaz de orientar nuestras decisiones incluso en escenarios de
incertidumbre y riesgo.
Por ello, se recomienda diseñar e implementar políticas públicas orientadas a la
educación en valores desde edades tempranas, así como fomentar espacios de
diálogo y reflexión ética en todos los niveles de la sociedad. Solo formando
ciudadanos con conciencia moral activa será posible construir una sociedad más
justa, solidaria y resiliente, preparada no solo para obedecer normas, sino para
actuar con responsabilidad y compromiso con el bien común.
Filosofía y Ética
Referencias
Cortina, A. (2020). Ética cosmopolita: Una apuesta por la cordura en tiempos de
pandemia.Paidós.https://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/
download/1213/1381/1756
De Sousa Santos, B. (2020). La cruel pedagogía del virus.
CLACSO.https://www.clacso.org/la-cruel-pedagogia-del-virus/
Nakazaki, S., (2023). Razonamiento moral acerca de las medidas preventivas del
COVID-19 en adultos de Lima Metropolitana [Pontificia Universidad
Católica del Perú]. http://hdl.handle.net/20.500.12404/24428
Nussbaum, M. (2020). La monarquía del miedo. Paidós.
https://hdl.handle.net/11441/142023
Martínez Navarro, E. (2020). Entrevista en “La ética y los valores en tiempos de
crisis: el rol de las instituciones y de la ciudadanía”, Acontecer
UNED.http://www.emiliomartinez.net/pdf/2020-03-30-etica-y-valores-
tiempos-crisis.pdf
Han, B. C. (2021). La sociedad paliativa. Herder, 90 pp. Bordón. Revista De
Pedagogía, 74(1), 185–186. Recuperado a partir de
https://recyt.fecyt.es/index.php/BORDON/article/view/92273
Morin, E. (2020). Cambiar las ideas, cambiar el mundo.
Gedisa.https://www.redalyc.org/pdf/676/67612145012.pdf