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revolución de mayo, clases populares
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Magdalena Candioti
Una historia de la
emancipacion
negra
Esclavitud y abolicin
en la Argentina1. Esclavitud y revolucién:
una agenda para Ia abolicién
ESCLAVITUD EN LAS POSTRIMERIAS
DEL ORDEN COLONIAL
¢Cudntos africanos esclavizados arribaron al Rio de la
Plata? gDesde cudndo lo hicieron, y de qué modos? ¢Cémo fue
regulada su vida? Entre 1501 y 1866 cerca de 12.500 000 africans
fueron capturados, trasladados a las Américas, rebautizados y ven-
didos coma esclavos. De acuerdo con la Base de Datos sobre Trafico
Esclavista, entre los afios 1649 y 1835 arribaron 67 242 csclavos al
Rio de la Plata.” Sin embargo, esa cifra est4 lejos de estar com-
pleta, Al cruzar fuentes diversas, es posible ganar en precisién y
ampliar esa cifra de modo sustantivo. Al menos dos investigaciones
han contribuido a ell. Kara Schultz, por un lado, reconstruyé el
arribo a Buenos Aires entre 1587 y 1640 de unos 273 viajes esclavis-
tas con los cuales habrian ingresado ilegalmente unos 34 000 afri-
anos, El mecanismo utilizado para este lipo de contrabando fue
la “arribada forzosa" incluso el abandono de la “carga” en playas
alejadas del puerto. En su mayorfa, los viajes eran organizadlos por
comerciantes portugueses, articulados en amplias redes interimpe-
riales." Por otro lado, Alex Borucki reconstruys los viajes esclavis-
tas transatldnticos € interamericanos, y demostré que, entre 1770
y 1812, Hegaron a los puerios de Buenos Aires y Montevideo mis
de 70 000 personas esclavizadas, unas 2000 al aiio."* Pero tampo-
co Ja suma de estos recuentos es definitiva, En un trabajo recien«
te, Borucki unificé los c4lculos mencionados, realizé una nueva
reconstruccién de trifico ilegal y agregé los ingresos de esclavos
por Ia Cotonia del Sacramento (por entonces dependencia de la
Corona portuguesa, pero enclave decisive para la introduccién de26 UNA HISTORIA DE LAE MANCIPACION NEGRA
cautivosa la Sudamérica hispana) De este modo, el y Ota cg
do del trifico esclavista por la region rioplatense, a jg tage
doscientos cincuenta anos, ascenderiaa mas de 209 000 de ly
Parte de estos viajes arvibaba direetamente de Ajyy As
siglos XVI y XVII los barces provenian de los Puertos de
y en el XVIU, por lo general de Mozambique, en ¢ baal
‘Africa. Sin embargo, la mayor parte del trifico (entre ey, &
‘e1 80%) era realizado en barcos que antes hacian Paradag ay
gicas de reabastecimiento en puertos brasilefios, don, ag,
a
ode tabi
podian desembarcar y reembarcar esclavos de distintas Proc:
cias, Los barcos que llegaban desde Rio de Janeiro Solfan
car cautivos que habian sido embareados en Luanda y pen
principales puertos de Angola adonde Hegaban luego de is
sido capturados en el interior de la region, Las embarcag,
procedentes de Salvador comerciaban eselavos traficados Pring
palmente desde la bahia de Benin.”
Buenos Aires, en un primer momento, y Montevideo, desde,
fundacién (en 1726), fueron puertas de ingreso desde la gt
irradi6 el trifico de personas a todo el espacio Fioplatense y ng
alla, Las rutas internas lleva! hacia el Noreste, Pasando per
Santa Fe y Corrientes, hasta Asuncién. La ciudad de Cérdoba fe
un centro de redistribucién importante de este mercado end
que se involucraron todas las élites y las ciudades importantes &
la €poca."* Desde alli, se comercializaban esclavos Y tras merean-
cias hacia el Noroeste con rumbo al Alto Pert, Potosi e inclu
Lima. Owras partidas se orientaban hacia Cuyo y la capitania &
Chile. Como resultado de esos “pases finales”, de esa redistiby
cién interna de personas esclavizadas, la presencia de afticanosy
afrodescendientes fue importante en toda la region.
Reconstruir la dimensién de esa presencia para todo el Rio &
Ja Plata en e] momento de la revolucién es complejo, porqve
fuentes protoestadisticas conservadas son fragmentarias y disint
les. Padrones, censos, visitas de obispos, registros parroquias}
notariales no utilizaban la misma grilla o lenguaje étnicoracil
Las categorias utilizadas eran desiguales y los criterios de lose
sistas también Jo eran. Las etiquetas mas frecuentes eran: neg
morenos, zambos, mulatos, mestizos, pardos, chinos ¢ indios. Peopeste modo, €l total con
pe Foplatense, alo largo de lo,
a eriaamscde 200 000 persona.
anaeemectamente de Attica. En fog
itaPmventan de 108 pUuELOS de Angoly
1 Pe Mozambique, en el sudeste de
5 Np BT ce dl tfico (entre 1776 1819,
ent BTN que antes acian paradas estraté,
Fa a en puerto brasilefios, donde tambiéy
de ees rcar esclavos de distintas proceden.
Bern acerbic Ne Rio de Janciro solfan traf.
oe se brads en Luanda y Benguela,
coransorgu abn a donde Hegaban luego de haber
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sce ar comer iaban esclavos traficados prin
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Pie et y Montevideo, desde su
ae «a 1735), fueron puertas de ingreso desde las que se
inti el wdico de personas a todo el espacio rioplatense y mas
if Las rts terns llevaban hacia el Noreste, pasando por
‘sau Fey Corrientes, hasta Asuncién. La ciudad de Cérdoba fue
un centro de rediaribucién importante de este mercado en el
‘gee involurraron todas las élites y las ciudades importantes de
lnquea" Desde als comercializaban esclavos y otras mercan-
«das taca dl Noroeste con rumbo al Alto Peni, Potosi ¢ incluso
‘ima Ounspantitas se erientaban hacia Cuyo y la capitanfa de
Chile Como reautado de esos “pases finales”, de esa redistribu-
aL & peronasesclaviradas, la presencia de africanos y
rencdesieinporanie en toda la regiGn.
as end mega de esa presencia para todo el Rio de
enn sento de la revclucién es complejo, porque ns
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A tibia era enn o°siBUales y los criterios de Ios ¢€0
Ss lage lett ms frecuentes eran: NeEFOS
‘stitos, pardos, chinos ¢ indios. Pero
pe
UD Y KEVOLUGION 27
ESCLAN
no eran constantes ni tenian los mismos sentidas en cada ocasiGn.
Estas variadas etiquetas denotaban un mundo popular de colores y
mezclas diversos, irreductibles a divisién entre “repiiblica de espa-
fioles” ni ala “replica de indios” que la Corona habia imaginado
perfectamente separadas, Sin un marco corporativo propio, mula-
tos, zambos y pardos no dejaron de estar sujetos a pricticas de mar
cacién, de subalternizacién y, a veces, de segregaciGn. Ellos eran él
cemento de las “eastas", grupos mestizados de diversas formas que
tanto censistas como pirrocos, policiasy escribanos intentaban ¢la-
sificar y encuadrar en su trabajo cotidiano.
en
2 Ssh
:
‘Figura L1. Padron del cuartel n’ 8, 1816, AGE
Documentos Varion, (35,43,
La poblaci6n afrodescendiente y afromestiza libre, en particular,
residia tanto en el espacio urbano como en el rural, En algunas
ciudades o provincias solo pucde inferirse la presencia de africa-
nos y sus descendientes por el registro de su condicién juridica
(esclavizado, liberto 0 libre).
‘Sin embargo, al cruzar los datos que surgen de las reconstruc:
ciones realizadas por diversos historiadores podemos saber que,
entre fines del periodo virreinal y los primeros aiios de indepen-ANCIPACION NEGRA,
acid alricama, ¥ sobre tox,
en las distintay tg
as ia
risa, Cue stastany
A 80% de Li poblacign qa
" accion ie,
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res era Hegre a gaa y cast C1 29% 10-614 aca Ingy ss
res snes cle 1SEG 22
dad de Santa FE entre fines de ERIC y I8I7 mas det 5g 8
eo "consierada “pardt © morena" (indluidg
un 9,
poblacion
dle ndige™s
el 13% de tos be
Fecien hay datos pa
ellos, el indice Nega at gg«
82%),
as y chines: sin
an esclavos.! py p.
En Pay
abiques de la ciudad c
1820 y en 1824 casi el 25% era mee
dle color, mientras que i cantidad registraela de eselavizage”
«2 Corrientes S€ destaca como la provincia donde a
as fueron clasif aclas como pardas y morenas. Fy, ne
n 81% en ist yun 9% en 1820. La menor presencia los er,
emente se debia a la disponibilidad de ty
cautiva de facto de origen indigena, Me
estudiada en térmiay
person
un
morena probabl
ntiva 0
ie Cordoba, quiz
sible reconstruir el volumen de la poblaci
enclavizacla (no de color). En 1813 representaba el 8.47% ne
el 5.12% y em 1840, e1 1.399%." Si se distingue cinis
de campaiia, es posible resaltar que la poblacién esclava uray
representaba a 1 20% det total, mientras que en la campaiar,
presentaba un 6,77%. En términos absolutes, sin embargo, lose
clavos en el medio rural tiplicaban los residentes en la ciudad’
En la provincia de Catamarca en 1812 casi el 20% de la por
cién fue clasificado como negro, mulato o zambo; un 3% mesin
ye 37% como indio2%En ese atio, en 1a ciudad de Catamara
poblaci n esclavizada representaba el 15 3% del total. En 184e
La Rioja se contabilizarfa un 43,29 de “gente de color” y un 76%
de poblacién eselavizada.”’ En Tucumian, en 1812 “la composici
de 40% espaitoles, 3% #
obra senuc
En la provincia d
demogrificos, € P'
étnica segin la fuente censal seri
dios, 14% esclavos, 5% castas libres y 179 sin datos’ 8 En Gla
el conjunto total de esclavos representaba Ta cuarta parte deb
rach i
En Jujuy, la poblacién de colore
n negra y He
Mendost
pve
poblaci6n de la ciudad.
en 1812 y el 24% en 1824, En Cuyo, la poblaciér
particularmente en
San Juan ert det
sistematizad soli
tiza tenfa un peso de relevancia
donde en 1812 representaba el 33%. En
yen San Luis del 9%.” No hay informacién
alFSCLAVITUD Y REVOLUCION. 29
Ia poblacidn de Santiago del Estero a comienzos del siglo XIX
ro en el censo de 1778 se registraba un 15% de “espaitoles
un 31% de “indios”, un 50% de “negros, zambos y ribet liteos
yun 4% dle “esclavos"." Al leer estas cifras es clave tener presente
seanicter ambiguo de algunas categorias (como zambos y mula-
a fin de no subestimar la enorme presencia indigena, espe-
tos),
cialmente en el noroeste del pais.*"
El ingreso de africanos esclavizados, sostenido durante casi tres-
cientos aiios, tuyo un claro impacto en la configuracién demogré-
fica y social del Rio de la Plata.
La experiencia de la esclavitud variaba ampliamente entre pro-
sincias, asf como entre ciudades y campaia, En el ambito urbano,
las ocupaciones de los esclavizados estaban determinadas por el
Las mujeres eran lavanderas, cocineras, planchadoras,
amas de leche. Los varones trabajaban en
género.
costureras, nifieras,
talleres de zapateros, panaderos, plateros, earpinteros, herreros,
castres, barberos; o bien eran albaiiiles, fabricantes de velas, de
sombreros, de jabones, carniceros, acarreadores, calafateros, pul-
entre otros rubros. Tanto varones como mujeres podfan ser
alquilados como trabajadores temporarios para otras personas,
ser vendedores ambulantes, empleados domésticos, trabajadores
en [as quintas urbanas o acompafiantes de las amas a misas 0 en Vi
sitas.” En este sentido, algunos historiadores destacan que tener
esclavos era también un indicador de estatus y por ende cumplian
una “funcién estética” u ornamental.
En Ja campafia predominaban los esclavizados varones, con
excepcién de las estancias de la Compaiiia de Jestis donde, has-
ta la expulsién de Ja orden, se preservaba un relativo equilibrio
de género que buscaba favorecer la constitucin de matrimonios
Y familias." En el resto de las estancias, el trabajo cautivo no se
daha bajo una estructura de plantacién (esto ¢s, en unidades de
Produccién agricola con decenas o cientos de trabajadores cau-
ae oe vigilados y disciplinados, que se alimentaban,
tain fe revival juntos). Los esclavos rurales rioplatenses
feat ae movilidad y su valor estratégico consistia eit ser la
des contin estable en establecimientos que no requerian gran-
igentes de trabajadores permanentes.*®
peros,gO UNA HISTORIA DE LA EMANCIPAGION NEGRA
de las
rvicis
nes sf
no
Por lo general, en las cindades, si bien la ctispide
podia tener importantes cantidades de a su se
pero quie
i n grandes jetarios pa ares x
predominaban grandes propictarios paces Fe dos er
concentraban decenas y, a veces, contenntes OF
franciscanos ¥
domini-
bajo excravo el
jaso de las
ue propiedacdes urbanasy rurates: ELON mis ne dia.
Tancias jesuitas es quizd el mas parsda coy el is enfat) de
2 : i los esclaviza
En el mundo hispanoamericanes d a aus
recho a comprar su libertad ¥ recibirla agatutament tee
ee conan anoiactn Pee hi De are
en la pen a as Américas pOrtusul™ © higppant. G2 EEE
seo ncaa poblacion parda yanorensa HDTE mencionada, que
aes ic antes de la cra de las revolucioncs.”
Ademas de poder as! Jamanumision, las personas esclavi-
‘cl mundo hispano tenian ‘el derecho a cambiar de amo
(lo que implicaba recibir “papel de venta”); a ser vendidas 0 au-
tocompradas por un “justo precio”; a no ser objeto de castigos
recibir alimento, techo y vestimenta; a casarse y hacer
ccs evidable” Esta serie de derechos era conocida e invocada
con suerte dispar por esclavas Y esclavos."* Existian regulaciones
regias que los estipulaban, doctrinas juridicas que los respald:
ban, presiones de la Iglesia para promover algunos de ell =
costumbres establecidas que amparaban su vigencia y u: wie
neris, Todo ello no siempre bastaba para hacerlo: q aaeree
I gitedliel ie boeslra derdBsieacere-comipllcado ee
se a los mandatos sefioriales, y llegar a la j tee
dificil y costoso. Si acaso los esclavos al eee epedsnemlas
ba fuera ante jueces de paz, alcalde CLO ee
inten dente o virey), a les del Cabildo, gobernador
miembros de la élite,
lo que estimaban
de Ia letra de Ia |
josas. Jesuitas, betlemita
Jas 6rdenes reli
ny util
coycompraban, heredaban, vendian
pobl
afioa aio, desc
pirara
se expand
aadas €
excesivo
a encontrarse con magistrados legos,
Tis aa fenfan el mandato de detsninat
‘okie ‘aso particular y podian apartarse
costumbres, No habia retultadas gra ae. nontoatidl
ntizados. A pesar de cello, el
hecho d
¢ que esclayi:
d ‘izados
Tan recurriendo a los y sectores populares en general siguic¢-
tina . tribunales indi,
causa perdida,’8 les indica que no lo considerabanESCLAVITUD ¥ REVOLUCION 1
Fste panorama de la esclavitud se verfa sacudido desde 1810
por un cambio politico que lo afectaria como ningtin suceso pre-
vio, No es que antes no hubiera habido cambios. Se habia crea-
do un virreinato, intendencias, se habfan producido invasiones
y se habfa instalado un breve gobierno britinico; pero esos he-
chos no habjan variado con profundidad las condiciones de vida
ni las expectativas de los esclavizados. El cambio que se inicié
sconocimiento de las autoridades peninsulares y con
con el di
la instalaci6n de un gobierno criollo abrirfa nuevas promesas y
nuevos horizontes.
¢Transformaria la revolucién los derechos, el lugar de los esclavi-
zados en la sociedad y sus posibilidades de libertad? ¢Modificaria la
consideracién étnico-racial de las personas? Prometeria discutir los
presupuestos sobre los que se estructuraba la esclavitud? ;Generarfa
entre los esclavizados rioplatenses expectativas en ese sentido?
Comencemos por ahora a desandar las promesas de la revolucién
iniciada en ese momento y sus politicas con respecto a la esclavitud,
LA METAFORA ESCLAVISTA EN EL DISCURSO
REVOLUGIONARIO DE MAYO
Luego de desconocer y reemplazar a las autoridades peninsulares,
las élites revolucionarias comenzaron a utilizar profusamente el
concepto de “esclavitud” como metafora para denunciar la situa-
in de sujecién politica del Rio de la Plataa la Corona espanola,
Ante la invasién napoleénica a la Peninsula Ibérica y la vacancia
regia, el movimiento juntista espanol habia hecho una relectura
del pasado interpretando el fortalecimiento de la autoridad del
monarca (el regalismo y el absolutismo) como un reciente pro-
ceso despético de avance sobre las libertades originarias de los
pueblos y de sus instancias de participacién,
Una vez adoptado en tierras americanas, ese enfoque retros-
pectivo habilité que los criollos “descubrieran” la existencia de
tres siglos de opresién colonial.” La interpretacion de la sujecién
ala Corona en términos de esclavitud Ilev6 a los criollos sudameri-SION NEGRA,
ANGI
ja masTonta DEES MAI
t
se
a los pueblos indigenas en tanto hijos ai
‘i imi Ute,
i tinente, ilegitimamente opt imidos por esa Menage
ee * inclusién retorica de los indi; 0
si cl etorica de los indigenas ay. .
ela inclusion re genasapan
Los indiciosde lai parec
ones de la Junta Provisional Guy,
< primeras dec de la J :
ni Buenos Aires. E18 de junio de 1810, 1a Primeraje’
Jos “oficiales naturales Indios” se unicran a jos jy
Jos “indios” debian dejar de seriz -.
pasar a hacerlo junto a los
ong
decidio que |
egpaioles. Es decits
ny
ones segregados Y F palit
Manuel Belgrano ~en mision al par,
nes
baal
‘nos meses mids tarde,
Unos meses mis € i
adhesién de sti Cabildo, su gobierno y sy puny
sara fograr Ia } f
A la nueva autoridad criolla- escribiria cartas a las 2utoridades
dos proclamas. En la primera de ellas, dirigida a los “nobles ¢,
les y leales paraguayos”, expresé la disposicion de la Junta a4,
bertaros de la opresién en que os tienen y restituiros a et,
derechos, a fin de que logréis la tranquilidad, el sosiego y goce ,
vuestros bienes”.” En la proclama a “los naturales de los putts
de misiones", que hizo traducir al guarani,® afirmé que la Jazz
lo habia enviado para “restituiros vuestros derechos de liberud
propiedad y seguridad de que habéis estado privados por tnx:
generaciones, sirviendo como esclavos”.“*
Como Silvia Ratto ha demostrado, estos tempranos discursos
loindigenistas” y los intentos pragmaticos de hacer de los indigers
“cudadanos” coexistieron con “la persistencia de la tradiciéa
Jonial fundada en el Derecho de Gentes que hacia hincapié en
concepcién de naciones separadas y soberanas”.” En estos prité
Fos meses de revolucién, se reivindicaba una mayor consideraci*
social para los indigenas en nombre del rey cautivo y la unidad
Wireinato. Ya no serfa asf en 1811, cuando el representante polio”
mee ne Peni, Juan José Castelli, redact6 su i
nicl Flues del Peru. En ella -y ya en plena a
gallo” y de las fas am a los indigenas anos “vic
del virrey Hispano Gane de instruccién, honores : host
“nacidos en el mism, Sect inerpel lol tnaigenas oman
% hallaba slormentado re ‘comenzabasu arengaeses ié
niente”, Bn hombre ig por fa Imagen de vyuestrat dee
Wiotas, és iblaie “6 esa solidaridad de coterra nes? 7 ido wi?
MDa: “No es verdad que siempwv habés
woFSCLAVITUD ¥ REVOLUCION $3
como esclaves, y tratados con el mayor ultraje?”. Asi, coincidia con
Belgrano cuando les aseguraba que el gobierno que representaba
1 Los pueblos su libertad civil, y que vo-
fa por “restitui
se preocupi
sotros bajo su proteccién viviréis libres gozando en paz juntamente
con nosotros ¢sos derechos originarios que nos usurp6 la fuerza”.
En tanto “hijos primogénitos de la América,” habitantes origi-
narios del continente, las comunidades indigenas tenian reservado
un lugar military retérico clave. La Junta profundizaria los intentos
arse a ellas declarando la supresién de los tributos, un “tl-
stran”, El decreto aseguraba
de acer
timo golpe ala pesada cadena que a
que se miraba “con horror [...] el estado miserable y abatido de la
desgraciada raza de los indios” que “no solo han estado sepultados
en la esclavitud mas ignominiosa, sino que desde ella misma debian
saciar con su sudor la codicia y el lujo de sus opresores”.** El de-
creto, publicado también en quechua, declaraba reintegrados los
“derechos primitivos” y la igualdad de los indigenas, al tiempo que
llamaba a que se promoviera “el camino a su ilustracién, su comer-
cio, su libertad, para destruir y aniquilar en la mayor parte de ellos
las tristes ideas que tinicamente les permitfa formar la tirania”
Entre las élites, esta creencia de que los pueblos que habian sido
esclavizados y sujetos al despotismo solo podian formar ideas sim-
ples, tristes o limitadas era selectiva. En la oratoria revolucionaria,
la hipétesis de una regeneraci6n de los pueblos resultaba innega-
ble en el caso de los criollos (que debian recobrar sus derechos e
inmediatamente estaban en condiciones de ejercerlos), plausible
en el de los indigenas (aunque el escepticismo en torno a sus capa-
cidades persistfa en las mismas normas que los reivindicaban) y casi
inimaginable si se wataba de africanos y afrodescendientes esclavi-
zados. Respecto de estos tiltimos, la retérica fue mas restrictiva atin.
No solo no se trataba de habitantes originarios del continente, sino
que no eran sujetos que pudieran decidir su destino nia quienes se
debiera convencer de apoyar ala revolucién. Por ello, a pesar de que
el uso y abuso de Ja esclavitud como metéfora para referirse a la
situacién de los criollos y de los reinos americanos se multiplicaba
en los papeles publicos, durante los dos primeros aiios de gobierno
revolucionario no hubo decisiones contrarias a la continuidad de
esa institucién que afectabaa miles de hijos de Africa y sus descen-: PACION
¢ LA EMANGIPACI
INA HISTORIA DE
3a UNA
os,son muestras claras las plumas mas
a Gazeta de Buenos-Ayres se apuntaty
staban “acostumbrados a arrast,
dientes. De €s05 Use Tadical,
ion. En | i
de la revolucion: ss ed
pobres hijos de Améric 0 =e
4 vas de lnesclavitud, ya obedecer clegamente los caprichosa,
jenas de la
gobierno monérquico”. Mariano oe caracterizaba dea
rias, dictadas por la codicia pare esclavos y colons”, las leyes
regian al virreinato. En sus “observaciones didacticas*, Beme
Monteagudo muliplicaba las referencias a la esclavitud a Ig ‘iy
se habjan visto sometidos los americanos hasta la revolucién.»
ejemplos del uso metaf6rico de la esclavitud y su léxico alo lergy
de esos aitos podrfan multiplicarse por miles. Ellos muestran gu
las plumas rioplatenses més radicales no se preocuparon mayer
mente por los esclavizados africanos por cuya abolicién tanpy
co abogaron en nombre de los derechos naturales en tanto sere;
humanos-. No pocos revolucionarios fueron duerios de esclavos,
LA OPCION GRADUALISTA EN EL DEBATE ATLANTICO
Pese a ello, la coyuntura revolucionaria fue abriendo una proble-
matizaci6n de la instituci6n esclavista en sentido estricto. La riop
tense no fue la primera revoluci6n en entrelazar cambio politico
y debate sobre abolicién. Norteamérica, Francia y Haiti ofrecian
espejos mas o menos descables en los que mirarse y parecfan
comendar que la finalizacién inmediata de la institucién esclaisd
era inconveniente ¢ inviable. En los Estados Unidos, cuya rea
cién se habia iniciado con una declaracién de derechos que
deraba la igualdad y la libertad de los hombres como una “t
cvidente”, el debate sobre si ello alcanzaba o no a los esc fue
Nike a - serie diversas en los estados de
licién grad “4 Uiltimos comenzaron a dictarse politic ntl
gradual! En Francia, durante los debates de la AS"
Nac jinie™
‘onal en el contexto de la revolucién, la critica al sosten
bs i ‘ at
' de la esclavitud en las colonias se agudizé y llev6 # deere
abolicién en 179 ine Dom,
4, En su més impo ia, Sai
ir ‘tante colonia, 94
continuida por Bai
nuldad de la abolicién (decretada en Parts, aplicaESCLAVITUD Y REVOLUGION 4
isla y tego anulada por Napoledn en 1802) fue el detonante de la
revoluci6n que, en 1804, desembocé en la creacién de Haiti como
un estado independiente. Las fuertes tensiones raciales y sociales
preexistentes Hevaron a un proceso de emancipacién radical que
involucrsé el uso de la violencia, especialmente contra la minoria
blanca esclavista. Como ha resaltado Ada Ferrer, esa violencia estu-
vo lejos de ser la principal caracteristica y el principal legado de la
revolucién haitiana pero sf fue una imagen resaltada por los impe-
ios contemporaneos para evitar la propagacién del ejemplo que
daba el primer Estado independiente negro y libre de esclavitud.?
Revolucién y abolicién tenian un léxico en comin y agendas
entrelazadas, pero relaciones no lineales. El cruce de estas expe-
riencias y expectativas aceleré los debates atlinticos sobre la ne-
cesidad de acabar con la esclavitud, al tiempo que entre las élites
arraigé la preferencia por la opcién gradualista.
En el mundo ibérico, este debate se daria explicitamente en el
contexto de las Cortes Constituyentes reunidas en Cadiz desde 1810,
cuando, tras la invasién napolesnica, el movimiento de resistencia
cre6 juntas en nombre del rey cautivo y convocé a diputados para
redactar una Constitucién “nacional”. Reunidos en dichas Cortes,
los diputados espaiioles, peninsulares y americanos (pero no rio-
platenses) discutieron en abril de 1811 la posibilidad de introdu-
cir modificaciones graduales al régimen esclavista americano. José
Miguel Guridi y Alcocer fue quien hizo las primeras propuestas.
No era casual que un representante de la Nueva Espaiia las hiciera,
dado que provenia de un espacio donde los insurgentes (liderados
por el padre Miguel Hidalgo) habfan dictaminado tempranamen-
te (en octubre del ajio anterior) el fin de la esclavitud. Si bien esta
abolicién, como el Jevantamiento, habia tenido una vigencia tem-
poraria y local, habfa revelado la importancia de la cucsti6n. En las
sesiones preparatorias del congreso, Guridi y Alcocer expuso un
plan de abolicién gradual de la esclavitud que consistia en la prohi-
bicién inmediata de la trata de esclavos, la liberacién de los recién
nacidos y la suavizacion de la condici6n servil.* La propuesta no
fue tratada en el pleno de las Cortes donde, en cambio, si se de-
turiano Agustin Argielles, que se
me inifico” de esclavos que
bat
limitaban a proponer abolir el “tan i
on las proposiciones delELA EMANGIPACION NEGRA
pureza y liberalidad de los seni.
ino al espiritu de su religign® st) "ny,
norable noche del 5 de febre Bian
To de
} dn ee presenciar em a Cimae a
A Oe © n le la filosofi: : dey,
ae ey rive fas Tuces y de Ta | oso en que te apt
Lore tal jel comercio de esclavos”.” Acotaha que hy
ee mmansumitr a 108 e808 de Las pogo UM
Ni
o trataba de *
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caecido en Santo Domingo”. |
eno solo es opue
a Nacién €sP!
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decia reco!
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America
‘emplar a
loraso ejemplar a
; a ve. i ibilidad que podia provocar esta cue,
era clave, Las
trident en la mocidn del diputado cubano, Andrés fiureg, a
como habian hecho aiios antes los representantes de “la eta
Jas Antillas” durante los debates de la Asamblea Constituyente, is
cesa, Jauregui olicité que dichas propuestas no se debatieray 5
puiblico para que los comentarios no trascendieran en la prengy ‘
inquietaran los dnimos en su isla, “una importante posesién desde
todos los puntos de vista y cuya paz debe asegurarse con 1a prude
cia de no tratar estos asuntos”” Asi, las soluciones més radicales fy.
ron relegadas y, lejos de abolir el trafico, la Constitucién gaditars
sancionada en 1812 impuso condiciones especialmente graves:
para que los afrodescendientes libres accedieran a la ciudadani
Estos debates, cuya circulacién Jauregui procuraba resting:
resonaron sin embargo en América y Ilegaron hasta la remota)
discola capitanfa chilena, donde en abril de 1812 La Aurora deCit
publicaria extractos del discurso de Argiielles contra el trifico”
Estas expresiones podian salir ala luz en Santiago porque alliyam
eran disruptivas. En octubre de 1811, el recientemente organizt#
Congreso nacional chileno, dominado entonces por el sector mi
radical, habia acordado, en un mismo decreto: que “desde hoy
adelante no venga a Chile ningtin esclavo”, “que los quel pr"
te se hallan en servidumbre, permanezcan en una condiciét v
7 ck
se les hard tolerable la habitud” y que “sus hijos que nazca" dest
hoy, seran libres” 2 Es decir: fin del trafico, liberacion del
i Y"suavizacion” de los tratos,
Para dici le ;
an iclembre, las novedades chilenas circulaban ¢" i
nse. La Gazeta de Buenos-Ayres repradujo eX io
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|as providencias del gobierno de ote
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