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TITULO: ¿De qué manera podemos forjar un nuevo humanismo democrático que, a la vez,

integre de forma ética los avances transhumanistas y la inteligencia artificial para fortalecer
la participación ciudadana y reducir las desigualdades en el siglo XXI?

HECHO POR: Mariana García - Juan Manuel Clavijo

INTRODUCCIÓN:

En un par de clases, hemos estado examinando a profundo diversos temas como el


transhumanismo; que es la “ciencia” que busca mejorar la capacidad humana a través de la
tecnología, el poshumanismo; término que hace referencia a anular al ser humano, significa
“después del humano”, y la singuralidad; Ciencia que busca que hombre y maquina sean lo
mismo. Hemos visto demasiados ejemplos de lo mismo, videos donde nos cuentan acerca
del “Neuralink”, o el hombre que se implanta una oreja en el brazo con el fin de “escuchar
mejor”. Sin embargo, teniendo en cuenta, la primera lectura realizada quien planteaba la
necesidad de un nuevo humanismo y las contradicciones sociales que existen dado al
capitalismo.

Por lo anterior hemos llegado a una cuestión que en lo personal nos ha surgido
desde el inicio ¿Cómo forjar un nuevo humanismo que integre los avances del
transhumanismo, la Inteligencia Artificial que vino para quedarse, fortalecer la
participación ciudadana y reducir desigualdades en la actualidad? Más al tener en cuenta
que hay otra problemática a fondo y el cómo el capitalismo desenfrenado ha subordinado la
democracia a la lógica económica, esto fundamentando desigualdad.

Para llegar a encontrar las respuestas primero daremos una pequeña reseña y
opinión de los capítulos tratados en clase (explicados en la introducción) y explicaremos
como todo esto se une, proponiendo una solución desde cada uno de los mismos para dar
respuesta a nuestra pregunta problema.

Capitulo 4. “La necesidad de un nuevo humanismo: contradicciones de la


democracia en el contexto del capitalismo”
En el capítulo 4 se analizan las tensiones que han existido entre el sistema
democrático actual y el modelo capitalista globalizado, donde se plantea que a pesar de que
el discurso promueva la igualdad y los derechos humanos, a la hora de la practicidad el
capitalismo extremo ha fortalecido la desigualdad social, debilitando la autoridad de los
estados y fortaleciendo la acumulación de riqueza en pocas personas. Además la
privatización y el control social han aumentado la crisis de confianza en las instituciones
democráticas, lo que afecta directamente el bienestar de la mayoría de las personas.

Luego de contextualizar sobre la problemática, en el capítulo se propone construir


un nuevo humanismo, donde la persona humana y el bien común sean el centro de atención,
buscando contrarrestar la lógica del mercado que deshumaniza varios aspectos de la vida
social, e impulsar valores como solidaridad y empatía. Este capitulo llama a modificar el
modelo actual de la sociedad, con el fin de reconstruirla y disminuir las dinámicas de
exclusión y desigualdad.

Transhumanismo: nuevas posibilidades de ser humano

En el texto se analiza el concepto de transhumanismo como una evolución positiva


del humanismo clásico, donde se enfoca en como la tecnología puede mejorar al ser
humano, sin reemplazarlo, donde el transhumanismo busca superar las limitaciones
biológicas del ser humano, con avances de genética y cibernética, manteniendo al ser
humano, diferenciándolo del poshumanismo, ya que este si plantea abandonar el modelo
humanista. A lo largo del desarrollo se presentan diferencias tanto históricas como
filosóficas, ya que la idea de transformar al ser humano viene desde el renacimiento hasta la
actualidad.

Por otro lado, se mencionan ejemplos claros que ya están ocurriendo actualmente,
resaltan avances como las prótesis inteligentes y los marcapasos, demostrando que ya no
algo ficticio o que este lejano, es una realidad que representa una posibilidad para el
desarrollo de la humanidad.

La inteligencia artificial no es la ciencia del futuro, sino la ciencia de nuestro


pasado y presente
En este capitulo se realiza una reflexión sobre cómo la inteligencia artificial (IA)
tiene raíces profundas en los desarrollos científicos de mediados del siglo XX, donde nació
la cibernética debido a el trabajo de Norbert Wiener, ya que se establece una visión de la
comunicación y el control de animales o maquinas, rompiendo el antropocentrismo
tradicional. La clave fundamental para entender como funcionan los organismos vivos y los
sistemas artificiales es el feedback o retroalimentación, indicando que la IA no es algo
reciente sino que es el resultado de un largo proceso científico.

También se explica como los avances ya mencionados fueron los fundamentos de la


Inteligencia Artificial moderna, mostrando el avance entre el ser humano y la maquina en
cuanto a su interacción, que se basa en un proceso de comunicación y procesamiento de
información, entendiendo a la IA no como una amenaza futura sino como una parte activa
de la historia y el presente. Avanzando en proyectos como blue brain Project, el cual es un
mapeo digital del ser humano, mostrando toda su estructura. Lo que nos invita a reflexionar
sobre el impacto social de la IA en el mundo contemporáneo buscando que la tecnología
tenga un desarrollo en el ser humano para bien.

DESARROLLO:

Vivimos una era de profundas tensiones: por un lado, un capitalismo globalizado


que erosiona la confianza ciudadana y convierte la democracia en una “democracia
delegativa” al servicio de intereses particulares; por otro, avances biotecnológicos y de
inteligencia artificial que prometen mejorar la especie humana, pero también despiertan
temores apocalípticos. ¿Cómo integrar ambas dimensiones la político-social y la
neurociencia para reencauzar nuestras instituciones y nuestra condición humana hacia un
horizonte de dignidad, solidaridad y responsabilidad?

En sí, darle respuesta a esto es algo un poco complejo puesto que se debe asumir
que el ser humano desde sus inicios ha sido un ser en constante evolución, puesto que como
lo dijo Darwin en su Teoría de la Evolución, las especies cambian con el tiempo, las
nuevas especies provienen de especies preexistentes y todas las especies comparten un
ancestro común. Esta perspectiva nos invita a considerar que la "naturaleza" del ser humano
no es un punto fijo, sino un proceso dinámico moldeado por la selección natural y la
adaptación a entornos cambiantes. Lo que nos lleva a las siguientes preguntas ¿Si hablamos
de adaptación pensaríamos directamente en el transhumanismo? ¿El transhumanismo al ser
algo hecho por el ser humano y no por la naturaleza es considerado como evolución y
adaptación?

¿Si hablamos de adaptación pensaríamos directamente en el transhumanismo?

No necesariamente. Cuando hablamos de adaptación solemos referirnos al modo en


que los seres vivos cambian para sobrevivir en su entorno: un ave que desarrolla mayor
envergadura para planear en vientos fuertes o una planta que tolera suelos pobres. El
transhumanismo, en cambio, es una propuesta deliberada de usar herramientas tecnológicas
(terapias génicas, prótesis avanzadas, interfaces cerebro-computadora) para “mejorar”
capacidades humanas más allá de lo que dicta la selección natural.

¿El transhumanismo, al ser algo hecho por el ser humano y no por la naturaleza, es
considerado como evolución y adaptación?

Aquí se cruzan dos conceptos cruciales:

 Evolución: Suele entenderse como el conjunto de cambios heredables que se


acumulan en las poblaciones con el paso del tiempo, impulsados por mutaciones al
azar y presión selectiva.
 Adaptación: Es el resultado de ese proceso que favorece rasgos útiles en un
contexto dado.

En el caso del transhumanismo, hablamos más bien de “mejora dirigida”ya que los
propios investigadores eligen qué “rasgos” o “dimensiones” del ser humano potenciar,
modificar o mejorar (mayor resistencia, memoria aumentada, etc.) y aplican biotecnología o
neurociencia para lograrlo.

Ahora, desde un punto de vista amplio, podría considerarse una forma nueva de
evolución: ya no queda al azar de la naturaleza, sino a nuestra propia voluntad y ética. Pero
no es adaptación natural, porque no surge como respuesta natural u orgánica al medio,
sino como respuesta tecnológica a fines humanos (salud, rendimiento, longevidad). En otras
palabras, el transhumanismo es más un complemento de nuestra evolución que su
reemplazo. Nos sitúa en un escenario donde la biología y la tecnología conviven; lo que
hace “evolucionar” nuestro cuerpo y mente según criterios previamente diseñados, no solo
según la genética. De este modo, se abre la posibilidad de adaptarnos a un futuro en el que
decidimos nosotros mismos cómo queremos cambiar.

Teniendo estas dos respuestas anteriores, es más fácil darle respuesta a la siguiente:
¿Cómo integrar ambas dimensiones la político-social y la neurociencia para reencauzar
nuestras instituciones y nuestra condición ACTUAL humana hacia un horizonte de
dignidad, solidaridad y responsabilidad?

Para esto ofrecemos una serie de propuestas con el fin de dar solución a nuestra
pregunta:

1. Reinventar la participación más allá del trámite electoral: La última vez que
revisé las cifras de abstención me sorprendió descubrir que en varias elecciones de
mi región casi la mitad del padrón no vota. Y no por desinterés, sino por la
sensación de que “mi voto no cambia nada”. Para recuperar ese vínculo roto, hace
falta transformar las urnas en espacios de diálogo continuo: plataformas
comunitarias donde vecinos propongan, debatan y evalúen políticas locales en
tiempo real. No es una idea democrática idealizada; he visto en un barrio cercano
cómo un foro presencial–virtual redujo las quejas de alumbrado público en un 70 %.

2. Transhumanismo con propósito social: Cuando hablo de transhumanismo, no


pienso en cyborgs de ciencia ficción. Más bien imagino apoyos biotecnológicos
para quienes perdieron un miembro o para personas con enfermedades graves:
prótesis controladas por el cerebro, terapias génicas que regresen la vista, etc. Pero
cuidado: si esos beneficios quedan en manos de quien pueda pagar cifras
estratosféricas, solo profundizaremos la brecha. Propongo un fondo mixto —
público y privado— que subvencione investigaciones y distribuya resultados en la
salud pública, tal como funcionan algunas vacunas. Así, la idea de “mejorar al
humano” se convierte en un derecho, no en un privilegio.
3. Inteligencia artificial al servicio de todos: Al cajero automático le agregaría un
«modo humano»: un botón para asistencia en vivo, con operadores reales, y un
panel de sugerencias anónimo para pulir errores frecuentes. Esa pequeña medida,
sencilla de implementar, humaniza una tecnología que suele sentirse ajena. A gran
escala, gobiernos y empresas deben adoptar algoritmos transparentes explicables
paso a paso y someterlos a auditorías ciudadanas. En un municipio vecino, un
ejercicio piloto de revisión abierta del software que asigna cupos escolares redujo
las reclamaciones en un 60 %.

Conclusión.

Podemos concluir que la integración entre los avances tecnológicos, como el


transhumanismo y la inteligencia artificial, y los retos político-sociales que enfrentamos
hoy, requieren una reflexión profunda sobre la sociedad que queremos construir, el objetivo
no es rechazar el progreso ni aceptar ciegamente cualquier innovación sino tener la certeza
que los desarrollos científicos están a disposición de la humanidad y del fortalecimiento de
los lazos sociales. Identificando la gran oportunidad de que la evolución del ser humano
ahora también es dirigida por su voluntad tecnológica, y que, a pesar de esta gran
oportunidad, vienen con ella una gran responsabilidad ética.

Así mismo es importante resaltar que los pilares fundamentales del nuevo
humanismo deben ser la participación ciudadana y la reducción de las desigualdades,
debido a que, si se dejan los avances de la tecnológica en las manos de unos pocos,
estaremos profundizando más en la exclusión y la fragmentación social, volviéndose
necesario pensar en plataformas que permitan la participación activa de las personas en las
decisiones que afectan su vida cotidiana.

Finalmente hay que saber que forjar un nuevo humanismo no es algo teórico o
supuesto, debe ser un proceso practico, donde reconozcamos que la ciencia, la política y la
ética no pueden caminar por rutas separadas, sino que se deben unir las tres para que, al
momento de una propuesta de mejoramiento para la humanidad, sea guiada por principios
básicos como la equidad y el respeto, apostando a una sociedad más justa y consciente.

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