El Guardián de Piedra
Hace mucho, mucho tiempo, en lo alto de las montañas del Perú, vivía un
joven llamado K’uychi. A diferencia de los demás, que cultivaban la tierra o
pastoreaban llamas, K’uychi pasaba sus días tallando y puliendo piedras. No
hacía herramientas ni estatuas, sino que las unía en formas perfectas, sin
usar argamasa, como si las piedras se quisieran entre sí.
La gente del pueblo, que vivía en el valle, se burlaba de él. "¿Para qué trabajas
en esas rocas?", le decían. "El Sol nos da la luz y la Pachamama nos da el
sustento. No necesitamos casas de piedra en la cima del mundo".
Pero K’uychi seguía su corazón. Soñaba con construir una ciudad sagrada en
las nubes, un lugar donde el espíritu de la montaña y el hombre se unieran.
Los años pasaron, y el trabajo de K’uychi se hizo más grande. Con el tiempo,
no solo construyó muros perfectos, sino terrazas que escalaban las laderas y
templos que miraban al sol naciente.
Su obra atrajo la atención del Inca, que gobernaba desde el lejano Cusco. El
Inca envió a sus más grandes ingenieros a ver la obra de K’uychi. Cuando
regresaron, le dijeron: "Señor, el joven ha construido una ciudad tan perfecta,
que parece hecha por los mismos dioses. Es un nido de cóndor, una fortaleza
inexpugnable. No es una ciudad, es una obra de arte".
El Inca, asombrado, llamó a K’uychi y le preguntó: "¿Por qué construiste esta
ciudad tan lejos y tan alto? Es un lugar difícil de habitar".
K’uychi, ahora un hombre sabio, respondió: "La construí no para ser habitada
por muchos, sino para ser protegida por unos pocos. Un lugar donde los
sabios pudieran estudiar las estrellas, donde los sacerdotes pudieran honrar a
nuestros dioses sin distracciones. Un lugar para el alma y la mente".
El Inca, entendiendo la visión de K’uychi, le dio el nombre de Machu Picchu,
que significa "Montaña Vieja". La ciudad se convirtió en un refugio para los
más grandes pensadores, un lugar de ceremonias y un observatorio del cielo.
Cuando los conquistadores llegaron y el Imperio Inca cayó, los habitantes de
Machu Picchu se fueron, llevándose consigo sus secretos y conocimientos. La
ciudad quedó oculta por la densa vegetación, como si la misma montaña la
estuviera guardando.
Muchos años después, un explorador la encontró, pero la verdadera historia
de Machu Picchu no es de un descubrimiento, sino de la visión de un joven
que creyó que las piedras tenían vida. K’uychi no construyó una ciudad para
conquistar el mundo, sino para conectarse con él, creando un lugar que, a
pesar de los siglos, sigue de pie, como un guardián de piedra que nos recuerda
la sabiduría y la belleza del pasado.