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Indicios, presunciones y medidas para

mejor proveer

1. Indicios
Habitualmente, el conocimiento de los hechos por parte de un juzgador en los procesos judiciales
no se alcanza a través de un único medio de prueba, sino que la convicción plena de aquel se
alcanza gracias a la concurrencia de varios medios.

Así las cosas, salvando las contadas excepciones previstas (por ejemplo, la confesión expresa,
que “tiene el efecto de prueba plena en los procesos de carácter puramente patrimonial . . . [en
virtud del artículo 236 del Código Procesal Civil y Comercial de Córdoba]), en la generalidad de
los casos las partes ofrecen los medios probatorios que estiman necesarios” (Ferreyra de De la
Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 213). En ellos, y con el concurso de los que resulten pertinentes
y útiles entre los debidamente diligenciados, el juez fundará su decisión.

En el caso de los indicios, como el resultado se logra en forma indirecta, normalmente “adquieren
valor por la concurrencia de varios de ellos, y en muchos casos deben ser corroborados con otros
elementos probatorios” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 213) (no obstante,
ello no impide que -en circunstancias excepcionales- un solo indicio pueda ser la base de la
decisión del juzgador).
Los indicios cobran relevancia, entonces, cuando se pretende demostrar ciertas circunstancias o
hechos de prueba difícil.

La prueba indiciaria se vincula directamente “con el principio favor probationes que postula una
flexibilización en la admisión, producción y mérito de la prueba cuando se presentan dificultades
especiales” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 213).

A nivel conceptual, se entiende que el indicio “es un hecho conocido del cual se induce otro hecho
desconocido, mediante un argumento probatorio que de aquel se obtiene, en virtud de una
operación lógica-crítica basada en normas generales de la experiencia o en principios científicos o
técnicos” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 213).
El indicio, por tanto, “se apoya en un hecho conocido que sirve de base para llegar al
conocimiento de otro que es desconocido; el primero (hecho indicador) permite inferir el hecho
desconocido (hecho indicado) y ambos se vinculan por medio de una relación del pensamiento.
El indicio también puede constituir el hecho a partir del cual se parte para llegar a establecer una
presunción” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 214).

De allí que sea frecuente su confusión o identificación en doctrina y legislación.

Por ejemplo, el Código Procesal Civil y Comercial (CPCC) de Córdoba no regula expresamente
los indicios, sino que los inserta parcialmente en la sección dedicada a las presunciones.

En efecto, su artículo 315 establece lo siguiente: “Las presunciones legales tienen el valor

probatorio que la ley de fondo les reconoce”1.


Por su parte, el artículo 316 dispone: “Las presunciones judiciales hacen prueba solamente
cuando por su gravedad, número y conexión con el hecho que trata de averiguarse, sean capaces
de producir el convencimiento sobre su existencia de acuerdo con las reglas de la sana crítica
racional.

La conducta observada por las partes durante la sustanciación del proceso podrá constituir un
elemento de convicción corroborado en las pruebas, para juzgar la procedencia de las respectivas

pretensiones”2.

Como podrá advertirse, únicamente en la última parte del artículo 316 se hace referencia a los
indicios, aunque sin nominarlos como tales.
En síntesis, el indicio “es la base útil que se utiliza para la ponderación de otro y que puede estar
representado por una circunstancia cualquiera que resulte comprobada; así, el indicio está
constituido por rastros, vestigios, huellas, etc., que provengan del mundo físico o del de la
conducta humana” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 214).
[1] Código Procesal Civil y Comercial de Córdoba [CPCCC]. Art. 315. Ley 8.465 de 1995. 27 de abril de 1995.

[2] CPCCC. Art. 316. Op. cit.

2. Presunciones
“La presunción se realiza por un juicio lógico que efectúa el legislador o el juez a partir del cual se
considera como cierto o probable un hecho determinado; constituye una operación mental de
inferencia que encuentra apoyo en un hecho y sirve como un argumento probatorio sobre la base
del cual se tiene como cierto o probable la existencia o inexistencia de otro . . .

La presunción, por lo tanto, se infiere como una consecuencia que se obtiene sobre la base de la
reiteración de caracteres comunes en determinados hechos; supone una doble operación mental
de carácter inductivo-deductivo. Ello es así ya que por la inducción se elevan los hechos
sucedidos a un principio general y por la deducción se aplica el principio general a un hecho en
particular y se afirma que en iguales circunstancias estos se comportarán de la misma manera”
(Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 215).

En función de lo antes expuesto, las presunciones tienen particular incidencia en “la carga de la
prueba, por lo que representan una alteración del objeto probatorio ya que dispensan a una de las
partes de una actividad procesal que sería necesaria” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez,
2009, p. 215) en otros casos. Se trata, sin embargo, de una alteración parcial, “pues si bien los
hechos presumidos quedan al margen del objeto de la prueba, no ocurre lo mismo con aquellos
que configuran la base de la presunción” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p.
215), los que sí deben probarse cuando no han sido admitidos.
Clasificación
Las presunciones pueden ser legales u hominis.

Las primeras son establecidas por la ley y pueden subclasificarse en absolutas (iure et iure)
o relativas (iuris tantum).

Las absolutas “consideran definitivo el hecho y no admiten prueba en contrario; son


“concluyentes” . . . [por ejemplo], la que dispone que el domicilio legal de un sujeto es el lugar
donde la ley presume, sin admitir prueba en contra, que una persona reside de manera
permanente para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones” (Ferreyra de
De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, p. 215) (ver el artículo 74 del Código Civil y Comercial de la
Nación).

En cambio, en las relativas “la certeza depende de lo que de ellas pueda inferirse; en tal sentido,
son de carácter provisional ya que su conclusión puede ser destruida por simple prueba en
contrario (así sucede, por ejemplo, cuando el Código Civil [y Comercial de la Nación])” (Ferreyra
de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, pp. 216-217) dispone: “Excepto prueba en contrario, se
presumen hijos del o la cónyuge los nacidos después de la celebración del matrimonio y hasta los
trescientos días posteriores a la interposición de la demanda de divorcio o nulidad del matrimonio,

de la separación de hecho o de la muerte”3.

Por su parte, las presunciones hominis se manifiestan en “el razonamiento que efectúa el
órgano jurisdiccional a partir de cierto hecho para arribar a determinada conclusión . . . [es
decir], son aquellas que permiten considerar a un hecho como probablemente cierto por
medio de un simple razonamiento personal del juez sin apoyo expreso en una norma de la
ley” (Ferreyra de De la Rúa y Rodríguez Juárez, 2009, pp. 215-216).

[3] Código Civil y Comercial de la Nación [CCCN]. Art. 566. Ley 26994 de 2014. 7 de octubre de 2014.

3. Medidas para mejor proveer


Hoy en día, en virtud del artículo 325 del CPCC de Córdoba, los tribunales pueden ordenar las
medidas que entiendan útiles para mejor proveer, a saber:

“1) Decretar que se traiga a la vista cualquier expediente o documento que crean conveniente
para esclarecer el derecho de los litigantes.
2) Interrogar a cualquiera de las partes sobre hechos que estimen de influencia en la cuestión.
3) Ordenar reconocimientos, avalúos u otras diligencias periciales que reputen necesarias.
4) Disponer que se amplíen o expliquen las declaraciones de los testigos y, en general, cualquiera

otra diligencia que estimen conducente y que no se halle prohibida por derecho”4.

Sobre este particular tema, cabe referir -en primer lugar- que, por regla general, y debido a los
límites que le impone el sistema dispositivo, el tribunal carece de facultades de investigación
autónoma.
Sin embargo, con la finalidad de dictar una sentencia más justa, la ley procesal lo autoriza
expresamente a ordenar medidas para mejor proveer, sobre la base de los medios ofrecidos e
incorporados al proceso.

Por ello, una parte de la literatura procesal y de la jurisprudencia provincial y nacional justifican la
procedencia de esas facultades probatorias del juez, argumentando que -con su utilización- se
alcanza la verdad jurídica objetiva o verdad real, brindándose -por lo tanto- un adecuado servicio
de justicia. No obstante, otro sector de la doctrina discrepa con eso, respondiéndoles que no
advierten que el solo dictado de dichas medidas vulnera, irremediablemente, los principios
constitucionales fundamentales que hacen a la idea lógica del proceso (Lorenzón Brondino,
2006).
De todas formas, actualmente, y de conformidad con el Código Procesal Civil y Comercial
cordobés, por ejemplo, el tribunal tiene la posibilidad legal de dictar medidas para mejor proveer si
es que tiene alguna duda que surja en forma directa de los elementos introducidos al
procedimiento judicial.
Igualmente, vale destacar que tales medidas son de carácter excepcional y de uso restrictivo, ya
que el tribunal no puede -a través de ellas- suplir la negligencia probatoria de alguna de las
partes. Si así lo hiciera, estaría rompiendo el necesario equilibrio de los justiciables.

Por ejemplo, si una parte ofreció prueba testimonial, pero no la instó oportunamente a los fines de
que sea debidamente recepcionada, es indudable que no ha sido diligente y no podrá el tribunal
suplir su negligencia por medio de aquellas medidas.

Por tal motivo, los códigos procesales condicionan la procedencia de las medidas para mejor
proveer al respeto del derecho de defensa, del principio de igualdad de las partes o de
imparcialidad del juez, entre otros.
Pese a ello, quienes critican estas medidas entienden que las limitaciones al uso de las facultades
probatorias del juez no resuelven el atentado o violación que aquellas provocan a los principios
que gobiernan el proceso (Botto Oackley, 2004).

En otras palabras, tales condicionamientos son contradictorios en sí mismos. Por ejemplo, no se


puede pretender que, una vez usadas las facultades probatorias por el juez, se respete el
principio de igualdad de las partes, ya que se favorecerá únicamente al litigante que debía probar
y no lo hizo. De esta manera, se suple o subsana la omisión o negligencia en que aquel incurrió y
se perjudica -siempre- al que no tenía dicha carga. Asimismo, el juzgador estará perdiendo -de
una vez y para siempre- su carácter de tercero imparcial (Lorenzón Brondino, 2006).

En definitiva, a pesar de su recepción legislativa en los códigos de procedimientos, entre otros


autores, Botto Oakley (2004) afirma y demuestra que aquellas medidas son inconstitucionales (no
responden a un procedimiento racional y justo) y, por ende, inaplicables. Además, agrega que son
injustas, porque favorecen solo a una de las partes del proceso (la que tenía la carga procesal de
probar y no lo hizo).
En síntesis, resulta violatorio de la normativa de jerarquía constitucional/convencional permitir que
se dicten medidas para mejor proveer, porque estas -inevitablemente- afectan principios
esenciales del proceso y derechos fundamentales de las partes que la Constitución consagra y
protege (Lorenzón Brondino, 2006).
[4] CPCCC. Art. 325. Op. cit.

Referencias
Botto Oakley, H. (2004). Inconstitucionalidad de las medidas para mejor proveer. Juris.

Código Civil y Comercial de la Nación [CCCN]. Ley 26994 de 2014. 7 de octubre de 2014.

Código Procesal Civil y Comercial de Córdoba [CPCCC]. Ley 8.465 de 1995. 27 de abril de
1995.

Ferreyra de De la Rúa, A. y Rodríguez Juárez, M. E. (2009). Manual de derecho procesal civil.


Alveroni.

Lorenzón Brondino, C. (2006). La moción de Valencia y el derecho procesal en el siglo XXI. La


inconstitucionalidad de las medidas para mejor proveer. Academia Virtual Iberoamericana de
Derecho y Altos Estudios Judiciales.

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